Issuu on Google+

Noviembre - Diciembre 2011 -Año 60 - Nº 324 - $1.200 IVA incl.

NO MÁS DISCRIMINACIÓN ●

PP-324.indd 1

Sobre la construcción normativa en sociedades pluralistas

¿CRISIS ECONÓMICA O CRISIS ÉTICA?

Iglesias y Educación en Chile 30/11/11 00:30:09


a Pastoral Popular ISBN 0716-4769, Santiago de Chile Año 60, Nº 323 Septiembre / Noviembre 2011 Director y Representante legal Raúl Rosales Consejo Editorial José Aldunate s.j., Manuel Ossa, Adriana Palacios, Alvaro Ramis, Juan Sepúlveda, Ute Seibert, Arianne Van Andel, Pedro Zavala. Consejo Redacción Loreto Fernández, Doris Muñoz, Manuel Ossa, María Palma, Raúl Rosales, Luis M. Tapia. Diseño y diagramación Ana Muga Sáez anamuga@gmail.com Colaboradores Gloria Tobar (Secretaria) Mª Cristina Valencia (Administración) Impresión digital Gráfica Funny S.A. Fono: 544 0351 - 5440358 Fax: 551 6841 Email: jsolo@123.cl - grfunny@123.cl Pje. Santa Graciela 166 Santiago de Chile.

r

a

r

-

S U M A R I O Editorial Sin discriminación, una mejor sociedad ....................................... 3 ¿Crisis económica o crisis ética? ..................................................4 Manel Ossa A propósito de la ley antidiscriminación: Sobre la construcción normativa en Sociedades pluralistas ........7 Alvaro Ramis Cómo se logró que el Senado aprobara la ley contra la discriminación ...............................................................9 Juan Sepúlveda Los evangélicos y la ley antidiscriminación .....................................10 Víctor Rey Declaración de las iglesias luteranas en Chile: -Proyecto de acuerdo de vida en común.......................................12 Pastor Luis Alvarez Figueroa (IELCH) “Jesús no vino ni para fortalecer una Nación, ni un Estado ni la familia” ...............................................................13 Obispo Siegfried Sander (ILCH) Carta a mis hermanos católicos ....................................................14 Pablo Fontaine ss.cc. Una teología como escucha (I parte) ............................................15 César Carbullanca Pasión de mujeres con las dos manos ...........................................18 María Angeles Martínez odn. Santa Bonifacia Rodríguez Castro La fuerza revolucionaria de una mujer trabajadora ..................20 Agustina León s.s.j.

Pastoral Popular es propiedad de la Corporación de Estudios Teológicos Centro Ecuménico Diego de Medellín.

Iglesia y Educación en Chile .........................................................23 Juan Sepúlveda

Suscripción Anual: Chile $6.500, América Latina US$30, Europa US$ 35. Los artículos firmados no reflejan necesariamente la opinión de la revista. Se autoriza la reproducción siempre que se indique la fuente y se envíe un ejemplar la redacción. Dirección: Argomedo 40, Teléfono: (56-2) 634 1804 - (56-2) 634 4653 - Fax: (56-2) 635 1096 Casilla 52265, Correo Central. Santiago, Chile www.diegodemedellin.cl - cedm@terra.cl 2

PP-324.indd 2

30/11/11 00:30:39


Editorial

Sin discriminación una mejor sociedad

R

Resulta utópico pensar que nuestra convivencia en sociedad pueda caminar sin discriminar al prójimo por las más variadas y antojadizas causas. Sin embargo, precisamente porque la discriminación y la intolerancia están alojadas en el núcleo de nuestras culturas se vuelve necesaria una ley que al menos nos permita pensar sobre éstos hábitos discriminadores. Y ver cómo podemos enfrentarlos y transformarlos en actos y palabras acogedoras de toda diferencia y diversidad humana. Por esta razón pensamos que esta aprobación por parte del senado es un pequeño paso en el camino de construir una mejor sociedad. Veremos cómo nos comportamos los distintos actores en esta construcción colectiva. Por nuestra parte, la Revista Pastoral Popular, recoge la reflexión elaborada desde la perspectiva ecuménica fuertemente impactada por la reacción de sectores evangélicos fundamentalistas muy activos contra esta ley anti-discriminación. Además publicamos la postura que sostienen las dos Iglesias luteranas en Chile respecto a la proyectada Ley de Acuerdo de Vida en Común. Ambas publicaciones tienen en común el referirse, directamente la una, indirectamente la otra, a la Declaración emitida el 4 de octubre de 2011 por varias Iglesias cristianas, entre otras la Iglesia Católica, en contra de la mencionada Ley. Oponiéndose a esta Declaración, las publicaciones luteranas toman posición abiertamente en favor de la Ley de Acuerdo de Vida en Común. Y lo hacen por razones que se refieren fundamentalmente a la buena nueva de Jesús de Nazaret - el evangelio que él vivía y anunciaba. En efecto, Jesús le quitaba el velo que opacaba el rostro de Dios, para revelarnos que su Padre - y también el nuestro - no era la figura soberana y castigadora de la religión oficial, sino la ternura misma de quien escucha el llanto y el gemido de su pueblo - ternura de madre por su crío. A ese talante de Jesús y de su Dios se refiere el pastor Álvarez cuando habla del esfuerzo por elaborar “nuevos modelos de convivencia sustentados en el amor y la ternura”. A lo mismo alude también el obispo Sander cuando escribe que Jesús “en lugar de dogmatismo practicó misericordia en y con la realidad y necesidad de las personas de carne y hueso”. Ambas voces luteranas se sitúan en el piso de nuestra vida cotidiana y asumen la complejidad y variedad de nuestro momento histórico. No vienen de lo alto de un púlpito o de una cátedra. Por ello son creíbles. También porque reflejan la diversidad de nuestras existencias provisorias. Y porque muestran, desde el evangelio, cómo puede irse asomando, en el horizonte de nuestra convivencia pública, la promesa de una vida más buena en el respeto mutuo. PP.

