Ejemplar de colección
® Hotel Zaculeu tu casa en
Huehuetenango
Publicación bimestral ■ Distribución gratuita ■ No. 14 ■ diciembre 2019 - enero 2020 ■ Comitán de Domínguez, Chiapas, México
diciembre 2019 - enero 2020
2 mil ejemplares Distribución Gratuita Alejandro Molinari Director General
Roberto Carlos Espinosa Vásquez Director Comercial Carlos Antonio Rivas López Director Comercial, en Guatemala
E D I T O R IA L
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Dora Patricia Espinosa Vázquez Editora Ejecutiva Patricia Alcázar Relaciones Públicas
Fotografías de portada: Cortesía del Hotel Zaculeu NUESTRAS REDES facebook.com/Arenillarevista Twitter: @arenillarevista instagram.com/arenillarevista 9631266418 9631043955 arenillarevista@gmail.com Para eventos sociales, ventas y publicidad 9632365050 Este ejemplar está en tus manos gracias al patrocinio de: San Marcos, Hotel Zaculeu, Uniksa, Crearte en Madera, Ipesa pinturas, Western Grill, Italika Refacciones, Dr. Rodolfo Pascacio Camacho, H y C servicios, New Fashion, Dr. Eduardo Trujillo Castillo, Diagnostícate, San José Clínica, Dr. Mazariegos Díaz José Ramón, Notaría 20, Kotol Kahlix, Impresos, maestra Nancy Kapeloff, Técnica Dental Avanzada, Dental Clinic, Ámbar Sáharais, La casa de los cortes, Pastelerías Nátaly, Grupo Industrial López Pérez, Fundación Alexandra Del Castillo Castellanos, Grúas Castillo, Nichim Ja Hotel, Colegio Mariano N. Ruiz, Centro de Servicios Aguilar, Brenda´s Joyería, Refaccionaria Rodríguez, La Huerta Orgánica, San Miguel Shoes, La tienda de la verdad, The Estampante, La rueda, Whippet, Hotel Posada del Ángel, Servicios Camacho, Dr. Rubén Sánchez, Sonrisa Sana, Óptica Mayuan, Auditivos de Comitán, Soy mamá, Estética Vanity, La casa del suéter, Gorditas el Güerito, Angus carnicería Premium, La comiteca, Taquería tres carbones, Panadería La espiga de oro, Restaurante La casita, Abarrotes San Luis y Sigma Tecnologías. Empresas comprometidas con el desarrollo cultural de Comitán y la región.
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su carácter.
ay más de cien pueblos mágicos en México. Los viajeros comparan, dicen que hay unos que poseen más magia que otros, alaban sus dones, privilegian
Tal vez sea preciso mencionar que está en el espíritu del viajero hallar los rasgos de los pueblos que contienen magia. Un espíritu sensible encuentra nubes donde, en apariencia, sólo hay piedras. El licenciado Segundo Guillén repite a cada rato una frase certera respecto a nuestro pueblo, dice que Comitán es “El secreto mejor guardado de Chiapas”. En esta frase se sintetiza mucho de la magia de todos los pueblos mágicos del mundo. Nadie podrá negar que París es una ciudad mágica. Su magia la expone como si fuese una chica soberbia en pasarela, no obstante, los conocedores dicen que su verdadero encanto no está expuesto descaradamente. La magia de París no sólo está en los Campos Elíseos, en la Torre Eiffel, en el Museo del Louvre, en los puentes del Río Sena, en los cafés al aire libre. El encanto de la Ciudad Luz está en lugares secretos. Quienes conocieron al escritor Julio Cortázar (escritor argentino que radicó en París) dicen que él conocía un París inédito, un París que no aparecía en las páginas de las guías turísticas. Con Comitán sucede algo semejante, su principal encanto no se muestra a primera vista. Julio, niño curioso, caminaba por lugares donde se concentra la personalidad parisina. Para conocer la esencia de Comitán es preciso que el viajero se convierta en un niño curioso que hurgue en los patios y sitios del espíritu pueblerino. Para que un visitante tenga una idea cercana del auténtico carácter del comiteco debe acercarse a platicar con ¡un comiteco! Nuestro carácter tiene mucho de la traza de la casa comiteca, que, como denominador común, recibe al viajero a través de un zaguán (semi oscuro) y se abre a un patio central (lleno de luz). Por eso, el comiteco tiene una proverbial timidez al inicio de una relación (que dura un segundo), pero un instante después se abre como se abre el patio central y recibe la luz del otro y se prodiga como pocos seres humanos sobre la tierra. Sí, Comitán es el secreto mejor guardado de Chiapas, siempre está en espera de que los visitantes lo descubran, lo caminen, lo beban, se lo impriman en la piel y en el alma. Comitán es un pueblo tocado por la mano de la naturaleza, pero, sobre todo, es un pueblo cincelado con pasión por todos los que lo han habitado. Los comitecos se dan en forma generosa a quienes, de igual manera, llegan a conocer uno de los pueblos más bellos del mundo. Aparte de su clima benigno, de su comida exquisita, de sus increíbles remates visuales y de sus jardines llenos de estrellas terrenas, Comitán tiene un encanto lingüístico sin igual, que está impreso en sus anécdotas y en su particular forma de hablar. Comitán es un pueblo que habla de vos, un pueblo con un cantadito especial. En diciembre, Comitán espera que sus visitantes lleguen a descubrir el mejor secreto guardado de Chiapas. ¡Bienvenidos todos!
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Zaguán
Hotel Zaculeu, el de más abolengo en la hospitalaria ciudad de Huehuetenango, desde 1885.
Por Carlos Rivas
HOTEL ZACULEU 1885
El hotel fue fundado por un comiteco; los comitecos de estos tiempos que viajan a Huehuetenango se hospedan en HOTEL ZACULEU. ¡Que viva Guatemala!
La ciudad de Huehuetenango se encuentra ubicada en la región noroccidental de Guatemala, colinda, al norte y occidente, con México; al oriente con el departamento del Quiché y al sur con los departamentos de Totonicapán, Quetzaltenango y San Marcos. Según estudios realizados por el Arqueólogo Mario Tejada Bouscayrol sobre la descripción del Camino Real, Huehuetenango era un lugar de paso obligatorio de las mercancías que iban y venían,
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de los correos reales y ordenanzas para el gobierno de los Reinos de Indias; por el Camino Real viajaban funcionarios, clérigos, fuerzas militares, y cualquiera que se dirigiese a algún centro urbano de la Nueva España, por lo que las circunstancias exigían, en aquel tiempo, establecerse en un mesón o pensión, para pernoctar.
