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Miguel Áng
Editorial Podría decirse que la piedra es el soporte más antiguo de escritura que se conoce. Luego, los grupos humanos más jerarquizados, recurrieron al barro cocido y a la madera como medio de fijación de ideas y normas, a medida que afinaban sus propios sistemas escriturísticos. De hecho, las palabras biblos y liber tienen, como definición inicial, corteza de árbol, y en chino el ideograma del libro representa tablas de bambú. La historia de la comunicación arranca desde los primeros oradores, poetas y cantores, hasta la era de la escritura que incluye autores, editores, impresores, distribuidores, libreros, divulgadores, lectores, oyentes, bibliotecas, etcétera, todos influidos obviamente por factores políticos, económicos y socioculturales. En la actualidad, de acuerdo con la Unesco, “se entiende por libro una publicación impresa no periódica que consta como mínimo de 49 páginas, sin contar las de cubierta, editada en el país y puesta a disposición del público”. Esta escueta definición no pareciera reflejar con justeza el hecho de que a lo largo de la historia el libro ha constituido un formidable motor de dos vías: por un lado, fija conocimientos y establece pautas y por otro, orienta hacia los territorios inexplorados de la imaginación y la ciencia. El libro, en fin, es piedra y madera, tradición y ruptura, sueño y cantera.
Clarivigilia ste libro es la absorción plena de cuanto palpita sobre la tierra de un país llamado Guatemala y que desde tiempos ancestrales lo hace mágico. Lo que es mito deviene realidad y lo que es realidad trasciende en cada cosa que reverbera de la mano de una columna de copal, en el reflejo de las aguas lacustres, en el estallido de los volcanes activos, en el tornasol de montes y llanuras. En medio de esta fiesta de color que se funde en trajes ceremoniales y de diario, tejidos con poesía. Miguel Ángel Asturias camina, ve y recoge con los ojos cuanto le es posible cosechar a un poeta de su estatura, para prodigarlo en estas páginas. Clarivigilia primaveral vuelve a ver la luz, esta vez, en la tierra del Gran Lengua, para que sus coterráneos coparticipen de las emociones que llevaron a nuestro gran poeta a exaltar a su país de manera tan fecunda. Francisco Morales Santos
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DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano
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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina
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gel Asturias
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Semblanza
José Ingenieros
Nacido el 24 de abril de 1877 en Palermo (Italia) como Giuseppe Ingegnieri, este filósofo nacionalizado argentino cursó en su juventud estudios de medicina. Fue profesor de psicología experimental en la Universidad de Buenos Aires y fundó los Archivos de Psiquiatría y Criminología (1902) y la Revista Filosófica (1915). Fue un destacado representante del positivismo en Argentina, aunque, ideológicamente evolucionó hacia el socialismo. Autor, entre otras obras de La
simulación en la lucha por la vida (1903), Psicología genética (tesis doctoral) (1911) y El hombre mediocre (1913), su obra más importante de psicología social. En una de sus obras más originales, Proposiciones relativas al porvenir
de la filosofía (1918), expone una versión del positivismo que hacía posible la metafísica. Sostiene que es posible reconocer, en toda forma de experiencia, un “residuo experiencial” que no es incognoscible, aunque no tenga un carácter trascendental. El 6 de junio de 1907, fundó el Instituto de Criminología en la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires, al frente del cual estaría hasta 1914. El extenso listado de sus obras incluye La psicopatología en el arte (1902);
La simulación en la lucha por la vida (1903); Simulación de la locura (1903); Histeria y sugestión 1904); Patología del lenguaje musical (1906); Crónicas de
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viaje (1906); La locura en la Argentina (1907); Principios de psicología (1911);
Día del Libro
Desde 1995 y con el auspicio de la Unesco, el 23 de abril se celebra como Día Internacional del Libro con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. Es una fecha simbólica para la literatura mundial, ya que ese día, en 1616, fallecieron Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega.
El hombre mediocre (1913); Hacia una moral sin dogmas (1917); Ciencia y filosofía (1917); Sociología argentina (1918); Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía (1918); Evolución de las ideas argentinas (1918); Las doctrinas de Ameghino (1919); Los tiempos nuevos (1921); Emilio Boutroux y la filosofía francesa (1922); La cultura filosófica en España (1922); Las fuerzas morales (obra póstuma); Tratado del amor (obra póstuma). Miembro del Partido Socialista, afirmaba que la lucha de clases era una de las manifestaciones de la lucha por la vida. José Ingenieros falleció el 31 de octubre de 1925, en Buenos Aires.
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Abecedario
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Mentemos a Cardoza Fotos: Archivo
A veinticinco años de publicado el libro de Luis Cardoza y Aragón Miguel Ángel Asturias, casi novela (México, 1992), parece haberse impuesto entre los críticos —entre los guatemaltecos al menos— la costumbre de condenarlo sin más trámites, con el argumento de que la única motivación para escribirlo fue la envidia que, según se dice, aquel profesaba hacia Asturias.
En su obra, Cardoza toma partido por la riqueza expresiva de las propuestas estéticas en la narrativa de Asturias.
Jorge Mario Martínez*
onsiderado más de cerca, sin embargo, el argumento resulta poco convincente, pues supone, entre otras cosas, un juicio psicológico y moral acerca de la persona del autor, un diagnóstico gratuito que prescinde de la necesidad de mostrar alguna evidencia concreta, pues aparentemente “todos saben” que Cardoza era un envidioso. En segundo lugar, resulta difícil de entender por qué un “envidioso” podía haberse tomado la molestia de escribir un libro de 250 páginas (cuando por grande que fuera la envidia a cualquiera le hubieran bastado y sobrado 2 o 3, creo), muchas de las cuales expresan, por cierto, una gran simpatía hacia la obra de Asturias y una mayor, más elaborada y más profunda comprensión de ella de la que ofrecen muchos detractores “no envidiosos” de Cardoza. Finalmente, el argumento podría extenderse fácilmente hacia cualquier otro texto de Cardoza, lo que permitiría condenar sus críticas a las vacas sagradas del muralismo mexicano, por ejemplo, como motivadas por la envidia. De hecho, el argumento podría utilizarse contra quienquiera que se atreva a formular una crítica a cualquier “artista”, aunque este no sea sino un gacetillero que cacarea libros que no ha leído y si leyó no comprendió, o un pintamonas “bien conectado” que se convierte, cuando la ocasión se presenta, en esculpe-monas (Luigi Giorni, p. ej.).
