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A ANTE CONTRA número 0 // 1/2

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número 0

junio 2025

a, ante, contra

Si estás leyendo este texto es porque he superado el zusto interno cuando pienso que realmente en mi interior, yo quiero escribir sobre esto. Salir de varios armarios, ser polifacética hasta en lo identitario, hablar sobre ello con otras personas, pensar entre todes si no es redundante en sí mismo decir eso, que siempre se es de muchas formas; por supuesto que una persona es muchas cosas a la vez y se va conociendo mientras crece.

Si estás leyendo, entonces he conseguido conversar conmigo misma y he atendido a las voces que me dicen que, ante todo, quiero hablar de la sorpresa que supone redescubrirse, y de la crisis que supone, de la sorpresa y la alegría y el miedo y el extrañamiento. De como nadie

(a mi alrededor al menos) habla abiertamente y sin complejos de las cosas que aprendió a los 34, a los 45, a los 60, a los 78. Necesito hablar de lo que he aprendido tras pensar que era una persona y luego ver cómo me salen matices a quien creía que era.

Si estás leyendo es porque he pasado de tomarmelo como un zine personal, que habría sido igual de importante (cualquier forma de creación lo es), pero habría sido otra cosa. Habré sobreescrito lo que ya tenía planteado para darle un sentido y un tono distintos, para plantearmelo como un proyecto más allá, como las revistas que me encandilaron hace un año en un proceso de investigación sobre gráfica reivindicativa LGTBIAQ+ en España. En ellas noté como históricamente

en este pais ha faltado ruido por parte de algunas letras del colectivo, y no se ha atendido correctamente a otras, por mucho ruido que hicieran.

Si estás leyendo es también porque le he puesto nombre a la idea y me he quedado conforme. A ANTE CONTRA son tres prefijos, no elegidos al azar, que pretenden ser el nombre de un proyecto que ojalá en un futuro sea colectivo, pero que ahora mismo se escribe en primera persona. Intuyo los beneficios de escribir en singular, y pretendo usar la primera persona todo lo que pueda para introducir el zine/revista/pdf desde mí, pero proyectando hacia el plural, en busca del plural.

En este número 0 de A, ANTE, CONTRA, revista autoeditada queer que casi llegó a llamarse

A, ANTE, BAJO, CONTRA hasta que me di cuenta de que “bajo” es una preposición y no un prefijo:

1. Introduciendo A ANTE CONTRA, pág 3-10

2. Las letras, los prefijos y los prejuicios, pág 11-13

3. Contrasexualidades, p. 14

4. Fuentes y bibliografía

Una clase de lengua

Los prefijos son añadidos que se adhieren a las palabras para dotarlas de significados más complejos, como aditivo de información al morfema principal. Un morfema es una unidad de significado, que por sí misma contiene información, y sobre la que se construye o deconstruyen significados. Es decir, un prefijo añade un matiz al concepto central que encierra una palabra. En la página anterior he usado unoa cuantos ;)

pre-fijo poli-facética ad-hieren sobre-escrito en-cierra de-construyen

Coordinación, arte y textos

Conchi Tabares Fernández a.k.a Conchipcion en redes sociales

Hay muchas preposiciones y algunas con significados parecidos. A ANTE CONTRA, como nombre, se come deliberadamente varios prefijos de la típica lista escrita en orden alfabético, no porque no quepa nadie más, ni porque no queramos estar junto con algunas preposiciones, sino porque el naming es una herramienta más de la construcción de marca, y una es de formación diseñadora, pero sobre todo estratega. Pa ser eficientes, a veces, es necesario ir al grano, y, en esta ocasión, el grano lo da el ir a la contra.

Yo personalmente no creo que

y en sí el ir a la contra sin razón no es que me represente. Lo que sí que creo que me representa es ir al matiz, algo intrínseco a los prefijos. “Contra” presenta un matiz muy potente que genera debate y preguntas, cuando se le coloca en una palabra. Ocurre en el caso de la cultura y la contracultura; las relaciones de ambos conceptos son interesantes de analizar y a día de hoy no existe lo uno sin lo otro aunque s eopongan. En la sexualidad e identidad, me parece que puede ser un prefijo que puede ser usado como enfrentamiento a aquellas que son regurgitadas por el sistema.

