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Añoranza colegial

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Víctor Manuel Rodríguez Blanco

AÑORANZA COLEGIAL

Recuerdos de los antiguos alumnos del Colegio de la Inmaculada Concepción

Gijón, Abril de 2012


II


A mis hijos, Patricia y VĂ­ctor, para que siempre recuerden con cariĂąo este colegio y sean fieles a sus principios

III


.

Editado por el autor. D. L.:

IV


INDICE Introducción

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La Virgen Inmaculada Concepción

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El escudo colegial

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El escudo de Armas de Loyola

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Marcha de San Ignacio

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De Loyola los ínclitos hijos

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Dulcísimo recuerdo de mi vida

21

Dulces recuerdos

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Por nuestra unión

26

La Proclamación de las Dignidades

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Venid y vamos todos

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Bendita sea tu pureza

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Himno de las Congregaciones Marianas

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Himnos del colegio

35

Carta Magna de Loyola

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Despedida de la Virgen del jardín

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Amigos para siempre

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Mi Credo como educadora

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AMDG

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Hombres y mujeres para los demás

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Bibliografía

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V


VI


INTRODUCCIÓN Cuando uno vuelve a este colegio tras un tiempo de alejamiento debido al discurrir de la vida, o se dispone a abandonarlo para iniciar los estudios universitarios, le vienen a la mente numerosos recuerdos de su infancia. Su evocación es el motivo de este trabajo, que he dividido en dos partes. En la primera se hace referencia a la Virgen Inmaculada (refugio de nuestras alegrías, penas y esperanzas) y a los escudos colegial y de Loyola (que representan respectivamente nuestra pertenencia al centro educativo y a la familia internacional de antiguos alumnos de jesuitas). En la segunda he intentado recopilar aquellos escritos, poesías o composiciones corales que tienen o han tenido un significado especial para todos los que hemos compartido nuestra formación entre estos tutelares muros. Espero que quien se aproxime a su lectura vea refrescar su memoria con estas páginas cuyo único propósito es tener unos instantes de añoranza, de añoranza colegial.

El autor


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La Virgen Inmaculada Concepción El término Inmaculada Concepción hace referencia al dogma de fe por el que María, a diferencia del resto de los humanos, fue preservada del pecado original desde su nacimiento, ya que estaba destinada a ser la madre de Cristo. No hay que confundir esta doctrina con la que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón. El dogma fue establecido por el Papa Pío IX el 8 de Diciembre de 1854 en la bula Ineffabilis Deus. Así se puso fin a un largo debate en el seno de la Iglesia. Este documento hizo acrecentar el fervor mariano, y contribuyó para que, unos años después, la Compañía de Jesús decidiera consagrar bajo la protección de la Virgen Inmaculada al colegio que se estaba construyendo en nuestra villa. La Virgen Inmaculada del altar La primitiva iglesia pública no tenía, de forma paradójica, ninguna imagen de la Virgen en su altar principal. Éste, de estilo neogótico, se encontraba dividido en tres calles. La central tenía una gran escultura del Sagrado Corazón, mientras que en las laterales se encontraban las figuras de San Ignacio, San Francisco Javier, San Estanislao y San Luis. En cambio, sí que existían en las diferentes clases numerosos lienzos y tallas de la Inmaculada, como la que tutelaba la Capilla de los Alumnos. En 1932 el templo fue expropiado por el gobierno republicano, al igual que el resto del colegio y bienes de los jesuitas, y no volvería a ser abierto al culto. Tras la guerra civil y superar no pocas dificultades, las ruinas del edificio fueron devueltas a la Compañía de Jesús. En Agosto de 1942 se iniciaron las complicadas labores de reconstrucción, y es en 1946 cuando se inaugura el actual templo con una imagen de la Virgen que, procedente de las aulas de estudio, fue colocada de forma provisional en el altar. En 1952 se incorporó la bella talla que todos conocemos, procedente de la escuela imaginera valenciana y 3


que fue sufragada por Carmen Valdés Patac, tía de Jesús (p. 1956) y Andrés Oliva Valdés (p 1951). En esa imagen se refleja la clásica iconografía de la Inmaculada en la que concurren tres corrientes artísticas que definiremos como las tres vírgenes. La Virgen del Génesis “Pondré enemistad entre ti [=Satanás] y la mujer [=María], y entre tu linaje [=los demonios o anticristos] y su linaje [=Cristo]; El [=Cristo] te pisará la cabeza mientras tú [=Satanás] acechas su calcañar” (Génesis 3,15) Una errónea traducción de los textos originales llevó a la interpretación “Ella te pisará...” en vez de “El te pisará...”. En base a esto, muchos artistas representaron a la Virgen Inmaculada aplastando con su pie la cabeza de la serpiente (que en ocasiones lleva en su boca el fruto prohibido). Si observamos con atención la base de la imagen de nuestra iglesia se puede observar a la izquierda, entre las nubes que sirven de escabel, la cabeza del reptil portando la manzana mientras que su cola se visualiza en el otro extremo. Por encima del retablo y grabado en la propia pared se puede leer la inscripción IPSA CONTERET CAPUT TUUM (ella misma te aplastará tu cabeza), cuyo origen se encuentra en este mismo relato bíblico. La Virgen del Apocalipsis. “Y una gran señal apareció en el cielo: una Mujer vestida de Sol, con la Luna bajos sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y estaba encinta y gritaba estando de parto y con dolores de alumbramiento...”(Apocalipsis, 12) La Mujer descrita hace referencia tanto a María como a la propia Iglesia. Las 12 estrellas, elemento ampliamente utilizado en las representaciones marianas, han servido de inspiración a Arséne Heitz para el diseño de la actual bandera de la Unión Europea (8 de Diciembre de 1955): “Inspirado por Dios, tuve la idea de hacer una 4


bandera azul sobre la que destacaran las doce estrellas de la Inmaculada Concepción de Rue du Bac”. En nuestra Virgen se pueden observar los dos extremos de la luna en cuarto creciente, entre las nubes, y tras su cabeza la corona formada por doce estrellas. Los rayos de sol se encuentran representados por la hornacina dorada del retablo; hay que recordar que éste se incorporó al templo en 1953 y fue costeado por antiguos alumnos y padres de los escolares de entonces. El manto es azul claro, color que, característico de nuestra Santa Patrona, es empleado por los sacerdotes españoles en su casulla cada 8 de Diciembre gracias a un privilegio papal otorgado en 1864 como agradecimiento a la defensa que hizo España del dogma de la Inmaculada Concepción.

