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Mu Pedro
Editorial Lengua de signos es la definición que mejor se ajusta a la descripción que se hace en este número de ciertos mecanismos comunicativos entre grupos humanos específicos. En este caso se trata de quienes por hipoacustia o sordera echan mano de códigos gestuales que les permiten intercambiar información vital para su sobrevivencia y su integración social. A los estudios neurológicos que constatan cuáles son las regiones cerebrales involucradas en la elaboración, emisión, recepción y decodificación de señales cognitivas, se suman las consideraciones antropológicas acerca de la sordera y sus implicaciones culturales y sociales. De esa cuenta podemos decir que el sistema de señales para intercambiar información no se limita a quienes padecen sordera. La historia registra cómo los grupos tribales que hablaban distintos idiomas, en su afán por ensanchar sus bases de sobrevivencia, elaboraron sistemas gestuales que les permitían el intercambio sin necesidad de entender plenamente el habla de los otros. De muchas maneras, según el estudio mostrado aquí, los demás sentidos cumplen una función esencial en la formulación de señales, sin perder de vista que es precisamente en estos vínculos funcionales en los que se apoya la irrupción simbólica global contemporánea. En el saturado mundo de las comunicaciones de hoy, en donde la sordera funcional colectiva es un hecho documentable, la gestualidad se expande más allá de los cuerpos sentando las bases para un sistema de señales universal.
DIRECTORIO
Director General: Héctor Salvatierra. Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo. Edición: Otoniel Martínez. Diseño Gráfico: Héctor Estrada Asistencia editorial: Édgar Quiñónez Digitalización: Boris Molina.
Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén. Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández.
ISBN: 978-99939-60-77-5 edro de Alvarado, el conquistador, el Adelantado, Tonatiuh, el fundador de la ciudad de Santiago de Guatemala, murió en su ley, aunque no precisamente atravesado por una flecha o un lanzazo. Sobre los últimos días del controvertido personaje de la historia nacional y regional –llamado “bribón” e “infelice malventurado tirano” por unos o “compasivo” y “esclarecido” por otrosse reúnen en este volumen la Crónica de Michoacán, las noticias de Mota Padilla y de Fuentes y Guzmán, Cartas de relación de Alvarado a Hernán Cortés, y Cartas Antiguas escritas a la ciudad de Guatemala, documentos que facilitan al lector referencias añejas pero vigentes para comprender que el fallecimiento de Pedro de Alvarado, más que una ruptura, significó la continuación de la conquista, la colonización y el mestizaje en estas tierras llamadas del Nuevo Mundo. En la “Noticia sobre Alvarado” que sirve de introducción a esta edición de la Tipografía Nacional, se recoge un fragmento del Prólogo al Libro viejo de la fundación de Guatemala (Volumen XII de la Biblioteca Goathemala, 1934): “Serían necesarias realmente artes de encantamiento para conseguir captar en su deslumbrador claroscuro la extraña figura de Alvarado: el más cruel, el más pulido, el más generoso, el más rapaz de los conquistadores, y también el más admirado y temido por los indios, el más violento y el más diplomático, el sanguinario arrollador de pueblos (…) el activísimo constructor de armadas, dilapidador de tesoros fabulosos, agitador de naciones (…) gracias a la astucia, a la insinuante labia y a sus finos modales, el único en fin, a quien aplastó el destino sin haberlo vencido…”
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por ciento de los exjugadores de futbol americano tienen traumatismos cerebrales, dijo Francis Conidio, investigador del colegio de medicina de la Universidad de Florida. En las pruebas, la mitad de ellos tuvo problemas en sus funciones ejecutivas, 45 en aprendizaje o memoria, y 42 en atención y concentración.
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Muerte de de Alvarado
Las cifras AFP
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soles, equivalentes a Q193.25, es la multa que deberán pagar los electores que no acudieron a votar el domingo en Perú. La Ley de ese país, donde acudir a las urnas es una obligación, establece que los infractores no podrán realizar trámites bancarios como cobrar un cheque hasta que cancelen la multa impuesta.
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Cuento 129
Homero
Archivo
AFP
No había nada ni nadie. Ni fantasmas había. No más que piedras mudas, y alguna que otra oveja buscando pasto entre las ruinas. Pero el poeta ciego supo ver, allí, la gran ciudad que ya no era. La vio rodeada de murallas, alzada en la colina sobre la bahía; y escuchó los alaridos y los truenos de la guerra que la había arrasado. Y la cantó. Fue la refundación de Troya. Troya nació de nuevo, parida por las palabras de Homero, cuatro siglos y medio después de su exterminio. Y la guerra de Troya, condenada al olvido, pasó a ser la más famosa de todas las guerras. Los historiadores dicen que ésa fue una guerra comercial. Los troyanos habían cerrado el paso hacia el mar Negro, y lo cobraban caro. Los griegos aniquilaron Troya para abrirse camino al Oriente por el estrecho de los Dardanelos. Pero comerciales fueron todas, o casi todas, las guerras que en el mundo han sido. ¿Por qué habría de hacerse digna de memoria una guerra tan poco original? Las piedras de Troya iban a convertirse en arena y nada más que arena, cumpliendo su destino natural, cuando Homero las vio y las escuchó. Lo que él cantó, ¿fue pura imaginación? ¿Fue obra de fantasía esa escuadra de mil doscientas naves lanzadas al rescate de Helena, la reina nacida de un huevo de cisne? ¿Inventó Homero eso de que Aquiles arrastró a su vencido Héctor, atado a un carro de caballos, y le dio varias vueltas alrededor de las murallas de la ciudad sitiada? Y la historia de Afrodita envolviendo a Paris en un manto de niebla mágica cuando lo vio perdido, ¿no habrá sido delirio o borrachera? ¿Y Apolo guiando la flecha mortal hacia el talón de Aquiles? ¿Habrá sido Odiseo, alias Ulises, el creador del inmenso caballo de madera que engañó a los troyanos? ¿Qué tiene de verdad el final de Agamenón, el vencedor, que regresó de esa guerra de diez años para que su mujer lo asesinara en el baño? Esas mujeres y esos hombres, y esas diosas y esos dioses que tanto se nos parecen, celosos, vengativos, traidores, ¿existieron? Quién sabe si existieron. Lo único seguro es que existen.
