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En portada: Arte en tercera dimensión, por Daniel Arnold-Mist.
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Editorial Robot es una palabra de origen eslavo que alude al trabajo duro. Sin embargo en la nota que sobre el tema incluimos en este número, un creador japonés de dispositivos mecatrónicos, asegura que gracias al juego, en pocos años los smartphones serán sustituidos por robots. Más allá del entusiasmo o desconfianza que rodean este tipo de avances, destaca el hecho de que este innovador sostenga que lo suyo empieza por la diversión y que en cuanto los nuevos dispositivos muestran funcionalidad, el juego se convierte en una alocada danza de cifras que pueden llegar a ser astronómicas. En otras palabras, el mundo de la innovación tiene un alto componente de creatividad que tiene en el ludismo su principal herramienta. Y eso ha sido así a lo largo de la historia. En efecto, esta consigna cómo los anticipadores de los actuales avances tecnológicos prefiguraron innovaciones inimaginables para quienes solo contabilizaban los beneficios de una invención. Jugar y divertirse no son necesariamente una pérdida de tiempo como pareciera temer una mentalidad eficientista y “seria”. El ludismo crea la atmósfera adecuada para la invención. En muchos estudios de animación, por ejemplo, los innovadores están rodeados por un ambiente que alienta la confluencia de saberes. Si esto es así para la ciencia y la tecnología, ¿no sería posible concebir un espacio social como el ámbito multiplicador por excelencia para concebir nuevas reglas de convivencia? ¿No es de este juego creativo de lo que están necesitadas las comunidades y los grupos de interés? ¿No es eso lo que enseña la niñez? Jugar para reinventarse. He ahí la apuesta.
DIRECTORIO
Director General: Héctor Salvatierra. Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo. Edición: Otoniel Martínez. Diseño Gráfico: Héctor Estrada Asistencia editorial: Édgar Quiñónez Digitalización: Boris Molina.
Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén. Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández.
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semanas duró
The New Day, diario del grupo británico Trinity Mirror, que nació el 29 de febrero y que este 6 de mayo publicó por última vez, pues sus ventas estuvieron por debajo de las expectativas.
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Mario Roberto Morales
Cuento 132
El libro de las relaciones olvidadas ISBN: 978-9929-560-36-9 uando se quemó el Hospital Neuropsiquiátrico (se lee en Pirotecnia, uno de los cuentos de este libro) mi abuela me tomó en brazos y subimos al segundo piso de la casa para ver el incendio. Me impresionó que el hospital, a más de dos cuadras de donde vivíamos, crujiera como un cucarachero. Imaginé a los locos gritando y tratando de abrir sus celdas para escapar del fuego. Las llamas subían cada vez con más fuerza. En los lentes de la abuela yo miraba repetido aquel espectáculo enorme. -Mira -me decía ella-, no escondas la cara, mira al cielo.. Yo me aferraba a su pecho y a su respiración agitada, mirando sus ojos brillantes con un incendio en el fondo. Al oír las sirenas mi abuela rió. -Vaya -dijo-, al fin van a cambiar de lugar ese manicomio. -Sí -dije yo-, se van a llevar lejos de aquí a los locos. El fuego fue sofocado durante la noche. A la mañana siguiente el olor a carne quemada era insoportable. Amarrados a los postes de la luz eléctrica, los enfermos que se habían logrado salvar vociferaban a la policía. A los sobrevivientes los confinaron en el Hospital San Vicente, donde están los tuberculosos. Mi abuela siempre dice que todo aquello fue una crueldad. Sobre todo porque se sospecha que el incendio lo provocaron debido a que ya no había sitio para tanto loco. “Nos deberían quemar a todos”, dice la abuela, “pero a toditos, que no quede nada sobre la Tierra, Dios mío...”.
Las cifras AFP
807,625 especies de insectos
están catalogados en todo el mundo, y el más largo es un fásmido que mide 62.4 centímetros y fue descubierto en la provincia de Guangxi, en la República Popular de China, informó la agencia Xinhua.
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AFP
La fuente de la juventud Había una vez un viejo carbonero que vivía con su esposa, que era también viejísima. El viejo se llamaba Yoshiba y su esposa Fumi. Los dos vivían en la isla sagrada de Mija Jivora, donde nadie tenía derecho a morir. Cuando una persona enfermaba la mandaban a la isla vecina, y si por casualidad moría alguien sin síntomas, enviaban el cadáver a toda prisa a la otra ribera. La isla, la más pequeña del Japón, es también la más hermosa. Está cubierta de pinos y sauces, y en el centro se alza un hermoso y solemne templo, cuya puerta parece que se adentra en el mar. El mar es azul y transparente, y el aire es nítido y diáfano. Los dos ancianos eran admirados por el resto de la aldea, debido a su resignación y persistencia a la hora de aceptar y superar los avatares de la vida, y al amor mutuo que se habían profesado durante más de cincuenta años. El suyo, como tantos otros en Japón, había sido un matrimonio concertado por sus padres. Fumi no había visto nunca a Yoshiba antes de la boda, y éste sólo la había entrevisto un par de veces a través de las cortinas, y se había admirado por su rostro ovalado, la gentileza de su figura y la dulzura de su mirada. Desde el día del casamiento, la admiración y adoración fue mutua. Ambos disfrutaron de la alegría de su enlace que se multiplicó con creces con tres hermosos y fuertes hijos, pero ambos también se vieron sacudidos por la tristeza de perder a sus tres hijos, una noche de tormenta en el mar. Aunque disimulaban ante sus vecinos, cuando estaban solos lloraban abrazados y secaban sus lágrimas en las mangas de sus kimonos. En el lugar central de la casa, construyeron un altar en memoria de los hijos y cada noche llevaban ofrendas y rezaban ante él. Pero últimamente una nueva preocupación había devuelto la congoja a sus corazones. Ambos eran mayores y sabían que ya no les quedaba mucho tiempo. Yoshiba se había convertido en las manos de su esposa y Fumi en sus ojos y sus pies, y no sabían cómo podrían superar la muerte de uno de ellos. ¡Oh, si tuviésemos una larga vida por delante! Una tarde, Yoshiba sintió la necesidad de volver a ver el lugar donde había trabajado durante más de cincuenta años. Pero al llegar al claro del bosque, y observar los árboles, tan conocidos, se dio cuenta de que había algo nuevo. Tantos años trabajando allí, y nunca se había fijado en que debajo del árbol mayor había un manantial de agua clara y cristalina, que al caer parecía cantar, y su crujido, como el de hojas de papel arrugadas, se mezclaba con el murmullo de las hojas al ser movidas por el susurro de la brisa al atardecer. Yoshiba sintió una terrible sed y se acercó a la fuente. Cogió un poco de agua y bebió. Al rozar sus labios, sintió la necesidad de beber más, pero al ir a cogerla observó su reflejo en el agua y vio que habían desaparecido las arrugas de su rostro, su pelo era otra vez una hermosa y negra cabellera, y su cuerpo parecía más vigoroso y fortalecido. El agua tenía un poder misterioso que lo había hecho rejuvenecer. Entonces sintió la necesidad de ir corriendo a decírselo a su esposa. Cuando Fumi lo vio llegar no reconoció a aquel mozo que de pronto se acercaba a la casa, pero al estar