Revista internacional de cultura y artes Noche Laberinto DIRECTOR
Arturo Hernández González EDITORA
Lesly Vanessa Jiménez DIRECTOR DE ARTE
Alejandra Pichimata Isaac Barthé COMITÉ EDITORIAL
Hugo Chaparro Salazar Layla Chernosky
PORTADA:
Konstantin Korobov
ARTE INTERIOR
Germán Gustavo Garzón
ISSN: 2463 — 0020 (en línea)
@german.garzon.art
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(3)
ÍNDICE Carta Primera
8
Homenaje a Gloria Gervitz
POESÍA José Miguel García Conde Jorge Valdés Díaz-Veléz Ángel Carrillo Hernández
Iván Vázquez Rodríguez Óscar Cuapio Lima Pedro Manuel Cañas Duarte Samuel Bossini Alejandro González E.
24
6
PLÁSTICA Konstantin Korobov Eduard Claudiu Gross Leslie Pacheco Torres Mónica Almereyda
10
NARRATIVA David le Breton (entrevista)
52
Mauricio León Guzmán Luis Carlos Roa Gil Alibé Álvarez Amado Salazar Juan Fernando Mondragón
David Ricardo Zambrano Santiago Garcés Moncada François Villanueva Paravicino Juan González Repiso Apolinar Valencia Alberto Cabrera Centeno Giovanni Algarra-Garzón
94
PENSAMIENTO
Félix Morales Prado
Karen Sofía Salamanca Ricaurte Enrique Arias Beaskoetxea Fátima Villalobos Kevin M. Anzzolin Rurik Juárez Ramsés Oviedo Antonio Delgado Rubén Galve Rivera
Recomendados
127
@revistanochelaberinto @laberintorevistanoche @NocheLaberinto
Carta Primera La palabra ha sido uno de los mayores aciertos de mi vida. Y no me refiero a la escritura, pues cómo Bauman afirmó, la decisión de ponerse a escribir está siempre, <<sobredeterminada>>, sino al asombro que escogemos al pensar las difíciles unidades del lenguaje, inventando en su nombre la seguridad de que quizá decimos algo… Durante la última década, esta revista me ha dado grandes alegrías, precisamente en torno a la palabra. Algunas de las charlas más significativas y gratificantes reposan (algunos fragmentos al menos) en las ediciones que se han sucedido hasta aquí sin interrupciones. Como en casi todo lo que pertenece al magro reino de lo que podemos, hay en Noche Laberinto un doble trasfondo de satisfacción y derrota; el fallecimiento de Gloria Gervitz pertenece indudablemente a lo segundo. La invitación que le extendí para incluir algunos de sus poemas en el presente número llegó demasiado tarde. El silencio de la muerte usurpó su respuesta (cualquiera que hubiese podido ser). Y sin embargo, el homenaje que hemos querido rendirle, transparenta el goce profundo que nos proporciona ser eco de su poesía y de la legítima dimensión de su voz creativa. Así mismo, quiero utilizar este breve espacio para recordar también a las poetisas y poetas Fina García-Marruz, Ana Luisa Amaral, Ángel Guinda y Eduardo Lizalde.
(6)
De la desazón que me produjo no haber preservado de otra manera, que en mi muy deficiente memoria, las conversaciones que sostuve con ciertos queridos maestros que hoy ya no están como Álvaro Mutis, Juan Gelman, Leopoldo María Panero o José Emilio Pachecho, nació la idea fundacional de una revista que conservara las ideas de otros agudos pensadores. En consecuencia, algunas de mis charlas con Ida Vitale, Elena Poniatowska, Yannis Patilis, Richard D. Wolff, Charles Simic, y ahora también David le Breton, entre otras, sobreviven en las páginas de Noche Laberinto. Como dice el viejo adagio: mejor algo que nada. Algunos amigos cercanos, como el gran filósofo Alexander Restrepo o Hugo Chaparro; mi mano derecha, me han dado con sus palabras ese mismo sentimiento de asombro frente al misterio del lenguaje compartido... Gracias a todos los que me aguantan y hacen posible que la palabra siga siendo destino y añoranza.
Arturo Hernández González Director Revista Noche Laberinto
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(...) en la crecida de los ríos en la noche de los sauces en los lavaderos del sueño en ese vaho de entrañas femeninas desprendiéndose inconfundible y anchuroso te dejo mi muerte íntegra intacta toda mi muerte para ti ¿a quién se habla antes de morir? ¿dónde estás? ¿en qué parte de mí puedo inventarte? y los milagros apilándose en la iglesia de Santa Clara y el atrio llenándose de lágrimas flores de tinta en un hebreo luido saliéndose de los rollos de la Toráh resbalándose despacio van perdiéndose los días los va prensando la migraña no me encuentro ni siquiera tengo cirios para velar mi muerte ni siquiera sé las palabras del Kadish no tengo brújula ¿dónde se rompen los latidos? ¿con qué se desprende este último pedazo de sueño?
POESÍA El sueño que sueña un hombre que vive en el desierto es un sueño de oasis, amparo, flores, colores, goce, agua susurrante.
<<
Y así es: por la piedra se comprende la rosa, por la rosa se soporta la piedra>>.
Cees Nooteboom
José Miguel
GARCÍA CONDE CENSURA DESTROZARON falanges, rompieron los pulgares, ataron las muñecas
AURORA
y nos dejaron mudos, sin embargo,
<<La aurora llega y nadie la recibe en su boca
no pudieron evitar
porque allí no hay mañana ni esperanza posible>>.
que pintáramos con sangre
Lorca
las paredes.
CARRASPEA la aurora aquí en esta ciudad donde cerdos y hombres conviven en silencio. Un revisor pregunta por billetes de metro, una mujer sonríe y no sabe por qué, los niños ya no gritan, ni las porteras hablan, una carta del banco dice que está lloviendo, y cuando las tenderas preguntan por mi nombre un señor con mascota responde que mañana. En la calle los trenes me saludan cansados, un suicida se acuerda de tender la colada y la marea me avisa que ha llegado el invierno. Las aceras se acuestan esperando que un día la aurora solo sea una canción de cuna. (12)
Jorge Valdés
DÍAZ-VELÉZ LA MESA Para Wisława Szymborska ME contemplo en las caras ocultas de la noche sin rasgos de mi acento del sur, sin evidencias de ser el extranjero que alarga un punto móvil sobre una servilleta doblada en dos. Estoy
en medio de personas de las que no sé nada y que hablan de lugares apócrifos, de valles desterrados del tiempo, distancia o geografías; me observo desde mi soledad, desde afuera del aire, de las formas del sillón que soporta el peso de las vidas que tuve y me contienen al pie de nuestra mesa. Me reconozco aquí,
con la ingenua cautela con la que se vislumbran animales fantásticos en un libro de viajes cuya última página no depara emociones, ni algún final feliz que salve la memoria de un bar donde la dicha se mire al otro lado de esta sombra entre tantas estólidas fronteras.
(13)
Ángel
CARRILLO HERNÁNDEZ PLÉYADES NOMBRO una a una las estrellas que componen tu cuerpo para invocarte en la memoria de la noche estival: la rebaba borrosa de una figura vacía que apenas gime tu nombre y se atraganta con el plasma donde ya no queda nada. Retuerce tus extremidades, disloca tus ejes en la vacuidad, retoma el cúmulo de tu carne, menea esa melena nebulosa y vuelca una vez más tu mirada
hacia nuestras soledades: las ausencias de tus oraciones. Pléyades, quimera de siete nombres, siete verdades y siete corazones, abre tu piel de gases, rocía tu sangre y fermenta una vez más nuestra materia muerta.
(14)
Iván
VÁZQUEZ RODRÍGUEZ CÁBALA PIENSAN los cabalistas que la esencia infinita del nombre de Dios deambula por los espacios en blanco de nuestra escritura.
LA GRIEGA EN EL CRISTAL <<El hijo que no he tenido
es mi verdadera obra maestra>>.
Si el adagio es una verdad irrefutable abro con impaciencia este verso lo parto para que entre de lleno la implacable potencia de esas letras
López Velarde
MI hija viene del colegio. Su pelo por el aire. Desde la ventana sin corazón la aguardo.
pero a fuerza de empuñar la Palabra caen pedazos de mí sobre el papel
Un largo viaje, le digo, Se detiene, mira el humo en mis ojos.
y por fin comprendo lo que los cabalistas dicen del entusiasmo que no es más que traer un Dios dentro de sí.
Hurga el espejo roto de mi sangre.
Mi hija, agazapada, busca en mí al padre que no existe.
Y se cierra el poema.
(15)
Damarys
GONZÁLEZ LA GARRA LÁNGUIDA DE LA MUERTE
LA garra lánguida de la muerte
en un sueño ficticio
se mece
sin sobresaltos
dormida
sin el ruido del tráfico en la madrugada
Una persona cae
Onírico telón
de sus dedos entreabiertos
Teatral mecanismo de retorno
y escapa
Sueño ilusionista que captura
Ella volverá a encontrarla
un fragmento del rostro de la muerte
infaliblemente
y lo multiplica alrededor de un ser humano
y ambas creerán que han tenido
que permanecerá absorto
dos veces el mismo sueño
atravesando los reflejos
La mano rendida deja caer la muñeca
en este extraño limbo
la desarticula
al que también se accede
y continúa jugando con ella
por algunos caminos de la locura
La muerte identifica sus títeres
Cada quien repite sus viejos hábitos
por la inocencia rígida
sin notar la presencia de otros seres
el cabello enmarañado
ni conmoverse por su angustia
la tez barnizada y amarillenta
Los sonidos no coinciden
Un cuerpo flota hasta desembocar
con el movimiento de los objetos
(16)
Un hombre construye paredes despegando y pegando los mismos ladrillos transparentes instantáneas rectangulares que mueven pequeños espacios dentro del espacio Otros caminan dentro de ruedas mecánicas o corren como ardillas Otros han descubierto que tienen Una mujer se ha comido sus dedos una pequeña luz dentro del pecho y empieza a morder su lengua y se golpean hasta extinguirla pero la carne ya no es carne Los niños y los ancianos regresan cansados a dormir en cualquier útero Tiene que ser irreal este paisaje esta capa subterránea del mundo y del pensamiento a la que he llegado y donde mis seres queridos no me esperaban .
(17)
Óscar
CUAPIO LIMA JUBILEO
PEDÍ y se me dio
para reconocerme.
deponer las ataduras,
Mas, si entre pares me busco,
apropiarme del rumbo
un reflejo, una sombra, un fantasma,
al encuentro conmigo mismo.
se pregunta: «¿Dónde estoy?»
Ávido de tiempoespacio
«Loco», decimos de mí,
puse a andar la lavadora;
consagrado al imperativo de Delfos.
tocado por cierta beatitud
Es la era,
—distinta al mándala del éxtasis
el delirio.
y al arrullo del diazepam— vi al espejo,
Por dignidad humana
límpido pozo
consulté tomografías,
al que Dios aún no se asoma.
verdades duras sobre un concepto blando.
En ausencia de designios,
Allí,
ráfaga de selfies.
tampoco el yo,
Fortuna acaso,
solo nudos y neuronas.
la insuficiencia de mis ojos
(18)
Por supuesto, yo —fuese idea, fuese instinto—
Ni debajo
en las trivialidades seguía
ni detrás
abandonado.
ni encima de ellos me hallé.
El enfoque es umbral… Automaticé la vida; quería alcanzarme:
Quizá soy el vacío,
comida a domicilio,
retiro,
en metaverso, la pasión,
donde todo y algo,
sinvergüenza, renuncié al empleo
nada
#porqueyolovalgo
más que el mutismo de un hado casual
Al menos tuve fe,
se proyecta:
extremista,
ojeras de iluminado,
desesperada como mis dudas,
ensueños,
y con obsesivo método
decisiones,
dispuse de cabeza molinos, demiurgos,
pensar que uno está,
escapularios.
sentir que no se es vocación de pío verdugo,
hechizo de víctima ruin, vértice apenas, castigolibertad.
(19)
Pedro Manuel
CAÑAS DUARTE LA DAGA LA daga más afilada se levanta La daga de la partida inesperada; Te quedas con flores en las manos Te quedas con los sueños abiertos, ofrecidos. La daga es linda, hermosa, terrible. Tiene ojos grandes para quitarte las palabras; pero no, no sólo las palabras: la lengua. Dejándote sin posibilidad de palabra, que no es lo mismo. En un silencio que es igual que atarse a una hoguera Atarse a un mástil de un barco que se hunde mientras vemos las estrellas. Te quedas como a la mitad de un encargo vital Como con un tesoro valiosísimo únicamente para ella, que parte, y te deja a las puertas del viaje y te quedas sosteniendo los regalos, las culpas. No sé sabe a dónde va, si se encoge, si apunta sus pezones hacia el sol, elevándose ligera por no ser virgen ni María, con toda la belleza de las palabras de esas otras, sus maestras, con todas sus piedras se eleva, dejándolas caer sobre nosotros. ¡Hay que dar gracias por esos testimonios! Tan sinceros, tan absurdos tan llenos de luz de la mañana.
(20)
Samuel
BOSSINI EL son negro quema.
La vara se agrieta.
Las huellas bardean el cuerpo.
Se burlan los pájaros de lo que ven abajo. Nadie espera el grito del Crucificado. En la cuneta la Rosa se descarna y se recuesta en un rincón. La oración es la última oportunidad. Rezar como un bolastraca. Mendigue con la jeta dentro de una caja. Y que el eco nos eleve. Que nos muestre desprendidos. No como capangas desbordados. Tampoco chivados y mudos. Es la mano encantada que acaricia los lomos. Es lo poco o mucho de Buenos Aires que se nos empastilla en las cienes.
Se expande el aliento de la hiena.
La burla se desparrama sobre mantel limpio.
La mano golpea el grueso cuello largo.
(21)
Alejandro
GONZÁLEZ E. DE LUNES A MARTES <<Con una vela exploro el desierto
blanco de la página donde mujeres sollozan y niños gritan>>.
otros esqueletos se ocultan donde no puedan ser encontrados y no lo serán y no lo serán
Panero
******
CON una vela exploro
Una vez sacudido el paisaje
el desierto gris de la guerra…
barrido por la decadencia
Y todo continúa igual
una nueva hoja en blanco
la poesía arrojando fuego
dispuesta será a la sombra
defendiéndose
que poesía en ristre
sollozando a la madre muerta
quiera sobre ella copular
la poesía lamentando el hijo parido Se oculta el hombre tras el humo
******
más nada que sombra
La sombra del hombre oscuro esqueleto
******
se revuelve contra el blanco
La poesía abre sus alas
el espanto reflejado en sus cuencas
para posarse sobre el paisaje
incapaces de huir
sobre el esqueleto del paisaje
la sonrisa no inocente
se posa el esqueleto de la poesía
intentando conservar sus jugos
(22)
****** Ladran los perros a la noche blanca un par de versos salivosos la sombra oculta el sueño acalla los ruidos no pueden los perros despertar las conciencias apenas decir aquí estoy
****** ¿Es herramienta la espada la punta de metal para obligarnos a vivir?
Una vez cerrada la herida olvidamos la cicatriz enterramos los cuerpos dejamos atrás los peces
******
y nos contamos una mentira
Aúllan las bombas
******
buscando satisfacción
perras en celo cayendo desparramadas en medio de bestias desconocidas ****** Callan los hombres y el silencio destruye la ciudad
****** El oso despierta de su invierno la gran bestia se despereza destruye algunas familias
La matrona La puta La madre La señora La doña La dueña La historia La matrioska
comparte sus piernas una vez más y juega a la nobleza del alma a la pureza de la poesía
y sonríe como poesía
(23)
PLÁSTICA <<A
excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia...
...La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes>>.
Arthur Schopenhauer
DIRUS
Konstantin Korobov (Ekaterimburgo, Rusia) es uno de los artistas jóvenes más destacados de su país. Su trabajo, dramático y surrealista, ha sido reconocido con importantes galardones como el American Art Award (2018). El detalle como apreciación de los rincones en los que la realidad se jacta y se esparce entre los elementos abstractos de la mente, parece manifestarse en precisas alusiones a la totalidad del color.
EXPONATUS
MEMENTO MORI
CARDS
VOID
AGNUS
Eduard-Claudiu Gross (Rumanía) es un reconocido fotógrafo y artista digital. Estudiante del PhD de la escuela doctoral de ciencias comunicativas de la Universidad de Babeș-Bolyai. Su trabajo más reciente se centra en los impactos que la tecnología supone para los individuos, así como en la filosofía y la desinformación digital.
Serie: Parasitario
Rapiñero desplumado
Duda inflada
(42)
Concha babeante
(43)
Alma abisal
(44)
Cuerpo rastrero
Film Soup
Narrativa <<Sólo
por nuestras historias podemos saber que...
...nuestras historias han llegado a su fin>>
Imre
Kertéz
DAVID
LE BRETON David le Breton es profesor de sociología en la Universidad de Estrasburgo, así como miembro del Instituto Universitario de Francia y del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Estrasburgo (USIAS). Muchos de sus libros han sido traducidos a diferentes lenguas, entre ellos Caminar la vida: la interminable geografía del caminante (Siruela); Desaparecer de sí: Una tentativa contemporánea (Siruela); Bernard Plossu: caminar la fotografía (Afterphoto); Elogio del caminar (Siruela); La sociología del cuerpo (Siruela); Experiencias del dolor: entre la destrucción y el renacimiento (Topia). Estallidos de la voz: una antropología de las voces (Topia), Antropología del dolor (Metales Pesados); La piel y la marca: acerca de las autolesiones (Topia); La edad solitaria: adolescencia y sufrimiento (LOM y Cátedra Michel Foucault). El silencio: Aproximaciones (Sequitur).
N. L. Como en casi todas las disciplinas, la mejor sociología parece ser la que recoge siempre la voz de la filosofía. Tú destacas a menudo la importancia de la elección en la construcción del ser humano; una elección sartreana o casi sartreana, en la que el yo se enfrenta constantemente a lo que deja atrás para construir su futuro. ¿Por qué es tan importante decidir? ¿Por qué afirmas que es posible incluso decidir desaparecer de uno mismo? D.l.B. Sí, me siento muy cerca de la afirmación de la libertad de Sartre. Me gusta su fórmula: Somos lo que hacemos de lo que otros han hecho de nosotros. Es decir, somos libres, pero no en lo absoluto, en lo que hacemos de la situación en la que nos encontramos. No somos marionetas. El individuo es un actor que
interactúa con los elementos sociales y no un agente pasivo que está sometido a todo el poder de las estructuras sociales debido a la "fuerza" del sistema o la cultura a la que pertenece. Construye su universo de sentido no a partir de atributos psicológicos o de una imposición externa, sino a través de una actividad deliberada de dar sentido. A diferencia de las sociologías estructuralistas o funcionalistas que tratan al individuo como un agente intercambiable de la reproducción social, en mi trabajo valoro los recursos de significado de que dispone el individuo, su capacidad de interpretación que le permite desenvolverse frente a las normas o reglas. Estos últimos son principios rectores, no principios rígidos para condicionar el comportamiento. El comportamiento individual no está completamente determinado ni es completamente libre; forma parte de un debate
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permanente que permite la innovación. El individuo está dotado de una capacidad reflexiva, es libre de tomar decisiones en un contexto no exento de influencia. La condición humana se compone de lo imprevisible y de lo ineludible. Es el resultado de un número infinito de transacciones. Esto no significa, por supuesto, que las elecciones sean siempre las mejores; el psicoanálisis nos ha enseñado que el inconsciente a veces nos ciega. A veces elegimos lo peor.
El mundo es siempre el resultado de la interpretación del actor, que recurre a la caja de herramientas de sus referencias sociales y culturales. Los significados más o menos compartidos dentro de un grupo delimitan un universo de comportamientos conocidos; clasifican los objetos en categorías comprensibles e inagotables para quienes conocen los códigos. Aunque todo significado depende de un contexto preciso, cada individuo adquiere en la infancia la capacidad de pasar de lo general a lo particular para atribuir un significado a un hecho. Extrae las Sin ser transparente a estos actos, el razones de sus acciones de su grupo de referencia, individuo no es ciego a lo que hace, tiene razones aquel al que está emocionalmente unido y que para actuar. No hay ningún punto de vista alimenta su visión de la realidad. La superior que nos permita afirmar la cultura es un recurso para situarse verdad o la falsedad de la acción en el mundo. Por supuesto, al con respecto a una conciencia de La condición elaborar el significado de su clase o a una supuesta posición humana se conducta, el individuo también objetiva. La interacción dentro es elaborado por ella. compone de lo de un contexto específico es la imprevisible y de lo única medida de análisis. El individuo no es manada que ineludible. Un tejido conectivo de decide por sí sola sus acciones, ni significado vincula a los actores de una criatura que se enfrenta a una una misma sociedad con los matices sociedad que le dicta unívocamente su de las clases sociales, los grupos culturales, comportamiento. La otra persona permite su las historias personales, el ser hombre o mujer, despliegue pero también limita sus posibilidades. joven o viejo, etc. La existencia común es un Cualquier acción se lleva a cabo anticipando el inmenso proceso de comunicación, ya que comucomportamiento de los demás, poniéndose nicar es, ante todo, intercambiar significados mentalmente en su lugar, previendo su margen de mediante el intercambio de vínculos. Lo simbólico maniobra. En principio, sigue siendo accesible a es la materia prima. El conocimiento del lenguaje, una comprensión mínima que permite el ajuste y el compartir un código, no sólo implica un el intercambio. Lo social y lo individual se entrelapensamiento común, sino también una serie de zan en una incesante reinvención de la escena actitudes hacia el mundo, disposiciones colectiva. La sociedad es una obra interminable, mutuamente predecibles. El vínculo social es un un proceso que se hace y deshace según los debate sobre la definición de las situaciones, es significados y debates que los actores ponen en decir, sobre los significados que se atribuyen unos marcha. a otros.
