Séptimo Encuentro Poético en
San Miguel de Escalada
Séptimo Encuentro Poético en
San Miguel de Escalada
Cuentas para un collar
Mozárabe… y otras
Antonio Manilla Blanca Sarasua Sara Otero Antonio Praena
perlas
Prólogo
De Córdoba a Escalada. De Córdoba llegaron unos monjes hace 1104 años, a levantar unas ruinas donde plantar plegarias. Un año escaso les llevó la hazaña. De Córdoba trajeron el arte, y la palabra. Allí, otros hombres, amorosos y sabios, hablaron de los divinos amores, y de los amores humanos. Este hermoso templo que vemos es ahora el escenario.
Cuenta el cronista Almakkari, (Abu-l-Abbas Ahmad Ibn Mohammed al-Maqqari (o AlMakkari, 1578-1632) que a principios del siglo XI, cuando buena parte de España aún permanecía bajo el poder musulmán, un embajador de Abd-er-Rahman V, tuvo que asistir a una ceremonia nocturna en una iglesia mozárabe de Córdoba y… "…la vio tapizada de ramas de mirto y suntuosamente decorada, mientras el sonido de las campanas encantaba su oído y el esplendor de los cirios deslumbraba sus ojos. Se detuvo fascinado a pesar suyo, ante la vista de la majestad y del gozo sagrado que irradiaba del recinto; recordó seguidamente con admiración la entrada del oficiante y de los otros adoradores de Jesucristo, revestidos de admirables ornamentos; el aroma del vino añejo que los ministros vertían en el cáliz, donde el sacerdote mojaba 7
sus labios puros; el modesto atuendo y la belleza de los niños y adolescentes que ayudaban al lado del altar; el solemne recitado de salmos y de sagradas plegarias, todos los ritos, en fin, de esa ceremonia; la devoción, y a la vez el gozo solemnes con que se celebraba, y el fervor del pueblo cristiano…" *** Me has pedido, —Dios te honre—, que componga para ti una risiila en la que pinte el amor, sus aspectos, sus causas y accidentes y cuanto en él, y por él acaece...
"Sobre quien se enamora por una sola mirada": Pecaron mis ojos moviendo esta angustia de amor en mi corazón, y mi corazón envió las lágrimas para vengarse de los ojos. ¿Cómo encontrar justas estas represalias del llanto, cuando anegan las pupilas con sus fluidos torrentes? Antes que la viese nunca la encontré para conocerla, y el momento en que la vi fue nuestro último encuentro.
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Cuentas para un collar
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Blanca Sarasua
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Un poema es un reto. Debe serlo. Es asunto de dos, porque su autor está en manos de la creatividad de quien lo lee. Un poema tiene que provocar, no puede dejar indiferente. Necesita inmiscuirse en otro mundo interior, entrar en otra atmósfera que sea capaz de acunarlo, de protegerlo, de hacerle crecer. ¿Dónde vive? Podemos encontrarlo en una gran publicación o en un pequeño libro abandonado a su suerte desde un mercadillo. Palacio o chabola, qué más da. Estará esperando nuestro encuentro para sentirse vivo. Aunque nunca esté terminado, listo para volar sin tropezarse. Es un milagro que nunca llega a nacer, pero al menos merodea. "Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser", nos confiesa Vicente Huidobro. San Miguel de Escalada y su idioma mozárabe es el marco perfecto para estas pinceladas de poesía en un lienzo imposible. San Miguel de Escalada consigue con su belleza dotar de alas al poema.
Blanca Sarasua
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UNA PREGUNTA AL RÍO El río, sencillamente, se va. No le preocupan las piedras que ha despertado a su paso, ni la sumisión del junco que se humilló por besarlo. Sencillamente, se va. Le pregunté cómo se hace para el oficio de río. Se rió de espuma blanca, y no pudo contestarme porque ya se había ido.
(“Cuando las horas son fuego” 1984) 14
A UNA MUÑECA ANTIGUA Sólo es una muñeca ahorcada en el péndulo del tiempo, deshabitada como una casa vieja, con su cutis de cera, amortajada de moaré y sombrero. Pero me está observando con un temblor de hueco en su mirada. No es nadie. Nunca vivió. Nunca tuvo ocasión de equivocarse. Por eso me da miedo.
(De “El cerco de los pájaros” 1986) 15
ANÁLISIS POLÍTICO DE UN REVOLUCIONARIO “Volveré porque aún hay lanzas y hiel sobre la tierra.” (León Felipe) “Haz un milagro, Señor, / déjame bajar al río, volver a ser pescador, / que es lo mío.” (Rafael Alberti)
Vamos a recordar los viejos tiempos sentados a la fresca de los siglos. Quiero saber, Señor, en qué fallamos. Yo sigo siendo el mismo, tu viejo amigo Pedro. Hablemos ante un vaso de tu vino. No he perdido mi olfato de marino: mira el organigrama que empezamos. El error fue el asiento, que yo soy pescador y me busco un socaire en cualquier sitio. El error fue dejar los aparejos para mirar mi pueblo desde arriba. Pero aún nos quedan brotes, no seamos nostálgicos. Vamos a ver, Señor, cómo lo haríamos sin rozar el poder, a lo sumo con unas palmas y un borrico. Cuentas con este viejo peleón por si de nuevo quieres intentarlo. (De “Ático para dos” 1989) 16
TODO EN ORDEN Son las siete en Torla. Cerca del pueblo, sitiado por las nubes, prepara sus misiles la tormenta. El cementerio sigue en paz de piedra y bajo tierra reparte sus raigones. Mantilla, chal y horquillas, dos viejecitas, dos ojivas de hueso, se apoyan en la reja. Está bien, todo en orden. La tierra preparada, una maceta, el sol con la batuta mano en alto dirigiendo su hacienda. Pueden dormir tranquilas. En Torla, son las siete.
(De “Ballestas contra el miedo” 1990 Diputación de Álava, premio “Ernestina de Champourcin) 17
UNA BUENA PREGUNTA “Contemplo mi huidiza juventud, atada por el miedo” (Justo Jorge Padrón)
Después del cuello y hacia abajo era la nada y la voz imperceptible de la arteria. Y su collar suave y sus ramajes altos, con su cetro truncado o sangre mínima. Generación sin cuerpo de tristes guantes blancos. Diario escrito comiéndose las uñas, sin un choque de estrellas en su álbum, sin conjugar sus verbos todavía. Después del cuello y hacia abajo, ¿a dónde se iba?
(De “Ballestas contra el miedo, 1990) 18
PUENTE DE PIEDRA “El amor diafaniza y viaja sin billete”. (Gerardo Diego)
Había un puente. No era de piedra. No guardaba un pasado, ni besos, ni suicidas. Era vulgar. Un puente de cemento con su blasfemia a cuestas. Con el paso del tiempo no sería una ruina de apellidos arcaicos. Lo crucé. Tenía que cruzarlo. Cuántos puentes después, de hormigón, me cedieron el paso. Ni uno sólo de piedra. De piedra sólo ha sido el puente hacia tu abrazo.