Eduardo Galeano/ Uruguay
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Abecedario
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Marta Sofía Ruiz*
De los gestos a las
palabras
no de los grandes enigmas del cerebro humano es cómo entiende y produce el lenguaje. La mayor parte de los intentos por penetrar en este misterio, que ya preocupaba a los científicos en el siglo XIX, se ha basado en el estudio de idiomas hablados, como el inglés, el francés o el alemán. Sin embargo, el sistema de signos que emplean para comunicarse las personas sordas ha demostrado ser aliado muy útil en la búsqueda de respuestas. Este tipo de idioma permite preguntarnos si el procesamiento del lenguaje depende de su modalidad o si, por el contrario, la activación cerebral es la misma, sea cual sea la forma en la que se codifica: auditiva y oral en las lenguas habladas, y visual y manual en las de signos. Los análisis más recientes de la actividad neuronal en personas que utilizan las lenguas de signos británica, china y estadounidense –el último estudio, apadrinado por Noam Chomsky– ofrecen la respuesta: los núcleos del cerebro en los que se procesa el lenguaje son los mismos tanto en una lengua oral como en una de signos. Tanto el área de Broca como el área de Wernicke, situadas en el hemisferio izquierdo del órgano cerebral y fundamentales en los idiomas orales, siguen siendo importantes en la producción y comprensión del idioma para las personas que emplean la lengua de signos. Esto indica que estas zonas no son centros para la generación del habla y la audición del sonido, sino áreas de lenguaje de orden superior en el cerebro.
El libro en el estante
¿Cómo navega la información por el cableado neuronal de quienes se comunican mediante lengua de signos? Al contrario de lo que pensaba, los idiomas signados activan las mismas áreas del órgano pensante que los orales, aunque con algunas diferencias. Un equipo de investigadores indaga en los cerebros de los no oyentes para comprender cómo aprenden y producen el lenguaje.
“Antes se creía que la lengua de signos activaba más el hemisferio derecho que una lengua oral, pero los estudios más recientes muestran grados similares de implicación de ambos hemisferios”, explica Gregory S. Hickock, investigador del Centro de la Ciencia del Lenguaje en California (EE UU) y autor de varios estudios sobre este tipo de idioma. Sin embargo, la activación cerebral no es exactamente la misma. En el caso de la lengua de señas hay más actividad de las zonas visuales y de control de las manos, que tienen que utilizarse para el proceso de input, consistente en “ver” la lengua de signos, y para el output , o sea, para producirla. Según explica la directora del Laboratorio de Lenguaje y Neurociencia Cognitiva (EE. UU.), Karen Emmorey, estas diferencias son destacables. Por ejemplo, cuando los signantes expresan una relación espacial (como “el libro está al lado del florero en el estante”) tienen lugar procesos que no intervienen en una lengua oral. “Se activan zonas que participan en el procesamiento espacial y en la conciencia de la localización corporal, ya que, en lugar de preposiciones, emplean sus manos en el espacio para representar la ubicación de objetos”, concreta la especialista. El centro de investigación Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL), ubicado en San Sebastián, España, está inmerso en un ambicioso proyecto que profundiza aún más en el funcionamiento de la lengua de señas en el cerebro.
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Cognition, Brain and Language (BCBL) tiene otra rama para analizar a sujetos sordos que han sido capaces de alcanzar un alto nivel de lectura. Noemí Fariña, investigadora del centro, está al frente de este trabajo con el objetivo de mejorar el sistema de enseñanza de la lectoescritura para niños con una discapacidad auditiva.
El reto de la lectura sin sonidos
El estudio de las lenguas de signos es muy útil para comprender los mecanismos de procesamiento del lenguaje.
El estudio, diseñado para desentrañar las rutas por las que navega la información, es el primero que se lleva a cabo utilizando la lengua de signos española (LSE) como objeto de análisis. La iniciativa arrancó en 2012 con un presupuesto de 110 mil euros(Q 969,367.74) y tiene financiación del Ministerio de Economía y Competitividad. “Lo primero que queremos hacer es comprobar si lo que se conoce sobre las lenguas de signos ya estudiadas se repite también con la española, si es posible reproducir ese patrón de solapamiento de las zonas básicas del lenguaje”, cuenta Brendan Costello, director del programa.
Redes neuronales
Pero su proyecto busca ir un paso más allá. “El cerebro es un órgano muy complejo en el que las distintas áreas trabajan de forma conjunta, conectadas por redes. Por ello, queremos analizar no solo las zonas de activación, sino las redes neuronales que las conectan”, concreta Costello. Según el especialista, si el núcleo del procesamiento lingüístico es más o menos igual en las lenguas de signos que en las orales, las redes neuronales de las personas sordas necesitarán estructurarse de forma distinta por el hecho de estar trabajando con información codificada de una manera diferente. Por ello, el equipo explorará la red asociada con el procesamiento lingüístico, para ver si coincide en hablantes orales y de lengua de signos. Así podrán estudiar las reconfiguraciones que se producen en el cerebro de los signantes para facilitar el lenguaje. En la configuración cerebral de la lengua de signos hay dos procesos de especial importancia que no son tan relevantes en un idioma oral: el
procesamiento de información facial dinámica –los cambios de expresión en la cara– y el procesamiento del movimiento biológico –la observación de cómo se mueve otro cuerpo humano–. Ambas funciones, esenciales para la ejecución y comprensión de este tipo de idioma, están asociadas con la activación en la zona occipitotemporal, fronteriza entre el lóbulo occipital (en la zona posterior del cerebro) y el lóbulo temporal (en la lateral).
