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Revista DiverCiudad Diciembre 2018 - Febrero 2019

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Editorial DiverCiudad Edición No. 23 Diciembre 2018-Febrero 2019 ISSN: 2389-9379 © Ateneo Porfirio Barba Jacob Coordinador Editorial Néstor López Comité Editorial Germán Benjumea, Alvaro Narváez, Napoleón Bermúdez, Yacqueline Salazar, Aberto Sierra. Agradecimientos especiales Víctor Bustamante, Jorge Mario Puerta, Luis Fernando González Escobar, Germán Benjumea, Luis Fernando Londoño, Alvaro Narváez, Rubén Darío Marín, Teatro Aguila Descalza, Olga Elena Mattei, a todos los Artistas Participantes y al Equipo del Ateneo Porfirio Barba Jacob Concepto Gráfico Mauricio Celis Carátula Víctor Viviescas en Estados de Vulnerabilidad Foto Cortesía de Juan Carlos Lema Fotografías Cortesía Olga Elena Mattei, Cortesía Teatro Aguila Descalza, Napoleón Bermúdez, Rubén Darío Marín, De-Ambulantes, Cortesía de los Artistas y Ateneo Edición Apoyada por la Secretaría de Comunicaciones de la Alcaldía de Medellín. Los textos y opiniones expresadas en esta edición son responsabilidad exclusiva de sus autores y no comprometen el pensamiento de esta publicación. Informes Teatro Ateneo Porfirio Barba Jacob Medellín-Colombia-Sur América Cl47 No.42-38 Torres de Bomboná Teléfono (57 4) 216 07 08 www.ateneomedellin.com ateneomedellin@gmail.com

El centro de Medellín sigue en renovación urbana. Ya se ha entregado la primera fase de intervención en el nuevo llamado Pasaje Bolívar, pronto tendremos culminado el corredor de La Playa y, se espera, cumplido el propósito de ampliar los espacios públicos para el encuentro y el buen disfrute del Centro de la Ciudad. En esta edición hemos invitado a tres importantes personalidades que abordan este tema del espacio público y el patrimonio en el Centro. Miradas que valoran lo que se hace pero que, también, hacen preguntas y sugieren otro tipo de acciones para que, de verdad, esta vez sí, el espacio que se “gana” sí sea para la construcción de ciudad y no la ampliación o la profundización de los evidentes problemas que se tienen de ocupación indebida del espacio. Ello también, como siempre, llama la atención sobre la necesidad de abordar más creativamente el drama social que subyace en la proliferación de las ventas informales en donde el Centro es simplemente un síntoma más de un olvido de la ciudad, esto es, cómo ayuda la ciudad a construir proyecto futuro de vida a sus olvidados? Gran expectativa en el sector artístico y cultural ha generado la irrupción del concepto Economía Naranja y sus implicaciones en lo relacionado con la actividad en nuestro país. El experto Germán Benjumea presenta el tema que será ampliado en ediciones y encuentros posteriores que DiverCiudad generará con el objetivo de que, ojalá, este momento de “oportunidad” para que la cultura y las artes realmente fortalezcan en sus economías, no se convierta, como ya ha pasado incluso en nuestra ciudad, en simples botines para oportunistas que como buenos culebreros paisas, grandes lectores de Jesús del Corral y su “que pase el aserrador”, van sólo detrás del dinero. En este número una introducción al concepto con datos que son muy relevantes para abordar de manera objetiva un momento que puede ser realmente nodal en los cambios de paradigma del hacer y pensar la cultura y las artes como punta de nuestro desarrollo futuro. Compartimos con nuestros lectores y amigos una reflexión sobre lo que ha sido un año más del Ateneo, celebrando los encuentros, las apuestas comunes con aliados que son co-inspiradores de presente y futuro posible. Aquí el testimonio de llegada a la 17 Versión del Festival Colombiano de Teatro que, en 2018, tuvo un momento culminante con la presencia y celebración de la obra y el ser Víctor Viviescas y su Teatro Vreve, sobre el cual Luis Fernando Montoya elabora una bella crónica. También destacamos especialmente la visita del Profesor Manuel Castells que no sólo compartió su pensamiento en Medellín sino que nos colmó de energía y optimismo por las ideas y lo que se puede alcanzar con un trabajo común en pos del pensamiento que consruye sociedad para nuestra ciudad y el mundo. Bienvenido 2019, año de celebración de la Independencia, concepto que define la DiverCiudad, que constituye al Ateneo. CONTENIDO Balance Ateneo 2018-------------------------------------------------------------------------------------3 Medellinenses del Centro Carlos Mario Aguirre------------------------------------------------------------------4 Olga Elena Mattei---------------------------------------------------------------------7 Especial - Espacio Público en el Centro El Centro: Bajo el Cielo Antioqueño y sobre el infierno de Medellín------ 10 Más espacio público: Para qué y para quién?------------------------------------ 15 Una Mirada al Centro de Medellín------------------------------------------------ 16 Los Infiernos de Victor Viviescas--------------------------------------------------------------------19 A propósito de la Economía Naranja Economía Cultural en Medellín -------------------------------------------------- 22 Es urgente una política pública de Economía de la Creatividad?------------ 28 Vive Porfirio----------------------------------------------------------------------------------------------29 Balance 17 Festival Colombiano de Teatro Ciudad de Medellín-------------------------------30


Balance Ateneo 2018

Co-Inspirar en la Ciudad Posible... En 2018 Ateneo dialogó con ese mítico instante del ´68, emprendió caminos que nos llevan a lo profundo y construyó, en la práctica, conceptos que seguirán como hitos de acción para el futuro. Vida cotidiana, prueba de ser… Seña de identidad sigue siendo gestionar un centro cultural como espacio para vivir la DiverCiudad, lugar de encuentro con obras, artistas e ideas independientes de los cánones que se tratan de imponer como verdades. Este año de celebración utópica no fue la excepción, nuevamente fuimos lugar de encuentro de divergentes, de obras de Teatro como Nos mataron la Risa de KnockOut, invocación de ese inolvidable ser que es Jaime Garzón como uno de los grandes libertarios colombianos que inspiran un país diferente, merecido, aplazado aún. También tuvimos la fortuna de los encuentros con las obras Beat de Teatro Escarlata y su provocador #1984, con los amigos punkeros de Mentes en Disturbio que hicieron de la Galería un Ágora Anarquista, el Colectivo Drag de Bárbara Queen, la siempre punzante y enriquecedora propuesta de Sí Teatro…Y nuestros compañeros de viaje Omar Castillo y el nuevo libro del Fondo Editorial Ateneo, Al Filo del Ojo, los grupos Azúl Crisálida, DeAmbulantes, La Buhardilla, El Parcero, que constituyen presencias permanentes en este trayecto que ya en 2019 cumple 25 años. Todos ellos, sumados a los músicos, rockeros y los proyectos como DeReojo, Animalario, Anamnésico y La Rueda Flotante, futuro y presente de una escena independiente, constituyen la identidad de un lugar, el Ateneo, en una ciudad donde, a veces, parecería que ser independiente es un estado “previo” a la vida domesticada deseada, no la vocación de ser. Escena independiente que construye comunidad artística y dialoga también con los turistas gracias al programa Medellín Ciudad de Artistas en donde fuimos incluidos. Pensamiento que transforma realidad…. El Profesor Manuel Castells, uno de los más relevantes intelectuales contemporáneos, aceptó nuestra invitación a Medellín y, con su presencia, con sus ideas, con su ser, hizo que esa semana de noviembre en que nos acompañó fuera una total inmersión intelectual para ratificar la apuesta que hemos de hacer porque el pensamiento cambie el mundo inequitativo que nos rodea, para que sirva para construir innovación creativa que solucione los problemas centrales de nuestro entorno y no sólo para que construya riquezas individuales excluyentes. Su pasión por conocer nuestra ciudad, por entender lo que somos, su real actitud de aprendiz perma-

nente es una lección inolvidable, adicional a su generosidad y deseo de seguir construyendo encuentros, p r oy e c t o s, comunidad es un gran optimismo que nos deja. El tiempo de Co— Inspirar… Aprender a ser con los otros es algo que nos queda de 2018. En Medellín no es fácil, se enseña más a ser a pesar de… gracias a…o, peor, con permiso de…los otros. Desde 2015, gracias a la Universidad de Antioquia y su invitación a construir la Alianza Cultural Por el Centro, adicional a la gentil invitación de los vecinos de las Torres de Bomboná, hemos construido procesos y proyectos colaborativos (sin mucho discurso y con mucha realidad) que, lentamente, hacen tejido, una red maravillosa que contruyen comunidad artística y cultural con nuestros vecinos, entidades y amigos de este bello territorio que es el centro. Gracias a esta red hemos podido generar espacios con la Secretaría de Cultura y su Proyecto Cultura Parque, también consolidar los encuentros en Caminá Pal Centro, la participación en la configuración del Plan de Desarrollo Cultural para el Centro, el diálogo con la Universidad Bellas Artes y la dinamización de las Torres como espacio también de encuentro cultural para todos. El dejarnos permear por los otros, por su ser y sus propuestas hizo posible que, conjuntamente con la Universidad de Antioquia y la Alcaldía pudiéramos tener al Profesor Castells en Medellín en un verdadero acto Co-Inspirador de nuevas realidades que esperamos continúen. Sobre la creación o la necesidad de Decir… Crear, como decir, es hacer existir. El Laboratorio Escénico del Ateneo liderado por Yacqueline Salazar Herrera en 2018 nos compartió el remontaje de El Sueño de Eichmann, el Estreno de El Palmira; además de su circulación en escenarios tan importantes como la Universidad de Antioquia y el Teatro Pablo Tobón Uribe. Un año de consolidación de una

Jairo Pinzón y Duván Chavarría en El Sueño de Eichmann propuesta que intenta combinar pensamiento y teatro para una ciudad que lo requiere. El Festival Colombiano de Teatro, 17 años…. En esta misma edición está un balance específico de esta versión y, aquí, agregar que este encuentro se consolida como el siempre llamado Festival de los Afectos, por el Teatro, por la Amistad, por el deseo de compartir el espacio sagrado del Teatro. Frases, conceptos que son el Adn de un proyecto que va más allá del simple evento. La Cultura y el Arte como empresa posible… Desde nuestra fundación en 1994 hemos apostado porque la cultura y el arte pueden ser una empresa posible y que la incorporación de conocimientos, habilidades y prácticas de diversas disciplinas administrativas, de comunicación y gestión pueden ser muy útiles para lograr los propósitos de nuestras entidades culturales y artísticas. En los últimos años hemos intentado consolidar estas apuestas que, esperamos, puedan fortalecerse en el futuro. Vivir es Persistir dice Porfirio y es nuestra acción vital diaria. Gracias a todos por hacernos existir y los esperamos para co-crear y celebrar los 25 años de una apuesta por el pensamiento.


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Carlos Mario Aguirre Por: Víctor Bustamante Soy lector de periódicos en la ciudad, antes de salir al Centro, a cine, leía El Colombiano y El Mundo, con ambos comenzaba a inmiscuirme en el medio cultural de la ciudad. En El Colombiano, inaccesible pero siempre leído, y El Mundo, más abierto y más pendiente de lo que sucedía en la ciudad. En ellos encontré una noticia singular de un grupo de teatro que abría sus puertas en Laureles, algo desusado, ya que las sedes de los teatros poseían un sitio al cual podría acceder el público en el Centro de la ciudad, que era el punto de encuentro. Se trataba de El Águila Descalza, donde comenzaba a destellar Carlos Mario Aguirre, con una obra muy cercana al sentir de Medellín: El sueño del pibe. La historia impregnada de tangos relataba y aún relata la vida de un adolescente que quiere ser un gran futbolista. Se trata de una utopía, una de tantas en los grupos de teatro que, cautivados por el arte de las tablas, pretendían actuar, soñar con un gran público, lo cual con los días y la asistencia de sus amigos, y con la presencia en los diarios, llegaría a cautivar y a formar un público que lo acompañaría por esta ascesis creativa desde hace muchos años hasta ahora. Carlos Mario estudiaba en la Universidad de Antioquia Licenciatura de Español y Literatura, pero, y ese pero le marcaría otro camino que se desviaría hacia su devoción, hacia el teatro, donde conocería a Alberto Llerena que labraría caminos con La Polilla, entre otras experiencias, una muy significativa con Grotowski, debido a la invaluable fuerza, la gran enseñanza que este ejerce en el medio teatral, en el mundo. El Teatro Laboratorio, así como sus libros sobre el teatro, le han servido en su formación. Uno de ellos: Hacia un teatro pobre. Luego, también lo vi en una obra de televisión, la consabida telenovela, Quieta Margarita, donde aparece de una manera casi fugaz, en pocos capítulos, pero luego se aleja y regresa a Medellín a seguir en lo suyo, ser lo que es, la estrella en sus obras, no alguien 4

más. En el año 1991, con Juan Guillermo López entramos a la sede del Águila Descalza, en Prado, buscábamos publicidad para la Revista Babel, pero arreglaban la casa, el olor a tierra, los golpes de martillo, de picas y de palas incursionaba por todo el lugar, ya la disponían par ser su sede. Allí nos recibió y nos colaboró con un aviso de una manera inusitada Cristina Toro, su compañera y aliada de toda la vida, pero Carlos Mario no estaba por ningún lugar, habría de esperar unos años para poder conversar con él. Pero llegaría el estruendo luego de unas obras que lo conducirían a tener una presencia total en la ciudad, País Paisa, es decir, su obra maestra don-

de enmarca de una manera magistral la mentalidad y la tradición de estos lugares. De ahí se desprendería todo un universo creativo visible en el resto de las obras que las señalan como una manera de ser del antioqueño, que puedes ser mostrada en los diversos viajes donde él ha estado a lo largo del país y en los países visitados. A raíz de su éxito y logros con País Paisa, Carlos Mario y Cristina incursionaron los sábados en la televisión, como a las nueve de la noche en Teleantioquia. Tenían su programa donde él imitaba de las señoras paisas con ese hablado peculiar, con exageraciones y todo. Una de esas noches se escuchó ruidos que no estaban programados. Doña Jesusita, en sus cabales,


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Teatro Prado, Sede del Aguila Descalza esperó a que el dueño de los ruidos, es decir, el espanto, hablara, saliera de su madriguera, pero nada siguió, nadie habló desde ultratumba. Después creí que era una broma, pero él más tarde me relató la historia del espanto. Desde que comenzó hasta que desapareció y los dejó tranquilos. Los programas eran televisados en la nueva sede del Águila Descalza, nada menos que en Prado, en la casa que había sido de Tulio Medina, arquitecto, dueño inicial de la casa. Pero antes de referirme a la casa, a la nueva sede, diré que alguna vez, escuchando el programa de Alonso Arcila, Los habitantes de la noche, ya casi en duermevela a las dos de la mañana, entre las locuacidad cautivadora de Alonso y de las personas de toda la ciudad, que en las noches de sus desvelos, cuentan sus historias, sus afanes y sus quejas, llamó una mujer de edad, unas señora que hablaba como doña Jesusita, y se quejaba ante Alonso; es decir, ante el público que la escuchaba con estas palabras: “Me tiene es muy aburrida ese señor Carlos Mario Aguirre, viendo ese programa donde ese actor arremeda a las mujeres antioqueñas. ¿Será que no tiene mamá? Es una falta de respeto, me da mucha rabia que nada se pueda hacer. Creo que ese señor es hasta un marica que no respeta a la mujer paisa”. A pesar de los consejos, Alonso no logró aplacar a la mujer. “Lo deberían meter a la cárcel”, añadió la señora antes de despedirse, luego de que Alonso le echara los perros, no a ella, sino los

perros, la jauría a las personas que maltrataban a los demás. Ahora me refiero a la casa, a la sede de El Águila Descalza. Cuando caminaba por Prado siempre me preguntaba por qué una casa de esas tan relevante, de arquitectura elaborada y con esa magnificencia, permanecía tan abandonaba, casi al borde de colapsar., Ya que las paredes se encontraban desvencijadas y las puertas corroídas por la lluvia; síntesis del abandono que persistía