(De “¿Quién ha visto un ambleo?” 1994, Ed. Torremozas) 19
SEMÁFORO INÚTIL “¡Ea!, mi señor don Quijote, redúzgase al gremio de la discreción”. (Miguel de Cervantes)
Semáforo en rojo. En la otra orilla, peatones sin nombre, como yo. Esperamos. Sólo queda medir el territorio hermético y lacrado. Pruebo a mirar a quien está a mi lado y se escuda en su piel, quemando documentos por si acaso. Luego un roce de ropas y de prisas y nos vamos, con el nombre puesto a salvo. Lástima de semáforo.
(De “¿Quién ha visto un ambleo?” 1994, Ed. Torremozas) 20
LA LÍNEA RECTA “Dadme una línea recta y os daré la libertad”. (Mondrian)
Cómo hacerle volver cuando yo quiera a esa línea que prueba el infinito como un punto perdido, estilete feroz, que no dialoga, escrita a mil palabras por segundo. No hay fe de erratas en su vida íntegra aunque cercene al mundo en dos pedazos. Cómo hacerle volver y que confiese si ésa es la libertad, no equivocarse, —cuerpo de rayo en una sola línea, ni un temblor en su pulso, ni una duda—, cómo acercarle al punto de partida. Pero vuela tan lejos que no escucha.
(De “Rótulo para unos pasos” 1997. Ed. Torremozas) 21
SIC TRANSIT GLORIA MUNDI “¿No era este palacio monumento a lo estable?” (Aníbal Núñez)
Eran unos zapatos con pretensión de heráldica de hebilla plateada, el moho de su ante perdiendo pie en el suelo, nostalgia de peldaño sus tacones viejísimos de negro ala de mosca, eran unos zapatos por fuerza desahuciados. Sus arrugas talladas —como el cuerpo de un árbol—, en años transcurridos y el ritmo de su artrosis, quebrada la armonía, rubricaba en el aire una lábil cojera. Zapatos de salón, valsando por sus horas a través de visillos en su mundo de hadas. En la última cita de su carné de baile las bolsas de basura. Llegó el camión, girando su estómago implacable: final municipal de estruendo y noche. Y en la fosa común se arreglan como pueden.
(De “Rótulo para unos pasos”, 1997. Ed. Torremozas) 22
UN PLUMIER ENTRE EL FANGO “Trozos de antiguos cielos” (Rainer María Rilke)
Y quedó tu recuerdo cerrado en un plumier entre gomas y lápices. Cada vez que lo abría girando su cintura me envolvía tu atmósfera y las gomas y lápices, se caían al suelo para hacerte más sitio. Al final, yo también me caía. Hubo que expedientarte, amor, hazte cargo, amor adolescente, aquello no era vida. Tú remoto, distante, a lomos de la luna cabalgando, alejándote: el plumier fue a parar a la ría. Ahora, que pergeñan dragarla, si es que llega ese día, retroactivamente litigamos. Ya ves qué papelón, amor adolescente, qué diablos, dirán, qué hace aquí enfangado un plumier de madera.
(De “La mirada del maniquí” 2000. Ed. Desclée) 23
CONDICIONES FAVORABLES “¿Y mañana qué pondremos en el sitio vacío? Pondremos un alba o un crepúsculo”. (Vicente Huidobro)
Sin entrar en litigios, limpiamente, marca su territorio una campana. Mas luego este silencio que preconiza un cambio. Tu andar por el pasillo, ¿dónde está?, ¿hacia qué chal regresas? Un mueble me recuerda que estás bajo la tierra y me filman tus ojos, desde tu esquina íntima cercados en un marco. Ya está. A punto el escenario por si pudiera ser. Algo pasa volando y justifica el día. Nos dejarán en paz, sin testigos, sin actas, no debes preocuparte. Para tu cuerpo exhausto he puesto un almohadón, el ritual de las llamas… Ahora pon de tu parte y salta del retrato.
(De “La mirada del maniquí” 2000 Ed. Desclée) 24
LO MEJOR DEL RETABLO Ése que está escorado al borde del retablo, tan al borde, tan póstumo que se agarra a la bóveda como punto de apoyo. Ése que nadie filma, demasiado orillado, si cayera al vacío nadie reclamaría su presencia. Por eso, desde abajo le hago una contraseña, porque ese puesto es suyo y muy suyo, lo trabajó a destajo: currículum en mano y vuelva usted mañana. Lo mejor del retablo.
(De “La mirada del maniquí” 2000 Ed. Desclée) 25
PRIMER AMOR Eran tiempos del hule en los libros de texto, luz en tecnicolor, amor inédito, la tierra estaba lejos y volábamos, el espacio era nuestro. En la plaza del pueblo nos mecía la música y bailábamos juntos sin rozar el pecado. Tímidos con retranca, felices en fascículos porque nadie quería conocer el infierno. Aquellos quince años al margen de los besos, con reconstituyentes. Aquellos quince años sin mochila. Sin mudar todavía.
(De “Coyunda recia” 2005 Ed Desclée) 26
PRESBICIA OPORTUNA Algo suena por dentro. Porque iniciamos juntos la excursión a otros mundos, su exploración conjunta, no cabe más amor. Ya fuera de las prisas he tomado la calle para decir que existo, y esta huelga de arrugas nos tiene que servir. Quedan unos raíles en medio de la hierba sin derecho a pensión y camino por ellos. Son útiles también. ¿En qué andén imposible repostarán un día? Me llamas Dulcinea y es mentira, Dulcinea no está. Error de apreciación en tu mirada: gracias a la presbicia soy hermosa.
(De “Coyunda recia”, 2005, Ed. Desclée)
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¡TA, TA, TA, CHAN! Urgían en la puerta de Beethoven cuatro golpes de [aldaba, abriendo su cancela al pentagrama y cuentan que inició su quinta sinfonía. Yo golpeo la tuya entrando en tu rutina y atraco mis palabras donde no te molesten, no voy a romper nada. Tú también has sentido en momentos de esparto la soledad del cero. Que mi visita sea como tu libertad alzando el vuelo, un espacio sin cercas. Es tu puerta. Decide.
(De “Música de aldaba” 2008 Ed. Rialp)
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VISITA IRREMEDIABLE La llave está en la puerta, obviemos protocolos. Quieres ser un fragmento del paisaje, prometes no estorbar, estarte quieta, ser algo que respira. Y sin embargo ya eres necesaria como un cuarto de estar para vivirnos. Conoces mi liturgia, la silla preferida a contraluz para izar la mirada, y llegas con un ramo de palabras como visita antigua que se precie, mas no hace falta hablar, un solo gesto y escribes en mi alma. Así que vuelves, soledad, ¿un vino?
