Quinto Encuentro Poético en
San Miguel de Escalada
Marcas de Cantores Antonio Gamoneda Eloísa Otero Toño Morala Salvador Negro
Presentación Los constructores de este Monasterio fueron, desde el principio, poetas de la piedra. La piedra es viva, aquí. Por encima incluso de la muerte. Se levantó este edificio sobre las ruinas anteriores, con piedras labradas para el recuerdo de los muertos; con aras esculpidas con los nombres de santos y de santas (no sólo de una religión): santos astures, santos romanos, santos hispanos... y santos cazurros, comarcanos); con versos lastimeros a la muerte de los próximos: abades, monjes, soldados, hermanos, legos y paisanos... El Monasterio de San Miguel de Escalada es un poema silencioso en piedra. Con estrofas y versos sueltos, grabados por doquier. Sus inscripciones son rimas “milimétricamente” puntuadas en la piedra; desconocidas, olvidadas y menospreciadas. Tienen métrica poética, claro que sí. Tenemos en marcha un trabajo personal para divulgar los contenidos áridos de estos gritos en la piedra y en los pergaminos, con un modesto pero atrevido entusiasmo de poner tildes de poesía en las simples traducciones conocidas, que a veces nos dejan fríos y lejanos. Lo mostraremos, si Dios quiere, en próximas ediciones de este Encuentro Poético... Así lo proponíamos ya en el primer recital del año 2010, que titulamos “Poesía en la Piedra y en el Silencio”. Este edificio “único”, y singular –junto a la iglesia románica posterior– está marcado en su piel con signos misteriorsos 5
a los ojos de hoy. Sus múltiples “marcas de canteros” son algo más que señales de arquitectos y albañiles, de artesanos manuales con su firma, de indescifrables rezos a las divinidades... Son, como los versos con palabras de las lápidas y de las inscripciones, signos de puntuación de la poesía; signos de admiración de los hombres del medievo, que eran, sin duda, mucho más cultos que los de hoy. Estas “marcas” son verdaderas “marcas de cantores”, de poetas... Por eso el título del recital de este año. Pero el más grande y mejor atributo de San Miguel de Escalada es el silencio. Y el silencio es más fértil y sonoro cuanto más se respeta. Del silencio sonoro del alma de los hombres es de donde nacen los mejores poemas, que se escriben en la tierra, y en la piedra. Y en la imaginación. ...También en el papel. Hoy queremos que unos cuantos silencios de poetas se escriban ahora aquí. Se escriban con el verbo; con la palabra. Con las palabras de hoy. Con sus palabras y las nuestras. Y con las palabras y signos de los que nos precedieron en este rincón de paz, de sosiego y de luz. Vamos a ello. Sed todos bienvenidos. Y “que la luz y la paz estén con todos”, como saludaban los astures de este tierra.
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Antonio Gamoneda
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De La tierra y los labios, 1953
REINA de mi sangre, voluntad de amargura, juventud derrotada por un reino de sombra, te meces en mis brazos como un mar; incesante como el mar, me nombras. En mĂ acaba tu cuerpo. Hay palabras oscuras habitando tus ojos. DesnĂşdate en mis manos. Viene la noche. Es la hora de perderme en tu cabello y tu llanto.
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ES un hombre. Va solo por el campo. Oye su corazรณn, cรณmo golpea, y, de pronto, el hombre se detiene y se pone a llorar sobre la tierra. Juventud del dolor. Crece la savia verde y amarga de la primavera. Hacia el ocaso va. Un pรกjaro triste canta entre las ramas negras. Ya el hombre apenas llora. Se pregunta por el sabor a muerto de su lengua.
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De Sublevación inmóvil, 1960
COMO un suave relámpago, como sonreír entre la luz. Madeja de claro fuego, oro vivo, pájaro de nieve, tú te vas siempre, dejas dorado el aire, ríes, huyes siempre veloz. Gira el mundo y nosotros esperamos la muerte. Y la belleza azul cruza lejos, se va. Criatura de luz fugitiva: un instante baja a mi rostro, pon en mis labios tu cuerpo.
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CUAJADO en la luz, hirviendo, despuĂŠs de mucha tierra deshabitada de pĂĄjaros, surge un pueblo. En abrasada gleba guardan a sus muertos, mas el silencio y la arcilla se levantan y entran en la vida. Pensaba la belleza. Veo ahora silencio edificado, corazones amontonados por el amor. Veo la vida en el centro de la luz; ya sĂŠ que la belleza no necesita ser pensada.
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De Blues castellano, 1966
Agricultura QUÉ valdría sin pisadas humanas esta pobreza que hace crujir la luz. Qué sería la belleza violenta del secano sin el corazón cansado que piensa en él: tierra comida y mala soledad frente al acero mural de las montañas. Mirad, es bello y es verdad: arriba, el cardo blanco y el centeno, ciegos, vibran junto a los pájaros, y luego baja la tierra sobre sombras rojas hasta el poco de agua y los negrillos. Baja roída por el sol, quemada por el hielo como el rostro humano quieto y tajado de dolor, que pasa, mil veces pasa por la tierra, duro, con la herramienta y el caballo viejo, seco con su amor, mil veces pasa, toda la vida mientras dura el día.
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Amor MI manera de amarte es sencilla: te aprieto a mí como si hubiera un poco de justicia en mi corazón y yo te la pudiese dar con el cuerpo. Cuando revuelvo tus cabellos algo hermoso se forma entre mis manos. Y casi no sé más. Yo sólo aspiro a estar contigo en paz y a estar en paz con un deber desconocido que a veces pesa también en mi corazón.
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De Exentos II, 1970
RECUERDO que la tierra quiebra dura y se levanta azul hacia la nieve. Recuerdo que los ríos descendían cual frescos gavilanes y recuerdo las tierras rojas sobre lomas. Vi ásperos pueblos, huertos silenciosos. Miré también al corazón humano y vi la misma lentitud, la misma roja aspereza y silencioso frío. Pero, más tarde, sorprendí las aguas enloquecidas por la luz, los lirios ante el abismo, en la serenidad, el ruiseñor, de noche, entre los álamos, y los veloces pájaros del día.
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ESPACIO siempre frente al tiempo. No hay mayor lentitud que esta paciencia que eterniza los labios, endurece las tĂşnicas, habita en la mirada de la desolaciĂłn. Roja, la estepa, afuera, lejos, en la mansa gleba, come su viejo sol. Gira la tierra sobre sĂ misma, musical, y el agua desciende azul: eternidad herida.
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De Descripción de la mentira [fragmento], 1976
DÍAS de labranza extendidos más allá de las aguas, lenguas laborables y centeno bajo el invierno: así es el mundo delante de mis ojos.
El ganado de vientre pasa sobre la nieve y el aceite llama desde los establos. En esta hora retirada, mientras actúa la nuez vómica como algodones exprimidos dentro de una llaga, silban las cuerdas depositadas en mi alma, silban los números. Mi cabeza arde en las profecías pero los dioses hablan de incredulidad: más sigilosos son que uñas bajo la nieve.
Ah días tardos, alas sobre el umbral, seres que me nombráis con insistencia llena de aguas, vuestra memoria está en mí crucificada como la vianda del pájaro verdugo: 19
pronto anochece y queda un sabor a muérdago corrompido. Manchas de óxido, grasa sobre carbones, lienzos en las porcelanas purpúreas... Todos los signos pesan en mi corazón mientras mis hijas hablan en los espejos, pero la edad es como el vaso del arrepentimiento.
Éste es el líquido que beberán mis labios.
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De Lápidas, 1980
SUCEDÍAN cuerdas de prisioneros; hombres cargados de silencio y mantas. En aquel lado del Bernesga los contemplaban con amistad y miedo. Una mujer, agotada y hermosa, se acercaba con un serillo de naranjas; cada vez, la última naranja le quemaba las manos: siempre había más presos que naranjas. Cruzaban bajo mis balcones y yo bajaba hasta los hierros cuyo frío no cesará en mi rostro. En largas cintas eran llevados a los puentes y ellos sentían la humedad del río antes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada.