3

PP-324.indd 3

30/11/11 00:30:40


L

¿CRISIS ECONÓMICA O CRISIS ÉTICA?

La palabra “culpa” pertenece al vocabulario de la moral o del derecho. Pero en el panel en el que participaban también el financista estadounidense George Soros y la economista Dr. DeAnne Julius, la pregunta quedó sin respuesta en términos de culpa moral. Sir Davies trajo un símil automovilístico, tal vez para escaparse del Juzgado o del “confesionario”, insinuando así que en la crisis no se trata de “crimen” ni de “pecado”, sino que en las finanzas internacionales, sucede algo parecido a lo que pasa cuando el tiempo se pone malo, la autopista se humedece, se oscurece la visión por la niebla con smog, y para colmo, quienes están al volante conducen mal... Dos factores, pues, de igual peso para explicar el “tremendo choque” que hoy se vive mundialmente. En el panel quedó declarado el siniestro, no podía ser de otra manera, pero se trató de explicarlo - si no de excusarlo por circunstancias “naturales” o, a lo más, por fallas técnicas. Al economista y banquero Sr. Davies no se le ocurrió reconsiderar la pregunta planteada por la conductora del debate sobre la posible “codicia” - greed - de los bancos. En efecto, ¿pueden los bancos propiamente codiciar? Los bancos son instituciones, es decir, estructuraciones más o menos estables de relaciones comerciales que se establecen entre personas bajo condiciones y reglamentos estipulados por ellas mismas o aceptados por quienes utilizan sus servicios financieros. Como instituciones, los

Manuel Ossa

¿Quién tiene la culpa? Who is to blame? Es la pregunta que se hace Sir Howard Davies, antiguo Gobernador delegado del Bank of England, en un libro al que se aludía en un foro panel de la BBC del 29 de octubre de 2011 sobre la crisis mundial actualmente en curso. bancos pertenecen y se integran a las redes de relaciones existentes en el conjunto de la sociedad nacional e internacional, cumpliendo allí funciones específicas respecto a créditos y finanzas privadas y públicas. Se articulan así con otras instituciones que ejercen sus funciones propias y particulares en los ámbitos de la producción, el comercio, los seguros y otros servicios, la cultura, incluida la religión, en la medida en que éstas requieran de créditos o de otras prestaciones bancarias para desarrollar y financiar sus actividades. Como en cualquier otra institución, en los bancos se toman decisiones de diverso orden, por ejemplo, de inversión. Quienes deciden dónde invertir no es la masa de clientes que han depositado sus dineros, sino los directivos. Éstos a su vez han sido elegidos con los votos mayoritarios de los dueños del banco, es decir, de sus clientes más “pudientes”. En número, son éstos la minoría. Pero son los que imponen sus criterios, es decir, la cadena de resoluciones que sirve mejor a sus intereses. Aquí, como en otros lugares, el dinero es o se traduce en poder de decisión. Lo que sucede en las institucio-

nes bancarias, tiene lugar también, mutatis mutandis, en la institución de las instituciones que es la nación. Allí también hay directivos que son los gobernantes, por un lado, y ciudadanos que son los gobernados, por otro. En teoría, son éstos últimos quienes han elegido a los primeros. Al elegirlos, han “delegado” en ellos su poder. Pues, de nuevo en teoría, estamos en una “democracia”, es decir, en griego, en un dominio donde el poder lo tiene (de suyo) el pueblo. En la realidad de las cosas, entre gobernantes y gobernados se instaura la misma fisura que las sociedades antiguas trataban de colmar con un ardid de orden ideológico - el pretendido “derecho divino de los reyes”, en el que hoy (casi) nadie cree. Jorge VI de Inglaterra habría sido uno de los últimos en guiarse por esa creencia. Así al menos en el filme de Colin Firth y Tom Hooper, “El discurso del rey”. Hoy, al determinar a la “democracia” como “representativa”, estamos utilizando nuevamente un ardid, en el cual todavía seguimos creyendo... Aunque asaltan dudas, como las que vemos surgir en el movimiento estudiantil. Y las dudas surgen desde la “mul-

