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Priyamvada y los mapas estelares
Guatemala, 7 de agosto de 2020 AĂąo 7 No. 332
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Guatemala, viernes 7 de agosto de 2020
Editorial Cartografiar el universo. ¿No hay algo de locura en ese
Fiódor Do Humillados
empeño? Y es que se trata, ni más ni menos, de trazar un mapa a mano alzada de aquello que no se ve, guiados por la luz parpadeante de lo que ya no existe... Porque de eso se ocupa la cosmología, de estudiar el nebuloso y cambiante universo en su conjunto. Entonces, los cosmólogos se zambullen, por así decirlo, en el espacio y el tiempo, investigando todas las formas de la materia, así como la energía, las leyes y constantes físicas que las gobiernan. Y así lo han hecho durante siglos, un poco a tientas, un poco a ciegas. De ahí la importancia de los mapas del universo que la cosmóloga que ilustra nuestra portada, soñó desde su infancia. Y es que la bitácora de vuelo como utoponauta, de Priyamvada Natarajan, incluye cartografiar la distribución de materia oscura en cúmulos galácticos. En otras palabras, ha hecho mapas de formas de
L HÉROE de esta novela, Vania, actúa como narrador del drama de Ijmeniev, despojado de sus bienes injustamente y deshonrado por el hipócrita príncipe Valkovskii, paradigmas en los que podemos ver simbolizado el drama social de la Rusia de aquel tiempo. Junto a Ijmeniev aparecen otros protagonistas, igualmente humillados por el despótico príncipe: la huérfana Nelly y su abuelo, Natascha, el débil Alioscha... personajes de una sola pieza, cuyo comportamiento se ajusta a los patrones tradicionales. Publicada por Dostoyevski al regreso de su largo destierro en Siberia, es la primera novela de esa serie inmortal en la que figuran Crimen y castigo, El idiota, Demonios y Los hermanos Karamazov, uno de los conjuntos novelescos más impresionantes y turbadores de la literatura universal.
materia que no emiten luz; solo inferibles por los efectos gravitacionales en su entorno. ¡Qué locura! ¿no? Si tal afán se trasladara, digamos a la Tierra, quizás podríamos trazar nuevas rutas de convivencia, pese a la materia oscura que a veces parece envolver toda esperanza.
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DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano
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Coordinación: Francisco Chinchilla Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada y Sulhema Pacheco Digitalización: Freddy Pérez
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ostoyevski y ofendidos
lería Pac-Man es un videojuego arcade (máquinas recreativas), creado por Toru Iwatani de la empresa Namco, y distribuido por Midway Games al mercado estadounidense a principios de 1980. Se convirtió en un fenómeno mundial con el récord Guiness, con un total de 293 mil 822 máquinas vendidas desde 1981 hasta 1987. Con un formato más humorístico y poco violento, acabó con el dominio de Space Invaders.
Semblanza Juan Rulfo El escritor Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, nació el 16 de mayo de 1917 en Apulco, San Gabriel, distrito de la ciudad de Sayula, estado de Jalisco, México. Fue el tercero de los cinco hijos de Juan Nepomuceno Pérez Rulfo y María Vizcaino Arias, una familia acomodada. Su padre murió asesinado el 1 de junio de 1923 cuando él tenía 6 años. Al cumplir 12 murió su madre e ingresó en un orfanato de Guadalajara. Vivió su infancia en el campo, en su tierra natal, donde fue testigo de los violentos episodios de la rebelión cristera entre 1926 y 1929. En 1933, decidió trasladarse a la Ciudad de México, donde asistió como oyente al Colegio de San Ildefonso. En ese mismo año comenzó a escribir y a colaborar en la revista América. Desde 1938 Juan Rulfo viajó por regiones del país en comisión de servicio de la Secretaría de Gobernación cultivando su pasión por la cultura y la antropología de su país. Por entonces comenzó a publicar sus cuentos más relevantes en revistas literarias. Su primera novela, Los hijos del desaliento, la comenzó a escribir en 1938, y en 1942, aparecieron publicados dos cuentos suyos en la revista Pan, mismos que formarían parte de El llano en llamas (1953), junto con otros que fueron apareciendo en revistas. En 1946 comenzó a trabajar para la Goodrich Euzkadi como agente viajero y allí inició su notable labor fotográfica. Dos capítulos de su novela Pedro Páramo (1955) se publicaron en revistas y después, el libro, traducido casi de inmediato al alemán por Mariana Frenk (1958), y algún tiempo después en otros idiomas, como inglés, francés, sueco, polaco, italiano, noruego y finlandés. Con tan solo dos obras (El llano en llamas y Pedro Páramo), pasó a ser considerado como uno de los grandes creadores de la literatura universal. Fue autor de guiones cinematográficos, como El despojo,. El gallo de oro (1964) —basado en una idea del novelista en colaboración con Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez—, y La fórmula secreta (1965), una cinta de Rubén Gámez con textos de Rulfo. Su obra fue emparentada con la tradición de la literatura de la Revolución mexicana (Azuela, Guzmán, Muñoz), luego Revueltas (1943), y Yáñez (1947), aunque inaugura un nuevo lenguaje y una nueva forma novelística. El párrafo inicial de Cien años de soledad, del colombiano Gabriel García Márquez, figura como un homenaje intencional a Rulfo, pues la frase es muy semejante a una que el escritor mexicano usó en Pedro Páramo: “El padre Rentería se acordaría muchos años después de la noche en que la dureza de su cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir. Fue la noche en que murió Miguel Páramo”. En 1970 le fue otorgado a Rulfo el Premio Nacional de Literatura en México y en 1983 el Premio Príncipe de Asturias en España. Falleció a los 69 años en la Ciudad de México, el 7 de enero de 1986, a causa de un enfisema pulmonar.
