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Revista Viernes del Diario de Centro América del viernes 12 de marzo de 2021.

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Guatemala, 12 de marzo de 2021 Año 7 No. 359

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Orson Welles

y el Ciudadano Kane


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Guatemala, viernes 12 de marzo de 2021

Editorial

E. M. Cioran

Ver por la ventana. Interrogar a la vida. Amar las

Desgarradura

preguntas. Descifrar las claves del azul en un cielo imaginario que se aleja a medida que uno se acerca... Filosofar, en fin, parece una buena manera de enfrentar

EMOLEDOR de ídolos, engaños, prejuicios e ilusiones, Cioran ha hecho pedazos la figura convencional del filósofo al no rebajarse nunca a “pensar por pensar”. Su obra describe una trayectoria (inversa a la de Friedrich Nietzche) que va de la lucidez en carne viva, insoportable, de sus primeros textos, a la promoción inexorable de la ironía, que en este libro es ya “la ley del mundo”. En Desgarradura hallamos al Cioran de Breviario de podredumbre, de Del inconveniente de haber nacido, de La tentación de existir: la misma precisión diabólica en la escritura, la misma inquietud por la historia, esa “obnubilación en marcha”, el mismo furor ante la humillación de ser tan solo humano. Hijo de un alto cargo de la iglesia Ortodoxa y de una mujer propensa a la música y a la melancolía, E. M. Cioran nace en Rasinari (Rumania) el 8 de abril de 1911. En la Universidad de Bucarest se licencia en Filosofía (1932) con una tesis sobre Bergson. Viaja a Occidente, continúa sus estudios en Berlín, envía artículos a diversas revistas rumanas. Regresa a su país y trabaja como profesor, experiencia que dura apenas un año. Cuando, en diciembre de 1937, llega a París, ha publicado ya cinco libros. Durante diez años continuó escribiendo en rumano y alternó su vida de estudiante con largos viajes en bicicleta por toda Francia. Solo en 1947 decide cambiar de lengua. Dos años después, Gallimard edita Breviario de podredumbre, libro que le descubre como uno de los pensadores (y escritores) más originales y corrosivos del siglo. Desde 1946 gozó del único estatuto que le parecía aceptable: el de apátrida.

esta porción fugaz, aunque implacable, del siglo que nos toca. Al recoger reflexiones y consignar la actividad creativa de científicos y artistas, estas páginas se hacen eco también de la exhortativa socrática a involucrarse en aquello de hacer del pensamiento un ejercicio sistemático de interrogación en la búsqueda incansable del bien común. Y es que todos los días se construyen sueños con los materiales que la vida arrastra. Huellas de amor y llanto trazan el itinerario de los hechos. Por eso, a veces la esperanza duele. Y como a toda hora una fantasía se derrumba, tiene sentido suponer que el futuro, ese abigarrado cruce de caminos, está hecho de escombros y travesías inconclusas. Somos evidencia de que la vida no es un destello aislado sino confluencia de sueños. Aunque el siguiente paso hacia adelante sea un trazo ciego sobre un mapa aún desdibujado, lo seguro es que lo daremos juntos.

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Coordinador: Francisco Chinchilla Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Sulhema Pacheco Digitalización: Freddy Pérez

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Subdirector General Técnico: Víctor Valenzuela

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Guatemala, viernes 12 de marzo de 2021

Semblanza Sofonisba Anguissola

Miguel, el de los ángeles Michelangelo Buonarroti nació en Caprese, Italia, el 6 de marzo de 1475. Arquitecto, escultor y pintor renacentista, es considerado uno de los más grandes artistas de la historia, tanto por sus esculturas, como por sus pinturas y obra arquitectónica, desarrollada a lo largo de setenta años entre Florencia y Roma, ciudad donde murió el 18 de febrero de 1564.

La primera pintora reconocida del Renacimiento italiano, Sofonisba Anguissola nació el 2 de febrero de 1532 en Cremona. Fue la mayor de los siete hijos de Bianca Ponzone y Amilcare Anguissola, perteneciente a la nobleza genovesa. Su padre animó a sus hijas (Sofonisba, Elena, Lucía, Europa, Minerva y Ana María) a perfeccionar sus talentos. Aproximadamente desde 1545 se formó con el retratista Bernardino Campi, y con Bernardino Gatti (también conocido como Il Sojaro) desde1549. Sofonisba fue una de las primeras pintoras en Europa; además tuvo talento literario y musical, y mantuvo una estrecha correspondencia con los artistas más famosos de su época. Aprendió el arte del retrato, que dominó con una pericia superior a la de sus maestros, buscando poses desenfadadas, inusuales en esa época y en las que los protagonistas aparecen en actitudes informales realizando tareas domésticas acompañados de objetos que definían sus personalidades. Así aparece ella misma en numerosos autorretratos en los que se le ve tocando algún instrumento musical, leyendo o pintando. En estas obras se aprecia la innovación en el retrato del Renacimiento mezclando arte de Italia y Flandes. Giorgio Vasari, considerado como el primer crítico de arte de la historia, tras visitar a la familia de la joven, subrayó sus habilidades en la pintura y el dibujo. En sus primeros trabajos aparecen las influencias de Campi, que también destacó como retratista. Sus trabajos en Cremona incluyen algunas pequeñas obras religiosas realizadas por encargo. Sofonisba seguía practicando la pintura además de enseñar a tres de sus hermanas: Lucía, Minerva y Europa. El 1556, Amílcar Anguissola presentó a su hija en varias cortes, intentando encontrarle patronazgo para su arte. Se la invita a la corte de Felipe II en 1559 gracias al duque de Alba, por lo que se dirigió a Madrid como dama de compañía y maestra de pintura de la reina Isabel de Valois, a la que acompañó hasta su muerte en 1568. Su retrato de Felipe II (El Prado) estuvo atribuido al pintor español Juan Pantoja de la Cruz (pintor de Felipe II y Felipe III), según aparecía inventariado en el Alcázar de Madrid en 1686, aunque posteriores apreciaciones estilísticas señalaron la autoría de Sofonisba Anguissola. Del mismo modo sucedió con su obra Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II, que también fue considerada obra de Pantoja de la Cruz. Permaneció soltera hasta 1571, y el rey se afanó por entonces en buscarle marido. Así contrajo matrimonio con Fabrizio de Moncada, hermano del virrey de Sicilia, a donde se trasladó. Tras la muerte de su primer esposo, volvió a casarse con el noble genovés Orazio Lomellino, residiendo entre Génova y Palermo. Sofonisba continuó pintando a pesar de sufrir una fuerte pérdida de visión. En Palermo recibió en 1624 la visita de Anton van Dyck (su sucesor como retratista oficial de la corte española), que la retrató con la anotación de su edad por entonces, noventa y seis años. Sofonisba Anguissola falleció el 16 de noviembre de 1625, en Palermo, Italia. Fue enterrada en San Giorgio dei Genovesi.


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El profesor Eduardo Infante lanza retos filosóficos en redes sociales. “Filosofar es examinar la vida, es un interrogar la vida para poderla vivir humana y cabalmente”.

Interrogar la vida

Apenas dos palabras de una alumna llevaron al profesor Eduardo Infante a cambiar radicalmente cómo enseñaba filosofía. Alejandra Martins*

SU RESPUESTA me destrozó, no supe qué decirle”, relató Infante, quien enseña actualmente filosofía en un instituto en Asturias, España. El docente español revolucionó sus clases, en las que Twitter se vuelve una versión moderna de los mercados públicos de Atenas en los que debatía Sócrates. Infante plantea en Twitter sus llamados #filoretos, retos filosóficos para la vida cotidiana abiertos no solo a sus alumnos sino a todo el mundo. Hablamos con él sobre su nuevo libro, Filosofía en la calle, y de por qué es crucial recuperar en estos tiempos el ejercicio de la filosofía.