Virgen Inmaculada: detalle de su base con el escudo colegial

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La Virgen Tota Pulchra. El Cantar de los Cantares tuvo como principal intérprete en la Edad Media a San Bernardo de Claraval, quien identificó a María con la esposa a la que se dirige la bella alabanza: Tota pulcra es, amica mea, et macula non est in te (Eres completamente bella, amiga mía, y estás preservada de toda mancha). Así surgió una rica simbología a base de emblemas, alegorías y figuras en torno a la imagen de la Virgen, en nuestro caso representado por un ramo de azucenas (símbolo de pureza) sostenido por uno de los cuatro ángeles presentes, y el escudo de grandes dimensiones existente en lo alto del conjunto con el anagrama de María.

Imagen de la Virgen Inmaculada

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En la inauguración de la nueva imagen se dio lectura a esta poesía creada por el P. Victoriano Rivas Andrés SJ para dicho acto. Por la infinita paz de tu sonrisa, que armoniza la pena y la dulzura; por la infinita gracia y la finura con que inclinas la faz, niña y sumisa, por tu rubio cabello nazareno; por esas lindas manos recogidas, que parecen celar cosas queridas sobre el bordado cofre de tu seno; por yo no sé qué gracia encantadora; por tu callado y virginal reclamo; por la materna y señorial ternura; ...si yo no sé por qué, Madre y Señora, pero quiero decirte que te amo, y que eres Tú mi paz, vida y dulzura

La Virgen Inmaculada del jardín El monumento de la Virgen del jardín siempre ha tenido un doble significado para los antiguos alumnos a lo largo de la historia. Por un lado, fue siempre un lugar emblemático donde se han desarrollado todo tipo de celebraciones como las procesiones marianas y la despedida colegial; por otra parte, tanto el primitivo como el actual fueron costeados por antiguos alumnos y sus familias. Fue el 15 de Febrero de 1904 cuando la Junta de la Liga Mariana decidió erigir una estatua de la Virgen para perpetuar el recuerdo del año mariano que se estaba celebrando con motivo del cincuentenario del Dogma. Su iniciativa fue acogida con entusiasmo tanto por los alumnos como por los jesuitas, siendo diseñado el monumento por el H. Prudencio Urbina SJ, profesor de dibujo del colegio. El monumento, de 9 metros de altura, tenía en su parte 7


superior una imagen de la Inmaculada Concepción labrada en mármol de Carrara por Vicente Larrea Aldama y Serafín Basterra. El diseño del pedestal que la sostenía y de su base (con tres gradas octogonales) se debe a José M. R. Piñole, empleando en ello mármol asturiano. Toda la obra fue financiada por Manuel Velasco Heredia y Leonor Herrero Vázquez, padres de los antiguos alumnos Ramón (p. 1898) y Manuel Velasco Herrero (p. 1907). Respecto a su ubicación se decidió que fuera en el centro del colegio, en el jardín interior, para que cuando se acabaran las clases todos los colegiales pudieran contemplarla al salir del centro educativo. El solemne descubrimiento de la figura tuvo lugar el 31 de Diciembre de 1904, y en la parte frontal de su base se podía leer la siguiente inscripción: MARÍA VIRGEN SANTA INMACULADA MADRE DE DIOS PROTECTORA DE ESTE COLEGIO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS TE DEDICAMOS TUS HIJOS AGRADECIDOS ESTE MONUMENTO El monumento desapareció tras la guerra civil, y su posible destino es hoy en día una incógnita sin resolver. La primera teoría defendía que había sido enterrada en el jardín para evitar su destrucción, pero ni los estudios con georadar promovidos por el P. Patac SJ ni la labor del P. José María Pilón SJ consiguieron dar con su paradero. Tan sólo fue recuperada una caja de munición. En la iconografía existente justo tras el final de la contienda bélica se puede observar la existencia de restos del pedestal cerca de la palmera, restos que también fueron encontrados semienterrados por alumnos en los años cincuenta en la esquina del antiguo jardín exterior, entre las calles Campo Sagrado y Hermanos Felgueroso, lugar que posteriormente sería cedido al Ayuntamiento de Gijón. 8


Hoy la hipótesis más aceptada es que fue sustraída aprovechando la coyuntura de aquellos días y gracias a su relativo pequeño tamaño. Tras la reanudación de la actividad educativa en el nuevo colegio, un nutrido número de jesuitas y antiguos rememoraban con nostalgia aquella imagen que guardaba tantos recuerdos. Por ello, se decidió levantar una nueva con motivo del centenario del Dogma de la Inmaculada. Su construcción fue posible gracias al apoyo económico de los antiguos alumnos y de su asociación, destacando el esfuerzo realizado por Julio Paquet, Severino Cadavieco, Dionisio Nespral, Francisco Somolinos, Bonifacio Lorenzo, Juan Ortea y Hermenegildo Rodríguez. Fue realizada por el afamado escultor Manuel Álvarez-Laviada, quien también sería el autor cuatro años después del monumento existente a la entrada del colegio. El viernes día 18 de Junio de 1954, a las siete y media de la tarde, se celebró en el jardín el acto de bendición y entrega de la imagen por parte de la Asociación de Antiguos Alumnos, dando lectura el P. Victoriano Rivas Andrés, SJ a la siguiente poesía. ¿Qué limpio viento de impelente gracia peina tu frente, arrolla el manto huido, y al busto tierno y ágil da ese henchido, ímpetu de Victoria Samotracia? Piedra blanca, y tan rítmica, y en esta plaza de arcos mordidos por la historia, -¿Purísima? ¿Asunción?- eres Victoria besada por el viento de una gesta. Toda eres grácil; y el pie breve tanto que para desnudarlo escapa el manto. Toda niña, y preciosa, y toda en vuelo. Niños a Ti. Una comba de palmera Tu altar. Pero así, en vuelo y en espera: volando, sin volar, Tú, nuestro cielo.

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La nueva Virgen se orientaría, por razones que desconozco en sentido contrario a la antigua, hacia la entrada del colegio. También hay que destacar otro dato, la existencia de una “gemela”: el mismo artista realizó una escultura idéntica que fue inaugurada tres meses después en el paseo del Doctor Arazuri de Pamplona. La inscripción que se observa actualmente en su parte frontal fue escrita por el P. Victoriano Rivas SJ, en recuerdo de los antiguos alumnos fallecidos, siendo descubierta el 26 de Diciembre de 1965 por Ramón Díaz Piñera, presidente en aquellos años de la Asociación de Antiguos Alumnos. AL AIRE DE TU VUELO LOS MUCHOS NOMBRES DE CUANTOS TE CANTABAN DE NIÑOS AQUÍ Y MURIERON EN LIMPIA CONCIENCIA CON UN IDEAL DE BIEN DE PAZ SIEMPRE CONTIGO AL AIRE DE TU VUELO Con motivo de la celebración del centenario colegial, en 1991 se incluyeron, en las caras laterales y posterior de su base, los nombres de los alumnos que constituyeron la promoción centenaria, así como de los profesores y jesuitas de entonces.

