CAMBIA TU MUNDO CAMBIANDO TU VIDA
A ñ o 20 • N ú m e r o 3
MOLESTOS CAMIONES Cuestión de perspectiva
¡Nunca jamás te rindas!
Con perseverancia todo se alcanza
Semillas en tierra fértil
El bien se multiplica
Año 20, número 3
A N U E S T RO S A M IG O S E n busc a de l é x i to Aunque el éxito admite diversas definiciones, ¿quién no aspira a alcanzarlo? Y con justa razón. Nuestro deseo de comodidad y seguridad, así como las ansias de satisfacción y de hallarle sentido a la vida, son innatos y universales. ¿Por qué, entonces, muchas personas se conforman con tan poco? ¿Por qué no persiguen sus sueños con más ahínco? Si bien los motivos son muchos, el siguiente pasaje de un artículo que leí recientemente expone uno de los más corrientes: «Tanto el éxito como el fracaso tienen consecuencias en el futuro: ineludibles recompensas o inevitables remordimientos. Siendo así, ¿por qué no hay más personas que se detengan a reflexionar sobre el futuro? La explicación es sencilla: están tan enfrascadas en el diario vivir que no dan importancia al porvenir. Algunos seres humanos se dejan absorber de tal manera por las dificultades y recompensas del presente que nunca hacen una buena pausa para pensar en el mañana»1. Si te ves retratado en esa descripción, el presente número de Conéctate puede ayudarte a tomar un nuevo rumbo, más exitoso y más centrado en el futuro. He aquí algunos de los artículos más sobresalientes: Jamás de los jamases te rindas (págs. 4-6) nos aporta consejos sobre cómo sobrellevar los años matadores, esos de sangre, sudor y lágrimas que hacen falta para poner en marcha cualquier proyecto o empresa. Además, El camino de mayor persistencia (pág. 7) refuerza el concepto con frases célebres. Vale por cuarenta mil (págs. 4-6) ahonda en el valor de la motivación, mientras que Para trabajar bien con otras personas (pág. 10) desgrana las claves para asumir funciones de mayor exigencia y evitar malentendidos en el lugar de trabajo. Por último, Semilla en tierra fértil (pág.15) nos invita a no desanimarnos cuando los resultados no son los esperados. Porque el éxito tiene múltiples definiciones. Así que desempolva tus sueños, echa mano de las promesas y el poder de Dios, y prepárate para un futuro emocionante lleno de éxitos. Gabriel García V. Director 1. Jim Rohn, Las cinco piezas más importantes del rompecabezas de la vida (Jim Rohn International, 2006) 2
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Keith Phillips
ALIVIO PARA EL ESTRES Los productos y las terapias
para tratar el estrés constituyen actualmente un negocio multimillonario. Han surgido ejércitos de especialistas que ofrecen los más variados consejos. Hay quienes afirman que la clave está en un mejor manejo del tiempo: reducir el estrés aprendiendo a hacer malabarismos para cumplir con todas nuestras obligaciones. Otros sostienen que la clave está en la paciencia: ser ambicioso, pero fijarse metas menos intimidantes a corto y mediano plazo. Otros nos aconsejan replantearnos nuestro orden de prioridades, poniendo el acento en la calidad de vida y concentrándonos en lo que más importa. Otros más ofrecen una solución de corte espiritual: aliviar el estrés por medio del yoga, la meditación y distintas disciplinas. ¿A quién debemos hacer caso?
1. Filipenses 4:7
El dilema me recuerda la fábula de los cinco ciegos a los que se les pidió que describieran a un elefante. Cada uno palpó una parte distinta del animal y después emitió su juicio. El que tomó al paquidermo por la cola dijo: —El elefante tiene forma de soga. Otro, que lo había agarrado por una pata, declaró: —Nada que ver; el elefante es como un árbol. El tercero le palpó el costado y exclamó: —¡Qué va! Para mí que el elefante es como un muro —aseguró. Otro lo agarró por la trompa y afirmó: —¡De ninguna manera! El elefante se parece a una serpiente. Y el último deslizó su mano por una de las orejas del animal y anunció: —No, señores, el elefante es semejante a una hoja gigante. Resultó que todos tenían algo de razón, pero ninguno acertó del todo.
Cuando de nuestra vida se trata, el único que tiene una visión global es Dios. Él sabe exactamente qué necesita cada uno de nosotros para lidiar con el estrés y salvar los obstáculos que inevitablemente afrontaremos en la vida. Y eso no es todo: Quiere además acompañarnos en todas esas vicisitudes para enseñarnos día a día los pasos que podemos dar para remontarlas. Él quiere hacer eso por nosotros y prodigarnos Su amor. Lo único que nos pide es que acudamos a Él, le expresemos nuestras carencias y le agradezcamos Su ayuda. «La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús»1. Keith Phillips fue jefe de redacción de la revista Activated, la versión en inglés de Conéctate, durante 14 años, entre 1999 y 2013. Hoy él y su esposa Caryn atienden a personas sin hogar en los EE. UU. ■ 3
¡NUNCA ´ TE JAMAS RINDAS! Peter Amsterdam
A veces la vida se hace cuesta arriba.
