SEXTO ENCUENTRO POÉTICO EN
San Miguel de Escalada
ÁNIMULA, VAGULA, BLANDULA...
Begoña Abad de la Parte Alfonso García Rodríguez Octavio Fernández Zotes Alicia Millán Zamora
Prólogo LO MÍSTICO “Domum nostram mea si vis” Mysticus procede del verbo griego “myein”, «encerrar»; y de “mystikós”, cerrado, arcano o misterioso... es, pues, lo relativo a los misterios, a lo secreto, a lo oculto. Los latinos llamaban “mystus” al barbo (el pez) y “mitylus” a la almeja (quizás por estar cerrada). Para descubrir un secreto, para entrar en lo cerrado... es preciso pasar de un lugar a otro. Y eso significa el verbo “mitto, mittis, mittere...” que en alguno de cuyos tiempos se dice “misisti” ( o “misti”)... ¿No estaremos ya en la puerta de lo místico? “Mitto” tiene multitud de acepciones, sobre todo poéticas: significa renunciar, desprenderse de algo; también omitir (lleva su raíz), que es pasar en silencio; o dar a conocer, mostrar (Virgilio); y también, en boca de Ovidio, saludar (“mittere salutem alucui”), echar raíces y flor (“mittere radices, florem...”), dejar caer (“ut rosa missa solet”: como una rosa que se deja caer); o como dice Terencio, dejar llorar, dar tregua al llanto: “mittere lacrimas”... “Mitto”,(el verbo) emparenta con “meo”, que también significa pasar, traspasar, cruzar, entrar en... Pues, este año en San Miguel de Escalada vamos de “mística”. Por eso invitamos a todos a venir, si quieren. “DOMUM NOSTRAM MEA SI VIS”. Para entrar en lo arcano, para descubrir los secretos, para gozar del misterio... Ningún lugar mejor que este para intentarlo.
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Ánimula, vagula, blandula Animula vagula, blandula, hospes comesque corporis, quae nunc abibis in loca; pallidula, rigida, nudula, nec, ut soles, dabis iocos. (Adriano, a la memoria de Antinoo) Ay, almina mia, chiquirritina, que flotas, errante, por encima de todo; vagabunda e incierta; delicada, dulce, cariñosa; encantada con la tierna blandura de la molicie. Ay, mi almina, chiquirritina, que te alojas, huesped; y eres dulce compañera, confidente de los secretos de mi cuerpo. ¿A dónde irás, en tu retiro? ¿A qué lugares partirás? Almina pálida, marchita; con la palidez del cuerpo abandonado, cadavérica y de cera. Almina yerta y fría; almina mía , chiquirritina; desnudina; abocada a una vejez prematura. 2
¿A dónde? ¿A dónde irás? Allí donde vayas, ni siquiera te podrás dedicar a los juegos, ni a las gracias, ni a las inocentes bromitas, que compartimos en vida. Ay, almina mía, chiquirritina. Mi amado febo, Antinoo, -que te precedió en su marcha estará allí contigo. Y este cuerpo mío será, entretanto, vagabundo, blando, marchito, rígido... abandonádamente solo y desnudo. (agf) ***
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テ]imula, vagula, blandula
Alicia Millรกn
alguien llega de la niebla me quedo pensando en la niebla (no sé si la pienso o la miro) y en que alguien llega alguien ¿quién? no importa y en el verbo llegar para llegar hay que haber estado en otro lugar antes ¿qué trae? ¿qué llega del antes? la niebla no trae la niebla es atravesada se adhiere al regreso ¿al regreso de quién? no no importa alguien llega de la niebla
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aún ante un sol puedo juntar mis manos hacer un hueco atrapar entre ellas la negrura (o acaso lo humilde) todo el tiempo hace oscuridad pero la luz engaña la noche también depende de los ojos no sólo de la ausencia acaso lo que queda en la mano al liberar a un pájaro sea un silencio de cielo ****** nada cuesta arropar a quien queda desnudo mientras sueña ****** 7
sin un porqué una rama de árbol quiere entrar por la ventana ¡por aquí no! es hacia el sol -le digo-
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el ensueĂąo invade como una mala hierba -nocomo el comienzo de la nieve de repente estĂĄs desnudo lleno de blanco y todos pisan pero ya no duele
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sentir silencio -aunque no existame enfrento a las personas en calidad de ausencia calidad de ausencia no cantidad no puede haber mucho o poco vacĂo -inexistencia- nada hay maneras de no estar y ser y aunque mi ausencia no me repite por donde vuelvo tambiĂŠn voy
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cuando sólo era yo incluso antes y aún mis ojos no veían cuando no sabía no entendía las palabras cuando sólo era y no recuerdo y nada daba tanta muerte como ahora
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abandoné un cuento subí mi falda y con los pies descalzos salí del río ****** salvaré a la flor seca para que en su fragilidad de muerta no se haga trizas encima de mí ****** -bailépara que la luz no se cansara de mí o se hiciera la ciega -bailépara ser su tropiezo
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sonreír hacia arriba como si fueran a caerte encima las pupilas de los árboles y (decir en susurro) -de los pájarospero pintar los ojos en la tierra en señal de socorro -porque ya sabesde ese vacío que se acerca para tomarte de los pies y descalzarte el cielo
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ante el espejo -quietasólo veo movimiento en la nieve que atraviesa mis ojos a qué parte de mi cuerpo -adentro- irá a acumularse y quién hará allí un muñeco blanco
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empieza a granizar la idea de granizar -amamosla repercusi贸n sensorial de la idea como la vibraci贸n que llega al cuerpo desde una orquesta de nadie
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ayer dije me ha crecido un árbol en el lado izquierdo del corazón -fue de repenteahora huelo a resina y el amor -que ya no anhelome devora en algún sueño hoy volando me atropelló como la ventana al bicho incluso como en una primavera de jardines que regresan a los pájaros porque los pájaros sólo se marchan de apariencia es la flor la que vuelve o el brote
soy infeliz sólo hasta el borde ¡mira todo el cielo!
