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Revista Aapresid N° 243

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ESPECIAL

Girasol

Edición n°243 Julio 2025


SUMARIO 243

CIENCIA Y AGRO

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REVISTA AAPRESID

Agricultura 5.0: tecnologías emergentes para una producción sostenible e inteligente

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BIOTECNOLOGÍA

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Aplicación de Biochar en suelos

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CALENDARIO AAPRESID Eventos del mes


Las ideas se comparten. El futuro se transforma.

Actividades destacadas REMATE televisado de Hacienda CONSIGNATARIA: RONDA DE NEGOCIOS para conectar productores con las empresas líderes

Algunas charlas destacadas Agro del futuro: ¿Cómo será producir en un entorno más complejo? Roberto Bisang y Pablo Mercuri

IA y Machine Learning en Pronósticos: Entre realidad y expectativa Walter Sosa Escudero

Medición de la degradación del suelo: Desafíos actuales y soluciones prácticas - Silvia Imhoff y Elke Noellmeyer Cultivos de cobertura y margen bruto: ¿Qué estamos haciendo para promover su implementación? - Pablo Talano, Veronica Seuer y Etelvina Gesualdo Bionegocios: Las herramientas que potencian tu inversión Pablo Sonzogni, Jimena Estrella y Maximiliano Bordas


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EMPRESAS SOCIAS


STAFF Dorrego 1639 Piso 2 Of. A Tel. 0341 426 0745/46 aapresid@aapresid.org.ar www.aapresid.org.ar

EDITOR RESPONSABLE Marcelo Torres Presidente de Aapresid

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RELACIONES INSTITUCIONALES

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Elisabeth Pereyra Laureana Uboldi

La publicación de opiniones personales vertidas por colaboradores y entrevistados no implica que sean necesariamente compartidas por la dirección de Aapresid. Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos sin autorización expresa del editor.


CIENCIA Y AGRO

Agricultura 5.0: Tecnologías emergentes para una producción sostenible e inteligente La Agricultura 5.0 promueve la sostenibilidad al minimizar el uso de insumos químicos y reducir el impacto ambiental de las prácticas agrícolas. La integración de tecnologías avanzadas permite una producción más limpia y eficiente, alineada con los objetivos de desarrollo sostenible y la seguridad alimentaria global.

Por Dr. Hugo Permingeat Comité de Prospectiva Tecnológica de Aapresid

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La Agricultura 5.0 (Ag5.0) se perfila como la siguiente gran transformación del sector agropecuario. Más que una evolución, representa un cambio de paradigma al integrar tecnologías emergentes con un enfoque centrado en la sostenibilidad, la automatización inteligente y la colaboración entre humanos y máquinas. A diferencia de la Agricultura 4.0 —centrada principalmente en sensores, drones y conectividad—, la Ag5.0 incorpora tecnologías avanzadas como inteligencia artificial (IA), robótica colaborativa, análisis de big data, Internet de las Cosas (IoT), cadena de bloques (blockchain), computación cuántica y redes 6G. Estas herramientas no solo permiten tomar decisiones más precisas y eficientes, sino que también abren la puerta a una producción resiliente frente al cambio climático, la escasez de recursos y la variabilidad de los sistemas productivos.


Dos publicaciones recientes (tTaha y col, 2025; Bissadu y col, 2025) describen y analizan la integración de estas tecnologías y proyectan su aplicación en una producción sostenible e inteligente. Algunos detalles destacados se discuten en los próximos párrafos:

Un monitoreo inteligente desde la siembra hasta la cosecha Uno de los ejes de la Ag5.0 es el monitoreo continuo y automatizado de los cultivos. Desde la germinación hasta la cosecha, cada etapa puede ser seguida en tiempo real mediante IA y algoritmos de aprendizaje automático. Esto permite evaluar la calidad de la semilla, antici par enfermedades, gestionar el riego con precisión y predecir rendimientos con un grado de exactitud sin precedentes. Las plataformas digitales integradas facilitan el procesamiento masivo de datos agronómicos, climáticos y económicos, brindando a los productores herramientas para tomar decisiones rápidas y fundamentadas. En este sentido, el uso de sistemas autónomos y drones equipados con visión computarizada o sensores multiespectrales ya permite identificar déficits nutricionales, estrés hídrico o ataques de plagas antes de que sean visibles a simple vista.