4

PP-324.indd 4

30/11/11 00:30:41


Análisis titud” hacia, por ejemplo, el “puñado de agentes financieros internacionales relativamente pequeño” que actúan sobre la base de que “el capital en dinero y las rentas financieras son incuestionables”1, pásele lo que les pase a poblaciones enteras, como los deudores habitacionales de las subprimes en los Estados Unidos que tuvieron que desalojar sus casas e irse a vivir en sus autos... O más recientemente los “indignados” de España, representando, entre otros, a los miles de “parados” y endeudados en el país, o también a los desempleados griegos, de cuyos salarios hay que prescindir por mandato del Banco Central Europeo, para poder pagarles la deuda pública a los bancos alemanes... O también entre nosotros en Chile, donde se levantan dudas frente a la forma como los jefes de las 4.459 familias, cuyos ingresos mensuales promedian los 19 millones de pesos, manejan o distribuyen bienes comunes, como la educación, el agua, la energía y demás recursos naturales o el medio ambiente 2. Es cierto que el “puñado de agentes financieros” está sostenido y al mismo tiempo constreñido y hasta casi coercitivamente presionado a tomar decisiones acordes con los intereses de los accionistas a los que representa, - de los más poderosos, se entiende, caiga quien caiga, fríamente, aunque sean poblaciones enteras... Detrás de la “incuestionabilidad” del capital en dinero y de las rentas financieras está el poder de quienes dejarían en la calle a sus agentes o retirarían sus inversiones hacia otros paraísos, si estos agentes no obraran conforme a su dictado. Es tal vez aquí donde podría y debería afincarse la reflexión y hasta quizás la denuncia ética, a la que, en una sociedad más simple, se sentían llamados los profetas de Israel. Porque si hay, como la hay, una pugna entre determinismos y libertad, de tal modo que las decisiones libres tienen que abrirse paso en una jungla de necesidades, también es cierto que los determinismos económicos no son leyes naturales. Hasta un millonario y financista como George Soros reclama que las llamadas “ciencias

económicas” no son como las “ciencias naturales”. Las cosas que están en juego en la economía no caen por su propio peso gravitacional, como los peñascos de un farellón, partidos por las diferencias bruscas de temperaturas. Son relaciones sociales, es decir, relaciones entre hombres y mujeres, en las que se ponen en juego intereses humanos, con todas las contradictorias pasiones que éstos despiertan. Y entre ellas está la codicia - greed - que es el ansia ciega por aumentar indefinidamente los bienes que se “tienen” (Erich Fromm) - “maximización de la ganancia” -, más que el bien de “ser” y crecer uno mismo en posibilidades de vida, “con y para otros - en instituciones justas”3. No estoy hablando de la “codi-

pueden ser inmediatamente juzgadas con raseros éticos, sino que son en parte también el efecto de enormes presiones - anónimas, personales o institucionales - que pesan muy particularmente sobre ellos. De ahí que la reflexión ética haya de colocarse en un punto exterior al sistema, es decir, liberarse al menos como experimento mental, de las constricciones e inercias aparentemente impuestas por las políticas económicas vigentes, para ayudar a pensar y diseñar de nuevo la economía en los términos originales y originarios de su existencia, es decir, como manera de relacionarse entre humanos acerca de como producir, intercambiar y distribuir los bienes y servicios, para vivir todos y vivir mejor. En este diseño estamos todos

cia” o avidez de riquezas que pudiera afectar - como “pasión” en el sentido de Aristóteles - a personas particulares y de cuyo manejo los individuos fueran plenamente imputables, sino a algo así como una “estructura de codicia” que habita en el sistema desde adentro y que nos maneja a todos - pues todos estamos de una u otra manera en el sistema. Los agentes financieros lo están de una manera muy particular y sus decisiones no resultan sólo de sus cálculos ni

interesados. Los agentes económicos tienen por cierto mucho que decir al respecto, pero también mucho que oír de parte de la sociedad a la que ellos pertenecen. El ámbito de lo que en la práctica de la política económica aparece como presión casi física se vuelve hoy en día cada vez más amplio, hasta abarcar el orbe de la tierra. Los gobiernos de las naciones se hallan sometidos a presiones insoslayables, por lo que tampoco sus decisiones

