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La caída del Tercer Reich en Arequipa
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Lessness Podestá C. Director – Editor Yo también Redactor Me too Fotografía ¿Quién más pues? Yo mismo Diseño a mano Este pechito Diseño decente Alexei López, Gonzalo Podestá C. Redacción En mi casa Contactos 26-5602 95-9200724 elgallitoforever@gmail.com elgallito17
CRONOGRAMA DE EL GALLITO XTRM - AÑO 2014 ● FEBRERO 17 Sobrio estudio sobre la huachafería péruvienne. ● MARZO 17 Del Camanasaurius al Characatus Erectus. El origen del hombre arequipés. ● ABRIL 17 La caída del Tercer Reich en Arequipa. ● MAYO 17 El problema del indio. Breve ensayo nomás porque el indio tiene más de un problema. ● JUNIO 17 El fútbol y sus poderes narcóticos. ● JULIO 17 17 ensayitos de inmersión en la realidad peruana. ● AGOSTO 17 El arte pictórico arequipés. Entre el pincel y el coctel. ● SEPTIEMBRE 17 Destradicionalizando el Perú. Estudio de las costumbres y tradiciones que me llegan al pincho y que nos tienen aferrados al Tercer Mundo. ● OCTUBRE 17 Cómo construyeron Machu Picchu… los marcianos. ●NOVIEMBRE 17 Historia universal del universo. ● DICIEMBRE 17 Desmitificando la Navidad y de taquito a Papá Noel, Santa Claus o como se llame.
El Gallito XTRM
Cuando ganan los malos
Benito Mussolini
¡Pucha!, nos equivocamos de Hitler
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l año 1945, cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial, con el triunfo de las fuerzas del Eje compuesta por Alemania, Italia y Japón sobre las fuerzas aliadas y sus amigos, comenzó una nueva etapa para los muchachos cuyas fotos ilustran el encabezado de este artículo: repartirse el mundo. Las conversaciones de alto nivel para dividirse los continentes y, en otros casos, otorgárselos íntegramente, demoraron 17 días en la bellísima isla mediterránea de Malta y sirvió también para que los jerarcas del mal recordaran jocosos hechos ocurridos luego de que los países enemigos firmaran la paz.
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ussolini recordaba con una sonrisa en su cara de luna cómo se había reído cuando él y las tropas fascistas bajo su mando, sacaron de sus headquartes al primer ministro británico, Sir Winston Churchill, completamente calato para pasearlo por las bombardeadas y casi destruidas calles de Londres. Entre risas, el primer ministro japonés, Tojo, recordaba el bullying al que sometió al presidente norteamericano, Teodoro Roosevelt, antes de hacerlo firmar el documento que sellaba la paz y la rendición
Tojo
total de los Estados Unidos ante los jalados del sol naciente.
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lgo similar hizo el Führer con su par francés, De Gaulle, aunque en este caso, la venganza del hombre nazi fue más al estilo cajamarquino. Hitler había entregado al general francés a la masa de soldados alemanes que ocupaban ese entonces París y estos lo pasearon (vestido, sí, para qué vamos a mentir) por las calles de la capital francesa para que los colaboracionistas franceses, mismo rondas campesinos, le den varios chicotazos y tas tas en el poto cada cierto tramo del recorrido al líder de la resistencia franchute. Anécdotas aparte, de la reunión de los líderes malos en Malta debía salir humo blanco con respecto a la nueva división del mundo. Para ello cada quien tenía que exponer libremente sus simpatías y personales apetencias respecto al pedazo del mundo que quisiera poseer.
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ussolini la tenía clara. Él mantendría Italia y los países mediterráneos a excepción de España y Portugal. Toda África, la parte árabe (al norte) y la negra (al centro y sur), pensaba
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Mussolini, tendría que ser de él y sus huestes porque ya estaban tras ellas hacía mucho tiempo y, además, les quedaban más cerquita. No quería más porque tampoco quería indisponer a su jefe Hitler con pedidos exagerados. Incluso, en un gesto de buena voluntad y amistad, les dijo a sus colegas que no trataría de ejercer posesión sobre Madagascar por más que la película le haya gustado horrores. Es así que esta islota pasaría a ser disputada amigablemente y en diplomáticos términos (sin recurrir al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya) por los nazis y los nipones.