Caras y cuerpos
“Estamos comprobando la activación del giro fusiforme, que juega un papel importante en el reconocimiento de caras y de cuerpos, y la actividad en la parte superior y posterior del lóbulo temporal, también involucradas en estas funciones. Queremos averiguar hasta qué punto estas áreas tienen mayor importancia, más conectividad o sincronización con la red de procesamiento lingüístico cuando la lengua que se procesa es la de signos”, explica. Costello afirma que el análisis se producirá a dos niveles: estructural y funcional. El equipo comprobará si hay más neuronas entre estas dos zonas, “si el cableado es más gordo”, y si al funcionar la red de procesamiento lingüístico también lo hacen de forma más intensiva las áreas asociadas al movimiento biológico y facial. “Una cosa es el cable, que te dice que las dos zonas están conectadas; y otra cosa es que funcionen a la vez, en sincronización, de forma cooperativa”, puntualiza. El objetivo de los científicos es comprender la manera en que una red neuronal lingüística se adapta a la lengua de signos. Además de profundizar en la investigación sobre el funcionamiento de la lengua de signos en el cerebro, el proyecto del Basque Center on
Cuando una persona aprende a leer, lo hace a partir de una lengua oral que ya ha adquirido por el oído. Asocia las formas impresas en las páginas con palabras, sonidos y representaciones mentales que tiene previamente establecidos: ya sabe cómo suena la palabra que está leyendo y qué significa. Sin embargo, las personas sordas no tienen esa base, lo que en muchas ocasiones les ocasiona problemas en el aprendizaje lector. “La lectura supone un gran desafío para las personas sordas, dado que tienen un acceso limitado a los sonidos y, en muchas ocasiones, un conocimiento escaso del lenguaje que aprenden a leer o incluso de cualquier lengua, de signos o hablada. Por ello, muchas no llegan a alcanzar niveles de lectura competentes de acuerdo con su edad cronológica”, explica la experta. El equipo pretende averiguar cómo algunas personas sordas logran alcanzar un buen nivel de lectura. También indagarán si los procesos cognitivos de los buenos lectores sordos son similares a los de los oyentes, y si existen diferencias, sobre todo en el acceso a la fonología durante la lectura. “En lugar de centrarnos en las dificultades de los que no lo logran, ponemos el foco de atención en los procesos que realizan los buenos lectores con discapacidad auditiva que
Existen zonas del cerebro que reaccionan ante un estímulo percibido como un cuerpo humano en movimiento.
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La zona facial del fusiforme, en rojo, está asociada específicamente con el reconocimiento de caras. Es una de las zonas que estudian los neurocientíficos en el cerebro de las personas que se comunican mediante lengua de signos.
Estudian cómo procesa el lenguaje el cerebro de las personas sordas.
han aprendido a leer en español, una ortografía transparente donde la fonología juega a priori un papel muy importante”, concreta.
Recovecos cerebrales
A pesar de las respuestas que aportarán estudios como los que lleva a cabo el centro vasco, aún quedan muchos recovecos por investigar en el cerebro de las personas sordas. “Por ejemplo, todavía no entendemos cómo se integran en la lengua de signos la producción del lenguaje y su comprensión. En las lenguas orales, el hablante puede escuchar su propia voz, pero quienes usan signos no miran sus propias manos cuando lo hacen y lo que ven de esas señas no se corresponde con lo que ven en los demás”, destaca Karen Emmorey. “Nos preguntamos cómo consiguen aprender de manera correcta a producir signos. Creemos que dependen del input somatosensorial, es decir, la manera en la que los signos se sienten, pero aún no sabemos cómo se combina la información somatosensorial y la visual en el cerebro”, indica la investigadora. La excepcionalidad de la lengua de signos permitirá explorar los misterios del lenguaje, cuestionar sus reglas y acercarnos un poco más a la comprensión de nuestro órgano pensante. De momento, los idiomas de signos ya nos demuestran que, incluso en el cerebro, el lenguaje es algo universal que funciona más allá de su codificación. La gente sorda alrededor de todo el mundo se comunica empleando distintas lenguas de signos. Según laFederación Mundial de Sordos, 70 millones de personas con una discapa-
La lectura sin ruidos.
cidad auditiva emplean uno de estos idiomas como su primera lengua. A esta cifra se suman familiares y especialistas que también las usan de forma habitual, así como sordociegos, que
las utilizan por medio del tacto o el sistema dactilológico. Las lenguas de señas emplean códigos gestuales para establecer la comunicación interpersonal y se articulan como idiomas completos que permiten elaborar mensajes de elevada complejidad y precisión. A pesar de que existe la creencia de que los signos son la representación de una palabra en una lengua oral, estos idiomas señados no tienen una relación con una lengua hablada, sino que desarrollan su propia gramática, vocabulario y sintaxis. Tal y como ocurre en cualquier idioma, hay frases hechas difíciles de traducir y ciertas palabras/signos que no tienen una traducción literal. De la misma manera que en el caso de los idiomas orales, puede haber más de una lengua en un mismo país. En España, por ejemplo, coexisten la lengua de signos española y la catalana. En Bélgica, la francófona y la flamenca. Además, hay diferentes lenguas de signos en países donde se habla el mismo idioma oral: un signante de lengua británica y un signante de lengua estadounidense serán incapaces de entenderse, ya que esta desciende de la primitiva lengua de signos francesa. Existe la idea generalizada de que existe una lengua internacional que hace que todo el colectivo sordo pueda comunicarse. A pesar de que esto no es real, sí que existe un Sistema de Señas Internacional (SSI) que a menudo se utiliza en conferencias y reuniones con participantes que no comparten una lengua de signos común. Sin embargo, no cuenta con una gramática ni un léxico.
*Sinc
Gavetas
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Fray Matías de Córdoba
Homenaje a poetas nacionales
Rafael Landívar sj DCA, 5 de abril de 1932. La Academia Guatemalteca, correspondiente de la Española de la Lengua, fue atentamente invitada por la sociedad de Geografía e Historia a tomar participación en los festejos por ella preparados para glorificar a dos grandes poetas nacionales: el padre jesuita Rafael Landívar y fray Matías de Córdoba, a los doscientos años del nacimiento del primero y conmemorando un siglo de la eterna desaparición del segundo. Tal cortesía, debidamente agradecida y aceptada, dio origen a que se organizara un acto literario en el que tomaron parte el director, licenciado Salvador Falla y los miembros de número don Pío M. Riépele, don Luis Beltranena y don Federico Hernández de León.
El lector encontrará en este número la reproducción del poema de fray Matías de Córdoba “La tentativa del león y el éxito de su empresa”, así como una traducción hecha por el señor Riépele del saludo con que Landívar dedicó a la patria, desde lejanas tierras, la obra inmortal que escribió en estrofas latinas e intituló “Rusticatio mexicana”. Cumplimos gustosos con el deber de agradecer al doctor Ramón Calderón, ministro de Educación Pública, por haber tenido la gentileza de brindarnos espontáneamente los talleres de la Tipografía Nacional para dar a luz este trabajo conmemorativo, cuya esmerada ejecución artística se debe a la reconocida competencia del director de la imprenta don Nicolás Reyes O.