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El vínculo social es un debate sobre la definición de las situaciones, es decir, sobre los significados que se atribuyen unos a otros. Los individuos no siempre viven en las mismas dimensiones de la realidad, forman parte de mundos sociales, provincias de significados que pueden dar lugar a conflictos de interpretación
N. L. Has planteado una cuestión muy original: el cuerpo como lugar de enunciación del mundo. La relación individual y colectiva del ser humano con su cuerpo linda con conceptos políticos, económicos y culturales sobre los que se ha reflexionado intensamente en el último medio siglo. ¿Por qué entonces el suicidio (ese olvido absoluto del cuerpo y de sus posibilidades) parece ser más recurrente en la sociedad moderna?
D.l.B. El cuerpo es el lugar necesario de presencia en el mundo para cada individuo. Somos nuestro cuerpo, no lo poseemos. En este sentido, suicidarse consiste en suprimirse como persona, y no sólo como cuerpo. El suicidio es siempre un hecho de sentido. Expresa la actitud de un individuo singular en ese momento ante una situación. La gente no se suicida por la separación, el duelo, la soledad, la vejez o la pobreza, sino porque la existencia ya no parece posible tras la separación o el duelo, porque la soledad, la vejez o la pobreza se viven como tragedias sin salida. Si el trabajo está en el corazón de la existencia, si da al individuo orgullo, realización y sentido de valor personal, es
evidente que el desprecio y el acoso minan profundamente su apego a la vida, y a veces incluso los allegados son impotentes para frenar su caída, su sentimiento de haberse vuelto insignificante. No es el acontecimiento en sí lo que induce la voluntad de morir, sino la interpretación que el individuo le da con respecto a su existencia. Aunque algunos suicidios parecen lógicos en retrospectiva (pero cuántos hombres y mujeres siguen viviendo un terrible sufrimiento sin pensar ni por un momento en acabar con su vida), la mayoría son probablemente el resultado de un acto suicida. La mayoría de ellos son indudablemente imprevisibles. Para los demás, el suicidio siempre contiene un elemento de enigma, los medios para entenderlo están enterrados en una historia de vida, y tratar de reconstruirlos es más bien una tarea indecidible. Un hombre trabaja todo el día en su oficina, bromea con sus colegas, vuelve a casa y se dispara en la cabeza.
No tiene mucho sentido establecer una "causa" para un suicidio desde el exterior. Este es el abismo en el que a veces se pierden los familiares, tratando de comprender, alterados y creyéndose culpables de un acto que no pudieron prever ni detener. En la hermosa película de Kore-Eda, Moborosi (1995), un joven trabajador se suicida mientras camina tranquilamente por una vía férrea en medio de la noche, a pesar de los cantos de sirena del maquinista del tren que no pudo evitar el accidente. Su joven esposa está aturdida por el suicidio de su marido. Era feliz, o más bien todo en su comportamiento daba la apariencia de felicidad, la amaba, a su hijo también, tenía amigos, ella nunca lo había visto en un estado de tristeza. Su muerte es para ella un abismo de sentido no resuelto. Sin embargo, se
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rehace aceptando casarse con un viudo de otra ciudad, padre de una niña. Los años pasan, los niños crecen, la pareja se acerca. Sin embargo, un día debe volver a su ciudad para la ceremonia de boda de su hermana. Sus pasos la llevan al barrio donde vivía antes de la tragedia. Entra en un café que ella y su marido frecuentaban. La dueña la reconoce y le dice que su marido se acercó a su mostrador unas horas antes de suicidarse, como solía hacer al salir del trabajo. Ella también sigue preguntándose, porque esa tarde estaba como siempre: alegre y tranquilo. La herida de la joven se reabre. Regresa a su nuevo hogar, pero se aleja poco a poco de su compañero; y se pierde en largos y dolorosos ensueños. Una noche su angustia estalla y no regresa. En un promontorio rocoso, mira hacia el mar mientras la noche se acerca al amanecer. Su marido la encuentra y camina hacia ella. Pero ella está en otra dimensión del mundo, inaccesible, y de repente se derrumba, se vuelve hacia él y le grita: "¿Por qué? ¿Por qué hizo eso?". Desconcertado, el hombre permanece en silencio durante un momento, y luego le cuenta que un día su padre estaba pescando frente a la costa en su barco cuando vio un moborosi, un extraño y hermoso resplandor en el horizonte que lo atrajo irresistiblemente hacia el mar abierto. No sabe cómo se las arregló para volver. "Habrá visto a un moborosi", añade el hombre, refiriéndose al antiguo marido de su compañera. Ella le mira estupefacta, angustiada. El abismo del sentido se resuelve quizá finalmente en un nombre, o más bien en una narración que lo nombra, y lo devuelve así a lo pensable. El moborosi es una imagen paradójica de lo irrepresentable. Pero autoriza el duelo, al liberar a los supervivientes de la culpa y el enigma. Creo que los motivos de un suicidio son inextricables porque mezclan demasiados
vínculos, demasiadas resonancias secretas, demasiadas heridas o expectativas vanas, demasiado silencio. El momento del acto es, la mayoría de las veces, un punto de culminación que podría no haber sido si las circunstancias hubieran sido diferentes, incluso por un soplo. La tentación de suicidarse a veces llega a la conciencia en un momento de la historia personal antes de desaparecer, borrada por nuevas circunstancias. La muerte de un ser querido, una separación dolorosa, una enfermedad, un fracaso. La tentación de acabar con todo se aleja, y poco a poco un bálsamo alivia la herida, o los acontecimientos de la vida la alejan. Los imperativos de la vida cotidiana con sus innumerables rutinas son una forma de prevención, permiten superar una mala racha. El grano de arena que precipita el acto no habría tenido el mismo impacto unos días antes o después. Un hombre que se queda sin aliento decide ahorcarse. Se está preparando para lo irreversible cuando de repente suena el teléfono. Duda y finalmente responde. Un amigo le pregunta si puede ir a verlo unos días después. Los dos hombres intercambian algunas palabras. Cuando cuelga, guarda la cuerda y la vida continúa. De hecho, el suicidio rara vez es una búsqueda de la muerte, es ante todo el fin de un sufrimiento o de una imposibilidad de dar sentido y valor a la propia presencia en el mundo. Su objetivo es desaparecer, dejar de estar ahí. A falta de una solución a la impotencia y a la irreversibilidad de la situación, la muerte le parece al individuo la única salida a una tensión insoportable. En el corazón del suicidio se encuentra el sentimiento de que la existencia no fluye con suavidad, sino que requiere un cierto
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esfuerzo, una capacidad de doma que pasa por pausa en el límite de la existencia, sin más periodos contrastados. Pero el suicidio no está compromiso que el momento que se avecina. En necesariamente vinculado a circunstancias principio, el caminante está desconectado del específicas. Estaba ahí, enroscado en el corazón de agarre del celular, abierto a su entorno, a los la existencia, como una grieta que se iba encuentros, al paso del tiempo. Por primera vez, ensanchando pero de forma insensible. Los tiene plena soberanía sobre sí mismo. Durante un hombres o las mujeres pueden haber vivido una tiempo más o menos largo, cambia su vida regular e indudablemente feliz durante existencia y su relación con los demás y con el muchos años, tenían un trabajo, amaban, a mundo, ya no está atado a su estado civil, a su veces tenían hijos, y un día desaparecen, sin que condición social, a sus responsabilidades hacia los nada indique por qué lo hicieron. Estaban en una demás, al peso de su historia. especie de exilio en su existencia, su aspiración estaba en otra parte. Probablemente, a Los hombres y las mujeres se encuentran menudo pensaban en la muerte como y se reconocen inmediatamente, se un refugio inminente, pero nadie lo saludan, intercambian una sonriCaminar es el lugar de sospechaba. sa, un comentario, información una ética elemental a sobre el camino o su destino, nivel humano, de una responden a las peticiones de N. L. Hace poco menos reciprocidad que información de quienes se han de un siglo, Huxley tiende a desaparecer perdido. A veces se reúnen por describió una sociedad la noche en casas rurales u distópica; que había de la vida común. hoteles, o para comer en posadas adoptado profundamente la agrícolas. En comparación con la vida velocidad y la ligereza en las cotidiana, con sus innumerables exigencias, el interacciones humanas. Tú en cambio caminante se encuentra en un momento festivo y propones caminar. Loas el pensamienfavorable, marcado por una íntima sacralidad. to autorreflexivo, a veces solitario, el Tomar estos caminos es dejar atrás la competenarte de moverse para conectar con la cia, la desvinculación, la velocidad y la tiranía de materialidad. ¿Por qué lo haces? la comunicación en favor de un mundo de amistad, de palabra, de solidaridad. Volver a las fuentes de una humanidad común en la que el D.l.B. Para mí, caminar es una suspensión de otro ya no es un adversario o un extraño, sino un las limitaciones de la identidad y de las expectatihombre o una mujer a los que nos sentimos vas que las acompañan, se desprende temporalcercanos. Caminar es el lugar de una ética mente de las responsabilidades actuales. Le lleva elemental a nivel humano, de una reciprocidad a uno a ponerse en licencia de su historia y a que tiende a desaparecer de la vida común. Es una abandonarse a las exigencias del camino. Es una feliz forma de resistencia a los valores centrales forma feliz de desaparecer de uno mismo, una de nuestras sociedades contemporáneas: velocimanera de recuperar el aliento, de hacer una
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dad, eficacia, utilitarismo, ruido, etc.
dejamos de darle energía dándole vueltas sin parar. Pero la puesta en marcha del cuerpo es una puesta en marcha de un pensamiento que se Caminar es también recuperar el cuerpo, libera de los impasses en los que se tener los pies en la tierra en el sentido físico y encontraba. Paso a paso, inventa otra manera, moral del término, es decir, encontrar los pies en otro punto de vista sobre las cosas y les quita su la propia existencia, sentirse vivo de nuevo. El nitidez. Al abrirse al espacio, proporciona una camino emprendido restablece un centro de mayor latitud. El horizonte es siempre un lugar gravedad que faltaba y que conducía a la lejano que no deja de moverse, rompe el encierro sensación de estar en desacuerdo con la propia de las preocupaciones devolviendo al individuo al historia, o bien la refuerza proporcionando aire libre y a la feliz sensorialidad del mundo. A momentos de plenitud. El espíritu bate el campo veces es necesario desviarse mucho para en completa libertad, el caminar es también un encontrar el camino de vuelta. Para sentir menos viaje dentro de la mente, de la memoria, sin dolor, hay que dejar de pensar prisas, sin miedo a ser interrumpido por un obstinadamente en el propio dolor y horario exigente o un timbre inoporelevar la mirada hacia otra cosa. tuno. Establece una distancia favoEstar en silencio Recurrir al bosque, a la rable con el mundo, una transmontaña, a los senderos, es un juntos es el parencia al momento, se surefugio para recuperar el merge en una forma activa de privilegio del amor aliento, para renovar la meditación, de contemplación. curiosidad, para desaparecer o la amistad, de la Por fin da la medida completa a por un momento y recuperar el la interioridad. Es un confianza. uso de uno mismo, y para vivir en divertimento favorable para ocasiones momentos excepcionales recoger los fragmentos dispersos de alejados de la previsibilidad de la vida uno mismo, poda los pensamientos cotidiana. pesados que impiden vivir por su peso de ansiedad. No elimina el origen de la tensión, pero cambia la forma de verla. N.L. El dolor y el silencio son elementos Caminar es un remedio para la sensación de estar apartado del mundo. Da una distancia saludable y a menudo proporciona una solución inesperada que la rumiación anterior impedía ver. A medida que pasan los días, las tensiones y los rencores se van disipando. La preocupación es siempre una restricción de uno mismo en un tiempo circular, uno da vueltas y vueltas en la impotencia de encontrar una salida. Entonces no
frecuentes al intentar explicar nuestra forma de ser en el mundo moderno. ¿Por qué algo tan ambiguo como el dolor, a menudo percibido socialmente como algo negativo y sin embargo necesario para la construcción moral; incluso artística, del individuo ocupa un lugar tan destacado en tu obra? ¿De qué manera el silencio ofrece libertad; una escapada de la vida ruidosa que fomentan el ruido y la contaminación acústica?
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D.l.B. Sí, he trabajado mucho sobre el dolor. He escrito tres libros sobre ello desde diferentes ángulos. Dos se han traducido al español. El dolor nunca se limita a un órgano, un tejido dañado o una función alterada, sino que absorbe toda la existencia. Un dolor de muelas o de cabeza resuena en toda la vida, perturbando todas las actividades. No es el cuerpo el que sufre, sino todo el individuo en el sentido y valor de su vida. Su dolor es una llamarada de sufrimiento. Cuando se prolonga, es un abismo que devora toda su energía y no deja nada disponible para la vida cotidiana. Transforma al individuo, alterando sus relaciones conyugales y familiares, su relación con el trabajo o las actividades de ocio. Toda la existencia se ve sacudida por el dolor, especialmente cuando se vuelve crónico e impone una reorganización total del sentido de sí mismo y de la vida cotidiana. Cualquier dolor, especialmente el crónico, modifica el sentimiento de identidad hasta el punto de que algunos enfermos de dolor crónico ya no se reconocen a sí mismos y viven con un sentimiento de mutilación íntima. A menudo se hace una distinción dualista entre el dolor, que afecta al cuerpo, y el sufrimiento, que afecta a la psique. Esta distinción opone el cuerpo y la persona como dos realidades de naturaleza diferente, haciendo así del individuo el producto de un collage surrealista entre un alma y un cuerpo. El dolor rompe la evidencia de la relación con el mundo, altera la relación con los demás y con uno mismo. Nunca se limita al cuerpo. Por lo tanto, el dolor siempre está contenido en el sufrimiento. Es la resonancia íntima de un dolor, su medida subjetiva. Es lo que el individuo hace con su dolor. Nunca es la simple extensión de una alteración orgánica, sino una actividad de
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sentido, una relación personal con el propio dolor. Es el significado que tiene para el individuo lo que alimenta, sin saberlo, el sufrimiento que conlleva. Si el individuo elige el dolor o lo acepta, el sufrimiento es insignificante y conduce a situaciones límite que favorecen el sentimiento de sí mismo, como en los deportes extremos o el arte corporal, por ejemplo, donde nadie se resiste a "hacerse daño" o a "adentrarse". La suspensión corporal es otro ejemplo: ser izado con alfileres insertados en el cuerpo, sin anestesia, para explorar los márgenes de la condición humana fuera de cualquier contexto religioso y vivir una intensa experiencia espiritual. También es un dolor aceptado, cuyo sufrimiento es menor, que los novatos experimentan durante los ritos de paso en las sociedades tradicionales que implican acciones en el cuerpo (escarificación, tatuaje, etc.) El dolor elegido y controlado por la autodisciplina con el propósito de la auto-revelación sólo contiene una cantidad irrisoria de sufrimiento, aunque duela. Autoinfligida deliberadamente, es paradójicamente un medio de proteger al individuo de una amenaza de autodestrucción, la escarificación deliberada es por tanto una pantalla contra el sufrimiento intolerable. Se trata entonces de hacerse daño para tener menos dolor. En todas estas circunstancias en las que el individuo decide su acción, el dolor se reviste de una dimensión moral que transforma su significado y elimina su carácter doloroso; incluso se convierte en un vector de experimentación sobre el yo y se vincula a la inmensa satisfacción para el individuo de haberlo superado. Es una forma de explorarse a sí mismo, de buscar los límites del significado que le dan sentido a uno mismo. La experiencia de las marcas corporales o los ritos de suspensión desafían profundamente
el dualismo entre el placer y el dolor. El dolor lleva incluso al orgasmo en el contexto de un contrato sadomasoquista. Su erotización alcanza su punto máximo. Pero el sufrimiento supera trágicamente al dolor, especialmente en el caso de la tortura. El dolor infligido de forma traumática deja un rastro de sufrimiento incluso cuando las secuelas se han curado aparentemente. Mutila una parte del sentido de la identidad del individuo, y éste nunca podrá olvidarlo del todo. Si el dolor es una palabra singular para la persona que lo experimenta, tiene una miríada de significados. Si hay una pluralidad de dolores, es en primer lugar porque hay una pluralidad de sufrimientos. Y, por supuesto, en el caso de una enfermedad grave o de las secuelas de un accidente, el dolor está inmerso en un sufrimiento considerable. Pero incluso en estas circunstancias sigue estando impregnado de significado. A pesar de ello, el individuo recurre a amortiguar su sufrimiento precisamente a través de técnicas de significación: hipnosis, autohipnosis, relajación, meditación, sofrología, etc. Intervenir en la significación del dolor transforma su impacto en términos de intensidad del sufrimiento.
El sufrimiento no induce ninguna experiencia obligatoria, ningún rastro biológico lo programa. El individuo, sin saberlo, sigue siendo el artífice de lo que vive a través de ella. Si se le impone, lo hace a través del prisma de su historia personal, el sufrimiento que experimenta también está modulado por sus recursos internos o los que sabe movilizar a su alrededor. Puede destruirlo, aniquilar toda fuerza de voluntad y transformarlo en un ser de quejas y lamentos si se abandona a
ella, puede cegarlo, despertar su resentimiento, su irascibilidad hacia los demás o alejarlo de todo contacto. Pero, a la inversa, puede abrirle a los demás, hacerle sensible a su presencia, darle la sensación de seguir vivo. El sufrimiento es siempre de alguna manera lo que el individuo hace de él, no es una fatalidad. La misma lesión, la misma enfermedad no suscita las mismas reacciones en los pacientes según sus valores, su historia, su entorno... El dolor es siempre un sentimiento, golpea a un hombre o a una mujer en su carne, no es una generalidad, una especie neurológica, sino un hecho individual de sentido. Está lejos de ser sólo un evento que afecta al sistema nervioso. Los datos afectivos derivados del contexto interfieren constantemente en su intensidad. Si el dolor fuera una mera sensación o un mensaje nervioso, éstos no tendrían ningún impacto.
También habla del silencio, uno de mis temas de investigación más queridos. El silencio ofrece múltiples figuras para la reflexión. Es un lugar de interiorización y, por tanto, una hermosa evasión de las limitaciones sociales de la disponibilidad de la vida cotidiana, una inmersión en uno mismo, no por solipsismo, sino para alcanzar una parte de la universalidad. Es una resistencia al océano de ruido que nos rodea, una forma de volver a llamar al pensamiento, una atención feliz al mundo y a uno mismo, una apertura al cosmos. Es una forma de meditación que consiste en dejar flotar los significados del entorno para captar otros estratos de la realidad, pero liberados de las restricciones de sentido en las que estamos permanentemente atrapados. Se trata de volver al estado de criatura, por así decirlo. El silencio es también una forma de contemplación, un homenaje a la belleza del
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mundo, un deseo temporal de romper con el lenguaje oral y entregarse por completo a un sentimiento de felicidad y continuidad con el mundo. Estar en silencio juntos es el privilegio del amor o la amistad, de la confianza. No es necesario hablar cuando las caras están de acuerdo. Caminar es una actividad de solicitud directa de silencio. Un caminante es un hombre o una mujer que se aleja del tumulto ambiental para encontrar una forma de espiritualidad de paseo, un universo calmado que reconecta con lo que podríamos llamar la creación. Pero para el creyente, el silencio es también el lenguaje de Dios y de la oración, más allá de los estrechos límites del lenguaje oral, de estar aislado del mundo. También es inherente a la palabra, que requiere un tiempo de silencio para ser formulada y escuchada.
silencio, la meditación y la interioridad, ahora tenemos que vivir en un mundo permanente de timbres y grandes soliloquios en la acera, en los cafés o en los trenes, porque el espacio público está ahora a menudo saturado de discusiones privadas. Este mundo de exterioridad rodea cualquier esfuerzo de interioridad y me llevó, hace unos años, a intentar construir una antropología del silencio en una forma de resistencia interior y de reivindicación de un universo que creía cada vez más amenazado en este sentido.
Hablar de interioridad y de silencio en el mundo contemporáneo es introducir un doble asombro, y sin duda una doble repulsión, o bien mantener la llamada a una resistencia íntima a un mundo cada vez más reducido a los signos y menos al sentido. Estamos en el mundo de la mirada, de la imagen, en las terrazas de la sociedad del espectáculo. Tenemos que ponernos fuera de nosotros mismos para poder existir; la exterioridad se antepone a una interioridad reducida a un páramo. Para las generaciones más jóvenes, se convierte incluso en un abismo que hay que conjurar, un mundo de miedo. Hay que permanecer lo más posible en la saturación de los sentidos con teléfonos móviles, música, etc. Enfrentarse a uno mismo es demasiado aterrador. E incluso para aquellos que suelen ser adeptos al
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Mauricio
LEÓN GUZMÁN Desdémona ¡AY, Otelo! Tus oídos escucharon las intrigas de Yago. Apretaste los dientes por la ira que te atiborraba. La sangre te hervía y tu cara se enrojeció. Enloquecido me buscaste. Al encontrarme, tus ojos me clavaron una mirada furiosa, extendiste los brazos hasta que tus manos agarraron mi cuello y lo oprimieron con toda la fuerza que los músculos te permitían. Me impediste respirar durante largos minutos y al borde de la muerte quedó mi vida.
Pero nunca imaginaste que yo, Desdémona, con un último aliento, mirando con fijeza y desprecio tu rostro, empuñaría con mi diestra la daga que con astucia llevaba oculta en mi vestido y la clavaría en tu corazón; que así terminaría con tus celos, que así habría de correr el rumor de tu suicidio, fingiría mi muerte y escaparía por fin con Casio. ¡Ay, Otelo!