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Inmaculada del jardĂ­n antigua (izquierda) y actual (derecha)

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El escudo colegial Escudo antiguo El escudo vigente durante la primera etapa del colegio (1890-1932) tenía un diseño cuartelado, siguiendo la descripción realizada por Mario Ruiz Gutiérrez. En el primer cuartel, sobre fondo rojo, se observaba un castillo de oro almenado, aclarado de azul y mazonado de negro; en el segundo, en plata, destacaba un león rampante, de púrpura o morado, coronado de oro; en el tercero, sobre oro, cuatro palos de gules o rojo; finalmente, en el cuarto, con gules o rojo, una cadena de oro puesta en cruz, aspa y orla, cargada en el centro de una esmeralda de mismo color. El entado era plateado con una granada al natural complementada con dos hojas de sinople o verde. Ocupando el centro, en escusón, un losange de plata con la efigie de la Inmaculada Concepción, titular del Colegio. Todo ello, rodeado del Toisón de oro, y en la parte superior por la corona real cerrada de oro, forrada de gules o rojo y engastada de piedras preciosas, con ocho florones de hojas de acanto, visibles cinco, de las que salen sendas diademas convergentes de perlas. Escudo moderno Después del inicio de la actividad colegial en la postguerra, se decidió abandonar el emblema previo y se planteó un nuevo diseño. Tras un boceto inicial que no llegó a prosperar, la Compañía se decantó por el proyecto del P. Antonio Porteiro SJ, profesor de dibujo del colegio, quien perfiló en 1950 el modelo aún vigente. Se trata de un escudo mantelado. En el cuartel de la izquierda, en campo de plata, unos llares y caldera de sable a la que están asidos dos lobos pardos. Esta parte procede del escudo de Armas de Loyola. 12


El cuartel derecho muestra sobre campo de plata el escudo de Gijón. Éste había sido diseñado en ese mismo año, 1950, por el pintor y profesor de matemáticas del colegio Iván Fernández Candosa, quien se inspiró para ello en un cuadro de Federico Madrazo; consta de la efigie del Rey Don Pelayo con manto real y casco de cuero propio de los godos, con la espada desenvainada en su mano diestra y la Cruz de la Victoria a modo de báculo en la siniestra. La manteladura, en campo azul, tiene un ramillete de 3 azucenas, representativas de la pureza de María. Llama la atención como la Virgen Inmaculada Concepción desaparece como figura principal del escudo y queda sólo representada por las azucenas en la porción más pequeña del mismo. Acolada al escudo, la Cruz Laureada de San Fernando, condecoración concedida al Regimiento Simancas a título colectivo, y a título individual a Antonio Pinilla Barceló, Ángel Riva Suardiaz y Manuel Costell Salido.

Escudos colegiales antiguo (izquierda) y moderno (derecha)

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El escudo de Armas de Loyola Para todos los que hemos terminado los estudios en el colegio más allá de los años sesenta, este escudo tiene un significado muy especial. Desde esa fecha, en la ceremonia de despedida ante la Virgen del jardín, los colegiales reciben una insignia con dicho emblema en un acto simbólico por el que se integran en la gran familia internacional que forman los antiguos alumnos de jesuitas. Es el escudo de San Ignacio y su descripción requiere adentrarnos en la historia de la ascendencia del fundador de la Compañía. En él concurrían dos linajes, los de Oñaz y Loyola, que se habían unido por matrimonio en 1261, cuando Lope García de Oñaz se casó con Inés de Loyola, representando la séptima generación anterior a San Ignacio. De este matrimonio nació otra Inés de Loyola, heredera de ambos linajes, cuyos siete hijos fueron los responsables del cuartel más antiguo del escudo, el de Oñaz., al haber participado en la batalla de Beotíbar en el año 1321. En ella, los guipuzcoanos, al mando de Gil López de Oñaz, sorprendieron y vencieron a las tropas navarras y gasconas. En aquella época Guipúzcoa prestaba obediencia a la Corona de Castilla, y su rey Alfonso XI fue quien concedió estas armas al linaje, consistentes en siete bandas diagonales rojas sobre un campo de oro. El cuartel derecho representa el solar de Loyola propiamente dicho. Ostenta un caldero negro suspendido con dos lobos pardos a ambos lados, sobre campo de plata. Los lobos, en heráldica, simbolizan arrojo en la guerra y se suelen aplicar al apellido López (hay que recordar que San Ignacio firmó en su juventud como "Iñigo López de Loyoia"). El caldero ha recibido diversas interpretaciones como alusión a la situación económica desahogada de la familia Loyola o a su capacidad para sustentar por su cuenta un cuerpo armado.

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Si bien siempre se considerรณ representativo de los seguidores de San Ignacio, es en 1956, durante el Congreso de Loyola, cuando se convierte oficialmente en el escudo internacional de los antiguos alumnos de Jesuitas.

Escudo de Loyola

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Marcha de San Ignacio Se considera el himno de la Compañía de Jesús. En nuestro centro se interpretaba frecuentemente en los actos solemnes, y actualmente el día de San Ignacio. Existen numerosas hipótesis sobre la procedencia de la melodía. Diversos investigadores sugirieron que la obra habría sido estrenada ya durante la canonización del Santo, pero dicha afirmación no ha podido ser posteriormente demostrada. Su carácter militar, que recuerda los antecedentes de San Ignacio, también parece descartar un origen en el folklore vasco. La teoría más aceptada en la actualidad es la que establece su vinculación con la composición francesa Marche de la Marine, cuyos primeros datos se remontan a la mitad del siglo XVIII, desconociéndose cómo se produjo su llegada a las provincias vascas. La música, tal y como la conocemos en la actualidad, se debe a los arreglos para coro y orquesta realizados en 1917 por el P. Nemesio Otaño Eguino SJ, una de las principales figuras españolas en la reforma de la música sagrada. La letra más reciente en castellano fue compuesta por el P. Pintado SJ, existiendo también una versión en vasco escrita por el P. Iturriaga SJ.

Fundador sois Ignacio y General de la Compañía Real que Jesús con su nombre distinguió. La legión de Loiola con fiel Corazón, sin temor enarbola la Cruz por pendón. 16


Lance, lance a la lid fiero Luzbel a sus monstruos en tropel, en tropel. De Luzbel las legiones ya se ven marchar y sus negros pendones el sol enlutar. Compañía de Jesús Corre a la lid ¡a la lid! Del infierno la gente no apaguen tu ardor, que ilumina tu frente, de Ignacio el valor. Ya, voces escúchanse de trompas bélicas. El santo ejército, sin tregua bátese y alza sus lábaros en la batalla campal. Fiel presagio del lauro bélico y de la paz, del lauro y de la paz. ¡De la paz!