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Reporte en V
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Un estudio enormemente sincero descubre por qué se embellecen o se manipulan los estudios académicos y da una pista sobre por qué se hace en otros sectores laborales. No todo lo que cuentan cuando nos venden un estudio académico es cierto.
Males
académicos
Esteban Hernández* ajo el extenso y enrevesado título Artifice or integrity in the marketization of research impact? Investigating the moral economy of (pathways to) impact statements within research funding proposals in the UK and Australia emerge un estudio sobre los problemas que está sufriendo la educación superior, pero también sobre los que aquejan a gran parte del trabajo intelectual en la sociedad contemporánea. Los investigadores Jennifer Chubb ( Un iver sid a d de York ) y R ich a rd Watermeyer(Universidad de Bath) describen una serie de contradicciones en el seno de las universidades, cuyo núcleo está instigado por un cambio que lleva a los profesores a orientarse cada vez más hacia la captación de fondos, hacia la consecución de impacto en sus investigaciones y hacia un mayor rendimiento. Esa presión por obtener resultados que no están en su mano les lleva acomprometer o sacrificar su integridad en un intento de asegurarse ventajas profesionales. La consecuencia última es la utilización ambigua o el abandono de los códigos tradicionales de conducta,
aquellos que tenían como horizonte el universalismo, la ausencia de intereses, el escepticismo y la defensa de la crítica y la verdad objetiva, y a sustituirlos por el pragmatismo profesional, la mercantilización y las prácticas rentables. En este nuevo managerismo, los académicos son reclutados, promovidos y premiados, aseguran los investigadores, con base en su capacidad de captar ingresos y de atraer “bienes posicionales”, lo cual provoca que pongan en marcha prácticas inusuales que acaban siendo percibidas como eficaces, legítimas y adecuadas al papel del verdadero académico.
Tergiversar o mentir
Es cada vez más difícil deslindar los territorios de la construcción de conocimiento de los de la gestión de fondos para su financiamiento.
La presión por aplicar sistemas que conduzcan a alcanzar estos resultados, que llaman Pathways to Impact Statements o procedimientos que marcan los caminos para alcanzar el impacto pretendido, implican una presión sistémica que modifica los comportamientos de los sometidos a ella. Los académicos envuelven sus investigaciones en marketing, lo que favorece las propuestas infladas, que buscan seducir mucho más que describir, y que convierten en indistinguibles las investigaciones de las exageraciones.
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Embellecer, tergiversar o mentir sobre la importancia y el alcance de las investigaciones se ha convertido en una práctica normalizada y necesaria en la cultura académica, asegura el estudio, a la hora de alcanzar sus objetivos, como la consecución de fondos: “¿Me creo esto? No. ¿Me ayuda a conseguir fondos? Sí”. (Profesor del Reino Unido) “Escribiré mis propuestas según lo que marca mi trabajo, pero en los flecos añadiré algunas mentiras acerca de su utilidad, porque es la única manera que tenemos de conseguir fondos. Tengo un trabajo que hacer y es el modo con el que cuento para terminarlo. Es una pena, ¿no?”. (Profesor del Reino Unido) “Ahora, con la autojustificación permanente nos metemos en un entorno muy sucio. Alguien te llega con cosas académicas que seguramente no tienen ninguna importancia, les pides que te las enseñen, y nunca puedes estar seguro de si te están diciendo la verdad o las están tergiversando. Eso no es bueno”. (Reader en una universidad del Reino Unido)
Entre los entrevistados unos explicaron que la mercantilización en la investigación es un asunto de supervivencia en el mundo académico y señalaron que se suele operar de un modo parecido al del comerciante, intentando satisfacer las expectativas de logro y éxito que los directivos les imponen. La cuestión de fondo alcanza mucho más allá de las prácticas académicas. Los trabajos son cada vez más un entorno donde se exigen resultados y se priorizan las técnicas de venta sobre las reglas propias del oficio.
“Tendrás problemas”
Varios entrevistados explicaron que la mercantilización en la investigación es un asunto de supervivencia en el mundo académico y señalaron que se suele operar de un modo parecido al del comerciante, intentando satisfacer las expectativas de logro y éxito que los directivos les imponen: “Si puedes encontrar a un académico que no haya mentido o embellecido sus investigaciones para obtener recursos, entonces estás señalando a un académico que seguro tiene problemas con su jefe de departamento Si no juegas el juego, estás causando un perjuicio a tu universidad. Así que cualquier persona que sea tan ética como para no romper las reglas y para no dedicarse a estos juegos, va a tener problemas, lo cual es lamentable”. (Profesor, Australia)
“Es solo un poco peor”
La presión por los objetivos, aseguran los investigadores, termina por proporcionar una inmunidad moral a los académicos en este contexto de búsqueda de impacto: “No creo que nos debamos preocupar demasiado por esto. Es simple supervivencia… La gente escribe ficción todo el tiempo, esto es sólo un poco peor”. (Profesor, Australia) “Encontraremos alguna manera de disimularlo. No es que no vayamos a salir bien, que siempre terminamos haciéndolo. Es la tensión moral a la que la gente está sometida”. (Profesor, Reino Unido).
Consecuencias negativas
Otros entrevistados, sin embargo, argumentaron que aunque las Pathways to Impact sean un camino hacia la supervivencia en el trabajo, su utilización causará consecuencias negativas, por ejemplo a la hora de la valoración pública de la investigación: “Todo tiene que ver con la supervivencia y se vuelve desalentador. Pone a la gente en situaciones comprometidas y crea un clima de desconfianza”. (Profesor, Reino Unido). El estudio asegura que el problema aumenta en la medida en que estas exageraciones no sólo proporcionan la subsistencia en el trabajo, sino que son también la principal causa de progreso en la carrera profesional.
