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Conéctate, número de Agosto de 2016: Frutas y frutos

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LAS VIDe S

Podas y recortes

Ciclos existenciales

Todo tiene su tiempo el mango del cumpleaños

Paciencia, ya llegará el momento

CAMBIA TU MUNDO CAMBIANDO TU VIDA

Año 17, número

8

A NUESTROS AMIGOS

Probar el fruto

Hace unos años publicamos en Conéctate una serie especial sobre lo que Pablo llamó, en su Epístola a los Gálatas, «el fruto del Espíritu»1. Dedicamos un número de la revista a cada fruto, a saber: amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio2 . Ahora bien, en ningún momento se exploró el concepto mismo de fruto. Eso es precisamente lo que haremos en el presente número.

La Biblia alude en numerosas ocasiones a los frutos de las plantas. Las referencias a aceitunas, uvas e higos son abundantísimas. Por otra parte, la palabra fruto se emplea alegóricamente para describir los actos externos de una persona, sus resultados y logros.

En la última noche que Jesús pasó en libertad con Sus discípulos, durante la Última Cena, les dejó el encargo de llevar fruto: «No me elegisteis vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca»3. Pero ¿cómo da fruto un cristiano? En esencia, volviéndose más como Jesús —es decir, adquiriendo un mayor parecido con Él— y propagando Su reino por toda la Tierra, de palabra y obra. Esa no es tarea fácil; sin embargo, Jesús no nos abandona a nuestra suerte ni espera que nos las arreglemos solos. Él es la vid; nosotros, los sarmientos o ramas. Un sarmiento saca su fuerza, alimento, protección y energía de la vid. Asimismo, cuando nosotros, los seguidores de Cristo, permanecemos unidos a Él, el fruto espiritual se hace manifiesto en nuestra vida, en nuestro carácter y en nuestro orden de prioridades. A medida que lo vamos conociendo mejor, nos asemejamos más a Él, Sus designios se convierten en los nuestros y nos sentimos motivados a poner nuestra fe en acción.

1. V. Gálatas 5:22,23

2. S e publicaron entre los meses de febrero y octubre de 2013. Pueden consultarse en http://www.activated.org/es/

3. J uan 15:16

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Director Gabriel García V. Diseño Gentian Suçi

Producción S amuel Keating

© Activated, 2016

Es propiedad. Impreso en Taiwán por Ji Yi Co., Ltd.

A menos que se indique otra cosa, los versículos citados provienen de la versión RV, revisión de 1960, © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizados con permiso.

Las vides

Uno de los recuerdos más gratos que conservo de mi infancia es el de estar tendida en un banco bajo la pérgola de mi abuela, en un caluroso día de verano, mascando uvas frescas. Años más tarde, cuando me disponía a mudarme a una casa situada en un viñedo de Italia, me figuré que habría muchos cómodos bancos en los que recostarme. ¡Vaya sorpresa la que me llevé cuando arribamos a un terreno de aspecto árido! De las raíces de las vides asomaban apenas unas cepas minúsculas, peladas. Me explicaron que cada año, después de la cosecha, las vides se podan prácticamente a ras de suelo con el fin de mejorar su rendimiento. El campo no se veía muy bonito, pero era fructífero. Al iniciarse el período vegetativo, me impresionó lo rápido que brotaron las cepas bajo el cálido sol de la

Toscana. Los zarcillos se extendieron velozmente por el campo, y la tierra que antes parecía un yermo se cubrió de pronto de brotes nuevos y uvas verdes que más tarde produjeron un magnífico vino.

Al recordar la Toscana, me viene al pensamiento el capítulo 15 de Juan: «Yo soy la vid verdadera, y Mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en Mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto»1. Soy pésima para la jardinería, porque detesto podar mis plantas. Mis rosales tienen un aspecto desgarbado y alcanzan gran altura. «Ni hablar», le contesto a todo podador de árboles que se aparece en la puerta de mi casa ofreciéndose a desmochar los míos. Dejo que mis plantas perennes crezcan como quieran. Me gusta el desarrollo descontrolado de los seres vivos, y me resisto a ser juez de lo que se debe podar.

No obstante, en Juan 15 queda claro que Dios es diestro en la poda de vides. Si no damos fruto, nos corta. Si damos fruto, nos poda. En cualquier caso, actúa. Hay veces en que algo o alguien nos serrucha el piso y no nos queda nada en qué apoyarnos sino Él. Un suceso inesperado nos deja turulatos; una tragedia, enfermedad, traición o fracaso nos dan un golpe artero. Sentimos que nos arrancan todas nuestras frondosas ramas y terminamos como una de esas vides peladas, podadas casi hasta la raíz, en un terreno presumiblemente estéril.