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De Loyola los ínclitos hijos La primera piedra del colegio fue colocada el domingo 3 de Febrero de 1889 en un acto solemne que contó con la presencia del Obispo de la provincia. En dicha ceremonia se procedió a la lectura de una poesía que aludía a la construcción del nuevo centro educativo y a las dificultades que la Compañía había encontrado en dicha empresa. Los versos eran de Bartolomé Prieto, director de la Escuela de Santa Doradía y poeta afamado que participaba habitualmente en las inauguraciones que tenían lugar a finales del siglo XIX en nuestra ciudad. De Loyola los ínclitos hijos, en las lides de Dios aguerridos ven al fin sus deseos cumplidos tras penosa y cruel dilación. Ya la piedra angular del suntuoso edificio al Señor consagrado y el saber rectamente ordenado ve con júbilo puesta Gijón. Nuevo centro de sana doctrina, complemento del Real Instituto, ha de dar preciosísimo fruto, de cultura y de moralidad. Y atrayendo a Gijón forasteros de notoria honradez y valía, acrecer se verá cada día de la villa la prosperidad.

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Honor, pues, a los Hijos de Ignacio, operarios del bien animosos, que al palenque se lanzan gozosos, en defensa de la juventud. Asediada se ve en todas partes por el vicio que la solicita; que Satán con astucia maldita guerra a muerte juró a la virtud. De valor y apostólico celo prueba dan los soldados de Cristo en país que jamás habrá visto habitantes de culta región. Y en certámenes donde se ostenta invenciones de ingenio profundo de Loyola los hijos el mundo han llenado ya de admiración. Más modestas aquí sus tareas, pero no de menor importancia, ejerciendo con tino y constancia la enseñanza de la juventud. Niños hoy, ciudadanos mañana a ocupar altos puestos llamados, subirán a los más encumbrados de la fe y del saber a la luz. Y ora dicten la ley a los pueblos, ora funden industrias doquiera, cual modelo serán o lumbrera digno objeto de la emulación.

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Buen plantel de virtuosos patriotas, al servicio del bien afiliados, si por todos fielmente imitados,

dicha grande tendrรก la naciรณn. Honor, pues, a los hijos de Ignacio, operarios del bien animosos, que al palenque se lanzan gozosos en defensa de la Religiรณn. Ellos vean el รณptimo fruto de su no interrumpida fatiga, y su obra que el cielo bendiga de prestigio y ventura a Gijรณn.

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Dulcísimo recuerdo de mi vida El P. Julio Alarcón Meléndez SJ (1843-1924) fue un destacado escritor y jesuita cordobés que ocupó el cargo de Director de la revista El mensajero del Corazón de Jesús, donde publicó diversos ensayos, cuentos, biografías religiosas y tratados ascéticos. Su obra más importante fue Recuerdos de Recuerdo, en la que relataba su estancia en el colegio madrileño de la Virgen del Recuerdo del que fue rector. En 1884 escribió esta poesía, donde reflejaba la nostalgia de los alumnos que abandonaban el colegio para comenzar sus estudios universitarios. Dichos versos fueron posteriormente inmortalizados por el P. Luis Coloma SJ, con el que compartía una gran amistad, en su célebre obra Pequeñeces publicada en 1890, con lo que se logró una amplia difusión por todos los centros educativos que la Compañía tenía en España. Así llegó al nuestro, donde su lectura siempre ha formado parte de la despedida de los alumnos, sustituyendo Virgen del Recuerdo por Virgen del Colegio o Virgen Inmaculada según la época.

Dulcísimo recuerdo de mi vida, bendice a los que vamos a partir… ¡Oh Virgen del Recuerdo dolorida, recibe tú mi adiós de despedida, y acuérdate de mí!… ¡Lejos de aquestos tutelares muros, los compañeros de mi edad feliz, no serán a tu amor jamás perjuros; se acordarán de ti!

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Mas siento al alejarme una agonía, cual no la suele el corazón sentir. ¿En palabras de niño quién confía? Temo… no sé qué temo, Madre mía, Por ellos y por mí… Dicen que el mundo es un jardín ameno, y que áspides oculta ese jardín… Que hay frutos dulces de mortal veneno, que el mar del mundo está de escollos lleno… ¿Y por qué estará así? Dicen que por el oro y los honores, hombres sin fe, de corazón ruin, secan el manantial de sus amores y a su Dios y a su patria son traidores… ¿Por qué serán así? Dicen que de esta vida los abrojos, quieren trocar en mundanal festín; que ellos, ellos motivan tus enojos, y que ese llanto de tus dulces ojos, ¡Lo causan ellos, sí! Ellos, ¡ingratos!, de pesar te llenan… ¿Seré yo también sordo a tu gemir? ¡No! Yo no quiero frutos que envenenan, no quiero goces que a mi Madre apenan. ¡No quiero ser así! En los escollos de esta mar bravía yo no quiero sin gloria sucumbir; yo no quiero que llores por mí un día; no quiero que me llores, Madre mía… ¡No quiero ser así!

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Y mientras yo responda a tu reclamo, mientras me juzgue con tu amor feliz, y ardiendo en este afecto en que me inflamo, te diga muchas veces que te amo, ¿Te olvidarás de mí? ¡Ah, no, dulce recuerdo de mi vida! Siempre que luche en peligrosa lid, siempre que llore mi alma dolorida, al recordar mi adiós de despedida, ¡Te acordarás de mí! Y en retorno de amor y fe sincera, jamás sin tu recuerdo he de vivir. Tuya será mi lágrima postrera… ¡Hasta que muera, Madre; hasta que muera me acordaré de ti! Tú en pago, Madre, cuando llegue el plazo de alzar el vuelo al celestial confín, estrechándome a ti con dulce abrazo, no me apartes jamás de tu regazo. ¡No me apartes de ti!

