AVIONES DE PAPEL
Capítulo 1
ALGO SE MOVÍA, AHÍ ARRIBA, EN EL CIELO !4
Capítulo 1
ALGO SE MOVÍA, AHÍ ARRIBA, EN EL CIELO Aquella mañana algo se movía, ahí arriba, en el cielo. Y Pochpovina Popovich lo sabía, siempre lo había sabido. La noche anterior no había pegado ojo; estaba inquieto y el sueño había decidido abandonarlo, antes si quiera, de que se tumbara en la cama a encontrarlo. En la vieja casa de su abuelo, situada en el medio de un enorme campo de maíz, en una pequeña villa del norte de Inglaterra, nunca pasaba nada. Pero esa noche el viento decía algo diferente en la oscuridad. Se levantó de un salto y se enfundó sus pantalones marrones, sus deportivas negras y suela marrón, la camiseta blanca llena de lamparones y su chaqueta de imitación de aviador con una pegatina de la Unidad 21, que cada vez tenía menos color; y seguía perdiendo puntos de sujeción a los que agarrarse en su hombro izquierdo. El pelo largo y despeinado sujetaba unas viejas lentes de aviador, propiedad de su padre, anudadas con una cinta de color azul en su nuca; y un calcetín a rayas blancas y !5
marrones, que su madre utilizaba como marioneta para jugar con él cuando no era más que un bebé; y que se empeñaba en subir hasta la rodilla de su pierna izquierda. Popch, que así era como le llamaba su abuelo, siempre había sido un niño diferente al resto. Aunque no destacaba por su altura ni por su fuerza, era más bien bajo y delgado, siempre había demostrado grandes cualidades para el deporte. Pero la gran diferencia de Popch con el resto de sus compañeros estaba en su cabeza. Había crecido entre números y letras. Las historias que su abuelo le contaba de la Unidad 21 le hacían soñar con ser el capitán de aquel grupo de héroes que ya se había convertido en leyenda, mientras el resto de niños no creían en aquellas viejas historias de cuna. Las matemáticas ocupaban la otra gran parte de su tiempo, no las matemáticas más teóricas, pues él no tenía tiempo ni paciencia para eso, pero si las prácticas; pasaba las tardes construyendo y arreglando todo tipo de objetos, incluso los motores de aeronaves y tractores de sus vecinos, que requerían conocimientos de ingeniería avanzada. - Buenos días chico, ¿qué tal has dormido esta noche? - la ronca voz sonaba desde el fondo de la habitación. Era su abuelo, un hombre de gran barba blanca y pelo largo, aunque cada vez con menor espesor, también del color de la nieve; la persona que lo había criado desde los tres años en su vieja casa con olor a maíz. !6
- Bueno…algo se mueve, voy a echarle un ojo – Popch cogió un poco de pan y una manzana que tenía su abuelo preparado para él encima de la mesa. Era sábado y algo se movía en el cielo, no tenía tiempo que perder. - Un momento muchacho. Me han dicho que te has vuelto a pelear en el colegio. ¿Es verdad? - No ha sido culpa mía… - Popch se paró en la puerta con la mirada baja y un poco sonrojado - ¿Ah no? Entonces por qué me ha llamado la directora Jenkins diciéndome que habías dejado a dos niños atados a un árbol en el patio del colegio. - Eh, bueno…se estaban metiendo con David y su rana de la clase de ciencias, y bueno, ya sabes que no me gustan los abusones. - Eres igual que tu madre – una melancólica sonrisa se dibujó en la cara del anciano. - Siempre defendiendo las causas perdidas. Popch esbozó una sonrisa de medio lado y miró a su abuelo. Aunque serio a veces, sentía una total devoción por su nieto, y sabía que el chico tenía buen corazón, aunque excesivamente bravo en ocasiones. - Ve. Algo se mueve ahí arriba. Sin casi terminar la frase, Popovich salió corriendo por la puerta y bajó apresuradamente las escaleras. Fuera, ya trabajaba Nico, el robot personal construido por Popch cuando tenía 8 años; y que ayudaba en los trabajos de casa. !7