junto a él observó sus ojos y lo reconoció. Cayó desmayada al recordar sus años de juventud, pero Yoshiba la levantó y le contó lo que había ocurrido en el bosque. Decidió que ella fuese por la mañana, porque ya era de noche y no deseaba que se perdiera. A la mañana siguiente Fumi se fue al bosque. Yoshiba calculó dos horas, porque aunque a la ida tardaría más por su edad y la falta de fuerza, a la vuelta llegaría enseguida porque habría recuperado su juventud. Pero pasaron dos horas, y tres, y cuatro, y hasta cinco, por lo que Yoshiba empezó a preocuparse y decidió ir él mismo al bosque a buscar a su esposa. Cuando llegó al claro, vio la fuente, pero no encontró a nadie. Entre el murmullo de las hojas y el crujido del agua oyó un leve sonido, como el que hace cualquier cría de animal cuando está solo. Se acercó a unas zarzas, las apartó, y encontró una pequeña criatura que le tendía los brazos. Al cogerla, reconoció la mirada. Era Fumi, que en su ansia de juventud había bebido demasiada agua, llegando así hasta su primera infancia. Yoshiba la ató a su espalda y se dirigió hacia casa. A partir de entonces, tendría que ser el padre de la que había sido la compañera de su vida. Cuento tradicional japonés
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En su nuevo libro, La locura del solucionismo tecnológico (Clave Intelectual, 2015), el académico bielorruso carga contra los peligros de Internet y el discurso tecnoutópico. Joseba Elola* ubo un tiempo en que Evgeny Morozov creyó en la revolución digital. Confió en el poder emancipador de la Red, en la abolición de las viejas jerarquías, en la emergencia de un paraíso horizontal más justo, en unas nuevas tecnologías capaces de alumbrar un mundo mejor. Le duró poco la fiebre. Fue a mediados de la década de los años 2000, en los días en que vio cómo los blogs y los mensajes de texto espoleaban la revolución naranja de Ucrania y el crowdfunding avivaba la campaña del candidato demócrata estadounidense Howard Dean. Poco tardó en darse cuenta de que las nuevas herramientas tecnológicas también podían ser usadas por los gobiernos para vigilar, generar propaganda y manipular la conversación en las redes. Fruto de estas reflexiones fue El desengaño de Internet (Destino, 2012), libro en el que se mostraba escéptico sobre la capacidad de las redes de ser instrumento de cambio político. Un escepticismo que se expande en su nuevo libro La locura del solucionismo tecnológico (Clave Intelectual, 2015). Morozov se come un bocadillo en una sala de reuniones del Waterfront Congress Center de Estocolmo, ubicado junto a la estación central de la capital sueca. Recién pronunció una de sus provocadoras conferencias en el Internetdagarna, evento tecnológico anual, y no le ha dado tiempo ni a comer. Vestido de negro de la cabeza a los pies, se muestra como un entrevistado rápido y prolijo. Su análisis de la tecnología ha despegado y se ha convertido en un discurso político con vocación transformadora.
¿Realmente compartimos más gracias a Internet?
Silicon Valley hizo una especie de alianza en los 70 con intelectuales. Siempre habrá gente, a los que llamaré idiotas útiles, que intentarán capturar el zeitgeist [espíritu de la época]. Habrá libros, conferencias y charlas para que esos intelectuales puedan hacer de portavoces de la causa. Silicon Valley promueve mininarrativas. Nos habla de la web 2.0 y, cuando se agota, habla del Internet de las cosas, de la economía colaborativa… Identifican pequeños fragmentos, ocupan el debate durante dos años y luego salen con una nueva historia. No hay mucho contenido en esas narrativas. He trabajado durante suficiente tiempo en esto como para decir que son tonterías. Después de la economía colaborativa vendrá la economía solidaria, de los cuidados. Lo que nos dicen estas empresas es falso. Cuando voy por ahí diciendo que para entender a Silicon Valley hay que mirar a Wall Street, al Pentágono, a las finanzas o a la geopolítica, les resulta incómodo escucharlo porque prefieren hablar de los fondos de capital riesgo, de los emprendedores, del garaje de Steve Jobs, del LSD…
Evgeny Morozov:
“Los datos son una de las más preciadas mercancías” Esos dispositivos llamados inteligentes ¿nos pueden estupidizar?
Hay que impugnar la palabra inteligente. Me gusta aplicar una perspectiva histórica. Muchos de los dispositivos inteligentes que nos rodean reflejan intereses y compromisos de la gente que los fabrica o configura. El motivo por el que la gente comprueba una y otra vez su Facebook o Twitter en el teléfono es que los sistemas han sido diseñados para crear esas dependencias. El modelo de negocio de este tipo de servicios es así. Cuantos más clics hago, más valioso soy; ocurre, casi, como con el condicionamiento de Pavlov. Cuantos más clics míos consiguen, más dinero hacen conmigo, lo que hace que diseñen los servicios para maximizar esos clics. Yo tengo una perspectiva cínica, banal y racional de que el dinero es lo que rige el mundo. Y eso explica el modo en que se conciben los servicios. ¿Que ese sistema nos distrae y dificulta que nos centremos? Por supuesto. ¿Es un problema de los dispositivos inteligentes? No. Es cuestión del modelo de negocio. Me niego a creer que no haya otra manera de generar comunicación entre la gente sin generar distracción. Sería la derrota final de la imaginación. Debemos ser capaces de soñar y pensar en términos que no estén definidos
por Silicon Valley. Para mí, en este punto, las empresas de tecnología son como las cadenas de comida rápida, las casas de apuestas o los casinos: crean y manufacturan una adicción que luego tiene unas consecuencias. En el caso de las tecnológicas, la distracción. Facebook, por ejemplo, es un servicio que se basa en hacernos sentir ansiosos, sobre nosotros, nuestros amigos, nuestro lugar en la sociedad. La gente invierte mucha energía en actualizar la información, la ansiedad es la moneda que lo rige. En este sentido, está claro que tu ser en Facebook afecta a cómo te concibes a ti mismo, cómo ves tu relación con los amigos, cómo te presentas ante otros…
¿Cuanto más lo usa uno, más ansioso es?
No digo que sea una relación lineal, aunque probablemente podría ser así. Debe de haber un momento en que se llegue a una meseta de ansiedad y, en ese punto, te medicas, te suicidas o te calmas [risas]. Es la psicopatología del hipercapitalismo, que es una explotación de tus más queridas e íntimas relaciones. Tu amistad con otras personas para beneficio de una gigantesca compañía. Con Facebook es menos visible. Ni siquiera concebimos que sea posible organizar un proyecto de resistencia a estas empresas. Atacar a Facebook ahora es atacar
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Portada del más reciente libro de Morozov, quien se considera un “hereje digital”.
¿Porqué es crucial el debate en torno a los datos?
Estamos en una era en que los datos son algo en torno a lo que emergen nuevos modelos de negocio y nuevas formas de explotación. Pero la gente, en general, no parece excesivamente preocupada por ceder sus datos. Lo importante es identificar los puntos de explotación, aunque esta se haga de manera que resulte placentera.
al capitalismo más avanzado. Frente a los que propondrían un cambio en el algoritmo de Facebook, soy más drástico: yo construiría una alternativa a Facebook con dinero público en vez de aceptar que la única manera de organizar las comunicaciones es a través de esta firma.