Cuando uno se ha esforzado todo lo posible sin lograr dar la talla, sin conseguir hacer realidad sus sueños, y le parece que ya no puede seguir luchando, es normal que le den ganas de tirar la toalla. Yo creo que todos nos hemos sentido así en algún momento. Tal vez te ha pasado hace poco. Hasta es posible que te sientas así en este instante. Cuando uno recibe golpe tras golpe y está por los suelos, ¿cómo hace para salir adelante? Yo sé cómo. Tú también. Hay que seguir adelante, ¡pase lo que pase! Como dijo Winston Churchill: «Si estás atravesando un infierno, sigue andando». Admito que eso quizá sea simplificar excesivamente una cuestión compleja, pero la verdad es que si 1. Jeff Quant, en Irwing Wallace, The Book of Lists (Nueva York: Bantam Books, 1980) 4
se quiere lograr algo importante hay que empeñarse en ello día tras día, sean cuales sean los obstáculos que se interpongan en el camino. Cuando te enfrentes a desilusiones y hasta fracasos, no hay otra que volver a intentarlo, trabajar con más ahínco, estudiar más y orar con fervor. Todos los grandes logros requieren mucho trabajo y dedicación. Cuando el progreso es lento y nuestros planes o sueños no se concretan con la rapidez esperada, es normal preguntarse si es que algo está mal. Sin embargo, yo creo que la mayoría de las veces que nos topamos con una barrera infranqueable no estamos haciendo otra cosa que pasar por las vicisitudes inherentes al progreso y al éxito. Así es el camino que lleva a los logros. Si nos embarcamos en una nueva aventura con la ilusión de obtener resultados rápidos y eso no sucede —lo cual es más que probable—, es natural que nos sintamos decepcionados e incluso que nos den ganas
de darnos por vencidos. En cambio, si somos conscientes de que la senda que debemos recorrer para alcanzar nuestros objetivos muy posiblemente no será llana, cuando se presenten desafíos los encararemos con entusiasmo; y no estaremos con la guardia baja ni nos sentiremos frustrados cuando todo resulte mucho más complicado, agotador y tedioso de lo que habíamos previsto. Tony Snow, que cuando fue secretario de prensa de la Casa Blanca estaba luchando contra el cáncer,
explicó así las pruebas de la vida: «A Dios le encantan las sorpresas. Los seres humanos deseamos llevar una vida sencilla, fácil y predecible, que discurra por sendas planas y lisas hasta donde alcance la vista. A Dios, en cambio, le gusta salirse del camino. Nos pone en aprietos que parecen rebasar nuestro aguante y comprensión, pero que en realidad no nos superan. Con Su amor y Su gracia, perseveramos. Los trances y dificultades que nos producen un nudo en el estómago terminan
fortaleciendo nuestra fe y comunicándonos una sabiduría y una dicha que de otra forma no llegaríamos a conocer». Hay muchos modos de abordar los reveses y las desilusiones. No creo que haya una única fórmula perfecta para superar las dificultades. No hay una lista de lo que uno debe hacer si quiere armarse de valor y fuerzas para soportar el temor, el estrés, la angustia, la frustración o cualquier otro escollo que acompaña esos períodos de sequía en nuestra vida. A menudo saco inspiración de relatos verídicos de personas que lograron grandes casos pese a penurias o impedimentos físicos. En los deportes hay muy
buenos ejemplos de ello, pues están a la vista de todos y hay medios claros para medir lo que se consigue. Veamos uno: Durante un encuentro de los Chicago Bears y los New York Giants —dos equipos de fútbol norteamericano—, un presentador observó que Walter Payton, corredor de los Bears, llevaba acumuladas más de 9 millas (14 kilómetros) a la carrera. El otro anunciador comentó: —Sí, ¡y eso que alguien lo derriba cada 4,6 yardas (4 metros)! Walter Payton, el corredor de fútbol americano más exitoso hasta la fecha, sabe que todos —hasta los mejores— son derribados. La clave del éxito consiste en levantarse y volver a correr con la misma intensidad1. Los deportes no son el único campo que requiere visión y persistencia. Se pueden hallar grandes ejemplos en todas las profesiones, incluidas el comercio y la industria. La siguiente es una historia bastante conocida: Henry Ford, el genio de la industria automotriz, ideó un plan revolucionario para fabricar un tipo nuevo de motor que se conoce actualmente como el motor V8. Ford estaba deseoso de empezar a producir su novedosa idea. Encargó que se hicieran los planos y los presentó a los ingenieros. Los ingenieros estudiaron los planos y uno por uno llegaron a la misma conclusión. Su jefe visionario no entendía muy bien los principios fundamentales de ingeniería. Había que decirle con tacto que su sueño era imposible. Ford insistió: —Fabríquenlo de todos modos. 5