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Luis Carlos
ROA GIL Posmortem TAN bello y tan lúgubre es el cementerio. Cuento las tumbas llenas de melancolía, la de los espíritus, las de mis hermanos caídos; espíritus errantes de tiempos antiguos; espíritus
impuros rezan mi nombre. Más oscuro, más profundo el camino se desvanece…
…Y discurre junto al cortejo.
Ellas avanzan silenciosamente. Se detienen, vuelven a andar y frente al mausoleo, al borde de las lágrimas, entrelazan sus dedos.
«¿¡Aeleen!?» ¡Tic, toc!, «¡Isabella!». ¡Tic, toc! «¡Estoy aquí! ¿No pueden verme?»
Resulta fascinante cómo la luz desgarra el amanecer.
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Alibé
ÁLVAREZ La Blanqueada AQUELLA noche de agosto de 1947 sentía que mi esqueleto se desintegraba por un frío atroz e invalidante. Apenas doblé la esquina de Ravanal y la Avenida Sáenz, la única opción fue empujar la puerta de La Blanqueada; ese bodegón regenteado por Alfonso García Rodríguez, un gallego que manejaba al dedillo el oficio del bar.
Miré mis borceguíes heredados, sucios de cal y cemento. Había salido tarde de la obra en construcción, aterido y muerto de hambre. Me senté. El ambiente aromaba a leña encendida. Demasiada gente, también en charlas encendidas. El alcohol corría entre los parroquianos que discutían sobre política, acalorando la estancia, mientras que Alfonso no perdía detalle, con el ojo vivo y la expresión cuadrada y sin boca, atajaba botellas, servía, daba órdenes. Las patas de jamón colgaban del techo y los estantes detrás de Alfonso, estallaban coloridos de botellas encanastadas como las del Chianti; plateadas otras veces, como las de ponche Capitán de Castilla. Hurgué en los bolsillos de mi gabán. Apenas encontré unas monedas y me pregunté si alcanzarían para una porción de jamón y una copa de vino. Le consulté al mozo, y este a su vez a Alfonso, que hizo apenas una mueca de aprobación. Al rato, el mozo me dejó una fuente enlozada con cinco lonchas de jamón rojo oscuro y firme que aguaron mi boca y un vaso con vino El Vasquito; que era lo que podía pretender con poca guita. Mis pensamientos se perdían -entre sorbo y sorbo– en mis cuatro hijos y en mi mujer. Pensar en ella me destruía. La odiaba como a nadie y recordaba las certeras palabras de mi mamá.
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—¡Otra copa, por favor! El mozo miró a su patrón y llenó con desgano mi vaso nuevamente. Arriba de una de las estanterías, la foto del General Perón montado en su caballo pinto reinaba en el salón. Alcé el vaso y agradecí al General, con un inventado brindis, el haberme quitado las alpargatas. —Che, otra copa más. —Disculpe, señor, no puedo. —¿Y quién lo dice? —Lo digo yo— escuché desde el mostrador —Lo digo yo que soy el dueño del circo y los monos brutos como tú, beben hasta donde que yo quiero. Me puse rojo de furia y de vergüenza. Todos dejaron de hablar y clavaron sus miradas en mí. —Además, en mi presencia no se habla ni de Perón ni de su querida. Si está la foto colgada de la pared, es por obligación—continuó el gallego. —Cállese, muerto de hambre. En España no tenía qué morfar y tuvo que venir a la Argentina. Debería lavarse la boca antes de hablar de la Eva y de Perón. —Pues el muerto de hambre es usted, mendigando jamón. Salga inmediatamente de mi bar o lo echo con la policía. Todo se puso negro para mí. No veía más que luces enceguecedoras, vidrios rotos. No comprendía una sola palabra del murmullo generalizado. Solo la voz detractora de Alfonso García en mis oídos con el tono peyorativo de siempre. Solo lo escuchaba a él humillando a Evita, — puta y mil veces puta— repetía. Me paré como pude. Trastabillando me acerqué al mostrador donde el gallego seguía echando maldiciones. Le hablé encima de su cara cuadrada, él me empujó: —¡Qué lo saquen, dije! Había una copa cerca, la tomé y la partí sobre el canto de la mesa. —A quién hay que sacar— pregunté amenazante.
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La cara de Alfonso se transfiguró. Cuando me acerqué intentó empujarme y ahí nomás, sin remordimiento, le metí un vidriazo que le cruzó el cuello desde la oreja. La sangre saltaba como agua de un dique destruido de golpe: desmedida, copiosa, roja clara.
Todos estábamos bañados con la sangre de Alfonso, sobre todo yo, que había lavar el agravio. Lo vi caer como un cacho de carne pálida y fofa sobre el mostrador de
La Blanqueada. Miré su cara sin expresión. Ni siquiera el horror del último momento logró alterar su gesto. Me sentí saldado y con un soplo ligero de placer en el pecho.
Escuché el pitazo del vigilante de la garita. Alguien lo había llamado. —Usted, cómo se llama— me preguntó. —Aurelio Gagliardo. —Aurelio Gagliardo, queda usted detenido.
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Amado
SALAZAR La conjura ABRUMADO en un diván de su jardín, bajo un oscuro tamarisco, el viejo oligarca se reprochaba su negligencia… ¿Cómo pudo permitir que aquello sucediera? ¡Él, que había visto desfilar reyes, humillados por un advenedizo de la peor calaña! ¡Por un charlatán miserable y oportunista! ¡Y encima, a quien la plebe aclamaba! Solo sintió temor cuando, años atrás, sus enemigos lograron deponerlo. Pero incluso entonces supo perpetuarse en el poder a través de su hijo y más tarde, de su yerno. Este último ocupaba ahora su antiguo puesto, aunque en la práctica era él quien gobernaba. Nunca había dejado de hacerlo a decir verdad y tampoco se lo proponía… Esta vez, sin embargo, se enfrentaba a un rival distinto: uno astuto e intransigente. Amedrentarlo no era una opción; sobornarlo, tampoco: él no era como el estúpido gentil al que llamaban procurador. A ese simplón lo había amansado financiándole sus caprichos, avivando sus temores… Sí, llegado el caso podría aprovecharse de eso. No le sería difícil: bastaría con insinuarle la proximidad de otra revuelta.
—Está aquí —anunció a sus espaldas un criado suyo. La noche era un enjambre de tábanos y el viento un susurro acalorado. —Hazlo pasar —le ordenó—. Y vigila que nadie nos interrumpa. Al instante una silueta emergió del pórtico y avanzó arrastrando los pies, como desconfiando hasta de sus pasos. Cuando estuvo en frente , se arrodilló y se deshizo de la capucha, dejando al descubierto una enmarañada melena rojiza. Largas noches en vela se adivinaban en sus mezquinos ojos de serpiente.
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—No te estarás acobardando, ¿verdad? — dijo el oligarca extendiéndole una copa de vino. A la luz de la luna, el líquido palideció como la sangre de un cordero recién sacrificado. No era la primera vez que se reunían. Ya antes habían discutido los pormenores hasta el hartazgo. Entonces le pareció un hombrecillo ruin y malhumorado; quizás no muy brillante, aunque ciertamente, bastante sensato. Y algo codicioso también, pero eso era más bien una ventaja. Aquel era justo el hombre que necesitaba. —¿Qué le pasará? —dijo al fin el recién llegado. —Deja que nosotros nos encarguemos. —Él confía en mí —gimió el hombrecillo estrujándose las manos—. Y es un buen hombre. No merece lo que va a ocurrirle. —¿Por qué te preocupa su suerte cuando la de nuestro pueblo peligra? ¿Acaso no fue por eso que nos buscaste? El hombrecillo agachó la mirada y se mordió los labios. Luego abrió la boca, pero de inmediato volvió a cerrarla. El oligarca notó que la respiración del hombrecillo se agitaba, que el párpado izquierdo le temblaba. ¿Acaso se habría equivocado al elegirlo? Después de todo, ese revoltoso muerto de hambre no era tan distinto al otro: ambos eran sucios, holgazanes, resentidos; ambos confundían la elocuencia con la palabrería, la indignación con la envidia, la justicia con la revancha… Sí, de pronto comprendía por qué la chusma aclamaba a ese piojoso insolente con delirios de grandeza. Debió adivinarlo, estaba claro desde el principio. Tan claro como que no bastaría (ahora se daba cuenta) simplemente con eliminarlo. No, antes debía humillarlo, privarlo de su carisma, castigar su arrogancia… Debía, en una palabra, exponerlo como el farsante que era. Pero… ¿Cómo hacerlo? No sería fácil. Requeriría de toda su astucia e influencia. Y también, aunque le disgustara admitirlo, de la colaboración del insignificante hombrecillo que tenía en frente; el mismo que ahora insistía en callar y rehuirle la mirada…
¿Qué estaría pasando por su cabeza? ¿Por qué simplemente no decía lo que pensaba? ¿Acaso preparaba una excusa? ¿Una disculpa por hacerle perder el tiempo? Si era el caso, más le valía que fuera una buena… —Quiero el doble —balbuceó el hombrecillo por fin.
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«Estos miserables venderían a su madre por un puñado de siclos», suspiró aliviado el oligarca. —Está acordado —se apresuró a responderle—. Pero debes actuar pronto. Esta noche, a más tardar. Y le tendió la mano con displicencia. El hombrecillo se incorporó de un salto para cogerla entre las suyas.
—Cuente con ello, su excelencia —dijo besándole el anillo. Y así, resuelto a consumar su traición, Judas abandonó el palacio de Anás.
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Juan Fernando
MONDRAGÓN El final de los adioses ADVERTENCIA: Ya nadie sabe a ciencia cierta cuál es la historia que este cuento supuestamente cuenta. Más allá de sospechas, no se le conocen lectores tempranos. Los libros que lo contienen, tienden a multiplicar una reproducción infiel de esta nota. Yo, que no soy el narrador, sino un simple extemporáneo, llegué aquí y encontré los cuartos vacíos, la cama deshecha, dos de los cinco focos encendidos, y las puertas del cuento entreabiertas. Temo haber llegado demasiado tarde, y no poder rearmar ni fábula ni trama, aunque muchos después de mí lo han intentado, deduciendo una posible conexión entre las palabras que yacen en el suelo, “el final de los adioses”, en cuyas vocales se distingue un claro olor a sangre, la foto de un hombre encontrada en la cocina (¿protagonista?, ¿personaje circunstancial?), y las señas de lo que parece ser el forcejeo de una ventana. También hay quienes aseguran que todo esto es un ardid, la trampa de un autor engorroso, y que el personaje de este cuento soy yo, y que su historia es la historia de un cuento no contado; pero debo advertir que no es así. Yo puedo irme de este sitio en cualquier momento, y el estar hablando ahora no me convierte en el narrador, ni siquiera en el protagonista. De otra forma, ¿qué función cumpliría este caballo con cabeza de hombre que viene viéndote sin parpadear desde el momento en que pusiste los ojos sobre esta página?
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David Ricardo
ZAMBRANO La mesa UN día cualquiera, una tarde cualquiera en la ciudad de Bogotá, salía de trabajar, si es que a eso se le puede llamar trabajo… En fin estas letras no van a decir nada sobre lo que me da comer. Tenía una cita con una amiga, una mujer a la que había frecuentado poco durante los últimos meses, pues me considero una persona molesta y siento además que no soy suficiente para ella. Me gusta darle su espacio, a pesar de que esta chica me encanta. El lugar de encuentro era en la Castellana, a tan solo a unas pocas cuadras de la autopista norte con calle 100. Lo suficientemente alejado de la zona de poca monta en la que se encuentra la pensión donde he arrumado unos cuantos libros, un par de guitarras y una gata enferma. Salir del barrio siempre es como viajar a otro país, unas veces peor, otras veces mejor; ese día no sería la excepción… Como siempre, llegué lo suficientemente temprano como para morir de tedio, mientras me convencía de no poder apurar a esa otra persona, pues era yo quien había llegado cuatro horas antes de lo acordado. Nada podría darme el poder moral para decirle que ya me encuentro aquí y que estoy tratando de no aburrirme debido a mi absurda puntualidad, o es que tal vez llegué antes para no hacerla esperar, aún no lo sé. Todo fue decisión mía. Debía ocupar esas cuatro horas en algo. Caminé durante pocos minutos, observé la zona; bastante corriente para los impuestos y arriendos que se cobran. Un parqueadero repleto de personas sin hogar, que daban unas cuantas indicaciones a aquellos que intentan acomodar sus autos, para así obtener unas cuantas monedas en forma de agradecimiento por funcionar como espejo retrovisor. Luego está el teatro que, en ese momento tenía unas indecentes pancartas
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publicitarias repletas de colores; hacia la derecha del teatro y doblando la esquina había un pequeño café de toque francés. Unas cuantas mesas frente del lugar llamaron mi atención. Entré y pregunté si debía hacer la orden ahí o si la podía hacer desde la mesa. La chica que estaba atendiendo se ganó toda mi atención, sus ojos color verde esmeralda me habían embelesado; ella mencionó las recomendaciones del menú, no entendí nada de lo que había dicho, pues mi atención estaba en sus ojos y no en su voz con un leve acento extranjero, así que pedí un capuchino y tomé asiento en una de las mesas afuera del lugar.
Tomé un libro de mi maletín y mientras iba avanzando entre líneas, leí “Mi alma borracha de cerveza es más triste que todos los árboles de Navidad muertos en todo el mundo”. Así fue cómo escuché que Chinaski me gritaba desde la otra mesa que no me sintiera tan especial, que no podía ser más miserable que mis pares. El café llegó y ella esbozó una pequeña y tímida sonrisa la cual me hizo reconocer que la espera sería mucho más amena. Sin embargo, en cuestión de segundos olvidé aquellos hermosos ojos y sólo pude concentrarme en desvanecer el pequeño corazón de crema y espuma dibujado en el café y así disolver la papeleta de azúcar que venía junto a este. No presté atención a mi alrededor, intenté levantar la taza y ésta se sacudió como si Richter quisiera escupirme por haber manchado el honor de algunas de sus hijas. En realidad nunca he leído sobre Richter y sus hijas, no sé si tuvo hijas, sólo sé que analizaba movimientos bruscos. Aquella mesa de tono grisáceo se había empapado de café. Sorbí el charco del pequeño plato que soportaba la taza, luego empecé a moverme con sumo cuidado para no hacer un reguero aún mayor. Una pareja observaba con escándalo y echaban unas cuantas risas burlonas sobre cómo limpiaba la mesa y parte del pocillo con papel higiénico que guardaba en mi maletín. Pocos pueden presumir de tener papel de baño en sus maletines; soy un tipo igual de sensible del estómago como del corazón, así que cargo un pequeño rollo junto a mí en esta tortuosa ciudad. Terminé de limpiar mi estrago, sólo esperaba no tener la necesidad de entrar al baño. Di un sorbo y el café estaba simplón y más frío que caliente; agregué un poco más de azúcar y lo bebí de un tirón, nada del otro mundo. La chica se encontraba en la mesa del lado tomando otra orden, una vez terminó, la llamé con suma delicadeza y le pregunté si tenía algo con licor, a lo que respondió que lo único que podía traerme era un café con amaretto. Asentí, y le dije que cualquier cosa es mejor que estar completamente sobrio. Pregunté su nombre y me contestó que lo mejor era no saberlo, ella se había percatado que yo no era de ahí. El Amaretto apareció en frente, forcé una sonrisa y le di las gracias. No pensaba incomo-
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-dar más a la mujer más hermosa del lugar en ese momento. Me seguía moviendo con cautela, aparté mis pies de la base de la mesa para no causar más accidentes, me moví con el mayor cuidado posible, era un extraño, en un lugar extraño; nadie tenía porqué aceptarme, sin embargo, yo debía adaptarme. Yo era el mayor desconocido, así que a aquella mesa la traté con tal delicadeza, que me terminé adaptando a su cojera, me acostumbré a su tambaleante forma de soportarme. Continué con la lectura y dando uno que otro trago de ese café cargado con huesos de albaricoque y ese pequeño amargo de las almendras; el sabor de café jamás había sabido tan bien, tantísimas plantas lo acompañaban. ¿Por qué no había probado esto antes? ¿Por qué no había tratado a una mesa con cuidado? Sólo necesitaba prestar un poco más de atención, sólo necesitaba percatarme que los panes y las personas en el lugar iban y venían y las sonrisas de aquella chica no eran sólo para mí; pero yo no iba a olvidar ese lugar, sus ojos, el desastre, el amaretto con café… Estar en esa mesa me lo permitía todo. Observé la hora: habían pasado 2 horas y media desde mi llegada. Leí una última línea y bebí lo que quedaba de mi taza. Me dirigí a la caja y pedí la cuenta, dejé los billetes y una pequeña propina para la mesera. Fue entonces cuando sentí que sus ojos me miraban. Levanté la cabeza y ella me preguntó si me había gustado el café con amaretto, contesté sin más, estuvo muy sabroso; si cedía un poco podría haber perdido esa competencia. Mi cita había llegado, caminamos y le dije que si quería beber algo caliente antes de ingresar a la función, ella aceptó brindándome esa hermosa sonrisa que tanto me encanta. Así que volví al lugar, pero mi mesa ya estaba ocupada, escogimos otra que se veía prácticamente idéntica. Coloqué mis manos sobre ella y empezó a tambalearse, la situación ya no me parecía tan interesante, me levanté con rapidez y fui en dirección hacia las otras mesas, todas cojeaban, aparté a una pareja que se insinuaba barbaridades, con un pie de manzana de por medio, y sacudí la mesa. Todas, todas las mesas se movían al más mínimo contacto, todas exigían ser tratadas con cuidado para no derramar lo que se ordenara, pero nadie derramaba nada, yo había sido el único en usar papel de baño para secar el desastre.
Con ternura ella colocó sus manos alrededor de mi rostro y me pregunto si todo estaba bien. Decidí no contestarle, pagué dos aromáticas; hierbabuena y jengibre. Salí para fumar un cigarro y darme cuenta de que no había llegado ahí por casualidad, todo había sido preparado, me sentía engañado por una mesa, había tratado con cariño a una tabla con cuatro patas, la había consentido más que a mi gata enferma; al final supe que donde fuera que me sentase, debía tener cuidado, todo se tambalea, unos más que otros. Esa noche reí como nunca y pude conectar unos cuantos besos. Jamás había sostenido una mano tan cálida. Estoy seguro que ella debió pensar que estaba loco al mover las mesas, y está bien, no cualquiera se obsesiona con un meneo. ¿Qué tanto pasó por mí cabeza aquella tarde?
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Santiago
GARCÉS MONCADA Tras las huellas de la locura Pocas veces nos encontrarnos con una película que nos deja sin habla. Y es importante resaltar que son muchas menos las ocasiones en que el film que nos ha enmudecido es uno en el que no se dice ni una palabra. Este es el caso de la película de cine mudo El gabinete del Dr. Caligari, estrenada en 1920, dirigida por el cineasta alemán Robert Wiene y escrita por Hans Janowitz y Carl Mayer. Esta obra, considerada uno de los mayores exponentes del expresionismo alemán, nos presenta la locura desde ángulos inexplorados, diluyendo nuestra percepción de realidad a través de escenarios inclinados hacia lo extraño, donde lo puntiagudo y lo desproporcional se vuelven lo cotidiano, confundiendo nuestras mentes y adentrándonos sin posibilidad de retorno a un mundo terrorífico donde la maldad se compone enteramente de luz y sombras. El recuerdo como elemento narrativo juega un papel importante en esta historia. La película entera es una creación mental, una negación de la verdad que excusa la falta de conciencia y que permite al protagonista sentirse dueño de la cordura, pero entonces, ¿cómo se decide quién está loco? La doble realidad que se vive en la película es un claro reflejo de la experiencia vivida en la primera guerra mundial que había llegado a su fin, hacía pocos meses. La división del mundo en dos bandos enfrentados: versiones distintas de enemigos y aliados, excluyentes gritos de derrota y victoria al unísono, bandos obligados a cargar el desgaste mental , que como una mancha, la guerra deja en hombres y en ciudades. Las huellas de la locura, glorificadas en los libros de historia como una justificación para la hecatombe con ideales de honor y patria, e himnos a los caídos. Esta imagen de la guerra se ve representada también en el terror que produce la autoridad encarnada en el Dr. Caligari, el dominador de la mente, el titiritero, el tirano detrás de la orden asesina. Cesare, por otro lado, representa a los soldados y a las personas condicionadas mentalmente para seguir los mandatos, para asesinar y para ver al otro como enemigo.
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La música es una máquina de atmósferas, los personajes no dicen nada, pero su pantomima cala en la retina las más intensas emociones, mostrándonos la trama con una inusual claridad, todo es confuso pero es tan simple de entender, que sin saber nos permitimos la posibilidad de sentir las escenas, de vivir el horror de la mirada de Cesare, la tensión de la sombra que hunde el cuchillo, la sentencia de muerte que invoca el amanecer, ese control de la realidad, la profecía de la muerte anunciada que se hace real a mano de quien tiene el poder sobre los hilos del asesino, pudiendo acabar incluso con otra autoridad, como lo fue el secretario que acabó muerto en la primera noche.
Otra manifestación exagerada del abuso de la autoridad se ve en la manera en que los enfermeros someten a aquel que es declarado loco, primero al Dr. Caligari en el recuerdo y luego en la realidad al que a ojos de todos era el verdadero trastornado, pero que aún en su desvarío no cargaba en su conciencia ni un mínimo rastro de la locura que le era declarada dejándonos con la duda de cómo se mide la cordura y del cuándo llegamos a ser verdaderos locos. La emoción y la demencia de nuestro personaje principal tienen su esencia teñida también por el amor, como lo hizo alguna vez el Quijote, Francis usa la imagen de Jane como una meta que le da sentido a su vida, declarándola su prometida nos refleja el anhelo de un amor imposible, creando una Dulcinea con la que ha vivido la historia que cuenta al viejo. Aunque no lo sabemos ese amor platónico puede ser incluso la razón de su locura, su amigo amando a Jane de la misma forma que él pudo haber muerto bajo su propia mano por los celos, y ahora extraviaba esa realidad descargando todo el peso en la imagen oscura de aquel que lo declaraba loco y le mostraba que aquella mujer amada era una reina inalcanzable que no justificaba sus actos. Para concluir y como último referente a la autoridad, el entorno de feria y el acto en el que el doctor da de comer a Cesare con cariño son la viva imagen de “pan y circo”, el macabro instrumento de hipnosis que mantiene a los pueblos sedados, dóciles y obedientes, preparados para cometer la locura de morir por un ideal que es ajeno, encarnando a Cesares y Francis atrapados bajo los deseos de quien, loco o doctor, tiene el poder sobre quienes habitan el oscuro gabinete de lo social.
