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Arenilla No. 11

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Ejemplar de colección

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María Fernanda García Domínguez, talento Mariano Publicación bimestral ■ Distribución gratuita ■ No. 11 ■ junio - julio 2019 ■ Comitán de Domínguez, Chiapas, México


junio - julio 2019

2 mil ejemplares Distribución Gratuita Alejandro Molinari Director General Roberto Carlos Espinosa Vásquez Director Comercial Carlos Antonio Rivas López Director Comercial, en Guatemala Dora Patricia Espinosa Vázquez Editora Ejecutiva Patricia Alcázar Relaciones Públicas

Fotografía de portada: Carlos Gordillo NUESTRAS REDES facebook.com/Arenillarevista Twitter: @arenillarevista instagram.com/arenillarevista 9631266418 9631043955 arenillarevista@gmail.com Para eventos sociales, ventas y publicidad 9632365050

E D I T O R IA L Las noticias mundiales son alarmantes: El calentamiento global está provocando un severo cambio climático en todo el mundo. Comitán sigue siendo una ciudad con uno de los mejores climas de Chiapas. Desde siempre, los comitecos hemos “chenteado” nuestro clima; no obstante, en los últimos tiempos, cada vez escuchamos con mayor frecuencia el siguiente comentario: “Si así está el calor acá, ¿cómo estará en Tuxtla?” En efecto, Tuxtla, ciudad calurosa, la comparan con un horno. La temperatura en Comitán también ha ascendido. En la sombrita aún recibimos un aire refrescante, pero quien camina bajo el sol del mediodía siente arder su piel y hay una sensación sofocante. Las temperaturas han aumentado de manera ostensible. El calentamiento global es provocado por muchos factores, uno de éstos es la deforestación. Los chiapanecos somos testigos de este fenómeno. Decenas de camiones circulan por las carreteras llevando gran cantidad de trozos maderables. La tala de árboles es indiscriminada, brutal. Los grandes intereses económicos se sobreponen al bien colectivo. ¿Qué hacer ante este fenómeno que se escapa de las manos de los habitantes de a pie? Nosotros no podemos evitar la tala clandestina que se da en forma general, pero sí podemos actuar en nuestras pequeñas parcelas. Los comitecos de bien debemos sembrar árboles en el entorno más cercano, ahí donde la garra de la bestia no puede llegar. Debemos sembrar más arbolitos en los sitios de las casas, y en los espacios públicos. Nuestra ciudad debe convertirse en un enorme jardín. Esto ¡sí podemos hacerlo nosotros! Nuestra ciudad se ha llenado de cemento, hay necesidad de abrir huecos en la plancha de hormigón y sembrar vida. Las maestras María Elena y María del Socorro Vázquez, en una calle del barrio de Guadalupe, han impulsado, entre los vecinos, una acción que embellece el entorno, colocando macetas con flores en las banquetas. Este tipo de programas debe llevarse al extremo, debe fomentarse en toda la ciudad. Nuestra ciudad fue conocida como Comitán de Las Flores, es hora que, de manera sencilla, pero efectiva, todos los habitantes sembremos flores y árboles para que nuestro pueblo recupere la dignidad ambiental que tuvo. Nuestro entorno se degrada. Es preciso realizar acciones pequeñas, pero efectivas, que reviertan tal tendencia. Comitán lo merece, lo merecemos todos. Hay que abrir huecos en la plancha de cemento y sembrar arbolitos. Necesitamos más áreas verdes, muchas, ¡muchas! Necesitamos que Comitán no pierda su distintivo de poseer el mejor clima de Chiapas, para que nuestro pueblo sea orgullo ante los visitantes, pero, sobre todo, para que los comitecos vivamos en un ambiente sano, en un entorno agradable. Fotografía de Ricardo Castro: “La pátina del tiempo, Comitán de mis recuerdos”. Tercer lugar en el tercer concurso de fotografía “Comitán y su magia”.

Este ejemplar está en tus manos gracias al patrocinio de: San Marcos, Colegio Mariano N. Ruiz, Nataly Pastelerías, Villa Victoria, Muebliplus (“imagen: Freepik.com”. La imagen de publicidad ha sido diseñada usando imágenes de Freepik.com), Muebles para comercio Hermanos Flores, Grupo Industrial López Pérez, AEC computación, San José Clínica, Brenda´s Joyería, D’Amore, Dr. Lesther, Rayola, Moo Duk Kwan, City Express Comitán, Laboratorio San Francisco, Sigma Tecnologías, Estética Vanity, Instituto Tecnológico de Comitán, Good Year Comitán, Diagnostícate, Natura, Alfredo´s Rodizio, Mauricio´s Viveros, Fundación Alexandra Del Castillo Castellanos, Grúas Castillo, Centro Universitario José Vasconcelos Calderón, Hotel Posada del Ángel, Dr. Rubén Sánchez, Sonrisa Sana, Óptica Mayuan, Auditivos de Comitán, Soy Mamá, La casa del suéter, Gorditas El güerito, Técnica Dental Avanzada, Studio Innova, Sisitel, Panadería La Espiga de Oro, Pillangó Café, Restaurante La Casita, Grupo Altova, y Crearte en madera. Empresas comprometidas con el desarrollo cultural de Comitán y la región.