Hasta que se dan las circunstancias propicias. Sale el sol. Cae la lluvia. Comprendemos que en Él tenemos todo lo que necesitamos, y se empieza a gestar el milagro de una nueva vida y nuevo desarrollo.

Joyce Suttin es maestra y escritora. Vive en San Antonio (EE. UU.). ■

Joyce Suttin

Adaptación de un texto de David Brandt Berg

ALIMENTO PARA EL ALMA

La Palabra de Dios es la verdad más poderosa del mundo.

Contiene el espíritu y la vida misma de Dios1. Es la chispa espiritual de Dios que nos enciende con Su vida, Su luz y Su poder. Para afianzar nuestra relación con Él, una de las cosas más importantes que podemos hacer es leer, asimilar y cumplir Su Palabra. Es lo que nos mantiene sintonizados con Él y evita que nos apartemos de Su camino. Si escuchamos a Dios y Su Palabra

1. V. Juan 4:24

2. V. Juan 15:11; 13:17

3. J uan 6:63

4. V. Apocalipsis 19:13; Juan 1:1,14

5. 1 Pedro 2:2

6. S almo 119:130 (ntv)

7. J eremías 15:16

8. J ob 23:12 (nvi)

9. L ucas 10:42 (ntv)

y obedecemos Su verdad, seremos felices y fructíferos2 .

Jesús dijo: «Las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida»3. Su Palabra es la vida misma de Dios. Es lo que nos proporciona vida, alimento, sustento, fortaleza y salud espirituales. Por ello, una dieta sana y equilibrada de la Palabra de Dios es esencial para quien desee desarrollarse bien y permanecer cerca de Él.

A Jesús mismo se le llama en la Biblia el Verbo, la Palabra4. Jesús es la Palabra, el Espíritu y la vida. Por eso, si quieres crecer y mantenerte espiritualmente sano necesitas tomar una ración de Él cada día, darte un buen banquete comiendo y bebiendo Su Palabra. Del mismo modo que tenemos que comer para estar fuertes físicamente, también debemos alimentarnos de la Palabra

y beber de ella para robustecernos espiritualmente.

«Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis»5. Cuando uno está espiritualmente débil, con frecuencia es porque no se ha dado un festín de la Palabra, no se ha llenado y fortalecido con la buena, saludable, nutritiva, alentadora y alimenticia verdad de la Palabra de Dios. No puedes ocuparte tanto en otras cosas que descuides tu inspiración, el alimento y sustento espiritual que necesitas y que viene de la Palabra. Hubo veces en que me hubiera desanimado terriblemente de no haber bebido en abundancia la Palabra de Dios.

Si la lees con avidez, buscando sinceramente al Señor, Él te hablará por medio de ella. Y cuanto más

entrañablemente empieces a amarla y más la estudies y te apacientes de ella, más crecerás en espíritu y más te darás cuenta de que Dios puede hablarte clara y directamente por medio de Su Palabra escrita.

A veces el Espíritu Santo nos llama la atención sobre un pasaje o un versículo y lo aplica a nuestra situación, con lo que la Palabra cobra vida. Estamos leyendo la Palabra, y el Señor le infunde vida, nos habla personalmente, nos da soluciones para nuestros problemas y responde a nuestras oraciones. En el momento en que Él nos ayuda a aplicarla a nuestra situación, de repente cobra vida. La Biblia deja de ser entonces meras palabras, palabras que nos entran en la cabeza; de pronto nos habla al corazón y la entendemos de verdad. «La enseñanza de Tu palabra da

luz, de modo que hasta los simples pueden entender» 6 .

El profeta Jeremías exclamó: «Hallé Tus palabras, y yo las comí. Tu Palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón»7. Job declaró: «En lo más profundo de mi ser he atesorado las palabras de Su boca»8. Jesús dijo: «Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará»9. ¿Cuál es esa «sola cosa» que descubrió María? Se sentó a los pies de Jesús a escuchar Sus palabras. Reposar en el Señor, sentarse a Sus pies, escucharlo y oír Su Palabra es muy necesario. Ya ves lo importante que es la Palabra de Dios.

David Brandt Berg (1919–1994) fue el fundador del movimiento cristiano La Familia Internacional. ■

«El alimento espiritual es necesario para la supervivencia espiritual.»