Reflexión creativa
Por eso ha sido, desde siempre, infaltable en el arsenal de caciques, comisarios y sargentos de la cultura, porque es un medio sencillo y barato para desacreditar cualquier expresión crítica que pueda perturbar el tranquilo pacer de las vacas sagradas. Una variante particularmente perversa de tal argumento es la que describe el libro de Cardoza como algo parecido a un vómito, diciendo que aquel “se sacó de las entrañas todo lo que se había guardado sobre Asturias” (Dante Liano, cit. por L. Carrillo, 2009, p. 142). Sin embargo, puesto que es evidente que paralelamente a la elaboración de su libro
Cardoza lleva a cabo una lectura de Hombres de maíz (el objeto principal de sus reflexiones sobre la narrativa de Asturias), es innegable que hubo un trabajo de reflexión creativa, y que algo nuevo se produjo como resultado de ese trabajo (no importa si bueno o malo, si nos gusta o no, si estamos de acuerdo o no); es obvio, pues, que Cardoza hizo mucho más que “echar las tripas” y que la metáfora del vomito no es sino un pretexto, una simulación, un modo de desacreditar el juicio crítico de Cardoza, rebajándolo a una mera reacción visceral. Es verdad que el libro no es de lectura fácil, no solo por la diversidad de los temas que trata, sino porque estos se presentan sin ningún orden lógico, dispersos a lo largo del texto que, para colmo de males (¿descuido del editor?, ¿ganas de fastidiar de Cardoza?), carece de un índice, y el lector solamente cuenta con los numerales romanos que encabezan las ocho secciones en que se divide el libro, cada una de las cuales se divide a su vez en apartados de extensión variable, únicamente marcados con números arábigos y que tratan al principio de una cosa, en medio de otra y al final... bueno, al final el
lector ya no se acuerda de cuál era el tema al principio. Naturalmente, esta manera de escribir no es producto del azar y menos aún del reflejo de “echar las tripas”. Cardoza lo explica así: “No he reunido en un solo lugar preocupaciones parecidas y vuelvo a ellas a lo largo de los recovecos de mi novela. No todo ha de ir concatenado, entretejido. La frase que sigue, ¿por qué no sería inesperada? Un traslado del fluir de la mente en forma inmediata y sencilla causa sorpresas y las sorpresas son el principio de un encantamiento. Crear una fiesta de inesperados y talveces” (p. 38).
La canasta del pescador
No estoy seguro, sin embargo, de que el procedimiento, al menos en este caso, funcione adecuadamente, y más bien tengo la impresión de que con esos cambios bruscos de tema, de estilo y de distancia respecto de lo que se relata o se comenta, el autor no hace sino introducir una distracción que nada aporta al argumento principal y que solamente confunde y hasta fastidia al lector.
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Pese a todo, no es imposible separar los diversos temas del libro; estos no están tan orgánicamente vinculados entre sí como quizás Cardoza creía, sino tan solo yuxtapuestos, amontonados, barajados y nuevamente colocados, a veces, a veces más bien zampados, lo cual en lugar de producir un contraste, una “sorpresa” como quiere el autor, produce nada más ruido, un ruido que lejos de estimular la actividad cognoscitivo-receptiva del lector contribuye más bien a aturdirlo. ¿O se tratará tal vez de la técnica ancestral de golpear con una almádana las piedras del río para que así aturdidos los peces (aquí peces-lectores) vayan a dar mansamente a la canasta del pescador? En las páginas que siguen examino a muy grandes rasgos algunas de las ideas críticas que de la obra de Asturias nos ofrece Cardoza. No me ocuparé de otros temas igualmente presentes en el texto; de los comentarios “políticos” sobre Asturias, de la evocación de ciertos momentos de la vida del mismo, de las profecías acerca de la revolución triunfante, de la apología de los comandantes, ni de la conversión del mismo Cardoza al catolicismo (aunque no fuera a la fe católica, en realidad, sino tan solo a la política de la “nueva iglesia”), etcétera, porque si bien una discusión de tales temas podría no estar desprovista de interés, ella exigiría obviamente un contexto completamente diferente.
Delimitar el terreno
Lo primero es delimitar el terreno de la discusión. Digamos que en la producción artística de Asturias pueden distinguirse claramente dos tendencias divergentes: de un lado están las obras que pueden definirse como esteticistas, aquellas en las cuales los valores propiamente artísticos no se hallan subordinados a propósitos sociológicos, políticos o ideológicos cualesquiera, es decir que el significado artístico se basta a sí mismo y el hecho poético representa el valor fundamental. De otro lado están aquellas obras que fueron concebidas con propósitos ideológicos, políticos y/o pedagógicos; es decir, como medios para alcanzar un fin antes que como fines en sí mismas, y son las que suelen designarse como literatura “de compromiso” o “de denuncia”. Cardoza manifiesta sin ninguna ambigüedad su preferencia por las obras esteticistas de Asturias y nos recuerda, por cierto, que cuando este va a Buenos Aires como agregado cultural del gobierno de Juan José Arévalo (en 1947) “ya había publicado Leyendas de Guatemala y El señor presidente y guardaba inédito Hombres de maíz”. Era ya un escritor, añade, “un gran escritor” y, acto seguido, se pregunta: “¿Son sus tres libros mejores?”. A lo que él mismo responde: “Es generosa y brillante la belleza literaria en ellos” (p. 150). Y poco más adelante: “Pongo equitativa solicitud en sus novelas y poemas, y otorgaría preponderancia a lo más literario y desinteresado, a lo más lúdico, a lo más danzante, a lo más loco, a lo más inverosímil” (p. 157). Su entusiasmo por las obras más “poéticas” de Asturias contrasta con en el poco entusiasmo que muestra por las obras “de denuncia” o “comprometidas”; en primer lugar, la trilogía bananera: Viento fuerte (1950), El papa verde (1954), Los ojos de los enterrados (1960). “Abrigo —dice— escasas simpatías por los contenidos explícitos, por la militancia rasa y
Portada de la edición realizada por el Fondo de Cultura Económica.
manifiesta en el arte” (p. 31). Y más adelante explica: “Son varias las declaraciones, los escritos de Asturias en los cuales apoya una literatura de denuncia, una literatura social, una literatura revolucionaria. Lo endeble de Asturias pertenece a lo que deliberadamente cumple con tal intención. La poesía es libertadora, espada flamígera, no admite servidumbre.” (p. 108)
La trilogía de Asturias
Respecto a la trilogía en particular dice: “De la trilogía bananera poco sabría decir. La siento solicitada por una exigencia exterior y no por un grito de las entrañas. Para mi exigencia, tal vez insensata, carece de la jerarquía que en él distingo, no me suspende, no instaura en mí acuarios o asombro alguno. Me limitaré a indicar que no sé leerla bien y prefiero la vena más juguetona y fantástica de Mulata de Tal. La ortodoxia zhdanoviana alentó novelas afines, pedagógicas y sociales. Lo mejor de Miguel Angel no es realismo, y menos realismo socialista, ni se entusiasma con la denuncia sino con la Palabra. Felizmente” (p. 90). A veces parece que Cardoza quisiera reconsiderar o cuando menos matizar su juicio: “Juzgo valioso —dice— que [Asturias] haya consagrado una trilogía a la United Fruit Co. Comprendo y me reprocho no conocerla más a fondo, a fin de ofrecer una imagen menos insuficiente, más justa; por tal razón apelo a la excusa: no aspiré a trazar un ensayo sistemático de la obra de Asturias”. Sin embargo, tal declaración de modestia quizá sea solo retórica; su opinión sigue siendo la misma: “Artísticamente la trilogía no me interesa. En ella, el lenguaje que en Asturias gusto carece de papel protagónico; en lo que conozco de ella no me complace, ya que poco me seducen las finalidades moralizantes, políticas o didácticas si son explícitas o si no lo son” (p. 91). “En la trilogía bananera carece del poder de la exuberante invención que más me agrada” (p. 225).