5

PP-324.indd 5

30/11/11 00:30:44


particulares o concretas son atribuibles de manera general a pasiones como la codicia o la ambición de poder. Un Vicepresidente “de izquierdas” latinoamericano describe dos aspectos, el uno internacional, el otro nacional, de los determinismos con que se encuentra el poder político a la hora de tomar decisiones por un pueblo o nación determinado. Sobre el ámbito internacional, escribe: “El mundo es en el fondo una relación que tiene momentos de condensación llamados Estado, pero este Estado está articulado, vinculado y es una síntesis del movimiento de los otros Estados. ...El Estado tiene cierta capacidad de influir en ciertas decisiones, pero el fondo de las decisiones se mueve bajo otros hilos, bajo otras fuerzas de las cuales uno simplemente está en la parte superficial. ... tomando el poder del Estado no se está tomando gran parte del poder, porque el poder está en otra parte o en ninguna, quizás”...4 Refiriéndose a la relación de los movimientos sociales con el gobierno, resume en la siguiente tesis teórica su propia experiencia práctica: “La democracia es, por definición, una contradicción en sí misma”, por ser a la vez la zona de “disolución” a la vez que de “concentración” de la toma de decisiones. Y al reflexionar sobre el proceso boliviano, constata que el movimiento popular da un mandato; pero el mandato del pue-

blo “no tiene poder, no tiene un mecanismo de coerción”5. Con toda la seriedad con que tales reflexiones merecen ser recibidas y examinadas y desde el reconocimiento de que el punto de vista de un observador teórico, como el que esto escribe, es más menguado que el de quien tiene las manos en la masa, me parece, sin embargo, que es posible y necesario ir más allá del pesimismo expresado por Linera en estos dos niveles - internacional y nacional. Creo, en efecto, que los movimientos sociales que se están despertando ahora en todas partes representan el interés no solo particular, de un determinado grupo, sino de la humanidad y de cada nación, en sus respectivos conjuntos, interés y empeño por lograr una nueva forma de distribuir los bienes comunes. Siendo esto así, los movimientos sociales representan una inspiración ética orientada por el ansia de justicia. En otros términos, representan una negación de la negación de la vida que se deriva de la maximización a cualquier precio de la ganancia, cuando el capital echa mano de bienes comunes como la educación, la salud, la vivienda, la energía, el agua, el medio ambiente. Esta negación abarca hoy día a una multitud muy variada de sujetos sociales en diversas partes del mundo, vibrando todos en una común “indignación”. Pero esta indignación, viniendo de los negados (oprimidos, explotados, excluidos...), no

es solo negativa, sino también creativa. Y a veces coincidirá, otras no, con lo que hagan gobiernos a los que ella les diera mandato, cuando estos gobiernos logren expresar y realizar el poder en común de la sociedad más que el poder jerárquico. El poder en común es el que se ejerce comunitariamente en provecho de una nueva manera de ser. Es ese poder el que representan los movimientos populares, aunque esa expresión sea fugaz y acontezca solo por cortos períodos de tiempo. Pero ese rayo de esperanza deja una traza imborrable en la historia y marca un hito para el futuro, aunque la contradicción indicada por Linera entre gobierno y movimiento no pueda nunca resolverse acabadamente. Notas: 1 Observatorio Metropolitano Lemur, (varios autores), La crisis que viene - Algunas notas para afrontar esta década, Ed. Traficantes de Sueños, Madrid 2011, ISBN 97884-96453-58-6, p. 58. Contacto: taller@ traficantes.net 2 ver Marco Kremerman, “Las 4 mil familias...” , en el diario electrónico El Mostrador, 8/11/2001. 3 Paul Ricoeur, Sí mismo como otro, estudio 7. 4 Toni Negri et alii, Imperio, multitud y sociedad abigarrada, Waldhuter Ed., Buenos Aires 2010, El párrafo “Poder y relación del Estado con los movimientos en Bolivia, p. 40-45, de donde están tomadas estas citas, tiene la autoría de Alvaro García Linera. 5 Toni Negri et alii, o.c. Imperio..., El párrafo “Democracia y Representación en Bolivia”, p. 36, 39, de donde son estas citas, tiene a Alvaro García Linera como autor.

