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RESONET VOX POETAE, VIII ENCUENTRO POÉTICO

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Octavo Encuentro PoĂŠtico en

San Miguel de Escalada


Octavo Encuentro Poético en

San Miguel de Escalada

“RESONET VOX POETAE”

Antonio Merayo Marta Muñiz Julia Conejo Antonio Agudelo


Prólogo

Una concordancia poética Don Maurilio Pérez González, catedrático de Filología Latina en la ULE, fue uno de los comisarios de la exposición que tuvo lugar en la sede de Botines de la capital leonesa, en el año 2010, “In principio erat verbum. El Reino de León y sus beatos”. En el voluminoso catálogo de la exposición, aportó, - amén de su trabajo de comisario -, textos, asesoría científica, fotos...; y dos pequeños detalles, reflejados en las últimas páginas del libro-catálogo que quizás puedan pasar desapercibidos para el gran público. Se trata de los colofones de los beatos de Tábara y de San Miguel de Escalada, su traducción y sus comentarios, y con sus notas incorporadas. No quiero, ni puedo, discutir los conocimientos del filólogo latino. Pero, sin polemizar, quisiera reseñar modestamente que, después de las jornadas previas de conferencias, y ahora en este catálogo de la exposición 7


(en lo que se refiere a los beatos), seguimos sin argumentos “concluyentes” en muchas cosas relacionadas con estos libros iluminados; y más concretamente con nuestro Beato de San Miguel de Escalada. Por ejemplo: en lo relativo a la localización del autor del libro de Maio, en el momento de sus trabajos en el mismo. Es decir: ¿dónde se hizo el beato de Escalada?... Creo que hasta el profesor Don Maurilio Pérez deja abierta la cuestión, sin admitir una razón “concluyente”. Ahora voy a referirme sólo al colofón del Beato de San Miguel de Escalada, donde Maio esconde su nombre en el acrónimo de los versos de este poema autobiográfico: MEMENTOTE... AD PABOREMQUE... INTER EIUS... UT SUPPLETI... SIT GLORIA... Y más concretamente al verso que dice textualmente: AD PABOREMQUE PATRONI ARCISUMMI SCRIBENS EGO, IMPERANSQUE ABBA VICTORIS... El profesor de latín medieval de la ULE, lo traduce así: “Escribiendo ante el temor al más excelso protector, yo, bajo el mandato del abad del Vencedor...” , con la explicación en la nota siguiente, citando a VICTORIS: 8


“Epíteto referido y aplicado a Cristo, que resucitó después de muerto. Esta posibilidad es preferible a traducir “bajo el mandato del abad Víctor”, pues en este caso hay que admitir un error de concordancia”... Yo recuerdo que por concordancia gramatical se entiende la conformación de accidentes gramaticales de palabras variables con respecto a otras, a las que acompañan, para precisar su significado. Por ejemplo: artículos y adjetivos respecto al sustantivo; al verbo respecto al sujeto; o al relativo respecto al antecedente: Pero eso es en términos de gramática. También recuerdo que la concordancia musical es la justa proporción que guardan entre si las voces que suenan juntas. Mas, tampoco hablamos de música. Hablamos de poesía; porque el colofón es un poema. Y la concordancia poética es otra cosa. Tiene otras reglas. Admito que VICTORIS (genitivo) puede tener buena concordancia según traduce Don Maurilio. Pero todo es discutible, sobre todo en poesía. En el principio de este mismo verso: «AD PABOREMQUE...» hay una falta (al menos ortográfica). Porque PABOR, en latín, no existe. Lo correcto sería PAVOR-PAVORIS (de paveo), que significa pavor, miedo, espanto; «temor religioso», según Silius Itálicus. “Paveo”, es temblar de miedo, estar lleno de pavor. “Noctem paventes navitae” es una expresión poética que se refiere a algo parecido a esto: “los marineros temiendo la noche”... Hay una concordancia poética, que se salta las reglas más comunes, para embellecer las palabras, 9


que nos podría ayudar a traducir VICTORIS de otra forma, sobre todo sin olvidar que aquí victoris es un sustantivo común, y no uno propio... : - “victor- victoris (de vinco)”, es: vencedor. Pero, como decía Virgilio, poéticamente, “victor” es aquel que ha conseguido su objetivo, y su objeto; el que ha colmado su deseo; el que ha alcanzado una cosa largamente ansiada... También, en este verso, tenemos otra palabra compuesta, que puede leerse con una concordancia poética distinta. Me refiero a IMPERANSQUE... “Scribens ego, et imperans...” (el sufijo que es igual a et) ...»impero» es mandar, dominar, ser dueño. La raíz le viene de “in” y “paro”: disponer, gobernar. Y parece que no se habla de encargar, ni de pedir una cosa, sino de mandar, ser dueño, gobernar, estar al mando... ¿Es eso mismo lo que quiere decir Don Maurilio, cuando dice que el giro «IMPERANSQUE ABBA VICTORIS» debe ser tomado como un «nominativo absoluto»? Con una buena y sana concordancia poética, (y hago hincapié en “poética”) el citado verso se podría traducir así: YO, ANTE EL SANTO TEMOR (RELIGIOSO) DEL MÁS ALTO (DEL MUY GLORIOSO) PATRON, ESTOY ESCRIBIENDO Y (A LA VEZ) MANDANDO, GOBERNANDO, (COMO) ABAD QUE HA COLMADO SU DESEO... ¿Podríamos entender que el autor de este libro, y de este colofón poético, era un dueño del mismo monasterio?, ¿o que estaba al mando de la abadía, como parece ser que estaba el abad Recesvinto en esa misma época?. 10


Tal vez. El primer verso comienza con RESONET VOX FIDELIS... Y su primera letra, la R, está adornada por una cruz mezclada con un báculo de abad (?)... Y esta letra pudiera ser de RECESVINTO... Y además, no se conoce que hubiera ningún abad llamado VICTOR... Tampoco este giro poético es un dato «concluyente». Pero, puede. Pudiera o pudiese. Al menos me consuela que «TAMPOCO»... *** Este año 2017, dedicamos el Octavo Encuentro Poético en San Miguel de Escalada como recuerdo y homenaje al libro iluminado, - lleno de luz – que nos dejó Maio a finales del siglo X. Un libro de Luz para todos los creyentes coetáneos del Abad Recesvinto, temerosos de próximo juicio futuro, tan cercano y profetizado unos años antes de cumplirse el primer milenio de nuestra era. Por ello, titulamos a esta edición “Resonet vox poetae”, y nos atrevemos a componer un colofón singular, que irá al final de este libro actual de poemas y de luz. (Alfredo García coordinador de los Encuentros Poéticos)

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Antonio Merayo

Vivir “en aquel tiempo azul”.

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LA POESÍA EN PERSONA En medio de las horas que habitamos, sin más ventanas que los sueños rotos, nos ofrece su intensa transparencia. Descubre entre nosotros atajos impensables y se acerca con música en las manos. Sus manos curan nuestro tiempo herido, su voz entreabre el universo, su mirada se sale de este mundo. Reanima con su boca los sueños moribundos, nos señala el camino para adentrarnos en nosotros mismos. Hace posible que entendamos la libertad del viento, el canto del aroma de las flores y el lenguaje del tiempo. Hace posible que amanezcas si en las afueras del amor anochecieras corazón adentro. Conoce los secretos que ocultan las palabras y logra desatar el triple nudo de lo que vivimos. Se esfuerza en impedir que el niño que fuimos algún día se asfixie dentro de nosotros.

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Sus pies descalzos señalan los caminos para llegar al centro de lo que sentimos, y descifra las aves sensitivas que anidan en los árboles de los días frutales. Sugiere más allá de la última palabra; para que crezca el trigo se hace semilla enamorada de la tierra, más que hablar de la lluvia es lluvia sobre los sembrados, más que leer en las páginas tibias de este mundo descifra lo que importa, nos fortalece las raíces y las ramas, y le gusta quedarse a vivir en nosotros para siempre.