—Es que no va a funcionar —contestaron. —Continúen trabajando hasta que tengan éxito. No importa cuánto tiempo les tome —ordenó Ford. Durante seis meses se esforzaron y prepararon planos y diseños, uno tras otro. Nada. Transcurrieron otros seis meses. Nada. Al final del año Ford consultó con sus ingenieros y de nuevo le dijeron que lo que quería era imposible. Ford les dijo que continuaran con su trabajo. Lo hicieron. Y encontraron la forma de construir el motor V82. A veces me fijo metas, pero luego el asunto en el que estoy trabajando acaba tomando mucho más tiempo del que tenía planeado o previsto. A menudo las cosas no se dan según nuestro cronograma; pero tal vez Dios tiene una agenda distinta, según Su plan global. Si tenemos fe y determinación, cuando algo no dé el resultado que esperábamos no nos daremos por vencidos ni nos justificaremos. Como esa frase que se le suele atribuir a Helen Keller: «Una curva no es el final del camino… a 2. Napoleon Hill, Piense y hágase rico (Obelisco, 2012) 6
menos que sigamos derecho en vez de tomar la curva». La vida no siempre puede ser equilibrada. Hay temporadas en que uno trabaja el doble o el triple de lo normal. Está el trabajo, los niños, estudiar, atender la casa, cuidar a un enfermo, a un niño pequeño o a un ser querido discapacitado. Esas épocas muy difíciles son lo que un amigo mío llama los años matadores. Es cuando tienes más trabajo del que deseas, duermes poco, haces poco ejercicio, casi no tienes tiempo libre y vives extenuado. Y encima, muchas veces no ves el progreso o el éxito que habías esperado. Sí, esos son los años matadores. Es duro. No obstante, hay que seguir esforzándose, seguir adelante. Ya sea que estés ocupado estudiando, montando una empresa, cambiando de profesión, aprendiendo algo nuevo o lo que sea, está casi garantizado que tendrás dificultades. Casi nunca se ve el fruto sino al cabo de un buen tiempo, y es muy posible que te enfrentes a obstáculos y hasta a oposición. Lo siguiente es un extracto del diario de John Wesley,
gran evangelizador y fundador de la Iglesia metodista: • Domingo 5 de mayo, a.m. Prediqué en la iglesia de Santa Ana. Me pidieron que no volviera. • Domingo 5 de mayo, p.m. Prediqué en la iglesia de San Juan. Los diáconos me dijeron: «Márchese y no vuelva». • Domingo 12 de mayo, a.m. Prediqué en la iglesia de San Judas. Tampoco puedo volver allí. • Domingo 19 de mayo, a.m. Prediqué en otra iglesia. Los diáconos convocaron una reunión extraordinaria y me dijeron que no podía volver. • Domingo 19 de mayo, p.m. Prediqué en la calle. Me echaron de la calle. • Domingo 26 de mayo, a.m. Prediqué en la pradera. Tuve que salir corriendo porque soltaron un toro en medio del oficio religioso. • Domingo 2 de junio, a.m. Prediqué en las afueras de la ciudad. Me echaron de la carretera. • Domingo 2 de junio, p.m. Prediqué en un prado. Se presentaron diez mil personas para escucharme. Hay muchos casos verídicos como este, que ilustran la magia que se produce cuando nos negamos a rendirnos frente a las dificultades. Cada uno de estos relatos da testimonio de que la perseverancia es eficaz. La moraleja para nosotros es esta: Si no nos damos por vencidos, todo es posible. Peter Amsterdam dirige juntamente con su esposa, María Fontaine, el movimiento cristiano La Familia Internacional. Esta es una adaptación del artículo original. ■
Reflexiones
El secreto: PERSISTIR Debemos perseverar en oración para que [Dios] no permita que nuestro corazón desfallezca. La oración y la perseverancia son necesarias en nuestros conflictos diarios. El mejor remedio para la fatiga es la diligencia en la oración. Juan Calvino (1509–1564) Toda obra del ingenio humano que nos causa admiración y nos maravilla es, en definitiva, una prueba de la irresistible fuerza de la perseverancia. A ella se debe que una cantera se convierta en pirámide y que países distantes acaben unidos por canales. Si un hombre comparase el efecto de un golpe del pico o de una palada con el proyecto general y el resultado final, se sentiría abrumado por la desproporción. No obstante, esos pequeños actos, repetidos de manera incesante, son los que a la larga superan las mayores dificultades. Con la exigua fuerza de los seres humanos se nivelan montañas y se demarcan mares. Samuel Johnson (1709–1784)
El agua blanda, la piedra dura; pero gota a gota hace cavadura. Refrán español
La perseverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto. Arturo Graf (1848–1913)
El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura. Miguel de Unamuno (1864–1936)
El éxito no es casualidad. Es trabajo arduo, perseverancia, aprendizaje, estudio, sacrificio y más que nada amor por lo que haces o estás aprendiendo a hacer. Pelé (n. 1940)
¿No se cumple hoy tu esperanza? Tú no te desmoralices, que puede que sin tardanza vengan días más felices. Anónimo La paciencia y la perseverancia tienen el efecto mágico de hacer desaparecer las dificultades y desvanecer los obstáculos. John Quincy Adams (1767–1848) Con paciencia, fe y esperanza, todo se alcanza. Refrán español No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. Gálatas 6:9 (nvi)