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a Europa central y del norte seguiría en poder de Hitler al igual que la parte europea de Rusia, la asiática sería de los nipones porque –argumentaron ellos- se la habían ganado en buena ley. En cuanto a Oceanía (o sea donde queda Australia, Nueva Zelanda y Papúa Nueva Guinea), se sabía de antemano que iba a ser partida a la mitad. A los nazis les tocaría la “mitad más grande” y a los nipones, por su proximidad al continente- la otra parte que quedaba. Trascendió que Hitler pensaba coger Nueva Zelanda también para que su directora fílmica favorita, la señorita Leni Riefenstahl, pudiera filmar la primera
versión de “El señor de los Tornillos”, la historia de un mecánico quien por razones del puro azahar cae víctima de un mago gris quien lo lleva por el mundo en un sinfín de aventuras junto a unos seres mágicos y carismáticos llamados hobbits y unos enanos horribles también.
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olviendo a la repartija, a Hitler le interesaba más Centroamérica y Sudamérica que la mismísima Norteamérica, así que ésta se la iba a dejar a los nipones quienes argumentaron que a ellos les correspondía poseer esa parte del mundo debido a su impecable ataque a la bahía de Pearl Harbour, día en que volaron buena parte de la flota norteamericana en Hawai. Como se ve, el mundo fue repartido por las fuerzas del mal de la manera más civilizada posible en tan solo 17 días y sin necesidad de ir a centros de conciliación de la calle Colón o hacer alguna oscura triquiñuela en la calle Azángaro de Lima.
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sí pues, el mundo cambiaría de cara para peor hasta que la resistencia arequipense se pusiera las pilas y empezara a desmembrar el régimen nazi desde esta corajuda región de Sudamérica, pero eso lo explicaremos más adelante.
LA REPARTIJA DEL EJE DEL MAL
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Hitler y sus Kamaraden entran a Arequipa
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e dirigía a la Plaza de Armas en carro descubierto por la calle Puente Bolognesi, el brazo derecho en alto, el cuerpo erguido y, a pesar de la expresión severa en su rostro, su diminuto bigote le daba una pinta chaplinesca. De las ventanas y azoteas de las casas y edificios los vecinos arrojaban pétalos de flores de color rojo y blanco. En las veredas la multitud pugnaba por acercársele y era contenida por los soldados de la Wehrmacht. Todos agitaban banderitas peruanas y alemanas. Y es que ante la invasión consumada, oleada y sacramentada, además de lo escuchado y leído sobre lo que los invasores habían hecho en Europa, a la gente arequipense – en ese momento- no le quedó otra que alinearse con el régimen… o al menos a hacer la finta de que se alineaban. Lo habían anunciado meses antes, justo el día que se hizo oficial la repartición del mundo, y ahora los nazis ya estaban allí, en la Plaza de Armas del León del Sur. Habían invadido Sudamérica de forma len-
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ta pero segura, desde el sur argentino y por el norte venezolano, así que solo era cuestión de tiempo (no mucho tiempo tampoco) para que los nazis llegaran a Arequipa. Antes, prevenidos ellos, tuvieron la gentileza de mandar algunos sacamuelas de los cuales el más distinguido era Josef Mengele, además de algunos fabricantes de jabones para que vayan analizando los nuevos colores y aromas que tendrían las partillitas de jabón “made in Arequipa”. En fin, la invasión nazi de Arequipa, si bien fue rápida y organizada, no fue muy violenta.
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l discurso de Adolfo Hitler en la Plaza de Armas fue bastante corto y conciso: “Ich bin ein Arequipés”, dijo fuerte y claro. Y aunque nadie a excepción de su estado mayor y soldadesca entendió lo que dijo, fue muy aplaudido. Casi ningún nativo que había asistido a la plaza entendía un carajo de alemán, así que el Führer con sentido práctico decidió no gastar pólvora en gallinazos. Hablando de aves, se especuló que Hitler había concluido rápi-
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do su discurso porque una de las tantas palomas que abundan en la Plaza de Armas, le había cagado el impecable uniforme gris. Obviamente, la plumífera cayó del cielo más rápido que inmediato con no menos de diez balazos y un impacto de mortero antes de convertirse en carne de ollón en el restaurante “El Gavilán”.
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l plan nazi para Arequipa era uno integral que abarcaría desde mejoras en la educación arequipesa, pasando por la modernización del servicio de transporte (tranvía, metro subterráneo y hasta monorriel), prevención de invasiones (las únicas válidas serían las de ellos mismos), hasta el apuntalamiento de la gastronomía local para que sea conocida en todo el planeta y de esa forma conquistar el muuuundooo…. Lo más asombroso de este asunto es que fue planificado muchísimos años antes de que naciera Gastón Acurio y los célebres Pinky y Cerebro.