¿Es WhatsApp una solución para nuestra soledad?
Las empresas de tecnología crean una adicción que genera distracción.
Silicon Valley te venderá cualquier cosa que le permita hacer dinero. Si es con la soledad, te venderá herramientas para hacer dinero con tu soledad. Pocas cosas, hoy en día, no están sujetas al mercantilismo. Silicon Valley crea problemas con una mano que intenta solucionar con la otra vendiéndonos nuevos productos.
Usted dice en su nuevo libro que es un hereje digital...
Sí, usé ese término. Era un modo de posicionarme frente a los debates contemporáneos sobre Silicon Valley. Lo cierto es que si por hereje se entiende a alguien que dice cosas que son peligrosas, subversivas y que van contra la corriente del debate, soy un hereje, aunque solo sea por naturaleza sociológica. Pero mi herejía se ha extendido a otros temas; ya no soy un hereje digital, ahora estoy más confortable siéndolo en la política y la economía.
¿Google y Facebook nos están explotando?
Explotan los datos que generamos para hacer dinero con ellos; lo cual tiene muchas otras consecuencias, como el modo en que esto facilita la vigilancia. Para mí, básicamente, Google quiere ser el nuevo Estado del bienestar y el nuevo partido político. Quieren reunir tantos datos como puedan. Y, proactivamente, luchan contra las enfermedades; proactivamente, quieren que estés más sano; proactivamente, quieren que aprendas cosas que no habrías aprendido de ningún otro modo; generan tiempo libre para ti y solo tendrás acceso a él si usas su sistema. En ese sentido, se convierten en el vehículo a través del cual se genera un tipo de movilidad social o de avance. Mi miedo es que ya no haya marcha atrás. Ellos poseen la infraestructura, tienen los datos. Y si se quiere poner en marcha un servicio alternativo, será complicado.
¿Qué es lo que se hace con nuestros datos?
En las últimas cinco décadas, los datos se han convertido en una de las más preciadas mercancías. Tu seguro quiere saber qué posibilidades tienes de enfermar; tu banco quiere saber qué probabilidades tienes de no pagar tu hipoteca. Hay un mercado gigante de la venta de datos, no solo de tipo digital: si no miras lo
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que firmas cuando ofreces datos, es más que posible que acaben siendo agregados en una base administrada por un puñado de firmas.
¿Y qué es lo que se debería hacer con ellos?
Hay tres opciones. Una es el statu quo: que un par de monopolios, Google y Facebook, continúen recopilando aún más información sobre nuestra vida para que pueda ser integrada en dispositivos inteligentes: mesas inteligentes, termostatos inteligentes; cualquier cosa que tenga un sensor generará un dato. Google Now es el paradigma de un sistema que intenta hacer acopio de todos esos datos para hacer predicciones y darte ideas. Si sabe que vas a volar te recuerda que hagas el check in, te dice el tiempo que te va a hacer, como un asistente virtual. Es el discurso de Google en términos de movilidad social: dar a los pobres los servicios que los ricos ya reciben.
¿Otras opciones?
La segunda es seguir a los disruptores. Hay compañías que chupan nuestros datos y los convierten en dinero. Una solución es que cada cual capture sus propios datos y los integre en un perfil, dando acceso a quien quiera y cobrando por ello. De ese modo, uno se convierte en un empresario. Y la tercera opción aún no está muy articulada, pero debería ser perseguida. Los datos, en un buen marco político, económico y legal, pueden llevarnos a servicios fantásticos. El único futuro del transporte público es una combinación de datos, algoritmos y sensores que determinan dónde está la gente y adónde quiere ir.
¿Y de quién serían los datos en este caso?
Habría que oponerse a que el paradigma de la propiedad privada se extienda a los datos. Ha habido esfuerzos de comercializar hasta el aire, y hay que oponerse. Los datos, sin la capacidad de analizarlos, no son gran cosa. Hoy en día solo algunas grandes empresas son capaces de estudiarlos. Esa información debería estar bajo un control público, que no significa un control del Estado, sino de los ciudadanos. La reciente fascinación en Europa por esa “idea del común”, que no tiene nada que ver con la de “los comunes”, es un marco sano. La gente podría ceder esos datos voluntariamente, pero siendo propietaria de estos.
¿Qué es lo que le interesa del común?
Mi propio cambio político y filosófico de los últimos años ha ocurrido porque de pronto resultó obvio para mí que no puedes ganar batallas a Silicon Valley de modo disperso. Puedo escribir una reseña al día, pelearme con esta gente en Twitter, y eso no cambia nada. La única manera de cambiar las cosas es empotrarte en los procesos políticos y económicos que pueden cambiar las cosas de verdad. Para mí significa que tengo que adoptar una posición realista y sobria sobre lo que es posible alrededor de los que intentan impugnar lo que Silicon Valley, Washington, Wall Street y el Pentágono intentan en el globo.
El entrevistado señala que los centros de poder mundial solo buscan maximizar ganancias.
¿Y qué es lo que están intentando hacer?
Dinero. Tengo una explicación de cómo funciona todo: un puñado de empresas marcan el tempo y el ritmo al que funciona el mundo. Son las que influyen en los textos que se están aprobando de los tratados transatlánticos que están a punto de firmarse en Europa y Estados Unidos. Esos tratados están redactados para proteger a las empresas y no a los ciudadanos. En este sentido, soy cínico, o realista, acerca de cómo está distribuido el poder en el mundo en estos días. A Google y Facebook les gustaría expandirse a otras zonas del globo para acumular más usuarios, más datos, venderles más anuncios. Pero es muy difícil que haya gente que haga una lectura política de Google y Facebook porque los ven o como inofensivos e inocentes, o como heraldos del poscapitalismo, o como plataformas para evitar la hegemonía de los medios. Facebook es bueno, piensa la gente, porque nos permite enviar mensajes al margen del dominio de los periódicos y televisiones. Incluso los movimientos políticos que intentan desafiar la dominación de la ideología neoliberal en estos días no pueden hacer una lectura sobria de Silicon Valley. Morozov ha experimentado un gran cambio físico en los últimos dos años. Ha perdido 40 kilos. Cuando se mudó de Palo Alto a Boston, cambió de hábitos, empezó a hacer ejercicio y dejó de comer carne. Nacido en Soligorsk, Bielorrusia, en 1984, en una familia que trabajaba en las minas de potasio locales, se formó en la American University de Bulgaria, un centro de formación de líderes. Con sus estudios de Economía y Administración de Empresas, hizo unas prácticas en JP Morgan antes de desviarse hacia las nuevas tecnologías y pronto vio la cara oculta del discurso tecnoutópico.
Usted en realidad ¿qué quiere cambiar?