No te rindas nunca. No cedas. No dejes de intentar. No claudiques nunca. Y si por un momento sucumbes a alguna de estas cosas, levántate, quítate el polvo, susurra una oración y empieza donde te quedaste. Pero jamás de los jamases te rindas. Richelle Goodrich, «Eena, The Tempter’s Snare» (2014) Cuando se cierra una puerta a la felicidad, se abre otra. Lo que pasa es que a menudo nos quedamos contemplando esa puerta cerrada por tanto tiempo que no llegamos a ver la nueva que se nos abre. Helen Keller (1880–1968) ■ 7
Tina Kapp
CUANDO 1 = 40.000 En la vida hay dos actitudes opuestas. Está los que tienen una motivación que les hace querer trabajar más y mejor. Muchas veces tienen además el don de inspirarnos a hacer lo mismo. Y están las personas que yo llamo desmotivadoras, porque tienden a causar el efecto contrario. En su compañía, uno se siente inepto y adquiere una percepción negativa de sí mismo. En muchos casos, sus sermones y sus críticas constructivas nos intimidan en vez de estimularnos. Algunos dicen que toda motivación proviene del interior. Sin embargo, estoy segura de que muchos recuerdan alguna ocasión en que lograron algo importante y 1. Nehemías 4:10 (nvi) 2. Nehemías 4:11 (nvi) 3. Nehemías 4:12 (nvi) 4. Nehemías 4:14 (nvi) 5. V. Nehemías 6:15 6. www.just1thing.com 8
saben que fue por la intervención o la influencia clave de una persona. A veces el apoyo de alguien que nos incentive puede ser determinante. El duque de Wellington afirmó que cuando Napoleón estaba en el campo de batalla era como pelear contra cuarenta mil soldados más. En una ocasión en que el Dr. Alan Loy McGinnis, autor del libro Descubriendo Triunfadores, dio una charla en un club para ejecutivos de Toronto, al terminar se le acercó un señor mayor muy bien vestido. Tras presentarse le dijo que tenía 74 años, que se acababa de jubilar y que toda su vida se había dedicado a fabricar lápices de carboncillo. El Dr. McGinnis supuso que debía de haber sido una manera aburridísima de ganarse la vida y le preguntó si se alegraba de haberse retirado por fin de aquel negocio. —Ah, no —le contestó—. Al contrario, lo voy a extrañar muchísimo. Y ¿sabe qué es lo que más
voy a extrañar? Las amistades que forjé en ese oficio. Algunos de mis proveedores y clientes han sido mis mejores amigos durante cuarenta años. Varios de nuestros principales gerentes fueron jóvenes que contraté cuando acababan de egresar de la universidad. Me dio gran satisfacción ayudarlos a alcanzar el éxito. En el transcurso del diálogo, el Dr. McGinnis se enteró de que aquel hombre había convertido su negocio en una empresa multimillonaria y que hacía poco la había vendido obteniendo jugosas utilidades. Una de las claves de su éxito radicaba en que creía en la gente. Había aprendido a detectar lo bueno en las personas con las que trabajaba y las ayudaba a labrar sus triunfos. Así, ayudando a los demás a alcanzar sus metas, se había beneficiado él mismo.
Lo que más falta nos hace es alguien que nos inspire a ser como sabemos que podemos llegar a ser. Ralph Waldo Emerson (1803–1882)
La Biblia narra la historia de Nehemías, que fue un excelente motivador. Era el copero de un rey extranjero. Si bien era un trabajo digno, también podía resultar peligroso, pues tenía que proteger al monarca de morir envenenado. Su profundo deseo, no obstante, era ayudar a su pueblo. Dios dispuso entonces las circunstancias para que Nehemías estuviera en el palacio en el momento indicado para tener una conversación con el rey, quien luego le dio permiso para regresar a Jerusalén y reconstruir los muros derruidos por las invasiones extranjeras. Nehemías estimuló a su gente para que lo ayudara a dar inicio a la reconstrucción; pero los israelitas tenían muchos enemigos a los que no les interesaba que se reedificaran
los muros de Jerusalén y que los amenazaban constantemente. La gente se desanimaba y decía: —Los cargadores desfallecen, pues son muchos los escombros; ¡no vamos a poder reconstruir esta muralla!1 Además, sus enemigos los hostigaban: —Les caeremos por sorpresa y los mataremos; así haremos que la obra se suspenda 2. La gente que vivía en los alrededores les advertía una y otra vez: —Los van a atacar por todos lados3. En esas circunstancias Nehemías estableció un sistema de vigilancia para resguardar a los constructores y los arengó: —¡No les tengan miedo! Acuérdense del Señor, que es grande y temible, y peleen por sus hermanos, por sus hijos e hijas, y por sus esposas y sus hogares4. Su eficacia como dirigente hay que atribuirla en parte a que no se sentaba a un lado a gritar órdenes, sino que trabajaba y montaba guardia junto a sus hombres. Hacía suyos los temores e inquietudes de ellos. De ahí que los triunfos de ellos fueran también los suyos. Gracias en parte a la dedicación y la inspiración de Nehemías, el muro se reconstruyó en apenas 52 días5.