En tu libro relatas que las palabras de una alumna te afectaron profundamente.

¿Qué sucedió?

Fue hace unos 20 años, en mi primer año dando clase de filosofía. Acababa de llegar de Perú, donde había estado un año como voluntario en una ONG, y había comenzado a dar clase en un instituto de Sevilla. Les estaba explicando la metafísica de Aristóteles a un grupo de alumnos de segundo de bachillerato, el año anterior a entrar a la universidad. Ellos se portaban muy bien, y yo era uno de esos profesores que confundían el respeto con el interés. Iban anotando todo lo que yo iba explicando en su libreta. Pero había una chica sentada al fondo de la clase, con nada sobre la mesa y su libro guardado en la mochila, que se distraía mirando por la ventana. Yo seguía dando clase intentando no darle importancia, pero me fui poniendo cada vez más nervioso. Así que dejé la tiza en la mesa, me acerqué a ella, y le pregunté con esa ironía que nos gastamos a veces los profesores y que solo nos hace gracia a nosotros, que qué era eso tan importante que había al otro lado de la ventana y que si sería más interesante que el examen que teníamos la semana que viene. Entonces fue cuando la chica me respondió con esas dos palabras que me cayeron encima como una bomba de napalm que lo arrasa todo a su paso. Me respondió: “La vida”. Y a mí eso me destrozó, no supe que decirle. Sentí que sin darme cuenta había convertido mi aula en una caverna. Estaba tan obsesionado por impartir el programa oficial y prepa-

rarlos para la prueba de acceso a la universidad, que había olvidado en qué consistía la filosofía. Yo me enamoré de la filosofía precisamente con la edad de esa chica, curiosamente cuando mi tutor en el instituto me castigó. Había pintado “la justicia es una gran mentira” sobre la pared del baño con espray negro, y mi tutor me puso como castigo leer la Apología de Sócrates —una obra de Platón que da una versión del discurso que Sócrates pronunció como defensa, ante los tribunales atenienses, en el juicio en el que se le acusó de corromper a la juventud y no creer en los dioses de la polis—, y me alucinó. La figura de Sócrates y la historia de su juicio y de su muerte me marcaron, y esas dos palabras que dijo mi alumna me hicieron volver hacia atrás y darme cuenta de que yo había hecho algo tremendo, que era desconectar la filosofía de la vida. Porque Sócrates avisaba una y otra vez que filosofar es examinar la vida, cuestionarla, interrogarla, precisamente para poderla vivir humana y cabalmente. Entonces, el hecho de que la vida quedara al otro lado de mi aula me mató.

¿Qué hiciste entonces?

Terminé la clase como pude y estuve todo el día pensando en las dos palabras que me había dicho mi alumna. Al día siguiente volví a aparecer en clase, y lo que hice fue borrar la pizarra, cerrar los libros e invitar a mis alumnos a salir a la calle. Fuimos a un pequeño parque que había al lado del instituto, haciendo filosofía


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a lo aristotélico, dando paseos. Nos sentamos debajo de un árbol, y ese día la clase me la dieron ellos a mí, porque por primera vez era yo el que cerraba la boca, el que escuchaba. Simplemente les pregunté cuáles eran los problemas que a ellos les inquietaban, y fui tomando nota en mi libreta de lo que me fueron diciendo.

¿Qué les preocupaba?

Los temas son los capítulos que salen en el libro: cómo afrontar una ruptura sentimental, cómo superar la muerte de un ser querido, la muerte, el sentido de la vida, la agresividad y la violencia, el aborto, el tema de Dios, de la justicia... Lo que hice fue “darle la vuelta a la tortilla”, dejar que la vida inundara mi aula, y traer a los grandes filósofos de la historia. Les decía a los chicos: “Esas preguntas que ustedes hacen las han abordado hombres y mujeres a lo largo de la historia. Quizás sus respuestas puedan dar algo de luz, o quizás no, pero en el fondo les toca a ustedes elegir”. Y es que la filosofía es más un amor a la pregunta que un amor a la respuesta. La filosofía no es dogma, en la filosofía no hay púlpitos.

Háblanos de Sócrates...

Yo creo que Sócrates fundamentalmente era un ciudadano, quizás como dice Platón el más justo y bueno de todos los ciudadanos de Atenas. Estamos faltos de modelos de ciudadanía, por eso quiero recuperar la figura de Sócrates en nuestro mundo. Necesitamos entender que ser ciudadano no es votar cada cuatro años, o delegar nuestras responsabilidades políticas en unos profesionales.

¿Qué es ser ciudadano?

Es preocuparse del bien común y participar en su construcción. Hay que encontrar cuál es y separarlo de los intereses de la mayoría, que es algo diferente. Hay dos formas de entender la

“Hoy nuestra sociedad está profundamente infantilizada”. filosofía, creo yo. Tenemos el modelo de Descartes —contra quien no tengo nada—, que no me gusta mucho. Se encierra en una habitación separado del mundo: “Yo no necesito a nadie, solo voy a encontrar la verdad”. Y luego está la postura socrática, que me parece más acertada: “Necesito a los demás para encontrar qué es lo justo, qué es lo bueno, qué es el bien común”. Y ser ciudadano exige efectivamente desarrollar una serie de capacidades que no son naturales. Nadie nace con la capacidad de debatir, de dialogar, de consensuar, de discernir y de juzgar. Es algo que se aprende y que se necesita practicar. En la antigua Atenas los gimnasios eran los lugares de crecimiento y de formación, donde los ciudadanos se reunían para cultivar su

cuerpo, porque era muy importante estar sano, pero también para ejercitar el espíritu mediante la práctica de la filosofía. La filosofía era eso: debatir, dialogar, enfrentar los argumentos y tu posición a los demás. Era pedir a los demás razones de por qué pensaban como pensaban, dejar que los demás nos preguntaran por qué pensábamos como pensábamos. Es algo muy importante por recuperar, porque es un ejercicio de empatía. Más ahora con sociedades tan divididas… Por eso hablo de la importancia de recuperar la práctica filosófica en la cotidianeidad. Cuando entras en el diálogo filosófico, lo haces queriendo entender cuáles son las razones que esgrime la persona que opina de manera diferente, entendiendo que la persona que opina de manera diferente es mi colaborador. La sociedad actual está polarizada y enfrentada, y entendemos que una persona que opina de manera diferente es un enemigo al que hay que combatir. Y encima nuestra sociedad está profundamente infantilizada, y utilizamos una lógica que me parece perversa y que se nota mucho sobre todo en las redes sociales. En ellas nos movemos con un principio lógico absurdo: que algo es bueno o justo simplemente porque me gusta, y algo es malo o perverso porque me ofende. Esto es dejar que las emociones, las más básicas; además, ocupen el lugar que tienen que ocupar las ideas, renunciar al juicio ético, racional.

Explica la infantilización...

El adulto se comporta cada vez más de manera totalmente impulsiva. Vivimos en una sociedad en la que nos hemos acostumbrado e incluso nos parece bueno satisfacer el deseo cuanto antes mejor. Lo que nos vende realmente Amazon es tener lo que deseamos ya. Es una actitud totalmente infantil. Decía Aristóteles que lo que nos hace humanos, lo que nos dignifica, es la capacidad de reflexión. Es decir, la capacidad que tenemos de parar el impulso, de detenernos a pensar y preguntarnos: ¿esto que quiero hacer es lo mejor que puedo hacer?

