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Si vuelves y no estamos

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Si vuelves y no estamos... Gabriela Miranda

Colecciรณn Bosque de espejos

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Si vuelves y no estamos © Gabriela Miranda

Primera edición, septiembre 2020 ISBN: 978-9929-636-80-4

© de esta edición: 2020, Parutz’ Editorial 31 calle B 14-16 zona 7 Ciudad de Guatemala, Iximulew, C.A. Teléfono: (502)33740848 Correo electrónico: parutzeditorial@gmail.com Editoras: Candi Ventura López Norma Chamalé Patzán Editores: Miguel Ángel Oxlaj Pablo Sigüenza Ramírez Ilustración de portada: Jacitno G. Ayotzinapa, lugar de tortugas Ilustraciones internas: Páginas 16, 32 Paula Orellana Páginas 24, 56, 88 Lana Página 40 Gabriela Miranda Página 48 Jacinto G. Páginas 64, 72, 80 Majo Aldana Diseño de portada: Edinio Quex y Lucila Roquel Diagramación: B’alam Oscar Mejia

Impreso en Iximulew, Mesoamérica, 2020

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A Elizabeth, mi mamá A Lety, Bea, Anelí, Gustavo, Valentina y Bolchevique, por su generosidad A la lucha y memoria de las personas detenidas y desaparecidas con la complicidad de Estados y gobiernos criminales. Y a las personas que buscan y buscan las pajas entre las agujas. Mi corazón con ustedes ¡Ni olvido, ni perdón!

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Prólogo La Noche de Iguala quedó grabada en la historia reciente de horror y muerte en Latinoamérica como un duro golpe a la juventud, al magisterio y a la organización social. El viernes 26 de septiembre de 2014, luego de la toma de autobuses que los llevarían a la Ciudad de México para participar en la marcha de repudio por la Matanza de Tlatelolco, jóvenes estudiantes fueron atacados por la policía local de la ciudad de Iguala del Estado de Guerrero, México. Esa noche murieron seis personas y desaparecieron 43 estudiantes normalistas en una confusa serie de actos violentos que, seis años después, aún no ha sido esclarecida. Cuarenta y tres jóvenes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa Raúl Isidro Burgos; cuarenta y tres hermanos, hijos, novios, padres, amigos, compañeros… Cuarenta y tres nudos en el estómago, cuarenta y tres

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espacios que han ido bordando los hilos de mantas infinitas que exigen justicia. Miles de personas en todo el mundo han alzado la voz para recordarlos, piden justicia y castigo para los culpables materiales e intelectuales de esta acción deleznable. La poesía de Gabriela Miranda es una de esas hebras que se entrelazan constantemente en la historia para que no se olvide en este continente con amnesia colectiva. Hace un reconocimiento a los diferentes sentimientos que provoca este delito contra la vida, invita a verbalizarlos y a convertirlos en esas piedras que cuando chocan generan fuego, el fuego que es necesario para que su memoria no se deje de lado.

Si vuelves y no estamos… es la suma de la tristeza, el amor, el coraje, la digna rabia de los corazones que se unen a la consigna: «¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!» A través de tiernas figuras poéticas Gabriela devela la indignación ante un Estado indolente, un país cargado de corrupción, un mundo injusto y una humanidad rota. Las raíces de las plantas que sembraron cuarenta y tres normalistas desaparecidos

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son igual de profundas que estos cuarenta y tres poemas. Igual a la lucha que nunca se cansará de arder hasta encontrarlos.

Bienvenidas y bienvenidos a lo que no tiene inicio, a lo que no tiene fin, a la lucha eterna. Unos la llaman necedad, nosotros la llamamos esperanza.1

Las editoras

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Paráfrasis del cartel en la entrada de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa Raúl Isidro Burgos, Iguala, Guerrero, México.

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43 La abuela canta quedito La vereda tropical. Así bajito como es ella, canta y vuelve a cantar «y no olvidar jamás». Mira al patio y sigue: «mis ojos mueren de llorar y el alma muere de esperar». Y cantado ruega «Vereda tropical, hazlo volver». Ya ves, tan lejos que estamos del mar y aquí todos sabemos La vereda tropical.

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42 Dentro de otros 500 años... los minutos se contarán del l al 43 un metro tendrá 43, lo mismo que una brazada. 43 será el tiempo máximo de edad 43 días harán un mes y 43 meses un año. Aprenderemos a contar de nuevo y a medir la ausencia en números. Todo lo demás se habrá perdido.

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41 Nadie nos prepara para el fin del mundo y hay tantos. Moriremos antes que las cucarachas, /las ratas y los murciĂŠlagos, no quedaremos vivos ni podremos hacer nada con los minutos /que nos queden antes del final. Cuando se llevan a los niĂąos el fin del mundo ha comenzado, se escribe con llanto y sangre. Estoy furiosa y moribunda.

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40 Diré que no has muerto, hijo mío, no dejaré que una muerte que no debió ser /te arrastre a la tumba. No te echaré tierra encima, menos aún una lápida de asbesto caliente /que no te dejará volver nunca. Te quiero vivo para darte muchos adioses como en el campo se abraza la vuelta /del tiempo de lluvia. Tu corazón no debe agusanarse aún, hijo mío, el corazón es una palabra larga de 75 años, el nuestro es fuerte, dulcísimo, una antorcha y lo saben.

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39 Ustedes se hacen cada dĂ­a mĂĄs dulces, mĂĄs amapolas. Son una paja perdida entre agujas, entre papeleo, entre la impunidad y la burla. Voy a escarbar en el mar hasta encontrarlos mientras haya vida y piedra y polen.

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38 Esta lucha se lleva como agua entre las manos se escapa, se filtra, se agota. Y asĂ­, insurrecta, cura la sed.

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