ÁRBOLES de Judith Filc fue impreso en la nobilísima ciudad de Buenos Aires, año veinticuatro del siglo. TOLLE, LEGE.
Y OTROS CUENTOS
Casas, María Zaino tres y otros cuentos/ María Casas - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Barnacle, 2024. 62 p.; 21 x 15 cm. ISBN 978-987-8952-51-2 1. Cuentos. 2. Literatura Argentina. I. Título CDD A863
Editor General: Alberto Cisnero Diseño de tapa: Azúcar Ramón y Merlina H. Cisnero
Primera edición: Junio de 2024 (c) 2024, María Casas Buenos Aires- Argentina ISBN 978-987-8952-51-2 BARNACLE
Libros homogéneos y comerciales barnacle.cia @gmail.com www.barnacle.com.ar
Impreso en la Argentina Printed in Argentina Queda hecho el depósito que previene la ley 11723
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ara festejar mis quince años maté un chancho; lo asé en el horno de barro y lo comimos los tres. El Tío, La Abuela y yo. Allá en el campo afuera había un señor al que le decían Yoko; era faltadito, los milicos lo mandaron a hacer la recorrida, le dieron la ropa, todos esos breeches que usaban y le dijeron que vaya hasta el kilómetro 468 (una estación después de El Nochero) y después que recorriera el puesto; tomó el carguero porque no andaba el tren; como el carguero no paró, se tiró del carguero y llegó a al puesto. Decía: y “Yoko salió de recorrida y no paró el tren y me tiré”; estaba todo lastimado y decía eso para que lo curara la gente. Otro cuento cierto: Segundo Leguizamón; tenía que hacer yerra. Fue al pueblo, El Nochero, a buscar bebidas, lo que se necesitaban para el asado y no había vuelto; iba en volanta, salía a las cinco de la mañana y a las doce llegaba al Nochero. Y no volvía, no había teléfono, no sabían que le había pasado; bueno, se habrá quedado por algo, una cosa que no había y tenía que esperar hasta mañana. Al otro día a las 12 llegó a la casa. ¿Segundo, qué te pasó?, ¿por qué no volviste? Y me voltearon los 18 hermanos. La botella de “8 hermanos” se había tomado, dulce dicen que es. Segunda se llamaba la señora, él era Segundo y la señora se llamaba Segunda ¿Qué apellidos tenían? Segunda Molina no, él era Molina. No, la señora era, Hoyos, la hermana de Hortencia Hoyos, otra
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señora. Vivían a siete kilómetros de las casas. La de ellos eran las casas más cercanas que había, de recorrida a caballo. Después estaba otro, de Paufi. Paufilio habrá sido de nombre, le decían de apodo: sudaba el zorro de Paufi cavando un zorro; el zorro estaba en el pozo y el perro no podía alcanzarlo, se cansaba, sudaba, sudaba el perro. ¿Dónde han visto que sude un perro? A los chicos de Ernesto Gómez los habían mandado a sacar batatas del cerco y sacaban las más chicas con la pala y el changuito decía: “aquí una batatita, aquí una batatita”. Metió el dedo y se lo cortaron; quedó agarrado de un pedacito; así se curaban en el campo, lo lavaban y lo tablillaban con palitos y lo envolvían con trapos y así lo curaban. Dedo moto quedó. Vivía acá en Buenos Aires, eran vecinos de Chula, era mediomedio. Lo habían traído para acá, para Buenos Aires; estaba trabajando en una obra y tenía que bajar por el ascensor para hacer los mandados; ya sabía adónde iba y no volvió; entonces empezaron a buscarlo; él gritaba: “Acá estoy, no quiere caminar más este bicho”. El ascensor se le había trabado y se quedó ahí encerrado y gritaba: “No quiere arrancar este bicho”. Mi Tío no sé de qué sufría, siempre viajaba a Santa Fe a atenderse. Hacía los cuadernos con bolsas
