No hay un impacto al mercado tan poderoso como el de un empleado capaz de ofrecer un buen servicio. En cambio, la mala atención, el desgano y el desinterés (así como su contrario: la atención que se vuelve persecución y acoso, para lograr metas impuestas por el jefe) son garantías de distanciamiento paulatino de los consumidores y los usuarios.