Uno de mis ejemplos preferidos se encuentra en el famoso libro de Dale Carnegie Cómo ganar amigos e influir sobre las personas: Una dependienta de una tienda siempre se equivocaba cuando ponía los precios en las etiquetas, lo que ocasionaba quejas de los clientes y dolores de cabeza para el gerente. Por mucho que se le advertía y se le recordaba, a pesar incluso de los conflictos derivados de aquella situación, la empleada no mejoraba. El gerente hizo un último intento por resolver la cuestión. La llamó a su oficina y le dijo que la iba promover a supervisora del etiquetado de precios para toda la tienda, y que sería la encargada de que todos los productos estuvieran correctamente rotulados. El título y el cargo la indujeron a preciarse de hacer las cosas bien. Es asombroso el efecto que puede tener un poquito de aliento; y mejor todavía cuando es uno mismo quien da ese aliento. Como dijera Ana Frank: «Es fantástico que nadie tenga que esperar ni siquiera un momento para empezar a mejorar el mundo». Tina K app es bailar ina, pr esentador a y escr itor a. Vive en Sudáfr ica, donde dir ige una empr esa de entr etenimiento que r ecauda fondos par a obr as de car idad e iniciativas misioner as. Este artículo es una adaptación de un podcast publicado en Just1Thing 6 , portal cr istiano destinado a la for mación de la ju ventud. ■ ■ 9
Respuestas a tus interrogantes
PARA TRABAJAR BIEN CON OTRAS PERSONAS Pregunta: Hace poco me ascen-
dieron a un puesto directivo que anhelaba desde hace mucho tiempo. Pero ahora tengo mis dudas sobre si este tipo de trabajo es para mí. Me da la impresión de que todo lo que digo y hago termina ocasionando malentendidos entre mis colegas y yo. ¿Algún consejo?
Respuesta: Los malentendidos siempre son incómodos, sean cuales sean las circunstancias, más aún en el ámbito laboral, que ya de por sí suele generar bastante estrés. Si a eso le añades la presión de adaptarte a una nueva función directiva, no es de sorprenderse que te hayas desanimado. Pero no te rindas. Uno tarda un tiempo en aprender a asumir nuevas obligaciones y cultivar buenas relaciones de trabajo; así que ten paciencia. Mientras tanto, aquí tienes algunos consejos que pueden resultarte útiles: 1. Ocúpate de una sola cosa a la vez. Presta total atención al asunto que tienes entre manos y a las personas con quienes hablas. 2. Escucha. Presta oídos a tus colegas antes de expresar tus propias ideas y opiniones. Nunca los 10
interrumpas. Así no solo te beneficiarás de su experiencia, sino que les manifestarás respeto y a la vez te ganarás el suyo. 3. Si es necesario, pide más información o aclaraciones. Muchas trabas en la comunicación se producen porque alguien, por orgullo, se inhibe de pedir más antecedentes o de admitir que no entiende lo que plantea su interlocutor. 4. Considera detenidamente el asunto. Define bien lo que quieres transmitir antes de empezar a hablar. Eso te ayudará a presentar tus ideas de forma más clara, más explícita y más directa. Por ende, se reducirán las posibilidades de que te entiendan mal. 5. Tampoco hay que exagerar. John Kotter, profesor del Harvard Business School y autor del éxito editorial Al frente del cambio, manifestó: «La buena comunicación no implica que haya que hablar en oraciones y párrafos perfectamente construidos. No se trata de ser muy pulido. La sencillez y la claridad dan excelentes resultados». 6. Reconoce tus limitaciones. No tengas miedo de admitir que no entiendes o que no sabes algo.