(De “Música de aldaba” 2008 Ed. Rialp)
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DEDUCCIÓN Disparos de tormenta adulterada. Llueve asfalto, llueven chimeneas, llueven tiendas, estatuas maquilladas de grafito, granizo y amonal a golpe de sirenas. En el bar de la esquina —de heráldica de plástico—, tomo un café con ruidos. Constato que gobierna la intemperie más allá de los truenos. Entra un ejecutivo, un maletín engominado y pide otro café. Recia, la lluvia, horada la ventana. Ahora es una mujer la que aparece buscando exilio fuera de un relámpago, se miran, ¿eres tú?, cuánto ha pasado, y la pregunta sale de su sitio: ¿eres razonablemente feliz? Se obtura el aire con un silencio quieto. Sí, le responde, y este cuento termina sin promesas monárquicas y sin varitas mágicas, que ya se jubilaron. Razonablemente feliz.
(De “Música de aldaba”, 2008 Ed. Rialp)
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“Creo que se puede intentar la santa cruzada de ir a rescatar el sepulcro de don Quijote del poder de los bachilleres, curas, barberos, duques y canónigos que lo tienen ocupado. Creo que se puede intentar la santa cruzada de ir a rescatar el sepulcro del Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de la Razón” (“Vida de don Quijote y Sancho”, Miguel de Unamuno)
CITA URGENTE Por tierras de la Mancha aún no se sabe dónde, vivía un caballero enjuto y seco, sayo de velarte y vellorí. Su dieta olla de vaca, duelos y quebrantos y lentejas, su brecha de ternura y el alma a la medida de Castilla. Qué nuevas aventuras rondarán por su cielo. Así que me cité con Unamuno, la idea fue de él; iremos juntos en busca de su tumba para que sobreviva el soliloquio ante la verborrea: necesitamos algo que se mueva, porque estamos viviendo los últimos acordes de un viento de cordura que fracasa. Iremos juntos a buscar su yelmo. Tanto endriago sin él y tanto entuerto. Que un yelmo nunca es pasto de gusanos.
(De “Baciyelmo” 2013, Ed. Biblioteca Nueva) 31
“¿Qué bien habéis sacado de vuestras escuderías? ¿Qué saboyana me traéis a mí? ¿Qué zapaticos para vuestros hijos?, dijo Juana” (Don Quijote de la Mancha. Primera parte, cap. LII)
APEROS PARA EL ALMA Domingo, la plaza concurrida: ahí llega don Quijote hecho un suspiro. La sobrina y el ama consternadas y qué decir de Juana, la de Sancho y de su laberinto de palabras, cómo venís así, marido mío, y sobre todo, qué tal se encuentra el asno y qué me estás contando de una ínsula. Si no entiendo esas mieles será porque no salgo del aprisco, mas a ti, servir a un caballero no te contagiará de su hidalguía. Pobre Sancho de adobe y del estiércol buscando aperos nuevos para el alma.
(De “Baciyelmo”, 2013, Ed. Biblioteca Nueva) 32
“Señores, —dijo don Quijote—, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco, y ya soy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno”. (Don Quijote de la Mancha. Segunda parte, cap. LXXIV)
EN BUSCA DEL YELMO La vida tiró piedras a los nidos y ya no quedan pájaros. Es el precio final de la cordura. Ahora, los molinos, se apellidan eólicos y nuestro don Quijote no se apaña con ellos. Cruza sin él la tarde y se muere de pena sin testar su locura. Sólo queda arreglarse cada cual como pueda, sujetar las paredes y aprender a ver yelmos donde sólo hay bacías.
(De “Baciyelmo” 2013. Ed. Biblioteca Nueva) 33
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Antonio Manilla
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POÉTICA ELEMENTAL
Sé que debe evitarse en el poema la luna y el verano, los celajes cambiantes, la playa de minutos infinitos y las rosas fugaces, como el amor eternas en el jardín cerrado del invierno. También el oro viejo del ocaso, también la plata sucia del recuerdo, las aguas estantías del olvido y el ruiseñor herido en cuyo pecho cabe el universo. Todas aquellas cosas que en silencio nos hablan de nosotros sin decirnos y nos dicen verdades —historia sólo hay una— que siempre son iguales.
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TAPIZ Ni el sol cayendo a plomo sobre las eras agostadas del invierno, esta primera luz de abril aún sin confianza que comienza a secar la negra tierra; ni los primeros brotes —la vanguardia de una primavera que se impone—, ni las primeras plantas que se atreven a abrir sus brazos rubios, rosas, blancos, inabarcables; ni el encelado pájaro que llama porque recibe una llamada honda en su encendido pecho, ni el río que descansa en las orillas la sangre verde oscura de la nieve. Ninguno de ellos hace eterno al día y, sin embargo, una mariposa, algo tan simple como el vuelo de una flor que no perdura más allá de unas horas, en la memoria enhebra un hilo que, a través de los años, dibujará sin dudas esta tarde de alas, muecas, quiebros, números en el aire. 38
LA VENTANA
Existe contra el miedo y se desnuda en soledad mientras mis ojos beben el vino de sus formas en secreto. Ha ocurrido otras veces: medio oculta tras una gasa casi transparente se adentra lentamente en mi deseo. Cualquier día me atrevo y se lo digo. Llueve con mansedumbre mientras miro ávidamente su figura envuelta en una sábana. Es lluvia de hace años. Entre mis ojos y su casa media la juventud perdida: allí me espera. Existe contra el miedo y la memoria y alguna vez la amé, sin conocerla.
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LO ÚNICO SEGURO Tarde o temprano tiene que ocurrir. Me buscarás y no estaré. O quizás sea tu ausencia lo que hallen mis manos en el lado derecho de la cama un día al despertarme. En cualquier caso, no debemos permitir que nos parta el dolor o nos aparte de lo único seguro: como cada mañana, sostendrán los vencejos el aire con sus picos, se deshará la luz en los cristales. De una tumba cerrada a otra abierta, los clásicos enseñan que la vida es un viaje.
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AL CRUZAR UNA CALLE Como si no existieran la rutina indeleble, las deudas con la vida, las tardes infumables, los fracasos comunes, la muerte y sus vacíos llenando el corazón. Deja a un lado todo eso: las fingidas pasiones, las pasiones vencidas por los días iguales, la creencia en un mundo imposible, los años y su herida, la tristeza sin causa del ocaso. Cuando la edad te incline a hacer balance, al cruzar esa calle en la que sentirás una tranquila predisposición a ser feliz a toda costa, siempre, piensa las veces que te ha detenido, aunque llevases prisa, la luz de la mañana estrenando las cosas, la rosa que creíste nacida para ti o la fugaz visión —que durará una vida— del cuerpo hermoso, aún indefinido, que despertó el deseo. Son todo lo que tienes. Su breve intensidad las hace eternas.