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Dulces Recuerdos Esta poesía fue compuesta por Carlos Cienfuegos-Jovellanos y leída el 27 de Diciembre de 1908 con motivo de la primera reunión celebrada por unos antiguos alumnos en nuestro colegio. Se inicia con la primera estrofa de la famosa poesía del P. Alarcón, concibiéndose como su continuación. (Dulcísimo recuerdo de mi vida bendice a los que vamos a partir siempre que llore el alma dolorida al recordar mi adiós de despedida ¿Te acordarás de mí?) Y partimos cual ráfagas ligeras forjando en nuestra mente dichas mil de risueñas y alegres primaveras, pensando del placer en nuevas eras soñando con vivir. Mas buscando la dicha apetecida vimos del horizonte en el cenit que también aparece en nuestra vida cual espectro de faz descolorida la imagen del sufrir. Y en el jardín de flores delicadas de ambientes puros y de olor sutil, debajo de corolas sonrosadas no faltaron espinas ponzoñadas que nos habían de herir. Y al sentir de dolor el alma herida, evocando recuerdo más feliz, vimos en la niñez la paz perdida. 24


Las horas más dichosas de la vida ¡Las pasamos allí! Y cuando por desgracia sucumbimos al oropel del mundanal festín, para alzarnos del fango en que caímos, la fe cristiana que de allí aprendimos nos hizo revivir. Por eso satisfago un noble anhelo de vernos reunidos hoy aquí y en estas horas de feliz consuelo siento más cerca el azulado cielo, más ganas de vivir. No están todos, hay muchos que este día quisieran nuestra dicha compartir. Otros ya duermen en la tumba fría. A todos los recuerda el alma mía con gozo juvenil. Y los que por extraños derroteros nuestras huellas no quieren hoy seguir, eran nuestros antiguos compañeros, les brindamos los brazos placenteros ¿Por qué serán así? Por ellos ruego al Corazón Sagrado a quien debemos esta unión feliz que vuelvan a formar a nuestro lado y al calor santo desde aquí inspirado luchar hasta morir. Y cuando sufra el alma estremecida por las múltiples luchas del vivir, apliquemos el bálsamo a la herida y calmemos las penas de la vida pensando siempre aquí. 25


Por nuestra unión La Asociación de Antiguos Alumnos se constituyó formalmente el 1 de Enero de 1914, en una ceremonia en la que Carlos Cienfuegos-Jovellanos (quien sería presidente de la misma entre los años 1923 y 1950) dio lectura a esta entrañable poesía de la que fue su autor. Queridos compañeros, amigos de la infancia, siguiendo los impulsos, que dicta el corazón, el pensamiento vuela, salvando la distancia, al venturoso asilo, a la bendita estancia, que acoge placentera, nuestra dichosa unión. Unión que ha de servirnos de faro, norte y guía, en ráfagas de pena y horas de esplendidez, unión que será fuerte, si no es unión de un día, siguiendo los impulsos de la Santa Compañía añorando en recuerdos, canciones de niñez. Atraviesa la vida, periodo anarquizante, los hombres a los hombres destrozan sin piedad, formando en la vanguardia debemos ir avante, llevando como enseña, llevando por delante, la cruz del sacrificio, la cruz de la verdad. Y nada de temores si arrecia la campaña, estemos siempre alerta, estemos siempre en pie, oponiendo los pechos a la invasión extraña, salvando los jirones, que aún quedan en España, haciéndonos heraldos de Cristo y de su fe.

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Y en círculos, casinos, tertulias, reuniones, debemos dar la cara, debemos de luchar, alejando hacia un lado necias preocupaciones, que no tan fácilmente se rompen las uniones que tienen por cimientos las gradas del altar. Por eso, compañeros, amigos de la infancia, siguiendo los impulsos que dicta el corazón, el pensamiento vuela, salvando la distancia, al venturoso asilo, a la bendita estancia, que acoge placentera nuestra dichosa unión.

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La Proclamación de Dignidades Una característica común a los centros de enseñanza jesuíticos de la primera mitad del siglo XX, entre los que se encontraba el nuestro, era la existencia de una serie de distinciones que recompensaban a aquellos alumnos destacados por su actitud o conocimientos. Había dos tipos principalmente. Por un lado, los premios de aprovechamiento que se otorgaban por las buenas notas obtenidas en las clases o composiciones. Por otro lado, estaban los premios de conducta o “dignidades”, que no sólo representaban un honor, sino también un cargo, y cuya estructura jerárquica sufrió variaciones a lo largo de la historia. A modo de ejemplo citaremos algunas de ellas, como eran el Jefe de filas (encabezaba las formaciones de alumnos y controlaba que sus compañeros desfilaran adecuadamente), Ediles de juegos y de gimnasia, Capilleros, Cuestor de pobres (encargado de recoger limosnas entre sus compañeros), Brigadier (primera dignidad de cada división), Regulador (encargado de tocar la campana para avisar del final de la clase y del recreo), y la dignidad máxima, el Brigadier del Colegio que con el transcurrir de los años pasaría a llamarse Príncipe del Colegio. En nuestro centro se otorgaron, con más o menos variabilidad, desde su inauguración hasta finales de los años sesenta. Las celebraciones en las que se concedían las distinciones de comportamiento se denominaban Proclamación de Dignidades. Eran actos solemnes, en los que se entregaban las correspondientes medallas, diplomas o fajines, y que comenzaban con la lectura de un lema común para todos los colegios de la Compañía, y que seguro aún es recordado por todos los alumnos de aquellos años. En su obra Los colegios de Jesuitas y su tradición educativa (1868-1906), el P. Manuel Revuelta SJ presenta una de las versiones

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más antiguas, procedente de la empleada en latín en el Puerto de Santa María en 1882.

A la mayor gloria de Dios, para esplendor de las Ciencias y de las Artes, y para honrosa memoria de los alumnos del Colegio de ------se proclaman los nombres de los que en el presente curso académico 19--/19--, por su excelente conducta, aplicación, constancia y notable aprovechamiento, han merecido premio y honorífica mención En nuestro centro, la referencia más antigua existente se remonta al final del curso 1901-1902. A Mayor Gloria de Dios, para esplendor de las Ciencias y de las Letras, y honor de los alumnos del Colegio de la Inmaculada Concepción de Gijón se proclaman los nombres de los que durante el año académico de 1901 a 1902 por su ejemplar conducta, aplicación constante y acreditado aprovechamiento previo certamen literario, se han hecho dignos de tan justa alabanza, premios y encarecido encomio.

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Posteriormente, tras la reanudación de la actividad colegial al finalizar la guerra civil, se realizaron varias versiones con pequeñas modificaciones del texto. A modo de ejemplo ponemos la vigente en 1952.

A mayor gloria de Dios, honor de la virtud, esplendor de las Ciencias y de las Artes, galardón y estímulo de los alumnos del Colegio de la Inmaculada, se proclaman los nombres de los que por su ejemplar conducta, aplicación constante y aprovechamiento en el presente curso académico 1951/1952, se han hecho dignos de premio y de honorífica mención.

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Venid y vamos todos Unos de los recuerdos más entrañables son las celebraciones del mes de Mayo, el mes de la Virgen. Los ofrecimientos florales a la Virgen Inmaculada y las procesiones por los patios y el jardín recordadas por todos, se acompañaban de esta composición coral. La obra fue compuesta en 1902 por el P. Santiago Costamagna, sacerdote italiano perteneciente a los salesianos, que desarrolló una importante actividad misionera en Argentina y Chile. Este religioso destacaba por su capacidad oratoria, tanto en italiano como en castellano, y por sus composiciones musicales que reflejaban su especial devoción a la Virgen. La melodía se comenzó a interpretar en la isla Dawson entre 1902 y 1911, donde la orden salesiana había creado en 1888 la Misión de San Rafael para evangelizar a los indígenas; de allí se fue difundiendo por todos los colegios del mundo, y tras ser adaptado por el P. Nemesio Otaño SJ, llegó a convertirse en un clásico de las celebraciones marianas.