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Corredor

Fotografías: Carlos Gordillo

MARÍA FERNANDA, TALENTO MARIANO

DISCIPLINA: VALOR PARA CONSEGUIR EL ÉXITO María Fernanda García Domínguez nació el 14 de junio de 2002, en Comitán, Chiapas. Es hija de Rosa Patricia Domínguez Pérez y de Víctor García Bermúdez. Tiene una hermana menor que se llama Abril y, para agosto, la familia espera la llegada de un nuevo integrante. Estudia el cuarto semestre de bachillerato, en el Colegio Mariano N. Ruiz, y es Campeona Nacional en Team 5 Taekwondo. María Fernanda comenzó con este deporte a la edad de cinco años. Sus papás la apuntaron en la escuela del maestro Roberto Sánchez, porque era muy inquieta y había necesidad de canalizar el exceso de energía. Pero, esta disciplina deportiva se convirtió en su pasión y se inscribió en la escuela del maestro

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Félix Ogando, para prepararse a nivel competitivo. Desde entonces, ella ha participado en torneos regionales, estatales y nacionales de taekwondo. En la actualidad, entrena una hora diaria, y los sábados viaja a Tuxtla, para entrenar en las instalaciones de INDEPORTE, de nueve de la mañana a dos de la tarde, ya que es seleccionada estatal. Uno de sus sueños es formar parte de la selección nacional de taekwondo. María Fernanda comparte su tiempo en el estudio y en el entrenamiento deportivo. Ella dice: “El director de mi escuela, el maestro Hugo, me ha apoyado mucho, porque a veces falto a la escuela por compromisos de competencia.”


4 PREGUNTAS CON RESPUESTA BREVE ¿Qué significa el deporte para tu vida? Es una parte muy importante. Es donde invierto más tiempo. He dejado muchas cosas por el deporte. ¿Qué es necesario hacer en la vida para triunfar? Hacer todo con amor, con disciplina, con perseverancia y con pasión. Cuando perdés, ¿qué sentimiento te provoca? Inspiración, porque me enseña que debo entrenar más duro, para lograr el triunfo en la próxima ocasión. ¿Qué hacés para activar tu caja de deseos? Me esfuerzo al máximo. Jamás me rindo.

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HERMANOS FLORES

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Cocina

EPATITO, MUY EPATITO

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osario Castellanos poseía una vena humorística singular. Doña Lolita Albores, cronista vitalicia de Comitán y amiga personal de Rosario, contaba que dicho humor lo heredó de su mamá, Adriana Figueroa. Elena Poniatowska, en el prólogo del libro “Cartas a Ricardo”, dice lo siguiente: “Aspecto notable (en las cartas que Rosario escribió a Ricardo) es el del humor, incluso a costa, o mejor dicho, sobre todo a costa de sí misma, y esto no abunda entre las escritoras mexicanas.” El escritor Ricardo Bada dice que Günter Grass (Premio Nobel de Literatura) sabía reírse de sí mismo, y esto -dice Bada“Es la clave más alta del sentido de humor.” Rosario era de la estirpe de Grass, del grupo de genios que se alejan de la solemnidad, porque ésta es una mera máscara que corta el flujo pleno, juguetón, del río de la vida. Si como dice Lolita Albores, el humor era herencia materna, también se puede decir que lo pepenó de su árbol

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mayor: ¡Comitán!, lugar donde creció y que tiene al humor como esencia vital, porque los comitecos poseen, de igual manera, una singular vena humorística, que está expresada en las actitudes cotidianas, en sus anécdotas y en el lenguaje. Rosario ironiza y juega, juega con el lenguaje y juega con su imagen. Se atreve a usar palabras que, digamos, el prestigio del idioma español sancionaría. Pero, Rosario fue una escritora, a quien ahora los jóvenes de estos tiempos llamarían: Casual, sin que esto restara lucidez e inteligencia. En sus colaboraciones periodísticas y, por supuesto, en las cartas (género epistolar), ella se mostró juguetona. La solemnidad no iba con su personalidad. Julio Cortázar decía que los escritores debían escribir en mangas de camisa, bueno, Rosario escribió con la blusa arremangada, jamás usó traje de coctel para su escritura. Rosario se divertía con las palabras, éstas eran como piedritas azules para jugar canicas o para jugar matatena o para hacer “patitos” en la superficie del agua a la hora de aventarlas.

Mural pintado por Grisell Herrera Hernández. Ubicación: a pocos pasos de Telmex, Comitán.


Ella no tenía temor alguno de emplearlas con la misma naturalidad con que se lava uno las manos. ¡Claro, ella no tenía en su código palabras altisonantes! Tal vez los expertos de su vida y obra pueden dar cuenta de este rasgo que demuestra algún complejo. Igual que en el caso del mencionado Julio Cortázar, Rosario no tuvo necesidad de emplear palabras de entornos de arrabal. Es muy raro hallar palabras de desagüe, al contrario, usa palabras que son como duraznos. En una de las cartas a Ricardo, la escritora juguetona retoma una palabra que Herlinda (la nana) y Gabriel (el hijo) decían con frecuencia y que es una palabra también en diminutivo y con supresión de letras iniciales, rasgo que los expertos llaman aféresis. Mientras todo mundo dice la palabra Despacito, Herlinda, Gabriel y Rosario, ¡faltaba más!, dicen “Epatito”. Sí, es una palabra niña, casi balbuceante, como becerrito en busca de chichi. Rosario no tiene empacho alguno en escribirla, como si ella fuese una niña, como si estuviera jugando al lado de su hijo Gabriel. ¡Ah, Rosario! Ella dice: “Mi última voluntad es que no me entierren en la Rotonda de los Hombres Ilustres, como decía Vasconcelos. Entre otras cosas porque soy mujer.” Y ya sabemos el final: Ella ¡está enterrada en ese lugar! Ay, qué ganas de incumplir su última voluntad. Pero, bueno, ahora, dicha rotonda, a partir de 2003, se llama Rotonda de las Personas Ilustres. Cuando menos ahora ya descansa en un espacio con igualdad de género, lucha en la que estuvo inmersa. Medio mundo sabe que Rosario sufría de depresión. En varias cartas solicita envío de las pastillas Valium (recordemos su poema Valium 10). Pero, dentro de la tragedia, hay esa línea de humor que compensa la desdicha, en una carta a Ricardo, le