(Una clara conciencia) 41
CEMENTERIO CIVIL (Tumba de Keats. Roma)
El mundo lo sostienen los vencejos. Mientras la tarde cruza, en esta luz de junio, como una sombra azul las aguas lentas del tiempo y del verano, los que os halláis aquí, bebiendo el aire que nace en la enramada y se retuerce en el vientre de la pirámide (y quizá habéis venido de muy lejos, abandonando vuestra casa, por escuchar unas palabras y una música que os hablen de vosotros); los que os halláis aquí sabéis, oscuramente, que poco o nada importan hoy reyes, ministros, presidentes, dioses: como las viejas piedras de estos muros, ellos no son la vida en un jardín que crece la rara flor del viento. Al menos esta tarde, mientras el río de los versos corre hacia la hermosa muerte de la noche, el mundo lo sostienen los vencejos. Cruza su sombra el cielo. 42
LA CANCIÓN DEL OPTIMISTA La noche que se estrella, la noche que se nubla, la que alberga los sueños de los hombres y concilia el reposo de las bestias; la noche mineral, la noche microscópica, la exacta, la precisa noche del asesino y la postrera noche de las víctimas; la que escucha a las fuentes, la que perla los campos, la que propicia encuentros, la que fomenta adioses, la benigna al amor, la de los hospitales; la noche del que huye, la noche del que espera, la que parten los trenes y la que zurce el alba, la que cierra los ojos a todas las ciudades; la avara noche sola de los viejos caminos, la populosa noche que anochece en las ruinas y esa otra noche, varia y plural, de la historia; la poblada de fiestas, la cruzada de rezos, la que, callando, habla, y calla cuando habla, la que se encoge y crece en el silencio; la noche memoriosa, la noche indiferente, la noche que es la noche de las sombras y, a su vez, la sombra de la tierra; la que se cierne, la que aúlla, la que se apaga, las mil y una noches, todas, al fin, la misma noche: la que se rinde al sueño y amanece. (Canción gris) 43
REFUGIO CONTRA EL MUNDO El que un buen día abandonó su casa, cerró la puerta bajo siete llaves y puso rumbo lejos, a cualquier tierra, sin importarle el destino con tal de no volver. El que gastó la vida en tristes lances, cábalas y caballerías sin el menor provecho y nunca se paró a pensar en lo que habría de venir. El que siguió hasta el fin el sueño sin confines de una mujer —sin éxito— o el que cifró la vida en navegar el mar y se postró a la orilla. Ninguno está tan loco como tú, que en la palabra buscas, insensato, imposible refugio contra el mundo.
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TRANSPARENCIA Enumerar la innumerable noche que viene y pasa y vuelve con sus sombras. Tratar de referir en el poema ese preciso instante en que el crepúsculo desgarra el negro velo, lograr la descripción del mediodía —es el momento de la luz más pura—, consignar la belleza de las tardes, que de todo son símbolo. Atrapar en la red de las palabras los matices cambiantes del ocaso, el secreto velado que hay en el pormenor. Y, puesto que la luz es tiempo, ver el paso del tiempo por nosotros.
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EL TIEMPO Estamos en el río y le arrancamos chispas con cantos desgastados a la lumbre del agua; bailamos y bebemos bajo la luz de las estrellas cuando la orquesta ataca temas de un tiempo ido; buscamos un aparte donde nos ama una mujer a la que amamos mientras el mundo huele a yerba. Al fin, cuando amanece, el viento arranca las banderas: la noche se echa encima del infante feliz, el joven en la fiesta y el hombre que está solo y se despierta, un día y otro día, en medio de su nada conocida.
(Momentos transversales) 46
BIG BANG Todo comienza con un estallido, una explosión fundacional del éter que pone al mundo en movimiento: esferas ensayando un acorde, un mar de magma, el lento proceder de una espiral —la forma primigenia— igual que humo. Después se estira el tiempo que ha nacido violentamente. Tensa el cuerpo elástico hasta que, vuelto sobre sí, conforma —en el límite— un ancho mar de astros en perplejo equilibrio de galaxias: ha nacido el espacio, es una curva pareja de contrarios que se avienen a una impuesta conformidad menguante sobre la cual la luz, igual que un rayo, cabalga impunemente. Son milenios de viaje en soledad, inanes, muertos, entre universos yertos o arrasados. Planetas, atracciones, nebulosas y órbitas frágiles se conforman. Y todo se propaga sin su por qué ni adónde hasta encontrar un hueco y un lugar en la historia. Súbitamente, entonces, el crecer infinito comienza a refrenarse con una contracción como de cuerda rota...
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Hasta que al fin comienza su deriva, su vuelta a la semilla —la primigenia lágrima— y se repliega, amengua e implosiona dejando tras de sí la apabullante nada. Así es amor y todos lo sabemos: un día ocurrirá, ya está ocurriendo.
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FLOR DEL VIENTO Apenas un instante de divino esplendor, inmersos en la luz, mecidos por el aire, para despuĂŠs caer sobre la tierra seca y ser pasto del fuego o las pisadas: el insondable olvido. AlgĂşn ingrato o compasivo Dios dispone que los hombres seamos flor del viento, igual que los vilanos.
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NOCHE DE SAN SILVESTRE 31 de diciembre. Última hoja del calendario. Para jamás volver y sin embargo se marcha el día con un gesto leve, sin fuegos de artificio: sólo nieve. El mutis de un actor en el teatro. Igual se van los años. Hiriéndonos con suavidad aleve.
(Broza) 50
TODOS ESTOS POEMAS Todos estos poemas, juntos, no valen uno que de verdad te retratara, amor. Escribo la palabra amor para con ella intentar abarcar lo inabarcable, lo que de ti las cosas contienen sin saberlo: la libertad el aire, el fuego la hermosura, la tierra las raíces, la soledad el agua. Si yo pudiera —si la poesía alcanzase a cerrar su panorámica—, con unos versos, culminar tu rostro —me bastaría abocetar tu cara—, aun entonces tendría muy poco: pájaros, rosas, árboles y peces. No el tiempo entre nosotros.
(Sin tiempo ni añoranza) 51
SIESTA Ya pasó la tormenta. En un momento, el agua se adueñó del mundo a la manera de ese hijo que reclama atención con el chantaje del llanto, para luego dormirse entre los brazos. Nada más. Algunas ramas altas arrancadas por el viento a los chopos, la fugaz turbidez en la hoz del río. Después, un cielo inmensamente azul y el cuerpo satisfecho del verano, tras la lluvia imprevista, que expande por el aire olor a tierra, a piel lavada, a calmo sueño.
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PRESENTACIÓN Estas son las laderas pronunciadas que cursan los torrentes invernales que bajan del nevero. Este es el río que ha tallado en la roca su amplio tajo de cuchillo con mella. Este es el monte inmemorial en donde la retama y el agavanzo pacen en el viento estrellas. Déjame que te cuente ahora, que puedes olvidarlo todavía, que aquí reposan tus antepasados y nosotros nos fuimos huyendo del invierno y de la nieve, hoy que hemos vuelto, forasteros, para que juegues con la nieve un rato.