Tecnología al servicio de la sostenibilidad La Ag5.0 pone especial énfasis en reducir la huella ambiental del agro. Al optimizar la aplicación de insumos y automatizar procesos, se minimiza el uso innecesario de agua, fertilizantes y agroquímicos. Esto no solo reduce costos, sino que también mejora la salud del suelo y la biodiversidad. Tecnologías como los gemelos digitales —réplicas virtuales de parcelas que integran datos del clima, sensores, historial productivo y logística— ayudan a simular escenarios y planificar prácticas más sostenibles. Por su parte, el IoT agrícola permite el seguimiento remoto de variables como humedad del suelo, temperatura, radiación solar o velocidad del viento, lo que habilita una agricultura más reactiva y menos dependiente de la intuición. Al conectarse con plataformas en la nube, esta información es accesible desde cualquier lugar y en todo momento. La IA actúa como cerebro del sistema, facilitando decisiones automatizadas: desde el momento óptimo de siembra, hasta la recomendación específica de nutrientes o el diseño de calendarios sanitarios adaptados al comportamiento esperado de enfermedades.


Las tecnologías que hacen posible la Agricultura 5.0

Nuevas oportunidades laborales y transformación del perfil agropecuario

Varias herramientas emergentes sustentan esta nueva revolución agrícola:

Uno de los grandes aportes de Ag5.0 es su potencial para generar empleo calificado en el campo. La automatización de procesos rutinarios no elimina puestos de trabajo, sino que cambia su naturaleza: se demandarán técnicos capaces de programar sensores, analizar datos, mantener sistemas robóticos o interpretar modelos predictivos. Esto representa una oportunidad para revitalizar el sector, atraer a jóvenes y profesionales digitales, y modificar la imagen tradicional de la agricultura como una actividad exclusivamente manual.

Robótica colaborativa (cobots): se integran al trabajo humano para realizar tareas repetitivas o peligrosas, mejorando la productividad y la seguridad.

Redes 6G: ofrecen mayor velocidad de transmisión de datos y menor latencia, facilitando la conectividad de miles de sensores en el campo.

Blockchain: garantiza trazabilidad en toda la cadena productiva, desde el lote hasta el consumidor final.

Además, la Ag5.0 permite desarrollar productos agroalimentarios personalizados y servicios más ajustados a las preferencias del consumidor, lo que mejora la competitividad del sector y genera valor agregado.

Big data y computación en la nube: habilitan el almacenamiento y análisis de grandes volúmenes de datos agropecuarios.

Obstáculos técnicos y sociales que aún persisten

Computación en el borde (edge computing): procesa la información directamente en el sitio, reduciendo tiempos de respuesta.

A pesar de su enorme potencial, la adopción masiva de la Ag5.0 enfrenta importantes desafíos. Uno de ellos es la ciberseguridad: al depender de datos sensibles y conectividad permanente, las explotaciones agrícolas están expuestas a riesgos como hackeos, accesos no autorizados o fallas de red.

Tecnología cuántica (en desarrollo): promete una revolución en la detección de contaminantes, predicción meteorológica y modelado de sistemas complejos. Todas estas tecnologías, al operar de manera integrada, permiten sistemas agrícolas más resilientes, eficientes y adaptativos.

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Otro reto es la brecha de conocimiento e infraestructura, especialmente en zonas rurales o entre pequeños productores, donde el acceso a conectividad, capacitación y equipamiento aún es limitado. Además, algunas tecnologías —como la computación cuántica o los sensores cuánticos para calidad de suelo y agua— aún se encuentran en etapa experimental y requieren estándares que aseguren su aplicación práctica en entornos productivos reales.


Finalmente, la falta de estandarización y compatibilidad entre plataformas puede dificultar la integración de sistemas y generar dependencia de proveedores tecnológicos específicos. Otros autores (Haloui y col, 2024; Razak y col, 2024) plantean que el desarrollo de la Agricultura 5.0 es posible gracias a una evolución de la industria, que también fue superándose en

versiones avanzadas hasta llegar a la Industria 5.0. Esto refleja la integración de tecnologías avanzadas con un enfoque centrado en el ser humano. Este paradigma agrícola se basa en la colaboración entre humanos y máquinas inteligentes, otra vez, buscando optimizar la producción agroalimentaria de manera sostenible y eficiente.

