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Desigualdad Enraizada

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Estas tierras dejaron de ser de los pueblos desde hace ya mucho
tiempo, ahora pertenecen a quienes tienen los recursos y el poder para explotarlas

La burocracia hace uso de contratos inertes, como mecanismo para servir a las élites.

Un papel inútil y vacío que no garantiza los de-

rechos de los trabajadores, llega incluso a perpe- túar la desigualdad y legitima un sistema de explo- tación estructural en el que siempre gana quien tiene

el poder.

Este sistema desigual es la base de la decadencia lenta que se ha evidenciado desde hace ya mucho tiempo. La masacre de las bananeras es solo un ejemplo de como la desigualdad fa- vorece a los ricos, quienes bajo ciertos discursos desestiman a quienes luchan por sus derechos.

Y distorcionan narrativas para

distorcionan las para su beneficio

Al ver la realidad las oportunidades son ilusiones y el pueblo nunca pue- de mejorr sus condiciones materiales.

Y de vez en cuando si el pue- blo se levanta, la solución es acabar

con quienes em- pezaron a luchar, para que ellos pue- dan seguir dominan-

do sin resistencia, cortan y eliminan esos que les mo- lestan, así como si

no fueran vidas, los acaban sin pen- sar nunca en ellos como seres vivos,

en realidad ven al pueblo como

Hojas inservibles

que han de ser cortadas para mante- ner su sistema podrido.

Luego de eliminarlos, el sistema cumple su objetivo: invisibilizar a quienes lucha- ban por cambiar la desigualdad. Las narrativas hegemónicas buscan borrar no solo sus vidas, sino también la memoria

vestigios materiales permanecen como testigos mudos del pasado, reflejan- do el yugo de una desigualdad estructural que se niega a desaparecer. de su resistencia. Sin embargo, aunque intenten desa- parecer las evidencias, siempre surge algo que muestra la existencia de las víctimas: los objetos. bjetos, en deca- dencia, desgastados por el tiempo, se convierten en las únicas pruebas de que estuvieron allí. Representan la presencia de quie- nes fueron silenciados, portando sus historias y luchas bajo el peso de la injusticia. Así, estos

Y entonces el ciclo empieza otra

vez:

Las élites cosechan nuevos trabajado- res, asegurándose de mantenerlos bajo control mediante salarios mínimos que apenas logran sostenerlos. Este mínimo es suficiente para que sigan trabajando, pero nunca para salir de la precarie- dad. Mientras tanto, las élites disfrutan de una economía completamente dis- tinta e inalcanzable para los asalariados. Cosechan los frutos del esfuerzo ajeno, apropiándose de la riqueza generada por manos ajenas. Al mismo tiempo, las

vidas de estos trabajadores se desgastan, atrapadas en condiciones laborales pre- carias que afectan su bienestar físico. En este sistema desigual, todo el capital fluye hacia las élites, perpetuando el ci- clo donde solo ellos prosperan, mientras la mayoría queda atrapada en la explo- tación. Y siempre vemos como la des- igualdad gana, mientras unos pocos na- cen en mejores condiciones otros nacen con una carga extremedamente pesada que tendran que llevar toda su vida.

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Desigualdad Enraizada by Andrea De Jesús H. Mirabal - Issuu