La historia del Hotel Zaculeu narra que su fundador fue un señor de apellido Guillén, originario
Semblanza de Don Jacinto Sosa Alvarado
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a ciudad de Huehuetenango, Guatemala, ha tenido el privilegio de ser cuna de hombres y mujeres ejemplares, Don Jacinto Sosa Alvarado forma parte de ese legado. Nació en la Centenaria Huehuetenango el 22 de junio de 1895; estuvo casado con doña Elisa Morales de Sosa, con quien tuvo 10 hijos, de los cuales llegan a edad adulta: Juan Humberto, María Leonor, Julio Heberto, Aura Hortencia y Teresa de Jesús Sosa Morales.
de la ciudad de Comitán de Domínguez, Chiapas, México. El inmueble contaba con cinco habitaciones y una caballeriza, que brindaba alojamiento a los viajeros, incluyendo el servicio de meriendas. El periodista e historiador Héctor Ariel Martínez Castillo dice que varias familias comitecas y de otras ciudades de México se establecieron en Huehuetenango, como consecuencia de la Revolución Mexicana de principios del siglo XX. Vinieron a esta ciudad el señor Ricardo Cadenas, Caralampio Lara, las familias Gordillo, Guillén, Utrilla y Abarca, así como el señor Rodolfo Appel (de ascendencia alemana) y su esposa Elsa, quienes posteriormente fundaron el Hotel Appel, donde fuera la casa de don Santiago Molina, propietario del molino de harina “El Progreso.”
Anteriormente, según tradición oral,
Quienes recuerdan a Don Jacinto, cuentan que él y sus dos hermanas, Olimpia y Rosa, estuvieron por un tiempo bajo el cuidado de la tía Josefa, quien se dedicaba al comercio. Sus inicios fueron de mucha necesidad y pobreza. Mientras trabajaba como ayudante en un sencillo taller de zapatería, aprovechó estudiar en la Escuela de Artes y Oficios donde terminó su educación primaria. Su voluntad, persistencia y tenacidad le permitieron avanzar hasta llegar a ser propietario de uno de los almacenes de calzado artesanal de más prestigio en esta ciudad: CALZADO VICTORIA, donde no sólo fabricaban y vendían el mejor calzado, sino que también ofrecían el servicio de reparación de todo tipo de calzado. Llegó a contar con una planilla de 40 operarios, entre los cuales estaba su primo Candelario Sosa, quien era de su confianza. Asimismo, se recuerda a don Humberto Taracena, Telésforo Morales, Roderico, Mario, Antonio Sosa, Julio y otros más como alistadores y enzueladores. Entre las herramientas y materiales que más utilizaban se mencionan: cuchillas, hormas de diferente número, martillos, tenazas, agujas, hilo, cera, clavos y pegamento. En 1974 realiza una segunda apertura con el nombre de Almacén VICTORIA. Donde, además de vender calzado, innova el servicio al incorporar en sus inventarios productos de importación fina, como: línea blanca, ropa, juguetería y máquinas de coser. De esto último, se cuenta que cuando fue de viaje al Japón, visitó una de las fábricas de máquinas de coser e hizo una solicitud, que a las máquinas compradas les colocaran el nombre de “Victoria”, sin duda, como un corolario a su esfuerzo por haber alcanzado sus sueños como empresario exitoso de su tiempo, marca de distinción y garantía que se acreditó en la región. Fue distribuidor de la línea de llantas GINSA y también accionista. En el almacén le apoyaba su hermana, profesora María Olimpia Sosa, quien impartía clases en la escuela nocturna de Comercio. Por otro lado, de acuerdo a testimonios de familiares, amigos e información del libro “Huehuetenango en un Siglo”, de la profesora Amparo Hernández V. de Aguirre, a Don Jacinto Sosa se le consideró un benefactor de la ciudad, ya que en compañía de un grupo de señoras: doña Marina Ortega de Sáenz, Amparo Ortega de Calderón, Elsy Lima Maud de Del Cid, Refugio Martínez y otras personas más, fundaron el Comedor Infantil; también otorgaba becas a alumnos talentosos para cursar estudios de enseñanza en los institutos de la localidad. Con otras personas altruistas gestionó un área en el hospital Nacional de Huehuetenango, fundando la Sala de Pediatría, en 1914, cuando era jefe político el General José Joaquín Montt y Pratt. Fue cofundador de la Sociedad de Artesanos y Auxilios Mutuos «El Porvenir de los Obreros», institución de la que fue presidente, vicepresidente, secretario y jefe de hacienda. Actualmente, la asociación lleva el nombre de Jacinto Sosa Alvarado, como un reconocimiento a su don de servicio.
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se llamó Posada Castillo, posteriormente Hotel Gálvez, y a la fecha HOTEL ZACULEU (también fue propietario del hotel don Guillermo Tornoe, de origen alemán, tiempo en que la administración estuvo a cargo de la familia Ardón Umaña.) Desde el momento que Don Jacinto Sosa Alvarado adquiere el inmueble (1974) le da empuje a la hotelería. Tiempo después lo hereda a su hija Dra. Teresa de Jesús Sosa Morales, quien inicia los procesos de remodelación del edificio, respetando la arquitectura colonial nova y cumpliendo las exigencias de la hotelería moderna. El legado familiar es dirigido actualmente por la Dra. Sonia María Linares Sosa de Pereira, nieta de Don Jacinto Sosa Alvarado. El inmueble cuenta con un jardín con fuente al centro, 37 confortables habitaciones, parqueo (estacionamiento), gimnasio, Wifi, salones para eventos, lavandería y área de planchado. Asimismo, cuenta con áreas administrativas, recepción, café bar (Habana Club), restaurante con gastronomía típica de la región y menú dietético; los domingos por la mañana ofrece servicio buffet, servicio a domicilio de repostería, refacciones (bocadillos) y pizzas. HOTEL ZACULEU cuenta con el apoyo de un equipo de colaboradores entusiastas, que se esmera, día a día, en brindar a sus clientes el mejor servicio, para que su estancia sea placentera y exquisita.
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Hotel Zaculeu, el de más abolengo en la hospitalaria ciudad de Huehuetenango, desde 1885. Para reservaciones Teléfonos 77641086 – 1575 Nuestra dirección 5ª. Avenida 1-14 Zona 1 Correo electrónico: recepción@hotelzaculeu.info
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Patio
CINCO AÑOS
DE AIRE F R E S C O
¡Celebremos! ¡Alcemos el libro y celebremos! Celebremos el quinto aniversario de una librería. Las librerías son como puestos de frutos frescos, como alcancías para la memoria, como estantes para lo sublime, como gajos donde la vida y la inteligencia se concentran. La Librería Lalilu abrió sus hojas el 21 de enero de 2015, este 21 de enero de 2020 estará de libreros largos. Celebremos. Nosotros lo celebramos haciéndole cinco preguntas juguetonas a Samuel, el librero mayor de este espacio. Acá compartimos las preguntas y respuestas de este juego de la palabra, de la imaginación, de la libertad. • ¿Por qué decidiste abrir una librería? Porque puede ser que Borges haya estado equivocado y El Paraíso no sea una especie de biblioteca, sino más bien un conjunto de librerías. • Un conjunto de librerías, ¿qué conjuro provocan? Poder dialogar a lo largo del tiempo y a través del espacio geográfico. • ¿Cómo se modificó el espacio geográfico de Comitán con la creación de la librería? Los tianguis de autos que rodean la librería perdieron dos espacios de estacionamiento. • ¿Cómo se modificó el espacio intelectual de la ciudad? Tal vez, debido a una parte del catálogo literario de la librería, hay personas que encuentran lo que querían leer, y otras aquellos libros que ni siquiera sabían que estaban buscando.