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CONVOCADA por las mujeres, la madrugada cunde como ramos frescos: cuñadas fértiles, madres marcadas por la persecución. Hay un friso de ortigas en el perfil de la mañana; lienzos retorcidos en exceso por manos encendidas en la lejía y la desesperación. Y vino el día. Era un rumor bajo los párpados y era el sonido del amanecer. Agua y cristal en los oídos infantiles. Llega una gente traslúcida y sus canciones humedecen las maderas del sueño, humedecen la madera de los dormitorios cerrados a la esperanza. Siento las oraciones, su lentitud, como serpientes bellísimas que pasaran sobre mi corazón. (Era el rosario de la aurora en los márgenes de la pureza proletaria, ante los huertos abrasados por los ferrocarriles y los vientos.)
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Del Libro del frĂo, 1986
ALGUIEN ha entrado en la memoria blanca, en la inmovilidad del corazĂłn. Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos. Es la ebriedad de la melancolĂa; como acercar el rostro a una rosa enferma, indecisa entre el perfume y la muerte.
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NO TENGO miedo ni esperanza. Desde un hotel exterior al destino, veo una playa negra y, lejanos, los grandes pĂĄrpados de una ciudad cuyo dolor no me concierne. Vengo del metileno y el amor; tuve frĂo bajo los tubos de la muerte. Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza.
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¿ES la luz esta sustancia que atraviesan los pájaros? En el temblor del sílice se depositan cuarzo y espinas pulimentadas por el vértigo. Sientes el gemido del mar. Después, frío de límites.
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De Arden las pérdidas, 1993
HE TIRADO al abismo el hueso de la misericordia; no es necesario cuando el dolor es parte de la serenidad, pero la lucidez trabaja en mí como un alcohol enloquecido. Sé que las uñas crecen en la muerte. No baja nadie al corazón. Nos despojamos de nosotros mismos al expulsar la falsedad, nos desollamos y no viene nadie. No hay sombras ni agonía. Bien: no haya más que luz. Así es la última ebriedad: partes iguales de vértigo y olvido.
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FUE la música mortal, el alarido de los caballos incesantes, fue una pavana fúnebre a la hora del algodón ensangrentado.
Fue la declinación de mil cabezas, la gárgola que aúlla maternal, los círculos de la gallina atormentada. Es aún, otra vez, la cal, el hueso frío en nuestras manos, la médula negra de la policía.
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De Cecilia, 2000
COMO si te posases en mi corazรณn y hubiese luz dentro de mis venas y yo enloqueciese dulcemente; todo es cierto en tu claridad: te has posado en mi corazรณn, hay luz dentro de mis venas, he enloquecido dulcemente.
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YO estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra imprecisa; habré existido en un instante en que la alegría y la piedad ardían en tus ojos. Pero también quiero permanecer desconocido en ti. Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad. Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y así, imperceptiblemente amado, esperar la desaparición. Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra y cada uno está en su propia luz y la mía es la que tú vas abandonando.
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ERES como una flor ante el abismo, eres la Ăşltima flor.
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De Las venas comunales, 2013, inédito.
Fatigado por la que ya es treinta mil veces mi duermevela cruda. En la advertencia de que se está insinuando en mis venas la muerte, declaro la incandescencia de tus ojos. Declaro la licitud del solimán que adelantas hacia los depositantes del ácido en el [corazón de nuestras madres. Declaro que tu escritura hiende la virtud venéfica de los traficantes de combustibles destinados a quemar la alegría y la [codicia amorosa de los aprendices y de los jóvenes conducidos por el [temblor de sus guitarras y la mirada de las muchachas que peinan [sus cabellos ante espejos cegados por su propia lepra. Declaro también que creo en tus sístoles y en la pureza de tu indignación, [y que tu amistad me ayuda en mi tarea más urgente, ya sabes: aprender a morir. No te entristezcas: quizá la muerte sea, quizá, la madre de la vida.
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EloĂsa Otero
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Los poemas
Como enredando hebras de lana virgen alrededor de un huso pero sin tiempo para hilar la hebra y que crezca larga con las caricias de los dedos a falta de rueca hilar al hilo de los días, hasta que encallezcan las yemas del índice, del pulgar, del anular, qué taquicardia… y sin tiempo para hilar un poema para tramar algo con todas estas crechas, rizomas, palabras esquiladas que grafitan por libretas en hebras en tinta todavía y aún por devanar qué devaneo y con mucha broza.
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Las agujas
Las agujas no servían para coser. En tu casa las agujas eran fuelles muelles antídoto y veneno aguas hipodérmicas, sin ojo pasen los camellos, acupuntura hipnótica. La aguja era ouija deletreando el más allá bailando perdidita en la nada como una miga de pan.
Está templada la casa y no sé por qué no vuelves.
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S/T
Una fotografía gris ceniza marca el territorio donde guardo tu rostro, única cosa que me queda de ti. Lo miro con mucha fijeza. Una vez más quiero imprimirlo en mi memoria, luego cierro los ojos y lo proyecto ahí (en la sala oscura del interior de la cabeza) sin nada en torno a esa imagen que después de un rato pierde nitidez. Hay situaciones que te cambian la cara para bien o para mal, me digo, esperando que alguna vez vuelvas en sueños naufragando en luz de madrugada, en el mar de la tranquilidad. Puedo vaciar tu imagen con palabras. Componerte un gesto inquieto capaz de dar lecciones de autoestima. Dibujar la piel porosa, largas pestañas, legañas de cinco días y hasta una cicatriz en el mentón. Pero un rostro no deja de ser un papiro con el relato de una vida, y el tuyo tiene una buena historia. Puedo escribir cualquier cosa para cambiarte la cara y, sin embargo, es precisamente en la escritura donde no estás.
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De Cartas celtas y otros poemas, 2008
De los viajes Mirar lo que está lejos dentro del alma. Antonio Machado
I (navegar)
Las anémonas ocultaron la botella y su mensaje hasta que el corcho se picó y el agua disolvió la tinta y el papel.
II (volar)
Un ciruelo y una flor. (Sueño con la fruta madura)
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III (errar)
Extraños silencios los que ponen en camino, llenos de preguntas asaltadas (y la brújula para qué la quiero y el mapa con las líneas de la vida).
Estoy que no trino. Ahueco el ala. Lejos de casa. De la nata espesa y el azúcar. (Sin crear grandes obras, sin pasarlo fetén)
El universo, la savia de la vida es también esto: oler la tierra húmeda en el luscofusco, recibir una cagada de cigüeña en la cabeza, pulsar ese botón extremo y añorar los bosques, el fuego, el aullido de los coyotes, la compañía discreta de otro neardental.
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IV (emigrar)
Viajar es trazar en el mapa una deriva, esquivar la catåstrofe sin otro rumbo que la propia chamba. Pero la suerte se tuerce cuando calcas la huella y descubres un ångel que te protege de todo menos de ti misma. Si te hubieras quedado donde estabas‌
V (explorar)
Recorreremos grandes distancias con botas de siete leguas estelares, para no volver. Evocaremos el origen hasta alcanzar un punto de no retorno. (Distancia: la tranquilidad posible) 40
VI (rodar)
No hay lugar para los pies descalzos ni orilla de la playa un sol poniente rojo abismo verpertina luz. No hay lugar donde inclinarse o replegar la imagen que construyes, el olor ensimismado.
VII (correr)
Hasta virar a casa, el cuartito, un renglón y tú seguido ‌
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De Tinta preta, 1999
Amigos de sal Encendió una lámpara y la luz le acentuó las arrugas. A. Lobo Antunes
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Sesión de fotos antiguas. El verano, la lluvia, las tardes en las pozas. Todos recordamos hoy tiempos muy remotos, invocamos al pasado, asistió a la reunión.