Dentro de muchos espacios queer/cuir/kuir

he estado observando que se están “estandarizando” experiencias queer; se habla de experiencias adolescentes, o en tus 20s como tarde, historias que se dan como compartidas por todes o por una gran mayoría y en las que si no entras no eres tan queer. La forma de expresarse hablando o vistiendo, la forma en la que una persona se enfrenta a un conflicto, se relaciona con sus amigues, se relaciona con sus parejas, sus emociones, el ritmo de las mismas, la frecuencia de los líos, la intensidad. Se dan por hecho y se continua con el temario y si alguien tiene alguna duda se le levanta un poco la ceja...

Por un lado, se han creado otredades dentro de las otreda-

des. Por otro lado, se entiende la identidad como algo estático y estandarizable, de forma que en cuanto aparece una persona que comenta abiertamente cuestiones que rozan varias identidades, abrazan lo híbrido, o abre caminos no planteados por la mayoría, no es bien recibide.

Es, bajo mi punto de vista, una de las razones por las que el mo vimiento en España es tremen damente blanco. No se concibe a nivel colectivo que alguien, racializade (cada une con las experiencias y culturas que le atraviesen o le apelen), migrante (cada une de su lugar de origen y con sus relaciones complejas), o hije de migrantes, de sitios rurales, de familias con dinamicas distintas a la norma, sean queer. No se concibe y no se les espera, no se les escucha cuando aparecen, y cuando se van se les critica.

Es también la razón por la cual muchas personas (blancas, racializadas, europeas, españo las, o migrantes) no se plantean conceptos más allá de las letras LGTB, no se plantean la com plejidad de sus relaciones, los diferentes factores que pueden estar tomando partida, ni están abiertos a ello cuando alguien a su alrededor sí se lo plantea. Don’t get me wrong, tiene sentido que en esta búsqueda de comunidad sea motivo de celebración las cosas en las que nos parecemos, que sea motivo de conexión aquello que hemos experimentado de forma similar, pero ello no debe ser una puerta cerrada a otras experiencias.

ella, y que encontremos formas de ser productives desde estos lugares disidentes.

A ANTE CONTRA nace de entender la necesidad de ampliar matices en colectivo y como individuos. Los propios y los de los demás.

Vergüenza y orgullo

Y es de hecho el dejar la puerta cerrada a otras experiencias lo que nos lleva a no ser capacesde captar matices o dejar crecer a otras personas a nuestro alrede dor de formas que no esperába mos en un inicio. Al sistema le es tremendamente conveniente que busquemos normalizar, acercar a la norma, aquello que se sale de

Traducción propia: “Casi no escribo este libro. Por un momento, antes de firmar el contrato, me pregunté si yo sería la persona indicada para enfrentar un proyecto que, bajo mi punto de vista, era tan relevante. Sabía que era asexual, no tenía ninguna duda al respecto desde el instituto, pero sentía que les debía a mis editores e incluso mis lectores, que no estaba del todo cómode con esa realidad. No lo había “asumido” (en el lenguaje que usaba entonces); no sabía cómo podría ser posible ser asexual y tener un futuro. Pensé: ¿la persona que escribiese este libro no debería ser alguien que no cargase aún con la vergüenza de la que yo no

me he liberado aún?”

No sé cómo comenzar a escribir sobre asexualidad sin hablar de experiencias personales, y la realidad es que no quiero explicar más allá de lo necesario. Primero, porque me niego a entrar en esta dinámica de dar explicaciones sobre por qué cada persona se identifica con una etiqueta; seguimos sin pedirle razones de su cisheterosexualidad a la gente. Esto de levantar la ceja cuando alguien comenta que es algo que no encaja no ocurre solo con personas cishetero no informadas de estas cosas, porque entre personas queer también se dan situaciones incómodas en las que se empuja a exponer cuáles son tus vivencias para darte un permiso para estar. Por desgracia, la norma (la alocisheteronorma, pero la llamaremos norma) construye mitos alrededor de la sexualidad y propugna una serie de estándares que incluso aquellas personas que la hemos detectado y que estamos en contra suya podemos ser capaces de reproducir.

Por lo tanto, no, no voy a hablar de mis experiencias sexuales para justificar ninguna etiqueta, porque prefiero hablar de experiencias vitales que me llevaron a sentir orgullo por ellas.

