María Graciani
Ilustrado por Iranzo
¡Conoce al Koala-Mapache más divertido del bosque!
CAPÍTULO 1
¡BIENVENIDO, KOMACHE!
Había una larga larga cola de animales en
torno al árbol donde vivían la señora Koala y el señor Mapache. Era un eucalipto gigante con unas enormes hojas de menta, color verde brillante, que podían verse y olerse desde lejos. El grupo de animales que había alrededor del eucalipto era casi tan grande como él: había monos, ciervos, pájaros, tortugas, osos panda, perezosos, conejos, topos, vacas ¡incluso algún caballo! Todos esperaban con mucha curiosidad e intentaban asomarse por la puerta de la casita de la señora Koala y el señor Mapache, pero... ¿qué había pasado? 3
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—¡Ya está aquí! —gritó don Topo. Don Topo tenía muy mala vista, casi no veía, pero contaba con un oído extraordinario. De repente, la risa resonaba por todo el árbol, pero... ¿quién había llegado? ¡Era un bebé! pero no uno cualquiera, normalmente los bebés lloran al nacer y este solo reía y sonreía... —¡Se llama Komache! —dijo el señor Mapache alzando en brazos al chiquitín para enseñárselo a todos los animales que esperaban junto al eucalipto. —Mamá, ¿es un poco raro, no? —preguntaba un conejito a su madre. Doña Coneja sonreía mientras miraba a Komache y le contestó: —Hijo mío, solo es diferente y eso lo hace especial. ¡Y tanto que era especial! Aquel bebé tenía la cabeza y los brazos de un Koala, pero su cuerpo y su cara... ¡eran de mapache! Alrededor de sus ojos se dibujaba el simpático antifaz negro propio de los mapaches y su cola quedaba adornada por las características rayas negras de los mapaches. 5
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—¡Yo creo que tiene personalidad! —manifestó Pí, el jilguero más coqueto del lugar. —¿Qué es personalidad? —preguntó el pequeño Tibel, una curiosa joven tortuga. —¿Ves las rayas de colores de tu caparazón, Tibel?, ¿el color de tus ojos o el lunar en tu pata derecha? —preguntó Pí. —¡Pues claro, soy yo! —contestó Tibel muy orgulloso. —Eso es la personalidad: todo lo que te hace único y te diferencia de los demás —contestó Pí—. Por eso creo que Komache tiene mucha personalidad, he conocido a muchos koalas y a otros tantos mapaches, pero nunca había visto a un animal que tuviera cosas de los dos. ¡Creo que Komache es extraordinario! Como si hubiera estado siguiendo el diálogo de Pí y Tibel, Komache dirigió las dos enormes perlas negras de sus ojos hacia ellos, al tiempo que alzaba sus brazos como si quisiera que lo cogiesen. —Eres demasiado grande para mí, peque7
ñín —dijo Pí—, pero volveré pronto a verte. —Demasiado pesado para mí —añadió Tibel—, pero podríamos ser buenos amigos. Komache sonrió y pareció conformarse jugando con los bigotes del señor Mapache. —¡Qué curioso es! Creo que le hacen cosquillas —dijo el padre orgulloso mirando a la señora Koala. —Creo que este pequeñín va a darnos muchas sorpresas —concluyó la señora Koala. Komache soltó los bigotes de su padre y se quedó dormido, ¿soñando, quizás, con alguna travesura?