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Núria Jar* A COSMÓLOGA Priyamvada Natarajan (India, 1967) está obsesionada con cartografiar el mapa del universo invisible, que conforma el 95 % del cosmos y está hecho de materia y energía oscura. Nosotros y el resto de astros solo somos el 5 % descrito hasta ahora. El año pasado participó en el ciclo de debates sobre fronteras del conocimiento, en el marco de la exposición Cuántica que se instaló en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. El auditorio, con un aforo de 200 butacas, se quedó pequeño para escuchar a la investigadora y decenas de personas esperaron pacientemente para ocupar las plazas libres. “Creo en una cierta humildad cósmica. Somos uno entre muchos, no somos tan especiales”, dice sobre los posibles límites del conocimiento. También fantasea con otros universos, en los que le gusta soñar cuando el mundo no funciona. Además de una carrera brillante como investigadora, Natarajan la divulga en su libro Mapping the heavens y lucha para acabar con los sesgos de género presidiendo la Women Faculty Forum de la Universidad de Yale, donde da clases de astronomía.
Usted comparte historias de su vida, algo inusual entre científicos...
Lo que he sido influye en lo que hago, y en cómo lo hago. De pequeña me sentía una outsider, pero ahora estoy muy cómoda conmigo misma. Me ha llevado tiempo y, como sabes, a las mujeres aún nos cuesta mucho más [ríe]. Me he dado cuenta de que para la gente joven ser consciente de que puedes ser tú misma marca la diferencia. Si no, solo queda esa impresión de que los científicos son gente que viste bata blanca de laboratorio e intenta comprender los secretos de la naturaleza. La ciencia es un esfuerzo humano muy similar al de escribir poesía, teatro o cualquier otro tipo de arte. También es muy creativa. Cada uno aporta su manera de hacer ciencia. Yo soy sociable y me encanta la gente. En muchos sentidos, no soy el estereotipo. Me importa que la gente joven y brillante, que está interesada en ciencia, tenga la oportunidad de hacerla sin importar su apariencia ni procedencia, y que sepa que hay muchas maneras de ser científico. Fui una niña muy afortunada. Provengo de una familia privilegiada. Tuve un Commodore 64 cuando nadie en India tenía ordenador. En los 80 aprendí a programar de forma autodidacta. Cuando eres joven no te das cuenta de que esto puede ser muy es poderoso. Piensas que no encajas. No entiendes que ser un poco outsider te da muchísima libertad intelectual para pensar diferente, ser más valiente e inventar cosas más radicales. Creo que no me di cuenta de ello cuando era más joven y ahora que me hago mayor veo que ser distinta te sitúa en una posición de ventaja.
¿Por qué la obsesión con los mapas?
Me encantan los mapas, siempre me han gustado. Te sitúan y te indican cómo ir de un sitio a otro, pero también codifican el estado del conocimiento en un momento concreto. Es
Ciencia incierta decir, qué se conoce y qué no en esa época. Con ellos te das cuenta de las palancas de cambio que hubo en la historia. Mi favorito es uno de 1375, del Atlas catalán del mallorquín Cresques Abraham. En ese mapa se puede apreciar cómo cambia nuestra visión del mundo, porque es el primero donde aparece un instrumento científico. Hay un astrolabio en las cuatro esquinas. Esto marca una transición en nuestra historia. Es el momento en que dejamos de imaginar por qué el cielo y el universo son cómo son para medirlo y dar con una explicación.
¿También reflejan una ideología?
¡Exacto! Y este cambio de ideología se ve perfectamente en ese mapa. Un cambio que pasa de pensar que Dios creó el universo a decir: “De acuerdo, esto es el universo y lo podemos investigar con un instrumento”. Esto es el cambio ideológico que puedes ver en un mapa. Te das cuenta de la cultura, la ideología política,
A Priyamvada siempre le han apasionado los mapas. De pequeña aprendió a cartografiar las estrellas del cielo de Nueva Delhi con el Commodore 64 que le regaló su padre, cuando nadie tenía ordenador. Ahora mapea lo invisible del universo, la materia oscura. Es profesora de Astronomía en la Universidad de Yale, donde también investiga sobre agujeros negros.
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La cosmóloga Priyamvada Natarajan, durante la entrevista.
un par de años y me fascinó la estética, la belleza del lugar, la arquitectura, el sol… Me recordó a los palacios preciosos de Rajastán, en el noroeste desierto de la India, un lugar muy romántico que siempre me ha acompañado.
¿Por qué abundan las teorías pseudocientíficas?
En Estados Unidos es terrible, es una paradoja absoluta. Somos un país a la vanguardia de la investigación, la innovación, la ciencia y la tecnología y al mismo tiempo somos el país con más personas que creen que la Tierra es plana, que el hombre no llegó a la Luna, que no creen en la evolución… es interminable. Creo que el tema es mucho más profundo. Hay una motivación política que incentiva a la gente a pensar así. Hay personas que no son abiertas de mente y no quieren enfrentarse a los hechos ni a la evidencia científica. Por eso es importante divulgar la ciencia y el entusiasmo de los descubrimientos, pero también lo es desmitificar el proceso de cómo se hace la ciencia, porque no es totalmente objetiva.
¿En qué sentido?
En ciencia, el conocimiento es provisional y uno debe de estar receptivo para revisarlo. Hay dos cosas que la gente no acaba de entender: la ciencia es provisional e incierta. Creo que los terraplanistas, los que están en contra de los transgénicos y todos estos movimientos responden a un sentimiento de desorientación por el ritmo al que avanza la ciencia. Es importante que la manera de hacer ciencia forme parte del discurso público porque vivimos en un mundo lleno de ciencia y tecnología. Nociones mínimas de ciencia son necesarias para la vida diaria y para tomar decisiones más informadas.
la manera de verse a uno mismo y al resto del mundo de esa época. Todo esto confluye en un mapa. Creo que el mapa de Cresques Abraham catalizó el desarrollo del método científico, y no está suficientemente reconocido.
¿Por qué?
La historia nos cuenta que el Renacimiento surgió después del oscurantismo de la Edad Media, en Italia. Esta es la explicación habitual, pero muchos historiadores como Fernand Braudel argumentan que sucedió antes y en España, concretamente en Al Ándalus. Este es mi período favorito de la historia. Una época en la que diferentes culturas confluyeron de una forma armónica, aprendiendo unas de otras. Hay una serie de circunstancias necesarias para generar ideas nuevas, radicales y creativas. Creo que hay sitios y momentos en la historia especiales en los que esto ha sucedido. Igual que ahora es Silicon Valley, también lo fue Al Ándalus. Fui a Granada por primera vez hace
¿Confía en encontrar de qué está hecha la materia oscura?