Yo quiero cambiar muchas cosas. El proyecto de oponerse al poder de las grandes empresas, que tradicionalmente ha sido una prerrogativa de la izquierda, ya no entiende cómo funciona el dominio hoy, porque no hacen un buen análisis
de la tecnología, y no son capaces de construir o reclamar infraestructuras que han sido entregadas con las privatizaciones. Sin una lectura política adecuada de cómo encaja Silicon Valley en todo esto, no pueden oponerse al poder de las empresas. Si coges a Yanis Varoufakis, que, probablemente, es la cara de la oposición a la agenda neoliberal en Europa: es un gran tipo, con cosas interesantes que decir, pero ¿su comprensión de la dimensión tecnológica del proyecto neoliberal moderno?: cero. Tomemos Syriza, o Podemos, o muchos otros actores que intentan oponerse al capitalismo neoliberal hoy. Tienen un problema para comprender la que, para mí, es la característica más importante del capitalismo hoy en día: su naturaleza de fenómeno propulsado por las tecnologías digitales de la información. Y entonces… La menos ambiciosa de mis tareas sería, al menos, poner estas cuestiones sobre la mesa para que puedan reflexionar sobre ellas quienes están oponiéndose al actual neoliberalismo comandado por las grandes empresas; conseguir que lo escuchen algunas personas que están inmersas en una gran confusión sobre el estado de las cosas actual, que ni siquiera discuten nada porque creen que la vieja división de la tribu de la izquierda ya pasó, que piensan que el capitalismo va a ser reemplazado por una economía colaborativa, una sociedad pospoder, muy horizontal… Para mí Silicon Valley es un efecto, y no la causa, del neoliberalismo. Hay algunos cambios estructurales del capitalismo que están conectados con la tecnología. Sería incorrecto pensar que todos los demás factores que han dado forma al paisaje en el que se hace política se hayan vuelto obsoletos. Es importante tener clara la conexión de Silicon Valley con los complejos militares que aún proveen buena parte del dinero.
¿Y esto que implica?
Que el factor tradicional de análisis para explicar el mundo, que fue siempre la guerra, la militarización, no ha desaparecido. Silicon Valley actualmente representa a algunas fuerzas estructurales que fueron identificadas hace tiempo. La guerra, Wall Street… ¿De dónde viene todo ese dinero que se invierte en estúpidas startups? Es increíble ver que cualquiera que quiera crear una app en Silicon Valley pueda levantar 10 millones de dólares en una tarde. Hay que entender los cambios en la economía global. Nuestros fondos de pensiones ya no se invierten en bonos del Estado seguros, sino en otros fondos que reinvierten en firmas de capital riesgo que reinvierten en startups. Se puede focalizar el análisis en Silicon Valley, pero hay que entender lo que lo hace posible.
¿Qué piensa sobre los límites de la privacidad y los de la seguridad?
No vemos pruebas que sugieran que la capacidad de los servicios de inteligencia de monitorizar las actividades de terroristas o sospechosos conocidos, de gente que ha estado en el radar de los trabajos de seguridad, con leyes ya bastante permisivas, haya conseguido gran cosa. Así que no tengo motivos para creer que vayan a ser más eficientes si van por ese camino. *El País
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Desfile de blindados
DCA, 16 de marzo de 1933.- El imponente desfile militar de ayer, conmemorando el segundo año de gestión presidencial del general Jorge Ubico, recorrió toda la sexta avenida norte y sur, cruzó en la 18 calle, enfiló la 7a. avenida sur y siguió la calle
Serapio Cruz hasta el Campo de Marte. Marcharon tres brigadas comandadas por el general de División Francisco Mollinedo como jefe de columna, llevando de segundo al general de Brigada Rafael Aldana. Comandaron el segundo y tercer batallones, los
generales de Brigada Eduardo Villagrán Ariza y Felipe Samayoa. Figuraban en las secciones de artillería que tomaron parte en el desfile, cañones Krupp de gran alcance, Saint Chamond y ametralladoras de calibre pesado tiradas por los carros blindados.
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La paradoja de la felicidad Fotos: Archivo
Séneca decía: “Si quieres hacer fel un hombre no le añadas bienes sin réstale deseos”, pues toda posesió material implica apego y dolor.
Juan Arturo Otero Castillo * n el transcurso de un día cotidiano es frecuente que al momento de saludar nos pregunten: “¿Cómo estás?” Generalmente, casi sin pensarlo respondemos: “Bien gracias”, aunque en nuestro interior hagamos un guiño de complicidad como quien esconde un secreto. Esta circunstancia no resulta extraña al darnos cuenta de que pertenecemos a una sociedad consolidada como una maquinaria sin consciencia, que funciona por inercia, en donde difícilmente se cuestiona o se realizan cambios profundos ya sea por temor, costumbre o ignorancia. Desde la niñez, se interioriza la imagen de felicidad, éxito y prosperidad representada en publicidades varias, conversaciones y actitudes simbolizadas en la familia sonriente que posee una casa lujosa, carros del año o que a placer realiza viajes y obtiene cuanto gadget electrónico desea desde el primer día que está a la venta. También se vende la felicidad en estado líquido y envasado, opacando con la belleza de
la modelo de turno, las reglamentarias advertencias sobre los potenciales daños a la salud que acarrea su consumo, y que aparecen al final del anuncio.
Lingotes de autoestima
Hay quienes, confundidos, llaman felicidad a lo que otros nombran machismo sacando provecho de quienes llaman amor a la codependencia o pagan día a día sus joyas con lingotes de autoestima. Para otras personas, la felicidad adopta forma de reconocimiento y academia y se exhibe al público colgada en la pared, entre otras tantas representaciones. Sin embargo, pese a esta diversidad nadie parece poder definirla con exactitud, y menos aún se encuentra explicación al por qué en su aparente presencia aparece una sombra que amenaza con destruirla a cada instante y llevarse los logros, objetos y sueños hacia la obscuridad cual agujero negro supermasivo que extingue hasta el más potente rayo de luz, atrayendo todo a su alrededor para reducirlo a nada, ni siquiera a grato recuerdo.
Esta sensación de vacío lleva a experimentar la realidad de una forma autodestructiva y desgastante en la que se actúa la vida que se muestra a los demás mientras se da paso libre en el interior al autoengaño y la incoherencia, adornando el cuerpo para atraer y deslumbrar mientras se pierde por dentro el sentido en la obscuridad.
Redefiniendo la felicidad
Cada persona intuye el significado de su felicidad variando en cuanto a contenido, pero coinciden en su concepción general como el resultado del alcance de sus metas y la satisfacción de sus deseos. Desafortunadamente, esta forma de pensamiento refleja un sentido lineal de progresión utópica que encaja como un engranaje más en aquella máquina inconsciente. Ante la dificultad de dar sentido a una definición concreta, resulta útil comprender lo que no define su naturaleza e identificar aquello nos aleja de la misma. En este sentido, se podría coincidir en que la felicidad no es dolor ni sufrimiento y que de hecho, bajo una perspectiva práctica, podría ser
liz a no ón
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lo contrario. Siddharta Gautama (Buda) decía ya desde 400 años a.C. que el mundo está lleno de dolor que genera sufrimiento, y que la raíz del sufrimiento es el deseo, por lo que para evitar el dolor habría que despojarse del deseo. Entendía también que evitar por completo el dolor no es posible, pero que el deseo constante lo perpetuaba, convirtiéndolo en sufrimiento. Por su parte, Aristóteles consideraba que el sabio no debe buscar el placer, sólo la ausencia del dolor, porque en la búsqueda del placer hay deseo y el deseo es la prueba de que se carece de algo, lo que nos produce dolor y por tanto, nos aleja de la felicidad; al igual que obtener placer nos acerca al dolor por ser pasajero. Séneca, filósofo estoico, decía: “Si quieres hacer feliz a un hombre, no le añadas bienes sino réstale deseos”. Toda posesión material implica el apego, al igual que las relaciones humanas y se alimenta la ilusión de poseer al pronunciar “es mi carro, es mi hermano, es mi teléfono, es mi colegio, es mi…” llevando implícita la posibilidad de la separación y con ella, el dolor.
neurólogo y psiquiatra austriaco, fundador de la logoterapia, reelaboró el sentido de su vida a través de un proceso violento, viviendo en carne propia el terror del holocausto y la pérdida de todo lo que en su momento dotaba de sentido a su vida, todo lo que en conjunto llamaba felicidad: su obra escrita fruto de años de estudio y experiencia, su familia, amigos, vivienda y por momentos, hasta su humanidad, al ser tratado de forma deplorable más allá de lo que creyó posible.
