

_Contenido

_ VOL. IIII _ ¿Qué nos ocupa y nos preocupa? / Alt_rno
_ La ventana / Rodrigo Muciño
_Resistir desde el espacio que perdió lo común / Melissa Villalón
_Monumentos: memoria construida / Rodrigo Muciño.
_En camino / Michelle Mardueño
_El edificio más grande / Valeria Valles
_De la clle / Michelle Mardueño
_La memoria de los muros / Valeria Valles
_Resistencia y Liberación / Alberto Barajas
_ Terminar de escribir / Alexa Valenzuela.
_La cocina como espacio de resistencia / Alexa Valenzuela
_Defensa de nuestra autonomía / Daniela R.
_ ¿Me formé o me perdí dentro de la Arquitectura? / Mauro Parada
_El Proyecto / Alberto Barajas.
NOSOTRXS
ALT_RNO
VOL. 3 / JUN. 2024
EDICIÓN EDITORIAL / GRÁFICA: MAURO PARADA.
ARTÍCULOS POR: VALERIA VALLES. ALEXA VALENZUELA. RODRIGO MUCIÑO. MICHELLE MARDUEÑO. ALBERTO BARAJAS. MELISSA VILLALÓN.
GRÁFICA: SOFÍA GARCÍA. MICHELLE MARDUEÑO. RENATA ARIAS. DANIELA R.
COLABORADORES:
JUAN PABLO ALARCÓN.
GINA PEÑUELAS. SANTIAGO TENORIO. ALEX R.
ANGEL R.
MELISSA P.
MAJO V.
JULIO MOLINA.
DEPARTAMENTO ARQ. / LUB.: JÉSUS INFANTE. GUADALUPE ELENES.
Vol. III
¿Qué nos ocupa y nos preocupa?
Como estudiantes de arquitectura y urbanismo, nos preocupamos por la ciudad que habitamos y que al mismo tiempo nos habita. Vivimos en una sociedad que está en constante cambio, pero que se sigue aferrando a ciertas prácticas. Como respuesta hemos aprendido a resistir a no conformarnos con lo que nos han impuesto. Cada unx de nosotrxs nos posicionamos desde una perspectiva diferente, defendemos nuestra ciudad, pero también somos conscientes de que no hay acto público que no comience desde adentro, desde nosotrxs mismxs.


¿Cómo las resistencias personales se reflejan en resistencias colectivas, y cómo resistencias colectivas se traducen a resistencias personales?
Desde esta perspectiva, los espacios de resistencia constituyen lugares de experiencias diversas, de conformación de hábitos y conocimientos desple gados sobre estos territorios. El político. Un paisaje que plasma todo lo que nos conforma como personas. Habitarnos, cuidarnos, considerarnos, entre otras etapas que conforman el acto de resistir. El primer paso es utilizar la palabra y hablarla para poder entender todo lo que te rodea, para poder expresarte. En el momento que nos reconocemos como personas podemos comenzar a relacionarnos con lxs demás. El nombrarnos es nuestro primer acto de resistencia. -cortesía de alguien más-.


En nuestro nombre encontramos existencia; y debajo de ella nos acurrucamos.



Consideramos nuestra casa un punto de encuentro, un lugar donde nos rela cionamos entre nosotrxs. Donde aprendemos y desaprendemos sobre nes somos como arquitectxs, como personas en un colectivo. Desde una necesidad de cuestionamiento creamos una ventana, una pequeña salida en un espacio que se siente encerrado. Reconocemos que otra forma de hacer arquitectura -una que no entra dentro la caja- es escribir y representar gráficamente lo que somos. Escribimos y manifestamos desde nuestras oposiciones, el conjunto de nuestro trabajo es nuestra propia resistencia. Con esto también hemos entendido que nunca dejaremos de ser arquitectxs en formación. Seguiremos haciéndonos preguntas, siempre seguiremos resistiendo desde nosotrxs.
Para comprender lo que nos hace posicionarnos en este entorno consideramos importante comprender la palabra resistencia en su complejidad.
La etimología de resistencia representa: mantenerse firme persistir reiteradamente de pie.
¿Qué significa realmente habitar la ciudad cuando existe una constante preocupación por la memoria, el olvido y la opresión?
Como estudiantes/personas que viven y sobreviven la ciudad diariamente, nos preocupamos sobre si realmente los edificios se construyen para habitarse o si son entes muertos que no priorizan los estados anímicos de las personas. Cajas sin nada dentro, arquitectura que no está viva. No debemos de defender una ciudad que no es habitable, que no se crea para los habitantes.
Ante esto, planteamos la tercera edición de Alt_rno, con el objetivo de expresar nuestra preocupación por la sociedad que conforma nuestro entorno. Ya nos preguntamos por nosotrxs y por nuestra ciudad ahora queremos cuestionarnos nuestros posicionamientos.
¿De dónde venimos y qué hacemos con lo que no nos representa?