Dallin Oaks (n. 1932)

«La presencia de Dios nos rodea y está en todas partes. Dios posee la virtud de penetrar y entrelazarse de tal manera en las fibras del ser humano que quienes terminan envueltos en Su amorosa compañía jamás están solos.»

Dallas Willard (1935-2013)

«No somos seres humanos que viven una experiencia espiritual. Más bien somos seres espirituales que viven una experiencia humana.»

Teilhard de Chardin (1881–1955)

«Son muchos los medios por los que los cristianos se nutren y apacientan espiritualmente. Para hablarnos al corazón, revelarnos algo, acrecentar nuestra fe o alentarnos y estimularnos Dios no tiene por qué limitarse a ningún método específico. Él desea comunicarse con Sus hijos. Lo importante es que le permitamos hablarnos al corazón mediante la instrucción espiritual que leemos, y guiarnos en nuestra relación con Él y nuestra vida espiritual.»

María Fontaine, actual codirectora de La Familia Internacional ■

El efecto de un durazno

Cuando tenía ocho años, vi con mi familia un documental de la BBC acerca de un grupo de veteranos de guerra británicos que combatieron en el norte de África. A lo largo del mismo contaban sus experiencias de guerra, más que nada sobre el hambre, el miedo y las privaciones que soportaron en el camino hacia el triunfo. De aquellos conmovedores relatos, el que más se me quedó grabado fue uno bien distinto de los demás. Lo narró un caballero canoso y delicado de salud que sonreía cálidamente y contó que ¡su experiencia más inolvidable fue cuando le regalaron un durazno!

Explicó que el ejército italiano tomó a su división prisionera, y él y sus compañeros fueron trasladados a Italia. Sus captores los hicieron desfilar por la calle y se esforzaron todo lo que pudieron por humillarlos públicamente. Los transeúntes se hicieron cómplices de la humillación, burlándose de ellos, escupiéndoles y ventilando su ira y resentimiento contra ellos.

De golpe, de entre la multitud que los abucheaba, «salió una jovencita, me puso un durazno en la mano y desapareció corriendo antes que tuviera oportunidad de darle las gracias —contó el veterano—. Fue el durazno más delicioso que jamás había probado».

Aquel hombre debía de tener casi ochenta años; no obstante, los ojos le brillaban mientras relataba la anécdota de la italiana que había tenido ese gesto de bondad con él en una época de profundo odio y enemistad entre

dos países en guerra. En aquel momento de ignominia y desesperación, esa chiquilla anónima hizo frente a la presión social y le ofreció un regalo sencillo, sincero, fruto de la compasión. En lugar de considerarlo un soldado de un país enemigo, lo vio como un hombre doliente que necesitaba que lo trataran con amabilidad. El veterano se acordó muchas veces de aquel durazno a lo largo de los duros años que siguieron hasta que la conflagración tocó a su fin, y también después, cada vez que necesitaba fuerzas para aferrarse a la esperanza, para dejar atrás el dolor y el trauma de la guerra y empezar una nueva vida. Es muy posible que ella asignara escaso valor a su gesto; al fin y al cabo, no era más que un durazno. Seguramente ni soñaba que él recordaría su benevolencia el resto de su vida y que ese pequeño acto se incluiría en un documental que probablemente ha estimulado a otras personas a darlo a conocer, como yo lo estoy haciendo ahora.

El apóstol Santiago describió esa reacción en cadena cuando escribió: «Los que procuran la paz, siembran en paz para recoger como fruto la justicia»1. Promovamos todos la paz entregando duraznos de amor y misericordia, aun cuando eso entrañe riesgos o sea poco convencional, pues las semillas que sembraremos —fuerzas para el desfallecido, alegría para el apesadumbrado, amor para el que sufre de soledad— justifican el costo.

Elsa Sichrovsky es escritora independiente. Vive con su familia en Taiwán. ■

Neeraj Khosla

Como las flores

Estaba sentada en la sala de una amiga cuando me fijé en unas flores carmesí que tenía en un florero sobre la mesa de centro. Su encanto me dejó casi embelesada. Mientras contemplaba aquella hermosa maravilla tuve la impresión de oír la voz de Dios que me decía: «Quiero que seas como esas flores». Reflexionando más tarde sobre esas palabras y sobre cómo un artístico arreglo floral puede levantarnos el ánimo e inspirarnos, evoqué estas palabras de Jesús: «Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos»1

Si los lirios no se angustian, ¿por qué yo lo hago? Supongo que me pasa cuando aparto los ojos de Dios y dejo de reflejar Su luz y Su gloria. Me empeño en hacer las cosas con mis propias fuerzas. Ando con prisas, y sin darme cuenta termino yendo en la dirección equivocada. Y las cosas no resultan como yo esperaba.