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Samuel Albores Amezcua
Y ahora, ¡cinco de cinco! 1. Aspiro a que la librería sea un lugar donde todos se sientan bienvenidos. 2. Lalilu no estará siempre, pero mientras esté será su mejor versión. 3. Lalilu no tiene una dinámica, como al principio seguimos aspirando a que las personas simplemente vengan y la habiten. 4. Lalilu no podría existir en otro lugar que no fuera Comitán. 5. Hay momentos para leer poesía y hay momentos para boxear. ARENILLA-Revista felicita a Samuel Albores Amezcua, porque hay momentos, también, para beber un vaso de agua limpia y decir ¡salud!
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Corredor
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Jardín
HONRAN AL MÚSICO JESÚS LÓPEZ ARENS Chiapas reconoce el talento del maestro marimbista Jesús López Arens. El pasado 24 de septiembre de 2019, se develó la fotografía del maestro en la Galería de Compositores, del Museo de la Marimba Zeferino Nandayapa Ralda, de Tuxtla Gutiérrez. El maestro Jesús nació el 15 de febrero de 1929, en Tuxtla Chico, y aprendió a tocar la marimba a la edad de diez años, lo que le permitió dominar el arte que ha desplegado con emoción durante toda su vida. Aprendió nota con el músico hondureño Rufino Hernández. El maestro López Arens fue director de la prestigiosa marimba “Espiga de oro”, asimismo de la marimba “La reina del Suchiate”. La ficha que acompaña la fotografía contiene los logotipos del Honorable Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez y el del Museo de la Marimba y tiene el siguiente texto: “Jesús López Arens (1929), Tuxtla Chico, Chiapas. Músico, trompetista, saxofonista y como instrumento principal la marimba; compositor de temas como “No hay derecho” y “Cenzontles del Suchiate”. Nació un 15 de febrero, fue maestro de la Casa de la Cultura y de la Secundaria Nocturna, de varias generaciones de marimbistas que han destacado en el ámbito musical profesional; de 2015 a 2018 director de la Marimba Municipal de Ciudad Hidalgo, Chiapas, donde actualmente vive.” A partir del 24 de septiembre, el nombre del maestro Jesús López Arens se agregó a los nombres de los más destacados marimbistas del estado, como Límbano Vidal, Alberto Domínguez Borraz, David Gómez Solana, Zeferino Nandayapa, Manuel Vleeschouver Borrás y Daniel García Blanco. Su nombramiento honra a los músicos de la costa de Chiapas, lugar donde las notas dejan su huella luminosa en los bosques y en las playas, donde se enreda en las olas del mar.
JUAN CARLOS LÓPEZ, TALENTO MUSICAL Juan Carlos nació en Ciudad Hidalgo, Chiapas. Productor y arreglista musical de relevancia. Pocas personas lo reconocen en Chiapas, porque el trabajo de producción se realiza en los estudios, pero su presencia ha sido fundamental para el desarrollo de la música mexicana. En fechas pasadas recibió un reconocimiento por parte de Autores y Compositores de Chiapas, A. C. Aprovechó dicho reconocimiento para impartir una Master Class, donde compartió, en forma generosa, su experiencia con jóvenes compositores chiapanecos que no saben cuáles son las vías para dar a conocer sus obras y grabar su música. Juan Carlos es parte de la famosa compañía discográfica Universal, y es conocido en los estudios de Televisa y amigo de Mariana Seoane, quien le envió un mensaje de felicitación cuando ella se enteró del reconocimiento que Juan Carlos recibió en el Museo de la Marimba, en Tuxtla Gutiérrez, la mañana en que su papá, el maestro marimbista Jesús López Arens, fue
El productor Juan Carlos López y su papá, el maestro Jesús López Arens.
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distinguido con la develación de una fotografía suya al lado de los grandes músicos de Chiapas. Juan Carlos se inició en la música desde la edad de seis años, cuando su papá le regaló un sax soprano, porque hacía falta metales en la marimba que él dirigía. Comenzó a leer nota a la edad de ocho años y cuando creció tomó la decisión de no seguir el destino de muchos de sus compañeros: ser secretario de una agencia aduanal. Cambió el destino y fue a estudiar al Conservatorio Nacional, en la Ciudad de México. Se quedó a radicar en la gran ciudad, durante veinticinco años, donde dirigió grupos musicales extranjeros y se dedicó a producir discos. Esto hizo que se convirtiera en un experto en diversos géneros musicales. Él vivió con intensidad el trance de lo analógico a lo digital. Actualmente radica en Monterrey y sigue en la senda exitosa de la música. Aceptó el reconocimiento que le ofrecieron en su estado natal porque: “…reconocieron a mi papá. Esperé diez años hasta que mi papá fue reconocido. Mi padre es mi mayor ejemplo, mi mejor maestro. Al saber que iba a ser reconocido, mi papá me preguntó: “Esto es por ti, ¿verdad?” No, le dije, esto es por usted, y yo soy por usted. Quiero que sepa que todo esto es por usted, todo este movimiento es por usted, yo lo quiero a usted, lo respeto y lo admiro.” El día que padre e hijo fueron reconocidos, el maestro Jesús López Arens tocó la marimba. Muchos de los que ahí estaban presentes lo vieron y lo escucharon tocar, sin saber que el maestro ya no oye y es débil visual. ¡Y tocó la marimba! Juan Carlos es hijo de doña Matilde Hernández López y de don Jesús López Arens. Sus hermanos son Cecilia (vista aduanal), Jesús (ingeniero agrónomo y saxofonista), Eloy (ingeniero civil y trompetista), Andrea (maestra y marimbista) y Sonia (pediatra). Dice que el camino de la música, del arte en general, es un camino difícil, pero quien tiene vocación debe luchar por sus sueños; dice que nadie debe pensar en el dinero o en la fama, el verdadero músico debe entregarse a crear arte, por sobre todas las cosas. Cuando hay talento, la fama y el dinero llegan solos.