Cada unx de nosotrxs tiene una postura, una forma de verse y plantarse en la sociedad. Esta versión contiene textos, escritos y manifiestos que abordan temas desde la resistencia individual hasta la física y tangible que vivimos a diario.
Expresamos lo que vivimos y reflexionamos sobre lo que nos hace resistir.
Hoy te preguntamos por tu posición ante el espacio que habitas...


La ventana - Rodrigo muciño. Fotografía propia del autor.
Resistir desde el espacio que perdió a lo común.
Primer acto: Transmitir la resistencia
Entre el espacio, el vacío y la persona.
¿Se puede resistir sin ser consciente de ello?
¿Puede un objeto o un espacio vacío emitir resistencia?
¿Puede la arquitectura resistir o resisten solo las personas?
¿Puede la arquitectura resistir o resisten solo las personas?
Si ambas estamos resistiendo, ¿alguien puede dejar de resistir?
¿Cómo es resistir en la arquitectura?
¿Quién resiste y porque lo hace?
¿Resistir tiene límites?
¿Se puede resistir y

Mi abuelo, junto a mi abuela, construyeron su casa en un rancho de Sinaloa. En 1940, ladrillos de adobe de 20x40 y madera de palo fierro construyeron un abarrote, una sala, chiqueros y corrales.
Recuerdos de dieciocho personas que llegaron a habitar esa casa cuentan que por allí corrían: el arroyo seco cuando aún traía agua, la gata que cada verano paría en el clóset de la abuela y mis tíos que uno tras otro aprendieron a manejar en tractores.
Hoy, yo identifico como mi mamá, mi abuela, mis tías y sus primas resistían desde esa casa. Ellas recuerdan la resistencia con amor y melancolía de los tiempos en los que toda la familia vivía y tenían ese lugar a donde volver. Después de años de jugar a la casita bajo un árbol de esa casa, con paredes de cajas de cartón y huevos escondidos en las esquinas llenas de paja, esa casa quedó vacía.
Antes de morir, mi abuela quiso volver a habitar la casa donde nacieron sus doce hijos y que se vio forzada a dejar por situaciones de narcoviolencia. Hoy esa casa es hogar de las personas que la cuidaron en sus últimos días. Con la reflexión tras su muerte, la resistencia para mi se volvió personal, heredada, vívida y contada. Desde un espacio común que pasó de ser de mi abuela a forjar nuestro carácter gritón y honesto de rancho, y llenarnos de amor construido con tierra, paja y agua...
¿será que mi abuela ganó la resistencia al dejar su casa habitada?
¿en dónde recae el valor de ese lugar?
¿otras familias también asocian a sus abuelas como la personificación de la resistencia?
Segundo acto: La resistencia fuera de escala
Maneras de resistir:
Resistir desde la memoria. el olvido. la asociación de los recuerdos a nuevos contextos. la ausencia. la pérdida.
Resistir sin un espacio para exponer la resistencia.
La resistencia es la crisis de una permanencia que afecta a una persona conectada a su contexto.
Resistir es mantenerse firme ante la comunidad.
Si el fin de la arquitectura es producir espacios habitables...
¿está una ciudad deshabitada resistiendo?
¿es la ciudad un conjunto de arquitecturas en una resistencia sin nombre?
¿es la naturaleza de la ciudad resistir a los usos cambiantes de la arquitectura?
¿quiénes exponen la resistencia?
¿cómo se gana esta resistencia?

Resistir desde el espacio que perdió a lo común.
Texto y fotografías por: Melissa Villalón. Intervención gráfica: Mauro Parada.
Monumentos
memoria construida
Texto por: Rodrigo Muciño.
Intervención gráfica: Mauro Parada.
“Si aun habitáramos nuestra memoria, no necesitaríamos destinarle lugares” (Nora,2009)


Etimológicamente, la palabra monumento se compone de Monere (recordar) y Mentum (instrumento o medio), por lo que se le puede definir al monumento como un instrumento de recuerd , un medio físico que a través de su contacto con el pasar del tiempo, representa y visibiliza aquello que ya fue. Se entiende al monumento como una materialización de la memoria, un que mantiene huellas, diálogos, imágenes y sucesos pasados, atados a la actualidad. El monumento representa historia, cultura, memoria colectiva que más allá de ser objetiva y literal, es resultado de un proceso social actual, emotivo y ambiguo.