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dice: “Esta semana voy a ir a la Lagunilla y me voy a dar vuelo. Comprando chácharas y babosadas. Eso me levanta mucho la moral y ya para esos días me toca mi depresión.” Sí, así lo dice: Me toca mi depresión, como si esta enfermedad fuera cíclica, como la menstruación o como el cambio de estación. ¡Sólo ella podría hablar así de su dolencia ingrata! Aunque, en otra carta dice que ha cronometrado sus estados de ánimo y descubierto que cada diez días se hunde un día o dos; dice que en cuanto observa pensamientos negativos, se da baños de agua fría, para botar la negatividad, y, confiesa: “Hablo por teléfono con las gentes que me quedan mal (los albañiles son espléndida ocasión y los plomeros y cualquier operario) y entonces me enfurezco y empiezo a subir de nuevo a la superficie”. ¡Vaya, vaya! Así que un paliativo para la depresión puede ser hablar con las gentes que le quedan mal a uno (los albañiles irresponsables son espléndida ocasión). La espléndida es ella, en su escritura desenfada, fuera de solemnidades. La escritura fue su globo para ascender. Ella (no puede ser de otra manera) se sentaba ante la máquina de escribir y dejaba atrás todos los problemas del mundo. Los encapsulaba en la hoja de papel y convocaba al viento y los echaba a volar como papalotes, en el llano de Nicalocok. Rosario creció en el mismo territorio en que habitaba el Premio Nobel de Literatura, Günter Grass; fue del grupo de los hombres y mujeres que, como dice Bada, poseen la clave más alta del sentido de humor: los que se ríen de ellos mismos.

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Cocina

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Patio

Fotografías: Carlos Gordillo.

PARA SIEMPRE Y POR SIEMPRE

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l maestro Roberto Campos Gordillo y doña María del Carmen Guillén Alfaro cumplieron sus Bodas de Diamante. Ellos se casaron el 19 de mayo de 1959, en la parroquia de Santa Margarita de Antioquía, de la ciudad de Las Margaritas. La eucaristía la celebró el presbítero José Conrado Ruiz Floresta. Los padrinos fueron don Genaro Villatoro y doña Lesbia Moreno Guillén. La ceremonia religiosa fue a las siete de la mañana. De acuerdo a la costumbre de aquellos tiempos, la cohorte caminó desde la casa de la novia (barrio de Guadalupe) al templo. Todo el trayecto estuvo adornado con juncia y en cada esquina quemaron cuetes. Las madrinas, que acompañaban el cortejo nupcial, llevaban un buqué de flores, elaborados por las señoritas Hernández (Las Tibas). Después de la ceremonia religiosa se ofreció un desayuno en casa de los papás de la novia: Tamales de hoja, chocolate, café, marquesote y pan chiquito. Posteriormente, a la hora de la comida, se ofreció barbacoa de puerco, borrego y res, acompañada de sopa de arroz y, para beber, cerveza, medias de

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seda y vino San Marcos. El festejo fue amenizado por la marimba de Manuel Hijo y la de Cliserio Molina, papá de los hermanos Molina Argueta. El abuelo Francisco (Tata Chico) era muy delicado y no permitía que cualquiera enamorara a sus hijas, pero no tuvo objeción al pedimento de noviazgo de Roberto y María del Carmen, porque el maestro Rupe tenía una sólida preparación y era muy educado. Por supuesto que Roberto usó una táctica para acercarse a María del Carmen, se hizo amigo de Rafael Guillén, hermano menor de ella, y así, en un baile, Rafa le presentó a su hermana. Se casaron dos años antes que Shirley Bassey, cantante norteamericana, interpretara la canción “Diamonds are forever”, cuya letra, en su línea final dice: “Para siempre y por siempre”. La canción interpretada por Shirley expresa un interés material por la joya, pero la pareja formada por Roberto y María del Carmen demuestra que el diamante más puro, el más valioso, es la joya infinita que contiene el respeto, el trabajo, la tolerancia, el cariño sublime y el buen ejemplo para los hijos. Ellos pulieron la nube y la convirtieron en un diamante eterno. Todo Comitán y la región reconocen que el matrimonio de Roberto y María del Carmen es una unión ejemplar. “Los diamantes son para siempre y por siempre”. ¡Felicidades!

