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AlgArabías, IV Encuentro Poético en San Miguel de Escalada

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ENCUENTRO POร TICO EN SAN MIGUEL DE ESCALADA


PRÓLOGO

Los tres poetas que hoy tenemos con nosotros, conformaron los “buenos principios” de la poesía leonesa, que luego ha ido dando tantos y tan magníficos autores hasta la actualidad. Esos principos que se nutrían de la formación humanistica y del buen gusto por lo clásico y lo reglado, que hoy lamentablemente no se valora lo necesario. Lo clásico no sólo reside en la cultura griega o romana, que también. Lo clásico está en la influyente cultura de todos los pueblos que fueron pasando por esta piel de toro a lo largo de los siglos. Y uno de los más influyentes, sin duda, fue el pueblo - y su cultura - árabe y musulmán, que están necesariamente ligados a los “principios de nuestra historia como Reino”.

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ÁNGEL FIERRO DEL VALLE nació en Cármenes, León, en 1941, y fue miembro fundador y responsable de las revistas “Claraboya” y “Picogallo”. Ángel Fierro del Valle conecta con la riqueza de la expresión árabe, - especialmente para esta ocasión -, con un relato equilibrado y fantástico, en forma de romance, que llega a ser autóctono de las montañas leonesas, cantando a un héroe a pesar de ser enemigo, en “Los Romances del Moro Quil”. Por otro lado, nos ofrece poemas personales de ahora mismo, profundos y llenos de emotividad. FRANCISCO ÁLVAREZ VELASCO nació en Cimanes del Tejar –León-, en 1940, y fue también colaborador de la revista “Claraboya”, en los años 60 del siglo XX. La obra de Francisco Álvarez Velasco podriamos decir que participa admirablemente de la sensibilidad y delicadeza de los poetas musulmanes medievales, “con un discurso construido como glosa libre, repleto de baladas, motivos amorosos, recuerdos de la infancia, constante contacto con la naturaleza y una conciencia dolorosa del fluir temporal”. JOSÉ ANTONIO LLAMAS FERNÁNDEZ nació en Vidanes, León, en 1941, frente a la casa de los SOSA, en la que también naciera José Francisco de Isla. Fundó (con Luis Mateo Díez, Agustín Delgado, y Ángel Fierro) la revista de poesía “Claraboya” (1963-1968). El poeta musulmán Ibn Hzam, - quien fuera visir del Califa Abderramán V en el Califato de Córdoba, en el año 1023, entonces reino musulmán andalusí - , escribió “El Collar de la Paloma”, libro que lleva el subtitulo de: “Tratado sobre el Amor y los Amantes”... José Antonio Llamas Fernández, que bebió en las fuentes clasicas, lo hizo también en los manantiales árabes, además de remontarse y remojarse en los abundantes ríos de las tradiciones orales de nuestra tierra leonesa legendaria, recogiendo sobre todo la imaginación y la memoria colectiva de nuestra comarca. Y en esta ocasión, nos ofrece un impresionante desahogo personal.

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algARABÍAS La “algarabía” era el nombre que daban los cristianos a la lengua árabe en tiempos de la Reconquista. “algarabía” procede del árabe: al-árabiyya: la lengua (árabe).

“hablóme en algarabía como aquel que bien lo sá”: me habló en árabe como el que lo sabe bien... Por contra, la aljamía o alyamía (del árabe «·⁄ÃÛ„ÌÛ¯…, romanizado ʾaǧamiyah, «extranjero») es la escritura con caracteres árabes de las lenguas romances habladas por los andalusíes durante la época tardía de todo al-Ándalus. La palabra aljamía deriva del ·rabe al‘aǧamÌyya, que era el nombre con el que denominaban a las lenguas extranjeras.

Algarabía Quiero alcanzarte con la algarabía del alma enamorada que te aclama, en mi alminar te nombra cada día y en quejidos y hosannas se derrama. Quiero ser el jazmín de tu alegría, alcacel en sazón, sumisa grama, flor de arrayán, espléndida ataujía, luminoso arabesco de tu llama. Cantaba el muecín y el minarete esclareció tu voz en mi atalaya. Hoy mi alfanje a tus manos se somete. ¡Rompiste mi cadena y mi grillete! ¡Rasgaste el triple velo de mi playa! Y quiero ser tu esclava, tu juguete.

Emma Margarita R.A.-Valdés Del libro: «Algarabía»

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Algunas algARABÍAS, árabes… Es la blanca azucena un manojo de tubitos de plata; y la rosa roja una brasa cuyo rescoldo atizó el viento, hasta inflamarla... Inspirado en un poema del poeta «andalusí» Abû Bark Muhammad ibn ‘Abd al-‘Aziz ibn Ibrâhîm ibn al-Kûtîyya. Historiador, gramático y poeta. Nacido en Córdoba, murió en su ciudad natal en el año 977.

El arco Me maravilla la ingratitud del arco, porque no es leal con las palomas del boscaje. Cuando era rama, fue su amigo; y ahora que es arco, las persigue. ¡Así son las vicisitudes de los tiempos! De AHMED BEN WADDAH, poeta andalusí, apodado AL-BUQAYRA, de Murcia, (muerto hacia 1135)

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algARABÍAS


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algARABÍAS

LA VISITA DE LA AMADA Viniste a mí un poco antes de que los cristianos tocasen las campanas, cuando la media luna surgía en el cielo como la ceja de un anciano cubierta casi del todo por las canas, o como la delicada curva de la planta del pie. Y, aunque era aún de noche, con tu venida brilló en el horizonte el arco del Señor, vestido de todos los colores, como la cola de los pavones.

ABU MUHAMMAD ALÍ IBN HAZM. (Córdoba, 994 - 1063). Probablemente de familia de origen hispano convertida al islam. Su infancia la pasó en Medina-Azahara entre las mujeres del harén. Estudió Derecho y Teología. Amigo de Ibn Suhayd y de otros poetas jóvenes de Córdoba que defendían el clasisismo árabe procedente de Bagdad ante el bilingüismo de Al-Andalus. Su obra principal es El collar de la paloma, prosa poética con inclusión de versos, escrita en árabe erudito. Versa sobre la experiencia de la vida y el amor. Su obra influyó notablemente en los poetas medievales castellanos y provenzales, en la poesía galaico-portuguesa, en tratados cristianos y en la popular obra del Arcipreste de Hita El Libro de Buen Amor.

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Los ´Romances de Moro Qil´ El poemario “Romances de Moro Qil” es una leyenda romanceada, recogida en las cabeceras de los ríos del norte de León. Se publicó primeramente en Barcelona, en forma de carpeta (año 1977) y con posterioridad en la colección de los ´Breviarios de la Calle del Pez´, de la Diputación de León, en su número 47 del año 2001. Los quince romances de la leyenda han sido musicalizados sucesivamente, por los compositores Julio Ferreras, Guillermo Martínez, Jorge Muñiz, Francisco Fleta y Jesús Ángel Rodríguez Recio, cuyos repertorios han sido presentados en público en varias poblaciones leonesas y el Auditorio Ciudad de León. (Coros ´Flor del Viento´, de Cármenes, ´Vegazana´ de León y ´Coro Lírico´ de Oviedo, acompañados de diversos conjuntos instrumentales y solistas vocales). Existe una grabación en formato de doble CD. El singular desarrollo de estos “Romances de moro Qil” convierte a esta leyenda de moros en una narración autónoma. Sus elementos pertenecen a las tradiciones de las guerras de Reconquista, y su datación sería coincidente con la llegada de los mozárabes a este enclave de San Miguel de Escalada. Ese sería el motivo de su interpretación, en esta tarde. Por virtud del tratamiento dado, más que un relato de batallas y amores imposibles, lo que la fantasía recibe son bocanadas de suave onirismo, evocaciones fantásticas pero escuetas, viva belleza.

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AlgARABÍAS de: Ángel Fierro del Valle


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AlgARABÍAS de: Ángel Fierro del Valle

EL MORO QIL ¡Ay, a qué niña dijera :

El moro Qil por la sierra ( ¡cuántas niñas lo soñaran!)