Al hablar del monumento, es imprescindible hablar del también, y de la interacción entre ambos. A la arquitectura se le valora por su carácter inamovible, estático, y casi permanente; por resistir (mantenerse reiteradamente en pie) ante la gravedad por periodos prolongados e indefinidos. Esta característica, hace inevitable que el pasar del tiempo influya de un modo singular a la obra arquitectónica. Cuando una obra es construida, esta trasciende al arquitecto, adquiere autonomía, y pasa a ser contemplada ante las luces cambiantes de la historia.
Estos objetos arquitectónicos, se vuelven observadores, participes, victimas, cómplices y signos de encuentros, coincidencias, intercambios, relaciones tensiones y rupturas. Los monumentos son tallados por el tiempo, la gravedad, el viento, la lluvia tierra, las personas y animales; se enfrentan a los desafíos y corrientes del exterior. Se enriquecen al volverse ruina a una velocidad paciente e imperceptible.
El monumento compromete todos los valores humanos condensados en símbolos ilegibles pero reconocibles. Se vuelve cultura y por un acto de resistencia al olvido, le da memoria a la ciudad. Así pues, nos habla de quien somos, quien fuimos, nos habla de identidad, nos habla de permanencia.



EL EDIFICIO MÁS GRANDE
Texto por: Valeria Valles. Intervención gráfica: Daniela | Mauro Parada.
Me rehúso a pensar que las huellas de las aceras por las que camino estarán aquí para siempre. Esas de una ciudad que ha sido influenciada por una masculinidad arcaica, que privilegia la fuerza, la dominación y el control. Esas de las que surgen los edificios y espacios públicos que han sido diseñados para enfatizar grandiosidad, autoridad, y separación entre lo público y lo privado. En las que se posan las estructuras que simbolizan poder político, como palacios y edificios gubernamentales, a menudo resueltos de manera que el habitante sea impresionado. Huellas, que van una tras otra, como jerarquías de poder al construir espacios tan compartidos: parques y plazas, donde hay algunos que tienen mucho más acceso y control que otros en la manera de vivir su espacio.
En las notas de bell hooks —activista social, feminista y autora—, se ofrece una perspectiva muy valiosa sobre la masculinidad contemporánea y sus implicaciones culturales y sociales. Según hooks y otros pensadores feministas, la masculinidad tradicional se ha construido sobre una serie de supuestos y prácticas que, en muchos casos, han sido dañinas para todos los géneros. La masculinidad tradicional se ha asociado con características como la dominación, la agresión, la competitividad desmedida, la represión emocional y la aversión al cuidado de uno mismo y de los demás. En términos generales, la masculinidad tradicional se ha asociado con características como la dominación, la agresión, la competitividad desmedida, la represión emocional y la aversión al cuidado de uno mismo y de los demás. Sin embargo, este modelo de masculinidad está siendo cada vez más cuestionado y desafiado en la sociedad contemporánea.
Quiero diseñar libre, sin o con mi cuerpo. Quiero construir sin tener que explicar. Explicarte por qué no vivimos lo mismo.

Pero, ¿qué hay de mí?

Me gustaría pensar, que en realidad, se está creando un enfoque más inclusivo de la ciudad y la arquitectura.
Donde existe diversidad de vidas, experiencias, y participaciones. Esto es, porque la manera en la que diseñamos puede afectar de distinta forma a las personas, dependiendo de su género, edad, etnia, clase social… La relación entre la masculinidad y la arquitectura, así como la forma en que se vive la ciudad, es compleja y está influenciada por una variedad de factores sociales, culturales y políticos que muchas veces dejamos de lado. El diseño arquitectónico y urbano tiene el potencial de desafiar las concepciones tradicionales de masculinidad y crear espacios más inclusivos y equitativos para todos.
Hay una creciente conciencia y aceptación a la diversidad de las formas en las que se puede ser masculino. Aquellas que enfatizan la empatía, la vulnerabilidad, la expresión emocional saludable, el cuidado y el apoyo mutuo. Este cambio ha sido impulsado por varios factores, incluida la influencia del movimiento feminista, la mayor apertura a la diversidad de género y la comprensión cada vez mayor de la importancia del bienestar psicológico de los hombres.
Queremos ese tipo de huellas en las aceras.
Entonces, ¿dónde están las huellas que te separan del otro al lado de ti?
Esas que te dejan crecer, echar raíz con un pensamiento liberador. Esas de las que surgen ideas que me involucren a mí (la Otra) y no solo a ti (tu Voz).
En las que se posa la vulnerabilidad para empezar un diseño, o una construcción, o un contrato.
No se trata de ti, Arquitectura. Se trata de la Ciudad.