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MATA Es tanto como el río, como los firmes chopos, esa rastrera mata que pende de la orilla inclinada hacia el cauce, en hermoso equilibrio a punto de romperse. Oculta sus raíces, no es honda sino ancha, tiene las hojas duras y florece a destiempo. Ni las cabras la quieren. Pero cuando el deshielo arrambla en su avenida, sujeta las riberas, las mantiene en su sitio. Por ella, el río es río todas las primaveras.
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ĂšLTIMA CLARIDAD En el cristal refulge el moribundo sol que hace solo un rato deslumbraba a la tarde. Es un ala sin aire, un ave detenida en la mitad del vuelo por un disparo, mientras se desploma todavĂa un instante de esplendor brillando en las costuras de las hojas.
(El lugar en mĂ) 55
SECUESTRO A Paule
No sabe que camina acompañada. Porta consigo todo el sol del día brillando en la melena la muchacha que sale de un portal y, tras mirar el cielo, apura el paso en el mundo recién peinado por la lluvia. Me lleva a mí con ella.
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MAREA BAJA En aquello que hagas en el lapso inconcreto de esa vida que consideras tuya y es del viento, pon lo mejor que tengas: ardor, bondad, belleza. Todo lo que te haya sido dado, también cuanto hayas adquirido, todo, sin reservarte nada, a cada instante. ¿Porque sabes acaso si mañana habrá camino para volver sobre lo andado, una oportunidad para la enmienda? Solo el presente es nuestro. Y nada dura. Cada logro o propósito, cuanto creemos firme, duradero: rastros de nuestro paso en una playa que borra sin pasión el mar al retirarse. Somos huellas de arena en la marea baja.
(En caso de duda y otros poemas de casi amor) 57
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Sara Otero
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EL DON INAUGURAL a Avelino Fierro
Hay mañanas como orgullosos guerreros del optimismo, palpitando generosas ante la puerta cerrada del dormitorio. Serán tus pies los primeros que hagan crujir el pomo y la madera, las que clausuren de pronto todos los finales y se preñen de minutos. Hay mañanas astutas, que besan el espíritu y lo despiertan; preludio tibio que apaga las linternas y recibe tu peso en el mundo recién nacido de luz y de presagios. En este momento, en esta hora blanca en que el mundo imaginario y la conciencia se hacen un nudo, eres emoción contenida el don inaugural del que comienza. “La gramática de las cigarras” 61
I (RAZA DE MUJERES) a mi madre
Las mujeres como yo andamos descalzas sobre libros de poemas, devoramos puntillas, somos un manantial de alas rotas ante los nidos vacíos. Las mujeres como yo nacemos sabiendo todos los recuerdos hermosos, entusiasmadas como templos, la traición nos degrada de color del rojo al violeta y al revés. Lo olvidamos todo pues la tristeza es un gas ligero que nos sube por los pulmones y estalla en los tímpanos como un globo de helio.
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Lo sé porque mi vientre lechoso se inflama con la lluvia, porque tengo el carácter impregnado de lágrimas fáciles y silbo enloquecida el estribillo de los timbres de las bicicletas…
“La gramática de las cigarras” 63
V (ABUELA) Quédate como se queda La luz de las linternas en los dedos. Paolo Álvarez Correyero
En mis poemas aún hay un lugar que te echa de menos. Es una bandada de grullas severas emigrando de renglón a renglón, una corriente submarina que me tiembla en las muñecas y dice que eres léxico como un pronóstico de nieve, sintaxis que agazapa tu ausencia prematura. En todos los poemas hay una caracola deshabitada que habla de las dos, de tu casa pequeña donde verdean renacuajos y hace tu silencio cancerígeno. Cada vez visito menos tu recuerdo, amortiguado como la luz de las linternas en las cerraduras supone haber llegado muy lejos en la épica del frío y los adioses, yo, 64
que creo en el miedo y que la noche en la que estás llena el vientre de peces secos ya no pienso en ti que eres una deuda dolorosa en mis poemas.
“La gramática de las cigarras” 65
VI (56 GENERATION) Las mujeres que me alumbraron dan de beber al gato que reza a los estorninos. Construían el paraíso como se construyen las cosas que arden, con las uñas. Su infancia se quedó flotando en los platos de cocido y en las pajareras. Nunca supieron poner un dedo en el hervidor de la leche, ni sujetarse la falda de tablas al paso del tren del carbón, ni mirar en color a las fotografías. Las mujeres que me alumbraron se hicieron más mujeres en las calles del invierno por donde se filtra el agua y pensaron: después del gris llegará el gris, nadie vendrá nunca a poblarnos de jardines la conciencia. giocondas, silvias, gabrielas profundas mujeres sin infancia. “La gramática de las cigarras” 66
V (TRES GATOS) I
DYLAN Podrías ser el aprendiz de Klimt que se reparte en esta foto con mirada de loco entusiasmado, o el tábano en la ventana relamido de curiosidad. Podrías dormir en un taller de fieltro y comerte los días laborables despacito, pero tu oficio es otro y debes rescatar las estrellas ahogadas en el fondo de la bañera, el miedo que provoca entre cortinas, calcular la trayectoria de las polillas en la lámpara. Me dolerá tu mejilla gratuita, los ojos de forespán o tus huellas de nieve recién hecha todos los días que deba quedarme sólo con el ruido de tu nombre de campana Dy-lan Dy-lan Dy-lan “La gramática de las cigarras” 67
II
PUMA Veintevecesno necesito tocarte los bigotes, de tambor nocturno. Alquitrán. Puma de limo, voltereta asfixiada. Me dueles. Veintevecesno voy a arrancarte los diptongos del afilado eclipse de las orejas, huracanearte hasta volverte el corazón de lagartija, tu volumen de gota, el lento galope sobre la hierba. Ahora estás donde llaman casa a un disparo de nieve en las pupilas y tu descanso es la sombra de un cerezo; donde no es primavera en abril ni nunca germinarán tus uñas en el follaje muerto. Mi dolor es un vaso de luz donde dormitan salamandras. Quiero hundir la nariz en tu espalda pequeña, soplarte el vientre de arcilla besar los erizos helados que te trepan por la garganta. “La gramática de las cigarras” 68
III POEMA A UN GATO FUTURO Calambur querido gato, yo te entregaré el goce contenido de las estaciones en la ventana. Quiero que seas el demiurgo de mis catástrofes domésticas y la orgullosa sombra que me dé su beneplácito desde el altillo de las bufandas. Calambur, tuyo será el reino de las alfombras. Pondré palabras de júbilo a tu amor a la nevera y todas sus terrenas servidumbres. Conocerás la noche Calambur. La tormenta en un vaso. No creas que no admiro tu constante emoción, el estremecimiento líquido con que me recibes, tus ojos cargados de futuro.