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II Ser la propia escritura. Ser verbo que palpita, recuperar la primigenia transparencia. Escribir para ser lo que pudiendo ser apenas somos. Nombrar la flor para que exista y nos descifre. Extraer de su raíz antídotos contra males sin nombre. Decir lo no sabido para aprender la claridad. Trascender la apariencia, que es pájaro que miente. Desnudar la palabra en su trance más lúcido. El verbo brota en lo que somos o es corteza de nada. Respirar el lenguaje. Decirnos hacia dentro. Que el verbo nos revele lo oculto en las raíces. No quedarse en sinónimo de lo que nos defina. Escuchar esa música exclusiva de lo que no revela. Llegar a ser lo que la luz nos dicta. Ser escritura para ser los matices del aire, la pulsión de lo nítido, metáfora con fruto. Llegar a conocer lo que pudimos haber sido. Ser la propia escritura, pero, también, lo que no alcance la palabra. (De Una vida para la literatura)

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EN ESTA OSCURIDAD En esta oscuridad no cabe un hombre sin reducirse estrictamente a carne y hueso y empoquecer su altura ilimitable en el redil disforme del ocaso, socavando la altura necesaria para entrever algún sentido a la existencia y descifrar claves no reveladas porque nos empeñamos en aprender lo hueco y residir en las afueras de la vida cultivando la nada o precipicios, como si dentro de nosotros no existiera un río purificador allá en las cumbres, un revuelo de aves profundísimas anidando en el árbol de las horas, la redención de los silencios más heridos, el fuego necesario de las desataduras, la emanación lumínica del alba que irradia signos germinantes y nos dibuja un mapa puro en el aliento al abrirnos estrellas en las manos para cambiar el rumbo opaco que seguimos y desencadenar el ángel de la luz sobre la faz anochecida de este mundo cuyo sudario encubre podredumbre que hemos de erradicar como quien quita noche a la mañana y siembra una esperanza entre sus sombras en profusión de claridades que den sentido hondo a transitar el tiempo por el lado más bello de la vida. (De Alcance) 17


II En aquel tiempo azul, vivir era una música que agrandaba los sueños, era un revuelo de ilusiones con azúcar y era lo más frecuente jugar al escondite y hallar una emoción en cualquier parte. Mi madre me zurcía los sueños que se me rompiesen y mi padre cazaba las aves engañosas que surcasen el cielo de mi infancia. Mi hermana le prestaba el corazón a una muñeca, que luego la muy lista pretendía hacer una muñeca de mi hermana. Y en ocasiones yo arropaba con mirada inocente espantapájaros que la lluvia y el viento sin pena alguna habían maltratado. Con un tambor de hojalata lograba que el silencio tuviera que taparse los oídos. Con una bicicleta mínima, llegaba más allá de lo que nadie imaginaba, aunque se estropease, a veces, y tuviera que regresar andando hasta mí mismo. Mi ángel de la guarda descendía del cuadro muy temprano y no paraba en todo el día de vigilar mi corazón aventurero, que sintiendo y sintiendo llegaba a unos lugares donde la noche no existía.

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A casa de mis padres, el cielo entraba por la claraboya: sabía de antemano que iba a ser recibido de la mejor manera a cualquier hora que llegase de un azul elegante o con la ropa gris de los días de lluvia. En el desván había abandonado un viejo violín que al acercarme sonreía; pero como mis dedos no entendían su corazón de música, se desilusionaba igual que un niño al que se le rompiese un sueño muchas veces soñado. En el rincón de las goteras, se amontonaban tantos libros viejos, que yo pensé que en ellos debía estar escrito el mundo, y que por eso nadie podría saber tanto como la oscuridad y los ratones que en sus ratos de ocio los leerían. * En aquel tiempo de horizontes, la vida era una fuente inagotable de asombros que bebíamos para saciar la sed que imaginábamos. Se despertaba el día con trinos en los ojos. Un perro cazador bordaba el aire ladrando a las palomas somnolientas que descansaban de sus vuelos sobre tejados de pizarra. Y el lobo se escondía en nuestro miedo. El ruiseñor ponía la música a la letra del paisaje. Las llaves de la lluvia abrían poco a poco las cosechas, y el eje de los carros del país se volvía zanfona que anunciaba a su dueño en la distancia.

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Y una niña jugaba a ser mujer antes de tiempo, mientras yo la esperaba ilusionado dentro del corazón, y una de sus muñecas, feuchilla y desgreñada, soñaba en parecérsele algún día. Por entonces, el tiempo era un juguete con cuerda de ilusión. (De En aquel tiempo azul)

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III Aquí puede dejarse el corazón abierto a todas horas. El tiempo abre los ojos y se detiene a contemplar este paisaje del asombro que el dios de las cosechas favorece. El viento es el fantasma del castillo al que el herrero liberó de pesadas cadenas a cambio de favores que a mí me reveló una tarde en que una gran tormenta dibujaba furiosos garabatos sobre la tenebrosa oscuridad del cielo. En épocas lejanas, una culebra fabulosa custodiaba el secreto del castillo, mas a medida que crecíamos, el enorme reptil iba desvaneciéndose, hasta expirar un día, después de trasladar hasta un lugar ignoto, los preciados tesoros de la infancia. Aquí quien puede vuelve. Los personajes del Quijote, cuando logran salir del libro, vienen a este lugar en donde las bodegas atesoran aromas y penumbras, y el olor a manzanas que maduran en un cuarto con piso de madera, nos sale a recibir como si fuéramos su árbol. En la memoria sigue sonando la campana del reloj de la torre hace ya tiempo desaparecido. Por los recuerdos vuelve una niña de aire que aviva el fuego que ahora necesito si estoy a punto de apagarme. ¿Cómo iba yo a saber, viviendo en este pueblo, que no todos los árboles dan fruto? (De En aquel tiempo azul) 21


XVI El niño que yo fui me mira fijamente, me observa con tristeza, me ve desorientado en esta hora de insomnio y desencantos, de presupuestos y de máscaras, sin ser como él imaginara cuando la edad lo desterrase de su mundo. El niño que yo fui me mira desde el tiempo en que el asombro era tan grande como un sueño y las ventanas daban hacia un mundo sin límites y hacia el lugar más soleado de sí mismo. Si escarbo en el recuerdo, toco aquellas raíces sin mentira; si respiro muy hondo, a veces me reanima el aire salutífero que la fruta aromaba, y el niño que yo fui se decide a escribirme los versos más lluviosos en el cuaderno de sequías que tengo abierto entre las manos. (De En aquel tiempo azul)

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XVII Recuerdo que contaba historias transparentes como si fuese un viento infatigable que aún creyera en los hombres. Amigo de la brisa y de los sueños por lo que asomarse a respirar otras atmósferas, un día nos abrió su mundo y descubrimos una luz distinta a todas. A quienes lo escuchábamos, nos decía caminos hacia nosotros mismos y hacia lugares únicos donde el tiempo acrecienta su sentido. Usaba un diccionario de horizontes y hasta la noche resultaba luminosa en sus palabras. Quería que supiésemos lo que se calla el alba. Había comprendido la realidad oculta en los sueños de amor y gustaba los frutos de los árboles buenos. En sus océanos mentales nadaban esos peces absolutos que descubren los íntimos tesoros de los hombres. Sus pájaros de otoño volaban más allá de la nostalgia, y en su ternura cualquier ave podía hallar el nido que buscase.

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Cuando la noche daba miedo, o un vendaval desvencijaba la claridad que tanto apuntaláramos, llegaba siempre a tiempo de prestarnos la ayuda necesaria. Y los días de invierno en nuestro ánimo, cuando la soledad se convertía en un lobo famélico en nuestro pecho, encendía una lumbre de saberes para ahuyentar a la alimaña. Tenía muchos años, muchas sombras metidas en los huesos, muchas raíces secas para siempre y, sin embargo, no recuerdo que se nublaran para nadie sus lecciones de afecto. Cuando murió nos dimos cuenta de que las horas se quedaban más solas para siempre. (De En aquel tiempo azul)

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XIX Tenía el vagabundo muy pocos años más que sus primeras penas. Sus días menos tristes eran aquellos en los que conseguía sentir una ilusión, aunque no fuera grande e incluso en ella hiciese frío. Sabía lo que piensan los caminos al observar las actitudes de los hombres y comentaba con los pájaros, los árboles y el viento, las vidas tan ramplonas de los que sólo a ras de tierra sienten. No tenía monedas para viajar hasta el recuerdo de una infancia con sol en escasos momentos, o para dirigirse hacia un futuro que no fuese peor que el sórdido presente. Un tiempo algo más claro hubo en su vida, según dicen, pero pronto la noche, como ave al acecho, volvió a extender sobre él sus alas de infortunio. Formaban su familia, la soledad, los sueños rotos, la intemperie, la angustia, las puertas que se cierran y algún otro pariente que no quería recordar. (De En aquel tiempo azul)

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TAREAS PARA MAÑANA Reutilizar los sueños oxidados, reparar esperanzas, darle la vuelta a la tristeza para hallar su otra cara, reanudar relaciones con amistades averiadas, ponerle medias suelas a los zapatos con que andar por las nubes, remendar alegrías, plantar árboles frutales aunque no sean los más altos, ver si todas las dificultades son serias o si alguna resulta divertida, rehabilitar la casa común de la solidaridad que se halla deshabitada cuando tantas personas sufren a la intemperie. Mañana será otro día. Espero que amanezca pronto.

SARA PÉREZ-PAVÉS, IN MEMORIAM (fragmento) Tenía los ojos del color de la alegría de vivir. El tiempo se detenía a contemplarla y por eso tal vez ella no envejecía. Radiante, salutífera como una fuente de agua transparente, capaz de hacer un fuego con leña inentendible. La encontraron muerta en la cama, con las gafas puestas y un libro entre las manos. Sara se murió leyendo, una vez más, la vida.