Por: Michelle Mardueño
Crecimos escuchando historias sobre las calles Crecimos preguntándonos si algún día ellas serían nuestras Crecimos imaginando la ciudad que pudimos haber ocupado
Crecimos entre imaginarios y ahora nos cuestionamos el presente...

La memoria de los muros
Por: Valeria Valles.
Las risas se incrustan a las fisuras de los muros. Cuando la casa crece, lo hacen también ellas. Se entrelazan, se combinan, se enojan. Se caen en pedazos y quizá vuelvan a entrelazarse con un poco de cal. Quizá.
Eres uno de esos muros de tanto tiempo; de los que ya no combinan con su entorno. Ya no hay esas calles tan grandes por las que pasaban caballos sobre la tierra al lado de las casas que, según nuestro recuerdo, son las más hermosas que ha habido hasta la fecha. Ahora las calles son estrechas, y la casa, necesita más espacio. Hoy las personas, firmes en su creencia, siguen cuidando esos muros con sus mismos materiales.
Es como aquel día en el que nació la primera piedra. Una piedra que marcó camino para toda una estructura que quizá ya no pertenezca al ahora.
¿Quién tiene derecho sobre esos recuerdos? Las memorias van cambiando conforme a la prioridad que les damos, y todo ese sudor que desliza y arrasa el papel, luego de entrelazarse, queda sembrado en la tierra para el brote de nuevas piedras. Pero quizá, dentro de esa tierra, se guarden las risas, las memorias, y la tinta.



Terminar de escribir
Por: Alexa Valenzuela
Recostada sobre una colina, calculaba la menor cantidad de probabilidades que tendría para poder evitar los arquetipos que acechan a todo ser humano.
El receptor inclinado suavemente hacia su oído derecho, la envolvía con los lamentos de sus propios pensamientos.
Se preguntó adónde quería llegar.
No lo sabía.
El miedo de no seguir la vía adecuada siempre la atormentó. Con la pluma en la mano se lanzaba en un paracaídas mental hacia el espacio blanco y vacío.
Las posibilidades de lograr conexiones coherentes eran casi nulas, pero se dijo tranquila que no le importaba, que siempre estaba en casa cuando escribía.
La cocina como espacio de resistencia
Texto por: Alexa Valenzuela
Intervención gráfica: Renata Arias.
Recuerdo vivamente cómo todos los domingos nos reuníamos a comer en casa de mi abuela. Las mujeres de mi familia ocupaban la cocina, planificaban y preparaban los alimentos que comeríamos ese día. Siempre fue algo natural y nunca cuestioné que solo ellas lo hicieran, ningún hombre se atrevía a entrar. Pasaban todo tipo de situaciones dentro de ese espacio, omentos que eran ajenos para todos los que no nos encontrábamos al interior de esos muros. Allí vi a mi tía desahogarse con mi mamá sobre problemas con su pareja y a mi abuela compartiendo historias y experiencias de su vida.





La relación que tenemos como mujeres con el espacio de la cocina tiene un trasfondo histórico: desde tiempos antiguos, la alimentación ha trascendido lo meramente biológico para convertirse en un complejo fenómeno social y cultural. Este aspecto es fundamental para entender cómo interactuamos en torno a la comida y otros aspectos, pues involucra valores culturales, per cepciones subjetivas y relaciones sociales en contextos específicos (Sanz, 2008). Históricamente, el papel de la mujer ha sido central en la dinámica alimentaria de México, abarcando desde la producción hasta el consumo de alimentos. Además, la mujer desempeña un papel vital en la preservación y transmisión del conocimiento cultural relacionado con las plantas alimenticias, la reproducción de recursos fitogenéticos y la conservación de la agrobiodiversidad a través de huertos familiares (Saravia, 2008).



Existen otro tipo de conexiones que se dan en el espacio físico de las cocinas que van más allá de los roles de género. de trabajo, se convierte en un espacio de creación y consolidación de vínculos entre las mujeres de la familia. En este lugar, se comparten no solo recetas, sino también saberes y experiencias que fortalecen las relaciones interpersonales y familiares (Counihan, 1999).