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• Roberto Campos Gordillo es hijo de los señores Octavio Cecilio Campos Culebro y de María Dolores Gordillo Meneses. Nació el 20 de agosto de 1933, en Las Margaritas. • María del Carmen Guillén Alfaro es hija de los señores Francisco Guillén Guillén y Esther Alfaro Bermúdez. Nació el 26 de mayo de 1945, en Las Margaritas. • Roberto es maestro rural, que recorrió varios lugares del estado: Tapachula, San Cristóbal, La Trinitaria, Las Margaritas y Comitán. • María del Carmen ha llevado su casa con orden, desde siempre. Sus especialidades son: la cocina y el cuidado de su familia. Es muy tradicional. • Ambos son católicos, apasionados del culto a San Antonio de Padua. • Él heredó el carácter de Los Campos: Sangre muy liviana, carcajada espontánea, bohemio, pícaro, sencillo. Le encanta platicar, decir versos y tomar una copita, en compañía de sus familiares y de sus amigos más cercanos. • Ella es muy de su casa. Le gusta ver telenovelas. Es de carácter introvertido, pero cuando se siente en confianza “se suelta”. • Él, durante el ejercicio de su profesión, fue un verdadero gestor de obras para las comunidades. Fue un gran agricultor. • A ella le encanta escuchar marimba. Su canción favorita es el famoso paso doble “Valencia”. • Él también es muy dado a su hogar. Le gusta ver los noticiarios televisivos. Su canción favorita es el corrido que se llama “Alta y delgadita.” • Ella es muy generosa con los desprotegidos. • Él se define como un hombre feliz. Es sabio y prudente. • Procrearon cinco hijos: Luis Antonio, Gloria Marlene, José Hugo, Irma Verónica y María del Carmen. • Los yernos y nueras son: Martha Aurora Culebro Meza, Carlos Martín Figueroa Alfonzo, Luz María Flores Hernández, Jorge Humberto Román Gordillo y Roberto Santis Gómez. • Nietos: Paty, Luis Roberto, Alejandro, Hugo Martín, José Hugo, Estefanía, María Verónica, Jorge Humberto, Marlen, Valeria y José Roberto (fallecido). • Bisnietos: Dulce María, Luis Andrés, Ángel Gustavo y Renata.

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60 AÑOS COMPARTIDOS


Tapango

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El Instituto Tecnológico de Comitán inició sus actividades en 1984, con el nombre de Instituto Tecnológico Agropecuario de Chiapas No. 31. En septiembre de 1992, el Instituto Tecnológico Agropecuario (ITA) pasa a ser Instituto Tecnológico de Comitán, dependiente de la Dirección General de Institutos Tecnológicos (D.G.I.T.).

En octubre del 2019 el TecNM/Instituto Tecnológico de Comitán cumple 35 años de su fundación. A lo largo de su historia ha formado generaciones de profesionistas exitosos que contribuyen al desarrollo regional, nacional e internacional, siempre con una misión clara de pertinencia y vanguardia en la educación superior. En el marco de su 35 aniversario, el Instituto Tecnológico de Comitán, fue sede del LXIII Evento Prenacional Estudiantil Deportivo de la Región Sur Zona III, y organizó la VI Feria Regional de Economía Solidaria.

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Miraquién Magazine realizó su tercer concurso de fotografía “Comitán y su magia”. Se recibieron más de 110 fotografías, donde los participantes mostraron su talento y, a través de su mirada, la belleza de Comitán.

“El juego”, fotografía de César Canales, obtuvo el primer lugar en el concurso. ¡Felicidades!

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Oratorio

DON ANTONIO GILBERTO DÍAZ MOLINA, HOMBRE DE TRABAJO Y DE VISIÓN EMPRESARIAL ¿Quién fue don Antonio Gilberto Díaz Molina?

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Bueno, hay que decir que él fue hijo de don Gregorio Díaz (originario de San Cristóbal) y de doña Librada Molina Alfaro (oriunda de Comitán). Don Antonio Gilberto nació en la Finca San Joaquín, municipio de Las Margaritas, el 3 de mayo de 1903; y falleció, a los ochenta y siete años de edad, el 7 de noviembre de 1990. Fue muy conocido en la región, y sus conocidos lo nombraban como Gilberto, más que por su primer nombre. Su testimonio de vida es testimonio de cómo se desarrollaba la sociedad comiteca en el siglo XX.

Lulú Díaz Carreón, hija de don Gilberto, da

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Don Gilberto fue un hombre de empresa. Su esposa, doña Bertha Isabel Carreón Córdova, atendió una tienda de abarrotes y, durante diez años, vendió leche de vaca, en el zaguán de la casa. Cuando cerró la tienda, ella se dedicó a hacer pan, pastelitos, dulce de garbanzo, chorizos, longanizas, tamales. Los hijos ayudaban a comercializar lo que la mamá hacía. Don Gilberto y doña Chabelita formaron una pareja comprometida con la vida, con el buen ejemplo para sus hijos. Don Gilberto, en 1944, compró un terreno en el que hizo una huerta (el terreno que está frente al Hotel Los Lagos.) Don Gilberto se levantaba a las cuatro de la mañana e iba a su huerta. A las seis regresaba a la casa, entraba a la recámara de sus hijas y decía: “Levántense orquídeas” (Esto que bien podría ser un elogio cariñoso tenía su jiribilla. ¿Por qué orquídeas, papá? Porque las orquídeas son plantas parásitas, mantenidas por un árbol viejo.)