Podemos aceptar o rechazar los comentarios de Cardoza, pero eso no debe impedirnos apreciar en todo lo que vale la claridad y la franqueza con que expone sus preferencias. Hay que advertir, por otra parte, que su opinión sobre las novelas de la bananera es compartida por muchos críticos. De hecho, décadas antes de que apareciera el libro de Cardoza, esa distinción entre las dos vertientes de la obra de Asturias se había impuesto ya entre algunos de los críticos más competentes. Leo Pollmann, un buen conocedor de la novela hispanoamericana, señalaba entre las obras más significativas de la novelística —no solo hispanoamericana sino europea— de la primera mitad del siglo XX dos obras de Asturias: El señor presidente y Hombres de maíz. De esta última decía que muy bien podemos contarla “entre las grandes novelas de los últimos tiempos”. Por el contrario, añadía Pollmann, “difícilmente podrá hacerse un elogio tal de la trilogía”, entre otras cosas porque en estas novelas el lenguaje tan característico de Asturias es “desplazado a desempeñar un papel simplemente decorativo” y también porque en ellas falta “la unidad interna que en tan alto grado distingue El señor presidente y Hombres de maíz”, una cuestión fundamental esta última, pues “una novela no puede convencer más que gracias a sus cualidades estéticas, lo que esencialmente quiere decir gracias a sus cualidades estructurales” ( La nueva novela en Francia y en Iberoamérica, Madrid, 1971, pp. 124, 125).
Panegirismo
Por lo demás, algunos escritores guatemaltecos habían sacado ya antes sus propias conclusiones al respecto. Poco después de la publicación de Viento Fuerte, Carlos Wyld Ospina escribió: “Hay escritores que se ponen de moda por algún tiempo y entonces priva entre cierta gente la inclinación a aceptar cuanto producen como una maravilla, como una genialidad de insólitos alcances. Algo de esto está ocurriendo con Miguel Ángel Asturias, no por culpa de él, sino de sus incondicionales panegiristas. Acaba de publicarse la novela de Asturias Viento Fuerte. Según la noticia bibliográfica que aparece en sus páginas liminares, se trata de la primera obra de una trilogía. A juicio del autor de la nota, aquel libro es una novela de marcado contenido social. Hemos leído devotamente la obra, como leemos siempre a los buenos escritores, y aunque nos ha procurado momentos de solaz, de admiración, de sabrosa hilaridad, diremos francamente que no le hallamos por ninguna parte el marcado contenido social. Quizá su autor tuvo el propósito de escribir una novela de contenido o trascendencia social; pero no lo consiguió. El santo se le fue por otro lado, al garete de su rica fantasía. Alguien con sutileza mordaz, nos decía que lo social no es lo fuerte en la novela de Miguel Ángel Asturias, la cual tampoco es fuerte y le falta viento. Creemos que el comentario, aparte su causticidad, es acertado. El Tiempo y su producción futura lo aclararán.” (Revista de Guatemala, Nº 1, abril, 1951, cit., por H. Figueroa M., Páginas literarias, Guatemala, 1982, p. 75 ). No es necesario, repito, compartir el juicio de Cardoza sobre las novelas de la bananera para reconocer que cuando menos, ha sabido plantear el problema muy claramente y no hay por tanto, o no debería haber, ocasión para con-
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Según algunos críticos, la llamada “trilogía bananera” de Asturias no es lo más destacable de su novelística.
fusiones o malos entendidos sobre este punto: Cardoza privilegia aquellas obras en las cuales los valores estéticos son determinantes sobre cualesquiera otros valores, y esta actitud constituye un aspecto fundamental de la concepción del arte y la literatura que él defendió a lo largo de toda su vida.
Criterio estético
Sorprende, por eso, constatar que una investigadora que dedica la mitad de un libro al autor de Guatemala, las líneas de su mano, pueda equivocarse sobre este punto, atribuyendo las preferencias de Cardoza a razones completamente ajenas a las que él declara tan explícitamente. En efecto, Lorena Carrillo (Árbol de historias, Guatemala, 2009, p. 143) afirma, citando a Dante Liano, que la crítica de Cardoza en M.Á.A., casi novela, “no abarca toda la obra de Asturias”, sino tan solo “la parte que acusa rasgos de regionalismo o indigenismo”. Es cierto, y Cardoza mismo lo dice, que él no aspiró a trazar “un ensayo sistemático de la obra de Asturias”, que no fue nunca su propósito “discurrir sobre cada uno de los libros de Asturias” (p. 30); pero es un desatino mayúsculo atribuir la preferencia de Cardoza por ciertas obras de Asturias al hecho de que ellas “acusan rasgos de regionalismo, o de indigenismo”, porque, como ya hemos dicho, el criterio de Cardoza no es sociológico sino estético: él prefiere las obras que prefiere “porque es generosa y brillante la belleza literaria en ellas”, porque estas representan “lo más literario y desinteresado” de Asturias. Y si su lectura se centra en Hombres de maíz es porque este libro expresa en grado sumo aquellas cualidades, porque es en él en donde se encuentra más el estilo de ser de Asturias, “aquel en el cual siento que ha superado su excepcionalidad”; porque es una obra “de prosa cantante” (p. 30), por el carácter poético de esta novela que Cardoza subrayará más de una
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vez: “Fue un poeta quien escribió Hombres de maíz, un poema”, y añade, “yo celebro esta obra por la realidad siempre subvertida en ella” (p. 100), “por su aventura mítica y lingüística, por su profundización en lo coloquial, por ir a lo más lejos que alcanzó su juego. Este juego, que privilegio, lo encuentro paradigmáticamente en ese libro que me gusta por lúdico, por su mestizaje formal, por no preocuparse de verdad alguna” (p. 220) , y, en fin: “En lo literario me concentré en Hombres de maíz, la obra más difícil, la menos popular, para mí la mejor.” (p. 238). Está claro, pues, que la preferencia y el interés de Cardoza por estas obras no tiene absolutamente nada que ver con supuestos rasgos “regionalistas” o “indigenistas” en ellas, etiquetas estas que no son por lo demás sino clasificaciones académicas arbitrarias, caprichosas y confusas, que solo sirven para neutralizar el potencial liberador de las obras literarias, asfixiándolas con la camisa de fuerza de determinaciones puramente ideológicas que nada dicen del tipo de composición, del estilo, de la construcción de los personajes, etcétera; es decir, de la estructura y los elementos internos de la obra, sin los cuales no es posible reconocer la identidad genérica de esta. En parte, la confusión que lleva a la Dra. Carrillo a atribuir a Cardoza frases que tergiversan completamente el sentido de las reflexiones de este autor sobre la literatura de Asturias podría explicarse diciendo que no tuvo el tiempo o la paciencia necesaria para leer directamente el libro que aquí discutimos y confió ingenuamente en una lectura de segunda mano, tomada de una fuente que, en mi opinión, no merece ninguna confianza. Sin embargo, la confusión puede explicarse también como una consecuencia inevitable de la tarea que en su libro se propone; tarea ingrata si las hay, pues encontrar aspectos “artísticos” en La patria del criollo, de Severo Martínez, equivale a intentar extraer jugo de naranja de las piedras, ya que, como sabemos, desde el punto de vista de su sensibilidad y de su capacidad de comprensión de la poesía, de la literatura y del arte en general, Severo Martínez era (como tuvo ocasión de constatarlo, según contaba Dagoberto Vázquez, la profesora Josefina Alonzo de Rodríguez, catedrática universitaria de Historia del Arte) un verdadero troglodita.
