Quimera Ivan Baró Canals
Projecte integrat 2020 Cicle Formatiu de Grau Superior d’Il·lustració Òscar Sarramia, tutor de Projecte integrat Georgina Aspa, professora de Suport d’enquadernació Violant Cebrià, professora de Suport digital. Escola d’Art La Industrial Comte d’Urgell, 187 08036 Barcelona
Este libro va dedicado a todas las personas que viven bajo cualquier tipo de represión y sueñan con un futuro mejor para su gente.
Barcelona año 2230 Una corporación de la nanotecnología llamada Quimera se ha hecho con el control de la ciudad. Con la aparición de la nanotecnología científica en temas biomédicos se ha aumentado la esperanza de vida de la población local. Se han minimizado los riesgos de contraer enfermedades de todo tipo, incluidas las genéticas, los grandes inversores seducidos por la alta calidad de vida se unen a la comunidad para sentirse invencibles y seguir especulando con su capital. La ciudad de Barcelona en plena expansión no puede crecer más a lo ancho y crece en altura.
En contraposición las personas que no alcanzaban el límite económico que suponía vivir en la superficie con los implantes médicos se amontonaban bajo las decenas de kilómetros de túneles del antiguo metro que fue abandonado debido a la evolución del transporte público. Un tercio de la población total de la ciudad vivía en el subsuelo, amparados por las vías abandonadas del TMB y en condiciones infrahumanas, trabajaban duramente para los más ricos con la esperanza de pagarse unos futuros implantes y poder vivir en la superficie. Los trabajadores de esta minoría empezaban a sentirse acechados por el relevo laboral de las máquinas en muchos oficios que anteriormente cubrían ellos. Los habitantes que no disponían de tecnología biomédica suponían un peligro en la seguridad e integridad vital de los demás ciudadanos los cuales podían contraer enfermedades desconocidas. Por esta razón permanecían aislados del resto de los civiles que los consideraba “parásitos” por mantener su biología humana de nacer y de morir.
Quimera corporación se fundó hace 30 años con el propósito de revolucionar la medicina del momento con la incorporación de la nanotecnología en la generación de anticuerpos y regeneración de células madre. Los descubrimientos se dieron a cabo por un par de universitarios que apuntaron muy alto fundando esta corporación farmacéutica.
Uno de ellos, Paul, un hombre ambicioso que, con sus fines lucrativos, consiguió el control total de la ciudad y alterar el transcurso natural de la vida que conocemos. Por otra parte, Marc, el otro socio y creador de la parte logística de Quimera, se dio cuenta del peligro que generaba la inmortalidad y decidió organizar un sistema de control, en un único ordenador, de base muy potente.
Paul empezó a notar que su socio se estaba arrepintiendo del proyecto y temía que pudiera eliminar todo el progreso de la empresa y amenazado por las circunstancias, contrató a un grupo de mercenarios para darle caza. Marc escapó con sus hijos Anika y, por entonces, el recién nacido Icar. Más adelante, al ver que la huida era en vano, decidió separarse de sus hijos para que no los encontraran junto a él. —Anika, tu hermano lleva en el ADN el código de destrucción del ordenador base. Cuida de él hasta que sea mayor —y los abandonó en la boca de metro más cercana. Anika recordaría durante toda su vida las palabras de su padre.
Bajo suelo también luchan por sus derechos a pesar de ser los más desafortunados. Tenían un movimiento revolucionario que quería terminar con la tiranía de Quimera. Esta milicia era liderada por Kora, una joven sin escrúpulos, que soñaba con un futuro mejor para toda su gente. Ella se encargó de cuidar de los hermanos cuando aparecieron desamparados después del abandono de su padre.
