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Archivos 04 Bitácora Barcelona

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ARCHIVOS DE ARQUITECTURA / BITÁCORA BARCELONA

Archivos de Arquitectura Bitácora Barcelona Edición Josep Ferrando Textos Josep Ferrando y Jaume Prat

El Viaje como Pensamiento Múltiple Ciro Najle El Viaje como Salto Sergio Forster El Viaje como Proyecto Josep Ferrando y Jaume Prat Mar Mediterráneo Sierra de Collserola Ciutat Vella Vila de Gràcia Eixample Poble Nou Lleno y vacío Geometría

Usos

04 Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos

Barcelonidades y Barcelonizaciones Anna Font


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Archivos de Arquitectura 04 Bitácora Barcelona

Edición Josep Ferrando Textos Josep Ferrando y Jaume Prat

Universidad Torcuato Di Tella Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos 2014

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Universidad Torcuato Di Tella Rector: Ernesto Schargrodsky Vicerrector: Catalina Smulovitz Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos Decano: Ciro Najle Carrera de Grado de Arquitectura Director: Sergio Forster Maestría en Historia y Cultura de la Arquitectura y la Ciudad Director: Julián Varas Programa en Arquitectura y Tecnología Coordinador: Francisco Cadau Programa en Arquitectura del Paisaje Coordinadora: Cora Burgin Programa en Preservación y Conservación del Patrimonio Coordinador: Fabio Grementieri Maestría en Economía Urbana (c/Escuela de Gobierno) Directora: Cynthia Goytia Centro de Estudios de Arquitectura Contemporánea Coordinador: Julián Varas Archivos de Arquitectura Director: Ciro Najle Coordinadora: Anna Font

No está permitida la reproducción parcial o total del material que aquí se publica. Las opiniones contenidas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de los autores. ISSN 2314-3029

Comité de Redacción Francisco Cadau Mariano Clusellas Anna Font

Número de Edición: 04 Fecha de Edición: 10 de Noviembre de 2014 Impresión: Ediciones Emede SA Cantidad de ejemplares: 500 Tipografía: Helvética Neue

Archivos 04 Bitácora Barcelona Edición: Josep Ferrando Textos: Josep Ferrando y Jaume Prat Template Gráfico: Departamento de Comunicaciones UTDT Diseño Gráfico: Josep Ferrando y Gisela Domènech Solanes Fotografía: Nicanor García y Gustavo Vitores Lemos Ilustración de tapa: Pavimento del Paseo de Gracia, Nicanor García

Propietario Universidad Torcuato Di Tella Campus Alcorta Avenida Figueroa Alcorta 7350 Sáenz Valiente 1010 Ciudad de Buenos Aires Argentina

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Índice

El Viaje como Pensamiento Múltiple

Ciro Najle 06

El Viaje como Salto

Sergio Forster 08

El Viaje como Proyecto

Josep Ferrando y Jaume Prat

10

Mar Mediterráneo

16

Sierra de Collserola

22

Ciutat Vella 30 Vila de Gràcia

36

Eixample

44

Poble Nou 50 Barcelonidades y Barcelonizaciones

Anna Font 60

Agradecimientos 62

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Parc Güell. Antoni Gaudí. Fotografía: Gustavo Vitores Lemos

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El Viaje como Pensamiento Múltiple Ciro Najle

Viaje-experiencia, evidentemente, pero también viaje-experimentación, invisiblemente detrás. Luego, viajeconstrucción, que asume esa invisibilidad, y viaje-representación, que despliega su forma. También viaje-proyección, que no cesa de explotar el problema del sentido, y viaje-anticipación, cuyo fin es controlarlo y dirigirlo. Por último, viaje-disciplina, donde se autonomiza como cosa, y viaje-contra-intuición, donde se rebela contra su propio origen. Experiencia / Existe el viaje como tal, su experiencia irreductible, su acción espontánea, su ser en sí, su acontecer en el tiempo, su práctica y su empírica. No por ir contra la corriente de lo únicamente factual, puede omitirse o rechazarse la evidencia de la experiencia, muchas veces reveladora. Un viaje implica, de manera intrínseca, el desplazamiento, la aceleración de los eventos, el escalamiento de sus efectos, la exposición a lo nuevo. Un viaje es intensificación. Experimentación / Sin embargo, es igualmente intrínseco que esa evidencia toma forma mientras sucede, y que su experiencia es, profundamente, resultado de la voluntad de experimentación. Esa es también su ley: procurar adrede lo nuevo, crear situaciones inusitadas y condiciones para que lo inusitado suceda. Un viaje implica la gran paradoja de generar encuentros buscados y, para ello, de incrementar a consciencia la superficie de contacto con las cosas. Construcción / Existe también el relato del viaje, y, por lo tanto, la consciencia del relato mientras el viaje mismo sucede, que implica la construcción simultánea del sentido del viaje mientras este se despliega y mediante los avatares mismos de su suceder. El status de artificio del viaje se corresponde y alterna con su naturalidad. Su auto-consciencia se entremezcla con su inconsciencia. Su ficción sucede en medio de su realidad. El viaje es fábula, creación in situ. Representación / Por lo tanto, su memoria no es una ni unívoca, sino multiplicidad de niveles coexistentes, serie entreverada de experiencias, experimentos y narraciones, los cuales a veces convergen y a veces divergen. La construcción se vuelve forma compleja, estructura dinámica, cuya unicidad no es sino el producto formal, deliberado o no, de una representación con coordenadas espaciales y temporales propias, difusas o precisas: una realidad en sí. Proyección / En tanto realidad autónoma, el viaje se proyecta sobre sí mismo a modo de modelo. La experiencia nueva no logra nunca ser espontánea ni emanciparse puramente de su propia consciencia, de la que solo logra ser repetición variada, o fondo sobre la que ésta se proyecta, inexorable, a cada paso. La forma se vuelve conocimiento, y la experiencia oscila: determinación determinada, posible refutación, potencial superación, o deseo de emancipación. Anticipación / En ese oscilar entre proyectarse sobre lo real o desprenderse del peso de la consciencia, el viaje se vuelve capacidad de anticipación en sus diversas formas: destreza, oficio, experticia, tradición. El viaje se vuelve su propio saber viajar, in situ, saber viajar allí mismo donde sucede y en ese mismo momento. Lejos estamos de la espontaneidad de la experiencia, pero cerca de la ilusión de su control. El viaje coexiste con su propio futuro potencial. Disciplina / Existe, entonces, la repetición del viaje durante el viaje, donde ese conocimiento se vuelve práctica de segundo grado, modo racionalizado, empírica mediada y formalizada como disciplina, manera, procedimiento, técnica. De esto se deduce, el viaje se vuelve espectro de restricciones, normativas, supresiones, omisiones, lagunas y descuidos, erudición, cultura o sabiduría, saber de lo que está bien y lo que está mal hacer, mandato y obediencia. Contra-intuición / Viaje dentro del viaje, consciencia pura desplegándose en el seno del propio acontecer, viaje in situ durante el movimiento, resultado de la multiplicación de registros y de su formalización en multiplicidad de niveles, el viaje, vuelto disciplina, se utiliza a sí mismo para alienarse. Construye mecanismos de contra-intuición, a veces accidentalmente, a contrapelo de sus límites, para sistematizarlos. El viaje se vuelve un arte y arquitectura del viajar. Este libro reúne estos registros –la experiencia, la experimentación, la construcción, la representación, la proyección, la anticipación, la disciplina, la contra-intuición– en el meticuloso y dulce formato de la bitácora de un viaje de estudios de estudiantes de arquitectura. Su objeto es Barcelona, ciudad de lo austero y lo voluptuoso, de lo genérico y lo singular, de lo reglado y lo espontáneo. Más allá de su relevamiento, nos invita a su pensamiento múltiple. 7


Pérgola Fotovoltaica. Martínez Lapeña - Torres. Fotografía: Gustavo Vitores Lemos

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El Viaje como Salto Sergio Forster

Todo viaje es un cambio en potencia. Nuevos contextos resignifican lo conocido, generan un desplazamiento de la forma en que estamos acostumbrados a pensar, a ver y a sentir, y las novedades que surgen durante el avanzar se modifican constantemente. Todo viaje es, en sí mismo, una experiencia que acelera la transformación del sujeto, que adquiere un tipo de conocimiento que solo puede ser disparado por el encuentro con la circunstancia. Si el viaje es de estudio, esta experiencia se complejiza, al especificar las búsquedas y direccionar los intereses. Un viaje arquitectónico abre, además, dimensiones culturales nuevas, abre la mirada al encontrar. Se presentan momentos de confusión del conocimiento previo y de perplejidad frente a aquello que se desconoce. La planificación de todo viaje implica un segundo nivel de aprendizaje, que involucra salvar la disparidad entre la fantasía y lo que sucede en tiempo y en espacio real. Se trata de un proyecto que, al ejecutarlo, se materializa de una manera particular e irrepetible. Se construye un artefacto que se complejiza a cada paso, transformando la mirada, incorporando las contingencias, reconociendo lo inesperado, atravesando una aventura iniciática. El encuentro con las ciudades y sus edificios obliga a desarrollar una mirada delicada y precisa, a no quedarnos con la generalidad como referencia. Conoceremos los componentes de un viaje, sabremos a dónde vamos, quienes serán nuestros guías, qué obras veremos, qué arquitectos se nos aparecerán, cuánto tiempo estaremos. Nos haremos de ilusión, y construiremos deseo. Pero todo será inevitablemente de otro modo. Se resignificará al transitarlo. Y lo inesperado absorberá la imaginación y la transformará en vivencia, sensación, sentimiento, comprensión. Todo viaje fuerza, de uno u otro modo, a enfrentarse a las cosas como las cosas son, para reconocerlas, registrarlas e interpretarlas. Ese acto, creativo en sí, es inherentemente divergente. Se abre, y solo pide más a su paso. Los viajes de estudio de la Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos para los estudiantes de la Carrera involucran experiencias de intercambio con edificios, entornos urbanos, universidades, arquitectos, estudiantes y autores, y permiten un contacto histórico, técnico y proyectual directo con la realidad de una ciudad. Son plataformas desde las que reflexionar sobre el territorio y lo construido, instancias transformadoras que, en definitiva, implican cambio. Cambio rápido en estado de distracción, del que no se vuelve igual. Cambio contextual que nos fuerza a repensar lo ya pensado, a dudar positivamente del conocimiento que tenemos. Un viaje es un llamado a discontinuar lo conocido,. Es enfrentarse a las cosas donde los marcos usuales no siempre funcionan. Es un salto de clase, un crecimiento. Distinguimos entonces, el mapa del territorio, y los nombres de las cosas nombradas.