testimonio de la vida de su señor padre. Cuenta que nuestro personaje tuvo muchos oficios. Por ser de familia humilde trabajó desde pequeño: vendía petróleo en latas (a principios de siglo, la iluminación en Comitán era con candiles y quinqués), lustraba zapatos y fue “jalayeguas”, pues trabajaba con arrieros que llevaban y traían mercancías a la costa chiapaneca. De acá llevaban petates (hechos en La Trinitaria), panela, sal colorada (de La Concordia); y regresaban tabaco, café, azúcar en pan (así le decían, porque venía en bloque, no pulverizada), y cacao. Estudió hasta el tercer grado de primaria, pero era muy diestro en las matemáticas. Estudió con el maestro Horacio Trujillo y con el reconocido maestro Mariano N. Ruiz. Quedó huérfano de padre. Don Gregorio falleció durante la peste que llegó a Comitán. Todas las

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víctimas de “La española” fueron enterradas en zanjas que abrían a mitad de las calles. Al quedar huérfano aprendió el oficio de zapatero, oficio al que se dedicó muchos años. Su primer taller de zapatería lo instaló en la casa contigua a la actual Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. Su taller lo bautizó con el nombre de “Zapatería La Popular”. Lulú cuenta que cuando raspan la pared de la fachada para pintarla aparece el letrero original. Tuvo como alumnos de zapatería a los hermanos Castellanos Domínguez: Absalón, Ernesto, René y Óscar, porque en ese tiempo era costumbre que los niños aprendieran un oficio; en ese tiempo, Comitán estaba lleno de artesanos: zapateros, carpinteros, sastres, bordadoras, peleteros, marimberos y modistas.

un rancho, pero me falta dinero.” Don Gilberto dijo que sí le gustaría comprar la casa, pero que si le bajaba un poco el precio hacían trato. Don Rubén dijo que no, pero a la semana regresó y dijo: “Es tuya la casa, que te quede, porque no encuentro quién me dé lo que pido.” La casa costó dieciocho mil pesos, don Gilberto lo pagó con pura moneda de 0.720, adentro de 18 morrales de jarcia. El negocio de don Gilberto comenzó a decaer cuando llegó el calzado de plástico “Calciplás”. Tuvo que cerrar su fábrica, con las máquinas cortadoras y pespuntadoras.

Buscó otras opciones. Don Gilberto era muy amigo de don Jorge Constantino, papá de quien fue presidente municipal de Comitán. Don Jorge era apicultor y animó Dominó toda la gama de la zapatería. Hacía diseños a don Gilberto a volverse productor. Don Jorge decía de acuerdo a los que tenía miles de catálogos y fabricaba trabajadoras sin zapatos de vestir, sueldo: las abejas. zapatillas, zapatos Don Gilberto se de campo, botines, animó, y en 1963, producto que más o menos, vendía a personas clausuró la zapatería de Oaxaca y de y se dedicó al oficio Tabasco. El embalaje de la apicultura, del producto era con colocando petates que adquiría apiarios en la en Zapaluta. Cuando zona de Chamic, no tenía pedidos, Santa Apolonia y iba a la costa y ahí Amatenango de ofrecía su producto. La Frontera. Así fue como, con Don indicaciones del Gilberto se casó señor Constantino, con doña Chabelita comenzó a exportar Carreón Córdova, miel a Alemania, quien fue hija de con la marca “Miel Doña Chabelita y don Gilberto doña Sergia Córdova de abeja DICA”, por Herrera (oriunda de La Trinitaria) y de don Alejandro los apellidos Díaz y Carreón. Lulú cuenta: “A los tambos Carreón Guillén (del barrio de La Pila, en Comitán, de miel les ponían cera derretida para protegerlos de la pero con ancestros guatemaltecos). Tuvieron seis hijos: herrumbre, y entonces venían aquí camiones muy grandes, Martha (licenciada en Filosofía), Bertha (contadora), Lulú de los que les dicen rabones; mandaba hasta cincuenta (trabajadora social), Miguel Ángel (médico), Julio César tambos de miel, que eran embarcados en Coatzacoalcos. (cirujano gastroenterólogo), y Elena (dentista). Como al mes, mi papá recibía un cheque procedente de Alemania. Eso lo hizo crecer y multiplicar sus sueños. La familia sigue habitando la casa que fue También fue corredor de bienes raíces, compraba y vendía propiedad de don Gilberto, misma residencia que fue terrenitos, casitas, era muy inquieto, nos dio muchos propiedad de don César Albores y doña Soledad Albores, ejemplos de vida, él siempre tuvo un carácter muy fuerte los papás de doña Lolita Albores, cronista vitalicia de pero muy definido. Para mí fue un hombre de bien, en Comitán. Lulú cuenta que su papá la compró con don todo, como hijo, como hermano, como padre, como amigo, Rubén Morales Trujillo (papá de don Rubén y de don como esposo.” Rafael Morales). Un día pasó a la zapatería y le dijo a don Gilberto: “Chaparrito, ¿no querés comprar la casa que era Don Gilberto fue generoso con los amigos, le de doña Chole Albores? Fijate que me están vendiendo encantaba recibirlos en su casa (de amplios corredores

