Para Eire, el abuelo es su persona favorita. Ambos comparten un juego que se convierte en ritual: el escondite. Entre juego y juego, el abuelo le pide que custodie una serie de objetos, cada uno cargado de un significado único. Ella ignora la verdadera razón detrás de cada uno; solo el paso del tiempo le revelaría que todos aquellos objetos tienen un significado más profundo de lo que podía imaginar.