Camino trazado
Determinada, sin embargo, a llevar a término la difícil empresa, la Dra. Carrillo encuentra una solución acorde a los presupuestos de los que parte: si el mamotreto severista no puede elevarse a la altura de la imaginación poética de Asturias, esta puede, en cambio, hacerse descender reduciéndola a mera expresión de tesis sociológicas, antropológicas o políticas; el camino está trazado hace mucho. Cardoza sugiere que la trilogía bananera se mantuvo a flote pese a todos sus defectos gracias, en parte, al entusiasmo que por ella mostraban “los estalinistas guatemaltecos”. Estos “destacaron con razón a Miguel Ángel Asturias por sus triunfos en las letras y sobre todo por la orientación y la naturaleza de las mismas. Necesitaban una afirmación nacional y nadie mejor que Asturias había publicado una obra
tan gentilicia y acabada. Pensaron que la trilogía bananera mostraba la mejor ruta” (p. 161). Puesto que el mamotreto severista difícilmente se presta a una comparación directa con las novelas de Asturias, hay que comenzar por hacer tábula rasa de las novelas de Asturias y tratarlas todas como otras tantas expresiones de “realismo social”, dicho en términos académicos o, dicho más crudamente, tratarlas a todas como novelas bananeras. Así, la Dra. Carrillo señala que tales y cuales características de la Patria del criollo “acercan este ensayo a las narrativas de realismo social” aproximándola de este modo “al discurso que, desde la ficción novelesca, dio voz al conflicto nacional”; a lo que añade en nota a pie de página, como quien no quiere la cosa: “Según la crítica, Miguel Ángel Asturias y Mario Monteforte Toledo serían autores representativos de este discurso novelesco en la Guatemala de mediados del siglo XX” (p. 93). Las novelas de Asturias no tienen nada que ver con las de Monteforte; no pertenecen al mismo sistema planetario, por decirlo así, pero colocando a ambos autores uno al lado del otro se logra hacer más bulto, y es esto lo que importa pues de lo que se trata es de conferir importancia y respetabilidad al “realismo social”. Rebajando de este modo las novelas de Asturias —pues aquí van, como hemos dicho, todas confundidas, bananeras y no bananeras— a otras tantas expresiones de “realismo social”, ya no es tan difícil demostrar que el mamotreto severista es una novela o que por lo menos se parece. No es ciertamente Lorena Carrillo la única que ve las cosas de esta manera y sería un error considerar sus observaciones aisladamente. De hecho, la concepción misma de la tarea que se propuso nace de un horizonte conceptual ampliamente compartido por gran parte de los críticos de la literatura guatemalteca, guatemaltecos y extranjeros por igual.
Carácter de secta
La estrechez de criterios se hace evidente en la manera como tratan la literatura de Asturias, pese a las sutilezas retóricas y los artilugios académicos con que algunos pretenden disfrazar la penosa carencia de recursos críticos. Los más avezados en el arte de disfrazar como “métodos” sus inclinaciones ideológicas, pregonan la importancia de los valores estéticos en la obra de Asturias, pero es solamente de dientes para afuera, pues en realidad su lectura de la novela se guía por razones completamente ajenas a ella, como puede constatarse fácilmente. Si las ediciones de la Colección Archivos / Unesco reflejan realmente el nivel de la crítica de Asturias (cosa que puede dudarse, a juzgar por el carácter de secta que caracteriza la composición del equipo de colaboradores y por el hecho de que no se encuentra por ninguna parte ni la sombra de una crítica a las antojadizas interpretaciones del supremo sacerdote, Gerald Martin) hay que decir, por lo que toca a Hombres de maíz al menos, que las “interpretaciones” de tales críticos no tienen nada que ver con los cacareados valores estéticos, pues lo único que ofrecen a fin de cuentas como “significado” de la obra son tesis “sociológicas”, consignas ideológicas y fórmulas “políticas” envueltas, eso sí, en los jeroglíficos intelectuales de moda. *Crítico literario
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José Milla
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DCA, 15 de marzo de 1935.-Próximamente verá la luz pública la primera de las obras de José Milla que, según contrato firmado por el director de la Tipografía Nacional con los herederos del autor, son editadas por cuenta del Estado. Ya no más la edición de necedades con pujo de novela; ya no más el fárrago de bóñigas con pretensiones de pensamientos filosóficos; atrás los renglones rimados de los panegiristas de ocasión. La edición de las obras de Milla nos dice del criterio sano que, a la par que la producción moderna, toma en cuenta aquella que por su carácter histórico es ilustrativa para las masas, en cuanto a nuestro glorioso pasado y aquilata también a uno de nuestros literatos que con más derecho puede reclamar el título de novelista. Gustó Milla, como Dumas, de hacer cabalgar la trama de sus novelas sobre la propia historia patria; recurso difícil que, a la par que instruye da la medida del talento del narrador, aún más en nuestras latitudes, donde la historia patria, por pudores políticos o conveniencias injustificables, no se ha escrito o divulgado lo bastante, limitación que evidencia las dificultades con que debió tropezar nuestro novelista al no tener la rica veta histórica que le brindaba a Dumas la República francesa.
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La obsesión por los rankings de evaluación educativa lleva a malas interpretaciones de estos y a adoptar medidas erróneas.
Reporte en V
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Éxito educativo
Mecanismos como el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (PISA, por sus siglas en inglés) son útiles para comparar la educación de diferentes países. El problema surge cuando sus resultados se leen sin tener en cuenta factores clave como la posición socioeconómica y la tasa de fracaso escolar.
Laura García Merino*
edalla de oro en comprensión lectora y tercer y cuarto puestos en conocimiento científico y matemático, respectivamente. Estos fueron en 2000 los impecables resultados de Finlandia en el ranking de los 30 países participantes de PISA, el programa internacional para la evaluación de estudiantes. Las marcas en esta prueba suelen interpretarse como la medida del rendimiento escolar de cada país frente a los demás. Desde entonces, cada vez que surge un debate sobre resultados escolares, alguien cita a Finlandia como el modelo a seguir. Sin embargo, con las mismas políticas educativas —menos deberes, menos exámenes y más atención a las preferencias del alumno—, en los últimos años Finlandia ha descendido al quinto y cuarto puesto en aptitudes científicas y lectoras y a la duodécima posición en matemáticas. Entonces, ¿existe o no una fórmula que garantice una educación de calidad? Las evaluaciones educativas a gran escala (ILSA,
por sus siglas en inglés) como el citado informe PISA, el Estudio de las Tendencias en Matemáticas y Ciencias (TIMSS) o el Estudio Internacional de Progreso en Comprensión Lectora (PIRLS), marcan las políticas de educación globales y nacionales. Los medios de comunicación dan especial importancia a los resultados obtenidos por su propio país y comparan su puesto en el ranking final con las posiciones más altas. En ocasiones, la diferencia es tan alarmante que obliga a los responsables políticos a buscar la receta secreta de los países de mayor rendimiento académico, haciendo análisis de variables como la cobertura y precisión del temario en los libros de texto, la formación del profesorado o los métodos de enseñanza. Sin embargo, según un artículo publicado en Science por Judith Singer, investigadora de la Universidad de Harvard, y Henry Braun, director del Boston College, la obsesión por estos rankings y los intentos por mejorar imitando a otros países no solo lleva a tomar medidas erróneas, sino a prestar menor atención a usos que sí pueden ser constructivos. “PISA no es Fotos: Archivo
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un ranking. A pesar de que sea así como se presentan los resultados, no es una mera clasificación”, confirma José Saturnino Martínez, experto en evaluación y políticas educativas, y profesor de Sociología en la Universidad de la Laguna. “Decir que España está en el puesto 25 de entre todos los países de PISA no informa sobre nada”. Y lo aclara con este ejemplo: “Pongamos el caso de una empresa y un ranking de trabajadores según su salario. No es lo mismo la diferencia entre el primero y el segundo si cobran 10 mil y mil euros que si cobran mil 200 y mil”, explica Martínez. En PISA, lo importante no es la posición, sino la distancia que separa a unos de otros.