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SINFONÍA EN DO DE PECHO La lucidez incomprendida / de las estrellas apagadas en tus labios, / la imperfección de la belleza remilgada, / las arterias del aire / soñando ser pájaros azules, /el viento comedido / y su futuro incierto, / la ecuación de los silencios amordazados, / ojos que son la fiesta del instante, / la operación a verbo abierto / siempre tan arriesgada, / la hondura y la fragancia / de los sueños contigo, / el calendario deshojado / sin ni siquiera ser otoño / que desconcierte al tiempo / y a nosotros que somos / sus hijos preferidos, / la acústica del miedo / que sobrecoge a la canción que era feliz, / el director de orquesta cuya batuta siembra / lo que cosecha / el espíritu atento, / el consuelo encontrado / pese a las ilusiones rotas / entre tus muslos transparentes, / la voz azul de la extrañeza / que resucita a un vivo / con la angustia hasta el cuello, / el triste rictus de las castañuelas / que parecen felices y solo lo parecen, / los cómplices que ayudan / a descifrar la vida, / esa voz que de pronto / despierta los sentidos / que parecían rotos, / la marioneta liberada de los hilos del sistema / urdidos con engaños, / el acordeón sin música porque se siente fuelle necesario para avivar la lumbre / que atenúa el invierno / que llega hasta la médula / del hombre sensitivo, / la cámara que filma / el esqueleto de la música, / la injusta situación de la maleta que el destino apea a última hora, / el bolso del vacío / que guarda sus propio recuerdos, / las ataduras a la danza / impuestas por aquellos que deberían ser juzgados, / el sinsentido gris de las palomas que no existen, / la cerrazón de quienes permanecen presos en sus propias mazmorras, / el llanto en seco, los eclipses de amor / y todo lo demás que casi todos conocemos. 27


TÚ MEDIAS A TODOS POR TI MISMO En memoria de José P. Garrido Crespo

Recuerdo que traías en los ojos de par en par abierto un horizonte de bondad indefensa. Tú creías que al viento no intentan enjaularlo por ser ejemplo de la libertad, que no son falseados los mensajes del alba, y que a quien no se aviene a compartir la broza, acaban algún día crucificándolo a sabiendas. Tú medías a todos por ti mismo y no podías comprender las máscaras que ocultan gestos despreciables, el corazón que tiene sentimientos de barro, las redes acechantes de lo turbio y las nubes que intentan difamar todo el azul del cielo. Y abriste las ventanas a soles estancados por las argucias del invierno, quisiste ser la pierna que le faltara al cojo, estatura sin límite para el bajo por dentro, y en la noche insensible dibujaste una estela de luz acompañante.

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Por eso, que te encuentres, para siempre, al otro lado de la vida, y nosotros aquí, padeciendo tu ausencia, padeciendo la cruz en carne viva de no poder matar tu muerte con la vida de todos, nos mutila las horas, nos nubla las esferas del futuro.

LA ARPISTA DE LA LLUVIA Me sedujo la arpista de la lluvia. Yo llegaba empapado de escribir mis secretos con un dedo en el barro. Su música fragante me abrió verdades diferentes. Sus dedos eran luz que redimía mi noche a corazón abierto. Tensaba íntimamente las cuerdas de su arpa y de mis sensaciones. Su plenitud era un milagro, me ofrecía jardines y rezaba el aroma de la tierra mojada. El tiempo era un esqueje en su mirada penetrante y simbólica. Mas todo se acabó la sequía.

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HICE NOCHE EN TI Hice noche en ti. Qué goce fue habitarte. Tu cuerpo ardía entre mis manos, y yo me convencí de que el prodigio existe. Hice noche en ti, pero hube de seguir camino cuando vino a buscarme el alba. Desde entonces, mi corazón no logra esclarecerse.

YA QUEDA POCA LUZ Ya queda poca luz en el lenguaje de la tarde. Las aves del silencio sobrevuelan nostálgicas mis íntimos paisajes en los que tú te bañas desnuda como un aire puro. Ya se intuye el asedio que la noche prepara detrás de las montañas; pronto se acercarán ebrios de oscuridad sus personajes desmedidos. La memoria se puebla de fantasmas que hieren; pero, si tú estás conmigo no sentiré a tientas, aunque se haga de noche en medio de mis versos.

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AMARTE Amarte de fuera adentro, desde los pies hasta los sueños; amarte a deshora, a destiempo, en medio de la niebla o bajo el sol que nos decimos; amarte para arder por completo y no morirnos; amarte en las palabras del libro, apasionado, que eres tú y en el que yo releo lo que escribimos juntos; amarte muy despacio para disfrutar deprisa; amarte a la intemperie o entre cuatro verdades con ventanas que dan hacia nosotros juntos; amarte en el silencio que abre puertas insólitas; amarte a pecho descubierto, a traición y sin trampas, con el caudal que para ti en mi está fluyendo; amarte sin demora demorándome en ti hasta parar el tiempo; amarte con la melodía del río en que me convierto para que en él te bañes, te sumerjas, y descubras los peces que nunca habían existido; amarte con mis manos de suavidad inesperada y que no tienen cuando no estoy contigo y el instante se torna eternidad increíblemente; amarte sin medida; amarte a quemarropa, a bocajarro, sin rodeos, sin con luz y sin orillas; amarte de tal modo que sueñes tú los sueños que tú siembras en mí; amarte a manos llenas, de palabra y de obra, con razón o sin ella, mirándote a los ojos como sólo a la vida se le puede mirar; amarte desnudándote hasta de lo invisible; amarte aunque se fatigue el aire que respiramos al unirnos; amarte, sí, con cada uno de mis versos, hasta con los que aún no he escrito; amarte, sí, amarte de todas las maneras, hasta de las que ignoro que puedo llegar a amarte. 31


HUELLAS Son huellas no palabras con que escribo el poema. Son huellas de mí mismo y vuestras, que desconozco cuando se grabaron. Son huellas que surgen de la nieve pero no sobre ella. Adónde me conducen desconozco, y por eso se vuelven un poema inesperado si es auténtico, revelador e imprevisible. Un poema de huellas, sin palabras, sobreabunda la flor de la mirada. Es un camino que no existe hasta que voy creándolo al seguirme a mí mismo.

PANORAMA Un sueño en lucha con la realidad que practica mil trucos; una mujer zurciendo la escasa noche que le queda; una sonrisa restaurando un corazón entristecido; unas manos profundas que saben cultivar ternura; una emoción que busca quien la sienta; un cielo que se quita las nubes de delante; pobres de tiempo malgastando los segundos; música de arboleda de un viento virtuosista; una película rodada en nuestros interiores; una esperanza a rastras por el suelo; una oración sin nadie que la rece; niños subiendo al corazón de los adultos, una mujer que abriga con mirarnos; y una luz que recita los mejores poemas. 32


EL CORAZÓN DE LAS PALOMAS Se ha endurecido el corazón de las palomas. Enmudecen los árboles y las leves raíces de los pájaros están siendo arrancadas de la hondura del aire. Se levanta en los sotos una hoguera cuyo lenguaje se propaga en medio de la noche y convierte en leyenda cualquier sombra o rumor. Sólo a la luz profunda de los ojos amados, por un momento el mundo es diferente y amanece y siento primavera, aunque sea noviembre sin remedio.

EL PEREGRINO Sigue las huellas de la luz desde la puerta de su casa hasta no sabe dónde. Intuye que un corazón de barro se puede convertir en claridad que siente. ¿Regresa hacia el que fue de niño o se dirige al que podría ser si consiguiera ser él mismo? ¿Será posible caminar al mismo tiempo en ambas direcciones? Después de tierras llanas y desnudas llega a bosques de asombro y de misterio. En el camino escucha voces que le dicen: “Si profanas tu luz, la oscuridad entonaría una alabanza”. Se tapa los oídos. Después, escucha el libro del silencio, en que semillas que no imaginaba dan frutos transparentes que alivian del vacío y las penumbras. El peregrino sigue y llega al interior del tiempo y entonces se da cuenta de que las huellas de la luz lo guían adentro de sí mismo. 33


PROFANACIÓN DE LA PRIMAVERA (2003) Todo resulta herido por la infamia impronunciable si no es con el silencio más sangrante. El mundo se retuerce igual que las palabras de quien no puede orar de espanto. Un niño mutilado nos salpica cuánto terror es necesario para alimento de las bestias de acero. La aguja de la dignidad fue arrojada al podrido pajar de los viles negocios. La sinrazón ha sido urdida con increíble exactitud de logaritmos sin escrúpulos. Incluso para los más crédulos resulta incomprensible la corrupción del aire. Cuando amanece aún quedan escondidas en cualquier parte de uno mismo las aves de la noche. Ya no sé qué me dicen los árboles sinceros que hasta ahora entendía fácilmente. Van a venir a interrogarnos los ángeles sin alas que se enfrentaron al dolor, porque sabed que la justicia del insomnio se ahondará en nosotros, que la verdad resultará irreconocible. Veo las turbias estrategias de los números pudriendo el corazón del tiempo. Veo que esta semana santa fue real el dolor, y que ya sólo existe paz en las conciencias corrompidas.

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UN MUNDO QUE NO EXISTE He visto un mundo que no existe. Tiene el color azul de la lluvia que fertiliza los sembrados. Esa niña tal vez me conoció cuando yo desgranaba los asombros y algo me parecía al héroe que se perdió, incomprensiblemente, en el bosque de los años. He visto un mundo que no existe, mas quienes saben ver lo entienden. Cada vecino adora a los demás vecinos y nadie de ellos cree en los dioses perversos que trafican incluso con el aire. Hay ríos que acarician voluptuosamente a quienes les entregan sus cuerpos encendidos. He visto un mundo que no existe, habitado por quienes me comprenden. No existen animales que se alimenten de la sangre de la noche. Hay caballos profundos dispuestos a llevarnos adonde el sol nos aconseja sabiamente. Los ancianos enseñan lo que aprendieron de la luz a lo largo del tiempo. He visto un mundo que no existe donde el engaño huye y a sus hijos los padres los educan a imitación del aire para que sepan respirar. Suturan las heridas con afecto y las miradas son de bienvenida a todas horas. He visto un país que no existe y que está situado en la parte más alta del amor.