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de harina, la parte de adentro, lo gris, los cortaba con unas reglitas de madera y los preparaba, todo parejito y lo cruzaba así con hilo y ahí le hacía los renglones, le hacía los abecedarios y escribía; escribía cualquier cantidad, quién sabe qué sabía escribir; de esos tenía muchos cuadernos llenos ¿Adónde habrán ido esos cuadernos? Cuando falleció, tiraron todo. Era hermano menor de mi mamá, cumplía años en no me acuerdo qué fecha de abril, pero los primeros tiempos de abril. Falleció cuando ya estaba acá; mi mamá falleció en el 71. Cuando viajamos a Santa Fe llovía; cuando llegamos a lo del tío Eduardo. Después nos fuimos a visitar al finado tío Lino, hermano de tu papá y allá en El Nochero llegamos y paramos en la casa de Militona, la que era la esposa del abuelo Farías, segunda esposa. Al avestruz lo crié yo. Lo encontramos por las inundaciones junto con el zorrino. Le pusimos el nombre, Pancho Zapata; estaba arriba de un espartillo (le llaman así a una planta dura que es como pasto), todo lleno de agua, estaba arriba, chiquitito y lo trajimos, hicimos pasar las chivas para el otro lado que no había agua y trajimos al zorrino. Después encontramos un avestruz, pichoncito, don Zunino; tenía una almohada larga que le había hecho de lana; él se acostaba y ponía la cabeza y dormía. Dañino. A Pancho Zapata, le había hecho un carro de cajón de dulce de batata con ruedas de picadillo y le hice unas riendas con el pechero de palma, todo bien hecho,
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trenzado y lo hacía tirar; él tiraba, íbamos por el corral de las chivas, dábamos la vuelta y veníamos cuando entraba, andaba por la galería, se sacaba el pechero y se metía debajo de la cama y andá sacarlo. Se quedaba y se escondía. Se aquerencian. Cuando venía alguien con perros, él andaba preparado pero no orinaba, pero si llegaban a pelear los orinaba. El Pancho Zapata; se fue y no volvió más, se ve que encontró la zorrina por ahí. ¿Cómo era la letra? La letra muy linda y parejita pero parejita, parejita todas te escribía en imprenta o cursivas; todas esas emes que te hacía con firulete y a mí me había hecho un cuaderno para estudiar; cuando me enojaba, le revoleaba el cuaderno; no quería saber nada. No decía nada, iba y lo levantaba, El Tío. Una vez al año nosotros íbamos para allá; ellos no venían, estaban vivos los dos en esa época; ellos no venían. Macario, mi padre, cada vez que íbamos siempre andaba con el látigo al hombro; y acá cuando vino, le pregunté: ¿Y usted por qué sabía andar con el látigo al hombro en su casa? Y dijo que al que se portaba mal le hacía atar un chirlo. ¿Y usted no les podía hablar, no les podía explicar a los chicos? No sé, la vida del campo es así. Alicia, tu tía, me dijo: ¿le preguntaste? Todos ellos le tenían terror. Después estaba la abuela, la mamá de mi papá, Antonia Pacheco. Hacía muchas empanadas de
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vizcacha, para vender en los carnavales; pero cantidades, esas tortillas como para comer y no llenarse; ushperos en latas con cenizas, altas así, ushpe es la ceniza, le metían en la lata, y arriba otra lata y le ponían ceniza y brasas y se cocinaba, riquísima. Una vez me hicieron comer vizcacha. Nacho era mi primo, trajo empanadas, habíamos ido para los carnavales: “¿Te gustaron las empanadas? Sí muy ricas, le dije, ¿de qué son, de gallina? Pero era carne blanca, era vizcacha. Lo que no puede comer es la carne de avestruz en empanada. Será porque me avisaron; era carne negra, pero muy bien preparada, hecha casera, no pude comer. Me convidaron en el barrio. Cira Montenegro; habían matado esa mañana. A los dos años vine a vivir con La Abuela. Me crié con La Abuela. En los carnavales quedaba una semana con mis padres; íbamos con la abuela Magdalena, la mamá de Fernanda y del Tío ¿sabes cómo se llamaba? Cleofe, mira qué nombre. Era normal en esa época. Cuando nació La Gringa, se iba a hacer mucho trabajo, porque éramos chiquitos, uno detrás de otro como cachetada de tonto, entonces le dijeron a La Abuela para que me lleve y ella dijo que sí. A mi mamá Fernanda, le agarró un infarto, cincuenta y dos años. ¿Cómo se dice? por una emoción, porque La Gringa estuvo presa, no sé cuántos años estuvo; tenía un novio que se llamaba Muta, de apodo; lo
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de María Casas fue impreso en la nobilísima ciudad de Buenos Aires, año veinticuatro del siglo. TOLLE, LEGE.
ÁRBOLES de Judith Filc fue impreso en la nobilísima ciudad de Buenos Aires, año veinticuatro del siglo. TOLLE, LEGE.