Dar, antes que desear
Abandonar lo perecedero
Esta línea de pensamiento nos acerca a lo atemporal y nos aleja del materialismo encontrando su máxima expresión incluso en la pérdida de temor a la muerte que han mostrado distintos personajes a lo largo de la historia, entre ellos Sócrates, quien afronta su sentencia de muerte mostrando desapego hacia lo material, incluido su propio cuerpo, dada su naturaleza perecedera. Este ejemplo lo vemos en la tradición cristiana con el sacrificio de Jesucristo en favor de la humanidad dejando atrás lo perecedero con la certeza de lo atemporal, sin que esto invite al desprecio o desvaloración de lo material sino más bien ubicando la virtud en los actos, los valores, lo abstracto, intangible y trascendental. Existen otros ejemplos de personajes históricos que en su momento revelaron claves para encontrar la felicidad en el desapego y el servicio antes de que la llegada del Smartphone, la televisión, la fama, el carro, el avión, el cine, el bar o el Facebook compitieran por el puesto de honor, tal como se ha fracasado civilización tras civilización a lo largo de la historia con la siembra y cosecha de bienes y placeres efímeros. Actualmente se nos enseña a desear sin descanso y por tanto, a sentir rechazo por nuestro presente, vergüenza por nuestro pasado y ansiedad por nuestro futuro. Hemos sido acostumbrados a que el Iphone tiene una nueva versión cada año, por lo que al adquirir el modelo más reciente alimentamos al mismo tiempo el vacío y la ansiedad por tener ya el que está en desarrollo. Cuando se comparte una publicación en Facebook se espera un considerable número de “likes”, con el deseo de que en la próxima publicación aumente ese número poniendo absurdamente en juego hasta la autoestima. Hemos aprendido a que si se tiene una carrera de nivel medio puede no ser suficiente, por lo que se debe desear alcanzar la universitaria, y llegados a este punto, el deseo de los estudios de posgrado para llegar a “ser alguien”, restringiendo la validez del conocimiento a una educación formal, creándose la sensación de insatisfacción y rechazo del presente, constituyéndose el deseo insatisfecho en ese centro del agujero negro que con su gran masa atrae todo a su alrededor a la vez que lo destruye.
El vacío existencial refleja la imposibilidad de alcanzar lo que se busca, al suponerlo fuera de nosotros.
Es por esto que lo que llamamos vacío existencial, es un llamado de atención al percibir con impotencia que orientamos nuestra vida hacia el deseo, a lo perecedero y temporal sin recompensa, independientemente de cuánto tiempo, esfuerzo o dinero invirtamos. Es esta sensación de vacío y perspectiva errónea la que convierte la felicidad en paradoja pues nos invita a buscarla como algo ajeno, lo que encierra en sí mismo el primer obstáculo para obtenerla, provocando la sensación de falta de sentido en nuestra existencia. Viktor Frankl,
Sin embargo, esta dura experiencia lo obligó a ver otra realidad, a salir del engranaje que lo aplastaba y revalorar su existencia, encontrando el sentido en lo imperecedero, lo atemporal, el servicio y el trabajo que se empeñó en realizar hasta el momento de su muerte en 1997, dejando un legado valioso para el afrontamiento del vacío existencial a través de la logoterapia y sobre todo, su ejemplo y testimonio. En este esfuerzo y talvez sin darse cuenta, coincidió con el pensamiento de aquellos filósofos antiguos y personajes ilustres que ubican la felicidad en el servicio y el esfuerzo, en dar antes que desear, en la humildad y honestidad, la coherencia y el desapego, restando poder al dolor, pues el dolor dotado de sentido se convierte en sacrificio y el sacrificio en virtud. Afortunadamente, hoy nos encontramos en posición de ventaja respecto a lo que vivió Frankl y no es necesario atravesar una experiencia tan traumática para reaccionar, nos basta con empezar a realizar esa pregunta cotidiana “¿Cómo estás?” a nosotros mismos diariamente y sobre todo: responder con honestidad, estar dispuestos a cuestionarnos y realizar esfuerzos conscientes para ser coherentes, analíticos y pragmáticos a pesar del dolor, para reconocer la felicidad y evitar ser paradoja, reinterpretando nuestra existencia quizás hasta trascender sufrimiento y felicidad, como un cometa que al romper la barrera gravitacional de un sistema que le frenaba gana una nueva perspectiva y les ve ya como un par de planetas que relativizan su tamaño en la inmensidad del universo.
*Psicólogo
El sentido de plenitud está más cerca del desapego y el desprendimiento de lo perecedero que en el enfermizo afán de aferrarse a los símbolos de la prosperidad material que en último caso intentan convertir la felicidad en mercancía.
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Contando el tiempo
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La amenaza roja
Nieves y Miro Fuenzalida* apitalistas, conservadores y neoliberales se refieren con frecuencia al comunismo como un horizonte perdido. Todos saben, dicen, y la historia muestra, que el comunismo no funciona. Pudo haber sido un hermoso ideal, pero en la práctica siempre lleva a la violencia y al exceso dictatorial del poder. Un peligro que debe ser suprimido antes que su fuerza se desate. El referente mas común del comunismo es la ex Unión Soviética, sinónimo de estalinismo, autoritarismo, opresión, campos de concentración, ejecuciones políticas y supresión de cualquier criticismo. La narrativa que el “mundo libre” ha logrado imponer exitosamente es la de que el comunismo es igual a Soviets, que es igual a estalinismo, que es igual a fracaso. La experiencia muestra que el proyecto comunista no tiene salida. El comunismo es uno y este es igual a la Unión Soviética. Es esta cadena la que establece los parámetros históricos para eliminar y reprimir cualquier alternativa comunista. Si hay Lenin, luego Stalin. Si hay revolución, luego gulag. Si hay partido, luego purgas. Esta serie de hechos históricos niega la posibilidad comunista y su negación establece el espacio y las condiciones de la democracia.