¿Debates con tus alumnos?

“Y me pregunté, ¿por qué no le doy la vuelta a la tortilla y les meto la clase de filosofía en su mundo, en sus pantallas?”

En el primer capítulo del libro, lo que planteo es el valor moral de la mentira. En un principio, si a cualquiera le preguntaras si está bien mentir, rápidamente diría que no. Pero te pongo un caso que nos podría pasar a cualquiera de nosotros: imagínate que en verano vas de vacaciones a tu pueblo, una noche de alcohol, te involucras con una persona a la que no vuelves a ver el resto de tu vida. Al día siguiente por la mañana, recibes un mensaje de tu pareja y surge una pregunta: ¿qué es lo correcto, lo justo, confesar o callar? Ahí planteo dos alternativas. Y en ese momento Kant toma la palabra. Kant sueña con una utopía moral, con el mejor de los mundos posibles, y dice que en ese mundo no cabe la mentira bajo ningún concepto. Parece que nos tiene convencidos cuando aparece Jeremy Bentham y nos dice que nuestro deber es justo el contrario, que la máxima moral que debería seguir nuestra conducta es algo tan simple como no hacer daño. Y si evalúas las consecuencias de tu acción, te das cuenta de que


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confesando lo único que vas a hacer es causar daño a todo el mundo. ¿Qué es lo correcto, confesar y decir que tuviste algo con otra persona una noche, o callar para no hacer daño a tu pareja? Y la idea es siempre un amor a la pregunta, no hay resolución. En el marco del debate, cuando ya han visto la respuesta de Kant, les planteo el famoso contraejemplo del asesino en la puerta. Imagínate que estás en tu casa, tocan a la puerta y es un amigo tuyo que te pide que lo ocultes porque hay un asesino que lo está persiguiendo. Vuelven a llamar a la puerta, y en este caso es el asesino que nos pregunta: “¿Está ahí la persona a la que quiero matar?”. Si seguimos a rajatabla el criterio de Kant, lo que tenemos que hacer es no mentir. Pero el sentido común parece que nos dice que el imperativo categórico de Kant es una auténtica atrocidad. En el caso de Jeremy Bentham también pongo otro contraejemplo. Cuando intento convencer al lector de que ya está claro, que tenemos que intentar hacer el menor daño posible, le planteo el famoso dilema del tranvía desbocado, de la filósofa estadounidense Philipa Foot, aunque también existe otra versión de la también filósofa Judith Jarvis Thompson.

¿En qué consiste el dilema?

Un tranvía desbocado va a chocar contra cinco trabajadores que están en una vía. Lo único que puedes hacer es tirar de una palanca para que vaya a la vía de al lado, en la que hay un solo trabajador. La mayoría de la gente piensa que debemos evitar el mayor mal posible, que es preferible que muera uno a que mueran cinco, y la mayoría elige tirar de la palanca. Pero Judith Jarvis Thompson va más allá y nos dice: “Imagínate ahora que el tranvía está desbocado, va a impactar contra cinco trabajadores y tú te encuentras en lo alto de un paso a desnivel y al lado tuyo hay un señor corpulento.

“La filosofía es más un amor a la pregunta que un amor a la respuesta, la filosofía no es dogma, en la filosofía no hay púlpitos”.

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el bien, es complicado y exige una continua reflexión, un continuo diálogo con los demás.

¿Habilidad que se cultiva?

El nuevo libro de Infante trata muchos de los temas que debate con sus alumnos. La única manera de detener el tren es empujar al señor para que detenga el tren”. Si seguimos el criterio anterior, salvar el mayor número de vidas posibles, lo que tendríamos que hacer sería empujar al señor corpulento. Y ahí los alumnos te dicen: “Pero no es lo mismo empujar que tirar de una palanca”. “De acuerdo”, les digo. “Si tienes ese escrúpulo moral, no te preocupes. El señor corpulento va a estar al lado de una trampilla junto a una palanca, y lo que tienes que hacer es tirar de ella, para que se abra la trampilla y el señor caiga. ¿Qué es lo correcto?”. Mediante estas historias trato de demostrar que entender qué es lo bueno, lo justo, hacer

Sin duda, por eso me gustaría que recuperáramos esa habilidad, ese ejercicio. La filosofía es el ejercicio del ciudadano, e igual que hay que hacer ejercicio para mantener la salud del cuerpo, tenemos que hacer continuas prácticas para mantener la salud del alma. Los problemas que he planteado pueden parecer inusuales. Pueden decirme, “yo nunca voy a estar en un tranvía”, pero circuló hace meses un video que es lo mismo que lo que te acabo de plantear. En un momento en el que las unidades de cuidados intensivos (UCI) estaban a rebosar, el jefe del equipo médico de un hospital de Madrid les decía literalmente a sus doctores: “No tenemos respiradores para todos los pacientes. Hay que decidir quién vive y quién muere”. El criterio que proponía, y yo estoy totalmente en contra, era la esperanza de vida: salvaremos a aquellos que tengan mayor esperanza de vida. Es dejar morir a los mayores. Si entra un señor con 85 y un señor con 35 y sano, le pondré el respirador al de 35. Pero la vida humana tiene valor. La vida humana, lo decía Kant, es precisamente aquello que es digno. Es decir, lo digno es aquello a lo que no se puede poner ningún tipo de precio. Y yo podría decir: “¿Quién ha aportado más a la sociedad? ¿Quién ha estado más años de su vida aportando impuestos para pagar este hospital, el de 35 o el de 85? ¿Quién se merece ese respirador?”. Por eso se me ocurrió dejar los capítulos abiertos, para seguir debatiendo, sin dar UNA respuesta. Se dan respuestas. Al final pongo un código QR para que el lector pase el celular por la página y vaya directamente a un hilo de Twitter en el que puede dialogar con otros y también conmigo. *BBC


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Giorgio Vasari

DCA, 8 de marzo de 1937.Nació el 30 de julio de 1511, en Arezzo, Italia. Su dedicación al arte fue desde muy niño, viajó a Florencia, donde trabajó en el estudio de Andrea del Sarto y consiguió la protección de la familia Médicis. Entre las pinturas que se han conservado destacan los frescos del Palazzo Vecchio de Florencia y los del Vaticano, en Roma. Como arquitecto recibió influencias de Miguel Ángel Buonarroti. Entre los edificios que diseñó se encuentran el Palazzo degli Uffizi de Florencia, ahora museo, y un gran número de palacios e iglesias en Pisa y Arezzo. Sin embargo, su fama es debida a la literatura, particularmente por su Vite degli artísti, Vidas de los mejores pintores, arquitectos y escultores italianos (1550), uno de los primeros estudios sobre arte escritos por un artista eminente. La edición revisada incluye su autobiografía junto a las biografías de Miguel Ángel Buonarroti y otros destacados pintores de su tiempo. Este libro ofrece el punto de vista personal del autor a la hora de evaluar las obras de estos artistas, así como disertaciones sobre la situación de las artes en un periodo tan crucial. Giorgio Vasari recogió unos centenares de láminas de gran calidad, incluidos ejemplares de los siglos XIV al XVI. Montados en cartones decorados por el mismo Vasari, constituyen en realidad el primer Gabinete de dibujos de la historia, con sus atribuciones en exposición, propuestas por el propio coleccionista. A su muerte se vendieron, pero muchas se hallan en las colecciones importantes como los Uffizi o el Louvre. Giorgio Vasari falleció el 27 de junio de 1574 en Florencia.