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Plano de Barcelona. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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El Viaje como Proyecto Josep Ferrando y Jaume Prat

La Real Academia de la Lengua Española define la palabra crítica como un juicio que nos confronta con unas reglas. Cuando esta crítica remite a la ciudad se enfrenta con un sistema complejo definido tanto por la precisión de sus reglas como por la potencia y el número de sus excepciones. La lectura crítica de una ciudad es el punto de inicio de su visión como proyecto. Demasiado a menudo vemos la ciudad como una colección de edificios singulares de mayor o menor escala, sin cohesión entre si, ajenos a su contexto excepto cuando éste ha sido empleado para proyectarlos. Quizá, incluso, se llegue a valorar algún plan urbano, siempre desde su intención seminal, lamentándonos invariablemente de su ejecución parcial, incompleta o traicionada por la presión urbanística. Esta lectura de la ciudad no nos confronta con lo que realmente existe en ella. No nos permite familiarizarnos con la sumatoria de pequeñas decisiones que termina por conformar su gran escala, plantaciones de árboles, pavimentos, detalles de aceras, mobiliario urbano, administración del aparcamiento en planta baja. Reglas encontradas o creadas, contradichas a veces, que dan carácter a la ciudad. Las lecturas proyecto a proyecto tampoco nos permiten enfrentarnos con las transiciones entre ellos. Con los límites entre barrios, con las fronteras interiores y exteriores, con el trabajo de la topografía, con la relación entre el centro y la periferia. Una lectura de la ciudad en esta clave proyecta un modo completo de intervenir sobre ella. Proponemos en cambio una lectura que parte de la experiencia de un viaje y construye un proyecto unitario con Barcelona como caso de estudio, buscando relaciones entre tramas, límites geográficos, clima y topografía. También la geología y la historia se nos aparecen como herramientas indispensables para comprender la morfología actual de la ciudad, y los recorridos que llevó a cabo el grupo serán los elementos de articulación principales de la experiencia múltiple de la ciudad. La Barcelona de hoy es una conurbación, un sistema extendido entre diversos núcleos aparentemente dispersos que orbitan alrededor de un centro geométrico claro ubicado en la Ciudad Vieja. Grandes infraestructuras como las rondas o la Avenida Diagonal cosen estos centros en un proceso que busca sistematizar su funcionamiento en red. Esta Barcelona extiende lo que podemos definir como su núcleo duro entre unos límites geográficos precisos: la Sierra de Collserola, que acota un llano que baja en pendiente suave hasta el mar, punteado aquí y allá por pequeñas colinas con las que el tejido urbano ha debido entenderse, y dos ríos de cauce prácticamente paralelo que sirven de tope lateral al crecimiento urbano: el Llobregat al sur, el Besòs al norte. Un hecho histórico permite entender prácticamente la totalidad de la historia urbanística de la ciudad: el Decreto de Nueva Planta con el que el primer rey Borbón, Felipe V, congela el desarrollo normal de la ciudad, convirtiéndola en una gran prisión después de la derrota de las tropas catalanas, abandonadas a su suerte por los ingleses al final de la Guerra de Sucesión, que marcó la Europa de inicios del siglo XVIII. Dicho decreto prohíbe dos cosas, el derribo de las murallas exteriores e interiores de la ciudad, y la construcción en todo el perímetro exterior a distancia de tiro de cañón, es decir, una milla. Estas dos restricciones provocarán, en una primera instancia, el colapso del casco urbano interior, generando la necesidad de que su límite se expanda y que entre en convivencia con la industria textil existente en la periferia inmediata. La industria, que sostiene económicamente a la ciudad, reduce a su vez la salubridad del ambiente hasta el extremo que la esperanza de vida de los varones se reduce a veintisiete años para las clases populares y a treinta y siete para las clases acomodadas.

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El Ensanche Cerdà no será tan sólo una cuestión arquitectónica, sino ante todo, un método para salvar vidas. El proyecto de Ensanche contará, gracias a las circunstancias impuestas por los militares, con una tabula rasa casi absoluta para su desarrollo, unas circunstancias inéditas en la Europa de aquél momento que permitirán desarrollar un sistema de crecimiento que constituye simultáneamente una rotura con las circunstancias urbanísticas anteriores y un replanteo de las condiciones para una ciudad moderna y salubre desde cero. Esta lectura de la ciudad propone un viaje a través de su geografía y de su historia orientada a los edificios, los proyectos individuales, a las diversas intervenciones que con su potencia dan carácter a la ciudad. Es una regla de juego intencionada que pone énfasis en el marco del cuadro, en la infraestructura que ha hecho posible la existencia de estos edificios que queremos, respetamos y valoramos, a menudo desde una lectura urbana, buscando en ellos las mismas referencias, la misma capacidad de crear vínculos y relaciones en cualquier barrio de la ciudad. El viaje constituye un proyecto unitario, dibujos, textos, fotografías hechos ad hoc con voluntad de sistema que, sin jerarquías, ubica partes de la ciudad en un mismo plano para que puedan ser leídas de un mismo modo, interrelacionadas tanto para permitir su comparación como para posibilitar su lectura en un mosaico que analiza y define los mecanismos de creación de los sistemas y de las sensaciones que éstos provocan. Este viaje trata Barcelona como una estructura formada por dos tipos de sistemas: abiertos y cerrados. Hemos usado en toda la publicación una estructura de definición por pares que, convenientemente contrapuestos, refuerzan sus características y sus posibilidades de relación con otros elementos que conforman la estructura urbana. En el caso de los sistemas cerrados estos pares han sido dos: los límites geográficos definidos por el mar y la montaña, las periferias construidas entre la Ciudad Vieja y Gràcia. El tercer par contrapone el sistema abierto del Ensanche y su adecuación mediada en el llano del Poble Nou. El mar y la montaña contienen la ciudad y le dan escala. Son límites históricamente cambiantes, consolidados y definidos a lo largo de los siglos hasta su configuración actual, fijadas las variaciones de la línea de costa hasta definir un contorno que parece invariable a largo plazo y convertido el encuentro con la montaña en un sistema complejo de infraestructuras paralelas al mar que recorren y sirven transversalmente a la ciudad. La Ciudad Vieja y Gràcia, como todos los demás sistemas construidos de la ciudad, son deudores del Decreto de Nueva Planta antes mencionado. Lo que ahora conocemos por Ciudad Vieja, entonces el casco urbano de la ciudad, queda convertido en un sistema cerrado que solo podrá crecer horizontalmente dentro de sus límites hasta colmatar su perímetro primero y crecer en altura más tarde. Gràcia será la principal de las ciudades-satélite destinadas a aliviar la presión urbanística del centro. Esta pequeña ciudad se convertirá en un sistema cerrado por su impreciso y torpe sistema de compensación de propiedades y por el avance del sistema abierto del Ensanche. El Ensanche, concebido por Ildefons Cerdà como un sistema universal, es, desde su propio concepto, un sistema abierto a expandirse no tan sólo por el llano de Barcelona, sino idealmente por todo el mundo. La habilidad del ingeniero será capaz de ajustar dicho límite a las particularidades físicas y urbanísticas de Barcelona en virtud de sus excepciones: vías transversales como la Diagonal, la Meridiana o el Paral.lel. El Poble Nou es una particularidad del Ensanche que consiste en la superposición de su trama sobre la trama agrícola precedente, que aparece, todavía hoy, aprisionada por los límites de las calles. Éstas son rectas, canónicas, y soportan un parcelario heredero de la estructura geográfica anterior que ha dado un carácter singular al lugar. Otra sección de calle, otro tratamiento de la luz, otra densidad. La superposición está desapareciendo con el tiempo, no siempre suplida por soluciones más coherentes. El sistema de pares se ha extendido a la propia estructura del libro y el sistema de análisis de cada una de las partes descriptas pivota entre el texto y las imágenes. Los pares de análisis confrontan la volumetría con la trama, la luz con la sección de calle y el sistema de propiedad con los usos. Lo que nos lleva a reflexionar sobre la ciudad como proyecto, a través de su estructura, forma y emoción, como toda obra de arquitectura. Un proyecto en curso que parte de la Barcelona actual para definir sus sistemas de crecimiento y su memoria.

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Vista aérea de Barcelona desde la Carretera de les Aigües. Fotografía: Nicanor García

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Museo Can Framis, Poble Nou. Jordi Badia. Fotografía: Gustavo Vitores Lemos

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Plano del límite con el Mar Mediterráneo. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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Mar Mediterráneo Línea de costa, bandas programáticas, espacio expandido

La línea de costa de Barcelona se ha ido construyendo a lo largo de los siglos desde unas condiciones iniciales marcadas, de suroeste a nordeste, por la presencia de la Montaña de Montjuïc –de substrato calcáreo, formada en el Mioceno a consecuencia de la presión de los sedimentos del Delta del Río Llobregat, resultando un perímetro irregular que se eleva cien metros hasta formar un acantilado en contacto con el mar– por el Monte Tàber, base de los primeros asentamientos y de la ciudad romana, y por la desembocadura del Río Besós, que dejaba todos los terrenos al sur de la traza del Ferrocarril de Francia en estado de marismas que la mano del hombre ha ido desecando lentamente. La Montaña de Montjuïc y el Monte Tàber eran penínsulas al principio de la colonización de la zona, y la línea de costa original discurría a la altura de lo que ahora es el eje de la calle Ferran y la plaza Sant Jaume (a la altura del cardus romano), dejando al sur las murallas batidas por el agua. Desde esta posición la línea de costa irá retrocediendo lentamente, en función de las ampliaciones de la ciudad primero y del puerto después. En el siglo XIV la Basílica de Santa María del Mar, fiel a su nombre, está realmente en el mar, justo al lado de la playa. A principios del siglo XIX la línea de costa habrá retrocedido hasta Pla de Palau. La colonización de la costa se realiza en base a paquetes de ciudad soportados por obras de ingeniería que crearon las grandes infraestructuras actuales, tales como el puerto, la incorporación de islas de arena, el drenaje de las marismas o, por último, la construcción de la Ronda del Litoral. En el siglo XVIII la demolición de gran parte del Barrio de la Ribera para hacer posible la construcción de la Ciudadela genera la necesidad de realojamiento de los pescadores que habitaban la zona. La Barceloneta se realiza como nuevo barrio extramuros, sin muralla propia. La vocación de península de este nuevo barrio viene dado por la incorporación al perímetro urbano de la Isla de Maians, de sustrato arenoso, cuya huella forma el grueso del barrio. Las sucesivas extensiones del puerto consolidan el tramo final del Poble Sec. El final de la Rambla del Poble Nou pone el embrión de lo que será el litoral barcelonés actual al quedar definido mediante un pequeño polígono conformado por ocho torres de vivienda, conocidas popularmente como “las Tupolev”, orientadas a sur estricto (y, por tanto, desentendidas de cualquier trama) diseñadas por el arquitecto Ramon Reventós, aisladas en un perímetro formado exclusivamente por fábricas y un cementerio. El proyecto para la Olimpiada de 1992 y el paso de la Ronda Litoral consolidan la línea de costa que conocemos actualmente: un parque corrido, ligeramente elevado respecto a los puntos más bajos de la ciudad, siempre en segunda línea respecto del mar que da servicio a la zona de playas y a una franja continua de equipamientos cívicos y viviendas que discurre desde la Barceloneta hasta la desembocadura del Río Besós. Un continuo urbano organizado internamente por paquetes de dimensión parecida a los que históricamente se habían ejecutado. La Villa Olímpica, un frente marítimo de cinco manzanas que recuerda la portada de Precisiones de Le Corbusier, o la Zona Fórum, son buenos ejemplos de ello. Las playas de la ciudad siguen el módulo de tres manzanas del ensanche, agrupadas, como las infraestructuras del Poble Nou, que organizan las escorrentías de esta parte de la ciudad. Cada paquete varía en el porcentaje de vivienda, en su tipología y en el programa de los equipamientos que se mezclan con éstas, encontrando usos académicos, centros de investigación, hospitales, así como polideportivos, escuelas, hoteles o centros de convenciones. De puerta trasera de la ciudad, el litoral ha pasado a ser su zona más codiciada y reconocible, el pulmón por donde respira la ciudad, la zona lúdica pública más usada y exitosa, que la finaliza e identifica. La ciudad como conjunto, y sus ciudadanos, se identifican con el mar.

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Lleno y Vacío Dicotomía

Geometría Colonización

Un mapa de llenos y vacíos de la zona marítima de Barcelona sólo se podrá comprender si remite al gran vacío que es el mar. La sección es asimétrica: un espacio intervenido y un espacio virgen separados por una línea clara. Los llenos y vacíos del litoral de Barcelona se suceden secuencialmente, desde una primera trama baja y densa, hasta una masa indiferenciada y compacta que tiende al progresivo esponjamiento y al crecimiento en altura para compensar la huella de ocupación, manteniendo la densidad. En este contexto el Barrio de la Barceloneta opera como un sólido compacto pautado por una malla. De una mancha negra opuesta a una mancha blanca se pasa a un modelo donde una serie de manchas puntuales pautan rítmicamente el vacío del mar y desmenuzan la ciudad a su contacto.

