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El Libro de Abraham

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El libro de Abraham

Poesía Abraham Salloum Bitar Fotografías Alfredo Padrón


¿Podré volver a repetirme sin errores? ¿Podré soplo de nuevos vientos dejar la compañía de las piedras que son tan mudas como yo después de tantos años?


RĂ­e la rosa encantada la rosa de los colores destinados a la tierra la rosa espina de los meditabundos te acariciamos hasta sangrar la sangre de nuestra travesĂ­a en los cuartos de nuestros hijos durmiendo con sus Ăşltimos magos nocturnos


Al entrar encuentro la casa que alguien Destruye en la mirada del escorpiĂłn Mientras en el nĂşmero la bestia recoge su veneno Y dando al nuevo nombre la palabra perdida Se que es vano llegar y quedarse


En esta noche cuando el tiempo ha detenido su manera y Homero ciego porque sabe la tinta que ha secado el goteo vuelvo al sueĂąo que no he tenido regreso a la casa que no ha sido mĂ­a retorno a la sombra de la ciudad donde no he vivido y encuentro que mi destino es la frase interminable del poeta


SueĂąo con volver a nacer en cada fantasĂ­a de mi alcoba Fui desgarrado de mi origen adoptando mi otro yo pero aĂşn sigo ausente


He de olvidarme de mĂ­ mismo para ser, en el verbo, la persona imaginada.


Abiertas y adentro no hay nadie Hubo juramentos -los hay- de descubrir y volver para explicar el porquĂŠ Ninguno ha regresado y todos saben que las tumbas no son y abajo nunca ha morado el nombre que las levanta.


Mírame antes que tus ojos se conviertan en luciérnagas de mediodía imprime fuertemente como si fuera fuego sobre tu cuerpo mi otra vida que ahora te muestro Sólo tu tropezando debajo de la luz sin retina podrás contar la extraña historia del ciego que vio su propia oscuridad


Yo soy el Ăşltimo poeta que sueĂąa con mujeres sin patria rencoroso con las bestiales palabras de los dueĂąos de castillos y maneras


Nací contigo en distinta tierra Y fui contigo a navegar con el aroma de la rosa sucesiva La rosa que tiembla de adiós y aún crece en el sueño primero de la palabra ¿A dónde vas? ¿Dónde encontrarte si en tu corazón la casa abandona el fuego y cruza entre llamas el recuerdo del escorpión en Alejandría? Del otro lugar vine, después lo he sabido cuando oculto en el río descifraba el eco de la nada La voz de nadie. Y allí entre bruma y un caballo que calma la sed supe que había perdido el bosque y el alfabeto.


Volveremos a nacer en Damasco entre telas y sedas de Omeyas sintiendo en las venas el ruido incesante del viento sin rumbo Naceremos con luces y fuego junto a las calles y laberintos escuchando la música de los salmos con Zaratustra a nuestro lado enseùåndonos a descifrar el alfabeto dibujando debajo de los velos la insinuación de los labios moros Volveremos a nacer en Damasco entre flautas y almohadas azules con las manos junto a los mosaicos cobijando a la sombra de su miedo Volveremos a Damasco a nacer de nuevo sin cansancio


Todavía en el país de las sombras hay un viejo árbol frondosamente seco y sus ramas que fueron otra edad caen sobre arena y silencio formando pirámides de fuego donde se arrojarán los sobrevivientes para que no renazcan las aves que sólo sueñan con el comienzo con el principio con la costumbre


Lloro sobre los libros que no he leĂ­do para que se borren las palabras que mortifican mi ausencia


Nos encontramos en una larga tarde de verano - como todas las tardes de verano En esta nuestra casa donde sรณlo el verano existe.


Ayerโ จ Agosto comenzรณ su lenta ausencia Y los ojos que miran el oleaje Saben del animal sagrado Que va a dormir en las melancรณlicas profundidades Donde los que nunca volvieron Reposan junto a la silenciosa voluntad De la noche


Agosto es el final del viaje Que las aguas han emprendido El aforismo que imagina el desterrado La casa que los fantasmas poseen Para que los vivos sean la sombra Del circular fuego Y la orilla donde viejos varones Construyen el mito del adiรณs Que el viajero comparte con la nostalgia


Divididos entre el mundo de arriba Y el mundo de abajo Entre las sombras de la luz Y la desierta noche del graznido Nos volteamos para ver la perfecta Derrota de lo viejo y lo nuevo Y la mirada vencida de nuestros Antepasados cruzando ansiosos El rĂ­o del otro y del olvido.


Y ahora ¿dónde estás? ¿Podré encontrarte pequeña luz que viaja en la nave de nuestra despedida? Callo. Y junto a ti sé que hoy como ayer el azar circula Como espada y verbo


Final del camino escucho las voces del amor que tenuemente se trasladan a vivir sobre los techos rojos de las habitaciones sorpresivas sin flores sin el olor de los cuerpos brotando de su escondite


Para vivir he inventado la espada y la bala Para morir no he dejado de inventarme a mi mismo como polvo


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El Libro de Abraham by Alfredo Padrón Buonaffina - Issuu