Lucy Zamora Ilustraciones de
Cris Martín
Membrillo, el oso amarillo
E
l primer regalo que recibió Susanita al nacer fue un perro de peluche llamado Coita Perro. Era muy grande, de color amarillo y con unas largas orejas negras. Creció pensando que los perros eran así. Coita encabezaba la Banda de los Peluches, colección que aumentaba cada año. La pequeña tenía un cuaderno donde anotaba datos importantes: nombre, edad, tamaño y cumpleaños. Ordenaba cuidadosamente a los peluches e incluso los vestía con sombreros, bufandas y chalecos. Llegada la hora de dormir, realizaba un ritual para escoger con cuál de ellos irse a la cama. El cumpleaños de Susanita se iniciaba con la visita obligada al Gran Almacén. Ansiaba ese momento como nada en el mundo. Samy, su papá, lo sabía mejor que nadie. Entraban tomados de la mano, pero bastaban un par de pasos 3
para que la pequeña saliera corriendo impresionada al ver tal cantidad de peluches. Recorría todos los estantes analizando su tamaño, color y textura. Exploraba cada rincón para olerlos y apretujarlos con sus pequeñas manos. Le encantaba sentir sus narices; decía que la suavidad era tan importante como su dimensión. Samy no podía intervenir o interrumpir la ansiada búsqueda. Debía tener paciencia. Los empleados del lugar sabían que los primeros en llegar cada 19 de abril eran la pequeña y su padre. Les permitían la entrada antes de la hora de apertura para iniciar el ritual: escoger el regalo de cumpleaños. Cuando parecía que Susanita ya había seleccionado el peluche indicado, cambiaba de dirección e iniciaba un nuevo recorrido. Tenía un gusto particular por los osos y los perros, pero eso no impedía que visitara la sección de monos, conejos, ratones e incluso extraños monstruos. Sabía que no se trataba de escoger un juguete más. Tenía claro que en ella recaía una gran responsabilidad: darle sentido a la existencia de aquellos pachones peluches. Susanita decía tener un secreto para hacerlo. Sin embargo, nadie más lo conocía. Era el cumpleaños número seis de Susanita. El reloj marcaba las nueve de la mañana cuando llegaron al Gran Almacén. La pequeña le dio un beso a Samy y entró a toda velocidad a la tienda. Subió, corrió, probó y tocó hasta que después de mucho tiempo tomó un peculiar oso. —¿Has elegido ya, Susanita? 4
—Sí —contestó entusiasmada. —Es un oso… a… ¿amarillo? —preguntó Samy. —Sí, un oso regordete, pachón y amarillo, papá. —¿Por qué lo has elegido de ese color? —Porque de ese color son los osos y los perros —respondió con cierto tono de obviedad—. ¡Será un gran amigo para Coita Perro! —No todos los osos son de ese color. Lo sabes, ¿verdad? —Los osos y los perros son amarillos, papá, porque los ilumina el color del Sol. Susanita miraba al oso amarillo con ternura. Samy en nada podía contradecirla. La abrazó mientras ella apretujaba al nuevo peluche con fuerza. —Entonces, este regordete oso viene a casa para unirse a la Banda de los Peluches —dijo el padre, contagiado del entusiasmo de la pequeña. Mientras caminaban de regreso a casa, Samy le preguntó a Susanita cómo elegía al peluche adecuado. No era la primera vez que lo hacía, pero nunca tenía suerte con la respuesta. —Ya tengo seis años. Tal vez no pueda guardar el secreto el resto de mi vida —afirmó Susanita con un tono bastante serio que sorprendió al padre. —Será un secreto entre ambos. —¡Sí! Solo lo sabremos tú y yo. —Mira, papá, lo primero que debes saber es que los peluches tienen una misión: hacer felices a los ni5
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ños del mundo. Desde su creación están destinados a tocar la vida de alguien. —¿Y cómo sabes eso? —preguntó boquiabierto. —Es la razón de la existencia de todos los peluches del mundo, de todos los Gran Almacén del mundo. —Entiendo… Creo… —El siguiente paso es pararme frente a las altas estantería del Gran Almacén. Los miro cuidadosamente, sin ninguna prisa. —¿Por eso tardas tanto? —¡Papá! ¡Espera! Tomo uno a uno entre mis manos hasta reconocer al indicado. —¿Eso es todo? —Los peluches toman vida cuando están destinados a ser para una niña. Es un momento único y mágico. —¿Cómo sucede eso? —Sonríen con la mirada, papá. Emocionada, Susanita tomó al nuevo peluche y lo acercó a Samy. —Mira sus ojos: cobran vida. ¡Nos reconocemos! —¿Qué pasaría entonces si en lugar de traerte al Gran Almacén, lo escogiera yo? —Sucede lo mismo, papá. —¿Cómo? Si yo no lo sabría. —¡Pero ellos sí! Lo que pasa es que los adultos no se dan cuenta. La clave está en sentir su mirada en el corazón. —¿Y tú la has sentido siempre? —titubeaba Samy aún dudoso. 7
