Arenilla Ejemplar de colección
Revista
TRADICIÓN COMITECA
Publicación bimestral ■ Distribución gratuita ■ No. 2 ■ Diciembre 2017 - Enero 2018 ■ Comitán de Domínguez, Chiapas, México
Diciembre 2017 - Enero 2018
2 mil ejemplares Distribución Gratuita
Alejandro Molinari Director General Patricia Alcázar Relaciones Públicas Roberto Carlos Espinosa Vásquez Director Comercial Dora Patricia Espinosa Vázquez Editora Ejecutiva Fotografía de portada: Carlos Gordillo NUESTRAS REDES
E D I T O R IA L Respetado lector, acá tenés el segundo número de ARENILLA-Revista. Llega a tus manos gracias a la generosidad de nuestros patrocinadores. Nuestro primer número fue recibido con emoción. No podía ser de otra manera. Esta revista habla de las virtudes de los pobladores de Comitán y de la región. En el primer número dijimos que, por su propuesta editorial, ARENILLA-Revista es la mejor revista de la región. En sus páginas, cada bimestre, hallarás motivos para sentirte orgulloso de tu lugar de residencia. Estamos seguros que esta propuesta hará que reconozcás los valores intrínsecos de los habitantes de Comitán y de cómo éstos han tenido la capacidad para mantener el rostro bonito de la ciudad. Nuestro pueblo es uno de los pueblos con más personalidad en el estado de Chiapas y de México. Reiteramos nuestro compromiso de servirte, de darte lo mejor en cada número. ARENILLA-Revista se une a los cientos de actos diarios que hacen que nuestra región continúe conservando su identidad. Si seguimos abonando para preservar los valores tradicionales de Comitán: su gastronomía, su modo único de hablar y el habitual afecto de sus habitantes, nuestra ciudad y la región serán el sitio ideal para que tus hijos crezcan en un lugar lleno de luz y de armonía.
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El destino le tiene reservado, desde siempre, el lugar más sublime a Comitán y a la región. Reguemos la semilla con actos nobles. Que así sea.
Para eventos sociales, ventas y publicidad 9632365050 Este ejemplar está en tus manos gracias al patrocinio de: Hotel Tierra Viva, Hotel Corazón del Café, San Marcos, Clini-Neuro, restaurante La Casita, Universidad del Sureste, Clínica San José, Estética Vanity, Técnica Dental Avanzada, Restaurante Comitán Lindo y Qué Rico, Muebliplus y Librería Lalilu. E m p r e s a s comprometidas con el desarrollo cultural de Comitán y la región.
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Zaguán
CARTA A MARIANA, DONDE UN PÁJARO VUELA SOBRE LOS PARQUES DE COMITÁN
Q
uerida Mariana: Me gusta oír la plática de René y de Manuel. ¡Ah! Son tan simpáticos cuando platican. Ellos, en automático, hablan de vos (no de vos, Mariana, sino con el voseo). Los jóvenes comitecos han extraviado tantito nuestros modismos. Si hablan con amigos del centro de México usan el tuteo, creen que les da más caché. No saben que el voseo es parte de su espíritu y que su espíritu se queda cholenco si no respetan su identidad. Pero no quiero hablar de eso. Quiero hablar de René y de Manuel. El otro día estábamos en el parque central; estábamos sentados en la banca que está al costado del palacio municipal, esa banca solitaria que está detrás del murete donde aparece la placa del nombramiento de pueblo mágico, esa banca que está cerca de la escultura “Día marcado”, de Luis Aguilar. Era jueves.
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Esperábamos que llegara la marimba municipal para su tradicional tocada. Muchas personas hacían lo mismo: esperar, esperar a que comenzara la tocada para ponerse a bailar. El cielo era como una sábana lisita, limpia, luminosa. Corría un viento suave, desde la Ciénega. René fue el que lanzó la apuesta, una apuesta sin dinero, sólo como diversión. ¿Cuál de los dos parques es más bonito: el de La Pila o el de San Sebastián? Yo me di cuenta que René había mandado a volar a los demás parques, como si dijera que el central o que el de Guadalupe no podían entrar a la competencia del mejor parque de Comitán. La apuesta era entre el de San Sebastián o el de La Pila. Yo nada dije, pero pensé que el de San Sebastián es un parque bonito, a pesar de que sus árboles ya están viejos. Debe ser que me gusta porque
estudié la secundaria en el Colegio Mariano N. Ruiz y, en ese tiempo, a la hora del receso el padre Carlos dejaba que saliéramos al parque. ¿Podés creerlo? Nuestro recreo lo teníamos en el parque. Dábamos vueltas y vueltas o nos sentábamos en las bancas de granito a comer las “gorditas” que Cirito vendía en un local que tenían las madres de El Niñito Fundador. ¡Ah!, las gorditas de Cirito fueron el más delicioso antojo. Tal vez por eso a mí me gusta más el parque de San Sebastián. Cuando no leo en el parque central, bajo a San Sebastián y ahí leo. Nunca bajo a La Pila para leer. Aunque ahora es una pena, porque hay mucho bolito en San Sebastián. A veces me topo con teporochos, a los que ya les ganó la borrachera, tirados al lado de las bancas. ¿Quién iba a pensarlo? Antes, los bolos se arracimaban en el parque de La Pila, porque allá estaban las cantinas y los prostíbulos. Ahora, en San Sebastián, también hay muchachas que ofrecen sus cuerpos, cuerpos llenos de grasa, todos ventrudos. ¡Qué feo! Nada dije. Esperé a ver qué decía Manuel. No tardó ni un segundo en responder. “Ah, pucha -dijo- hasta la pregunta es necia. Claro que gana el parque de La Pila”. Yo volví la mirada para ver qué cara ponía René y para escuchar qué opinaba. “Sí -dijo René-. Tenés razón, La Pila es más bonito”. Yo me quedé con cara de barda de adobe a punto