Pura coincidencia: entre tú y yo un lápiz alpino ya pequeño, la punta afilada con una navaja y el borde superior mordido, regaliz de palo.
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Y dices tĂş que las historias no siempre son la misma, pero nadie se liga nunca a algo (alguien) tan distinto que no parezca siquiera comprensible.
ExtraĂąamente colocados en mitad de las palabras y de las horas pulso aquĂ las casuales coincidencias.
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Desolada: con descuido el jardín, la hojarasca…
Tantas horas pasamos ante el fuego que acabamos volviéndonos ceniza.
Entrar en depresión olor a pies el humo que se entretiene traspasando la lluvia.
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El origen de algunas angustias permanece a buen recaudo en el interior de una caracola. El dolor que descubrimos encallado ahĂ echa humo como una vĂscera caliente.
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Dilucidar: qué pasa por ahí y qué hago yo con semejante reliquia marina invernando.
Se me ocurre cocer al gran bígaro en agua de carabaña con laurel ahogar a todas las crisálidas.
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Como una mujer ataviada para repeler al hombre —asà marco las distancias—. Para no decir aquello que no puede decirse, para no hablar a partir de la imposibilidad de hacerlo.
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Grita: —Pero… ¿es que no lo entienden no pueden entender que una persona enferma es una persona diferente?
(resulta que en ese tiempo ha sido mínimo el caso que le hemos hecho y viceversa).
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—“Se tiene miedo a cosas”, dijiste. Pero a qué cosas. Si serán formas que adopta el miedo las premoniciones que a veces se cumplen, o de verdad premoniciones, sensaciones regresivas, moléculas rampantes.
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Pero hay otros fantasmas como que cuando dices tu miedo el miedo se cumple‌
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—“Se vuelve solo al mismo sitio para recordar”, dijiste, y también: “Habrá que separarse ahora”.
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ToĂąo Morala
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Nacer He nacido entre ocres de barro compartido‌ Soy hijo del silencio.
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Otoños indecisos Hay otoños que nacen indecisos. Alboradas abrazadas a los ausentes, detrás de ocres que se ignoran. Remolinos de hojas heridos por el leve susurro del paso del viento. Entre la vida de la tierra, apenas quedan días que se echen a volar; solo pájaros desteñidos en armoniosas fugas. Lleno de tibieza, el corazón duele entre árboles desnudos rodeado de noviembre… y tú no estás; nunca estás habitando los grises del alma. La soledad no duele; es el silencio de tus labios el que deja lágrimas sobre el paso del tiempo. Entonces ocurre que dejamos de existir… nos mimetizamos en el sueño de la melancolía, entre galernas sin mar, y nos convertimos en náufragos sin otoño al que aferrarse. Llenos de vacío… somos forma del frío de las cosas. Llega la hora pagana, la hora rojiza de las palabras tristes.
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Llueve sobre el corazón gotas de ingenuidad, plomo para hombros desnudos, humanidad que solo reparte egoísmo y hastío. Y así transcurre un tiempo no habitado sentados en la amistad de la hierba. El duende de los bosques libados, vive en los sueños de las calles vacías, entre las venas de la conciencia. A la hora de la poesía, cualquier otoño indeciso… es bueno para la revolución. Pero… tú no estás, nunca estás habitando los grises del alma. Aprendimos a no decir nada con la más bonita de las frases, el silencio de la mirada. Los nogales se han quedado desnudos, brillando entre las palabras; mientras el breve, pálido otoño, muere sin una sola queja, abrazado a sí mismo. PD: Diciembre se lleva el otoño, pero no su melancolía.
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Manos …Se entrelazan en el regazo de la esperanza. Se unen al silencio del día a día en la fría losa de los poderosos. Interrumpen un espacio lleno de vacío y soledad, y al tacto, se enrocan en la desesperación, tapando las caras de la dignidad, sin tener ninguna culpa. Se hunden en la tierra para intentar nacer cada día más humanas y solidarias, sin conseguir el aprobado de la conciencia. Escogen algunas de las pocas caricias hipócritas de aquellos que dicen que te quieren, pero te hunden la vida y la existencia. Te arropan en los días turbios de pérdida y desasosiego, mirando desde abajo. Inmóviles… trocean el pan de la desdicha y la pobreza en silencio y amargura. De vez en cuando se agarran a otras en el intento negado de amor y sonrisas; y cuando limpian las lágrimas saladas del hastío… se empañan de suspiros y arañan las paredes de la inmensa impotencia. Otras, comparten los lapiceros de las palabras, y en desorden pactado, escriben sobre la anacrónica existencia de la vida. Y casi todas, acaban en el laberinto perdido de no saber qué hacer con ellas… manos. 57
La huida Se aferra la pena a lágrimas de terciopelo salado; como mares se abrazan a las orillas. La anticipada herida por este caos desolador ya tiene gusanos que la aplaudan. Más que mirar… desmiro lo que estos ojos de lata no quieren ver, mientras a los ateridos pájaros apenas les quedan árboles a los que aferrarse. Ya apenas queda tiempo para inventarse colores, apenas la memoria guarda un pálido aliento de esperanza. En la caverna de la tarde, tan breve como un suspiro, el silencio embellece este regazo de soledad adquirida a fuerza de abrazos compartidos. Esta piel de párpados me separa de la vida… roto por fuera y vacío por dentro, el cuerpo huye de mí y se posa sobre los sueños de los otros. Y este hastío que me produce la rebeldía asumida, no pierde una sola palabra acompañada del hálito entrecortado, del inmenso cansancio que produce
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el escribir en los muros de la tierra con esa tiza que inventa poesía. En plena fuga, los gritos se caen solos entre la impotencia y el desvelo de los abuelos. Es la miseria del pensamiento de esas siluetas perdidas en el abismo lo que hace que los colores del alma afloren llenos de pesadumbre y ansiedad. ¿Cuándo volverá otro Mayo lleno de pájaros que maten a los tiros…? Antes de que se esconda el día… recoge de la estantería una sonrisa y un abrazo, y repártelo en la huida.
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El violín Demasiado tiempo en aquel estuche de madera y terciopelo rojo; demasiado olor a polvo viejo y a resina descompuesta. Abierto a la vida después de tantos años, al luthier le sobrecogía tanta belleza entre sus manos. Nadie osó tocar, ni siquiera abrir el estuche con aquel viejo violín que el abuelo había regalado a su hija más pequeña desde que la tuberculosis se la llevó con apenas doce años. La tristeza en aquella casa fue el pan de cada día durante toda su vida. Al final, una sobrina ya muy mayor se hizo cargo del violín entre otras cosas, y a su vez, una nieta desempolvó el magnífico instrumento. El luthier miró tiernamente al violín; le quitó las viejas cuerdas, y lo dejó descansar sobre una mesa. Lo miraba fijamente, lo escrudiñaba lentamente; parecía que algo no le cuadraba, y así se pasó unas horas; limpió cuidadosamente el clavijero, desmontó el cordal y el puente… al diapasón le pasó varias veces la mano y sus dedos…, le dio un poco de cera sobre la caja y lo cubrió con un viejo trapo de algodón. A la mañana siguiente no estaba el violín. No entendía nada, lo había dejado desmontado… al rato llamó a la puerta un viejo con largo pelo lacio y largas patillas. Traía el violín de la niña. Se despojó de la capa, dejó el instrumento encima de la mesa ante la atenta mirada del luthier. Éste se quedó sorprendido… y le preguntó que quién era… el viejo se echó la capa encima y le dijo: “Anoche me llevé el viejo violín… y estuve tocando para la niña de las trenzas negras, entre las estrellas y la luna llena… y me llamo Niccolò Paganini…”
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La Derrota Se perdió la estrella de los vientos. En el norte se pudren de dinero. En el sur… de lágrimas negras. En el este… les robaron la dignidad. Y en el oeste… ay, ay… en el oeste ya no quedan indios que corten cabelleras. ¡Qué pena, qué pena… se perdió la estrella de los vientos! Las miradas traspasan el vacío. Las gargantas ya no pueden con tanta queja. Y las manos… las manos sostienen la derrota… La inmensa derrota del ser humano. Nos han robado las rosas… y nos han dejado las espinas.