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Lulú Díaz Carreón

y espléndido patio central) y ofrecerles una copa de comiteco y botanitas que preparaba su esposa. Hubo una época en que don Gilberto se dedicó a la elaboración del licor comiteco. Don Arturo Ventura (quien vivía en la casa donde actualmente está la Casa Hogar Don Bosco) lo invitó a integrarse a la Cooperativa Nueve Estrellas, productora del auténtico comiteco. Algunos de los socios de esta cooperativa fueron don Elías Cordero, don Antonio Nájera, don Raymundo Guillén, don Arturo Ventura y algunos más. La obligación de cada socio era tener un expendio de aguardiente, que era elaborado con el aguamiel. Lulú cuenta que, anteriormente, en Comitán había muchos magueyales. La fábrica de la Cooperativa estaba por el rumbo de El Cedro. La botella de puro pulque costaba ocho pesos, la de cordón cerrado ¡seis pesos!, y la de medio cordón costaba cinco pesos. La Cooperativa fabricó diversas especialidades, con arrayán, limón resacado, y añejo. Don Gilberto, como siempre lo había hecho, fue más allá y elaboró vinos de mesa: moscatel, vermut y cinzano. Don Raúl de León fue el primer chofer del camión de reparto. El producto lo vendían en garrafones de vidrio, forrados con mimbre y tapa de madera.

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Su filosofía de vida era: “Intentar antes que negar.” Cuando los hijos crecieron, él lotificó su huerta y la vendió por partes, para mantener los estudios universitarios de los hijos. El pedazo de tierra que se reservó lo destinó para un estacionamiento y pensión de autos, que llamó “Pensión Internacional.” Cuando, a los ochenta y siete años de edad, le detectaron el cáncer y el oncólogo dijo que debía operar, don Gilberto le dijo a sus hijos: “Si con eso me voy a curar me dejo operar, porque no me quiero ir, quiero estar un rato más con ustedes.” Le practicaron la operación, pero su cuerpo ya no resistió. Lulú cuenta: “Mi papá me quedó viendo, me echó la bendición, levantó su mano y me dijo: “Gracias por todo, hija, gracias por ser mi Cirineo, gracias porque no te fuiste nunca de nosotros.” Y se fue. Cinco años después de la muerte de don Gilberto, falleció su esposa. Todo sucedió en noviembre. Don Gilberto y doña Chabelita se conocieron el 21 de noviembre de 1938, en la casa de doña Martha Argüello y de don Onésimo Nápoles; se casaron el 28 de noviembre de 1940; él falleció el 7 de noviembre de 1990; y ella falleció el 14 de noviembre de 1995.

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SONIA CONDE DURÁN

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onia es una hilandera de ritmos. Ella cruza puentes y los tiende, los tiende para que los demás pasemos por encima de los ríos que llevan los silencios al mar universal. Sonia abre sus brazos ¡y toca el acordeón! Sonia mueve sus dedos ¡y toca una guitarra! Sonia borda el aire ¡y toca el piano! Sonia, una tarde, musicalizó un poema de Rosario Castellanos, ese que inicia así: “Tal vez cuando nací alguien puso en mi cuna / una rama de mirto y se secó. / Tal vez eso fue todo lo que tuve / en la vida, de amor.”

Sonia, artista comiteca, desde que nació ha colocado ramas de mirto en el corazón de quienes escuchan su música. Sonia, rama de mirto, árbol del mito; Sonia, brocal de luz, pentagrama en donde el sol salta la cuerda. Sonia Conde Durán recibió un reconocimiento especial en el IV Festival Internacional de Artes y Literatura Balún Canán, al lado de otro grande de Chiapas, el escritor Óscar Palacios. ¡Felicidades!


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Sala

LA TIENDITA DE DOÑA PIFA En Comitán, a cada rato, usamos la palabra Chento. Óscar Bonifaz, en su libro “Arcaísmos, regionalismos y modismos de Comitán, Chis.” define a la palabra chento de la siguiente manera: “Chento. m/f Presumido, vanidoso.” La palabra chento la empleamos no sólo como presunción o vanidad, también la usamos como sinónimo de orgullo. “Qué miralo, El Cazueleja está bien chento, porque su hijo, El Salvadillo con temperante, se tituló de arquitecto.” Por su parte, José Luis González Córdova, en su libro “Glosario (Habla popular comiteca)”, da la definición del verbo Chentear: “Consentir, proteger, tratar con cariño o mimos. Lucir una prenda. Ejemplo: <Su hijito es un malcriado, porque ella lo chentea mucho.>; <Chento está con su pantalón nuevo.> Con algunas excepciones se aplica a otros usos. Ejemplo: <Chenta ‘stasté con su muertito.>

Internacional de Artes y Literatura Balún Canán fueron reconocidos dos grandes de Chiapas: Óscar Palacios y Sonia Alicia Conde Durán. ¡Ah, chentos estuvieron! ¡Chenta está nuestra talentosa paisana! Y Comitán está chento de ser cuna de muchos talentos. Cuando un paisano es un triunfador, el pueblo se llena de chentura. En los años setenta, el actor comiteco Javier Esponda tuvo participaciones importantes en el cine nacional. Las principales películas donde actuó son “El jardín de tía Isabel” (1972) y “El reventón” (1977), y en el teatro se recuerda su participación en la obra “Naná”. La obra “Naná”, en adaptación de Miguel Sabido a la obra de Émile Zola, fue producida por Irma Serrano, otra paisana que destacó en el cine mexicano y que ahora radica en Comitán.

En este 2019, Gaby está bien chenta, porque la “Panadería La Espiga de Oro” ya cumplió un año. Bueno, cumplió un año la sucursal que abrió en la 15ª. calle sur oriente s/n, en el barrio Belisario Domínguez, porque “La Espiga de Oro”, atendida por la mamá de Gaby, doña Cruz del Carmen, tiene una tradición de más de treinta años. Hmmm, panito rico, bien comiteco.