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bajo el desabrigo de este árbol una niña quiere prenderle de nuevo las hojas pero no hay niña (sólo estoy yo) ****** mira cómo tiemblan las sombras -no me fío de la luz-
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a causa del sol he visto un vientre en la montaña ****** hay una lejanía que no encuentra el cuerpo lejanía como sal que atraviesa nuestra mano cuando sólo somos agua ****** no puedo parar en otra estación ésta es la que me lleva dentro de la palabra rincón (en silencio, un rincón en silencio) déjenme escribirlo
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camino blanco la luz cansada de esa luciĂŠrnaga te reposa ****** amar no es impulso es pulso de belleza que tirita ****** -el tiempo plegadocomo quedan cerradas las alas de una mariposa y este amor humano atravesĂĄndolas
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divisar el horizonte como si lo tuviera echado por encima poder ver, más allá todo horizonte es una marca una línea que dice: llega hasta allí que se desplaza y repite: llega hasta allí después del último horizonte: el infinito -no nos cabe¿o es adentro? todo el rato damos vueltas alrededor persiguiendo y sobre nosotros mismos el horizonte sólo existe en los ojos -desde dentro- habitamos unidos a él siendo puntos -fuera no hayqué contemplar, adónde anhelar llegar con todo a oscuras cuándo ya no hay tierra y cielo que separar ¿nos quedamos quietos?
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no tiene por qué suceder el cielo la presencia no agota lo ausente -coexistecomo al poner la mano en el pecho y preguntarme quién la mente puede crear para habitarse -silenciosobre las pupilas de ese niño aún reposa el mar iba a pedirle que no espantara a las gaviotas pero sonríe -no les tengan ascosólo escúchenlas sobre mi pelo se parecen a un barco o a una huida a una claridad que me avisa antes del último abismo
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la lluvia cae en mi boca mientras sucede el eclipse no sĂŠ quiĂŠn va a prenderme en el pecho un mundo pero hoy me han dicho un pĂĄjaro ha atravesado tu casa
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desde un punto cualquiera del mundo atar a la cintura el horizonte dar vueltas girar (ensimismar la luz) -ovillar la escisi贸n cielo tierray sin nada que sujete el cielo -quedetodo el azul vertido todas las nubes todas las aves encima derramadas como agua que se vierte sobre un rostro inmutable
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no sé las curvas del cielo y me salgo afuera: oscuridad -me tumbola espalda adherida al planeta (no pesa) inamovible me queda sólo la caricatura de los pasos a veces lloro porque el mundo no se me cae otras me convierto en muro de palabras ilegibles nadie que sale desde abajo es un ángel sino jara que tras quemarse rebrota ¿para qué? -no¿para qué esa pregunta?
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las espinas dorsales de una flor nacen del peso del mundo mientras digo -el silencio se petrificarรก en la palabra auroraun รกrbol canta reposando su cuello en mi voz 25
テ]imula, vagula, blandula
Octavio Fernรกndez Zotes
San Miguel de Escalada (Inédito) De algo gozan sus piedras que hacen templar al alma. Al alma se le añaden memorias ampliadas que ascienden por aristas, por arcos o columnas. Son piedras que nos traen presencia de otros hombres haciendo que ignoremos al tiempo y los relojes. Esqueletos de un cuerpo transido de leyendas, vertebrando en estratos, anales de otra historia. Vetas superpuestas como anillos del tronco del árbol milenario que a todos nos da sombra, acumulando posos de rostros y carácteres. Son las piedras halladas en la paz de este valle donde escrita es la fe y la faz de otras épocas. Unas vidas antiguas que alimentan esencias que se funden al ciclo perpetuo del presente. Hoy, mi alma viene aquí, riberas del Astura, a beber de la esencia de sencillos espíritus, -del alma de labriego que heredé de mi estirpe-, a adorar el silencio, a leer entre líneas los mensajes etereos, a escuchar, de los árboles, el hálito sagrado, el suspirar del viento, e inhalar condensado su intrínseco mensaje, sus claves del misterio. Quiero rendir tributo al relicario antiguo por donde el tiempo pasa con lentitud de pasmo, …y recorrer desnudo el corredor del tiempo.
