Laura Villamil Cortés

Ilustrado por Sami

Había una vez un perrito llamado Maki, un hermoso yorkshire terrier de pelaje dorado y esponjoso, cuyos ojitos brillaban como estrellas.
Desde que llegó a casa de la familia Villamil, su vida se convirtió
en un sueño hecho realidad. Laura, su dueña, lo mimaba constantemente: lo llevaba de paseo por el parque y lo vestía con ropitas tan elegantes que generaba la admiración de todos.

Maki era el rey de la casa. Todo giraba a su alrededor; cada caricia, cada palabra dulce y cada nuevo juguete lo hacían sentir el ser más amado del universo.


Pero un día, algo cambió. Un nuevo integrante estaba por llegar a la familia: Maximiliano, el bebé de Laura.
Maki veía con asombro cómo a Laura se le empezó a inflar la panza. «¿Qué tendrá ahí mi amada Laura?», se preguntaba mientras la observaba con curiosidad.
En un primer momento, pensó que tal vez Laura estaba comiendo demasiado, ya que algunas veces la veía levantarse por las noches para preparar comida, la cual consumía con un apetito inusual; algo que no era habitual en ella.
Con el tiempo, el tema de conversación familiar giró en torno al bebé que pronto llegaría. Amigos y familiares visitaban a Laura con regularidad y llamaban para saber cómo se encontraba. «¿Será que está enferma?», se preguntaba Maki, arrugando el entrecejo con gran preocupación.

Maki no entendía bien qué significaban todos aquellos cambios, pero poco a poco empezó a notar cómo la rutina del hogar daba un giro inesperado. Laura estaba más cansada y se movía con lentitud. Ahora, pasaba la mayor parte del tiempo descansando en el enorme sillón que su esposo le había comprado; se la veía somnolienta y no paraba de sonreír mientras se acariciaba el vientre.
Más extraños fueron aún todos aquellos nuevos objetos que trajeron un día en un camión:
una hermosa cuna, peluches, ropa muy pequeña que, al principio, pensó que era para él, y un cochecito. Pero no, todo aquello fue a parar a un cuarto que Laura y su esposo decoraban cada día entre risas y abrazos.
Maki no podía evitar sentirse algo confundido. «¿Quién podrá ser ese que llaman “bebé”?
¿Por qué no dejan todos de hablar de él con tanta emoción?», se preguntaba. Todos estos pensamientos lo atormentaban, por eso intentaba constantemente acurrucarse junto a Laura, apoyando su cabecita en su vientre cada vez más redondo. En esos momentos, sentía movimientos extraños y escuchaba sonidos suaves que provenían de su interior. Era como si alguien estuviera ahí, esperando salir.

Maki, un yorkshire celoso por la llegada de un bebé, aprenderá a adaptarse y descubrir que el amor se multiplica.