- “Vente conmigo, cristiana”. -

- “Por Dios - le contestaría en su caballo empañado mi madre se despertara”. de brisa y sudor cabalga y mientras la noche pone un silencio en cada casa - “Para cuando ella despierte tu flor ya estaría granada”. el viento furtivo ronda por las calles empinadas. Por la alta sierra se aleja envuelto en su capa de alba. ¡Ay, madre, que moro Qil cabalga! Dos ríos de verde orilla cubren al pueblo la espalda. Moro Qil está clavando la noche con la mirada. Por el Rebollar relucen (¡Ay, cuántas niñas lo amaran!) sus ojos de cuarzo oscuro, su ancha sonrisa de plata. ¡Ay, madre, que moro Qil cabalga! El caballo en las callejas arranca chispas doradas, los ojos de moro Qil se iluminan y se alargan.

Partitura de Julio Ferreras

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CAUTIVIDAD - “ Moro, por Dios me dijeras dónde lleva este camino“.-“ Cualquier sendero, cristiana, al paraíso contigo“.-“ Déjame, moro, que baje los pliegues de mi vestido“.-“ Pon junto a mi corazón tu pecho, si tienes frío“.-“ ¿Y cuándo el día vendrá, y cuándo se irá el rocío ?“.-“ Mi día nace de ti, no amar y noche es lo mismo. ¿Qué importa, cristiana, al fin, el tiempo en el paraíso?“-“ Nunca podrás doblegar este corazón cautivo, aunque tu fuerza me mate y tenga el honor perdido. Déjame, moro, volver, por tu alma te lo pido“.-“Irte con los tuyos fuera acaso don más cumplido pero tú has de ser la llama que haga luz a mi castillo“.Ya la coge de la mano y a la grupa la ha subido. -“Moro, por Dios me dijeras dónde lleva este camino“.-

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AlgARABÍAS de: Ángel Fierro del Valle


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AlgARABÍAS de: Ángel Fierro del Valle

EN PIE DE GUERRA Desde el Rebollar domina el valle la fortaleza que recorta sobre el cielo un fragor de oscura piedra. Lienzos de pared sujetan cornisas, torres y almenas por un camino de puentes levadizos de agua muerta. Hay una ventana para la cristiana prisionera por donde asoma sus ojos de una tristeza pequeña. En el relevo de guardia se levanta la poterna. Pasa moro Qil revista de alfanjes y de ballestas, suena la trompa, rechinan a un tiempo todas las puertas.

- “¡Sin novedad los guerreros!” - “Dad orden de que amanezca“ –

Por las quebradas del valle baja la luz de la selva, que por mayo era, por mayo la mañanita primera. Pide moro Qil su potro, se encaja celada negra, fieles de hierro y rocío los ballesteros esperan. - ”¡Alá nos guarde!” En la torre ya no cabe tanta pena, que el moro que la tomó deja el amor por la guerra.

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ALMUZARA Almuzara, moriré contigo, flor de la Mediana. Pacen los caballos escarcha temprana, el mirlo es la brújula de la noche clara. A un lado el Torío, a otro Mina Blanca, corzos en el monte truchas en el agua. Almuzara. En un torreón espera la amada, rindiera sus ojos a la madrugada. Rindiera su vuelo por el cielo el águila. ¡Dichoso sería quien los alcanzara! Almuzara, moriré contigo, flor de la Mediana.

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AlgARABÍAS de: Ángel Fierro del Valle


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AlgARABÍAS de: Ángel Fierro del Valle

BAÑO EN EL CHACUTÍN Noches sin luna gustan venir blancas doncellas al Chacutín. Olmos oscuros, nieblas de zinc cubren el río de mayo a abril. Dejan sus ropas cerca de allí, rompen al agua quieto perfil. Doncellas tienen pies de delfín, sus pechos tiemblan plata, al reír, y luego el fondo del agua gris sus cuerpos torna a repetir.

Por honda senda va moro Qil con fuego y potro de larga crin. Perfuman sombra brezo y anís. Arden sus ojos duros rubís, hincha su pecho turbio latir. El moro, el moro, el moro Qil.

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EL CORRO DE ÁNIMAS El bronce de los caballos siembra el camino de brasas.

Por el Rebollar tardío la luna estaba menguada a eso de la medianoche después que el sol se esvolara.

En el medio de aquel lance le salió mala compaña. Un resplandor le detiene y confunde la mirada, un torbellino de lenguas encendidas como grana.

Hay una vieja en el pueblo que está filando su lana junto al rescoldo, la lumbre es su esperanza del alba. Se persigna del demonio, sujeta bien la ventana con mano glacial, sus labios unen confusas plegarias :

Noche adelante el caballo huye con frescas pisadas, solo moro Qil, caído, en el suelo se quedara, con una danza alredor que sus voces sepulcaba.

- “Dios la proteja de brujas, de trasgos y de fantasmas, el santo Arcángel ataque a moro Qil por la espalda, Dios le devuelva a su hija que el moro cruel hizo esclava, que Satanás lo arrebate en el corro de las ánimas ..”-

El cielo gira, las cosas pasan y pasan y pasan. Pidiera por sus guerreros y ninguno lo auxiliara.

Por el Rebollar el moro al obispo Fierro ataca, se levanta en los estribos y está enfilando la lanza. Si la lanza se partiera luego tiraría de espada.

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AlgARABÍAS de: Ángel Fierro del Valle


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Ángel Fierro del Valle: Selección de poesía actual (Poemas de su última publicación: “El andamiaje de los sueños”, 2013)

A fuego lento Crecí a golpes de sombra, como retama que solo arde en abril. Aunque a veces un mirlo entró por la ventana y se posó en mi boca, vi las torvas de nieve reptar hacia mi casa, con el velo del miedo. El miedo blanco de los copos callejeaba en la noche, mientras afuera resonaban los pasos que buscaban al prófugo. La luna, responsable del rocío, se demoró por las cunetas de la infamia. Con el tiempo se entreabrió la armadura, pero los muertos aún dormían en el ribazo donde la zarza suplanta lo verde. Bebí entonces un vino que ensangrienta la copa. Oh, tú, que te apellidabas amor. Quise olvidar. Acampé el corazón en la nieve mientras que otros desangraban los arándanos. Sus aullidos de tribu polifonearon el ventisquero. Como si de estas palabras saltara un tigre, aún recuerdo el momento en que la araña visitó mi arteria. Aún me escalofría el hilo de sangre que cae por el pantalón del general. Vi la bandeja de Salomé, con la cabeza tinta que exigía su madre. Soy culpable de alejarme de los que celebran y de ignorar las leyes de igualdad de lo diferente. No quiero la cabeza de mi enemigo. Quiero su mano. La señal invisible de la celidonia confirma a fuego lento lo que viví y lo que olvidé.

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Memoria y olvido Tuve todo el tiempo mientras amé. Luego, al vivir, perdí la eternidad cuando la manecilla inició el regreso. Poseí palabras y caminos mientras luché. Después la noche me trabajó el olvido con noticias de ortiga, y la memoria circuló sin sello como los hombres. Mira, noviembre, cómo huyen nuestros ojos. Da un paso atrás para que el fuego nombre mis recuerdos.

El grito del fuego Tomo estos datos para la agenda de lo imposible: Un amor en que nunca anochece. Un pájaro que anida en la fronda de los negrillos. La amapola que se quemó en la arteria. El fuego de tus ojos. La patria.

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Ángel Fierro del Valle: Selección de poesía actual


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Ángel Fierro del Valle: Selección de poesía actual

Soneto de topos La hoja del negrillo palideció una sola vez. Los que se retiraban quemaron nuestros techos. Nos declararon reos. El abuelo rocoso asistió a los exilios, de parte de los mudos. El agua helada vino en ayuda del tullido. Flaqueó de ambas piernas el concentrado en la escalinata de Gusen donde Schiller y Hölderlin fueron luz de occidente. Danzaban los olivos una zambra de sangre en Pozoblanco, cuando mi padre trabajó de piedra a piedra en las trincheras. La que era mi alegría no llegó a tiempo de roer pan oscuro y azulear el carámbano. Mi madre dio a sombra una niña muerta.