Una década después de los hechos narrados anteriormente, Anika debate con su hermano Icar de once años de edad sobre la situación crítica que está viviendo su pueblo. Todo se debe a la represión que ejercía la corporación para erradicar a las personas más desfavorecidas. Y así, distribuirse el poder entre las personas de su misma condición. Icar preguntó a su hermana si ya era suficientemente mayor para apagar el ordenador base que creó su padre años antes de su nacimiento. Anika le respondió, sin entusiasmo, ya que temía que algo pudiera lastimar a su hermano pequeño. Pero sabía que durarían muy poco si no destruían la cúpula del poder y, entre otras cosas, debía cumplir la última voluntad de su padre. La hermana mayor se dirigió al pequeño: —Mañana se lo comento a Kora —le susurró al oído.
Estaban los tres reunidos junto con dos miembros de la inteligencia rebelde planeando cómo poder acceder al edificio más alto de Barcelona sin ser detectados. Todo apuntaba a que el ordenador central estaba ubicado en la última planta de la torre. Minutos después, un hacker del grupo consiguió unos viejos planos del edificio y, fue entonces, cuando comprobaron que el ordenador se encontraba bajo el suelo. Se miraron con cara de felicidad ya que el subsuelo era su zona y podían acceder a las instalaciones ocultándose por los túneles.
Llegar a la ubicación no fue problema. Fueron aclamados por los ciudadanos que vivían en el subsuelo, aunque una vez ahí se encontraron con un inconveniente. Para acceder al núcleo central necesitaban pasar por una escotilla muy estrecha por la cual solo pasaban Kora, Anika e Icar. En un momento el joven se despistó y notó una presencia detrás de él.
Paul sujetaba al joven mientras sostenía una jeringuilla. Acto seguido se la clavó en el cuello y les explicaba que acababa de introducir una nanopartícula en su cuerpo. Si se les ocurría desactivar el ordenador central, Icar sufriría un ataque cardíaco fulminante. El científico les confirmó que los estaba buscando desde hacía años y conocía sus intenciones de acabar con la corporación. Kora y Anika al verse en este dilema se sintieron muy frustradas, de tal manera que abrieron fuego contra Paul a sangre fría.
Icar no tenía duda de que debía desactivar el núcleo aunque le fuera la vida. Nacido entre miseria y sin haber visto apenas la luz del sol, sabía el destino que le esperaba a su gente si no conseguía desequilibrar la balanza del poder. Se armó de valor y se dirigió corriendo hacia el panel de soporte del ordenador para desactivarlo. Paul recibió un disparo fulminante que acabó con él.
Minutos después, yacía muerto el cuerpo del pequeño Icar en manos de su hermana. Ella lamentó durante toda su vida haber aceptado, tan precipitadamente, que viniera el niño, tan joven. Pero sabía que había muerto por un pueblo y por eso siempre se le recordaría como a un héroe.
—Gracias al acto heroico que hizo mi hermano hace doce años pudimos volver a la superficie y empezamos a mezclarnos con esa gente que no se diferenciaba en nada de nosotros. Toda la gente que antes vivía con un legado de más de cien años, ahora moría, y todo volvía al orden natural de la vida —explicó Anika a su hijo. —Mamá, es por esto que mi nombre es Icar? —Sí, hijo, mi hermano nunca dejó de latir en nuestros corazones y por esta razón te pusimos este nombre. Anika se dirigió a su hijo, le dio un beso en la frente y apagó la luz del dormitorio. Todo estaba tranquilo. Las cosas cambian con el tiempo. Todo lo que pensamos que está en auge por ser tecnológico y revolucionario, puede que en un futuro cercano ya no se necesite. La humanidad hace cambios de pensamientos en función de los daños colaterales que recibe en el pasado. Pero, a pesar de todo, la raza humana está condenada a tropezar con la misma piedra una y otra vez.
Impreso digitalmente el día 2 de 5 del 2020 en Mediactive Ilustraciones a grafito con perfilado en tinta y posteriormente editado con Adobe Photoshop. Encuadernado a mano en el taller de Soporte y encuadernación de l’Escola d’Art La Industrial de Barcelona. Ejemplar único ©2020 Todos los derechos reservados