Soy optimista y creo que llegaremos al fondo de la cuestión. Lo incómodo, pero a la vez apasionante, sobre la materia oscura es que todavía no hemos encontrado la partícula de la que está hecha. Quizás sean las WIMP [partículas masivas que interaccionan débilmente], pero las hemos buscado durante 30 años y aún no las hemos encontrado, como un borracho que intenta encontrar sus llaves debajo de una farola. Necesitamos ampliar nuestra búsqueda. Recientemente, hemos empezado a pensar en los axiones, otro tipo de partícula más ligera que también se habría formado en las primeras etapas del universo. En nuestras teorías actuales tiene sentido, pero necesitamos construir experimentos que la detecten. Es difícil predecir el futuro de la ciencia. A menudo cuento que Copérnico, que reordenó el sistema solar en 1543, nunca habría imaginado que 400 años más tarde los humanos lanzaríamos dos sondas al espacio —la Voyager 1 y 2— que viajarían más allá del sistema solar.
¿Cómo vivió lo de la primera foto de un agujero negro?
Increíble. Fue muy, muy apasionante. De hecho, lo vi por la nota de prensa, como todo el mundo. No lo sabía de antemano. Había expectación, pero no sabíamos cómo sería. En ese momento, cuando vi la imagen, fue emocionante. Sobre todo porque hay muchas ideas teóricas que damos por hechas y la imagen del agujero negro validó nuestro pensamiento. Fue muy, muy importante. Además, los agujeros negros me parecen personalmente fascinantes porque son un reto y representan los límites de nuestro conocimien-
Natarajan se ha destacado además, en su lucha por erradicar la desigualdad de género en el ámbito científico.
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Para la cosmóloga, los premios Nobel no reflejan el modo en que se hace ciencia.
to. Cuando algo entra en un agujero negro, nunca más se supo. Solo podemos comprender las cosas hasta ahí. Más allá, es imposible. Para mí eso es algo muy seductor. Habernos acercado tanto a un agujero negro es sencillamente increíble. Y hay algo en las imágenes que ayudan a nuestra comprensión e imaginación. Tiene un poder transformador. Como fue el icónico paso de Neil Armstrong en la Luna, la imagen del agujero negro también lo será. Puede ser el presagio de mucho del progreso que hagamos en el futuro, y hay muchas preguntas abiertas sobre agujeros negros. Hay mucho por descubrir.
¿Qué hizo para que más mujeres accedieran al Hubble?
En ciencia hay mucho sesgo de género, de raza, de edad… Hay estudios que muestran un sesgo de género persistente en el tiempo de observación por telescopio, porque las mujeres son menos propensas a presentar solicitudes. Hace unos años me entrevistaron en la revista estadounidense y propuse revisiones anónimas dobles para asignar ese tiempo de observación. Dos años más tarde, el programa del Hubble se mostró interesado y el año pasado presidí el primer comité. Ahora, las propuestas y los revisores son anónimos hasta que toman la decisión final en persona.
¿Y cuál fue el resultado?
Fue emocionante ver, ya desde el primer momento, cómo cambiaba la naturaleza de las discusiones. Dejó de ser: “Mira, este investigador es muy bueno, ya ha utilizado el Hubble antes, está publicando artículos…” Eliminamos todo esto de la conversación y la centramos en la ciencia: “¿Es una buena idea científica?” “¿Es
viable?” “¿La gente es competente para llevarla a cabo, tienen experiencia?” Los resultados fueron muy interesantes, incluso en la primera ronda. Tuvo tanto éxito que hace unos días la NASA decidió implantar el mismo proceso de doble ciego para asignar tiempo de observación. Mi esperanza es que se extienda a la Fundación Nacional para la Ciencia de EE. UU. y que la UE también se lo plantee. Es un pequeño paso que no va a resolver el problema entero, pero es importante.
¿Se necesitan más referentes femeninos en ciencia?
Tener modelos es muy importante, por supuesto. Pero también tener distintos tipos de modelos. No hay una persona que inspire a todas las mujeres ni otra con la que se identifiquen todas las personas de color. Necesitamos diversidad de modelos, diversidad de gente con estilos, puntos de vista y personalidades distintas. La poca investigación que hay —necesitamos más— muestra que, si uno no puede verse reflejado en alguien, sus aspiraciones y sueños le pueden parecer remotos e inalcanzables. Por eso es importante la diversidad de modelos y referentes.
¿A usted su identidad étnica le ha ocasionado dificultades?
Es un desafío. Cuando era más joven me sentía distinta, pero a medida que fui haciéndome mayor me di cuenta de que formo parte del establishment. Estoy en los comités y en la mesa donde se toman las decisiones. Pienso que los obstáculos que tuve que afrontar en mi vida son diferentes por mi género y mi pertenencia étnica. Llegué
como inmigrante a Estados Unidos con una beca del MIT e hice mi propio camino. Me encontré con obstáculos, pero también tuve muchas ventajas. Nací en una familia privilegiada de la India y me dieron una beca. Reconocieron mi talento cuando era muy joven y eso me dio ventaja. Creo que contar con personas que se han enfrentado a distintos tipos de desafíos para formar parte de una comunidad es muy importante. Sobre todo, en Física, donde hay tan pocas mujeres. Sin ir más lejos, solo hay tres investigadoras que hayan sido galardonadas con un Nobel. No sé qué pensar sobre estos premios. Tal vez deberíamos restarles importancia. Si los físicos, y también el resto de gente, devaluaramos estos premios estaríamos acabando con la exclusividad del modelo. También pienso que la manera en la que se entregan los Nobel ya no tiene sentido en cómo se hace la ciencia. El Nobel se entrega a tres personas y la ciencia se hace en grandes colaboraciones, es un esfuerzo de equipo. Ya hay algunos premios que reconocen a los grupos. Pero, personalmente, pienso que los Premios Nobel corrompen la disciplina. Creo que no son lo más sano. Hay sesgos en las nominaciones y en quién nomina, todos forman parte de la misma camarilla. Acabar con esto nos va a llevar mucho esfuerzo, es una cuestión demográfica. Necesitamos que las mujeres y grupos poco representados tengan más poder para hacer mejor ciencia. Uno tiene que tener la oportunidad de hacer buena ciencia y crecer. Luego, llega la influencia. Pero es demasiado lento. Por eso es más fácil decir que estos premios no deberían importar tanto. *Sinc
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Gottfried Leibniz DCA, 7 de agosto de 1936.-El filósofo, matemático y estadista, considerado padre de la filosofía alemana, Gottfried Wilhelm Leibniz, nació el 1 de julio de 1646 en Leipzig, (Alemania), hijo de Catharina Schmuck y del profesor de Filosofía, Friedrich Leibniz. Cursó estudios en universidades de su ciudad con apenas 15 años. En ellas se familiarizó con el pensam iento platónico y aristotélico, así como con la filosofía de Descartes. En 1666 obtuvo un doctorado en leyes mientras trabajaba para Johann Philipp von Schönborn, arzobispo elector de Maguncia. Declinó la oferta de dedicarse a la enseñanza universitaria y se orientó a la carrera política y diplomática. En 1676 fue bibliotecario y consejero privado en la corte de Hannover y hasta
la fecha de su fallecimiento estuvo al servicio de Ernesto Augusto, duque de BrunswickLünebur y de Jorge Luis, elector de Hannover, después Jorge I, rey de Gran Bretaña. Su contribución al mundo de las Matemáticas consistió en enumerar en 1675, los principios fundamentales del cálculo infinitesimal. En 1672, inventó una máquina de calcular capaz de multiplicar, dividir y extraer raíces cuadradas. En su concepción filosófica, el Universo está compuesto por innumerables centros conscientes de fuerza espiritual o energía, conocidos como mónadas. Cada mónada representa un microcosmos individual, que refleja el Universo en diversos grados de perfección y evolucionan con independencia del resto de las mónadas.