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REPARTIDOR DE MADRUGADAS De sus ojos intensos vuelan palomas insondables en busca de laurel. Reparte madrugadas entre los que anochecen al borde de sí mismos, y en sí mismo descubre la brújula para llegar adonde crece la armonía. Los niños le parecen la canción más hermosa de la vida descalza por el pedregal de los adultos. Quiere salvar la vida arrebujada entre los huesos y desplegarla como un mapa encontrado en el cofre de los días extraños. Quiere incendiar las aulas y los templos donde se sacrifiquen horizontes y liberar versos amordazados en las esquinas de la tarde. Quiere gritar las puertas que nunca han sido dichas, enseñar a los árboles a defenderse de este siglo, apuntalar el mundo que se desmorona sobre las pocas flores que nos van quedando, arriesgarse a soñar aunque la realidad le duela hasta en las vértebras, rasgar la máscara al abismo en este carnaval que nos rodea, curar a los silencios, percibir los latidos del corazón del tiempo, seguir la ruta de la luz y hallar la clave del instante con lucidez de enamorado. Extraño labrador, más que el oro le alegra una buena cosecha de palabras. Si llegáis a su vida, lo hallaréis tratando de escribir un hombre

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EL FUEGO DE EXISTIR Hay un río de sueños que nunca desemboca; sólo la lucidez de las viejas palomas va más allá de lo que nunca fuimos. Ni respirar el aire a la asfixia doblega. Desde el mar que diviso sólo llegan ausencias. Tan sólo la locura logra poner al tiempo la camisa de fuerza. El fuego de existir no es sino la combustión de lo sentido. Los días son cuadrículas sobrevoladas por los pájaros. Surge la emanación de los principios. Y pronto las cenizas serán la flor de lo que fuimos.

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Marta MuĂąiz A pesar del dolor

y de la cruz...

yo canto.

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DE PÉTALO Y DE ROSA Tú me amas de pétalo y de rosa, con premeditación y alevosía, a tientas incendias los contornos meciéndome en la curva de una espiga. Cúbreme de besos espirales. Besa mis pies, mi boca, mis pupilas. Recorramos los puntos cardinales adorando nuestra geografía. Tú y yo. Tú y yo que compartimos siempre el pan, la mesa, los instintos, la dulce ingravidez de la memoria. Yo quiero amarte hasta morir del todo, hasta domesticar a mis abismos.

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Ven a explorar conmigo la belleza, esa serena gracia que se siente al contemplar -absortosel palacio de Knossos en invierno. Déjame compartir mis azaleas, todos mis paraísos cotidianos. Recibe mi alma en cada verso, sagrado centinela de mis ansias. Y cuando todo pase, cuando la nieve no soporte ya nuestras frentes, (esos surcos angostos de febril compostura) caminaremos nuevamente juntos, cogidos de la mano, dirección infinito, hacia los verdes campos del Edén. “De pétalo y de rosa”. (Inédito)

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RESISTENCIA DE LO EFÍMERO Sanabria, julio 2014.

Pasando frente al lago una tarde de domingo, el verano convoca a toda percepción de la alegría. El canto fugaz de la existencia celebra el milagro de estar vivos. El sol brilla en el agua como una perla trémula. La bóveda celeste se funde con la orilla. La montaña, inmutable. El cielo y la tierra son el ying y el yang; espejos de sí mismos conectados por una línea alba que intuye el nacimiento de la vida. Las lágrimas, la muerte y la tristeza se han quedado en el aparcamiento. El bañista es un hombre carente de equipajes, (un ser que se ha forjado de presente, seducido por el poder ingrávido del agua y la desnuda levedad del aire). Su voz ha enmudecido vacía de materia y de metáforas. Una mujer morena lee, 42


en la arena ensimismada de la playa fluvial, novelas de amor y de misterio. Un hombre se abandona al plácido gozo de la siesta. Suena el canto del mirlo oculto tras las tapias y las yedras. Risas infantiles laten en pequeñas lanchas sin motor. Acentos de fados portugueses vuelan entre las ramas de los robles. No sangran. No confunden. Son parte del complot de la utopía. Todo es una postal impresionista. El mundo contiene en ese instante el letargo de paz que necesita. Del mismo modo que es feliz el pez mientras no acechan ni el cebo ni la red, yo también soy feliz ajena y lejana al tic-tac de los relojes. Congelo en mi memoria ese reducto fugaz de paraíso. Dejo la mente en blanco. La belleza caduca no altera la perenne. El corazón tiene derecho a estar de picnic. “De pétalo y de rosa”. Inédito

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¿ATRAPA UN LADRÓN? Debería bastarme la lluvia de tus manos, esa ternura ciega que parte tu barbilla. No pretender que existan horizontes ni música cuando baje el telón, tras el fundido en negro. No esperar nada más que no lleve tu nombre. Olvidarme del mundo, desprenderme del tiempo, porque no me hace falta. Eres tú quien me salva, debería bastarme.

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Es más que suficiente. Cerremos bien los ojos, recibamos el beso y creamos, al fin, en la única escena que merece la pena, en la que el alma arde.

“El otoño es nuestro” 2015, (Tres voces, tres mundos II) Ed. Csed-Poesía.

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YO CANTO “Qué bonita es la vida cuando nos da sus riquezas” Frida Kahlo.

A pesar del dolor y del olvido, de la violencia hiriente del relámpago, a pesar del insomnio y los naufragios, yo canto. Yo canto a la inflamada llama que me quema y rescata mi corazón doliente. Canto absorta a la lluvia y al diluvio y a la furia del viento en la tormenta que, azul y galopante, azota la península mientras el vendaval me empapa de silencios. Yo canto por el niño que descubre todo el amor en los ojos de su madre y canto con pasión a la belleza que habita en las fronteras de la edad. A la ilusión bendita y a la aurora, a la delicadeza de la rosa, a la ternura en flor del tamarindo. Al igual y al contrario, a lo absoluto, al vacío y a la melancolía, a la nocturna sombra y al delirio 46


que nos acerca al límite del frío, a la risa sin fin y al llanto herido, a la rugiente furia del volcán. A la mujer sin nombre que conocí en el metro y a la niña que fue mientras dormía, a la genialidad y a la torpeza, a la frugalidad de la sandía. Brindemos por la música y los astros, por la magnificencia del otoño y por el arcoíris de colores que vimos en un viaje al paraíso. Por la tarde nubosa en nuestra isla, que rinde culto, insumisa, al litoral. Por el tango y por el itinerario que nos muestra, certera, la paloma. Por la fragilidad de tu perfume y la delicia grana del cerezo. Por el acantilado y por el mar, presagios del umbral del infinito. Por el hombre que a otro da sus manos y abre sus brazos, a corazón abierto. Por lo que es y también por lo que era. Por lo que ha sido y por lo que será. Por los que mueren de amor y nunca mueren, porque ellos son el árbol de la vida. Por las tinieblas, 47


porque ellas presagian la inminencia sublime del destello. Por lo invisible y por lo que nos salva. Por el cielo del místico y el infierno de Dante. Por Beethoven Soñando con su amor inmortal. Por la sed y las uvas, por mi casa y el huerto que algún día tendré. Por tu sonrisa blanca que no será la última. Por el rocío mágico y por tu primera vez. Por disfrutar conmigo el desayuno mientras el día renace en las granadas. Por la hermosura de todas las violetas cuando la luz vence a los girasoles. Por la locura de todas las campanas. “El otoño es nuestro”, 2015. (Tres voces, tres mundos II), Ed. Csed-Poesía 48


MUJER Quien conoce la faz de la tormenta y es capaz de entregarse al aguacero desnuda de poemas, con la fragilidad que da el amor cuando se ignoran los límites del tiempo, la misma que engendró una vez la vida mientras guardaba en un arcón sus sueños inocentes e imposibles, conoce la sed y la desdicha y, sin embargo, canta, girando entre claveles. Ella es guardiana de todos los secretos de la piel y el ombligo de su amante, porque bebe en sus agonías líquidas la espuma del deseo cada noche. Es capaz de transformar, como las hadas, infierno y pesadilla en tierno cielo. Ama la luz de inciertas madrugadas. Teme al fuego, pero a la vez es dueña del cautivo rocío de las rosas que ardieron, primitivas en el jardín prohibido de los dioses. En su vientre se agitan cien batallas que librará en legítima defensa. Jamás se cansa de esperar la dicha. 49


Es patria y es bandera, dique inmortal y ola embravecida, calle peatonal y cruce ciego. Es reina del pan y de la artesa y en sus caderas danza, victorioso, el trigo. Paloma herida, cáliz suplicante; receptora inmortal de vieja sangre vertida por soldados de la historia. Regazo eterno, luz del emigrante, eje del mundo y faro de tu isla. No profane el animal enfermo su luz serena y pura, la exquisita locura de su alma redonda y palpitante. No la roces con tu miedo y con tus sombras, ni siquiera cien pétalos salvajes podrían ultrajarla en su hermosura. Sólo en su cuello se esconde, libre, el viento. En su ternura vivirá la espiga.

Primer premio “Con Esencia de Mujer” 2015, concedido por el Ayto. de Astorga.

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CIMA DE LA DELICIA “Cima de la delicia. Todo en el aire es pájaro.” Jorge Guillén.