Se consideró iniciar la construcción de 17 campos de concentración para educar a la masa y dar un ejemplo al mundo, de que el trabajo libera (Arbeit macht frei, amiguitos), los cuales nunca fueron concluidos por razones exógenas a ellos. (¿Vieron? ¿Qué tal la palabrita?) O sea por culpa de fuerzas ocultas que actuaron sobre el plan nazi de construir los campos, siempre se sabotearon los mismos al punto que no pasaron de la colocación de la primera piedra. Ahora que ya podemos contar la historia sin que nos metan al horno o nos hagan a la brasa, esas fuerzas ocultas eran los arequipenses de la resistencia.
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ste es pues el comienzo de la desventura nazi en Arequipa. Los historiadores aún no se ponen de acuerdo sobre qué tal mal o qué tan bien la pasó el pueblo arequipés esa época ya que es sabido que los nativos de esta región supieron hacer de tripas corazón a punta de ingenio. ¡Entoneeeemooos, entoneeeemoooosss…!
El día que Hitler descubrió “Die Gallito Zeitung” y se volvió su hincha
“Je, je, je, je, qui buíina. Pero que caguen de risen esta webaden”.
El Führer en un momento de reflexión gallística.
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Otras actividades de la nazitud en Arequipa
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uando los nazis interesados en descubrir y apropiarse de los tesoros de la antigüedad, se enteraron por culpa de Tintín (el comic belga que puso de moda los tesoros del Perú en Europa) que en las tierras del Inca estos abundaban, no dudaron en venir en mancha hasta esta parte de Sudamérica. Vale decir que el viaje a Perú les cayó a pelo a los jerarcas nazis que ya estaban tirando la toalla en la búsqueda de El Arca de la Alianza (un baúl en el que según la Biblia se guardaban Las Tablas de la Ley), el Santo Grial (el cáliz del cual supuestamente bebió Jesús la tarde de la Última Cena) y otros objetos más que les hubiera servido para manipular las historias contadas en la Biblia. Fue el mismísimo Heinrich Himmler quien encabezó la búsqueda de los huesos de San Cudo en las inmediaciones de Huancarqui, tierra de brujas. En el proyecto involucró a más de 317 personas en una expedición que le costó al erario germánico un huevo de plata. Como era sabido, Himmler buscaba la
inspiración para crear un propia mitología que justificase las tropelías de sus muchachos en los últimos años y que, por sobre todas las cosas, le permitiera a él y a su patrón, Hitler, iniciar una nueva era en el que su Reich debería durar, mínimo, mil años. Era tanto el fanatismo nazi por el misticismo peruano que antes de encerrar a todos los negros en los campos de concentración de Chincha, Imperial y
Soldados de la resistencia yarabambina rescatan parte del legado pictórico arequipés.
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“Yo vi a Hitler y toda su mancha en la Avenida Jesús”
José Rodríguez Ballón, viejo
“Por mi madrecita, que allí he visto los huesos de San Cudo”, jefecito.
Cañete, analizaron el comportamiento de estos en las festividades en honor al Cristo Moreno en el mes de octubre en Lima.Un análisis similar mereció por parte de los arios extranjeros las peregrinaciones al santuario de Chapi. Sabido el interés de los jerarcas nacionalsocialistas por la cultura peruana, tampoco fue raro que se rodearan de chamanes, santeros, curanderos, médiums y completums, para asesorarse sobre estos fenómenos que ocurrían entre las fronteras de lo real y lo mágico. Himmler no ocultaba al Führer su interés por las vírgenes lloronas, las aguas milagrosas, las curaciones masivas y otras cosas paranormales que le pudiera servir para comprender mejor a esta gente antes de eliminarla. Por último, aunque la historia oficial registra otra cosa, lo cierto es que el famoso señor Himmler no murió como dicen los nazis, sino que fue apedreado por un grupo de nigromantes arequipenses que decidieron adelantarlo antes de que él los adelante a ellos. Fue por eso que le dieron vuelta y no esperaron que éste venga con ese asunto de la Solución Final o justificaciones como el Espacio Vital o niños muertos.