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Tú... siempre tú Aún recuerdo cuando me regalaste una estrella y el cielo la lloró. Aún recuerdo al viento peinar tu sonrisa. Al mar retorcerse entre el acantilado por tu presencia… Y a la cereza encontrando tu boca desesperadamente. Tú... siempre tú.
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La historia del vivir Nací entre ocres de barro compartido. El pecho de mi madre daba de comer a cuatro. Las noches eran cuentos tristes de sonrisas baldías. Mi padre merodeaba por el monte para compartir un conejo, a veces les dejaba escapar para sobrevivir todos. Crecimos entre la ignorancia y olor a pobres. Ahora olemos a colonia, pero seguimos siendo pobres. Pobres ricos que no huelen a nada, y se mueren podridos. Qué historia más triste, pudiendo ser todos dignos. Morimos indignos… y pobres.
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Olas de tierra... mar del pan Lo había dicho y dejado escrito… ¡Quisiera morir en el regazo de la tarde, cuando el sol se adentra en la noche y los sueños no tienen que pedir permiso a los amos del mundo… Quisiera morir detrás del horizonte, ese desde el que las amapolas crean la belleza necesaria, y el trigo se peina con el leve viento en las mañanas de mayo… Quisiera convertirme en hoja caída del más feo de los árboles y bogar por arroyos, ríos y mares…! Y así se nos murió el hombre bueno, el sabio que no necesitaba compañía porque la de los pájaros y la de los perros era más fiel. Su mirada gris era tranquila y bonachona; sonreía lo justo, comía lo justo, dormía lo suficiente, y era totalmente autosuficiente en todo; se dejaba guiar por el calendario natural, y jamás se recuerda que pasara hambre y necesidades. Usaba las estaciones a su antojo, las semanas y los días, y así tuvo una vida apacible, tranquila y llena de aprendizaje; estos días previos a su muerte, sacaba todos los días a la puerta de su casa unas cuantas cebollas para que secasen. Sentado esperaba a que el sol se pusiera, y tranquilamente, sin prisas, recogía de nuevo las cebollas y las llevaba al galpón. Decía que en invierno una buena sopa de cebolla era el mejor remedio para catarros. Antaño le recuerdan joven y fuerte, llenaba la vida con el duro trabajo de la mies. Las tierras pobres que araba con vacas de trabajo, se dejaban acariciar por las vertederas de hierro trabajadas por el herrero de la forja; y así decía que hacía olas de tierra para el mar del pan. Y de ahí comió siempre… Hoy es un día triste, el corazón se siente más solo que nunca, y la naturaleza del otoño le va a echar de menos… en el portalón todavía se puede ver el arado romano y las vertederas del mar del pan. En su esquela reza su nombre, y donde pone familiares… “tus amigos vecinos y el pueblo, nunca te olvidarán”. 64
Noviembre Hoy hace noviembre en mi pobre corazón. Al árbol del silencio se le cayeron las últimas hojas; yacen muertas en el lecho del río. Alguna de ellas llegará al océano y navegará como un bergantín ultramar. Diez y nueve días y salgo en busca de cuarenta y cuatro estrellas para regalar; una por cada año de vida de mi Mar sirena boreal. Así, a la sombra de tu sonrisa me quiero morir, entre tus nobles brazos de roble intemporal. Lo bello por eterno es el castigo de la inmortalidad; el amor es la última batalla perdida en la línea de nuestro horizonte altivo; cruzarla es enamorarse de la luna y de su sombra natural. Hoy hace noviembre en mi pobre corazón, mientras tú cumples años entre suaves nubes de algodón, y un beso eterno como el viento, de este cansado corazón. PD: ¿Sabías que las estrellas no saben que lo son, hasta que alguien las nombra? ......Mar
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Morir en ti Recuerdas cuando jugábamos a la comba con la higuera. Cuando las sonrisas se compartían. Mirábamos a la luna sin saber lo que era. Las estrellas se concentraban en tres para alumbrarnos. Recuerdas cuando existían los besos para cinco. Cuando las sirenas galopaban en el horizonte. Mirábamos las risas de los otros sin entender el porqué. Las nubes se iban haciendo mayores y lloraban. Recuerdas la primera caricia con olor a colonia. Cuando las risas hacían ruido en el silencio. Mirábamos por la ventana y la luna nos despedía. Los pájaros se olvidaban del cielo. Recuerdas los sueños a la intemperie del prado… Cuando estábamos vivos.
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África de lágrimas negras Lágrimas que lloran sin ojos. Sin mejillas, sin dedos que las sostengan. Sin manos que las arropen, sin miradas cómplices. Sin silencios que las iluminen. Sin labios de sal que las murmuren, sin cuerpos que las arremolinen. Sin vacíos que las llenen. Si mármoles fríos que las inunden en la tierra. Lágrimas sin collares de perlas que las enriquezcan. Con luces y con sombras. Lágrimas sin viento que las esparzan. Sin multitudes que las aplaudan. Lágrimas negras que lloran sin ojos, sin mejillas… desesperanza del olvido.
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Poesía para un mundo injusto Si los fusiles disparasen versos, y las bombas estallaran poemas… los del poder… ¿Qué inventarían para seguir haciendo guerras…? La vida se muestra triste al no entender tanto egoísmo. La humildad se pierde entre la hipocresía y el olvido. Los pájaros ya no se posan sobre los versos. En el regazo de la caída de la tarde los bosques ya no tienen secretos que esconder. La inocencia guarda en su almario lo triste y sufrido. La belleza de las cosas y del planeta se pierde entre el dinero. Ya quedan pocas sonrisas altivas que compartir, mientras que el hambre se muere sin espigas ni amapolas. Llueve sobre la existencia lágrimas mudas, silencios cómplices. Éramos tan hermosamente limpios de conciencia… Pertenezco a un lugar donde tengo que pedir permiso para respirar. Quisiera diluirme en agua para ver por dentro una rosa y una ortiga.
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Ya no soy sendero, ni tengo ojos, navego en una hoja, y de vela llevo al viento. Mis manos vacías recorren el tiempo de los olvidados. Si pudiera… regalaría ramos de estrellas, de esos que no llevan flores. La queja se sostiene en el cansancio de la soledad. Uno, en su metáfora de vida, es incapaz de entender el mal. Sin embargo… siempre nos quedará la poesía, el encuentro con lo profundo, la instancia última donde no hay poeta, solo poesía… solo poesía.
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Ya no tengo esperanza He muerto en el atardecer de tus brazos. La sirena se marchó al mar de la sonrisa. Apenas sí quedan delirios entre mis sudores nocturnos. Te escribiría el poema de la vida si supiera. Mañana es tarde para matar esta sed. Hoy, se me quedaron colgadas las lágrimas entre tu recuerdo. Dame un segundo para mirar tu mirada; para morir en la nada. Respiro para eternizar tu imagen entre trigales verdes. Después, la imagen blanca de tu espacio se rompe. Antes tenía mis manos malditas abiertas; ahora solo dedos buscando la ira. Mi piel solo recuerda tus caricias altivas. Sí, éramos dos sueños de la poesía dormida. He muerto en el atardecer de tus brazos; cuando la luna… moría.