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Un viento malherido se llevó la afección de las palabras y sólo quedan anodinos sonidos guturales. Perdonen el silencio profanado. El lenguaje es un paisaje que tiene sus límites, sus puntos cardinales rebasables. La música está al norte. Hay un este de luz cuando amanece, y surge al sur el mar de la palabra. A veces la noche o el eclipse matan la luz y la música se apaga. Se van por el poniente los restos de aleluyas y misterios... …e impone su recóndita música el silencio. (De “Hemos llegado tarde y Dios se ha ido”) ***
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Pero a veces las palabras caen a plomo de la boca, ruedan por las orillas de la cima del lenguaje, erizan la cáscara de la falsa complacencia y duelen como astillas que se clavan. Mas: ¿cómo eludir la dicha que reside en el dolor de un verso? Es el diente afilado que hay al final de lo que dicen. Una vida entera para encontrar el sitio donde incrustar ese fonema exacto. Armar el alma y disparar al blanco hasta herir el corazón de los secretos. Hacer que ardan para fundir la esencia en el crisol del éxtasis. Modelar el secreto; pulir, bruñir hasta formar una estatua que anule el transitar del tiempo. Y cuando el secreto sale del fondo de la cripta, no esconderlo: dejar la puerta abierta y que se vaya él solo, desnudo, errando por la calle. (De hemos llegado tarde y Dios se ha ido”)
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Feliz aquel que “alza el vuelo hasta alcanzar la caza”* y no le arredran las heridas de las zarzas. Dichoso el que osa mirar tras las puertas entornadas y aguza la mirada en busca del reflejo de la luz más diáfana y más clara. Bendito aquel a quien sorprende el día, “aunque es de noche”;* que no le paran ni hierros ni cerrojos que ocultan el sol de las mañanas nuevas. Que trepa por el gótico de piedra; una piedra de aristas y de ojivas, que se torna hoguera y llama, en busca de la serena sonrisa del arcángel. Romper la piedra con la fuerza oculta de un pensamiento que taladra y que descubre el envés del silencio y de la sombra. Un silencio que brota de estar solo; solo consigo en sí y en la conciencia, transcurriendo por una sonorosa senda serenada. Dichoso el que piensa que mira desde afuera, el que cree distanciarse, y al instante mismo se percata que una fuerza vivaz le va absorbiendo. Dichosa la cúspide del alma que se pierde en brazos del azul y la distancia. Dichosa la paz del Verbo hecho palabra. *(San Juan de la Cruz) (De “Anónimo viajero”)
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(Inédito) Acaso apóstoles de ídolos modernos prediquen nuevas religiones, nuevos paraísos terrenales. Acaso sus mortajas se enajenen clamando al dios de las ciudades nuevas, rezando en los templos de los centros comerciales y dejando talar los árboles sagrados. Buscarán la verdad en la boca de los héroes moribundos olvidando las pequeñas, las únicas verdades, las de los pies de los niños que corren tras las mariposas.
*** También la miel habita en los ojos inciertos de los niños. De tanto mirar a través de los ojos de los recién alados reconozco mi ser y me recojo. Pero la abeja mística reclama una parte del polen de los cálices apenas florecidos. Soy un niño muerto que a veces resucita. . . Siempre hay un feto en vuelo en el fondo de la lástima y el llanto, y resucita todo, por embrujo, cuando renace el halo irradiante de la risa. (De “Hemos llegado tarde y Dios se ha ido”)
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(Inédito) La doncellez del alba estalla y deslumbra con nitidez labrada de hálito en la hiedra. Un río neonato entona su canción de cuna. El alma se extraña y se refugia en las distancias que el águila le traza, se pierde en las alturas del cielo que la mece. Y yo, mísero barro, me disuelvo en el bosque como bruma liviana que se nace materia, sangre, musgo, en el tronco rugoso de las hayas más viejas. Voy bebiendo la esencia, por la luz tamizada, que, sublime, se duerme entre las hojas pálidas. Fluyen ácidos olores del tronco de los álamos. Se recrea mi ánimo vertido entre sus copas, llegando al fondo de lo que se muestra; poseyendo sus nombre, sus gritos, y lloro por todas las sombras a las que renuncio. A solas y a oscuras escribo el sagrado sabor del silencio. *** Desflorando la rosa de los tiempos, el antes y el después son imprecisos, sólo queda rellenar de ardor y miedo antiguo el efímero peso del relámpago. Afinar el espíritu a una música mientras cruza la imagen vaga de algún verso. Qué importa que el ángulo del arpa se duerma en el rincón oscuro. Mañana lloraré, si así conviene, pero ahora dejadme oír, cara a las sombras, esa traza de azul entre las prisas. (De “Por si acaso la luz”. Inédito) 33
absortos Recuerdo cuando juntos mirábamos absortos el místico gozo del único momento. Tibia la tarde y un sol de duermevela, dulce el letargo por el que el sueño surca suave y aquel cerco azul que no marcaba límites: rizos de brisa entre los dedos y los árboles, piruetas de vencejos sin puertas en el centro, y coros de espíritus musitando en silencio, del ánimo en paz, la eterna cantilena. La naturaleza canta con el ritmo recurrente del eco de la tierra. Equilibrio de estar unido en el abrazo a un eje troncal de coexistencia. (De por si acaso la luz”. Innédito)
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A veces se me ocurre y, de repente, cuando decae la tarde y las ausencias regresan a mi estancia con más furia, te tomo de la mano y te conduzco en oníricos periplos por caminos agrestes. Y nos trazamos metas de las que aún el final no se ha escrito. Porque siempre hay pequeñas cimas, íntimos lugares acotados que puedan servirnos de refugio. Dejo la sal y el pan sobre la mesa; te los ofrezco tan solo porque ya siempre sepas que te guardo un lugar junto a la lumbre. Y es que no quiero llorar cuando sea tarde y nos cuajen las vetas los hielos del invierno. Calendarios y termómetros anuncian que ya está haciendo demasiado frío en el refugio arcano que cobija al alma. (De “Anónimo viajero”, corregido.)