Mi sitio está en la tierra, al son de la cigarra, a ras de una marea muy profusa de tréboles. Soy buena compañera del diente de león y ayudante esforzada de toda buena hormiga. Las horas no me atrapan cuando me acoge el árbol con su sabiduría anillada en los troncos. Bajo las margaritas se nutren mis raíces, en la savia del bosque y su sutil clemencia. Me acaricia la brisa sonora de la piedra mientras el agua cruza una senda misteriosa, errante y cristalina, arrastrando la vida. Fundida y confundida, en comunión callada con el mundo, hija legítima de la naturaleza, apunta mi mirada hacia las cumbres; 51


y tumbada en la hierba siento un rumor de pétalos al aire, se elevan sobre mí como mi ser, en la quietud más pura. El jilguero no canta, solo sueña. El tiempo se detiene entre las ramas. Dorada plenitud. En mis labios florece la delicia. “Raíces”. Inédito

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BALADA DEL AMOR Y LA MUERTE Canta Chavela Vargas su luto en Coyoacán. Frida ha muerto. Ha muerto Frida y en sus muslos se vierten, aún calientes, anémonas de sangre empapando las sábanas que en otro tiempo ardieron como antorchas girantes de noches y deseos. Han parido el dolor como si el llanto fuese cosa de dos y se abriera a la luz como azucena. El amor ha bailado en ese cuarto un tango boca a boca. Ellas no conocieron el significado de la palabra Stop, no viven de las normas, no esperan los laureles, ni atisban arcoíris que observan los demás.

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Conocen bien la ruta de la fugacidad y el erotismo. Son la reencarnación de un lirio efímero, la explosión del amor en las alondras. Pero nunca el adiós tiene misericordia para actuar a dúo. Alguien debe quedarse para inventar el llanto. Cuando tú te hayas ido me envolverán las sombras… A partir de ese jueves, la vida continúa, cotidiana, es una proyección en blanco y negro; pero hay alas de fénix bajo el calor de un poncho y suena una ranchera a contrapelo. “Raíces”, inédito.

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MONÓLOGO INTERIOR Moldéame a tu antojo. Ya sabes cómo hacerlo, las manos están llenas de memoria. Recordarás los límites profundos, inexactos, de cada curvatura del ombligo y la culpa, el deseo de ser yo misma en otro ser, las ganas de volar y cada lágrima vertida al borde del abismo, la levedad, el ansia. Tú me dibujarás en tus recuerdos mudos, muy dentro de tus islas, como un punto del mapa destinado a enterrarte entre la muchedumbre y las palmeras. Pero yo ya emigré, he sido sentenciada verso a verso por otras latitudes y vaivenes en este carrusel inquieto y delirante que es la vida. He encontrado mi casa entre unas ramas, he remado con vaga persuasión hacia otra orilla. Tus huellas son escarcha. Tus huellas son pasado, sombras, humo... tabiques de papel de arroz intentando sostener un paralelepípedo. O ni siquiera eso.

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Todo lo van borrando el tiempo y la locura de este ser y no ser o serme en otro yo. Moldéame a tu antojo si quieres, no me importa. No vivo en ese barro. Hace años yo sola abandoné esa ruta viral y predecible. Hoy sólo quiero bosques para cantar mis sueños. “Tú, yo, la lluvia”, inédito.

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LA LLUVIA Cuando llueve sin tregua emerge de la tierra un fuerte olor a sándalo y almizcle. Hay cónclave de besos al borde de la acera y en algunos portales, las parejas, adornan con su amor las avenidas. Yo me dejo enredar por una telaraña de coches y pitidos. Espero pensativa en el semáforo su dulce absolución. ¿Dónde mueren los pájaros? El aire es un lienzo trasparente. La lluvia un presente inacabado. Arrastro mi cansancio, una esperanza triste, las botas que no tengo, el abrigo de marzo, los cuartetos de Schubert, los colores de Klimt que adornan mi paraguas y un aroma a tragedia cortesía absoluta de Ana Karenina... Todos bailan a ciegas en mis memorias turbias hasta que llego a casa.

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Y mientras el diluvio ejerce su nostalgia practicándose en mí, tú me has preparado café de ya es otoño con sus lunas calientes y su aroma de agua zurciendo mis heridas. Acontece ese instante de puntos suspensivos... Te miro y tú sonríes. Sin palabras.

“Tú, yo, la lluvia”, inédito Poema ganador del II Certamen de Poesía Lord Byron. (Avilés, 2016)

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Julia Conejo

Cรกnticos al รกrbol mรกgico

de la vida.

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ISLA DE JERSEY En la isla de Jersey no se venden pijamas de franela con tonos violeta. Ni corbatas de cachemire en seda. A veces hace frío. Un frío parecido al que se siente en las yemas de los dedos al tocar un pez muerto. Pero nunca es invierno. Los estudiantes celebran cada día el fin de curso con barbacoas que organizan en el atardecer intacto de sus escasos años. Cada noche se abren las puertas de la iglesia para que acudan vecinos y turistas a oír el coro de la catedral de Winchester en un concierto de voces infinitas que han sido desde siempre la sintonía única de todos los canales y emisoras de la isla.

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A Jersey no han llegado todavía las redes de internet, ni los ipods, ni las pantallas táctiles. Porque en cualquier rincón de Jersey siempre es verano del 91 y siempre hay un teléfono que suena para anunciar la muerte de mi padre.

(Del libro “Muñecas recortables”)

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RESIDENCIA DE ANCIANOS Nos recordaron que el horario de visitas había terminado. No hacía falta. A cierta edad uno acaba comprendiendo que hay afectos, muy pocos, de veinticuatro horas que no admiten el uso de megáfonos indicando el final de su jornada. Y cariños prestados que cierran por la noche.

(Del libro “Muñecas recortables”)

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MUÑECAS Debajo de las sábanas no caben las esquinas desnudas de los gritos del viento. No revientan las alas de los buitres en su viaje final por el túnel del dolor. Debajo de las sábanas sólo estamos nosotras ensayando el equilibrio de los párpados que se abren y se cierran con precisión [semiautomática al compás de nuestros músculos de plástico. Ella sabe cuál es la contraseña que abre las puertas de franela y tergal sin que se cuelen pandillas insolentes de arañas y culebras. El río desemboca, si ella quiere, a los pies de la cama que sus manos alisan de temores vacíos. Y entra en el reino feliz de lo imposible con canciones sencillas que abrigan mi garganta desde entonces.

(Del libro “Muñecas recortables”)

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PEZ CRISTAL Hay un pez transparente que navega entre los arrozales de La India y otras aguas salobres del sudeste asiático. Se llama Pez Cristal. En el acuario de Londres, mientras legiones de turistas se condensan frente al tanque de los tiburones, apoyando narices y mejillas para sentir el vértigo que da la cercanía, dos peces de cristal exhiben con detalle hasta los más recónditos fragmentos de su cuerpo sin que nadie los mire. Con la desolación y la impotencia del que sabe que no sirve de nada ofrecerse, sencillo y transparente.

(Del libro “Peces transparentes”)

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HERIDAS A mi hijo Jorge

Ya sabes, no es sencillo caminar todo el día con las heridas puestas. Donde acaba el dolor -si es que terminanace el cansancio de arrastrar las cicatrices a la vista de todos. Pero no aceptes nunca la ofrenda fraudulenta de aliviarte del peso que te harán muchas veces. Nadie quiere cargarse con heridas extrañas. Guárdalas en bolsillos, tápalas con sonrisas o exhíbelas, si las piernas te respaldan, con sus muescas y con sus desniveles. Sin esconder ni un solo palmo de fracaso. Ya lo sé, es complicado moverse por el mundo con las heridas puestas.

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Aún así, no te las quieras despegar como si fueran una calcomanía. Algún día, te pasarás la mano por la piel y no sabrás distinguir lo que está liso de lo que está mordido.

(Del libro “Peces transparentes”)

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HAMBRE No me preguntes por qué no tengo hambre. Pregúntale al cerezo, al granjero que cuida las gallinas, a las migas que caen desde el mantel al suelo y se arrepienten en el último segundo. Pregúntale a las cajeras del supermercado, al repartidor de pizzas, al temporero que viaja cada año a recoger tomates a Almería. A mí no me preguntes. Si el hambre se me escurre entre las comisuras de los labios, no es por falta de ganas de comerme tres veces el centro de la tierra.

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Es que desde hace tiempo, todo me sabe a miel de alcantarilla y al agua que remueven en los charcos las ruedas de los coches. A mĂ­ no me preguntes. Mi lengua sigue viva.

(Del libro “Peces transparentes�)

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LA TIENDA DE LA PLAZA En los estantes de arriba, esquilas de tamaños diferentes, madreñas junto a botas deportivas que encienden una luz cuando se pisan. Platos de duralex en color caramelo, al lado de unos cuentos de Gerónimo Stilton. Jabón lagarto, espuma para el pelo, medias de cristal, pienso para las vacas. Y una mujer detrás del mostrador, con la espalda encorvada y bata azul hace a mano la cuenta, con gesto imperturbable, después de haber mostrado a su clienta al menos veinte cajas llenas de calcetines. Yo he venido a comprar un cuaderno de rayas. Espero el turno sentada en una silla. Y acabo comprendiendo, cuando contemplo cómo se repite una vez y otra vez la misma escena, que aún existen lugares apropiados para la poesía. (Del libro “Peces transparentes”) 71


POÉTICA No soy, como Celaya, artesana del verso. No busco plenitud en las palabras ni la inmortalidad. Soy egoísta y manipuladora: Utilizo el lenguaje cuando lo necesito, cuando me falta el aire, cuando noto que ha dejado de trotarme la sangre por las venas. Igual que los diabéticos se inyectan insulina. No es arte, ni altruismo. No es conciencia social, ni egolatría. Es solo instinto de supervivencia.