7. Ten conciencia de los mensajes no verbales. Casi todo lo que haces comunica algo a los demás. Tu puntualidad es elocuente, al igual que la atención que prestas. Lo mismo sucede con tu lenguaje corporal, la expresión de tu rostro y el tono de tu voz. Hasta el silencio habla. Las señales positivas abren vías de comunicación; las negativas las obstaculizan. 8. Practica la empatía. Para entender a los demás, procura ponerte en su pellejo. ¿Por qué piensan o actúan de tal o cual manera? Ten cuidado de no leer erróneamente el lenguaje corporal de una persona. En la duda, pregunta. 9. Procura preservar la unidad. Es más fácil trabajar codo a codo con los demás que en disputa con ellos. Evita los conflictos y choques buscando terreno común y cualidades dignas de admiración en tus compañeros de trabajo. 10. Mantén un enfoque positivo. Cultiva el espíritu de equipo haciendo hincapié en las tareas bien hechas y en los avances que se han logrado hacia la consecución de los objetivos trazados. Aborda los problemas pensando: «Veamos cómo lo solucionamos», no: «Veamos quién tiene la culpa». ■
Li Li an
Molestos CAMIoNes
¿Te has quedado alguna vez atascado detrás de un camión en la hora de mayor tráfico? En África ver un camión sucio, cargado de metales oxidados y vomitando humo negro por el tubo de escape es bastante común. A nadie le gusta quedarse atrapado detrás de uno en medio de un atasco. En cierta ocasión escuché a dos conductores hablando justamente de eso. El primero afirmaba que cuando se veía en ese aprieto hacía hasta lo indecible con tal de salir de ahí, aunque implicara el riesgo de andar cruzándose de un carril a otro entre el tráfico. El otro conductor veía el asunto desde una perspectiva muy distinta. Cuando se encontraba detrás de un camión de esos —decía—, cerraba las ventanillas y se quedaba detrás del mamotreto, porque la
experiencia le había enseñado que cuando el semáforo pasaba a luz verde y estallaba el coro de bocinas y motores de vehículos, el camión hacía sonar su potente bocina y se abría paso entre el tráfico y la confusión gracias a su imponente tamaño y fuerza. Lo único que tenía que hacer él entonces era pegarse detrás de él y seguirlo. Me di cuenta de que a veces veo mis problemas como si fueran uno de esos horribles camiones. Me obstaculizan la visión y contaminan el ambiente. Estoy en medio del atasco de mis dificultades cotidianas y encima se aparece ese monstruo para agravar el caos. Pero estoy aprendiendo a valorar más la perspectiva del segundo conductor. Aunque todos estamos de acuerdo en que es exasperante y desagradable quedarse atascado en un problema,
quizá sea justamente esa dificultad la que nos marque un nuevo derrotero que nos lleve con mayor celeridad por el camino de la vida. Eso dice Romanos 5:3: «También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia». Dicho sea de paso, el camino de la vida nunca se queda atascado para siempre. Dios infaliblemente nos da la oportunidad de sobrepasar al molesto camión una vez que ha cumplido su finalidad y nos ha ayudado a sortear las vicisitudes del tráfico de la vida. Li Lian es es un profesional certificado por CompTI A. Tr abaja en Á fr ica como administr ador de oficina y sistemas par a una organización humanitar ia. ■ 11
Roald Watterson
UN RASGO VALIOSÍSIMO
1. John Wooden y Jay Carty, La pirámide del éxito: Construyendo Bloques para una Vida Mejor. Peniel, 2006 2. 1 Reyes 18:1,2 (nvi) 12
He estado viendo el programa de televisión The X Factor, en el que cantantes de todos los Estados Unidos participan en un concurso de talento y el ganador obtiene un contrato de grabación multimillonario. Para quienes no están familiarizados con ese tipo de programas, en cada episodio los jueces deciden quiénes pasarán a la siguiente ronda de la competición, basándose en su talento, por supuesto. Pero resulta que los jueces tienen en cuenta también otra característica: buscan personas serias, firmes en su intención de realizarse como artistas. A juzgar por los comentarios de los jueces me da la impresión de que las casas discográficas no invierten millones de dólares en artistas que por un fugaz momento suenan fantásticos y revelan un enorme talento, pero que no tienen la solvencia para ofrecer espectáculos estelares frente a públicos que agotan localidades. La industria del espectáculo es implacable. Los cantantes que destacan son los que ofrecen un excelente espectáculo en cada presentación. Por supuesto que los cantantes no son los únicos a los que se les exige un alto desempeño permanente. John Wooden —considerado uno de los mejores entrenadores de baloncesto de todos los tiempos— habló
de la fiabilidad de algunos de sus jugadores y de lo que significó para él. En su libro La pirámide del éxito escribió: «Curtis Rowe era uno de mis jugadores más constantes. Si bien no solía hacer jugadas espectaculares, siempre se desempeñaba a un altísimo nivel. Hacía que el juego pareciera fácil. Yo casi podía anotar los registros de su juego antes de comenzar el encuentro». El entrenador continúa aludiendo a la regularidad de sus jugadores: «Durante la mitad de la década de los 50, dos de mis jugadores destacaron por motivos distintos. Morrie Taft tenía un estilo de juego espectacular y explosivo. Pero era imposible prever su desempeño de una noche a otra. Por otra parte, el nivel de Dick Skeets Banton era siempre impecable. Morrie [Taft] a veces lograba cinco rebotes, todos de antología. Dick [Banton] conseguía ocho o nueve, pero casi nadie se fijaba en ellos. La mayoría aseguraba que [Morrie] Taft era mejor que [Dick] Banton, debido a las habilidades naturales de [Morrie] Taft y lo deslumbrante que era. Pero no estoy del todo seguro de que [Dick Banton] no fuera el jugador más valioso, por su regularidad»1. Descubrí que el mismo concepto se aplica a mi trabajo. En ciertas ocasiones contrato dibujantes para ilustrar algunas de mis historietas. Al escoger un artista, tengo en cuenta varios factores. El estilo, y por supuesto el talento y la habilidad son importantes. Pero lo que más me convence —si bien podría considerarse algo opaco y deslucido— es la capacidad del artista para terminar el trabajo dentro del plazo asignado. Luego de mirar varios episodios de The X Factor y de leer extractos del libro del entrenador Wooden, advertí la misma característica en ciertos personajes de la Biblia. De acuerdo a la concordancia de mi Biblia, en el Antiguo Testamento se realizaron 50 milagros. Casi una tercera parte de ellos fueron obrados por Elías. Al repasar el relato de Elías en el Antiguo Testamento también noté la premura y convicción con que obedecía a Dios. Tan pronto Dios le ordenaba algo, Elías obedecía.