Las tramas del litoral se construyen en el tiempo. Desde la trama medieval, compacta, formada por calles estrechas relativas a la muralla, se pasa a una trama de edificios cada vez más espaciados que requieren de pabellones de apoyo para anclarse a los caminos preexistentes, los cuales discurren espontáneamente entremedio de las edificaciones aisladas. Existen dos vínculos entre estos dos modelos: la Barceloneta, de trama regular con casas bajas extramuros y –siglos más tarde– la Villa Olímpica, de módulo de tres manzanas, facilitando proyectos posteriores, como las Cinco Islas del Frente Marítimo edificadas con criterios paisajísticos y pintoresquistas, o la Zona Fórum y sus torres en altura apoyadas en zócalos construidos.

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Luz y Sombra Reflejos

Perfil Agregación

La luz del litoral es contundente, no existe mediación entre la sombra y el sol absoluto de la playa. En la relación entre la Ciudad Vieja y la costa hay calles estrechas y altas o no hay nada. La Barceloneta sigue este modelo en su implantación pero, conforme la trama se va esponjando, la luz es controlada por la vegetación y las pérgolas. El espacio público adopta rápidamente una sección en la que el paso de la Ronda del Litoral, con su franja de equipamientos y verde, es clave. Esta franja media entre el litoral absolutamente público y el frente retrasado está formado por viviendas en torre que privatizan parcelas de terreno y segregan el espacio público. Cada vez que se produce esta segregación aparece un nuevo artificio: vallas, pabellones, plantas bajas permeables o pérgolas, transformando la relación con el sol en un ejercicio de mediación por ocupación.

El perfil del litoral es siempre asimétrico, remite, de un modo u otro, al mar. Es, en algunos casos, una masa compacta que llega al agua y, en otros, se compone de diversos elementos que se van especializando y formalizando en equipamientos, viviendas exentas, la Ronda Litoral y finalmente la playa. Desde una sección estándar en que el lleno y el vacío se oponen, se pasa a una sección apenas insinuada que depende de todos los artificios antes mencionados para su definición: pabellones de equipamiento, vegetación, arena, el paseo marítimo construido a varios niveles con un sótano-zócalo de restaurantes, las viviendas que buscan la luz, el sol y, sobre todo, las vistas al mar. La Barceloneta mezcla las dos secciones, con calles que desembocan de manera directa en el mar y un frente continuo de vivienda que forma, todavía, un límite definido.

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Público y privado Segregación

Usos Vivienda en bloque o en torre y equipamiento

El litoral es siempre público. En él se encuentran, repartidos por toda su geografía, diversas gradaciones entre lo público y lo privado. Los equipamientos y el sector terciario producen el paso entre lo semipúblico y lo semiprivado, mientras que las viviendas, cada vez más destinadas a sectores de alto poder adquisitivo, representan lo privado. La playa es absolutamente pública. En medio de estos programas se encuentran filtros en forma de parques, jardines comunitarios y equipamientos públicos. La relación entre ambos sistemas es armoniosa, tendiente tan sólo al desequilibrio por la presión del turismo. Cuando esto no se produce de manera natural la planificación urbana tiende a balancear los usos, resultando en un litoral bien cuidado y mantenido. En la Barceloneta dicha relación se produce por lo mesurado de la volumetría y por las plantas bajas que, enfrentadas al mar, forman un frente corrido de equipamiento que sirve a la gran franja pública de la playa, relacionándola con el tejido urbano.

El litoral de Barcelona siempre ha estado formado por un tejido de viviendas que lo alimenta. El mar y sus costas se destinan a puertos y playas cada vez más focalizados en el uso recreativo, expulsando las actividades industriales hacia la periferia. Los equipamientos, situados en edificios de nueva planta sin mezcla de usos, permiten la relación entre las dos partes. Desde clubes deportivos a hospitales, centros de investigación con sus espacios de relación cara al mar, oficinas, centros de convenciones, hoteles y restaurantes. La tipología de estos equipamientos a modo de pabellones, ha facilitado los flujos de movimiento de la gente. Las viviendas han tendido a concentrarse en altura buscando sol y vistas, privatizando por el camino sectores del suelo para producir jardines comunitarios, como en el proyecto para Diagonal Mar. La crisis económica ha posibilitado la privatización, incipiente todavía, de los puertos recreativos y el filtro de público en función del poder económico.

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Mar Mediterráneo, Paseo Marítimo de la Mar Bella. Fotografía: Nicanor García

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Plano del límite con la Sierra de Collserola. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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Sierra de Collserola Escorrentías, taludes, salón corrido

El agua ha moldeado la geometría primaria de los terrenos donde se asienta Barcelona. La Sierra de Collserola forma una espalda de límites imprecisos, sinuosos, prolongados más allá de su perímetro a través de un despliegue de colinas elevadas sobre la cota superior del plano inclinado que, salvando desde allí un desnivel de casi cien metros, forma el grueso de la superficie de la ciudad. Las líneas de escorrentía siguen una de las dos direcciones de la trama del Ensanche, y gracias a esto absorben fácilmente los cauces que definen la infraestructura básica de los asentamientos de la falda de la montaña. Éstos son de muy diversa índole, desde la estructura semi rural de Sarrià, una de las ciudades satélite dispuestas a tiro de cañón de la Ciudad Vieja cuando ésta no podía crecer, hasta la trama de bloques exentos del Barrio de Montbau, quizá la exposición de arquitectura moderna más intensa de toda la ciudad. Además, Montbau posee un centro verde, un parque, que absorbe una de las principales minas de agua de la ciudad, cuya traza puede seguirse hasta el mar. El sustrato de Collserola es pizarroso y se usó hasta el siglo XIX como terreno agrícola donde plantar viñas (la carretera que la cruza, l’Arrabassada, debe su nombre a los pies de las cepas). Cuando éstos se abandonaron, el patchwork de tramas urbanas que discurre entre las diversas colinas y conecta los asentamientos primitivos empezó su ascensión por la falda de la montaña en forma de tejido suburbano, formado por casas unifamiliares aisladas, extendiéndose como un manto hasta la cota de la Carretera de les Aigües, que atraviesa la sierra a media pendiente. Estas tramas siguieron la lógica de las terrazas donde se plantaban las viñas, variando su posición y escala. El manto de viviendas ha ido subiendo también por algunas colinas internas de la ciudad hasta colonizarlas enteramente con soluciones urbanas caso a caso que soportan una variedad de tipologías que resultan en edificios imposibles de encontrar en otros puntos de la ciudad, construidos en función de las vistas y la búsqueda del sol, dificultosa cuando éstos se encuentran en una falda norte. Sin ir más lejos, la primera muestra de arquitectura racionalista de toda Barcelona, la Casa Vilaró de Sixte Illescas, miembro fundador del GATCPAC, se construye en la falda de una de las colinas que rematan Collserola. La lógica de los asentamientos primitivos era radial respecto de la Ciudad Vieja, sin apenas conexiones transversales hasta la aparición de la Ronda de Dalt, construida con motivo de las Olimpiadas a finales de los ochenta. La Ronda se concibe como una franja de terrenos, una plataforma de ancho variable en la que disponer, a lado y lado, los equipamientos y viviendas sociales que cada tramo de ciudad necesita, constituyendo un centro cívico corrido. Las cañadas, imposibles de ortogonalizar en la falda de Collserola, se van recubriendo lentamente de parques que duplican las vías de comunicación con corredores verdes que oxigenan las partes más densas de la trama, servidas por torres que ayudan a mantener la densidad urbana pero liberan el suelo para permitir la formación del embrión de corredores verdes que han de conectar transversalmente toda la ciudad. Como si de una meta trama se tratase, con la espina dorsal en el espacio corrido formado por la plataforma de la Ronda, esta operación ha permitido a los habitantes de la zona tener, por vez primera, una identidad global.

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Lleno y Vacío Topografía

Geometría Tortuosidad

La topografía es el animador de los llenos y vacíos del sector montaña de la ciudad. La edificación se concentra en los núcleos históricos preexistentes, formados por mallas continuas adaptables a un relieve todavía suave. En el caso de Sarrià la edificación se esponja y reduce su tamaño a medida que enfila la falda de Collserola, tomando forma de torres o edificios pantalla dispuestos paralelamente a las curvas de nivel en las partes más bajas de la ladera, y como edificación unifamiliar aislada a media pendiente. Actualmente, las cañadas asociadas a vías de comunicación pierden densidad para alojar corredores verdes, y las colinas urbanas, manteniendo e incluso aumentando la densidad de la ciudad, aterrazan sus edificaciones, servidas por calles que solo podemos adivinar que funcionan si sabemos que utilizan, en los casos más extremos, escaleras o ascensores. Las trazas presentes en el plano permiten adivinar el relieve de cada zona.

Es poco probable encontrar tramas ortogonales en la parte alta de la ciudad, excepto en barrios como Montbau, donde la edificación es puntual y paralela a las curvas de nivel. Los espacios públicos están superpuestos a la organización del terreno y un gran vacío central absorbe la tortuosidad del curso de agua. En los otros tejidos, como Sarrià, la trama está formada por líneas primarias que siguen las curvas de nivel y líneas secundarias perpendiculares a las primeras en cada punto y, por lo tanto, tendientes a entrecruzarse entre sí. La trama se deforma en las partes bajas y en las calles que alimentan las viviendas unifamiliares ladera arriba. Las calles serpentean por las pendientes y las edificaciones sólo pueden crecer en sentido paralelo a las curvas de nivel, excepto las que se desarrollen aterrazadas, moviendo grandes cantidades de suelo. La edificación aislada de los sectores altos permite sólo reconstruir este remedo de trama si se consideran no las masas construidas sino las parcelas que las alojan.

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Luz y Sombra Aireación

Perfil Apertura

La luz de la montaña es la más constante de la ciudad. Las pendientes evitan que los edificios se hagan sombra unos a otros. La vegetación deviene un importante elemento de control solar, de la misma manera como porches, terrazas o pérgolas posibilitan que un edificio se haga sombra a sí mismo. El espacio público es escaso y se encuentra concentrado mayormente en el eje de la Ronda de Dalt, cuya tapa superior puede considerarse un centro cívico corrido, aunque no formaliza espacios de reunión a modo de plazas sino que propone una vivencia lineal y dinámica. Los núcleos históricos siguen funcionando prácticamente como pueblos y solo polígonos como Montbau o Cañellas presentan plazas vertebradoras de ciudad (normalmente sobre pilotes), en continuidad con el modelo del Park Güell. Las cotas superiores reducen el espacio público a calles de servicio anodinas, hasta llegar a la Carretera de les Aigües, la cota más alta, que funciona de nuevo como un corredor cívico con vistas espectaculares sobre la ciudad.

El perfil de la parte alta de la ciudad se caracteriza por el relieve. La pendiente es la característica principal que estructura y obliga a adaptar los tipos edificatorios, a desmontar o terraplenar, a incorporar muros de contención, puentes y escaleras al paisaje urbano. En las cañadas aparecen equipamientos o torres de vivienda que tienden a dejar mucho espacio libre entre ellas. Los espacios cívicos conforman también el perfil urbano como si de edificios se tratase, ya que requieren de estructuras físicas para su existencia: pilotes, plataformas de hormigón, suelos artificiales planos, muros de contención. El espacio público se construye activamente y configura, en el sentido más literal del término, la parte pública del perfil urbano.

