Pintando troncos de árbol
Vida
y
experimentación.
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Portfolio
Antonio Cano Urbano fotografiaantoniocano@gmail.com +34 649020403
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Mirar, observar la Naturaleza, ver las hojas y la hierba, mirar los surcos que hace el agua cuando llueve, cuando corre en busca de algún riachuelo, observar los pliegues que hacen las colinas, mirar a lo lejos de una pradera para entender que forma de vida es. No son espacios muertos, al contrario, están llenos de vida, no parecen tener movimiento pero evolucionan, se mueven, crecen, mueren y vuelven a nacer. Los seres vivos que se alimentan de sus frutos y corren por sus campos lo entienden bien y se integran; nosotros también somos seres vivos que nos alimentamos y corremos por esa misma naturaleza, no podemos estar de espaldas a ella, la hemos modificado, la hemos adaptado, pero no podemos vivir sin mirarla cara a cara. Nos hemos criado en ciudades con calles y plazas que nada tienen que ver con esta parte viva de la que hablamos, hemos visitado parques dentro de nuestras ciudades, parques que nos recuerdan unos más y otros menos a esa vida que existe fuera de nuestras urbes,
algunos espacios con árboles y plantas nos hacen pensar que nosotros formamos más parte de ellos que de los ladrillos puestos uno encima de otro. Nos hacen recordar que son seres vivos como nosotros, por eso nos gusta tenerlos cerca, nos gusta verlos, nos gusta fotografiarlos para conocerlos mejor, para entender porqué nos sentimos bien cuando los observamos, a veces sin saberlo. Cuando fotografiamos espacios naturales e intentamos sacar lo mejor de ellas es para conocer y entender lo que vemos, comprender los colores, las formas, como cambian y porqué lo hacen, nada es gratuito, todo es el reflejo de una hora del día, de una estación del año. Fotografiar de una forma tradicional no me aportaba nada más, o si acaso muy poco, necesitaba ir un poco más allá, ver lo que había visto de una manera diferente, crear una relación más necesaria entra la fotografía y lo fotografiado, los dos elementos tenían que poner de su parte.
Con esta premisa inconsciente, comencé un viaje de cuatro días por entornos naturales, la primera fotografía estuvo apegada a la tradición, la cámara solo hacia el trabajo de siempre, no aportaba nada para formar parte del juego; aún no era consciente de lo que pasaba. En la siguiente toma, a modo de experimento, realicé un movimiento brusco con la cámara, la imagen que resultó fue, al contrario de lo previsto, una imagen agradable de ver, representaba otra dimensión distinta a la que mis ojos veían. Sentí que lo fotografiado y la fotografía se acercaban para mostrar entre los dos una tercera dimensión, lo que se mostraba no estaba, pero a la vez era parte de una realidad que parecía querer gritar para decir que estaba allí, que estaba viva, que quería jugar.
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Fue el comienzo de una experimentación donde los movimentos verticales, horizontales o circulares de la cámara y de mi cuerpo no podían ser aleatorios, tenían que tener un sentido dependiendo de lo representado. Los Trazos caprichosos que se generaban, tenían que tener distancia, recorrido, se intregraban en un todo para poder transmitir mensajes, para acoplar una vez más la fotografía y lo fotografiado. De forma caprichosa, o quizás porque el azar es necesario y forma parte del proceso, determinadas formas y objetos iban tomando relevancia, en especial, de todo lo fotografiado, los troncos de los arboles dispuestos de muchas maneras comenzaban a ser el centro de atención del viaje, el discurso se diriguia a ellos, comenzaban a ser los protagonista y la excusa para representar la vida que hay fuera de lo artificial. Haciendo estos movimientos precisos con la cámara fotográfica, los troncos de los arboles aparecían vestidos, era un nuevo complemento, un nuevo atrezzo que los mostraba más vivos si cabe.
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Terminado este viaje de cuatro días y después de otros tantos editando el material, quedaban algunos extremos con falta de representación, no cerraba un mensaje que me convenciera, por lo que semanas después, otro viaje, en este caso a la comarca de la Serena en Bajajoz, me permitió buscar nuevamente troncos de árbol, no eran las mismas especies, pero no importaba porque existía conexión entre ellos a través de los trazos generados con el movimiento de la cámara. En esta ocasión, se produjo otro aprendizaje, la Luz y la climatología a primeros de Diciembre, y la posición en el mapa cuando se hacían las fotografías (Noreste de la provincia de Málaga y Suroeste de Granada), no era la misma que a finales de Diciembre, esto trajo consigo formas distintas de situarse con respecto a la luz y la hora del día. La Luz en fotografía lo es todo, y en esta ocasión no iba a ser distinto, lo que sí fue distinto es como se comportaban los trazos dependiendo de donde viniese la luz y de la calidad y cualidad de ella.
Suroeste provincia de Granada Diciembre 2018
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Suroeste provincia de Granada Diciembre 2018
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Comarca de la Serena. Badajoz Diciembre 2018
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Comarca de la Serena. Badajoz Diciembre 2018
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Comarca de la Serena. Badajoz Diciembre 2018 Comarca de la Serena. Badajoz Diciembre 2018
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Noreste de la provincia de Málaga Diciembre 2018 Noreste de la provincia de Málaga Diciembre 2018
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Video_
Pintando Troncos de Arbol
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