Venid y vamos todos, con flores a María, con flores a porfía, que Madre nuestra es (bis) De nuevo aquí nos tienes, Purísima doncella más que la luna bella, postrados a tus pies. (Bis) Venimos a ofrecerte las flores de este suelo, con cuánto amor y anhelo, Señora, tú lo ves. (Bis)

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Por ellas te rogamos, si cándidas te placen, las que en la gloria nacen en cambio Tú nos des (Bis) También te presentamos como más gratos dones, rendidos corazones que Tú ya los posees. (Bis) No nos dejes un punto, que el alma pobrecilla, cual frágil navecilla, sin Ti diera al revés. (Bis) Con Tu poderosa mano, defiéndenos Señora, y siempre desde ahora a nuestro lado estés. (Bis).

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Bendita sea tu pureza Esta oración es la que se ha empleado con mayor frecuencia a lo largo de los años para mostrar la devoción por la Inmaculada Concepción. Tuvo como autor al franciscano valenciano Antonio Panes, destacado religioso y poeta del siglo XVII, que la incluyó en su obra “Escala Mística y Estímulo del Amor Divino”. Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea: pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco desde este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes Madre mía

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Himno de las Congregaciones Marianas Las Congregaciones Marianas eran asociaciones católicas destinadas a fomentar la vida en la fe, y se caracterizaban por una especial devoción a la Virgen. La primera fue fundada en 1563 por el jesuita belga Juan Leunis en el Colegio Romano donde ejercía como profesor de gramática. La experiencia fue todo un éxito y se extendió rápidamente por todos los colegios de la Compañía, donde las Congregaciones jugaron un papel esencial en la educación religiosa de sus alumnos. En nuestro colegio la primera data de 1890, año de la inauguración del centro, estando integrada por cinco de los alumnos fundadores. Posteriormente adquirió un gran desarrollo hasta que en 1967 fueron sustituidas por las Comunidades de Vida Cristiana (CVX), aunque con unos rasgos diferenciadores. El himno que tenían, de autor desconocido, fue ampliamente recordado por generaciones de colegiales.

Ufanos de ser tus hijos y dichosos por amarte venimos Madre a entregarte alma, vida y corazón. Postrados aquí de hinojos ¡oh Virgen¡ te prometemos que nunca abandonaremos tu amada Congregación. Inmaculada Virgen María oye piadosa nuestra oración. Tú eres la gloria, Tú la alegría de nuestra amada Congregación.

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Los Himnos del colegio Himno antiguo Algo que no todo el mundo sabe es que nuestro colegio, a lo largo de su dilatada historia, ha tenido dos himnos. El primero ha sido el que ha perdurado hasta nuestros días. Su autoría se ha atribuido clásicamente a Ignacio Ramón Uría de Arístegui (18821950), destacado organista guipuzcoano que llegó a tierras gijonesas a principios del siglo XX. Según su biógrafo, J. I. Alberdi, se incorporó al colegio en 1912 como profesor de música, continuando la labor que desde 1892 desarrollaban Manuel Lizarraga y Martín Rodríguez al frente del coro y banda de música. Entre sus alumnos, otro prestigioso artista, Ángel Embil. Inicialmente, la obra fue escrita para ser interpretada por la banda de música del colegio, siendo adaptada para órgano ya en los primeros años. Su estreno se remonta al 18 de Diciembre de 1915, durante la celebración del vigésimo quinto aniversario del colegio, donde se hace referencia por primera vez a la presentación de un himno a la Virgen Inmaculada. Estuvo vigente desde esa fecha hasta 1962. Con motivo de la visita a nuestro colegio del P. Pedro Arrupe SJ en 1970 fue recuperado, con su estrofa completa, por el P. Pedro Menéndez Cifuentes SJ, quien enriqueció su letra sustituyendo el fragmento “cuando el silbido dulce y falaz de la pasión me incite al mal” por “cuando perdido en mi caminar, lejos de ti me incline al mal”. Desde entonces es el himno oficial del colegio.

Cuando perdido en mi caminar, lejos de ti me incline al mal, compadecida, oh! María, tiéndeme tu mano maternal. 35


Que yo no quiero, Madre querida, tu tierno manto abandonar, oh!, no permitas, no permitas. Viva un instante, lejos de ti, jamás, jamás. Virgen Inmaculada, luciente aurora, Reina y Señora, de este colegio sois. Oh!, Virgen bella, sois nuestra estrella, sois nuestro lábaro triunfador. Bajo tus pliegues, ah! luchando con ardor, no haremos a tu amor, traición, jamás, jamás. Virgen Inmaculada, Reina de esta morada, tus tiernos hijos, te aclaman, HOY!!

Himno moderno La letra fue creada en 1948 por el P. José María Vecilla SJ y sus versos se utilizaron con frecuencia en las despedidas colegiales de los años cuarenta y cincuenta. No sería hasta unos años después, en 1962, cuando el P. Alfonso Oña de la Fuente SJ le añadió la 36


melodía, creándose así un nuevo himno que pretendía ser menos majestuoso que su predecesor y que estaría vigente sólo hasta 1972.

Virgen del colegio, a tus pies recé junto a Ti fui feliz, pensando en Ti, Madre, fui bueno guárdame siempre junto a Ti. Dentro de tu manto yo quiero vivir, dentro de tu manto yo quiero morir! que no me aparte jamás de Ti! Madre mía, Madre mía, Madre a quien yo recé, eres mi faro y mi guía que jamás olvidaré. Ruega, Madre, por nosotros, llévanos cerca de Ti, no permitas que uno solo nos separemos de Ti.