de caer. ¿Cómo? A mí el parque de La Pila no me gusta. Tiene pocos árboles y mucho cemento. Es una planchota sin gracia. Si no fuera por los chorros y por el puma, si no fuera por el portal que está al lado del templo; si no fuera por el murmullo de los pies de los tojolabales que a diario caminan por ahí; si no fuera por el aroma de la cera que sale de los tendejones donde venden velas y veladoras; si no fuera por el recuerdo de la calle del Resbalón, y de la caja de agua, y del rumor de decenas de burreros con sus barriles, y del reloj hidráulico, y de la descripción que, en la novela “Balún-Canán”, hace Rosario Castellanos del indio que sube a la rueda de la fortuna en la feria, y de la entrada de velas y flores que cada diez de febrero se hace en honor a San Caralampio, el parque sería nada. Esto fue lo que les dije a Manuel y René y ellos, casi a coro, me dijeron: “Pues por eso, mudenco, por eso el parque de La Pila es más bonito que el de San Sebastián, porque es como el patio de la casa de Tata Lampo”. Posdata: Ya nada dije, querida Mariana. ¿Qué podía decir? Ahora pienso que una tarde de estas bajaré a La Pila, con una novela de Paul Auster, me sentaré en una banca cerca de los chorros y leeré. Pienso que será un privilegio leer a mitad del patio de la casa de Tata Lampo.
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Patio
CUENTO
PARA DAR EL GRAN SALTO
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Alín, el chapulín más pequeño de la familia, se maravilla con las aventuras de Artelo. El abuelo, sentado en un butaque, en el corredor de la casa, le cuenta que Artelo es el orgullo de la familia, porque un día dio un salto tan alto que alcanzó una nube del cielo. -¿De veras? -preguntó Alín, la primera vez que escuchó esa aventura. -Te lo digo yo. Cayó justo en el centro de una nube -respondió el abuelo, tomando un sorbo del café que la abuela Odisea le había servido. -¿Y dónde está Artelo, abuelo? -preguntó Alín, sentándose a su lado. -¡Ah!, Artelo está en gira mundial, mostrando lo que trajo del cielo la vez que dio ese salto fenomenal. -¿Qué trajo, abuelo? ¿Trajo el ala de un ángel? -No, no, de ángeles nada trajo, ¡no!, pero en cambio trajo un granizo del tamaño de un balón de fútbol. -¿Y en dónde está ese granizo, abuelo? -Bueno, como en casa no había refri-
gerador, el granizo se deshieló. -¡Ah, qué mala suerte! Pero, ¿qué más trajo? -Humm, trajo una bola de algodón blanquísimo. -¿De algodón blanquísimo están hechas las nubes? -¿Cómo lo supiste? ¿Vos has estado ya en alguna nube? -preguntó el abuelo, poniendo cara de sorpresa. Alín pensó que su abuelo bromeaba con él al preguntarle eso. Alín apenas alcanzaba a saltar sobre una piedra a no más de diez centímetros del suelo. -¿Y dónde está la bola de algodón blanquísimo? -preguntó Alín, colocando sus manitas sobre las piernas del abuelo. -Te digo que la tiene Artelo, la lleva de muestra en
su gira mundial. -¿Artelo es famoso? -¡En todo el mundo! Cuando llega a una ciudad miles de personas le hacen valla y desde los balcones sueltan confeti, mientras las bandas de música le dedican fanfarrias, y un tacuatz, que la hace de maestro de ceremonia, anuncia: “Y ahora, con nosotros, ¡el famoso Artelo, el chapulín que da los saltos más altos!” -Yo quiero ser como Artelo, quiero ser famoso, quiero saltar muy alto para llegar a la nube más lejana. El abuelo acaricia las patitas de Alín y dice que, entonces, debe estudiar mucho para que sepa cuáles son las leyes de la física. -¿Y eso para qué, abuelo? -Para que sepás cómo
flexionar tus patitas y así lograr el mayor desempeño en el salto. -¡Ah, ya entiendo! ¡Sí, sí! ¡Estudiaré mucho y seré tan bueno como Artelo! -Es una gran decisión -dice el abuelo y cierra los ojos, ya cansado. Alín también cierra los ojos, pero lo hace para imaginar el salto fenomenal que dará y que superará el salto fantástico que dio Artelo. Luego abre los ojos y ve que su abuelo ya duerme, entonces toma su mochila y va a su cuarto a estudiar las leyes de la física. Mientras salta por el corredor, piensa que no sólo estudiará las leyes del salto sino también las leyes de la conservación del hielo, para que cuando traiga el granizo gigante no se deshaga.
