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La única generalización posible –no es mío; traduzco el sabor a pepitas de ponche de tus labios- es nuestro yo sin lindes... Mira sino ahora el viento como un ángel crujiente que desmenuza el polvo que ha dejado de ser piedra y de ser templo. Así nosotros -proceso derramable del amor, seres que avanzan enhebrando anhelossentimos que algo hay de la pureza huída en este monasterio que se ríe de los años (muestra una dentadura de columnas y arcos que recuerdan que la alegría sostiene el tejado de la vida). Entro contigo a mi alma atravesando el pórtico para observar la piedra y recordar que el tiempo firma en la piel de todo aunque lo perdurable celebra cada hoy. Así nosotros. La sombra de los pájaros que sobrevuelan laudos, monasterios, recuerdos, gestaciones, promesas de aunada infinitud son inquietantes puntos y aparte que hay que tachar del modo en que la luz del alba avanza borrando estrellas... La única generalización factible, amor, es este santuario; es este ayer eterno. Luis Artigue 4
De este libro no me libro Para resultar aún más inútil y por eso imprevisible este libro debería ser gratuito y desobediente. Debería empezar por el final como se empieza a vivir tras los primeros desapegos y el desamor, el desengaño político, el afrodisíaco contacto con la muerte van añadiendo ritmo a la existencia. Podéis no estar de acuerdo ni despiertos pero siempre hay alguno entre vosotros que lo ve de otra forma, que pilota su mente; que sobrevivió al naufragio e insinúa que hacer repaso es humillar al tiempo, que hay que seguir a flote si compensa, que conviene leer con lápiz y hacer cosas absurdas
para no ahogarse dentro de la normalidad. De hecho el río sigue su cauce y la vida su curso pero yo te recuerdo desnuda cuando entro en esos monasterios-restaurante de Centroeuropa; te recuerdo borracha cuando la luna y las luces de neón rielan en un embarcadero; te recuerdo enterrada porque ya me he perdonado a mí y a Dios, porque he vuelto a escribir como quien guisa a las cuatro y treinta y seis de la mañana. Y lee un periódico atrasado. Y da cuerda al reloj. Y se pone a vivir y a improvisar como si barajara las cartas de póker. Y te echa de menos por vicio. Y publica de nuevo por vicio. Y llora por pernicioso vicio de opulento inconfeso... Para resultar más inútil y por eso imprevisible este libro debería ser gratuito.
(De Empezar por el número tres. Poesía 1995-2005) 5
canción de cuna Voy a dejarte escrito este poema antes de que se enfríe; que te enfríes. Hace viento y a estas horas ya todo parece una plegaria pero, ¿qué podemos perder? Mamá ha llorado mucho aunque tal vez podamos recoger lo derramado cuando vuelvas. Sí, tal vez. Hoy le he hablado de ti a una maga quiromante con novio y besos lentos como un jueves de marzo. He dicho algunas cosas afiladas y rojas pero la ingravidez no está de moda. Venga, vuelve que es demasiado pronto. Da otro sorbo de aire como quien pide otra copa.
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A mi hermano César
Gin con labios cremosos y no hace falta hielo, ya me entiendes. Sé que insiste el invierno pero no estarás sólo. ¿Sabes? Te escribo raudo en esta habitación color memoria que tú mismo pintaste hace algún tiempo. Ahora miro mis manos y me río de los libros. De pequeños yo te leía historias sobre piratas, indios o amores mitológicos pero hoy de qué te sirve el sudor de la tinta en la cárcel del sueño. El médico nos habla de tiempos de gangrena y el paro me da igual desde que no respiras. Hace varias semanas crujientes que ese lecho te sabe de memoria. ¡Yo protesto!
La rebeldía no cura pero ahora qué podemos perder. Papá dice que voy muy poco a verte pero ese box de urgencias huele igual que La Antártida y desde ahí yo miro al mar con empatía. Aún soy mayor que tú y conozco los nombres de todas tus heridas (al pegar mi oído en tierra mido tus taquicardias). Venga, que todo pasa y si no estás de acuerdo vuelve y lo discutimos. Sí, sonámbulo, gritándole a la vida hasta quedarte ciego, sorprendido, gastado de viajar sin equipaje o rumbo, en tren, a nado guiado por sirenas y el goteo del suero, deslizándote... Como tú quieras vuelve.
Guardo para ese instante algunas lunas llenas dentro de tu petaca de plata y un abrazo intenso y de juguete; de mentira. Lo escribió Jeannete Winterson: -Te quiero siempre es una cita-. Por no hacerle preguntas a esta casa de nieve ahora que los letreros de la noche están locos voy a dejarte escrito este poema en tu almohada materna
antes de que te enfríes; que se enfríe.
