Verticalidad, longitudinalidad y ligereza. Tres simples conceptos que he planteado desde el primer momento hasta el último.
El proyecto arquitectónico se centra en la integración armoniosa de los edificios al entorno, adaptándose con ligereza a un terreno irregular y lleno de imperfecciones. La verticalidad de las estructuras no solo maximiza el uso del espacio vertical, sino que también proporciona una presencia imponente y esbelta que define el horizonte urbano, en este caso, de Castellón.
Para su relación con el entorno, me he ayudado de las cualidades ya existentes del lugar: el aeródromo con su planta longitudinal, y de la topografía original dándole un carácter más dramático elevando así su importancia y conexión con mi intervención.