CUENTO 1
PABLO, EL GUSANO QUE VIVÍA EN UN ESTABLO
P
ablo era un gusano joven que vivía feliz en un pequeño establo acompañado de su mamá, su papá y de grandes amigos como el burro Curro, que era muy fuerte y trabajador; la vaquita Paquita, que era muy presumida y no le gustaba que la llamasen vaca; la gallina Josefina, que emitía sonidos muy graciosos cada vez que ponía un huevo y a Pablo siempre le hacía reír mientras jugaba con sus tres hijos, unos polluelos de plumas amarillas llamados Chelo, Belo y Cielo que, aunque eran algo traviesos, tenían muy buen corazón y siempre se ayudaban entre ellos. También estaba el abuelo Bernardo, que era un perro grandote y anciano que siempre cuidaba de que todos estuvieran bien. 9
Pablo había vivido siempre sin ninguna preocupación. Todo el día jugando con Chelo, Belo y Cielo, merendando con Curro, que, como trabajaba mucho, siempre tenía más comida que los demás y la compartía con él, y escuchando las historias del abuelo Bernardo hasta que su mamá se enfadaba si no se iba a la cama. Sin embargo, esa mañana era especial porque Pablo comenzaba a ir a la escuela pública, y, aunque estaba muy nervioso y casi no había podido dormir en toda la noche, tenía muchas ganas de llegar a clase para conocer a nuevos amigos y aprender muchas cosas. Su mamá estaba preocupada porque era la primera vez que Pablo salía solo de los límites del establo y atravesaba el bosque para acudir a la escuela, pero papá estaba orgulloso de su hijo al comprobar que se estaba haciendo mayor, así que tranquilizó a su madre: —No te preocupes, querida, Pablo ya es mayor y es muy responsable, ¿verdad, Pablo? —Sí, papá —contestó Pablo, ilusionado. —Por favor, hijo mío —dijo su madre muy seria y mirándole a los ojos—, prométeme que llevarás cuidado con los pájaros. Si ves uno en el 10
cielo corre todo lo que puedas y escóndete sin salir hasta que dejes de verlo. —Claro que sí, mamá —repitió Pablo, pero ahora algo asustado. Todos los padres llevaban mucho tiempo reclamando una línea de autobuses que recogiera a sus hijos en distintas paradas protegidas y los llevase hasta la escuela sin tener que atravesar ese peligroso trozo de bosque, pero aún no lo habían conseguido porque era una escuela humilde y con muy pocos recursos. El camino hacia la escuela pública no era muy largo y Pablo lo atravesó con mucho cuidado. Miraba siempre a su alrededor y continuamente levantaba la cabeza hacia el cielo. Cada vez que veía un pájaro, por muy lejos que estuviera, corría a esconderse en un lugar seguro y no se movía de allí hasta que comprobaba que había desaparecido de su vista, tal y como le había dicho su madre. El primer día de colegio se lo pasó muy bien. Le gustaban mucho las clases e hizo muy buenos nuevos amigos. Estaba Antón, un niño gusano que contaba chistes muy graciosos, y Teo, que era muy listo 11
y pronto se ofreció a ayudarle con los deberes. También conoció a Calista, una niña gusano muy guapa a la que le encantaba jugar al fútbol. Ocurrió durante el primer recreo, se encontraba jugando con sus nuevos amigos al balón cuando se acercó a ellos una niña un poco extraña. Siempre permanecía callada y no soportaba muy bien la luz del sol. De vez en cuando, la niña desaparecía bajo la tierra para volver a aparecer poco después sin terminar de atreverse a preguntarles algo. Por fin se decidió a hablar: —Hola, me llamo Beatriz y soy una lombriz, ¿puedo jugar con vosotros? Todos los niños, menos Pablo, comenzaron a reír, y entonces Antón dijo: —No puedes jugar con nosotros porque eres una lombriz. Solo vives bajo tierra y no puedes tomar el sol ni jugar a la pelota, ni bañarte, ni escalar a los árboles. —Además, mi papá me ha dicho que no me junte con ninguna lombriz, que nosotros los gusanos somos mejores en todo —aportó Teo—, y que tener amigos lombrices tan solo nos hace más débiles. 12