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Porque me sigo sintiendo trigo en el verano, lluvia en abril o viento en marzo y hay una música al fin del océano, sutil brisa de mar, gaviota en lontananza; me aferro a la tierra y me defiendo de mí, del desencanto. Me restan fuerzas aún para la risa y su ingrata sincronía con el llanto; porque a veces me asombra aún el milagro de un sentimiento fugaz que me rebasa: me dejo seducir, me abro al abrazo. Dejo un lugar abierto al sobresalto en la esperanza de un verbo nuevo, rotundo y verdadero que me diga que, detrás del palimpsesto de la vida, quedan rayos de sol sin trampantojos; sigo y sigo buscando la palabra viva. Me es imposible parar y pasar página. Buscaré, cuando se esconda el sol y ya no alumbre, una nueva luz que me descubra el último y total significado de la palabra lumbre, de la palabra casa. Aunque puedan parecer que huyen y se esconden entre las cenizas y las sombras, quiero hallar un único sentido de la palabra casa, de la palabra lumbre. (De “Anónimo viajero”) ***
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Hay, en el día, la esperanza de que llegue la noche como esperan los ríos regresar a sus fuentes. Romper el velo al tiempo; que jirones de sombras atraviesen la tarde. Como si fuera mayo, así, cuando cuelgan los ángeles su pan en las acacias, alimentando los sueños de un hombre perdido entre sus pasos. Por un mayo con pájaros, como leves guadañas, que arrancaran briznas al desnudar el viento al final de sus alas, y se muestran sedientos devorando sus trinos. Quiero ser sólo eso: haz de luz en las plumas de las alas del pájaro, trazar círculos, vértigos, sobre un mapa sin nombres. Y volver a la higuera, y volver a la fuente… Estrenando la sed y poblando el vacío. (De “Hemos llegado tarde y Dios se ha ido”)
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Espérame donde fluye la acequia de la noria, allí, donde el agua va redimiendo los surcos desmayados; espérame en los lentos canjilones, -cántaros de vida espejeando-, espérame en las noches deslunadas, cuando, desnudo, vague sediento en médulas vacías. Espérame cuando tiemble el ápice del alma al borde del precipicio absurdo de la nada. Espérame en las luces encendidas, en las tardes apacibles; espérame, si me pierdo en las distancias de las horas arrancadas, en las días disecados. Espérame en los muebles desudados, en el viejo almacén de nuestros días, en el dédalo de la noche y las arañas. Se está labrando el huerto de los sueños decaídos por si vienes conmigo y volvemos a sembrarlos. (De “Por si acaso la luz” inédito) ***
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Hoy, que el viento ha limpiado la mañana y está la mente y la niebla trasparente, paseas por el predio que siempre fue tu orilla, y el cerro, que antaño fue montaña. Montaña que obturaba el horizonte y sólo toleraba el paso del arroyo, que tú llamabas río. Un río hacia un lejano mar del que nada sabías. Aún no sabías que su acomodo era la muerte. Las aves volaban altas en formación de flecha y marcaban un destino, anónimo o sublime. Hoy vuelves sin resolver tus preguntas, que se pierden en el éter. Pero ¿qué queda aquí de lo que ha tiempo sobresaltó tu afán, iluminó tu sueño? Dejabas lamer tu cuerpo al frío de las aguas de un Duerna refulgente, bruñendo tu piel con las esencias del Pan griego, secando tu piel desnuda al sol, transida de deseos, sobre el verde lujuriante de la hierba. De la ciudad llegaban ecos que evitabas, y mirabas a las gentes tan lejanas, ay, como impasibles. Y te ibas lento, indiferente, con el rostro postrado, como el lánguido desmayo de los sauces, como un Adán que nace y no se orienta. (De “Por si acaso la luz” inédito) ***
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Algún día volverás a la casa en que estuvimos y no habrá nadie. Las ventanas abiertas al olvido habrán dejado huir, como un fluido, el eco del calor y las palabras. El silencio pesará sobre las losas y un gemido de viento –última presenciaavisará del fin. Entonces explorarás el lenguaje permanente de los ruidos que floten en el aire y descifrarás, en etéreos diccionarios, remembranzas del secreto de adioses y vacíos. (De “Por si acaso la luz” inédito) ***
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Regreso a León Son cenizas que surgen cuando quema la noche y el árbol niega asilo al pájaro perplejo que trina sus destierros. Se estremece en escorzos el amarre del tiempo y ni auras veloces que salen al encuentro hacen huecos que ayuden a escapar del cansancio. Voy con pasos pausados por caminos sabidos. E invoco a Colinas, por si me ha reservado un sepulcro en Tarquinia, un abrazo en el bronce, con cítara y lechuza en los sotos del Órbigo. Tal vez Gamoneda, taladrando dolencias, vigilando la nieve, me señale una ruta. Ya me quema la ausencia de lugares antiguos y de rostros anónimos, y persigo las huellas que quedaron estancas: las alargadas sombras que circundan San Marcos. Doy comienza al regreso: olores a humo viejo, sabores a unto rancio, en los espacios íntimos en los que habita el frío. Camino con el peso de la arruga del tiempo. No, no le temo al temblor de las mieses ajadas que forjaron oscuros presagios en las yermas besanas de la margen del Páramo. No le temo a las urnas con el pomo de plomo que esconden las alcobas de paredes rendidas, que rebasan los límites de momentos pretéritos, como heridas latentes, como bocas sedientas. Qué sabor a vacío. Qué motín de reliquias, cuánto fin en indicios de la memoria oscura. (De “Por si acaso la luz” inédito) 41
テ]imula, vagula, blandula
Bego単a Abad
La medida de mi madre No sé si te lo he dicho: mi madre es pequeña y tiene que ponerse de puntillas para besarme. Hace años yo me empinaba, supongo, para robarle un beso. Nos hemos pasado la vida estirándonos y agachándonos para buscar la medida exacta donde poder querernos. (La medida de mi madre) ***
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Contemplación Destila la hoja la humedad nocturna, aún no existe, como tal, la gota. Comienza a condensarse el agua, resbala delicada por el borde, pesa lo suficiente, nace y en ese instante exacto se derrama, cae, desaparece su efímera existencia. Sin embargo, al caer, su sonido serena el atento oído del viajero, su golpe sobre la superficie del lago producirá círculos concéntricos que moverán la orilla lejana y el movimiento llegará hasta el fondo donde un grano diminuto de arena cambiará para siempre de lugar. (La medida de mi madre)
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Yo no escribo, no s茅 escribir. Las letras solas se llaman y acuden como plaquetas a taponar heridas. Ya quisiera yo saber escribir ponerlas hermosas unas junto a otras y sacarlas de paseo como a mis hijos. Presumir como madre. Yo s贸lo soy herida que habla. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)] 46