(De Tu aroma en la licorería)
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conocí a un aspirante a santo cuya mente pocas veces hacía pie y cuyas preguntas apenas cabían en el mundo A Chema
"Pueden reducirme el espacio pero no la libertad" me dijo con la cadencia rota de su hereje voz de vino. Tras cinco años y un día se había sobrepuesto al olor de las gasolineras y al teleclub demolido de su juventud flirteando impunemente con cada higiénica cajera de farmacia. No le gustaban ya los besos con sabor a medicina y en los mercenarios clubes de alterne se sentía como un noble: de él aprendí algo sobre la dignidad que no viene en la Biblia de la Vida Moderna, no. Nuestras intimidades asediadas se reunieron por casualidad geométrica en el invierno de la rehabilitación mientras el párroco penitenciario aún le decía en sueños: "Dios aprieta pero no ahoga".
al otro lado de lo que sabíamos pues así se empieza.Tras punto y seguido. Intentar ser libre implica imaginar, discrepar, creer, tener bandera propia... Oh Capitán, mi Capitán: todos los vapuleados de esta era necesitarían tu indirecto adiestramiento. Yo aún conservo como actitud intrépida y en tu memoria eterna la costumbre de vivir y un grito de asombro redondo como un abrazo. ¿Dios aprieta pero no ahoga? La vida aprieta igual que un mendigo callejero estruja su viejo acordeón como diciendo: produce música o revienta.
Nos envolvimos en cierta empatía de franela e iniciamos como niños-soldado la peregrinación 8
(De Por si acaso la vida)
hubiera sido hermoso sobrevivir juntos al martirio quirúrgico para recibir luego esas sugerencias melódicas compuestas para ser degustadas por desahuciados A Sonia Otra vez observé a una muchacha lírica divertida y abstracta como la banda de Count Basie cuando despliega su saxo poseso Lester Young. Entonces -la derrota en principio proporciona inocencia y cierto desvalimiento de algún modo atractivohabía en mis venas ríos de ron con granadina, me parecían las nubes relleno de colchón y llevaba en bandeja el corazón en una mano como esas camareras de la Calle Cincuenta y Dos. Sí, ella solía también mezclar los nombres de su agenda y decir ¡ven y fúmame! a los desconocidos como para saciar su sed de disonancias; tenía una voz rasgada de radio nocturna, sonrisa experta, miedo, la cabeza afeitada y un tumor cerebral (a veces pienso que sin el jazz absoluto de la muerte no habría religiones ni poesía).
Improvisaba. Porque la decadencia está llena de destellos yo hablé mucho con ella hasta que me hipnotizó con sus hermosos modos de marionetista y lloré la noticia de su fallecimiento así, como si nadie antes hubiera muerto... Aún suelo recordarla con un pendiente solo como las chicas traviesas
(De Tres, dos, uno… jazz)
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He conseguido que nuestra vieja épica cicatrice pero aunque me arranquen el dedo índice seguirá señalando la dirección de tu casa A Donal Savage
Conocí a un loco tan febril y estrafalario como un líder ungido. Sus palabras parecían los vestigios de oxidadas utopías. En su casa bebíamos absenta, fumábamos free jazz y le cerrábamos la puerta al acreedor encorbatado durante el desalojo. Oh, la adolescencia legendaria. Oh, el ánimo abollado...
Recuerdo sus soliloquios y recuerdo la música -Ornette Coleman al saxo como un poeta maldito desertando del idiomacada vez que la reminiscente culpa pequeñoburguesa me aloja en el barato Motel de la Tristeza. Conocí a un borracho hijo del hombre capaz de supervisar el catálogo de nuestras revoluciones. Los distribuidores de camisas de fuerza lo tomaron al final como rehén para que todo siga como siempre. (De Tres, dos, uno… jazz)
las amantes Después del estruendo de la épica entrelazadas yacen las amantes; planeando a ras del suelo sus poemas corporales. Les pareció la noche tan hipócrita y gélida, tan inexacto el lecho mineral, monorrítmico, que entrelazadas yacen las amantes, consumido ya el sándalo del deseo por la estancia.
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Es tan inapropiada la palabra frente a la primacía lingüística del tacto. Es tan inapropiada la razón que entrelazadas yacen las amantes, fundidos en silencio sus poemas corporales. Bajo un techo elevado, un cielo traspasado mientras vuela la entrega lejos de lo finito, entrelazadas yacen las amantes.
Acompasadamente, como si los latidos dialogaran, salen dos soledades al encuentro proclamando en un lecho la estación de las lluvias. Miel de helecho. Como el género virgen en casa de un platero al pasar por el yunque
entrelazadas yacen las amantes, enredados sin dueño sus poemas corporales. Enredados en una noche plena que deja cicatrices, en una noche ajena a todos los deslices, en una noche llena de instantes intangibles que ayudan a existir. Después del estruendo de la épica... (De El hombre de cristal y otros poemas)
como dos estrellas dos soledades que en el cosmos giran cada una en virtud de la fuerza gravitatoria de la otra En Oporto existe un promontorio desde el cual mirar el mundo pues la belleza pide nuestra comparecencia. Sí, hay un lugar parecido al instante en el que dije a la poesía me casaré contigo. Y un día renové el ámbito de mi percepción allí, entre la vida más allá del distrito de las casas nuevas, las tiendas de pianos relucientes, los cafés, las bodegas y aquel puente nervioso y exacto de Gustave Eiffel. Por los siglos de los siglos y los sueños me casaré contigo, sí, palabra ingrávida, mujer morena, eco
de toda dignidad restablecida. Contigo en la salud, la enfermedad, el beso obrero anexo al vino dulce. Cuidad mirando al río. Desde el andén fluvial me embargó la tristeza de mi primer poema en Oporto. Un nudo de autopista en el cuello y tanta luz sutil. Extiende la mirada sobre el lecho nupcial del horizonte amante. Contigo, corazón de manzana. Palabra densa. Oh, intercambiemos huellas dactilares en la hoguera de la noche de nuestro desposorio. Oporto. Luz de Elena: la radiografía 11
del alba, partituras de fados dentro de la maleta y el viento lento. El viento. El primer beso en el centro de la mujer de nadie. Este poema escrito con letra de borracho en el reverso de un mapa para saber de dónde vengo además de saber ir.