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François
VILLANUEVA PARAVICINO
El comprador de libros ‹‹El gran Ulises no era bello, pero era elocuente, y sin embargo enamoró a las diosas marinas››. Ovidio
SOY existencialista, no por leer a Camus ni Sartre, sino por ética. Pienso demasiado en el vacío de la muerte, y aunque hace poco era cristiano y releía la Biblia, el horror a la nada me aturde. Acabo de despertarme, la luz se filtra de sesgo por la ventana, partículas doradas de polvo caen sobre El Quijote, El sonido y la furia, y El extranjero. Cedo a la angustia, saco de mi bolsillo la infaltable cajetilla de cigarrillos. Doy una pitada, respiro humo tibio. Estoy compungido. Este fin de semana se pierde con vértigo, y entristezco al ducharme. Vestido con ropa de calle, perfumado, tomo taxi hacia Quilca. En Wilson, me encuentro con Remedios, la bella —sí, como la de Cien años de soledad—, y nos vamos al bar Don Lucho agarrados de la mano. Dentro, nos sirven dos botellas de cerveza. —Has traído La trilogía de Beckett —le inquiero de pronto. Saca la trilogía novelesca en un solo tomo, empastado, y me alegro de tener en manos al devoto de Proust y de Joyce. Nos unimos con un beso. Sonreímos. Le explico sobre el ensayo que estoy escribiendo sobre los poetas malditos del siglo XIX como predecesores del existencialismo francés del XX. Tengo poca bibliografía, pero igual me resulta interesante. —Qué tal Mi punto de vista de Kierkegaard, y Ecce homo de Nietzsche —me pregunta Remedios mientras fuma—. Ayer los compraste, ¿cierto?
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Le explico sobre la grandeza intelectual y universal de aquellos autores inmortales, los mismos que podían trascender lo bueno y lo malo de la existencia con una libertad que rompía la común ortodoxia. Sin embargo, mirando el brillo hermoso de sus ojos viéndome, pienso con contradicción para lo que vine. Tenía que terminar con ella. Ya no sería más su amante. Además, la próxima semana era su cumpleaños y ya me doblaría la edad. Yo cumplo diecinueve en diciembre. La aventura tenía que terminar y cierto pesar me corroía la calma. —Lo siento, Remedios, pero debemos terminar —digo, de improviso, casi alzando la voz, gesticulando—. Te lo tendría que haber dicho estos días, pero no pude, soy cobarde. —Se ruboriza, pero no dice nada—. Lo siento —repito, y empiezo a balbucear. Me callo vencido. Remedios me gusta demasiado, tiene una belleza endemoniada. Ella sonríe, baja la cabeza, y dice: «Voy a poner un bolero». Se aleja, me siento inquieto. No he calibrado la magnitud de la sorpresa, pero me da igual. Me siento malvado, satisfecho, como un estúpido feliz. Me dan ganas de carcajear en su cara. Ella es profesional, periodista, y yo un universitario de la Decana de América que lee quinientas páginas por día. Yo soy el futuro; ella, el pasado; yo, la esperanza; ella, la decadencia. Odio la decadencia, debería escribir un ensayo sobre esta. Con melodías lacrimógenas, se escucha el bendito bolero; es Pedrito Otiniano con su clásico Tres Amores. Viene, se sienta, y me empieza a cantar. No creo que esté borracha, pero acaso se hace la idiota. ¿Acaso no me escuchaste? Le miro de mal modo. —Ayer estuve pensando toda la noche en ti. Y te traje una de Pearl S. Buck, es Ven, amada mía. —Saca de su bolso charolado un libro rojo empastado. —Acaso no me escuchaste. Termino contigo. Y no te acepto el regalo —le digo inquieto. —No seas tonto. Acepta mi regalo. Será uno de mis objetos que te recordarán de mí. Yo también pensaba terminar contigo, nuestra relación ya no podía continuar. Es más, ya me voy, te dejo. —Se pone de pie y deja el libro en la mesa.
Le digo adiós, y ella agita la mano diciendo adiós y se ríe. Se va dándome la espalda. Quizás ya piense que está vieja para mí y sus aventuras. No obstante, me siento infeliz. Un nudo en la garganta y un vacío en mi pecho me ahogan, y un sudor helado baña las palmas de mi mano. Miro el techo. Estas construcciones coloniales eran altas y extrañas, no como el cielo raso de los edificios actuales. Acabo la última botella y pago la cuenta. Al salir, me dirijo al bulevar de Quilca, pero me detengo en un título ofrecido por un vendedor ambulante. Es El diluvio de Le Clézio. Son seis soles y pago. No es original, pero no desaprovecho la oportunidad. Llego al bulevar y aquí sí que venden originales. Me sobran cien soles. Podría comprar cualquier título fácilmente. Busco novelas existencialistas, y pregunto en
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en las tiendas con un signo de interrogación en el rostro. Doy vueltas hasta que me topo con una edición original de El diluvio. Siento el placer de comprar libros, y mejor si estos son originales y de buena traducción. En este caso, no conozco al traductor. Pago los cuarenta soles, y salgo del bulevar. Ahora solo es cuestión de devolver el apócrifo que tengo, e intercambiarlo con otro título. El ambulante robusto, que me atendió minutos atrás, me mira con malicia. Está vestido con una camisa celeste y percudida, y un pantalón dril raído en la basta. Usa un sombrero de paja que le ensombrece el rostro y le da un aire siniestro. Le explico lo sucedido y le ruego con sinceridad su comprensión. El hombre hace un gesto arisco y se niega con un no contundente. Testarudo, desafiante, le empiezo a explicar de nuevo. El hombre se vuelve a negar de forma tajante con elevado tono adusto. Continuamos así poco a poco alterándonos más. Y de un instante a otro, empiezo a temblar. El tipo me está sacando de mis casillas. —Si no quiere a las buenas, será a las malas —digo con aspereza—. Aquí hay muchos. Agarro al azar La corta vida feliz de Francis Macomber. Con unos ojos desorbitados, me hiere con la mirada. Alza la mano con intención de golpearme y cierro los ojos. Forcejeamos unos instantes. Cedo y le tiro a la cara el apócrifo. —Solo acepte el intercambio —grito—. O acaso quiere robarme. Farfullando tira el libro al suelo. Lo recojo molestísimo y me voy de inmediato, poco a poco más triste que alterado. Saco un cigarrillo y, al prenderlo, lo boto. Debería dejar de fumar.
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Juan
GONZÁLEZ REPISO Riqueza LA excentricidad, es cosa sabida, germina generosamente en los cerebros de millonarios aburridos. Por eso, al prominente promotor inmobiliario Julián del Castillo no se le ocurrió otra cosa que, utilizando su prolífica influencia, convencer a diez ejecutivos para que instalaran sus mansiones de descanso en su pueblo natal, Villar de Cañas. El motivo, tras íntima reflexión, fue la tristeza que le producía ver que aquella aldea de sus correrías infantiles se despoblaba a la velocidad con que sobrevienen las catástrofes. Al ritmo de aquel éxodo, el pueblo desaparecería en lo que canta un gallo, como lo hicieron los dinosaurios. Aquella pandilla de ricachones, legos en horticultura y profanos en la cría de ganado caprino, tenían en común el hartazgo del ruido y la polución de la capital. En sus vidas, a caballo entre el arrobamiento y el estrés, no había paz; ni los Bourbon de día ni los ansiolíticos por las noches reparaban sus disgustos. Por eso apostaron los once, parecían un equipo de fútbol, por procurarse una vida tranquila, entre tomateras, milanos y vacas frisonas. Todo indicaba que aquello sería un hito histórico en el país y que, además, acabaría con el concesión de la mención de hijo predilecto para Julián, el vecino pródigo. Pensaron que los periódicos escribirían en sus portadas: “Once empresarios españoles evitan la despoblación en Villar de Cañas”. El portero del equipo, al que llamaban don Julián, un tigre de lo especulativo, fue el elegido para coordinar las obras de las once mansiones. Todo marchó miel sobre hojuelas; las licencias, los planos, los contratistas, de manera que en algo más de dos años se levantó aquel emporio, junto a lo que fue la antigua Alcoleia. Tanto despliegue de arquitectos, operarios y becarios, dio una vida inusitada a la aldea.
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Se abrió un restaurante, una pensión aceptable, un after con tintes de boliche y un concesionario Audi, para sorpresa del lugareño. En plan altruista, los meritorios mecenas construyeron un pequeño colegio y un polideportivo al que no le faltaba un perejil. Así, a los tres años y medio desde su gestación, el poblado dobló el número de empadronados; sólo en hijos de los promotores se contabilizaban cuarenta, contando exclusivamente los reconocidos. –¡La que se ha liado aquí, Lucas!– comentaban en la taberna dos ilustres de la tercera edad. –¡Joder!, a mí esto me huele a chamusquina. –Qué incrédulo eres, siempre igual. ¿No ves que nos van a sacar de tanta miseria? –Domingo, tú dirás lo que quieras, pero éstos vienen a sacar algo, hazme caso. –Sí, a robarnos las ovejas, ¡no te jode! El primer escollo surgió cuando los flamantes vecinos empezaron a considerar que ciento ochenta kilómetros diarios en coche para ir a sus lujosos despachos tenía poco que ver con la existencia bucólica que soñaban. Y, dicho y hecho, construyeron un helipuerto privado, para desplazarse más rápido que el viento. También consideraron conveniente montar un supermercado, La Abundancia, propiedad de un empresario que también se instaló en la localidad. Lo llamaron el suplente, por ser el número doce del selecto equipo. Por las noches, que de día pocos pululaban por las calles de Villar, se estaba de maravilla; miles de estrellas en el cielo, los relajantes balidos de las ovejas y el olor a leña quemada. Un escenario ideal, salvo por un imprevisto; los paparazzis llegaron salivando ante el olor de una exclusiva. Aquello indignó a los colonos más que si se hubiera presentado el ministro de Hacienda y, claro, contrataron un servicio de fornidos vigilantes jurados. Se acabó el atropello, pero el dueño de la empresa de vigilancia opositó a entrar en el club y fue aceptado. Mientras se construía su cortijillo, se dieron cuenta de que eran trece, cosa que da mala suerte, así que buscaron un nuevo inversor. Pero salieron cinco y no se atrevieron a decir que no. A la sazón, cuando eran dieciocho decidieron constituir la Comunidad de Vecinos Saros, nombre del ciclo que rige los eclipses lunares, toda una premonición. Fue entonces cuando, hartos de tanto despropósito, los viejos aldeanos se convocaron a una asamblea en la Taberna Paco, la del alcalde -que todo cuenta para el currículo-. Se decidió enviar un escrito a los de Saros, instándolos a que dejaran de construir tanta casona y que los volvieran a dejar criar gallinas, que se habían evaporado porque a los señoritos les impedía dormir la siesta. Y ahí los aburridos paparazzis vieron el cielo abierto y publicaron la gran noticia: “Los vecinos de Villar de Cañas se amotinan contra sus benefactores”.
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A los seis años del génesis local, se produjo un curioso dilema: qué hacer con tanto dinero en las arcas municipales. La contabilidad del consistorio pasó de manejar dieciocho mil euros anuales a tres millones. Pero se resolvió rápido, como en el cuento de la lechera, porque entre el asfaltado de calles, las reformas en la vieja iglesia, el arreglo de tejados y una fuente horrorosa que colocaron en la plaza, se quedaron sin cash. Villar era ya un pueblo normal, con ruido, basura, letreros luminosos y quejas, muchas quejas. Desembocó tanto malestar en que se hiciera una nueva asamblea, pero esta vez con todos, viejos y nuevos vecinos. Los empresarios pusieron el grito en el cielo, quejosos de tanto desagradecimiento. Que mordían la mano del que les daba de comer, dijeron. En ese instante, apoyándose en su bastón, se levantó Lucas, con sus noventa años a cuestas: –¡Siéntate, loco!- espetó Domingo agarrándolo. –¿Saben vuesas mercedes que desde que llegaron se han ido más de cuarenta vecinos de puro cansancio? –Habrán encontrado un oficio fuera, ¡yo que sé! - replico el solemne Julián. –Pues no, excelencia, se han ido porque esto ya no es lo que era. –¿Así nos pagan nuestra liberalidad? Sin nosotros vais a desaparecer. –Es posible, pero piense que aquí cada vez hay menos naturales del pueblo. Y eso, si me lo permite también es despoblación.
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Apolinar
VALENCIA Sed de sangre ME escurrí por la parte trasera de la casa para observar aquello que siempre me había intrigado. Reuní fuerzas y resolví aventurarme por aquellas lindes. Estaba nervioso, sí, pero al mismo tiempo ansioso de conocer la verdad… Busqué una pequeña ventana, que había visto en otra ocasión, y que conducía directamente al interior del primer recinto de la vivienda. Ascendí trabajosamente equilibrando el peso de mi cuerpo contra un estrecho ángulo de la pared, hasta que logré por fin asirme de la jamba con los dedos. Pero lo que vi me provocó tal escalofrío que resbalé y fui a dar sobre el viejo tejado. Rodé y caí en una pileta llena de restos humanos descuartizados. Logré salir mordido por el pánico y me mordí los labios para no gritar. Tomé aliento y caminé lentamente, tratando de ocultarme para ninguno de los infames moradores de la casa pudiera verme. Y sin embargo, allí mismo, a unos pocos pasos de la pileta, una gran figura fantasmagórica me sujetó del brazo y me condujo a uno de los cuartos interiores. No sé cuántos días han transcurrido, pero estoy seguro de que mi cuerpo ha cambiado. Y aunque no logro recordar claramente lo que sucedió después de que me arrastraran hasta las oscuras entrañas de esta casa, no puedo dejar de sentir un gran deseo de beber sangre. Este atroz sentimiento que pugna desde mis entrañas, me induce a manifestarme en una forma totalmente aberrante y sinuosa… No soporto la luz del día. Mis noches son escalofriantes debido al vacío de mi corazón y el sediento impulso que corroe mi tranquilidad. Ahora vivo solo; encerrado en mí. Asumo interiormente que soy otro . Como aquellos am antes d e lo o culto y misterioso que hicieron esto conmigo, me digo. Nada sé y nada soy, pero por todo aquello que fui alguna vez me dispongo a contemplar el mundo. ¡Buenas noches!, pronto estaré entre ustedes…
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Esperanzas NUNCA advertí tantos tintineos en mi interior. La cabeza me daba vueltas y no lograba comprender la forma en la que el escaso aire en mis pulmones intentaba advertirme que algo absoluto me ocurría. Intenté levantar un poco el cuerpo, pero este no me transmitía sensaciones. Oía voces y llantos que provenían de no sé dónde, pues mis ojos no conseguían distinguir lo que había a mi alrededor. Y entonces, vi un rostro que por encima de mi cara me miraba extrañado, pero con un extraño gesto burlón en los labios. Pude escuchar claramente cuando limpiaba su garganta carrasposa y murmuró: por fin nos lo quitamos de encima. Lo escuché alejarse y después la nada volvió a cernirse sobre mí. Ahora comprendo que llegué al final de mis días dejando a mi paso amargura y odio…
Quisiera tener la esperanza de que todo esto fuera un mal sueño y de que pronto, podría volver a sentir la bella sensación de estar con vida. Pero tan solo me queda una aberrante incertidumbre, cuya naturaleza enigmática me oculta el porvenir y lo que pueda ser de mí.
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Alberto
CABRERA CENTENO
El funeral MARCIAL despertó con un ligero mareo, intentando apagar a tientas la alarma de su teléfono móvil. Tras tirar varios objetos al suelo, se resignó y abrió los ojos para ver dónde estaba exactamente el aparato. Se dio cuenta de que el móvil seguía en sus pantalones que estaban tirados en medio de la habitación. -Apaga esa puta alarma, por Dios.
Marina, su mujer, había doblado la almohada sobre su cabeza para amortiguar el ruido, y le daba torpes patadas. La noche anterior ambos habían estado bebiendo. Marcial supo cuando detenerse, pero marina pensó que la ocasión merecía otro par de copas. No podía culparla. Finalmente Marcial se levantó y apagó la alarma. Quizá porque se había levantado muy deprisa o porque había sobrestimado su tolerancia al alcohol, comenzó a sentir nauseas, y fue corriendo al baño donde expulsó lo poco que quedaba de la cena de la noche anterior en sus tripas. Tras eso y una ducha de 15 minutos, comenzó a sentirse mejor de nuevo. Se dirigió a su dormitorio para levantar a Marina, pero escuchó un ruido en su segundo cuarto de baño que le hizo saber que la resaca había conseguido sacar a su esposa de la cama por las malas. Comenzó a hacer el desayuno para ambos y para su hija de cinco años, mientras escuchaba las noticias desde el televisor del salón, junto a la cocina. Marina entró en albornoz con el pelo aún mojado, sonriendo a Marcial. -Veo que estás mejor— dijo Marcial mientras se sentaban junto a la mesa de la cocina para empezar a dar cuenta del desayuno, especialmente del café. -Aún parece que me va a reventar la cabeza, pero creo que va a ser un buen día. - Seguro que sí (86)
Terminaron el desayuno, despertaron a su hija, y después de asegurarse de que comía y se aseaba, comenzaron a prepararse. Marcial se miró al espejo mientras se ajustaba la corbata; negra como el traje. -¿Te he comentado alguna vez lo bien que te queda ese traje? Marcial sonrió hacia el reflejo de su mujer, situada detrás de él —Me gusta ponérmelo en ocasiones especiales. No todos los días entierra uno a su padre. Llegaron al tanatorio tras dejar a la pequeña con unos amigos de Marina. En la puerta estaba Jesús, el tío de Marcial, hermano de su difunto padre. Fumaba un gran puro, y al verles llegar desplegó una enorme sonrisa. -¡Buenos días! Al saludo siguió un fuerte abrazo, primero a Marina y a Marcial después, prolongando un poco más el abrazo de este. -Pensé que no viviría para ver este día. Gracias a Dios que me equivoqué. -¿Cubano? —preguntó Marcial señalando el puro. -¡Un Montecristo! —Jesús sacó otro puro que le extendió a su sobrino. Este procedió a encenderlo, mientras su mujer les miraba con el ceño fruncido. -Disculpa, no he traído más. -No pasa nada —dijo Marina mientras cogía con cuidado el puro de la mano de Jesús que la miró perplejo. Tras la primera calada, seguida de una fuerte tos, los tres comenzaron a reír. En la cafetería del interior del tanatorio se encontraron a Cristina, la madre de Marcial, primera esposa de Agustín, su padre. A su lado estaba sentada Carolina, una mujer poco mayor que Marcial, segunda esposa de Agustín. Ambas charlaban animadamente mientras bebían café cuando vieron entrar a la pareja junto con el tío Jesús. Ambas se pusieron en pie. -No pensé que vendrías —dijo Marcial mientras rodeaba a su madre con sus brazos. -No me perdería esto por nada del mundo, cariño. Cristina saludó animadamente a Jesús y a Marina. Marcial dio un afectuoso beso en la mejilla a su madrastra antes de que ambos se fundieran en un abrazo.
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-Lo siento mucho —las palabras de Marcial fueron poco más que un susurro. -Tú intentaste avisarme. Si te hubiera hecho caso… -Déjalo estar. Lo importantes que ya se acabó. Los cincos se sentaron, repasando la vida de Agustín. La crueldad que mostró a Jesús desde su más tierna infancia, su abusivo comportamiento con Cristina, el maltrato y el desprecio hacia su hijo, los engaños y humillaciones durante su matrimonio con Carolina… Ahora todo quedaba atrás. Agustín se había llevado consigo todo el mal que había causado, dejando tras de sí una sensación de calma y esperanza en quienes lo habían sufrido. La gente comenzaba a llegar. Amigos de Agustín que nunca habían padecido su verdadero ser, y que habían visto tan solo el rostro que él reservaba para los menos cercanos; un rostro afable que encandilaba en cuestión de minutos y que desconcertaba a aquellos que le conocían en realidad. Estas personas miraron con desconcierto y cierta repugnancia el improvisado brindis con café que el quinteto dedicó a la dolencia que llevó a Agustín a la tumba. Marcial, Carolina y Jesús recibieron con estoicismo las condolencias por su pérdida, hasta que por fin dio comienzo el oficio religioso que precedía al último adiós. Sentado en primera fila, Marcial escuchaba impertérrito al sacerdote. Miraba el ataúd situado junto al altar, en el que el cuerpo del único hombre al que había odiado yacía inerte con una expresión beatífica en el rostro, que nada le recordaba a su padre. Marcial permaneció absorto hasta que llegó el momento en el que el sacerdote le invitó a dedicar unas palabras a su padre. Su mujer le apretó ligeramente la mano y le dedicó una triste sonrisa. Marcial se dirigió hacia el micrófono mientras notaba los ojos de todos los asistentes en su espalda. Dedicó una breve mirada a su padre antes de dirigir su vista hacia los bancos donde estaban sentados amigos, familiares, compañeros de trabajo y conocidos; la mayor parte de ellos ajenos a la realidad que se escondía tras la mentira que fue la vida de Agustín. Todos esperaban expectantes a que comenzase a hablar. -Mi padre... -Marcial titubeó antes de proseguir- Fue un ejemplo a seguir cada día de mi vida, que me llevó a ser la persona y el padre que soy hoy en día... Mientras pronunciaba el resto de su discurso oía como algunas personas rompían en un llanto lastimero, destacando su madre, su madrastra y su tío, que como él interpretaron el papel que de ellos se esperaba.