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Carta Magna de Loyola La Unión Mundial de Antiguos Alumnos fue constituida en 1956 durante el congreso que tuvo lugar en Loyola para conmemorar el IV centenario de la muerte de San Ignacio. Con su creación se buscaba unir en un esfuerzo común a todos los antiguos alumnos de las instituciones de enseñanza jesuíticas, ya agrupados en organizaciones locales, regionales e internacionales. En dicha reunión se aprobó una declaración conocida bajo en nombre de Magna Carta de Loyola, que se considera como la Constitución de la nueva agrupación internacional, y que establece la vinculación de los antiguos alumnos con la Compañía de Jesús. Celebrándose en el día de hoy, 31 de julio de 1956, en Loyola, el IV Centenario de la muerte de San Ignacio, esta declaración aclamada por unanimidad en su Congreso, expresa solemnemente toda la gratitud que sienten los Antiguos Alumnos por los Padres Jesuitas, sus educadores. Este documento consagra igualmente las relaciones de filial sumisión de los adheridos a la Unión Mundial de Antiguos Alumnos hacia la Compañía de Jesús y ninguna Federación podrá pertenecer a la Unión Mundial sin haber declarado antes implícitamente haber aceptado sus principios. La Unión Mundial de Antiguos Alumnos solicita del Muy Reverendo Padre General, en su paternal bondad, que tenga a bien nombrar un Consejero Eclesiástico, su Delegado cerca de la Unión Mundial, para que oriente sus proyectos y su concreta actividad y le indique los nobles fines que pueden y deben ser alcanzados, de tal manera que en ningún momento y bajo ningún pretexto los Estatutos y las actividades de la Unión Mundial sean de tal naturaleza que no puedan ser aprobadas por la Compañía o que se encuentre en contradicción con sus principios y normas de acción.

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La asistencia de un Consejero Eclesiástico Delegado por el Padre General es esencial a la vida de la Unión Mundial y, por consiguiente, la retirada del Padre Delegado implica la disolución de la Unión Mundial. Por medio de sus legítimos representantes, la Unión Mundial se compromete a conservar y a perpetuar entre los Antiguos Alumnos una cariñosa devoción hacia los Padres y una sincera adhesión a los principios que éstos les han inculcado. La Unión Mundial, que debe su vida a esta llama animadora, se obliga a la más filial deferencia siempre que la Compañía juzgue su responsabilidad comprometida aunque sólo sea moralmente por el simple título de Antiguo Alumno de la Compañía. La Unión Mundial considera como un honor las demostraciones prácticas de sumisión filial de los Antiguos Alumnos hacia aquellos que han sido sus educadores y colaborará para hacer florecer las obras de la Compañía, para facilitar la creación de las que desee y trabajará en particular por la prosperidad, cada día mayor, de los colegios y de los institutos de educación de los Padres Jesuitas. La Unión Mundial se compromete ante los Reverendos Padres a conservar en sus contactos internacionales entre los Antiguos Alumnos los lazos más fraternales. Esto será un medio más que servirá para el acercamiento progresivo entre los pueblos y para continuar en la Asociación la obra de formación y de cultura recibida en las escuelas de los Padres Jesuitas con el fin de dar a la sociedad hombres preparados para laborar por el bien común.

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Despedida de la Virgen del jardín Como ya hemos visto anteriormente, la poesía Dulcísimo recuerdo de mi vida se ha convertido en un elemento esencial de las ceremonias de despedida ante la Virgen. En el curso 1955-56, el P. Victoriano Rivas SJ escribió estos versos, tomando como base la realizada por el P. Alarcón SJ, con la finalidad de crear un texto propio de nuestro centro. A pesar del entusiasmo inicial no alcanzó el éxito deseado. Dame tu bendición, Virgen en vuelo, dame tu bendición para partir. este último adiós a pleno cielo, que sea para Ti. Sea tu piedra blanca, Inmaculada, la última lección en el jardín. Grábame su blancura en la mirada, y si yerra entre barro mi pisada, acuérdate de mi. Te hemos visto brotar, como una rosa que en piedra se quisiera convertir. Como Tú hemos crecido en la gozosa inquietud bullanguera que rebosa nuestra niñez feliz. Nos vamos, y Tú quedas, alta y bella, volando sin volar en el jardín. Quédate en nuestros ojos como huella; y sea tu figura la alta estrella que ilumine el vivir.

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El vivir…Dicen que es amargo y duro, que hay dolor y traiciones…Y, al salir de este recinto cariñoso y puro, hay mucho que sufrir. Que hay quien al alejarse de tu vera hasta se atreve a traicionarte a Ti. ¡Guárdame Tú mi Fe, viva y entera! Que nunca te traicione: ¡hasta que muera que sea fiel a Ti! Que recuerde el recuelo de este manto, que invita a mirar alto, a subir… Y, aunque sea la vida hiel y llanto, yo, que a tus plantas he rezado tanto, yo pueda ser feliz. Te veré recortada en ese cielo de esta Asturias que es templo y es pensil. Tu gallardía encenderá mi anhelo: me creeré arrebatado en tu revuelo ¡Y seré fiel a Ti! Como ese mar, ahí cerca, que murmura y alterna canto y rezo en su fluir, rezando así y cantando a tu ternura, te amaré como un niño, Virgen pura, como te he amado aquí. Como Tú, haz mi promesa piedra y vuelo: ¡jamás, jamás me olvidaré de Ti! Tú, al expirar mi vida en este suelo, sal así, blanca y bella, desde el cielo y…!acuérdate de mi!

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Amigos para siempre Esta canción fue originalmente escrita para la Juegos Olímpicos de Barcelona (1992) donde fue interpretada por José Carreras y Sarah Brightman. La música fue compuesta por Andrew Lloyd Webber y la letra se debe a Don Black. Amparo Callejón Herrero, profesora durante 26 años en nuestro centro (1973-1999) y de la que todos los alumnos de entonces guardamos un grato recuerdo, escribió una versión adaptada a nuestro colegio en la que resalta el valor de la amistad. Fue estrenada en 1991 con motivo de la celebración del centenario del colegio. Ven, tenemos que pintar el mar con el color de la verdad, se puede hacer y puedes contar conmigo. Ven hay alegría que sembrar hay penas para consolar, se puede hacer si seguimos siempre unidos. Amigos para siempre nos hicimos al llegar, entre estos muros compartimos el vivir, pasan los años y perdura la amistad amigos para siempre. Amigos para siempre cuando salgamos de aquí, y en otros cielos comencemos a volar, espacio y tiempo no nos podrán separar amigos para siempre. 42


Ven hay una estrella que alcanzar para adornar la soledad se puede hacer si seguimos siendo amigos. Ven hay mucho amor que regalar, hay esperanza que brindar, se puede hacer tú conmigo, yo contigo. Amigos para siempre, corazón con corazón la Inmaculada desde el patio sonreirá porque a su manto se ha prendido esta canción: amigos para siempre.