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Corredor
LA TARDE QUE RUFINO TAMAYO NO LLEGÓ A COMITÁN E
l Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos tiene una placa de bronce en la fachada. Dicha placa testimonia lo siguiente:
“
MUSEO DE ARTE HERMILA DOMÍNGUEZ DE CASTELLANOS. INAUGURADO POR EL MAESTRO RUFINO TAMAYO. 28 DE AGOSTO DE 1988. COMITÁN DE DOMÍNGUEZ, CHIAPAS, MEX.
”
La placa se colocó días antes y, tal como ahí se menciona, se esperaba la presencia del gran artista plástico oaxaqueño. Pero dos días antes del acto inaugural se supo que el maestro no acudiría, porque estaba enfermo. Así que la inauguración se llevó a cabo sin la presencia de Tamayo. Don Leopoldo Salvador Leal Melgar era presidente municipal de Comitán durante ese tiempo. Él cuenta: “Nos avisaron que Tamayo no llegaría a Comitán, porque estaba enfermo. Así que el día de la inauguración del museo no estuvo presente. Acudieron al acto, el general Absalón Castellanos Domínguez, gobernador del estado; su esposa, doña
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Elsy Herrerías de Castellanos; Isabel Arvide, directora de Comunicación Social; don Rubén Domínguez, ex presidente municipal de Comitán; Hernán Pedrero Sierra, Secretario de Finanzas; el profesor Ernesto Cifuentes López, Presidente del Patronato del Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos; el profesor Edgar Robledo Santiago; y otros personajes de la política estatal, como el secretario de educación y el secretario de obras públicas; también asistieron algunos artistas oaxaqueños, cuyas obras están expuestas en el museo”. Y como dice la sentencia: “Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña”, en el mes de octubre de 1988, una delegación chiapaneca viajó a la Ciudad de México, y en un salón del Hotel Niko -en Paseo de La Reforma- le entregó un reconocimiento a Rufino Tamayo y las llaves de la ciudad de Comitán. En dicho acto estuvieron presentes el general Absalón Castellanos, gobernador del estado; don Leopoldo Salvador Leal Melgar, presidente municipal de Comitán; la pintora Martha Chapa; doña Conchita Pérez, directora del Museo de Arte Hermila Domínguez de Castellanos; doña Olga, esposa de Rufino; entre otras personalidades.
Momento en que don Leopoldo Salvador Leal Melgar, presidente municipal de Comitán, entrega el reconocimiento al maestro Rufino Tamayo, en un salón del Hotel Niko, de la Ciudad de México. De izquierda a derecha: Rufino Tamayo, general Absalón Castellanos Domínguez, Olga de Tamayo, Leopoldo Salvador Leal Melgar y Martha Chapa.
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Balcones
Palabras comitecas Comitán se caracteriza por su peculiar forma de expresarse, con su cantadito y sus palabras auténticas. Hay personas que aprecian esta riqueza lingüística y todos los días, al hablar, rinden un homenaje constante haciendo uso de ellas de manera natural. Así como los comitecos no tienen inconveniente en decir que se sienten chentos* por su clima, sus mujeres bonitas y su gente trabajadora, tampoco tienen problema al hablar de aquellas personas que no tienen muchas ganas de hacer las cosas o no tienen el don de ser creativos. Incluso, utilizan muchas de estas palabras para apodar a las personas que realizan dicha acción. A continuación presentamos algunas palabras comitecas, tomadas del libro Glosario, de José Luis González Córdova, que aluden a aquellos comportamientos simplones, malhechos o que hacen referencia de personas haraganas. Apulismado.- Persona que no tiene ánimos para hacer algo o que tiene apariencia dejada en su forma de ser. Ejemplo: “¿Dónde te encontraste ese tu apulismado?”; “Hasta en su hormota se da uno cuenta que es un apulismado”. Arriada.- Azuzamiento que se hace al venado para obligarlo a pasar por donde están los cazadores. Son arriados los lentos y haraganes. Ejemplo: “Fiero tu modo, solo arriado trabajás”. Calash.- Malhecho, lento. Ejemplo: “Miralo ese, hasta para abrazar a la novia es bien calash”.
Chambón.- El que no hace las cosas correctas. Torpe, inhábil. Ejemplo: “Ese tu albañil es un gran chambón”. Penco.- Que no hace rápido las cosas. Ejemplo: “Era tan penco que cuando llegó con la serenata la novia ya se había fugado con otro”. Rascuach.- Poca cantidad. Cosa mal hecha. Ejemplo: “La feria, tan rascuach como todos los años”. *Chento.- El que luce o presume algo. Ejemplo: “Chento está con su pantalón nuevo”.