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Reporte en V Preguntarse si está vivo un virus que en pocos meses infectó a más de un millón de personas en el mundo parece un poco absurdo, pero los científicos no se ponen de acuerdo. Enrique Sacristán* OS coronavirus SARS-CoV-2 son diminutos: solo tienen entre 60 y 140 nanómetros de diámetro. Están formados por una cadena de ARN donde van sus genes y una cubierta lipídica con las proteínas que les permiten adherirse y entrar en las células del cuerpo que invaden. Sin ellas no son nada, no podrían sobrevivir ni reproducirse. ¿Son, entonces, seres vivos? Los virus como este, que está causando tanto daño y dolor a la humanidad, ¿realmente viven? Hace décadas que los científicos debaten este asunto, pero de momento no se han puesto de acuerdo. “Para mí los virus, como el que provoca la enfermedad Covid-19, son seres vivos”, apunta la viróloga e inmunóloga Margarita del Val, investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO), de la Universidad Autónoma de Madrid, quien no se cansa de recordar que las medidas adoptadas para evitar la expansión de la pandemia son para proteger a los más vulnerables y a los que nos curan. “Claro que los virus son parásitos obligados —continúa—, pero de esto hay muchos más ejemplos en el árbol de la vida. Nosotros mismos somos organismos simbiontes obligados (aunque no parásitos), ya que sin la microbiota que tenemos en nuestros órganos probablemente no seríamos viables como especie”. Del Val también explica que estos ‘bichos’ se multiplican haciendo copias de sí mismos, mutan moderadamente sin comprometer su viabilidad, y como consecuencia de ello responden a las fuertes condiciones selectivas de su entorno, donde sobreviven los más aptos. “Los virus no envejecen ni mueren como individuos: si se inactivan es lo que llamaríamos un accidente, pero eso no es una característica inherente a la vida —aclara—. Otros seres unicelulares que se dividen por gemación tampoco mueren, e incluso algunas especies marinas (como ciertas medusas) son inmortales y solo se les acorta la vida por sus predadores”. De hecho, muchos virus se adaptan a su hospedador a lo largo de millones de años, encontrando un punto de equilibrio. “En esto son unos maestros los virus del herpes (como los labiales, que pueden estar años inactivos y solo revivir cuando surge algún problema en el cuerpo)”, pone de ejemplo la investigadora, aunque reconoce que no ocurre lo mismo con virus que surgen de repente como SARS-CoV-2. Sobre el origen de este nuevo coronavirus, los estudios indican que lo más probable es que se transmitiera a las personas desde los mur-

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¿Es un ser vivo el coronavirus?

ciélagos, quizá pasando por especies intermedias como el pangolín. No se sabe si se convirtió en patógeno cuando llegó hasta nosotros, donde tiene la capacidad de esconderse en individuos asintomáticos, o si ya lo era antes; pero el caso es que en pocos meses ya había infectado a más de un millón de personas en todo el mundo y ha acabado con la vida de cerca de 70 mil.

Un robot invasor

Su mecanismo de acción no parece propio de algo que no esté vivo, aunque también podría actuar como un robot replicante: llega a una célula humana atravesando las mucosas, se adhiere a un componente específico de su membrana, abre un hueco y, al entrar, introduce su cadena de genes en el mecanismo celular y lo “engaña” para que produzca los componentes de nuevos virus, que acaban saliendo a

buscar más víctimas. ¿Algo que hace esto está vivo? “Yo considero que sí —apunta Del Val—, pero soy consciente de que la opinión de otros virólogos es distinta, en particular los que trabajan y reflexionan sobre el origen de la vida. Su objeción más habitual es que los virus nunca son metabólicamente activos, siendo esta una característica vital, junto a las de multiplicarse y evolucionar”. Efectivamente, el carecer de metabolismo parece ser el quid de la cuestión para que algunos investigadores consideren que los virus no son seres vivos. Siempre necesitan una célula para mantenerse y prosperar, así que quedan fuera de los grandes reinos de la biología. Es justo lo que piensa la investigadora Ester Lázaro, directora del grupo de Estudios de Evolución Experimental con Virus y Microorganismos —nótese la distinción— en el Centro

Partículas del virus SARS-COV-2 (en amarillo) infectando células (azuladas) aisladas de un paciente y vistas a través del microscopio electrónico de barrido con corrección de color. / NIAID


Viernes

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de Astrobiología (CAB), aunque en realidad su opinión ha cambiado a lo largo del tiempo. “Cuando comencé a trabajar con virus hace más de 20 años me costaba creer que hubiera quien dudara sobre si eran seres vivos o no — comenta—. A fin de cuentas están hechos de las mismas moléculas que la vida, incluyendo un genoma en el que se almacena la información sobre sus propiedades y funcionamiento. Con esas instrucciones, se pueden multiplicar de forma muy rápida y adaptarse en tiempos récord a los cambios del ambiente”. Que todo eso no lo pudiera hacer el patógeno de forma independiente, a Lázaro no solo le parecía un detalle menor, sino que le reafirmaba en su idea de que eran organismos vivos muy simples que se aprovechaban de otras formas más complejas: “Las bacterias parásitas también han reducido sus genomas y ahora no pueden vivir de forma independiente, así que pensaba que a los virus les pasaba lo mismo”.

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Esquema del coronavirus SARSCoV-2.

Una receta

Sin embargo, su trabajo en el CAB le hizo cambiar de idea según fue reflexionando sobre qué es realmente la vida y sus propiedades esenciales. Según la viróloga, el consenso científico actual más extendido es que la materia viva debe cumplir estos requisitos: poseer información genética, tener la capacidad para transformar la materia y la energía procedentes del exterior en materia y energía aprovechables para su mantenimiento, incluir un compartimento que defina sus límites respecto al entorno y ser capaz de evolución darwiniana. “De todas esas funciones, hay una que los virus no poseen ni han poseído nunca en toda Fotos: Archivo

La comunidad científica se propone encontrar cómo enfrentar al virus.

su historia, que es la de obtener energía del medio externo”, subraya Lázaro; “es decir, los virus carecen de metabolismo, lo cual los excluye definitivamente de la definición de vida. Se multiplican y evolucionan, pero son las células las que hacen posible que esa multiplicación y esa evolución viral tengan lugar, aunque en ese proceso acaben destruidas”. Su compañero Carlos Briones, también investigador en el CAB y coautor del libro Orígenes, coincide con ese punto de vista en su obra: “Nuestro conocimiento actual apoya la idea de que los virus y viroides (agentes infecciosos todavía más sencillos) no deberían ser considerados como seres vivos, aunque resulten fundamentales en la evolución de la vida y en la configuración de nuestra biosfera. En el fondo, la cuestión biológicamente relevante no es lo que son, sino lo que hacen”. De hecho, los virus (palabra que en latín significaba veneno, ponzoña) en realidad llevan toda la vida con nosotros, coevolucionado con las primeras células desde sus comienzos en la Tierra y dejando su huella genética en ellas.

“Para bien o para mal, somos lo que somos gracias a nuestros parásitos, especialmente gracias a aquellos que nos manipulan de una forma más íntima”, dice Lázaro. “A pesar de que pienso que los virus no son seres vivos, tampoco son materia inerte —reconoce—. El debate continúa abierto y es muy probable que siga así mucho tiempo. Quizás deberíamos renunciar a categorizar y poner límites, aceptando que entre la vida y la no vida hay entidades que no sabemos muy bien cómo clasificar pero que cumplen su función en la historia de la vida”. Como dice el astrobiólogo Charles S. Cockell, de la Universidad de Edimburgo, encerrado en su casa como tanta gente durante esta pandemia, quizá el concepto de vida solo es una palabra. Según la definición que entienda cada uno, los virus entran o no a formar parte de ella, pero puede que estemos perdiendo el tiempo: “No importa si el coronavirus está vivo o no y que no nos pongamos de acuerdo. Lo relevante es conocer su biología, cómo interactúa con nosotros y cómo lo podemos vencer”. *Sinc


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Contando el tiempo

Ciudadano Kane” fue la última película que escribió Mankiewicz.