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Mi credo como educadora Este texto, si bien resulta menos conocido para los que estudiamos en el colegio, se incluye en esta recopilación para rendir un homenaje a los profesores, seglares y jesuitas, que todos tenemos en el recuerdo y que a lo largo de los años han dedicado y dedican su vida a formar hombres y mujeres para los demás. Su autora fue también Amparo Callejón Herrero, quien muestra en estas bellas líneas llenas de sentimiento su fe cristiana y su pasión tanto por el colegio como por su profesión. Creo en la puerta de mi Colegio, que es la entrada a una jornada de entrega. Creo en los pasillos con sus orlas de Antiguos Alumnos, que son camino y recuerdo de mi responsabilidad como maestra. Creo en la escalera que conduce a mi planta, esfuerzo peldaño a peldaño de lo que debe ser mi tarea diaria. Creo en el espacio que limitan las cuatro paredes de mi aula; es el recinto testigo de mis afanes, errores y limitaciones. Creo en el azul de mi pizarra como en el cielo de la noche que se ilumina con las estrellas blancas que ponemos allí entre todos. Creo en las puertas que me comunican con las otras secciones; están allí para que nos demos a los demás. Creo en los ojos de mis niños; magnífico regalo de Dios que me interpela, me exige y me ama. Creo en el café de media mañana compartido con mis compañeros. Ellos lo hacen dulce y reparador. 44


Creo en el tema latoso y frío que tengo que preparar; El ayuda a que crezca mi creatividad, mi ilusión y mi fantasía. Creo en el Crucifijo que preside mi clase y mi vida. Sé que es el sol que ilumina nuestros días grises, que no molesta sobre el papel blanco, que no ciega y que traza senderos de luz para que podamos caminar con los pies en el suelo y la mirada en un lucero. Creo en el cansancio de la tarde, cuando la semilla está echada y la labor cumplida, sabiendo que he sembrado en campo ajeno y que otros habrán de recoger la cosecha. Creo en que cuando faltan mis fuerzas es Jesús quien recoge mi azada y sigue por mí. Creo que merece la pena mi trabajo porque no estoy sola en esta empresa; es el Sembrador quien me acompaña. Soy feliz creyendo.

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AMDG Ad Maiorem Dei Gloriam (“a mayor gloria de Dios”), o abreviadamente AMDG, está considerado como el lema de la Compañía de Jesús y aparece con frecuencia tanto en el colegio como en la documentación de la Asociación de Antiguos Alumnos en su primera época. Para conocer su origen debemos remontarnos a San Pablo, quien en diversas ocasiones hace referencia a la locución “in gloriam Dei”, como en la primera carta a los Corintios: Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier cosa, hacedlo todo para gloria de Dios (1 Cor 10,31). La frase literal Ad Maiorem Dei Gloriam aparece por primera vez muchos años más tarde, en el siglo VI, de la mano de San Gregorio Magno. Este lema fue elegido por San Ignacio para establecer la finalidad propia de la Compañía, apareciendo en sus escritos más de 170 veces desde que lo empleó por primera vez en los Ejercicios Espirituales (Paris, 1528). Centra el espíritu ignaciano con el que los jesuitas deben realizar su labor: llevar a cabo todas aquellas acciones que lleven a una difusión de la palabra de Dios, para que éste sea más conocido, amado y obedecido. El acrónimo AMDG no aparecería hasta bastantes años después del fallecimiento de San Ignacio.

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Hombres y mujeres para los demás La Compañía de Jesús, que basa gran parte de su actividad en la educación, ha establecido ya desde sus inicios un sistema de enseñanza que fue recogido en la Ratio Studiorum. Esta guía, publicada por primera vez en 1599, marcó las directrices de la educación jesuítica durante siglos, hasta que en la década de los años 60, tras el Concilio Vaticano II y diversas Congregaciones Generales de aquella época, se inicia una corriente de cambio. Esta orientación renovadora tuvo su punto álgido en el transcendental discurso pronunciado por el P. Arrupe SJ en la sesión de clausura del Congreso de Antiguos Alumnos celebrado en Valencia en 1973, en el que pronunció las siguientes palabras: Nuestra meta y objetivo educativo es formar hombres que no vivan para sí, sino para Dios y para su Cristo; para Aquél que por nosotros murió y resucitó; hombres para los demás, es decir, que no conciban el amor a Dios sin el amor al hombre; un amor eficaz que tiene como primer postulado la justicia y que es la única garantía de que nuestro amor a Dios no es una farsa, o incluso un ropaje farisaico que oculte nuestro egoísmo. Y en la Eucaristía final, continuó: Subrayamos que la principal novedad del Evangelio consiste en proclamar este singular humanismo, este nuevo tipo de hombre, nacido de la fe en Jesús, que es: el hombre muerto a todo egoismo, y por lo mismo, resucitado, renacido, libre para amar de verdad, libre para dar la vida, libre para entregarse y comprometerse enteramente por los demás. Hombres y mujeres que, integrando en la profunda persona fe y amor, amor a Dios y amor al prójimo, hace verdad visible en sí mismo la eterna fecundidad social de nuestra fe en Jesús. Es como Jesucristo, un hombre para los demás.

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Esta nueva formulación (que actualmente es considerada como el lema de los antiguos alumnos de jesuitas) significaría un profundo cambio en la Compañía, cuestionándose la dimensión social y razón de ser de los colegios. La finalidad de éstos debía ser formar servidores. El P. Peter Hans Kolvenbach SJ, Superior General de los jesuitas entre los años 1983 y 2008, completaría esta línea de trabajo años más tarde con dos documentos que actualizaban la vieja Ratio Studiorum: “Características de la educación de la Compañía de Jesús” (1986), que establecía desde un punto de vista teórico las señas de la identidad educativa ignaciana, y “Pedagogía Ignaciana, un enfoque práctico” (1993), cuyo objetivo era poner en marcha estrategias operativas concretas. En este último documento se definen las características que deben tener los antiguos alumnos de un colegio de jesuitas, que se resume en las cuatro c: 

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Competentes: excelentes en su formación académica, humana, personal y cristiana, todo ello dentro de las posibilidades y cualidades de cada individuo. Un alumno de un colegio de la Compañía debe aprender y desarrollar al máximo sus cualidades para posteriormente ponerlas al servicio de las demás, dando siempre lo mejor de sí mismo y sin afán de protagonismo: el deseo de sobresalir debe ser sustituido por el deseo de servir. Conscientes: reflexivos que evalúen permanentemente las realidades sociales, culturales, científicas, religiosas y humanas, promoviendo su formación permanente. Compasivas: sensibles a los problemas humanos, especialmente de los más desfavorecidos, y dotados de una fe orientada a la defensa de la justicia. Deben promocionar la austeridad en su forma de vivir, evitando el lujo, la competitividad y el consumismo que nos conducen a olvidarnos de los demás. Comprometidas: personas de fe profunda y comprometida, con una vida personal, familiar y social ejemplar y un espíritu de servicio y generosidad. Deben participar de forma constructiva en la sociedad procurando su progreso hacia un mundo de verdad, justicia y amor. Se deben comprometer de forma activa poniendo en práctica sus ideales de fe y justicia en el mundo real de la familia, profesión y estructuras sociales y políticas. 48


BIBLIOGRAFIA   

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