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UNA SEMILLA SACA UNA MANITA POR ENCIMA DE LA TIERRA El sábado veintiocho de octubre de 2017 se presentó el primer número de ARENILLA-Revista, en la Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. ARENILLA-Revista se une a los grandes logros que, a diario, hacen muchos comitecos. Se trata de recordarnos que somos un pueblo con vocación de grandeza. El destino ha reservado a Comitán el lugar más sublime. Comenzamos de manera modesta, como han comenzado todas las grandes obras, pero aseguramos que ARENILLA-Revista ya comienza a ser el orgullo editorial de la región. ARENILLA-Revista nació con el convencimiento de que Comitán merece una revista que nos
recuerde la grandeza de este pueblo y la genialidad de sus habitantes, que continúan preservando la herencia recibida. Sus patrocinadores, de igual manera, nos hablan de una lealtad a su tierra. Ellos son personas que creen en la nobleza de Comitán. Ellos invierten en este prodigioso pueblo y crean fuentes de empleo y estimulan la tradición para que nuestra comunidad siga fortaleciéndose. Gracias a todos los que creen en nosotros, gracias por apuntalar el sueño de vivir en la ciudad que nos merecemos. Gracias por estar con nosotros. ¡Que viva Comitán y la región!
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Oratorio
A LA COMITECA
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ecir que algo está Hecho a la comiteca, significa decir que está ¡Bien hecho! Esta sección consigna actos que han sido deslumbrantes en nuestra historia local.
Comitán ha tenido, a través de su historia, una serie de libros prodigiosos hechos por comitecos; pero hay tres que sobresalen: “Sólo para comitecos”, de Armando Alfonzo; “Arcaísmos, regionalismos y modismos de Comitán, Chiapas”,
de Óscar Bonifaz; y “Comitán de mis amores. Colores y miradas de nuestra tierra”, edición realizada en tiempo que el C.P. José Antonio Aguilar Meza fue presidente municipal. Los tres libros fueron recibidos con júbilo por los lectores de la región, porque, aparte de sus virtudes narrativas (en el primer caso), las sugerencias lingüísticas de nuestro modo de hablar (del segundo) y de sus dones gráficos (en el tercer caso) poseen la gracia suprema de enaltecer la personalidad del pueblo y de sus habitantes. Si un extranjero deseara, a vista de pájaro, tener un acercamiento a la identidad cultural de Comitán,
estos libros serían un buen inicio. Claro, el extranjero debería hojear los libros degustando un pan compuesto acompañado con un vaso de temperante o con un atol de granillo. El libro “Comitán de mis amores. Colores y miradas de nuestra tierra” fue un éxito, porque es un catálogo maravilloso de fotografías de nuestro entorno. Algunos de los fotógrafos más importantes en ese momento (2012) colaboraron para la grandeza de este libro impar. Hoy rendimos homenaje a estos artistas visuales que siempre realizan su obra ¡A la comiteca!; es decir ¡Bien hecho! Queden acá consignados los nombres de estos espléndidos fotógrafos: Ángel Gabriel Penagos Gordillo, César Alfredo Guillén Cota, Fredi Culebro Meza, Julio César Albores Díaz y Antonio Aguilar Gómez.
Acá compartimos un texto breve que aparece en el libro y que da cuenta precisa del carácter único de los comitecos.
DEL GRITO DE IDENTIDAD: En Comitán todo mundo cuenta que cuando un paisano está en otra ciudad de México o en otro país y escucha el grito: “¡Cotz!”, reconoce que ahí está otro comiteco. ¿Qué es el Cotz? Es una palabra que los expertos lingüistas dicen proviene del tojolabal y significa “Guajolote”, pero en nuestro pueblo también tiene la connotación de “Acto Sexual”, por
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Fotografía: Ángel Gabriel Penagos
esto los comitecos acostumbran decir que en la vida lo más sabroso es echar cotzito lindo y jacarandoso. Hace muchos años, así como ahora están llenas de grafitis, las paredes de las casas tenían enormes letreros con la famosa palabra. En los guateques nunca faltaba el grito del bolo: “¡Cotz para los marimberos!” Nunca se supo si los marimberos interpretaban ese grito como un insulto o como una manifestación de inocente alegría.
¡Sí, padre! “Entonces, ¡vayan a echar cotz!”.
Cuentan que cuando el padre Carlos casó a Mariano Catz y a Rosario Quitz, preguntó: “Mariano Catz, ¿aceptas por esposa a Rosario Quitz?” ¡Sí, padre! “Rosario Quitz, ¿aceptas por esposo a Mariano Catz?”
Mariana es un ejemplo de lo que hoy es Comitán: una ciudad que labra su porvenir y se siente orgullosa de sus raíces culturales. ¡Que viva el Cotz!
En ese tiempo, las muchachas bonitas mencionaban el Cotz, pero en voz baja (de prácticas nada se dice). Hoy estos tiempos son diferentes, Mariana es una chica liberada y nos demuestra que las mujeres comitecas, además de bellas, inteligentes y con principios morales sólidos ¡no tienen complejos!