La presión a la que son sometidos los jóvenes de Asia a la hora de afrontar las evaluaciones internacionales puede perjudicar su actitud frente a la materia estudiada.
Factores del éxito asiático
La puntuación matemática más alta en el informe PISA 2012 la obtuvieron Shanghái, Singapur, Hong Kong, Taiwán, Corea del Sur, Macao y Japón. Sin embargo, antes de abrazar cualquiera de las características de su sistema educativo, deben tenerse en cuenta algunas realidades sobre el este asiático. El nuevo artículo de Science aporta datos para este análisis. China, hasta hace algunos años, no permitía inscribirse en colegios urbanos a los estudiantes que no procedían de la ciudad, lo que excluía, según la OCDE, al 27 por ciento de los estudiantes de 15 años. Por otro lado, en países como Corea, aproximadamente la mitad de los estudiantes participantes de PISA habían recibido tutorías privadas de cara a la preparación de los exámenes de 2012. Este tipo de gastos añadió un 2.6 por ciento del PIB a la contribución gubernamental a la educación, que es del 3.5 por ciento. Los firmantes del artículo, Singer y Braun, concluyen que, en parte, sus resultados no se deberían a los sistemas de educación pública, sino a la inversión privada. Añaden que los resultados de ciudades como Shanghái, ciudades-estado como Singapur, o de países con un sistema de educación nacional como Francia, no se pueden comparar con países de sistemas descentralizados, como EE. UU., Canadá o Alemania. Para estos últimos, los resúmenes nacionales ocultan la heterogeneidad de las políticas y prácticas del país. La presión a la que son sometidos los jóvenes de Asia a la hora de afrontar las evaluaciones internacionales puede incluso perjudicarles. “Es cierto que en el rendimiento sobre contenidos los tigres asiáticos están a la cabeza”, admite Luis Rico, catedrático de Didáctica de las Matemáticas de la Universidad de Granada. “Pero presentan una actitud mucho más negativa hacia las matemáticas y mayor rechazo que los alumnos europeos en general”.
No todo depende de la escuela
PISA es una prueba que mide el rendimiento de jóvenes de 15 años matriculados en una institución educativa a tiempo completo. Según José Saturnino Martínez, pensar que los resultados de las evaluaciones son producto únicamente del sistema educativo es uno de los mayores errores. “Además de la familia, interviene el mercado de trabajo”, aclara. “No es lo mismo crecer en Asia, donde se valoran mucho las pruebas estandarizadas, que en nuestra sociedad, donde no se les da tanta importancia”. Añade que hay países con políticas educativas completamente distintas que tienen resultados parecidos y al revés, lo que demues-
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tra la importancia del contexto. Lo que plantea la mayor paradoja, según el experto, es la diferencia interna de cada país. “Si queremos hacer política comparada, hay que comparar regiones”, reclama. En estados con políticas regionales como España, Italia o Alemania, la diversidad dentro de cada país es tan grande como la que existe entre distintos países.
Malas interpretaciones
La interpretación aislada de los resultados tiene consecuencias directas sobre lo que se enseña en clase. “Si todo el mundo insiste sobre lo importante que es quedar bien en el test, la repercusión en los institutos se nota. Países como España o México ya se centran en entrenar a los alumnos los meses previos a abril, que es cuando suelen realizarse estos exámenes, dejando de lado el itinerario formativo”, advierte Martínez. A muchos especialistas en políticas educativas como él les preocupan los usos erróneos de las cifras y sus efectos sobre la opinión pública: “Este debate está siendo monopolizado por una lectura economista-cuantitativa bastante miope que aplica modelos estadísticos y, en función de los parámetros que resultan, hace recomendaciones políticas”, denuncia el experto. “Esto es un error gravísimo. Imagina que se plantea qué es mejor para un animal, si vivir en la tierra o bajo el agua, y se seleccionan animales de forma aleatoria: arenque, cangrejo, conejo, pájaro y delfín. No tiene ningún sentido concluir que, como para la mayoría el agua es el medio idóneo, lo será para el resto”, explica. Según Pablo Sayans-Jiménez, miembro del grupo de Estudios Psicosociales y Metodológicos de la Universidad de Almería, “evaluaciones como PISA son de las más precisas que pueden encontrarse en cualquier tipo de prueba educativa, pero garantizar la validez de la interpretación que se hace sobre las puntuaciones puede ser más complejo y depender, a su vez, de la forma en la que se usen estas interpretaciones”, concluye. Martínez coincide en que este tipo de evaluaciones educativas internacionales son útiles para tener datos esquematizados y comparables entre países. Este es el primer paso para llevar a cabo estudios comparados y diseñar herramientas que permitan estudiar las diferencias
Mejorar la utilidad Los estadounidenses Singer y Braun proponen algunas soluciones para interpretar de manera más precisa las evaluaciones educativas a gran escala, entender los resultados internacionales y construir una base útil para análisis secundarios. * Minimizar el uso de los rankings. * Facilitar a los medios de comunicación estrategias para transmitir los resultados con interpretaciones equilibradas. * Relacionar los datos de las evaluaciones con los de otras fuentes, que permitan el análisis del contexto que rodea al alumnado, en especial su estatus socioeconómico. * Priorizar el desarrollo digital de las evaluaciones. En función de los aciertos o fallos del alumno, el nivel de las preguntas se autorregularía, ajustándose así a la dificultad idónea para cada uno de ellos. Seguir el progreso académico de los alumnos participantes de las pruebas.
dentro, incluso, de un mismo país. “Yo soy un gran defensor de las herramientas cuantitativas, llevo 20 años comiendo de ellas —bromea— pero por eso mismo también opino que son un primer paso, sustancial e importante. El problema es cuando este primer paso anula al resto, generando este tipo de informes y lecturas”. En definitiva, la posición en un ranking no refleja el rendimiento de todo un sistema educativo y, mucho menos, del todo el alumnado de un país. El recurrente comodín finlandés en las conversaciones sobre educación debería tener las horas contadas. *Sinc
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Contando el tiempo
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Bertha Benz y el prim Esposa de Karl Benz, considerado como uno de los padres del motor, pasó a la historia por ser la primera persona en realizar un trayecto de larga distancia. Julio Huete* icen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. En el ámbito profesional, también es así. La historia ha dejado algunos casos para el recuerdo, como cuando en los años 60 Gabriel García Márquez se embarcó en la aventura de escribir la obra que le catapultaría al éxito internacional, Cien años de soledad, y su compañera, Mercedes Barcha, fue el sustento económico del escritor, que por aquel entonces pasaba por serias dificultades. En la misma época, aunque sin problemas de dinero, Jackie Kennedytomaba las riendas de la Casa Blanca, mientras su marido John auguraba un futuro prometedor como presidente de Estados Unidos. Fue ella quien revolucionó estéticamente el hogar presidencial,rescatando retratos originales de Thomas Jefferson y Benjamin Franklin, pero sobre todo cambiando el protocolo de recepción (Jackie organizó decenas de encuentros y cenas con representantes de la vida política y cultural) y haciendo del Despacho Oval una gran sala de estar.