Amanda Seyfried y Gary Oldman están entre los protagonistas de Mank.

Las 4 razones de Ciudadano Kane Por décadas ha sido considerada por muchos como la mejor película de todos los tiempos: un delirio de ingenio y creación, una clase magistral de técnica, estructura y narración cinematográfica.

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BBC*

L PR IMER filme de Orson Welles, Ciudadano Kane, no fue, sin embargo, bien recibido en su tiempo. Apenas logró recuperar el presupuesto que se gastó en su producción y la mala prensa, como resultado de su temática, la acompañó por años como una maldición. Y pese a sus muchas nominaciones que obtuvo, solo se llevó un Oscar en la ceremonia de 1941: el de mejor guion. Ahora, 80 años después, una nueva película, inspirada precisamente en el proceso de escritura del guion de Ciudadano Kane, es una de las favoritas de esta temporada de premios del cine de Hollywood. Dirigida por David Fincher para Netflix, Mank cuenta la batalla de Herman J. Man-

Welles nunca volvió a tener la libertad creativa que tuvo para filmar Ciudadano Kane.

kiewicz (Gary Oldman) con el alcohol, su mala salud y los recuerdos mientras se retira a un rancho para terminar la obra de su vida, la película que poco a poco, según irá descubriendo, será su canto de cisne, y también, la obra que le hará ganarse un lugar en la historia. Mank es también un homenaje a Mankiewicz, el hombre que en muchas ocasiones los libros de cine han dejado a un lado ante la apabullante personalidad e ingenio de Orson Welles. Pero ¿qué tiene de especial Ciudadano Kane? ¿Por qué la película no ha perdido su encanto a pesar de los años transcurridos? ¿A qué se debe que todavía sea objeto de culto en las universidades, cinematecas y entre los cinéfilos de todo el mundo? Ofrecemos aquí algunas claves para entender por qué muchos la siguen considerando la mejor película de todos los tiempos.


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La película está inspirada en la vida del magnate de los medios William Randolph Hearst.

con las reglas que habían marcado hasta ese entonces las leyes rígidas de la cinematografía hollywoodense. La película es una enciclopedia de técnicas: escuela de cine de 114 minutos que ofrece lección tras lección sobre enfoque profundo y retroproyección, primeros planos extremos y diálogos superpuestos. No es de extrañar que los estudiantes de cine amen Ciudadano Kane. Verla es como recibir todo un semestre de cine en una sola tarde. Esto también ha llevado a que la película no sea recibida de la misma forma por el público general, que puede encontrarla a veces demasiado abigarrada y pretenciosa.

El ímpetu de Orson Welles

El guion de Mankiewicz

Uno de las grandes interrogantes de la historia del cine es cuánto Mankiewicz tuvo que ver con la edición final de Ciudadano Kane y cuánto participó Welles en el guion original del primero. Cualquiera que haya sido la influencia de uno sobre el otro, la película propuso una de las estructuras dramáticas más novedosas —y atrevidas— que había conocido la historia del cine hasta ese entonces. Ciudadano Kane se centra en la vida de Charles Foster Kane (interpretado por Welles), un magnate de la prensa que tiene una enorme riqueza e influencia, pero que no alcanza el cargo político ni el amor que ansía. Es una versión ficticia de la figura del magnate de la prensa William Randolph Hearst, quien por cierto, jugó un papel esencial para tratar de hacer que Ciudadano Kane quedara en el olvido. Pero en lugar de ser una película biográfica convencional, la obra de Welles y Mankiewicz es un rompecabezas que reúne múltiples narradores, perspectivas y saltos en el tiempo. Cuenta, también, con una colección de frases memorables por su ingenio y ofrece una visión aguda del estilo y el mundo interior de su personaje protagónico. Pero no se trata de un manual académico de técnica y estructura: el guion de Ciudadano Kane tiene más que ofrecer como entretenimiento que como manual de estilo.

cima de una colina con niebla. Estamos en territorio de terror gótico; el castillo bien podría ser propiedad del conde Drácula. Luego nos deslizamos hacia el castillo gracias a un montaje extraño: una tormenta de nieve, una bola de nieve, la boca de Kane mientras exhala su última palabra, “Rosebud”. Dos minutos después, la película ya no es un filme de terror, sino un experimento surrealista digno de Dalí y Buñuel. Pero no por mucho. Unos segundos más tarde, Ciudadano Kane se convierte en un noticiero que recorre la biografía de Kane y nos muestra Xanadú, su monumental finca de Florida (siguiendo el modelo del castillo Hearst en San Simeon, California). Pero luego, justo cuando nos estamos adaptando a un falso documental, la película vuelve a cambiar de marcha. Hay un flashback dickensiano a la infancia rural de Kane en 1871. Luego, pasamos a una comedia de situación cuando Kane toma el control del New York Inquirer. Más tarde, la película deviene en un drama político, luego una farsa entre bastidores, luego un melodrama oscuro... Y, uniendo los diversos géneros, hay una historia de detectives sobre un reportero de investigación que intenta descubrir lo que podría significar Rosebud. Nunca antes en la historia del cine se había visto una complejidad narrativa de este tipo.

Los géneros cinematográficos

La técnica del cine

La película presentó un juego con los géneros cinematográficos que no se había visto hasta entonces y que a lo largo de los años, la ha vuelto casi inclasificable. En un inicio, algunos la definieron como un “drama de misterio”, pero agrupar todos los géneros que engloba resulta complicado. La trama comienza con los acordes pesimistas de un tema de Bernard Herrmann. Se observa la silueta irregular de un castillo en la

En 1946, un historiador del cine francés, Georges Sadoul, calificó a Ciudadano Kane como “una enciclopedia de técnicas antiguas” y, aunque trataba de rebajar la importancia de la película, dio con una de las claves que le han permitido trascender en el tiempo. Y es que la hazaña de contar una historia tan compleja se vio acompañada de un propósito igual de desproporcionado: jugar con las cámaras, las luces, los enfoques, en definitiva

Quizás una de las razones por las que la película es tan vibrante es que su propio director también estaba aprendiendo a hacer cine. Su primera película fue un intento de revolucionar la dirección de la misma forma que ya había tratado de hacer en la radio durante su estancia en Nueva York, sobre todo con su adaptación de La guerra de los mundos. Pero si ya era una estrella del teatro y la radio, Welles no tenía mucha idea de las técnicas del cine. Se dice que una asistente llamada Miriam Geiger tuvo que hacerle un manual de las diferentes lentes y tomas que podría probar. Llegó a Hollywood con la promesa de que podría hacer la película que quisiera, sin interferencias, algo que hoy en día sería impensable. Sin embargo, pronto quedó cautivado por las posibilidades que ofrecía el cine como medio y las utilizó todas en Ciudadano Kane. Un estudio de cine, bromeó, era “el tren eléctrico más grande que jamás haya tenido un niño”. Welles fue capaz de imprimir a su primera película un dinamismo y una vitalidad que no logró repetir después y que, tal vez, no se ha vuelto a repetir en la historia del cine. Ninguna otra meditación sobre el fracaso, el arrepentimiento y la crueldad del paso del tiempo ha tenido jamás una exuberancia tan juvenil como la de Ciudadano Kane. Sorprendentemente, Welles tenía solo 25 años cuando su primer filme se estrenó en los cines. En un ensayo en The New Yorker sobre Ciudadano Kane, Pauline Kael afirma que el éxito de la cinta es “el resultado del descubrimiento y del deleite en la diversión de hacer películas de Welles”. Su verdadera magia, sin embargo, está en la forma en que este deleite va y viene entre el cineasta y su tema. Gran parte de Ciudadano Kane habla de un genio que se vanagloria de su poder y confianza, y está hecho por un genio que también se enorgullece de su poder y confianza. Actualmente, ningún director novato de veintitantos años tendría un control tan completo de un proyecto importante. Y ningún director novato podría llegar a Hollywood con la ignorancia ingenua y la arrogancia de Welles. En 1941, Welles era principiante y experto, licenciado y profesor. Y si nunca más tuvo la libertad y la energía ilimitadas para hacer otra película como Ciudadano Kane, nadie más tampoco las tuvo. *British Broadcasting Corporation