Pero también se chentea por otros personajes importantes. En el pasado IV Festival

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Nunca se ha hecho la encuesta, pero el antojito que más chenteamos los comitecos está entre el pan compuesto y la paleta de chimbo. El apodo que más chenteamos los comitecos es el de “Bolocoy” (que es un animalito, de color negro, que se alimenta de estiércol) o el de “Totosón”, que se aplica a alguien amujerado o miedoso.

Los editores de ARENILLA-Revista nos sentimos chentos por entregar en manos de nuestros lectores la mejor propuesta editorial de Comitán y de la región. En los mismos años setenta, otra paisana apareció en las pantallas de todas las salas cinematográficas del país: Leticia Pinto, quien actuó en “Los desarraigados” (1976), y en “La banda del carro rojo” (1978), al lado de Mario Almada. El autor del libro “Glosario”, quien dio la definición de Chentear, se sentiría chento al saber que su hijo, José Augusto González Domínguez, en el mes de abril estuvo en el Senado de la República, como participante del Parlamento Juvenil 2019.

Comitán se siente chento por Belisario Domínguez y por Rosario Castellanos.

Los comitecos nos sentimos orgullosos de nuestro pueblo; reconocemos la participación de nuestros mayores en la preservación de valores esenciales. ¡Mero chentos nos sentimos!

En la pasada temporada vacacional, las autoridades colocaron, en un puente peatonal de la carretera de San Cristóbal a Comitán, el siguiente mensaje: “Estás a 7 km de llegar al mejor clima del estado de Chiapas.” Por supuesto, se refería al clima de Comitán. Sí, los comitecos chenteamos nuestro clima, aunque, como dicen los mayores, ya no es lo que era. ¡Ay, tiempos de calentamiento global!

Nos ponemos chentos cuando nos chenteamos y nos chenteamos por cosas grandes.

Los comitecos nos chenteamos cuando hablamos de nuestra gastronomía: pan compuesto; butifarras; huesos, estilo tío Jul; pebre; olla podrida; chinculguajes. ¡Ah, qué ricos antojitos y platillos!

Universidad Nacional Autónoma de México. Los otros dos cartonistas chiapanecos son: Enrique Alfaro y Efraín Malo. ¡Puro maestro del cartón!

Chento está, también, el caricaturista comiteco, Raúl Espinosa Mijangos, pues él es uno de los tres caricaturistas chiapanecos cuyos cartones aparecieron en el libro: “100 años con Zapata. Caricatura, historieta e ilustración.” El libro es una edición del Sindicato de Trabajadores de la


EN TEMPORADA DE LLUVIA La canción dice: “Parece que va a llover, el cielo se está nublando”. El cielo se nubla y llueve sobre la región. Para esta temporada es preciso sacar el paraguas y el impermeable, así como modismos y regionalismos que tienen que ver con la lluvia. Para esto acudimos al libro “Glosario”, de José Luis González Córdova.

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Aguajal: Normalmente lo que queda después de la lluvia. En algunos casos puede ser agua estancada, pantanosa. Almácigo: Lugar sembrado de semillas, que nacidas habrán de trasplantarse. Apishcaguado: Manchas producidas por humedad. Enmohecido. Arador: Insecto que se encuentra en el césped, cuya baba ácida quema la piel (nota: aparece, sobre todo, en tiempo de lluvia.) Bacinía o bacinilla: Bacín, bacinica, orinal. Depósito bajo y pequeño, en el que se orina (nota: se usa cuando está muy duro el aguacero y el baño está en el sitio.) Bolcojosh, boljocosh: Promontorio de tierra en el nido de las hormigas. Tzisim: Arriera, hormiga grande, comestible, aparece en las primeras lluvias. Reina de cierta hormiga roja. En otros lados del estado de Chiapas se le conoce como: chicatana, nucú. Sulup: Insecto alado que aparece con las primeras lluvias.

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Balcones

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EL MURCIÉLAGO EXTRAVIADO Luis se espantó. Dibujaba en su cuarto, cuando escuchó gritos y carreras en el pasillo. Dejó el lápiz color rojo y se paró. Al abrir la puerta vio a su tío Andrés, con una escoba; la tía Emelina gritaba, histérica, y corría de un lado para otro. —¿Qué pasó? —preguntó Luis, pero nadie le contestó. Así que tiró el lápiz color azul que llevaba en la mano y corrió detrás del tío. —¿Qué pasó? ¿Qué pasó? —preguntaba Luis, sin obtener respuesta. La voz de Luis se perdía en medio de tanto grito y alharaca. Algo grave pasaba, porque todos los de casa tenían en sus rostros una marca compleja de asombro, espanto y terror. Cuando Luis llegó a la biblioteca, vio a todos amontonados ante la puerta. La tía Emelina continuaba histérica, se jalaba los cabellos y daba saltitos nerviosos. Su primo Alan estaba recargado en la pared. El tío Andrés tenía la escoba en alto, agarrada con sus dos manos, como si estuviese a punto de quebrar una piñata. Luis se hizo paso entre todos, con sus manos apartó los cuerpos y quedó en primera fila, apenas detrás del tío que estaba a punto de dar el escobazo. Vio hacia donde apuntaba y halló el motivo del caos: su mascota. —¡No, no, no! —gritó e impidió que el tío soltara el escobazo. El tío se fue para atrás y tuvo que sostenerse en la pared para no caer, como cayó la escoba. —¡No, no, no! ¡No le hagan daño! ¡Es mi mascota! —dijo Luis y comenzó a empujar a todos. La tía Emelina gritó como papagayo: —¡Ay, ay! ¡Alguien que haga algo para matar a ese animal asqueroso! Pero luego se calló, vio a Luis y preguntó: —¿Dijiste que es tu mascota? Luis seguía empujándolos para atrás e insistía en que ese animalito era su mascota. —¿Mascota? ¿Decís que ese animal tan feo es tu mascota? —dijo la tía, con cara de asco. El tío, ya repuesto, levantó la escoba del piso y apoyó sus manos en ella.