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Poema roto Cuánto duelen algunos seres deshumanizados… Entonces el sufrimiento se posa sobre el corazón, y no hay palabras que reconforten tanto hastío, vacío y dolor. De esa manera ocurre que uno vuelve a la memoria y a los recuerdos como asidero para respirar. Recuerdas cuando hacíamos otoño entre remolinos de hojas muertas, y dibujábamos corazones en el vaho de los cristales de las ventanas de la soledad. Éramos tan inmensamente niños, que la inocencia jugaba a la comba con nosotros. En los confines de lo humano, no necesitábamos nada más para abrazar una tierna y pálida felicidad. Ahora, casi es una vida póstuma, ésta que nos imponen… Habrá que calzar de nuevo los viejos zapatos, esos roídos por los tropiezos con las piedras diarias, y dejarse llevar por ellos… Ellos saben los caminos de regreso, y así nos convertimos en trotamundos de nosotros mismos, sin llegar a ningún sitio.
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Hojas pegadas MIS manos, hojas pegadas a la vida, acariciaban tu pelo cimbreante sobre tus hombros desnudos. ...Te recuerdo en el ataĂşd del mundo, sonriendo plĂĄcidamente.
Dignidad Hay hombres y mujeres con tanta dignidad que solo rompen el silencio para llorar por los otros. Hay noches que parece que la luna trabaje en la clandestinidad.
En los parques En los parques de fingidas flores, las bocas y los ojos van hilando vida entre palabras huecas. Estatuas perdidas que ya no meditan a la sombra del ĂĄrbol. El desencanto es el resumen.
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Transparente RECUERDO el agua clara que nos lavaba el alma. Recuerdo el frío del amanecer sin sueños, Aquella caricia de cocina de carbón; Las manos que labraban pan de desdicha, Y reparto de pobres. Flores que olían a desperezar la mañana. Apenas las sonrisas se esparcían entre caras meditabundas. Apenas sí quedaban fuerzas para el hastío. Uno y otro día se sumaban a la nada; Más parecía una guerra sin bandos, Que la pobreza disfrazada de miradas perdidas. Llovía lágrimas de terciopelo sobre el regazo de la soledad. Compartíamos la necesidad sin nada a cambio, Y en ella moríamos vivos, en silencio, en silencio.
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Breverías La mirada limpia de los niños tiene respuesta, antes que pregunta. ≈ Hoy he puesto el pijama del alma, y ni siquiera duermo. ≈ Cuanto más me exijo, más vacío. ≈ Si humanamente fuera posible, con una ración de humanidad, viviríamos todos. ≈ Tengo el sosiego comprendido de una transparente metáfora, en simples susurros. ≈ Solo algunas palabras tienen la quimera crítica, revolucionaria y horizontal. ≈ Ya he llegado a la orilla de la orilla… ¿y ahora qué? ≈ Las hojas muertas, sólo existen cuando crujen de dolor a tu paso. ≈ 74
… Entre sábanas blancas… Lágrimas. ≈ Las amapolas no nacen entre los trigos, sino que los trigos nacen entre las amapolas. ≈ Colores: ya existen todos, y todos estamos pintados de espanto. ≈ Nuestras manos convertidas en timón nocturno sin rumbo.
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A San Miguel de Escalada DEJAD que las piedras hablen. Que los nudos de la madera laceren. La forja se vuelva lágrimas de silencio. Dejad que la luz del viento se pose sobre las tejas. Que los pájaros se posen sobre los versos de su mirada. Que las nubes pinten colores tierra sobre el lienzo de la desdicha. Dejad que los mármoles se vuelvan venas de la tierra. Que se acaricien los capiteles en las leyendas. Dejad que los añadidos sean historia y vida. Que Almanzor descanse de tanta guerra inacabada. Arcos de herradura, doce meses de Mozárabe. Bajo las ventanas... vestidos de frisos alfiz. ...Dejad que las piedras hablen... El almario donde están recogidas las bellas manos de los artesanos. Los pechos de las madres que amamantaron tanta sabiduría. Que hablen los cinceles y las gubias, el fuego de las fraguas; los martillos y los clavos de herrería. 76
Dejad que hablen las puertas abiertas a la melancolía, al leve susurro de la creencia tardía. ...Dejad que las piedras hablen... La lluvia sobre las valdabastas amigas. Alfonso descanse en Córdoba mora, llena de Andalucía. Vegetales y animales, relieves sin cortapisas... Reaprovechando materiales de otras pesquisas, se detuvo el tiempo en San Miguel de Escalada, retablo vivo. Pero dejad... dejad que las piedras hablen... con tanta sabiduría.
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Salvador Negro
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Inédito
Inscripción
LAS horas de prudencia ya han pasado; ya estás seguro de la muerte, te debes a ti mismo amar sin tregua el tiempo que le queda a tu viaje, no temes el dolor, no te atormenta ni el miedo ni el orgullo de perderte, nada eres ni serás, salvo ese viento que se transforma en hombre cada instante.
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Del libro inédito manual para suicidas
Mi doble HERMOSAMENTE maquillado para tu entierro sigues respirando porque así te lo exige el protocolo más amable y has guardado el veneno bajo la piel reseca de tu mano enemiga. Las linternas de otros ojos se posan sobre tu corazón y no hay perfil que las esquive, los aullidos disuenan y retuercen tu canto solitario hacia las nubes y sus jorobas pordioseras; tú las amas así. Hoy llevas en la camisa blanca un luto indescriptible y se cuelgan de ella todos los muertos para que los rescates. —Por qué yo? —Eres como nosotros, iluminado y necio. Y ya absorto les miras como si vieras barro hacerse luz, y les suplicas: estoy descalzo, tengo sed, y ¿me queréis postrado ante el espejo para que elija una tortura que no pueda matarme? Estoy cayendo y sé que he caído ya, pero como mi vida pertenece al lenguaje, como mi vida son palabras, jugaré, obligatoriamente, a ser siempre mi doble, y no podré ser yo. 82
Los condenados ríen imitando mis gestos, y se celebran los pasajes más escabrosos de mi vida; la última camisa que me planchó mi madre podrá ser mi sudario si me lo concedieran, estoy muy quieto por si el viento llega para medir mi talla y he de cuajar a toda prisa los rencores. Que no hablen de mí los que se quedan, que se borre del tiempo el que viví. Yo os consagro, piadosos carceleros, la vida que no puedo suplantar. Su horror, su despreciable alegría.
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Del libro inédito memorias de mi holocausto
Ester Stein despierta tras un plácido sueño en Auschwitz I
LAS uvas frías, el Champán, la sábana de seda, la amapola que dibujan los posos de ceniza, restos de maquillaje en la gramola. (no quiero despertar...) Desayuno la luz caliente de los pájaros que aún no despertaron y en sigiloso vuelo dan color a la aurora. Ahora me arrepiento de todas las palabras en que yo misma creé el infierno, de todas las palabras que esperan un milagro, de todas las memorias abrasadas que fueron una vez animales salvajes, de toda la espesura de mi cuerpo 84
lentamente molido para que muera lo justo para conservar una gota de vida, de todos los capítulos en que tuvo el final la verdad que no tuvo el principio. Padre, madre, ausentes dioses del corazón, tan confundido, germinal llama de niñez, venid a verme, posad en mi ataúd las manos ávidas. Ahora puedo decirlo, escribo alucinada por la soledad; ya mi palabra es palabra de madre que despide a los hijos que no ha visto nacer, y crujen sus dientes en la sombra; estoy atravesando el mar, casi ya llego, casi ya llego y me lo arranca de las manos el viento En esos hijos que nunca tuve pero siento la fuerza de mis propias manos 85
Ahí está mi futuro: pasos, leche como la leche agria de los huérfanos, como la leche de los campos de esclavos, todo exprimido, jugo del trigo negro de los senos, jugo de las tenazas y el alambre listos para abortar. En este mundo ahora 1941, marzo, frío sobre los pies descalzos, sangre de la placenta sin su flor, la nieve cae sobre mi sien de virgen mientras los cuervos limpian la ceniza del foso; traen las madres cada noche a sus hijos envueltos en cortinas que un día envolvieron cadáveres. Esto fue orden del fuhrer, orden suprema, exacta, nos han dicho los ojos precisos de las sogas. 86
Esto que está doliendo dolerá sin saberse, dolerá desde donde nadie sabe que existe, no dolerá tan solo como algo en la memoria, dolerá en cada beso y en cada pie desnudo y en la raíz del amor Dolerá, solo eso.