6

PP-324.indd 6

30/11/11 00:30:45


Coyuntura

A propósito de la ley anti-discriminación

SOBRE LA CONSTRUCCIÓN NORMATIVA EN SOCIEDADES PLURALISTAS

D

Álvaro Ramis

Después de seis años y ocho meses de tramitación legislativa, y otros cuatro de discusión pre-parlamentaria, finalmente el Senado ha aprobado el Proyecto de Ley que Establece Medidas contra la Discriminación. Lo ha hecho en medio de las vergonzosas diatribas e insultos de un grupo de pastores evangélicos que han obstaculizado el debate sobre esta ley durante toda su gestación. Este sector, autodenominado “Comisión Nacional Evangélica por la Familia” (CONFAMILIA), ha retardado la entrada en vigor de una ley que tímidamente busca hacer efectivo el principio constitucional de igualdad ante la ley. En su Artículo 3° la nueva norma señala: “Para efectos de esta ley se entenderá por discriminación toda distinción, exclusión, restricción o preferencia arbitraria, por acción o por omisión, basada en la raza, color, origen étnico, edad, sexo, género, religión, creencia, opinión política o de otra índole, nacimiento, origen nacional, cultural o socioeconómico, idioma o lengua, estado civil, orientación sexual, enfermedad, discapacidad, estructura genética o cualquiera otra condición social o individual”. La necesidad de una ley que proteja a quienes sufren discriminaciones arbitrarias salta a la vista. Sabemos que en Chile abundan injusticias que sólo se pueden calificar como actos racistas, sexistas, clasistas, xenofóbicos, o simplemente prepotentes y despóticos. La comunidad evangélica lo sabe muy bien ya que ha sido víctima de humillantes discriminaciones históricas. Se trata de una deuda con el pueblo evangélico, que ha quedado reflejada para recuerdo y escarnio público en el sencillo monolito que en 1874, el Intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna erigió en el cerro santa Lucía y que dice “A la Memoria de los expatriados del cielo y la tierra que en este sitio yacieron sepultados durante medio siglo”. Por este motivo era previsible que las iglesias evangélicas hubieran apoyado de forma decidida una medida que es coherente con sus demandas tradicionales en relación a la igualdad de trato ante la Iglesia Católica y por un reconocimiento equitativo a nivel institucional. Si bien las más altas autoridades evangélicas no se expresaron con claridad en esta materia, CONFAMILIA puso en evidencia que un sector de ese campo religioso estaba dispuesto a bloquear esta ley, lo que implicó un intento de mantener en una situación de desprotección legal a todas las personas que sufren

potenciales discriminaciones. Sobra señalar la irresponsabilidad de esta pretensión. El motivo que arguyó esta asociación para oponerse radicó en la inclusión de la orientación sexual como una de las diecinueve causales que cita explícitamente la ley. Cabe recordar que aunque el texto no hubiera hecho referencia a la orientación sexual, quienes sufrieran una discriminación arbitraria por ese motivo perfectamente podrían acogerse a ella debido a que la legislación internacional es bastante clara a ese La necesidad de respecto. La importancia de hacer una ley que proteja explícitas estas causales radica en a quienes sufren impedir la arbitrariedad judicial, haciendo que en todas instancias discriminaciones se proceda con criterios uniforarbitrarias salta a la mes. La postura del grupo CONvista. Sabemos que FAMILIA se basa en su particular en Chile abundan juicio moral respecto a la homoinjusticias que sólo se sexualidad, que interpretan como pueden calificar como vinculante para el conjunto de la sociedad. Conviene por lo tanto actos racistas, sexistas, examinar brevemente lo que cabe clasistas, xenofóbicos, a un Estado democrático respecto a esta materia. o simplemente Desde el punto de vista científiprepotentes y co existe un claro consenso internacional desde que en 1990 la Orgadespóticos. nización Mundial de la Salud retiró a la homosexualidad del listado de las patologías. Las inclinaciones o apetencias erótico-afectivas se manifiestan en la especie humana de forma homo u hétero sexual, sin que quepa a la ciencia más que constatarlo. Obviamente, este consenso científico no implica que exista el mismo grado de acuerdo en el ámbito moral. En ese orden de cosas vivimos en sociedades pluralistas, en las que cabe una multitud de juicios legítimos al respecto. Ni siquiera las religiones son unánimes en esta materia, y para ello basta recordar el largo e inacabado debate que ha vivido la Comunión Anglicana, referido al acceso de personas abiertamente homosexuales al Sacramento del orden sagrado. El debate está abierto y refleja las diferencias filosóficas, teológicas, éticas, culturales y antropológicas que

7

PP-324.indd 7

30/11/11 00:30:46


la humanidad está llamada a procesar si desea lograr marcos de convivencia respetuosos y democráticos. Las posturas morales respecto a la homosexualidad se sostienen en lo que John Rawls llamaría las distintas “doctrinas comprehensivas del bien”. En sociedades pluralistas y democráticas ninguna de estas doctrinas puede erigirse en fundamento exclusivo de la justicia política. Lo que no niega que la política deba tener en cuenta esas convicciones morales de la ciudadanía. La clave radica distinguir entre una ética de máximos de felicidad y una ética de mínimos de justicia. La ética de máximos es propia de las religiones o de las doctrinas políticas o filosóficas que proponen proyectos de bien y de felicidad al ser humano. Se trata de propuestas, de invitaciones, que lícitamente se pueden formular dentro de una comunidad. Pero como señala muy bien Kant: “Nadie me puede obligar a ser feliz a su modo (tal como él se imagina el bienestar de otros hombres), sino que es lícito a cada uno buscar su felicidad por el camino que mejor le parezca, siempre y cuando no perjudique la libertad de los demás para pretender un fin semejante”1 Esta constatación no impide que un grupo religioso o cultural mantenga sus propias opiniones morales y que las divulgue de manera razonable, por medio de argumentos propios de un proceso dialógico. Lo que no puede hacer es imponer esas convicciones por la fuerza de su chantaje, la descalificación o la presión violenta. Como ha propuesto Habermas, en democracia “Sólo pueden pretender validez las normas que encuentran (o podrían encontrar) aceptación por parte de todos los afectados, como participantes en un discurso práctico”2. Este argumento, llamado “Principio del discurso”, opera como un horizonte de legitimación normativo, que exige que las decisiones políticas se abran a un espacio racional, que considere como interlocutores a todos los grupos de potencialmente implicados. Es una propuesta propia de sociedades que aspiran a un estadio moral posconvencional, que busque satisfacer intereses universalizables y no sectoriales. Los afectados, en cuanto ciudadanos autónomos y no meros súbditos, deben ser considerados interlocutores vá-