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ra un tipo bajito nomás, pero bien fácil de reconocer gracias a las películas de Chaplín. Me topé con él a la entrada de la Tía Posha, siempre rodeado de varias personas, su estado mayor y su seguridad. Como yo también iba a entrar, lo encontré más bien serio que entusiasta. Tuve que esperar para ingresar mientras que los porteros le daban su vuelto a todos y cada uno de los nazis que entraban con su líder. De pronto vi que gesticulaban algo con las manos. Al parecer no entendían lo que algunos generales de uniforme negro les preguntaban. Fue entonces que lo escuché a él. Sí, al mismísimo Hitler.
- Wo ist die Tante Posha? – preguntó Hitler sacándose su quepí en señal de respeto antes de ingresar al bulín, al igual que todo su estado mayor. - Aquí no hablamos alemán, señor – atinó a decir el Cholo Manini, quien se había cambiado el apellido por razones de seguridad. Se apellidaba Mamani. El Führer hizo un gesto y los SS lo levantaron en peso al Cholo Manini para llevárselo, perdiéndose en la oscuridad del fondo de la calle. Para cuando Hitler entró, todos los que eran o tenían pinta de cholos se habían esfumado. Solo quedaron unos cuantos ccarozos y algunos empresarios blancos arequipenses. Cuando el Führer entró, lo primero que hizo fue ir a la barra y seguir preguntando por la famosa tía. Pidió algo para sus muchachos y luego cruzó su mirada penetrante con la mía. Me quedé paralizado. Pensé que debía saludarlo, no sé, decirle “Heil!” o pedirle un autógrafo, pero no me atreví. Me quedé pasmado, esa es la verdad. Luego se fue y se perdió con una puta blancona, entradita en carnes, como su costilla Eva Braun allá en Alemania.
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¿Se acabaron de construir los campos de concentración de Pocsi, Yarabamba, Chala y Yura?
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inguno de los campos de concentración planificados para la región Arequipa se acabó de construir en los cinco años de ocupación nazi. Si bien a todos se les puso la primera piedra, los gobernantes arios no pudieron cristalizar el sueño del campo de concentración propio. Mucho que ver en esto tuvo el gremio de construcción civil arequipés, el cual en la letra chiquita del contrato firmado con los germanos para la edificación de los 17 campos de concentración, tuvieron la viveza de anotar lo siguiente: “Plazo para la ejecución de la obra: mañana, tarde y nunca”.
El campo de concentración que no fue.
guetos tanto en el centro arequipés como en varios distritos de la ciudad.
Trabajadores arequipenses webeando para sabotear la obra del Führer.
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sta costumbre de huevear a la gente acabó por aburrir a los germánicos contratantes quienes ya no sabían qué hacer para que los constructores cumplan su palabra y, sobre todo, los plazos convenidos. Para solucionar el problema de la carencia de campos de concentración, los nazis tuvieron que cerrar varias calles para formar especies de
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as autoridades nazis estaban tan fregadas que los dineros que se mandaban desde la filial argentina de Nazilandia e incluso desde la misma sede central en Berlín, no solo se diluían en el camino, sino que se esfumaban antes de llegar a las manos de quienes debían distribuirlos. Incluso cuando el billete llegaba y podía ser dado a los constructores para que comiencen la obra o se continúe con la colocación del segundo ladrillo, la mayoría de veces esta plata desaparecía en las manos del gremio constructor quienes inspirados en el gran Valeriano López, instruyeron a los germánicos en la milenaria costumbre peruana del “cabezazo”.
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De la resistencia characata al hueveo a los nazis
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l día que los soldados de la Wehrmacht se negaron a formar y marchar por los cuatro costados de la Plaza de las Américas de Cerro Colorado, argumentaron que hacerlo bajo el espantoso sol de mediodía arequipés era poco menos que inhumano. Esa fue la primera señal de relajamiento entre la tropa invasora, la primera señal que la soldadesca nazi estaba siendo influida por el espíritu rebelde characato. La resistencia local se desarrollaba pues de esa sutil forma también. Los elementos arequipenses asimilados a las fuerzas nazis, así como los colaboracionistas y un buen número de traidores, sin querer queriendo, iban maleando al personal militar llegado allende el mar. Esta malhadada influencia no solo perjudicaba la moral de los oficiales germánicos, sino también se hacía palpable en los cuarteles donde se acantonaba la tropa nazi. Extrañas desapariciones de armamento, desde granadas tipo piña hasta robustos tanques se hacían humo sin que nadie diera razón de dónde podían estar. No era raro ver a oficiales nazis visitando la Cachina arequipense, preguntando por el armamento salido de sus cuarteles. Muchas veces regateaban con los cachineros para que les bajen el precio de una bazuka o un mortero de largo alcance.