Creo que la vergüenza es un sentimiento bastante transversal a la experiencia queer. Puedes sentirla tú, tenerla interiorizada y que tome partido en tus decisiones de tu día a día, pueden sentirla otras personas a tu alrededor, proyectar en ti algo con lo que no están de acuerdo o que no comprenden de sí mismes. El zusto, el miedo, va por otros caminos, aunque es

común que se relacione con la vergüenza, o ese es mi caso al menos. El orgullo es un término cargado de poder precisamente cuando no hace de escudo ni es contrario a una experiencia llena de vergüenza o de miedo, sino que lo toma y los usa de apoyo para construir una existencia plena. La vergüenza pasa a ser confianza tras comprender sentimientos complicados, y el orgullo nace de una nueva forma de entenderse en el mundo, una forma con la que nos sentimos alineados.

Yo me enfrenté a la etiqueta de bisexual con apenas 14 años y tras muchas búsquedas en internet, allá por 2014, y tuve la suerte de tener a mi alrededor a amigos con los que pude comentarlo, que comprendieron que la pasión adolescente que sentía por la lucha LGTBIQA+ estaba efectivamente fundamentada en algo más que los derechos humanos. No quiero generalizar la experiencia queer de los 2010-2020 porque creo que lo mío fue suerte, pero entender que era bi me fue fácil precisamente porque fueron tiempos de activación social por parte de divulgadores y comunicadores en redes sociales haciendo activismo digital que causaba mucho impacto, y también que muchas personas del mundo de la música o el cine salieron del armario al público. Nombres como Melo Moreno, Daniel Valero, Elsa Ruiz, Darío Gael, o personas de fuera de España como Alok Vaid-Menon,

Miley, Sam Smith, Dominique Jackson, … la viralidad supuso una catapulta de mensajes potentes sobre la diversidad sexual y de género, no paraban de aparecer letras que poner detrás de LGTB. Yo personalmente, con el plus me contentaba. Aceptar la bisexualidad fue fácil, porque sentía un colchón detrás de mí, como un refuerzo de mis emociones y experiencias. No tuve la misma suerte con la asexualidad, que se nombraba mucho menos, y generalmente sin ningún atisbo de sentimiento de orgullo o euforia como sí se han usado esas palabras para otras etiquetas. El ser asexual (o estar en el espectro asexual, pero matizamos más adelante) no se tornó una realidad hasta los 23 años y tras un proceso de reflexión en el que algunes de mis amigues tuvieron que venir a abrirme sutilmente la puerta de aquel armario; si hubiese por mí, yo habría seguido pensando que hay algo mal en mi interior hasta estos días.

Traducción propia (aprovecho el momento para pedirle a alguien que compre los derechos de este maravilloso libro): “en retrospectiva, entiendo que estos pensamientos fueron causa del síndrome del impostor. Ahora reconozco que la forma en la que entendía mi asexualidad (como si fuera algún tipo de diagnóstico con el que tendría que vivir “a pesar de”) no tenía tanto que ver conmigo, sino que tenía que ver con la forma en la que me habían narrado la asexualidad. Esta vergüenza venía de la forma en la que la gente a mi alrededor hablaba del sexo, y las relaciones sexuales y románticas: como una necesidad fundamental, algo sin lo que no podrías ser del todo humano.”

La forma en la que nos entendemos en nuestra sexualidad e identidad viene irremediablemente marcada por la visión que aquellas personas a nuestro alrededor consideran que es aceptable y bueno y aquello que no es deseable y malo. A día de hoy creo que guardo bastante vergüenza hablando de cuestiones queer porque mi experiencia no es parecida a muchas que conozco, y las reivindicaciones que se plantean desde el colectivo creo que tienen mucho aún de alonorma y amatonorma. A veces planteo las cuestiones que me chirrían intentando hacer paralelismos con experiencias de amigues o comunicadores que han hablado de faltas de respeto hacia elles. Por ejemplo, ya sé identificar que es innecesario tener que dar explicaciones sobre con cuantas personas me he relacionado de un género u otro para saber

si eres bisexual 100% o solo quieres “llamar la atención”. Es también una falta de respeto asumir que una persona intersexual te tiene que dar explicaciones de su corporalidad, aunque sea “por curiosidad”; no le deben nada a tu curiosidad. Bien, pues es igualmente irrespetuoso preguntarle a alguien que cómo sabe si es asexual y no sencillamente que tiene un trauma sexual. Nace del mismo sitio de ignorancia y de falta de miras una cosa que la otra. Puede parecer una solución muy simple, pero en mi cabeza funciona.

hechos con mis amigues analizando nuestra forma de ver la atracción, circa 2023.

