Academia: Colectivo de clase y con clase, amante del vinilo y adorador del exceso de lúpulo. # Septiembre 2021. Portada y disco del mes: Daniel Romano’s Outfit. Discos recomendados: Trophy Scars, Amyl and The Sniffers, Robert Jon & The Wreck y Jesse Malin. Especial: Bob Dylan “Springtime in New York”. Contraportada: T-Rex “Electric Warrior”, 50 años.
DANIEL ROMANO’S OUTFIT EN ESTADO DE GRACIA
DISCO DEL MES
DANIEL ROMANO’S OUTFIT “COBRA POEMS”
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academia septiembre 2021
S
i ha habido un protagonista musical durante esta pandemia ese ha sido Daniel Romano. El canadiense, haciendo gala de su incontinencia creativa, nos regaló el año pasado nada menos que 10 discos. Bien es cierto que la mayoría de ellos solo aparecieron en su bandcamp, por lo que, si nos ceñimos a los álbumes “oficiales”, este Cobra Poems se erige como el sucesor directo de su gran obra maestra: ese inolvidable How Ill Thy World Is Ordered que supuso la culminación de su continua evolución. Las comparaciones se tornan, por lo tanto, inevitables. Y no, el nuevo trabajo no alcanza las cotas de excelencia de su predecesor, pero no deja de ser otra demostración del gran momento artístico que está viviendo el autor y una nueva muestra de su negativa al estancamiento musical. Desde esos primeros escarceos con el country cósmico que le valieron el sobrenombre del nuevo Gram Parsons, el camaleónico Daniel ha coqueteado con el folk y la actitud arrogante de Bob Dylan, ha realizado incursiones en la psicodelia folk y pop, se ha metido en la piel de los artistas del glam y el art pop y rock, y ha ido sabiendo construir melodías que van desde los Beatles al más delicioso power pop. Se ha adaptado a lo que le pedía el cuerpo en cada momento, siempre con un sello de identidad inconfundible, hasta dar con la tecla de rodearse de una banda de acompañamiento. Sus Outfit le han dado alas. Las secciones de viento que ya asomaban la patita en sus anteriores publicaciones se han
multiplicado hasta explotar en unas orquestaciones de saxo y trompetas demencialmente adictivas. Y ha encontrado en Julianna Riolino a su compañera perfecta para envolver su voz con coros celestiales. Cobra Poems, grabado en su nuevo estudio Camera Varda, adquiere un sonido más clásico, reposado y poético. Una obra ecléctica y de naturaleza variada que recorre todo ese abanico de influencias y a la que se añade un fuerte poso a los Rolling Stones. Su alma de poeta, con esos fraseos dylanianos y su peculiar voz a lo Marc Bolan, colma un disco donde el misticismo y el glamour se van conjugando con ritmos electrizantes, melodías sensuales y seductoras, armonías cautivadoras y una orquestación que da vida a cada una de las composiciones. Un eclecticismo que lleva a que estribillos arrogantes y pegajosos como los del stoniano single “Nocturne Child” choquen con los tonos dulces y absorbentes de “Still Dreaming” o con las piezas en las que Julianna se hace cargo de las voces. Incluso se atreven con percusiones latinas en “Baby If We Stick It Out”.