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Balcones
ARENILLA
CARTA A MARIANA, CON UNA LUZ JUVENIL Q
uerida Mariana: Vi esta imagen y pensé en el escultor Luis Aguilar y pensé en la escultura y pensé en los nuevos tiempos. Pensé que la imagen es bella. Dos chicas, con tenis, ropa casual, lentes oscuros, estaban al lado de la escultura “Día Marcado”, obra que obtuvo un premio en Japón. Las chicas, así como no queriendo la cosa, estaban paradas como modelos para la escultura del futuro, porque las épocas están determinadas por las modas y por los modelos culturales. Ellas no posaron para la fotografía, la foto la tomé de lejos, ellas nunca se enteraron. Pensé en los hilos de identidad, en la tradición y en la modernidad. La escultura de Luis nos habla de los tiempos idos. Todavía en los años cincuenta era común la imagen de mujeres cargando canastos con verduras de Los Riegos y mujeres cargando cántaros con agua de La Pila. Hoy, la imagen común de las chicas comitecas es la que acá se ve: chicas modernas. Pensé en la idea que han planteado muchos antropólogos, acerca del folclor. La escultura de Luis conlleva un cierto folclorismo. ¿Cuál imagen es la representativa de la mujer comiteca? ¡Hoy ya no es la de la escultura de Luis! Tal vez sea importante preguntar, sólo para cimentar la imagen de la chica de hoy, ¿qué imagen realizará el escultor de mitad del siglo XXI? A mediados del siglo pasado, las mujeres comitecas tenían un panorama muy cerrado. Pocas chicas comitecas estudiaban, muchas aprendían oficios del hogar, porque el matrimonio era la única puerta que aparecía en su futuro. ¡Pobres de aquellas que quedaban solteras! ¡Eran quedadas, cotorritas! Ellas, para evitar la afrenta general, caminaban orgullosas diciendo que eran ¡señoritas! En tiempos que la virginidad de la mujer era un valor supremo, ellas, las que se quedaron para vestir santos, sostenían con orgullo velado su virginidad. Si alguien, por la edad, se atrevía a decirles señoras, ellas, molestas, indignadas, con las cejas paradas, repetían: ¡Señoritas, a mucho orgullo! En realidad, en las noches solitarias, padecían su tristeza. Brincos hubieran dado por dar brincos en la cama de algún mancebo hacendado. Las comitecas de mediados del siglo XX, las que se casaban con dueños de haciendas, padecían las infidelidades de los esposos, dignos prototipos del machismo mexicano. Sabían, pero se hacían las desentendidas, que los finqueros tenían mujeres en las haciendas y ahí procreaban más hijos. ¿A poco no fue esto lo que vivió la mamá de Rosario Castellanos, al enterarse que su esposo, don César Castellanos, ¡Castellanos!, tenía un hijo fuera de matrimonio, que se llamó Raúl? El panorama de las mujeres comitecas era limitadísimo. El elemento a favor era que tal comportamiento cultural permitía que las tradiciones se mantuvieran casi intocadas. La ancestral inercia dejaba que el barco de la identidad siguiera bogando feliz. Los valores morales, las costumbres y los rituales comitecos y las recetas de cocina de las abuelas eran como el pan suyo de cada día. Todo permanecía inalterado. Pero un día, la modernidad nos alcanzó y los comportamientos sociales se trastocaron, las chicas comitecas reconocieron que el pueblo no llegaba más allá del cerro Junchavín, pero la mirada y el deseo podían brincar todos los cerros y cruzar todos los mares. El mundo estaba al alcance de cualquier comiteca que se lo propusiera, y las chicas estudiaron en la universidad e hicieron posgrados en universidades de Europa y viajaron y conocieron
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países y dejaron de pensar que el matrimonio era la única ventana para mirar la calle y botaron los residuos mentales obsoletos. Por esto, ahora, ¡qué bueno!, muchas de las hijas de las canasteras de entonces son destacadas profesionales. En esa revolución mental, como en todo proceso de cambio, Comitán ha ganado y ha perdido. Las jóvenes de estos tiempos visten a la moda (en realidad, las comitecas jamás tuvieron un traje autóctono, como sí existió en otras regiones de Chiapas) y piensan de manera más libre y liberal; por desgracia, han olvidado elementos esenciales de su identidad. El voseo, por ejemplo, no ha logrado el prestigio que tiene en Sudamérica, donde, millones de chicas argentinas hablan de vos, sin complejo alguno. Posdata: Comitán ha perdido, pero ha ganado. Uno de los elementos a favor es la condición de las chicas comitecas, que, por fortuna, ya no tienen como único destino ser “amas de casa”. Quienes tienen la vocación de ser madres lo hacen desde una condición diferente. Ahora las “labores del hogar” son una opción más entre un abanico excelso de posibilidades. Las chicas comitecas están al mismo nivel donde están las demás chicas del mundo desarrollado. ¿Cuál será la imagen de las chicas de Comitán que hará el escultor del futuro?