La atracción

Cuando me hicieron click las palabras “espectro asexual” yo realmente estaba replanteándome si era bi de verdad. Qué sorpresa, alguien bi que en medio de una crisis vital se plantea si realmente es o hetero o lesbiana. Precisamente porque crecí en una época en la que tenía referentes con discursos muy sanos de sexualidad e identidad, siempre estuvo a mi alrededor la idea o la frase de “la sexualidad es algo fluido” y, por lo tanto, algo que cambia y reacciona a las vivencias que nos tocan en la vida.

Hay historias muy interesantes de lesbianas de diferente expresión de género que comentan como para elles la bisexualidad

si fue una puerta a entender su atracción. Hay también anécdotas de gente bi que tras dejarse experimentar se dio cuenta de que el género de la persona no era algo importante en sus relaciones, solo que no habían estado cómodes con personas de otras expresiones.

Las orientaciones no son cajones cerrados de experiencias bien diferenciadas, sino que van retroalimentándose unas de otras y las personas que tienen dichas experiencias pueden ver similitudes con otras aparentemente distintas. También, conforme evoluciona nuestra comprensión de nosotres mismes con los años vamos encontrando cosas que antes no nos agradaban y después sí, o se van diversificando y especificando las posibilidades. Lo complicado de todas estas ideas es que cuando se presentan situaciones que te remueven del lugar que creías tuyo, es fácil te-

ner la sensación por un momento de que has perdido algo que te sustentaba y explicaba tu realidad. En realidad, el proceso más bien es de expansión de quienes somos. Se añaden matices.

Dentro de la comunidad asexual y arromántica existe un concepto que ayuda a comprender un poco mejor estas cuestiones: el Split Attraction Model o Modelo de Atracción Dividida plantea justo que la atracción es un tema complejo en el que a menudo interactúan más factores que solo el sexual.

El SAM (o MAD si seguimos las siglas en castellano, pero me da miedo invocar a Almeida sin querer y que me corte un árbol) se basa en la división de las atracciones en diferentes categorías, siendo quizá las más conocidas la atracción romántica y la sexual, pero existiendo otras como la sensual, la físi-

Dibujitos

Diagrama del espectro asexual. Se me ha olvidado escribir asexual en el pico inferior, perdón

ca, la platónica, la emocional. Cada persona en un proceso de autorreflexión podrá identificar cuáles son las que para elles van unidas y cuáles no. En mi caso, lo romántico por ejemplo suele ir de la mano de lo platónico y lo emocional, y el resto según se va dando, pero hay personas que sienten atracción sexual y no sienten romántica, o la forma en la que las sienten es de forma poco frecuente y bajo circunstancias concretas. Así, alguien puede ser lesbiana y asexual, arromántica y bisexual, heterorromántica y demisexual… ¿se entiende? Se suelen nombrar lo romántico y lo sexual por aquello de que son las atracciones que tienen más peso en relaciones sean estables o líos o cualquier modelo relacional que se practique.

El SAM es una herramienta de autoconocimiento que se ha generado dentro del contexto queer, aunque no todo el mundo tiene por qué usarla o querer nombrarse, y esta división ha dado lugar a la creación de otros conceptos e ideas que han hecho que la vergüenza pase a ser confianza y orgullo dentro del colectivo, que es al final, de lo que debería ir todo esto. En lo

personal, el término grissexual me ha dado más confort que el que me dio en su momento el de bi, pero en ambientes queer sigo diciendo que soy bi antes que ninguna otra cosa (de nuevo, no le debo explicaciones a nadie).

Una breve historia de orgullo propio

Sin embargo, la primera vez que salí del armario como ace con une desconocide fue muy bonito y dio para una conversación curiosa con mi madre… después de salir del armario conmigo misma, me propuse reconectar con mi interés en la historia LGTBIQA+.

Busqué libros (me leí Loveless, qué llorera niño, pero qué felicidad también) y recursos varios de historias de sáficas y gente aroace, que acabaron siendo la base de mi trabajo de investigación del TFG de Diseño. En este afán de reconexión, volví a verme una de las mejores películas jamás hechas y que más me marcaron de adolescente, Pride (2014).