Al infinito nos llevan de la mano la mirada, la ciudad, y este poema con el que nos atrevemos a casarnos mediante ese sagrado para siempre de la página impresa... Por el poder que me confiere la naturaleza yo os declaro unidos como dos siameses con las almas pegadas. (De Los lugares intactos)
el amanecer visto desde las alturas del machu pichu generó en mí cierto discurso interior semejante al que me brota ante esos sepulcros que parecen dormitorios
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El cielo tenía algo plateado y prehistórico en la cima exigente del sagrado Machu Pichu -una piedra esculpida por antiguos hombres libres nos invitó a sentarnos a leer a Neruda ante el recién nacido sol semejante a un aura y mirar tu sonrisa fue unificar mi yo-.
-como una niña indígena despertaste sonriendo tras soñar con correr sola por la planicie y el sabor a pepitas de pera de mis labios de pronto te presagió algo eterno-. La luz creí que era el alma de aquella vista aérea.
La paz, en ese instante elevado y respirable, se volvió compatible con mirar allí abajo deseando con envidia ser un cóndor andino y volar rebasando fronteras geopolíticas también
Los rayos incipientes de sutil realidad sobre nuestras cabezas parecían una especie de sombrero religioso al tiempo que la belleza nos calaba hasta los huesos. Te lo dije
igual que quien verbaliza con cuidado lo evidente para que no se rompa, y la amplitud del mundo reflejado en tus ojos invitó a celebrar la llegada del día con la fruición de un sueño repleto de fuego y significados: Machu Pichu es metafísica, lírica e incluso mística como toda ciudad sin tejados.
Allí, creyendo que el sol bendice la hora de placenta del comienzo, tuvimos nuestro primer aviso, casi un bautismo de sangre: buena cuenta del éxito, del poder, de la vida y del amor eterno da asomarse a las ruinas de un imperio. (De Los lugares intactos)
TUS LIBROS La ilusión es mercancía. Por eso acierto ya a intuir que se trata de una decisión tan entusiástica como precipitada, pero, igual que planetas reunidos en torno a una estrella, estoy guardando libros que un día serán tuyos: lo hago para que el universo te resulte un poco menos inconmensurable. El almacén del tiempo. La arqueología subsistente de la cultura que nos aproxima a una cima que no podemos alcanzar. Sí, una biblioteca y que así, en su momento, tu casa incluya un santuario con fines estrictamente humanos. Una porque los años se suceden como vertiginosos redobles de tambor pero uno regresa siempre a sus admiraciones que no son otra cosa que el cromatismo de la vida. Huellas. Rendijas.Textos transfiriéndonos su severa intensidad para que, cuando todo se derrumbe, puedan aparecer las nuevas claridades... Algún día en el que nosotros ya no estemos contigo, ¿descubrirás que una biblioteca es un desierto sin soledad? (De La noche del eclipse tú) 13
ABUELA Disculpa el ambiente académico de este poema pero apenas sé como decirte que el viento de la vida también sopla abruptamente, y te sojuzga, tacha, y te humilla al situarte de pronto ante tu propia fragilidad mediante tribulaciones estriadas y casi inasumibles que te recuerdan que somos nada; tímidos arroyos que desembocan en el mar o en bacinillas; murciélagos que vuelan majestuosamente a ciegas hasta que intentan atravesar el fuego de una hoguera y, con las alas abrasadas, acaban chocando contra el tronco de un sauce. No sé si la fatalidad, con lo que ésta tiene de conocimiento de uno mismo en uno, forma parte de las cosas que alguien hace en la oscuridad. De todas formas derivo instintivamente la conmoción a un Din A4 porque, a través de la ventana, he observado con magmática cólera los declives del paisaje sin acertar a contarte que a tu de repente reductible abuela le han diagnosticado un mal neuropsicológico -¿puedes creerlo?- y
debes por tanto darte prisa para conocerla como ha sido. La rabia congestiona los pasadizos de mi mente. ¡Qué se joda la poesía que ayuda a absorber los momentos! Desbordado por las hipótesis -al regresar de una expedición a ese dolor que duele más que el propio- algo dentro de mí tan sólo reducible a llanto me impide ahora prolongar esto que escribo al modo de un tonto experto. La vida es también el misterio del verdugo borracho. El miedo se lleva a hombros y el poema entre los dientes cuando el cuerpo de los seres que amamos -oh mamá- empieza a transformarse en resplandor del cosmos; en tierra fértil emborrachada a traición con nuestras mejores lágrimas... ¡Perdona el dramatismo emanado de mi insistencia en desfondar el silencio! La abuela es -todos somos- ayer y todavía. (De La noche del eclipse tú)
ABUELO Para hermanar nuestras respectivas resurrecciones y densificar el momento un día quisiera ir contigo al bar de pueblo en el que crecí. Volveríamos así a aquel lugar umbrío en el cual, entre amigos que se abrazaban sin reblandecerse y solitarios que trataban de templar la discordia salvaje mediante el escalofrío del hielo en el whisky, me convertí en un hijo del instante. 14
Mi padre y yo -lejanía sin extrañamiento- detrás de la barra, la frontera, y el corazón sollozante en la risa de los borrachos que trataban inútilmente de cambiar de dirección. Mi padre y yo en el dominio de los héroes que apenas lo parecían como enfermeros en aquel acerado, improvisado, hospital sentimental. Todo borracho es un río que retrocede, escribía entonces.