Una flor reluce porque refleja la gloria de Dios. Se mece grácilmente con la brisa, sonríe a los que pasan cerca y les manifiesta el amor que Dios puso en ella. La flor no es ociosa; continuamente absorbe la luz del sol y la transforma en algo útil.

Si queremos crecer y florecer como los lirios del campo es esencial que nos mantengamos en contacto con Dios a través de la oración. Y como es natural, ¡muchas flores dan origen a frutos! Así pues, si queremos llevar fruto es preciso que absorbamos largo y tendido la luz de Dios y permitamos que Su Espíritu nos polinice. Timothy Keller escribió en su libro Every Good Endeavor: «El modo de servir a Dios en el trabajo es trabajar con un corazón agradecido, alegre, transformado por el Evangelio, sorteando todos los altibajos, bailando con el viento, sonriendo en la lluvia, muriendo a uno mismo para que otros vivan».

Neeraj Khosla es educadora e instructora. Vive en la India. ■ 1. M ateo 6:28,29

«La oración en acción es amor; el amor en acción es servicio. Procura dar incondicionalmente lo que sea que la persona necesite en el momento. Lo importante es hacer algo, por pequeño que sea, y demostrar —por medio de tus acciones, entregando tu tiempo— que te preocupas. […] Puesto que todos somos hijos de Dios, es importante compartir Sus dones. No te enfrasques tanto en determinar por qué hay problemas en el mundo; simplemente responde a las necesidades específicas de las personas. […] Nos parece que lo que hacemos no es sino una gota de agua en el mar, pero el mar sería menos sin esa gota».

Teresa (1910–1997)

AGUACATE

A mí me fascina el aguacate. Además de ser una fruta deliciosa, tiene muy diversos usos en la cocina. Eso sin hablar de sus extraordinarios beneficios para la salud: es una de las mejores fuentes de aceites naturales y de múltiples vitaminas. En Chile, donde pasé muchos años de mi niñez y adolescencia, abunda el aguacate —llamado allí palta— y forma parte de muchos platos nacionales, entre ellos diversas ensaladas, sándwiches y hasta de los completos o hot dogs. Siempre me ha impresionado que el simple hecho de agregar unos trozos de palta a una ensalada o una capa de guacamole a una hamburguesa o sándwich los transforme. Tiene la virtud de cambiar una comida corriente en un plato exquisito. Al menos así me parece a mí. El

aguacate es uno de los ingredientes fundamentales de mi dieta. Va bien con casi cualquier cosa. Es riquísimo hasta solo, como colación o tentempié. No hay más que cortarlo por la mitad, salpicarle un poco de sal y pimienta, echarle unas gotas de jugo de limón y mmm… ¡qué perfección!

Creo que lo que logra la palta —en términos de capacidad transformadora— es en cierto modo representativo de lo que nos aportan los actos de bondad y compasión. Hay muchas cosas que hacemos en el transcurso de nuestro trabajo, del cuidado de nuestra familia o incluso como simples ciudadanos responsables, que son buenas, bonitas, actos necesarios que expresan interés por los demás, pero que también se pueden volver rutinarios.

¿Te ha pasado que después de ver un mismo letrero muchas veces empieza a parecerte papel mural y ya no te fijas en él? A veces sucede eso con lo que hacemos por quienes nos rodean. Lo hacemos sin prestar particular atención, y los beneficiarios no se muestran muy agradecidos que digamos. En otras ocasiones somos nosotros los que no reconocemos ni advertimos como es debido lo que los demás hacen por nosotros. Cualquiera que sea el caso, cuando hacemos un esfuerzo adicional y añadimos un poco de aguacate —digamos que unas palabras de bienvenida o de aprecio—, se nota la diferencia. Hace poco volví a casa en autobús después de una visita de varios días a una ciudad cercana. Aunque soy una avezada viajera y tengo bastante

Jessie Richards

aguante para los trayectos largos, lógicamente prefiero sentarme en un asiento donde no tenga a nadie a mi lado. Me había acomodado en mi butaca y, aunque el bus estaba casi lleno, todavía no se había sentado nadie a mi lado. Pero como era de esperar, enseguida se acercó un joven y me preguntó si podía sentarse.