Cada vez que intento alzar el vuelo tengo que soltarme las ataduras de quienes dicen quererme y me atan con sus miedos. Como mucho, me quieren como paloma mensajera, de ida y vuelta, pero yo sue単o con ser aire. (Palabras de amor para esta guerra)
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No soy yo es lo que SOY quien te ama (Palabras de amor para esta guerra)
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Un hombre es s贸lo un hombre solo. Dos hombres son s贸lo un hombre, s贸lo. (A la izquierda del padre)
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¿Qué hiciste en tu vida? Caer y levantarme. Aprender a curar rodillas magulladas. Echar remiendos en los desgarros. Inventar menús para los que tenían hambre. Caer y levantarme. Escuchar los gritos silenciosos del miedo. Hacer hueco para que cupieran todos. Sumar y multiplicar la alegría de diario. Restar y dividir la angustia a y la tristura. Abrir puertas. Caer y mirar desde ahí. Caer y levantarme. (A la izquierda del padre)
50
Vivir con amor mi divina insignificancia, en eso consiste la felicidad. (A la izquierda del padre)
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Desdoblamiento del tiempo Un instante tras otro, en medio, infinitos agujeros negros que no percibimos y sin embargo es donde el pensamiento crea realidades. Vivir fuera de mĂ, fuera del tiempo que percibo, vivir el pensamiento creador. Sembrar la bondad para que tĂş la vivas. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
52
Recojo astillas del ĂĄrbol caĂdo las junto todas y me sale un hombre, siempre. Dicen que escribo poesĂa. El caso es poner nombres pomposos a lo natural. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
53
Aprendizaje Aprendo, mientras recojo palabras, que lo importante no es la cosecha, es el gesto al agacharme. Cuanto mรกs abajo yo mejor se ve el paisaje. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
54
La transparencia, la desnudez, la mayor de mis fortalezas. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
55
Vine a este mundo como aprendiz de amor todas mis desdichas suceden cuando lo olvido y me empeĂąo en hacer algo mĂĄs importante. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
56
Cuando el dolor le superaba, cuando no comprendĂa por quĂŠ, el buscador de piedras comenzaba a caminar solo mirando al suelo y llenando sus bolsillos de piedras que lo anclaran a la realidad. Otras veces se sumaba a la inmensa fila de buscadores y, en silencio, les comprendĂa. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
57
Sé que te irás y si no lo haces, seré yo quien me aleje, porque ya conozco los caminos del hombre, por eso escribo, para nombrarlos. Pero a veces las palabras pesan demasiado o no caben en un sobre. Apaciento ese rebaño en la absoluta soledad, en lo más alto a donde he podido llegar y aprendo a distinguir las sombras de la luz, luego las pongo juntas y observo al hombre para aprender a amarlo. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)] 58
No soy lo que tĂş ves ni lo que piensas de mĂ, ni soy lo que digo o pienso. No hagas el esfuerzo de etiquetarme no soy nada de eso. Haz silencio, eso somos. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
59
Ya soy lo que busco de un modo agotador, s贸lo me falta reconocerme en cada presente. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
60
La piedra del camino s贸lo es piedra gris, pulida, divina piedra. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
61
AquĂ vengo hoy con la mayor de mis cargas el desamor en el que me convierto cuando me juzgo, cuando te juzgo. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
62
A “Ti” A ti, que amas mis cicatrices, que pasas por ellas el dedo de la ternura y las pronuncias como el arte de las catedrales, gótico, románico, dices. A ti, que ves mi oscuridad y la nombras alba. A ti, que me ves cuando más me desdibujo y recoges los pedazos de la quebrada porcelana que soy en ocasiones. A ti, que te encuentro siempre, cuando incendio las distancias y humedezco desiertos que los demás ven en mí. Te pongo nombre. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra)]
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El amor nunca es imposible Entonces, como un soplo, una hoja del árbol de los sueños cayó a la piedra desnuda y un temblor removió la tierra hasta sepultarla para siempre. El paso del tiempo como un sedimento oscuro y silencioso convirtió en milagro lo natural y el leve peso de la hoja ausente marcó el pedernal con su dentado borde y aún perdura su forma original... Hoy tu mano, una vez más, ha quedado impresa en mi piel y ha dejado su huella, un espacio vacío. Cada vez que tu ternura me toca, uno de mis órganos vitales abandona para siempre su lugar y yo me voy haciendo invisible. Me pregunto cuántos espacios vacíos me contienen y cuántos me quedan por vivir. Morirme de amor con el amor a mano amando hasta el final, armada de amor infatigable, y no siendo por amor no volver nunca los pasos hacia atrás pero si por él es, volverme para volver a morirme de amor de tantas vidas como amor me quede. Desarmada de amor enteramente, a sí quiero vivirme. (Musarañas azules en Babilonia)
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La luz precisa Dio la vuelta al mundo muchas veces en su obstinación por encontrar la luz. Le atormentaba esa única idea. Cabalgó en los riscos más escarpados por subir a lo más alto y robarla allí más pura. Se perdió en los desiertos donde el sol parecía estar en sus manos, intentando robarla directamente del astro rey. Acudió a las aguas más transparentes, a los extensos océanos por buscar la luz reflejada en la superficie más inabarcable. Un día se adentró en la profunda sima y la oscuridad más absoluta le abrazó estrechamente. Estremecido, pensó que a pesar de toda su búsqueda, había acabado en aquel terrible lugar. Fue en ese instante cuando descubrió una diminuta fisura de las rocas, justo la medida de la más pequeña de las monedas que conocía, por allí se filtraba un hilo de luz, el más hermoso de todos cuantos habían iluminado su vida. (Cuentos detrás de la puerta) 65
La cuchara Hablar de la cuchara humilde en los cajones no sirve, me dices, para un poema y yo sonrío, vieja ya de todo, no discuto, no contradigo… La cuchara con la que crié a mis hijos, la que llevas a tu boca cada día con suerte, la que tu madre usaba los días festivos, la que hacía música sobre el cristal de las copas, la que con su frío aplacaba el dolor de tus chichones, la de peltre, de mi abuela y de la suya que me dan sopas con honda cuando me crezco, sabihonda, y olvido el humilde valor de la cuchara y de mi origen.