El Universo constituido por estas mónadas es el resultado armonioso de un plan divino. Los humanos, sin embargo, con su visión limitada, no pueden aceptar la existencia de las enfermedades y la muerte como partes integrantes de la armonía universal. Este Universo de Leibniz, “el mejor de los mundos posibles”, es satirizado como una utopía por el autor francés Voltaire en su novela Cándido (1759). De sus obras destacan: Ensayos de Teodicea sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal (1710), Monadología (1714; publicado en latín como Principia Philosophiae, 1721), y Nuevo tratado sobre el entendimiento humano (1703; pub. 1765). Gottfried Leibniz falleció el 14 de noviembre de 1716 en Hannover.
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Reporte en V La sobreexposición a noticias relacionadas con esta y otras pandemias, alertan diversos estudios, influye en el bienestar emocional de las personas y en el comportamiento de las sociedades.
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Sobredosis
Núria Jar * N TIEMPOS de pandemia, advierten distintos trabajos, la infección no es el único peligro para la salud pública. La ubicuidad informativa del nuevo coronavirus también puede provocar ansiedad y estrés en muchas personas. A principios de año, antes de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la pandemia por coronavirus, lo hizo por “infodemia”: el peligro por exceso de información alrededor de este virus. La gente quiere respuestas en un momento en el que todavía hay poca evidencia científica y mucha incertidumbre, lo que dificulta la búsqueda de fuentes fiables. Es más, esta sobreexposición mediática puede suponer “una amenaza para la salud”, alerta un artículo reciente publicado por investigadores de la Universidad de California en Irvine (EE. UU.) en la revista Health Psychology de la Asociación Americana de Psicología. Dana R. Garfin y el resto de autores indican que el consumo excesivo de noticias puede incrementar la sensación del riesgo para la salud y amplificar el estrés. Las secuelas pueden persistir en el tiempo, más allá del brote. Durante la primera semana de confinamiento, los estadounidenses que se sintieron más deprimidos fueron los que estuvieron más expuestos a informaciones sobre el Covid-19, según una encuesta en línea de la Universidad de Texas, en Austin (EE. UU.), a 5 mil 626 individuos. El 17 % de los encuestados pasó más de 7 horas diarias consultando informaciones sobre el virus. Cuando las informaciones corren por redes sociales, los resultados son similares. Otro estudio, publicado recientemente por científicos de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Fudan (China) en PLoS One, observó que los jóvenes que más usaron las redes mostraron más ansiedad y depresión que el resto, tal y como se desprende de casi 5 mil encuestas en línea, hechas a finales de enero en el epicentro del brote. Estas consecuencias sobre la salud —más allá de la infección—, ya se habían observado en epidemias anteriores. “Las enfermedades contagiosas nuevas dan miedo, nos asustan porque son desconocidas e imprevisibles”, apunta en un artículo en The Conversation, Karin WahlJorgensen, quien investiga la relación entre los medios y las emociones en la Universidad de Cardiff (Reino Unido). El miedo, según esta investigadora, ha tenido un papel clave en la cobertura informativa del nuevo coronavirus. Wahl-Jorgensen encontró la palabra “miedo” en uno de cada 10 artículos publicados entre mediados de enero y febrero
El miedo, como los virus, es una amenaza invisible que afecta a nuestra conducta.
de este año. Y el miedo, como tantas emociones, es contagioso y se puede propagar rápidamente, cuenta.
Ojos que no ven
El miedo, como los virus, es una amenaza invisible. Durante la crisis del ébola de 2014, según un trabajo anterior de Garfin, los estadounidenses que más siguieron las noticias sobre la enfermedad presentaron niveles más altos de estrés, preocupación y deterioro funcional por el miedo al contagio, a pesar de encontrarse lejos del brote, que asoló África occidental entre 2014 y 2016 en su peor etapa.