«Un álbum cuidado y trabajado, más colaborativo y sin la magia ni los excesos de su predecesor, pero que consolida a Daniel Romano como uno de los mayores genios del siglo XXI»
Un álbum cuidado y trabajado, más colaborativo y sin la magia ni los excesos de su predecesor, pero que consolida a Daniel Romano como uno de los mayores genios del siglo XXI. Un camaleón insaciable cuya creatividad parece no tener fin. Y que dure. Javi GARAYO
Disco del mes
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Trophy Scars “Astral Pariah” Texto: Javier ÁLVAREZ GARCÉS
¿
Es posible que una banda de post-hardcore saque a la luz un disco que combine blues, psicoledia, prog y folk americano, en un formato indie-rock? Sí, es posible y ha ocurrido. Trophy Scars lo ha conseguido en su nuevo disco, de escasa media hora de duración pero de una intensidad sobrecogedora. Nueve canciones que se retuercen en una estructura cercana al blues, con ambientes oscuros y saturados, sólo rotos por un piano, y voces femeninas que aligeran la abrasiva carga sonora que envuelve Astral Pariah. Con la intro “Turpentine” y “Mother”, tema elegido como single, nos avisan de lo que nos vamos a encontrar en este complejo trayecto que habla de venganza, familia y sufrimiento. Pasajes tensos, de apariencia tranquila, acompañados de teclados, alternan con emocionantes descargas eléctricas y estallidos de dolor del vocalista. Casi sin solución de continuidad, arranca “Pestilent Star”, bluesy y americana, para ir incorporando elementos prog con esa fantástica guitarra solista de Ferrara que nos dibuja infecciosos solos que rompen con el mantra psicodélico en el que se transforma el tema. Sigue “Sister”, atmosférica y por instantes caótica, con Jerry Jones destrozándose la garganta al más puro estilo Waits. Imposible no citar esta referencia para describir al cantante de la banda, que transita desde un Dulli provocador hasta el viejo crooner tabernario. Three, two, one… final estremecedor. Todavía no repuestos, “Astral Pariah” nos recuerda que estamos ante un disco conceptual, no únicamente por la historia que cuenta y por sus apocalípticas letras, sino por lo cíclico de su sonido, coros, fraseos y solos de guitarra. Muchos discos conceptuales lo tienen, y éste también y muy acusado. No por ello se hace pesado o repetitivo, como tampoco ocurre con el fantástico The Hazards of Love, de Decemberists. Todos los temas tienen un elemento distintivo que los hace únicos
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dentro del hilo conductor común. En “Father (part I)”, el folk toma la palabra con un hipnótico violín y reminiscencias a Dave Eugene Edwards en sus proyectos con Wovenhand y 16 Horsepower. Rompe con esta dinámica la potente y violenta “Brother”, uno de los momentos álgidos del disco. Épica, fantástica, con frenéticos cambios de ritmo, se configura como un auténtico himno en el que la banda explota su inmenso talento hasta que, de manera abrupta, finaliza para desembocar en la segunda parte de “Father”. Desconcertantemente tranquila, progresiva, va fluyendo hacia una imposible redención paterna. Impresionante letra. Finaliza el disco con “Cosmic Suicide”. Y no es precisamente una alegre despedida. El Lou Reed más depresivo de Berlin se adorna con una orquestación decadente de viento metal. ¿A quién demonios se le podía ocurrir algo así para cerrar el disco? Terminamos tal y como empezamos: con los inclasificables y geniales Trophy Scars.
academia septiembre 2021
Amyl and the Sniffers “Comfort to me” Texto: Víctor MEDIAVILLA
U
na duda que se repite de forma recurrente es si tiene sentido hacer un disco de punk en estos tiempos en los que se impone lo políticamente correcto. Por suerte, estos 4 “cafres” australianos no se plantean estas cosas. Y nosotros se lo agradecemos de corazón. Después de un puñado de EPs y de un buen LP publicado en 2019, Amyl and The Sniffers han decidido doblar su apuesta en Comfort To Me, llevando todo lo bueno de su anterior disco a un nivel superior. Todo mejora: mejores canciones, mejor sonido, mejores guitarras, mejores letras, mejores coros. Todo es más: más macarras, más intensos, más oscuros, más versátiles. Herederos de la larga tradición de hardcore-punk de las antípodas, no costaría mucho imaginarlos sudorosos y bañados en cerveza, pogueando pasados de vueltas en un concierto de Cosmic