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ención aparte merece la importante misión del magazine humorístico “Die Gallito Zeitung” en aquella época de invasores e invadidos. La publicación fustigaba al régimen nazi desde sus cuatro páginas y tenía de “pescao” al misímisimo Führer, quien señaló una vez que lo único que merecía la pena leer en Arequipa era este periodiquito, demostrando también una gran correa ante las bromas de las que era víctima. La demora en la construcción de los campos de concentración encargados por el estado mayor nazi tam-
bién fue una forma de huevear a los nazis. Los hornos traídos desde la misma Alemania, todo el gas, entre otras cosas para dar vuelta a miles de arequipenses, no podían ser usados mientras no estuvieran listos los funestos campos de reclusión.
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n los guetos ubicados en diversas partes de la ciudad ocurría algo tragicómico. Era tal el contrabando de alimentos que entraban y salían a través de las paredes del mismo que era casi normal ver más papeaditos a los prisioneros de los guetos que a sus celadores, los cuales tenían que mendigar literalmente para que los recluidos les den un poco de queso de paria, mantequilla de panca y algo de cancacho de Ayaviri.
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stas son pues algunas pinceladas de la resistencia arequipense en años de la invasión nazi. Como se ve, el ingenio floreció en estos tiempos al punto de revertir en muchos casos la situación. A decir verdad, el paso de los uniformados germánicos por tierras characatas no fue un paseo dominical como quieren hacer ver algunos historiadores a sueldo.
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Mentiras y mitos sobre la incursión nazi en Arequipa MENTIRA Que el popular otrora Carnicero de Lyon, Klaus Barbie, fuese el padre de la muñeca Barbie fue una tremenda mentira que se extendió a lo largo y ancho de Arequipa durante los cinco años que duró la pseudo conquista y colonización nazi.
MITO Una leyenda urbana que se volvió mito fue aquella que Klaus Barbie, sí, Barbie otra vez, apodado –como ya puse arriba- el Carnicero de Lyon, se habría convertido en uno de los más populares caceritos de San Camilo. Ante la imposibilidad de hacer una carnicería humana debido a la falta de campos de concentración en Arequipa, a Barbie no le quedó otra que volverse el más hábil filetero y carnólogo del emblemático mercado arequipés.
MENTIRA Una gran mentira fue decir que el Día-C (Desembarco de Camaná) fue de vital importancia para que Arequipa se deshaga de los nazis que la tenían invadida, pero no conquistada. Si bien el Día-C camanejo movilizó un importante número de tropas interprovinciales, el hecho que se realizara 17 días después de que se retiraran las tropas nazis de toda la región, dejó la sensación de que desembarcaron un poquito tarde. FOTO: Robert Capa Día-D
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MITO Uno de los grandes hechos de esa oscura etapa de la historia arequipense, fue la aparición de un magazine conocido como “Die Gallito Zeitung”, el cual era leído por los soldados y oficiales invasores en su versión en alemán, así como por los arequipenses en sus tres versiones (español, loncco y birmano). Lo que generó el mito fue la clandestina forma de ser repartido, tanto en los cuarteles germánicos y los guetos de arequipenses. Los historiadores hasta ahora no se ponen de acuerdo en si “Die Gallito Zeitung” fue en realidad un baluarte de la libertad de ese tiempo o un advenedizo pasquín que aprovechó la coyuntura para congraciarse con los miembros del régimen nazi. En todo caso, ambos bandos de historiadores concluyen que la obra gallística tuvo que haber sido producto de una mente enferma o por un reverendo imbáááácil.
MENTIRA Sí, fue una mentira que los nazis habrían venido exclusivamente a Arequipa para aplastar la rebelión estudiantil que estaban cocinando cientos de alumnos del Colegio Nacional de la Independencia Americana y que reventara en julio del año 1950. Esa fue una mentira del tamaño de los campos de concentración que nunca se construyeron en la región.