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ARENILLA
CARTA A MARIANA, DONDE SE PLATICA DE CÓMO RECIBÍAN A RODRIGO EN ÉPOCA NAVIDEÑA Querida Mariana: Diciembre es un mes bello. Muchos paisanos que radican en otras ciudades, por cuestiones laborales o por estudios, llegan a Comitán para estar con amigos y familiares. La misma emoción que sienten ellos al llegar al pueblo, aparece en el corazón de quienes los esperan, como se dice, con los brazos abiertos. Recuerdo que la tía Alicia y la abuela Fidelia comenzaban con los preparativos un día después de la celebración de la Virgen de Guadalupe. La tía Alicia decía: “Primero le hago su novenario a la virgencita y luego ya voy con la fiesta de mi Rodrigo”. En ese tiempo, los años setenta, “su” Rodrigo estudiaba en la Ciudad de México. Rodrigo era el orgullo de la tía. Desde el día que pasó el examen de admisión, para estudiar la carrera de Ingeniero Civil, en la Universidad Nacional Autónoma de México, ella, con un carpintero del rumbo de La Pila, mandó a hacer una tabla como de un metro de largo y sesenta centímetros de ancho que tenía una serie de bitoquitos a manera de velas. Cada bitoquito representaba uno de cada día de los cuatro años que restaban para que su hijo terminara su carrera y regresara a Comitán con el título de Ingeniero Civil. Digo pues que los preparativos para recibir a su Rodrigo eran fastuosos. Rodrigo llegaba a Comitán el día 23 de diciembre y regresaba a la Ciudad de México el 2 de enero del siguiente año. Por ello, la tía y la abuela comentaban que sólo tenían pocos días para arreglar la casa a fin de que su muchacho la viera bella y sintiera el cariño que ellas le prodigaban (cariño que
Sala
también se manifestaba en el jugoso cheque que la tía depositaba cada fin de mes para que Rodrigo pagara la pensión, la comida, el lavado de ropa y tuviera suficiente para sus diversos gastos, entre los que estaban incluidos los de la entrada al Estadio Azteca, ya que Rodrigo era aficionadísimo al fútbol soccer).
Dos o tres veces entré a la casa de la tía Alicia. En una me tocó mirar los preparativos, porque era el mes de diciembre y ya faltaban dos o tres días para el 23. La tía abrió la puerta y me invitó a entrar, dijo que llegaba yo en buen momento, porque habían terminado de preparar la butifarra (que tanto le gustan a mi Rodriguito), así que iba a probarla. ¡Ah, pucha, querida Mariana! Casi me voy de espaldas cuando entré a la cocina y miré que sobre la mesa había tres platos con, no sé, unas doscientas butifarras colocadas sobre mantitas bordadas. ¡Ah, no sabés cómo le gustan las butifarras a mi Rodrigo! Yo dije que no faltaba saberlo, porque podía imaginarlo al ver tantas butifarras. La tía mandó a una sirvienta que me sirviera dos butifarras en un plato y me dijo que me sentara, mientras de la bolsa de su mandil (a cuadros, blancos y azules) sacó una carta y me leyó un fragmento. En la carta (eran tiempos en que no había celulares ni computadoras, y los estudiantes comitecos radicados en el Distrito Federal se comunicaban a través de cartas con sus papás y con sus novias), Rodrigo decía que en esta ocasión no viajaría por la Cristóbal Colón; decía que viajaría en el carro de Mariano y que saldrían la noche del veintidós. Pensaba que llegarían al mediodía, justo para la hora de la comida. En la posdata le pedía que tuvieran preparadas las butifarras (que tanto me gustan) y que invitara a su amigo Manuel y al tío Cheno. Siempre pensé que los preparativos para recibir a Rodrigo eran un tanto exagerados; es decir, estaban en concordancia con el amor excesivo que la tía y la abuela le prodigaban; pero también siempre pensé que en cualquier otra casa, si bien no eran de tal magnificencia, también se preparaban para recibir con gusto a los que regresaban a Comitán para pasar acá las fiestas de fin de año. En aquella ocasión que tuve el privilegio de comer las butifarras (antes que Rodrigo las probara), la tía le pidió a su mamá que me dijera cuáles eran los
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dos secretos para que los embutidos que ellas hacían fueran de los mejores de la región. La abuela Fidelia, limpiándose las manos en el mandil y sirviendo un poco de agua de chilacayote en un vaso, dijo: Primero, remojo con mistela la tripa de cuch. Muchas mujeres ahora la remojan en vinagre. Con vinagre agarran otro sabor; y lo segundo es el punto exacto de la nuez moscada, porque si le echás poquito no agarra sabor y si le echás de más queda como picoso. El punto exacto es difícil de conseguirlo, yo sí tengo esa gracia. Y mientras lo decía, yo asentía con la boca llena, porque, en efecto, el sabor de la butifarra era sensacional. Puedo decir, así como digo de los tamales de azafrán que preparaba tío Jul, que nunca volví a saborear una butifarra tan sabrosa.