Conclusiones La Agricultura 5.0 representa un salto cualitativo en la forma en que concebimos, gestionamos y producimos alimentos. Con tecnologías que permiten monitoreo en tiempo real, toma de decisiones automatizada y prácticas más sustentables, se abre una nueva etapa para el sector agropecuario, más eficiente, resiliente y atractivo para nuevas generaciones. Para que esta revolución tecnológica cumpla su promesa, será clave invertir en capacitación, infraestructura, normativas de seguridad y estrategias de democratización del acceso. Solo así será posible garantizar que la Agricultura 5.0 no sea una tecnología de nicho, sino una herramienta transformadora al servicio de la seguridad alimentaria y el desarrollo rural. En resumen, la Agricultura 5.0 representa una transformación significativa del sector agrícola, impulsada por los avances de la Industria 5.0. Al combinar tecnologías emergentes con un enfoque centrado en el ser humano, esta nueva era agrícola busca mejorar la productividad, la sostenibilidad y la resiliencia del sistema agroalimentario frente a los desafíos actuales y futuros.

REFERENCIAS

Consulte las referencias ingresando a www.aapresid.org.ar/blog/revista-aapresid-n-243


BIOECONOMÍA

Aplicación de Biochar en suelos El principal uso del Biochar agrícola es como enmienda orgánica agregada al suelo. Sin embargo, es fundamental alinear los objetivos buscados con la combinación de propiedades acordes para cada situación.

El Biochar está actualmente en pleno auge, cada año se publican más artículos de investigación y experiencias sobre parámetros de elaboración, uso de diferentes biomasas para pirólisis, efectos de su aplicación en diferentes producciones, beneficios y hasta perjuicios entre otros tópicos. Según la International Biochar Initiative (IBI), el crecimiento de las publicaciones científicas ha sido exponencial, existiendo una variedad de aplicaciones como ser componente de sustratos, soporte de microorganismos, componente de dietas en rumiante, etc. Sin embargo, la mayor parte de las publicaciones se focalizan en el uso de Biochar como enmienda edáfica, lo que sería (en principio), su principal destino agropecuario.

Autor: Ing. Agr. (Dr.) Garay Maximiliano (Depto. Agronomía, Universidad Nacional del Sur)

Esto constituye una gran ventaja, dado que actualmente hay muy pocas experiencias locales y los recursos bibliográficos nos permiten prever algunos resultados. La producción agropecuaria es un sistema altamente complejo, donde los diferentes factores productivos como el clima, suelo, cultivo, manejo, etc. interaccionan constantemente durante el ciclo productivo (figura 1). En este sentido, el Biochar complejiza aún más estas interacciones, dado que, como se ha mencionado en la nota previa (Revista AAPRESID 239), existen diversos tipos de Biochars que se pueden utilizar en diferentes ambientes o situaciones para lograr los objetivos buscados.


Figura 1: Clima, suelo, manejo y biochar como componentes de la producción y sus interacciones. Fuente: Elaboración propia.

“No hay un Biochar, hay Biochars que resultan de la combinación de distintas fuentes de biomasa, parámetros de pirólisis y postratamiento. Cada tipo de Biochar será apropiado para diferentes objetivos.” Si consideramos las problemáticas de los suelos en el país, vemos que los mismos han sufrido un desmejoramiento progresivo a través del tiempo en función de la zona concreta, la intensidad y tipo de uso predominante. Actualmente, se estima que entre un cuarto y la

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mitad de la materia orgánica ha sido perdida en los suelos bajo producción respecto de su situación natural. Manejos sin suficiente reposición de nutrientes y procesos erosivos eólicos e hídricos, han sido las principales causas del fenómeno. Adicionalmente, existen procesos de degradación física que son facilitados por un menor contenido de materia orgánica edáfica y un tránsito de maquinarias cada vez más intensivo. En ese sentido, una gran parte de la superficie productiva argentina calificaría potencialmente para el uso de Biochars para distintos fines, entre los que se destacan el incremento del C orgánico, de la provisión de nutrientes, de la actividad biológica, disminuir su nivel de compactación, neutralizar la acidez y aumentar la productividad entre otros.