“La gramática de las cigarras” 69
VI Por si vinieran tiempos de silencio. Raquel Lanseros Sueño con los gatos que se esconden cuando llega la lluvia, con el facebook de piratas, con la avidez de oxígeno con que la lluvia relame de tarde de julio. Sueño con los libros abiertos, con las cigüeñas que siempre me llevan al primer poema de la infancia. Sueño con la compota de ciruelas, el silencio de ojos apretados, las bienaventuranzas multicolores de los mercados, con la llave escondida en medio del invierno. Sueño con el oficio de perder monedas, romper jarras, con las estatuas de asfalto que arrastran una piedra en el corazón, con el misterioso temblor que esconden los armarios. Sueño con la palabra: ultramarino. Siempre sueño que navego en bicicleta, sueño que tejo los sueños por si vinieran tiempos de silencio. “La gramática de las cigarras” 70
VII No sé qué hacer con el entretiempo, las entrecosturas, la pleitesía de labios apretados. No sé qué hacer con la tierra de nadie, los invernaderos, las discusiones que acaban en tablas, los presidentes norteamericanos. Desconfío de los suspiros de alivio, los versos templados, las semifinales, de la existencia de paracaídas en los aviones. Las buenas intenciones me hacen arrugar la nariz: el jabón dermoprotector, las retrospectivas de elartequequiereserrealidad, los pasos que no sean de baile, sentirme a salvo después de un traspiés, la falta de misterio en las cajas de botones, los trenes sin paradas. No sé qué hacer con la malnutrición de belleza con que algunos días insisten en amanecer. “La gramática de las cigarras” 71
II Esta rabia que me tengo que espantar del pecho, esta rabia carnívora que me devora, esta rabia tormenta de avellanas, esta rabia graznido, cúmulo que me somete a su impulso, esta rabia mezquina, multitudinaria que tengo que domesticar, esta rabia sacrificarécadasentimiento que dejes a la intemperie, esta rabia remordimiento de la rabia del tiempo futuro, esta rabia que es una plegaria de cuervos y se queda en los bolsillos como las monedas perdidas, esta rabia filántropa, amatoria que vive y reina y se alimenta de tu ausencia. “La gramática de las cigarras” 72
III PROPOSICIÓN Porque los sueños tienen la costumbre de no cumplirse acumulo sólo el valor de no medir el cuerpo que te entrego
“La gramática de las cigarras” 73
VI Sé que las montañas te quieren, porque las libélulas se atreven a surcar la niebla y la lluvia va al río como los pájaros a las alambradas. Sé que te quiere la luz; abro las ventanas y los coches entran con sus cristales menguados y la orquesta en clavicordio. La calle afuera se llena de actores secundarios: mujeres engastadas, palomas que beben en los charcos. estudiantes que navegan en bicicleta. Te quiere la rutina hilvanada de licuar la sangre, el sonido de las piernas ascendiendo la urgencia de los dedos empujándose contra un poema. El amor que te tienen mis cosas es confuso y no ansía la fidelidad, permite que hayas dejado un artrópodo de mirada diminuta sobre los libros la euforia de tus gafas relucientes en el escritorio los grifos abiertos batiéndose contra las tazas. 74
Sé que te quiero por esta absurda e infantil urgencia con la que no sé esperarte quieta.
“La gramática de las cigarras” 75
VIII Sé lo fácil que es perderte por eso no sabes cuánto ansío conservarte. Andrés Neuman
Hoy mis ganas y tus ganas han bajado a beber a arenas imposibles. Las palabras han surgido como líquenes en la piel y el dolor es el tajo que divide en dos el mundo: aire, carne. Sé lo fácil que es perderte. Conozco el animal que devora la alegría, las ofrendas luctuosas de los altares nocturnos. Esta noche los pájaros van a las alambradas y los muertos en vida recogen su recompensa. Te espero, amor. Contra este pronóstico de nieve negra que me deja sumergida en el silencio.
“La gramática de las cigarras”
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CUMPLEAÑOS Yo, que he heredado la sal y las preguntas, que no cambiaría mi sexo por el sueño rojo de las [amapolas, que tengo en la garganta la sed y las tormentas victoriosas acabo de cumplir treinta años. Pocas cosas se esconden en este cuerpo sobre las que el tiempo no haya vertido ya su luz y su sombra; los pies domesticados en la costumbre del impulso y la intemperie, este pecho que se bate y alegra por capricho del azar y conoce la calma absorta del refugio. Tengo a mi favor la alegría de encontrarme en el intento de conquistar la avidez de esta sangre que empuja tanto como ya ha perdido, saber que existo lo mismo que existen las huellas en la arena, llena de un préstamo ingrávido de aire y forma que algún día tendré que devolver. “La gramática de las cigarras” 77
MUJER SALIENDO DE LA OFICINA Esta mujer alituerta, cogicansada que sale de la oficina en franca desbandada de palomas y va dejando caer píxeles de la epidermis. Esta mujer que conoce el triunfo de que cada vida tenga su formulario y es a su teclado cada mañana lo que los tratados de botánica a la primavera pero con dos horquillas. Esta sanadora metálica, cejifruncida, ubicúbica que guarda las mismas horas de sueño que los boletines estadísticos y la distinción de poder andar empapándose en cada charco. Esta mujer creíble de carne y zara que soy yo misma y defendería hasta su último salario el color escarlata de la única planta de mi despacho.
inédito 78
Tejer es mi super poder Noelia P.M
MERCERÍA PECCATA-MINUTA Tejer es un superpoder al igual que domesticar el invierno o hundir la nariz hasta donde alcance en teselas de lana. Tejer es intentar aprehenderse de un líquido multicolor con las manos, contar en hebras dejarse difamar en punto del revés. ¿con qué se queda quien no construye su casa a través de un jersey? Tejer para desmadejar el silencio trapecista de las agujas, para quebrar la luz porque toco a mi abuela cuando tejo y es el único lugar del mundo donde la vida es reversible
inédito 79
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Antonio Praena
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EL JOVEN FRAILE Y pensar que nadie desabrochará mi camisa con manos de paloma, ni hará caracoles en el vello de mi pecho porque ya tengo un amor que es Todo y Nada... Y saber que soy un guerrero que reza como un almendro.