Fenómeno estático
Uno podría preguntar… ¿ es, en realidad, la Unión Soviética un referente estable del comunismo? En esta narrativa el comunismo aparece como un objeto imaginario inmutable, un estricto proceso lineal con un fin determinado… ¿no es aquí donde la historia pierde su propia historicidad? En esta formación, dice Jodi Dean, la historia funciona como una estructura y una constante incapaz de cambiar, impenetrable a las fuerzas externas. A diferencia de la revolución permanente del capitalismo, el comunismo histórico aparece como un fenómeno estático. Solo suponiendo un comunismo invariable se puede apelar a la historia y transformar una instancia singular en un ejemplo del peligro y fracaso del experimento comunista. El problema es que al hacerlo desconecta el comunismo de la misma historia a la
La idea del comunismo, y el término mismo, fueron profundamente comprometidos en el siglo pasado por los desastrosos y sangrientos excesos de la dictadura estalinista a tal punto que hoy pocos se atreven a pronunciar su nombre. Muchos en la izquierda rechazan el término y prefieren reemplazarlo por el de “poscapitalismo”.
que la crítica capitalista apela y borra el comunismo como autocrítica y espejo del capitalismo. Extrayendo el comunismo de su historia como lucha de clases dentro del capitalismo, como crítica y revolución a la cual el capitalismo da lugar, esta historia sin historicidad, es la que les permite proclamar al capitalismo como un sistema sin alternativas.
Izquierda castrada
Y, sin embargo, el comunismo espectralmente persiste en los intersticios del sistema como idea, como movimiento, como hipótesis, como programa o como el nombre de un posible futuro emancipado. No es extraño que el comunismo empiece a aparecer como discurso y lenguaje para la expresión de los ideales revolucionarios de universalidad e igualdad en el momento en que se extrema la desigualdad, el desempleo, las crisis económicas, la austeridad, la agresión bélica internacional y el racismo. La fantasía de que la democracia occidental es una fuerza de justicia económica se ha desintegrado al traspasar trillones de dólares a los bancos occidentales mientras elimina los programas sociales para mantenerse a flote. Y la izquierda, o lo que alguna vez fue izquierda, ha fracasado en la defensa de un mundo mejor. En su lugar, se ha acomodado al capital y actúa como si no existieran alternativas a las
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Las grandes confrontaciones entre grupos de poder suelen dejar de lado los ideales que dicen encarnar.
leyes del mercado y las finanzas. Con la declinación de los sindicatos y una izquierda castrada, las corporaciones y el sector financiero absorben, apropian y explotan todo lo que pueden. La clase dirigente, a través de sus aparatos ideológicos, ha logrado establecer la idea de que los cambios radicales son imposibles y que el capitalismo no se puede abolir… ¿con qué se va a reemplazar, si no hay ningún sistema que lo haga mejor? Y es cierto. Por ahora, no se ve ninguno con la misma o mejor capacidad productiva que el capitalismo. Pero… esta es la cuestión ¿continuará existiendo con esta misma capacidad productiva en el próximo futuro?
Futuro incierto
Desde la crisis del 2008 todavía no ha sido posible volver a su crecimiento normal. Según David Harvey la posibilidad de un crecimiento económico del 3 por ciento anual, que es el crecimiento mínimo para reproducirse, es bien pequeña debido, en gran parte, a la dificultad de reabsorber el capital excedente. Para el 2030 será necesario encontrar oportunidades de inversión para 3 trillones de dólares, aproximadamente el doble de lo que se necesitó en el 2010. Según esto el futuro del capitalismo es bastante incierto. Y es aquí donde el peligro comunista vuelve a amenazar al sistema.
La llamada muerte del comunismo fue demasiado prematura. Su reciente vitalidad aflora en el deseo de justicia e igualdad de las multitudes que encontramos en “Ocupa Wall Street”, el movimiento ambientalista, indigenista, feminista, antiglobalización, “Podemos”, los indignados etcétera. Comunismo, si algo significa, es acción, determinación y voluntad colectiva. No el deseo de un sujeto individual. Es el deseo de un sujeto colectivo, de un “nosotros”. Es la activa lucha colectiva la que cambia y remodela el deseo individual en un deseo común. El individuo puede sentir que algo no funciona en la sociedad, que el sistema es profundamente injusto, que algo falta y trata de hacer algo… firma peticiones, vota en las elecciones, escribe protestas en su blog, tweets, abre una pagina en Facebook, una protesta en YouTube, etcétera. Pero todo esto lo hace individualmente.
No todo es rojo
El deseo de la multitud, por el contrario, subordina el yo al objetivo colectivo y esta subordinación requiere disciplina, trabajo y organización. Y es de esta organización de donde viene el temido peligro que puede transformar el status quo y desmantelar el viejo orden para hacer surgir uno nuevo. Cuando los explotados, la clase baja, la multitud, la masa, los plebeyos ya no quieren vivir bajo el viejo régimen, y la clase alta, el uno por ciento, ya no puede mantener la eficacia del sistema es cuando el peligro revolucionario puede irrumpir incontrolablemente. Obviamente no todas las luchas políticas pasadas o presentes son comunistas. El problema con subsumir todos los movimientos actuales de protesta en la multitud es que niega la oposición que pueda haber entre ellos y cómo estas contradicciones pueden ser manipuladas. Hay que alejarse del positivismo histórico que postula que la combinación comunista de emancipación e igualdad es única. Esta combinación está compuesta por múltiples luchas (revolución burguesa, revolución proletaria, lucha por derechos civiles, por la conservación del ambiente, por los derechos indígenas, etcétera).
Por eso, el comunismo, en lugar de ser un modelo fijo, se configura, remodela y transforma a partir de sus propios fracasos, errores y contradicciones. Hay historias y luchas cuyos éxitos y fracasos inspiran e invitan a mirar el presente de manera diferente. Cuando hoy se habla de “nosotros, el 99 por ciento”, este porcentaje no es el nombre de una identidad. Es, dice Jodi Dean, el número que pone de relieve la división y brecha que existe entre la parte superior de la sociedad , el uno por ciento, y el resto de nosotros. Moviliza la disparidad entre el uno por ciento dueño de la mitad de la riqueza del país y el resto de la población y afirma una colectividad y comunión. No unifica en base a una identidad sustancial como la raza, la etnicidad, la nacionalidad o la religión. Lo que afirma es el “nosotros” de un pueblo dividido entre expropiadores y expropiados, entre los que tienen y controlan los bienes comunes y los que no. Es el nombre de una falla en la sociedad, de la brecha que se transforma en el vehículo para la expresión del deseo de cambio.