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—Sí —dijo Luis—. Es mi mascota. Se llama Pino y es machito. Todos vieron hacia donde estaba el murciélago. Éste parecía calmado, pero en sus ojos había algo como una línea de miedo. Sí, Pino se había espantado. —¿Y qué hace afuera de su cueva en pleno día? ¿Porque tiene una cueva, verdad? —preguntó Alan. Todos quedaron viendo a Luis. Lo único que se le ocurrió a Luis fue ver a su mascota y preguntar: —¿Qué hacés afuera de tu cuevita? Todos vieron hacia arriba, como si esperaran que Pino respondiera. El silencio fue denso, como una capa de niebla espesa. —¿Y esperaban que ese asqueroso animal hablara? —dijo la tía y echó una carcajada. —Bueno, bueno —dijo el tío—. ¿Qué haremos? —¡Nada, nada! —se apresuró a decir Luis—. Yo lo arreglo. —¡Sí! —sentenció la tía—. Vas y lo echás fuera de casa. ¿Entendido? El tío jaló a Luis y, en voz baja, le preguntó: —Pero, ¿por qué tenés a un murciélago como mascota? Luis explicó que, una tarde, encontró al murciélago en el jardín, escondido detrás del árbol de durazno. Estaba aterido, extraviado. Sin duda que Pino volaba al lado de su mamá, pero de pronto, una ráfaga de viento, algo como un tornado, lo sacó de la ruta y lo envió, de un manotazo, al jardín de la casa. Luis se prometió que lo cuidaría hasta que su mamá volviera por él, porque la mamá murciélago volvería por su hijito. Estaba seguro de ello. Todo mundo regresó a sus actividades. El tío tomó la


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cabeza. —El estúpido de Alan cree que vos sos pariente de Drácula. ¡Qué bobo! Luis rio. —Niño malo. Prometé que no volverás a salir de tu cuevita. Prometelo —dijo Luis, suplicante. Luis llevó sus manos al pecho y ahí resguardó a su mascota. Con un pie abrió la puerta de su cuarto y dejó a Pino sobre la cama, mientras sacaba la caja de cartón que tenía debajo. Compuso el pedazo de tela y acostó a su murciélago. Antes de empujar la caja, dijo: —Ay, Pino, qué susto me diste. Mi tío pudo matarte. ¡Oh, qué haría tu mamita sin vos! Prometé que no volverás a salir de tu cuevita. Prometelo. Cuando empujó la caja debajo de su cama, Luis vio por la ventana algo que colgaba de una rama del árbol de durazno. Se levantó y vio como si fuese un racimo de uva, un murciélago colgaba de la rama. ¡Claro!, era la mamá de Pino. Y Luis se puso muy contento. Sacó a Pino de su cajita y lo llevó a la ventana. —¡Mirá, mirá, Pino! Tu mamá vino por vos. Luis puso una carita de higo apachurrado, porque ya no vería a su amigo, pero sonrió al pensar que Pino volvería con su mamá y sus hermanitos. Volvió a colocar a Pino en su cajita y se sentó ante su mesa de dibujo, tomó el lápiz color amarillo y comenzó a iluminar el sol. Esperaría que el sol se ocultara para llevar a Pino con su mamá, que esperaba pacientemente colgada cabeza abajo. FIN

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escoba e hizo como que barría y terminó dando un escobazo afectuoso a Luis. La tía caminó con rumbo a la cocina, lugar al que también se encaminaron las dos sirvientas. Alan dijo que era una lástima que la acción se hubiera detenido, le habría gustado ver qué hacía el tal Pino a la hora que el tío le soltara el primer escobazo. —¿Habría sacado los genes olvidados de Drácula y hubiera clavado los colmillos en el cuello de tía? —preguntó en voz alta, mientras mostraba sus dientes y alzaba las manos con forma de garfio—. ¡Ah, hubiera sido tan emocionante! Todos se retiraron. El silencio mostró su cara de nuevo. A lo lejos se oían pasos, ruido de ollas, de un grifo abierto. —Ya, ya, ya pasó —dijo Luis a su mascota, y como si le hablara a una cotorrita australiana domada puso su dedo índice y dijo: —Bajá ya, niño malcriado. Pino vio hacia uno y otro lado y se soltó de la pared y flotó como si fuese la hoja de un árbol empujada por un viento suave, hasta posarse sobre el dedo de Luis. —Niño malcriado —volvió a decir Luis, en tono de regaño afectuoso— ¿Viste lo que ocasionaste? Mi tío estuvo a punto de darte un escobazo. Y Luis tomó al animalito con la otra mano, acarició su


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