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Sitio
UNA LARGA Y FRUCTÍFERA EXISTENCIA, APUNTES PARA RENDIR UN HOMENAJE AL MAESTRO ÓSCAR BONIFAZ Por Adolfo Ruiseñor
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aestro en toda la extensión de la palabra y caballero por naturaleza propia, el polígrafo chiapaneco Óscar Bonifaz, figura emblemática de su tierra natal, nació en Comitán el 4 de septiembre de 1925. En su larga y fructífera trayectoria de vida, se ha forjado a sí mismo y ha formado pedagógicamente a muchas generaciones de mujeres y hombres, ahora personalidades destacadas de su solar nativo. Todo ello con agudeza mental, sentido del humor y ese espíritu festivo en el mundo de las letras y la cultura, que forman parte de su permanente cotidianidad. Estoy convencido de que los ciudadanos de la antigua Balún Canán, nunca olvidan, no podrían hacerlo, a su catedrático de las materias de
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Historia Universal, Sociología, Literatura Hispano-Mexicana y Ética en la Escuela Preparatoria de Comitán. En 2014 le fue entregado el Premio Chiapas, máximo galardón que otorgan pueblo y gobierno del estado. Hoy, a sus 94 años (la eternidad está enamorada de las obras del tiempo), mantiene la actitud y el estilo que siempre le han caracterizado, hombre jovial –no es exageración, créanme–, nos ha legado biografía, ensayo, narrativa, poesía, rescate lingüístico y tantas otras bondades que su genio creativo cultiva inagotablemente. Su vasta cultura y su conocimiento fino de la condición humana, van de la mano con su bonhomía y sencillez. Estudió Arte Dramático en el INBA. Fue fundador y director de la Casa de la Cultura de Comitán
y director del Teatro Junchavín; y a lo largo de su existencia ha sido uno de los grandes promotores y divulgadores de la cultura chiapaneca. Hoy, en el interior del Centro Cultural Rosario Castellanos, hay una librería que lleva su nombre, ¡faltaba más! Pero, por encima de todo, es y sigue siendo ese hombre que siempre saluda cordialmente en las aceras, que es dicharachero en el encuentro casual, así como un agudísimo conversador en la bohemia perdurable de la vida que nos ha tocado vivir. Baste la simple enunciación de algunas de sus obras, como Una lámpara llamada Rosario, su libro de cuentos La noche de los girasoles, su trabajo de investigación Arcaísmos, regionalismos y modismos de Comitán, su Semblanzas de mi pueblo o sus versos compilados en Poemas en blanco y negro, para dimensionar el calibre de su obra creativa, hoy patrimonio de todos sus lectores y que totaliza –como él mismo dice—42 libros. Centenares de tesis sobre la vida y obra de Rosario Castellanos, que se publican en universidades de todas partes del mundo, han tenido su origen y abrevadero intelectual en las inquisiciones amorosas, detalladas, brillantes, con las que el caballero de Comitán, que es Óscar Bonifaz, nos acercó a su Rosario. Quienes hemos tenido la fortuna de tratarlo y de contemporizar con él, sabemos de su generosidad, de su despojamiento de vanidades y de una inteligencia crítica que no se detiene ante nada ni nadie, porque no existen barreras para tan prodigiosa y dispar humanidad. Ayer mismo, es un decir, lo recuerdo en una velada maravillosa con don Javier López Moreno, otras con Eraclio Zepeda, Carlos Navarrete, Elva Macías, Ernesto González Castillo y tantos y tantas más. En lo más alto de la noche, aquella vez, llamó nuestra atención y dijo: –A ver amigos, díganme cuál es el nombre propio más corto que existe en español y que no pase de una sola letra, nos preguntó. –Pues no, no sabemos cuál es, le respondimos. –Digan uno, pues, asegundó. –Todos en silencio… –Bueno, les voy a decir, respondió. “Había una vez un concurso, sobre la pregunta que les planteé, y al que solamente habían llegado dos finalistas, ambos de Comitán, agotando todas las posibilidades existentes en el idioma español. El primero, dijo: Casio, Casi ‘O’. ¡Maravilloso, maravilloso, dijeron los jueces! Enseguida, tocó el turno al oponente y éste dijo. “Nicasio”. Ni casi ‘O’. ¡Ganador! ¡Es el ganador!, /arenillarevista
sentenciaron”. Reímos y seguimos escuchando esa tarde de Tuxtla al Maestro Óscar hasta que cayó la noche y la fiesta culminó, hablando otrosí de su querida Rosario Castellanos, de Jaime Sabines y de su amado Comitán. En otra ocasión, y no me dejará mentir su adorada sobrina, la poeta Marirrós Bonifaz, su tío Óscar le regaló un libro mío de poesía (Tinta Vida) y él mismo le puso la siguiente dedicatoria, diciéndole que yo se la había dictado: “De un Ruiseñor a una ruiseñorita”. Muchos años después me tocó presentar el libro Trilogía de Marirrós y en su dedicatoria repitió la frase que había puesto de su puño y letra el Maestro Óscar, pero de esta manera: “Va de vuelta ahora: Para un Ruiseñor de aquella misma ruiseñorita”. Bien lo ha resumido ya Luis Fernando Figueroa Castellanos al referirse a una de sus obras, El eco del silencio: “El sitio mejor para saludar a Óscar Bonifaz es en plena media calle o en la mitad de sus libros. Allí donde el intenso tráfico de imágenes verbales amenaza con atropellarnos el alma, con riesgo de sangrar y nunca coagularse. Como buen artesano, hilvana al pueblo con muy buenas puntadas; teje a diario, con las agujetas de su voz, escarpines que patean con ingenuidad de niño el mal humor de las calles anudadas. Los libros de Óscar Bonifaz no son más que pájaros y, al abrirlos, vuelan por el universo del goce, allí donde se respira el aire azul que nos disfraza de la libertad”. Paso a decir, finalmente, tres o cuatro cosas que para mí eran ley cuando llegaba a su tierra y veía exhorto los cielos de Comitán: Una, pasar a saludar al Maestro Óscar y conversar trozos de eternidad; dos, ir a comer botana en Tono Gallo; tres, comprar comiteco y pan compuesto; y cuatro, buscar “Arenilla” de Alejandro Molinari en los puestos de periódicos. Las cumplí las veces que pude, nunca en ese orden, pero siempre me dejaron el gusto y la certeza de saber que fui, y soy, un privilegiado por tener la oportunidad de conocer a Óscar Bonifaz, ese personaje fundamental para la vida cultural de Chiapas. Ya me puedo decir de todo corazón y de frente al mundo: “Me gané un Óscar, y qué Óscar”. Tuxtla Gutiérrez, 27 de septiembre de 2019.
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Corredor
EL POETA BALAM RODRIGO PROPONE QUE EL VOSEO SEA DECLARADO PATRIMONIO INTANGIBLE DE MÉXICO
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l enormísimo poeta Balam Rodrigo dice que Prudencio Moscoso (en un libro publicado en 1974) habla de la mexicanización de Chiapas; es decir, de una descentroamericanización del estado. Esta mexicanización modificó la forma particular del habla de los chiapanecos; asimismo, Balam dice que Eraclio Zepeda, en su
discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, se manifestó en defensa del voseo. Balam explica: “El voseo es hablado por el cuarenta y ocho por ciento de los hispanoparlantes. Mientras en el resto de México, los hablantes emplean el tú y el usted, los