lidos e incorporados en el proceso decisional. El principio del discurso se constituye así en un a priori procedimental que fundamenta y valida las normas situacionales. Lo que cabe al Estado, por lo tanto, es abrir espacio a la deliberación, buscando que se implementen unas condiciones que permitan acercarse a lo que se denomina una “comunidad ideal de comunicación” en la que sea posible entenderse, hablar verazmente, con la propia verdad, y de acuerdo a normas procedimentales justas. Por lo tanto, lo que hubiera cabido esperar del grupo CONFAMILIA no es que cambiara sus convicciones, o que las hubiera reservado al ámbito privado. Un grupo confesional tiene toda la legitimidad y el derecho de expresar su posición respecto a los asuntos en los que se considera involucrado. Pero para ello debe aceptar que su postura es una más, dentro de un campo plural de valores e intereses. Su papel en ese ámbito es expresar argumentos que tengan aspiración de universalidad, y que no se agoten en los actos de fe individual que sostienen a nivel particular. Arrogarse la representatividad de toda la comunidad evangélica, descalificar a los disidentes bajo insultos camuflados en citas bíblicas, agraviar a las personas homosexuales sólo por la condición de serlo, y extorsionar a los parlamentarios que no comparten sus opiniones ha sacado a CONFAMILIA de los marcos de deliberación democrática, por lo que se ha autoexcluido de los procesos de construcción normativa de nuestra sociedad. Cabe a los distintos actores sociales y políticos de nuestro país tomar nota de ello en función de actuar en conformidad en ocasiones futuras.

Notas 1

2

KANT, Immanuel (1993), Teoría y práctica. Traducción de J. M. Palacios, M. F. Pérez López y R. Rodríguez Aramayo. Madrid: Tecnos. p. 290. HABERMAS, Jürgen. (1985) “Conciencia moral y acción comunicativa”, Península, Barcelona. p. 116-117

8

PP-324.indd 8

30/11/11 00:30:46


Coyuntura

E

El 8 de Noviembre de 2011, es decir, más de seis años y medio desde que el Presidente Ricardo Lagos enviara el mensaje con que se inició su tramitación, el Senado aprobó por amplia mayoría el proyecto que establece medidas contra la discriminación. Aunque 13 senadores votaron en contra de incluir en el proyecto la lista de categorías que ejemplifica los motivos o causas más frecuentes de discriminación, solamente 2 senadores votaron en contra de lo que puede considerarse el aspecto central del proyecto, esto es, el establecimiento de una acción judicial especial y un procedimiento al que se podrá recurrir en el caso de ser víctima de discriminación arbitraria. El proyecto todavía debe ser remitido a la Cámara de Diputados, en su tercer trámite legislativo, pero la decisión del Senado implica un gran avance para su aprobación final. Habiendo seguido y participado activamente en la deliberación sobre esta iniciativa legal, no deja de sorprenderme la amplitud de la aprobación del Senado. Mientras el proyecto se discutió bajo los gobiernos de la Concertación, eran numerosos los senadores, especialmente de la oposición, que se mostraban muy poco convencidos acerca de la necesidad de una ley contra la discriminación. De hecho, hacia finales del gobierno de la Presidenta Bachelet el texto del proyecto se encontraba bastante mutilado, habiendo caído incluso la acción judicial especial contra la discriminación, sin la cual el proyecto en gran medida perdía su sentido y propósito original. Con tales antecedentes, ¿cómo se explica que el Senado haya aprobado la iniciativa legal tan ampliamente, y con un texto que se acerca mucho al proyecto original presentado por el Presidente Lagos? Una parte de la explicación puede ser que el tema de la discriminación estuvo presente entre los compromisos de campaña del Presidente Piñera. Pero esto no parece una explicación suficiente, puesto que el actual gobierno no siempre ha podido alinear a todos sus parlamentarios en torno al cumplimiento de los compromisos de campaña. Aunque parezca paradójico, otra parte de la explicación podría ser el efecto que ha tenido la campaña en contra de la aprobación de la ley que ha protagonizado un sector del mundo evangélico, encabezado en el último tiempo por la autodenominada Comisión Nacional Evangélica por la Familia (CONFAMILIA). Obviamente lo que este sector se proponía era impedir la aprobación de la ley.