—Yo tampoco puedo ser tu amiga porque soy una niña gusano muy ocupada —intervino Calista—. Tengo que ir a clases de fútbol y de natación, y tú nunca podrías acompañarme porque eres una lombriz... El gusano Pablo permaneció callado y no dijo nada, pero tampoco se acercó a Beatriz. Continuó jugando con sus nuevos amigos mientras le daba la espalda, pero como no se sentía bien consigo mismo, en un momento dado, giró la cabeza para mirarla y le pareció observar unas lágrimas en el rostro de Beatriz antes de que volviera a introducirse en la tierra. Todos los pequeños gusanos se pusieron muy contentos cuando escucharon el sonido del timbre, que significaba el final de las clases, y los nuevos amigos volvieron a sus casas atravesando juntos el bosque. Como se divertían tanto decidieron jugar al escondite antes de llegar a casa para apurar todo lo posible el tiempo que podían compartir antes del nuevo día de clase. La suerte decidió que Pablo fuese el que se la quedaba al comienzo del juego y, sin más, se dio la vuelta hacía un árbol con los 13
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ojos cerrados para contar hasta diez mientras sus amigos corrían a esconderse. Pero en ese momento un gran pájaro negro de garras afiladas y pico puntiagudo se abalanzó sobre los distraídos gusanos que, concentrados en disfrutar del juego, habían olvidado los consejos de sus madres. Los amigos de Pablo, que tenían los ojos abiertos, fueron los primeros en darse cuenta de su llegada y corrieron a esconderse de la amenaza sin recordar que Pablo quedaba indefenso ante el ataque de aquel cruel pájaro hambriento. Cuando el gusano Pablo abrió los ojos e iba a comenzar con la búsqueda de sus nuevos amigos jugando al escondite, se vio rodeado a traición por aquel pájaro enorme que estaba a punto de comérselo. Trató de escapar por todos los medios, pero el pájaro no permitía que hiciese ningún movimiento y lo inmovilizó con sus resistentes garras. Cuando lo tuvo a su merced se abalanzó con todo el pico para tragárselo, comenzando por su sabrosa cabecita de gusano. El pobre Pablo, que no tenía ninguna salida, comenzó a temblar con el gran pico del pájaro 15
ya muy cerca de su pequeña cabecita y mientras esperaba lo inevitable cerró de nuevo los ojos… De pronto Pablo notó cómo tiraban muy fuerte de la parte trasera de su cuerpo arrastrándolo hacia el interior de la tierra y salvándolo por muy poco de aquel pájaro glotón que se dio un golpe muy fuerte en el pico contra el suelo cuando, por sorpresa, no encontró gusano al que comerse en su embestida. Pablo cayó en un agujero en el que no podía ver debido a que estaba muy oscuro. Nada. Estaba perdido y desorientado hasta que, por fin, apareció una voz en la oscuridad. —Tranquilo, Pablo, yo te ayudaré. —Escuchó, aún muy asustado—. Soy Beatriz... la lombriz, nos hemos conocido en el cole —le tranquilizó algo avergonzada—, tan solo sígueme y yo te acompañaré a casa. El gusano Pablo por fin respiró tranquilo, y guiado por la lombriz Beatriz a través de una red de túneles subterráneos pudo llegar a casa sano y salvo. Cuando llegaron al establo y Pablo contó a su madre todo lo que había pasado, un poco más y a la pobre le da un infarto de la impresión, pero 16
tras una merecida regañina lo abrazó muy fuerte mientras le daba las gracias a Beatriz. Pablo y Beatriz pasaron la tarde juntos y se divirtieron mucho. Jugaron con Chelo, Belo y Cielo, merendaron con Curro y escucharon acurrucados las historias del abuelo Bernardo. Ese día el gusano Pablo comprendió algo muy importante. Había aprendido que ninguna diferencia es suficiente para rechazar a alguien sin darle una oportunidad, y que la valentía y la generosidad consistían en ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, aunque eso significara ponerse ellos mismos en peligro. No culpaba a sus nuevos compañeros por haber huido asustados para ponerse a salvo, pero él aspiraba a tener un corazón valiente y generoso como el de Beatriz. A partir de ese momento, la lombriz Beatriz fue una en el grupo. Cuando jugaban al fútbol se escondía bajo tierra y salía de ella, en el momento menos esperado, para rematar a gol en muchas ocasiones. Incluso intentó aprender a nadar, aunque no se le daba muy bien. Sin embargo, jugando al escondite era invencible, nunca la encontraban y siempre quedaba campeona. 17
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El gusano Pablo y la lombriz Beatriz vivieron muchos, muchos años…. Y siempre fueron amigos.
Fin
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ISBN 979-13-88436-7 4-1
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