Más tarde, he ido a la sede invitado por cortesía de Carlos Mario y me parece extraordinario saber que allí, en esa casa filmaron buena parte de una de las cintas más emblemáticas de la ciudad, Bajo el cielo antioqueño...

en los palacetes y mansiones notables de Prado. Esa casa había pertenecido a Tulio Medina, arquitecto y además hijo de un textilero preeminente, que la había hecho construir para darse nombradía cuando aún Prado no soñaba ni con Ricardo Olano, uno de los hombres más ricos de su tiempo y el creador del Barrio Prado, ni ser lo que sería después. Ya alguna vez conversando con Carlos Mario, cuando su grupo se había consolidado con Cristina Toro, le habían dado un toque de distinción, de resonancia a este palacete y lo habían recuperado para la ciudad, lo habían restaurado, convirtiéndolo en la hermosa casa que es hoy y, además, en un punto de referencia en Prado para asistir a ver sus obras o quizá a una de los teatreros invitados. El mismo Carlos Mario, alguna vez pasando al frente de esa casa, por las calles solitarias y nocturnas de Prado, le dijo a uno de sus amigos: “Esta casa va a ser mía”. Ya no era el Pibe, pero el sueño se había cristalizado unos años después. Más tarde, he ido a la sede invitado por cortesía de Carlos Mario y me parece extraordinario saber que allí, en esa casa filmaron buena parte de una de las cintas más emblemáticas de la ciudad, Bajo el cielo antioqueño, que si bien algunos críticos de cine, aquellos, que con la ortodoxia de la derrota, se refieren a ella con cierto desagrado, porque habla de la naciente burguesía y su exhibición familiar, olvidan algo, un detalle valioso, en esa película es 5


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posible ver la arquitectura de ese Medellín del 1925. Ya más tarde, en un proyecto para la Revista Babel que se ha alargado pero que sale en el 2019, ni un año más, me di cuenta de algo, que al visitar El Águila Descalza, Carlos Mario realiza collages que guarda o, mejor, exhibe en las vitrinas de la sede, él ya no vive allí, pero hay un salón dispuesto para sus collages, que son elaboradas en largos instantes de ensoñación donde se cristalizan sus búsquedas, sobre todo en esa creatividad sin límites que se requiere para ensamblar fotografías con pinturas y objetos; una totalidad que él quiere expresar. Y no es para menos, en una casa contigua él mantiene su taller de pintura. Es otra mansión casi ocultada por los árboles, donde se revela la otra actividad de Carlos Mario: la pintura.Allí entre tubos de colores, telas enmarcadas y pinceles aparece su arte en momentos de descanso, luego de la actividad dura y complicada de actuar, se que allí él permanece en silencio y el pintor creativo surge a corresponder con sus dibujos que luego salen, a lo mejor, de sus libretas a empozarse en las telas. Allí hay una mesa que es su reliquia, nada menos que la esa mesa donde su padre oficiaba como ebanista. Que rememora en un lugar que luego se convertiría en sitio de fiesta y de salsa, la sede de La Bahía. Esa mesa que posee es el recuerdo del arduo trabajo, de las manos de su padre, en tantas obras que él realizó. Entonces, era otro Medellín, con otras posibilidades y otras resonancias. Pero la sorpresa vendría ahí mismo en esa casa con un patio aireado y lleno de luz, donde en realidad reposa la sede, el centro de su creatividad, así como

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de ese silencio que lo acompaña. Pero llena de algo de lo que es Carlos Mario, un gran lector. Él ha coleccionado a sus autores favoritos en diversos cuartos, ya que las estanterías, desde las paredes hasta el techo, han sido dispuestas para sus libros, en varios cuartos su capacidad de lectura reposa en esos libros que uno va consiguiendo en todo tipo de librerías, tesoros que acompañan a su dueño y que Quevedo y Borges señalan como una compañía inagotable. Porque abren y entregan mundos, épocas, personas, ideas y, sobre todo, conocimiento y mucha compañía. Benjamín lo advierte desde otro punto de vista: “Los libros y las prostitutas entrecruzan el tiempo. Dominan la noche como el día y el día como la noche”. He estado con él, con Carlos Mario, buscando una casa, su casa, en el barrio Sevilla donde él vivió, y además hemos visitado Crepes por Laureles, donde muchas personas al verlo, luego de murmurar entre sí por lo inesperado de su llegada, se acercan a saludarlo. Sé que lo admiran y lo festejan, es la mejor ofrenda que esas personas le hacen al identificarse con sus obras, ya que les gusta y se toman fotos con él para evidenciarlo, Carlos Mario es toda una estrella del teatro en la ciudad. Alguna vez lo he visto caminando por La Playa, con espejuelos ahumados, con una capa colorida sobre sus hombros y con un cinturón ancho como si el actor que guarda por dentro lo llevara a caminar, como un cromo, ante la mirada de los curiosos transeúntes. Cuando él ya ni se inmuta por nada ni por nadie con este gesto provocador, sino salir en esa dualidad actor – personaje, como una manera de demos-

trar que su creatividad sigue inagotable. Pero regresemos al poder de seducción que tienen sus obras: es nada menos que lo cierto, es el reflejo donde se miran los espectadores, es una manera peculiar de ser del antioqueño con sus exageraciones, con sus mentiras, son esa falsa prestancia que le otorga el deseo de salir triunfante en cualquier momento, saberlo todo, que Carlos Mario lo expresa con esas exageraciones, con ese convencimiento de que lo que proponen sus obras no va a ocurrir mientras en la salsa del teatro abarrotada de público lo acompaña, por una razón de peso su humor, es una manera de salir de la propuesta de la vida cotidiana como una seriedad inmutable. Por eso la risa, la alegría que entrega Carlos Mario en la encarnación de sus diversos personajes, saca a los espectadores de su desconsuelo cotidiano.


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Olga Elena Mattei Por: Víctor Bustamante En el suplemento dominical de El Colombiano comencé a leer poemas de Olga Elena Mattei, donde siempre aparecían fotografías suyas que se me antojaban que se parecía a alguna otra mujer, pero de inmediato no la recordaba. En ellas miraba su nariz fina, sus labios delineados, y, siguiendo el estereotipo, me parecía raro que una mujer tan hermosa, tal vez una modelo, escribiera poesía. La publicación de sus poemas se realizaba con asiduidad, razón por la cual, comencé a ver otras fotos diferentes, en unas se perdía el ángulo de comparación con la persona que ya intuía se parecía, era la actriz Liz Taylor en tiempos en que ella había filmado Cleopatra, junto a Richard Burton y el caso conocido de que las escenas de amor era tan reales, que ellos terminaron enamorados, siendo pareja. También de los excesos con la bebida de ambos, los regalos fastuosos de él a ella, nada menos que un diamante costoso. Noticias que llegaban en las revistas del corazón para esa pareja de actores iluminada por los focos de la curiosidad que entrega la farándula, es decir, lo light, como entretenimiento. Pero lo incomparable era, es, que de Olga Elena solo sabía que existía, que había nacido en Puerto Rico, que su segundo apellido, Echavarría, tal vez la emparentaba con los reconocidos industriales de Coltejer y Fabricato, pero eso sí, continuaba leyendo sus poemas; aquellos que salían con alguna fotografía donde reafirmaba su belleza. Las fotos, lo supe después, pertenecían a un fotógrafo eximio: Gabriel Carvajal. Luego me volví a encontrar con Olga Elena, no de una manera personal sino a través de los libros, a través de sus poemas, en los libros de divulgación publicados por el recientemente creado Colcultura dirigido por el poeta piedracielista Jorge Rojas. En las pastas de color verde y blanco de Mi gente, en estos poemas era perentorio ya encontrar a la poeta de cuerpo entero y presente debido a su devoción de buscar otro tono a su poesía, más tarde supe que se llamaba anti- Poesía, sin ella haber leído a un cultor especial

de esta variación de la poesía, Nicanor Parra. En Mi Gente hay cierta ironía, ya una certeza de una poeta madura, una poetisa que poetiza de una manera muy personal con su sello, lejos del lamento femenino de las mujeres de esos años, muchas de ellas inmersas en un radicalismo femenino que vendría a enturbiar con su mala poesía y su sexismo lo que no era poesía, sino los aspavientos de mujeres que querían escribir, pero que, sin formación

ni talento literario, no fueron capaces de escribir siquiera algunos versos memorables. Ante esta moda ya amparada en su creatividad estaba Olga Elena imperturbable. Ella sabía que ya ostentaba un tono de voz, que ya poseíaposesía su sello personal, y eso sí, que ante esas esposas del radicalismo y sin poesía, ella pasaba imperturbable en sus escritos. Ella sabía que una cosa son las cuitas de antes de las mujeres con una poesía cadenciosa y de lamentos personales y la otra era 7


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esa poesía impregnada de otro tipo de lamentos convertidos en reclamos. Nunca supe si Olga Elena fue nadaísta, lo que supongo es que no de una manera contundente. Ya los nadaístas, a una cuadra de su casa, escribían en el mismos tono de ella una poesía llena de metáforas y circunstancias nuevas y llenas de manifiestos terribles según ellos, donde las metáforas eran totalmente diferentes, lo cual anunciaban, heraldos negros, el hippismo y “Mayo del 68” con su humor y su osadía, pero también con su relativismos, ya que muchos de ellos terminaron absorbidos por el sistema que con sus dádivas los cooptaba de una manera disimulada y con humor los desactivaba. Lo cierto de este caso es que los nadaístas medraban y escandalizaban en la esquina de Caracas con Junín, en el Miami y en el Maracaibo, allí se iban a beber y a jugar billar y ajedrez, y allí realizaban sus tertulias míticas hasta altas horas de la noche en una ciudad que cerraba sus puertas a las seis de la tarde. También allí, en el Parque de Bolívar, realizaron sus escándalos como buenos publicistas. Pero también allí en el costado occidental, en el edificio más alto que rompía la arquitectura del parque en uno de los pisos altos, vivía, vive, Olga Elena que a pesar de la cercanía nunca estuvo cerca de ellos. Aislada en su piso, escribía pero también asistía a la tertulia del Paraninfo, en la oficina del rector , junto a Manuel Mejía, Castro Saavedra, Pilarica de Alvear. En ese Medellín existían otros espacios, otros ámbitos y allá Olga Elena compartía su poesía que nunca eclipsaría, ya que ella persistiría con su tesón, con sus palabras. Además, por ese correo de las brujas, ante la avidez de los contertulios, debido a su belleza, a su porte de reina, de modelo, y a que escribía, en un happening personal, estando en una piscina como la lejana novia amada por sus solteros, decidió salir desnuda para colmar y calmar la inquietud de los mirones, así que caminó derecha como por una pasarela y nadó luego en la piscina como una sirena provocadora, pero lejana. Malcolm Lowry había hecho lo mismo, pero de una manera recatada. Estando en un hotel lujoso, entró elegante de cachaco al borde de la piscina y como la mujer soñada no lo miraba, así elegante y osado, caminó por la piscina, bajó por las escalas y siguió caminando bajo el 8

En Mi Gente hay cierta ironía, ya una certeza de una poeta madura, una poetisa que poetiza de una manera muy personal con su sello, lejos del lamento femenino de las mujeres de esos años, muchas de ellas inmersas en un radicalismo femenino agua, y como era un nadador consuetudinario, se quedó allí el tiempo necesario en que comenzó el escándalo ante un posible suicidio acuático, lo cual era una broma, sí, finita para que la chica lo reconociera, y enfocara sus luces hacia él, hacia la estrella distante que nacía en esa tarde. Luego, por titulares de prensa, (los diarios siempre ubican a las personas

convertidas en personajes), supe que ella había viajado a París y a Estados Unidos representando al país, como poeta. Eran los tiempos de las tertulias literarias en el Palacio de Nariño, donde se agasajaban a algunos escritores, y Belisario olvidaba los sucesos de Santa Bárbara, se acercaba a las charlas de descanso de La Defensa sin ofensa y le recordaba a los políticos que existían en el país, escritores y poetas de postín. Luego, el niño poeta aquel que vi declamando poesía, elegante y de cachaco de primera comunión de la mano de su madre, animado por Aura López en una velada poética en el teatro de la Cámara de Comercio. Este, con los años se hizo muy amigo de Olga Elena y por ahí los veía en las páginas sociales de los diarios, y más tarde el niño poeta, ya había crecido y se llamaba Sergio Esteban Vélez, convertido en un poeta de verdad. Publicaba las fotos en su página de internet y junto a Olga Elena hasta crearon un premio para distinguir a escritores de la ciudad. Mucho más tarde, la pude conocer en las reuniones de los nacientes consejos de cultura donde a los escritores se les escuchaba. Allí vi a Olga Elena la vi por primera vez en tercera dimensión, lejos de los diarios y de las hojas de sus libros, y ya como una mujer mayor, me llamó la atención como una mujer que fue una modelo, compartía su belleza con la poesía, como persistía en la escritura, en una labor en una ciudad de pocos lectores y de poca resonancia.