La cuestión de fondo, sin embargo, alcanza mucho más allá de las prácticas académicas. Los trabajos son cada vez más un entorno donde se exigen resultados y que priorizan las técnicas de venta sobre las reglas propias del oficio. Un ingeniero no sólo debe realizar una tarea técnica, sino que debe vender los proyectos y sacarlos adelante al coste más bajo; el abogado ha de captar y conservar a los clientes, y el periodista conseguir lectores, y eso no puede hacerse sin utilizar algunas prácticas que, como bien se describe en el artículo citado, pueden entrar en conflicto con las bases que deben dirigir una profesión. La mercantilización, el empaquetado del producto para que venda mejor es un mal común en la política, en la empresa y en las profesiones, y el ámbito académico no es más que el terreno en el que estos problemas se reflejan. Como asegura Mats Alvesson, profesor de la Universidad de Lund, resulta mucho más sencillo vender la imagen que vender el trabajo. En nuestra época la marca termina siendo más importante que el producto, la apariencia que la sustancia, la actitud más que la calidad del trabajo y la imagen más que la profesionalidad. El foco está puesto en la superficie y no en lo de dentro, lo cual está generando contradicciones llamativas. “Haciendo bien las cosas sustanciales (esto es, las cosas que podemos hacer, las que hacemos y las que conseguimos) es difícil tener éxito y más aún comunicarlo. Sin embargo, otros indicadores son mucho más sencillos de conseguir y visibilizar, como el título falso, el CV inflado, las certificaciones que no significan nada, o vender una imagen impresionante en Facebook, Twitter y otros medios de comunicación social”. Y eso es exactamente lo que están haciendo los académicos, como el resto de profesionales: dar brillo a su producto. *El Confidencial
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Contando el tiempo Las creencias de los gestores del sector editorial encubren una idea clasista, empobrecedora para la sociedad y poco pragmática comercialmente
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¿El libro desap
Esteban Hernández* la industria editorial le queda poco. No es una afirmación mía: lo dice un editor que explica que su empresa, que arroja buenos resultados, está en el mismo caso de Kodak: fue esplendorosa durante un tiempo, ahora sobrevive y en breve habrá desaparecido. Ese instante en el que ya no habrá vuelta atrás llegará pronto, y no parece haber demasiado que el sector editorial pueda hacer. Las señales que desprende el contexto así lo indican. Los libros venden mucho menos que antes, de forma que con unos cuantos miles de ejemplares una novela se convierte en superventas. Hay pocos títulos que verdaderamente consigan generar ingresos y el resto circula entre el rendimiento escaso y el ínfimo.
El presagio de males mayores
Otros sectores culturales están viviendo un momento parecido, pero tienen algunas defensas: se venden pocos discos, pero las actuaciones en directo y los grandes festivales cobran un nuevo vigor; el cine tiene varios canales de venta, y conserva aún cierto carácter de acontecimiento que hace que disfrutar de una película en una sala sea superior a verla en la pantalla del ordenador. El libro no, carece de otras formas de rentabilización más allá de su contenido. Ha habido momentos recientes en la historia en los que la industria editorial iba peor que ahora. La España de los 50 y 60, con sus deficientes niveles de alfabetización, la ausencia de recursos familiares para la cultura y las largas horas de la jornada laboral no era el contexto más propicio para su desarrollo y, sin embargo, poco tiempo después, el libro vivió un extraordinario florecimiento. Ahora se percibe el momento editorial no como una recesión que terminará pasando, sino como el presagio de males mayores que abocan a que el libro quede confinado en pequeños nichos de nostálgicos acostumbrados al papel o de hipsters que, como ocurre con el vinilo, aprecien el objeto en sí mismo.
Qué quiere la gente
El problema de fondo no es sólo que el libro cuente con competidores muy potentes a la hora de ocupar el ocio, esos que han conquistado por completo a las nuevas generaciones, como los videojuegos o las redes sociales, sino que los que estamos cambiando somos nosotros. La creencia común es que la falta de tiempo y la acumulación de estímulos han transformado el cerebro del humano del siglo XXI, que se vuelve incapaz de mantener la atención prolongadamente. Necesita fuentes de atracción continuas, y un libro no puede competir con la rapidez y el atractivo del audiovisual o las interacciones frecuentes de las redes sociales.
Hay indicios preocupantes de que los libros son una especie en vías de extinción.
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parecerá pronto? Archivo
En este contexto, el libro como objeto de conocimiento, como parte de la formación personal y social del ser humano, ha perdido su lugar. La gente estaría buscando entretenimiento, sencillo y divertido, y mejor si está de moda, o en caso contrario, información práctica, algo que pueda rentabilizar en su vida privada o en la profesional. Todo este conjunto de convicciones (el lector desconcentrado, la necesidad de lenguajes visuales y poco complejos, la visión del comprador como alguien que prefiere el celular al libro y que busca pasarlo bien o conocimiento pragmático) es lo que está tejiendo las direcciones que la industria editorial está tomando.
Quieren empobrecernos
Esta visión pesimista del futuro de la industria y neorrealista del ser humano esconde varios problemas. En primer lugar, porque demuestra escasa confianza en nuestras capacidades, como si la época nos hubiera convertido en personas mucho más limitadas de forma irreversible. En segundo, porque la anima una visión sorprendentemente elitista. Del mismo modo que hace décadas se decía que no se podían publicar determinados libros porque el lector era poco menos que analfabeto, y que como máximo podía leer novelas del oeste o románticas (cuando lo que se quería decir es que era conveniente para el sistema imperante un tipo concreto de obras) hoy se llega a un lugar similar sólo que revestido de un supuesto diagnóstico neurocientífico: la gente tiene demasiada información, no puede absorberla y ya no es capaz de concentrarse, por lo que debemos ofrecerle contenidos muy simples y mejor si son visuales. En definitiva, volvemos a versiones elitistas de la sociedad por otros caminos; en otros tiempos eran pobre gente cuya cabeza no daba para más por evidentes deficiencias, los de ahora son personas que se manejan mal con los conceptos complejos porque prefieren distraerse con liviandades. En ambos casos late una intención empobrecedora (voluntaria o inconsciente) de la sociedad, bajo la excusa de que la gente no da más de sí. De manera que quizá sea hora de que la industria deje de refugiarse en banalidades deterministas y afronte su crisis a partir de una realidad: está perdiendo lectores, lo cual quiere decir que tiene que trabajar duro para hacerse un espacio y volver a situarse en un entorno que ya no le es favorable. Pero no es algo imposible, porque las cosas cambian con frecuencia: España era un país despolitizado y de repente todo el mundo estaba viendo los debates televisivos un sábado por la noche, algo muy desprestigiado, como esa ginebra que ingerían los obreros en bares baratos, se convierte de pronto en la bebida preferida de las clases medias altas; incluso el Atlético de Madrid logró superar la gestión de
Jesús Gil y quizá el Real Madrid logre sobrevivir a la de Florentino. Hay quien argumenta que el libro nunca morirá porque la gente seguirá leyendo de un modo u otro, que lo que están obsoletos son los modelos de negocios de las viejas editoriales. Pero esta es una versión bastante endeble: si se quiere decir que se consumen los mismos contenidos pero no en libro de papel, se hacen trampas al solitario, porque la industria de los ebooks es mucho más débil que la tradicional; y si se afirma que la gente consume mucha más información, pero a través de webs, de artículos o de reportajes, lo que se está reconociendo es que ya no leen libros.