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Cuando Rodrigo llegó en el carro de Mariano ese año y entró a su casa, cargando una vieja maleta de cuero, comprada en una de las peleterías de la bajada a San Sebastián, halló lo que siempre encontraba: una casa fastuosa, arreglada con esmero; sólo algo faltaba, algo que Rodrigo buscó con afán. Las paredes de la casa habían sido pintadas con pintura de cal y baba de nopal; los patios de ladrillo habían sido regados; los helechos estaban relucientes pues cada hoja había sido limpiada con aceite; los recién barnizados pilares de madera de los corredores estaban adornados con festones de juncia fresca; misma juncia que formaba una mullida alfombra en todo el patio; patio donde estaba colocada una mesa con mantel blanco al centro y albergaba, en la esquina, la marimba que lo recibió con una diana conchinchín y, en seguida, con Dios nunca muere, el vals que era el favorito de su padre (ya fallecido) y que Rodrigo siempre pedía para honrar la memoria del viejo electricista. Y en aquella mesa de blanquísimo mantel había una serie de charolas con todos los antojitos comitecos que tu mente pueda imaginar. Hacé de cuenta que era una sucursal del restaurante Tono Gallos, pero sin regateos. Había decenas de platos con chanfaina, olla podrida, huesos, tostadas, frijoles refritos con chile de Simojovel, chinculguajes, caldo de shuti, pellizcadas, salpicón de venado, chorizos, picles, chile al pastor, barbacoa, saquil, tamales (de bola, de hoja, de azafrán, de chipilín, y de frijol tierno), lengua en pebre, cocido, panes compuestos, paniteles, dulces (tableta de manía, salvadillo con temperante, quiebramuelas, gaznates, maíz de guineo, chimbos, obleas, africanos, turrones, caramelos de Zapaluta, acitrón, jocotes y nances encurtidos, higos, cuchitos, nuégados, laurelitos y cocadas) y, por supuesto, las butifarras. En una mesa más pequeña, como si fuera una mesa elegida, había otros platillos que tal vez no habían entrado en la mesa grande. En la mesa pequeña había platos con pacaya capeada, chiles siete caldos, costillitas, hueso asado, chicharrón de hebra, frijol con pata, enchiladas comitecas (con lechuga, queso, cebolla y rábano), espinazo
con chaya y los famosos baldaditos de ejote.
debe andar, preguntale al tío Cheno, él debe saber.
Y ahí estaba la tía, con su vestido de fiesta, ese de color rojo que tenía cintas doradas en el escote y en la cintura; y ahí estaba el tío Cheno, con su camisa blanca y su chaleco azul, que le había tejido su hermana Engracia; y ahí estaba su amigo Manuel, con su pelo engominado y su característica corbata de mosca; y también estaba (en la fila que lo abrazaba) la nana Elpidia, quien era el brazo derecho de la tía en la cocina, ya que era la encargada de moler el cacao, en el metate, para hacer el chocolate, que también espumeaba en las tazas dejando correr su aroma en toda la casa. Como todo había sido preparado desde el día 13, los diez días habían servido para que el 23 fuera un broche de oro. Pero, ese mediodía, Rodrigo, mientras recibía el abrazo de todos, buscaba como si fuera un pajarito, la figura de la abuela. Cuando el tío Cheno lo abrazó, Rodrigo le preguntó por la abuela Fidelia, el tío titubeó, se separó del abrazo, sacó su paliacate, se limpió la frente y dijo: Yo no sé, tu mamá es la que sabe. Entonces, Rodrigo corrió hacia el oratorio, lugar donde la tía prendía una veladora a San Juditas, para agradecer que hubiese llevado con bien a su Rodrigo. En el momento que ella se hincó, su hijo se acuclilló a su lado y preguntó: ¿En dónde está mi abuelita? La tía dejó el rosario sobre el reclinatorio y dijo: No sé, hijo. Yo pensé que ya te había saludado, siempre es la primera. Rodrigo quedó viendo a su mamá y respondió: Por eso, porque siempre es la primera, se me hizo extraño no verla. Decime, ¿le pasó algo? ¿Está enferma? La mamá tomó el rosario y dijo: No, ni Dios lo quiera. Por ahí
Rodrigo me platicó que no supo qué hacer. Parecía que jugaban con él. La abuela Fidelia lo esperaba todos los años en la entrada del zaguán y casi siempre era la primera que lo recibía con los brazos levantados regando su cabeza con confeti. Rodrigo salió del oratorio y buscó al tío Cheno, pero dos amigas lo interceptaron y le dijeron que cada vez estaba más guapo. Rodrigo sonreía nervioso, se paraba en puntas tratando de ver al tío Cheno para preguntarle. Pero no fue necesario, porque en ese momento las puertas de la casa se abrieron de un empellón y todo mundo vio a la abuela presidiendo un grupo de mariachis. El grupo tocaba Dios nunca muere. Rodrigo corrió en medio de los invitados, quienes se hicieron a un lado para dejarlo pasar. En medio de la valla, Rodrigo abrió los brazos y abrazó a su abuela, quien, en su oído le dijo: Nunca te habíamos traído mariachi. Posdata: Todas las mañanas, durante cuatro años, la tía entró al oratorio y quitó uno de los bitoques que tenía en la plancha de madera. Cuando quitó el último supo que Rodrigo había concluido sus estudios. ¡En efecto! Quince días después recibió una carta donde su hijo le notificaba que ya había terminado la carrera. Había recibido su carta de pasante. La carta terminaba con una posdata donde Rodrigo le decía que llegaría el 23 de diciembre y ahora debían decirle ingeniero. Que no olvidara invitar a Manuel y al tío Cheno y que tampoco olvidaran las butifarras y ¡el mariachi, de su abuelita!