Guatemala, viernes 12 de marzo de 2021

Horizontes de piedra y bronce

El volumen de las cosas en manos de Carlos Arboleda resulta contundente y sutil a la vez.

Manuel E. Montilla* O anota Goethe: “El artista quiere hablar al mundo por medio de un todo”. Por su parte, para Tinianov: “La unidad de la obra no consiste en una entidad cerrada y simétrica, sino en una integridad dinámica con desarrollo propio”. Si bien estos postulados giran, de inicio, en torno a la pintura y la poesía, no son menos abarcadores para una estética más amplia que nos hable del arte en general, de los artistas, de sus formas de apropiación, de generar proyecciones y contenidos. Panamá no es tierra fecunda para la escultura. Por supuesto, hay algunos contestatarios que hacen de la materia, de la forma y del volumen, su espacio de confrontación y dudas. Pero logran poco, merced a lo árido del entorno y a las propias carencias técnicas y de conceptos. A una visión primigenia y limitada. No hay más que ver los escasos, y deplorables monumentos públicos realizados de suerte reciente en la metrópoli, y ni hablar de los que como almas espectrales habitan algún rincón de los parques de provincia. En suelo istmeño impera, en la pintura, un color desaforado, banal y consustancial con una naturaleza tórrida, visceral y transitista. En contados casos pasa más allá de un burdo decorativismo simple y pletórico de referencias a los registros de los centros de poder, a vanguardias externas. Esta dependencia visual no deja espacio para mucho, y siendo un país de gran movilidad y presteza, tampoco hay cabida para efectos voluminosos y pertenencias engorrosas. La escultura no está cercana a su reino. A este yermo arriba Carlos Arboleda, luego de cumplir estudios en la Academia de Bellas Artes en Florencia, entre 1949 y 1954, y en la Real Academia Catalana de Bellas Artes de

“El secreto de la vida es tener una tarea, un propósito, algo a lo que someter toda tu vida, algo a lo que das todo, cada minuto de tu día por el resto de tu vida. Y lo más importante de todo es que eso debe ser algo que jamás puedas lograr.” - Henry Moore San Jorge en Barcelona, de 1955 a 1960. Se instala como el primer profesor de escultura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (19611964). Para 1964 concreta su anhelo al fundar la Casa de la Escultura, un centro para la enseñanza y promoción de las Bellas Artes, con especial énfasis en la escultura y sus métodos, que contó con el apoyo del Ministerio de Educación. Arboleda se activa en el medio con exhibiciones y propuestas escultóricas que le reditúan cierta nombradía, con trabajos de corte académico, esencialmente figurativos, y va ampliando su estilo con obras más simbólicas y cercanas a un cierto indigenismo. Incursiona en la pintura con colores lavados y etéreos, donde imágenes de connotaciones

humanas o animales, aves de preferencia, flotan en ambientes de ensoñación y mesura.

Muchos caminos

Carlos Arboleda nace en Chilibre, Panamá, el 16 de enero de 1929 (aunque hay quienes lo datan en 1928). Fue uno de los ocho vástagos de Florencio y Ángela. Su padre era de Darién, “en una época donde la gente pasaba de Colombia sin dificultad porque había muchos caminos”, cuenta el artista. Su progenitora provenía de un poblado cercano a Cartagena de Indias. Como muchos creadores, sus aptitudes se desplegaron desde chico, cuando en su entorno natal jugaba elaborando figuras de barro que obsequiaba a sus maestros. En 1948 obtiene el Primer Premio de Escultura del Departamento de Cultura del Ministerio de Educación de Panamá, lo que le permite iniciar su periplo de estudios superiores. En 1952, su obra Atención al secreto es seleccionada para colocarla en la presidencia de la Feria Internacional de Milán. Presenta obras en la primera muestra de la Bienal de Arte Sagrado de Italia, celebrada en Asís. En 1960, expone en la Bienal Hispanoamericana de Barcelona y en la Exposición Nacional de Madrid. Con su obra Piel adentro es seleccionado para estar presente en la Bienal de Suiza. Ese año, coincidente con su retorno al lar patrio, expone sus creaciones en el Paraninfo de la Universidad de Panamá. Esta exposición fue considerada como un gran triunfo artístico por los entendidos y medios de prensa locales. Su Homenaje a Chiriquí, un bronce sin fecha, se encuentra instalado frente al Palacio Municipal de David. Para 1970 es invitado, por el Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, a recorrer los principales centros culturales de esa nación. Expone sus


Guatemala, viernes 12 de marzo de 2021

obras en el Museo de las Américas, de Washington, D. C.

Carrera agobiante

En 2003, con motivo de la instalación de un busto de su autoría, con la efigie de Justo Arosemena en el Palacio de la Asamblea Legislativa, Arboleda declara: “La escultura es un trabajo verdaderamente difícil; sin embargo, mi amor por el arte hace que lleve más de setenta incansables años en esta carrera agobiante, pero visiblemente fructífera.” Ese mismo año presenta una muestra de esculturas de pequeño formato, elaboradas en bronce, en una galería de la urbe canalera. La obra que le ha generado más nombradía es la Cabeza de Einstein, ubicada en el céntrico barrio del Cangrejo, y convertida en uno de los símbolos de la capital panameña. En 2018, en un homenaje a su trayectoria, el artista explicaría que la comunidad hebrea le hizo el encargo, hace medio siglo, de realizar un busto del físico alemán, pero que él decidió esculpir solo la cabeza porque “lo que mejor representa a Einstein es su mente”. La pieza estaba, inicialmente, acompañada de la inscripción: E=mc², la ecuación de la equivalencia entre masa y energía. Con el pasar de los años se extravió esta parte de la escultura. Arboleda utilizó piedra artificial de marmolina como material para la obra, pero, tras varios mantenimientos, la pieza ha sido sobrepintada de blanco. La escultura se encuentra en una pequeña plaza de unos 300 metros cuadrados, la cual ha sido denominado Plaza Einstein. Debe destacarse que la misma no fue concebida para grandes grupos de personas, aunque ha sido remodelada, con el pasar de los años, para mantener su relevancia e historia.