Reflexiones de largo aliento
La industria editorial ha ejercido una labor mediadora, que consiste en esencia en elegir contenidos, intentar mejorarlos y conseguir que la gente se interese por ellos. Es verdad que los modelos están cambiando y que pueden ir a peor, pero las editoriales, si quieren tener un papel en este tiempo, tienen que seguir haciendo eso, y de una forma mucho más eficaz que la actual. Pueden señalar al lector como limitado como causa última de su descenso en relevancia, o pueden empezar a pensar de forma inteligente y pragmática como conseguir que el libro sea valioso para nuestra sociedad. Es imprescindible caer en la cuenta de que el futuro del libro es importante mucho más allá de quienes están implicados de un modo u otro en él. Y, en este sentido, da igual el soporte: papel, formato digital o rollos de pergamino. Lo esencial es que las reflexiones de largo aliento, aquellas que tocan al ser humano, que lo transforman, que lo reconfortan o que lo ilustran, pervivan. Sea una novela o un ensayo, no nos podemos permitir que la capacidad de ahondar en el ser humano, en sus condiciones de vida, en sus contradicciones y grandezas o en las estructuras que le albergan, desaparezca. No, la cultura no se está muriendo. Se está sustituyendo una por otra, bastante pobre, como si quisieran que la mayoría de la sociedad regresase el lugar que siempre le ha pertenecido, el de la ignorancia. *El Confidencial
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Tragaluz
Guatemala, viernes 15 de abril de 2016 Fotos:Archivo
Kaplan: historia de una obsesión Pablo Espinosa * ivió una vida de película. Gilbert Edmund Kaplan nació en Nueva York el 3 de marzo de 1941 y abandonó el cuerpo físico dos horas y media después de comenzar el año 2016. Su hermano mayor, Joseph Brooks (nacido Joseph Kaplan y famoso como Joe Brooks o Joey Brooks), fue un compositor que hizo fortuna merced a su talento como inventor de melodías pegajosas de anuncios comerciales y música para Hollywood, donde fue multipremiado. Se suicidó en 2011 para no llegar al tribunal, donde sería juzgado por abuso sexual. El padre de ellos tenía una espléndida voz de barítono y era fabricante de ropa y su madre, banquera, cortó los estudios del niño Gilbert porque tomaba clases de corno francés y piano, pero se negaba a practicar los ejercicios diarios de solfeo, embocadura y habilidad digital sobre el teclado. Así que fue a parar a la Duke University de Carolina del Norte, donde se graduó en economía. Su talento lo convirtió en un lobo de Wall Street. Tenía 26 años cuando el magnate del whisky, Gerald Bronfman, le prestó cien mil dólares para fundar la revista Institutional Investor, cuya imagen le ganó el apodo de “la Vanity Fair de los inversionistas”. A la manera de los cómics de Rico McPato, de inmediato hizo su primer millón de dólares. Un buen día de 1965 le cambió la vida. Asistió a un ensayo de la American Symphony Orchestra. Leopold Stokowski lo hizo cimbrarse con la Segunda Sinfonía Resurrección, de
Su Resurrección queda entre los conciertos inolvidables que Kaplan ofreció por el mundo, en su escalofriante manera de lograr detalles en la ejecución de esa obra con una transparencia pasmosa y claridad en el discurso que pocos directores mahlerianos han logrado. Gustav Mahler. “Yo entré a la sala como una persona y salí convertido en otra. Fue como si hubiera caído sobre mí una tormenta de relámpagos”. Auferstehung, resurrección. Ese pasaje de la sinfonía lo atrapó de por vida. Se propuso, de manera obsesiva, convertirse en director de orquesta solamente para dirigir en público esa obra.
La muerte del lobo
En ese instante murió como lobo de Wall Street y resucitó como el más apasionado de los mahlerianos. Gilbert Kaplan se obsesionó con esa sinfonía al punto de quemar sus naves en Wall Street y volver a estudiar música. Pero no toda la música, solamente la Sinfonía Resurrección, la única obra en todo su repertorio de por vida. La sinfonía por la que Gilbert Kaplan se obsesionó nació a su vez de una obsesión.
Gustav Mahler escribió obras que oscilan de lo sublime a lo grotesco debido a sus dos obsesiones centrales: el amor, que expresaba en música de manera sublime, y la muerte, que manifestaba de manera grotesca. Eros y Thanatos exacerbados.
Estrategia impecable
Los siguientes 17 años los dedicó a estudiar esa obra, con el auxilio de Charles Bornstein, asistente de Stokowski precisamente en la preparación de la Segunda de Mahler con la American Symphony Orchestra, elementos que estremecieron en relámpagos al magnate Kaplan. Esa habilidad del millonario de Wall Street para conseguir las herramientas claves para su propósito, conformaron su polémica trayectoria en el exigente, caníbal mundo de la música de concierto. Para muchos, Gilbert Kaplan es una farsa, un lobo de Wall Street que pagaba por tocar, un músico inventado gracias a su poder económico, capaz de comprar críticos de música, alquilar orquestas mediante donativos y las mejores salas de con- cierto a su disposición. Para otros, es un referente mahleriano que se convirtió en imprescindible por lo mucho que aportó en el conocimiento de la obra de Mahler. Su estrategia era impecable: ofrecía donativos a las orquestas, siempre necesitadas todas de recursos, y añadía a su currículum, una a una, las más prestigiadas del orbe. La única orquesta que no cedió a sus requiebros fue la Filarmónica de Berlín, ante lo cual Kaplan atenuaba así: “Bue-
iernes
Guatemala, viernes 15 de abril de 2016
En los discos que dejó grabados y en la leyenda que forjó queda registro del extraño caso del diletante Gilbert Kaplan. Un multimillonario que dedicó su vida y su fortuna a una sola obra en toda su vida. La suya es la historia de una obsesión, similar a la que movía las herramientas creativas de su inspirador: Gustav Mahler.