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Público y privado Suma

Usos Vivienda unifamiliar o en bloque y equipamiento

Conforme la ciudad sube de cota aumentan las áreas de uso privado. Las casas unifamiliares aisladas tienen acceso desde calles que son poco más que espacios servidores de las mismas. La Carretera de les Aigües por contraste, es pública. Se dan sobre su eje grandes espacios privados que cumplen función pública, en su mayoría escuelas de élite ligadas a la naturaleza. Las cañadas, ligadas a los espacios de escorrentía, son públicas, y se usan como parques o corredores. Conforme la ciudad se va urbanizando la relación entre lo público y lo privado va adquiriendo matices y espacios intermedios. Barrios como Montbau o Cañellas vertebran su tejido mediante espacios cívicos de calidad y la Ronda de Dalt actúa como un gran depósito de espacio público que brinda servicio a una zona estructuralmente poco equipada de cara a los vecinos, consiguiendo la mezcla de usos que se da de modo natural en tejidos más consolidados como Sarrià.

La ciudad ha reservado la montaña al uso residencial, ligado al aire, la salubridad y las buenas vistas. Casi sin contraste las viviendas suelen ser colectivas, de densidad media-alta, para clases populares o de baja densidad para las clases acomodadas. Grandes equipamientos privados conviven con las viviendas. Los espacios ligados al agua son públicos. La cota superior y la Ronda de Dalt son públicas y su uso está ligado al ocio y a los espacios sirvientes para los barrios. Lo privado se extiende indiscriminadamente entre la geografía de cañadas y corredores verdes, relacionándose con ella tan solo a través de sus bordes. Los grandes espacios privativos son aptos más para ser vistos que para ser recorridos. Lo público siempre es perimetral. En los tejidos históricos como Sarrià la mezcla de usos propia de un municipio aislado se sigue manteniendo, funcionando como una isla autónoma, y como modelo, para los tejidos circundantes.

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Encuentro con la montaña, Mirador de Torre Baró. Fotografía: Nicanor García

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Recorrido de obras del límite con el Mar Mediterráneo y con la Sierra de Collserola. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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Mar Mediterráneo Lista de obras 01. Conjunto Diagonal 0 (2009) Joan Pascual y Ramon Ausió 02. Torre Diagonal Cero (2011) Enric Massip – Bosch 03. Edificio Fórum (2004) Herzog & de Meuron 04. Parque Litoral Forum (2003) Ábalos – Herreros 05. Pérgola Fotovoltaica (2004) Martínez Lapeña – Torres 06. Parque de los Auditorios (2004) FOA 07. Centro de Convenciones, Hotel y Oficinas (2004) Josep Lluís Mateo 08. Parque “Diagonal Mar” (2003) EMBT 09. Edificio de viviendas “Illa de la Llum” (2005) Ignacio Paricio y Lluís Clotet 10. Paseo García Faria (2005) Ravetllat – Ribas 11. Pabellón de la Mar Bella (1992) Manuel Ruisánchez y Xavier Vendrell) 12. Edificio de viviendas (1992) Martínez Lapeña – Torres 13. Edificio de viviendas (1992) Albert Viaplana y Helio Piñón 14. Pérgolas de la Avenida Icària (1992) Enric Miralles y Carme Pinós 15. Edificio de viviendas (1992) Bonell – Gil 16. Centro Metereológico (1992) Álvaro Siza Vieira 17. Escuela Municipal de Vela (1991) MBM 18. Parque de Investigación Biomédica (2006) Brullet – de Luna y PINEARQ 19. Sede Central de Gas Natural (2006) EMBT 20. Viviendas Cooperativa Obrera “La Maquinista” (1953) José Antonio Coderch y Manuel Valls 21. Casa de la Marina (1955) José Antonio Coderch y Manuel Valls 22. Paseo del Muelle de la Barceloneta (1990) Olga Tarrassó, Jordi Henrich y Rafael Cáceres 23. Paseo Marítimo de la Barceloneta (1996) Tarrassó, Henrich, Artigas, Roig y Castañeda 24. Piscinas de los Baños de San Sebastián (2002) Martínez Lapeña – Torres 25. Jardín Botánico (2003) Josep Lluís Canosa, Carlos Ferrater y Beth Figueras 26. Pabellón Alemán Exposición Internacional 1929 (1929) Mies Van der Rohe 27. Fábrica de Hilados Casaramona (1911)

Josep Puig i Cadafalch Sierra de Collserola Lista de obras 01. Colegio de las Teresianas (1894) Antoni Gaudí 02. Edificio de viviendas “Banco Urquijo” (1973) José Antonio Coderch y Manuel Valls 03. Edificio de viviendas (1968) Josep Llimona y Xavier Ruiz Vallés 04. Edificio de viviendas (1963) Ricardo Bofill y Emili Bofill 05. Edificio de viviendas (1961) José Antonio Coderch y Manuel Valls 06. Edificio de viviendas “Seida” (1967) Francesc Mitjans 07. Edificio de viviendas (1964) Francisco Juan Barba Corsini 08. Edificio de viviendas “Les Cotxeres” (1973) José Antonio Coderch y Manuel Valls 09. Edificio “L’illa Diagonal” (1993) Rafael Moneo y Manuel Solà-Morales 10. Edificios Trade (1968) José Antonio Coderch y Manuel Valls 11. Facultad de Derecho de la UB (1959) Xavier Subías + Pedro López Iñigo + Guillermo Giráldez 12. Ampliación de la Facultad de Derecho de la UB (1996) Josep Llinàs 13. Accesos a la Finca Güell (1887) Antoni Gaudí 14. Ampliación de la ETSAB (1982) José Antonio Coderch 15. Universidad de Estudios Empresariales (1959) Javier Carvajal 16. Escuela Thau (1975) MBM 17. Monasterio de Santa Maria de Pedralbes (1326) Desconocido 18. Edifiicio de viviendas “Can Caralleu” (2008) Peris – Toral 19. Instituto de Microcirugía Ocular (2009) Josep Llinàs 20. Torre “Bellesguard” (1909) Antoni Gaudí 21. Ampliación del Museo de la Ciencia (2004) Robert Terradas y EsteveTerradas 22. Instalaciones de Tiro con Arco (1992) Enric Miralles y Carme Pinós 23. Parque de la Vall de Hebrón (1992) Eduard Bru 24. Polígono de viviendas Montbau (1965) Xavier Subías + Pedro López Iñigo + Guillermo Giráldez 25. Edificio viviendas (2009) Cristina García, Sergi Serrat y Ginés Egea 26. Velódromo de Horta (1984) Esteve Bonell y Francesc Rius 27. Edificio viviendas (2002) 29


Plano del barrio de Ciutat Vella. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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Ciutat Vella Murallas, centros desplazados, vacíos en el conglomerado

El conglomerado urbano que actualmente definimos como la Ciudad Vieja de Barcelona es producto de una decisión urbanística motivada por la derrota de Cataluña en la Guerra de Sucesión de principios del siglo XVIII: la prohibición de derribar los recintos amurallados existentes en la ciudad. Éstos, no colmatados en la fecha de la ordenanza, empezarán a densificarse en dos tiempos y en consonancia con la recuperación económica de la ciudad, motivada por una industria textil que llegará a hacinar casi ciento cincuenta fábricas en el interior de la ciudad, creando un ambiente insalubre. El primer tiempo de la densificación cubre toda la superficie libre con manzanas cerradas de vivienda, mientras que el segundo remonta todos los edificios, excepto algunos palacios, iglesias y conventos, hasta que éstos alcanzan una altura de cornisa constante en torno a los cinco pisos de altura. Esta operación combinada de densificación en planta y sección da a las calles, concebidas para alturas mucho menores, su luz característica actual, y un paseo por la Ciudad Vieja se convierte entonces en un ejercicio de imaginación que busca tras fachadas y alturas del siglo XIX hasta encontrar las almas medieval y romana del tejido de la ciudad. El Monte Tàber, ubicado en época romana como península sobre una línea de costa paralela a la actual, varios centenares de metros por detrás, es la base donde se asentará la ciudad romana, en forma de almendra, con el cardus paralelo y el decumanus perpendicular a la costa. La ciudad está enteramente amurallada, y resultará la base para una primera ampliación concéntrica del recinto amurallado, coincidiendo con un adelanto de la línea de costa. El recinto amurallado medieval no se organizará en función de una trama ortogonal, sino en función de los diversos caminos paralelos y perpendiculares al mar, ninguno de ellos recto, que se embeben dentro del recinto. No será raro encontrar puertas ubicadas en el cruce de caminos. La densificación progresiva del primer recinto amurallado llevará a la construcción de un segundo recinto adyacente en la Baja Edad Media, de carácter muy diferente al primero. Su interior estará básicamente vacío hasta finales del siglo XVIII, e incorporará diversas infraestructuras que no tienen cabida en el recinto amurallado anterior, como por ejemplo, el Mercado de la Boquería, ubicado ante una de las puertas del primer recinto medieval que era inicialmente un llano descubierto geometrizado a mediados del XIX y cubierto por un tejado modernista a principios del XX. De la misma manera se construirán hospitales, conventos, ermitas, algunos palacios y muchos campos de cultivo. La división entre el primer y el segundo recinto amurallado incorporará la Rambla al interior de la ciudad, un curso de agua discontinuo usado como cloaca al aire libre e infraestructura de drenaje primero y, ya canalizado y urbanizado, como centro cívico urbano. Los tres recintos amurallados se conservarán intactos, incluidos los tramos interiores (la Muralla Romana y la Muralla de la Rambla), y no empezarán a ser derribados hasta 1854. El arquitecto director de las obras será Antoni Rovira i Trias, autor, entre otras obras, de buena parte de los mercados de hierro de Barcelona, como el de Sant Antoni, Santa Caterina o el Born, con estructura del ingeniero Cornet i Mas. La Ciudad Vieja conocerá, antes de 1854, operaciones de esponjamiento tales como el eje Ferran-Sant Jaume-Princesa (ubicado unos metros al sur del cardus romano), que estructura la ciudad y crea su espacio institucional, el Pla de Palau u operaciones como las plazas Real, Vila de Madrid, el Teatro del Liceo o mercados como Santa Caterina, ubicados invariablemente en la huella de conventos derribados. Todo este conjunto de derribos unidos a los necesarios para generar ejes como la Vía Layetana o la Avenida Francesc Cambó crearán la red de espacios de relación que ha hecho del barrio uno de los puntos de encuentro principales de la ciudad.

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Lleno y vacío Solape

Geometría Yuxtaposición

Un observador atento descubrirá y podrá trazar sin equivocarse las diferentes Barcelonas a través de la observación atenta de un plano de llenos y vacíos de su Casco Viejo. La geometría del Monte Tàber y el primer perímetro amurallado, la primera trama ortogonal con el cardus y el decumanus, así como las intervenciones posteriores superpuestas. Las puertas de las murallas, los caminos de conexión con los campos circundantes, algunos de ellos incorporados al segundo perímetro amurallado, y los grandes paquetes agrícolas, así como las líneas de escorrentía interiores que los alimentaban. Los rastros de las avenidas propuestas por Cerdà, ahora convertidas en salones urbanos, y las intervenciones contemporáneas. La lógica de un plano de manchas de estas características es el detalle: cada recoveco corresponde a una época. La macla producida entre las diversas líneas de flujo nos ha legado la ciudad actual.