Hija de carpintero
La historia del automóvil tiene también a su mujer protagonista, y no precisamente en un capítulo cualquiera, sino en el origen del vehículo tal y como hoy se conoce. Antes de casarse con Karl Benz, el inventor del primer automóvil con motor de gasolina, y en consecuencia adoptar su apellido, a Bertha Ringer (Alemania, 1849) ya se le iluminaban los ojos cuando su padre, un carpintero que gracias a su talento y sentido organizativo logró alcanzar un elevado estatus social, le enseñaba el funcionamiento de la locomotora. Aunque sus orígenes fueron acomodados, ello no le hizo heredar el conservadurismo de las familias nobles alemanas del Gran Ducado de Baden. Todo lo contrario. Con tan solo nueve años, Bertha ansiaba conocer, y su terquedad, en el buen sentido, la llevó a entrar en una de las llamadas “escuelas para hijas de la alta sociedad” de la ciudad. Algo meritorio, teniendo en cuenta que por aquel entonces a las mujeres se les negaba el acceso a la educación superior. Atractiva, inteligente y exitosa, a Bertha no tardaron en pretenderla varios jóvenes de bien.
El Benz Patent Motorwagen con el que Bertha Benz realizó su primer trayecto.
Pero ella estaba en otro guión, uno que ella misma se había empeñado en dirigir para sorpresa e incluso desesperación de su entorno. Su carácter emprendedor motivó que invirtiera parte de su patrimonio en una compañía constructora de hierro, algo poco frecuente en las mujeres del siglo XIX.
mezcla de intuición y perseverancia. De este modo, el primer carruaje de Benz fue finalizado en 1885. El resultado fue un automotor de tres ruedas propulsado por un único cilindro de 2.5 caballos de fuerza, capaz de alcanzar los 40 kilómetros por hora.
Cruce de caminos
Tras años de duro trabajo y contratiempos, en los que Bertha Benz compaginó las tareas del hogar con los proyectos automovilísticos de su marido, a quien nunca abandonó pese a sus continuas depresiones y repentinos cambios de humor, se registró una patente para el Benz Patent Motor Car. Sin embargo, para sorpresa de la familia Benz, con cuatro hijos ya en su haber, nadie estaba interesado en comprarlo. Karl, agotado, barajó la opción de abandonar su comercialización. Fue entonces cuando su esposa decidió, una vez más, tomar las riendas de su
Fue entonces cuando Karl Benz, que comenzaba a dar sus primeros pasos como ingeniero, se cruzó en su camino en una excursión en autocar organizada por el Eintracht Club. Como si el destino hubiera decidido que un automóvil fuese el escenario de su película romántica, se casaron el 20 de julio de 1872. Tras invertir todos sus ahorros para la construcción de los proyectos de Benz, su padre le advirtió de las nefastas consecuencias que podría tener su decisión. No le importó. Si algo había aprendido de él, es que el éxito es el resultado de una sabia
Bertha toma la carretera
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mer automóvil
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Fotos: Archivo
Con la travesía de la señora Benz se empezaron a realizar una serie de ajustes que desembocaron en modelos de 4 ruedas.
futuro. Sin meditarlo, una mañana de agosto de 1888 y sin consultar con su marido —un auténtico pecado en aquella época—, cogió el Benz Patent Motor Car, montó a dos de sus hijos (Richard y Eugen, de 13 y 15 años respectivamente) y partió desde Mannheim hasta su natal Pforzheim, convirtiéndose en la primera persona en conducir un automóvil a larga distancia. Concretamente recorrió 194 kilómetros. Estrategia, coincidencia o simplemente suerte, la repercusión mediática fue tan grande que el carro creado por Benz comenzó a sembrar el éxito que posteriormente cosecharía. Muchos espectadores empezaron a interesarse por su precio, otros pidieron un paseo de prueba. Tras la hazaña, la pareja introdujo varias mejoras en el mecanismo de tracción con base en las experiencias del trayecto. Fue el comienzo de una historia de éxito que aún perdura. *El Confidencial
Los vehículos automotores son una herramienta que no ha dejado de sufrir cambios desde su creación.
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Tragaluz
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El libro como motor de la historia
Los primeros libros salidos de la imprenta en el siglo XV todavía imitaban los códices en cuanto a formato, encuadernación, reservas para las iniciales, etcétera, pero eran realizados con papel en vez de con papiro o pergamino manuscrito. También debe tenerse en cuenta que antes de utilizarse la impresión con tipos móviles, se realizaron otros libros mediante la técnica xilográfica de origen chino.
lafabricadelibros.com
a xilografía consiste en imprimir con una plancha de madera en la que previamente se ha tallado la imagen deseada con un buril o una gubia. Se suele utilizar una sola matriz (tabla, taco o bloque) por página. Una vez entintada, se aplica sobre ella el papel mediante una prensa plana (tórculo) y se obtiene así la impresión del relieve. Esta técnica es originaria de China, y una de las xilografías más antiguas que se conoce se realizó en Japón en el año 770. En Europa, las primeras xilografías conocidas se realizaron a finales del siglo XIV y comienzos del XV. En cuanto al libro xilográfico, también llamado libro bloque o libro tabelario, el más antiguo conocido se realizó en China y data del 868, según el propio texto del libro. El primero en Europa es la denominada Biblia Pauperum de 1430 y en total, en Europa, el número de libros impresos con esta técnica apenas supera la treintena de títulos.
Entre todos ellos suman un centenar de ediciones aproximadamente. A partir de 1480 ya no queda constancia de ninguno, aunque la técnica siguió utilizándose para las ilustraciones hasta finales del siglo XV. Los libros bloque no superaban las 50 páginas y se imprimían por una cara, las hojas se pegaban entre sí por la cara no impresa, de manera que parecía impreso por las dos caras. Con la aparición de la imprenta, y debido al laborioso procedimiento requerido para esta técnica, estos libros comenzaron a desaparecer a mediados de ese mismo siglo.
El libro tipográfico
Tradicionalmente se consideraba la imprenta de tipos móviles como un invento europeo de mediados del siglo XV, pero lo cierto es que se trata de un invento chino. A partir del 960 se utilizaron en China caracteres móviles de madera para imprimir las grandes historias dinásticas y un canon budista. No obstante, se atribuye el invento a Pi Sheng, que en 1045 fabricó los primeros tipos móviles de arcilla endurecida al fuego utilizando moldes de metal; poco des-
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pués, sustituyó estos tipos cerámicos por otros de estaño, bronce, etcétera. En el siglo XV los chinos ya habían conseguido perfeccionar considerablemente su sistema de composición e impresión tipográfica. En Europa, necesariamente debían conocerse estos antecedentes a mediados del siglo XV, puesto que los viajes diplomáticos y comerciales con Oriente ya están constatados desde 1247. Sin embargo, se considera que la imprenta moderna fue creada aproximadamente en 1440 en Estrasburgo por Johannes Gensfleich Gutenberg, a partir de la adaptación de una prensa de uvas renana y utilizando tipos móviles de plomo. Estos tipos constituían las imágenes a imprimir, se combinaban para formar palabras y podían reutilizarse para componer otros textos. Era un sistema que hacía tiempo se intentaba materializar en distintos puntos de Europa, y esto es lo que hace dudar del auténtico origen de la primera imprenta europea. Aparte de Gutenberg también se han propuesto nombres como el del holandés Lorenzo Koster, Johann Mentelin de Estrasburgo, Johannes Brito de Brujas, el italiano Pamfilo Castaldi, etcétera. Parece ser que en torno a 1452 Gutenberg, contando aún con el apoyo financiero de Johann Fust, comienza a componer la Biblia de 42 líneas, también llamada Biblia latina o Biblia de Gutenberg, que es la única obra que se le puede atribuir con seguridad. Poco después, Fust se asoció con el calígrafo de Gutenberg, Peter Schöefer, y de su taller salieron obras ejemplares: el Psalmorum codex o Salterio de Maguncia (1457), la primera obra que lleva pie de imprenta indicando el año y el lugar de impresión, ilustraciones con letras grabadas, impresión en más de un color y marca de impresor; el Rationale divinorum officiorum (1459), las Constituciones clementinas (1460) y la Biblia de 48 líneas. La imprenta se difundió rápidamente por Europa, sobre todo gracias a tipógrafos ambulantes que, desde Alemania, llevaron el invento a diferentes lugares: el monasterio de Subiaco en Italia (1462), Cracovia, Basilea (1468), Viena (1470), París (1470), etcétera. En España se supone que la primera imprenta fue instalada en 1472 por Johann Parix enSegovia, donde imprimió en tipos romanos el primer libro español conocido (Sinodal de Aguilafuente).
