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Categoría Poesía: Autor: Plinio el Joven

Cotzumalguapa La silueta morena de sus tierras; el cálido sudor que evapora los sueños, de la alegría, su capital. Sus palmeras me cobijan. Eres ciudad “de paso”, acrópolis de mis letras. Frente al gigante dormido su ojo abierto y estornudo de fuego, rasga el cielo y ahúma la luna. Testigo de los tórridos besos de las parejas. Faro natural, donde el niño descubre el mundo. Y por la tarde, un enjambre de gotas preña la tierra, según el calendario de piedra. Sólidas, estáticas y ancestrales figuras mayas, rigen el tiempo, incontenible, iracundo, inevitable. Mueven la sanguínea y azarosa vida citadina. El cielo llora. Besos de cristal, esparcidos en mil chayes de agua, tatuajes en la piel blanda de este humus humano. El jaguar juega con el niño, el mar y el viento, soplo, espíritu y niebla que nutren mis ancestrales pulmones. Nawal de esta tierra: la natura en movimiento, un vegetal corazón, a pesar del colmillo del hambre, del ojo del verdugo y sus cómplices –sus y mis hermanoslucha santa, por su vida. Tierra que acoge el beso, alimenta nómadas colibríes y en cada celaje, un cortejo. Tropel de sus corceles: aleteo salvaje de mariposas. Tierra que embalsama cadáveres infantiles gélidas lágrimas, sobre la mortecina carne. Todavía su estómago no ha comido, saliva y sangre, alimento del alma humana. Tercer concurso “Juan Fernando Cifuentes”,

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Categoría Poesía: Autor: Plinio el Joven

A veces, la vida muere, va y viene. Las deidades juegan, el universo roda. Con sus codos, caderas y cabezas los titanes disfrazados de humanos, sudan obsidiana pura. Con un penacho de quetzal, escriben los códices de su memoria: lo vivo, lo sangrado, lo muerto y lo resucitado. Tierra pipil y sus tesoros: el Baúl, Bilbao y el Castillo. Tatuaje de estuco, piedra caliza y sangre. Carnosidad verde, sabia de caña oscura y dulce, aroma de cacao y de ser humano. Y de sus venas, nació el azúcar. Mujer verde de penacho blanco que llora amargamente. En lontananza: copos de nieve, flor de cañaveral. Dos ángeles sicarios la entrada custodian. El azúcar creó el paraíso, y amaneció y atardeció el deforestado día. La maleza dulce se hizo hoguera con la carne humana. Costa algodonera, cañaveral rojo: Auschwitz moderno, en la tierra del quetzal. Metálicas gargantas, molares de acero, estómagos de fuego, cortan y trituran manos y dedos, engullen musicalmente la infantil risa. Ojos parturientos, pies sedientos de frío, el paraíso se hizo ingenio. Molienda: neblina de azúcar en Iximulew, con polvo de nuestras osamentas. Glucosa y miel humana, infinito de gotas cristalizadas, Tercer concurso “Juan Fernando Cifuentes”,

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Categoría Poesía: Autor: Plinio el Joven

eternas zafras y sus manos. Sombras caminantes, tiznadas por el fuego. Ellos y ellas: cadáveres dulces y sus esposas. Cuando ellos mueren, ellas aman lo que queda de ellos, con su lengua muerden el salitre del sudor, el hambre y la esperanza, que es su herencia. Una dulzura extraña, al fin de la faena, el amor sobrevive. Curan sus blancas quemaduras al contacto de su boca, reviven el latido de sus sueños, con los cristales, incrustados en sus vientres. Antes de que la zafra los mate, dan su vida, gota a gota. Atardeció y amaneció otro día. Al sexto día de la creación: resurgirá un guardián y heredero de esta tierra. Cuidará de su oikós natural: tierra de jaguares y comadrejas, risas costeras y laberintos de azúcar, zafra y vida, lágrimas y sueños, mosaicos de estrellas y flores, de llantos y marimba. Hoy, honor y respeto a Ti. Tus hijos, agradecen tu parto, que es el nuestro…

Tercer concurso “Juan Fernando Cifuentes”,

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Cotzumalguapa  

Participación en el concurso Carlos Cifuentes URL 2013

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