Se encuentran dos lógicas de entendimiento de la trama. La primera corresponde a la sucesión de configuraciones históricas, Roma, la Alta Edad Media, la Baja Edad Media, todas ellas en fragmentos de ciudad reconocibles. Las diversas líneas de flujo –caminos, agua– ligan estas tramas entre sí. A partir de un determinado momento, coincidiendo con la densificación de la ciudad, empieza la segunda lógica de funcionamiento, la yuxtaposición. Las tramas empiezan a superponerse e intervenciones posteriores refuerzan, niegan o complementan los espacios públicos existentes. Un ejemplo es la intervención en la Plaza de Sant Jaume, que se ubica adyacente al perímetro original del foro romano, evitando superponerse con él pero haciéndolo reaparecer por vacío. La voluntad ortogonal de la ciudad Romana se recuperará también en otras intervenciones posteriores, como la construcción del eje Ferran-Princesa, el Born, el Pla de Palau o la Vía Layetana, y se perderá en las más recientes, que recuperan las líneas de flujo medievales para fundir la lógica de Cerdà con la ciudad secular.

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Luz y Sombra Espesor

Perfil Densificación

El Casco Antiguo debe su atmósfera particular a la relación entre calles y plazas. Las calles, prácticamente convertidas en túneles de luz después del crecimiento en altura de la edificación hasta una altura de cornisa constante en el siglo XIX, desembocan sobre las diversas plazas, que alivian la tensión y tienden al sol. La Rambla, en contraposición, debe su atmósfera a la vegetación. Los espacios públicos están asociados a equipamientos y son muy concurridos. La Catedral, la Biblioteca de Cataluña o el Palacio de la Generalitat, acorde a su escala, consiguen luz en su interior, organizándose a través de patios. Esta diversidad de intensidades de luz proporcionan a la Ciutat Vella su orientación, al ser ésta el indicador de los recorridos de las calles y de los lugares, que tienen, siempre, un uso asociado.

El perfil del Casco Viejo se construyó por fases, con edificios que al incrementar su altura transforman totalmente las calles que los sirven. Operaciones posteriores contemporáneas han tendido a modificar dicho perfil en sección, manteniendo la densidad pero mejorando las prestaciones de la calle. Este es el caso de las viviendas de la calle del Carme, de intervenciones como la Rambla del Raval o la conexión del Mercado de Santa Caterina con el Paseo de Sant Joan. Los vacíos urbanos tienden a ocuparse con pérgolas, a estar cubiertos o a operar en su suelo. El incremento de altura de este perfil, hasta dejarlo como lo conocemos, resultó también en la uniformidad de líneas de cornisa que hoy en día se está intentando romper. La excepción a esta uniformidad siempre fueron los edificios singulares, civiles o religiosos, hiatos en dicha continuidad, que al encontrarse en número suficiente a lo largo de toda la zona producen variación suficiente como para no tensionar el sistema.

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Público y privado Recuperación

Usos Vivienda, comercio y equipamiento religioso

Inicialmente las calles y plazas eran públicas y la edificación y sus espacios interiores de manzana privados. El uso de algunos de estos espacios interiores como públicos ha dado lugar a una enorme variabilidad de privacidades, con la incorporación de locales comerciales, edificios religiosos, monumentos visitables y un amplio abanico de instituciones que ocupan edificios singulares rompiendo la dicotomía público-privado. El Casco Viejo es, actualmente, un gran centro cívico con una enorme intensidad de uso del espacio público cuya privacidad se limita, sobre todo, en altura. El turismo ha dado a todo el sistema una capa más de complejidad al trazar una serie de rutas que han transformado parte del barrio en un museo al aire libre.

La Ciudad Vieja es, en sí, una ciudad completa y funcionó como tal hasta mediados del siglo XIX. Todo lo que una ciudad pueda tener y necesitar se encuentra en su interior. El Casco Viejo concentra, también, la infraestructura institucional necesaria para el funcionamiento no tan solo de toda la ciudad, sino de todo el país. Entre el centro y su periferia inmediata se concentran los Tres Poderes y algunos servicios centrales para el país. Universidades, bibliotecas, nudos de comunicación y algunos de los monumentos más visitados, junto con toda la infraestructura necesaria para el sustento, el ocio y el alojamiento de toda una ciudad y sus turistas. Esta complejidad ha resultado en ciertas incompatibilidades con el tejido residencial, de lógicas de densificación y superposición de usos en sección, que algunos planeamientos modernos están intentado paliar.

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Ciutat Vella, Plaza del Rei. Fotografía: Nicanor García

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Plano de la Vila de Gràcia. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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Vila de Gràcia Sustrato agrícola, plazas baricéntricas, hogares de rumba

El Ensanche fue posible gracias al sistema de compensación de propiedad que éste concibe y que permite a los propietarios de los terrenos convertir suelo bruto, que pisa indiferenciadamente calles, equipamientos y manzanas, en parcelas ordenadas de suelo edificable que ha de solventar la intervención. La Vila de Gràcia en cambio, debe su modelo a un sistema de urbanización que no redistribuye las propiedades de los terratenientes afectados, sino que éstos se ven obligados a disponer en el centro de sus dominios una plaza cívica que permita que la trama ortogonal de calles de seis metros de ancho respire. Esto significa que si se encuentran dos dominios pequeños y relativamente juntos, habrá dos plazas juntas, y en el caso de dominios mayores las plazas estarán más separadas. Las calles se tienden entre un mosaico irregular de plazas sin otra lógica de colocación que la propiedad del terreno agrícola precedente. Las calles resultantes no tendrán siempre continuidad, sujetas como están a encontrarse con un sistema de espacio público aparentemente errático, pero la deformación de una trama tan flexible convierte estas dificultades de planeamiento en rincones agradables, en singularidades que han permitido dar sentido a cada recodo del barrio. La génesis de la Vila de Gràcia se encuentra en la necesidad de fundar, a finales del siglo XVIII, una ciudadsatélite principal que desahogue la Ciudad Vieja de Barcelona, densificada hasta extremos insalubres. Esta ciudad debe disponerse a tiro de cañón de las murallas, y el eje que la conecta con la ciudad, el Paseo de Gràcia, se prolonga por el interior del barrio hasta enlazar con los caminos que cruzan Collserola. Las rieras y torrentes que cruzan el casco de Gràcia son mantenidas como conexiones transversales, y hoy en día se localizan fácilmente tanto por su traza como por su toponimia. El planeamiento trazará una única calle que permita cruzar el barrio en dirección sureste-noroeste (es decir, paralela al mar): la Travessera de Gràcia. La trama de manzanas no será cuadrada, sino que formará rectángulos largos y estrechos paralelos al mar que jerarquizarán las calles en dos tipologías: la calle frente de tipo, que soporta las fachadas principales y deja dos hileras de casas bien orientadas, y las calles corredor, que son esencialmente medianeras cortadas, en muchos puntos poco más que los testeros de las casas. Habrá excepciones a esta regla que complejizarán el sistema: las calles que forman los cursos de agua, la calle Gran de Gràcia como gran eje vertebrador del barrio, las plazas, con fachadas nobles en sus cuatro orientaciones, u operaciones urbanísticas singulares como la calle Verdi, que conecta tres plazas con un mercado. Las calles frente de tipo y corredor soportarán gran variedad de tipologías edificatorias y alturas, siendo una constante en ellas las variaciones de la línea de cornisa, lo que ha caracterizado su modo de recibir la luz. Jamás una línea constante de sombra sino una línea dentada sujeta a casi tantas variaciones como calles haya. Las calles de conexión tendrán alturas más constantes. Las plazas matizan su luz con la presencia de árboles crecidos. El sistema que crea el urbanismo de Gràcia, capaz de definirse a través de pequeñas variaciones, ha dado a su tejido un carácter singular dentro de la vida de la ciudad que persiste hoy en día en forma de una fiesta mayor popular que cubre cada final de Agosto todas las calles con pérgolas decorativas y convierte cada plaza en una fiesta donde los habitantes de Gràcia pueden alardear de su logro cultural más universal. Fue en este barrio donde, gracias a una colonia gitana cuya presencia puede disfrutarse en la mitad sureste del barrio, se inventó la rumba. Gràcia, hoy en día, es el barrio de Barcelona que mejor conserva el carácter que sus planificadores quisieron otorgarle desde el principio.

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Lleno y vacío Adaptación

Geometría Jerarquía

Gràcia se estructura desde sus vacíos. Éstos conforman los poros de un sistema demasiado concentrado y heterogéneo como para ser regular. Un organismo perfectamente balanceado más que un sistema capaz de extenderse indefinidamente por todo el territorio. Los vacíos organizados irregularmente conectan el casco urbano con la trama agrícola precedente y, cuando son lineales, resultan en un sólido permeado por una red de canales –las calles– capaces de jerarquizarse en función de los flujos naturales –el agua– y artificiales –el movimiento de las personas–. El plano de llenos y vacíos de Gràcia muestra un organismo perfectamente adaptado a su terreno que, de moverse unos metros a este o a oeste, tendría una morfología diferente.

La trama de Gràcia se organiza en función de su circunstancia precedente y a través de la ubicación de plazas dentro de las propiedades que lo componen. La trama está contenida por estas excepciones y se adapta perfectamente a ellas, creando tangencias, visuales centrales, partiendo las plazas en dos o creando circulaciones perimetrales. Estas operaciones jerarquizan eficazmente las calles y agilizan las circulaciones, a veces volviéndolas irregulares en función de las conexiones creadas idiosincráticamente y, en cualquier caso, estableciendo unas reglas de juego homogéneas que han conseguido colonizar un territorio y convertirlo en uno de los lugares con más identidad de la ciudad. La trama conserva la orientación de la Ciudad Romana y del Ensanche anterior, organizando sus líneas primarias en función del agua y las secundarias perpendicularmente a las primeras.

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Luz y sombra Esponjamiento

Perfil Singularidad

Los ritmos de luz del barrio están regulados por las calles de seis metros y pautados por la irregularidad de las alturas de cornisa. Al final de las calles, desahogadas por las plazas, la luz entra francamente, contenida y matizada por la vegetación. La luz directa, sin mediaciones, se asocia a los espacios públicos. Las plazas funcionan a modo de centros cívicos, ligadas a los edificios de mayor tamaño, a lo institucional, a los equipamientos públicos del barrio y también a los mercados. Las calles se conciben, en cambio, como espacios de paso y son más sombrías, solo ampliándose y dejando permear la luz cuando acompañan cursos de agua y flujos que ensanchan su sección y regularizan la altura de las cornisas.

El perfil de Gràcia es el que mejor ha mantenido la voluntad de los autores de su trazado. Calles de seis metros como módulo básico soportan edificaciones mayormente bajas, de planta baja con dos o tres pisos, de crujía corta y altura irregular, resultando en una gran variedad. En las calles corredor aparecen las cornisas inclinadas de los testeros que se vuelcan a la calle. Los edificios públicos, de diversa índole, tensan las calles que los soportan. Las calles perpendiculares al mar, asociadas a los cursos de agua, están configuradas por líneas de cornisa más continuas y más altas. De la misma manera, las plazas, que no jerarquizan fachadas, ubican en sus cuatro orientaciones edificios representativos de la ciudad. Resultado de esta singularidad podemos orientarnos por el barrio tan fielmente como si de una brújula se tratase, solamente en función de las variaciones del perfil.

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Público y privado Diferenciación

Usos Vivienda y comercio

Las calles y las plazas tienden a ser públicas, y los interiores de las manzanas, así como las viviendas, privados. Intervenciones recientes han hecho públicos interiores de manzana creando nuevas plazas por demolición del tejido existente. Algunas plazas se ven colmatadas por la presencia de los mercados, estructuras permanentes que actúan como centros urbanos con una enorme capacidad de estructurar usos a su alrededor. Las plazas actúan como lugares de encuentro organizadores de la vida social del barrio. Su carácter singular ha resultado en la peatonalización de varias calles en fechas recientes y ha cambiado completamente el carácter de muchas de sus plantas bajas, ahora funcionando como equipamientos privados con mucha presencia del sector terciario. Pequeños teatros o cines han actuado como condensadores de actividad allí donde se encuentran, activando fragmentos de calle en lugar de las plazas, ya configuradas e institucionalizadas.