—Claro que sí, cómo no —le dije, a lo que él me respondió:

—Nunca me había pasado que alguien me dijera: «Sí, cómo no». Es estimulante.

Siempre procuro ser amable con los desconocidos —ellos lo han sido conmigo en múltiples ocasiones—, y me alegré de haber creado un bonito recuerdo para alguien.

El chico se acomodó en el asiento, y entablamos una agradable

En 1906, el economista italiano Vilfredo Pareto advirtió que en Italia el 80% de las tierras estaban en manos del 20% de la población, y que el 80% de las arvejas de su jardín provenían del 20% de las plantas de arvejas. El principio de Pareto —según el cual el 80% de las consecuencias son producto del 20% de las causas— se ha observado y estudiado en ventas y marketing, administración, tecnología, economía y otros campos.

conversación por un rato, hasta que ambos nos enfrascamos en nuestros dispositivos y nos colgamos los audífonos para distendernos. En el aire quedó una sensación de calidez y bienestar, mucho mejor que la incomodidad que uno siente cuando su codo golpea el del pasajero de al lado en el estrecho apoyabrazos. Nada de eso nos pasó. El viaje fue suave y blando, como la palta.

Seguramente habrás oído hablar del principio de Pareto, al que también se conoce como la regla del 80-20. El concepto es que alrededor del 80% de nuestra eficacia deriva de aproximadamente el 20% de nuestro esfuerzo. Me puse a cavilar sobre eso en relación con — a ver si lo adivinas— la palta. Según lo veo yo —una opinión puramente personal—, si bien la palta

Jessie Richards participó en la producción de Conéctate desde el 2001 hasta el 2012 y escribió varios artículos como redactora de la revista. También ha trabajado como redactora y editora para otras publicaciones cristianas y portales de Internet.  ■ 80–20

suele constituir el 20% o menos de una comida, bien puede representar el 80% de su rico sabor. Volviendo al tema de los gestos de consideración y bondad, creo que vale afirmar que si a un acto habitual de ayuda le añadimos unas pocas palabras y un toque personal, ese 20% de esfuerzo se convertirá en el 80% de lo que la otra persona recuerde del intercambio.

ENSEÑANZAS dE LOS FRUTALES

Hace poco me quedé fascinado al leer que los científicos aprendieron a crear productos más impermeables, tales como capotes y piezas de aviones, estudiando los surcos de las alas de las mariposas. Se me ocurrió que yo también podía aprender algo de la naturaleza y me puse a investigar los árboles frutales.

Descubrí que cada frutal tiene sus necesidades particulares en cuanto a suelo, humedad, sol y polinización. De la misma manera, cada proyecto debe estudiarse en función de sus propias características para descubrir qué da resultado en cada situación. Nos conviene averiguar cuál es la composición de la tierra y estudiar la situación de la zona en la que pensamos realizar nuestro proyecto. Por eso las empresas nuevas pagan grandes sumas a consultores que las ayuden a determinar qué dará resultado en la región en la que tienen planeado establecerse. Obtener una cosecha requiere paciencia. A un árbol le toma de 2 a 5 años dar fruto, más o menos el mismo tiempo que se requiere para establecer un negocio.

1. V. Salmo 1:3

2. V. Gálatas 5:22,23

3. h ttp://elixirmime.com

Mientras el arbolito crece, hay que protegerlo de peligros tales como insectos dañinos, fenómenos climáticos extremos, sequías, inundaciones y falta o exceso de sol. La etapa embrionaria de cualquier cosa es la más difícil. En las fases iniciales de cualquier emprendimiento es preciso prestarle atención y cuidados especiales. En todo caso es un aliento saber que a medida que el árbol crezca y eche raíces, las cosas se tornarán más fáciles.

Pasemos al tema sexy de la polinización, la reproducción de las plantas. Tiene que ver con dejar un legado, un beneficio, a la siguiente generación. La mayoría de los agricultores se valen de las abejas para diseminar el polen, aunque hay otros insectos y aves que también contribuyen. Nosotros, al igual que los botones de las flores, debemos abrirnos a nuevas oportunidades. Cuando la flor apenas se está abriendo, no tiene ninguna seguridad de que será polinizada. Sin embargo, está lista para cuando se presente la oportunidad. En primavera los frutales florecen, invitando a hacer picnics e inspirando poemas y canciones.