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Giovanni
ALGARRA-GARZÓN La flor roja en el laberinto ucranoruso SU madre era empleada del servicio doméstico de una familia adinerada en el Pedregal. Cuando decidieron mudarse sus empleadores, le dijeron que tomara los libros que deseara de los anaqueles, pues ellos no podrían llevar a su destino en el extranjero más que algunas valijas. La empleada no sabía de libros, así que decidió consultarle a su hija. Ella le indicó algunas obras que le interesaban, entre las que se encontraban algunas acerca de pintores del Este de Europa. Cuando fui a la pequeña habitación que rentaba en el sur de la ciudad, la madre ya le había dejado las obras y me las enseñó gustosa. Tomé al azar un libro y me quedé embelesado con una pintura. En ella estaba retratado el ruso Pável Mikhailovich Tretyakov, uno de los marchantes más destacados del s. XIX. Su mecenazgo fue legendario entre los artistas y por ello, el ucraniano Ilya Yefímovich Repin lo pintó con mucho esmero y cuidado. La pintura que yo contemplaba mostraba a Pável de pie, maduro y juvenil, podría pensarse que tendría unos cuarenta años, con un rostro sereno y de perfil, con su brazo derecho abrazando al izquierdo, no enteramente cruzado, solamente apoyado; una postura realmente elegante y nada pretenciosa, como suele ocurrir con las poses en los retratos. Vemos a Pável en un salón repleto de obras de arte, pero ninguna es clara, solamente, él, Pável, está definido. Es como si Ilya nos quisiera decir que lo más definido en el arte es quien que ama las obras y colabora con su financiación y difusión; sin ese magnifico bienhechor ruso, nada allí podría ser claro o terminado. Al darme cuenta de la maestría de ese pintor ucraniano, quise conocer su obra. Al buscarla en la red descubrí que era magnífica. Nada de lo que había pintado podría desmeritarse. Estaba viendo los detalles cuando encontré una pintura que yo reconocía por su
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descomunal fama, no sabía que semejante obra era de Ilya, a saber, Iván el terrible y su hijo . Una pintura que no ha estado exenta de polémica y graves agresiones. En ella vemos al desconsolado Iván, tirado en el suelo, abrazado al cadáver de su hijo, con los ojos extraviados, a quien él asesina, en un arrebato de cólera, con un bastón metálico que también contemplamos en la escena. Es difícil mantenerse impertérrito ante ella. La obra se impone sobre nosotros y nos arrolla como La ola de Hokusai, pletórica de locura y dolor. Una imagen así no debería existir desde el punto de vista de los ultranacionalistas rusos; la potencia de esa pintura ucraniana mancilla la imagen de Iván el Terrible, una leyenda de la patria. Muchas veces ha sido agredido el cuadro. Tantas en las que de nuevo se trata de recomponer, con muchos esfuerzos y delicadeza, la vitalidad y contundencia que Ilya imprimió en él. No dejé de observar la obra hasta que se me ocurrió plantearme la siguiente pregunta ¿Quiénes fueron los modelos que usó Ilya para jugar el rol de Iván y su hijo? Emprendí la empresa de resolver esa cuestión. Finalmente investigué que Iván fue representado por el pintor ruso Grigoriy Myasoyedov y el hijo por el cuentista ucraniano Vsevolod Garshin. Continuaba en ese extraño embrollo de coincidencias, a la luz de la luna, la cual se filtraba por el tragaluz de la diminuta habitación. Ella hacía su tarea universitaria, mientras yo deambulaba de la mano del azar. Al fondo se veía que el té ya estaba caliente, pronto ella lo serviría. Quise buscar un cuento de Garshin para amenizar el momento de la bebida caliente y aprovechar ese descubrimiento, en la noche de luna llena en el laberinto ucranoruso de su excelso pasado. Encontré La flor roja, del cual no sabía absolutamente nada. Así que me dispuse a leerlo en voz alta mientras bebíamos el té de jengibre. Mientras lo leía nos envolvía tan grácilmente como la pintura de Ilya, por un mundo de enfermos mentales que no logran escapar de sus obsesiones y su retorcida racionalidad. A medida que ingresábamos en el ámbito de La flor roja, esta, al igual que el modo en que la veía el protagonista, uno de los pacientes del sanatorio, se iba llenando de todo el mal del mundo. La tarea autoimpuesta del enfermo era destruirla para conquistar la paz. En ese instante algo rompió nuestra concentración. Supimos, por la irrupción de las noticias en los celulares, que encendieron sus pantallas, que entraban los tanques de guerra rusos a Ucrania. Una guerra iniciaba. La flor roja ya no podría destruirse… de nuevo todos quedábamos inmersos en ese ámbito de dolor y locura de la encrucijada ucranorusa.
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Félix
MORALES-PRADO Sandina LA universidad es similar a “La escuela de Atenas” de Rafael. Un profesor imparte su lección en las escalinatas:
Sandina de los Sueños está en medio de un paisaje de colinas dulces para el corazón, como de arena suave. Al viajero, Sandina se le parece siempre al sitio donde transcurrió su infancia. Debe de ser por la luz, dice el alcalde. A Sandina se puede ir a través del sueño o por los caminos de la tierra, si bien no es fácil encontrarla. Pero sólo una vez. A Sandina de los Sueños sólo se puede llegar una vez en la vida. Los que intentan ir por segunda vez se vuelven locos y se convierten en el fantasma de su deseo. Podemos encontrar personas que ya murieron. O a otros que llegaron soñando. Dos que llegan a Sandina por las vías del sueño en una misma noche, si se ven, ya despiertos, al día siguiente, se dirán: "Anoche te vi en mi sueño". Incluso podrán continuar la conversación que mantuvieron dormidos. Otros habitantes de Sandina son sencillamente ilusiones, proyecciones, entelequias, aunque toman copas en la taberna, pescan salmones o cumplen su función de ciudadanos (carpinteros, albañiles, hortelanos, médicos) dentro de la comunidad. Todas estas cosas pueden hacer suponer que Sandina es un producto de la imaginación o un símbolo. Pero no es así, de ninguna manera.
Es un pueblo bien real, que viene en los mapas, aunque es verdad que no en todos porque no es una localidad importante. Hace un par de años, por ejemplo, fue galardonada con el Premio a la Belleza que el gobierno concede a los pueblos que cuidan su limpieza y su aspecto. Allí conviven tres tipos de habitantes: los que han llegado a través del sueño, los que han llegado en bicicleta, coche, tren, barco, y los autóctonos. Estos últimos se subdividen, a su vez, en: los que siempre han estado en Sandina, los que han llegado a través de lo que llamamos muerte, los que llegaron viajando y han decidido perderse para siempre y los que han nacido allí. Los que han nacido en Sandina (que son los niños abortados en la realidad) pueden ser puros o mestizos (descendientes de puros sandinos, descendientes de puros forasteros o mestizos de ambos).
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Diferentes cualidades y señales distinguen a los individuos de cada una de estas clases y subclases. Por ejemplo, los que han llegado a través del sueño, pueden volar; los que han llegado por los caminos de la Tierra no pueden volar; que los autóctonos vuelen depende de la voluntad de los soñadores. Los soñadores tienen éste y otros peregrinos poderes, lo que, dependiendo de su natural, los hará más o menos antipáticos a los autóctonos. Pero nunca deseados. Lo único que hace soportable a los autóctonos la visita de los soñadores es que se irán al despertar y ya no podrán volver nunca. Asumen mejor a los viajeros, sin poderes extraordinarios y cuyo esfuerzo por llegar es testigo de su amor por el sitio. Si un viajero decide quedarse para siempre, es aceptado en la comunidad como uno más. Y si son buenos y propicios, en sus funerales (en Sandina sólo mueren los viajeros) rocían sus cadáveres con licor de voz de caelowe. Tuve oportunidad de contemplar este rito. Cuando el licor moja el cuerpo del muerto, éste se transforma de inmediato en fantasma sin dejar residuos y se reincorpora, en su nueva naturaleza, a la vida de la comunidad. Se hace una fiesta, como cuando nace un niño. Los beneficiarios de este rito son los únicos de los que puede decirse, de algún modo, que llegan dos veces a Sandina. La belleza de este lugar cautiva de tal forma al soñador que se sentirá todo el tiempo entre el dolor y el gozo, como el esclavo de un amor imposible. Sandina lo rechaza, como su propio pasado, como una mujer hermosa y altiva. Se moverá igual que un espectro entre sus habitantes, que fingen no verlo, aunque en realidad lo están viendo, lo que se revela a través de sus conversaciones, terciadas por guiños y frases de entendimiento: —Venga, échame ya un vino. Estás alelado. Ni que hubiera aquí un soñador.(!) o, por el contrario: —¡Qué callados estáis! Parece que hubiese pasado un soñador.(!)
Ellos, los autóctonos, han afirmado en repetidas ocasiones que no usan estas frases hechas para zaherir a los soñadores. "Si no existen y son producto de la imaginación. ¿Cómo íbamos a querer molestarlos?" Estas frases forman parte de nuestra cultura lingüística, de nuestra forma de hablar. Carecen de referente. En ellas predomina la función expresiva. En cuanto al material semántico en el que se sustentan, proviene de nuestro fondo mítico, de naturaleza simbólica.
Sin embargo, constan amistades y romances entre autóctonos y soñadores. Incluso, ya se ha dicho, alguna descendencia fruto de estas relaciones (en Sandina, este tipo de mestizos son sagrados y se les rinde culto). Tales contactos no se dan al margen de la norma, que allí no existe. En Sandina las cosas pueden ser y no ser al mismo tiempo, sin que ello entrañe contradicción. Un antropólogo especializado en onirología planteó al alcalde el absurdo que suponía su no creencia en los soñadores junto a su patente relación con ellos. —Todo eso es mentira. Producto de las alucinaciones de los soñadores. —Pero si ustedes afirman que no existen. —Y lo mantenemos. No existen. Sin embargo, alucinan.
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Sandina
Pensamiento <<La
palabra es mitad de quien la pronuncia,
mitad de quien la escucha >>
Michel
de Montaigne
Karen Sofía
SALAMANCA RICAURTE Desplazamiento forzado y problemas socio ambientales en Colombia: represa de Hidroituango, Antioquia. Colombia: una nación desplazada Para adentrarnos en el contexto, es fundamental hacer un recorrido histórico de lo que el desplazamiento forzado ha significado para Colombia y por tanto, es preciso abordar la historia de los éxodos en 4 momentos:
1948-1958: considerado como el periodo de la violencia nombrado como el Bipartidismo
1958-1974: Conflictos políticos: lucha insurgente.
1974-1979: Génesis del narcotráfico y consolidación de grupos paramilitares
1980 - actualidad: búsqueda de control territorial, político, económico y búsqueda de recursos naturales/minerales.
El desplazamiento forzado, considerado como un crimen de lesa humanidad, extiende sus raíces en la historia de un país que desde la colonia vive procesos de despojo, éxodo y victimización de la población. Población que ha vivido dichos procesos desde el arribo de la cultura europea y que sin embargo no ha logrado deshacerse de la estructura repetitiva que configuran el destierro y la desposesión no solo de los lugares que habita, sino del complejo proceso simbólico y cultural que supone el ser
desplazado de una geografía y un territorio, y sin que se cuente con un lugar de acogida o se tenga la menor esperanza de retorno. Es por esto que, con base en las cifras, “se calcula que 8.3 millones de hectáreas han sido despojadas o abandonadas por la fuerza y el 99% de los municipios colombianos han sido expulsores”; no es excesivo “caracterizar a Colombia como una nación desplazada” (Histórica; 2015, pp. 16).
Los colombianos que han sido desplazados de manera forzosa de sus lugares de origen y de su tierra, a causa del conflicto armado y excesos de violencia tales como: masacres, torturas, desapariciones, asesinatos selectivos, minas antipersonas, reclutamiento forzado; que son usados estratégicamente por distintos actores violentos, condicionan a la población al abandono de sus lugares geográficos de enunciación. Todos estos crímenes, ligados a procesos naturales y geográficos (derrumbes, fuertes lluvias, inundaciones, etc.), nos obligan a reconocer que, a través de sus peregrinaciones, “dichos migrantes (...) reivindican el derecho a la libertad de movimiento” (Hard & Mezzandra, 2020, pp 1), a pesar de una cultura nacional de la desigualdad, que no ha establecido rutas para la no repetición o garantías para el retorno desde la política pública, y que además que no tiene en cuenta la doble vulnerabilidad a la que los desplazados se ven sometidos por eventos naturales que condicionan y dificultan su movilidad.
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El Proyecto Hidroeléctrico de Ituango se localiza sobre el río Cauca, en el llamado “Cañón del Cauca”; tramo en el cual este río, que nace en el sur del país, corre a través de profundos cañones y desciende unos 800 metros. Está ubicado además en medio de un bosque seco tropical que está en vía de extinción en el planeta. Estas cordilleras se encuentran en formación, tienen ocho fallas geológicas que impiden que se lleve a cabo dicho proyecto, pues la montaña ha presentado reconfiguraciones, debido a megadeslizamientos. La junta directiva de la empresa pública de Medellín, EPM, conocía de dichas fallas en la zona y aun así aprobó la construcción del proyecto de manera arbitraria, desconociendo los saberes ancestrales de los pobladores, los riesgos geológicos que se preveían y las advertencias de las comunidades, poniendo así en riesgo a las poblaciones humanas, así como a las especies de flora y fauna que se encuentran en las afluentes del cauce del rio Cauca. Este megaproyecto se encuentra financiado por empresas de Alemania y de Francia, así como de algunos bancos oficiales del país. De allí que América Latina y en particular Colombia “ha desempeñado, y sigue desempeñando, un papel clave en el suministro global de recursos naturales” (Infante, Urrego, & Tello, 2020, pp. 177).
La hidroeléctrica, que se encuentra en construcción, tiene como objetivo ser la generadora y comercializadora de energía más grande del país, y busca estar además en el mercado nacional e internacional. Entre las actividades necesarias para su desarrollo, se llevó a cabo el desvió del cauce del agua, lo que generó tragedias que pudieron evitarse, dado que se tenía claro que no era un proyecto viable. Las poblaciones han sufrido desalojos, desplazamientos forzados, asesinato de líderes sociales; como el caso del Movimiento Ríos Vivos, que se ha organizado para manifestarse y visibilizar las injusticias ambientales ante los megaproyectos y que ya reportan 4 de sus líderes asesinados por intentar impedir el desvío del cauce del río (dicha organización llegó a tener impacto internacional en el parlamento europeo y la CIDH). Incluso, en el mismo territorio que había sido elegido para construir la represa, se conocía la ubicación del cuerpo de algunas de las personas desaparecidas por
el conflicto armado interno. Pues ya se habían reportado estos casos y aun así, se construyó encima sin direccionar la búsqueda de los cuerpos; derecho que se debía garantizar a las familias. Por otra parte, las especies que habitan en dicho corredor biológico y que se encuentran en vía de extinción, y que han sido rastreadas con foto trampeos, no han sido tenidas en cuenta en los cálculos de este desastre ambiental y social, estableciendo así implícitamente que la vida misma no es tan importante como el poder adquisitivo-monetario que puede representar dicho ecosistema para las empresas inmiscuidas.
Ríos Vivos ha sido un movimiento de resistencia socioambiental que ha logrado retrasar la construcción del megaproyecto, sin embargo, no ha logrado poner freno total a este proyecto que atenta contra la población y causa daños irreversibles. Es una organización que denuncia los graves e irreparables estragos, así como las violaciones a los DDHH, generados por las megarepresas y la mega-minería (Vivos, 2021).
Este proyecto consiguió aquello que no logró el procesó de colonización por parte de España al nuevo mundo, quitarle el río a los grupos indígenas que poblaban aún el cañón del rio Cauca. Por tanto, es posible afirmar que no cuenta con una ética ambiental que se preocupe por relaciones inter-generacionales, intra-generacionales o intra-especies, ni que tenga en cuenta las preocupaciones individuales y colectivas respecto a otros seres vivos y espacios ecosistémicos (Rincón, 2018). La población obtenía fruta, leña, plantas medicinales y alimenticias, animales de monte, oro y aseguraba también la carne de su alimentación con los animales del río; después de represar el cauce del río las personas no tienen acceso a ninguno de estos recursos, lo que produjo grandes olas de desplazamientos, hambrunas y pérdidas materiales; es entonces cuando se entiende que la hidroeléctrica:
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está ubicada en una zona estratégica, que conecta al norte de Antioquia, el Bajo Cauca, el sur de Córdoba y el Urabá. Son zonas claves para la movilidad hacia las cos-
albergado y otras se han ubicado en Instituciones Educativas del casco urbano como parte del plan de contingencia del municipio.
tas (Atlántica y Pacífica) e históricamente se han registrado disputas entre los grupos armados por las rutas de narcotráfico, los cultivos ilícitos, la minería ilegal, entre otras actividades; explica Andrés Cajiao, experto en dinámicas del conflicto de la Fundación Ideas para la Paz. (Monroy, 2021).
De tal manera se podría afirmar que dicho proyecto ha obligado a la población a migrar y romper con las prácticas culturales y la relación con el lugar donde viven, sin embargo, esta condición de desplazado posibilita a su vez “una dialéctica, un vaivén entre estructuras de segregación y alienación, y la potencialidad de la esperanza, de la creación, en suma, de la libertad” (Mbembe; 2016, pp. 8).
La región en general ha sido un lugar de desplazamiento constante, donde existen familias que han retornado más de 4 veces a sus territorios luego de procesos de éxodo masivo; retornos que se han producido evidentemente sin garantías de no repetición como lo relatan las comunidades pues los desarraigos han sido constantes: Desde el 19 de julio se presentaron amenazas por parte de los grupos al margen de la ley en contra de comunidades campesinas de las veredas Quebrada del Medio (294 personas), San Isidro (55), Alto del Limón (101), Los Sauces (117), Las Brisas (117), El Quindío (218), Arañas (87), El Chuscal (68), Santa Lucía (300), Cedral (292), Chontaduro (128), Palmitas (114), El Herrero (83), Cenizas (63), Murrapal (119), Mandarino (212), El Yolombó (1), La Granja (364), La Miranda (205), Monte Alto (149), El Rio (101), Bajo Inglés (145), Quebradoncita (116), La Georgia (201), San Luis Chispas (116), San Agustín (28), El Capote (1), Reventón (4), El Llanón (84), Santa Ana (79), El Amparo (137), pertenecientes al municipio de Ituango (Antioquia), generando el desplazamiento masivo de aproximadamente 4.099 personas (1.687 familias). Se espera que más personas continúen desplazándose al casco urbano producto de las amenazas. Algunas de las familias se han auto
(OCHA & (ELC), 28).
Es notable con relación a las cifras anteriores que los esfuerzos estatales han sido insuficientes para ofrecer protección a la población, para evitar nuevas diásporas y para brindar garantías a las víctimas del destierro, mostrando ampliamente la dimensión necropolítica del gobierno como bien desarrollo el concepto Mbembe “el gobierno desarrolla una política basada en la idea de que para el poder unas vidas tienen valor y otras no”, no se trata de una “victimización sino de algo que va más allá: un saber que surge de las luchas, de construir un lenguaje contra esa fuerza Necropolítica que, como recuerda Fanon para el caso colonial, está «anim ad a en su origen p or una p ulsión genocida» (Mbembe; 2016, pp. 15), siendo así es latente y continua esa forma en que el estado colombiano ha perpetuado esos procesos de despojo y se ha convertido en un ente re-victimizador manifestando impunidad para los responsables, incluso también ha sido causante de procesos de desarraigo en enfrentamientos directos entre los diversos grupos al margen de la ley dejando así en medio del cruce de fuego a la población civil y en ningún momento se menciona nada frente al daño irreversible que se está generando a los recursos naturales, la diversidad y la flora y fauna del país por efectos de la construcción de la hidroeléctrica.
En Colombia ha existido un racismo colonial perpetuo, pues las poblaciones campesinas, indígenas y afro son las que han sufrido en mayor porcentaje los vejámenes de la guerra y el conflicto por la tenencia de tierras, en buena medida los grupos tanto legales como ilegales que van en búsqueda del dominio de las rutas de comercio y del poder de las tierras, ejerce poder no solo sobre los territorios, sino también sobre la
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vida de los individuos y las poblaciones, en ese sentido el migrar debe ser visto como una agencia política, sin embargo son agencias que no han tenido trascendencia para garantizar la no repetición y el poder retornar a sus espacios de origen por innumerables abandonos gubernamentales y estatales.
Por otro lado estos desplazados que llegan a las ciudades, son consideradas como un peligro, pues se emiten juicios ya que son consideradas como personas que arrastran consigo la violencia de la cual están escapando, en esa medida los desplazados rurales luego son revictimizados y convertidos en desplazados intraurbanos, porque habitualmente los desplazados llegan de municipios a ciudades, pero generalmente a las periferias, a la línea abisal que anuncia Boaventura de Sousa Santos, a zonas marginadas la cual los pone en competencia de recursos, de trabajo, alimentación y los convierte en los desposeídos de la ciudad por eso es importante traer a colación a Sousa con la “sociología de las ausencias” “abriendo espacios analíticos para las realidades que son sorprendentes porque han sido ignoradas o invisibilidades o consideradas no existentes por la tradición crítica eurocéntrica” (Santos; 2018, pp. 26).