- Nico, voy al Mirador de las Ánimas. Cuando termines de recoger el maíz del abuelo ven. Creo que hoy podremos ver algo. Nico asintió y vio cómo su dueño corría a toda velocidad hacia el norte. Nico era el mejor amigo no humano de Popovich. Construido con cajas, madera y tornillos. No era más que un pequeño robot de cabeza cuadrada, cuerpo cuadricular y ojos saltones amarillos; en realidad pequeñas luces LED. Un pequeño ser amable y cariñoso, leal a su amigo. Popovich corría por los campos como una hoja empujada por el viento. Deambulando de un lado para otro. Dando saltos para cruzar los tramos de río y apoyando sus pies en las piedras adecuadas para continuar avanzando, como si de un danzarín se tratase. Los conocía como la palma de su mano. A medida que se iba acercando al Mirador de las Ánimas, el paisaje verde se iba transformando en uno más lúgubre. Las hojas volaban desde lo más alto de las copas, y la poca luz que había se colaba entre las ramas y las hojas de los árboles, ofreciendo unas vistas de todo el Bosque Antiguo. Ahora es seguro visitar este lugar, pues los trolls hace mucho que no pisan estas tierras. Desde que la Unidad 21 los expulsó de allí. Popch avanzó sin dudar al pasar por delante del mirador y se adentró en el bosque. No sabía hacia dónde dirigirse, pero había algo en su interior que lo empujaba a continuar. Avanzó y avanzó hasta el Agujero de Troll, !8
que era una enorme zona circular, donde las copas de los árboles no tapaban las vistas al cielo. Se dejó caer sobre el suelo. Mientras recuperaba la respiración sus ojos escrudiñaban lo más lejos que podían acompañando el vuelo de su inseparable avión de papel. Perdía horas allí, perdía la noción del tiempo y dejaba volar su imaginación, imaginando que pilotaba uno de los aviones de la Unidad 21 y luchaba contra los más temibles trolls del bosque. Pero no sólo pilotaba aquellos aviones, también era el capitán, el que guiaba a todos a volar alto, muy alto, tan alto que podían acariciar el sol. El sonido hacía tiempo que había comenzado a sonar y cada vez era más fuerte. Se estaba acercando, pero Popch no se había enterado, seguía sobrevolando viejos lugares, hasta que ya lo tenía prácticamente encima. El susto lo hizo ponerse en pie en un salto. El sonido se acercaba velozmente y comenzaba a ser ensordecedor. Miró a todos lados, en busca de lo que se acercaba. Norte, sur, este, oeste. ¿Dónde estaba? ¿De dónde venía? No podía verlo y estaba empezando a ponerse realmente nervioso. El sonido comenzó a acercarse por su espalda. Popch se giró y vio como las grandes hojas de maíz se doblaban hacia los lados, abriendo un camino hacia a él. Algo estaba a punto de alcanzarlo. Se tiró al suelo en el momento en el que pasó justo por encima, alzó la vista para ver como un avión iba en !9
caída libre a toda velocidad mientras una ráfaga de humo salía de su cola. Con el primer impulso se puso de pie y avanzó un par de metros en la carrera que acababa de comenzar de nuevo, moviéndose entre las ramas y arbustos mirando hacia el cielo. Su cabeza analizaba al avión claramente destrozado mientras pensaba que esta vez sí que el abuelo tendría que hacerle caso; algo se movía ahí arriba. Corrió detrás de la humareda que se veía entre las copas de los árboles, el avión no paraba de perder altura, cada vez se acercaba más al suelo. Según los cálculos de Popch, a esa velocidad el golpe del impacto sería muy fuerte. Confiaba en que el piloto tuviera tiempo de saltar antes del golpe. Los últimos instantes de caída libre fueron los más lentos en la atónita mirada de Popch, que paró su carrera cuando el avión desapareció de su vista y lo próximo que escuchó fue un gran estruendo. El fuego comenzó a brotar entre los árboles y el humo no tardó en sobrevolar y escaparse entre las copas de los árboles. El abuelo estaba sentado en el porche de la pequeña casa leyendo un libro cuando observó la humareda gris que ascendía del Bosque Antiguo. Cerró el libro y se levantó lentamente entrecerrando los ojos para poder focalizar bien lo que estaba viendo a lo lejos. Sus ojos se abrieron como platos al darse cuenta quién estaba aquella tarde en el bosque que estaba ardiendo. Sus labios sólo pudieron susurrar: “Popch”. !10