Entonces, fue ahí que comprendí aún más su valor, su persistencia en ser la escritora que ha logrado ser en la actualidad. En alguna de esas reuniones en el Ateneo se quejaba de los escasos lectores, que ya ni la conocían pero ella debía saber que era uno de sus lectores, que así los diarios, que así el medio fuera lleno de hostilidad de silencio y olvidos, aun existían lectores que la percibían a ella como la poeta más relevante dentro de una generación solo de hombres donde ella había logrado sobresalir y también continuar escribiendo. También allí, en una pausa de las reuniones que hacemos cada mes, nos contaba cómo continuaba escribiendo y cómo tenía aún guardados unos treinta libros de poesía inéditos. En una de esas reuniones nos llegó a regalar un plegable volante con flores, con sus poemas. Y así mismo hablabade sus amigos de la élite, con los cuales conversaba en el Club Campestre. Luego de un aplazamiento, pudimos asistir a una velada memorable en su casa, ahí en la torre del Parque de Bolívar, donde Néstor López, Carlos Enrique “Steel” Sierra, Marta Quiñonez, asistimos a una comida y unos vinos y, hablamos de poesía. Ella nos departió sobre su esposo, el escultor Justo Arosemena, de sus hijos, pero sobre todo compartió en cómo ella vivía dentro un apartamento decorado de una manera minuciosa con su toque personal, lleno de valiosos objetos de arte, con una gran biblioteca, y con pinturas de Grau, de Obregón y de Botero. Ahí obtuve una visión diferente de ella, en sus dominios, sola con su doméstica. Nos enseñaba recortes de prensa que hablan de su presencia como poeta, de su vida impresa en los álbumes de fotos.: asimismo, síntesis de sus via-

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jes, de sus amigos; de la presencia y de su amor a la escritura. También caímos en cuenta que Carlos Enrique había quebrado un taburete de colección, valioso, al sentarse para un descanso momentáneo y es que el poeta tentado por un taburete Luis XV debía contar que se había sentado allí, pero no con tan mala suerte y daño para quien nos invitaba. Este año el Festival Alternativo de Poesía ha sido dedicado a Olga Elena ella debido a su talento, debido a su insistencia en la poesía sin buscar ninguna dádiva, sino por la simple manera de estar presente entre nosotros y compartir su visión de la ciudad, de su mundo. Olga Elena es una mujer de espíritu nocturno, con ella es posible conversar en la noche largo rato. Y es que cuando cae la tarde, cuando al filo de las seis los seres noctámbulos salen a las sombras de la noche, ella encuentra ahí su refugio, la tranquilidad necesaria para crear y así escapar a la rutina y al acoso de los días. Cuando camino a altas horas de la noche por el Parque de Bolívar es posible observar prendidas las luces de su apartamento, entonces, sabremos que allá la poeta en sus dominios se prepara para uno de sus viajes, para comenzar a escribir, alguna de sus notas sobre música, mientras en el parque

ya son otros tiempos, y está poblado de seres diferentes a los de su entonces y una fauna con la pestañina, con el rubor y la mancha de los cosméticos,. jJunto a los vendedores de caramelos para otros delirios, para soñar y alargar la noche, que se pasean cerca de la casilla donde los policías escuchan radio o se pierden en sus teléfonos, wasaps mientras la ciudad bulle hacia otros horizontes, hacia otro día.

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Especial/Espacio Público y Patrimonio en el Centro

El Centro: Bajo el Cielo Antioqueño y Víctor Bustamante Días del 67, ha ocurrido una de las mayores destrucciones arquitectónicas en la ciudad: ha sido demolido el su edificio más emblemático: El Teatro Junín, bajo una concepción errada de que un edificio no debe durar en su uso más de treinta años. Idea perniciosa adosada a una fatal idea de progreso que ha marcado y arruinado esa ciudad edificada con denuedo desde principios de siglo, del 1900 hasta acá. La última película que se vió en el Junín fue Arizona Colt, de Michele Lupo con Giulano Gemma y el proverbial y buñuelanio Fernando Sancho; ésta presagiaría lo que vendría después, la ciudad que puso otros pistoleros de moda: los sicarios, de los cuales no voy a hablar por la obviedad de su cine y de esos libros que solo los vieron a ellos. La ciudad cimentada con esmero e intereses velados por la SMP (Sociedad de Mejoras Públicas), poco a poco convertida en obra de arte, cuidada tácitamente donde aún persistían tres eslóganes: La tacita de plata, La ciudad de la eterna primavera y, La ciudad industrial de Colombia, que perduraban en un álbum de cromos a color de Movifoto: Conozca a Colombia, donde Medellín es escudriñada bajo cierto aspecto turístico, no al máximo, sino el de los pueblos, y el escaso del país. Una muestra, muchos habitantes de los municipios venían a la ciudad a ver y a llevar agua de colores de la recién inaugurada fuente iluminada del Parque de Bolívar. Detrás de los cromos de esa ciudad poco admirada, pero sí construida y valorada por arquitectos de postín, ya que el medellinense solo admira a las iglesias como extensión de lo religioso, y también de su pobreza cultural, así se adosa, y ya que se identifica ena ella la arquitectura colonial. En Medellín, hasta este momento, nunca se ha considerado a un arquitecto como un artista, sino como un constructor de edificios, alguien más avanzado que un maestro de obras, o un lejano alarife. 10

De ahí la demolición de tantas obras, edificios representativos a lo largo del siglo pasado hasta ahora. Nunca caímos en cuenta de que un edificio es una obra única, obra de arte que nunca se reproduce. Hasta el 68, el paisaje y el perfil de la ciudad contaba con estos arquitectos-artistas que le habían dado su nombradía: Charles Émile Carré, Agustín Goovaerts, Karl H. Brunner, Federico Blodeck,. La oficina de Horacio Marino Rodríguez, Enrique Olarte, Carlos Arturo Longas, Horacio Longas, Carlos Obregón, Pedro Nel Gómez, Félix Mejía Arango, Ignacio Vieira, José Luis Sert y Paul Lester Wiener. Ellos contribuyeron a formar el interior del paisaje citadino desde sus diversos estilos. Ellos, en sus edificios emblemáticos, le dieron esa señalización mental que no reposa en los códigos ni en los libros, ya que cada medellinense posee su ciudad secreta, aquella que cada uno camina. De ahí que solo poseamos de esa ciudad algunos vestigios, cuyos testigos han sido diversos escritores en otros momentos. En ellos, en su literatura, por supuesto, está esa huella. Ellos nombran la ciudad, ellos le dan lustre a las calles, a los edificios, a los parques

que señalan. Kundry de Gabriel Latorre, Carrasquilla en Hace tiempos la menciona, la camina, copia el peculiar hablado del antioqueño que ha dado lugar a que calenturientos académicos digan que es costumbrista y no una ciudad en ebullición. La ciudad la ha caminado Luis Tejada, León de Greiff y una escritora casi olvidada, Magda Moreno en el Embrujo del micrófono, así como la describe Jaime Sanín Echeverri en Una mujer de cuatro en conducta; en El diablo tiene la vela, de Juan Roca Lemus, también la transita; ellos vivieron la ciudad, que es la ciudad en sí misma. Luego ese palimpsesto sería retomado por los nadaístas que le dieron el sello actual, al habitarla, al vivirla, al describirla y escribirla con sus pasos. Ahí ya se forma un lugar determinado, el Centro, ya la ciudad está bordeada de barrios. El nombre


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sobre el Infierno de Medellín

Teatro Junín, 1960 de Medellín se extiende a toda el área, desde los confines de Manrique y más allá hasta San Javier, al Poblado, al Picacho. Ya los pueblecitos Robledo, la América, Belén, los devora el nombre de Medellín. De ahí que ir a la ciudad antigua, al Centro histórico, es decir, es ir al Medellín inicial. Ya configurado el Centro ellos, los nadaístas, buscaban experiencias diversas: música, drogas, sexo libre, licor, no a lo religioso, cierta anarquía de la cual desdicen pero esos eslóganes que promulgaron en pogrom, sin indulto posible, se instalaron hasta llegar a lo contradictorio de hoy: la droga asociada a la mafia, perseguida, y la ciudad como un gran prostíbulo. Por esa ra-

zón, Mayo del 68 no nos sorprende; ellos ya lo habían presagiado con antelación. A estos pasos de esta ciudad descrita por estos escritores le corresponde, en lo visual, las fotografías de Melitón Rodríguez, de Benjamín de la Calle, de Digar, de Carlos Correa, de Gabriel Carvajal. Y solo una película: Bajo el cielo antioqueño. Pero ya dejemos la literatura y la fotografía y caminemos por el Centro que aún no se ha desligado de la ciudad, que aún es la ciudad misma: porque voy de cartelera en cartelera de cine. Ah, cómo busco las sombras artificiales de la noche para ver una gran película, ya sea en los confines de Guayaquil, por Bolívar, El Medellín, el Granada, el Kemper, el Bolivia, hasta el Guadalupe, y de ahí por Caracas buscar El Cid, el Radio City, El Odeón y en Perú al Libia y diagonal el Diana, más tarde México, hasta el Parque de Bolívar.; o sigo para el Lido y el Aladino o en Junín el Dux y el María Victoria y hasta las salas del Junín en el edificio Coltejer o ir al Opera ya que mis pasos, mis ojos quieren ver nada menos que las vistas de los teatros, los carteles de colores como expresión de las películas. Los diarios que aún están a en el Centro, El Colombiano y El Correo, sirven de bitácora, de guía para que el transeúnte, el vago, ávidos de ciudad, vaya por sus rincones y la conozca, la escudriñe. Así mismo voy a las librerías, la Continental, la Nueva, la Bolívar, la Dante, la América, la Científica, Cosmos. Aun los cafés están intactos en Guayaquil, contados por Mejía Vallejo en Aire de Tango. El diario emblemático, EL Colombiano aún posee su presencia, es decir, se mantiene en contacto, sabe del pulso de la ciudad, sus periodistas la transitan de una manera directa y saben de la evolución

envilecedora de las calles. Eso sí, las emisoras poco a poco se van del Centro. Pero la ciudad aún es serena con sus zonas ya definidas para el comercio en estas calles, en estos sitios. La bohemia brava y los prostíbulos poseen una zona definida y un público de paso en Guayaquil. Ya en el Centro, el Crillon, El Serenata, El Oskar, el 20 de julio, el Ganadero, Manzanares, El Dino rojo, la Polonesa, Don Lao, la Boa. De estos bares, que han sido cerrados, solo perduran la Polonesa y Katrú, donde doña Consuelo, diagonal a lo que fue El Dorado en su tiempo de brillo. Cafés y bares que se han llevado sus historias, el lustre que tuvieron. Hasta el 67, la ciudad había dejado sus huellas en los nadaístas que le dieron su carácter emblemático, en los textos de El amor en grupo de Huberto Navarro, Medellín a solas contigo y Después del hombre de Gonzalo Arango, Manríque’s Micros, de Jaime Espinel, son la expresión más acabada y su aporte a la literatura de la ciudad. En el pintor Félix Ángel Vallejo, de Te quiero mucho poquito nada, también cuando baja al Centro., Ahí está la Arteria para buscarla desde las horas de la tarde hasta el amanecer. Algunos poetas ávidos de su spleen, la llaman la Jarteria. Junín luce a Patio Bonito, a Fuente Azul, al Astor y a Versalles, y aun en el Parque de Bolívar, La Polonesa, y más allá bajando por la acera de la Metropolitana: La Serenata refugio de músicos poetas y transeúntes que recalan allí para alzar la tela de la noche. O ir a comer a las doce de la noche a la plazuela Nutibara en los bajos del Portacomidas donde en un sótano nos recibía la imagen de Juan Pulido. Pero la música no se podía dejar de lado, si algunos poetas y escritores la bucearon hasta el 67, también estaba 11


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presente la música guasca que no le dio pena mencionar a la ciudad. Hasta ese momento y desde otra orilla una canción de música de carrilera de diciembre., Que lo diga ella, de Antonio Posada, donde menciona a Colombia con Carabobo y van a cine. También había otra canción, Hasta luego Medellín, de Lucho Bermúdez, poco escuchada, poco pegajosa como se describe a la música pero era, es una huella de su estadía aquí en la ciudad, junto a Salsipuedes, su canción más notoria con respecto a la ciudad, y, sobre todo, a la finca de Robledo donde él vivió y además participó de una tertulia notable de artistas. A Gonzalo Arango no le gustaban los tangos por tristes y al inobjetable Alberto Aguirre menos, pero estos aún se escuchan y hasta hubo un Festival del Tango liderado por don Leonardo Nieto, el de Versalles. Ya la década del 70, nos sorprende con algo: la ciudad comienza a construir lo que sería su costurón, la Avenida Oriental, para mejorar el tránsito, y, como efecto colateral, lo imprevisto en su valor histórico: destruir casas y calles a su paso, abre un horizonte de perversidad que se cristaliza en estos años. En el 2018, cuando la ciudad se configura de tal manera que los ociosos e inoficiosos planeadores urbanos han partido la ciudad con el Metro, también para mejorar el tránsito, ahora le dicen, la movilidad. A un alto costo patrimonial parten la ciudad, también con esa actitud podrían con su patente de corso seguir destruyendo nada menos que el Centro y, además, 12

Bajos del Metro, desconectar a Prado, y a los otros barrios del Centro mismo, y aún sigues esos pasos nefastos con la pérdida de los palacetes y casas de Ayacucho. La ciudad se devora a sí misma. Eventos trascendentales para el Centro, que invitaban un gran público, como el Desfile de silleteros fue llevado a otras calles, así como Mitos y leyendas. Y otro evento de peso más cultural, como La Retreta de los domingos, apenas en los últimos años, regresó al Parque de Bolívar. Signos de una desidia pausada, oscura, simulada para el Centro que se ha cristalizado con el abandono de las oficinas y los ejecutivos del municipio y de la gobernación hacia La Alpujarra. Les parecía muy naif, muy cutre esos edificios. Lo que marcará su sensibilidad, es decir, infatuados y una mentalidad sin sentido de pertenencia con el Centro. Pero la mentalidad seguía siendo la de montañeros in situ que siguen expresándose en la música guasca, en Esperando el bus de Rubiel Urrea, que menciona a La Veracruz y a la infiel mujer que busca el bus equivocado, El Boquiaberto de Santa Helena de Marco Tulio Patiño que se burla de quienes llegan a la ciudad y se pierden en ella. También Billos Caracas Boys reensambla una canción y la convierte en Medellín. También en su momento de esplendor Niche la escribe a la ciudad, Listo Medellín. A Medellín de Nelson Henríquez, más por buscar relaciones públicas y ventas de discos, ya que sus

letras son pura postal. Pero también en estas décadas Harold Dávila escribe el tango más soberbio que se ha escrito sobre la ciudad, Tango mortal, ya que la describe, la menciona, la vive. Frankie ha muerto escribe y describe, Medellín p.m., La conflagración. Balada llena de poesía y desamor y muchos tonos negros. Masacre en tonos sórdidos y en las voces guturales de su metal death, en Donde habita el mal, describe ese apocalipsis citadino. Ahora la ciudad perdura en su caos. En su desorden han denostado del Centro muchos de los universitarios que no la conocen, muchas de las personas no vienen al Centro, no bajan, ya que la mala fama lo deja de lado. Y no es para menos, bajo la egida voluptuosa de la igualdad de oportunidades y libre desarrollo de la personalidad, y una que no está escrita: la necesidad de sobrevivencia, el Centro también ha sido avasallado por las personas que invaden las colinas, los rincones de las montañas en barrios piratas: así también se apropian del Centro que ha quedado como zona de nadie y al mismo tiempo de todos, con un sinónimo y una palabra despreciable acuñada por estos pagos poblada de los mal llamados desechables o, mejor, habitantes de calle. La ilegalidad campea, bulle, le da su todo peculiar, calles y zonas perdidas: la Avenida Juan del Corral, con los vendedores de miseria, y la Avenida De Greiff con su expresión más acabada: El Raudal., Eel Parque de Bolívar rodeado y sitiado por los mercaderes de sexo y droga, así como el resto del Centro, donde son notorios los papelitos que entregan con la invitación a casa de masajes, prostitución disimulada, así mismo como los arúspices de milagros para devolver a su mujer. Así el emprendimiento garantizado por lo bajo en la economía del rebusque, notorio en las calles, en las aceras perdidas, como contraste a los premios internacionales que la ciudad adquiere, no sé de qué manera cada año. Hay una imagen institucional proyectada para el turismo y otra de una ciudad devorada, destruida, por el mal comercio y en el olvido desde todos sus puntos de vista. Como contraste, reaparecen las caminatas programadas a ciertos lugares para buscarla, algunos profesores universitarios la hacen conocer, para mirar los últimos vestigios de los grandes arquitectos y a estos se suma el turismo