Verde y ceniza Cincuenta dagas de curvo filo dio Dánao a sus hijas y una orden sagrada: en la noche de bodas debían degollar a sus esposos, en la orla del sueño. Solo una no lo hizo, se llamaba Hipermnestra. Cuarenta y nueve hermanas no tienen nombre.

Gracias, amada, por la mano caricia y el firme corazón desobediente. Iluminaste la elección incierta entre obediencia y libertad. Verde y ceniza trenzan el dilema donde confluyen uno y todo. Quedamos solos en la isla. Que los rebaños pasten la sangre.

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Poema para la mano izquierda Se entreabrió la vasija a contramano y una tormenta añil se adueñó de la calle alfarera. El barro de los hombres se cuarteó donde tu corazón y el mío eran gemelos. Los siete vientos capitales se abalanzaron por la abertura de la tinaja en que dormían los venenos desparramando ira y granizo sobre la luz enferma del mediodía. Un vaho de tinieblas depredadoras invadió las estancias con lágrimas que suplantan a los suspiros. La sonrisa escarchó el sudor en la piel como musgo. El mendigo se encogió arrodillado en la acera. El ignorante no consiguió recobrar los azúcares. El aterido hurgó entre la ceniza noticias de los fuegos. Trabajó el padre agrupando migajas para las bocas de sus hijos.

El banquero concedió el préstamo al poseedor de todo. La justicia vistió la lenta toga y aherrojó la boca del disidente. Los senadores sancionaron con el anzuelo de la mentira la guerra que ellos pactan y nosotros luchamos. Un advenedizo de uñas de usura corrió solícito en auxilio del vencedor. Los siete pareceres del arco iris confundieron las flores lujuriosas, agobiaron al aplastado por la hipoteca, al condenado, al loco y al cesante. Al muerto su noche le borró las palabras con que vivía. La caja de Pandora ya no pudo cerrarse. Quedó a la mano izquierda. Donde tú me olvidaste.

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Ángel Fierro del Valle: Selección de poesía actual


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Jarchas mozárabes Ben, sidi, beni! El qerer es tanto beni d’est ‘az-zameni kon filio d’Ibn ad-Daiyeni

Meu sidi Ibrabim, ya tu omne dolge, Dueño mío Ibrahim, oh hombre dulce,

Interpretación:

vent’ a mib de’ nobte! vente a mí de noche.

Ven dueño mío, ven, porque el amor es un gran bien que nos depara esta época feliz gracias al hijo de Ibn al-Dayyan

In non, si no queris, yireym’ a tib. Si no, si no quieres, iréme a ti

Vaise mio coraçón de mib, ¡Ya Rabb! ¿ Si se me tornarad? ¡Tan mal me duéled li-i-habib! Enfermo yed¿ ¿ Cuánd samarad?

Gar me a ob Jegarte! -¡dime adónde!a verte. … Tan t’amaray, illa con al-sarti Tanto te amaré, sólo con que juntes

Interpretación: Vase de mí mi corazón ¡Oh Señor! ¿ Acaso tornará? ¡ Cuán extremo es mi dolor por el amado que está sufriendo! ¿Cuándo sanará? (Menéndez Pidal)

an tagma’ halhali ma’ qurti! mi ajorca del tobillo con mis pendientes.

Mi corazón se me va de mí. ¡ Ay Señor, no sé si me volverá! ¿ Me duele tanto por el amigo! Está enfermo ¿ cuándo sanará? (García Gómez):

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¡Tant’ amáre, tant’ amáre, habib, tant’ amáre! Enfermaron uelios gaios, e dolen tan male. Traducción al castellano: ¡Tanto amar, tanto amar, amigo, tanto amar! Enfermaron unos ojos antes alegres, y ahora duelen tanto.

Garīdboš, ay yermanēllaš kómkontenēr-hémewmā´lē, sīnal-ḥabībnon bibrē´yo: ¿ad obl’ iréydemandā´re? bay-šemioqorasonde mib Yārabbīšišetornarad țanmal miodoler al-habīb Enfermo Ϋedquanšanarad ¿Qué farémamma? Mioal-habibeštad yana. Traducción al castellano: Decidme, ay hermanitas, ¿cómo contener mi mal? Sin el amado no viviré: ¿adónde iré a buscarlo? Mi corazón se me va de mí. Oh Dios, ¿acaso se me tornará? ¡Tan fuerte mi dolor por el amado! Enfermo está, ¿cuándo sanará? ¿Qué haré, madre? Mi amado está a la puerta.

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Jarchas mozárabes


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Francisco Álvarez Velasco HAIKÚS DE LA SOLEDAD DEL ÓRBIGO PARA LUZ Se abre la noche. De la montaña baja agua de Luna. * En el tejado el musgo ha florecido. Nadie en la casa. * Nadie en la calle, dobla un perro la esquina. Viento de marzo. * Tarde de mayo, el espliego florece. Nadie en el monte. (de La hiedra del silencio) (Para Toni, años después) He venido a mirar los relumbres del agua camino de su muerte. Abril despierta. Se abren los tenues oros verdes; lentamente, la vida. Está pasando el Órbigo. (de Las aguas silenciosas)

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SIETE TIEMPOS DE MIRAR LA LUNA

NOITEBRA

1 Roja de vida desde el Oriente sube. La noche empieza. 2 Reina en los cielos. Su moneda la acuña el lago azul. 3 Huye la luna. Tras los cristales mira el viajero. 4 La luna llena y un solo ruiseñor colman la noche. 5 Lamo su ombligo. Me visita en la noche la luna llena. 6. Tálamo abierto. La luna se ha quitado los siete velos. 7. Noche la noche. Sobre tus pechos tibios, la luna luna.

Falta o día e noite escura baixa, baixa, pouco a pouco, por montañas de verdura. Rosalía de Castro

AHORA lentos se cierran los dos párpados graves de la pena, porque la luz no sirve para bajar al pozo, donde crecen los dedos del musgo de la ausencia. En el hondón del pecho, donde la fuente fría, está sonando oscuro el fresco manantial de la mañana. Se irá la noche y la mañana bajará, poco a poco, de la montaña. ¡El fresco manantial de la mañana! (De Noche)

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Francisco Álvarez Velasco


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Francisco Álvarez Velasco

MEMORIA DEL BOSQUE Ya viene la blanca niña, ya viene la niña blanca al pie de la fuente fría que por el oro manaba (del Romancero viejo) En la lenta memoria de este bosque de corazón plural, común a tanta vida de líquenes y musgos, denso perfume del laurel sagrado, hojas tiernas de mayo, o ramas neblinosas del invierno, se han perdido las sendas por donde el hombre iba y la choza en el claro no encuentra el peregrino, y la yedra ha escondido las letras amorosas, las que ciñen las limpias cortezas de abedules. Hay, en cambio, una fuente lustral y clara y fría, esa que suena insomne y recuerda la historia de aquella blanca niña. «con este dulce soplo que triunfa de la muerte y de la piedra» Antonio Machado Piedra bebemos en la delgadísima savia de los musgos. Porque sabed que es humana la piedra con su musgo y se vuelve más tierna por el mínimo jugo con que fluye en el tiempo y sale de su invierno detenido, camina con los meses y cruza los solsticios, la mañana -¡tan fresca!de San Juan.

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NANA PARA LUNA En las nubes el viento, en los montes la lluvia, en la noche la sombra, en tu cara la luna. Duérmete, ea, que ya se calla el viento para que duermas. De la peña al arroyo –culebrilla de plata-, del arroyo los juncos, del arroyo las ranas. Al arroyo la luna. Entre las piedras claras y los peces oscuros, las moneditas blancas.