“La manera en que se comunica un riesgo, a menudo por medio de las noticias, también puede afectar en cómo se percibe el riesgo”, subraya un artículo publicado en los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) sobre la percepción pública del ébola en Estados Unidos. Que la novedad es noticia también aplica a los virus. El ébola reapareció en África en 2018. La cobertura durante el primer mes del rebrote no tuvo nada que ver con la atención mediática que ha recibido ahora el coronavirus. El SARS-CoV-2 generó durante su primer mes 23 veces más artículos y 27 más titulares
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informativa
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la anécdota, que ha generado muchos memes, el problema emerge cuando estas reacciones afectan a necesidades básicas. Los mismos expertos advierten sobre el desabastecimiento de mascarillas, indispensables para la protección del personal médico y de enfermería, o de la saturación del sistema sanitario. La congestión y la desorganización de los hospitales, centros de salud y morgues son problemas comunes en las pandemias, relata un informe para la protección de la salud mental de las comunidades en estas situaciones, publicado hace casi una década por la Organización Panamericana de la Salud de la OMS. “La comunicación es una parte importante de la evolución del brote epidémico”, considera Revuelta. “Es la única manera en la que puedes conseguir que se lleven a cabo las medidas de protección”, y pone el “quédate en casa” como ejemplo de éxito. Los medios de comunicación se acercan a la realidad mediante palabras y metáforas que le ponen nombre a lo que está ocurriendo. “Guerra”, “lucha” y “héroes” son algunos de los conceptos militares que se repiten estos días. Este tipo de lenguaje se ha utilizado para informar y explicar estas enfermedades durante al menos un siglo, señala un estudio sobre el impacto mediático del SARS en 2003 de la London School of Economics (Reino Unido). El lenguaje militar ha permeado los discursos de inmunología, bacteriología e infecciones.
Comunicar en tiempos de pandemia
en la prensa escrita anglosajona que la epidemia del ébola, según datos de LexisNexis para la revista Time. Hay otras circunstancias que modulan cómo procesamos la información en situaciones de alerta sanitaria, dice Gema Revuelta, directora del Centro de Estudios de Ciencia, Comunicación y Sociedad de la Universidad Pompeu Fabra. Algunos de estos factores son la familiaridad con el tema o la situación previa de vulnerabilidad emocional y mental de la gente. Las personas con menos tolerancia a la incertidumbre sufren más la amenaza viral, concluyó un estudio sobre la pandemia por gripe A de la Universidad de Carleton (Canadá). En 2009, el virus H1N1 también aumentó los
niveles de ansiedad entre la población, sobre todo entre aquellas personas que consideraban estresante la ambigüedad en su vida.
Compras compulsivas
La sobredosis informativa por coronavirus puede provocar respuestas distorsionadas, advierten los investigadores de la Universidad de California en Irvine (EE. UU.). Los autores ponen como ejemplo la compra compulsiva de papel higiénico previa al confinamiento, una reacción bastante universal que se replicó en otros países, a pesar de ciertas variaciones territoriales. En Estados Unidos, el miedo al coronavirus disparó la venta de armas. Más allá de
Las cifras demuestran quela sobreexposición mediática al coronavirus es real. En España, el consumo de información creció un 59 % al final del primer trimestre —en plena pandemia—, en comparación con sus inicios, según Comscore. La televisión e internet son los canales más utilizados para ponerse al día en esta crisis, según un estudio del Instituto Reuters publicado recientemente sobre acceso a la información en plena pandemia. En España —uno de los seis países analizados— destaca el uso de las redes sociales, sobre todo WhatsApp para hablar con familiares y amigos. Para evitar el malestar de la población inmersa en la pandemia, distintos organismos están compartiendo recomendaciones. Algunos aconsejan tomarse un descanso sin ver, leer o escuchar noticias, incluidas las redes sociales, ya que “escuchar hablar repetidamente sobre la pandemia puede ser molesto”. Los periodistas también están en el punto de mira. “La responsabilidad social del periodismo exige que quienes lo ejercen sean conscientes de que su manera de informar influye no solo en el conocimiento de la ciudadanía, sino en la manera de conocer, entender y metabolizar la información”, apunta Elena Lázaro, presidenta de la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC). La entidad, que acoge medio millar de periodistas y demás comunicadores científicos entre los cuales también hay investigadores que divulgan, ha lanzado una guía para informar sobre el Covid-19. En la lista de consejos figuran informar sin generar alarmismo y manejar adecuadamente la incertidumbre. * Sinc
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Contando el tiempo
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Ian Morris: “cerrarse es atra Fotos: Archivo
Ian Morris sostiene que el progreso requiere de un estado de alerta permanente.
Es el momento de imaginar cómo será el planeta cuando la pandemia pase y, para ello, ofrecemos una serie de reflexiones controversiales suscitadas por los libros de este influyente historiador occidental. Daniel Arjona* EER AL historiador Ian Morris (Stoke-on-Trent, Reino Unido, 1960), gozar con sus enfoques inéditos y brillantes, es una fiesta. Diseccionó las razones del éxito occidental en ¿Por qué manda Occidente... todavía? (Ático, 2014), elogió con temeridad la guerra como factor imprescindible de desarrollo humano en Guerra. Para qué sirve (2017), y en Cazadores, campesinos y carbón se atrevió a practicar algo muy mal visto en las facultades de Humanidades: defender la existencia de una moral univer-
sal común a todas las culturas cincelada por la biología durante millones de años de evolución. O como sugirió el biólogo E. O. Wilson hace ya 40 años, “ha llegado la hora de que la ética deje de estar en manos de los filósofos y pase a la de los biólogos”. Morris es uno de los más imaginativos, osados y divertidos historiadores actuales. Se doctoró en Cambridge y hoy imparte clases de Arqueología y Cultura Clásica en Stanford. Su gran libro, hasta la fecha, buscaba respuestas a la omnipresente pregunta de la historiografía actual con un puñado impagable de nuevas ideas con un título sin trampa ni cartón:
¿Por qué manda Occidente... por ahora? Y en su otro libro (Guerra...) realizaba un políticamente muy incorrecto elogio del secular y muy humano hábito de matarnos entre nosotros. Lo hacía cargado de historias, de batallas, de estrategias militares que nacen, vencen y son sustituidas por otras más eficaces, de excursos a la biología evolutiva o la geopolítica de bloques. La tesis podía resumirse así: la guerra que llama “productiva” genera estados más grandes y prósperos con menor propensión a la violencia. Ahora interpelamos a este “experto en transformaciones” para iluminar las zonas de sombra que sobre el futuro alarga la actual pandemia del covid-19.
¿La pandemia ha herido de muerte a la globalización?
No. La globalización continuará. Ocurrieron muchos eventos en el pasado que desaceleraron la globalización o incluso la revirtieron, como las dos guerras mundiales en el siglo XX
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o la Peste Negra en el siglo XIV, pero el patrón a largo plazo, aunque retrocedamos hasta los orígenes de los humanos modernos, hace 300mil años, siempre ha sido reanudar la globalización. Sospecho que cada nación se esforzará mucho más en la década de 2020 para desarrollar la resiliencia en su economía, y que eso podría ser a expensas del comercio mundial; pero la globalización volverá, porque eso es exactamente lo que la gente siempre ha hecho.