(Del libro “Para qué sirve el frio”)

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UTILIDAD DE LAS LÁGRIMAS Una pestaña intrusa, desprendida del párpado. Cualquier guiso con base de cebolla, bien picada. Un golpe de viento o demasiadas horas de lentillas. Me sirve como excusa cualquier cosa. Al contrario que la madre de Mafalda, yo si busco rentabilizar mis lágrimas. Las aprovecho cada vez que se asoman para llorar por todo lo que duele de continuo. Sea la hora que sea. No están los tiempos para andar desperdiciando el llanto.

(Del libro “Para qué sirve el frio”)

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REGISTRO RUTINARIO La policía efectuó un registro rutinario del interior de ciertos corazones, seleccionados aleatoriamente. Encontraron un alijo de tristeza escondido dentro de cada uno. Como digo, era un registro rutinario.

(Del libro “Para qué sirve el frio”)

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POESÍA CONTENIDA Ya me contienen los huesos, la educación que me han dado. Me contienen gruesos diques de sensatez, adquirida por fascículos en un curso que vendieron en el último septiembre. Me contiene la cordura de los días de diario, aunque sea de una forma tan precaria, enredada entre el cabello, siempre a punto de caer. Me contienen tus ojos sólo con que se mantengan secos al ver como se hunde otra esperanza en el mar de los míos. Cuando escribo no quiero contenciones ni distancias. Quiero lanzarte palabras hasta que caigas herido, o muerto –si es el casoLapidado hasta las cejas de verdades como puños. (Del libro “Para qué sirve el frio”) 75


MUJERES DESCALZAS Me asustaban las filas de mujeres descalzas con abrigos de paño y una vela encendida entre las manos. No entendía por qué, pero cuando pasaban por delante me encerraba la cara en algún recoveco del cuerpo de mi madre. Sentía que la boca se llenaba de barro y que las cucarachas abrían galerías partiendo de la planta de mis pies. No era un temor infantil que se acallase con palabras amables ni con chicles de fresa. La semana pasada, cuando llegó la hora de la cena en el geriátrico y yo me despedía de un pariente lejano; el pasillo se llenó de mujeres calzadas, que no llevaban velas, y formaban una hilera de sueños desahuciados.

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Y si hubiera tenido a mi lado a mi madre, me hubiera refugiado al fondo de su abrigo. Porque hay temores que siempre van descalzos delante de nosotros, aunque pasen los años.

(Del libro “El bolso de Mary Poppins”)

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MAESTRA DE GIMNASIA La maestra de gimnasia no sabe que hoy es mi cumpleaños. Me ve rebuscar en la cartera y se enfada porque tardo mucho. Me grita. Yo dejo todo y me voy a la fila con los otros. No me atrevo a decirle que lo que rebuscaba era la bolsa con los caramelos para ofrecerle un puñado a ella también. Aprieto los labios, que nadie vea la rabia retenida, y trato de olvidar el incidente. Al fin y al cabo, es una anécdota que no tiene importancia. Pero el caso es que, 30 años después, lo sigo recordando todavía. De hecho, es el único recuerdo que conservo de aquel cumpleaños. El único recuerdo que conservo de aquella maestra. (Del libro “El bolso de Mary Poppins”) 78


CELIA EN LA REVOLUCIÓN La manta no es bastante. El viento sopla fuerte por la noche en la sierra de Gredos aunque estemos en julio. Celia le oye contar a un aldeano que han fusilado al abuelo esta mañana y Valeriana llora. Celia cierra los ojos. Y sueña con tranvías de madera que atraviesan el centro de París. Sueña con una bola de cristal que tiene un pueblo dentro. Se imagina metida en esa bola mientras le nieva encima corcho blanco. Se acuerda del burrito que a trompicones metió en el ascensor y que alojó en el cuarto de invitados. Cuando abre al fin los ojos todavía es de noche. Ve a su hermana pequeña con las piernas temblándole de frío.

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El aldeano no está. Valeriana trajina y mete prisa para que emprendan otra vez el camino. Hay que llegar a Madrid lo antes posible sin que las vea nadie. Han fusilado al abuelo esta mañana. Pero todas caminan en silencio. Un silencio distinto a cualquier otro que hubieran escuchado antes de aquella noche.

(Del libro “El bolso de Mary Poppins”)

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NOCHE DE SAN LORENZO Tres mujeres mayores y dos niños salen a buscar luciérnagas la noche de San Lorenzo. Las mujeres se van contando historias de noches como esta, cuando sus vidas eran un hervidero de gente que ya no está y proyectos que nunca fueron. Los niños hacen preguntas, gastan bromas, corren y comienzan a cantar una canción popular que las mujeres también conocen. Un instante después, los cinco están cantando. Ni una sola luciérnaga se asoma, pero, a cambio, la oscuridad les regala un repertorio de estrellas inaudito. Cantan todos y el mundo vuelve a ser, durante un rato, ese lugar placentero y confortable del que tanto se acuerdan. (Del libro “El bolso de Mary Poppins”) 81


MITOS Y LEYENDAS FAMILIARES En las historias que contaba mi familia, hay personajes que se han vuelto legendarios. Anécdotas que, de tanto repetirlas, se han ido cubriendo de esa pátina invisible pero eterna que tienen los mitos: Esa casa donde nunca se abrían los balcones y en los que se encontraron, una vez se decidieron a entrar, monedas y confites del bautizo de una niña que para entonces ya estaba casada. Aquel hombre que no sabía despedirse cuando venía de visita, y repetía una vez y otra la misma muletilla “Bueno, ¡lo dicho!” hasta lograr que aquella frase se convirtiera en consigna familiar.

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Como si de una colcha de patchworck se tratara, he ido juntando piezas de todas las historias en distintos tamaĂąos, sabores y colores; para sentirme arropada en este invierno que amenaza con gruesos nubarrones de aĂąoranza.

(InĂŠdito)

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CUENTAS Mi abuela no sabía dividir, ni restar. Decía que las monjas sólo le habían enseñado las multiplicaciones y las sumas. Mi abuela pronunciaba mal ciertas palabras con dobles consonantes. y le cambiaba el orden a algunos pronombres. Yo la corregía. Esta es la que me ha enseñado a hablar -le contaba a la familia con orgulloDespués de treinta años lo seguía contando. Y seis años más tarde de su muerte, ella me sigue enseñando a mí lecciones que tampoco aprendió junto a las monjas. Ni falta que le hizo.

(Inédito)

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REVOLUCIÓN FEMINISTA En 1946 la libertad está atascada en el desagüe del fregadero, oculta bajo una pila de platos y cazuelas. Hace falta valor e inteligencia para apartar a un lado la vajilla y hundir el brazo hasta el hombro por la cañería para aliviar la obstrucción. Nadie hubiera imaginado que esa mujer menuda y adaptable habría de ser la pionera de la primera revuelta feminista que se recuerda en la familia. Un día, mientras pelaba las patatas le dijo a su hija mayor: “Mañana empiezas a preparar ingreso y en septiembre irás al instituto”

(Inédito)

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Antonio Agudelo

la voz del รกngel.

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De El Sueño de Ibiza, 2008

EL FUEGO Para Eugenio Marcos Oteruelo

Hoy aquella cárcel es esta casa oculta en su verdad de barro. Hoy aquí debemos descubrir el fuego, debemos descubrir dentro, debemos encontrar el fuego, para salir al paso y del pasado salir hacia el encuentro del fuego que sigue ardiendo en la luz. Vieja piedra al edificio nuevo y leña vieja al nuevo fuego, porque cuanto no es ceniza es la llama, y la llama es el nuevo fuego del fuego que nos enciende en más vida y más luz mucho más allá de la luz y del fuego.

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Levantar la casa dando a las estrellas, abierta al camino y el camino abierto a la montaĂąa, para que el camino y la montaĂąa vuelvan a casa de camino a las estrellas. Rehabilitar la vieja y nueva casa, de esa infinitud de abuelos de nuestros abuelos, de esa infinitud de hijos de nuestros hijos, contigo ahora presentes aquĂ­ en la llama. Hoy levanto la piedra a pie de vuelo y edifico la casa camino a las estrellas, cuando la casa se hace huerto de la Rosa, en el fuego, que sigue ardiendo, en el fuego.

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EL SUEÑO DE IBIZA La tarde era una red, dorada y verde, sobre el azul tranquilo de las aguas, cuando los peces lúbricos saltaban por el aro del sol como los tigres. La playa era polvo de diamantes. La gaviota era ola que se acerca. Su cuerpo, un gajo de naranja entre los labios, el zumo que rebosa de la copa. Hubo un instante, en que el viaje de fuera y el de dentro coincidían, como el deslumbramiento de abrirse una flor. Un fuego blanco, casi espuma, mar.