En función del amplio abanico de Biochars posibles, es necesario agruparlos de alguna manera, siendo la biomasa de origen, un criterio ampliamente usado debido a la influencia sobre las características finales de la enmienda. Algunos valores medios de superficie específica, capacidad de intercambio catiónico, pH, conductividad eléctrica, contenido de C, ceniza y

relación C/N se muestran en la figura 2 para Biochars elaborados a partir de distintas biomasas. En función de esta gran variabilidad e interacciones, resulta interesante repasar algunos de los usos más comunes de los distintos tipos de Biochars en el ámbito agropecuario con la intención de ajustar expectativas respecto de los resultados esperados.

Figura 2: Propiedades fisicoquímicas básicas de Biochars elaborados a partir de diferentes biomasas. Fuente: Elaboración propia en base a datos de Ippolito 2020.

El incremento del nivel de C orgánico representa el objetivo más directo de la enmienda edáfica con Biochar. Para ello, los Biochars más recomendados deberán contar con alta concentración de C fijado, idealmente mayor al 70%, acompañado de una baja relación entre los elementos hidrógeno y oxígeno con el C (relaciones H/C y O/C). Las fuentes de biomasa más apropiadas para ello son las lignocelulósicas, es decir, derivados de la industria forestal y aserraderos, restos de madera, cáscaras (de girasol, almendras o maní, por ejemplo) y rastrojos. Por otra parte, el proceso debería ser de pirólisis

lenta y con temperaturas objetivo mayores a los 550 °C. Esta combinación de factores resulta en Biochars muy estables en el tiempo, con una permanencia media estimada superior a los 100 años, y en algunos casos, sobrepasan los 1.000 años, otorgándole una larga vida al secuestro de C en esta modalidad. Para la acumulación de C orgánico en el suelo, es importante destacar que un exceso en la dosis de Biochar podría ser contraproducente. Si se adiciona más del doble del C contenido en la materia orgánica nativa, varias experiencias


muestran que es muy probable un incremento importante en la respiración del suelo y la emisión de CO2, devolviendo una parte significativa del C a la atmósfera. Sin embargo, estos niveles de enmienda son difíciles de alcanzar, especialmente en producciones extensivas, dado que para una capa de 10 cm de espesor

de suelo y un contenido de 3 % de materia orgánica, sería necesario incorporar más 5 toneladas por hectárea de Biochar con un contenido de C fijado del 80%. En producciones intensivas en cambio, la probabilidad de incorporar grandes cantidades aumenta, siendo recomendable integrarlo en un espesor mayor de suelo.

Las características cualitativas más importantes de los Biochars destinados a incrementar el C orgánico del suelo son una elevada proporción de C fijado y bajas relaciones H/C y O/C. Figura 3: Proceso de carga de Biochar en un equipo desparramador. Fuente: USBI, fotografía de Ann Powers.

La utilización de Biochar como fuente de nutrientes plantea una necesidad diferente, ya no busca incorporar C en forma prioritaria, sino que son otros elementos como el N, el P y/o cationes básicos como K, Ca o Mg los que revisten mayor importancia. En ese sentido, las biomasas lignocelulósica plantean una desventaja en comparación a otras como estiércol, cama de criaderos, restos orgánicos de frutas y verduras, subproductos agroindustriales, etc., los que poseen un mayor contenido de estos elementos nutrientes y por ende serían las recomendables como enmiendas fertilizantes o neutralizantes de la acidez del suelo. En el caso de la aplicación de Biochar solo, la fertilización con N, la más utilizada en Argentina, requiere prestar especial atención a ciertas características y conlleva algunas complicacio-

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nes. La concentración de N, principal parámetro a tener en cuenta para este fin, son bajas en las biomasas comúnmente carbonizadas y adicionalmente existen pérdidas durante el proceso de pirólisis. Esto resulta en un nivel final de N bajo, por ejemplo, un Biochar elaborado con estiércol aviar (uno de los más altos en N), posee alrededor de 3% de N y es considerado como relativamente rico. Adicionalmente, el nivel de pH del Biochar y del suelo resultan fundamentales, dado que gran parte del N agregado podría perderse por la volatilización de NH3, la cual se incrementa con condiciones alcalinas. En la práctica, pH<8 son recomendables para el Biochar, así como un contenido de cenizas menor al 15%. Ambas características son comunes de obtener en pirólisis de temperaturas inferiores a 400 °C.