CÓMO SE LOGRÓ QUE EL SENADO APROBARA LA LEY CONTRA LA DISCRIMINACIÓN

Juan Sepúlveda

Sin embargo, todo parece indicar que con su discurso y sus acciones, caracterizados por la sistemática descalificación de quienes piensan diferente, logró precisamente lo contrario: brindar una demostración elocuente de por qué es tan necesaria una ley contra la discriminación. Al fundamentar la necesidad de una ley, el Mensaje del Presidente Lagos destacó que “la discriminación y la intolerancia están alojadas en el núcleo de la cultura y que operan de manera inconsciente como estereotipos, prejuicios, valores o creencias que cada uno acepta y aplica cotidianamente sin cuestionamientos”. Esto implica que el proyecto de ley no supone una distinción permanente entre personas o grupos que son víctimas de la discriminación y otros que discriminan. Las mismas personas o grupos que por alguna causa o motivo pueden ser víctimas de discriminación arbitraria, pueden ser responsables de la discriminación contra otras personas o grupos por una distinta causa o motivo. Por lo tanto, la ley no busca defender a algunas personas y castigar a otras, sino a prevenir o reparar los efectos de esta cultura de la discriminación e intolerancia profundamente instalada en nuestra sociedad, es decir, en toda la población. Esto que a algunos parecía una jugarreta intelectual para justificar una ley innecesaria, resultó metódicamente demostrado por la manera en que este sector del mundo evangélico llevó a cabo su campaña. A estas alturas los parla-

mentarios y los analistas políticos, como también la ciudadanía informada, saben perfectamente bien que precisamente la población evangélica constituye uno de los grupos que históricamente ha sido víctima de diversas formas de discriminación, y que por lo mismo es uno de los grupos relevantes potencialmente beneficiados por la ley. Que, no obstante lo anterior, un sector de la población evangélica se haya opuesto frontalmente a la aprobación de la ley, y que en medio de su campaña se haya referido ofensivamente a otros grupos potencialmente beneficiados, y que además haya descalificado a personas o grupos evangélicos que han expresado una opinión diferente, terminó siendo una sorpresiva demostración de que la propuesta de ley tiene fundamentos válidos. De paso, la forma en que se ha dado este debate demuestra también la importancia de que el tipo de “democracia directa” que demandan y practican los movimientos convocados a través de las redes sociales, converja y se retroalimente con los mecanismos propios de la “democracia representativa”, no obstante sus imperfecciones - que, vale la pena recordarlo, urge mejorar - puesto que solamente esta última se basa en el principio de igualación que supone de derecho universal a votar. De lo contrario, corremos el riesgo de que prime la voz de quienes gritan más fuerte, sin ninguna certeza de que esa capacidad de hacerse escuchar sea evidencia de representatividad.

9

PP-324.indd 9

30/11/11 00:30:47


LOS EVANGELICOS Y LA LEY ANTIDISCRIMINACION Víctor Rey

E

El martes 8 de noviembre del 2011 quedará marcado en la historia de Chile como el día donde se avanzó para hacer un país más libre, tolerante y respetuoso, ese día se aprobó la Ley Antidiscriminación. La aprobación en el Senado de la ley contra la discriminación es un importante hito para la sociedad chilena. La mayoría que aprobó el proyecto demuestra que se puede avanzar hacia un país más inclusivo en que se respete a todos y todas. Nuestra historia tiene muchas muestras en las que se ha avanzado para superar discriminaciones odiosas. Esto lo podemos comprobar revisando el comienzo de nuestra vida independiente, Chile

dio el ejemplo terminando con la esclavitud. Durante los siglos XIX y XX en el Congreso Nacional se produjeron debates que recogió la historia que culminaron en la aprobación de leyes que terminaron con diversas formas de discriminación. En este camino, las religiones han tenido un rol relevante, puesto que en un principio nuestro Estado se declaraba católico y discriminaba a otros grupos religiosos. En el siglo XIX se dio una batalla de ideas para establecer los cementerios laicos y el matrimonio laico. Las iglesias evangélicas han tenido históricamente el respeto de los sectores más avanzados en su lucha por la libertad de cultos. También es digno de recordar la separación Iglesia y Estado que