—¡Claro! Aunque falta una cosa. ¿Quieres que te dé el último secreto? —¡Por supuesto! —contestó el padre, ansioso e incrédulo. —Ya que lo elegiste, tienes que ponerle un nombre. La existencia de los peluches toma sentido cuando los nombras, papá, es como magia. A partir de entonces el peluche sabe su misión. Los niños somos felices, ellos son felices, los papás de los niños, como tú, también son felices. —¿Entonces ya le pusiste nombre? —No, hagámoslo juntos. Digamos su nombre. Susanita tomó al oso mientras se acomodaba en las piernas de Samy, que estaba realmente emocionado con la historia que le revelaba la pequeña. Luego de algunos instantes, tomaron la decisión: —Te llamarás Membrillo, el oso amarillo. En ese momento, el Sol se vio más radiante que nunca y ellos quedaron cubiertos de aquel amarillo resplandeciente. Los tres se sonrieron con la mirada. —¿Veees, papá? Los osos son amarillos porque los ilumina el color del Sol.
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Las orejas de Coita Perro
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oita Perro solía dar largos paseos por el Riachuelo de Oro, río que rodeaba los Campos del Sur. Cargaba a sus espaldas una mochila que, para el gran tamaño del perro, parecía ridícula. Eso sin tomar en cuenta sus largas orejas que colgaban de su cabeza. Coita pasaba tardes enteras persiguiendo al Sol, esa era su mayor diversión. —¡Tarde o temprano te voy a atrapar! —decía desde lo lejos. Contaba las nubes y les encontraba forma, a veces también les ponía nombre. Iba silbando o corriendo, pero sin perder de vista al Sol. En cualquier momento del paseo, diseñaba una estrategia para lograr su propósito, pese a que más de una vez había rodado por alguna de las laderas. 9
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Era el día más soleado del verano. El curioso perro sintió que el Sol estaba más cerca que otras veces. ¡Por fin lograría su objetivo! Tomó vuelo y pegó un salto, luego otro y luego otro. Creía alcanzar grandes alturas, aunque no fuera así. Lo intentó cientos de veces, cada vez con más torpeza. Repentinamente, se despistó. Dio algunas vueltas sobre su propio eje, unos pasos por aquí, otros por allá. Llegó a las orillas del Riachuelo de Oro, donde sintió rozar al Sol. Entonces, dio un gran salto y ¡splash! Coita quedó sumergido en el agua con las orejas en la superficie. Rápidamente salió del río sacudiéndose a sus anchas. —Mañana será otro día para alcanzarte —dijo resignado mirando al Sol. Un día, durante sus habituales paseos, estaba tan sediento que hizo una parada más prolongada. Se inclinó sobre la orilla del río y bebió agua dando largos lengüetazos. Repentinamente se detuvo atónito. Tomó una de sus orejas y la acercó a sus ojos, hizo lo mismo con la otra. Se inclinó de nuevo al río para mirar su reflejo. —¡Soy un perro amarillo con orejas negras! —gritó. Aún incrédulo, se miró de nuevo en el agua. Era amarillo. Llegó el atardecer, el cielo se tornó amarillento, del mismo color que Coita Perro. Sus ánimos por conquistar al Sol decayeron, incluso olvidó comer los jugosos membrillos que recolectaba en el camino. Se tendió en el pasto hasta quedarse dor11
mido cerca de un recoveco de árboles. Pasaba la medianoche cuando, agitado entre sueños, Coita despertó. Notó una luz resplandeciente, así que caminó con cautela tras los helechos de la pradera. El señor Sol estaba sentado sobre un montoncito de piedras. —Señor Sol, buenos días… hum… mejor dicho, buenas noches —Coita titubeaba confundido—. ¿Puedo ayudarlo en algo? El Sol se soltó a reír por la sorpresa que el perro mostraba en su rostro. —¿Está usted perdido? —insistió Coita. En vez de aclararle la situación, el Sol seguía riendo a carcajadas. Por fin se apiadó de él. —Calma, mi pequeño orejón. ¿Acaso crees que todo el tiempo vivo allá arriba? Yo también duermo, aunque ahora tuve que venir a resolver un asunto. Parece que un perro se ha deprimido al ver que su color es amarillo y sus orejas son negras. Coita se sonrojó al tiempo que se llevó las patas a sus grandes orejas. —Lo lamento, pero yo no lo llamé, señor Sol. Más bien dormía plácidamente hasta que su luz me despertó. —Uy, alguien está de malas. —Si gusta, puede quedarse a dormir. Total, me pongo mis largas orejas negras sobre mis ojos para no ver sus deslumbrantes rayos. —¿No me vas a preguntar qué he venido hacer? —sugirió el Sol. 12