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Portadores de la luz, y sin embargo ciegos, avanzan con la espesa y untuosa baba de la soledad pegada a sus alas. Los hombres se abren paso a tientas. *** A los cincuenta me nacieron alas. Dejaron de pesarme los senos y los pensamientos que cargaba desde niña. A las alas les enseñé a volar desde mi mente que había volado siempre, y comprobé desde el aire que mientras yo anduve dormida tantos años alguien trabajaba afanosamente recogiendo plumas para hacer esas alas. Tuve suerte de que cuando estuvieron hechas me encontraron despierta en el reparto. (Cómo aprender a volar)
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Nos mantuvimos en otra frecuencia que no alcanzan los ojos mortales y aprendimos el lenguaje en morse: dos latidos, pausa, el robo de un beso, un baĂąo en el mar de tu infancia, pausa. Agradezco a la vida que nunca fueras mĂo para que nunca quisieras irte. [Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la Tierra)]
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テ]imula, vagula, blandula
Alfonso García Rodríguez
El agua es el principio El dios Chak, dios de la lluvia, se vistió de gala para contemplar el mundo sobre la pirámide de Chichén Itzá. Llueve sobre el templo de las mil columnas. Los jaguares sonríen desde los canecillos de su reino. Las iguanas son guardianes de la tierra y el agua. Trescientos sesenta y cuatro escalones -¡oh milagro del tiempo y de los números!desciende Cuculcán cuando se abren las puertas de la primavera. Florecen aquel día las esperanzas de los hombres, el brillante colorido de las serpientes voladoras, la sonoridad de los nombres de los pájaros, la disposición de los corazones para ser ofrecidos en el altar de los sacrificios. Llueve sobre Chichén Itzá. La Naturaleza impone sus leyes que acatan los hombres en la alegría del silencio.
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Quienes observan el movimiento de las estrellas o la traición de la coralina o la germinación del xilandro o el nacimiento del agua en las entrañas de la tierra, no son otra cosa que teólogos que diseñan dioses para permitir al hombre unir a su muerte la sonrisa dibujada en la geografía cobriza de su rostro. El dios infinito de la lluvia ve cómo germinan líquenes y musgos y crece así la alegría en el corazón de los hombres. Se percibe al atardecer entonces el perfume de Ixchel, la fertilidad hecha amor. Los chamanes aparecen misteriosos sobre al agua del cenote para prolongar la sumisión de cualquier sueño.
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El agua es el principio de las cosas. Está escrito también en el rostro de mi madre que contempla el discurso permanente del tiempo dibujado en las aguas del Bernesga. Ve pasar el agua y la vida desde la ventana. Y me ve, justo al lado del puente, llenar los calderos en la fuente, sujetarlos al marco de madera y colgarlos al cuello de la niñez. El agua era la fertilidad de la pobreza. Cuando el dios Chak permite la lluvia en Chichén-Itzá, yo contemplo la jungla infinita. El agua es el principio de la vida. Lo veo escrito allá, muy lejos, en el río de la infancia, en los ojos de mi madre por los que un día empecé a trepar a estos mundos y a estos sueños, a estas pirámides habitadas por los dioses y los sueños que aún me tienen vivo.
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La invención de la lluvia “La última invención fue la lluvia” (Gustavo Adolfo Garcés, poeta colombiano, en Libreta de apuntes) Bogotá es la catedral de los misterios de la niebla, y brota en ella la voz de la palabra que pone límites a las fechas del olvido. El dios de los ascensores y de sus exactitudes enciende los atardeceres enrojecidos del corazón y las mariposas galopan hacia las crestas azules del amor. En el silencio de los cerros que se abrazan a los cielos que navegan las alondras viven los sueños circulares del mundo y sus geometrías. Aquí el agua bendice la escultura femenina de los cuerpos. El amor, lo sé yo en estas miradas blanquecinas que abarrotan las alturas, tiene la clave de la supervivencia o de la muerte, y el recuerdo, desde la distancia del tiempo, lo llena de tristezas. Pero el amor, ay dios de los relojes que germinan en el suspiro de los vientos, se esconde en el reino de la desolación de la memoria.