- ¡Nico! Es Popch, allí de donde sale el humo. ¡Ve a por él! ¡Rápido! – gritó el abuelo al pequeño robot que estaba trabajando en el campo Nico tenía en las manos una carga de varios kilos de maíz cuando escuchó el grito desesperado del anciano. Lo miró y asintió. Al soltar el maíz se giró en dirección hacia el humo. En la primera zancada su pequeña pierna había desaparecido y en su lugar una enorme estructura de madera y metal hizo el primer apoyo en el suelo, mientras el resto de su estructura se transformaba. Su tronco comenzó a crecer desarrollando un cuerpo enorme, de casi tres metros de altura. Sus brazos al igual que las piernas, antes pequeños y delgados, se convirtieron en unos brazos enormes y fuertes. Avanzaba ya a grandes pasos, que sonaban pesados sobre el suelo mientras sus ojos de luz led cambiaban su original color amarillo por uno azul. En pocos segundos el gigante de hierro y madera desapareció en la distancia ante los ojos de preocupación del abuelo. En el bosque, Popch buscaba la manera de acercarse al aparato atrapado entre los árboles que no paraba de arder. Era realmente complicado, pues la temperatura y la ceniza comenzaba a asfixiarlo. Consiguió acercarse lo necesario para poder ver que la cabina del piloto estaba vacía. Si no había nadie en la cabina significaba que el piloto había conseguido saltar, aunque no había visto ningún paracaídas sobrevolar las copas de los árboles; además, era casi imposible que ese avión fuera autotri!11
pulado. Era demasiado viejo como para tener una tecnología así. Miró a su alrededor buscando alguna prueba de vida. Popch escrudiñaba con sus ojos entre la atmósfera gris mientras avanzaba, alejándose del fuego que rugía mientras quemaba los restos de la nave. Un sonido de ramas que crujían fue lo que lo alertó de que algo se estaba moviendo alrededor suyo. Giró en torno a su cuerpo, en una circunferencia de 360 grados pero no podía ver nada. El sonido estaba muy cerca de él. Lentamente subió la mirada y vio como un hombre colgaba de un paracaídas blanco, enzarzado entre las ramas. El extraño no paraba de moverse para intentar soltarse. Popch se dio cuenta de que una de las ramas estaba ardiendo y avanzaba rápidamente hacia él. Sin dudarlo salió corriendo hacia al árbol y comenzó a trepar todo lo rápido que le permitían sus brazos y piernas. El fuego estaba deshilachando ya las costuras de la tela del paracaídas. En un rápido movimiento Popch consiguió colgarse de una rama mientras daba un largo impulso para caer encima del hombre y romper las ramas que lo sujetaban gracias a la fuerza del impacto. La caída fue dura, aunque amortiguada con el cuerpo del extraño, que chocó a plomo contra el suelo. Popch se levantó poco a poco, algo aturdido. Tras una breve sacudida a su cabeza para recolocar las ideas, consiguió mirar al hombre que yacía en el suelo quejándose. !12