La soledad apenas difiere del intimismo, pensaba entonces. Porque nuestros hallazgos no nos dejan solos nunca te hablaré de la sustancia mítica de las historias que escucha el camarero -ése que asiste en la celebración y en la lamentación hasta hacerlas casi inseparables-. Evocaré para ti esa luz que alborea sobre el mostrador, la penumbra estableciendo lazos y el delicado erotismo de la luz de candilejas (de nuevo en la luz la última clave). Los principios. El bar que odié y que amo. El whisky -esa ca-
dena áurea- tratando de llenar el vacío entre los espacios de los bohemios o intentando apagar su oculto miedo. El vértigo purificador. Las alabanzas a la noche sin forma de quienes nos desvanecemos en los recuerdos hasta perder también la forma... Cuando me rechaces interinamente como yo a mi padre entonces, ¿sabré recuperarte? ¿Un día leerás todo esto como quien hereda el mundo? (De La noche del eclipse tú)
LEOPOLDO MARÍA PANERO ¿Te acuerdas cuando, hace apenas mil años, vimos al pornógrafo de la sordidez que pagaba los platos rotos de sus lacerantes versos caminando por el filo de navaja de barbero de Madrid mientras miraba a un lado y a otro con ojos de la vida es esto? Ese generador de realidad llamado afecto talló una emoción obscena. El aislamiento mental era una historia de imposible redención que nos implicaba emocionalmente; una abrasiva de la que no nos logramos emancipar. Lo leído palidecía.Todos queremos postergar el instante en que aprendemos a dudar de nuestros mitos -pensé- mientras juntos, e impávidos, contemplábamos como la luz del día se ensaña con los locos. Acodado en ese barco sin mástil que es el mostrador de un bar, sin dinero que salva y con ojos de risueño hechizado parecía más que nunca el prisionero de sus psíquicos polos opuestos (duele la lucidez estrictamente metafísica de quien se enfrenta a la realidad como si él no fuera real).
A Joaquín Pérez Azaustre
Tu oposición binaria favorita, gin-tonic, poseía en aquella ocasión no contrastado apego sino el corrosivo lirismo del anciano desnudo que mira a la luna mientras porta en su mano un cazamariposas roto, pero aún así por un momento tratamos de conversar, de vivir el poema, y nos aferramos al mito de guerrillero verbal innato dejando a un lado al hombre que se suicidaba tan lentamente... Fantasmales héroes atrapados dentro de sí mismos a los que no podemos seguir. Estentórea coherencia de seres devorados cuya ternura ominosa aún parece exigirnos cuentas morales a todos. Rompedores rotos que huyen de las emociones envueltos en una aparente carencia de envergadura humana que les hace invisibles entre la gente de provecho salvo, quizá, para quien lleva por la calle puestas las refractarias gafas de la poesía... Amigo, ¿te acuerdas de aquel día en que hablamos con el hombre indescifrable que comparte el bosque con los lobos? (inédito) 15
IN NOMINE LIBERTATIS Si es verdad que el rencor desgasta y envejece lentamente con su rumor callado de piedra de molino apuesto por ser joven ahora y siempre. Mi casa está vacía de chivos expiatorios y culpables. Acumulo tan sólo el valor necesario para seguir viviendo bajo la protección de la alegría. No me he inclinado nunca por el ánimo fácil de tomar y obligar. Incluso lo pequeño se me ha antojado siempre un mecanismo frágil con más de una respuesta.
En mi alcoba no reinan prohibiciones ni leyes. Mi palabra es un patio sin llave donde es bien recibido quien aprecie la sombra de una higuera y un vaso de buen vino. No frecuento los presos ni los jueces. Sentencias y dictámenes les dejo a aquellos que no dudan.Yo sólo estoy segura que amo la libertad y sus orillas. Cuando falte, buscadme entre las alas de un pájaro que escapa del invierno. Con las manos vacías se hace mejor camino. No me pesan los créditos. En este mundo nuestro toda deuda es de juego.