Del arroyo al molino, molinera del alma, con los trigos morenos, las harinas más blancas. En el horno la leña se abre en flores de fuego. En la artesa la harina es un monte creciendo. Duérmete, ea, que las llamas se callan para que duermas. Duérmete, Luna, duerme, que cuando llegue el alba en la mesa te espera una hogacita blanca.

Duérmete, ea, que las ranas se callan para que duermas.

(en www.potaldepoesía.com)

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Francisco Álvarez Velasco

PASTORELA Siento frío en el alma, pastorcilla que acunas.

QUEBRAR ALBORES Pastorcilla que alientas,

En la raya del alba, el cuervo vigilante, última gota negra caída de la noche.

siento frío en las manos. El viento de la tarde aúlla en la majada. Pastorcilla que alientas

En la rama del alba, por la tela de araña desnuda caminabas con un nido de alondras en tu sexo dormido.

al gorrión en tu mano y que al cordero acunas en el tibio regazo. Siento frío en el alma.

En la raya del alba, tu corazón cerrado y los ojos abiertos.

El viento de la noche en la majada aúlla.

En la rama del alba, con la rosa de escarcha para encender el día en la raya del alba (Publicado en La hamaca de lona, abril, 2009)

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NUEVE MODOS DE MIRAR LA LUZ I Ojos de Luna mirarán las cosas, un poco como yo las miro J. R. J., Ellos Al alba, ¡ojos abiertos! Abre y alza la mano para tactar el mundo y acariciar la luz nueva del día. Ahora mira las cosas para seguir los sueños voladores, un poco como yo las miro.

II Dánae Con el agua y los puños la lavandera saca la luz al blanco lino de las sábanas y las tiende en la hierba para el ardiente sol del mediodía. Ahora duerme a la sombra del aliso. Por la fronda se filtra un rayo de oro.

III Ojos con fiebre La puerta está cerrada y la ventana. Una raya de luz en el umbral te llama para el mundo.

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Francisco Álvarez Velasco

Aquí adentro en penumbra alienta aún la fragancia de los amaneceres y el corazón del fuego de la noche dormido en la ceniza. Y ahora viene piadosa la mano hasta tu frente.

IV Veinte de diciembre Es la manzana última del otoño. Y ése, el último pájaro en la rama más alta bebiéndose la luz muda del día. El pomar, ya sin hojas, lo sostiene piadoso. Mañana será invierno.

V. Al alba A tus ojos las aves han traído la mañana y el vuelo de la luz desde la aurora. A tus manos, la hoguera: la paz de las encinas y el olor del rebaño subiendo la ladera. A tu ventana, el bosque: el secreto rumor de la fuente escondida, y los sendas del viento

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y el sonido del mar y las manos del musgo y la voz que te llama. A tu puerta, el camino: los pasos del que llega con el día a llamar a tu puerta.

VI.- Veleta en cinco tiempos Hacia la torre las cigüeñas regresan. Cae la tarde. Gira, veleta. La rosa de los vientos nunca se mueve. Sales de noche. La veleta callada sigue tus pasos. La luna luna. La veleta la guía hacia el Oeste. El viento duerme. En la giralda el gallo espera el alba.

VII. Luz no usada Hay luz en las roderas. Es la escarcha y la luna y el filo de la aurora que avanza monte abajo.

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Francisco Álvarez Velasco


4º ENCUENTRO POÉTICO EN SAN MIGUEL DE ESCALADA

Francisco Álvarez Velasco

VIII. Luz de invierno Como un perro tendido la luz desfallecida en la ladera blanca. Y el silencio en la piedra en la que estás sentado. Ningún ave en el cielo. Puedes cerrar los ojos.

IX. Escrituras Lo que escribo son letras repetidas de pájaro en la nieve, mas no palabras; de pisadas desnudas en la desierta playa, mas no palabras; de arenas movedizas en el reloj de arena, mas no palabras; de siluetas de pájaros en cielos vespertinos rojos, hondos. Trazos, manchas de luz. Nunca palabras. (Publicado en El Finlandón octubre 2009)

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Un dolor tengo en ell’ alma, No saldra sin qu’ella salga. Que no s’a de presumir Siendo el mal de tal manera, Qu’el dolor pueda salir Sin que salga ella primera, Y aunque la razón me valga, No saldra sin qu’ella salga.

¿Dime robadora Que te mereci? ¿Que ganas agora? ¡Que muera por ti! Yo siempre sirviendo, Tu siempre olvidando; Yo siempre muriendo, Tu siempre matando. Yo soy quien t’ adora, Y tu contra mi; ¿Que ganas agora? ¡Que muera por ti! No soy yo quien veis bivir, No soy yo, Sombra soy de quien murió.

Como puedo yo bivir Si el remedio tras que ando, No tiene como ni quando. El como no puede avello Quando no sa d’ esperar, Mas ay siempre en mi pesar Quando y como padecello: Como podre sostenello, Si el remedio tras que ando, No tiene como ni quando.

Señora ya no soy yo Quien gozava vuestra gloria. Ya es perdida mi memoria, Que en el otro mundo está El que fue vuestro y será; No soy yo, Sombra soy de quien murió.

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Del Cancionero de Upsala


4º ENCUENTRO POÉTICO EN SAN MIGUEL DE ESCALADA

Del Cancionero de Upsala

Yéndome y viniendo Me fui namorando, Una vez riendo Y otra vez llorando.

Mal se cura muyto mal, Mas en poco cando tura Muyto mas peor se cura. Es muyto mal cando ven Non pode muyto turar, Porque tenen d’acabar Muyto presto aqueyn lo ten. Acabar es grande beyn Poys en poco cando tura Muyto mas peor se cura.

Yo estava sin veros De amor descuydado, Mas en conoceros Me vi namorado, Nunca mi cuidado Se va moderando, Una vez riendo Y otra vez llorando.

Si la noche haze escura y tan corto es el camino, ¿Como no venis, amigo?

Sentí gran tormento De verme perdido, Mas estoy contento Pues por vos ha sido,

La media noche es pasada Y el que me pena no viene; Mi desdicha lo detiene, ¡Que nasçi tan desdichada! Hazeme bivir penada Y muestraseme enemigo. ¿Como no venis, amigo?

El mal es crecido Y a d’irse passando; Una vez riendo Y otra vez llorando.

Vésame y abraçame Marido mio, Y daros en la mañana Camison limpio. Yo nunca vi hombre Bivo estar tan muerto, Ni hazer el dormido Estando despierto. Andad marido alerta Y tened brio, Y daros en la mañana, Camison limpio.

Otro mayor mal Me tiene ya muerto, Es tal que por cierto No tiene su ygual, Tíeneme ya tal Que me va acabando, Una vez riendo Y otra vez llorando.

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Alça la niña los ojos No para todos. Alçalos por jubileo, Por matarnos de deseo, Que la fiesta segun veo No es para todos.

Ah, Pelayo que desmayo! - ¿De que, di? -D’una zagala que vi. - Ah, Pelayo si la vieras, Tanta es su hermosura, No bastara tu cordura, Qu’en vella tu te perdieras, Y penaras y murieras, -¿Tal es di? -Más linda que nunca vi.

Vella., de vos som Amorós… (Atribuido a Mateo Flecha el viejo) Bella, de vos estoy enamorado. ¡Ojalá fueseis mía! Siempre suspiro cuando pienso en vos, De noche y de día. Ya nunca estoy ni un momento Sin contemplaros. Fuera de todo mi sentimiento, hago por amaros. Dadme valor, pues podéis, Señora mía, porque en vos está todo mi bien De noche y de día. Vos heredáis todo mi bien Todo lo que me dura

si no me queréis presto, me mandareis A la sepultura. ¿De mi mal, qué bien sacaréis, anima mía?Para huir del dolor que me hacéis Sea vos guía. Me veo de vos nada pero ligado Lejos de esperanza, Hacedme pues, vos piedad, Sin más tardanza. Porque vuestro soy, ruego a Dios Vos fueseis mía; porque el mal que sentirme hacéis, No lo sentiría.