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Lo cuentan chitareros, muiscas, laches, guanes y otras gentes que confiaron todos sus llantos a los chamanes y a sus aves. Lo cuenta en una humilde calle de Candelaria un guacamayo de piedra asolada por el tiempo. Pero los sacerdotes y caciques enriquecían las aguas para que el equilibrio del mundo fuera duradero. El amor se siembra en la mirada invadida por la niebla. La mirada me conduce a otros cerros y otras rocas en que la nieve cubre el corazón de la memoria, a una tierra dura pero hermosa en que el llanto tiene sonido vegetal de muchos siglos. La distancia de nombres y de rostros hace mella en mi corazón. Hay nieve en el rincón azul de las huellas escritas en el viento y resuena en ellas el concierto metálico y antiguo de todas las esquilas. Está escrita en las paredes de una casa junto al río nuestra historia que busca la sonrisa mineral de quienes dibujaron las montañas.
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La lluvia siempre fue la última invención. Cuando llueve en Bogotá, como ahora mismo, quiero adivinar en la lluvia el perfume inocente de mi infancia. Llueve también, me dice la voz silenciosa de mi madre, sobre el río tranquilo del verano. Golpean solemnes las gotas y se dibujan círculos grises sobre el agua. ¿Dónde estarán hoy navegando las aguas del Bernesga que bañaron un día ya lejano y tembloroso mi cuerpo de niño, mi corazón de terciopelo inocente y suave? Dibujo en el recuerdo un pueblo partido por el río y por el tren, las únicas razones que soñaban nuevos horizontes, aunque el agua del invierno sobresalte la mirada imposible de los míos. En los aeropuertos también se esperan siempre vuelos imposibles. Hay despedidas con las manos levantadas e indecisas en el de Bogotá, la ciudad de la niebla, la esperanza y el olvido. La lluvia siempre está en el corazón de la tristeza, aunque en Bogotá habitan los ángeles del oro y en la calle la fertilidad de los sabores de almojábanas, pitayas, nasato y pandeyucas naveguen por el caudal de los tulipanes que tejen el recuerdo.
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Hoy quiero cerrar las puertas de la lluvia y de la niebla. Y retornar a los amores primigenios dibujados sobre mis catedrales cinceladas en el aire, en la hierba recién segada en Villarín. Aquel dios de los domingos del verano tiene el corazón lleno de flores y de cristales tallados con mil nombres. Cuando llueva sobre el esqueleto gris de nuestras sombras y sobre las miradas tiernas de todos los gorriones, llegará el clamor azul de aquellas niñas envueltas en la niebla. La niebla es el milagro de las cenizas del corazón que asciende a las cresterías de las catedrales del silencio antes de que en Bogotá decidieran inventar la lluvia.
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El relato de la piedra Una larga avenida conduce hasta las aguas del río Avon Es necesario purificarse antes de iniciar el sacrificio. La catedral megalítica de Stonehenge dejó escrita en la intemperie la magia del relato de la piedra. Los espacios sagrados se cierran para buscar la proyección del sol y sus caminos. Acaso entonces, bajo la verde intensidad que rodeaba la soledad de los siglos, cientos de hombres excavaron aquí con la cornamenta de los ciervos los surcos de las esperanzas suspendidas en el aire e incineraron los cadáveres para ofrecérselo a los dioses. Quién sabe cuántos milenios y fantasmas están escritos en este espacio vegetal para atrapar tiempos rituales y liturgias inquietantes. La perfección circular de las geometrías interiores siguieron las melodías alineadas de los astros, según cuentan, convencidos de que el círculo es lo perfecto, el retorno permanente. Una vez más, dios de estas piedras azuladas y de la suavidad de los arándanos, una vez más magia y religión se dan la mano.
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Es verdad que aquí el misterio está en la piedra, en el origen vertebrado del tiempo incomprendido, de las jaculatorias desoídas, del lento caminar de los ganados, de los pastos arrasados por la escarcha, de la niebla que hace difuso el sol que nos orienta. Ya sé que es difícil escribir desde el dolor de lo perdido. Es muy fácil entonces que el dolor se instale en la memoria y la mirada se pierda también en el foso de los círculos concéntricos. Pero en esta piedra no está escrita la teología de los hayedos y los ríos. Dicen los sabios de las indulgencias y los perdones duraderos que por aquellos tiempos hubo otro círculo de piedra igual que este en la colina donde se asienta la fragilidad gótica de León. Hace cuatro mil años. La angustia del tiempo paraliza y traza siempre senderos verticales.
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Cuando regreso, regreso a las calles rectilíneas de Ciñera, a la geometría soñada en la memoria de la infancia, al caudal de los ríos que lleva el corazón de las distancias y habla, en su cauce de dolores y de sueños, las hermosas lenguas del entendimiento entre los hombres. ¿Por qué pienso entonces que es una locura enamorarse de los ríos? ¿Será el mar acaso el aliento único y tenaz de la desesperanza?
Cuando regreso, regreso a las desnudas ramas de los árboles que dibujan su esplendor sobre la niebla, a las raíces vigorosas de las hayas donde un día dibujé la aritmética definitiva del amor. Estoy seguro de que Dios habita en los hayedos de la infancia. En Stonehenge la piedra es la palabra de los peregrinos en la niebla. Con frecuencia la palabra es una lanza que te hiere en el costado y te obliga a caminar buscando la luz que no se apaga. Esta luz de la campiña permaneció en los infames olvidos de los tiempos. Y, sin embargo, están aquí trazados los misterios de una obra maestra de la ingeniería del espíritu, del deslumbramiento de todas las certezas. 81
¿Acaso templo bajo el cristal de las estrellas, o parlamento para zurcir heridas que supuran por la brega, o cementerio donde enterrar los líquenes de las últimas miradas? ¿Acaso observatorio de los primores silenciosos de los cielos, o lugar de sanación y sacrificio? Los templos se alzan como las espigas de las colinas onduladas, frágiles y poderosas cuando el viento las azota. El rito del asombro nunca llega a comprender hasta dónde los dioses se encuentran satisfechos del susurro de la fe de nuestros miedos. Nos convocan a celebrar bajo sus sombras la piedad y la lujuria de ser hombres. Cuando cesa la voz mineral de las campanas se resquebraja para siempre el aliento de los pueblos. Hay una voz que enciende cada día el temblor de todas las estrellas.