Psychos o The Chats, sin embargo, en Comfort To Me parece que han aprendido a levantar el pie del acelerador, mostrando una faceta más introspectiva, que se aprecia en “No More Tears” y sobre todo en “Knifey”, donde la cantante se despacha a gusto contra los comportamientos tóxicos del género masculino. Pero que no se alarme nadie, la caña sigue estando y toda esa rabia y potencia (“energy is my currency” nos recuerda Taylor en “Guided by Angels”) permanecen intactas, solo que ahora incluyen más registros, enriqueciendo notablemente el resultado final. Otro de los aspectos que más llaman la atención es el trabajo a la guitarra de Declan Mehterns, que se saca de la chistera una magnífica colección de riffs que sirven de perfecto armazón al fraseo, casi cercano al rap (no os perdáis la colaboración en el último disco de Sleaford Mods), de Amy. Y es que tenemos que hablar de Amy. Nadie habría apostado porque toda la actitud de Iggy nos la encontraríamos en un recipiente tan diminuto, pero ya se sabe lo que pasa con las mejores fragancias. Arrolladora. Carismática. Una fuerza de la naturaleza a la se le podría enchufar una dinamo y una batería para aprovechar esa energía tan preciada en estos tiempos de feroz especulación. Capaz de reírse de sí misma en “Freaks to the Front” y de parecer segura y confiada en “Don´t Need a Cunt (Like You to Love Me)” y “Laughing” como de mostrarse vulnerable en “Security” o “Maggot”. Todo empieza y termina en ella. Amyl and The Sniffers nos recuerdan que el punk no ha muerto. Comfort To Me es la última prueba de ello. No volváis a ponerlo en duda. No hagáis enfadar a Amy.
discos septiembre
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50 AÑOS DE ELECTRIC WARRIOR Marc Bolan nació siendo una estrella, era especial. Su personalidad y su estética fueron desde muy pronto diferentes a las del resto de la gente que le rodeaba. Ataviado con las diferentes telas con las que trabajaba su padre, sastre de profesión, y con su primera guitarra, conseguida a los nueve años, el niño empezó a despuntar. “I was dancing when I was out” dice en “Cosmic Dancer”, segundo tema incluido en Electric Warrior, sexto álbum de su carrera y segundo bajo la denominación T.Rex -después de acortar Tyrannosaurus Rex, anterior nombre de la banda-. Electric Warrior fue publicado el 24 de septiembre de 1971, con Mickey Finn, Steve Currie y Bill Legend en la formación, solo una semana antes de que Bolan cumpliera 24 años. La grabación del disco se llevó a cabo entre las ciudades de Londres, Los Ángeles y Nueva York bajo la supervisión del productor estadounidense Tony Visconti, con el que la banda también trabajaría al año siguiente en el extraordinario The Slider. Tras el lanzamiento de Electric Warrior, T.Rex alcanzan el estrellato absoluto y consiguen ser número 1 en ventas en Reino Unido, llenan estadios, tocan el cielo, ¡había nacido el glam rock!; poderosos riffs con melodías pegadizas y bailables en medio de una ambigüedad sexual adornada con plumas y purpurina, calzando botas de plataforma. Visconti había dado forma a las inquietudes que Marc Bolan venía mostrando en la búsqueda de nuevos territorios musicales, consiguiendo un disco perfecto, icónico e imperecedero. El adelanto del disco fue “Get It On”, editado el 2 de julio de 1971. Un éxito instantáneo con el que por fin Bolan consigue entrar en las listas de ventas de Estados Unidos, contando -según explicaba él mismo- con la inspiración del "Little Queenie" de Chuck Berry y una letra de marcado contenido sexual. Porque la idea declarada de Bolan era crear una canción que sirviera para algo más que bailar. La influencia de Electric Warrior durante la década de los setenta fue apabullante, desde The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars de David Bowie en 1972, donde el propio autor le dedica un tema a Bolan, “Lady Stardust”, hasta nuestro adorado musical de culto The Rocky Horror Show de Richard O’Brien en 1973. Un álbum que llegó para marcar una época en la música popular y a toda una generación de jóvenes con ganas de experimentar y de pasárselo bien. Una obra excepcional que convirtió a Marc Bolan en un icono. Y es que quizá estemos hablando del disco más sexy de la historia del rock. Javier CANDEL
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academia septiembre 2021