
—¡Hola,
Romina! —dijo la luna con voz dulce—.
Qué alegría conocerte.

La niña, con los ojos brillando de emoción, respondió:

Siempre soñé con venir a verte.
La luna le mostró sus cráteres como si fueran jardines secretos, y le contó historias antiguas sobre cómo las estrellas habían nacido.

La luna le mostró sus cráteres como si fueran jardines secretos, y le contó historias antiguas sobre cómo las estrellas habían nacido

Romina escuchaba fascinada, sintiendo que estaba viviendo la aventura más maravillosa de su vida.

Cuando el amanecer empezó a pintar el cielo de naranja, Romina cerró los ojos y volvió poco a poco a su cama. Al abrirlos, estaba de nuevo en su habitación, con el corazón lleno de alegría.

Desde ese día, Romina comprendió que su imaginación era un superpoder infinito.

Con ella podía viajar a cualquier lugar, vivir aventuras increíbles y cumplir todos sus sueños.