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4º ENCUENTRO POÉTICO EN SAN MIGUEL DE ESCALADA

Del Cancionero de Upsala


4º ENCUENTRO POÉTICO EN SAN MIGUEL DE ESCALADA

José Antonio Llamas Fernández Mal de amor (Aegritudo amoris) “Aquí está sepultada Valeria, esposa de Montano. Séate la tierra suave, oh mi muy amada. Si el tiempo no te hubiera vencido, podías educar a nuestros hijos, durante otros fecundos cinco años. Pero la corriente del agua, cogiéndote, te llevó con tanta facilidad…”

Resto de lápida romana, quizás procedente de Lancia, reaprovechado como base de los arcos sobre un capitel de la arcada del sur de San Miguel de Escalada. Los dioses de las aguas bravas de esta tierra brava, enviaron su fuerza, para llevarte, precipitadamente, oh mi Valeria, muy amada. Podrían haber esperado cinco estíos más, cuajados de fecundidad; pero no quisieron dejar que llegaras al otoño de nuestras vidas, juntos. Descansa aquí, mi muy amada esposa, que la tierra te sea suave y caliente, mientras octubre colorea de plata mis sienes, y maldigo a las crueles corrientes de las aguas, que te me arrebataron!!! (agf/04.05.2mil13)

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JUSTIFICACIÓN Siendo muy amante de las tierras y las gentes de este territorio que llamaremos “El curso medio del Astura” (Entre Cistierna y Mansilla) en el que transcurrió mi infancia feliz en casa de los paternos abuelos, en la dad adulta comencé a interesarme por las cosas de esta tierra y, en un golpe de fortuna, vine a hallar, bien sujeta con ligaduras al eje del rodezno de un molino, una cajita de plomo que, una vez abierta, contenía, no solo una copia del epitafio de Montano a su esposa Valeria que antecede a este escrito y que figura en una cuya piedra hallada entre las ruinas de la antiquísima Lancia, capital de los Astures, sino también un pergamino en el que estaban escritos una gavilla de lamentos poéticos en lengua latina. No se trataba de idilios al estilo de Teócrito, ni de bucólicas al de Virgilio, sino más bien de unas composiciones algo emparentadas al género tardío de los poetas latinos como Marcial o Catulo, que cantaron a sus musas de carne y hueso y lamentaron a menudo sus prematuras pérdidas. Así que colegí que se trataba de un autor que probablemente habitó por estos pagos en la época de declive del romano imperio, poco antes de la invasión de los pueblos bárbaros, y ya muy integrado en los usos y costumbres de esta zona del valle del Esla, en el que soy nacido. Del malhadado Montano que los suscribía nada sabemos, y sus versos parecían escritos bajo el pesar de haber perdido a su queridísima esposa Valeria puesto que seguían al susodicho epitafio grabado en la antedicha piedra funeraria, hoy exhibida en un museo. Que el tal Montanus haya sido un vecino de la cercana Lancia, capital de la comarca, es muy ppsible, como también lo es el que se trata de una persona culta, tal vez un decenviro, ya que al inicio de sus escritos figura una cita de la Bucólica X de Virgilio dedicada a su amigo Cornelio Galo, desventurado autor, poeta, romano, autor de cuatro libros titulados: “Amores” perdidos en casi su totalidad, que se suicidó el año 26 a.C. en Egipto al perder el favor de Octavio en cuyo ejército servía, y que reza: “Nec lacrimis crudelis Amor, nec gramina riuis”, Tan solo hacer constar que la amada a la que cantaba Cornelio se llamaba Lycoris, y de ahí que Virgilio ponga ese nombre en la égloga dedicada a su desgraciado amigo. Una vez limpio y estudiado el pergamino, y vertidos a nuestra lengua los versos mí mismo, gracias a los saberes en la lengua y literatura latinas adquiridos en mi truncada carrera al sacerdocio, y comprobando que en ninguno de los eruditos de los escritos

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4º ENCUENTRO POÉTICO EN SAN MIGUEL DE ESCALADA

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antiguos había referencia alguna a nuestro autor desconocido, supuse al tal Montano uno de aquellos legionarios romanos que, al cumplir la edad de jubilación como soldado de alguna de las legiones que acampaban por la Hispania, fue recompensado con una heredad en la que construyó su “villa” al igual que lo hiciera Cidaco en el hoy Villacidayo (Vila Cidacus) y tantísimos otros de todos conocidos, como Paterno (Vila Pateri). No parece este el lugar adecuado para extenderme en el estudio de estos textos que se ofrecen al curioso lector como una muestra de la presencia de la cultura latina en este territorio del curso medio del gran río que llegó a dar nombre a casi una tercera parte de la península (De Astura-Extoila-Estola-Ezlam-Esla) devinieron Las Asturias (La transmontana y la cismontana) que como se sabe incluían una muy extensa zona de lo que hoy llamamos León, Zamora, Asturias, Santander y Galicia. Degustemos, pues, la obra poética de nuestro antepasado Montano y de la belleza de sus desgarradores lamentos por la pérdida de Valeria.

José Antonio Llamas Fernández Villacidayo (Gradefes-León-España) primavera de 2013

ALTAR SIN DIOSA En este altar que se quedó sin diosa quemo el incienso y los perfumes suben a lo alto. Mi sacerdocio continúa incólume, mi devoción intacta y armoniosa. En este altar, vacío ahora, mi sacrificio se convierte en lágrimas.

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Aegritudo amoris (Mal de amor) Del latín, aeger- aegra- aegrum (adjetivo): enfermo, en un estado de agitación causada por las pasiones del amor. Aegranomía: enfermedad, dolor, tristeza, melancolía, pesadumbre, aflicción, lamentación... “Aeger amor”: amor desgraciado. (Virgilio)

“El amor corre hacia el amor como los escolares huyen de los libros; pero el amor se aleja del amor como los niños se dirigen a la escuela: con ojos entristecidos” (William Shakespeare, en Romeo y Julieta) El poeta musulmán Ibn Hzam, - quien fuera visir del Califa Abderramán V en el Califato de Córdoba, en el año 1023, entonces reino musulmán andalusí - , escribió “El Collar de la Paloma”, libro que lleva el subtitulo de: “Tratado sobre el Amor y los Amantes”... En él dice cosas como estas: • El valor intrínseco del amor: En suma, es el amor una dolencia rebelde, cuya medicina está en sí misma, si sabemos tratarla; pero es una dolencia deliciosa y un mal apetecible, al extremo de que quien se ve libre de él reniega de su salud y el que lo padece no quiere sanar. Vuelve bello a ojos del hombre aquello que antes aborrecía y le allana lo que antes le parecía difícil… • La conformidad en el amor: Me dicen: “Está lejos.” Yo contesto: “Me basta que esté conmigo dentro de un mismo Tiempo del que no puede salirse. El mismo sol que pasa sobre mí pasa también sobre él cada día, cuando renueva su luz.

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Luego, aquel de quien no me separa otra distancia que la de un solo día, ¿está lejos? Además, en la sabiduría del Dios de la creación estamos reunidos. Este allegamiento me basta. No quiero más”. • El mal de amor: ¿Hay quien pague el precio de sangre del asesinado por el amor? ¿Hay quien rescate al cautivo del amor? ¿O podrá acaso el destino hacerme retroceder hacia mi amada como en aquel día que pasamos junto al río? Lo pasé nadando y estaba sediento: ¡Qué maravilla uno que nada y tiene sed! El amor, dueño mío, me dejó tan extenuado, que no pueden verme los ojos de los que me visitan. ¿Cómo se las arregló el amor para llegar a quien es invisible para todos? El médico se ha aburrido de intentar curarme y hasta mis émulos sienten piedad de mi dolencia.

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Lamentos de José Antonio Llamas RAFAGAS DE SILENCIO Ráfagas de silencio sacuden la memoria. Es un viento que viene de las cumbres todavía sucias con lamparones de nieve. A media noche toca la ventana suavemente preguntando por ti sin pronunciar tu nombre. Yo no sé la respuesta; pero cuanto más insiste más le ruego que deje de llorar y que se vaya pronto. Porque hay algo que quiero que quede entre tu y yo sin otro intermediario que este duro silencio que se rompe en mi boca.