En este caso es importante resaltar la participación activa de la población rural en la conformación del movimiento Ríos Vivos, que ha logrado a partir de las epistemologías de la acción y los saberes en movimiento una mirada hacia la justicia ambiental bajo la colectividad para pensar una transformación socioambiental a pesar de tener múltiples amenazas que ponen en riesgo la seguridad de los integrantes del movimiento, han logrado visibilizar y poner en dialogo los saberes, haceres y poderes para entender que vale más la vida de los pobladores y de la naturaleza que el poder adquisitivo que implica la hidroeléctrica para el país, poniendo freno a la construcción de la misma desde hace 3 años, son productores de conocimiento en defensa de lo que sostiene la vida: el agua.
Indudablemente la lucha por la vida en todas sus
manifestaciones en Colombia ha sido desde las comunidades que generan formas de reexistir en comunidad con lo que les rodea, teniendo en cuenta temas de derechos humanos, saberes bioculturales y teniendo conciencia de la relación con el lugar.
La perspectiva del Movimiento Ríos Vivos busca desde la movilización social y un enfoque analítico visibilizar los problemas ambientales y buscar una justicia ambiental por medio de los activismos, que lamentablemente no han sido suficientes para cambiar las dinámicas extractivistas de un país que está inmerso en una clase dirigente dictatorial, segregadora, victimizante y que ha potenciado durante la historia los problemas socioambientales; de allí que la lucha campesina por mantener los recursos naturales fuera del mercado ha sido protagonista en este caso particular de Hidroituango, caso que es problemático a pesar de que Colombia tiene cerca de un 70% de energía del país derivado de hidroeléctricas ya que la oferta hídrica es seis veces el promedio mundial y tres veces Latinoamérica (MinEnergía, 2019).
La construcción y operación de dicha hidroeléctrica logró descompensar el ciclo natural de las aguas dulces que recorren el territorio, causando daños irreversibles en el medio ambiente por la represa de las aguas que pierden su fertilidad debido a la perdida de sedimentos, trae la extinción de algunos peces quitándole la posibilidad a las comunidades de la actividad pesquera que es de la cual sobreviven en su mayoría, la obra implica la tala del bosque seco tropical que representa la muerte de animales, aves y mamíferos que no se pueden adaptar a otro tipo de ecosistemas. Es por ello que las comunidades lo que buscan es optar por otras alternativas que generen energía sin impactar de manera irreversible los ecosistemas y las poblaciones.
Sin duda alguna el capitalismo neoliberal voraz busca la privatización de los bienes comunes, el extractivismo y los megaproyectos como en este caso la hidroeléctrica Hidroituango que privatizo el cauce del río,
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los afluentes de vida; sin embargo las comunidades resisten a través de movimientos sociales, redes ciudadanas y organizaciones que incluyen una alta participación social que a partir del dialogo buscan generar formas de vida más justas y sustentables, pues “el modelo político económico dominante amenaza a formas tradicionales de habitar los espacios” (Paño Yáñez, Rebola, & Suárez, 2019, pp. 237) y las comunidades generan nuevas configuraciones direccionadas a la acción para impulsar maneras cuidadosas en la gestión del territorio, los recursos y la vida en sus múltiples formas.
Conclusión: La forma en que las comunidades decolonizan el conocimiento y dan voz a los subalternos ha logrado transformaciones interesantes en el contexto colombiano, particularmente el movimiento Ríos Vivos ha sido el vivo ejemplo de demostrar que el estilo de desarrollo dominante es insostenible, que genera profundas desigualdades con grandes consecuencias sociales, políticas, económicas y ambientales; que la construcción de la hidroeléctrica Hidroituango provocó deterioros ambientales irreversibles con consecuencias que son potencialmente desastrosas de lo micro a lo macro, pues afecta a la vida del rio, la vida de las comunidades, pero que afecta también al continente y a nivel planetario, pues se trata del daño de ecosistemas que se encuentran en vía de extinción como el bosque seco tropical; precisamente por el mal manejo humano de los recursos. La resistencia de las comunidades nos da posibilidad de repensarnos la producción y el consumo, pero también busca promover políticas y procesos de gestión ambiental que logre una transformación socioambiental.
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Enrique
ARIAS BEASKOETXEA Los sonetos del portugués Cuenta la leyenda literaria que Elizabeth Barrett deslizó en el bolsillo de Charles Browning unas hojas donde estaban escritos una serie de Sonetos. En principio era un regalo personal solo para los ojos de aquel a quien amaba, “Lee esto, y si no te gusta, rómpelo”, pero el poeta Browning consideró que aquel texto tenía una envergadura especial, afirmó que eran los mejores Sonetos escritos después de los de Shakespeare, y que debían ser conocidos por el mundo. En 1850 fueron publicados.
Los dos poetas estaban entonces en Florencia, a donde habían huido, previo matrimonio, de un padre autoritario que consideraba que su hija no debía tener relación con poetas (bohemios, soñadores y sin dinero). Pero ella mantuvo firme su compromiso con la poesía y con el amor por Charles Browning. Tal vez sea el Soneto XIV el que exprese con más claridad el concepto del amor que tenía Elizabeth Barrett, en él se dice “Si has de amarme que sea sólo / por amor de mi amor”, no por las alegrías o las lágrimas, éstas pasan, cambian o mueren.
La autora no quiso exponer totalmente su intimidad por lo que decidió titularlo Sonnets from the Portuguese (Sonetos desde el portugués), como si fueran traducciones de sonetos portugueses. Aunque el título sobre todo es debido al apelativo cariñoso con el que Browning la llamaba, my little portuguese (mi pequeña portuguesa), dado que ella tenía una rama familiar en Portugal.
Elizabeth Barrett pasó gran parte de su vida sufriendo dolores en la columna, debido a una caída de un caballo a los quince años, estaba condenada a pasar su vida en una habitación de la casa paterna, con la única compañía de su perro Flush al que Virginia Woolf dedicó una novela. Se dice que leyó entonces la famosa “Vindicación de los derechos de la mujer” de Mary Wollstonecraft.
Pero apareció Browning en su vida y ya nada sería igual, en el Soneto VII dice “Que ha cambiado, dijera, toda la faz del mundo, / desde que oí los pasos de tu alma moverse”. Comenzaron con una correspondencia que duró casi dos años, escribiéndose a diario, hasta que en una de las cartas ella le dijera “desde ahora soy suya para todo menos para hacerte daño” y mucho después consideraron que la única posibilidad para mejorar su salud y para poder permanecer juntos era huir a Florencia.
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Para ella la aparición de Browning en su vida es más bien un rescate de las sombras, “Tú me levantaste / desde este llano lúgubre donde me abandonaron” (Soneto XXVII).
El Palazzo Guidi en el que se instalaron aparece posteriormente en sus versos en el siguiente libro, Las ventanas de la casa Guidi, ya reducido el rango de palacio a casa. Un edificio que estaba por encima de sus posibilidades económicas pero que que les atrae con tal fuerza que no pueden evitar comprometerse a su arrendamiento.
Como otros ingleses de su tiempo, Italia ejercía una fuerte atracción, era la luz frente a la sombra, la libertad frente a las convenciones inglesas del siglo XIX. Inserta en el romanticismo inglés (Keats, Byron, Shelley, etc.), ella también apoya la reunificación de Italia y la lucha de Grecia contra el invasor otomano.
Para ambos es “no solo un periodo de felicidad suprema sino también de intensa producción literaria; mucha de la cual fue tan profunda por la influencia de las circunstancias y la atmósfera italiana”, según afirma en una de sus cartas a una amiga inglesa. En el Soneto XXXVIII dice “al besar aquel día, era la vez primera, / solo besó los dedos de esta mano que escribe”. Desde ese día literatura y amor permanecieron unidos. Él, poeta laureado, y ella escribiendo en silencio hasta que se atrevió a mostrar sus Sonetos tres años después de haber sido escritos.
En el Soneto VI afirma “En todo lo que hago / y en lo que sueño, estás presente como el vino / lo está en los racimos”; señalando que para ella, y también para él, sus vidas estaban entrelazadas no sólo en el presente sino incluso en
la raíz de los sueños, ya nada sería parecido a la sombra en la que vivía anteriormente, será una unión de las almas.
El Soneto XXII comienza “Cuando se encuentran nuestra almas / en silencio, tan cerca una de otra”, es la proclamación de que ese amor, unión de almas, no podrá ser herido por ningún mal proveniente del mundo, a pesar de la sombras y tinieblas que les rodean. “Soy tuya pero, ¿puedo / ser tanto para ti?”, Soneto XXIII en el que el alma renuncia incluso al cielo, renuncia al rango y fortuna, por mantener en esta vida el amor.
Amor frente al mundo, sus afanes, gloria y fama, nada pueda ocupar el espacio que Elizabeth Barrett da a este sentimiento, “te tengo demasiado cerca para pensar” (Soneto XXIX). En el Soneto XLIII Elizabeth Barrett cuenta las formas del querer, desde lo profundo del alma, desde la libertad, con risa y llanto, incluso “aún te querré mejor después… una vez muerta”, algo parecido a lo que había dicho Quevedo siglos atrás: “polvo serán, / mas polvo enamorado”.
En el último Soneto, XLIV, más allá del verano y del invierno, ella le ofrece flores, crecidas a pesar de las malas hierbas, y le pide que no las deje marchitar, le entrega sus pensamientos, y en los últimos versos ruega a Browning: “A tus ojos enséñales / que guarden su calor, cuéntale a tu alma / que todas sus raíces quedaron en la mía” El año de su muerte, 1861, se coloca una placa en la puerta de Casa Guidi por “florentinos agradecidos” rindiendo homenaje a Elizabeth Barret Browning. Fue enterrada en el cementerio inglés de Florencia.
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Fátima
VILLALOBOS Prácticas mágicas en Las mujeres de la tormenta, novela de Celia del Palacio. Desde tímidas aproximaciones hasta la realización de estudios demonológicos, la imagen de la bruja ha despertado y despierta, el gusto por profundizar en el campo mágico que rodea la perversidad femenina. Su vigencia ha pervivido desde el mundo literario como en los mitos, leyendas, cuentos, novelas o plasmadas en otras artes como el cine, la pintura y la música.
Esta figura arquetípica adquiere matices específicos en cada civilización; desde la presencia de la bruja europea como es el caso de las mujeres condenadas en Zugarramurdi o los conocidos juicios de Salem. En el presente trabajo se elabora un análisis de las prácticas mágicas ejercidos por los personajes femeninos desde la narrativa mexicana. La escritora Celia del Palacio a través de la soltura de su fina pluma encausa su obra literaria en reavivar una parte cultural de México, no olvidada, pero, sí menospreciada, conocida como la tercera raíz de México, la cultura africana. Esta proeza la autora la realiza a través de su novela Las mujeres de la tormenta.
africana. La novela se encuentra impregnada de prácticas mágicas, que en este trabajo se entienden como: “un ´lenguaje´, un sistema simbólico completo, con una lógica interna de funcionamiento, que se rige por sus propias reglas, su propia ´gramática´ y de acuerdo a sus propios mecanismos, y actúa donde otros saberes son ineficaces 1
Las prácticas mágicas permiten acceder a otro conocimiento, acercarse a otro mundo, entenderlo, comprenderlo e interpretarlo desde otros saberes partiendo del conocimiento de cada cultura, grupo o etnia. La estructura de la novela Las mujeres de la tormenta está inspirada por varias historias populares, historias que se ven reflejadas en las cinco libretas, cada una cuenta un hecho diferente que van engarzando por los objetos mágicos encargados de hilar las historias.
Celia del Palacio permite al lector acceder a un mundo literario lleno de historia y ficción acompañado del sincretismo mágicos de las tres culturas que conforman las raíces mexicanas: indígena, española y
1.
Ceballos Gómez, Diana, “Grupos sociales y prácticas mágicas en el nuevo reino de granada durante el siglo XVII”, pp. 51, Historia Critica, 22.
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Siguiendo los lineamientos de Cambell y Vogler se analiza la historia por medio del viaje del héroe. La historia comienza con el llamado a la aventura que se hace desde Xalapa por medio de una llamada telefónica, por Lisa, ella cumple la función del heraldo llevando el mensaje hasta la ciudad de México y lo recibe Lilia Olvide, a ella se le avisa que Selene su madre ha fallecido y es necesario que Lilia viaje a Xalapa para reconocer y reclamar el cuerpo de Selene. Lilia rechaza el llamado, la relación entre ella y su madre no fue buena, pero, al no existir otro familiar que pueda identificar el cuerpo de Selene, Lilia hace caso al llamado renuncia al mundo ordinario y acepta la aventura.
Lilia es el héroe, para superar los obstáculos necesita la ayuda de otros personajes que le permitan recorrer esa travesía. Epitacia, cumple con el papel de mentora y es por ella que Lilia llega al diario y la daga de Selene, dichos objetos son las herramientas que permiten cruzar el umbral a lo desconocido; la daga es un objeto mágico que representa la conexión del pasado con el presente.
La siguiente etapa del viaje del héroe, Lilia se aproxima a la caverna enfrentándose a los riesgos, peligros y adversarios, las siguientes etapas representan la odisea y la recompensa, aquí la presencia del mentor se vuelve a manifestar ayudando al héroe a salir de una situación difícil, Lilia es hechizada. Al superar estos obstáculos Lilia emprende el camino de regreso, con más sabiduría y fuerza. Finalmente, el retorno con el elixir, el héroe-Lilia permanece al lado de su mentora para prepararse y convertirse en la siguiente responsable de los objetos mágicos. Esta historia se desarrolla en el plano de un México presente; mientras que las otras cinco historias se
2. 3.
desenvuelven en el pasado.
En la primera libreta Lilia encuentra la historia primigenia, allí se narra la historia de Mwezi una joven esclava proveniente de las costas de Guinea. Ella es quien da fuerza al puñal de acero. Con ese puñal Mwezi da muerte al guardia marroquí que “asesina” a la hija recién nacida de la esclava. La mujer fue condenada a recibir cien azotes en el transcurso del castigo Mwezi realiza la primera práctica mágica al efectuar la siguiente maldición: “(…) sus labios profirieron maldiciones en el nombre de la diosa madre, protectora de la orgullosa nación locumí. Con voz ronca de moribunda imploró: (…) -¡Que tu furia, que no conoce límites, caiga sobre nuestros agresores!”. 2
Beatriz, es la protagonista de la segunda libreta no se conoce con exactitud su procedencia, por medio de Petrona, la anciana negra que la crío se conoce que Beatriz cuenta con descendencia de los negros que llegaron de África, además de ser descendiente de Mwezi. Petrona la instruye en las artes mágicas de esta manera la joven somete a su voluntad a los hombres por medio de conjuros, como el caso de Lorenzo:
Yo te conjuro, Lorenzo Con la sal y con el libro del misal Y con el ara consagrada Que me quieras, que me ames Y me vengas a buscar Como el santo al óleo Detrás de la cristiandad.
El personaje de Beatriz es asimilado con el ser mitológico seductor que atare y atrapa a los hombres con la ayuda del pode de la palabra.
Del palacio, Celia, Las mujeres de la tormenta, pp. 15. Ibidem, p. 85.
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1780 es la fecha en la que se desarrolla la tercera libreta, aquí aparece María Josefa, ella también cuenta con su mentora, Serafina, ella le enseña a preparar hechizos y a realizar prácticas mágicas para sanar, ayudar o tomar venganza como el siguiente conjuro: Yo te conjuro, con el diablo de la cizaña Yo te conjuro, con el diablo de la maraña Yo te conjuro, con el diablo de la guerra Tres mensajeros te quiero enviar, Pascual Tres galgos corrientes, Pascual Tres liebres pacientes, Pascual Tres diablos corredores, Pascual Tres diablos andadores, Pascual Y este gallo negro que te ha de matar. 4
En esta práctica mágica no solo se realiza un conjuro ahora se acompaña de un ritual para efectuar un maléfico a una persona para obtener venganza por medio de la muerte.
La cuarta libreta data de 1839 allí se narra la historia de otra mulata, Josefina, esta joven recurre a la magia amorosa para convertirse en la amante favorita de Santa Anna y después pretende ser la esposa de este personaje. En esa libreta no sólo se hace mención de los conjuros para realizar maleficios, también, se hace mención de la entrega del bebé recién nacido sin bautizar y la presencia del pacto diabólico, Jacinta realiza ese acto al entregar su alma a la bruja a cambio de hacerle daño a Santa Anna como castigo por abandonarla.
La quinta y última libreta cuenta la historia de Anastasia, una joven de familia con una buena estabilidad económica, pronto pierden esa posición y Anastasia se hace amate de don Marcelino Pérez, después de su muerte uno de los hijos le quita los regalos que don Marcelino había hecho a la joven, ésta una vez más queda en la ruina y por falta de recursos su hijo muere, a partir de ese evento la joven busca venganza 4. 5.
con la ayuda de Lorenza una mujer mayor con conocimientos de artes mágicas.
A partir de algunos ejemplos señalados se puede observar el conocimiento que les son otorgados a los personajes femeninos en la novela Las mujeres de la tormenta y que esos conocimientos son delegados de generación en generación, pero sólo las mujeres se convierten en guardianas del conocimiento mágico.
Para obtener venganza o modificar su situación las mujeres presentadas en la novela hacen uso de la palabra mágica, pues “Los conjuros, los ensalmos, y las oraciones son las formas predilectas para comunicarse con los entes sobrenaturales a quienes se les harán los requerimientos. Los seres aludidos, mayoritariamente, pertenecen a los tres espacios que integran el más allá del imaginario de la Nueva España desde la cultura oficial, como son el cielo, el purgatorio y el infierno”. 5
Al recurrir a estos elementos mágicos las mujeres cambian la suerte de su destino, Celia del Palacio les da a sus personajes femeninos la fuerza y el conocimiento para enfrentar a sus agresores, situación a la que pocas mujeres logran acceder, puesto que, la figura femenina ante la sociedad de la Nueva España tiene la desventaja de ser asemejada como un ser con minoría de edad. La mujer debe estar bajo el resguardo y protección del varón. El destino de la mujer se reduce en dos variantes aceptadas por la sociedad: ser mujer de hogar o la vida reclusa en el convento; en ambos casos la presencia de la figura varonil está presente, en la primera opción la mujer queda bajo la supervisión del padre, esposo o hijo; mientras que en el segundo caso la figura femenina queda bajo la protección del confesor o Dios. ¿Qué sucede cuando no se puede efectuar ninguna de las dos alternativas antes dadas? Lo anterior
Ibid, p. 156. Masera, Mariana, “Córtote ruda para mi ventura: Las palabras entre el cielo y el infierno”, pp, 207, en: Zamora Calvo, María Jesús, Mujeres quebradas: La inquisición y su violencia hacia la heterodoxia en Nueva España.
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(…) pudo haber funcionado para las clases económicamente desahogadas, pero para las mujeres que no tenían qué comer o forma de alimentar a sus pequeños hijos, esta norma no se ajustó; si eran abandonadas o viudas, sin el apoyo de una familia preponderante, debían desempeñar el papel del hombre, protegiendo y sosteniendo a su familia, lo cual las orilló a ejercer algún oficio que les garantizara la subsistencia.
Al no pertenecer a una clase social desahogada o con la presencia de la protección de un varón, las mujeres recurren a realizar trabajos que van desde: cocineras, perfumistas, curanderas, parteras, nodrizas, hechiceras dichas actividades dan paso a la imagen colectiva de la bruja. Las actividades de la hechicería son practicadas por los estratos bajos, pues: La hechicería para ellas era un oficio con que se ganaban la vida u obtenían algunos ingre sos. Hábiles perfumistas y productoras de pócimas, ungüentos y brebajes, sus conocimientos herbolarios eran empíricos. La magia que practicaban era casi siempre la amorosa, y acudían a ella desde la humilde esposa que pedía un brebaje para que su marido no la maltratara y la quisiera, hasta el caballero encopetado que solicitaba un conjuro para provocar el amor en la mujer que deseaba.
jóvenes y seductoras. En ambos casos se hace énfasis de la libertad sexual, en ese sentido: (…) la bruja no era sólo la partera, la mujer que evitaba la maternidad o la mendiga que a duras penas se ganaba la vida robando un poco de leña o de manteca de sus vecinos. También era la mujer libertina y promiscua — la prostituta o la adúltera y, por lo general, la mujer que practicaba su sexualidad fuera de los vínculos del matrimonio y la procreación. Por eso, en los juicios por brujería la ‘mala reputación’ era prueba de culpabilidad. La bruja era también la mujer rebelde que contestaba, discutía, insultaba y no lloraba bajo tortura. Los personajes femeninos de la novela Las mujeres de la tormenta llevan a cabo las prácticas mágicas para contar con recursos económicos, obtener venganza, realizar la magia amorosa para atraer al ser amado en contra de su voluntad y obtener así una libertad tanto sexual como social.
De esta manera las mujeres hacen uso de sus conocimientos para obtener algunos ingresos. Algo que es imprescindible destacar es la imagen física de la bruja, por ejemplo, en la tradición europea se habla de una mujer vieja, pobre y desalineada; mientras que en la literatura mexicana, de manera especifica en la novela Las mujeres de la tormenta se hace mención de multas 6.
Rodríguez Castañón, Graciela, “Magia y estructuras punitivas en procesos contra mujeres durante el periodo novohispano , Zacatecas, p, 84, en: Zamora Calvo, María Jesús, Mujeres quebradas: La inquisición y su violencia hacia la heterodoxia en Nueva España.
7. 8.
Campos Moreno, Araceli, Oraciones, ensalmos y conjuros mágicos del archivo inquisitorial de la Nueva España , pp. 28 Federichi, Silvia, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerp o y acum ulació n o riginaria, pp. 254
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Kevin M.