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Cocina
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LLAVES Y CERRADURAS DE HERRERO
A
Testimonio de doña Alicia León: La foto está tomada en la escuela Cuauhtémoc, de allá por Yalchivol. Mi papá era profesor de ahí. Se llamaba Amador León. Él murió en el 54. Cuando se casó con mi mamá ya estaba como de cincuenta años. Empezó a dar clases desde muy joven; primero dio clases en Yajalón, después lo mandaron a Las Margaritas, ahí fue donde conoció a mi mamá, y después lo mandaron a Yalchivol y ahí lo jubilaron. No sé el año de la foto, pero tiene más de ochenta años.
rmando dice que nunca lo imaginó. ¿Cómo íbamos a imaginar que las llaves iban a ser unas tarjetas? Armando se refiere a las tarjetas magnéticas que dan en los hoteles modernos y que sirven para abrir las puertas de los cuartos. Y es que hubo un tiempo en que las puertas de las casas comitecas tenían cerraduras que se abrían con llaves hechas por herreros, maravillosos artesanos locales. Uno de esos herreros fue don Jorge Aguilar Villatoro, quien tuvo el taller en su casa, en el tradicional barrio de La Pila. Don Jorge nació en Comitán, el 12 de mayo de 1928, falleció en 2016. Su esposa, doña Alicia León, cuenta que su esposo hacía “barretones, para abrir hoyos; cubos para sembrar; herrajes, para caballos; y llaves y cerraduras para las puertas de madera.” Antes había la costumbre de mandar a los hijos varones a que aprendieran un oficio. Don Jorge, a la edad de diez años, comenzó con el oficio de herrero: “Su maestro fue don César Cifuentes, que era un herrero muy bueno, acá en Comitán. Ya cuando cumplió los quince años se fue con otro maestro herrero que fue quien le enseñó a hacer las chapas con las llaves grandes. También hacía las aldabas con su jalador. Cuando cumplió los veinticinco años ya salió de trabajar con el maestro, fue el tiempo en que nos conocimos. Yo tenía quince años, me escapé con él.” Doña Alicia dice que su esposo tenía una prensa y una fragua en el taller, además de “un tas, que es donde martillaba todo lo que hacía para darle forma. El fierro lo calentaba en la fragua, lo sacaba y lo majaba para darle forma a las diferentes cosas que le pedían. Venían de muchos lados a comprar lo que hacía, a veces íbamos a dejar en las tiendas, también íbamos a Las Margaritas, ahí compraban mucho.” Muchas casas de Comitán tenían esas cerraduras y llaves hechas por los herreros. Doña Alicia reconoce que el oficio de su esposo era un “trabajo pesado”, dice que su esposo era chaparrito, pero era muy fuerte. En estos tiempos, esas puertas de madera y esas llaves de herrero ya no se usan, son elementos que apuntalan la nostalgia de nuestra identidad. Ahora todo mundo emplea llaves y cerraduras de fábrica.
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Tapango
La importancia de un buen cimiento
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oña Rosa Guadalupe Ventura Flores y don Héctor Flores Gil son los fundadores de la tienda San Marcos, referente de una empresa comiteca de éxito, que en 2020 cumplirá ¡cincuenta años de servir a Comitán y la región!
Don Héctor Flores Gil comenta que sus papás, don Carlos Flores Nájera y doña Ángela Gil Carrera, llegaron a Comitán, en 1960, e iniciaron el negocio que se llamó Telas Yolanda. Ellos llegaron de Tlaltizapan, Morelos. “En ese tiempo yo tenía quince años y estudiaba la secundaria, en la ciudad de Puebla. En 1963 llegué a Comitán y empecé a trabajar con un primo, Miguel Gil, que ya falleció. Empezamos un negocio, contra esquina de Jesusito, se llamaba El esfuerzo. Después nos cambiamos a un local contra esquina del parque central, donde ahora hay una pollería; luego nos separamos e inicié el negocio que se
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llamó Telas populares. Tiempo después nos cambiamos a la esquina donde ahora está el Oxxo. Me casé en el 71 y desde entonces, junto con mi esposa, empezamos a trabajar en la tienda que se llamó Marcos. Ahí estuvimos como veinte años.” Don Héctor Flores Gil ha sido un hombre de esfuerzo, de trabajo. Cuenta que en Morelos, muy joven, salía a vender telas a los lugares aledaños. Ya en Comitán hacía lo mismo, pues salía a vender a Comalapa, Chicomuselo, Las Margaritas y La Trinitaria. Doña Lupita Ventura cuenta que, en los años setenta, a la venta de telas incrementaron el ramo de camisas y de pantalones: “Eso le dio un impulso al negocio y empezó a crecer más. El local era rentado, pero fuimos constantes y nunca quedamos mal en cuanto al pago de rentas.”