El diccionario define fiable de la siguiente manera: «1. Digno de confianza. 2. Que es probable que funcione bien». La segunda definición se asemeja mucho a lo que encontró Dios en Elías. Veamos uno de los episodios: «La palabra del Señor vino a Elías y le dio este mensaje: “Ve y preséntate ante Acab, que voy a enviar lluvia sobre la tierra”. Así que Elías se puso en camino»2. Ese no es sino uno de los numerosos episodios que demuestran la interacción que existía entre Dios y Elías. A lo mejor Dios continuó recurriendo a Elías porque comprobó que era una persona seria y de confianza. El entrenador Wooden describe de la siguiente manera las características de una persona confiable: «Cuando actuamos con formalidad y solvencia le hacemos saber a la gente que puede depender de nosotros. Las personas que nos rodean sabrán que daremos lo mejor de nosotros, sea cual sea la situación. Tendrán la certeza de que no vamos a huir, acobardarnos ni quedarnos paralizados de miedo. Aprenderán a contar con nuestra coherencia y honradez. Continuaremos esforzándonos al máximo mucho después que los débiles hayan caído en el olvido». ¿Tienes amigos así, personas con las que puedes contar, que te ayudarán cuando las cosas se pongan negras? Las personas confiables son estimadas donde quieran que van. ¿Qué podemos hacer para cultivar nosotros esta cualidad? Quizá nos proporciona enorme satisfacción contar con un amigo que acude sin falta cuando lo necesitamos; pero ¿puede ese amigo contar con que nosotros haremos lo propio por él? Tal vez nos produce una dicha enorme saber que podemos depositar nuestra confianza ciegamente en Dios; pero ¿puede Dios contar con nosotros, con que responderemos si nos llama? Son preguntas que vale la pena plantearse. Roald Watterson es r edactor a y autor a de contenido. ■
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Puedes empezar hoy mismo tu crecimiento espiritual con Dios haciendo la siguiente oración: Jesús, te ruego que me perdones las cosas que he hecho mal. Entra en mi corazón y acompáñame siempre. Ayúdame a alcanzar el verdadero éxito, que proviene de conocerte mejor, amarte y amar a los demás. Amén.
CÓMO MEDIR EL ÉXITO
Marie Alvero
A mí me cuesta mucho definir el éxito, sobre todo en lo relativo a mi trabajo. Diríase que cualquier actividad a la que dedico más de cuarenta horas todas las semanas debería aportarme alguna medida de éxito tangible. Debería traducirse en un ascenso, tareas estimulantes y un sentimiento de sano orgullo por lo que he logrado. Ahora bien, ¿y si esas cosas no se dan? ¿Qué sucede si uno se siente poco menos que invisible en su trabajo, si no le manifiestan nada de aprecio y mucho menos le dan un ascenso? ¿Significa eso que no ha sido exitoso? Si no se mide el éxito según nuestros logros, ¿cómo se mide? Esos son algunos interrogantes relacionados con mi carrera sobre los que he cavilado mucho en los últimos años. A continuación reproduzco algunas preguntas que empleo para medir mi éxito: 1. Salmo 75:6,7 14
1) ¿Me hago presente? A primera vista eso puede parecer un poco tonto. Pero el primer requisito para lograr el éxito en casi cualquier disciplina es acudir, presentarse para realizar la labor. Todos los días me sorprendo al ver cuánta gente se automargina por no presentarse. 2) ¿Estoy aprendiendo y progresando? ¿Procuro ampliar mis conocimientos y aptitudes? 3) ¿Realizo bien mi labor, con constancia? Cualquiera puede deslumbrar mostrando su capacidad cuando se trata de llamar la atención y obtener recompensas. Pero el trabajo que realizamos todos los días es el que pone de manifiesto nuestro temple. 4) ¿Brindo ánimo y apoyo a los demás? ¿Pongo todo mi empeño para que mi grupo de trabajo tenga éxito? Todos los días me esfuerzo por responder afirmativamente a esas preguntas. Si lo logro pienso que me estoy concediendo a mí misma la mejor oportunidad de alcanzar el
éxito, independientemente de que este venga acompañado de reconocimientos o ascensos. Permíteme citar un versículo muy pertinente sobre el asunto: «Ni de oriente ni de occidente ni del desierto viene el enaltecimiento, pues Dios es el juez; a este humilla, y a aquel enaltece»1. Eso no quiere decir que no tenga ambición de crecer o buscar nuevas oportunidades, sino que estoy aprendiendo a concentrarme en lo que puedo controlar —mi actitud y mi desempeño— y dejar lo demás en manos de Dios. No me gustaría perderme la posibilidad de madurar y convertirme en lo que Dios quiere para mí por otorgar al éxito tangible un valor desmedido. Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. ■