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Fortaleza y misterio de la Palabra “In principio erat Verbum…, et Verbum caro factum est” (Juan, 1) La palabra es una forma de salvarnos. Escríbase sobre el ala de los chambergos de los tangueros tristes, en la frente de quienes hablan del poder y la justicia, en el envoltorio de la flor de los lapachos y en la piel suave del gris marengo surubí. Escríbase sobre las gotas de la lluvia que nacen de las lágrimas de los pájaros de la memoria. Y también sobre los escaparates abiertos en el pecho para conocer los latidos de corazones poderosos, sobre los paraguas que nos amparan de las lluvias de pétalos, sonrisas y relámpagos de amor. Escríbase sobre la tristeza de los vientres de las madres que no han conseguido parir ángeles de risa. Escríbase en los trapecios donde se balancean las estrellas, en los trenes que atraviesan las cordilleras del alba, en los quirófanos donde se extirpa la luz a las luciérnagas, en los pasillos en que caminan las semillas de los colibríes, 83
en los zapatos de charol de los cocodrilos que comen macedonia de pelícanos, en los pantalones de las jirafas que tocan las trompetas y convocan a dibujar la madrugada, en los umbrales de las puertas por las que entran los enanos, en las ventanas en que se posan unos trenes llenos de músicas y vientos, en los vientos que traen besos amarillos de otras tierras, en las nubes en que viajan mil narices de payaso. Hagan saber a todos que en la palabra están escritas las leyes de la compensación de la verdad. Háganselo saber a todos, por medio de letras sobrantes de periódicos y libros vendidas a peso en la feria de ilusionistas y de magos. Háganselo saber, por favor, y no me mientan, a los humildes sastres de las mariposas, a los encantadores de serpientes voladoras en celo, a los orfebres de las sombras de los sueños, a quienes gobiernan los lagos del olvido, a los que venden en las plazas las pajaritas de los laberintos, a quienes miman los olores olvidados en las frágiles estanterías de cristal del tiempo, a todos los que esperan en los aeropuertos el vuelo de las pompas de jabón. Háganselo saber a todos, por favor -es un ruego de un echador de cartas de la suerte-, y lleven su voz a las cordilleras que fabrican tempestades, a los cucos que encienden la luz de un nuevo día, a las tarántulas que al amanecer extienden la moqueta del mundo, a los escarabajos que copulan a la intemperie, a los borrachos que apagan las farolas de la noche, 84
a los enfermos de melancolía y otras heridas que mellan el aliento de la vida, a los que viajan de una soledad a otra y ofrecen a los transeúntes la voz cálida de los ruiseñores, a los que guardan en papel de celofán los hermosos acordes de la música. Hagan saber que en la palabra está dibujada la comprensión del mundo y sus dominios de vanidades y juegos de artificio. Vocéenselo a los conductores de los autobuses del amor, a los navegantes que surcan las planicies de los versos azules, a los fareros que hablan con las olas, a los vendedores de pompas y lagartos, a los que diseñan los volúmenes del aire, a los que amaestran los pájaros de la cabeza, a los que siembran las coordenadas de los puntos cardinales, a los que inventan nuevas máquinas de las pasiones, a los que encienden las hogueras del crepúsculo, a los que aman la vida sin arrepentirse por ello, a los geógrafos de todos los amores que trazan los ríos con las plumas de los cóndores, a quienes plantan en el atardecer la llama rojiza del sol para iluminar el horizonte de quienes peregrinan sobre el vacío. Cuando hablen, díganselo a todos, háganselo saber, por favor. Que no se olviden. (Del libro inédito “Presencias del origen”)
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Epílogo El poema de los átomos Oh día, despierta! Los átomos bailan. Todo el universo baila gracias a ellos. Las almas bailan poseídas por el éxtasis. Te susurraré al oído... a donde los arrastra esta danza. Todos los átomos en el aire y en el desierto... , parecen poseídos. Cada átomo, feliz o triste... está encantado por el sol. No hay nada más que decir. Nada más. (Yalal ad-Din Muhammad Rumi (1207-1273), poeta persa (en la actualidad Afganistán).
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Índice
Prólogo ������������������������������������������������������������������������������������������������������� 1 Poemas de Alicia Millán ���������������������������������������������������������������������� 5 Poemas de Octavio Fernández Zotes �������������������������������������������� 27 Poemas de Begoña Abad ������������������������������������������������������������������� 43 Poemas de Alfonso García Rodríguez ������������������������������������������ 71
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SE TERMINÓ DE IMPRIMIR ESTE LIBRO A FINALES DE JUNIO DE 2015, CON MOTIVO DEL SEXTO ENCUENTRO POÉTICO CELEBRADO EN EL MONASTERIO DE SAN MIGUEL DE ESCALADA EL DÍA 5 DE JULIO
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“Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www. conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 02 47)” © De los textos: sus autores © EOLAS EDICIONES Depósito legal: LE-585-2014 Edición no venal. Impreso en España.