Utopía que queda corta
Se trata del deseo de reemplazar la explotación por la igualdad, la justicia y la ausencia de opresión… “a cada uno según su necesidad, de cada quien según su capacidad”. El problema con esta utopía es que siempre queda corta… ¿que pasa, por ejemplo, con el patriarcalismo, el racismo, el narcisismo, el matonaje, las jerarquías sociales, la intolerancia, el egoísmo? No es difícil criticar la utopía comunista como imposible. Pero, “la imposibilidad del deseo comunista no es lo mismo que su causa”. Comunismo no es solo una asociación para gobernar. Por sobre todo, es una organización de producción y movilización que nunca logra completarse… llamamos comunismo, dicen Marx y Engels, al movimiento real que elimina el presente estado de cosas. No hay leyes históricas que provean una guía de cómo esto pueda ocurrir, de cómo obtener una cierta transformación sin volver a lo mismo. Lo menos que se puede decir es que los cambios son siempre impredecibles. *Sur y Sur
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Tragaluz
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Dos damas g
La señora de Jacoby y su hija dirigen un gran número de mozos, discuten negocios con los banqueros y compradores de café, y al mismo tiempo llevan una vida aristocrática. DCA* an Luis Misuri, Estados Unidos, 7 de abril de 1932. Pueda ser que todo esto signifique el destrozo de otra ilusión, pero la verdad debe decirse siempre, y es que todas las damas de la alta sociedad de América Latina son seres lánguidos y débiles, viviendo una vida sedentaria y dedicada especialmente al amor, con el mínimo de esfuerzo y la acumulación de gordura. Hay por lo menos dos en Guatemala cuya actividad se compara favorablemente a la del hombre de negocios estadounidense, con sus seis teléfonos sobre el escritorio y su gran actividad. Estas damas son doña Rebeca de Jacoby y su hija Lily. Ellas manejan dos fincas que producen anualmente más de un cuarto de millón de libras de café. Las fincas son “El Horizonte”, con una producción de 2 mil quintales y “Las Delicias” que produce mil. Dichas propiedades le fueron dejadas a la señora de Jacoby por su esposo al morir. Para el manejo con éxito de las dos fincas, se necesita no poca habilidad financiera y ejecutiva. La señora, así como su hija, deben tratar con banqueros, compradores de café, fabricantes de implementos agrícolas y casas abastecedoras. Tienen que ver y dirigir por el bien de un verdadero ejército de mozos, que nunca llega a ser menor de 150 familias y en la temporada de la cosecha, en septiembre y octubre, asciende a entre 350 y 400 familias. A los indígenas se les debe alimentar, vestir, disciplinarlos, darles alojamiento y cuidarlos cuando están enfermos, y ver que trabajen. Este negocio requiere un desembolso de su efectivo, de unos US$15 mil anuales (Q.120,000.ºº)
Obligaciones sociales
La señora de Jacoby y su hija, no obstante, han logrado atender todos estos asuntos y aún encuentran tiempo para atender las obligaciones sociales, el bridge, la música, vestidos y vinos procedentes de París, llevando una vida sumamente civilizada en su hogar retirado. La típica languidez tropical, no se interpone en la vida de estas dos señoras. Las damas Jacoby, son cosmopolitas así como también guatemaltecas. La señorita nació en la propia finca, pero recibió su educación en Suiza, después de lo cual hizo una gira alrededor del mundo, acompañada de su señora madre. El negocio, así como sus intereses culturales, las mantienen en contacto con los asuntos europeos y americanos. La señorita Jacoby, llena de talento, demuestra ser una magnífica anfitriona para las visitas que llegan a la finca; las conduce en un moderno automóvil americano a través de cientos de millas de plantaciones de café. Montada a caballo, les explica el cultivo del café, del banano, así como la crianza de ganado; nada y pesca divinamente, tira al blanco, lo mismo con revólver que con rifle,
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guatemaltecas dando en el centro repetidas veces. En la casa, después de un baño de regadera y cambio de traje, muestra a los huéspedes su estudio, en donde pinta lo mismo al óleo que a la acuarela; hace trabajos labrados a martillo sobre plata, con la misma facilidad con que talla madera; toca toda clase de instrumentos de música, desde el jazz hasta los cantos nativos de Guatemala; baila a la perfección, habiendo últimamente recibido en París, clases de baile con Josefina Baker, la artista negra americana que fue tan aclamada en la capital francesa y, como un toque de perfección a su cultura personal, esta joven latinoamericana puede mezclar un cocktail que resulta una verdadera belleza, con lo que no olvidamos el dicho de que “hermoso resulta como lo hace una hermosa”.
Mejor princesa que reina
La señorita Jacoby bien podría, si así lo deseara, ser una actriz de cine. Un productor de Hollywood tomó de ella fotografías de prueba, y le ofreció un contrato, pero ella prefirió seguir la vida de una princesa en una finca de café, que ser reina del cine, pues su hogar tiene para ella más encanto que Hollywood, y esto no es de extrañarse, considerando el lugar donde la señora Jacoby y su hija viven, pues el punto es un verdadero panorama de belleza tropical. La casa de habitación situada en “El Horizonte”, la más grande de las fincas, se encuentra sobre la cima de un cerro que se alza a los pies de la gran cordillera de montañas que dan sobre el Pacífico, cerca de la población de Colomba, en el departamento de Quezaltenango. Para los que viajan en automóvil, hay un camino que circunda la montaña hasta arriba, mientras que para el uso de los indígenas hay un graderío cortado en la propia tierra y roca. Frente a la casa se extiende un pedazo de montaña arriba del cual el piso está nivelado y cubierto de palmeras y mangos. Más abajo se encuentra la capilla de la finca, en donde los domingos se congregan las dueñas y los mozos para asistir a la misa que celebra el padre católico que los visita. Desde las gradas de la capilla se puede ver más allá de 40 millas de cerros que descienden hasta las planicies que dan al mar, distinguiéndose también los barcos que navegan por el Pacífico. De noche se puede contemplar el resplandor del cráter del volcán Santa María. Las habitaciones de la casa son grandes y bien ventiladas y dan sobre un corredor de 15 pies de ancho. Por la gran sala corren las brisas del mar y a través de la puerta abierta se distingue un jardín de agua tropical, luminoso, con flores. Pasan revoloteando y cantando las guacas y las pericas de colores brillantes. Un pizote doméstico se encarama por encima de las galerías, y en una jaula, afuera, se encuentra un monito. Indígenas descalzos les rinden un servicio silencioso y eficaz a los que viven en la casa. Los huéspedes saborean las comidas deliciosas, y es de notarse que casi todos los comestibles que se sirven, son productos de la misma finca. El café es para muchos una revelación: es tostado y molido momentos antes de ser servido y lo dan con una leche conteniendo crema y bien caliente. En “El Horizonte” se encuentra la hospitalidad que uno asocia con el Sur y los huéspedes no solo son recibidos cordialmente, sino que las dueñas parecen sinceramente renuentes a que se marchen. A las personas que vienen a pasar un día o dos, se les anima a quedarse una semana, o bien un mes. Los malos precios del café no han afectado esta hospitalidad. Un quintal de café que en 1920 se vendía a US$20, ahora alcanza US$8 y cuesta US$6 cosecharlo, pero la señora y la señorita Jacoby no sucumben a la desesperación. Continúan viviendo contentas y trabajando enérgicamente para que el negocio produzca. *Diario de Centro América
Ilustración: Marco Vinicio Flores
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Ventanas Takahashi:
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“Innovación con diversión”
Tomotaka Takahashi es un inventor japonés de robots que cuenta con unos cuarenta diseños a sus espaldas, algunos de ellos de récord, como Evolta, un pequeño autómata que fue capaz de escalar el Gran Cañón del Colorado. Ahora, con RoBoHon, planea sustituir nuestros smartphones por minirrobots humanoides en menos de 5 años.