NO SÉ SI SERÁ PRONTO TODAVÍA No sé si será pronto todavía (veinte días ha que te morías en mis brazos) para decirte, amor, que yo te sigo aquí esperando. Hoy el manzano y yo lloramos angustiados mientras la nieve anda por ahí brujuleando sin atreverse a entrar por tu ventana abierta, sin decidirse a huir y abandonarnos. No sé si será pronto todavía para decirte nombres y más nombres que me llaman cada día, preguntando por ti, para saber si estás en tu terraza, como siempre, viendo pasar los ojos del olvido por la calle, con la embriaguez de aquel gran sueño que soñaste en el que por un camino más allá de tu jardín, al otro lado, se volvían a mirar los caminantes. No sé si será pronto todavía para escribir aquí los nombres más cobardes, los de aquellos que, faltando tú, no dan señales de faltarles todo el aire.

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TU MUERTE ME PERSIGUE Tu muerte, al despertar, se me echa encima y no me puedo mover sin abrazarte, y al volver a recostarme sobre el lecho me parece que estoy a punto de besarte. Te vuelves a dormir continuamente absorbida en un humo que penetra hasta los huesos. No pretendo entender, sino tenerte; no quisiera marchar sino quedarme; no me canso jamás de despedirte. Tu muerte, al despertar, se me presenta, reclamando silencio y ordenando que consiga detener el flujo de la sangre del olvido; mientras yo trato de reconocer su rostro, tiendo mis manos y me cierra las esposas. No pretendo escapar, sino alcanzarte; no pretendo ni huir ni defenderme; soy culpable, lo sé, de estarte amando más allá del confín y de seguirte a esa región perdida en la que tratas de olvidarme. Me despiertas y quieres que mi llanto riegue el jardín y se convierta en lluvia. Tu muerte, al despertar, me va matando.

TAL COMO TU LA VES No es posible acercarse o separarse; no es posible moverse ni estar quieto; no es posible vivir, seguir viviendo, ni es posible morir contra la muerte.

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Ella está ahí, cansada, sonriendo, como recién dormida, recién hecha, con las manos cruzadas sobre el pecho; y tú no puedes hacer nada, nada, nada, para que te haga caso y se despierte. Tal como tú la ves, la ve la muerte.

EL TEMBLOROSO FRÍO DE LA LLUVIA Aterido, permanezco en el corredor, mientras la lluvia arrecia, incapaz de refugiarme en otra cosa que no sea su ternura. La mirada fija en las ajadas rosas blancas, al pie de su manzano preferido, no es capaz de saltar la valla del jardín e ir a buscarla más allá de las nevadas cumbres. No es capaz de dejarse amarrar a su cintura y escuchar su dulce voz cuando cantaba las tonadas de los puertos polvorientos y la niebla. No es capaz de pronunciar su nombre sin sentirse acribillada de alfileres diminutas. Aterido, permanezco, solo, frente a esas moles que se ciernen sobre todo lo que fuimos y lo cercan y reducen a cenizas. Esas cenizas blancas que la lluvia va sumiendo en las entrañas de la tierra de la que surgen, como sonrosados tallos, los recuerdos tiernos como nuevas peonías. No soy capaz de amarla tanto como entonces, cuando me daba pie a tocarle las mejillas, y acariciarle el alma que llevaba siempre limpia. Seguiré aquí, no obstante, por su vuelve bajo el tembloroso frío de la lluvia.

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UN PAVOROSO VIENTO Un pavoroso viento traspasó la madrugada de aquel trece de marzo; destrozó las puertas que el amor cerraba a cal y canto, y la arrancó con insidiosa rapidez de entre mis brazos. Ella se opuso con su dulce llanto, y: “no puedo, no puedo”, repetía; para acabar desfallecida, y, ya, sin alma. El pavoroso instante transcendía y traspasaba el tiempo en el que estábamos, los dos allí, como luchando contra nadie, viéndola yo partir, y ella, tal vez, sintiéndome quedarme. Cualesquiera que haya sido aquella fuerza que la arrojó al olvido, la despojó de su respiración, de su mirada, de su pulso, y de su cama; y aquel amor que nos unía a cal y canto a ella y a mí, quedó hecho trizas abatido por el viento que se llevó con él cuanto allí había y habitaba aquel reducto de silencio y de dolor en nuestra casa. Un pavoroso incendio en el que ardían el presente y el pasado de aquel amor que tanto había trabajado para encender un fuego entre los dos para acercarse y calentar los días y las noches y las manos que eran, al fin y al cabo, la única realidad de la que disponíamos después de haber cruzado sin dudar los siete mares. Un pavoroso viento que llegó de la región perdida y asoló de una tacada los dos sueños doloridos que, no teniendo otro armazón al que agarrarse se adoraban en silencio y se abrazaban.

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LA PIEDRA DEL OLVIDO Si es que te fuera dado poder verme llorar, hundida la cabeza, derrotado hasta la sangre, acércate y estréchame en tus brazos; es preciso que no perdamos el contacto ninguno de los dos. No consigo labrar la piedra del olvido; la sujeto en las rodillas, la acaricio, y cuando voy a grabar tu nombre cada golpe resbala, y el martillo no se deja dominar; se me acaban las fuerzas y, como un idiota, me quedo mirando a un lejano punto indefinido de este cielo sin luz. No consigo desnudarme de ti; quitar de en medio todos los recuerdos; y eso que sé de cierto que, en aquel naufragio, una ola gigante te arrastró llevándote a la playa sin retorno, mientras yo era arrojado, exhausto, en esta áspera pradera a la que nunca nadie, al parecer, retornará jamás. Si es que te fuera dado poder verme llorar, perdida la esperanza, degollado hasta la muerte, acércate y estréchame en tus brazos. por favor. No consigo tallar tu nombre en esta piedra del olvido, el nombre que te di cuando te conocí y hablé de amor.

TU NOMBRE EN EL RUMOR DEL AGUA Busco tu nombre y, desde el puente, miro el río desbordado, que golpea contra la roca, antes de enfilar el valle. En el rumor del agua del deshielo hay un murmullo dulce de palabras que se asoman en la espuma de los remolinos. Probablemente tú eres esa rama desgajada de algún árbol, esta, tal vez, que acaba de pasar y se adormece, quieta, en el remanso. Busco en el puente tu recuerdo en el rumor del río y no encuentro más que lágrimas que se deslizan por mis mejillas yendo a juntarse con el agua. Probablemente no debí venir tan lejos a buscarte; no he debido salir jamás de nuestra casa.

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VIVIR PARA DESPEDIRSE Es duro despertar y darse cuenta de que el tiempo ya pasó y no hicimos nada por nosotros que no fuera despedirnos una y otra vez de aquellos a los que amamos a lo largo de la vida. Tanto adiós nos fue dejando a la deriva, deformando nuestra sombra, como inválidos, tullidos, incapaces de aplacar las ansias de eternidad con las que nacimos. Tanto tender la mano nos convirtió en mendigos. Es duro trabajar la piedra del amor y esquivar en nuestros ojos las esquirlas de eternidad que saltan de las almas esculpidas por un cincel austero e indigno que no acierta a reproducir la forma exacta del dolor que las habita. Tanto golpe nos fue dejando el pulso confundido, destrozada la sensibilidad, y atrofiado el nervio y los sentidos. Tanto golpear nos convirtió en martillos. Es duro quedar así, sobre un pedestal de mármol en el que unas letras iniciales darán cuenta por los siglos de los siglos de que allí yace quien tan solo vivió para despedirse.