Un espacio que no fue concebido por elección propia sino por lo que dictó la sociedad permitió que las mujeres se conocieran a profundidad y crearan lazos que las unieran no solo físicamente. Las conversaciones y actividades en la cocina contribuyen a la conexión familiar y al estado anímico de cada una de las mujeres. Además, la cocina actúa como un refugio emocional donde las mujeres pueden expresar sus sentimientos y preocupaciones libremente, como un tercer lugar en el que se puede sentir que pertenecen. Aquí, se forma una red de apoyo donde cada mujer encuentra un oído comprensivo y consejos basados en la experiencia (Avakian & Haber, 2005). La presencia de las mujeres en la cocina les proporciona un espacio para la autoexpresión y el fortalecimiento de su identidad colectiva. Este entorno les permite enfrentar y resolver conflictos personales y familiares.

En cuanto al diseño arquitectónico en México, las cocinas influyen significativamente en las relaciones y actividades que se desarrollan dentro de este espacio.
Las cocinas abiertas y espaciosas, por ejemplo, fomentan la interacción y la colaboración, permitiendo que varias personas trabajen juntas de manera cómoda, compartiendo tareas y conversando al mismo tiempo. Este tipo de diseño promueve el ambiente de socialización y conexión.
Por otro lado, las cocinas pequeñas y cerradas tienden a limitar estas interacciones, confinando a la mujer a un espacio aislado y reduciendo las oportunidades de comunicación.
La disposición del espacio puede potenciar o restringir las relaciones sociales y la dinámica familiar, demostrando que el entorno físico tiene un impacto significativo en nuestras vidas cotidianas. (Lawson, 2001).

Hoy, al reflexionarlo, me doy cuenta de que la cocina era un espacio seguro para las mujeres de mi familia y, con el tiempo, también lo ha sido para mí. Aprendí de ellas que en ese lugar podía liberarme emocional y físicamente. En la cocina he llorado, reído, bailado y cantado con mi mamá. Es un lugar que no solo nos define a nosotras como mujeres, sino que también nos conecta más allá de lo físico.

Para mí, la cocina es una pequeña burbuja en la casa que nos pertenece solo a nosotras cuando estamos en ella, propiciando un imaginario dentro de algo que es meramente físico.

Defensa de nuestra autonomía.
Por: Daniela R.

A medida que crecemos, aprendemos a afirmar nuestra autonomía y a defender nuestro derecho a tomar decisiones sobre nuestros propios cuerpos y vidas. Esto incluye, desde pequeñas, resistir la presión de conformarnos a las expectativas y estereotipos físicos y de comportamiento que la sociedad patriarcal nos impone.
Dentro de todas las reflexiones que abundan en mi cabeza por estar a punto de graduarme, existe una que siempre ronda y me hace preguntarme:
¿ ME FORMÉ O ME PERDÍ
DENTRO DE LA ARQUITECTURA ?
Y es que durante estos 3 años de carrera aprendí : -¿o dentro de la carrera?
La constante de priorizar lo comunitario por lo individual diseñar desde el contexto
dejar de lado la mercantilización proponer una práctica consciente y colectiva.
Pero también encontré muchas provocaciones y reacciones cuando en conjunto con mis compañeros nos topábamos con aquello que se sale de nuestros cánones, del “como se debe habitar”, que no involucra nuestro rol dentro del proceso de construcción, y otras cuestiones “exclusivas” del Arquitectx.
Porque también aprendí, que la Academia siempre será cuadrada – si continuamos perpetuando las mismas prácticas -, pues ella nos forma, y dentro de estos procesos inconscientemente nos encasilla y cataloga bajo el perfil de: -Diseñador -Académico -Constructor -Inmobiliario
Y sobre la marcha, poco a poco nos despoja de nuestra identidad – como persona y profesionistas - , anulando la práctica del Compartir, del Colaborar y la propia expresión; dando paso a una individualidad, competencia, y el imponer ideales sobre el buen hacer, trayendo consigo una homogeneización de estilos y expresiones.
La arquitectura que con sus límites tangibles e intangibles también
nos define.
por lo cual, me pregunto: nos limita.
nos llena de un ego para limitar y confinar la practica a sólo ”el gremio”.
y nos impone -en definitiva- una jerarquía, una disposición del como deben “verse y hacerse las cosas”.
¿Cómo
es resistir dentro de la práctica arquitectónica?
Alguna vez leí “ que tu admiración hacia el estilo - y el trabajo - del resto, se transforme en inspiración para encontrar y expresar tus mejores cualidades, y no en un objetivo que encarcele tu esencia, a cambio de la aceptación”; y considero, es la mejor reflexión que puedo pensar en estos momentos a manera de resistencia personal dentro de la carrera, los procesos creativos, la propia expresión y sobre todo, la prática que queremos plantear para el estudiante que vendrá en un futuro.
por: Mauro Parada.