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Mahler (1860-1911), diagnosticado con neurosis obsesiva, decía que su cabeza estaba habitada por melodías recurrentes.
no, es que el maestro Simon Rattle, director de esa orquesta, interpreta la Segunda de Mahler de manera tan excelente que no hago falta ahí”.
fuera de escena y que aportan una atmósfera sobrecogedora y celestial.
Los caprichos del dinero
Su poder económico lo hizo poseedor del tesoro del manuscrito de Mahler, cuya trayectoria lo dotaba de pedigrí: al morir, el compositor dejó el autógrafo a su esposa, Alma Mahler, quien lo regaló al director de orquesta holandés Willem Mengelberg, amigo de Mahler y uno de sus principales difusores. Al morir Mengelberg, “Es un gran placer la partitura estaba protegida mediante una fundación y era encontrar a un hombre mostrada en un museo de La de Wall Street con quien Haya. Kaplan la adquirió en 1984 y la dejó en depósito en puedo hablar de música, la Biblioteca Pierpont Morgan, de Nueva York. La edición fac- porque cuando me reúno similar que publicó incluye un prólogo de Kaplan y una meti- con mis colegas sólo culosa cronología de la composición hecha por Edward hablamos de dinero” (Sir R. Reilly, máxima autoridad Georg Solti, director de en los manuscritos de Mahler. El shopping de Kaplan no se orquesta húngaro). limitó al manuscrito. Regaló a su esposa, la diseñadora de interiores sueca Lena Biörck, el único anillo que tuvo a bien Mahler regalar a su mujer, Alma Mahler. Kaplan dirigió más de cincuenta veces con distintas orquestas en el mundo la Segunda de Mahler con una batuta que perteneció al compositor y también director de orquesta. La estrategia de Gilbert Kaplan podía ser denostada, pero él no puede ser acusado de mentir en su entrega a una sola partitura en su vida. Cada vez que subía a algún podio importante, no cesaba de decir: “Soy un amateur”. En octubre de 2015 le fue detectado un cáncer cuya agresividad lo consumió rápidamente, en menos de tres meses.
El lobo de Wall Street utilizó sus habilidades adquiridas en el mundo del dinero para diseñar su fulgurante “carrera musical”. Cuando se sintió listo para dirigir en público, en 1982, tomó como pretexto la celebración de su aniversario 15 como periodista, es decir, como director de la revista más exitosa de Wall Street, alquiló para la fiesta el Carnegie Hall y contrató a la American Symphony Orchestra. Es decir, fabricó la repetición de la epifanía que lo convirtió al mahlerianismo, pero ahora él como protagonista, al mando, sobre el podio, de manera similar a los sueños que Gustav Mahler contó a su psicoanalista: se soñaba dirigiendo a una orquesta gigantesca, trepado en una escalera kilométrica y desde las alturas gobernaba la puesta en vida de su música, que quería fuera celestial. En el clausulado del contrato con la orquesta se estipulaba que el concierto sería por una única ocasión y exclusivamente para sus 2 mil 800 amigos y colegas y no se haría publicidad. Pero había letra chiquita y Gilbert Kaplan rompió el acuerdo olímpicamente. Coló entre sus invitados a dos críticos de música que publicaron sendos artículos elogiosos que hablaban del “nacimiento de una gran carrera musical”. En contrapeso, los expertos mahlerianos tienen argumentos sólidos y objetivos: Gilbert Kaplan aportó elementos fundamentales para el entendimiento y glosa de la Segunda de Mahler. Kaplan editó publicaciones muy valiosas musicológicamente hablando: Cómo Mahler dirigía su Segunda Sinfonía, En una nota de Mahler, un mundo de significados. Su mayor aporte vino también de los caprichos del dinero. Compró el manuscrito, de plano, pero para compartirlo, no sin antes jactarse de que halló más de 300
La batuta de Mahler
Kaplan es quizás el único director de orquesta en el mundo cuyo repertorio se limita a una sola obra: la Segunda de Mahler.
errores en la primera edición, de manera que hizo una edición crítica con anotaciones suyas y la publicó. El hecho fue celebrado por Tim Page, el gran crítico de música de The New York Times, en un artículo que publicó el 18 de mayo de 1986 y que inicia con una entrevista a Kaplan, quien responde: “La publicación de este facsímil significa que por primera vez esta obra maestra puede ser estudiada fuera de los confines de las bibliotecas y los archivos. Para mí, también representa la culminación de una larga y personal búsqueda de las raíces de la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler”. La Sinfonía Resurrección dura unos 85 minutos e involucra a una orquesta de gran tamaño, al igual que gigantesco el coro, dos cantantes solistas, una soprano y una contralto, un órgano y un conjunto instrumental con instrumentos de metal y percusiones, ubicado
*Revista UNAM
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Ventanas
Guatemala, viernes 15 de abril de 2016
¿Por qué importa Sinatra? Rosa Beltrán* uando pensamos en Sinatra pensamos en un crooner. Pero pensamos en mucho más. El temperamento feroz, la violencia etílica, la mafia, el apoyo incondicional a presidentes de la derecha y la izquierda, la respetabilidad de la vida pública y el desastre de la vida privada (lo público y lo privado mezclados en una desconcertante ambigüedad) y, sobre todo, el ascenso y la caída; la soledad pese al éxito. Es decir, pensamos en el mito americano. No en balde el libro favorito de Sinatra era El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald, esa novela que tiene el personaje más representativo de la oscuridad de nuestros vecinos del norte. Sinatra crece con la prohibición, la ley más tonta según él porque es la que crea a la mafia y no al revés. De los cuatro a los 18 años oyó en la cocina de su casa todas las razones que había para infringir la ley, una ley que se percibía como injusta.