POR EL CAMINO DEL RIO Quieto y pensativo, apoyado en el bastón que un campesino te entregó, tal vez por que te vio, tambaleante y solo, cada atardecer, bajar por el camino que va al río, te dejas penetrar por el gorjeo de la corriente que salta sobre los peñascos de lo que una vez fue puerto de molino. Tu perrita sorbe la luz y juguetea con la espuma, y, de vez en cuando, se revuelca sobre la hierba debajo de los mimbres. No hay nada más que esto a lo que llaman soledad y que es como el reverso de la vida. Piedra y agua, humedad, sonidos, pájaros que vuelan, agonía de la luz que se desliza de las cumbres. Los recuerdos no son vida. Lo que queda de los que se van es solo espuma que salta sobre los peñascos de lo que fue un amor ahora derruido.

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Tu perrita sorbe la luz y juguetea con la espuma, y, de vez en cuando, parece preguntarte por qué suspiras. Quieto, apoyado en el bastón que un campesino destinó sin duda a apacentar su andar y su ganado, y que ahora a ti te sirve de apoyo y de consuelo, cada atardecer, tambaleante y solo, bajas a buscarla a ella por el camino del río.

PEONÍAS NEGRAS Nieve de abril sobre la verde alfombra en la que pacen los ganados dispersos por la ladera. No te preocupes por las peonías; la vida, a pesar de todo, respeta su corazón y están abriendo. Anoche, contemplándolas a ellas, te veía a ti, abrigándote y temiendo, recelándote de eso que, a la postre, te causó la muerte. La nieve y tú, tal vez tu sola, solamente. La noche y yo, acaso moribundo sin saberlo. La nieve negra bajo el cielo negro. Pero te estaba hablando de las peonías. Las recubrí con mimo para protegerlas, por protegerte a ti no sé de qué, del gélido espantajo del olvido que a veces amenaza con llevarse los recuerdos a esa región perdida en la que dicen se diluye todo rastro de aquellos a los que tuvimos por amados confidentes. No te preocupes por las flores del jardín porque, a pesar de todo, te recuerdan. La nieve y tú: herida y sangre, llanto sobre llanto, blanco sobre verde. Solo me quedan estas peonías ateridas y confusas Que en este día veintisiete de abril, nevón y circunspecto, están dudando si continuar abriendo. Anoche estuve contemplando las estrellas. Una de ellas eras tú. La noche y tú, y, después, la nieve. Tu luz estaba abriendo… y era negra.

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NIEVA SOBRA LAS FLORES DEL CEREZO Nieva sobre las flores blancas del cerezo y el intenso frío rasga los pétalos de los recuerdos encendidos. No hay soledad mayor que la del pájaro que canta su canción lejos del nido. No hay otro amor mayor que el que se ha ido. No existe desolación mayor, mayor blancura. Copos de nieve que se desangran y se desprenden como las retinas de unos ojos que jamás han visto. No hay desolación mayor que la blancura de los recuerdos abrasados. No hay soledad mayor ni mayor blancura, ni hay belleza como esta que sacude los cerezos y se atreve a despojarlos de sus pétalos. Flores que sangran sacudidas por los besos de unos labios, inclementes, tersos, casi azules, que se mecen en un tiempo que no es suyo, en un lugar, en un jardín en el que nadie puede ya salir a recibirlos. Nieva sobre unos ojos excesivamente blancos, sobre unas manos excesivamente yertas, y unas sonrisas excesivamente mías. Nieva sobre unos labios que cerró la muerte hace hoy ya cuarenta y cinco días. Nieva sobre un dolor que es blanco y me acaricia. Sobre las flores de un cerezo que plantamos juntos y que florecerá ya sin nosotros algún día.

DICES AMOR Dices amor y, ahora que te falta, es como si dijeras humo, o pedernal, o escarcha, una pasión inútil de palabras sin otro don que llenar tu boca de campanas. Dices amor y la palabra amarga. Es como si dijeras: ya no volverá, la muerte la arrastró, se la llevó de entre mis brazos y nada pude hacer

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porque, en aquel instante, comprendí que era imposible presentar batalla. Es como si un tornado arrancara un árbol. Dices amor, ahora que te falta, y es como si llamaras a una puerta que sabes ya cerrada. Marchas y vuelves a llamar, pero no hay nadie. Deambulas por el jardín abandonado y tocas los suaves troncos de los abedules y es como si acariciaras el suave rostro de la blanca amada; y vuelves a mirar por la ventana tan solo para cerciorarte de que el fuego está apagado. Es como si dijeras: me quedo aquí, no sé por qué ni para qué; pero me quedo aquí, tal vez para esperarla.

NO ESTÁS SOLA No estás sola. Probablemente ahí, donde ahora sueñas, y tienes para ti toda la luz y todas las estrellas, haya un castillo boreal hecho de viento, en el que gentes como tú, también perdidas aguardan el florecer de los cerezos. Tratas de huir, pero tu sueño te retiene, tratas de decirme ven pero los dioses no lo entienden. No estás sola. Probablemente ahí, donde tú lloras, para siempre, no llegará jamás la primavera, y no precisas de un jardinero fiel que te cultive tus macetas. Tratas de huir pero no encuentras las petunias, las cinias, los pensamientos, los geranios, azaleas y claveles, para adornar tu pelo y recibirme cuando llegue. Y por si acaso ahí, donde tú estás, no saben o no quieren dedicarse por entero a ti, y hacerte compañía, o abrazarte simplemente a cualquier hora y en cualquier momento,

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especialmente cuando dejes de admirar el cielo, las montañas, o el rumor del río, manso y lento, debes saber que siempre estoy en esa luz, detrás de las estrellas en el castillo boreal hecho de viento. No estás sola. Probablemente ahí, donde te tienen amarrada a esa espantosa argolla de la muerte, nada te impide comprobar que a cada instante te rodean unos brazos invisibles que no dejan de temblar cuando te buscan en la flor de tu mirada y te persiguen, decididos, por el rumor del tiempo.

LÁGRIMAS “nec lacrimis crudelis Amor nec gramina riuis” (nunca el cruel Amor se harta de lágrimas ni la hierba de agua). Bucólica XI verso 30. Virgilio Todavía quedan lágrimas. Como pinchazos de espino albar escuecen tus recuerdos. Cada día una nueva herida, un desgarrón de piel, una imprudencia tratando de encontrarte. Heridas que, en los labios, saben al salitre de aquel mar lejano en el que navegara nuestra juventud capeando vientos por demás ignotos, manejando cabos y timones, rescatando ánforas hundidas en los pecios de aquel mar que tanto amamos. Pero ya no hay mar, ni vientos, ni maromas; solo hay lágrimas, y brisas y salitre, y tú viajas, tú sola, a bordo de la nave del olvido, mientras yo leo a Homero y a Herodoto y a Virgilio, para que tú compruebes, si me ves, que no he cambiado tanto. Nada es real de cuanto queda, nada es cierto. Solo es verdad lo que se ha ido. Tú que no estás, el cielo, la montaña, el tiempo y los abedules, formáis parte de la historia de un aguijón ganchudo y afilado que se empeña en punzar la piel del que se atreve a retar con saña la ignominia de los dioses que te guardan y te niegan, y me clavan sus miradas en los ojos tal vez para que salten, una y otra vez, incontenibles, estas lágrimas.

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Este Jardín al Norte en el que me empeño en mantenerte viva en el recuerdo, tampoco existe ya, y tan solo quedan en la hierba tus inciertos pasos, tus miradas, tus preguntas, y el manzano de cuyos frutos te estuviste alimentando hasta el final como si pretendieras dejar un cabo suelto para que pudiera yo encontrarte. Todavía quedan lágrimas. Pero es mejor hacerse cargo de que una vez extinta tú, el amor no es nada más que un rumor de pasos que se alejan por una eternidad desdibujada. Lo que queda solo es plagio. Quien pervive ya no es nadie. Ni siquiera tiene manos, ni voluntad, ni labios, pues que ya no tiene a quien decirle: tengo frío, tengo miedo, tengo hambre, necesito hablar con alguien. En mis ojos ya no hay luz. Y sin embargo quedan lágrimas.