Especial/Espacio Público y Patrimonio en el Centro que va desde lo que fue la Plaza de Cisneros, Parque de Berrio, Junín y nada menos que le Metropolitana; todos en fila, tan educados, tan amables, tan sin entender nada, que es una de las maneras de conocer una ciudad. Walter Benjamín ya lo había propuesto, conocer una ciudad es saberse perder en ella, le agrego dejarse llevar por la multitud sorprenderse mirándola sin nada programado para que más preguntas surjan. La expresión literaria la podemos encontrar en Hojas en el Patio de Darío Ruiz, en Informe de Omar Castillo, en El amor es un Sanduche exprés de José Gabriel Baena, en Sola en esta nube y Ah mar amargo de Oscar Castro, en los libros sucesivos de Fernando Vallejo, El río del tiempo. En Familia del imperturbable Jairo Osorio. En El Olvido que seremos de Héctor Abad O Amábamos tanto la revolución y Cine & Cenizas. No puedo referirme otros poetas porque a pesar de que muchos de ellos habitan y viven el Centro, su poesía está impregnada de indecisión, de poca lectura, donde sus versos diversos y ligeros, buscan a Bretón en París, a Alexandra Pizarnik en Buenos aires o a Pessoa en las calles de Lisboa, o la estulticia del asombro de una cerveza. Otros espacios, otros ámbitos, definen el Centro de Medellín; el Parque del Periodista, el Ateneo, en las Torres de Bomboná con los diversos cafés para pasar una velada. Arcanos para escuchar Metal. Homero Manzi y El Málaga. Billares Universo en La Playa. La Polonesa aún perdura en el Parque de Bolívar donde La Payanca se ha venido desde Guayaquil a buscar una redefinición lejos del hampa “fina” de allí, que también se fue porque el Centro se volvió muy inseguro. Lo evidencia un comandante de policía alguna vez al ser entrevistado en Caracol, él decía que no enviaba agentes de policía al Centro ya que este se había vuelto muy peligroso. En El Colombiano, 20 de sep. del 2017, se dice: “Recursos naturales, clima, gastronomía, servicios e innovación hacen parte de las cualidades que ostenta hoy la capital antioqueña y que servirán para generar una ´marca ciudad´ que, además de identificación, le procuren reconocimiento nacional e internacional y la diferencien de otros destinos”. Si Medellín quiere expresarse al ex-

Así el emprendimiento garantizado por lo bajo en la economía del rebusque, notorio en las calles, en las aceras perdidas, como contraste a los premios internacionales que la ciudad adquiere, no sé de qué manera cada año. Hay una imagen institucional proyectada para el turismo y otra de una ciudad devorada, destruida, por el mal comercio y en el olvido desde todos sus puntos de vista. terior en la marca Medellín, olvidando su mentalidad, sus artistas, obvio comportamiento de negociantes, se olvidará de sí misma. Una muestra, el Centro destruido, ya que el errático planeamiento solo piensa en los contactos en el exterior.

Hoy, en noviembre del 2018, la ciudad quiere verse siempre nueva, como dice en uno de sus ensayos Luis Fernando González. Es cierto quiere verse nueva, es decir, maquillada como cualquier putilla de la calle que, a pesar de que se maquille, siempre será la misma ávida de dinero y de turistas. Comerciantes, casinos y turistas: visitantes de paso se contraponen a la ciudad industrial, al trabajo como ética de vida, y se pasa solo a la posibilidad del rebusque en todas las instancias. Así borra su historia, así ha borrado lo que somos, ciudad sin puntos de referencia, avasallada por el canibalismo de ese espíritu de comerciantes que no son educados sino que su chip corresponde solo a una cosa sencilla: hablar del progreso vía dinero, y como su únicos personajes: los almacenes, baratillos, de Todo a 500 o Todo a cinco mil de acuerdo a la inflación o de ese poderoso centro comercial expresado en El Hueco. Si esa mentalidad de comerciantes avasalla aun el Centro entre esa dualidad de administradores públicos y personajes en apariencias educadas, pero que tienen de sensibilidad, un micrón mini gramo. Las calles han sido masacradas, los edificios con sus autores, así como sus zócalos, su arquitectura, continúa siendo desdibujado, ese tsunami pasa y aplasta la historia, destruye la memoria, en esa ciudad que solo tiene como pasado La Fiesta de las Flores en tiempos de smog, y los trazados de Mitos y Leyendas. Aquí parece que no ha existido nada, es tan poca la instrucción de sus administradores que solo se apegan a eso y al tango que, aunque es una música elaborada y un tesoro musical argentino, es un patrimonio ajeno, y aquí le rendimos culto, pero esa no es nuestra música. Ojala los bonaerenses realicen allá una semana o al menos un día sobre el pasillo o sobre el bambuco, eso sí han creado la cumbia villera, síntoma de la cumbia colombiana. Medellín ahí se abre, en ese cerrojo mental, en esa ambigüedad. No posee identidad, de ahí que el Centro histórico sería mejor llamarlo Centro Histérico, aquel que traicionó a sus arquitectos fundadores, y destruye sus construcciones hasta hacerlos perder esa tesitura de haber sido edificados para convertirlos en centros comerciales, como el único emblema que le interesa a la Medellín actual desde el 13


Especial/Espacio Público y Patrimonio en el Centro 1970. En el Centro, que ya no es cultural sino gutural, las librerías de la calle se han convertido en la imagen destruida de las librerías relevantes, junto a los vendedores piratas de películas porno y libros de afán, los best sellers sin sello de una huella son los que se ofrecen. Pero como contrastes existe algo que no se puede piratear, las salas de teatro que han reemplazado a los cines cerrados. Una biblioteca con presencia salva del trafago cotidiano y del ruido de más daño en la Oriental con la Playa y nos sume en la lectura, así como el silencio de la Casa Barrientos, pero Comfenalco no volvió a abrir su biblioteca en la pausa del domingo y los llamados días de fiesta que no son más que no madrugar. Ahora, bajo la mentalidad del filón turístico como acaecer, como motor de desarrollo, y con el Metro como único de Colombia, hay un turismo de personas de todas las ciudades que vienen a montar en el Metro varias veces en un mismo viaje; creen que esa experiencia es única. La misma arquitectura de líneas rectas como expresión sine qua non que corresponde a los centros comerciales que se convierten en los motores de desarrollo de la ciudad, de ahí que el Centro verdadero se abandone a su propia suerte, a pesar de ser caminado por turistas angelicales que de la mano del guía los lleva desde lo que fue Guayaquil, ruinas posmodernas de la ciudad, hasta la Metropolitana. A estas líneas corresponde uno de los mayores desmedros en el Centro haber ocultado una obra de HM Rodríguez, el Edificio Uribe Navarro, con espejos, esos espejos que comenzaron en el Edificio de los espejos en la Oriental y que ahora sirve para que se miren

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los nuevos millonarios comerciantes y metecos de Guayaquil. Sus nuevos proyectos que erigen en Guayaquil como el Hollywood, el Miami y sus gemelos que lo han convertido en elsu estilo que ahora define a Medellín: el marinillo neoposmoderno de antiguallas en dos años. Guayaquil, también destruido por la devoción devoradora de los comerciantes. Pero ese turismo que llega en avión con las mismas líneas rectas y ángulos rectos visibles en el Metro, los casinos y en los centros comerciales, en la noche desamparan ael Centro porque empieza la noche fluida y enigmática del turismo de droga y sexo que se emponzoñan en la city, en la Villa, corrijo. Ya existían otros eslóganes: La capital mundial de la droga o La capital mundial del crimen, y el personaje que ha cautivado a tantos plumíferos y a tantos directores de ese cine de esquina, que obligó a los sucesivos alcaldes a

Torres de Bomboná idear su temática con estrategias llenas de bromas, nunca infinitas, la ciudad de los publicistas, reducida al slogan y cosas de esas que desdicen su ser de ciudad por construir su territorio sin olvidar su patrimonio. Medellín, dic 1 del 2018


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Más Espacio Público

¿Para qué y Para Quién? Por: Jorge Mario Puerta Soto Director Ejecutivo Corpocentro En los últimos años se ha presentado un aumento desenfrenado de las ventas informales en Medellín, especialmente en el centro, en donde la situación se le ha salido de control a las autoridades. Se cree que en la última década este número ha crecido de cerca de cuatro mil a quince o dieciséis mil venteros informales (estacionarios, semiestacionarios y ambulantes) que ocupan cada cuadra y cada acera del centro, generando un desorden que difícilmente en los próximos años podrá revertirse. Allí, conviven todas las problemáticas que una persona vulnerable pueda tener: pobreza, desigualdad, ilegalidad, abuso, por mencionar solo algunas. En todos los escenarios de discusión, los distintos actores que confluyen en el centro han pedido mejoras a la situación actual que afecta la economía del comercio formal, del empresariado, del sector cultural y educativo, sin que hasta ahora se vislumbre una solución. Muy acertadamente la administración municipal actual decidió jugársela por el centro a través de la ejecución de un plan integral para este sector, en el cual se destacan la construcción de cerca de 50 obras en el espacio público (parques, corredores peatonales, zonas verdes), que pretenden entre otros generar mayor espacio público, devolver el centro al peatón, hacerlo más amigable y bajar la temperatura. El arquitecto Luis Fernando Arbeláez expresó hace algún tiempo sobre este plan que “se trata de construir una ciudad para el disfrute y el goce, donde la cultura sea el eje articulador. Para eso es necesario hacer rescate de las zonas donde se agrupan los teatreros, que deben recibir tratamiento de tráfico

calmado”. Desde la Corporación Cívica del Centro –Corpocentro- obviamente apoyamos esta iniciativa que busca el mejoramiento del centro, convencidos que traerá beneficios ambientales y de movilidad para los ciudadanos. Así lo hemos hecho por más de 25 años con todas las acciones que desde la administración pública se han planteado para aportar al desarrollo del sector, tal como lo hicimos por ejemplo con la defensa de la permanencia del Museo de Antioquia en su sede actual. Sin embargo, ante la situación actual en la cual el control no es efectivo por parte de las autoridades, preocupa la sostenibilidad de los nuevos espacios para el disfrute ciudadano, pues en los últimos años se ha demostrado que la poca eficacia de las decisiones municipales para controlar el abuso en la explotación del espacio público. Por ello vale la pena preguntarse ¿Más espacios públicos para qué y para quién?, porque no solo es generarlo

Nuevo Paseo Bolívar, 2018 y entregarlo a la comunidad. Es necesario ejercer la autoridad para conservarlo, evitar su ocupación por rentas ilegales y que realmente cumplan la función para lo cual fueron intervenidos: el disfrute ciudadano. Para lograrlo, urge entonces reinventar el modelo de control y gestión del espacio público en la ciudad, el cual hoy es ineficiente y ha perdido toda la credibilidad ante los comerciantes formales, venteros ambulantes y comunidad en general. Esta es una tarea primordial, que debió estar lista antes de la entrega de los nuevos espacios públicos y corredores peatonales, y que sigue pendiente. Carabobo y Junín son solo dos ejemplos de lo que no debe volver a suceder, pues pasaron de ser lugares atractivos y de disfrute a verdaderos mercados persas donde no hay ley. 15


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Una Mirada al Centro de Medellín Por: Luis Fernando González Escobar Profesor Asociado, Escuela del Hábitat, Facultad de Arquitectura, Universidad Nacional de Colombia sede Medellín. Medellín, diciembre de 2018 En 2018 se cumplen cincuenta años del primer estudio sobre el Centro de la ciudad de Medellín, si bien se publicó a finales del año siguiente. En 1968 los arquitectos César Valencia Duque y Jorge Cadavid López , diagnosticaron el estado de cosas de esta parte primordial de la ciudad que, ya ese año, dejó de ser predominantemente residencial (22.2%) para convertirse en comercial (44.66%); ambos usos, de lejos, más significativos que el Institucional o el Industrial. Un centro que gravitaba entre los ejes de la Plaza Cisneros, el Parque de Berrío y el Parque de Bolívar; cuyas actividades iban desde ser terminal de transporte hasta configurarse en la principal área recreativa y cultural de la ciudad, siendo el cine una actividad fundamental de recreación, junto a los cafés como espacios de socialización y encuentro. Pero, era a su vez, era un Centro que tenía significativas áreas en deterioro como San Antonio, La Bayadera, Guayaquil, los alrededores de la iglesia del Corazón de Jesús (hoy Barrio Triste), los alrededores del edificio de las Empresas Públicas de Medellín (el Miguel de Aguinaga, junto a la calle Tejelo y la plaza Rojas Pinilla), la estación Villa y sus tugurios; Niquitao, sectores del barrio Colón, entre otros. A esto se sumaba el notable incremento del transporte vehicular, ya fuera colectivo o individual, público o privado, que incluía el transporte municipal como el intermunicipal, con una congestión considerada como alarmante, con un 62 % de vías saturadas, especialmente en tres de sus principales: la carrera Bolívar, Carabobo y Cundinamarca. A su vez, la circulación peatonal también se consideraba saturada, pocos andenes con condiciones favorables para el peatón, en competencia permanente con el vehículo y los vendedores ambulantes que los ocupaban, obligado a utilizar andenes en mal estado, irregulares en anchos y niveles, sufrir lo que denominaban la “falta de ambienta16

ción en los espacios de circulación: carencia de zonas verdes, tratamiento de los pisos, bancas para reposo, elementos estéticos, etc.”, junto a la falta de protección contra las inclemencias del tiempo o de espacios de unión pública “con fines sociales o cívicos (plazas, ambientes recogidos, etc.)” . ¿Qué ha cambiado desde entonces? Mucho, sin ninguna duda. Se construyó, por ejemplo, entre 1983 y 1987, el Centro Administrativo de La Alpujarra, lo que implicó el abandono de los edificios institucionales y su posterior reconversión en sedes culturales (Palacio de la Cultura y Museo de Antioquia en 2000) o centros comerciales (el antiguo Palacio Nacional); se retiraron del centro los buses intermunicipales, al igual que se acabó con el ferrocarril con lo cual finalizó la actividad de su estación central en Guayaqui, y se construyeron dos terminales del transporte (una al norte en 1984 y otra al sur en 1993) para evitar la entrada al centro. Se configuró un anillo vial entre la calle San Juan, la Avenida del Ferrocarril y una gran vía que se denominó Avenida Oriental construida entre 1970 y 1976, con un enorme impacto víal y urbanístico; fue construido un sistema de transporte masivo que tiene en el centro un punto neuralgico con la Estación San Antonio donde convergen las líneas A (inagurada en 1995)

Antiguo Palacio Municipal, hoy Museo de Antioquia y Plaza Botero y B del Metro (inaugurada en 1996) y la estación del Tranvía (en 2016), que trajo como consecuencia otra enorme renovación urbana en el corredor de la carrera Bolivar y sus distintas estaciones en el centro de la ciudad, como también en las calles Bomboná y en Ayacucho; fueron construidos espacios públicos como San Antonio (1994), Parque de los Pies Descalzos (1998), Plaza Botero (2000-2001), Parque de los Deseos (2003), el Parque de las Luces o Plaza Cisneros (2005), que se sumaron a los espacios tradicionales los que, a su vez, en estos años varias veces han sido intervenidos para cambiar su imagen o como resultado del impacto de otras obras como la estación del Metro en el Parque de Berrío; también se peatonalizaron vías como Junín, La Bastilla, o mas recientemente la carrera Carabobo convertida en el Paseo Urbano de Carabobo, cuyo primer tramo se inauguró en 2006; en fin, en esos cincuenta años fueron muchas las obras, con gran impacto y enormes costos económicos, que tuvo como consecuencias la radical transformación del paisaje urbano del centro de la ciudad. Para algunos de manera positi-