He descubierto que hay dos clases de frutales: los que se polinizan a sí mismos —como el albaricoquero (damasco)— y los que necesitan un polinizador externo

—como el manzano—. Pero aun entre los que se autopolinizan, se puede obtener un fruto más dulce y saludable cuando el polen procede de otra fuente. Eso podría aplicarse en el sentido de recabar la ayuda de otros para que nuestra empresa sea más fructífera. Los que tratan de hacerlo todo ellos solos se agotan pronto y se frustran. En la mayoría de los casos, para que un emprendimiento resulte eficaz es necesario trabajar en equipo.

Los productores de fruta prestan especial atención a ese aspecto plantando árboles compatibles cerca de aquellos que desean polinizar. Muchos plantan manzanos silvestres en las cercanías, pues la mayoría de las variedades cultivadas aceptan ese polen. Pese a que las manzanas silvestres son muy amargas para comer, los árboles silvestres endulzan el fruto de los árboles de las inmediaciones. La aplicación que tendría esto a nuestra realidad podría ser que las buenas ideas y los resultados productivos provienen en muchos casos de fuentes o personas inesperadas, a veces lo opuesto de lo que uno esperaría. Prepárate para unas cuantas sorpresas.

Un vecino japonés ya mayor me preguntó a mí y a varios amigos si podíamos ayudarlo con sus damascos. Estaban brotando y ya aparecían pequeños frutos.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera! En cambio, los malvados son como paja arrastrada por el viento.

Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos. Porque el Señor cuida el camino de los justos, mas la senda de los malos lleva a la perdición.

Salmo 1 (nvi)

—Donde vean que salen tres brotes de una misma rama —nos instruyó—, corten y desechen dos.

Lo que en ese momento parecía un desperdicio dio como resultado un solo fruto grande en lugar de tres pequeños. Aquel concepto se me quedó grabado. A veces diversificamos demasiado. No es mala idea concentrarnos en nuestro objetivo principal.

Para ser realmente fructíferos debemos emular a los árboles plantados junto a ríos, que dan su fruto en su tiempo1. Es preciso que obtengamos nuestro alimento espiritual de la fuente. Si fuéramos baterías de celulares, tendríamos que conectarnos a la corriente para recargarnos. Si fuéramos viñas, tendríamos que echar raíces en la tierra fértil. Como personas que somos, tenemos que extraer fuerzas y alimento espiritual de nuestra fuente, nuestro Creador. Para ello es necesario que dediquemos ratos a leer Su Palabra, meditar en ella y orar. Así comenzaremos a producir los frutos del Espíritu, que son amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio2, y seremos realmente fecundos en lo que emprendamos.

Curtis Peter van Gorder es guionista y mimo 3 . Vive en Alemania. ■

CICLOS EXISTENCIALES

«Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo»1. Esa frase encierra una enorme lección. Es muy alentadora, y en cierto modo no tanto. Independientemente de cómo te sientas en determinado momento, de qué etapa de la vida estés viviendo, es probable que en algún momento se produzca un cambio, pues como bien sabemos, una temporada sucede a otra.

Cuando el rey Salomón escribió el anterior versículo, dio muchos ejemplos de los ciclos por los que pasamos y de los cambios que puede experimentar nuestra vida:

«Un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar; un tiempo para destruir, y un tiempo para construir; un tiempo para llorar, y un tiempo para reír; un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gusto; un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas; un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse; un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir;

1. E clesiastés 3:1 (nvi)

2. E clesiastés 3:2–8 (nvi)

3. E clesiastés 3:11 (nvi)

un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar; un tiempo para rasgar, y un tiempo para coser; un tiempo para callar, y un tiempo para hablar; un tiempo para amar, y un tiempo para odiar; un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz»2 .

Una de las promesas más bellas de la Biblia se nos ofrece en ese mismo capítulo: «Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin»3.

Me gusta la parte que dice: «El hombre no alcanza a comprender». De jovencita yo abrigaba muchas aspiraciones e ideas sobre cómo debía ser mi vida. La mayoría de esas ideas eran buenas o por lo menos pasables. No solo soñaba con ser famosa o millonaria. También anhelaba poder salir corriendo a cualquier parte del mundo que necesitara ayuda. Quería socorrer a los huérfanos y erradicar la pobreza. Cuando tuviera hijos —en caso de que los tuviera—, deseaba criarlos en una aldea africana donde todos trabajáramos juntos para que la comunidad prosperara. Ese era mi deseo. De verdad me parecía un sueño perfecto, y por momentos aún me lo parece. No obstante, Dios tenía para mí un plan que yo no alcanzaba a comprender.