Gràcia funcionó como ciudad autónoma hasta principios del siglo XX, momento en el cual se unió a Barcelona a través del proyecto de Ensanche Cerdà. Antes de este vínculo el tejido de la ciudad de Gràcia tenía industria, apreciable hoy en día por la conservación de las chimeneas, talleres de pequeña escala, comercio y una vida cultural muy activa estructurada alrededor de pequeños teatros, casinos, bares y, más tarde, cines. Esta configuración ha hecho que Gràcia funcione como un centro cívico a escala metropolitana que condensa actividades culturales y que ha derivado en la proliferación de otras actividades contemporáneas, como los pequeños talleres de profesionales liberales. Gràcia conserva, con todo ello, un carácter particular que sigue llevando a considerarla prácticamente como una ciudad dentro de la ciudad, dotada, aún, de su propia autonomía.

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Vila de Gràcia, Calle Torrijos y Plaza de la Virreina. Fotografía: Nicanor García

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Recorrido de obras de Ciutat Vella y de la Vila de Gràcia. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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Ciutat Vella Lista de obras

Vila de Gràcia Lista de obras

01. Palau de la Generalitat y Casa de la Ciutat (s. XIV) Desconocido 02. Iglesia de Sant Just i Sant Pastor (s. XIV) Desconocido 03. Plaza del Rey (s.XIV) Desconocido 04. Plaza y Iglesia de Sant Felip Neri (1752) Desconocido 05. Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia (s. XIII) Desconocido 06. Mercado de Santa Caterina (2004) EMBT 07. Edificio de viviendas (2005) Josep Llinàs 08. Hivernáculo (1884) Josep Amargós i Samaranch 09. Mercado del Born (1876) Josep Ma Cornet y Josep Fontseré 10. Hotel Park (1954) Antoni de Moragas y Francesc Riba 11. Restauración Fábrica de la Moneda “La Seca” (2009) Meritxell Inaraja 12. Museo Picasso (2003) Enric Sòria y Jordi Garcés 13. Iglesia de Santa Maria del Mar (s. XIV) Desconocido 14. Anexo Centro de Arte Santa Mónica (1982) Albert Viaplana y Helio Piñón 15. Palacio Güell (1889) Antoni Gaudí 16. Plaza Real (1959) Francesc Daniel Molina 17. Edificio Genové (1911) Enric Sagnier 18. Iglesia de Santa Maria del Pi (1453) Desconocido 19. Mercado de la Boqueria o Sant Josep (1840) Desconocido 20. Aparthotel Citadines (1994) Bonell – Gil 21. Dispensario Antituberculoso (1938) Josep Lluís Sert, Joan Subirana y Josep Torres Clavé 22. Centro Cultura Contemporánea de Barcelona (1993) Albert Viaplana y Helio Piñón 23. Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (1995) Richard Meier 24. Edificio viviendas (1994) Josep Llinàs 25. Filmoteca de Catalunya (2011) Josep Lluís Mateo 26. Ermita de Sant Pau del Camp (s. IX) Desconocido 27. Reforma Reales Atarazanas de Barcelona (2013) Robert y Esteve Terradas

01. Edificio viviendas “Casa Cardenal” (1935) Raimon Duran i Reynals 02. Casa de les Punxes o Casa Terrades (1905) Josep Puig i Cadafalch 03. Mercado Abaceria (1892) Desconocido 04. Biblioteca Vila de Gràcia (2002) Josep Llinàs 05. Casa Fuster (1911) Lluís Domènech i Montaner 06. Casa Minerva (2006) Toni Gironès 07. Mercado Llibertat (1988) Pasqual Tintorer 08. Colegio de Economistas (2013) Roldan – Berengué 09. Edificio de viviendas (1931) German Rodríguez Arias 10. Edificio de viviendas (1967) Manuel Solá – Morales 11. Edificio de viviendas (1931) Josep Lluís Sert 12. Edificio de viviendas (1968) Antoni de Moragas y Francesc Riba 13. Edificio de viviendas (1934) Sixte Illescas 14. Edificio de oficinas Monés (1962) Ballesteros, Cardenal, de la Guardia, Llimona y Ruiz 15. Casa – Taller Tàpies (1963) José Antonio Coderch y Manuel Valls 16. Casa Vicens (1988) Antoni Gaudí 17. Plaça Lesseps (2005) Albert Viaplana 18. Biblioteca Jaume Fuster (2005) Josep Llinàs 19. Edificio de viviendas (2007) OAB Carlos Ferrater 20. Casa Vilaró (1930) Sixte Illescas 21. Edificio de viviendas Coll del Portell (1976) Francesc Rius 22. Escuela Turó del Cargol (1997) Brullet – de Luna 23. Parque Güell (1914) Antoni Gaudí 24. Intervensiones en el Parque Güell (1993) Martínez Lapeña – Torres 25. Edificios de viviendas (1962) MBM 26. Edificio de viviendas (1966) Jose Antonio Coderch y Manuel Valls 27. Conjunto de viviendas (1962) Mitjans, Alemany, Perpiñá, Ribas, Martorell y Bohigas 43


Plano del Eixample. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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Eixample Tabula rasa, chaflanes, interiores de manzana

Las líneas de escorrentía del llano de Barcelona suelen ser sensiblemente rectas, perpendiculares al mar, paralelas entre sí y bastante abundantes. Conectan Collserola con la costa mediante ramblas, rieras y torrentes: cursos de agua discontinuos, estacionales, capaces de absorber un flujo de agua tempestuoso, rápido y violento en unas pocas horas. Este llano, todavía virgen a mediados del siglo XIX, es el tablero de juego que configura el Ensanche. La Ciudad Vieja, atiborrada dentro de sus murallas, más los pueblos satélites que la circundan, son las preexistencias a manejar para la ampliación de la ciudad. Este panorama está documentado en el plano topográfico trazado en 1855 por el ingeniero Ildefons Cerdà, con la ayuda del maestro de obras Josep Fontserè, como base para su Proyecto de Reforma y Ensanche, en realidad una propuesta de refundación de la ciudad. Josep Fontserè aprovechará los conocimientos que le da la redacción del plano para convertirse él mismo en un urbanista remarcable, capaz de llegar a contraprogramar el Plan Cerdà para, finalmente, incorporar de manera natural los terrenos de la Ciudadela a la ciudad como una de las obras más importantes de su carrera. Ildefons Cerdà definirá, como base de su plan, una malla ortogonal de 133 por 133 metros entre ejes de calle que se extiende homogéneamente por todo el llano de la ciudad. La malla sigue la dirección de las pendientes de escorrentía del llano de modo natural. Su módulo permitirá geometrizar los contornos de la Ciudad Vieja y de todos los pueblos satélite que la rodean para incorporarlos a la ciudad sin estridencias. La resultante de este plan son unas manzanas cuadradas de 113 por 113 metros a construir mediante coronas perimetrales que se conciben para ser ocupadas con viviendas pasantes, que en virtud de la orientación de la malla (cuarenta y cinco grados respecto del norte), las dejará siempre bien orientadas. Dichas manzanas construyen una línea de cornisa continua que define una sección de calle cuadrada. La vegetación, inicialmente plátanos crecidos, se hace imprescindible para conformar la atmósfera característica de estas calles. La malla admitirá fácilmente deformaciones y especificidades: el Paseo de Gràcia, de sesenta metros de ancho, conserva su recorrido original como vía previa al Ensanche. La avenida Diagonal debe su directriz al vector que conecta el mayor número posible de ciudades satélite que rodean Barcelona: Les Corts, Gràcia, Sant Gervasi, Sant Martí. Lo mismo sucede con el Paral.lel y la Meridiana, orientadas norte-sur. La Avenida Mistral absorbe el antiguo camino de Madrid. La Gran Vía conecta el curso de los dos ríos Llobregat y Besós. Le Corbusier, en su propuesta para Barcelona, prolongará la Gran Vía hasta la ciudad de reposo de Castelldefels, consiguiendo a través de ella conectar el aeropuerto con la ciudad, que todavía se mantiene. Todas estas vías, en su irregularidad, tendrán una enorme capacidad para estructurar y animar la ciudad y a sus habitantes pero serán los chaflanes, vacíos cuadrados girados cuarenta y cinco grados respecto de la trama y por lo tanto orientados a los puntos cardinales, que funcionan a modo de plazas. Estos chaflanes ritman la luz y el viento, y con su presencia constante permiten al paseante identificarse con Barcelona, se encuentre donde se encuentre. No serán las excepciones a la trama o los edificios espectaculares sino la propia continuidad del tejido lo que singulariza la ciudad. Los patios interiores de manzana, que nacieron con vocación de ser públicos, se restringieron al uso privado en un primer momento para, a partir de la democracia, irse recuperando paulatinamente como espacios para el peatón asociados a la vegetación y a los equipamientos. La apertura a concurso de estos espacios interiores ha sido clave para la transformación del carácter de las calles, para su dulcificación, e incluso para su recuperación como espacio público a través de la peatonalización en curso actualmente en algunas de ellas.

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Lleno y vacío Regulación

Geometría Retícula

Los llenos y vacíos del Ensanche se estructuran en función de dos ritmos, el ritmo que resulta de seccionar por el medio de una manzana: calle-patio interior de manzanacalle, y el ritmo que resulta de seccionar longitudinalmente una calle: calle-chaflán-calle. El Ensanche, con su trama orientada cuarenta y cinco grados respecto del norte, no define jerarquías entre las calles perpendiculares o paralelas al mar.

La trama del Ensanche es homogénea y universal, una sucesión de calles y chaflanes que se pueden entender como la construcción de un sistema de plazas. Esta trama se adapta al llano de Barcelona y se encuentra con las irregularidades de los tejidos existentes del Casco Viejo y de las ciudades satélite. El Paral·lel, la Meridiana o la Diagonal serán las conexiones que Cerdà crea para que los diferentes tejidos se integren con la nueva trama de ciudad, muchas veces dispuestas a cuarenta y cinco grados respecto de la trama original. Las vías de tren también dejan ver su traza en el Ensanche, así como las vías históricas de los caminos a Madrid o Francia. Las excepciones a la trama acotan el Ensanche y lo encajan en su ubicación actual, todavía obra en curso con puntos a resolver como la definición de lo que el Plan Cerdà planteaba como centro de la ciudad, la Plaza de les Glòries Catalanes.

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Luz y sombra Ritmo

Perfil Cuadratura

La dirección principal del Ensanche y su morfología orientan las viviendas para recibir sol todo el día. Las viviendas tienen que ser pasantes respecto de la corona de edificación que define las manzanas, de manera que los cuarenta y cinco grados respecto del norte posibiliten que cualquier fachada interior o exterior reciba suficientes horas de sol al día. La trama tiene una nueva rotación de cuarenta y cinco grados en los chaflanes, que orientan sus caras hacia los cuatro puntos cardinales, adquiriendo carácter de recinto urbano al recibir mejor la luz. El espacio público de calidad del Ensanche, más allá de la animación de los chaflanes y de lo ancho de las aceras, se debe a sus excepciones: la Plaza de Cataluña, el Paseo de Gràcia, la Avenida Gaudí o las plazas adyacentes al Mercado del Ninot. Mención aparte merece la recuperación de los interiores de manzana, ahora convertidos en plazas íntimas segregadas de la circulación, que funcionan en cul-de-sac y son susceptibles de recibir equipamientos tranquilos, como escuelas de primera enseñanza o bibliotecas.