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va para otros en cierta forma negativa. Aquel estudio del Centro planteaba, entre otras muchas cosas más, los proyectos para remodelar el parque de Bolívar; conectar este parque con la Avenida La Playa, por la carrera Junín, a la vez que peatonizar esta Avenida entre Junín y Sucre; conectar la Plaza de Berrío con la plazuela Nutibara “a través de la carrera Bolívar”; cerrar a los vehículos calles como Boyacá, Colombia, Calibío, La Bastilla, entre otras. Y arborizar el centro ante la escasez de árboles y la contaminación que ya se presentaba. En estos cincuenta años pasaron 18 alcaldes entre 1968 y 1988; además de 10 administraciones desde ese ´88, cuando se inició la elección popular de alcaldes, hasta el presente. Cada una, con alguna obra, proyecto o programa que iba cumpliendo lo que allí se había diagnosticado y propuesto. Desde el plan de andenes de 1968 a 1970, hasta las obras de mayor envergadura, como las ya señaladas en el párrafo anterior. Pero casi siempre se han reiterado en cambiar materiales de andenes, en abrir y cerrar calles, casi siempre las señaladas en el estudio; también en tratar de mejorar su estética con nuevos materiales de pisos, amoblamientos urbanos, señaléticas, cambios o pinturas de fachadas, entre otras obras con inversión de recursos significativos y un gran despliegue publicitario pero que pronto pasaron al olvido, hasta la llegada de un “nuevo proyecto” en las mismas calles, los que prometen nuevamente partir de cero y renovar el centro, ¡ahora sí!. En el centro se ha pasado de proyectos puntuales a formulaciones de programas supuestamente integrales. Se pasó de los esfuerzos directos de los alcaldes a la delegación en gerencias del centro, especificamente desde el año de 2004 hasta el presente. Sin embargo, cada integralidad anunciada en los programas termina por fragmentarse en proyectos urgentes que generen réditos políticos, sin una visión de contundente de futuro y sin la continuidad requerida que, al menos, supere la siguiente administración, pese a las pretensiones del Plan de Ordenamiento Territorial que comenzó a implementarase desde 1999. A lo sumo una administración toma alguno de los proyectos de la anterior, ya en estado avanzado de diseño, financiación y contratación, para ejecutarlo y reclamarlo como propio, tal y como sucede en estos momentos con el Paseo Bolívar en los bajos del viaducto

del Metro, pero como ha sucedido en anteriores administraciones. Pero, también, los proyectos se suceden independendiente de la relación costo-beneficio, de los logros y resultados para los que pretendidamente fueron establecidos, como ocurrió con el famoso Bazar de los Puentes sobre la Avenida Oriental, inaugurado en el año 2000 y demolido quince años después; o la intervención en la misma Avenida Oriental de las no menos famosas y polémicas “Montañas de Flores”, conocidas popularmente como

...Muchos de los proyectos de mayor calado en beneficio de la ciudad se han hecho en desmedro del propio Centro. Lo han arrasado o lo han deteriorado. Pasan por él de manera invasiva, no pensando en mejorar sus particulares condiciones históricas y de memoria urbana, sino en términos de origen-destino que ha sido la lógica impuesta, de manera especial por la planeación vial.

las “Piramides de la Oriental”, inauguradas en 2007 y demolidas en 2017, para darle paso a un corredor verde o jardin, en el separador de la misma. Más allá de la protesta tímida y la indignación ocasional, el ciclo obra-abandono-demolición, no intenta abordar las razones de la transitoriedad, el abuso y despilfarro de recursos públicos. Incluso hay actos justificatorios, como señalar que ya habían cumplido su ciclo. Un despilfarro de recursos sin memoria que llevó, incluso, a que un teatrino con un edificio comercial construido como parte de las obras de espacio público del Metro, fue demolido sin inaugurar, junto al resto de manzana, para dar paso a Plaza Botero. Ahora bien, muchos de los proyectos de mayor calado en beneficio de la ciudad se han hecho en desmedro del propio Centro. Lo han arrasado o lo han deteriorado. Pasan por él de manera invasiva, no pensando en mejorar sus particulares condiciones históricas y de memoria urbana, sino en términos de origen-destino que ha sido la lógica impuesta, de manera especial por la planeación vial. No se piensa en términos de su habitabilidad sino en soporte infraestructural, lo que de paso lo dejó como territorio entregado al comercio, llámese Oriental, viaducto Metro o Tranvía Ayacucho. Cada uno puso lo suyo para que posterior a su ejecución, el cambio de usos residenciales pasara a comerciales. Fueron proyectos viales no urbanísticos, donde se previera el impacto y el cambio de usos. El resultado final es que aquella tendencia marcada en el estudio de 1968 fuera en 2018 determinante: el Centro de Medellín es un gran queso gruyer comercial. Y así se va el tiempo y la vida. El centro y lo que comenzó a llamarse espacio público a finales del siglo XX, pese a las distintas obras, sigue siendo un territorio de nadie y de muchos. Un territorio de muchos visitantes y pocos habitantes. De siempre pasar y poco estar. Al que le temen ciertos grupos sociales y habitantes que lo miran con recelo y desde lejos, pero que es ocupado vital y de manera desordenada por otros sectores sociales que han hecho de él su forma de vida y su razón económica; o 17


Especial/Espacio Público y Patrimonio en el Centro

de manera ilegal, por otros actores, que han hecho del mismo el espacio fundamental para tener controles de mercados, lavar dineros y legalizar capitales, en lo cual el espacio público también es una renta fundamental. Precisamente en esto radican los mayores problemas, pues muy lejos de romanticismos, idealismos, valores estéticos, históricos y patrimoniales, o de lugares de referencia y memoria, allí convergen luchas y tensiones sociales y económicas que la ciudad no ha resuelto y las distintas aadministraciones soslayan o no enfrentan de manera real, profunda y contunde, pues muchas pasaron de agache, lo hicieron de manera superficial o mediática; otras tampoco la quisieron enfrentar o, todavía más preocupante, el fenómeno ha hecho tal mestástasis que no se logra controlar. A pesar de las pretensiones constructivas, arquitectónicas y urbanísticas, dichos fenómenos son los que en buena medida están determinando la muerte prematura de proyectos, el éxito o fracaso de intervenciones y programas, la continuidad de acciones o, muchas de las radicales transformaciones del paisaje del centro, entre los que está la fachada urbana, el antiguo zócalo o piso noble, hoy es convertido en vitrinas de baratijas y chinerías. El problema estructural del desempleo, la pobreza y la informalidad de la ciudad pasan por el centro. Por eso mismo, éste es la medida del fracaso del modelo económico urbano de una Medellín desigual e inequitativa, lo que demuestran los reiterados operativos contra los venteros ambulantes e informales y los consecuentes fracasos en términos de su desalojo o en la disminución de su número que, por el contrario, se multiplican, pasando de los 6.789 que se reconocía en 1995 a los más de 25 mil que se dice hoy trabajan allí, pese a los distintos desalojos y proyectos de bazares, pasajes, mercados, etc., que con distintos nombres se han realizado. Los enfrentamientos y las asonadas que se han presentado, lo marcan a su vez como un territorio en disputa, lo que también muestra la incapacidad gubernamental de control territorial en el propio Centro. Lo más preocupante es que se sigue reiterando el discurso de hace cincuenta años, de cerrar vías y peatonalizar, sin atender lo estructural. Como se ha dicho, se han sucedido los proyectos para reubicar venteros. Proyectos que quieren sacarlos de las calles y 18

los flujos de potenciales compradores en pro de la asepsia urbanística, pues no se concibe en el urbanismo del espacio público un sujeto urbano real, humano y cierto como el vendedor ambulante. Apenas se le considera de manera residual, en número limitado o en espacios inadecuados. No como sujeto vivaz, aporte de color y vida, de nuestra propia realidad social y económica. Adicional a ello la solución de muchos de los problemas del Centro, pasando por cambios del modelo económico urbano, pasa por hacer intervenciones en otros lugares de la

...El problema estructural del desempleo, la pobreza y la informalidad de la ciudad pasan por el centro. Por eso mismo éste es la medida del fracaso del modelo económico urbano de una Medellín desigual e inequitativa ciudad como retomar las centralidades zonales y darles verdadera importancia para disminuir la presión sobre el Centro; pero, también, por el control sobre rentas ilegales. La integralidad es una palabra invocada para denominar los planes del Centro de la ciudad de Medellín. Varias veces se ha planteado pero pocas veces se ha cumplido; por ejemplo, la anterior administración presentó en 2015 el Plan de Gestión de la Intervención Integral del Centro. Centro Metropolitano de Medellín, una construcción de lo territorial, la planeación y el imaginario colectivo. De lo cual quedaron varios planes parciales que ya venían en ejecución desde tiempo atrás –San Lo-

renzo y Naranjal– pero sin desarrollo satisfactorio; varios planes parciales en estudio y con dificultades de formulación –Sevilla, Guayaquil, Asomadera, Corazón de Jesús–; acciones puntuales en términos de vivienda como legalización de vivienda, asignación de subsidios, mejoramiento y construcción de viviendas sociales, etc. El resto más centrado en fortalecer la primera etapa de Parques del Río, como parte asociada al Centro Cívico, dentro de lo que se denominó en el POT de 2014 el Área de Intervención Estratégica de Río Centro, pero poco, muy poco, al Centro tradicional, más allá de los denominados “Corredores de vida” o “Corredores verdes”, otra manera de dar nombre pomposo y ambientar ahora con el render el cambio de materialidad y estetización de los andenes de la ciudad. La actual administración (2016-2019) plantea el Plan Integral de Renovación del Centro, nombre con el cual fue presentado ante el Concejo de la ciudad en marzo de 2017 y aparece en algunos medios, pero del cual desconocemos documento alguno ya virtual o impreso. No podemos saber en qué y cuánto retoma del anterior Plan, ni de cuáles proyectos de años anteriores, pese a que se anunció un reconocimiento y una sistematización exhaustiva de lo que anteriormente se había formulado. Sólo algunos datos en hojas volantes, en presentaciones o en comunicados oficiales, que muestran como se decanta por un “paquete de obras”, como lo denominaron, que incluye la denominada Galería Bolívar –definido desde la anterior administración–, la intervención de la carrera Junín, la peatonalización de calles como Boyacá, Amador y el Paseo Urbano de La Playa; y la intervención de 37 parques, desde pequeños recintos como en El Huevo o San José hasta proyectos nuevos de mayor envergadura e importancia como el parque en el barrio Prado, sobre la calle Barranquilla. ¿Cuánto se demorará en ser ocupadas las calles peatonalizadas por las ventas informales y por quienes controlan esas calles? ¿en dónde está la integralidad? Creo que ya hemos vivido este tipo de obras y sus consecuencias, ahora con otros materiales en los pisos.


Crónica Teatral

Los Infiernos de Víctor Viviescas Por. Luis Fernando Montoya F. Si algo connota la categoría mística o literaria de lo infernal, de ese lugar simbólico que en casi todas las culturas y en especial, en la tradición de la cultura occidental, de raíces judeo cristianas, se nombra como infierno, es que se trata de un lugar, de un espacio habitado por almas en pena; un lugar en el que sus fortuitos habitantes, cualesquiera de nosotros, vive, no solo la pesadilla de llorar su propia muerte, sino que además se lamenta, a la vez que se regodea con los detalles y circunstancias que rodearon su casi siempre mísera existencia. Y bueno, que así es el infierno recreado por Dante, un poeta, un artista, que pudiendo igual ser un escultor o un pintor del renacimiento, nimbado de superstición, mucha fe, y una gran pasión creativa, construye ese mundo ficticio prefigurado en distintas mitologías, a la vez que mundo paralelo, o estado del alma, al que el humano entra, y pocas veces, o casi nunca tiene la posibilidad de salir. Solo por medio del arte, el mayor invento de la humanidad, por su capacidad para representar y simbolizar, el ser humano ha podido narrar incluso lo inenarrable: el drama, el sufrimiento y la impotencia de ese Laocoonte atacado junto a sus hijos por las ponzoñosas serpientes; la angustia de las aterrorizadas troyanas sabedoras de la terrible suerte que correrán a manos de los aqueos; el inconmensurable poder de ese dios padre creador del cielo y la tierra ofreciendo su mano a su unigénito hijo allí en el jardín del Edén cristiano; los gestos hieráticos de aquellos mártires sobre cuyo dolor se fundó una iglesia; mito, leyenda y realidad fundidos en la obra artística por ese taumaturgo que enseña y lega a la humanidad el fruto de su imaginación, su sensibilidad y su habilidad para crear prodigios (mundos, diría Goodman). En el caso de la más reciente obra de un ya avezado dramaturgo como lo es Víctor Viviescas (Medellín, 1958), nos viene a confirmar que el arte, más allá que representar y simbolizar, es ante todo memoria: el artista lo que hace es entreabrir esas puertas a través de las cuales se iluminan fragmentos de la memoria, la propia, la de otros, la

individual y la colectiva, la cual, proyectada sobre el claro oscuro del escenario, se convierte en un acto estético y poético que recibe el espectador invitándolo a conversar con su propia memoria, con sus propios referentes, experiencias y vivencias, y en su suma, con su propia alma. Tal y como ocurrió la noche del lunes 8 de octubre, con la presentación de la obra Dormida mujer muerta en la que a través de la memoria, la remembranza, la leyenda, la historia, y la realidad, el dramaturgo nos invita a sumergirnos en el submundo ficticio e ilusorio que es el espacio escénico, en el que con el movimiento propio de una pesadilla se va desarrollando el melodrama por el que transita la presencia de una niña que fue testigo del hecho atroz, y su voz que busca en el diccionario de sus tareas escolares, las palabras que le ayudan a descifrar el mundo, y la vez que a narrar lo vieron sus ojos atrapada entre las luces y oscuridades de la memoria. Esa niña aterrada en su sueño de pesadillas revive y siente el discurrir perverso de su familia, y en particular de su omnisciente padre, y con ello nos va mostrando los oscuros actos y designios que rodean a ese hombre, entre traqueto, mafioso y político, quien ha visto crecer tanto su poder y su riqueza, que llega a convertirse en amo y señor de la vida de quienes le rodean, o caen bajo su influencia y apetitos. Vemos aqui el tema del poder de esas élites en Colombia, las que, impulsadas por la codicia, y a costa del despojo, han ido acumulando un vasto territorio, el cual nominalmente podrían considerar su reino, y en este actúan como reyezuelos bárbaros rodeados de los áulicos, proxenetas, espías y asesinos que secundan sus fechorías y latrocinios. Viviescas recurre al melodrama para develar el penoso lugar que suele ocupar la mujer sometida bajo el ámbito de una cultura patriarcal, en donde impera la figura del macho que la depreda; preocupación ésta en la obra

del dramaturgo, en tanto que la mujer como entidad en la sociedad, cumple distintos roles en un mundo hecho por y para los hombres: ahí está la madre que cría y mal cría al hijo al que sobreprotege, la madre manipulable y sometida por un autoimpuesto sentimiento de culpa; allí, la esposa, la conyugue, en franca desventaja frente a los privilegios del marido, esclava de lo que logra usufructuar, de sus prejuicios, y sobre todo, de sus miedos; y allí, las sucesivas amantes tomadas, abusadas y desechadas como bagazo; la mujer/objeto, prostituida, símbolo triunfal de la sociedad machista; y qué mayor trofeo de caza que ese par de mujeres rusas, hermanas gemelas, provenientes de los confines del mundo, y que nos recuerdan a las cientos, las miles de mujeres que padecen y se desaparecen en la infernal red de trata de personas. Dormida mujer muerta, para algunos espectadores que asistieron a la función en el Teatro Pablo Tobón Uribe, quizás por su duración, y por su laberíntica estructura de idas y vueltas en el tiempo y la memoria, arrojó más 19