Noble experimento
La mayoría de los prohibicionistas también avalaban restricciones severas contra la inmigración (algunas como las que estaban contra asiáticos, que eran puramente racistas) que sólo buscaban aislarlos, enjaularlos. Inmigrantes — como el caso de los italoamericanos— que acababan de luchar en la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, que sufrieron un reclutamiento obligatorio y que ahora se sentían engañados. La prohibición (el “Noble Experimento”) fracasó. Según datos de Pete Hamill, había cinco mil bares antes de la prohibición; con la prohibición creció a 32 mil cantinas ilegales. No es exactamente igual, pero algo dice de nuestra época. Según Sinatra, “todos estaban en la transa… Sabíamos que la policía transaba… pero
Pete Hamill (cronista, autor y amigo de Sinatra) se sentó a escribir el ensayo ¿Por qué importa Sinatra? cuando se enteró, de paso en un aeropuerto, que el mundo se había quedado sin La Voz. Que el sobreviviente de tantas eras en la vida estadounidense no viviría una más. Que Sinatra había muerto. Era el 14 de mayo de 1998. Entonces se preguntó: ¿por qué la vida de Frank Sinatra es imprescindible para entender la historia de Estados Unidos en el siglo XX? también creíamos que los curas transaban, los maestros, el tipo de la ventanilla de licencias matrimoniales, todo el mundo. Creíamos que si Dios venía a Nueva Jersey, él también se formaría para recibir su sobre” (pp. 92-93). No es igual, pero también dice mucho de nuestra idiosincrasia y nuestro tiempo. Sinatra representa también los modos de americanizar el crimen. De usar las relaciones para ir en con-
tra de la ley, de ser un proscrito. Es un self-made man. Y construye un arquetipo: el Tierno Tipo Rudo, el modelo de masculinidad estadounidense de todo el siglo XX. Su éxito arrollador tuvo que ver con un factor histórico: la guerra. Estados Unidos participaba en la Segunda Guerra Mundial, los hombres se habían ido al frente y las mujeres que se quedaron trabajaban en las fábricas de armamento y uniformes y ganaban sueldos que nunca antes habían soñado; sueldos que les permitían ir a clubes nocturnos a oír al hombre que cantaba sobre la soledad del amor y su añoranza.
Cien años de Sinatra
Todo esto para abonar el argumento central: a cien años del nacimiento de Sinatra el libro de Pete Hamill es lo que importa. Porque demuestra que la crónica no es un género menor. Del periodismo estadounidense aprendimos a hacer también nosotros, los latinoamericanos, grandes crónicas. Supimos cómo se puede tomar la figura de un gran personaje, un icono, para hacer el recuento de un país, de una época. Cómo —igual que sucede con la novela histórica al tomar un gran personaje, pero de modo más moderno— ese personaje nos habla, más que de sí mismo, de una forma de habitar el mundo que contagió a varias generaciones y a varias culturas. Ahondar en las muchas caras de Sinatra habla también de la ambigüedad moral de Estados Unidos. Y al hacerlo, Hamill retrata la manera en que inscribe la historia de un país en la de un individuo. Es una lección de cómo se escribe ese género que oscila entre el ensayo y la crónica, que los norteamericanos llaman non fiction, que es otro modo de decir los misterios de lo real. * Revista UNAM
Réquiem
Guatemala, viernes 15 de abril de 2016
¡Pacheco ha muerto! ¡Viva Pacheco! Jefferson Velásquez*
Sos como la regla, llegaste puntual”, recitó al momento de abrir la puerta de su casa y recibirme con un abrazo, el miércoles 6 de abril, día que habíamos concertado una entrevista para este matutino. Hasta ese momento, ni él, ni yo, ni nadie, hubiera imaginado que sería la última intervención de su vida para un medio de comunicación. Y que ante la incredulidad de muchos, el lunes por la mañana se conocería la noticia de que había muerto a causa de neumonía, y que al día siguiente se le estarían rindiendo honores en el Teatro de Cámara Hugo Carrillo del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, y después lo acompañarían al Cementerio Las Flores para decirle el último adiós a una de las personalidades más importantes del ámbito teatral de Guatemala. En el trayecto desde la entrada hasta la sala, un pasillo colorido, fresco, ameno, en el que se respira arte y cultura, —igual que en toda la residencia, según pude ver—, habló de todo: la naturaleza, los vecinos, el arte, sus colegas, el sistema, las obras que están en cartelera, su estado de salud y especialmente de Jolie, su perrita.
“Hay viejitos que ya están acabados, pero yo soy una gacela”, comentó, ya que un día antes había asistido al Centro de Atención Médica Integral para Pensionados (CAMIP), para unos análisis, y añadió: “Una cosa es lo que se aprende en la universidad y otra lo que la vida enseña y la experiencia en el medio que uno se mueva. No se puede fabricar a un actor en la Universidad”.
Único y especial
¡No lo conocía!, fue hasta hace una semana que tuve lo oportunidad de escucharlo y verlo de cerca para comprender que realmente era “grande entre los grandes”, como decían sus alumnos, colegas, amigos, familiares y público que seguían de cerca su carrera artística, la cual empezó a los 8 años cuando se trasladó de Flores, Petén, a la capital. “Un hombre humilde a pesar de su grandeza como artista del quehacer teatral. Maestro de maestros en vestuario y maquillaje; y no se diga actuando o dirigiendo. Pero sobre todo, un gran amigo, un hermano”, manifiesta la actriz Ana María Bravo. El día que lo conocí, confirmé y comprendí que todos los halagos que rodeaban e idealizaban su nombre eran merecidos y acertados. Tenía algo que pocos pueden presumir, ese talento
puro y natural con el que la vida premia a pocos; esa grandeza y esencia que son características y virtudes que se posan en personas que están destinadas a trascender. Edipo Rey, Antígona, La Dama de Alba, La barca sin pescador y Entre mujeres, son algunos de los trabajos en los que participó y brilló, y que le hicieron ganar el cariño y respeto del público, además de por lo menos 25 premios durante su carrera. Su participación había mermado durante los últimos años; sin embargo, siempre fue una fuente de consultas, opiniones y conocimientos para directores y actores, quienes acudían a él para pedir consejo y apoyo, y además lo invitaban a ser del elenco de algunas puestas en escena, pero su trabajo como diseñador de moda y realizador de maquillajes y vestuarios siempre fue aplaudido. “Yo le saque raja a mi profesión como actor, diseñador y director. A mí me han pagado mi trabajo. Dejé mi vida en eso, y aparte me gusta, entonces estoy rayado”, fueron las últimas palabras de Pacheco, al concluir la entrevista. Guatemala estaría despidiendo 6 días después, a quien vio la luz de la vida el 19 de mayo de 1941, y que ahora vivirá en el recuerdo como uno de los grandes maestros del teatro de Guatemala. * Periodista
15 Willy Estrada