Cuando el chico comenzó a acercarse para comprobar si estaba bien pudo ver más claramente al extraño. Era un hombre alto y delgado, excesivamente delgado. Su cara estaba sucia de polvo y sus ojeras indicaban que no había dormido desde hacía días. En su cabeza lucía un casco de aviador con las correas laterales sueltas y sus gafas de vuelo estaban por encima de la cabeza. Tras un enorme y denso bigote negro, parecía dibujar una sonrisa hacia el muchacho de pelo desordenado y alborotado que lo miraba con cara de preocupación y asombro. El hombre alzó un brazo lentamente, como si estuviera levantando un peso invisible, con intención de apoyarse en el joven cuando el suelo comenzó a temblar y Popovich en menos de un segundo se vio dos metros por encima del suelo dentro de una enorme mano de madera y hierro. Nico había aparecido por sorpresa y ya se encontraba en posición de defensa mirando hacia el débil hombre, que pudo realizar el esfuerzo necesario para abrir sus ojos sorprendidos ante lo que estaba viendo. Un robot gigante de hierro y madera. Popch se fijó en el brazo que había levantado. En la parte superior de su chaqueta, casi a la altura del hombro, podía apreciarse un pequeño parche roto y quemado, pero Popch no tenía duda de que ese parche un día tuvo que ser redondo y azul con un gran número 21 y un avión de papel en su interior. !13
- Tranquilo Nico. Es de la Unidad 21 – dijo el chico con voz tranquila a su robot. Nico lo miró fijamente y Popch asintió. El robot acercó su mano al suelo y permitió que Popch bajará de ella de un salto, mientras se acercaba hacia el hombre malherido, con Nico siguiéndole muy de cerca. A pesar de que le había confirmado que no había ningún problema, la sola presencia del gigante robot detrás de él era intimidatoria. - Po…Pop…vich…- una voz muy débil salió de los labios de aquel hombre, que pareció utilizar sus últimas palabras para decir el nombre del chico. Pero ¿por qué estaba buscando aquel extraño a Popovich? ¿quién se suponía que era aquel hombre de enorme bigote y ropas de la Unidad 21? Popch miró hacia Nico con la ceja izquierda levantada, lo hacía siempre que algo no encajaba. Demasiadas preguntas y muy pocas respuestas. Sólo había alguien que podría ayudarles. - Cógelo Nico, nos vamos a casa. El robot miró a su pequeño dueño con dudas, no estaba seguro de si era buena idea llevar a un extraño a casa. - Tranquilo. Todo irá bien. El enorme robot cogió con cuidado el cuerpo del hombre con sus manos. Popovich se colocó en su sitio preferido encima de Nico, justo por detrás de su cabeza. Le encantaba salir a pasear con él por ahí, la vida era diferente desde esa altura. !14
Emprendieron el camino a casa, mientras Popovich volvía la vista atrás y contemplaba aquel avión totalmente deshecho entre las ramas de los árboles. ¿Por qué se había estrellado? Cuando llegaron a las inmediaciones de la granja, el abuelo estaba esperando fuera a su llegado. - ¿Estás bien chico? - Popovich asintió. - Este hombre se estrelló en los Bosques, abuelo. ¡Era un Águila, era un Águila de los Aviones de Papel! Y lleva el símbolo de la Unidad 21 en su hombro izquierdo, mira. El anciano dirigió sus ojos hacia el extraño, que seguía en las manos de Nico. Clavó sus ojos en el hombre y en su cara se dibujó una extraña mueca de preocupación. Lo había visto antes, eso estaba seguro. - Llevémoslo dentro - dijo el abuelo con un tono serio. - Este hombre necesita atención médica. Tráeme un cubo con agua tibia y los trapos de la cocina. Colocaron al desconocido en una cama, en donde el abuelo le realizó las curas. Había perdido mucha sangre por un fuerte golpe en la cabeza. Popovich no dejaba de mirar la vieja cazadora de cuero negra, muy desgastada por los años, en donde un círculo azul y borde negro, con un avión de papel y un 21 por encima de éste, estaba situado en el hombro izquierdo. Popovich echó un vistazo sobre sí mismo, y se dio cuenta de que aquella sí que era una auténtica chaqueta de piloto. - ¿Se pondrá bien? !15
- Es probable. - el abuelo parecía muy serio y eso en él sólo significaba preocupación. - Ahora debemos dejarle descansar. - Necesita tiempo.
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Capítulo 2
EL TENIENTE SNUBLE !17
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