Crónica Teatral

sombras que luces en cuanto a la configuración de un argumento, de una historia que se pudiese narrar y sobre la cual discurrir en la posterior tertulia. Más dudas que certezas, más vacíos que seguros asideros desde los cuales el espectador promedio pudiera elucubrar sobre posibles sentidos y significados, cuando no, sobre las intenciones de ese autor que está allí presente, con esas voces e imágenes que son suyas, que nacieron o se forjaron en su mente, y ahora cobran la dimensión de ese mal sueño, esa extraña pesadilla que se proyecta al espectador. No se debe culpar al espectador por el hecho de no asimilar, ni mucho menos comprender lo que discurre en aquel escenario en donde un autor como Viviescas plasma lo que ha venido depurando durante más de treinta años de escrituras, lecturas, investigaciones, reflexiones y producciones en torno a lo que debe ser una dramaturgia de autor, es decir, una dramaturgia propia que parta de una necesidad de decir, de detener el tiempo, de escapar de la fría realidad, de la vida cotidiana para poner en relieve, eso que es tan difícil de decir con las meras palabras, con el lenguaje verbal, y debe apelar a aquellos lenguajes que hablan al subconsciente, ese lugar de la mente donde habitan la imaginación y la intuición, sin lo cual el arte no podría rebasar, ni embellecer, y por lo tanto, hacer más entendible y soportable la vida. Pero es que la verdadera obra de arte, cuando no es una copia, una chapuza comercial, o un trabajo experimental, requiere de un tiempo de decantación en la mente del espectador; es por esto que con la obra de Viviescas las comprensiones se avienen, se van dando en la medida en que en el pensamiento opera un necesario distanciamiento: el que se produce cuando en un estado de tranquila ensoñación volvemos a

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percibir el espectáculo teatral, de tal manera que se nos van apareciendo los sentidos, las claves que nos generan la comprensión de ese submundo creado por el autor. En este sentido, con la obra de Víctor Viviescas el ejercicio hermenéutico se va dando de una manera espontánea, producto de ese mecanismo un tanto natural y obstinado que tiene la mente de alejarse de aquello que nos conturba, de aquello que parece complejo, para luego irnos despejando y señalando cuando aparecen las alegorías a un lugar o un paisaje concreto, a determinados personajes que hacen parte de nuestro bestiario nacional, a una imagen capturada de una obra plástica, en la que un espectador avisado podría sorprender las siluetas de esos cuerpos que componen la versión pictórica de la violencia en Colombia en la obra de Beatriz González; o quizás, hilando muy fino, sorprenderse con el infinito eco de ese canto desesperado, a la vez que lleno de esperanza, en el que se resume toda poesía del ser humano y sus dramas, y que se nos atraganta en la garganta como ese espasmo de la memoria que nos recuerda nuestra propia vulnerabilidad. En un artista cuyo trabajo y principal aspiración es la de aventurarse al encuentro de un lenguaje escénico propio, por medio del cual expresar lo que le preocupa de las cosas que pasan en la sociedad en la que vive, y de esta manera sensibilizar al otro, a ese otro, al espectador, siempre persistirá la duda sobre la eficacia de su propósito. En esto, Viviescas se comporta como el dramaturgo que sabe que su obra se pone a prueba cada vez que se presenta ante el público, sobre todo a sabiendas que los temas que aborda quizás ya hagan parte de ciertos lugares comunes de nuestra realidad. La lucha, la forja en este sentido, consiste en que esos temas, y esos lugares comunes tanto en la vida como en el arte, vuelvan a nosotros revestidos de unos lenguajes y bajo unos prismas que profundicen la mirada, que se de una renovada lectura, que se identifique una nueva manera de narrar lo inena-

rrable. Pues aunque se diga que ya el arte, y en particular el teatro, ha transitado en demasía por el lugar común de las víctimas de la violencia política en Colombia, de los desaparecidos y torturados, por los relatos de la memoria sobre lo ocurrido en esos territorios marcados por la barbarie y el despojo; aunque se piense que desde los medios, las redes sociales y el arte se haya llegado al hartazgo de la denuncia por lo que ocurre a los más vulnerables en la sociedad, a los más pobres, a las mujeres, a los niños, el artista, y en esto Viviescas es un comprometido, se muestra tozudo, y vuelve por aquellos lugares, transita de nuevo por aquello que parece común, pero que no puede permitir que se torne “parte del paisaje”, pues al hacerlo estaría transigiendo con esa idea que parece instalarse en el pensar y el decir popular: ese que proclama como normal lo que no debe ni puede ser normal, y por este camino llegar a la ignominiosa naturalización de nuestras violencias. El Infierno no puede ser un lugar común. En concordancia con lo anterior, en ese poner sobre la escena, y ante la sensibilidad del espectador, aquello de lo que al parecer estamos cansados, o que por horrendo quisiéramos cauterizar de nuestra vida y memoria, es que Víctor Viviescas nos presenta su más reciente obra, Infierno, aunque paradójicamente, como decía al inicio de esta crónica, la noción del infierno conduzca a tantísimos lugares comunes. Sin embargo, aunque parezca contradictorio, no son los temas los que se rehúyen, pues hacen parte de las mismas preocupaciones que han rondado el alma del artista (los abusos y las violaciones a las que se somete a las personas en condición de vulnerabilidad); lo que busca Viviescas, y a mi modo de ver, lo que se logra de una manera contundente con Infierno, es transitar por los distintos paisajes, levantar las terribles capas que van envolviendo como gasas, las heridas y el dolor de las víctimas de cualquiera de los conflictos armados que se han presentado en Latinoamérica, y en particular esos conflictos cuyos efectos podrían equipararse con un genocidio, y que han sido la causa de una mayor miseria, de un mayor atraso, y del desplazamiento y la inmigración de miles de personas en varios países centroamericanos. El dramaturgo no solo apela a la figura del infierno, como tropo que designa un estado o situación de sufrimiento


y desesperación, sino que evoca el infierno creado por Dante Aligieri en su Divina Comedia, como ese lugar, ese paisaje oscuro y en llamas, hogar de los demonios expulsados del paraíso, adonde llegan las almas de los humanos que deben ser supliciados en siete círculos que descienden hacia el abismo. En el Infierno del teatro Vreve es la realidad de la violencia política en Colombia la que se quiere develar a la vez que ritualizar, partiendo de una partitura, si se quiere, dividida en siete actos, movimientos, o más específicamente, según el propio autor lo plantea, en siete pasajes o paisajes por los que discurren los cuerpos y las voces de las mujeres y niños que fueron víctimas de vejámenes atroces, en alguno de los innumerables episodios de violencia indiscriminada que los grupos armados han perpetrado en estos países del cono sur, y en particular, países centroamericanos como El Salvador, Guatemala y Honduras (y hasta el propio México), con los que Colombia comparte una historia similar: allí como aquí el tema de la tenencia de la tierra, la lucha de las minorías étnicas por el territorio, la explotación de la riqueza del subsuelo por parte de multinacionales, y el empobrecimiento de la población, la aparición de grupos insurgentes y de guerrillas marxistas, y la arremetida indiscriminada de fuerzas paramilitares; si, allí como aquí, despojo, abandono y violencia para estatal; el feminicidio como práctica de dominación machista, y sumo acto de barbarie. Impecable e implacable viaje, sutil en la escena, y sin consuelo para el espectador, el que recorren víctimas y victimarios en los profundos paisajes del averno: desde esa primera capa superpuesta sobre el tinglado que arma el teatro Vreve en la sala Rodrigo Saldarriaga del Pequeño Teatro, y que representa el rio por el que avanza ese primer cuerpo, coronado de ramas y plásticos, que ya anuncia que será un recorrido nimbado de desolación y muerte; para conducirnos, cual lo hiciera Virgilio con Dante por los nueve círculos infernales, y que de manera plástica el director teatral los configura con lo que llama “dramaturgias del paisaje”, por la que discurren, capa sobre capa, estratigráficamente, los vestigios de lo que queda, el inventario de lo que dejaron las víctimas, esas ropas ya sin cuerpos que cuelgan en las desoladas cuerdas del destino. Y antes, la

tierra humorosa, y la tierra bermeja que se tragará y disolverá los cuerpos, el paisaje de las necropsias y sus profundas heridas en la carne inerte; el frío paisaje donde el alma humana se pregunta qué es la muerte, y dónde se ubica el infierno, si en la fría indiferencia de los bellos y marmóreos edificios creados por la humanidad (las lustrosas fachadas de los bancos, los brillantes pisos de las EPS, las gárgolas del frontispicio eclesial), o allí, en el Estigia, en el Leteo (el rio del olvido); y luego de estos cantos a un paraíso perdido (alusión a Milton), las voces de las mujeres violadas una y cien veces por el destacamento de militares, desgarrador momento de la obra en la que podemos sentir el dolor y agonía de cada una de estas mujeres. El viaje prosigue, y este Viviescas/Virgilio nos conduce al círculo donde los victimarios se ahogan en la sangre de sus víctimas, y allí toda la macabra parafernalia, la mascarada cruel y sangrienta de los paracos, perpetradores de salvajadas que “se salieron de madres”, y que relatan en una ordalía de torturas y degüellos. Orgía de sangre (el paisaje es rojo) animada por la pólvora y la música de un juglar vallenato, Poncho Zuleta, y su saludo patrio: “No joda, viva la tierra paramilitar, la de los paracos, no joda”. Y después, como estelas de niebla, las ánimas en pena que se elevan blancas y pardas hacia su silencioso purgatorio; las almas de esos hombres, mujeres y niños que vivieron su propio infierno mientras los asesinaban con sevicia, y que solo les queda no ser olvidadas, que su muerte nos duela y nos saque de la indolencia de los que pretenden que este tipo de violencia, por motivos políticos, y peor, por motivos económicos (usurpación, despojo), solo cuente como fría estadística, y no se narre en los escenarios, pues ya es mucho de lo mismo. Sin embargo, a pesar de la violencia denunciada por Viviescas, no vemos una gota de sangre sobre el escenario, pues todo es relato y alegoría, todo es paisaje del alma, como cuando viajamos por esas carreteras que nos acercan a pueblos como San Carlos en Antioquia, y en silencio percibimos la dolorosa mudez de esos vestigios, en ruinas y enmalezadas de lo que fueron

Crónica Teatral

viviendas campesinas, en cuyos muros ennegrecidos aún por el fuego, se ven las letras en aerosol que dicen “muerte a sapos hijueputas”. Ya casi nada queda. Ya escuchamos al padre implorar, a la mujer gemir desde el dolor de sus entrañas, a los bárbaros mil veces blasfemar; ahora solo queda el último círculo, ese último epitelio que se despega del piso, y con el que la obra cumple canónicamente con el momento de la coda final, en el que se supone que el espectador toma conciencia y procesa de manera transformadora todo lo percibido). Una colorida colcha de retazos (“el más execrable de los lugares comunes”, dirá un crítico), se eleva sobre los cuerpos de los actores que guían a las marionetas que siguen la trayectoria trazada por ese primer hombre desaparecido en las aguas de un rio; perdido y nunca encontrado, sin esperanzas de sosiego y de justicia, como los cientos y miles de cuerpos que seguirán disolviéndose en los tantísimos ríos de Colombia. Y si, una de las puntas de esta sábana multicolor se desprende, y al colgar es inevitable que se forme el mapa de nuestro país: carpa ajada y rota de un siniestro circo, trapo desgastado y maltrecho, jalonado por ambición y la codicia de quienes se lo han querido robar a pedazos.

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Economía y Cultura

A propósito de la Ley Naranja.... La economía de la cultura se sitúa entre [la economía de la salud y la economía de la educación], más innovadora que la economía de la educación pero menos fértil en la explotación de su potencial que la economía de la salud, quizás algo aislada y poco dispuesta a aprender de los desarrollos de otras áreas de la economía, para no mencionar la psicología, la sociología y el análisis político, aunque encontrando nuevas aplicaciones de la economía a los temas de interés cultural (Blaug, 2001, p.133). Por: Germán Benjumea (Docente y Mg en Gestión Cultural) La Ciudad de Medellín tiene un lugar importante en el país, e incluso en Latinoamérica, por los presupuestos asignados al gasto social en cultura y en los eventos de ciudad en los últimos cinco gobiernos. A pesar de que se nota una considerable reducción en los recursos financieros nacional y local, en los años 2016 y 2017, el asunto sobre la economía de la cultura merece un análisis profundo, dado que, a manera de comparación en los últimos tres años sólo la Secretaría de Cultura de Medellín ha contado con unos recursos financieros muy superiores proporcionalmente con los del Ministerio de Cultura de Colombia. El siguiente ejemplo resume en cifras el asunto:

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La información muestra un punto de comparación entre lo local y lo nacional con respecto al presupuesto sectorial desde la esfera pública. Según el DANE, en Colombia habitan 49´461.728 (y aumentando la cifra), por lo tanto a cada ciudadano le corresponden $ 6,106 del erario público nacional; mientras que Medellín, según datos de la misma Alcaldía , para el año 2017 contaba con 2´508.452 habitantes y en esta simple operación aritmética le corresponden $41,038 per cápita. Esas cifras muestran que en Medellín se supera casi siete veces el presupuesto con respecto al promedio nacional.

la cifra se multiplique y se expanda de acuerdo a las áreas, modalidades y programas que se desarrollan en el territorio.