¿Se radicalizarán las identidades nacionales?
Sí, creo que el nacionalismo se fortalecerá en la década de 2020. La pandemia es, después de todo, un producto de la globalización; las enfermedades localizadas solo pueden convertirse en pandemias, de hecho, si las personas se mueven alrededor de poblaciones infectadas que no tienen defensas contra sus virus. Sin embargo, a largo plazo, las sociedades que se intentan cerrar al mundo se quedarán atrás respecto de aquellas que combinen el compromiso con el mundo y el reconocimiento de los riesgos que conlleva. Cuanto más se integra una sociedad con el resto del mundo, más vulnerable es a las pandemias; así que en el futuro, cada país debe hacer más para estar listo para combatir las enfermedades.
¿Cómo protegeremos la libertad individual?
Vivimos en un mundo más interconectado, móvil y complejo que nunca. Esto nos ha traído enormes beneficios. En todo el mundo, la gente de hoy suele vivir el doble, gana seis veces más que sus antepasados hace un siglo, come mucho más y es promedio 10 cm más alta. Tan recientemente como en 1960, la mitad de la gente en la Tierra no podía leer ni escribir sus propios nombres. El progreso ha sido extraordinario. Sin embargo, estos avances han traído nuevos peligros, desde las armas nucleares, el calentamiento global y las pandemias, por nombrar solo algunos. Sin embargo, si queremos los beneficios del progreso, debemos protegernos de sus riesgos: lo que significa estados más fuertes e intrusivos de lo que estamos acostumbrados en Occidente. Los países de Asia oriental frenaron la propagación del Covid-19 más rápido que los de Occidente, porque sus gobiernos estaban dispuestos a emitir órdenes y sus ciudadanos estaban dispuestos a obedecerlas. Deberíamos esperar ver mucha más centralización en el siglo XXI.
Vivimos una situación paradójica. Por un lado, la ciencia nunca ha estado tan avanzada y por otro, nunca se han difundido tantas mentiras. ¿Por qué?
Este siempre ha sido el camino: a medida que la humanidad resuelve un conjunto de problemas, siempre crea otro conjunto para reemplazarlos. Gracias a internet, ahora podemos
En este libro, Morris atribuye a la guerra virtudes civilizatorias.
realizar transacciones comerciales en todo el mundo casi al instante; pero, al resolver tantos otros problemas, internet creó un nuevo problema de ciberseguridad. Gracias a la ciencia médica, ahora tenemos vacunas y antibióticos que han salvado millones de vidas; pero, al resolver esos problemas, la ciencia médica nos dejó con los nuevos proble-
mas de fraudes que venden vacunas falsas y tontos que afirman que las vacunas causan autismo. Así funciona el mundo: el precio del progreso es la vigilancia eterna sobre las insospechadas ramificaciones que resultan de cada respuesta y de cada solución. Progresar significa siempre avanzar en un campo minado. *El Confidencial
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Stephen Hawking en el Gonville & Caius College de Cambridge (Reino Unido).
Stephen Hawking y el u
Sinc *
A TEORÍA FINAL del profesor Stephen Hawking sobre el origen del universo, en la que trabajó en colaboración con el profesor Thomas Hertog de la universidad KU Leuven (Bélgica), se publicó poco después del deceso del científico, en el Journal of High Energy Physics. El estudio, enviado para su publicación antes de la muerte de Hawking, acaecida a principios de 2018, se basa en la teoría de cuerdas y predice que el universo es finito y más simple que lo postulado por muchas teorías actuales sobre el Big Bang.
Poco antes de fallecer, el físico Stephen Hawking completó sus últimas ideas sobre el cosmos, en las que apuntaba que nuestro universo es finito y más simple de lo que se pensaba.
Por su parte, el profesor Hertog, cuyo trabajo ha sido apoyado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC), anunció por primera vez la nueva teoría en una conferencia en la Universidad de Cambridge en julio de 2017, organizada con motivo del 75 aniversario de Hawking. Las teorías modernas del Big Bang predicen que nuestro universo local comenzó a existir con un instante de inflación, en otras palabras, una pequeña fracción de segundo después del Big Bang en la que el universo se expandió a un ritmo exponencial colosal. Sin embargo, los científicos piensan que una vez que comienza la inflación, hay regiones donde nunca se detiene. Se cree que los efectos
Guatemala, viernes 7 de agosto de 2020 Fotos: Archivo
Stephen Hawking, poco antes de fallecer, presentó la última teoría que había elaborado sobre el universo junto a Thomas Hertog. Arriba, el científico en una imagen proprcionada por la Universidad de Cambridge.
universo cuánticos pueden mantener la inflación para siempre en algunas zonas del universo, por lo que, globalmente, sería eterna.
Un “acogedor” universo de bolsillo
La parte observable de nuestro universo sería entonces solo una especie de “acogedor” universo de bolsillo, una región en la que la inflación ha terminado y se han podido formar estrellas, galaxias y planetas, como el nuestro. “La teoría habitual de la inflación eterna predice que, a escala global, nuestro universo es como un fractal (objeto que se repite a diferentes escalas) infinito, con un mosaico de
diferentes universos de bolsillo, separados por un océano inflacionario”, explicó Hawking en una entrevista. “Las leyes locales de la Física y la Química pueden diferir de un universo de bolsillo a otro, que juntos formarían múltiples universos. Pero nunca he sido un fan del multiverso. Si la escala de los diferentes universos en el multiverso es grande o infinita, la teoría no se puede probar”, reconoció el físico británico. En su nuevo artículo, Hawking y Hertog afirman que esta aplicación del principio de la inflación eterna como modelo del Big Bang es errónea. “El problema con la explicación habitual de la inflación eterna es que asume un universo de fondo existente que evoluciona de acuerdo con la teoría de la relatividad general de Einstein y trata los efectos cuánticos como pequeñas fluctuaciones en torno a esto”, señala Hertog. “Sin embargo —añade—, la dinámica de la inflación eterna difumina la separación entre la Física clásica y la cuántica. Como consecuencia, la teoría de Einstein se desmorona en la inflación eterna”. “Predecimos que nuestro universo, en las escalas más grandes, es razonablemente simple y globalmente finito. Por lo tanto, no es una estructura fractal”, concluye Hawking.