ANZZOLIN ¿Revolución sexual? Mujer, guerra y producción cultural, en el México de 1910 “Y si Adelita quisiera ser mi novia, y si Adelita fuera mi mujer, le compraría un vestido de seda para llevarla a bailar al cuartel”. Adelita, Corrido popular mexicano
La mujer mexicana del porfiriato tardío y temprana Revolución: Con base en diversos testimonios documentales se puede afirmar que antes de la Revolución mexicana hubo otra revuelta: tal vez sin mayúscula y sin tantas fanfarrias, pero no menos profunda, ya que transformó en parte la forma en que se visualizaba a la mujer y su cuerpo. El porfiriato, época que precedió a la Revolución de 1910, también trajo grandes cambios a México, en particular en el estilo de vida cotidiana, al derribar antiguas costumbres e instituciones y proponer nuevas aspiraciones a un sector privilegiado del país. Fue un momento para formar de otro modo a la sociedad porfiriana y, a la vez, desvanecer la mitología que la había sostenido hasta entonces. Durante el régimen del presidente Porfirio Díaz (1876-1911), México vivió significativas modificaciones económicas, políticas y legales, de acuerdo con el reconocido lema “orden y paz”. Pero más allá de la expansión económica, la modernización y la liberalización social, la época del tardío porfiriato y la naciente Revolución también se caracterizó por nuevos modos de
comportamiento masculino y femenino, que plantearemos en esta intervención. Veremos cómo – dentro del lenguaje visual de ese momento histórico y el cual proliferaba en la prensa–, la mujer era un objeto de cambio por la que se peleaban los distintos bandos revolucionarios. Por un lado, en el México de 1910, estaba cada vez más en la esfera pública, es decir, en el teatro, el cine, el periódico y en las calles. Las mujeres disfrutaban de más libertad tanto en los hogares como en la sociedad. Por otro lado, dentro del imaginario colectivo, la mujer se ubicaba en un entramado sexista que la consideraba como un objeto de canje. La mujer entonces encarnaba un símbolo de la libertad –un ángel femenino que representaba el espíritu liberal y progresista de la época– y al mismo tiempo seguía siendo una doncella en apuros, atrapada en muchas ocasiones por la falsa moralidad burguesa y la creencia religiosa. No fue en la época de la Revolución cuando la mujer mexicana empezó a tener otra visibilidad y posición social, sino que en realidad la nueva situación de la mujer surgió durante el régimen del presidente Díaz; fue cuando se sentaron algunas bases del cambio. Centros urbanos como Veracruz, Orizaba y la Ciudad de México experimentaron un notable crecimiento debido a la gran afluencia de migrantes del campo, muchos de ellos pertenecían a la población indígena y, además, en su mayoría eran mujeres. Los trabajos que consiguieron eran de cigarreras, tipógrafas o costureras. Para la última
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Multicolor. 6 julio de 1911 (108)
Multicolor. 19 agosto de 1911 (109)
década del siglo XIX, las mujeres formaron aproximadamente una tercera parte de los empleados en las fábricas de textiles y las de tabaco. Sin embargo, la ascendencia de la mujer en la vida pública no fue fácil puesto que había un sector de la sociedad que veía la incorporación de la mujer en la vida económica como un descenso en el ámbito social, es decir, la mujer en el mercado laboral generaba una crisis moral que corroía al tejido social.
En suma, alrededor del año 1910, se experimentó la liberalización del trabajo junto con una nueva visibilidad de la mujer en lo social, y simultáneamente se cuestionaba cuál era la posición de la mujer dentro de la sociedad. Dicho de otro modo: ¿Cuál fue el lugar apropiado de la mujer? Todavía le esperaban más cambios al país y más debate al respecto.
Nuevas realidades, nuevas visualidades
También se hizo mucho más patente tanto el papel como la presencia –o más bien, la imagende la mujer alrededor del cambio de siglo. La nueva mujer había llegado a la sociedad mexicana, recorriendo las calles y las hojas impresas; a veces era temida y a veces, alabada pero siempre renombrada. Ya sea en periódicos subvencionados por el estado, como El Imparcial, revistas culturales dirigidas a la élite intelectual u hojas volantes producidas por prensas humildes, la mujer ocupaba un lugar destacado. En algunas ocasiones, esa nueva mujer aparecía como vedette de teatro, dando patadas salaces al aire para deleitar a un grupo de hombres; o salía retratada al lado de su esposo, pulcra y pudorosa, ostentando un renombre que antes no tenía.
A tal efecto, al día de hoy, llama la atención el dibujo principal que se incluyó el 4 de enero de
1903 en El Imparcial. Como bien se sabe, El Imparcial, periódico que se fundó en 1896 por el oaxaqueño Rafael Reyes Spíndola, contaba con las subvenciones estatales del régimen de Díaz. Además de las elevadas cantidades de dinero que recibía del gobierno de Díaz, El Imparcial tenía acceso a una prensa Mergenthaler, la cual servía para mecanizar el proceso de impresión del periódico. Ese 4 de enero de 1903 se publicó por primera vez en México una portada a color. A unos días de haber iniciado un nuevo año, el dibujo representa a una mujer con la mirada fija que va en bicicleta, y mientras su melena se mueve con la brisa ella sostiene en una mano la bandera mexicana. Como se sabe, la bandera es uno de los grandes símbolos de la nación, cuyos colores son verde, blanco y rojo. La hermosa ciclista simboliza el espíritu de su época: a la mujer talentosa, perseverante y valiente. Cabe mencionar que la bicicleta “segura”, como la conocemos ahora, de dos ruedas del mismo tamaño, llegó a México en 1891, lo cual creó todo un fenómeno cultural. Esa bicicleta en particular se asoció con la modernidad, los tiempos más acelerados y la igualdad (¿y competitividad?) entre los sexos, dado que este novedoso vehículo aportó la oportunidad de nivelar el campo de juego entre hombres y mujeres. De algún modo, las reglas se habían transformado y la pregunta era ¿quién iba a ganar batalla de los sexos?
Así -la visualidad, la sexualidad y la decadencia– fueron temas que se destacaban a la luz de las tecnologías de finales del siglo XIX. En la década de 1880, la palabra pornografía empezó a utilizarse en España por primera vez y algunas fotografías lascivas, en forma de postales, circulaban clandestinamente. Unos socios de los hermanos Lumière, que también filmaban y mostraban películas, llegaron a México en julio de 1896; pero tardaron diez años (1906) para consolidar un adecuado sistema de distribución de películas en el país. Desde la llegada del cine –
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El imparcial. 4 enero de 1903 (111)
tecnología que agradaba al ojo y podía despertar el apetito sexual de algunos espectadores– la prensa, sobre todo la de índole explícitamente católica, lamentó y criticó mordazmente los espectáculos obscenos de los que se aprovechaba el público varonil de la capital: los interesados pudieron disfrutar de todo un lenguaje visual –la prensa, el teatro y el cine– cuyo propósito fue aumentar el morbo del espectador. La Voz de México, periódico católico, publicó el 26 de julio de 1900 un artículo en la primera página titulado “Los espectáculos y la criminalidad”, en el que se lamentaba la existencia en todo el país de las “Funciones para hombres solos”. Cuenta el artículo que: “seguramente el afán de hacer una fortuna rápida, hizo que los empresarios se valieran del recurso de ofrecer funciones ‘para hombres solos’, que puso en crisis la moral puritana de la época”. Otro artículo del mismo periódico, del 13 de octubre de 1908, expresa su disgusto por el cine pornográfico “que viola el oído humano, haciéndole escuchar indecencias, es un crimen de la moralidad, y de los más nauseabundos”. Es por ello que a la mujer del porfiriato, se le presentaron nuevas oportunidades aunque con las presiones, los temores y prejuicios de siempre.
Al considerar la gran complejidad del lenguaje visual de la época –sobre todo, la forma como se representaba a la mujer en la prensa– podemos observar que la historia tuvo matices. Alrededor de 1910, y en diversas ocasiones, la mujer se había visibilizado de un modo distinto al habitual, pese a seguir siendo un objeto de cambio por el que se peleaban los hombres.
La mujer en la entrecrucijada
Fue poco más de un año antes de que Francisco I. Madero entrara triunfante a la capital mexicana, cuando el hijo menor de una familia de hacendados coahuilenses, en la Convención del Partido Anti-reeleccionista, conoció al presidente Porfirio Díaz. El 20 de abril de 1910, Madero le escribió una carta al militar Adrián Aguirre Benavides en la que le tacha a Díaz de débil, flojo, enfermizo e inútil: “Te aseguro que el general Díaz me causó el efecto de
estar completamente decrépito…pues ni me pareció imponente, ni hábil, ni nada”. Así que la Revolución Mexicana conllevaba algunos de los mismos prejuicios y preocupaciones de siempre, pero ahora asentado dentro de un entramado “científico”. La guerra parecía para los hombres —por lo menos en la prensa— otro nimio juego de superación en el que se apostaba la virilidad, la fuerza bruta y la mujer. Entonces, entre un hombre supuestamente decrépito y otro hombre, espiritista y chaparrito, ¿dónde queda la mujer?
Una y otra vez dentro de la producción visual del tardío porfiriato y la temprana Revolución Mexicana, vemos a la mujer tomar parte en esta lucha política, pero no se nos presenta para nada como la soldadera a quien imaginamos hoy en día. Parece que es la mujer la que siempre encarna a la nación, una ideología abstracta o un objetivo que se deberá realizar. Es la mujer que siempre aparece como premio, trofeo o la razón por la cual luchar, con lo cual también parece un ser pasivo, demasiado perfecto e irreal.
Entonces en la prensa de la temprana Revolución, observamos a Francisco I. Madero, el pequeño vástago de hacendados, cortejando a una doncella que representa a “la impopularidad”. O tenemos a este mismo —el hombre a quien la prensa calificó de debilucho y minúsculo— ocultando con un sombrero de mujer la silla presidencial al militar Bernardo Reyes, otro pretendiente a la presidencia. Aquí la política misma es puro teatro, un espectáculo, y la bailarina, con sus mallas y su Can-can, tal vez igual que la pornografía misma, hace volar la imaginación. Estas imágenes menosprecian a los que no pueden apropiarse de lo que más se desea: la mujer y la política. En suma, parecería que mientras la lucha revolucionaria seguía, hubo otra batallas culturales y visuales a través de las cuales la mujer nunca fue un agente activo, sino un premio pasivo. Las soldaderas no están. ¿Y nuestra Valentina o la Negra Angustias? Precisamente, en el momento en el que a las mujeres se les otorgaba más poder dentro de la política, en la producción visual se seguía silenciándola.
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A modo de cierre
En una de las grandes novelas de la Revolución Mexicana, Al filo del agua, el escritor Agustín Yáñez pone en boca de uno de sus personajes que la insurrección trajo consigo “los peligros inminentes de la grey: liberalismo, libertinaje de costumbres, masonería, espiritismo, socialismo, lecturas impías, ¡revolución!” Hoy en día, esto todavía se imagina como el legado del movimiento revolucionario en México, se nos aparece como el apogeo de la libertad, la culminación de los años de descontento y desigualdad bajo Díaz. Sin embargo, la producción visual sugiere una interpretación matizada: la guerra para disciplinar al cuerpo y la imagen de la mujer —la batalla visual— nunca cesó.
Multicolor. 28 sept. de 1911 (113)
Rurik
JUÁREZ Amparo Dávila: cuando el hogar no es seguro En el libro La Poética del espacio, Gastón Bachelard se dedica a describir la calidad protectora de la casa. Menciona que esta no debe ser vista como un mero objeto, sino que mediante un análisis fenomenológico podemos ver que la casa se manifiesta a modo de un guardián, un sitio de reflexión, o inclusive, un dador de ensueño: “La casa nos permite soñar en paz” (29). “La casa es una gran cuna, antes de ser lanzado al mundo” (30). Podríamos preguntarnos entonces, ¿qué sucede cuando somos amenazados dentro de nuestra casa?
El tópico de la amenaza del hogar es parte de la narrativa de Amparo Dávila. Lo conocido, lo familiar, se vuelca en aquello de lo que debemos huir. Bachelard continúa diciendo que “la casa es uno de los mayores poderes de integración para los pensamientos, los recuerdos y los sueños del hombre” (29). Si entendemos la relación entre mente y casa como parte de un solo nexo, se infiere que los elementos de amabas están en riesgo si alguna de las dos es afectada. Siguiendo esta idea, uno puede huir de la casa, sin embargo ¿cómo uno escapa de la mente?
por una madre y sus dos hijas; Clara y María (es en esta última en la que el narrador focaliza la historia). María tiene un desapego hacia los demás miembros de la familia. Por distintos indicios, descubrimos que ella no ha sido siempre así, y que su madre anhela que su hija regrese a ser la misma.
Al ser una narración homodiegética, podemos ver parte de los pensamientos de María, y con esta información, aunque se muestra limitada, deja los indicios suficientes que explican el porqué de su comportamiento, el cual parece residir en el esfuerzo por ocultar una presencia en su cuarto, la cual la atormenta cada noche. Además, se agrega que María no solo no puede deshacerse de él, sino que tampoco puede hablar de ello. Este desgaste poco a poco provoca que se aleje de sus familiares ante el temor de que aquél ser agreda a los otros miembros de la familia.: “…pero temía que su voz la delatara y que ellas se dieran cuenta que algo le sucedía. Y no podría decirlo nunca a nadie” (39).
Uno de los casos para ejemplificar lo anterior está en el cuento “La celda” perteneciente al libro Tiempo destrozado. En este, se describe a una familia compuesta
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Ella podía preparar mermeladas y pasteles, sentarse a tejer junto a su madre, leer varias horas, escuchar música. Ahora ya no podría hacer eso, ni nada. Ya no tendría paz ni tranquilidad. Cuando terminaron de desayunar … María subió lentamente la escalera hacia su cuarto y al abrir la puerta tuvo la sorpresa de
de aquella presencia... (40).
María no tan solo busca alejarse de su familia, sino también de su pretendiente José Juan, el cual visita la casa con frecuencia. María se muestra nerviosa y poco participativa. Tampoco desea estar frente a él. Al terminar dichas reuniones, la narración hace énfasis en que María solo tiene como opción, por contradictorio que suene, regresar a su cuarto.
A lo largo de distintos sucesos, a María se le presentan oportunidades para salir e incluso su carácter cambia ligeramente. Esto gracias a las acciones de José Juan, el cual, debido a los planes de matrimonio, se presenta como un medio para que ella se aleje de la casa:
María Camino se dio cuenta, un día, que José Juan Olaguíbel podría ser un refugio para ella, o tal vez su única salvación. Podría casarse con él, viajar mucho, irse lejos, olvidar […] Ella hubiera querido acelerar la fecha… y huir de aquella horrible tortura que tenía que sufrir noche tras noche (41).
Esta posibilidad de escape no tarda en esfumarse, ya que una vez más, a medida que pasan los días, aquella idea caduca debido al sofocamiento de las mismas acciones y planes de José Juan. Podríamos preguntarnos aquí: ¿Por qué María no puede desarrollarse en ningún otro lugar, y prefiere mejor quedarse en el lugar de conflicto?
En las primeras conclusiones que hace Bachelard sobre el primer capítulo puntualiza que un ser sin casa sería “un ser disperso” (30). Si el nido no está realmente construido, o presenta fallas, el ser nunca emprenderá vuelo al mundo. Con esto, María no puede albergar otra parte, porque es la cuna la que ha sido afectada, está inconclusa, inestable. María a pesar del dolor, regresa ahí porque su desarrollo está interrumpido. “La casa protege” (29), continua Bachelard, y es
necesario para el hombre saber dónde regresar si en algún momento descubre que el mundo es demasiado. María, en este caso, se encuentra en un limbo, un espacio difuso entre el malestar por residir y la falta de fuerza para irse. La duplicidad entre un sitio conocido, pero a la vez sofocante, podría considerarse, desde la visión de Bachelard, como el peor lugar para el ser.
La naturaleza del ente que perturba y que se alberga en el cuarto, permite presentar distintas interpretaciones, desde la mera esencia de un ser fantástico, hasta un escenario de abuso intrafamiliar. No obstante, la naturaleza de esta amenaza no es el germen para el funcionamiento del cuento, el mal existe, pero no gira en torno a su naturaleza. El eje nuclear de esta narración va sobre el hecho de que nuestro protagonista rehúye a las posibilidades de solución de su conflicto. Su deseo juega entre la resignación y el sueño de libertad. Tanto la estructura del cuento como la poética misma se unen para demostrar el agobio dentro de la casa; la imposibilidad de una solución cuando lo familiar es el enemigo.
Caso análogo lo encontramos en el cuento “El huésped”, perteneciente al mismo libro Tiempo destrozado. La historia es simple: un huésped es llevado a la casa por parte del padre de familia. Aquí, desde las primeras líneas, se deja claro que este nuevo ser tendrá la intención de desplazar a los que comparten su mismo espacio, dicha fuerza no tan solo será persistente sino también en crecimiento:
Nunca olvidaré el día en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al regreso de un viaje. Llevábamos entonces cerca de tres años de matrimonio, teníamos dos niños y yo no era feliz (19).
Nuestro personaje principal se mostrará vulnerable y frustrado lo largo de los distintos acontecimientos. La amenaza (el huésped) mediante una serie de acciones que van desde el acoso hasta el abuso físico que recibe
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tanto ella como el hijo de la criada, logra que se distorsione la casa: “Perdí la poca paz de que gozaba en la casona” (19), menciona la protagonista. Esto deriva en noches de insomnio, incomodidad y miedo.
manifiesta que el daño al nido es irreversible, el huésped, o aquella figura que puede amenazarnos, siempre se llevará (independientemente de nuestra solución) una parte de nosotros.
Recordando que un ser sin hogar es “un ser disperso”, y que esta situación presenta una dicotomía entre psique y espacio, podemos detectar que, a partir de esta ruptura, el sujeto afectado puede generar distintos procesos de autodestrucción. En el caso de “La Celda” se muestra una conducta destructiva que provoca el bloqueo de soluciones, así como el rechazo de sus seres queridos y la indiferencia de la posible muerte de José Juan. Por su parte, en el caso de “El huésped”, el daño al espacio termina por lleva al personaje a realizar una acción drástica para la solución de su problema, la cual es encerrar al huésped en su cuarto sin alimento hasta su muerte. Si bien en este último caso podemos observar un enfrentamiento a dicho obstáculo, el personaje daña su psique debido a lo que conlleva realizar un homicidio:
Los días que siguieron fueron espantosos. Vivió muchos días sin aire, sin luz, sin alimento… Al principio golpeaba la puerta, tirándose contra ella, gritaba desesperado, arañaba… Ni Guadalupe ni yo podíamos comer ni dormir, ¡eran terribles los gritos… (23).
Cyrulnik, psicólogo especializado en el trauma, menciona que: “En el momento en que un acontecimiento desgarra la burbuja protectora, desorganiza el mundo y en ocasiones le provoca confusión, el sujeto, poco consciente de lo que le ocurre, queda desamparado”. (France, 27) Esta idea no tan solo encuentra relación con las ideas de Bachelard sino también con las propias tesis de los cuentos citados, podemos decir que los relatos de Dávila muestran el inicio y repercusión del trauma. No es coincidencia que la raíz etimológica de trauma (tramátikos) se traduzca a herida, y es que eso es lo que se nos narra: las heridas y los daños en los personajes que quedan marcados hasta final, con el corte abierto o la llaga fresca. Dávila
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Ramsés OVIEDO De virus y lágrimas: en busca de una sabiduría infraordinaria <<¡Sí, hay que saber llorar! Y acaso ésta es la sabiduría suprema>>
Unamuno
¡Cuánto desearía haber podido extender la calidad de mi llanto por más tiempo! Pero el dolor es indócil: me invade. ¡Y con qué potestad lo hace! Que si me reservara el derecho de negarle su rato diría algo disparatado. Porque la duración del llanto parece durar lo que un orgasmo; si uno se esfuerza voluntariamente por presionar el llanto, no obtiene uno genuino, ser espontáneo le infunde un aire de autenticidad que no tolera simulacros. Por eso es despreciable, el llanto cuyo afán tiene prisa por soltar la catarsis, el duelo. Porque lo que encauza el llanto es una oportunidad estética única, una de las pocas que hay en la vida que se viven sin demasiada cafeína, prozac o energizantes. En general, soportar un régimen de afectividad dolorosa no es fácil; pero es la tarjeta de presentación de la sociedad del riesgo contemporáneo, y cuyas rarezas desdibujan el emblemático grabado de Goya, para quien la razón anticipaba una identidad monstruosa. Ya hay algo más que eso... La covid, con su más de un millón de muertes, coincide con la feroz constancia de la historia en frustraciones y almacenamiento de duelos; o al menos la podemos asociar a lo que ha pasado. Dijéramos que hoy vivimos momentos que repiten el dolor. ¿Pero qué es lo nuevo? Al margen del grado de letalidad del virus, el
valor de novedad es el ímpetu del llanto, la tensión que genera una profunda conmoción de las vísceras: el apretujamiento estomacal, el sobreesfuerzo respiratorio, el pasmoso temblor de los ojos, el sobrecogimiento babeante, el encadenamiento de suspiros, el patente pulso descorazonado, el aliento desesperante, el discretísimo alarido. Hemos conocido los grandes demonios del siglo XXI, y a menudo creo que la educación estética del porvenir está condenada al abismo del llanto. Afortunadamente pruebas no faltan. A sabiendas de que lo que mueve el llanto no lo mueve la risa, la trama de cada una es ingobernable, aunque, como sugería en un poema lapidario César Vallejo, lágrimas y risas están completamente yuntas. Y a medida que avanza la pandemia se amplían los discursos en torno a «los retos y desafíos del mundo contemporáneo». Lo cual es una inevitable reacción a las incertidumbres. Pero, en reacción mía, el llanto está detrás de todo. Como emoción. Como pasión. Cual fantasma psicosocial. Que uno termina por formar su subjetividad gracias a ese patetismo (con confinamiento experimentado urbe et orbi). Cuando lloré la primera noticia cercana de muerte por la COVID, salió mi pulsión de muerte, se me abrió un obscuro umbral. Acaso deseando protegerme en un recuerdo, mis sollozos cada vez hacían más indicioso saber cosas de salud pública, y alcanzaban por sí mismos
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una nutrida y fulminante pasión. Ya sabrás qué pasaba con mi cuerpo: cundía su organicidad. Y comparecía la sensibilidad de un desconsuelo global. Luego sin quererlo, mi cuerpo se silenciaba, paulatinamente. El estremecimiento del llanto me hacía arribar (¿qué no lo hace adrede?) a la singularidad del llamado mejor de los mundos posibles (¡oh, Leibniz!) a través de una agonía.