Foto: Archivo
El final de los smartphones
Marta Sofía Ruiz* akahashi tenía 6 años cuando leyó el comic de Astroboy y comenzó a pensar en fabricar androides. Tras estudiar robótica en la Universidad de Tokio, fundó su propia empresa, Robo-Garage, y se ha dedicado a disfrutar diseñando sus sueños infantiles. Ya en 2004, su robot Chroino fue nombrado por la revistaTime como uno de los inventos del año, pero desde entonces sus pequeñas creaciones han continuado revolucionando el mundo de la robótica. “La innovación comienza por diversión, no para cubrir una demanda”, explica el inventor nipón después de una conferencia en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología en Alcobendas. Sonríe cuando pasea entre las butacas, llenas de miradas atentas. Muestra orgulloso las habilidades de algunas de sus creaciones, que ha traído en un maletín. “El primer paso es divertirse creando, luego llega la parte de la monetización, como con Twitter o Facebook”. Evolta es su primer robot de récord. Fabricado de forma que pudiera funcionar con unas pilas AA, este pequeño autómata fue capaz de escalar el Gran Cañón agarrado a una cuerda, aunque hicieron falta varios intentos. Evolta mide 7 centímetros, pesa únicamente 134 gramos y tardó 6 horas y 46 minutos en escalar los 530 metros de la garganta del río Colorado. Takahashi muestra a este pequeño robot, agarrado a un trozo de soga. “Podría haberle puesto un motor y hacer que escalara mucho más rápido, pero así es más humano, ves cómo se esfuerza”, comenta sonriente mientras el autómata trepa acompañado de un sonido robótico.
Unos robots muy humanos
Las creaciones de este inventor nipón son pequeñas y se mueven de forma fluida, intentando imitar lo más fielmente posible el movimiento humano. Pueden caminar, correr, saltar, alzar los brazos, agacharse e incluso bailar o hacer flexiones.
a la Estación Espacial Internacional. Tenía la misión de acompañar al astronauta Koichi Wakata, el primer comandante japonés de este centro de investigación en el espacio. “Todo comenzó con un amigo y conmigo tomando una cerveza. No había ningún robot de comunicación que hubiera ido al espacio y decidimos que queríamos ser los primeros. Pasamos tres años trabajando en el proyecto y mucha gente apoyó nuestro sueño”, explica.
Tomotaka Takahashi, fundador de Robo-Garage.
El experto defiende la necesidad de que no tengan un gran tamaño y ofrece muchas razones. Apunta que los robots grandes se pueden romper más fácilmente al caerse, o dañar a un humano accidentalmente, simplemente al golpearle en su caída. En una situación más extrema, comenta, si un robot de gran tamaño se rebelara podría dañar a un ser humano. “Pero, ¿qué es lo peor que puede pasar si uno de estos pequeños robots se vuelve loco? ¿Que cambie los canales de mi televisión de forma aleatoria?”, bromea. “Si los robots son tan grandes como los seres humanos, esperamos mucho de ellos. En cambio, con un robot pequeño, hasta que baile nos parece simpático”, añade. Robi, otro de los diseños que muestra el inventor, se caracteriza precisamente por su danza. Cien de estos pequeños androides celebraron la salida de su tercer modelo con una coreografía sincronizada. La compañía DeAgostini los comercializa en distintos países por fascículos y, tras 70 semanas, el comprador tiene un robot completo, capaz de bailar, hablar y hasta hacer flexiones. Kirobo es otro de sus robots de récord. Este pequeño androide fue el primero lanzado al espacio, en agosto de 2013. Despegó de Tanegashima, al sudoeste de Japón, con dirección
A pesar de lo llamativas que son todas sus creaciones, RoBoHon parece estar destinado a convertirse en la más rompedora de todas. O, al menos, eso cree Takahashi, que defiende que este pequeño robot sustituirá a los smartphones dentro de 5 años. Su diseño cabe en el bolsillo de una chaqueta y posee casi todas las funciones de un teléfono móvil. Puede llamar, enviar emails, navegar por Internet y hacer fotografías. Pero, además, tiene un software muy desarrollado de reconocimiento de voz, interactúa con su dueño y es capaz de proyectar en alta calidad las imágenes que fotografía. “La gente se está aburriendo de los smartphones. Por eso las compañías están inventando cosas como las Google Glass o como el iWatch, que no están funcionando”, explica el científico. “Sin embargo, el desarrollo de productos está cambiando y ya no se centra en las especificaciones sino en la humanización. Los robots serán el futuro de la comunicación, la siguiente plataforma”, sentencia. Takahashi cree que en cinco años RoBoHon estará en los bolsillos de todos los usuarios y que estos pequeños androides supondrán la siguiente revolución en comunicación. Aunque solo el tiempo confirmará si su predicción es cierta, él ya va sumando adeptos y le pide al público que, cuando en un tiempo lo vean en las tiendas, se animen a comprar su último sueño robótico. *Sinc
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Guatemala, viernes 6 de mayo de 2016 Fotos: Archivo
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Bacterias devoradoras de plástico Científicos de instituciones japonesas han identificado una especie de bacterias que utilizan dos enzimas para descomponer el plástico. En concreto, estos microorganismos son capaces de degradar el politereftalato de etileno o PET, un tipo de polímero usado en envases como botellas plásticas que es altamente resistente a la biodegradación.
SINC * olo en 2013 se produjeron alrededor de 56 millones de toneladas de politereftalato de etileno en el mundo, también conocido como PET. Su acumulación en los ecosistemas de todo el mundo supone un problema cada vez mayor. Hasta la fecha, se han encontrado muy pocas especies de microorganismo que descompongan este polímero. Científicos de varios centros japoneses han publicado un estudio en Science en el que han recopilado 250 muestras de desechos de PET y los han estudiado en busca de candidatos bacterianos que dependan de las láminas de PET como principal fuente de carbono para su crecimiento.
Ideonella sakaiensis201-F6
“Hasta ahora no existía ningún informe de cómo degradar el PET a dióxido de carbono y agua. Una de las razones es porque PET tiene estructuras cristalinas y también una naturaleza química hidrófoba”, apunta Kohei Oda, autor principal del estudio e investigador del Instituto de Tecnología de Kyoto (Japón). En este nuevo trabajo los expertos han identificado una nueva enzima de la bacteria, a la que han llamado Ideonella sakaiensis201-F6, que puede degradar casi en su totalidad una lámina delgada de PET tras seis semanas a una temperatura de 30 ºC. Además, una investigación más profunda acabó identificando otra enzima, ISF6_4831, que funciona con agua para descomponer el PET en una sustancia intermedia que a su vez puede descomponerse en una segunda enzima, ISF6_0224. “Logramos aislar a estos microorganismos en un lugar de reciclaje de botellas de PET. Nuestro estudio es solo el inicio para desarrollar una tecnología que pueda degradar el material de PET que se desperdicia a escala industrial.
Y lo haremos utilizando el grupo de bacterias o Ideonella sakaiensis o enzimas de la cepa tan pronto como sea posible”, añade el científico. Estas dos enzimas por sí solas son capaces de descomponer el PET en unidades estructurales más simples. Lo sorprendente, según los investigadores, es que además son extremadamente únicas en su función, si se las compara con las enzimas más próximas conocidas de otras bacterias. Esto hace que los científicos se cuestionen la evolución de estas bacterias devoradoras de plástico. “No tenemos ninguna evidencia hasta ahora. Suponemos que su enzima evolucionó de la cutinasa, porque en condiciones especiales tiene cierta capacidad de degradar PET”, concluye. *Servicio de información y noticias científicas
Peces y bolsas de plástico comparten espacio en el arrecife de coral que rodea el complejo turístico “Naama Bay”, en el mar Rojo, Egipto.