MITO Los choferes de minivans y combis de la época, fueron considerados héroes ya que cada vez que debían transportar personal de tropa nazi por las carreteras de penetración arequipenses, se las ingeniaban para estrellar sus vehículos o hacerlos caer al abismo. Aunque se ha pretendido desmitificar a estos mártires del volante diciendo que manejaban ebrios y mal dormidos (mentira inaceptable), la única verdad es que los oficiales nazis nunca perdieron tantos soldados en tiempos de guerra como los que perdieron en las carreteras de Arequipa
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Bibliografía y Notas bibliográficas HITLER, Adolf. “Mein Kampf”. Berlín, Suhrkamp Taschenbuch, 1925. PODESTÁ, Lessness. “Mein Camp…pesinos”. Arequipa, Misti Editores, 1926. MOZART, Wolfgang Amadeus. “Orden en las repúblicas bananeras”. Arequipa, Coquito Editores, 1948. GROSSENBAUCH, Helmut. “Südamerika: Living la vida loca”. Dresden, Verlag Martin Velbinger, 1930. LÓPEZ, Gerónimo. “Manual de invasiones para dummies”. Arequipa, Rompehuesos Editores, 1945. TROTTEL, Ludwig. “Jetzt kommt die scharfe Sachen”. München, Marius Müller Westernhagen Verlag, 1940. VON DER SCHEISSE, Hans. “Das Boot ist voll”. Stuttgart, Buddenhagen Taschenbuch, 1939. Guillén, Juan Manuel. “Horror”. Arequipa, Skan Editores. SUBANSTRUJENBAJEN, Peter. “Combi Kultur und Fascismus”. Lima, Verlag Die Fantastischen Vier, 1945. GUTENSCHEIDE, Maria. “Was ist los mit meinen Titen?” Hamburg, Verlag Pikante Posen, 1942. SCHINDLER, Oskar. “Wo habe ich meine Liste gelassen?” Köln, Papanatas Taschenbücher, 1932. GÖERING, Hermann. “Weil ich euch liebe”, Berlín, Verlag Bruño, 1933.
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Last words
l nefasto paso de los nazis por Arequipa (nefasto para ellos) marcó un antes y un después en la historia de la Ciudad Blanca. Antes de que llegaran los elementos de la esvástica, Arequipa era una ciudad pródiga en revoluciones cuya única función eran tumbarse a los gobernantes de turno, un lugar donde mucha gente era especialista en invasiones y con un exacerbado amor por su tierra, pero con el arribo de estos arios muchachos, la cosa cambió radicalmente… para peor. Los cinco años que estuvieron los nazis en Arequipa (desde 1946 hasta 1950) se pueden dividir en tres etapas: la primera, la segunda y la tercera. El año de la invasión nazi a Arequipa fue el del ajetreo propio de un nuevo régimen pugnando por ingresar a terreno ajeno mientras que la población y sus autoridades luchaban por salir lo más ilesos posibles del atropello. Ya en el segundo año, a mediados de 1947, se organizaron focos de resistencia en algunos lugares, el más conocido fue el que surgió entre la gente del club de fútbol Piérola y sus mujeres. En 1948, cuando las autoridades nazis y sus colaboracionistas locales pensaban que iban a hacerla linda, quedó patente que el choque entre el orden de los invasores y la particular tendencia al saqueo y despilfarro de sus colaboradores, más la caótica indiosincracia de los invadidos, sería un asunto por resolver. Bien entrado el año 1949, el pueblo arequipés empezó a agarrarle el truco a las mañas de los uniformados elementos extranjeros. Aprendieron a evadir cada ley impuesta por el régimen invasor, de la misma forma en que ya sabían cómo entrar y salir de los guetos sin que los soldados germánicos se dieran cuenta. Esto provocó que el gobierno nazi comenzara a tambalear. Debido a ello, el Führer del Tercer Reich, Sir Adolfo Hitler, quien pensó que se la llevaría fácil llegando solo por unos días y dejando a su people a cargo, tuvo que prolongar su estada por todos los años que duró el régimen nazi en la región. Y es que si bien había venido con la mejor de las intenciones a Arequipa (él no entraba en vainas como “roba, pero hace obra” o “hay que robar, pero decentemente”, etc ), a la luz de lo que concluyeron muchos historiadores, su reacción fue tardía. Para entonces, el año 1950, el colapso del régimen era inevitable y la corrupción del mismo era generalizada. Se puede decir que los foráneos ya se habían contagiado de las mañas y costumbres relajadas de muchos de los nativos al punto de hacer socavar su propio régimen. Finalmente, si el régimen nazi cayó en esta región de Sudamérica, fue también por las retorcidas prácticas metafísicas de muchos de sus miembros más destacados y su incesante búsqueda de tesoros cuya existencia siempre estuvo en entredicho. Solo el tiempo dirá si el fin del imperio nazi en Arequipa fue para mejor o peor.
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