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VERÓNICA Para Verónica Aranda

Dorada y dulce como una naranja abres las páginas del libro entre los lirios tiernos de la laguna blanca de tus manos. Inclinas la cabeza y lees los versos igual que el girasol los surcos de la tierra: el fuego contenido de las brasas, la magnolia de un eco de tormenta, la historia de mi corazón escrita con el amor que alienta el desamor. Hay palabras escritas en las venas, en el vacío de quien busca una respuesta. ¡Verónica, al oír mis palabras en tus labios confieso que sentí el temblor de mariposas que siente el alba con la flor del cerezo! Con ojos húmedos me miras a los ojos, y en tu mirada me habla la Luz, el enigma oscuro de la Luz, ese lenguaje de luciérnagas que nos acerca a lo invisible, y crea el Mundo que nos salva del mundo. ¡Rosa de mayo, conocerte es florecer, y celebrar la vida desde la Belleza! 91


LA BICICLETA Te conozco esta noche y mañana te vas. Queda tiempo en el fondo de una copa para prestarme tu lápiz de plata y marcar despacio un viejo papel con un número de teléfono. Te conozco esta noche, pero tu cara me resulta vagamente familiar. Y no falta tiempo para que descubra, por las casualidades de la vida, que de niños fuimos juntos al colegio. No sé, pero quiero recordar el año 79 escrito en la pizarra, el olor a madera, los castigos de rodillas, y aquel Cristo con barbas de bandido al que se rezaba de pie antes y después de las clases. Y aquel verano cuando con el torso desnudo levantabas las manos del manillar de la bicicleta: y movías los brazos, los movías, hasta convertirlos en alas, en alas, y volando nos llevabas hasta la cabaña que hicimos sobre el árbol, cerca del río, lo mismo que Tom Sawyer o Tarzán.

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O cuando nos bañábamos desnudos en el lago y luego el sol se bañaba en nuestro cuerpo, y en tu mirada verde de los pinos se fundía el cabello rubio con la brisa. ¿Cuánto tiempo cabe en los ojos de un niño? Porque ahora el amor, desde su más joven edad, y con la profundidad del tiempo y de la noche abre una cama lo mismo que abre un sueño, para que palpite una rosa entre los labios y que de tu sonrisa prendan las estrellas. Pero por el amor también pasa el tiempo, el tiempo que lo mismo nos separa que nos une cuando ya somos viejos y volvemos solos, y cuando huyó el pájaro feliz que un día cantó en nuestra mano. Hoy los pinos del bosque son bloques de pisos y amanece un día que para el amor no amanece, un día donde necesito volver al hombre para bajar al mundo, pero antes, abre los ojos, quiero ver los bosques de mi infancia.

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A CORAZÓN ABIERTO A corazón abierto abandono mi destino. Todo es algo de nada y sólo es nada. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! Aquí no hay más remedio que perderse, Porque hay que perderse sin remedio. No. No habrá salida que nos salve. Nadie. Nadie subirá las esbeltas escaleras Limitadas por el filo de los cielos. Nadie. Nunca llegaremos al definitivo cielo, Ni nos sorprenderá tras los arcos el alba prometida. No. Aquí no hay salida que nos salve. La muerte no es sueño. No. Ni tan siquiera la muerte. Yo no tendré más remedio que perderme Fluyendo adjunto al tuétano del agua; Ajeno a toda superficie y quemadura, Y libremente repose al fin, Bajo un hondo latido de humedades.

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De Madreagua, 2012 MADRE Una cuna dorada esplende en la memoria y su ternura, dando olor a suavidad, llena de pétalos el corazón. He envejecido dentro de la Luz, y yo más amo la Luz, quema el vaho oscuro de las bestias y las tormentas embarran el lenguaje. ¡Cállense los hombres que aúllan y devoran y que la palabra vuelva a ser suavidad, manjar celeste, abismos que se transparentan en la altura! En un rincón hay rostros que se borran, piedras que ahora amanecen bajo el Sol. Recuerdo el rayo amamantar al niño, abrir los ojos a mi madre, respirar su aliento. Tal vez morir, si he de morir, no sea más que abrir los ojos en los brazos del Amor.

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EL NIÑO En la habitación más oscura del salitre; entra la luz como un relámpago en mis ojos y una paloma arde en su blancura. Era el niño delante del cerezo, el niño conducido por relámpagos, perdido, al pie del mundo que nos falta. ¿Cuánto tiempo cabe en los ojos de un niño? ¿Cuánto tiempo cabe en los ojos de Dios?

EL RUISEÑOR DE KEATS En la patria desnuda todavía canta el ruiseñor de Keats. Cada noche en el limonero canta el ruiseñor de Keats. Canta para que todos beban la misericordia, su infinito. Él nació libre, y para seguir siendo libre, escogió la soledad de los bosques. Vi la primera mujer, acaricié su sangre, y la alegría de las fresas en los labios. Oro vivo. Oro su cuerpo tatuado en el oro de un rayo donde cabe el universo. Es una alegría tan honda que no se sabe qué es. Es el cántaro vacío, el que rebosa tu límite más alto.

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LÁPIDAS I La casa en fuga; se oculta tras aparecer en las médulas del relámpago. Escucho hervir palabras ciegas en hormigueros de tormentas. Habito, en la más honda claridad, del sueño o de la muerte.

II Al pozo del desierto se cae lágrima que bucea las sombras; espera en la Luz, se brota verde el agua negra, en llama la ceniza. No tengo otra libertad.

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EXTRAÑO Alguien sangra de frío ante una tumba vacía; [van a venir muy pronto los torturadores, los que golpean el hígado hasta la pausa mortal y vaciar el corazón. Cualquier momento es el momento de morir, de pasar a [no ser. ¿Vuela el alma entera a su quietud, el alma en ala [del pájaro verdugo? ¿Qué fue la vida, qué fue existir en un jardín torturado? ¿Y esto era la vida, morir tantas veces? Amanecí bajo el morado fondo del crepúsculo y fui la [noche en tus párpados. Escribo con mi sangre, perdí lo que nunca tuve. ¿Quién puede amar la inexistencia, quién puede existir entre dos negaciones y sangrar de frío hasta vaciar su corazón? [Qué extraño todo. Todo el Sol en la piedra que ilumina.

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De La Central Térmica (Haikus), 2012 Para Alfredo San Miguel de Escalada

En alto cielo Luna espejo del tiempo: El gran enigma. El hambre busca El paraíso del pan. ¿Su rostro? Luz. En año nuevo Una mano de orquídea Abre el palacio. El sol con gente. Partículas de Dios, Ropas caídas. Hoy en la aurora Se funden de tan rojas Las amapolas.

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Una esperanza Hambrienta ordeña el cosmos, En una huella. Llueve a cántaros Y tienen los jazmines El mismo aroma. En las afueras Nubes de mariposas, Temblor de flores. Con la esperanza Se va, se va más lejos Que con el miedo. En la ensenada Fulgen los equinoccios: Oro del cielo. Ciego y azul Al límite del frío: Se abre una puerta.

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Descenso a Dios. El vacío, sin rostro. Niebla sin puertas. En hormigueros De luna entra el sol: Todo lo vio. Quizá ya somos Invisibles; el aire De eternidad. Suenan campanas De algún verano muerto, Ecos de nieve. Crece tu pelo En los ojos de mayo, Y lo acaricio. Un solo cuerpo Visible en lo invisible. ¿Su rostro? Cruz. La Central Térmica, Cables de alta tensión: Principio y fin.

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De El Mundo Líquido, 2014 VIENA Para Antonio Gamoneda

He visto que los niños cantores de Viena hacen en la [iglesia una pausa mortal. He visto un silencio tan grande como el silencio de Dios; pero había Luz en sus manos, Luz en la germinación de las semillas, en el vértigo y la quietud: era el instante del pan y del Gran Silencio.

El silencio son los ríos horizontales que fluyen [verticales en la Tierra de Fuego. EL silencio son las víctimas inocentes en los campos [de Auschwitz y Mauthausen. El silencio son los hombres que han venido a pedir [compasión por el dolor del hombre. El silencio son los sastres que cosen el traje del [tamaño de mi muerte. Ése es el silencio

He visto los niños cantores de Viena junto a la sangre [polar de un ataúd. He visto un vacío tan grande como el vacío de Dios; 102


pero había Luz en las profundidades cóncavas, Luz en las semillas y en las arterias del relámpago. Después, mis enemigos me sacaron a hombros de la casa vacía: era el instante del pan y del Gran Silencio.

Los panaderos cantan en la niebla del silencio. Las madres oyen lágrimas crujir en el silencio. Las golondrinas crían en los graneros del silencio. Gandhi bebía en las raíces blancas del silencio. Morir es despertar en el silencio.