en una superficie espacial al principio de los tiempos. “Cuando rastreamos la evolución de nuestro universo hacia atrás en el tiempo, en algún momento llegamos al umbral de la inflación eterna, donde nuestra noción familiar del tiempo deja de tener ningún significado”, señala Hertog. La anterior “teoría sin fronteras” de Hawking predijo que si retrocedes en el tiempo hasta el comienzo del universo, este se encoge y se cierra como una esfera; pero la nueva teoría representa un paso más allá del trabajo anterior. “Ahora estamos diciendo que hay un límite en nuestro pasado”, apunta Hertog. El físico belga y Hawking también usan su nueva teoría para ofrecer predicciones más fiables sobre la estructura global del universo. Así prevén que el universo que surge de la inflación eterna en el límite del pasado es finito y mucho más simple que la estructura fractal infinita predicha por la vieja teoría de la inflación eterna. Sus resultados, de ser confirmados por trabajos posteriores, tendrían implicaciones importantes para el paradigma del multiverso. “No estamos en un solo universo único, pero nuestros hallazgos implican una reducción significativa del multiverso a un rango mucho menor de universos posibles”, aclaró Hawking.
La teoría de cuerdas
Hertog planea ahora estudiar las implicaciones de la nueva teoría en escalas más pequeñas que están al alcance de los telescopios espaciales. Considera que las ondas gravitacionales primordiales (ondas en el espacio-tiempo) generadas a la salida de la inflación eterna constituyen la “pistola humeante” más prometedora para probar su modelo. La expansión de nuestro universo desde el principio significa que estas ondas gravitacionales tendrían longitudes de onda muy largas, fuera del rango de los detectores actuales de la colaboración científica LIGO. Sin embargo, podrían ser escuchadas por la Laser Interferometer Space Antenna (LISA), un observatorio de ondas gravitacionales proyectado por la Agencia Espacial Europea (ESA) en colaboración con la NASA, así como por futuros experimentos que midan el fondo de microondas cósmico.
La teoría de la inflación eterna propuesta por Hawking y Hertog se basa en la teoría de cuerdas. Se trata de una rama de la Física teórica que intenta reconciliar la gravedad y la relatividad general con la física cuántica, en parte, describiendo los componentes fundamentales del universo como pequeñas cuerdas vibratorias. Su enfoque utiliza el concepto de holografía de la teoría de cuerdas, que postula que el universo es un holograma grande y complejo. Es decir, la realidad física en ciertos espacios tridimensionales puede reducirse matemáticamente a proyecciones 2D sobre una superficie. Hawking y Hertog desarrollaron una variación de este concepto holográfico para proyectar la dimensión del tiempo en la inflación eterna. Esto les permitió describir esta inflación sin tener que depender de la teoría de Einstein. En su nueva propuesta, la inflación eterna se reduce a un estado atemporal definido
Una pistola humeante
*Servicio de información y noticias científicas
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Ventanas
Guatemala, viernes 7 de agosto de 2020
Un médico misterioso El doctor húngaro Ignaz Semmelweis fue condenado al ostracismo hace más de un siglo por intentar inculcar algo que hoy nos parece vital: la importancia del lavado de manos.
Ada Nuño* LTIMAMENTE lo oímos en todas partes. Lávate las manos. La única manera efectiva de evitar el contagio por coronavirus, a espera de la conveniente vacuna, es mantener una higiene elevada, y eso pasa por limpiarse las manos aunque sea de manera compulsiva. En los últimos meses hemos asistido a la desaparición en muchas tiendas y supermercados del desinfectante de manos y en algunas ocasiones, debido a su elevado precio, hemos optado incluso por crear el nuestro (aunque para que sea efectivo debe tener una composición de, al menos, un 70 % de alcohol). Sin embargo, el agua y el jabón siguen siendo los mejores aliados para combatir la pandemia. Es un gesto simple y, sin embargo, todavía parece que muchas personas no lo hacen
bien. Esta costumbre elimina hasta el 80 % de los microbios presentes en la superficie de la piel pero, según un estudio de la Universidad Estatal de Michigan, solo el 5 % de 3 mil 749 personas se lavaron las manos el tiempo suficiente para matar los gérmenes después de ir al baño. Peor aún: el 33 % no usaba jabón y el 10 % ni se molestaba en limpiarlas, informa Prevention. Parece natural, entonces, que se nos recuerde continuamente que para que el lavado sea efectivo debe durar al menos 20 segundos, hay que crear espuma y no olvidarse
de limpiar entre los dedos y las uñas, ya que las bacterias pueden esconderse entre las grietas. Quizá parezca una obviedad pero, en realidad, lavarse las manos para prevenir futuras enfermedades no siempre fue un consejo de las autoridades. Si nos remontamos al siglo XIX, sin ir más lejos, la ciencia no participaba en todas las decisiones médicas. Durante esta época, el doctor húngaro Ignaz Semmelweis aún no sabía la importancia de su futura contribución a la medicina: con 28 años trabajaba como asisten-
Investigación y publicaciones
Un tercio de las publicaciones sobre ensayos clínicos y 3 de cada 4 revisiones sistemáticas y metanálisis no cumplen de manera apropiada con las recomendaciones para una interpretación completa y transparente de los hallazgos científicos. Los artículos publicados utilizan con frecuencia de manera inapropiada las guías y estándares que señalan a la comunidad científica cómo deben comunicarse los resultados de una investigación. Así afirma un estudio, en el que participa la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) de España. El nuevo trabajo, publicado en Journal of Clinical Epidemiology, es fruto de un proyecto liderado desde el Ottawa Hospital Research Institute y la EQUATOR Network. Ferrán Catalá-López, experto de la Escuela Nacional de Sanidad y uno
de los autores del trabajo, explica que han analizado una muestra aleatoria de 200 publicaciones científicas de diferente tipo —50 sobre ensayos clínicos, 50 sobre investigaciones en animales, 50 sobre revisiones sistemáticas y metanálisis, y otras 50 sobre evaluación económica—. Los datos revelan que el cumplimiento de las guías que rigen la comunicación y publicación de las investigaciones científicas es más alto en el caso de los ensayos clínicos, ya que dos de cada tres de los estudios analizados en este ámbito (32 de 50, un 64 %) cumplen con la Guía CONSORT de manera correcta e informarían bien de los métodos y los resultados. Sin embargo, este porcentaje es mucho más bajo en el caso de las revisiones sistemáticas y los metanálisis —que analizan el conjunto de es-
tudios ya publicados previamente–, que cumplen con la Guía PRISMA en el 22 % de los casos (11 de 50 estudios). “Suele haber problemas con la redacción y las citas empleadas por los científicos, y con la claridad con la que se exponen tanto la metodología como de los resultados”, señala Catalá-López. Lisa Caulley y David Moher, primera firmante y autor principal del estudio, respectivamente, coinciden en que “Las guías proporcionan instrucciones para una buena presentación de resultados, incluyendo la relevancia, metodología, conclusiones y validez del trabajo”. Por último, los expertos subrayan que los científicos podrían necesitar más formación sobre el uso de las guías, que indican cómo alimentar y publicar un artículo especializado. (Sinc)
Viernes
Guatemala, viernes 7 de agosto de 2020
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Fotos: Archivo
Ignaz Semmelweis. El padre del lavado de manos.