En cuanto a las emisiones de óxido nitroso (N2O), un gas con unas 300 veces el potencial de calentamiento atmosférico respecto del CO2, el agregado de biochar tiende a disminuirlas. Una menor densidad aparente y mayor espacio poroso son efectos frecuentes de la aplicación de esta enmienda, lo que redunda en condiciones menos favorables para la generación del indeseable N2O. En función de un mayor aporte de nutrientes, una alternativa es combinar Biochar con otros enmiendas o fertilizantes. Al combinar Biochar con fertilizantes inorgánicos (especialmente los ricos en N), se aportan los nutrientes buscados, pero pueden ocurrir reacciones imprevistas como una mayor volatilización de amoníaco (por ejemplo con urea), o mayor lixiviación de nitratos. En general es mucho más beneficioso complementar Biochar con compost respecto de Biochar + fertilizantes inorgánicos, dado que se complementan muy bien favoreciendo la actividad microbiana en general, a la vez que en ambos casos hay aportes tanto de macro como de micronutrientes. En contrapartida, los tenores de elementos puntuales como N o P, son menores en las enmiendas orgánicas respecto de fertilizantes inorgánicos, especialmente para los macronutrientes. La combinación Biochar+compost es muy recomendable, tanto para la provisión de nutrientes como para otros fines. En este sentido hay dos variantes principales, generar ambos productos por separado y luego combinarlos al momento de aplicarlos, o bien la incorporación de Biochar al inicio del proceso bioxidativo de compostaje, dando lugar a un producto diferente al anterior. En este sentido, el método más utilizado es el primero, combinar Biochar con compost ya maduro. Esta estrategia es sumamente beneficiosa en cuanto a que el compost suma mayor carga de nutrientes, materia orgánica degradable en el mediano plazo y microorganismos benéficos complementando muy bien las bon-

dades del Biochar. Si bien existen diferentes resultados, la mayor parte de las experiencias indican que esta asociación es sinérgica, dando resultados superiores en distintos parámetros productivos al uso de Biochar solo, compost solo o fertilizantes inorgánicos. Por otro lado, la alternativa del co-compostaje de residuos orgánicos y biochar, facilita el proceso, mejorando la aireación y nivel de humedad de la mezcla lo que redunda en una fase termofílica más sencilla de alcanzar y estable durante más tiempo, incrementando la calidad sanitaria de la composta. Generalmente se realiza una mezcla que contenga residuos orgánicos y entre un 10 a 25 % de Biochar (p/p). Esta técnica también disminuye la emisión de gases con efecto invernadero y amoníaco durante el proceso y genera alteraciones beneficiosas en el Biochar. En general, el co-compostaje posee mejores resultados y sinergia respecto de la combinación de Biochar+compost elaborados por separado. A la vez, ambas opciones poseen una huella de carbono reducida, son ambientalmente mucho más amigables y seguros respecto del uso de fertilizantes inorgánicos y puede contribuir a acortar circuitos logísticos colaborando con una economía circular local. Más allá de los aspectos químicos del suelo, los resultados muestran que el agregado de muy altas dosis de Biochar (30 a 200 Mg ha-1) también generan efectos positivos en parámetros físicos como porosidad total, la conectividad entre poros, densidad aparente y capacidad de retener agua útil entre otros. Estos efectos son


mucho mayores en suelos arenosos (>75% arena) respecto de suelos más finos (>30% arcilla). Un análisis de 72 estudios a campo, indica que la capacidad de almacenamiento de agua útil puede incrementarse en promedio un 32% en suelos gruesos y 9% en suelos finos, mientras que los suelos francos muestran un efecto intermedio. Estas diferencias surgen como consecuencia de las distintas granulometrías predominantes en cada caso. En suelos arenosos, las partículas finas de Biochar ocupan los espacios libres en los macroporos, disminuyendo el tamaño de los mismos y reduciendo así la pérdida de agua gravitacional e incrementando la retención hídrica. En suelos de texturas finas en cambio, la proporción de macroporos es mucho menor, generando la diferencia de respuesta entre suelos. En relación a esto, la conductividad hidráulica, es decir el caudal de agua que percola en el suelo, decrece en suelos arenosos y aumenta en suelos arcillosos, lo cual es positivo en ambos casos, dado que este parámetro es excesivo en los primeros e insuficiente en los últimos, generando encharcamientos y la posibilidad de escurrimiento y erosión en situaciones con pendiente.