De “Humo verde”. Accésit Premio Iberoamericano Víctor Jara Amarú. Salamanca 2003 83
TOMA en tus manos este jersey tejido en nudos de memoria. Consérvalo, porque algún día recordarás las manos desgastadas que lo tejieron en las noches de tu infancia. Y no podrás volver. Y tendrás frío cuando descubras que vivir a veces es llorar. Abrígate con el amor que en el jersey está trenzado: lo que nos quita el tiempo ha sido el tiempo quien lo ha urdido en formas misteriosas y sencillas que hilvanan nuestras vidas a otras tramas. Es imposible amar fuera del tiempo, nada infinito hay que se alcance sin su hebra aunque la hechura de su amor nos muestre su belleza en sacrificio sólo al perder a quien más hondo nos ha amado. No pienses, como Eliot, que sólo el tiempo vence al tiempo, porque el tiempo es invencible. Más bien realiza hazañas cotidianas: piensa en mamá, aprende a tricotar tus horas en ofrenda: —punto de arroz, ochos perdidos, espigas que se cruzan con las agujas de la vida...—
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Ponte el jersey y teje otro jersey para tus hijos. De Poemas para mi hermana Accésit Premio Adonáis 2006 —Rialp 2007—
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8 DE JUNIO Nací el 8 de junio. Toda la luz se derramó en mi sangre, pero hace tiempo que no encuentro ni la luz ni mi sangre. Pensé que era mejor poner mi vida muy lejos de las cosas que he querido, muy lejos de las cosas de este mundo, muy lejos de tu amor, que ha sido el mundo. Me fui fuera de ti para poder volver un día curado de la bestia que me ocupa. Pero la bestia se ha hecho grande, tan grande como puede hacerse un hombre, y vamos los dos juntos de la mano camino de la muerte: ¡si me vieras!, los ojos que quisiste son agujas clavadas hacia dentro. Soy uno de esos hombres que desguaza las flores con sus botas de jinete. Consumo polen ácido, comulgo reno crudo, escupo arcilla. Me digo con palabras que les lamen los ojos cancerosas a los ciegos. Confieso que he bebido cera hirviente tratando de sellar todas mis puertas. 86
A veces, si mi bestia se ha dormido, planeo una manera de escaparme: me visto un traje nuevo, me anudo una corbata, mas, vueltos al espejo mis dos ojos, descubro que me mira un hombre muerto. Y entonces, inhumano, desterrado, retorno al colchón sucio de mi siglo y cumplo un año más lejos de todo. No he vuelto a escuchar luz. No he vuelto a besar pulso. Me alumbran y devoran la garganta estrellas tan brillantes que son negras. Mas dejo testimonio de que todas las noches de mi vida he pronunciado tu nombre con gemidos animales. Tan fuerte te he llamado que no existe frontera entre el aullido y mi persona. Quizá sólo fui alguien un instante del 8 de aquel junio de aquel año, lo mismo que son hombres los que lloran y dejan de existir los que no aman.
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I. ELEGÍA y enterrar a los muertos. Mi querido Javier: esa es la última manera de amarte de entre todas las maneras de amor que en este mundo son posibles. Darle tu cuerpo a la ceniza, mi guerrero Javier, para el que nada era bastante, mi vehemente corcel, que alimentabas tu alegría con polen de amapola y nieve amarga y ahora ya no tienes alegría, amigo sepulcrado, y ni tu rostro refleja lo que fuiste: potro en vuelo. No tiemblan tus arterias a deshora colmadas de traspasos y de escarcha ni acudes a mis ojos, como antes, después de estar perdido 9 días, 9 nocturnos días, entre bocas que muerden tus pezones y te escupen y vuelven a morderte y te intercambian de gramo en gramo, cuerpo en cuerpo, mientras tu corazón busca el olvido.
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Pero esta vez volviste sin olvido y fue el dolor tan obvio que encontraste descanso en el batir de otras espumas. No vas a regresar hasta mi vida en busca del perdón que siempre hallabas en atrio de mi labios, mi silencio, mi forma de quererte de otra forma que nunca te bastaba y sin embargo sabías que era amor, que era amor limpio. Yo quise de tu ser la lumbre ebria, no un rayo que la noche se tragara. Y ahora, todas juntas, las tormentas me entregas en tu cuerpo amoratado para que con mis manos en un surco de estiércol y de sombra lo abandone. Javier, tanta fiereza ¿dónde ha ido? Y aquella bruta fuerza ¿qué alimañas, insectos y raíces alimenta? ¿Por qué has querido darme por destino ser casa de tu nombre y estas uñas que no puedo limpiar y con que araño, Javier, mi corazón, que fue tu almohada y es hoy tu sepultura y mi desvelo? Javier, hermana furia, sangre amiga, ¿qué vínculo verbal no has desatado entre esta muerte mía y el exceso de amor que en cada abrazo te encelaba?
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II. RESPONSO Que los potros de Cristo te salgan al encuentro. Que canten para ti los coros de los ángeles y que el gesto rotundo de tu animal mandíbula sea ya, solamente, belleza. Espero que ahora entiendas mis lágrimas absurdas sobre el cuerpo del mundo tantas veces vertidas. Porque esos manantiales, que riegan las praderas que ahora estás pisando, son pena trashumada que mi llanto por ti —Javier, el de los ojos oscuros y palomas, Javier, el de los brazos palabra y arteriales— roció sobre las verdes llanuras de la patria. Yo quiero que descubras en esa luz total, que, al fin, todo lo explica, que el llanto que se llora sobre el cuerpo de un hombre engendra en el Edén arroyos de agua virgen para aquellos que amamos en este valle oscuro. Bebe en ellos, Javier, guerrero hermano mío. Tú que estás en la vida, no te olvides de mí.
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CASTIDAD Dime tan sólo que tan sólo mi vida ha sido inútil, pues declara von Balthasar que no hay otra belleza más honda en el amor que el simple acto de amar sin beneficio. Dime sólo, tan sólo, que mi angustia ha sido eso: despojo de mí mismo en manos rotas, la eterna profesión de amar de balde.
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EMMANUEL Cuántas veces, Emmanuel, he querido mostrarte lo que sé para que tú me digas las cosas que no pueden aprenderse. Yo te hablaré de Ulises, que viajaba buscando a su familia. Y de Francisco que huyó de su familia hacia la nieve y fue misericordia entre los lobos. De Eckhart, de Hildegarda, que en la nada abrieron una puerta a lo que oriente tenía de común con occidente por sendas del amor, que todo lo abre. De Edith, la judía, y Federico que amaron contra el tiempo de su tiempo y fueron sepultados en la noche de todos los espantos de algún tiempo. Un día te diré por qué mi voz es tan terrible aun siendo, como soy, un hombre bueno. Y tú serás la más honda alegría, mi vida en otra vida, mi terrible razón para abrazar el signo incluso del tiempo que no tengo por delante.
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Tú, con tus 4 azules años, el hijo de mi hermana, mi otra alma; mi amigo, mi Emmanuel, el compañero del siglo que sin ti no emprendería.