—Mmm… ¿Qué ha venido a hacer? —Vengo a contarte por qué eres amarillo. ¿Recuerdas cuando caíste al Riachuelo de Oro en tus intentos por atraparme? —Sí… —susurró Coita apenado al ser descubierto por el propio Sol. —¡Todo lo que cae en aquel río se pinta de amarillo! —¿Y de qué color era antes? —Negro, como tus orejas. Pero por su largo tamaño, estas permanecieron en la superficie. Apresurado, Coita Perro tomó camino hacia el Riachuelo de Oro mostrando lo enojado que estaba. —¡Pintaré también mis orejas para verme menos ridículo! El Sol corrió apresurado tras él intentado calmarlo. —¡Ven aquí! ¡Detente! —gritó el señor Sol. —No quiero ser amarillo ni ser como usted. ¡Devuélvame mi color! —Entonces, ¿por qué querías atraparme? ¿Acaso no te gusta cómo mis rayos iluminan las praderas, los árboles y los ríos? Ya no necesitas saltar para alcanzarme: aquí estoy y podemos ser amigos. Coita se detuvo y reflexionó por unos instantes. —Ahora soy un perro extraño de dos colores. Tengo unas orejas que destacan por su tamaño y color. Quizá ni usted ni nadie quiera tenerme como amigo.
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—¡No, no, no! ¡Al contrario! ¿Recuerdas que te dije que bajé precisamente para contarte la razón de ser de tu brillante color? —Sí. —Pues no me has dejado terminar… —¡Porque no me gusta ser bicolor! —exclamó de nuevo enfadado. —¡Escucha! Todo aquel que cae en las aguas del Riachuelo de Oro se pinta de color amarillo, eso los convierte en seres únicos con una misión especial —dijo el Sol mientras se sentaba junto al perro. —¿Misión quééé? —preguntó dudoso Coita Perro. —Una misión especial. Eres único no solo por tu color, también por tu singularidad como perro. Por ello podrás hacer mucho por los niños de este mundo. Caminaron juntos mientras el Sol le explicaba a Coita su gran misión. —Fundarás el Gran Almacén: un lugar mágico donde se crearán todo tipo de seres de peluche para hacer felices a los niños y niñas del mundo. Se fabricarán osos, perros, monos, conejos, ratones y hasta monstruos de peluche. Te asegurarás de que, a través de su mirada, cada peluche encuentre al niño o niña del que cuidará. ¿Entendido? —¡Entendido, señor Sol! —¡Listo estás para crear el Gran Almacén! El señor Sol le entregó un pergamino que colocó en su peculiar mochila, Coita le aseguró que cumpliría su 14
misión. Charlaron un momento más, pero era hora de despedirse, así que se dieron un tierno abrazo. El Sol se fue alejando poco a poco, pero el perro caminaba tras él intentado retenerlo unos minutos más. —¡Eh, eh, señor Sol! No se tiene que ir ahora, puede quedarse un rato más. Tengo varias preguntas que hacerle: ¿Por qué las aguas del Riachuelo de Oro son amarillas? ¿Usted también se metió? Es el único río que es amarillo…, ¿cierto? Mire que lo he notado solo por caer en él… Creo que me debe varias explicaciones. —Quizá te lo cuente en otra ocasión, Coita Perro —gritó el Sol desde lo lejos.
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TO CUEN S PAR
ALARGAR A-VIDA -L
¿T
A
e imaginas quedar pintado de amarillo al caer en un riachuelo? Pues eso le pasó a Coita Perro. Pero... ¿adivina qué? Sus orejas eran tan largas que quedaron en la superficie y entonces no se pintaron. ¡Es un perro bicolor! Coita se entristece al ver su nuevo aspecto, pero entonces el señor Sol aparece y le dice: «Todo aquel que cae en el Riachuelo de Oro tiene una misión especial». ¿Cuál será la misión de este peculiar perro? ¡Pues vamos a descubrirlo! Lo que debes saber es que en ese camino encontrará a Susanita, una curiosa niña, a un pequeño monstruo y a un oso, también amarillo, cuyo origen resulta ser bastante curioso. Todos ellos, con la ayuda del señor Sol y de la Madre Tierra, te llevarán a descubrir el universo Amarillo.
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