Pequeña escala

Albert Einstein, premio Nobel de Física en 1921, arribó a tierras panameñas en el navío Belgenland, que cruzó el Canal de Panamá, el 23 de diciembre de 1930. Einstein y su esposa, Elsa, hicieron una pequeña escala en la ciudad atlántica de Colón, y su destino final era California. El científico se dirigía a la Costa Oeste para encontrarse con Edwin Hubble, director del Instituto de Tecnología de California (CalTech). En su breve estadía, Einstein logra pasear por las calles de Colón, visitar algunos bazares, acudir a una recepción brindada por el presidente Florencio Harmodio Arosemena en el Club Unión, asistir a una exhibición de natación, en la piscina de Balboa, y cenar en el Club Miramar. Interesante anotar que el escultor, Carlos Arboleda, era amigo y ex condiscípulo del presidente Florencio Arosemena. La cabeza de Einstein, desde su inauguración en enero de 1968, se ha convertido en un punto de referencia para los visitantes y residentes del Cangrejo, y la efigie del científico es parte de la historia y del encanto del barrio. Una copia más pequeña y detallada, hecha también por Arboleda, reposa en la escuela Albert Einstein. En un artículo del 2015, en un medio de prensa nacional, el investigador de arte José Morales Vásquez rescata algunas opiniones de la crítica internacional sobre el escultor Carlos Arboleda: “En cuanto a la concepción de sus motivos motivos, es indudable que una fuerza

De abrumadora y fructífera califica Arboleda su dilatada carrera escultórica.

atávica los informa. Arboleda aspira, por necesidad insondable, a entroncar su arte con las esencias seculares de la cultura precolombina — demuestra estar en posesión de un empuje y de un oficio muy sólido.” – Miguel Ferre Albages. “Carlos Arboleda ahonda en la vida y a la par la estiliza. Su obra es maciza, y a la vez sutil. Es pensada y sentida, amasada con la propia arcilla nativa. La digitación no le queda en la superficie y aún menos en el superficial halago costumbrista, sino que consigue dar particular palpitación a sus figuras, infundiéndoles una expresión universalizada. Se incorpora Carlos Arboleda a la selectiva promoción de los mejores escultores de nuestro tiempo.” – J. Benet Aurell “Sabe modelar y esculpir a la perfección. Su sensibilidad de escultor se manifiesta, principalmente, en la apreciación de los volúmenes con una ambición de grandeza. Por ello su escultura exige un concepto dramático y hasta patético, que encuentra en sus modelos americanos la mejor expresión.” – José María Junoy “En su arte hay resonancias seculares, atávicas, que dan mucho que meditar. Yo, que,

en las piedras venerables y esculturas antiguas, por insignificantes que sean, siempre he tenido la sensación de oír más voces misteriosas registradas en su interior, es decir, el espíritu vivificando la materia (por eso mi entusiasmo y pasión por las excavaciones), en el caso del escultor Arboleda descubro, pasmado, que esto se realiza de manera viva y palpitante en un ser viviente.” – Néstor Luján Por su parte, el crítico de arte costarricense Juan Carlos Flores Zúñiga, en su artículo sobre las obras ubicadas en la Cinta Costera, de la ciudad de Panamá, Escultura pública en Panamá: sincretismo y espectáculo, anota: “Iniciando la etapa III, se ubica la escultura en bronce de Carlos Arboleda (n. 1929) titulada Toro. Esta pieza se distancia claramente de su obra precedente, que transitó entre el estudio de la cultura precolombina y el academicismo italiano, realizada por el panameño principalmente en piedra y mármol. A diferencia de sus grabados y pinturas, este monumental Toro, de dos metros de altura y cuatro metros de largo, marca un hito en su carrera por su sincretismo al transicionar del academicismo que dominó la mayor parte de su carrera y sublimar su pasión por el simbolismo de la estética místico-religiosa precolombina.” André Comte-Sponville, nos enuncia: “…el artista, incluso cuando solo pretende imitar al mundo, no puede tomar como modelo ‘puesto que el mundo no se imita a sí mismo’ más que a sí mismo en el proceso de su imitación”. Por su parte Alain afirma: “Todas las artes son como espejos en los que el hombre conoce y reconoce algo de sí mismo que antes ignoraba.” En el arte panameño no se encuentra ni reconocimiento ni un encuentro fortuito consigo mismo. Deambula en un limbo de autocomplacencia y en una levedad sin consecuencias. En realidad, no se puede hablar de arte sino de una contrita mirada de soslayo, una que no quiere encontrarse en espejo alguno, satisfecha de su abulia y de su ingrávido acontecer. Por ello, Carlos Arboleda es el pivote inicial y el hito final de un periplo sin lontananzas. Con él da inicio el viaje de la escultura moderna panameña y con su partida será clausurada. No hay herencia que compartir, ni herederos que se impongan a la altura de las circunstancias. *Artista visual chiricano

Propuestas masivas y monumentales como Toro no pierden nunca ligereza ni voluptuosidad.


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Ventanas

Guatemala, viernes 12 de marzo de 2021

Antibióticos y vacunas

Fotos: Archivo

¿Por qué vacunas creadas hace un siglo son efectivas mientras que los antibióticos dejan de serlo a los pocos años?

La resistencia a los antibióticos es un problema mundial. Existe un grave riesgo de que las infecciones comunes pronto se vuelvan intratables.

En los últimos meses se han descubierto tres “variantes preocupantes” (del inglés, Variant of Concern, VOC) del SARS-CoV-2. Uno de los motivos tras este nombre es la posibilidad de que nuestra respuesta inmunitaria, ya sea natural o mediada por vacunas y tratamientos contra el Covid-19, se vea mermada por su culpa. Un artículo publicado esta semana en la revista Nature a partir de experimentos de laboratorio arroja algo de luz sobre el asunto. Varios investigadores de la Universidad de Columbia (EE. UU.) analizaron la susceptibilidad de virus auténticos y artificiales (pseudovirus) de las variantes B.1.1.7 (británica) y B.1.351 (sudafricana) a la neutralización con 30 anticuerpos monoclonales, plasma de 20 pacientes convalecientes y suero de 22 personas vacunadas.

Celia Souque y Louis du Plessis* IENTRAS tanto, las vacunas desarrolladas hace casi un siglo todavía nos protegen de enfermedades mortales. ¿Qué podría explicar esta diferencia? Las bacterias han desarrollado resistencia a todos los antibióticos. A veces, eso sucede muy poco después de la introducción de un antibiótico. En apenas seis años, la resistencia a la penicilina, el primer antibiótico, se generalizó en los hospitales británicos. Pero la resistencia a las vacunas solo ha ocurrido en raras ocasiones. Y las vacunas nos han ayudado a erradicar la viruela y, con suerte, pronto también la poliomielitis.

Las variantes

En el trabajo participó la empresa biotecnológica Regeneron, responsable de uno de los tratamientos con anticuerpos monoclonales cuya eficacia han puesto en jaque las variantes. Esto es debido a que estas terapias se diseñaron para trabajar frente a una versión distinta del SARSCoV-2, al unirse a unas zonas específicas del virus que hoy han cambiado demasiado. Los resultados mostraron que la variante B.1.1.7, dominante en Reino Unido e Israel, resiste la neutralización por parte de la mayoría de anticuerpos monoclonales dirigidos a una de las zonas de la espícula afectada por las mutaciones (el dominio N-terminnal, NTD). Sin embargo, no es capaz de escapar del plasma de pacientes que hayan superado la enfermedad ni al suero de personas vacunadas contra Covid-19.