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2059 Nos encontraremos en un lugar en el que no hay oscuridad George Orwell
He imaginado siempre el día de mi muerte. Incluso en la niñez, cuando no existe. Soñaba un fin heroico de planetas en línea. Cambiar por Rick mi puesto, quedarme en Casablanca sumergirme en un lago junto a mi amante enfermo caer como miliciana en una guerra cuyo idioma no hablo. Siempre quise una muerte a la altura de la vida. Dos mil cincuenta y nueve. Las flores nacen con la mitad de pétalos ejércitos de zombis ocupan las aceras. Los viejos somos muchos somos tantos que nuestro peso arquea la palabra futuro. Cuentan que olemos mal, que somos egoístas que abrazamos con la presión exacta de un grillete.
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Estoy sola en el cuarto. Tengo ojos sepultados y movimientos lentos como una tarde fría de domingo. Dientes muy blancos adornan a estos hombres. No sonríen ni amenazan: son estatuas. Aprisionan mis húmeros quebradizos de anciana. No va a doler, tranquila. Igual que un animal acorralado muerdo el aire, me opongo, forcejeo, grito mil veces el nombre de mi madre. Mi resistencia choca contra un silencio higiénico. Hay excesiva luz y una jeringa llena. Tenéis suerte, -mi extenuación aúlla-, si estuviera mi madre jamás permitiría que me hicierais esto.
A PROPÓSITO DE EROS De todas las terrenas servidumbres que aprisionan mi afán en esta cárcel me confieso deudora de la carne y de todos sus íntimos vaivenes que me hacen más feliz y menos libre. A veces, sin embargo, la esclavitud se muestra soberana y me siento señora del destino. Porque sé amar, porque probé la fruta y no maldije nunca su sabor agridulce, porque puedo ofrecer mi corazón intacto si el camino se digna requerirlo, porque resisto en pie, con humilde firmeza, el rigor de este fuego que enloquece.
En este fragor mudo en el que todos somos rufianes, vagabundos, desposeídos y presos no existen vencedores ni vencidos y mañana no arrienda la ganancia de ayer. Que no entre en la batalla quien sucumba ante el rencor pequeño de las humillaciones. Sabed, son necesarias descomunales dosis de grandeza de espíritu y coraje en las lides calladas de la pasión humana. La recompensa, en cambio, es sustanciosa. Ser súbdito tan sólo de la naturaleza, no temer a la muerte ni al olvido, no aceptarle a la vida una limosna, no conformarse con menos que todo.
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BENDITA ALEGRÍA Te confunden con otras, alegría: ingenuidad, simpleza, candidez, inocencia. Te subestiman con diminutivos sucedáneo de la felicidad eterna hermana pobre de la euforia. Parecen no acordarse de la helada rutina, cuando las insistencias se vacían de sangre y el espanto aprisiona como un despeñadero. No recojas el guante, te lo ruego, olvida el desafío que lanza la ignorancia. No nos dejes perdidos en medio de qué océano, sin tu luz, alegría, la de las manos anchas la que convierte el alma en lugar habitable.
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Desatiende el rumor de las trincheras, la retórica vana de los oportunistas. Tú eres el destilado de libertad más único, el orgasmo espontáneo del espíritu. Bienhallada alegría la pura de sabor la complaciente tú que vives y reinas en el tuétano limpio ahora y en el albor de toda hora quédate con nosotros.
HIT THE ROAD, JACK La autopista es el tiempo que tarda en convertirse el principio en el término. Entretanto en el día que me quieras. No se pisan jamás las mismas huellas -Heráclito dijo algo parecidosin embargo conducen al lugar donde estamos.
Nunca le tengas miedo al horizonte no hay placer más sabroso que el trayecto. Acepta el pan servido en cualquier parte disfruta del asilo que te ofrezcan pero ten preparadas las maletas. Aprende por tu bien el arte de marcharte siempre un segundo antes de que te hayan echado.
ENTONCES ME BESASTE Por celebrar el cuerpo, tan hecho de presente por estirar sus márgenes y unirlos al círculo infinito de la savia nos buscamos a tientas los contornos para fundir la piel deshabitada con el rumor sagrado de la vida.
No existe conjunción más verdadera ni mayor claridad en la sustancia de que estamos creados. Esta fusión bendita hecha de entrañas, la arteria permanente de la estirpe. Sólo quien ha besado sabe que es inmortal.
Tú me miras colmado de cuanto forja el goce, volcándome la sangre hacia el origen y las ganas tomadas hasta el fondo. 23
BEATRIZ ORIETA Los niños corren y saltan a la comba. Beatriz Orieta pasea junto a Dante sorteando los pupitres en medio del camino de la vida... Tiene litros de frío mojándole la espalda. Apenas pueden nada contra él los míseros tizones del brasero oxidado. Entran al aula los gritos infantiles, huelen a tos y a hambre. Algunas veces, Beatriz Orieta casi no contiene las ganas de llorar y mira las caritas sucias afanándose en recordar las tildes de las palabras llanas. Prosigue Dante todo el día musitando en el oído de Beatriz Orieta ...amor que mueve el sol y las estrellas. Ella siente de veras que otro mundo la mira al lado de este mundo gris y parco.