Quizás vez no somos conscientes aún de la estética que amagó la pandemia. Mediáticamente, reapareció el imaginario social del aplauso, tomó prestigio en los hospitales, y sobrecalentó de goce el tiempo tanatopolítico. Hizo entusiasmar a miles de personas, e incluso filosofar a pocos (como a Ernesto Castro). Pero no hay que dejar en blanco el trasfondo que eclipsa todo este caos de dolor: la nostalgia, negrura que a veces espanta. Me inquieta saber si toda genealogía del recuerdo doloroso va camino a la nostalgia. Y sí, quizás sí. Porque hasta cierto punto recaemos en ella por más señales de auxilio que pongamos.
La nostalgia es la protagonista que convierte en estigma el llanto. Recordemos a los consagrados Ángeles Negros que, en su famosa canción de 1972 «Déjenme si estoy llorando», conjuraron la nostalgia con el llanto. Para quien se duele, llorar acarrea a la memoria la nostalgia — regresar el dolor en su etimología—, y es el llanto quien saca el dolor pendiente del alma. La materia prima del dolor llorado se abastece de las experiencias recordadas. Y la nostalgia lo que intenta es desalojar, por así decir, a un huésped no querido. Es la vivencia estética de la despedida intencionada por mor de un cuidado de sí hasta orgánico. (Hay que decir incluso que necesitamos replantear la nostalgia a nivel familiar, para no asociarla a esa cultura que la minimiza).
Con las lágrimas, y con esos estímulos de nostalgia, la memoria se purga, las zozobras se
vencen. Basta llorar para remediar un estado anestésico aun cuando el dejo de dolor no siempre se borre al cien por ciento. Pero tremendo favor de las lágrimas de cumplir un proceso paradójico: borrar las cicatrices psicológicas y ser ella misma una huella vivencial. El resultado no es comparable más que a otras experiencias inefables, incluso a las que sensaciones que se refugian en unos estertores de tipo erótico (o incluso místico). Por sus intensidades, soy de la idea de que el llanto hincha la pulsión estética de la muerte, en el sentido de que asume una implacable prestancia mortal: el llanto tensiona —y espejea— un precipicio agónico, nos deja absortos ante un suspenso que desploma los muros del más óptimo placer. Por eso las probabilidades de querer colapsar en la existencia son altas durante el llanto. Son estertores a flor de piel.
Se dice que, a propósito de la faceta misteriosa del llanto, los místicos llegaban a llorar en su experiencia mística (¿o más bien hiperestesia?). En esa experiencia, el dolor destilado resulta ser la caricia de lo divino, el toque de lo sagrado, el contacto con Dios. Evidentemente aquí hay un meollo bíblico: quienes son bienaventurados son los que lloran, y como tal quien quiera la redención ha de vivir así el llanto, siendo la disposición lacrimosa un acercamiento al encuentro divino. Es una condición espiritual para el encuentro con lo que Máximo el Confesor llamó la «divina oscuridad», siempre implicaba un trance plañidero. Entonces el llanto es sinónimo de fidelidad mística.
Quizá para algunos esta forma de oxigenación mística funcione, pero llorar a mí no me llevo a ningún arrobamiento místico. Por mucho que considere el llanto apellidado de místico, yo jamás presentía una mea culpa que desvelaba la gloria teológica. Nada. Yo lloré —y lloro— por mis muertos. Lo sentía tan fuerte que este primor trascendental adjudicado al llanto
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quizá ya tuviese la titularidad jaspersiana del llanto como «situación límite». Lo es porque siempre es un buen día para llorar. La razón del que vive el llanto no sólo le hace agónico su momento sino también su riesgo le lleva a situarse en un límite de la existencia. Uno cambia algo muy profundo tras un buen llanto. Se transforma. Más de una metanoia (o conversión) vino por rumbo del llanto.
cotidiana todo el principio de la sabiduría infraordinaria del llanto. Quizás el más valioso hoy día.
Sólo hay un cambio profundo cuando hay llanto. Inevitablemente el llanto instala, a la par, el peligro y la salvación. ¿Será éste su gran secreto, su cualidad oculta? Llorar no es crear una agonía sino recrear el mundo. Por eso no basta admitir como garante de pesimismo, sino como posibilidad de una sapiencia hoy más que nunca necesaria. Porque, como decíamos en el epígrafe, «¡Sí, hay que saber llorar! Y acaso ésta es la sabiduría suprema.»
¡Propuesta prudentísima! Es una filosofía que moviliza la vida y sus múltiples sentidos. Al final del día, el llanto se inscribe a un género de situaciones vitales que afectan la condición perceptiva, y al mismo tiempo la experiencia de lo vivido. Creo que es creíble que después de cada llanto se refina la experiencia estética porque en el llanto la percepción sublimemente se purga. Uno lo sabe. Sentir cómo ocurre ciertas transformaciones cuando lloramos es revitalizar el magisterio las experiencias estéticas. Ahí está una clave para comprender el porvenir que nos viene, lleno de chatbots, amenazas nucleares y antropocenos engrandecidos.
Si se quiere apresar biográficamente el llanto o, en suma, si se tienen ganas de llorar, es menester hacerlo hábito. Sólo con haber llorado y haberme atenido a las consecuencias de la pandemia, hice una expedición nostálgica y llegué a ver detrás de una incipiente anormalidad
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Antonio
DELGADO Tríptico sobre Cortázar escritor logra que el lector evoque lo leído.
El existencialismo de Cortázar: El lector tiene el habito de postergar la lectura hacia el futuro. Algunas veces ese futuro nunca llega y el lector nunca se acerca a los libros y escritores que postergó. Entre tantas obras, el lector puede fácilmente olvidar o descubrir que el tiempo no llega. Suelo recordar esto. Durante mis años de juventud leí cuentos de Cortázar, antes aún de ser capaz de entender la complejidad de su vasta obra. Y a pesar de no haberme enfocado en ésta por alrededor de veinte años, leer sus novelas, ensayos, poesía y cuentos siempre fue reemplazado por una lectura de momento. Al final del año en el que se produjo la pandemia, decidí a leer algo suyo, antes de empezar con Rayuela finalmente. Y al año siguiente comienzo leyendo sus ensayos reunidos. En uno de sus ensayos Cortázar argumenta que no se puede asesinar el lenguaje. Sin embargo, el lenguaje se puede reducir al punto de esclavizarlo. El lenguaje se puede asesinar cuando se torna simple, con carencia de reto para el lector. Básicamente, se asesina cuando el lenguaje se torna idiota. He leído muchas novelas en las que el escritor simplifica tanto el lenguaje hasta el punto del aburrimiento. Si la intención es la accesibilidad del lenguaje, entonces, se fracasa cuando la historia que se cuenta también es inconsecuente. Para Cortázar un buen
Cuando el lenguaje no se simplifica, comunica un mensaje antropológico que relata nuestra humanidad pues la que exploramos a través de una comunidad creada por el mismo lenguaje. La escritura en español de Cortázar es universal. Expresa la condición humana. En este sentido su lenguaje se acerca al de Camus y al de Sartre. Su compromiso social esta dentro de los limites del lenguaje y de las preguntas que este hace a través de su obra. El lector puede encontrar entonces temas de América Latina, pero estos competen a su vez a la humanidad en general. El humanismo de Cortázar queda fuera de los regionalismos aún cuando sus narraciones acontecen en lugares determinados: y este es uno de los aciertos que conquista al no simplificar excesivamente el lenguaje. Al leer Rayuela pude apreciar las preguntas existenciales hechas por Oliveira. Y puede que algunas de esas preguntas que no logren llamar la atención de nuestro preciso momento, pero lo hicieron en su momento y siguen, como condenadas, a regresar. La amistad entre los personajes humaniza la lucha interna del lector; lucha por relacionarme con otros, cosa que nunca es fácil. El lenguaje de la novela hace que el lector tenga que escoger su propio tiempo, no solamente el or-
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-den de los capítulos.
A fin de cuentas, la critica que Cortázar propone sobre la simplificación del lenguaje parece estar relacionada con su contravía a las ideas de la ilustración lideradas por la Razón. En este sentido, para Cortázar, se puede jugar con el lenguaje, como lo hace en muchas de sus paginas, por lo cual podemos apreciar un retorno a Cervantes.
Cortázar prefiere definir el existencialismo como literatura y no como un sistema filosófico. La literatura no comparte el mismo activismo al que llamaba Sartre, sino un compromiso con la sociedad, que es como Cortázar prefiere definir la humanidad. Queda mucho por descubrir en la literatura por la que se puede crear una ontología dirigida hacia en individuo que habita su propia soledad dentro y con su humanidad.
Soviética y en la revolución que retoma las riendas del país Centroeuropeo me hizo ignorar la tradición de la novela de dictadores en Latinoamérica y de cómo queda ésta representada en la literatura. Leí también la obra de Hannah Arendt, Kafka, Kundera; entre otros, pero casi nada relacionado las américas. Me sorprendí al leer la obra de Cortázar, pues no logré entender por qué había pospuesto su lectura. Después de todo, soy el único responsable de tal decisión. Sus novelas me parecen distintas a la de los demás escritores del Boom Latinoamericano. Se sienten muy cerca a la obra de Camus y Sartre. Es un gran descubrimiento el haberme topado con un existencialismo y un humanismo latinoamericano cargado de un sentido de responsabilidad para con el otro y con el arte. Contrario a sus contemporáneos, Cortázar no indaga explícitamente, al menos en sus novelas, los temas cliché del momento, sino que prefiere explorar la condición humana evitando regionalismos y enfocándose en lo universal.
Leyendo una novela en el tiempo oportuno: Durante muchos años seguí el consejo de Borges: Dejar un libro cuando no se logra leerlo, pues significa que uno no está listo para él aún. Uno puede intentar en otro momento, más adelante. De esta manera he logrado leer sin la dificultad de la exigencia. Ya cuando retomo el libro postergado, lo hago con más facilidad.
Otros libros deciden voluntariamente ser leídos después. Durante mis años en la universidad, decidí no leer novelas que se sintieran cercanas a mis experiencias. En realidad, me enfoqué en escritores de la Europa Central. Leer a los Latinoamericanos lo percibía como una distracción respecto a la experiencia en la que debía sumergirme para entender la importancia de mayo del 68 en Praga y la relación con los regímenes totalitarios del siglo XX. Enfocarme en la invasión
No obstante, no lamento no haberlo leído antes. En sus novelas encuentro un escritor que trasciende las épocas. Aunque muchos consideran a Rayuela como una novela d e juventud , me parece que se puede disfrutar a cualquier edad. Lo mismo acontece con las demás novelas de Cortázar que leí durante todo el año de la pandemia.
Leyendo en traducción cuando se puede leer en el idioma original:
Para ira de muchos, Borges afirmó que la primera vez que leyó El Quijote lo hizo en inglés. (Tengo amigos que aún se ofenden con el comentario). Puede que Borges lo diga en broma. Puede que sí lo haya leído en inglés la primera vez. Puede que
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simplemente haya disfrutado la creación de una controversia a expensas de los puritanos del idioma.
La primera vez que leí Un tal Lucas de Cortázar lo hice en inglés. Conseguí el libro en una venta anual de libros usados el sótano de una iglesia en Park Slope, Brooklyn. Para mi sorpresa la edición que tenía en mis manos, que había tomado con ávido afán, es una primera edición inglesa, de bellísima tapa dura. Cuando uno encuentra un tesoro como este la alegría no se puede contener.
Un amigo me visita esa misma semana y le enseño el libro. Me reprende con sus exigencias y preguntas: ¿por qué leer en inglés un libro que se ha sido escrito en español, y que bien puedo leer sin dificultad en ese idioma?. Desde la ira provocada en los incautos por el comentario de Borges, no recuerdo haberme topado con tal estupidez. No guardo memoria de mi respuesta; o no la quiero recordar, pero creo que sería la misma de hoy: ¿Por qué no? Además, mi copia del libro está en perfectas condiciones.
Entonces, ¿por qué no leer un libro traducido cuando se puede leer en su idioma original? ¿Hay diferencia? ¿Acaso le debo lealtad a mi lengua materna? Si mi primer idioma es el español es por que mis padres decidieron que así fuera: una lengua impuesta a un recién nacido. Y si después decidí aprender otras, señaladas por necesidad académicas o circunstancias de la vida, creo que en realidad no importa...
Ignorando los comentarios de mi visitante, me puse a leer el libro de Cortázar en inglés, y lo disfruté mucho. No puedo negar haber tenido preguntas acerca de la forma en la que Cortázar construye algunas frases especificas, particularmente por recordar el estilo de sus cuentos. Aún así ,esto no me impide apreciar del libro. Los traductores, después de todo, también juegan con el lenguaje. En ocasiones hasta emulan el lenguaje del escritor que traducen. En otras ocasiones añaden sus
propias voces y estéticas al texto. En todo caso el contenido es el mismo. Y cuando leo, añado mi propio tono y voz al texto. Esto es lo me ha sucedido a menudo al releer la obra de Kafka en traducciones, incluyendo las más recientes al inglés.
No fue sino hasta el año de la pandemia que decidí releer Un tal Lucas, en español. Recuerdo a Borges, quien insistía en argumentar que prefería El Quijote en inglés que en español, obviamente añadiendo más ira a sus interlocutores. No voy a seguir a Borges en esto. Pero, debo confesar que me gusta más en español. Hay varias razones para ello. Ninguna tiene que ver con el idioma sino con las circunstancias de la lectura del texto en español, luego de haberlo leído en inglés.
La primera vez que leo Un tal Lucas lo hago como leyendo una novela. Varios años después, y luego de haber leído varias novelas, ensayos y conferencias de Cortázar, lo releo como un texto hibrido similar a Último Round. No puedo dejar de notar que en el primero, el lector encuentra fragmentos que son propios de la narrativa de la novela. También contiene elucidaciones propias de la novela, y que aparecen también en muchas de sus novelas. Además, hay elementos que aparecen en sus cuentos. Los fragmentos de la primera parte están enlazados por el narrador, Lucas. Mientras que la segunda parte contiene muchos cuentos breves. Estos se enlazan con la totalidad del libro. Y, sin embargo, se pueden leer de manera independiente como la parte posterior de Último Round.
Últimamente, no importa en que idioma se lee primero. He roto con el habito de postergar la lectura de autores que ayudan a entender el presente inmediato. Con la creciente incertidumbre del futuro que se nos presenta, un acercamiento a la obra de Cortázar brinda la posibilidad del descubriendo de nuestra propia humanidad a través de conversaciones tan universales como las que se ensayan en Rayuela.
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Rubén
GALVE RIVERA La falacia de Barthes Decía Roland Barthes que “la escritura es (…) donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe”. Pretender desposeer a Cervantes de su Quijote es una empresa tan atroz como la de arrancar de cuajo la autoría de la capilla Sixtina a Miguel Ángel; semejante aberración sólo es propia de un necio. La identidad no puede perderse. La identidad, como término abstracto que es, se redefine constantemente a lo largo de una evolución que tiene lugar en un marco espacial y temporal infinito. Es un proceso mutable, sí, mas irreversible. La identidad es una característica esencial, inherente al cuerpo al que pertenece.
Dice Barthes que cuando “el autor entra en su propia muerte, comienza la escritura”. Sin embargo, la acción de escribir no evita el hecho de experimentar. Ambas acciones, ambos conceptos, no sólo son compatibles, sino absolutamente necesarios, el uno con el otro. Tienen lugar simultáneamente. El escritor continúa experimentando en el plano metafísico. El autor, de hecho, cobra más vida aún. Este autor plenamente vitalicio es el absoluto creador de su obra. Unamuno se encarga de demostrarlo en su diálogo con Augusto; o Cortázar, haciendo, deshaciendo, y jugando en Rayuela. El autor no sólo es el creador de la obra, sino que, como tal, posee la última palabra..
En el sentido estrictamente literal de la palabra, la identidad no puede desaparecer, es indestructible, y se encuentra marcada por la experiencia; y la experiencia es indeleble. Por su constante interacción con el medio es modificada por muchos factores, pero en ningún momento llegará a desaparecer. Si el autor “existe antes que él [el libro], que piensa, sufre y vive para él”, si el autor posee por tanto esencia fruto de la experiencia ¿cómo es posible entonces negar su identidad? Esta experiencia hace que el autor no sea “el pasado de su propio libro” sino que el libro sea el pasado del autor, quien a su vez es por tanto el libro de su propio pasado. Es decir, el autor vive después de su creación y la domina a su antojo.
La experiencia del autor, en constante movimiento, es completada por su experiencia anterior. En pleno siglo XXI resulta imposible encontrar un autor que, post reconocimiento a su militancia socialista, escriba una obra ficcional donde la Iglesia se revele como una entidad necesaria para el desarrollo de la sociedad. Que se lo pregunten a Saramago. O a Goytisolo. Y a tantos otros. Es decir, el autor no habla directamente por medio de su creación: lo hace de un modo indirecto, con mayor o menor sutileza. En este sentido, lo único que no se mantiene fijo y que por el contrario oscila, es la mayor o menor vehemencia que el autor muestra en la exposición de sus ideas; son ideas personales, con matices. Que autor y auto son inseparables es irrefutable. Son la causa y el efecto, la dualidad o dicotomía vinculada perennemente de la cual están hechas todas las cosas. Todo elemento
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vital es creado y creador; tiene asignado a su vez un elemento con el que interactúa colateralmente, tejiendo una telaraña de elementos que interactúan unos con otros. Si el deseo de notoriedad es causa que crea, Barthes es el efecto creado. En su defecto, Barthes es la causa de su escritura, la cual se convierte a su vez en efecto. Pero quién puede negar que en su defecto, la escritura de Barthes sea la causa de su efecto, es decir, mi ensayo. Como indica Marx, “el hombre es, a la vez que creador, resultado de la sociedad en que vive.” Lo que el autor plasma en el papel es la corroboración de que sigue más vivo que nunca.
hoy en día donde está, es gracias al autor. Sin la existencia de un creador no hay creación. Sin obra, no hay literatura. El morbo social generado a raíz de las características personales del escritorinventor no es una lacra social. Se trata por el contrario de una ventaja. Sin nombres no habría nada. Sin goleadores, no habría fútbol. A la persona no sólo le interesa el gol, también le interesa saber quién ha marcado. En las ligas de fútbol, no sólo se cuentan los resultados; también se contabilizan los autores de los goles. Porque a la sociedad le interesa, y lo que interesa, en términos generales, se convierte en “necesario”.
“La escritura [no] es la destrucción de toda voz, de todo origen”, sino que por el contrario todo elemento vital tiene un origen. Para el catolicismo, Dios es el origen. Para aquellos que niegan la existencia de Dios amparándose en la teoría de la evolución, los gorilas son el origen del hombre moderno, los chimpancés son el origen de los gorilas predecesores del hombre, y así sucesivamente. Una vez confirmada la necesariedad del autor, éste debe ser siempre observado desde una perspectiva behaviorista ya que toda decisión a la hora de escribir X o Y está influenciada por su experiencia con el entorno del que está o ha sido rodeado. Juan Goytisolo no habría sido tan crítico en sus obras con la derecha si no hubiera padecido el franquismo; Virginia Woolf no se habría postulado respecto a la situación social de la mujer si hubiera vivido en una sociedad feminista.
Barthes se estanca en la indiferencia autoral que recibe el escritor en la Edad Media. Ya durante el siglo XX y en pleno siglo XXI, el marketing se posiciona como una ciencia decisoria de los gustos de una sociedad. No nos engañemos, la definición de Marketing como proceso de evaluación de las necesidades y antojos de una sociedad es una descripción antagónica, una definición subvertida en la práctica que convierte al marketing en un simbionte del sometimiento como necesidad que asalta al hombre moderno.
Queda claro por tanto que la existencia y co-existencia de autor y obra es irrebatible. La pregunta es, ¿se debería proceder a la muerte del autor? No. Donde Barthes se confunde es en el supuesto menosprecio que sufre la obra a manos del reconocimiento popular del escritor. Este hecho no acarrea consecuencias negativas de ningún tipo; es más, se trata de un impulso a la literatura. En definitiva, la existencia del autor no es sinónimo de obra decadente. Si la literatura está
Roland Barthes es el granuloma de sí mismo y su profesión, y su texto, un suicidio sectario en toda regla. Un ensayo cínico, a mi ver. Barthes crea una mentira en pos del reconocimiento personal. La ausencia de un aparato de análisis conciso y definido ocurre cuando el autor, como intelectual, sustituye su capacidad crítica por un afán afirmativo. La muerte del autor es un bluff , un texto repleto de confusión y contradicción. Al igual que Jackie Derrida y su concepto de deconstrucción supone un halo de renovación para la rutinaria y desgastada crítica literaria, excesivamente homogénea, el paradigma mortuorio de Barthes significa por el contrario un ataque a sí mismo, a su condición de pensador y crítico. Sin el autor, la obra sólo sería una simple y llana tabula rasa.
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IMPRESCINDIBLES
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LIBROS RECOMENDADOS
El poema recogido del autor en la presente edición corresponden a la obra La luz d ecapo table (El sastre de Apollinaire, 2021)
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N ° 10
Revista Noche Laberinto