Todavía estoy viendo como se va plasmando. En todo caso, he aprendido lo suficiente como para saber que los

Mara Hodler

designios de Dios son mucho más trascendentales que lo que yo pueda alcanzar a entender. Me he dado cuenta de que Él está presente tanto en las épocas de siembra como en las de cosecha. Otra cosa que he constatado es que ambas temporadas son cíclicas.

El agricultor siembra cada primavera y cosecha cada otoño. Año tras año. No se altera por tener que sembrar cada año. No grita irritado: «¡Pero si hice lo mismo el año pasado! ¿Por qué otra vez?» En otoño, cuando es hora de cosechar, no se dice: «Bravo, no tendré que volver a hacer eso jamás». Sabe que el ciclo se repite cada año, y no tiene inconvenientes con eso.

De la misma manera, todos debemos aceptar los ciclos de la vida. Hay momentos para reírse y momentos para llorar; momentos para sembrar y momentos para cosechar; momentos para dar y momentos para recibir. Todo esas situaciones ocurren.

En Texas, donde vivo, las condiciones metereológicas son impredecibles. Un día anda uno en shorts ; al día siguiente saca del clóset toda la indumentaria de invierno porque se aproxima un frente frío. En los días de calor abrasador —hoy es uno de esos— es fácil olvidarse de que aquí también hay temperaturas bajo cero.

Lo mismo se puede decir de los ciclos de la vida. Cuando viene una temporada de aflicción, cuesta

recordar que también se han vivido muchas alegrías. Cuando llegan las decepciones es fácil olvidar los momentos en que todo salió sin contratiempos.

Para Dios ninguna temporada es más bonita que otra. Él puede aprovechar cada etapa de nuestra vida para hacer que se cumpla Su propósito. A veces, cuando las cosas marchan magníficamente, me imagino que Dios me está sonriendo, y en cambio pienso que una dificultad o un revés significan que he caído en desgracia con Él. No obstante, la experiencia me ha demostrado que no es así. Un gran pintor emplea colores vivos —rojos, amarillos, morados y azules— para expresar su inspiración; pero los contrasta con negros, grises opacos y blancos difuminados.

Es preciso que confiemos en el Pintor. Su obra habla por sí sola. Una y otra vez ha demostrado que efectivamente lo hizo «todo hermoso en su momento». La vida de cada uno de nosotros está marcada invariablemente por una alternancia de crestas y valles. Y ninguna fase es una excepción a la promesa de que será hermosa en su momento.

Mara Hodler ha sido misionera en Extremo Oriente y en África Oriental. Actualmente vive en Texas con su esposo y sus hijos y administra una pequeña empresa familiar. ■

el MANGO DEl CUMPLEAÑOS

Mi hijo Jonathan nació en una pequeña aldea de la India en una época en que mi marido y yo hacíamos voluntariado en ese país. Como muchos niños indios, se crio comiendo arroz, dal, chapatis y una increíble y colorida variedad de frutas tropicales que allí se expenden en cada esquina.

Aunque todavía no había cumplido los cinco años cuando regresamos a Europa, le llevó un tiempo adaptarse al nuevo entorno y particularmente a las nuevas comidas. Al principio miraba con mucho recelo su plato de fideos y analizaba minuciosamente cada uno. Siempre había sido lento para comer, pero vaya si le tomó tiempo acostumbrarse a la cocina italiana. A la postre sus recuerdos de la India y la gastronomía hindú se desvanecieron. En aquella época la globalización no era como ahora, y los únicos productos disponibles en los supermercados italianos eran los típicos del país en cada estación.

1. http://www.perunmondomigliore.org

No obstante, un día, al pasar frente a una tienda de exquisiteces recién inaugurada, vi un mango. Era bastante caro; pero como Jonathan justo estaba por cumplir 11 años, pensé que sería estupendo que pudiera saborear una de las frutas que más le gustaban de pequeño.

Lo compré, lo envolví e invité a mi hijo a dar un paseo. Nos sentamos en un banco y allí le entregué solemnemente mi regalo, mientras le comentaba que le traería recuerdos del pasado. Abrió despacito el paquete y, sosteniendo en las manos la vistosa fruta, la observó inexpresivamente por lo que pareció una eternidad.

—Mamá, perdona, pero no lo recuerdo.

Me sentí un poco desilusionada.

—Deberías probarlo. Te aseguro que te encantaba cuando eras pequeño.

Con la misma mirada recelosa con que había probado sus primeros platos italianos, le pegó un mordisquito. Luego otro, y otro. Aun así,

seguía impávido. Entonces llegó al hueso, y de golpe se le iluminaron los ojos.