El perfil del Ensanche es constante y regular. Está pautado, con alturas de cornisa continuas, alteradas tan solo por la especulación de los años setenta. El Plan Cerdà propuso alturas de planta baja y tres pisos, con una previsión de crecimiento medio de hasta cinco pisos. Las plantas bajas tienen una altura de techo suficiente como para soportar altillos. Este perfil urbano se modifica en las excepciones de calles más anchas, como la de Muntaner, de treinta metros, o el propio Passeig de Gràcia, de sesenta metros. No se producen, fuera de estos casos excepcionales, grandes variaciones.

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Público y privado Distribución

Usos Comercio

El Ensanche se consigue llevar a término en base a una renuncia: Ildefons Cerdà privatiza los patios interiores de manzana, manteniendo esta condición hasta su recuperación a partir de la democracia, acelerada después de las Olimpiadas. Esto deja la trama básica con las calles, los chaflanes públicos y el resto de la trama de uso privado y clasificado en función de la altura. Las excepciones del Ensanche -bordes, calles especialesconcentran el uso público del mismo, así como fenómenos difíciles de explicar solo desde el punto de vista urbanístico, como el uso secular del Paral·lel y sus teatros o ejes cívicos actuales, como las calles Parlament o Enric Granados.

El Eixample condensa en planta baja una enorme variedad de usos. En el siglo XIX albergaba el mayor polígono industrial de Cataluña y actualmente está ocupado por oficinas, comercios y escuelas, entre otros equipamientos e instituciones. Las diversas parcelas han soportado gran variedad de usos a lo largo de la historia, incluso alojando edificios de un solo uso entre medianeras. Desde hospitales públicos o privados a cuarteles militares o iglesias. Cuando la ciudad no ha sido capaz de incorporar un gran equipamiento, se han unido varias manzanas para producir una mega manzana del tamaño suficiente para el programa que se quería incorporar. Ejemplos de este modelo son los antiguos cuarteles, la Universidad Industrial, el Hospital Clínico o la Cárcel Modelo. Edificaciones como el Edificio Mediterráneo o las viviendas de José Antonio Coderch en la Sagrera han sido capaces de cuestionar la propia existencia de la manzana cerrada, ocupando mediante alfombras de edificación toda su superficie.

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Eixample, calle de la Diputació y calle Roger de Llúria. Fotografía: Nicanor García

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Plano del Poble Nou. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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Poble Nou Marismas, tramas superpuestas, socialismo utópico

El terreno sobre el que se ubica la zona de Poble Nou consiste en unas marismas extendidas entre la desembocadura del Río Besós, punto hacia el que se enfocarán las pendientes de escorrentía, y las murallas de Barcelona, lentamente desecadas y recicladas en parcelas agrícolas. Después de 1714 Barcelona queda atrapada entre dos fuegos concentrados en el Castillo de Montjuïc y la Ciudadela. La Ciudadela, de nueva planta y con geometría agresivamente circular, se coloca adyacente a las murallas y es servida por el Camino de Francia, traza perpendicular a las pendientes de escorrentía ahora transformada por la calle Pere IV. La recuperación económica, posibilitada gracias a una industria textil incipiente encerrada intramuros, quedará absorbida por una serie de ciudades satélite que aparecen a esta distancia de guerra. Una de ellas es Sant Martí, de uso principalmente agrícola y formada por casas entre medianeras, estrechas y largas, volcadas sobre el Camino de Francia y por lo tanto, paralelas a la línea de costa. Un segundo núcleo, perpendicular al anterior y extendido sobre lo que ahora es la calle Martí Codolar será llamado Icària, fundado por la colonia de socialistas utópicos presente en Barcelona, con el inventor del submarino al frente. Ildefons Cerdà la recogerá con este nombre en su plano topográfico preparatorio al Ensanche. Las calles de veinte metros del Ensanche soportan aquí una variedad de alturas de cornisa, tipologías edificatorias y usos inédita en cualquier otra parte de la ciudad. Algunas de estas calles se elevan por sobre las vías del tren, convirtiéndose en balcones urbanos por encima de los edificios más bajos. Viviendas unifamiliares y naves industriales recicladas comparten medianeras con teatros y templos. Menudean los cruces con pasajes y calles de direcciones extrañas que crean edificios rematados por ángulos imposibles resueltos con soluciones arquitectónicas ad hoc. Buena parte de estos cruces no cuentan con semáforos. Los vehículos se desvían por calles que no siguen las directrices habituales. Las aceras son algo más anchas y están un tanto más descuidadas. Cada pocos centenares de metros, encontramos chimeneas como hitos verticales que nos remiten a un pasado industrial. Estamos en el Poble Nou, el único barrio de toda la ciudad –de límites imprecisos dibujados por las infraestructuras que lentamente lo van circundando y por la gran y no siempre acertada reforma interior que ha supuesto su transformación en el Distrito 22@– donde las trazas geológicas y la historia aparecen plegadas, explicadas en cada esquina, en su tejido, en la composición de su vecindad y en el modo en que se convive. La industria textil y el Plan Cerdà llegarán casi solapados, colonizando el territorio a base de paquetes de naves de gran superficie y poca altura servidas por las chimeneas industriales, que siguen la geometría primaria de las parcelas agrícolas y que quedarán más tarde embebidas en las manzanas estándar. La raíz utopista de la primera Icària proporcionará al barrio una raíz asociacionista que se puede descubrir gracias a todo tipo de locales sociales que han dado al barrio un carácter único. La síntesis de todo esto es la Rambla del Poble Nou, que recicla el curso de agua primigenio y lo inserta en una sección de calle Cerdà convencional (calles de veinte metros, chaflanes, en este caso un bulevar central), con un curso de agua lateral al primer asentamiento urbano que, convenientemente urbanizado, deviene el corazón del Poble Nou. Cuando, a finales del siglo XX, el mar (demasiado alejado de un barrio de ribera) se recupera, los flujos naturales dan sentido a las dos geometrías y, si los seguimos, siempre estaremos orientados: los siglos han pasado pero el modo de entender el lugar permanece.

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Lleno y vacío Pauta

Geometría Oblicuidad

El Poble Nou está configurado por una sucesión de llenos pautados, no siempre conformados por la trama Cerdà, sino también por la primera trama superpuesta a ésta, que tiende a girar los edificios en ángulos diversos. Los edificios no siempre terminan a ras de calle, a veces se desplazan en su alineación. Prima la extensión de los edificios por encima de su altura, de manera que las líneas de cornisa suelen ser irregulares y más bajas de lo usual. Los patios de manzana tienden a desaparecer, y la trama de llenos puede extenderse fácilmente por el interior de la manzana. Así, la trama de llenos es densa y de límites retorcidos que dibujan la maraña mixta de calles que negocian sus alineaciones entre la trama Cerdà y la trama preexistente.

La organización y convivencia de tramas caracterizan al barrio. Una primera oleada de edificación formada por grandes fábricas embebidas en las directrices de la trama primaria, queda encapsulada por la trama Cerdà, que a su vez, se encuentra interrumpida por las circulaciones naturales preexistentes en el lugar. Esta mezcla desde el origen genera un campo de situaciones variables más amplio que el del Ensanche. En Poble Nou se encuentran pequeñas placitas, calles estrechas y alguna carretera con sección de carretera de ruta. La absorción a lo largo de las décadas de la trama agrícola propia de la zona en el seno de la trama del Ensanche marca los perímetros y las volumetrías de los edificios, las esquinas, el modo de caminar y conducir por el barrio. Pero sobre todo, esta configuración múltiple es la manera de orientarse. Allí donde la trama agrícola está más presente encontramos los núcleos originales de población, donde ésta desaparece, se inician nuevos diálogos que convierten cada pieza en un caso singular.

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Luz y sombra Fragmentación

Perfil Compacidad

El subsuelo recuerda a sí mismo su pasado agrícola y hace crecer de modo exuberante todo lo que se plante. Los árboles, plátanos en su mayoría, son más altos y crecen más sanos que en cualquier otro lado de la ciudad. Son ellos los que dan carácter a las calles del barrio, matizando la fábrica de edificios debajo de ellos. Los edificios son un telón de fondo, una contención lateral del filtro de luz. No es así en las calles formadas por la trama agrícola, más estrechas, caracterizadas por la relación entre la altura de los edificios y el ancho de la calle, menor que en el Plan Cerdà. Las placitas y las discontinuidades de estas calles forman islas de luz que se asocian a islas de actividad, a menudo ocupadas por espacios asociativos. Algún chaflán, sobre todo cuando la calle queda interrumpida en ese punto, es más plaza que en ningún otro lado de Barcelona.

El perfil del Poble Nou se caracteriza, en ambas tramas, por su discontinuidad. Las medianeras actúan como puntos de inflexión. Un paseo por el barrio es un estímulo sensorial que en algunos puntos trae al frente los edificios como generadores del perfil urbano y en otros los retira como telón de fondo para dar protagonismo a los árboles. La continuidad de la trama Cerdà se garantiza, precisamente, por la vegetación, mientras que en la trama agrícola ésta está presente sólo en las plazas. La plantas bajas suelen ser macizas, poco transparentes, siendo difícil que éstas amplíen virtualmente el perfil, invariablemente conformado a partir del plomo de la fachada, que en algunos puntos puede quedar desligado de los edificios.

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Público y privado Multiplicidad

Usos Vivienda y terciario

El tejido base del Poble Nou está formado por grupos de vivienda adyacentes a grandes naves industriales. La vivienda controla la serie de gradaciones de espacio semipúblico y semiprivado que dulcifican la ciudad a través de jardines privados, azoteas, terrazas y patios interiores. Las fábricas tienden a generar un borde más difuso entre el espacio público y la calle. Cuando una fábrica se convierte a un uso terciario suele incorporar sus patios a la trama de la ciudad en versión pública o semipública. A esta incorporación, además del efecto propio que desencadena, se le suma la configuración infraestructural preexistente, que consiste en una gran variedad de tipos de calle que alimentaban a la fábrica por razones operativas. Desde las trazas de la trama Cerdà, con los chaflanes convertidos en plazas públicas cuando el tránsito rodado queda imposibilitado para circular, hasta las calles estrechas de la trama agrícola, que crean espacios de transición, cada transformación de usos del barrio ha derivado hacia la multiplicidad del espacio público.

Partiendo de la agricultura, la industria textil y la capacidad de incorporar la industria de componentes, Poble Nou formó un conglomerado tan potente que pasó a ser conocido como la Manchester del Mediterráneo. Posteriormente, se implantaron todo tipo de industrias, desde máquinas de tren a lecherías o gasódromos. Las viviendas de los obreros siempre se construyeron cerca de sus lugares de trabajo, en grupos de viviendas que pautaban las fábricas y conformaban los dos núcleos originales. El asociacionismo de sus habitantes se tradujo en casinos, teatrillos, locales sociales, templos. Actualmente esta dinámica se mantiene y es enriquecida por la reconversión del enorme parque industrial en oficinas, viviendas de lujo, vivienda social, escuelas, almacenes y un sector emergente dedicado a las tecnologías de la información y la comunicación. El barrio se ha caracterizado siempre por una multiplicidad de modos de ser vivido y trabajado. La variedad llega hasta sus últimas consecuencias y caracteriza cada aspecto del lugar.