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Maestra nacional (1919-1945)
Contra el lejano sol del lejano crepúsculo dos amantes se miran a los ojos. Beatriz Orieta está apoyada en su hombro. Los álamos susurran las palabras de Dante. Los amantes son túneles de luz a través de la niebla. Los besos, amapolas de un cuadro de Van Gogh. Pasa el invierno lento como pasa un poema. Pasan el frío andrajoso, la fiebre y el esputo y toman posesión del blanco cuerpo igual que las hormigas invadiendo esas migas de pan abandonadas. Sesenta años después, entre las ruinas verdes leo un descanse en paz envejecido sobre la tumba de Beatriz Orieta. El silencio es de mármol. El silencio es la respuesta de todas las preguntas.
Unos metros más lejos, hace sólo dos años yace también el hombre que, apoyado en el hombro de Beatriz Orieta, dibujó un corazón sobre un tiempo de hiel.
¿Qué más puedo decir? Que la vida separa a los amantes ya lo dijo Prévert. Pero a veces la muerte vuelve a acercar los labios de los que un día se amaron.
LA MUJER HERIDA Solamente si alguna vez amaste con uñas y con dientes sin red sin salvavidas aciertes a entender el vértigo insondable que se extiende a los pies del desengaño.
Todo era tan sencillo.
Ella creyó encontrar la fuente del principio cuando lo conoció, en medio de la tierra, sin más escudo que su piel de hombre bruñida por el sol igual que el oro viejo.
Porque no existe nada que perdure una noche aprendió, como tantos lo hicieran antes y después de ella, que el amor es un río con cataratas propias y remansos ajenos que siempre desemboca en el océano.
Lo amó sin precipicios ni preguntas tiernamente, en silencio con esa gratitud voluptuosa que provoca la lluvia en primavera.
Los versos inflamados de poetas infinitos parecían seguirla a todas partes como si el corazón se hubiera convertido en un fiel animal domesticado.
Míralo de este modo: la vida te ha enseñado siguiendo su costumbre de incansable maestra cómo el alma dibuja serenas cicatrices sobre viejas heridas. 25
UN JOVEN POETA RECUERDA A SU PADRE Ahora ya sé que pasé por tu vida como pasan los ríos debajo de los puentes indiferentes, turbios, orgullosos con la trivialidad desdibujada de las pequeñas cosas que parecen eternas. Muchas veces lo obvio se oculta tras un halo de extrañeza tras la costumbre lenta, indistinguible del aura fugitiva de las vivencias únicas. Es difícil saber que la belleza abrupta del vivir cotidiano tan desinteresada de sí misma nacida sin clamor ni pretensiones es en esencia tan mágica y rotunda que resulta imposible de imitar a propósito. Y es aún más difícil comprender que la fiesta de las cosas sencillas casi siempre termina mucho antes que la voluntad del festejado. Inmóvil vi pasar ante mis ojos el desfile callado de tu vida con tus sueños cansados en otoño tus alegrías de puertas para adentro y tus desvelos discretamente cálidos. 26
Creo acertar si digo que nunca te di nada que no fuese un préstamo a mí mismo. Te pedí, sin embargo, tantas cosas. Hoy, inmóvil de nuevo, asisto inerme a este desfile amargo de tu ausencia mientras mi corazón, dividido y atónito, comienza a descubrir, como el poeta, que la vida va en serio. Te recuerdo. Hace frío y el frío me devuelve aquella forma tuya tan sutil de ofrecerme a la vez un corazón errante la suerte en un casino de Las Vegas la lluvia indescifrable del desierto los versos de Machado en un suburbio. Ahora ya sé que pasé por tu vida indolente y confiado, sin asombro, como suelen vivir todos los hombres que no conocen todavía la pérdida.
(hasta aquí, poemas de “Los ojos de la niebla”, 2008)
INVOCACIÓN Que no crezca jamás en mis entrañas esa calma aparente llamada escepticismo. Huya yo del resabio, del cinismo, de la imparcialidad de hombros encogidos. Crea yo siempre en la vida crea yo siempre en las mil infinitas posibilidades. Engáñenme los cantos de sirenas, tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua. Que nunca se parezca mi epidermis a la piel de un paquidermo inconmovible, helado.
Llore yo todavía por sueños imposibles por amores prohibidos por fantasías de niña hechas añicos. Huya yo del realismo encorsetado. Consérvense en mis labios las canciones, muchas y muy ruidosas y con muchos acordes. Por si vinieran tiempos de silencio.
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YAGO BAZAL SE DEJA VER DOS HORAS La luna nueva late dentro del corazón de un hombre declarado clandestino. Es una noche oscura como un crimen. Yago Bazal avanza monte abajo entre sombras azules que susurran su historia. Porque los ideales se volvieron ceniza hace tiempo que Yago no hace fuego. Así, va dejando jirones de sus mejores sueños en las plateadas jaras a su paso. Lo recuerda muy bien. Un búho reconoce el rostro tenso a veces decidido a rebelarse contra quienes lo excluyen de los seres humanos aunque otras veces también muestra, de pronto, el cansancio plomizo y demacrado de una lucha sin plazo. Hay pocos camaradas y mucha escarcha rota. No es la palabra frío la que agrieta la cara ni amorata los dedos en las botas deshechas. Es el frío de verdad. 28
Es el frío espeso de esta primera Navidad después de la derrota pegándosele al cuerpo igual que una serpiente. En la guerra Yago había odiado las palabras. Podía notar el pulso tibio como la tierra en las letras de sangre. Sin embargo, ahora sabe que no son las palabras quienes matan. Cada letra es un pez en el océano, un árbol florecido, pero hay labios que usan las palabras como se usa una ametralladora. Fuera se han encendido las farolas ausentes de la calle. Mientras, suspira muy despacio. El frío le acompaña como entonces. Si cierra bien los ojos fatigados Yago se puede ver trepando el muro de su propia huerta acallando a sus perros penetrando furtivo en su mísera casa de trigo húmedo y ajo.