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Del libro inédito estética fundamental
TOCA la lengua la alucinación, el cuerpo al desaparecer en la intriga del aire, las avenidas que refulgen y todas las señales distintivas del mar cuando te asomas por los huecos y las imprecisiones. Ese jazmín, el verbo, su parábola, te imponen otro ritmo, lo vegetal, el magma. Y luego el sortilegio de los pájaros, todo sucede, nada se designa. La colación de rostros, el traspiés de las sílabas como si nos comunicáramos desde lejanas posiciones que no pueden cruzarse, la ebriedad de sabernos completamente inútiles y no desear huir. El imprevisto cauce del silencio entre los vaporizadores. Como un istmo de sueño, lo que amo, la realidad impronunciable, la energía que lauda el corazón de certificaciones seculares, su vaga muselina y otros fastos, dulces, terribles. Hoy cuento lo que veo porque me torturaron mucho, me torturaron con electricidad en los ojos.
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Del libro inédito estética fundamental
Lo que me salva
DEJAR de hablar de mí al hablar Del puro refugio de esta noche. ¡Vida! Ojos abiertos en la ciudad que duerme. Todo tiene un perfil, la transparencia. (Quien se contempla demasiado se humilla) La calle a solas, como un ojo celeste. La bruma, la frialdad de los árboles. La soledad que restituye la memoria De lo que eternamente somos. Cuánto dolor escupen las pisadas. Cuánto barro se me queda en la boca Tras pronunciar adiós, adiós, ya nunca. En cada esquina se barniza mi lengua En cada esquina me desfiguro un poco. ¡Hijos! Todo es extrañamente hermoso y triste. Las señales de tráfico, los patios, los maullidos. La agonía de imágenes que escarban lentamente El horizonte, mis zapatos, el regazo de sombras. Me arrastro igual que si me ahogara en sueños.
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¡Salir! ¡Salir! Respirar más profundo. Abrazarse a una rama que luego se desprende. La indiferencia nunca, la indiferencia es odio Y duele más. Preferiría estar muerto. Cavilar y quejarte de qué dulce es la noche Qué inmensidad es todo cuanto en la noche danza. Las pisadas, los cuerpos entre ajenos y propios. Y la lluvia estival y su eco y su ausencia La intuición de que algo ha meditado todo Para que estés ahí, siendo un hombre que escribe Porque no entiende y llora Y después de llorar siente que sabe algo Que no escribe y le salva.
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Inédito
Camino
¿PENETRAR en las cosas? No, olvidarlas, y olvidarse con ellas. Gozar de su semilla cuando es parte del viento, atesorar la fuga llena de claridad, de perfume, de impulso. Cerrar los ojos y seguir, –el corazón es hambre persuadidos tal vez de un solo día, barro que nos abrase en cada mano, tiempo de enfebrecidas lágrimas. Gozar es levantarse para caer del todo, humanizar definitivamente nuestros peores miedos, –lo demás es inútil para alcanzar la sombra por su lado más puro y vestirnos de dioses, de ídolos fugaces. Nadie está solo cuando lucha, y se cae y se transforma en otros brazos, torna su voz en un eco insondable y llama a cuantos no son libres y agonizan. ¡Vamos! La sed es lo que colma. Estarás solo y eso no tiene precio, bebe de tus heridas, que son la única fuente. Nadie vendrá a salvarte, esa es la gloria destinada al que a nadie se parece. 91
La noche está esperando a que la cruces, la noche es también tú, sus precipicios y sus constelaciones son tu mismo cuerpo. Hay gritos, hay angustia, hay lobos. Cuando los miras los engendras, huye de quienes te señalen el camino. La muerte alumbra lo que ciega la llama. La extinción no es tu fin, sino tu origen. Abraza plenamente esa custodia de una existencia que no te pertenece. Póstrate si es preciso para amarla. Déjate poseer, siente su duelo y su fervor y su pujanza. Devuélvela sin miedo y sin dolor. Y vivirás en ella para siempre.
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Del libro inédito alucinado ángel
Hasta que el amor llega
AÚN no has visto el poder del lucero de la mañana como hojas de luz desparramadas en tu rostro devolviendo el calor de los mejores días y el sentimiento de completo abandono; tú persigues un sueño, pero los sueños mueren, porque cuando se alcanzan ya se quedan sin vida. Nadie puede mirar tan de cerca a la muerte, arrancar de sus días las pesadas cadenas del cuerpo, que es el primer destino; solo el amor si es puro nos permite elevarlas y contemplar el mundo como si no existiesen. Todo en la vida es vano hasta que el amor llega y sopla en las palabras concediendo al que ama la energía esencial que ha creado la vida. Ya no somos nosotros quienes ostentan la fuerza, por eso la humildad del amor verdadero es uno de sus signos. El otro es la pureza. No nos mueve interés, sino el bien absoluto, y esa urgencia del bien nace de cada gesto. Por lo tanto el amor es hallar lo que somos.
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Del libro inédito Paraíso
Poema de mi esperanza
POCO a poco recupero la cordura, el lugar que he perdido durante tantos años intentando encontrar algo inmortal en la belleza, en la palabra; no sé con qué bondad podría el mundo lavar mis ojos, no sé con qué alegría podría encontrar un camino mejor, o siempre irán sus sombras persiguiendo las sombras que nosotros perseguimos; esta palabra se la arranco al odio, al desamor, al abandono, a la pobreza de quienes me miraron y miré; tan oscura la vida, tan salvaje, me queda solo un reino de verdades, la ternura que dejar a mis hijos cada día. Nada hay en este mundo que se salve, nada hay salvo ciertas maneras de abrazar y de cuidar un cuerpo para que sobreviva al caos; una esperanza muerta es demasiado 94
si es la esperanza de otro mundo mejor; olvidaré los golpes si es que puedo olvidaré la vida que gasté; el mundo se hace nuevo cada día y yo me voy muriendo, con menos ilusiones y sin fe, con menos emociones por las cosas con menos entusiasmo pero con un amor más grande: la ternura que dejar a mis hijos cada día.
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Del libro inédito Idolatría
lxxii Bendita noche
BENDITA sea esta noche. Siento mi corazón. Bendita sea. Bendita sea esta noche porque aún puedo sonreír por las cosas que tú amas. Una estrella fugaz es eterna en los ojos. Bendita sea esta noche. Mi piel es vieja. Mi esperanza es joven. Bendita sea esta noche. Bendita sea esta noche; su paz o su tragedia. Bendita sea esta noche porque la eternidad no dura más que ella. La cigüeña descansa. Puede soñar con Dios. Bendita sea esta noche, porque hay parte de mí que lo es de todos. porque hay lugar en todos para mí. La belleza. La mar. La poesía. Bendita sea esta noche porque ha vivido durante el resto de las noches y todavía no la he aprendido. Porque decide acompañarme. Bendita sea esta noche por alumbrar mis sueños. Si cierro los ojos aún te veo; bendita sea esta noche. 96
Bendita sea esta noche porque no muere en vano: darรก a luz un sol. Bendita sea esta noche. Bendita sea esta noche porque alguien es feliz. Todo se estรก yendo de mis dedos, nada se ha ido de mi corazรณn. Bendita sea, amor. Bendita sea.