Esta condición económica de la cultura y las artes en la ciudad requiere de un estudio profundo que permita identificar el valor de la cultura y las artes en la sociedad, las cuales además del valor simbólico y espiritual, constituyen un renglón visible para la economía y el desarrollo. La pregunta por la valoración cualitativa y cuantitativa de los recursos en términos de impacto deben superar los datos oficiales de los informes de gestión y resultados que brinda la gestión pública, porque se Sin embargo, esta cifra no encierra la desconocen cifras del sector y de los totalidad del recurso económico del subsectores que desarrollan sus activisector, pues, la Alcaldía tiene depen- dades privadas y comunitarias. dencias, que también dedican parte de su presupuesto en programas cul- La relación entre políticas públicas y turales y artísticos con presupuestos desarrollo económico genera conimportantes. Además, la ciudad cuenta fusión en cuanto a la caracterización con una agenda permanente de ferias, del sector, el cual está definido en Mefiestas, congresos, seminarios, expo- dellín, con una Secretaría de Cultura siciones, presentaciones artísticas que Ciudadana con una taxonomía que diincluyen a los establecimientos de vide el sistema local en tres subsecreeducación formal e informal (y de ex- tarías: a) Ciudadanía Cultural, b) Arte tensión cultural) y, entidades privadas y Cultura y c) Bibliotecas, Lectura y como museos, galerías, compañías ar- Patrimonio. Esta división deja por fuetísticas y academias. La infraestructura ra circuitos necesarios de definir y de y el equipamiento para mercado inter- evaluar en términos económicos y con no y externo de artes y cultura, admi- el sustento de ser “Cultura ciudadanistrado con recursos mixtos hace que na” incluye una visión sociológica que


Economía y Cultura

Economía Cultural en Medellín

problematiza el sector y multiplica los significados y las prioridades. Economía y Cultura A propósito de la “Ola Naranja” que se instala con fuerza en Colombia desde la Ley 1834 de 2017 por la cual se fomenta la economía creativa, y que en el año 2018 se impulsa al punto de modificar la estructura del Ministerio de Cultura creando el “Viceministerio de la Creatividad y la Economía Naranja” a la cual se adscribe la Direc-

ción de Artes, los gestores culturales, artistas y empresarios culturales se regirán con una normatividad que parte de la siguiente definición: Las industrias creativas comprenderán de forma genérica -pero sin limitarse a-, los sectores editoriales, audiovisuales, fonográficos, de artes visuales, de 'artes escénicas y espectáculos, de turismo y patrimonio cultural material e inmaterial, de educación artística y cultural, de diseño, publicidad, con-

tenidos multimedia, software de contenidos y servicios audiovisuales interactivos, moda, agencias de noticias y servicios de información, y educación creativa. (Ley 1834 de 2017) En esa amalgama de posibilidades donde se abre una “sombrilla” que protegerá sectores y subsectores muy distintos entre sí, resulta necesario delimitar mínimo cuatro áreas de mercado que de manera arbitraria se mezclan con mucha facilidad en los discursos 23


Economía y Cultura

públicos a pesar de las diferencias en las dinámicas de oferta y demanda, tamaño del sector, rentabilidad y acceso: a) actividades artísticas o sector cultural, se refiere a las artes (artes plásticas, artes escénicas, música, teatros, museos, compañías, etc.), b) industrias culturales equivalen a la gran industria masiva del entretenimiento como el cine, la televisión, la prensa, las editoriales, etc. c) las industrias creativas por su parte surgen como empresas más relacionadas con lo utilitario y funcional como el diseño, la arquitectura o la publicidad, entre otros; o las d) industrias relacionadas con la cultura y la creatividad como la gastronomía, la moda, el deporte, el turismo, la multimedia, noticias, etc. Lo común de estas actividades es la no conflictividad, el encuentro, la identidad y el enriquecimiento espiritual. En Colombia se ha asumido el tema como industrias culturales y creativas, sin diferenciar la actividad, igualmente la Unesco las reúne en sus decla-

raciones y directrices. Al respecto Luis Fernando Aguado dice que Actualmente no hay duda sobre el aporte del arte y de la cultura a la actividad económica, ni de su inclusión como sector estratégico dentro de las políticas públicas. No obstante, existe controversia, cierta confusión y limitaciones al momento de intentar delimitar el sector cultural. Tal situación no es ajena a las discusiones teóricas, en el campo de los estudios culturales, sobre qué se entiende por cultura, industria cultural y los propios limitantes que envuelven las herramientas metodológicas para cuantificar el valor cultural. ( 2010, p. 123). 24

La caracterización de la actividad económica del sector relacionada con el consumo, la renta, la empleabilidad, la productividad, el crecimiento económico no ha sido estudiada con profundidad desde un grupo de investigación en la ciudad , dado que aún no se ha configurado una metodología diferenciadora con respecto a las dinámicas del arte y la cultura. En este orden de ideas, la necesidad de diseñar una estructura institucional con un método que permita estudiar el tema desde los campos del arte, diseñar un modelo diferenciado, que no se reduzca a un traslado desde las ciencias económicas o de un modelo de otro sector, favorecería la toma de decisiones en las políticas públicas, la inversión privada y la apertura a mercados nuevos. Los diagnósticos y las categorizaciones que se vienen desarrollando desde estudios d e

impacto en la ciudad corresponden de manera mínima a los lineamientos de la Unesco con respecto a categorías, variables e indicadores específicos del sector. Algunas preguntas se desprenden para esta reflexión en consideración del desarrollo económico sectorial: ¿De qué manera se ha estudiado el impacto del gasto y la inversión en cultura y las artes en la ciudad en los últimos veinte años? ¿Cuáles son los circuitos más sobresalientes de la economía de las artes y la cultura en la ciudad de Medellín? ¿Cómo se han evaluado y medido los componentes de la economía cultural con respecto al consumo y participación de los públicos?

¿Cómo se han evaluado y medido los componentes de la economía cultural con respecto a la comercialización de bienes y servicios que se ofrecen en los campos del arte en la ciudad? ¿Cómo se han evaluado y medido los componentes de la economía cultural con respecto al empleo, la productividad y la sostenibilidad de los artistas y las compañías artísticas? ¿Cómo se han evaluado y medido los componentes de la economía cultural con respecto al crecimiento y proyección de la industria local? Desde el gobierno de Sergio Naranjo, entre 1995 y 1997, se dio a conocer el Plan Estratégico para Medellín y su Área Metropolitana, se realizó de nuevo el Festival Internacional de Arte Ciudad de Medellín en 1997, retomando el tema de las bienales de los años setenta; se amplió la Red de Escuelas de Música; se preparó el Festival Nacional de Teatro Ciudad de Medellín. Desde ahí, los gobiernos subsiguientes, comenzaron a realizar cada uno obras, programas y eventos relacionados con el arte de mayor envergadura. El caso de los estímulos a la creación artística (previstos en la Ley de Cultura desde el año 1997), el Programa de Planeación y Presupuesto participativo; las Ferias, Festivales y Fiestas de gran formato en eventos como el Festival del Tango, Feria de Flores, MDE, Festival de Jazz, y en general cientos de eventos de arte y cultura moderna, tradicional, contemporánea, que permitieron que hoy la ciudad cuente con una agenda cultural muy amplia. Los eventos de ciudad se han incrementado y posicionado en la región, la producción musical, los conciertos, la multimedia, el turismo, la gastronomía, la moda, la rumba, etc., son ampliamente reconocidos y cada día


los hoteles y la ciudad están llenos de visitantes que a la vez traen consigo sus dólares. Economía creativa, infraestructura cultural y city marketing En la actualidad, Medellín ha consolidado un equipamiento cultural muy amplio en relación con otras ciudades de Colombia (incluso de América Latina). Lo que ha implicado una inversión millonaria ,no sólo desde la perspectiva social, sino en la comprensión del valor de la cultura y la industria cultural en la generación de riqueza e imagen para la ciudad. La arquitectura y el urbanismo cultural referido también como infraestructura física para la cultura específicamente ha acompañado la idea de “cambio de paradigma” de ser una ciudad reconocida por la violencia narcotraficante de los años noventa, ahora identificada como una ciudad incluyente e innovadora. El giro no sólo ha sido lingüístico, sino metodológico, en cuanto brinda unos escenarios nuevos a los sectores: educativo, cultural, artístico para el desarrollo sociocultural e indirectamente económico. Entre las obras más destacadas por su valor estético e ideológico están: los colegios de calidad, los parques bibliotecas, los centros de desarrollo cultural, la Casa de la Música, las UVA, museos como el Museo de Arte Moderno y el Museo Casa de la Memoria y las escaleras eléctricas de la Comuna 13. Estos escenarios para la industria cultural pueden identificarse claramente, por ejemplo con la arquitectura espectáculo, edificios con elementos de diseño sobresalen y corresponden efectivamente a los códigos de la arquitectura contemporánea, que con los volúmenes, materiales y la identificación con corrientes latinoamericanistas, ambientalistas y globalistas que se mueven por el Funcionalismo, High Tech, Minimal, Relacional, Brutalismo, posmodernismo, etc. Son, entre otros, los casos de: El Parque de los Pies Descalzos, El Parque de los Deseos, El Parque Arví, El Parque Cementerio Campos de Paz, entre otros. En Carabobo Norte donde se realizan eventos de ciudad muy reconocidos como la Fiesta del libro, sin lu-

Economía y Cultura

gar a dudas es un polo de desarrollo planificado alrededor de la ciencia, la educación, el entretenimiento, la tecnología, que en el campo estilístico, sociológico, político tiene mucho que documentarse y analizarse. La Universidad de Antioquia con el Edificio de Extensión, El Parque de los Deseos, La Casa de la Música, El Planetario, El Parque Norte, Ruta N, El Parque Explora, MOVA y Centro de Desarrollo Cultural de Moravia. El Centro Municipal administrativo y de eventos. Desde los años ochenta el sector de San Juan con la Avenida del Ferrocarril se ha transformado aceleradamente y lo continúa haciendo alrededor de los servicios de ciudad que ofrece Medellín. En este escenario el ciudadano es público, espectador, usuario y cliente al mismo tiempo. Los diseños modernos y posmodernos de las infraestructuras permiten experiencias diferenciadoras del concepto de lo público. El Centro administrativo José María Córdoba “La Alpujarra”, Plaza Mayor, Plaza de la Libertad, El Idea, el Área Metropolitana, el Teatro Metropolitano, el Parque de las Luces, la Biblioteca de EPM, el Parque de los Pies Descalzos, el Edificio inteligente EPM. La Unidad Deportiva Atanasio Girardot como escenario deportivo fue pensado hace décadas, pero el uso y el concepto del deporte ha cambiado y con esos cambios se ha transformado la infraestructura, el uso y la apropiación de estos espacios. La intervención física de la infraestructura en los últimos años ha convertido en un referente estético de gran envergadura. La realización de los Juegos Suramerica-

nos en el 2010 cambió notablemente el paisaje urbano con la intervención del lugar, rompiendo la estructura funcionalista tradicional por arquitectura posmoderna que evoca los sentidos y las emociones y la relaciona con el paisaje circundante. Parece que la ciudad se ha estado preparando para la Economía creativa y la industria cultural desde hace dos décadas, una ciudad de servicios, de espectáculos y de tecnología. Estas reflexiones puedan dar lugar a críticas, especialmente desde las organizaciones sociales y a los colectivos artísticos tradicionales, quienes la mercantilización de la labor creativa les parece una herejía; sin embargo, algunas entidades sin ánimo de lucro han sabido leer esta tendencia y con alianzas estratégicas han hecho presencia y dinamizado muchos de estos escenarios y circuitos de la mano de la institucionalidad. Algunas referencias conceptuales La complejidad conceptual y disciplinar que existe sobre la definición y comprensión de los componentes de la economía cultural en cuanto a lo que significa en contexto: industria cultural, industria creativa y sector cultural, es un punto de partida para revisar las fuentes teóricas y argumentaciones de estudios realizados en las últimas décadas. Las esferas pública estatal, la privada y la comunitaria, en Colombia se nutren de sustentos conceptuales y metodológicos del Plan de Cultura 2001 – 2010 y los documentos conexos a éste, como el Documento Conpes 3.162 de 2002: “Lineamientos para la sostenibilidad del Plan Nacional de Cultura

Gráfico tomado de la Política Nacional de emprendimiento e industria cultural (2010) 25


Economía y Cultura

2001-2010”; en los cuales las industrias culturales se caracterizan como “vehículos del diálogo intercultural, del conocimiento, la creatividad, la información, los procesos educativos, el entretenimiento y la construcción de sociedades más democráticas” (MinCultura, 2010, p.11). Estrategias financieras, fiscales, tributarias se han planteado desde el Estado para dinamizar este sector y a la industria cultural que en esencia ha construido una cadena de valor dispersa, pero significante. Esta cadena está estructurada en unos grupos, agencias y personas que ofrecen y unos intermediarios, instituciones y públicos que demandan bienes y servicios artísticos y culturales.

Sobre este fenómeno el Ministerio de Cultura en el Plan Nacional de Cultura explica que La diversidad de medios expresivos a través de la música, las artes plásticas y escénicas, la literatura, la poesía y la producción mediática, conforman espacios de creación cultural y de formación de sensibilidades, a la apreciación crítica de las diversas producciones culturales y al goce creativo de todas las manifestaciones. En esta tarea no se debe olvidar el papel central que tienen las industrias culturales, que con sus producciones […] crean y controlan espacios de expresión y comunicación y generan nuevos elementos simbólicos que entran a alimentar una compleja red de significaciones (MinCultura, 2010, p. 44). Incluso no ha sido extraño leer en los documentos de política pública, tanto como en la llamada “Economía naranja” los alcances de la industria cultural creativa como motor del desarrollo en Colombia. Leyes como la Ley 590 de 2000, modificada mediante la Ley 950 de 2004, estimulan la creación de empresas culturales creativas, como pequeñas medianas empresas, además el Estado en sus políticas persuade al

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Gráfico tomado de la Política Nacional de emprendimiento e industria cultural (2010) sector privado a invertir a considerar la cultura como un importante factor de crecimiento económico. El siguiente mapa tomado de la Política Nacional de Emprendimiento e Industria Cultural, define la estructura de las industrias culturales en Colombia, bajo la taxonomía aceptada por la Unesco. Las industrias relacionadas con las artes plásticas, las artes escénicas y la música hacen parte de “otros sectores de las industrias culturales”, dada la inmensa diferencia en términos económicos, de infraestructura y de impacto de la industria cultural, por no mencionar su valor ideológico y político. Por esto en otros contextos, como el inglés, simplemente a las artes se les denomina “Sector Cultural”. La economía de la cultura ha sido estudiada ampliamente en Europa principalmente, en América Latina apenas se están delimitando áreas,

construyendo discurso alrededor de esta condición de la actividad artística y cultural y diseñando metodologías. El análisis occidental europeo citado por Aguado y Palma (2010) determina que las industrias culturales o del sector cultural están relacionadas con las artes, el patrimonio la política cultural, desarrollando un sistema categorial relacionado con sostenibilidad: asistencia, participación, producción, demanda, valoración, conservación, organización y financiación; mientras las industrias creativas están más relacionadas con el diseño, la arquitectura la publicidad, se relacionan con innovación y crecimiento económico. Las entidades internacionales que han liderado el tema, son en primer lugar la Unesco, quien sostiene que la condición económica de la cultura es un derecho cultural (Friburgo, 2007) y en segundo lugar la conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo UNCTAD. De ahí que el tema estadístico, para un observatorio sea una prioridad para poder fortalecer el sector, la industria y la economía. La Unesco declaró el decenio de la cultura entre 1986 y 1996, y de ahí promovió un sistema categorial para vigilar e incidir en las políticas públicas. Estructurado así:


Patrimonio cultural, actividades de impresión y literatura, música y artes escénicas, artes visuales, audio y medios audiovisuales, actividades socioculturales, deportes y juegos y, finalmente, medioambiente y naturaleza. (Aguado, 2016).