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CAFÉ HAFA Para Chema García y Noelia Fouces

Café en las terrazas del Hafa y el oro del cielo como un girasol Café en la oscuridad, pero la noche ve con todo el cuerpo Café en los valles de mandrágoras y en los grandes bosques de alcanforeros: son tus pechos blanquísimos cerca del vino Café en la semejanza del mundo y en las agua del Ganges que se abren camino en las minas de Sócrates Café en las profundidades cóncavas y en el origen del pensamiento: No sé Café no sé muy bien pero una vez amé en ciudades extrañas Café sobre la mesa del mar y el arco iris como el ojo de un pez donde se baña la sonrisa de Verónica Verónica ya está en sí misma y ahora crece como sol en alas de los pájaros Café dos cuerpos atrapados en la emoción de ser Café con verdadero amor y el vértice oscuro de la menta al pie de las ciudades líquidas Café en el sentimiento que se une a tu sentimiento y arden en unidades de placer Café cerrar los ojos, intercambiarse el corazón

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En las terrazas del Hafa, Rilke bebe café, Allen Ginsberg bebe café, Jane Bowles bebe café, las metamorfosis beben café Entrescafé Café sobre las tazas que atraviesan la barra y los manteles de la plaza Yamaa el Fna Café sobre el laudista ciego que pasa de un lado al otro de los cuentos y el goce de su música no es la música Café sobre el doctor Freud y el caballo de Córdoba con alas de la próxima luna: soñar es saber Café en los pensamientos y en las venas que desabrochan las uñas para qué Café que nace a menos siete bajo cero en Nueva York y vive en un rincón del piano de la calle Misericordia como una sola sustancia que precede a la muerte Café las ganas de llorar, son ganas de vivir

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CANCIÓN DEL VISIONARIO Para Felipe J. Piñeiro

He visto este mundo república del viento que tiene como monarca un accidente He visto el Mesías, raudo como una centella en la calle Robespierre, la poesía es el Ángel irradiante de lo humano He visto el Mosisés de Miguel Ángel en la región secreta, los diamantes del Génesis y la fraternidad del pan He visto a Leonardo Da Vinci dibujar el día en la medianoche ya de la vida toda y de muerte ninguna He visto el rey David que se comió la Gran Manzana en brazos de Nueva York He visto una rubia americana y entre los macarras con arpegios tatuados tú eres el Hada He visto una antología de poetas suicidas que flotan como globos aerostáticos sobre los rascacielos de Manhattan He visto los ángeles del Apocalipsis recién vivos en la puerta del New York Times He visto la soberbia de la inquisición y los manantiales de Buda donde van a beber los elefantes honoris causa He visto el campus universitario de Córdoba, los estudiantes y la clase obrera que con sus bicicletas hacen girar el mundo

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He visto que el globo ocular y el globo terráqueo son uno y el mismo y que el hombre soy yo ¡Uno ha visto tanto…!

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SIN POR EXCESO Nadie vio las dos caras de la Luna. Nadie vio los rostros amados en la unión del negro vértigo y la dicha de ser. Nadie, si vas con mucho amor te dora el aire, la pulsación de su voz única. ¿Quién canta las delicias que soñamos? ¿Quién nos cambia de sitio el corazón? La Belleza es el Ángel caído que respira en tu espalda, existe y no existe en los astros. En la Casa de las Palabras Blancas hay rostros que se fueron sin decir adiós.

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De El Cielo Ajedrez, 2016 EL CIELO AJEDREZ El silencio se extiende sobre la mesa del pan y apenas nada se mueve ni busca la salida. El arlequín no entra en su misterio donde el mal apaga sus países ni desaparece en batallas de la noche funeral y vacía. La luna es limpia en el cielo ajedrez, para que nada pueda caer en el cero de Dios. Sobre la mesa el pan y los colores de las frutas en platos limpios. Eso no es la dictadura militar, no todas las palabras condenan a muerte. Aquí no hay ruinas ni se deja paso a la cruda verdad del río del silencio, su próximo ataúd. El arlequín respira su humano aliento, esa sabiduría para ser feliz el día de Pentecostés. Hay café y pasteles tricolores sobre la mesa del pan, paz en los manteles. En la oscuridad del comedor, todo volvía. Es la igualdad con el otro, la libertad de la escribanía del ensueño. No hay luz más allá de la revelación de la muerte: luz insumisa, luz. Vladímir Mayakovski nos recomienda la Revolución Industrial, ser un desobediente activo como Max Ernst que dibuja el Nuevo Mundo, no un físico cuántico de la brevedad suicida en la Casa del Sueño. Es el sufrimiento inútil, la enfermedad venérea, la tortura medieval, la guerra, la infamia y hasta la misma muerte. Luz tenaz, luz. La luna es limpia en el cielo de ajedrez, no enciende los huesos en el cero de Dios.

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¿NOS BAÑAREMOS EN EL SOL? ¿Adónde estará el señor Saint-John Perse? ¿En el foco ardiente adonde el alma nada siente? ¿Nos bañaremos en el Sol? ¿En la Villa de las Estrellas? ¿En la escuela del mar donde los niños aprenden los límites? ¿En la respiración del mundo? ¿En el árbol que camina al hundir su raíz? ¿Lo arrastra el huracán hasta la noche del Ser? Ser es crecer. ¿El Ser es y para ser, no es? ¿Lo trabajan relámpagos y estambres vivientes? ¿En la línea del horizonte adonde el libro se hace carne? ¿Adónde estará el señor Saint-John Perse? Amor es dónde.

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EL ÁNGEL DEL DOLOR Para Salvador Negro

El ángel sube a las habitaciones de la sangre donde pesa la sombra y sabe que vive porque oye llorar a los muertos. Lo que dice la noche, sólo el ángel sabe descifrarlo. Ninguna noche se avergüenza de su oscuridad y cada muerto lleva su pan al otro muerto. El ángel en la frontera del bosque de los sueños y los planetas y el armario de las palabras dobles. Lo que dice el día, sólo el ángel sabe descifrarlo. El ángel yace en un lecho de amor, de tres mil mujeres en una sola mujer, que amó hasta el delirio. El ángel del dolor quería ser silencio de campana, el caballo que llora en la multitud enterrada. El ángel del dolor se pregunta quién soy yo.

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De Altar de luz y luna, 2017, (Inédito) LA SOLEDAD La soledad es un sollozo donde el río de niebla escarba con la muerte hacia tus ojos. Soñé que los huesos de los muertos se levantaban crujiendo y se reunían con los huesos de los otros en la oscuridad. Ahora, el cuerpo es alma y todo es boda. En esta urdimbre del universo descansa mi corazón: luz sobre luz, naciente sombra.

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UN JARDÍN TORTURADO Para Ramiro Pinto

Estoy pensando la existencia y es un jardín torturado. Pronto envejecemos; vamos a morir muy pronto y no hemos conocido la libertad. El centinela va y viene a la cárcel de la muerte; bajo la cal del sol, como única luz, porque no quiere morir, no quiere morir, sin conocer la libertad.

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CASA DE LA VERDAD Para Juan Carlos Mestre

Soy un estudiante de la Casa de la Verdad, de techos y puertas cerradas. Uno era Dios y el otro el demonio. Dos trenes que chocan. Uno era el ángel que regaba los huertecillos con baldosas de oro, la escuela de los cerezos, el salvavidas y la Casa de la Verdad. Era el ángel que hablaba sobre la dignidad del hombre, la libertad, la igualdad, la poesía y nuestro derecho a la felicidad. Y el otro era el demonio, el volcán del dinero, la codicia, el abuso de poder, la corrupción, la esclavitud, la perra injusticia, la mentira, la infamia y hasta la misma muerte. Eran el poder político y el poder económico, dos que son uno llamado fascismo. El viejo y el nuevo fascismo de Donald Trump. El silencio y el caldero de cal sobre los crímenes de la Guerra Civil española. El silencio sobre la recuperación de la Memoria Histórica. Ya sabes cuál es el trabajo sucio del fascismo. Ése que te niega la existencia, que te reduce a nada, a nadie, a menos que nadie. Por supuesto, que yo me diga ser. Como este poema que sobrevivió al Holocausto en la Casa de la Verdad.

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Colofón: ¡¡¡Que suene aquí la voz de los poetas!!!

Insignificantes y grandes poetas de este siglo. Que el júbilo desgarre sus gargantas,

Que modulen sus voces, que declamen… ¡¡¡Que suene aquí su voz!!!

Acordaos del poeta, los que venís aquí, Donde vino con su mensaje

el ángel que dijo: “¿Quién como Dios?” Acordaos de los poetas

Que embellecen con palabras admirables Sus visiones misteriosas

Y sus historias de esperanza en todo lo venidero. ¡¡¡Que suene aquí su voz, un año más!!! En esta era dos veces mil, y siete más 117


Por encima de la primera decena del estrenado mil.

Sea la gloria a todos: Fieles y poetas. Sea la gloria a la Belleza.

Porque aquí hoy la Belleza es Dios. Y Dios es la Belleza.

Por todos los siglos en los siglos infinitos del tiempo.

¡¡¡Que suene aquí la Voz!!!

Y VIVAMOS EN PAZ.

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Índice

Prólogo ������������������������������������������������������������������ 7 Poemas de Antonio Merayo ��������������������������������� 13 Poemas de Marta Muñiz �������������������������������������� 39 Poemas de Julia Conejo ���������������������������������������� 61 Poemas de Antonio Agudelo �������������������������������� 87 Epílogo ��������������������������������������������������������������� 117

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SE TERMINÓ DE IMPRIMIR ESTE LIBRO A FINALES DE JUNIO DE 2017, CON MOTIVO DEL OCTAVO ENCUENTRO POÉTICO CELEBRADO EN EL MONASTERIO DE SAN MIGUEL DE ESCALADA EL DÍA 1 DE JULIO


Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. © De los textos: sus autores Depósito legal: LE-222-2017 Edición no venal. Imprime: Sorles S.L. Impreso en España. 123


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RESONET VOX POETAE, VIII ENCUENTRO POÉTICO by Alfredo García Fernández - Issuu