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Poble Nou, calle Pere Quart. Fotografía: Nicanor García

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Recorrido de obras del Eixample y del Poble Nou. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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Eixample Lista de obras

Poble Nou Lista de obras

01. Edificio de viviendas (2011) Bru – Lacomba – Setoain 02. Biblioteca Sant Antoni (2005) RCR 03. Mercado de Sant Antoni (1882) Antoni Rovira i Trias y Josep Ma Cornet 04. Edificio de viviendas (1966) MBM 05. Edificio de viviendas “Mediterráneo” (1966) Antoni Bonet Castellana 06. Edificio “Centre Cultural Teresa Pàmies” (2011) Rahola – Vidal 07. Editorial Gustau Gili (1961) Francesc Bassó y Joaquim Gili 08. Edificio de viviendas (1929) Josep Lluís Sert 09. Edificio de viviendas y CEIP (2006) Coll – Leclerc 10. Instituto Francés (1975) Jose Antonio Coderch y Manuel Valls 11. Edificio de viviendas y Cine Astoria (1934) Germán Rodríguez Arias 12. Banco Atlántico (1971) Francesc Mitjans y Santiago Balcells 13. Edificio de Oficinas y Estudio OAB (2002) OAB 14. Hotel Omm (2003) Juli Capella 15. Casa Milà “La Pedrera” (1910) Antoni Gaudí 16. Museo Tàpies (2009) Ábalos – Sentkiewitcz 17. Casa Batlló (1907) Antoni Gaudí 18. Casa Lleó Morera (1905) Lluís Domènech i Montaner 19. Joieria Roca (1934) Josep Lluís Sert 20. Casal Sant Jordi (1931) Francesc Folguera 21. Edificio de Oficinas “El Noticiero Universal” (1965) Josep Ma Sostres 22. Pasaje Permanyé (1864) Jeroni Granell 23. Edificio de viviendas “Casa Thomas” (1898) Lluís Domènech i Montaner 24. Edificio de viviendas “Casa Lamadrid” (1902) Lluís Domènech i Montaner 25. Edificio de viviendas “Casa Planells” (1924) Josep Ma Jujol 26. Templo de la Sagrada Familia (1926) Antoni Gaudí 27. Hospital de la Santa Creu y de Sant Pau (1930) Lluís Domènech i Montaner y Pere Domènech i Roura

01. Universitat Pompeu Fabra (1996) Bonell – Gil 02. Edificio Departamental para la UPF (2008) Juan Navarro Baldeweg 03. Aulario temporal UPF (2008) Farenheit 451 04. Depósito de las Aguas (1876) Josep Fontseré 05. Reforma del Depósito de las Aguas a Biblioteca (1999) Ignacio Paricio y Lluís Clotet 06. Auditorio de Barcelona (1998) Rafael Moneo 07. Mercado “Els Encants” (2013) b720 Fermín Váquez 08. DHUB (2003) MBM 09. Torre Agbar (2005) Jean Nouvel y b720 Fermín Vázquez 10. Edificio de Oficinas (2008) David Chipperfield y b720 Fermín Váquez 11. Sede Editorial RBA (2011) MBM 12. Edificio de Oficinas Mediapro (2008) Carlos Ferrater, Xavier Martí y Patrick Genard 13. Edificio Campus de la Comunicación de la UPF (2008) Ramon Valls y Josep Benedito 14. Subcentral Eléctrica (2012) Rahola – Vidal 15. Sede de Radio Nacional de España (2007) Ravetllat – Ribas 16. Edificio Media TIC (2009) Cloud 9 17. Museo Can Framis (2009) Jordi Badia 18. Hotel Me (2008) Dominique Perrault 19. Parque Poble Nou (2007) Jean Nouvel y b720 Fermín Váquez 20. Museo MUHBA (2014) Jordi Badia 21. Centro de Creación Artística Hangar (2010) Arantxa Manrrique y Yaiza Terré 22. Centro de Creación “La Escocesa” (2010) Amadeu Santacana y Humberto Viotto 23. Edificio de viviendas (2008) Ramon Sanabria y Josep Ma Casadevall 24. Edificio de viviendas (1959) Josep Ma Martorell y Oriol Bohigas 25. Centro Cívico Can Felipa (1991) Josep Lluís Mateo 26. Reforma edificio industrial para viviendas (1997) Cirici & Bassó 27. Reforma edificio industrial para viviendas (2010) Garcés – de Seta – Bonet 57


Monasterio de Pedralbes. Fotografía: Gustavo Vitores Lemos

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Recorridos de obras de todos los barrios. Dibujo: Gisela Domènech Solanes

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Barcelonidades y Barcelonizaciones Anna Font

Vaguadas, menestrales, terrados, sufragios y torrenteras: calibrar el matiz y mantener el sentido. Bitácora Barcelona es un proyecto embebido de localía donde las expresiones naturalizadas son revisadas estructuralmente. Varias aproximaciones posibles están contenidas en el libro: por barrio, por pares de barrios, por organización interna de cada barrio, por pares de organizaciones, por lista de obras. Los subtítulos de los capítulo-barrio, la primera parte de los subtítulos de cada capítulo, la segunda, la tercera, construyen lógicas a través del contenido, continuidades y discontinuidades. Esta estructuración de múltiples capas resulta de una sola mirada sobre la ciudad. A través de la definición de categorías que filtran la mirada sobre cada zona (lleno y vacío, geometría, sombra, perfil, público y privado, usos) se genera una estructura abierta en la que los conceptos devienen dispositivos de acción. Una después de otra dentro de estas categorías se elaboran lecturas transversales de segundo grado que permiten sendas construcciones integrales: dicotomía, topografía, solape, adaptación, regulación y pauta, colonización, tortuosidad, yuxtaposición, jerarquía, retícula y oblicuidad, reflejos, aireación, espesor, esponjamiento, ritmo y fragmentación, agregación, apertura, densificación, singularidad, cuadratura y compacidad, segregación, suma, recuperación, diferenciación, distribución y multiplicidad , vivienda en bloque o en torre y equipamiento, vivienda unifamiliar o en bloque y equipamiento, vivienda comercio y equipamiento religioso, vivienda y comercio, comercio, vivienda y terciario. Si accionamos estas cualidades, a las que podemos llamar barcelonidades, tendremos herramientas para hacer proyectos de ciudad: barcelonizaciones variables, perturbables, inherentes a Barcelona pero exportables, esencias impalpables que se proyectan genéricas hacia afuera, semillas de un urbanismo nutrido de principios, problematizado y real. Los recorridos por el borde, como quien camina por encima de un cordón cuando es niño haciendo un ejercicio de equilibrio, concentrado pero distraído, serio pero divertido, funcionan como una matriz filosa sobre la cual reconocer singularidades e implementar grados y modos diversos de variabilidad: los dispositivos entran en juego, y el viaje juega con ellos. En una ciudad tan amable como acomodada a su propia imagen, ciudad que sospechosamente a todos gusta, domesticada por la mirada turística y predigerida por la pacificación forzada de la arquitectura como acción culturalmente transformadora, está la ciudad en la que vivieron navegantes fenicios, imperialistas romanos, invasores árabes, señores castellanos, cortes francesas, comerciantes italianos y inmigrantes africanos. Todos ellos pasaron por este puerto y se entretuvieron a sus orillas, intensificando la variedad de una ciudad tan vibrante como insalubre, cuya centralidad se construyó a través de pujas, guerras, resistencias, luchas, enfrentamientos y traiciones. La cultura del modernismo catalán quizás refleja en su heterogeneidad esta extraña pero sobria alegría, esa candidez sarcástica, matriz de pertenencia y de identidad de un pueblo intrínsecamente mixto, ahora en proceso de comercialización de su propia imagen, de cara a ser parte de una insípida comunidad regional. Es posiblemente este el momento de pedir que esta irreducibilidad no sea universalizada desde fuera, por homogeneización, ni enarbolada desde dentro, por falsa singularización. Su definición es el incesante florecimiento, como todo puerto mediterráneo que se imagine metrópolis. Es desde la operatividad de sus dispositivos, desde su formulación atrevida y graciosa, desde su revisión desenfadada y contundente, desde su condición segregada, yuxtapuesta, solapada, compactada y oblicua, que esta ciudad se define a sí misma y a su identidad abierta. Falacia y mito, la identidad de este lugar se nutre de su propia confusión. Por eso esta Bitácora desmenuza, mira desde atrás, entre medio, deshace y da de nuevo. Su deseo es impulsar a perderse en relatos parciales pero consistentes, en experiencias casuales pero mediadas, en una extraordinaria confusión. 61


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Agradecimientos

Bitácora Barcelona es el relevamiento del viaje de estudios organizado por el profesor Josep Ferrando de la Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos de la Universidad Torcuato Di Tella. El viaje se realizó en el mes de Octubre del año 2013, con convocatoria abierta para todos los estudiantes de la Carrera de Grado, a quienes queremos agradecer por su participación activa en todos los eventos: María Estefanía Aprigliano, María Florencia Baserga, Inés Beato Vassolo, Patricio Ezequiel Brest López, Milagros María Caputo, María Pía Conforti Dencás, María Eugenia Dapero, Joaquín Di Liscia, Sofía Andrea Domínguez Remete, Miranda Goldschmidt, Agustina Lucila González Bustamante, Agustina María González Morales, Pablo Leonardo Han, Delfina Jackson, Sebastián Emilio Karagözlü, Luís Gastón Kibysz, Florencia Sol Kim, Marina Kusznir, María Sofía Majdalani, Olivia Niikado, Victoria Osorio, Macarena Parnakian, Susana Posse, María de los Ángeles Ricart, María de los Milagros Ruiz, Macarena Milagros Sánchez, Federico Adib Saquer, Julián Spigel, Roxane Van Kregten, Ralph Adrián Vanotti Domínguez, Nicolás Andrés Vaz-Ferreira, Magdalena Viegener, María Sofía Villalba, Gabriela Sol Zarwanitzer. Queremos agradecer a Josep Ferrando por la organización general del viaje, a Inés Ariza, Coordinadora de la Carrera de Grado, y a Antonela Morinelli, Asistente de la Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos, por su apoyo en su organización y difusión, a Gustavo Vitores Lemos por el desarrollo del registro y archivo de los eventos así como por su compromiso en la coordinación del grupo, a Gisela Domènech Solanes por el desarrollo de los dibujos y diagramas de este libro, y a Marta Peris y Lorenzo Karasz, por su generosa colaboración en la preparación de conferencias internas y contactos que informaron el proceso intelectual del viaje.

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Universidad Torcuato Di Tella Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos Campus Alcorta Avenida Figueroa Alcorta 7350 Sáenz Valiente 1010 Ciudad de Buenos Aires Argentina

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Viaje-experiencia, evidentemente, pero también viaje-experimentación, invisiblemente detrás. Luego, viaje-construcción, que asume esa invisibilidad, y viaje-representación, que despliega su forma. También viaje-proyección, que no cesa de explotar el problema del sentido, y viaje-

Universidad Torcuato Di Tella

registros –la experiencia, la experimentación, la construcción, la representación, la proyección, la anticipación, la disciplina, la contra-intuición– en el meticuloso y dulce formato de la bitácora de un viaje de estudios de estudiantes de arquitectura. Su objeto es Barcelona, ciudad de lo austero y lo voluptuoso, de lo genérico y lo singular, de lo reglado y lo espontáneo. Más allá de su

La Universidad Torcuato Di Tella cro fundada en Buenos Aires en 1991 por el Instituto Torcuato Di Tella y la Fundación Torcuato Di Tella. Su misión es la formación de las nuevas generaciones empresariales, políticas, académicas, sociales y artísticas de nuestro país y la producción de conocimiento básico y aplicado, en el marco del pluralismo de ideas, la excelencia académica y la igualdad de oportunidades. Rector: Ernesto Schargrodsky Ph. D. in Economics Harvard University

Universidad Torcuato Di Tella Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos Campus Alcorta Avenida Figueroa Alcorta 7350 Sáenz Valiente 1010 Ciudad de Buenos Aires Argentina

ISSN 2314 - 3029

Vicerrectora: Catalina Smulovitz Ph.D. in Political Science The Pennsylvania State University


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