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¿Los pecados de la moda?

¿La moda es realmente la culpable? Entérate
Fotografie: José Manuel Ruiz

¿Los pecados de la moda?

Son muchos, sin duda… desde el exceso de vanidad hasta la superficialidad absoluta, pero de ahí a pretender que la moda tiene la culpa del cambio climático y todos los demás horrores que se anuncian con bombo y platillo desde diferentes plataformas catastrofistas… pues no. La moda es lo que es…nuestro guilty pleasure de cada día cuando seleccionamos lo que nos vamos a poner, con que lo vamos a combinar y sufrimos porque nos falta ese toque especial que nos pondrá frente al teléfono de los actuales paparazzis que andan en busca del street style. Esos serán más bien los pecados de la moda.

Por Anna Fusoni / afusoni.fusoni@gmail.com _____________________________________

Desde hace ya varios años, el desperdicio y la basura que genera la producción de prendas de vestir, se viene anunciando como el próximo gran escándalo ambiental. Y ahora es un hecho. El desperdicio en la moda equivale y podría rebasar la gran crisis del plástico, dicen los ambientalistas. La producción de 150,000 millones de prendas anuales que equivalen a 62 millones de toneladas en prendas y complementos es como para poner los pelos de punta a cualquier consumidor con un ápice de cordura y, es de esperarse, conducirlo a una reflexión acerca de como consume moda.

La moda es un negocio multimillonario, desde el lujo hasta el fast fashion. Hay países que que proyectan el futuro bienestar de sus ciudadanos con el pronóstico de lo que será la confección en los próximos 10 años; empezando por Bangladesh. O sea que la producción de miles y millones de prendas no tiene para cuando reducirse; lo que está cambiando es que todos estos países que viven de la maquila saben que tienen mejorar sus sistemas de producción y están invirtiendo en tecnología para reducir el impacto negativo en el medio ambiente como, por ejemplo, la inversión en Water Saving Technology para reducir el uso de agua y eliminar las descargas de bioquímicos nocivos en el agua potable como lo está haciendo Bangladesh.

Hay cambio climático, ¡innegable!… pero se debe a muchos factores. Vivir contamina. Los actos cotidianos de 7.7 billones de personas contaminan. La moda está en ese ciclo de contaminación por la cantidad de desechos que genera a raíz del consumo desmedido que provoca un sistema de marketing brutal que te recuerda todos los días que sin tal o cual producto no eres nadie, induciendo a un consumo innecesario y forzado para que las ganancias trimestrales de tal o cual empresa vayan siempre a la alza.

Los culpables somos nosotros porque somos incapaces de darnos cuenta que es la publicidad y el marketing los que impulsan nuestros deseos de tener lo último de lo último, sin pensar en la estela de desperdicio que vamos dejando.

No es la moda la mala de la película sino cada uno de nosotros con nuestros deseos excesivos y malos hábitos de consumo… nuestra pasión por el e-commerce y la satisfacción inmediata que nos lleva a utilizar una prenda sólo 2 veces antes de desecharla.

Esa actitud del consumidor -TU, YO o el de junto- tiene que cambiar. No es necesario comprar 10 cuando solo se necesita una. Tenemos que rectificar y aprender que tener más no es necesariamente mejor. Cada compra que hagamos requiere de una reflexión …porque la sed de moda es insaciable y la industria de la moda, desde los grandes consorcios hasta la modista de la esquina, sigue su marcha. Solo el consumidor final puede meter el freno.

El cliente manda

El shopping es el pasatiempo actual, ya sea que se vaya de compras al centro comercial o se cumplan los anhelos on-line. Sin embargo, si la preocupación por el planeta es real, el consumidor empezará a hacerse las siguientes preguntas

¿Lo necesito? ¿Dónde se confeccionó? ¿Cuál es su huella carbónica de producción y transporte? ¿Cuantas prendas tengo parecidas? ¿Qué voy a hacer con ellas?

Las nuevas generaciones si se toman muy en serio el futuro de su planeta, están alarmados por los pronósticos fatalistas y toman riendas en el asunto. Prueba de ello es la proliferación de las segundas, las tiendas vintage, la renta, los diseñadores que reciclan y reinventan, y desde luego el enfoque hacia la sustentabilidad a gran escala por parte de los consorcios de lujo y el fast fashion… nadie queda exento de responsabilizarse, pero el consumidor final es el que tiene el mayor poder de maniobra y elementos de presión.

La sustentabilidad es lo de hoy

Las noticias y esas fotos horripilantes de rellenos sanitaros con trapos, trapos y más trapos nos obligan a tomar nota. Idealmente todos debemos poner las cartas sobre la mesa a lo largo de la cadena de producción, desde las industrias petroquímicas que producen las fibras y los plantíos de algodón hasta el consumidor final que debe analizar la huella carbónica del pedido que ha hecho on-line y que viene desde China, con múltiples empaques de plástico, contaminando, paso a paso, hasta que llega a sus manos.

Ser sustentable es consumir menos y consumir mejor, comprar no tiene nada de malo, pero comprar y desechar al final de la temporada es pecado mortal. Mortal porque está estrangulando al planeta. Antes había dos temporadas que seguían los ciclos del clima. Hoy hay dos mini temporadas a la semana. Los famosos drops que inducen al consumo y en los reducidos espacios habitacionales de hoy, el resultado es que entran prendas nuevas y salen las no tan nuevas porque ni viejas son.

La obligación de los grandes

Los grandes de la moda, desde los reyes del fast fashion hasta los consorcios de hiper lujo, dicen preocuparse por el cambio climático, pero están más preocupados por los cambios en los hábitos de consumo de las nuevas generaciones y responderán ante la presión. Sin embargo, es tal la magnitud del problema y tan complicada la solución que cabe preguntarse si lograrán dar el golpe de timón a tiempo y sobrevivir su propio destino.

La obligación del consumidor

Me queda claro que la moda, andar a la moda y proyectarse a través de la moda es lo de hoy y eso no va a cambiar, pero el consumidor, o sea Tú…y desde luego Yo, podemos cambiar la forma en la que compramos, usamos y desechamos. Así como asumir nuestro rol de pecadores irresponsables.

Hay que volver a los tiempos del aprecio, comprar prendas más duraderas, quizá más costosas. pero con costo por uso mucho más reducido y en beneficio de economía personal, y a la vez más saludable para el planeta. Exigir que se paguen precios más justos y aceptar que la democratización de la moda es lo menos democrático que hay.

La obligación del diseñador

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