Antón no sabe decir que no porque teme desagradar y ser rechazado. Esa inseguridad le provoca malestar y tristeza, ya que suele salir perdiendo en situaciones injustas. Un día, al llegar a casa, no puede más y le confiesa a su madre el verdadero motivo de su enfado. Desde entonces, pondrá en práctica sus consejos para aliviar la frustración, ganar confianza y aprender a afrontar los problemas de forma más firme y positiva.