Los incunables
A los libros impresos entre la fecha de aparición de la imprenta y 1500, se les denomina paleotipos o incunables (del latín incunabula, en la cuna) en alusión al reciente nacimiento de la imprenta. El límite de 1500 fue propuesto por Philippe Labbé en 1653, pero no es lo bastante exacto porque en muchos países, en los que la imprenta se introdujo más tarde, se suele alargar el periodo de incunables otros 59 años. Además, en torno a ese año no hay nada concreto que distinga los libros producidos antes o inmediatamente después; incluso el criterio de la calidad es engañoso, puesto que ejemplares realizados antes de ese año en los talleres venecianos alcanzaban una perfección que no tenían otras obras posteriores a 1500 ,debido a que estaban realizadas en imprentas más primitivas y artesanales. Las características que distinguen a la mayor parte de los incunables son las siguientes: están realizados en gran formato, el papel es grueso y con imperfecciones, no llevan pie de
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Ante el aumento de la producción bibliográfica mundial, las bibliotecas se han digitalizado gradualmente.
imprenta, carecen de portada, no tienen letras capitales, les faltan las divisiones del texto, están foliados pero no paginados, no tienen signos de puntuación y presentan un uso exagerado de abreviaturas. En cuanto a la temática, la mayoría era de tipo litúrgico y eclesiástico (misales, breviarios, diurnales, etcétera). También se imprimieron las primeras biblias en lengua vulgar y las principales obras medievales de san Agustín, san Alberto Magno, san Buenaventura, san Bernardo y otros.
Evolución del libro impreso
En los tres siglos siguientes a la invención de la imprenta apenas se producen cambios técnicos significativos en comparación con los cambios sociopolíticos, religiosos y culturales (Reforma luterana, Contrarreforma, Ilustración) que tanto influyeron en el contenido de las obras. Inicialmente, hasta mediados del siglo XVI, el libro impreso convivió con el manuscrito y se observa cierta continuidad con el siglo anterior; no obstante, las obras fueron adquiriendo características que las diferenciaban de los incunables: los formatos más pequeños, la encuadernación y decoración renacentistas, el mayor uso de la portada, la preferencia por la letra romana en vez de la gótica y el empleo de la calcografía en lugar de la xilografía en las ilustraciones. En el siglo XVIII tuvo lugar un amplio resurgimiento del arte tipográfico y una mayor preocupación por la calidad del libro. Las ilustraciones, que se hacían en la técnica del grabado en metal y del grabado al aguafuerte, predominaban claramente sobre el texto. En general, las ediciones de este periodo alcanzaron unos niveles de perfección pocas veces igualados en tiempos posteriores. Los temas siguen siendo predominantemente religiosos. Se realizaron importantes ediciones de las llamadas biblias políglotas, en
las que se reunían los textos en varias lenguas (latín, griego, hebreo, árabe). Destacaron especialmente: la Biblia Complutense o de Alcalá (1514-1516), la Biblia políglota regia o de Amberes (1568-1572) y la Biblia políglota de Antoine Vitré en nueve volúmenes (1628-1655). La Vulgata clementina, considerada aún la Biblia oficial católica, data de 1592. Entre los libros laicos destacan los dedicados a la enseñanza (diccionarios, manuales, gramática, y otros) y las obras de los autores clásicos (Virgilio, Homero, Aristóteles, Ovidio). El primer libro considerado un best-seller aparece en 1532, es el Orlando furioso de Ludovico Ariosto, el libro más vendido de la época junto con los escritos de Erasmo y Lutero. En España cabe destacar la edición de 1605 del Quijote de Cervantes, impresa en Madrid, en los talleres de Juan de la Cuesta. En cuanto a las enciclopedias, entre las más vastas obras del periodo destacan la Cyclopaedia de Chambers (1728) y la Encyclopédie de Diderot y D’Alembert (1751-1765). Las bibliotecas experimentan un gran crecimiento al incrementarse el patrimonio escrito con el desarrollo de la imprenta. A partir del Renacimiento, se pusieron al servicio público y el libro comenzó a ser considerado un instrumento fundamental para fomentar la cultura y la transmisión de nuevas ideas. En Italia recibieron un gran impulso gracias a figuras como Petrarca, Boccaccio o el propio papa Nicolás V, que fundó la Biblioteca Vaticana; con los Médicis, en 1441 se funda la Biblioteca Marciana y en el 1524 la Laurenziana, obra de Miguel Ángel. En el siglo XVI comenzaron a aparecer las bibliotecas que luego derivarían en las llamadas bibliotecas nacionales: París (1522), Viena (1526), Berlín (1661), Madrid (1712), Museo Británico (1753), etc. Otras bibliotecas destacadas fueron la del monasterio de El Escorial (1565) en España, la Ambrosiana en Italia (1608) y la Mazarina en Francia (1643).
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Ventanas
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Vivir en estado de red
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“Las nuevas tecnologías están favoreciendo un fenómeno que denominaré vivir en estado de red. Se ha olvidado una verdad evidente: no todas las redes son iguales”. José Antonio Marina*
os seres humanos hemos vivido siempre en redes: familiares, clientelares, vecinales, profesionales, comerciales. El fenómeno no es nuevo. Lo que es nuevo es la extensión y penetración de las redes electrónicas, y el tiempo y la atención que se les dedica, que está produciendo fenómenos psicológicos y sociales que merecen ser estudiados con detenimiento. Cuando comencé la universidad, leíamos mucho a Maurice Merleau-Ponty, un influyente filósofo, fenomenólogo, existencialista y marxista a ratos. Decía que una persona es lo que es y el conjunto de relaciones que es capaz de establecer. De la calidad de esas relaciones dependía su calidad personal. Esa idea se ha perdido en el masivo enredarse actual. Se ha olvidado una verdad evidente: hay redes inteligentes y hay redes estúpidas. Tras siglos de estudiar la inteligencia individual, hemos llegado a la conclusión de que era una abstracción, porque toda inteligencia real se desarrolla en un entorno social que la estimula o la bloquea. Por eso, a todos nos interesa vivir en entornos lo más inteligentes posible. Entre ellos se encuentran las redes
Todas las noches, en miles de millones de cerebros, dentro de los cráneos de mamíferos y aves, ondas lentas de actividad caen en cascada a través de las neuronas en un ritmo que se ha repetido a través de milenios. Es el latido común de los cerebros en su sueño más profundo. La ubicuidad y la uniformidad de estas “ondas lentas” tienen una importancia profunda, dice el científico de Human Brain Project Maurizio Mattia, del Istituto Superiore di Sanità, en Roma. Él describe el momento en que se dio cuenta de que este era un ritmo común en la biología. “Como físico, pensé: esto no es biología, esto es física... Es la huella de algo que está funcionando muy, muy bien. Algo que se necesita a través de las especies y en toda la evolución“.