consagró la Constitución del año 1925. Recientemente durante los gobiernos de la Concertación se aprobó una ley de cultos que les reconoció igualdad de derechos y en otra se estableció el 31 de octubre como el Día nacional de la Iglesias Evangélicas. En 1935 se aprobó el derecho a voto para las mujeres en las elecciones municipales y recién en 1949 se les permitió votar en las elecciones presidenciales y parlamentarias. En esa ocasión también hubo quiénes se opusieron teniendo posiciones que hoy nadie defendería. Ese logro de las mujeres y de la sociedad chilena, sin embargo, no ha terminado con la discriminación por género. También se ha luchado contra la discriminación política, que tuvo su expresión más brutal durante la dictadura militar del General Pinochet. Se logró eliminar el artículo octavo de la constitución que discriminaba a formas de pensamiento. Queda en la conciencia de que el respeto a las particularidades de cada chilena y chileno redundaría en un mayor bienestar para las personas y en una inestimable contribución al bien común. Este ideal se halla expresado en el artículo primero de nuestra constitución –todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos-, en la defensa de las libertades fundamentales, en el gran número de tratados, declaraciones e instrumentos internacionales que Chile ha suscrito en este sentido. Pero este ideal está lejos de volverse realidad. En Chile se dis-

10

PP-324.indd 10

30/11/11 00:30:48


crimina en todas las áreas de la vida ciudadana por una larga lista de razones: desde el sexo hasta el origen social, desde el credo hasta la identidad de género, pasando por la orientación sexual, el lugar de procedencia y tantos otros motivos. Chile es hoy un país más discriminador que pluralista, un país donde todavía imperan las supremacías culturales del pasado. Se ha avanzado en ciertas áreas, pero estos esfuerzos son insuficientes a la luz de los informes de derechos humanos que realizan anualmente diversas instituciones, informes que dejan a Chile en un pobre lugar respecto de otros países. En este proceso, se ha vivido en estos días un nuevo capítulo: la aprobación en el Senado de la ley antidiscriminación. El establecimiento de un procedimiento judicial para denunciar la discriminación es un logro para toda nuestra sociedad. Desgraciadamente algunas personas que representan a iglesias evangélicas, iglesias que han sido históricamente discriminadas por su opción religiosa se han manifestado en contra de esta legislación reclamando por el artículo que alude a la orientación sexual e identidad de género. Con dolor y tristeza hemos visto en estos días el triste espectáculo que han ofrecido algunos sectores evangélicos fundamenta-listas en relación a este proyecto de ley. En especial por los reiterados y concertados ataques homofóbi-

cos verbales y escritos. Dolor por el enfoque basado en una interpretación literalista y legalista de la Biblia, abiertamente discriminadora y falta de amor y compasión. Son lamentables las muestras de intolerancia de un sector de la sociedad chilena que justamente ha sido uno de los más discriminados por muchos y ahora los discriminados de antes se han vuelto los nuevos discriminadores, pero afortunadamente el Senado ha entendido mayoritariamente que debe legislar para todos quienes habitan Chile sean respetados en su condición humana. Esta ley no constituye una amenaza ni para el matrimonio ni para la familia. La ley no establece la igualdad absoluta. Simplemente define la discriminación. Ya que todos los seres humanos tienen dignidad y no valen por su aspecto físico, su origen familiar, creencia religiosa, su etnia, su orientación sexual, su vocación y su conducta. Prohibir la discriminación no es imponer la igualdad absoluta. Se trata de establecer diferencias pero en base al desempeño, no en base a la orientación sexual, la etnia o el origen. El acuerdo de vida en pareja es una alternativa de vida a una realidad social y se busca soluciones y regulaciones a una realidad de hecho, que no podemos tapar e ignorar con amenazas y acusaciones. Considero que las muestras de fundamentalismo, integrismo, fana-tismo e intolerancia que hemos visto por parte de algunas

iglesias, es producto de la gran crisis que están viviendo estas instituciones que hace urgente hacer un alto en el camino y pensar la misión y la identidad de las mismas. También de hacer una reflexión seria sobre el contexto y la cultura a la luz de la Biblia y en diálogo con la realidad redefinir la misión que deben tener estas expresiones religiosas en esta cultura para ser sal, y luz y fermento en la sociedad, donde tantas personas buscan una respuesta para darle sentido a sus existencias en un mundo que es plural y diverso. Si los evangélicos no son capaces de enfrentar este desafío seguirán siendo parte de esta sociedad, pero como grupos de religiosos sectarios, viviendo en ghettos, sin ser un aporte y menos entregando buenas noticias. Considero que la ignorancia y la falta de información son dos elementos que no permiten el crecimiento y la influencia de los evangélicos en la sociedad chilena, hacen que su rol sea cada día menos significativo y menos pertinente. La aprobación de esta ley es una buena noticia para la sociedad chilena y también para las iglesias y otras expresiones religiosas y espirituales, porque esta ley no está pensada solo en minorías, sino en todos los habitantes de Chile que merecen respeto, y entre ellos están las iglesias evangélicas. Valparaíso, 15 de noviembre del 2011.

11

PP-324.indd 11

30/11/11 00:30:48


Revista Pastoral Popular Nº324