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Ella me dice adiós Dedicado a MJ Romero
CADA vez entiendo menos las palabras, sé que huyen cuando las necesito más, porque ni en el espejo puedo reconocerme. Lo que acontece es que soy invisible y aun así quiero borrar las líneas de mi rostro. Quedarme solo en el silencio como se queda el muerto con la tierra. Dejar de revolver la escoria que echa fuego, dar la última palada y que nadie la sienta. Mi madre me enseñó a temer a los pájaros. Desde entonces yo escribo para borrar su canto, y me duelen sus alas tanto como mi vida. Porque yo tengo alas, pero no tengo cielo. Solo campos malditos donde el sol las abrasa. Extiendo cada día mis brazos y me agoto mirando un horizonte que en realidad no existe, por más que yo lo ame. Desde lejos, con su cendal mojado en lágrimas ella me dice adiós, adiós.
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Del libro inédito Las ciudades prohibidas
Oda en Sydney
SALÍA de madrugada, a eso de las tres o las cuatro; la soledad tiene su ritual; mi cabeza da vueltas entre antiguos poemas y miradas extrañas; los vagabundos hacen que desee despojarme de todo; que se me vea de lejos como una conciencia fantástica, sin patria, sin historia. La tierra de mis padres, molida sin piedad por el cemento, viene continuamente a mi memoria; hermosa y triste entierra la vida en que fui libre. Mi mente no tenía forma aún, adquiría la forma de las cosas que amaba. Mi voz iba y venía entre montañas. Ahora el hombre en que me he convertido se parece a una cosa; bien mirado lo es: objetivo, material, rehén de una corriente que no se sabe donde empieza. No soy digno de vivir en esta tierra maravillosa. Pero la tierra sigue tendiéndome su mano: los ojos de los vagabundos sostienen mi mirada como ningún hombre podrá hacerlo jamás. La tierra en que crecimos está dentro, es un hogar oculto, 99
por eso el vagabundo ha renunciado a todo a fin de conservar esa inocencia. También por eso escribo. El arte es ese modo de conectar los unos con los otros. No es un producto ni es un fin. No es una obra que debe comenzar, pero tampoco brilla sin que alguien lo desee desde lo más profundo. Salir de madrugada con solo una certeza; cada hombre que me encuentro es un profeta; no anuncia un mundo nuevo, conoce algo del mundo que yo ignoro. Era un país enorme, jamás borraré el ruido de sirenas y el estruendo de los hombres chillando, mientras cantaban y reían en un improvisado coro enfrente del ferrocarril. Profundas grietas en las miradas de las prostitutas que abandonaban algún club perfectamente camuflado, para sentarse a comer pollo frito. No había más, eso era todo, paseos y paseos y algún par de monedas que entregué alguna noche al mismo hombre. Tenía la piel cuarteada, parecía un loco, hablaba entre susurros. Era de alguna forma yo. En una de mis muchas vidas, no la más miserable. No la más injusta. Fui recogiendo en aquellas ciudades partes de mi mismo que no he logrado recomponer del todo. Hay miradas que reclaman justicia, el resto yo no sé si es necesario. Caminé largas horas bajo el frío y la lluvia, 100
me sentí un animal recién nacido; el mar me devoraba tierra adentro, la soledad iba detrás de mí, palpitando en los huesos, arrebatándome la sombra de los árboles. Conviene ver las cosas como son; mi voz es un desierto, pero pide manos vacías para llenarlas de ternura cuerpos duramente expoliados, seres tan vulnerables que hayan sido expulsados del amor; descenderé con ellos, les cederé mi vida si es preciso, que lo es. Lo he visto en todas las ciudades, el hombre detesta la pobreza, sufre ante la inmovilidad y el resplandor, sabe que es anticipo de su muerte, y de la muerte de los seres que ama; por eso es incapaz de mirarla de frente; lo que ama y lo que teme están muy cerca, y los distingue como si fueran enemigos; bienvenidos al siglo de la pretensión. Perdonadme señores, porque no tengo más, solo soy un poeta, acaso un hombre y he venido hasta aquí, al fin del mundo, para enseñar a mi propio corazón cómo no temerse a sí mismo, a ignorar su propia soledad, y echar raíces en el Hombre. Es todo lo que tengo y todo lo que quiero tener: un verso palpitante, un afán desmedido de amor. 101
La vía
NO hay palabra que no haya conocido a través del dolor y en el dolor sea mi palabra como una fuente inagotable de dolor y de vida, como una fuente que me limpiara el alma de su honda tristeza con más tristeza aún y en la tristeza conociese la alegría. ¿Quién puede comprender esta esperanza desesperada y vil que me sosiega, esta sucia materia de mi alma que se aclara en la pena y en la pena se hace fértil hasta llegar al mundo llena de luz, de aliento, de semilla? Le doy mi corazón a la locura y se vuelve silencio, le entrego mi palabra y comienza a latir. ¿Por qué este beso tan triste y desgastado me ilumina? ¿Por qué cuanto mayor herida, el goce, tiene más lucidez? ¿Por qué en la herida me recorre el placer, y así, en el goce, en el temblor oscuro de la herida palpita el corazón, vuelve a nacer? Soy tierra consumida, humillación, despojos, enemigo absoluto de la sabiduría. Y el que transforma en vida todo eso. 102
La palabra y la vida
HAY dos vidas, la vida que uno vive y la vida que uno vive realmente, la vida que transita por la vida sin que nadie la sienta, la escritura asentada sobre lo que se dice haber escrito. La palabra que es sabia trata de salir, no se conforma con la vida enterrada, quiere ser lo que es: un cuerpo. Y vivir ella sola, con su peso y su voz y su respiración carnal y fugitiva, perseverar en sí pese a los golpes de quienes la desprecian. Y siendo cuerpo y vida recrear en la vida cuando tiene, recorrer los caminos de la pasión y del conocimiento, del delirio y el llanto. Ser, así extendida en todos los costados del silencio y de la voz, un cuerpo en el amor, vivirse toda como es en sí misma.
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Marcas 105
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Oh, Valeria, mi muy amada... “Aquí está sepultada Valeria, esposa de Montano. Séate la tierra suave, oh, mi muy amada. Si el tiempo no te hubiera vencido, podías educar a nuestros hijos durante otros fecundos cinco años. Pero la corriente del agua, cogiéndote, te llevó con tanta facilidad…” (Resto de lápida romana, quizás procedente de Lancia, reaprovechado como base de los arcos sobre un capitel de la arcada del sur de San Miguel de Escalada).
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LOS dioses de las aguas bravas de esta tierra brava, enviaron su fuerza, para llevarte, precipitadamente, oh mi Valeria, muy amada. Podrían haber esperado cinco estíos más, cuajados de fecundidad; pero no quisieron dejar que llegaras al otoño de nuestras vidas, juntos. Descansa aquí, mi muy amada esposa, que la tierra te sea suave y caliente, mientras octubre colorea de plata mis sienes, y maldigo a las crueles corrientes de las aguas, que te me arrebataron!!!
(agf)
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“ut se noscat homo divinus mandat apollo”. kalendas maii obit rodricus, canonicus sancti rufi. era centesima nonagesima post millesima “Hombre: conócete a ti mismo, manda el dios Apolo”. En las kalendas de Mayo, (día 1), falleció Rodrigo, canónigo de San Rufo. en la era 1199... (uno de mayo de 1161). (Lápida situada en el extremo izquierdo del pórtico.) ––– Nosce te ipsum (gnóthi seautón) HE de hacer un viaje interminable hasta un templo que se oculta en mi interior. Ni siquiera es un Delfos común de los mortales. Ni siquiera es de un dios. He de hacer un viaje interior que me desvele las cosas inefables. Que me quite los velos de las farsas, sociales e insociables, 109
que ni conozco yo. He de hacer un viaje intemporal que me regrese al más atrás del nacer, y me lleve al más tarde del ocaso final. He de hacer un viaje necesario que me acerque al ignorado yo, que me obligue a saber lo que no sé... sin saber. He de hacer un viaje inevitable, que inevitablemente me traiga y lleve al otro –al otro prójimo y estrecho– que me reconoce mejor que me conozco yo. “Conócete a ti mismo”. Deja que el otro te conozca y te enseñe. El hombre se hace dios cuando admite que “somos dos: necesariamente el otro y yo”.
