Skip to main content

Aitana Carabel - Machismo en el metro

Page 1

MACHISM EN EL METR Aitana Carabel


Machismo en el Metro Aitana Carabel Projecte integrat, 2020 Cicle Formatiu de Grau Superior d’Il·lustració Òscar Sarramia, tutor de Projecte integrat Georgina Aspa, professora de Suport d’enquadernació Violant Cebrià, professora de Suport digital

Escola d’Art La Industrial Comte d’Urgell, 187 08036 Barcelona


Dedico este proyecto a las mujeres que me han contado sus historias y a las que luchan cada día por un mundo en el que podamos vivir, tranquilas y en libertad.


Mi historia se puede convertir en muchísimas historias, microrrelatos por así decirlo. Una vez, volvía de fiesta en el metro y llevaba una falda de tubo negra, había cuatro chicos sentados en frente y no paraban de decirme que dónde iba sola, que esa falda me quedaba jodidamente bien y que me abriera un poco de piernas a ver si me veían las bragas. Otra vez había salido de entrenar (hacía patinaje), tenía literalmente once años, eran aproximadamente las 20.30 de la noche. Tenía solo tres paradas hasta casa pero iba cargada con los patines, así que siempre cogía el metro. Iba vestida con un maillot de patinaje y una falda, y un hombre no dejaba de mirarme. Me sentí tan incómoda que me bajé del metro y me esperé al siguiente por miedo a que me hiciera algo. Era bastante mayor y yo era una cría. Esta primavera me sucedió algo parecido, en este caso, la situación era bastante irónica. De camino a casa de mi novio. Llevaba unos jeans y una Bomber muy ancha de mi padre, que me encanta, porque hacía fresquito… Un hombre de unos cuarenta años decidió ponerse bastante cerca de mí (íbamos de pie cogidos en una barandilla de esas). Se me estaba acercando tanto que tuve que decirle que, por favor, se alejara. Me miró y se apartó. Pensé que estaba salvada y se había acercado simplemente por error (ingenua). Al minuto volví a tenerlo otra vez detrás de mí. Me giré nuevamente y le dije: —¿Puede parar? No quiero que se me acerque. —Sí que quieres, todas queréis… — Contestó. Por suerte un chico que vio la situación le empujó y le avisó de que bajara del vagón al instante o llamaría a seguridad, el muchacho me acompañó durante todo el trayecto.


Hola, yo tuve una situación muy incómoda hace poco en el metro porque no supe si me estaban tocando adrede o por accidente. El hombre llegó a manosearme bastante y yo no sabía qué hacer porque tenía miedo de decir algo y que fuera un error y quedar de loca cuando fue un viaje realmente desagradable. Recuerdo una vez que dos chavales me estuvieron pidiendo fuego de lejos y como no sabía si me lo decían a mí me quedé callada. Entonces empezaron a decir cosas como “ven aquí a ver si me tocas la flauta como Hamelin”. Tuve que bajar del metro y cambiar de vagón.


Cuando tenía dieciséis años, un hombre me agarró del culo y salió corriendo porque las puertas del vagón se estaban abriendo en ese momento. Varias personas lo vieron y nadie dijo o hizo nada. Me sentí bastante mal conmigo misma y no supe qué hacer en ese momento porque me sentí muy sola y no fui capaz de hacer nada, solo me gire y le vi la espalda mientras corría. Este hombre me estuvo mirando desde que me subí y ya me hacía sentir bastante incómoda. Incluso pensé en cambiarme de vagón o esperarme al siguiente metro, pero me dije “da igual, seguro que baja pronto”, pero no me esperaba que llegara a tocarme.


Estaba haciendo el transbordo de la estación de Sants a la L3, cuando paré en el andén. Un hombre trajeado con gafas se me acercó y me dijo que sería perfecta para una agencia de modelos. En ese momento, era bastante jovencita e ilusa y pensé que, como era alta, podría ser verdad. Además, si el hombre iba tan bien vestido debía ser cierto. El señor empezó a tocarme la cara como si quisiera estudiar mi perfil para ver si valía para el modelaje. Iba girando y moviéndome como si fuera un fotógrafo, diciéndome que era preciosa y que tenía mucho futuro para esto. De repente, empecé a notar que su brazo me tocaba los pechos. Al principio, no dije nada porque pensaba que era un error, pero, al cabo de un rato, empezó a ser bastante evidente que me los estaba tocando aposta. Al final le grite “¡BASTA!” y me fui sin decir nada más, me sentí como una estúpida por haberme dejado engañar.