Cerebro dormido
Las ondas lentas aparecen cuando los cerebros están en sueño profundo y se han observado en mamíferos y aves, y posiblemente en reptiles. Mattia describe las ondas como cascadas de actividad que se mueven a través del cerebro con un ritmo constante (alrededor de 1 Hz, a través de las especies). Estas oscilaciones rítmicas ocurren en una sola neurona, pero, cuando se observa, aparecen como una onda que se mueve a través del cerebro a aproximadamente 30 mm por segundo. “No son como las olas que ves en el agua. Tienes un medio excitable, por lo que es como un incendio en un bosque. Cuando enciendes el fuego por primera vez, se propaga como una ola, hasta que hayas quemado toda la madera y luego se detendrá. Esto es como
el período de inactividad en el cerebro, pero el bosque vuelve a crecer y luego tienes una nueva ola. Esto es lo que sucede en el cerebro. Utiliza todos los recursos disponibles para disparar los potenciales de acción de las neuronas, luego necesita un tiempo de recuperación. Fuego y silencio, fuego y silencio”. La función y el propósito completos de estas ondas lentas no se comprenden completamente, pero claramente tienen un papel importante. Cada vez hay más pruebas de que este ritmo es necesario para reproducir un equilibrio en el cerebro. Durante la vigilia, el cerebro produce desechos, y estas ondas parecen estar limpiando el cerebro, dice Mattia. “Puedes sobrevivir sin estar despierto, pero seguramente morirás si no duermes”.
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La amplia disponibilidad de aplicaciones crece exponencialmente a la par de la vulnerabilidad de los usuarios.
Las redes sociales están formadas por individuos que suelen renunciar al criterio propio al consumir y generar información.
sociales. Su inteligencia depende de la calidad de la información transmitida, pero no solo de eso. La teoría de redes muestra que todas están compuestas de relaciones y nodos, que son aquellos puntos en los que convergen varias relaciones; es decir, donde se unen los hilos de la red. En una red de metro, serían las estaciones de enlace. Lo peculiar de las redes sociales es que los nodos son personas; es decir, puntos que pueden ser más o menos activos. Con la información recibida, cada uno de ellos puede hacer varias cosas: bloquearla, transmitirla exactamente o cambiarla. También puede verter información propia a la red. Manuel Castells ya advirtió hace tiempo de que los usuarios de las redes podían ser actuantes o actuados. Activos o pasivos. Y Jaron Lanier, uno de los más creativos técnicos informáticos, alerta contra el “rebaño digital”.
hiperactividad conectiva, que es la necesidad de estar recibiendo continuamente mensajes y respondiendo a ellos; (2) la impulsividad en la respuesta; (3) la dificultad y el poco interés en distinguir lo real de lo virtual, que ha dado lugar al fenómeno de la posverdad; (4) una difuminación del yo personal y de la intimidad, a favor de una hipertrofia del yo social, que necesita estar continuamente siendo refrendado por el resto de la red. ¿Se le ocurre algún rasgo más? El sometimiento a las redes, la incapacidad de ofrecerles resistencia, hace a las personas influenciables. Por eso aparece ese ridículo rol de los influencers. La extensión del fenómeno hace que se convierta en objetivo prioritario de la educación fortalecer la personalidad frente a la red, educar el sentido crítico. Sin embargo, como he analizado en El bosque pedagógico (Ed. Ariel, 2017), una parte de la pedagogía está también fascinada por las redes, con el riesgo de olvidar la necesidad de educar la personalidad no licuada. El pensamiento posmoderno reivindicó una personalidad ameboide capaz de adaptarse a todo, pensando que era el colmo de la libertad, cuando es en realidad el colmo de la vulnerabilidad.
Estado de sugestibilidad
Conviene recordar en este punto lo que la psicología nos dice acerca de las relaciones sociales. Es bien conocido que personas responsables pueden entrar en un peculiar estado, que denomino estado de masa. Gustave
Le Bon estudió el sorprendente hecho de que personas inteligentes, razonables y libres, pueden actuar de manera inesperada cuando se integran en una multitud. Mientras se encuentra en ese estado, el individuo pierde su identidad, sufre un contagio emocional y se halla en estado de sugestibilidad. Le Bon critica duramente esta situación: ”Por el solo hecho de formar parte de una multitud, el hombre desciende varios escalones en la escala de la civilización. Aislado, era quizás un individuo culto; en multitud, es un individuo instintivo y, por consiguiente, un bárbaro”. Quede claro que Le Bon no condena la comunicación, ni la colaboración ni la convivencia libre. Lo que teme es la pérdida de racionalidad y libertad de las personas que se sitúan en estado de masa. Las nuevas tecnologías están favoreciendo un fenómeno análogo que denominaré: vivir en estado de red. Propongo llamar personalidades reticulares a las que están demasiado tiempo en ese estado.
Hiperactividad conectiva
¿Cuáles serían sus rasgos principales? (1) La dependencia de la red, lo que he llamado
*El Confidencial
Imágenes cerebrales En 1968, cuando no había técnicas para observar cómo funcionaba el cerebro en vivo, el neurólogo Norman Geschwind descubrió que una región del lóbulo temporal, el planum temporale, era más grande en el hemisferio izquierdo que en el hemisferio derecho. Como el procesamiento del lenguaje se ubica en el hemisferio izquierdo (para la mayoría de las personas), el neurólogo propuso que esta asimetría era un indicador de la lateralización de esa función. La lateralización se refiere al hecho de que algunas funciones cerebrales son más dominantes en un hemisferio que en el otro. Casi 50 años después, un equipo de investigadores del proyecto europeo MULTILATERAL , uno de los proyectos de asociación de Human Brain Project , ha utilizado imágenes de
resonancia magnética para estudiar áreas del cerebro en vivo y ha encontrado pruebas para refutar la teoría. Encontraron que la asimetría anatómica del planum temporale que alberga las funciones auditivas no es un marcador de la lateralización de las funciones del lenguaje. La autora principal de un estudio publicado en Brain Structure & Function, Nathalie TzourioMazoyer, jefa del Grupo de Imagen Neurofuncional del Instituto de Enfermedades Neurodegenerativas de la Universidad de Burdeos (Francia), dijo que ninguno de los participantes en el mismo mostró que planum temporale fuera un marcador de tareas relacionadas con el lenguaje. Sin embargo, hubo una correlación local entre la asimetría anatómica y la asimetría funcional durante el procesamiento auditivo del habla.
“Es el primer estudio con una muestra tan grande de individuos e incluye toda la gama de variabilidad del lenguaje en el cerebro”, dice Tzourio-Mazoyer. “Este estudio muestra que la mayor asimetría hacia la izquierda del cerebro no es un marcador de la lateralización hacia la izquierda de las funciones del lenguaje en los humanos”. Mientras que en la mayoría de los participantes el hemisferio izquierdo estaba especializado en el procesamiento del lenguaje, una minoría lo había invertido y el lado derecho estaba a cargo de estas funciones. En los pocos participantes que procesaron el lenguaje con el hemisferio derecho, los resultados fueron los mismos, no invertidos como podría esperarse, lo que refuerza la hipótesis de los investigadores.