chiapanecos tenemos el privilegio de ser uno de esos lugares en el mundo donde convive el tú, el usted y el vos. Somos la bisagra cultural entre Centroamérica y México. Por ello, sostengo que Chiapas le gana a Oaxaca en términos de riqueza lingüística, no porque tengamos más lenguas originarias, sino porque acá tenemos un español voseante.” En los últimos tiempos, el poeta Balam ha dedicado tiempo en investigar el fenómeno del voseo. “Aquí, puedo dar esta suerte de primicia: Cuando Irma Serrano, en 1963, escribe “La Martina”, canción basada en el romance de La Catalina, en lugar de escribir “Si me tienes desconfianza”, ella escribe (y canta): “Si me tenés desconfianza”. En realidad, Irma escribe el primer poema que incorpora el voseo escrito.” Balam sostiene que los escritores de estos lugares, los grandes escritores (él incluido): “debemos escribir para esos millones de hispanoleyentes e hispanoparlantes, ya que el centro del mundo es donde está uno conectado. En la actualidad hay un repunte del voseo. He encontrado tesis muy interesantes que se enfocan en el tema. Paulina Abarca hizo una tesis donde habla del voseo como un fenómeno localizado básicamente en Chiapas. El voseo popular ahora lo tenemos en la televisión, en los medios, en la radio, y ya no tiene uno la pena de vosear. He hallado foros y chats de chiapanecos que han emigrado a Estados Unidos, Canadá y otras latitudes, donde para identificarse vosean de manera lúdica. La empresa Cristóbal Colón hizo el siguiente comercial: “Oí, vos colocho, comprá tu boleto en la Colón.” Cuando le preguntamos a Balam, ¿por qué algunos sostienen que el voseo no es prestigioso?, él explica: “Porque tuvo un componente jerárquico que todavía se le atribuye: Decir usted era una forma de respeto, el tú una forma de confianza y el vos se usaba para los incultos, para la gente popular; pero, ahora de estos estratos populares es de donde han surgido /arenillarevista
las manifestaciones populares que conocemos y que escribimos quienes hacemos la literatura en Chiapas. En Sudamérica, el voseo ya tiene un puesto literario. En Borges no hay voseo en su poesía, pero sí en otros textos. El voseo lo hallamos en Juan Gelman y en Cortázar, por ejemplo. Debo decir que el voseo en Centroamérica es medio siglo anterior al del Río De la Plata. En ellos tiene un componente de identidad muy fuerte, de raigambre, está en su literatura, en su comunicación, ¿por qué aquí no lo hemos de hacer? Creo que tenemos que unir fuerzas y apoyar la propuesta que lanzo para reconocer que el voseo es un dialecto en peligro de extinción en Chiapas y la UNESCO declare al voseo como patrimonio intangible de México. Somos los únicos que voseamos, esto se sustenta en la obra creativa de más de sesenta poetas y ciento cincuenta narradores que actualmente lo usan. Se ha incrementado el número de personas que vosean en la escritura, al grado de que este voseo pronominal está presente en la literatura de Chiapas. Si Pacho, el borracho, lo utilizaba, y si lo utilizaron también Rosario Castellanos, Eraclio Zepeda y si lo siguen utilizando varios escritores, es porque representa algo, y lo más feliz de este asunto es que donde yo he compartido esto, en toda Centroamérica, en Colombia, Uruguay, Argentina y Chile, se sienten aún más hermanados con México. En una charla que di en Uruguay dije que hay más voseantes en Chiapas que en Uruguay, porque nosotros somos cinco millones doscientos mil, y el ochenta o noventa por ciento de quienes habitamos Chiapas voseamos tarde o temprano, hay más gente que vosea aquí que en Uruguay, entonces hay que estar felices de eso. Si decimos que casi la mitad de quienes hablamos español es voseante, hay que meternos de lleno a la olla, para qué quitarle el pan a la sopa de pan, si ahí está lo sabroso, el voseo es ese ingrediente que hace la sopa de pan.” Que la UNESCO declare al voseo como patrimonio intangible de México, es la propuesta de nuestro poeta.
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Sala
COLEGIO MARIANO N. RUIZ, HACIA LOS SETENTA AÑOS DE EXCELENCIA EDUCATIVA (1950-2020)
• El Colegio Mariano N. Ruiz inició su labor educativa en febrero de 1950. Su fundador fue el padre Carlos J. Mandujano García. Inició impartiendo educación primaria. Actualmente ofrece servicios de maternal, preescolar, primaria, secundaria, bachillerato y universidad.
• El 10 de octubre de 2019, en las instalaciones de la Escuela de Trabajo Social, de la UNAM, se firmó un Convenio de Colaboración entre la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar y la Red Nacional de Instituciones de Educación Superior en Trabajo Social (RENIESTS), la Academia Nacional de Investigación en Trabajo Social (ACANITS), la Asociación Mexicana de Instituciones Educativas de Trabajo Social (AMIETS), el Colegio Nacional de Trabajadores Sociales (CONATS), y la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM. ¡Un paso gigantesco de la UMNRS!
•Un grupo de estudiantes de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar viajó en el mes de octubre de 2019 a la Ciudad de México, para asistir al XXIII Encuentro Nacional y XIII Internacional de Investigación en Trabajo Social, realizado en Ciudad Universitaria, de la UNAM. Los alumnos fueron acompañados por los maestros José Hugo Campos Guillén (rector), Yolanda Pérez Lara, Enedina Gutiérrez Miranda y Sergio Mena.
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• Concluyó exitosamente el Diplomado en Derechos Humanos para organizaciones sociales, campesinas y líderes comunitarios. Dicho Diplomado se realizó gracias a la convocatoria que lanzaron prestigiosas instituciones, como la Escuela de Trabajo Social, de la UNAM; la Comisión Nacional de Derechos Humanos; y la Red Nacional de Instituciones de Educación Superior en Trabajo Social. La Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar, de Comitán, fue una de las seis instituciones elegidas en la república mexicana para ser sede de tan relevante acto académico. El 24 de octubre de 2019 se realizó la ceremonia de fin de cursos, en el salón de actos de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar, acto que fue presidido por el maestro José Hugo Campos Guillén, rector, y la maestra Yolanda Pérez Lara, coordinadora general del Diplomado.
A invitación de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar, el licenciado Fernando Castro Molina, Vicecónsul de Guatemala, en Comitán, participó en un foro en chat virtual. Dicho foro se efectuó desde la Escuela de Trabajo Social, de la UNAM, y participaron diversas universidades del país y de Guatemala, El Salvador y Honduras. Dicho foro se realizó el 20 de noviembre de 2019, de doce y media del día a dos de la tarde. El Foro se tituló: “Diagnóstico situacional regional y local de la migración y políticas mundiales, regionales y locales de migración.” y fue uno más de los realizados en el Seminario Permanente: “Migración, reto compartido.” El maestro José Hugo Campos Guillén, rector de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar, participó señalando los requisitos y la atención que se brinda a alumnos migrantes, mientras el Vicecónsul de Guatemala ofreció una amplia explicación de la problemática migratoria en la frontera con México. Dichos comentarios generaron gran expectativa entre los participantes de otras regiones del país y entre los universitarios de otras naciones, por la experiencia de quienes viven a diario dicha situación internacional.
FotografĂa: Carlos Gordillo
Setenta aĂąos de excelencia educativa: 1950 - 2020.
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Oratorio
• A algunas personas les gusta la temporada de vacaciones de verano, otras prefieren la celebración de Día de Muertos, pero hay muchas personas, muchísimas, que prefieren la temporada de navidad. • En navidad muchos comitecos que radican en otras partes de México o del mundo regresan a su pueblo para pasar los festejos navideños con parientes y amigos. • En “su” Comitán disfrutan las tradiciones navideñas y gozan los antojitos comitecos. ¡Hmmm, los chimbos, las tabletas de manía, los Huesos de Tío Jul, los panes compuestos, la olla podrida! • Van a los bosques cercanos y consiguen ramas de ciprés para hacer el Nacimiento. • Porque el Nacimiento es algo característico de la navidad comiteca. • Los mayores cuentan a los sobrinos pequeños que antes, mucho antes, nadie conocía a Santa Clos. Todos los niños esperaban la llegada del Viejito de la Nochebuena.