Mis amigos y yo nos dirigíamos a Santa Coloma para celebrar un cumpleaños en casa. Cuando fuimos a coger el metro, bajando las escaleras mecánicas, vi a un hombre con gorra que no paraba de mirarme. En ese momento me entró la risa porque estaba con mis amigos, pero sé, con total seguridad, que si hubiera estado sola me habría muerto de miedo. Cuando subimos al metro, el hombre me siguió por detrás y mis amigos decidieron que lo mejor sería ir hasta el final del vagón para estar alejados del pervertido. Cuando llegamos a Santa Rosa, estábamos más tranquilos pero me fijé en la otra punta del vagón para ver si ese hombre se bajaba en la misma estación que nosotros, ya estaba muy paranoica. Evidentemente el señor se bajó también. Entonces avisé a mis amigos y empezamos a correr hacia el ascensor, que por suerte estaba cerca. Pensaba que el hombre se quedaría lejos de nosotros ya que él había bajado al final del andén, pero lo teníamos detrás. Eso solo podía significar que había corrido desde la otra punta del andén hasta nosotros para subir al ascensor. Después de él se subió una señora que vio lo que había pasado desde que nos subimos al metro hasta que entramos en el ascensor. Mientras subíamos nos mirábamos los unos a los otros, el silencio era sepulcral, lo único que se oía eran las cuerdas del ascensor subiendo. Lo peor es que aquel hombre no me quitaba el ojo de encima, con esa expresión repugnante y el bigote sucio apestando a alcohol. Seguía mirándome con descaro delante de todos mis amigos. Cuando pensábamos que todo había acabado, antes de llegar al piso donde teníamos que salir, el ascensor se detuvo. Si no había estado asustada antes, en aquel instante empecé a sentir miedo de verdad.


Todos estábamos cagados y no sabíamos cómo reaccionar, atrapados con un tío que podía ser un psicópata, un violador o en el peor de los casos un asesino. Todo tipo de pensamientos horribles pasaron por mi cabeza en menos de cinco segundos. De repente, la señora que se había subido con nosotros lo apartó de los botones del ascensor. En ese momento nos dimos cuenta de que no había sido una casualidad, él había parado el ascensor a posta sin que nadie lo viera, y por eso se había colocado delante de los botones. La mujer avisó, por el botón del ascensor, de que estábamos atrapados. Después de tres minutos eternos el ascensor volvió a funcionar como si nada y pudimos salir. El hombre salió corriendo. Cuando pienso en ello me imagino que es lo que podría haber sucedido si hubiera estado sola, qué es lo que hubiera hecho ese hombre, si podía ser tan descarado delante de un grupo tan grande de gente, qué no podría hacer a una mujer sola.


Estaba en el metro, iba de pie y un hombre (super grande por cierto), se puso a mi lado. cuando subieron más personas, aprovechó para empezar a restregar su pene por mi pierna, así que le dije que por favor se apartara, me miró de una forma horrible y siguió haciéndolo, En eso decido cambiarme de lugar. Él no me dejaba pasar, estaba super atrapada y nadie me veía porque soy muy baja. Empecé a decirle de nuevo que se apartara, ya algo asustada de lo que podría hacer y lo empujé para poder salir. Entonces empezó a seguirme dentro del metro y a intentar de nuevo restregarmelo. Le grité que parara de perseguirme y acosarme, entonces un chico se puso en medio y le dijo que no se me acercara, eso fue todo. Realmente me asusté bastante porque al principio había gente que estaba viendo la situación, pero no dijeron nada.


Yo tengo un par de historias en la L4. Una de ellas fue volviendo de una entrevista de trabajo en la Barceloneta. Me senté en uno de estos asientos de cuatro y delante de mí se sentaron dos chicas más (no las conocía de nada). El caso es que a los tres o cuatro minutos llegaron dos tios y se pusieron de pie a nuestro lado a hablar, a gritos, sobre a cual de nosotras se tiraría primero y comenzaron a acercarse cada vez más. Me bajé a la siguiente parada con la cara llena de lágrimas… El vagón estaba lleno, todo el mundo lo estaba escuchando, nadie dijo nada. Otra cosa que me pasó unos meses después fue cuando quedé con unos amigos en la estación de metro de Bogatell para salir de fiesta. Hice el trayecto yo sola porque soy la que vive más lejos. Tenía a unos chicos frente a mi preguntandome si tenia novio. Les dije varias veces que no pero que no tenía ningún interés en ellos. A lo que respondieron que yo era una zorra por ir vestida como iba (un vestido negro con una chupa roja). No me dejaron tranquila hasta que bajé.