SEMILLAS EN TIERRA FÉRTIL
Iris Richard
Fred tenía 19 años cuando nuestros caminos se cruzaron. Por aquel tiempo él era un joven desorientado, ambicioso, en busca del sentido de la vida. Se había ido de casa siendo todavía un adolescente, y había intentado de todo para ganarse la vida. Lamentablemente también tomó algunas decisiones desacertadas. Con todo, tenía muchas posibilidades de cambiar, muchas aptitudes y buena disposición para aprender. En aquella época yo dirigía un programa cristiano de formación, asesoramiento espiritual y liderazgo, al cual Fred se apuntó. Durante el año siguiente de idas y venidas en su vida, asistió sin falta a sus clases semanales y terminó el curso con excelencia. Luego de eso, consiguió un empleo y perdimos contacto durante algunos años. Otra de mis alumnas fue Jackie. Tenía 30 años y poco antes había experimentado un gran quebranto con el fallecimiento de su bebé recién nacido. Nos conocimos al 1. V. Lucas 8
trabar conversación durante un viaje en tren. Ella también se apuntó a nuestro programa de formación y lo siguió con gran interés. Aquella infusión de fe la ayudó a recuperarse de la pena de haber perdido a su bebé. Así, cuando se vio ante un nuevo revés, la entereza espiritual que había adquirido le dio las fuerzas para superarlo. Numerosas personas de muy diversos ámbitos y edades pasaron por el programa. Muchos terminaron el curso en mejores condiciones para hacer frente a los retos de la vida; otros tomaron lo que habían aprendido y lo llevaron un paso más allá, aplicando al menos algunos de los principios. Lamentablemente, la mayoría le sacó escaso provecho, y a la larga su vida y sus acciones no cambiaron mucho. La parábola de Jesús sobre el sembrador describe una situación similar: Un agricultor salió a sembrar. Algunas de las semillas cayeron a la vera del camino y fueron pisoteadas; otras cayeron sobre las piedras y no encontraron tierra donde echar raíz y crecer; a otras más se las comieron las
aves; algunas, no obstante, cayeron en buena tierra, crecieron con fuerza y dieron abundante fruto1. Las ocasiones en que veo ocurrir esto último son las más gratificantes. Al cabo de unos años sin tener noticias de Fred, se comunicó conmigo y me contó que había aprovechado su formación como trampolín para lograr una carrera exitosa en el campo de la medicina. Cuando volví a saber de Jackie me enteré de que se había convertido en terapeuta especializada en asesorar a personas con VIH. Nuestro grupo —y tal vez cualquiera que esté inclinado a descorazonarse ante magros resultados en proporción con el esfuerzo invertido— puede sacar una valiosa enseñanza de aquel sembrador, que no esperó que el 100% de sus semillas dieran fruto, sino que confió en que las que caían en buena tierra le darían la cosecha necesaria. Ir is R ichar d es consejer a. Vive en K enia, donde ha participado activa mente en labor es comunitar ias y de voluntar iado desde 1995. ■ 15
De Jesús, con cariño
EXCELENTE MEJOR, BUENO, Te ayudo a tomar las cosas buenas de tu vida y mejorarlas, refinarlas. Pero si nunca te tomas un tiempo para reflexionar sobre ellas —tal vez por considerar que tu manera de proceder está medianamente bien y te da resultados aceptables—, no tendrás motivación para esmerarte por lograr algo mejor. Cuando encuentras un ritmo en el que te desenvuelves bien en algún aspecto, lo lógico es pensar que debes mantenerlo. Los buenos hábitos te ayudan a obrar con acierto. Sin embargo, hasta lo que te ha dado buenos resultados puede mejorarse de tanto en tanto. La variedad y los cambios suelen servir para adquirir experiencia y crecer, lo cual es importante
para tu vida espiritual. Las vivencias que incrementan tu fe en lo que soy capaz de hacer por medio de ti te hacen comprender que eres más capaz de lo que creías. Pregúntame en qué aspectos puedes haber caído en una rutina y pon de manifiesto tu voluntad de cambiar. Yo puedo guiarte y ayudarte a dejar atrás costumbres que no te permiten crecer. No hay nadie como Yo para desbaratar rutinas. Invoca Mi ayuda para romper cualquier cadena que te impida avanzar, y te ayudaré a liberarte.