Aún puede oír el sollozo desvalido de la mujer que ama al verlo tan delgado y polvoriento. Todas las noches Yago vuelve a huir monte arriba con pocas provisiones y un beso triste quemándole los labios con los ojos perdidos de los hombres cuyo futuro ha sido demolido.
Todos nosotros somos ahora y para siempre las pisadas de Yago contra la piedra helada, yo soy el pan callado de aquella Nochebuena, tú eres la luna oscura que le ayuda a esconderse. Y hoy es mil novecientos treinta y nueve.
(dos últimos poemas de “Diario de un destello”, 2006)
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DELICUESCENCIA Reventado clavel blanco y distante, lepra inversa del cielo sois vosotras, altas nubes de junio. ¿Qué sonora alegría le regala de cristal afinado vuestra espuma inocente a la mañana nuestra, y de dónde nos llega esa emoción, tan misteriosa y nítida, que produce observaros en el día del hombre? Formas breves de un sueño sois vosotras, confirmación liviana de estos ojos que os contemplan flotar calladamente sobre la cima hueca de la vida.
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A José Saborit
Delicuescencia pura y noble sois, blancas nubes serenas, felicidad sin causa bajo el cobre encendido de este sol impasible. Como nosotros mismos sois vosotras y por eso miraros nos conmueve, altas nubes de junio: humo limpio de un tiempo en que juntos ardemos.
EL HIMNO Hay un himno en la noche más oscura que no todos consiguen entender; pero no hay que entenderlo: el himno suena. Hay un himno en el grito, en el dolor; sus desgarradas notas se escuchan en el baile de los huesos, en el pico del buitre y en las vigas del hogar destruido. Hay un canto sutil en la barbarie, un salvaje concierto en la agonía, un compás obstinado en el terror. Hay un coro triunfal que no apaga la muerte, porque siguen cantando en él las voces secas de los muertos. Hay un himno en la vida que es la vida,
su terca pervivencia más allá de nosotros, el desolado acorde estremecido de un cielo imperturbable que contempla la sucesión precisa de la fiesta y el luto. Hay un himno en el caos, y hay después ese salmo que clama por el mundo desde el alma arrasada de nuestro mundo exhausto. No es sencillo entenderlo: el himno suena sin contar con nosotros, en el centro sin luz del extraño destino de la carne. Dichoso el que en su noche, rodeado de frío y de tinieblas, cierra con fe los ojos y es capaz de escucharlo.
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VAMOS ALTO Vamos alto esta noche, que me ha mirado mal la noche mía. Dame un dulce veneno y vamos lejos. Dejémosle a la muerte pan y agua, que venga a compartir la mesa y que no estemos. Ni un respeto de más: lo que le debe el miedo solamente, que el amor lo traemos con nosotros. Porque somos ya el cuerpo de la noche, nos abandona el cuerpo, y a su vicio peor va entregándose el alma,
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que es no darnos consuelo, que es pisar mal la uva y es agriarnos el vino. Sin temor, vamos alto, vamos hondo en el trago. Y si alguien, un día, os dijera que he muerto, decidle que a la muerte le di tan sólo aquello que era suyo, pan y agua, que el amor aún lo traigo de mi parte, que del morir mi amor salvó su vuelo.
AHORA
De Dios es este instante, y él lo ignora. Es polvo del cristal de la alegría, es la rosa que encaña de la sangre en su entera majestad. Bien se ve que sabéis de la honda llaga, de este andar a derechas sobre la brasa pura. ¿Morir? Mira ahora estas manos, mira en ellas el pan de un tan loco querer, de una harina tan limpia.
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ESPERMA Esta lágrima ardiendo que tomó su sabor de la sal gruesa del mar, esta lágrima honda, trabajada, por la que el hombre llora y se traiciona, este chorro de azúcar, pura vida, que brota de la amarga espina dura. Este empeño de ayer que no termina, esta larga fatiga, este enconarse, este sólo querer en alto en alto. Esta gota torcaz, aleteando para prender su luz donde el sacro y el coxis, en lo profundo oscuro.
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Esta lágrima o gota, esta fluyente plegaria verdadera, yo quise derramarla en el canal central de la razón de amor, porque me hicieron vivo. Una perla muy blanca mea el hombre, más pura que el amor, desde el fondo del fondo, estremecido, un prieto sedimento de acarreo con el que van sangrías, hoces, culpas, quereres y obediencia, por la rampante arriba, camino de la mar, lavados en el agua de su olvido.