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LA TIENDITA DE DOÑA PIFA • El Viejito de la Nochebuena era quien traía los regalos. • Las hojuelas se llamaban “Pañalitos del Niño Dios” y, en lugar de ser rociadas con azúcar o con miel, se rociaban con temperante. • Y cuando lo cuentan van al parque central o al parque de San Sebastián y localizan a los señores que, en carritos de madera, venden los tradicionales salvadillos con temperante. • Los comitecos que radican en otros lugares, al regresar a Comitán, escuchan, de nuevo, el cantadito del habla comiteca y las palabras del habla popular se encaraman a sus oídos y se instalan en el espíritu. • ¿Y cómo está mi sobrina? Creciendo, bien caprichuda (las caprichudas no entienden razones.) • ¿Y en el rancho, cómo están? Vieras que el otro día se le apareció una cantil al Humberto (cantil es una culebra muy venenosa.) • ¿Sabés, antojo de qué tengo? De una mi cazueleja (cazueleja es un pan regional que toma su nombre de la cazuela o molde donde se
hornea. Las hay agrias y de elote.) • Por instantes, la nostalgia es como un rebozo oscuro que los rodea, porque lamentan la desaparición de espacios que dejaron y ya no están. • Se admiran con la transformación que sufre el centro del pueblo. Igual que en la Ciudad de México, igual que en San Cristóbal de Las Casas, el centro histórico de Comitán ya perdió su vocación residencial y se convirtió en una zona comercial. • Van a los Lagos y encuentran que uno ya perdió su color, por tanta contaminación. • Recuerdan los cines Comitán y Montebello, pero disfrutan la comodidad de Cinépolis. • Caminan por los andadores de La Plaza Las Flores y dicen que algunas cosas se han perdido, mientras otras cosas se han ganado. • Visitan el panteón municipal y dejan flores en las tumbas de los abuelos. • Van al parque central y escuchan la marimba municipal y bailan. •
Disfrutan una copa de
comiteco (del auténtico), que algún compadre conserva en una barrica. • Se toman la selfie en el jardín del arte, frente al templo de San José. • Bajan a persignarse al templo de San Caralampio y le piden a Tata Lampo que los bendiga. • Se sientan en los corredores de las casas antiguas y platican anécdotas comitecas. • Gritan cotz y este grito los hace sentirse más comitecos que nunca. •
Comen t’sisim.
• Y cuando termina el periodo vacacional y deben hacer maletas para regresar a los lugares donde residen, sienten en la garganta algo como un chayote espinudo, que no los deja respirar tranquilos. • Una lágrima aparece, al lado de una promesa: “Volveremos el próximo año, a nuestra tierra querida, a Comitán, donde están mis amores, los que quieren de verdad.” *Las definiciones de los modismos fueron tomadas del libro “Glosario”, de José Luis González Córdova.
Cocina
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CARLILLA, LA CAJA QUE NO ACEPTÓ SU DESTINO
C
arlilla vivía en una bodega de cajas. Ella, igual que sus hermanas, era una caja de cartón. Su papá ya no vivía con ellas, tampoco su mamá. La desaparición de los padres fue lamentable. Una tarde de diciembre, entraron dos hombres a la bodega, uno de ellos prendió la luz y fue a la esquina donde estaban ellas con sus papás. —¡Acá hay una grande! —dijo el hombre del bigote de morsa, y agarró al papá. —¿Llevamos otra? —preguntó el hombre que tenía una nariz tan grande que parecía una pelota de ping-pong. —No, con esta caja es suficiente. Acá cabrán todos los
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focos —contestó el bigotón. Las niñas se acercaron a su mamá. Ésta las abrazó y les indicó que no hablaran, las dejó debajo de una mesa y les gritó a los hombres: —¡No se lo lleven! Pero ya los hombres llevaban a su esposo, apagaban la luz y, con pasos de soldado, abandonaban la bodega. Las niñas corrieron a abrazar a su mamá. Todas lloraban. Las niñas preguntaban adónde habían llevado a su papá. ¿Por qué? La mamá dijo que era el destino de las cajas, que debían aceptarlo, pero no dejaba de llorar. Lloraba mucho, tanto
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intentos aplaudieron emocionadas y se acercaron para pedirle el secreto del vuelo. Sus hermanas también brincaban de alegría. Durante las mañanas, Carlilla dedicaba todo su tiempo y entusiasmo en trasmitir el conocimiento adquirido acerca del vuelo y ayudaba a las demás cajas a hacer los dobleces necesarios para formar las alas; durante las noches cerraba los ojos e imaginaba el momento glorioso en que todas las cajas de la bodega emprendieran el vuelo. Por desgracia, durante el tiempo de entrenamiento y de preparación, los dos hombres entraron a la bodega y se llevaron algunas cajas que necesitaban. Por fin, una mañana de primavera hubo gran movimiento en la bodega, todas las cajas subían y bajaban sus alas, se abrazaban, hacían el juramento de no despegarse de sus amigas y parientes y revisaban los puntos cardinales para no errar a la hora del vuelo. Todas las cajas habían determinado que volarían hacia el sur. La caja vigía subió a la ventana y comprobó que no hubiera algún humano cerca. Dio la señal y todas las cajas treparon hasta el techo de la bodega, abrieron la puerta del tapango y corrieron hasta colocarse en la orilla del techo. Como si fuese un ejército hicieron cuatro filas y a la cuenta de ¡una, dos, tres! se echaron a volar. En cuanto la primera fila voló, la segunda fila avanzó dos pasos, abrió las alas y se echó a volar a la cuenta de tres. Lo mismo sucedió con las dos filas posteriores. Carlilla se quedó al final, ella vio cómo sus hermanas y amigas cumplían el deseo de abandonar la bodega y con ello ¡abandonar un destino marcado! Sus tres hermanas se volvieron a verla y le gritaron: —¡Ya, Carlilla, ya, vuela, vuela! Los dos hombres habían escuchado el ruido en el techo de la bodega, primero pensaron que eran pájaros, luego creyeron que eran gatos que se peleaban, pero cuando vieron volar a las cajas, subieron para ver qué pasaba. ¡Era imposible que las cajas estuviesen volando! Entraron a la bodega y se sorprendieron al no hallar ni una sola caja, subieron al techo y vieron el ejército de cajas voladoras perderse en el cielo. —Pero, ¿cómo? Esto es imposible. ¿Las cajas vuelan? —dijo el narigón, mientras se llevaba las manos a la cabeza, como símbolo de incredulidad. —¡Mirá! Ahí está una caja voladora —dijo el otro hombre y corrió hacia donde estaba Carlilla. ¿Qué intentaba? ¿Impedir su vuelo para investigar cuál era el secreto del vuelo de las cajas? —¡Vuela, vuela! —volvieron a gritar sus hermanas. En la carrera, el hombre tropezó y cayó cerca de los pies de Carlilla, entonces ésta se subió sobre la espalda del hombre y la usó como pista para emprender el vuelo. —¡Vuela, vuela! —gritaron las hermanas, pero ya no era un grito de alarma, sino un grito de alegría. Su hermana ya volaba junto a ellas. Carlilla iba feliz. Habían dejado la bodega de cajas, ahora podrían tener un mejor destino. ¿Cuál? Carlilla aún no lo sabía, pero mientras volaba por encima de las casas del pueblo y de los árboles, pensaba que había abandonado la humedad del encierro y se sentía muy bien con esa sensación de ¡libertad!