De Actos de amor Premio Nacional “José Hierro” 2011 Universidad Popular “José Hierro” 93
GRÚAS Me conmueven las grúas en invierno. Parecen estar vivas y cumplir su vértigo llenándose de grajos que bordan en su acero un pentagrama. La esencia de las grúas son las aves de paso. Las cruces de este siglo, donde todo se mueve, son las grúas: inmóviles, calladas, imposibles. Yo he querido ser grúa muchas veces, recibir la nevada antes que el mundo, los pájaros, los rayos matutinos, y ser desmantelado cuando acabe la obra en la que elevo humilde carga. Las grúas son amigas de los pájaros. Que vengan y se posen en mis hombros mientras huyen del frío es mi deseo. Que canten para mí, ser para ellos el árbol más sencillo, pues apenas un eje vertical y un brazo abierto conforman mi estructura permanente. (Vendrá la muerte a dar vida a este sueño haciéndome también ave de paso). Y, mientras, ser tan sólo un trasto útil entre el cielo y la tierra. Algo invisible a los ojos de todos pero nunca al ojo diferente de los grajos. 94
DEDICATORIA A la taxista de Madrid que después de una noche de juerga y de pecado me condujo al hotel y hablaba de sus hijos, y llevaba un abrigo poblado de pelusas, y unas gafas antiguas, y una trenza de amor trepando por su espalda; a la taxista que decía que aparcaba a las ocho y se iba para el piso del barrio de San Blas a hacer el desayuno; a la dulce taxista que nunca he vuelto a ver y en la mágica hora en que las azoteas de Madrid se teñían de rosa y algún pájaro mostraba en el reverso de sus alas abiertas un rosa más intenso sin duda proveniente del lado de la aurora; a la hermosa taxista que vio mi vida entera desfilar por mis ojos 95
en el retrovisor de esa clara mañana, la vida que salvó, la mía, aquí le dejo.
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QUIZÁ UNA GOLONDRINA Como en el cuadro de Fra Angélico, un pájaro, quizá una golondrina, salta esta tarde entre las bóvedas del claustro buscando una palabra en que anidar. Y aunque no es este el año uno ni estamos a finales del Trecento, aunque ni el manto del azul más limpio podría cancelar todas las deudas que tengo contraídas con la vida, aunque, Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa y la ilumines, quizá, precisamente, por mi pobre materia de hombre pobre y desvalido, quizá porque este cuadro de Fra Angélico me invita a adivinar que tú sí puedes, quizá por esta humilde golondrina que salta, como aquella del Trecento, entre las bóvedas cuajadas de estrellas rutilantes de este claustro abro mi corazón y exclamo: fiat.
De Yo he querido ser grúa muchas veces Premio Tiflos 2013 (Visor. Próxima aparición) 97
ENTRE HOMBRES (43 estudiantes desaparecidos en Iguala, México) Y ahora piensa en un hombre que está meando sobre un valle cubierto de amapolas. Míralo: se ha plantado con sus botas bien curtidas y limpias sobre el borde del valle. Se sujeta la verga con los guantes de caza y mea de un extremo al otro extremo del valle de amapolas mientras apura un cigarrillo. La fuerza de su orina hace temblar las amapolas. Su meada penetra tierra adentro hasta el temblor de la amapola (—y acaso más al fondo; digamos, por ejemplo que hasta el borde quebrado de una falla—). No es este un hombre imaginario de simbólicas botas bien lustradas; ni orina que se piensa, ni guantes que se escriben sujetando una verga literaria sobre un valle ficticio. Decimos que este hombre es un hombre bien hombre, y que en el fondo no ficticio de este valle hay huesos calcinados, hebillas calcinadas, zapatillas y botas calcinadas junto a membranas y cuadernos, diccionarios y lenguas calcinadas.
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Digamos que este hombre se sacude la verga y, apurando el cigarrillo, lo apaga con la punta de sus botas y vuelve a su Volkswagen. Este hombre soy yo —no me gustan los hombres que no sospechan nunca de sí mismos— y ahora te doy asco. Carece de importancia: bienvenido al poema.
Antonio Praena Publicado en la antología “Los 43 poetas por Ayotzinapa” (México) 99
NANA PARA UN NIÑO SIRIO Si me permites esta nana, que es para ti aunque en verdad intenta desterrar mi pesadilla, quiero pedir perdón por haber visto tu foto en las portadas y haber vuelto a escribir la palabra belleza. Pedir perdón por haber entregado mi vida a un Dios monstruoso que no abraza a los niños cuando buscan la mano de su padre entre las olas y encuentran sólo arena. Perdón por no saber quién es el padre y es el hijo en [esta historia, por preguntarle a Dios si tiene un hijo, si alguna vez lo tuvo, si lo escuchó sudar alguna noche, o si me escucha a mí decirle que lo odio porque ha dejado de ser Dios y es ahora tan débil que esta noche se ha sentado a mi lado y escucha mis lamentos hipócritas, burgueses, monstruosos, circunstanciales y eternos —como las cosas de los hombres—, culpables e inocentes —como las cosas de los hombres—, animales y angélicos como las cosas de los hombres 100
que pedimos perdón 70 veces a un Dios que ha amanecido en esta orilla en la que acaso soy yo el mar y acaso tú la orilla, desconocido niño al que pedimos perdón por convertirte en el pretexto por el que sigo caminando con camiseta roja, pantalones azules, zapatillas de estreno. Y te hablo a ti, niño del mar, que has venido del mar lo mismo que las vidas que vinimos del mar y al mar volvemos aunque el mar nos escupa.
Antonio Praena Inédito 101
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LO QUE LEO DE LOS OTROS ME LLEVA A MI RECUERDO DESDE DENTRO, A LA MEMORIA DE MI MISMO, DESDE DENTRO. (O: ¿SON ESTOS MIS PIES, O SON LOS TUYOS?) Inspiración sobre pensamientos de Ibn Hazm
el sol cuando amanece no es culpable de que mis ojos débiles no sepan admirarlo. ** ¿por qué si soy envidiado, yo me quedo envidioso, casi siempre? ¿por qué si soy anhelado, yo me siento anhelante en casi todo? *** si a la tarde rompemos nuestro trato, es como volver de rico a pobre. si después de romper vuelve el abrazo, es hacer el revés: pasar de pobre a rico. 103
**** si tú no me amas, es como estar al lado de una tumba. ay, qué cerca estamos... y sin embargo nos separa la gélida losa que la cubre. ***** si tú me amaras, incluso la simple vecindad sería ya un alivio. bastaría acercarme a tu cauce para mermar la sed que me está ahogando.
(agf)
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Epílogo
Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles, y mostrad vuestra ciencia para que se vea quien es el que sabe. Y es que aunque queméis el papel nunca quemaréis lo que contiene, puesto que en mi interior lo llevo, viaja siempre conmigo cuando cabalgo, conmigo duerme cuando descanso, y en mi tumba será enterrado luego
(Abu Muhammad 'ali Ibn Hazm; Córdoba, 994 - Manta Lisham, 1064) Autor universalmente reconocido del célebre tratado “El collar de la paloma”. Ibn Hazm murió en Huelva en 1064 y está enterrado en las inmediaciones de la hacienda de Montijas, no lejos del Campus de El Carmen. Hubo en su vida un trágico episodio: la célebre quema pública de sus libros en Sevilla; acontecimiento que le inspiró este poema.
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Guía de páginas
Prólogo .................................................................................... 7 Poemas de Blanca Sarasua ........................................ 11 Poemas de Antonio Manilla ...................................... 35 Poemas de Sara Otero ................................................ 59 Poemas de Antonio Praena ....................................... 81 Inspiración sobre pensamientos de Ibn Hazm ........... 103 Epílogo ................................................................................ 105
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