La herencia del buen trato Doña Lupita es comiteca. Todo mundo de acá reconoce la amabilidad y el buen trato que otorga a sus clientes. Dice que heredó ese don de sus papás, ya que ambos fueron muy trabajadores. Su papá, además que era celador, atendía el restaurante Salón Paty, en la Colonia Miguel Alemán. Cuando se le pregunta cuál es la clave del éxito, sin dudarlo comenta: “¡La atención al cliente! Para lograr una buena atención se necesita formar un buen equipo de trabajo. Cuando los clientes me dicen ‘usted es la dueña’, digo que yo no no soy dueña de nada. Yo sólo formo parte de un equipo de trabajo que hace lo que le gusta hacer. Para mí es un gusto atender a la clientela y que se vaya satisfecha. Mi esposo me dice ‘Tú prefieres estar más en la tienda que en la casa’. ¡Así es! Me gusta estar en la tienda. Para mí no es trabajo, es un gusto.”
de haber recibido la herencia genética de más de tres generaciones que se han dedicado al comercio.” El licenciado Héctor Flores Ventura narra que cuando decidió estudiar la educación profesional sabía que deseaba regresar a Comitán para atender el negocio. Estudió Mercadotecnia, volvió y se convirtió en el soporte principal de sus papás en la cuestión administrativa y contable: “Me encargué del cambio del papel a la computadora”. Tal como doña Lupita lo mencionó, su hijo insiste en que el éxito se dio desde el momento en que sus papás hicieron muy buena mancuerna. Doña Lupita dice que al principio le costó trabajo vender, pero con el paso del tiempo se convirtió en la gran vendedora que es en la actualidad. Los clientes agradecen su trato personal y la calidez en el servicio.
Un negocio de tradición Don Héctor Flores Gil remarca algo muy importante: La permanencia de la empresa. Dice: “Son tres generaciones que se han dedicado a este negocio: Mis papás, nosotros y ahora nuestros hijos.” Esto es para resaltarse. Muchas empresas comitecas han desaparecido con el paso del tiempo porque no tuvieron continuidad. San Marcos es un gran ejemplo de exitosa tradición empresarial. ¿A qué se debe tal éxito? Respecto a esto, habla el licenciado Héctor Flores Ventura, representante de la tercera generación: “Son varios factores. Unos buscados de manera propia y otros que son del destino. La diferencia de edades entre mis hermanos y yo es de nueve años. Así que a los nueve años me quedé como hijo único, porque mis hermanos estudiaban fuera de Comitán. ¿Qué hacía en las tardes? Ir a la tienda de mis papás. Eso se dio de manera natural y fue lo que permitió que, desde pequeño, tuviera cercanía con el negocio. Además se dio el hecho
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San Marcos es un referente de luz en Comitán. Del local que rentaban (donde ahora está Oxxo) compraron el local que era propiedad de doña Consuelo Cantoral y que es el lugar donde ahora atienden a su clientela. Remodelaron el edificio para convertirlo en un local con gran dignidad para beneplácito de sus favorecedores, que se sienten muy bien cuando entran a la tienda. Una empresa comprometida con la cultura de Comitán Cuando San Marcos estaba por cumplir cuarenta años, el licenciado Héctor Flores Gil propuso a su familia festejar el aniversario de la tienda de una manera especial. “Mi papá quería festejar aportando algo de lo que toda la clientela nos ha brindado durante tantos años”, dice don Héctor Flores Ventura. “Mi hermana, meses antes, había ido a correr una carrera en Tuxtla, estaba muy emocionada. Nos planteamos hacer una carrera a favor de Comitán, sin ningún interés comercial. Festejamos los cuarenta años con una carrera y dimos premios. Los pocos corredores que había en ese momento estaban contentos y pedían que hiciéramos otra carrera; por
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eso se hicieron dos. Se cumplió muy bien con el objetivo de fomentar el deporte. En ese tiempo sólo existía la Carrera de San Juan y no había otra, y los que corrían eran pocos, como veinte. En ese año, entre la primera y segunda carrera, hizo carrera la ETI, el Club Campestre, Plaza las Flores, UDS, Salazar, Cruz Roja, ¡fue un boom de carreras! Ahora, de veinte corredores que teníamos en Comitán, ya se cuentan por cientos. En 2012 hicimos un cambio y festejamos con la Orquesta Sinfónica de Chiapas.” La presencia de la Orquesta Sinfónica de Chiapas fue un acto de gran relevancia para Comitán. En el parque central de Comitán, cientos de espectadores disfrutaron un concierto de manera gratuita. De esta manera, San Marcos ha demostrado su compromiso constante con el desarrollo de este pueblo y de la región. El licenciado Héctor Flores Ventura dice que ya preparan los festejos para conmemorar los cincuenta años y con ello agradecer la preferencia que miles de clientes les han dispensado desde el primer día que abrieron las puertas de su tienda.
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