Economía y Cultura

Las Naciones Unidas se refieren al tema de las industrias culturales sin distinción en el tema cultural y creativo, por eso, casi siempre se refieren en sus comunicados, declaraciones y actas de manera conjunta a industrias culturales y creativas. En Colombia, ocurre igual, de ahí el nombre de la política pública. En América Latina, la Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) se ha interesado por el tema y define que A la economía se le ha relacionado con el arte a través de la Economía del Arte, al concepto de cultura mediante los términos Economía de la cultura y la Economía cultural, al patrimonio (que junto con el arte forman parte de la cultura) con la Economía del patrimonio, y a la creatividad con la Economía creativa. El año pasado, en un documento editado por el BID, se vincula a la economía con un color, a través de una nueva categoría: la Economía naranja. (Flacso, 2014, p. 38) El tema de la Economía cultural y creativa se viene desarrollando hace décadas, no es un tema nuevo, tal vez la novedad resulte en la intención por formalizar el sector desde un viceministerio y con una Ley Naranja o un presidente de la República que está convencido en la potencialidad que trae para la economía del país empresas y emprendimientos culturales.

El problema puede surgir cuando Puerto Candelaria, la Filarmónica de Medellín, el Ateneo Porfirio Barba Jacob, El Teatro Pablo Tobón Uribe, El centro de Desarrollo Cultural de Moravia, entre otras miles de propuestas están protegidas con la normatividad pensada para Netflix, Claro, Planeta, RCN, Caracol, Conmebol, Las Ferias

internacionales, Maluma, JBalvin, Osesa, la industria fonográfica y Google, pues las primeras requieren una legislación más específica para empresas culturales no lucrativas y no para la industria cultural y del entretenimiento.

Notas 1.Información de artículo de prensa del periódico El Mundo de Medellín. Periodista Yonatan Rodríguez. Publicado el 14 de mayo de 2017: “Medellín y Antioquia le invierten menos a la cultura”. Recuperado de: http://www.elmundo.com/noticia/Medellin-y-Antioquia-le-invierten-menos-a-la-cultura/52288. Consultado el 10 de octubre de 2017. 2.Información disponible en http://www.dane.gov.co/reloj/. Consultado el 22 de octubre a las 8:38 pm. 3.Información disponible en https://www.medellin.gov.co/irj/portal/medellin?NavigationTarget=navurl://06bdb4d911e35cb9d3de717115deedc3. Consultado el 22 de octubre a las 8:50 pm. 4.Cfr: Decreto 2120 del 15 de noviembre de 2018. Ministerio de Cultura 5.El observatorio “Medellín cómo vamos” es el único que existe en Medellín que estudia muchas de las dimensiones y sectores del desarrollo de la ciudad. En cuanto a los indicadores y caracterización de la industria cultural carece de método y de profundidad para el sector. Recientemente el proceso de reflexión alrededor de economía de la Cultura está vinculado al desarrollo económico y a alianzas con Ruta N, Comfama y Actuar Famiempresas. Efectivamente hay una intención por promover la economía de la cultura; sin embargo, la investigación económica es muy precaria aún. 6.El listado es largo, , dado que la agenda es extensa y muy dispersa. 7. Según la arquitectura de Breton Brut.

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Economía y Cultura

¿Es urgente una política pública de Economía de la creatividad? Por: Alvaro Narváez Díaz (Presidente Consejo Municipal de Cultura de Medellín). Desde hace un buen tiempo la discusión de economía de la cultura ha sido la punta de lanza de muchos foros discusiones y, fundamentalmente, preocupaciones de los sectores creativos y cultural. La pregunta por la sostenibilidad del patrimonio creativo, inmaterial del país se ha dado en muchos escenarios, pero desde la creación de la política de economía naranja, el enfoque parecería cambiar o complementarse. Muchas han sido las polémicas a favor y en contra de dicha política, hoy es una de las banderas del nuevo gobierno que incluso creo el nuevo vice ministerio de Emprendimiento cultural, que busca dinamizar la economía de los sectores creativos del país, incluidos sectores como el diseño y el turismo, especialmente emprendimientos que aporten a la innovación tecnológica y productos de la denominada industria cultural. La expectativa es mucha, pero se hace necesario que los sectores de la economía cultural acompañemos la implementación y sobre todo, que mantengamos los ojos puestos en mantener una tutela de la creación libre, que no se vea afectada solo por la producción de objetos de uso meramente comercial, sino que mantenga la generación de sentido simbólico y artístico. En Medellín desde El Consejo municipal de Cultura hemos acompañado las diferentes iniciativas que, desde las Secretarias de Cultura, Desarrollo Económico y otras instancias, se han dado para hablar fortalecer y mejorar los emprendimientos creativos, además de iniciativas de universidades, y sectores privados. Con todas las iniciativas hemos sido críticos y se ha aportado insistiendo en mantener un equilibrio que fomente la equidad eco28

nómica del sector cultural y que se dé oportunidad a todos los componentes que integran el ecosistema del sector cultural.

Reunión Comisión de Trabajo sobre Proyecto de Acuerdo de Economía Creativa

Hoy gracias a la Iniciativa del Concejal Daniel Carvalho, el Proyecto de Acuerdo de Economía Creativa se viene trabajando con distintos sectores. Aunque aún está en revisión, todos hemos coincidido que, en Medellín, dicha política debe tener un enfoque social que vaya más allá de solo la destinación de recursos monetarios para el sector, que se hable de temas como indicadores, empleo formal para el sector creativo, circulación e internacionalización y competitividad tanto en términos de calidad como de pertinencia social, que se mejore y fomente la relación del estado, la empresa privada y la ciudadanía, la investigación aplicada y se fortalezca administrativamente al sector. Entendiendo que la política no es una política para las artes sino para los sectores que generan creación simbólica e identidad, que sea una política que busque la sostenibilidad y el equilibrio de entidades y personas que han venido creando y gestionando, potenciando los emprendimientos con sentidos de innovación tecnológica y social.

una responsabilidad de estado –que lo es- sino que se sitúa el debate y la discusión como una necesidad frente a los diversos cambios políticos y sociales que el mundo está generando. Más allá de una discusión sobre dinero, debe ser una política para potenciar, fortalecer la competitividad el sector creativo tanto a nivel económico como de innovación, mejorar procesos de empleabilidad, potencian negocios e intercambios que aportan a la economía de la ciudad. Además, esta política con enfoque de desarrollo social permitirá mantener un control a fenómenos delicados como el turismo extractivo y vincular de una manera responsable a la ciudad con sectores, que desde hace muchos años vienen aportando a la calidad de vida de Medellín.

Hoy que se habla de economía creativa, se pone la discusión no solo como


Vive Porfirio

Porfirio Barba Jacob 1883-1942 El Espejo ¿Mi nombre? Tengo muchos: canción, locura, anhelo. ¿Mi acción? Vi un ave hender la tarde, hender el cielo… Busqué su huella y sonreí llorando, Y el tiempo fue mis ímpetus domando. ¿La síntesis? No se supo: un día fecundaré la era Donde me sembrarán. Don Nadie. Un hombre. Un loco. Nada. Una sombra inquietante y pasajera. Un odio. Un grito. Nada. Nada. ¡Oh desprecio, oh rencor, oh furia, oh rabia! La vida está de soles diademada…

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El 17 Festival Colombiano de Teatro,

Del 8 al 13 de Octubre de 2018 se realizó el Festival Colombiano de Teatro en Homenaje a Víctor Viviescas y su Teatro Vreve. El Festival contó con la participación de artistas, grupos e invitados de Argentina, Chile, Uruguay, República Dominicana y Canarias, España. También con grupos de Bogotá, Bucaramanga, Manizales, Medellín y los Municipios Antioqueños de Caldas y Copacabana. Invitados Internacionales De Argentina nos acompañó el Colectivo Nesóge la Mujer Caníbal, una coproducción de Formosa y Buenos Aires, desde La Serena Chile nos visitó TeatroPuerto con la Mantis, una propuesta de teatro en espacio no convencional que se presentó en sala de Teatriados; de Uruguay llegó la propuesta El Río Ríe con Silvia Aranda, Teatro para un solo espectador. De México nos acompañaron algunos artistas como parte del Elenco de la obra Infierno, una coproducción Colombo-Mexicana del Grupo Teatro Vreve. También participó el Grupo Lenino Canta Cuentos de República Dominicana. Invitados Nacionales El Teatro Vreve fue el grupo invitado especial que participó en el Festival con tres montajes: Dormida Mujer Muerta, Infierno y Estados de Vul30

Víctor Viviescas en Estados de Vulnerabilidad nerabilidad. También contamos con las obras recién estrenadas El Bufón y el Rey del Grupo Ensamblaje Teatro dirigida por Misael Torres y la obra Un Hombre diferente, una historia de amor perverso del Teatro R-101dirigida por Hernando Parra. Desde Manizales el grupo Teatro Punto de Partida compartió su montaje Valentín el velador de almas con Augusto Muñoz y de Bucaramanga Jaulabierta participó con su Performance Solo de silla, con Jaime Lizarazo. Grupos Anfitriones Del Departamento de Antioquia participaron el Grupo de Teatro Polichinela del Municipio de Caldas con la obra Soledad se encuentra sola; El Grupo Escena 3 de Copacabana con La Lección, la letra con sangre entra y el grupo Chatarra de la mancha con su obra El hastío del Ser. Por Medellín, ciudad anfitriona: El Pequeño Teatro participó con la obra La Guandoca del Maestro Gilberto Martínez dirigida por Albeiro Pérez; el Colectivo Fémina Ancestral con la obra Sara el camino de sal, dirigida por Tania Granda; El Grupo DeRreojo participó con dos obras: una, El 3ro no está en la Sala Tomas Carrasquilla de Pe-

queño Teatro y la otra con su estreno Prestidigitación Teatro sin mentiras en Casa de verdad, dirigidas por Ricardo España; El Santísimo Bálsamo estuvo con Dieta de Amor con Gustavo Montoya; El Colectivo Anamnésico Teatral compartió en el Festival su más reciente montaje: Bio Le Ncia dirigida por Felipe Caicedo. El Laboratorio Escénico Ateneo participó con las obras: DesEncuentros en el Teatro Lido y con la obra El Sueño de Eichmann del filósofo Michel Onfray dirigida por Yacqueline Salazar Herrera en el Programa Martes al Teatro del Teatro Pablo Tobón Uribe. Azul Crisálida Teatro propuso su obra de Teatro Infantil y para Toda la Familia El Puerco y la Cigüeñita, Dramaturgia y Dirección de Alberto Sierra Mejía. El Grupo Azul Teatro Independiente estrenó Perdidos; por su parte Acción Impro presentó sus espectáculos Los Impredecibles y el estreno de Cinedición y El Águila Descalza se sumó al Festival con su espectáculo Gringolombia y con los Grupos El Parcero del Popular N.8, Andrés Bravo y La Fábrica de Comediantes. La parte Performática estuvo a cargo de Teatro El Nido con Sin Palabras y Bárbara Queen con el Colectivo Drag; en el aporte musical se contó con los Grupos de Músicas Tradicionales y Orquesta 19 de Noviembre de la Escuela Superior Tecnológica de Artes Débora Arango. Eventos Académicos Se realizaron varios encuentros académicos como El Seminario Teatro y Ciudad, Escenas e Utopía e Innovación que contó con la participación de Víctor Viviescas y Hernando Parra de Bogotá; Pablo Bontá de Argentina; Rodrigo Zarricueta y Dayane Montiel de Chile; Silvia Aranda de Uruguay; Mario Ángel Quintero, Ricardo España, Felipe Caicedo, Albeiro Pérez, Thamer Arana, Yacqueline Salazar Herrera y Duván Chavarría de Medellín. También se hizo el Conversatorio Mujer, Arte y Sociedad, con invitadas como Estefanía Castro de Canarias, España, Elizabeth Cano, Anamaría-Tamayo, Adriana Ospina, Yacqueline Salazar Herrera y Tania Granda de


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Vivió Escenas de Utopía e Innovación Medellín. La Clínica de Actuación-Taller de Teatro Físico con la participación de Estudiantes de Escuelas de Teatro de Medellín y Envigado y los Actores de la Obra Nesóge, El Director Pablo Bontá realizó el Taller durante la semana del Festival e integró a los participantes al espectáculo que realizó tres funciones en el Teatro Ateneo Porfirio Barba Jacob. Cada año se realiza un encuentro de los integrantes de la Red de Festivales y Proyectos Teatrales Independientes en Iberoamérica para habar de las tendencias en el medio y de los futuros proyectos, haciendo especial énfasis en la circulación. Este año se invitó al Dramaturgo Andrés Madrid quien, junto a tres actores, realizaron tres Lecturas Dramáticas de la obra: Pájaros Famélicos. Beca de Dramaturgia Nacional del Ministerio de Cultura. El Grupo Anamnésico Colectivo Teatral se sumó a la parte académica con un Conversatorio Teatro y Poesía con la participación de Oscar González y Felipe Caicedo. Y la Exposición Fotográfica que se realizó del 8 al 31 de Octubre en Homenaje a Víctor Viviescas y su Teatro Vreve en Galería Ateneo Porfirio Barba Jacob. III Feria de las Artes Vivas en las Torres de Bomboná Se hizo el sábado 13 de octubre en la Plazoleta de la Unidad para compartir con toda la comunidad a través de Stand de exhibición de proyectos artísticos y culturales en donde participaron entidades como: Frankie ha

Muerto, Vivapalabra, Grupo Knock Out, Cinestesia, Escuela Superior Tecnológica de Artes Débora Arango, Corporación Ateneo Pofirio Barba Jacob, Olingo Lee, Dulce Abril, El Parcero del Popular N. 8, Quieroir.com, Alejandro Londoño, Revista La Musa, Librería Este lugar de la Noche. Homenajes Este año se realizaron reconocimientos al Dramaturgo, Actor y Director Víctor Viviescas y su Teatro Vreve, por Pensar, Hacer, y Problematizar el Teatro Colombiano y a la Casa del Teatro en sus 31 años de labora teatral. Agradecimientos El Festival es un proyecto de La Corporación Ateneo Porfirio Barba Jacob, proyecto ganador de la Convocatoria de Estímulos para el Artes y la Cultura 2018 de la Secretaría de Cultura del Municipio de Medellín, Evento Apoyado por el Ministerio de Cultura, Programa Nacional de Concertación, Apoyado por: Asencultura, Grupo Empresarial Arona, Hotel San Ignacio, Pequeño Teatro, Teatro Pablo Tobón Uribe, Alianza Francesa, Teatro Lido, Casa del Teatro, Teatriados, Acción Impro, Teatro Prado del Águila Descalza, Escena3, Canarias Crea, Zálatta Teatro, IberEscena, Instituto Nacional de Teatro de Argentina, TeatroPuerto de Chile, Escuela Superior Tecnológica de Artes Débora Arango, Departamento de

Misael Torres en El Bufón y el Rey Artes Escénicas de la Universidad de Antioquia, Cinestesia, Unidad Residencial Marco Fidel Suárez, DeAmbulantes, Restaurante La Sevillana, Etiketa Blanca. Agradecemos a los Medios de Comunicación como: Radiónica, HágalaU, EntreActos, Compás Urbano, Revista Opción Hoy, Telemedellín, Teleantioquia, Cosmovisión, Emisora Universidad de Antioquia, Emisora Radio Bolivariana, Emisora Universidad de Medellín, Emisora Cámara F.M. Un agradecimiento especial a todos los que conforman el Equipo de Trabajo del Festival.

Escena de la Obra Un hombre diferente, una Historia de Amor Perverso. Teatro R-101 31


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Revista DiverCiudad Diciembre 2018 - Febrero 2019 by Ateneo Porfirio Barba Jacob - Issuu