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CAPÍTULO 2
LA PANDILLA TICUKO
El sol anunciaba la llegada de un nuevo día en
el bosque. En el hogar del señor Mapache y la señora Koala todos estaban durmiendo hasta que... Toc, toc, toc, toc… alguien llamaba a la puerta del gran eucalipto. El señor Mapache fue a abrir y al otro lado de la puerta se encontró con Cuaqui, el hijo menor de doña Pata. —Buenos días, Cuaqui, ¿qué haces aquí tan temprano? —preguntó el señor Mapache mientras bostezaba. —Buenos días, señor Mapache. ¡No podía esperar para conocer a Komache! Pí y 9
Tibel dicen que es muy especial, ¿podría jugar con él? —preguntó Cuaqui. —Mmmmm... Aún es muy pequeñito, no sé, no sé... —respondió desconfiado el señor Mapache. —¡Por faaaa! —pedía Cuaqui mientras ponía cara de bueno—. Mi madre está por aquí cerca, vendrá con nosotros. No le había dado tiempo a responder al señor Mapache, cuando Komache apareció entre sus piernas, fue gateando hasta Cuaqui y se quedó mirando con extrañeza sus patas y su pico, pasó la cabeza por su plumaje, moviéndola a ambos lados, de izquierda a derecha, mientras cerraba los ojos y disfrutaba del cosquilleo de las plumas... —¡Qué simpático es!, creo que le he caído bien —dijo orgulloso Cuaqui. Komache finalmente posó la cabeza sobre una de sus alas y exclamó con entusiasmo: «¡amigo!». La señora Koala, que seguía la escena desde la ventana del enorme eucalipto, quedó encantada y asomándose a ella, comentó: 10
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—Está bien, Cuaqui, puede jugar contigo, pero no os alejéis mucho. —¡Muchas gracias, señora Koala!, no se preocupe, nos quedaremos por aquí cerca —aseguró el joven pato. Cuaqui cubrió con su ala a Komache, como si quisiera protegerlo y con ese gesto de camaradería, comenzaron a pasear entre los árboles cercanos al lago. Allí se encontraban sus tres hermanos junto con doña Pata. Cuaqui tenía ganas de nadar un poco, pero como su nuevo amigo aún no sabía, optó por quedarse con él junto al sauce de la orilla. —Me recuerdas a mi primo Wak —explicaba Cuaqui mirando con mucha atención a Komache. —¿Por qué? —preguntó Komache, mientras giraba la cabeza dudoso. —Porque él también tiene mucha personalidad. Wak se veía muy diferente de sus hermanos cuando era pequeño, muchos le decían «el patito feo» —narraba Cuaqui. 12
—¡Pobre Wak! —acertó a decir Komache que se había puesto triste al escuchar la historia de aquel patito. —No te pongas triste, Komache. Wak creció y descubrimos que era un cisne muy guapo. Las diferencias son buenas, nos ayudan a descubrir cosas, ¡nos traen sorpresas! ¿Te gustan las sorpresas? —¿Qué es una sorpresa? —preguntaba Komache, mientras intentaba sentarse en una especie de roca. De repente, la roca empezó a moverse y de ahí salió una cabeza. —¡Ay, que me aplastas! —dijo Tibel, la tortuga, un poco aturdida. —¡Exactamente eso es una sorpresa! —gritaba Cuaqui entre risas señalando el maltrecho caparazón de Tibel—. Algo que no te esperas. —¡Para mí también ha sido una sorpresa! —insistía Tibel, aún asustada. —Perdona, Tibel, no quería hacerte daño —decía Komache arrepentido, mientras acariciaba el caparazón de su amigo. 13
Komache es único, por eso... ¡gusta a todos los públicos! Desde los mayores a los pequeños le da vida a tus sueños con su simpatía e ingenio. Esta es la historia del hijo de la señora Koala y del señor Mapache, Komache, que cuenta con sus mejores amigos, la tortuga Tibel y el pato Cuaqui, que forman la más chula de las pandillas: la pandilla TiCuKo. Juntos resuelven misterios, juegan, se divierten, conquistan el corazón del bosque, ayudan a otros animales y ¡crean momentos geniales! Ahora te toca a ti... ¿te quieres unir a la pandilla TiCuKo?
Valores implícitos Komache te enseña lo chulo que es tener personalidad, poniendo énfasis en el aporte de la originalidad, la bondad y la amistad como caminos para triunfar, la necesidad de empatía como pegamento de las relaciones, un sentido profundo del equipo y de la solidaridad para ayudar a mejorar y el valor del perdón como nutriente básico del corazón.
ISBN 978-84-18649-72-1 ISBN 978-84-18649-01-1
A partir de 10 años 9 788418 9 788418
649721 499011
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