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que comenzó a mojar de más su cuerpo. Su cuerpo de cartón comenzó a arrugarse, a doblarse, a perder consistencia. Afuera volvieron a escucharse pasos. Las niñas vieron a la mamá. Tenían miedo, temblaban. Las niñas preguntaron si eran los mismos hombres, si las iban a llevar. —Ojalá que nos lleven al mismo lugar donde llevaron a Papá —dijo Carlilla —así volveremos a estar juntos. La mamá le tapó la boca a Carlilla y la llevó, junto con sus hermanas, debajo de la mesa. En voz baja les dijo que no hablaran. Los dos hombres entraron: —Te dije que nos haría falta otra caja —dijo el narigón. Como respuesta, el otro hombre dijo: —Por acá había visto una grande. Fue hasta el rincón y comenzó a hurgar entre las cajas de cartón, tomaba una y la desechaba diciendo: —No sirve, está muy pequeña. La mamá de Carlilla, como ratoncita, se repegaba a la esquina, para que el hombre no la hallara, pero sintió la mano del hombre y el jalón. —¡Oh, qué mala suerte! Está toda mojada. No nos servirá. Carlilla sintió alivio al escuchar esas palabras. Dejarían a su mamá con ellas, pero el hombre, al ver que la mamá caja ya no servía, la aventó y con tan mala suerte que fue a dar a una tina llena de agua pestilente. Carlilla quiso salir de debajo de la mesa para sacar a su mamá de la tina, pero una de sus hermanas la detuvo, con el rostro triste, pero severo, le indicó que no lo hiciera. Carlilla entendió que podían llevarla. Tuvo un impulso de mostrarse. ¡Sí! Podía reunirse con su papá, pero, a la vez, dejaría a su mamá y a sus hermanas. No se movió. Al final, los hombres hallaron una caja que se adecuaba a sus necesidades, apagaron la luz y salieron, dando un fuerte portazo. Carlilla salió de debajo de la mesa y corrió hacia donde estaba su mamá, hundida, mojada, casi deshecha. Así fue como Carlilla y sus hermanas se quedaron solas; así fue como Carlilla juró que no aceptaría el destino de las cajas. Ella había visto un libro en un estante que enseñaba cómo hacer aviones de papel. Se prometió leer ese libro y hacerse alas para volar, lejos, muy lejos; se prometió hacer alas para sus hermanitas, para que ellas, también ¡volaran! Durante dos días se dedicó a subir y bajar escaleras en busca del libro, subió a muchos estantes llenos de estambres, clavos, botellas de plástico, vasos desechables, suéteres, zapatos para nieve, hasta que tuvo suerte y halló el libro: “Cómo construir aviones de papel.” En la portada había un modelo con horma de pájaro con alas extendidas, volaba al lado de nubes blancas. Carlilla prometió aprender todo de ese libro y salir de ese encierro, donde su destino era ser utilizada para guardar libretas, ropa sucia o botellas de plástico, si bien le iba. Los papeles, igual que las cajas de cartón, parecían tener un destino marcado, y, sin embargo, había papeles en el mundo que no se conformaban con estar sobre escritorios o pupitres, había papeles que se convertían en aviones y ¡volaban por todos los cielos! Carlilla dedicó días enteros a descubrir los misterios de las alas, poco a poco hizo dobleces en su cuerpo e hizo una limpieza general en el centro de la bodega para usarla como pista. Cuando pensó que estaba lista para hacer un ensayo general, prendió un ventilador viejo para aprovechar las corrientes de aire, se impulsó ¡y voló! Todas las cajas que se habían burlado de sus
Tapango
PALABRAS PARA LLENAR VACÍOS
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a escritora mexicana Brenda Navarro estuvo en Comitán, en octubre de 2019. Llegó a la Librería Lalilu para presentar su novela “Casas vacías” (Editorial Sexto Piso). En cada capítulo de la novela aparecen epígrafes con fragmentos de poemas de la poeta polaca Wislawa Szymborska (Premio Nobel de Literatura 1996). Las personas lectoras que tienen el libro de Brenda en sus manos pueden preguntarse por qué la escritora mexicana decidió incluir tales fragmentos. Porque estos fragmentos poéticos van en la periferia del texto, y porque es imposible hallar respuestas a preguntas periféricas en la novela, ARENILLA-Revista le preguntó a Brenda el motivo y acá está su respuesta. “Wislawa Szymborska es mi escritora favorita, y me gusta, porque, contrario a la narrativa que yo escribo, su escritura no es cruel, es suave, es fina, de una cotidianidad que parecería que no pensó lo que iba a escribir, sino que le salió muy natural, y, por el contrario, estoy muy segura de que ella sabía trabajar perfectamente cada palabra. Eso, por un lado, por el otro, como Polonia tiene una historia muy fuerte, fue una especie de decir: “Necesito platicar con ella y este es mi diálogo. Esto es lo que tú veías en tu país. ¿A esto te referías cuando hablabas de tal
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o cual cosa?” Estas cosas universales son las que nos mueven actualmente. “Además, fue una especie de homenaje, de decirle: “Quiero creer que te entendí un poco y qué tristeza que no estés entre nosotras”. “Ahora bien, en un ámbito más literario, puedo decir que ahora que vivo fuera de México y que me ha tocado la fortuna de conocer otras realidades, me he dado cuenta que Europa del Este es muy cercana a nosotros, de hecho, oí decir alguna vez a una persona de Praga, no sé si era cantante o algo así, que hubo un momento por ahí de los años setenta u ochenta que cantaban Las Mañanitas y, sin saber qué decía, esta canción les causaba dolor. Lo que para nosotros es la celebración de la vida, ellos lo sentían doloroso. Pienso que estos vasos comunicantes que tenemos con Europa del Este, nos debería llevar a cuestionarnos la idea de seguir colonizados por la literatura anglosajona y comenzar a platicar con los autores de Europa del Este, porque éstos nos están hablando directamente y Latinoamérica le está hablando directamente a Europa del Este. Incluir a Szymborska fue como mi pequeño guiño para decir: Tenemos cosas en común.”
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