(agf)
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Abad Sabarico El Abad Sabarico tuvo casa y villa en el actual Villasabariego (“Villa Sabarici”). obi sbrcs abba die il ‘ f vii? ki_ds nbrs era lxvii, p ail ipse fct iste ak q-v a sva caro lace non abea pbt cit1 xpo om n7 ñ- isto loco varare amen Obi(it) S,a)b(a)r(i)e(at)s abba die II.’ f(eria), VIII° )c(a)l(en) d(a)s: N(ovem,)br(e)s era XCVIIa p’ost) ni(il)l(esiniarrz) . Ipse f(e)c(i)t iste are?? . A(e) sua caro iace . íATon abea p(a)rte c u)m CTaristo ona(nis) qui de isto loco, variare amen. Murió Sabarico abad el día 25 de Octubre, lunes. Año 1059. Él mismo hizo este pórtico (de la puerta principal), donde su carne yace. No tengan parte con Cristo todos los que quisieren mudarle de este lugar.
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PASÓ horas felices el buen abad en la villa que tuvo en Lancia; restauró este precioso templo y la abadía con sus piedras romanas; él mismo hizo esta puerta nueva, al resguardo de la lluvia, debajo de los arcos. Con su fiereza, en vida, maldijo, y apartó de Cristo, a quienes se atrevieran a mover su cuerpo de donde lo dejó su espíritu…
(agf)
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Gonzalo “Magnus de magnis est natus finibus istis. Dormit Gonsaldus sub pondere lapidis huius. Hic sub milicia famam sortitus honestam. Quinto nonas maii persolvit debita morti. Miles formosus, Gonsaldus nomine dictus, hectoreos actus armis superavit et hictus. Moribus et vita mirabilis hic eremita premia ius”. “Noble hijo de nobles, nació en esta comarca. Aquí duerme Gonzalo bajo el peso de esta losa. Aquí, con las armas, consiguió fama honrosa. El tres de mayo rindió el tributo debido a la muerte. Guerrero diestro, conocido por el nombre de Gonzalo, con las armas sobrepasó las hazañas de Héctor y sus golpes. Digno de admiración por su manera de vivir, aquí como monje, recibió el premio merecido”. ––– Grande entre los grandes, como los hombres grandes nacidos en estos confines. (Luchador, recio, gigante... como siglos más tarde lo iba a ser Heraclio, el luchador de los “aluches”: ¡Aquio, el grande!)
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DUERME Gonzalo bajo el peso de esta lápida. Aquí, en estas tierras, militando, alcanzó honesta fama. El día séptimo, el de las nonas de mayo, pagó lo que debía a la muerte –o a la vida–. (Duermen los recuerdos en las piedras rotas, recordando milicias no contadas, y susurrando honestidades cotidianas. Los días primeros de cada mes de mayo, cuando renace la vida primaveral, se paga a la muerte los tributos debidos, y apuntados...)
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SOLDADO formidable, por Gonzalo conocido y celebrado, con las armas superó al mismísimo Héctor y todas sus hazañas. Viviendo así, con vida digna de admiración, aquí consiguió su premio en vida, como monje eremita, retirado. (Hoy los soldados no nos merecen fama. Las hercúleas gestas nos molestan; Y sobre todo sus golpes bajos. Sembrar, en el retiro, silencios: esa ha de ser nuestra mejor, y merecida, fama)
(agf)
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alpha et omega hanc super abscriptam qui tha... miles nonnulus iacet hic sub pondere lapidis. cuius nomine fernandus digna (memoria) veniens d (...obit) sexis idibus septembris (era ... ) oramus dominum qui parc (at) (eius pecatis) quo capiat requiem sanct (am).(amen) Alfa y Omega Aquí, bajo esta losa que tiene una inscripción en la parte superior, yace un soldado, bajo el peso de esta piedra, de nombre Fernando, de digna memoria, el cual venía de (...) Murió el seis de los idus de septiembre de la Era (...). Rogamos al Señor que le perdone (sus pecados), para que consiga el descanso santo. Amén. (Primer tercio del siglo X, día 8 de septiembre.)
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Encuentros Poéticos en San Miguel de Escalada ¿Por qué estamos aquí? En el año 2010 dimos comienzo a un sueño. Entonces comenzamos a mudar de una utopía a una realidad palpable. La utopía es una realidad posible en estado embrionario, y se hizo realidad con manos laboriosas, tejiendo silencios en este lugar mágico, ancestral y atávico. El equipo A del primer recital, “Poesía en la piedra y en el silencio”, lo formaron: Juan Carlos Mestre, el “maestro”, el filósofo y sensible acariciador de las palabras. Cecilia Quilez, la pequeña musa de la música. Beatriz Russo, la delicada prisionera Beatriz de Dante. Rafael Saravia, el otro ángel pareja de Miguel, “RafaEl”, del dios sanador. En 2011, con el segundo recital, rompimos “los silencios de mármol” con: Raquel Lanseros, leonesa de Jerez de la Frontera que está encontrando su certeza entre la poesía de la incertidumbre. Luis Artigue, otro leonés que escribe historias, dispara balas con su nombre en los periódicos, y que respira en la poesía. Vicente Gallego, valenciano que trabaja en un vertedero de residuos, y que se columpia en la alta rama de la palabra oída, regalada... enamorada. 119
En 2012, con el tercer recital, nos quedamos más cerca, “...donde cabe la fantasía”, con: La raíz mozárabe, con las canciones de amor de sus jarchas. La raíz pastoril, con Neptalí de la Varga. La raíz pueblerina de Sahelices del Payuelo, Valdabasta y Comarca de Rueda, con José Luis Puerto. La raíz astur, y su rama de Lancia, con Eduardo Urdiales. En 2013, con el cuarto recital, “AlgArabías” volvimos a las fuentes, a los buenos principios de la poesía leonesa, la de hace mil cien años y la de ahora mismo, con: Ángel Fierro, colector de romances, y de profundos poemas personales; Francisco Álvarez Velasco, partícipe de la sensibilidad y la delicadeza de la poesía musulmana medieval, con sus baladas actuales. José Antonio Llamas, otro “claraboyo”, bebedor de las fuentes clásicas, y colector de tradiciones orales y legendarias leonesas... En este año 2014 recorremos algunas marcas de canteros, verdaderas “marcas de cantores”, de poetas, con: Antonio Gamoneda, “el gran padre Gamoneda”, como dice su discípulo Mestre. Eloísa Otero, amiga entrañable de Gamoneda, provocativa, implicada y sensible. Toño Morala, el poeta rojo y revolucionario, cercano a las raíces populares. Salvador Negro, un “ordenanza de la poesía” que está empezando a copiar bien al dictado de la palabra... Estamos aquí. Para seguir.
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Índice
Presentación.................................................................................. 5 Poemas de Antonio Gamoneda................................................... 9 Poemas de Eloísa Otero.............................................................. 33 Poemas de Toño Morala............................................................. 53 Poemas de Salvador Negro......................................................... 79 Marcas (con poemas de agf).................................................... 105 Encuentros poéticos en San Miguel de Escalada................... 119
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SE TERMINÓ DE IMPRIMIR ESTE LIBRO A FINALES DE JUNIO DE 2014, CON MOTIVO DEL QUINTO ENCUENTRO POÉTICO CELEBRADO EN EL MONASTERIO DE SAN MIGUEL DE ESCALADA EL DÍA 5 DE JULIO.
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