MI CASA Como una piedra pongo la palabra sobre el suelo de hoy, para poner otra piedra mañana hasta que sea tan seguro mi techo que os acoja. Como no tengo piedras, yo pongo mis palabras todas juntas: las de duras aristas, las suaves, y entre todas, las solas, las de pedir clemencia y acaso una razón. Yo levanto mi casa para el agua y el viento. Para que sople el viento y la desgaje, para que el agua corra y se la lleve.
Pero qué iba yo a hacer si no quisiera mi casa como quiere el anciano su sol, la amante su cuidado. Yo quise solamente darme un techo, cuatro humildes paredes en que abrir el claro mirador, la serena atalaya. Yo nunca tuve piedras, y las pocas palabras que me quedan no son mías. Sopla el viento y las trae para poner mi casa, la de los pies de barro, la de ventanas altas.
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UN CLARÍN EN LA NOCHE Ya me cerca el silencio, ha quemado las pistas, ha volado los puentes y ahora doma -para que no alboroteal potro de la idea. Ya me envuelve esta fibra, sigilosa, en su blanco organdí la carne grave, y es la hora sin hora del que escucha las voces. De la misma manera que nacemos en el momento justo y sin saber, así vuelve a parirnos la palabra y nos hace inocentes.
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A Eloy Sanchez Rosillo
Cuando ya no se guarda cosa propia o ajena que decir comienzan a enunciarse, por sí solas, las verdades de siempre. Yo no sé qué decía, pero oigo un clarín que me dice. Ya me enrosca el silencio su vibrante correa consonante; ya comienzan las ruecas a tejerme el sudario. Es preciso morir, es preciso callar para que hable el agua de la fuente.
SI TEMIERAIS MORIR Sentado al sol solté, fui desasido. La vida por su centro vino en quiebra, se abrió de cuajo con la luz y en ese hueco sonaba la metralla de los pájaros. Cuando quise encontrarme, cuando quise volver, vi mi cuerpo tendido, vegetal, varado en la pinocha, regresando. La fe tejió una esfera, se apagaba; rodó sus blancas aspas y allá adentro, en lo negro clavado, se me dijo quién somos.
A Consuelo Martín
Si temierais morir, mirad en el reverso de esa idea, detrás de la bobina que va desenredando el cobre de la muerte.
Sentado al sol me supe: Yo era antes que Adán y su pecado. Si temierais morir, abrid los ojos.
El tiempo ha aparecido sobre mí, lo he conocido: Yo lo espiro y lo trago con las jaujas y su finezas dentro, con la hoguera donde arden los nombres, con el miedo y sus siete desoladores clavos. Sentado al sol solté; fue allí la hora. Los pájaros picaban la burbuja de luz donde sucede el oropel del mundo. La rosa de la carne se deshizo. 39
DESPRENDIMIENTO
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A Ángel Vila Martínez
Desprendimiento, padre de toda pertenencia verdadera, devuelve a tu raíz la hoja del mundo; que el hacer y el tomar, en tu regazo, sean hoy plena calma y abandono. La esclavitud en ti es la libertad que el hombre busca ciego en sus disputas.
Desprendimiento, padre del hombre en su perfecto señorío, pues vences declinando tu interés y al rendirte acentúas tu alegría, asoma tu ojo sabio a nuestras cuencas, y haciendo aquí morada, danos techo.
Carta blanca, sazón sin un grano de sal, que no se tarde a probarte ninguno, probador de lo que nadie cree: su ser entero.
Tu hermosura no ven, de tan hermoso.
Nadie sabe de ti si en ti no muere.
© Luis Artigue © Raquel Lanseros © Vicente Gallego Diseño y Maquetación: Imprenta Sorles
pílog Epílogo 42
Sabarico amenazante… (tuvo casa y villa en el actual Villasabariego- “Villa Sabarici”) .... -1- OBI SBRCS ABBA DIE Il ' F VII? KI_DS NBRS ERA LXVII, P AIL IPSE FCT ISTE Ak Q-V A SVA CARO LACE NON ABEA PBT CIt1 XPO OM n7 ñ- ISTO LOCO VARARE AMEN Obi(it) S,a)b(a)r(i)e(at)s abba die II.' f(eria), VIII° )c(a)l(en)d(a)s: N(ovem,)br(e)s era XCVIIa p'ost) ni(il)l(esiniarrz) . Ipse f(e)c(i)t iste are?? . A(e) sua caro iace . íATon abea p(a)rte c u)m CTaristo ona(nis) qui de isto loco, variare amen.
Murió Sabarico abad en día de lunes, 25 de Octubre de 1059. Él mismo hizo este pórtico (de la puerta principal), donde su carne yace. No tengan parte con Cristo todos los que quisieren mudarle de este lugar. ...... Pasó horas felices el buen abad en la villa que tuvo en Lancia; restauró este precioso templo y la abadía con sus piedras romanas; él mismo hizo esta puerta nueva, al resguardo de la lluvia, debajo de los arcos. Con su fiereza, en vida, maldijo, y apartó de Cristo, a quienes se atrevieran a mover su cuerpo de donde lo dejó su espíritu…
(A. Escalada)
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