Hola…Te quiero contar algo que mi madre presenció en el metro cuando yo era pequeña. Tendría un año. Mi madre salió con unos familiares hasta tarde. Para volver a casa decidió coger el metro porque era más rápido. Al entrar al vagón se subió un borracho y meó en él. El hombre empezó a echar piropos a una madre con su hija (era adolescente). El hombre aún, con su miembro fuera, se acercó a las dos… Mi madre no podía hacer nada porque me tenía a mí y no podía alejarlo de ellas. Repentinamente el hombre me vio y se quiso acercar a tocarme las mejillas, mi madre solo pudo decirle: -Aléjate de mi hija. El hombre solo reía de las advertencias de mi madre y ella casi le levantó la mano para que se fuera. Con esa amenaza se fue y pudimos llegar a casa tranquilas.


Mi novia y yo entramos en el metro. En un principio todo estaba bien, pero a la siguiente parada un hombre se acercó a ella y le tocó el culo sin que me diera cuenta. Ella con mucho miedo me susurró lo que le había pasado, sentí muchísima rabia y le grité al hombre que se alejara de ella y que aprendiera a respetar a las mujeres. El tipo nos empezó a insultar por ser una pareja de mujeres y luego me tocó el escote para que se me quitará lo de ser lesbiana. Hizo un escándalo, intentado avergonzarnos y le amenacé con que si nos volvía a tocar le iba a cerrar la boca. Entonces agarró el brazo de mi novia, a lo que yo respondí dándole un puñetazo en medio de la cara, dejando al tío con la nariz sangrando. Luego llamaron a la policía, vieron las grabaciones de las cámaras y fue acusado por acoso sexual. La gente de alrededor no hizo nada. El hombre solo gritaba que íbamos a ir al infierno y que nos encontraría algún día. Ya habíamos tenido otras situaciones parecidas, pero ninguna como ésta. Fue horrible, aunque me quedé más tranquila porque se hizo justicia, mi rabia era infinita y tampoco tenía paciencia para aguantar la situación.


Una vez en el metro, estaba sentada enfrente de cinco chicos. Llevaba un vestido escotado y uno de ellos se dio cuenta. Entonces empezaron a hacer comentarios asquerosos como “le metia la polla entre las tetas” o “qué buenas tetas”. Después de un rato empezaron a hacer fotos disimuladamente y a tocarse la entrepierna. Después se bajaron pero lo peor es que nadie hizo nada.


Pues la historia no me ocurrió a mí, sino a mi tía. Estábamos las dos de pie porqué no había asiento. Recuerdo que había un hombre detrás de ella (alrededor de sesenta años) mirando fijamente su culo, me pareció repulsivo. El hombre en un punto se dió cuenta que yo lo miraba y me gritó “aunque seas menor a ti también te eché el ojo”. Mi tía me dijo que me calmara que ya nos bajabamos. El viejo también se bajó y me manoseó el culo, creo que fue la cosa más repulsiva que me ha pasado.


Volvía de estudiar y lo primero que hice al entrar al metro fue sentarme. Había una mujer a mi lado, podría haberse sentado, pero estaba de pie junto a la puerta, con una expresión de terror en la cara y me miraba como si me quisiera decir algo. Yo empecé a mirar a todos lados, solo había un señor que posiblemente tendría unos cincuenta años, con barba, con un pañuelo en la cabeza y que le faltaban tres dientes. Pero lo que más me impactó fue que aquel hombre no paraba de mirar a la mujer, ella podría tener unos treinta años. La mujer sacó el móvil y me lo pasó, yo estaba muy confundida, no sabía qué pasaba, pero ella había escrito en notas: “Ese hombre me lleva siguiendo desde que salí del trabajo y me ha advertido que si llamo a la policía me matará” en aquel momento yo hice ver que llamaba a una amiga y llamé a la policía, por suerte todo se solucionó.


Este proyecto se ha creado con técnica digital en un iPad Pro, con el programa ProCreate. Se ha editado en Adobe Photoshop y Adobe Illustrator, y maquetado en Adobe InDesign. La impresión se ha hecho en color con papel Canson de 200 g en la Copisteria Un Mar d’Idees, de la calle Joan Güell, 142, de Barcelona. Encuadernado a mano en el taller de encuadernación del Proyecto Integrado de la Escola d'Art La Industrial de Barcelona. Tipografía Arial. Ejemplar único. ©2020 Todos los derechos reservados.


Este libro es una colección de relatos ilustrados sobre mujeres o niñas que han sufrido acoso sexual en el metro de Barcelona (algunas historias han sucedido en Latinoamerica). Todas las historias contadas son reales. Con este proyecto pretendo llegar a concienciar a las personas de lo mucho que sufren las mujeres, incluso en sitios tan públicos como el metro, la inseguridad de estar encajonadas junto a machistas y a personas que giran la cabeza ya sea por miedo, falta de conciencia o complicidad. Con este proyecto quiero transmitir la importancia del feminismo en la sociedad actual y remarcar, que las mujeres no nos sentimos ni estamos seguras.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Aitana Carabel - Machismo en el metro by Escola d'Art La Industrial · Il·lustració i Animació - Issuu