te en la primera clínica ginecológica de Viena. Durante esa época comenzó a darse cuenta de que muchas mujeres embarazadas y sanas que daban a luz (una de cada 5, aproximadamente) moría poco después de fiebre puerperal, una infección que aparece poco después del parto. Semmelweis comenzó a anotar datos y llegó a la conclusión de que, muchos médicos y enfermeros que tenían que transportar cadáveres o hacer autopsias, a veces asistían o estaban al cargo de estos partos.
Propuso en 1847 que los médicos se lavaran con una solución de cloro antes y después de atender a sus pacientes, y descubrió que con estas medidas, las muertes disminuyeron. Lo sorprendente de todo esto fue que, a pesar de su insistencia en que la comunidad médica optara por incrementar las medidas de higiene, los médicos en general no querían cambiar sus costumbres y se opusieron. A mediados del siglo XIX se seguía creyendo que las enfermedades se transmitían por los malos olores en el aire y los médicos se ofendían de que pudiera creerse que ellos también podían propagar infecciones con sus manos. Tuvo que ser, tiempo después, Louis Pasteur, el que tratara de convencer a los médicos de la importancia de lavarse las manos. El 7 de abril de 1864 dio una conferencia ante los académicos de la Universidad de la Sorbona de París, en la que argumentó y demostró lo equivocados que estaban en cuanto al conocimiento de cómo se originaban los microbios y microorganismos. Mucha de la información recopilada para su estudio bebía de la información que
Semmelweis había dado años antes y que fue desoída. En aquella ocasión la comunidad médica hizo caso a su colega, y gracias a otros científicos como Joseph Lister, se inventó el antiséptico. Gracias también a Robert Koch se descubrió el bacilo de la tuberculosis y el del cólera y, a partir de ese momento, se conoció mejor el comportamiento de los gérmenes y las bacterias.Sin embargo, Semmelweis no vivió para experimentar estos cambios. Fue defenestrado y condenado al ostracismo, y pasó sus últimos años intentando convencer a la gente de la importancia del lavado de manos hasta que murió, con 47 años, en una clínica psiquiatrica. Tuvieron que pasar décadas hasta que el lavado de manos se institucionalizara y cobrara la importancia que tiene en la actualidad. Fue en el siglo XX cuando se convirtió en una rutina. Quizá, por ello, la pandemia actual sea el momento para que abramos los ojos y tomemos conciencia de un gesto muy simple que, sin embargo, puede salvar muchas vidas. Incluida la tuya.
Las autoridades sanitarias aconsejan lavarse las manos con frecuencia para mitigar la transmisión de enfermedades infecciosas.
*El Confidencial
Innovador obstinado A mediados del siglo XIX, el cirujano británico Joseph Lister tuvo una idea brillante, tal vez el descubrimiento más importante en la historia de la medicina. Pero lo único que recibió de sus colegas fue una ola de críticas y risas. Durante gran parte de la historia, los hospitales fueron casas de la muerte, campos de cultivo de infecciones con salas abarrotadas y poco ventiladas donde los pacientes iban a morir. En una época en la que nada se sabía de los gérmenes, los quirófanos estaban tan sucios como los cirujanos que trabajaban en ellos amputando miembros. En las primeras décadas del siglo XIX, era más seguro hacerse una cirugía en casa que en un hospital, donde las tasas de mortalidad eran de tres a cinco veces más altas que en los entornos domésticos.
En anfiteatros colmados de estudiantes y curiosos que asistían a cada intervención como quien hoy va a la cancha de fútbol, los cirujanos operaban con un delantal manchado de sangre. No usaban guantes ni se lavaban las manos o los instrumentos. Portaban consigo la suciedad y la mugre de la vida cotidiana, así como un olor a carne podrida, la huella olfativa del hospital. Sin anestesia ni asepsia, el mundo de la medicina victoriana era una carnicería. Hasta que, frustrado por lo que la mayoría aceptaba como algo inevitable, Lister (1827-1912) comenzó a tomar muestras de tejidos de sus pacientes para examinarlas bajo el microscopio y entender qué sucedía. Así, con la ayuda de las pioneras revelaciones del químico y bacteriólogo francés Louis Pasteur,
transformó la práctica médica. En los primeros meses de 1865, desarrolló un sistema antiséptico basado en el ácido carbólico (también conocido como fenol) para eliminar los microbios, que entendía que eran la causa de las infecciones hospitalarias. Con resistencia, cuando no con franco escepticismo y rechazo entre una parte considerable de la comunidad científica, tanto la teoría de los gérmenes como las técnicas de Lister fueron adoptadas en todo el mundo, salvándose millones de vidas en el proceso. Aun así, para muchos el recuerdo de este pionero quedó sepultado en el olvido. Y los que lo recuerdan lo suelen hacer por un producto de higiene bucal (Listerine) que ni siquiera fue inventado por él. (Sinc)