CAMINAR SOBRE LA CRESTA DE LAS DUNAS Se fue. No le dio tiempo a despedirse. No se volvió a enseñar, como otras veces, su sonrisa. Era su andar callado y ceniciento como el del agua que ha dejado tras de si la fuente manantial e indaga largos recovecos entre las flores. No la seguí. No pude perseguirla. Fui como a aquel que, insomne, ve a su mujer que ha abandonado el lecho y que se acerca peligrosamente al borde del abismo, y no se atreve a despertarla y devolverla a allí donde dormía. Se fue. No me dio tiempo a detenerla. No se volvió a mirar, una vez más, su casa y sus cerezos. Eran sus pasos como quien camina en un desierto por la cresta de las dunas. Un raro sol borraba sus facciones en la trágica penumbra. Del corazón dormido de la arena no salían escorpiones sino rosas. Rosas azules que exhalaban un perfume parecido al de los lirios. No la llamé. No pude hacerlo. Sé del peligro que supone detener a quien se asoma a las barandas del abismo.

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SIN TI EN MI RIO Sin ti recorro, suaves, las orillas el anchuroso río en el que todavía mis raíces beben el licor de los cerezos ahora en flor como el dolor de tu recuerdo. Bebo sin ti este aire lento y apacible de la mañana turbia y gris de un mes de mayo que me sabe a acíbar. Sin ti desgarro, al fin del todo, las cortinas, y el esplendor del valle inunda la memoria de un verde suave que parece incierto. Sin ti regreso a un olvidado ayer que tú no recorriste, y que ocurrió en un sueño antes de ti, y hay un temor de que te quedes esperándome fuera y me abandones. Bebo lo blanco de estas suaves flores de las cerezas dulces y amarillas que tantas veces fueron en tus labios besos y en los míos ambrosía. Miro a la torre del reloj y se hace tarde, (Peñacorada al fondo, gris, como un vigía) para volver a ti y a tus montañas infinitas. No hay otra patria que el amor; no hay otro ídolo que el amasijo informe de recuerdos retorcidos a que ha quedado reducido todo. No hay otras flores que las flores del olvido, ni otros recuerdos que los días compartidos, las cerezas aquellas, dulces, en los labios, y aquellos suaves besos amarillos.

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LA BLANCA PRIMAVERA “Llegarás a la blanca primavera” Hesíodo. Los trabajos y los días. Llegaste cerca de la blanca puerta. Caíste allí, vencida por el sueño. Quisiste dar un paso más y despedirte, mirar atrás y atarme a tu recuerdo. No pudo ser. No estaba escrito. Ninguna diosa se apiadó de ti. No te ayudó a seguir ninguna de ellas. Juntos los dos creímos los consejos del poeta mayor después de Homero, quien enseña del campo los trabajos y los días y la forma de arar y de domar los bueyes, para alcanzar la blanca primavera. No llegaste a tocar con tus amoratados labios la premura de un sol que se mostrara esquivo, ni a dejarme decirte que era pronto todavía para verte partir, tan sola, entre la niebla. No te pude apartar de aquellas llamaradas, del zarpazo cruel de las ganchudas garras del invierno. Caíste allí, vencida, ante la blanca puerta a la que, juntos, habíamos tratado de llegar, sin otro amparo que el fulgor de la pobreza, sin otro guía que el instinto fiero de alcanzar, unidos, el final del tiempo. Yo tuve que seguir para llorarte, para cuidar de este dolor recién nacido que era hermoso y era nuestro que me dejabas, al marchar, por compañero, mientras seguías tú, tú sola, y te adentrabas en esa eterna y blanca primavera.

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LÁGRIMAS AMARGAS Immo ego Sardoniis uidear tibi amarior herbis (Temo resultarte más amargo que las hierbas de Sardes) Virgilio. Bucólica VII. 41 Oigo silbar los látigos del viento. Sus chasquidos rasgan la liviana piel de la memoria, dibujando en ella cárdenos lamentos. Voy, solitario, por la cordillera en la que crece la genciana, la raíz de la amargura. Temo a los buitres que, creyéndome un despojo, sobrevuelan sin piedad para arrancarme tu recuerdo. Lenta oración del frío en los pinares, suave la antífona del cielo azul de ojos de fuego, tiernas las flores blancas y salvajes del cerezo. Nada alivia la opresión de este dolor sobre los ojos del viajero. Temo resultarte amargo y despertarte de tu sueño. Mira y verás lo poco que he tomado del elixir de amor que me dejaste en el vasar, entre las tazas y los vasos. No soy capaz de levantar los ojos, no puedo hablar, solo me falta pronunciar tu nombre para derrumbarme como un puente abandonado y viejo. Siego, al llegar a casa, tu jardín, y miro arder los tulipanes. Nada dulce consuela mi corazón, todo me cansa, las malas hierbas se apoderan de mi alma: el ajenjo, la jarilla, el diente de león, y el árnica, campean por todas partes. Veo pasar mujeres por delante de la casa, sus voces claras se parecen a la tuya, van a buscar a otras mujeres que, a su vez, también se apiadan y aseguran que te echan mucho en falta. Pero tu solo estás, tú sola, en el silencio que canta tu canción y solo yo puedo escucharla. Habla de un sigiloso ayer en el que los dos fuimos

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una brizna del sol que daba vida a todo esto que me falta. Temo resultarte ahora tan inútil como son estas palabras. Para escapar de ahí, de dónde pagas tu condena de amor, temo estas lágrimas amargas no te sirvan ya de nada.

QUÉ BLANCURA SE APODERÓ DE TI ¿Quae te dementia cepit? ¿Qué locura se apoderó de ti? Virgilio. Bucólica II. 69 ¿Qué blancura se apoderó de ti que apenas te distingo en ese cielo de palomas arrullándose? ¿Qué otra clase de verdades encontraste al ausentarte de este lugar en el que dejaste cuanto amabas? El día y yo, impacientes, angustiados, vamos de tumbo en tumbo desde el orto hasta el ocaso, sin desmayar apenas un instante, sin relajar por ello nuestras súplicas a los divinos dioses inmortales impetrándoles que te levanten la condena y te permitan acercarte hasta aquí por un momento para constatar que los cerezos te ofrecen sus flores blancas. ¿Qué abandono, qué silencio, qué desplante, qué ensoñación te aleja de tu patria, de tu pueblo, de tu amor y de tu casa? El día y yo, turbados, abatidos, soñolientos, extasiados, no hemos sido capaces de movernos y buscarte en la maraña de recuerdos que se agolpan como bandadas de palomas blancas por el aire. ¿Qué locura se apoderó de ti que los días pasan y no vuelves a buscarme? ¿Qué dolor, qué ensoñación, que sangre, o qué clase de peligros has corrido? ¿Quién te ha incitado a aborrecerme y a olvidarme? El día y yo, sin ti, no vamos a ninguna parte. Congelados en el tiempo no acertamos a seguir siquiera preguntándonos: qué locura se apoderó de ti para dejarnos.

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4º ENCUENTRO POÉTICO EN SAN MIGUEL DE ESCALADA

José Antonio Llamas Fernández


4º ENCUENTRO POÉTICO EN SAN MIGUEL DE ESCALADA

José Antonio Llamas Fernández

Epílogo: - Cómo se hace un poema? - “Sin querer queriendo”... Atardece en San Miguel. Las piedras, ¿son oro, o son miel? Los poetas lo saben. La tarde se ha roto... ¿Lo vés? ¡¡¡Es oro y miel!!! (sobre un texto y fotos de L.G.P./verano 2010)

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Nota importante: Los textos de este libro-recuerdo han sido cedidos amablemente por sus autores - citados oportunamente - y la recopilación varia del coordinador de los Encuentros Poéticos. Todos sus derechos quedan reservados. San Miguel de Escalada en el Año de Escalada, 2013. MC de SME

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4º ENCUENTRO POÉTICO EN SAN MIGUEL DE ESCALADA

José Antonio Llamas Fernández


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AlgArabías, IV Encuentro Poético en San Miguel de Escalada by Alfredo García Fernández - Issuu