En marzo de 2024, en un viaje a Londres con mi madre, fuimos a la librería Gay’s The World, que regentaban algunos de los protagonistas de la película Pride, y que a día de hoy sigue abierta y es un espacio de encuentro precioso para la gente queer. He estado en librerías del palo en Madrid (dios bendiga la Mary Read, Berkana, Grant, y otras con movimientos sociales en general como Traficantes de sueños) y en Sevilla (La Fuga, me falta cotillear algunas más por allí). Si algo me gusta de estos lugares es que se respira el mismo aire: este es un lugar que ha luchado por existir y que se mantiene precisamente porque es necesario que exista.

Estaba emocionada por estar en un sitio a todas vistas histórico. Era muy consciente internamente de las escenas de la historia

que narra la película, de Lesbians and Gays Support the Miners (LGSM) reuniéndose como un grupo afín que toma acción ante una realidad que ven que pueden enfrentar para apoyar la huelga de mineros de 1984. Aunque la librería es solo un espacio en la película y no explican mucho sobre su organización, no me la esperaba de esa forma cuando entré, tranquila, colorida, con estanterías por géneros literarios, pero también por letras del colectivo. Ninguna de las librerías antes nombradas tenía (last time I checked) una estantería entera de libros dedicados a la A de LGTBIQA+.

Mi madre habla todo el inglés que puede aprender alguien con 3 meses de Duolingo, es decir, “hello”, “good morning”, “I eat an apple” (qué tiene el loro ese con las manzanas en todos los idiomas). Por lo tanto, mi madre inglés no habla, pero español andaluz habla un tocho. Y lo pregunta todo. María (así se llama) estaba preparada para hacer todas las preguntas que te puedas imaginar y más porque es curiosa por naturaleza y sabía que su hija le había arrastrado allí por una película “de gays” que le gustaba. María aquí presente (porque la tía va a leer esto seguro) no se cortó en cuestionar qué significaban algunas banderas y de qué iban los libros que iba pillando. Acabé eligiendo Ace Voices, y cuando fui a pagar, le chique que nos atendió empezó hablándome en inglés. Tenían carteles y chapas y decidí pillar una. Mi madre me dijo que se lo tradujese, a lo que le chique respondió en perfecto español: “chinga el capitalismo rosa”. Y nos quedamos :O las dos. Elle se rio y nos dijo que era de México, que nos había oído hablar en la tienda (como pa no). Me dijo que, si el libro era para mí o para otra persona, le dije que sí que era para mí, a lo que respondió “no hay nada mejor que descubrirse en un libro”.

Al salir de la tienda mi madre intrigada empezó a preguntarme de qué iba exactamente Ace Voices (cuyo subtítulo es “what it means to be asexual, aromantic, demi and gray-sexual”, y del cual ya podía sacar alguna conclusión por el parecido con el castellano). Sutilmente, porque en mi casa hay apertura de mente, pero también tabú, le conté que con el avance de derechos aparecen nuevos términos más precisos y que la diversidad llama a la diversidad.

Siento que cuando otras personas hablan de encontrarse a sí mismas tras darse cuenta de que son queer, hablan de la alegría de reconocerse y la de encontrar comunidad. Esas experiencias las viví tras reconocerme bi, pero la paz y el orgullo para mí han venido después de entender esta parte de mí, porque ha abierto puertas que no pensé nunca antes que pudiese plantearme de formas nuevas y más placenteras en todos los sentidos de la palabra. Mi madre y yo estábamos (estamos) en un proceso de duelo un tanto complicado tras años cuidando de mi abuela antes de su fallecimiento, y, aunque parezca que no tenga nada que ver en un inicio, el término asexual y todo lo aprendido de su comunidad inevitablemente me ha repercutido en la forma de querer relacionarme con personas que entiendan esto de mí, que lo respeten y que me cuiden. Las relaciones, del tipo que sean, tienen que estar fundamentadas en el cuidado y en la atención, y creo que tengo a mi alrededor a muches a quienes quiero cuidar y que me quieren cuidar, en el presente y en el futuro. Un futuro, aquello que nombraba Eris Young al inicio de Ace Voices, aquello que no sabía si tendría. Algo que sé que tendré a pesar del zusto y gracias a él.

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