Los principales parámetros de calidad para el Biochar de uso agropecuario son: pH, CE, %C, %N, C/N, % ceniza, relaciones H/C, O/C y ausencia de fitotoxicidad.

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En el mismo relevamiento se vio que los mejores efectos en las propiedades físicas se obtuvieron con Biochars elaborado a partir de residuos lignocelulósicos (subproductos de madera, podas, etc.) y en menor medida con biomasas de rastrojos o residuos de cosecha, mientras que los elaborados a partir de residuos animales exhibieron menores efectos. Adicionalmente, las enmiendas con alta superficie específica (>300 m2 g-1) y granulometría menor a 2 mm fueron las más efectivas, particularmente en el incremento de la capacidad de almacenamiento de agua útil. Más allá de los efectos observados, no hay que perder de vista la magnitud de las dosis, las cuales son excepcionalmente altas y prohibitivas para la mayor parte de las aplicaciones (30 a 200 Mg ha-1), incluso en cultivos intensivos de alto valor. Adicionalmente a las restricciones económicas, hay diversos antecedentes de efectos biológicos negativos en la microbiota y crecimiento vegetal con altas dosis de Biochar, por lo cual las dosis extremas deben ser probadas en forma experimental antes de ser plasmadas en producciones reales.


En función de toda esta información, resulta sencillo entender la necesidad de priorizar la estrategia de “las 4C”, es decir utilizar el biochar correcto, aplicarlo para la producción u objetivo correcto, en el momento correcto y en la dosis correcta. Mientras que el objetivo y momento dependen de cada producción y manejo puntual, la dosis puede variar enormemente y el tipo de Biochar estará limitado en función de la oferta. Respecto de la dosis, las cantidades mencionadas en la bibliografía corresponden a ensayos experimentales y no son aplicables en producciones convencionales, especialmente aquellas que superan los 5 a 10 Mg ha-1. En ese sentido, hay que ajustar la expectativa a una situación real con dosis de 1 a 5 Mg ha-1, las cuales se pueden administrar estratégicamente. Una alternativa podría ser reemplazar una única aplicación de gran cantidad por aplicaciones anuales o bienales con cantidades moderadas de Biochar a fin de minimizar el costo de la labor. De esta manera se plantea una dosis objetivo a cubrir a lo largo de un lapso de tiempo, repitiendo dosis por hectárea más acotadas. Esto facilita enormemente la adopción de la tecnología, simplificando la compra, logística y almacenamiento del Biochar, además de permitir la combinación de la aplicación con la de otros insumos como el compost y fertilizantes inorgánicos, volviendo la práctica más eficiente y sostenible a nivel de predio. Respecto de la disponibilidad, en el ámbito local la oferta de Biochar se encuentra en una fase inicial, con varios productores localizados en el centro-norte del país apostando a un futuro prometedor. Iniciativas como la de Biochar Argentina intentan agrupar a los actores y darle un marco a este bioinsumo tan polifacético. En este sentido, Jornadas virtuales como la de

REFERENCIAS

“Biochar en Argentina: un camino por recorrer” y “Biochar en Marcha: casos prácticos inspiradores” pueden verse en youtube y resaltan la actividad de los productores locales y regionales a la vez que generan un punto de encuentro común. En conclusión, este bioinsumo tiene amplia aplicabilidad en la actividad agropecuaria y múltiples beneficios ambientales, sólo falta conectar las necesidades productivas y ambientales con las oportunidades, fomentar el establecimiento de experiencias locales a campo apuntando a un desarrollo de mercado que permita el crecimiento armónico de todos los actores bajo un paradigma de sustentabilidad y acompañamiento gubernamental.

Figura 4: Logo de Iniciativa Biochar Argentina

Consulte las referencias ingresando a www.aapresid.org.ar/blog/revista-aapresid-n-243


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