Un estudio de 2017 propuso dos argumentos convincentes para explicar este fenómeno, al resaltar diferencias cruciales entre los mecanismos de los medicamentos y las vacunas. Pero primero, expliquemos qué entendemos por resistencia y cómo se origina. Durante una infección, los virus y las bacterias se multiplican rápidamente. En el proceso, copian su material genético millones de veces. Al hacerlo, a menudo ocurren errores, y cada error altera ligeramente sus genomas. Estos errores se denominan mutaciones. La mayoría de las veces, las mutaciones tienen poco o ningún efecto o son muy perjudiciales para la eficacia del virus. Pero a veces, muy

Estas diferencias son debidas a que los anticuerpos monoclonales son idénticos y se unen al mismo sitio, por lo que una mutación puede impedir su tarea. Por el contrario, en nuestro cuerpo, la respuesta inmunitaria es más compleja e incluye un coctel de anticuerpos diferentes, entre otras medidas, que dificultan que haya problemas en condiciones reales. Los datos procedentes de países como Israel y Reino Unido, y publicados en revistas como NEJM, corroboran la idea de que las vacunas contra el Covid-19 funcionan contra la variante B. 1.1.7. Los autores consideran más “preocupantes” los experimentos llevados a cabo con la variante B.1.351 que hoy es dominante en Sudáfrica, y una de las que más temor han causado en relación con la respuesta inmunitaria y las vacunas (Sinc).


Viernes

Guatemala, viernes 12 de marzo de 2021

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raramente, los patógenos pueden tener suerte y una mutación puede evitar que un antibiótico entre en una célula o cambiar el sitio donde se uniría un fármaco o un anticuerpo, impidiendo que actúen. A estas las llamamos mutaciones de “resistencia” o “escape”.

Primera diferencia: número de objetivos

Las vacunas actúan introduciendo una parte inofensiva de un patógeno, llamada antígeno, en el cuerpo. Estos entrenan nuestro sistema inmunológico para producir proteínas en forma de Y, o anticuerpos, que se unen específicamente a ellos. También estimulan la producción de glóbulos blancos específicos llamados células T, que pueden destruir las células infectadas y ayudar a producir anticuerpos. Al unirse a los antígenos, los anticuerpos pueden ayudar a destruir los patógenos o evitar que entren en las células. Además, nuestro sistema inmunológico no solo crea un único anticuerpo, sino hasta cientos de anticuerpos diferentes, o epítopos, cada uno de los cuales se dirige a diferentes partes del antígeno. En comparación, los medicamentos, como los antibióticos o los antivirales, suelen ser moléculas pequeñas que inhiben una enzima o proteína específica, sin las cuales un patógeno no puede sobrevivir o replicarse. Como resultado, la resistencia a los medicamentos generalmente solo requiere la mutación de un solo sitio. Por otro lado, aunque no es imposible, la probabilidad de que las mutaciones de escape evolucionen para todos, o incluso la mayoría, de los epítopos dirigidos por los anticuerpos es extremadamente pequeña para la mayoría de las vacunas. Con los medicamentos, la reducción de la probabilidad de resistencia se puede lograr de manera similar mediante el uso de varios al mismo tiempo, una estrategia llamada terapia de combinación, que se usa para tratar el VIH y la tuberculosis. Puedes pensar en los anticuerpos de tu cuerpo actuando como una terapia de combinación masivamente compleja, con cientos de

Cómo atacar los patógenos es lo que marca la diferencia.

medicamentos ligeramente diferentes, reduciendo así la posibilidad de que se desarrolle una resistencia.

Segunda diferencia: número de patógenos

Otra diferencia clave entre los antibióticos y las vacunas es cuándo se usan y cuántos patógenos hay. Los antibióticos se utilizan para tratar una infección ya establecida cuando ya hay millones de patógenos en el cuerpo. Pero las vacunas se utilizan como prevención. Los anticuerpos que crean pueden actuar al comienzo de una infección cuando el número de patógenos es bajo. Esto tiene importantes consecuencias, ya que la resistencia es un juego de números. Es poco probable que ocurra una mutación de resistencia durante la replicación de algunos patógenos, pero las posibilidades aumentan a medida que hay más patógenos presentes. Esto no significa que la resistencia a las vacunas nunca evolucione: un buen ejemplo es la gripe. Gracias a su alta tasa de mutación, el virus de la gripe puede acumular rápidamente suficientes mutaciones para que los anticuerpos ya no lo reconozcan, un proceso llamado “deriva antigénica”. Esto explica en parte por

Es importante señalar que los resultados de los experimentos llevados a cabo en condiciones de laboratorio, en ocasiones con virus artificiales, no tienen por qué ser un reflejo exacto de lo que suceda cuando ese virus infecte un cuerpo humano real. Por ejemplo, la agencia Reuters ha asegurado que Oxford/AstraZeneca publicará pronto datos que muestran que su vacuna es eficaz contra la variante brasileña. Además, un estudio publicado esta semana en NEJM muestra que la vacuna de Pfizer es capaz de neutralizar las tres variantes motivo de preocupación. Incluso los experimentos de laboratorio nos recuerdan que el sistema inmunitario es complejo y, sobre todo, que no se queda mirando mientras los virus se adaptan. Una prepublicación pendiente de revisión por pares compartida

qué la vacuna contra la gripe debe cambiarse cada año. Afortunadamente, el nuevo coronavirus tiene un mecanismo de corrección de pruebas que reduce los errores que comete al replicar su genoma y significa que las mutaciones ocurren con mucha menos frecuencia que en los virus de la gripe. Además, se ha confirmado que las vacunas Oxford/AstraZeneca y Pfizer/BioNTech pueden estimular eficazmente la unión de anticuerpos a múltiples epítopos, lo que debería ralentizar la evolución de la resistencia. Sin embargo, debemos tener cuidado.Como se mencionó anteriormente, los números importan cuando se trata de resistencia. Cuantos más virus haya, como en una pandemia de rápido crecimiento, más probable es que uno pueda ganar el premio gordo y desarrollar mutaciones que tengan un impacto significativo en la eficacia de la vacuna. Si ese es el caso, puede ser necesaria una nueva versión de la vacuna para crear anticuerpos contra estos virus mutados. Esta es también la razón por la que tratar de mantener un número bajo de infecciones mediante la prevención y el rastreo de contactos es vital para que las vacunas sigan funcionando el mayor tiempo posible.

La vida real

esta semana muestra que los anticuerpos también evolucionan para obtener “resiliencia” ante las mutaciones de su enemigo. De no hacerlo, “permitiría al SARS-CoV-2 escapar de sus efectos neutralizantes”. Otro preprint, este compartido la semana pasada, asegura que el esfuerzo inmunitario que suponga la temida variante sudafricana podría no ser en balde. Sus resultados concluyen que el suero de los pacientes previamente infectados con la B.1.351 no solo es capaz de neutralizarla con eficacia, sino que también son capaces de acabar con las variantes originales e incluso con la brasileña. “Estos datos sugieren que la respuesta de los anticuerpos en pacientes infectados con la variante sudafricana tiene una amplia especifidad,

*The Conversation/BBC

y que las vacunas diseñadas [con la secuencia de la B.1.351] pueden obtener respuestas cruzadas”, escriben los autores. A todo esto hay que sumar que los anticuerpos no son la única arma con la que cuenta el sistema inmunitario: una prepublicación reciente afirma que las variantes británica, sudafricana, brasileña y californiana tienen un efecto “despreciable” sobre los linfocitos T, células especializadas en matar a aquellas compañeras que han sido infectadas por el coronavirus. Respecto a este trabajo, un inmunólogo de la Escuela Icahn de Medicina en Monte Sinaí (Estados unidos) aseguró que la variante brasileña “parece un problema menor” que la sudafricana, aunque “se trata de un terreno en el que aún nos aguardan muchas sorpresas”, según dijo (Sinc).


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Revista Viernes del Diario de Centro América del viernes 12 de marzo de 2021. by Diario de Centro América Guatemala - Issuu