—¡Ahora lo recuerdo, mamá! ¡De verdad! ¡Recuerdo que me gustaba chupar el hueso!

Muchos recuerdos más inundaron la cabeza pensante de mi muchacho. Hablamos y hablamos rememorando otros sucesos del pasado.

A raíz de ese incidente, recuerdo haber reflexionado sobre lo importante que es ser capaz de esperar un poco más cuando las cosas no parecen encajar o tener sentido. Para una madre como yo fue una confirmación más de que lo que sembremos en los primeros años de nuestros hijos nunca será olvidado. Puede que a veces parezca que sí, pero solo tienes que esperar ¡a que lleguen al hueso!

Anna Perlini es cofundadora

de Per un Mondo Migliore 1 , organización humanitaria activa en los Balcanes desde 1995. ■

Una vida con SENTIDO

Mi abuela no fue una mujer de carrera. De hecho, apenas estuvo empleada seis años en toda su vida. Cuando mis abuelos se casaron, no podían permitirse estar ambos estudiando cinco años lejos de casa. Así, aunque ella albergaba esperanzas de ir a la universidad, se quedó alojada en casa de los familiares de su marido, que lamentablemente la trataron con aspereza. Durante toda aquella época soportó pacientemente la separación de su esposo y los sinsabores que le ocasionó su familia política, sin quejarse nunca en sus cartas.

Mi abuelo luego tuvo una exitosa carrera como abogado y juez mientras la abuela se quedaba en casa cuidando de los niños, primero sus propios gemelos, luego sus sobrinas y finalmente sus nietos. Yo pasé todos los veranos, así como también varios años escolares, en casa de mis abuelos.

Hoy, a los 93 años, la abuela sigue siendo una fuente de sabiduría, un pilar en que apoyarse cuando uno necesita un poco de calma en este ajetreado mundo. Es además un recordatorio de lo que reviste verdadera importancia en la vida. Ha sido para mí un magnífico modelo que he procurado emular. Si bien actualmente rara vez puede salir de su departamento, sigue viviendo a través de mí y de cada persona en quien ha dejado una gran huella.

A veces me pregunto si es posible o si vale la pena esforzarse por ser una influencia para bien en este mundo cruel. Entonces recuerdo el aplomo, la alegría, la paz interior y el contentamiento de la abuela y me propongo dar lo mejor que tengo. Si logro que sus buenas enseñanzas y ejemplo cobren vida en mí, podré ser también una fuerza para bien.

Mag Rayne dirige una fundación de voluntarios en Croacia. ■

«Yo soy la vid; ustedes, los sarmientos. El que permanece unido a Mí, como Yo estoy unido a él, produce mucho fruto, porque separados de Mí ustedes nada pueden hacer. La gloria de Mi Padre se manifiesta en que ustedes produzcan fruto en abundancia y se hagan discípulos Míos.»

Jesús en Juan 15:5,8 (blph)

«Estén siempre llenos del fruto de la salvación —es decir, el carácter justo que Jesucristo produce en su vida—, porque esto traerá mucha gloria y alabanza a Dios.» Filipenses 1:11 (ntv)

Para que cada experiencia tenga más sentido y sea más provechosa, no hay nada como conocer a Jesús y llenar tu vida de Su Espíritu. Pídele que desde hoy te acompañe toda la eternidad: Jesús, te ruego que entres en mi vida. Ayúdame a ser un reflejo de Ti y a transmitir Tu consideración y amor a todas las personas con quienes me relacione. Amén. ■

Mag Rayne

De Jesús, con cariño

Espiritualidad sana

¿En qué se manifiesta una relación buena y constante conmigo? Lo que determina nuestra cercanía no es la cantidad de tiempo que pasas en comunión conmigo, cumpliendo tal y cual cosa. Para saber si tu relación conmigo es la debida, tienes que juzgarla por los frutos. Una relación verdaderamente estrecha conmigo se debe notar en tu trato diario con los demás, en tu manera de lidiar con las situaciones que se te presentan, en tu escala de prioridades y en las decisiones que tomas.

Si pasas momentos verdaderamente provechosos conmigo, ten la tranquilidad de que estás haciendo lo que puedes y Yo haré lo demás. A pesar de tus carencias, aun habiendo aspectos en los que podrías mejorar, confías en que te llevaré el resto del camino. Aprendes a reconocer en qué debes cambiar, pero también reconoces Mi capacidad de compensar tus faltas.

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