Viernes Guatemala, 8 de marzo de 2019 AĂąo 6 No. 274
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La rosa
roja
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Guatemala, viernes 8 de marzo de 2019
José M
Editorial Aquello de que las mujeres son la mitad del cielo, da lugar a preguntar ¿de qué está hecha la otra mitad?... ¿de hombres? Esto, claro está, si dejamos fuera a quienes, hoy por hoy, buscan trascender una lógica que consideran heteronormativa y excluyente. De esa cuenta, cabe cuestionarse si, cuando se celebra el Día Internacional de la Mujer, solo cuenta la mitad del cielo, mientras que la otra mitad ¿de qué se congratula? Quizás, para empezar, de haber nacido. O de haber crecido y aprendido a caminar, a caer y a levantarse gracias a esa otra mitad. Pues ¿de qué está hecho el cielo? ¿de mitades? Mitad día, mitad noche; mitad luz, mitad sombra. ¿Y la tierra? ¿y Dios mismo estará hecho de mitades? Mitad grande, mitad pequeño, mitad visible, mitad invisible ¿Y nosotros? ¿también hechos de mitades? Mitad cielo y mitad tierra, y así... Pero, he aquí que, cuando se fusionan los fragmentos se multiplican universos paralelos, en los que todo fluye de sólido a líquido y de gaseoso a cristalino, de lo fugaz a lo eterno y de lo sutil a lo absoluto, en un incesante ir y venir de la materia, desde sus oscuros elementos hasta la luminosidad exacta de los sueños. Y es que en la luz y en el amor no existen las mitades. Todo es uno. Pero igual, viajan tan rápido que a lo mejor solo se les ve cuando ya se han ido...
Director General: Pavel Arellano Arellano
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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina
Guate
ascinación y encantamiento por una tierra de sol y de montañas verdes, así como por valles extensos en los que cruzan rumorosos ríos, estas son las sensaciones que impulsan al poeta a recorrer caminos de terracería que se encaraman en busca de pueblos que palpitan a un ritmo discordante. “Aindiados, descalzos, huraños, hoscos, bruscos”, es la visión del hombre blanco de la época acerca de los depauperados herederos de una gran civilización, visión de la que Martí no escapa. Pero este que es, sobre todo, un maestro, advierte que, al contacto con la cultura y con el libro, ha de obrarse una transformación. En Guatemala, de José Martí, descubrimos un mundo viviente forjador de muchas cosas desde tiempos ancestrales, distinguido por su laboriosidad e inventiva, desde las distintas siembras hasta las artes salidas de sus manos.
El cura rojo
DIRECTORIO D
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El compositor, violinista, empresario, profesor y sacerdote católico Antonio Lucio Vivaldi, nació en Venecia el 4 de marzo de 1678. Era apodado Il prete rosso (El cura rojo), por el color de su cabello. Su maestría se refleja en haber cimentado el género del concierto. Compuso unas 770 obras, entre las cuales se cuentan más de 400 conciertos y 46 óperas. Es especialmente conocido por ser el autor de la serie de conciertos para violín y orquesta Las cuatro estaciones, representativa del Barroco.
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Semblanza Lynn Margulis
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Esta zoóloga estadounidense nació el 5 de marzo de 1938, en Chicago. Fue titulada en Zoología y Genética por la Universidad de Wisconsin y obtuvo un doctorado en Genética de la Universidad de California-Berkeley. Fue catedrática de Biología en la Universidad de Massachussetts y codirectora del Departamento de Biología Planetaria de la NASA. A finales de la década del 60, el físico británico James Lovelock, con el respaldo científico de Lynn Margulis, lanzó la polémica y célebre hipótesis de que la Tierra y todos sus seres vivos constituyen una entidad compleja autorregulada, a la que llamaron Gaia. Margulis es autora de la teoría de la simbiogénesis, que explicaría el origen de las primeras células con núcleo a partir de la fusión de bacterias primitivas, hace miles de millones de años. En su teoría endosimbiótica, propone que las células eucariotas (células de animales, plantas, hongos y protoctistas) se habrían originado a partir de diferentes células procariotas (sin núcleo), mediante una relación simbiótica que llegó a ser permanente. Esta teoría la expuso por primera vez en 1967. Las investigaciones de las últimas décadas han venido confirmando su teoría en casi todos sus puntos. Se descubrió, por ejemplo, que las estructuras moleculares de los cloroplastos y las mitocondrias están más relacionadas con bacterias extrañas que con las células en las que están incorporados, desde hace mil o dos mil millones de años. Junto con el científico Robert Whittaker, propuso una clasificación de los seres vivos en cinco reinos a partir de la simbiogénesis (Monera, Protoctistas, Plantas, Animales y Hongos), en vez de los tres “vigentes” (Mineral, Vegetal y Animal). Autora de casi 200 artículos de todo tipo, miembro de la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos desde 1983, de la Academia Rusa de Ciencias Naturales desde 1997, y de la Academia Americana de Artes y Ciencias desde 1998; en 1999 recibió la Medalla Nacional de Ciencia. Entre sus obras se cuentan Cinco reinos (1985), El origen de la célula (1988), Microcosmos (1995), Biosferas: metamorfosis del planeta Tierra (1995), ¿Qué es la vida? (1996), Evolución ambiental: efectos del origen y evolución de la vida sobre el planeta Tierra (1996), ¿Qué es el sexo? (1999). Estuvo casada desde 1957 a 1965 con el astrónomo Carl Sagan, y fue madre de Dorion Sagan, Jennifer Margulis, Jeremy Sagan y Zachary Margulis-Ohnuma. Margulis falleció el 22 de noviembre de 2011, a los 73 años, trabajando en su laboratorio de Amherst, Massachusetts, mientras profundizaba en el estudio de diferentes espiroquetas y su posible protagonismo en procesos simbiogenéticos.
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Nadie escoge el lugar de nacimiento pero, de una manera u otra, más o menos profundamente, marca nuestra vida. En el caso de Rosa Luxemburgo, la mujer a quien el líder soviético Vladimir Lenin llamaría el “Águila de la Revolución”, ese accidente de nacimiento fue crucial para ayudar a formar la pensadora y revolucionaria en la que se convertiría.
La rosa roja Fotos: Archivo
Dalia Ventura* osa nació en un pequeño pueblo llamado Zamosc, cerca de Lublin, en 1871, cuando Polonia era parte del Imperio ruso. “No era nacionalista, ni creía en la autodeterminación de los polacos, pues quería que los trabajadores del mundo se unieran obviando las fronteras”, dijo Jacqueline Rose, codirectora del Instituto Birkbeck para las Humanidades de la Universidad de Londres. “Sin embargo, el hecho de que nació en un país que estaba bajo el dominio de otro le hizo entender la necesidad y el potencial de la revolución y la resistencia a injusticias históricas”. La familia de Rosa era judía, liberal, educada, y su padre había estudiado en Alemania. “Cuando regresó a Polonia trajo consigo ideas contemporáneas, el interés en asuntos internacionales y el gusto por la literatura occidental”, cuenta Lea Haro, editora de la traducción de todas las obras de Rosa Luxemburgo al inglés. “Su madre también era una ávida lectora de libros en alemán y polaco, y le gustaba particularmente Friedrich Schiller. Era una familia muy cosmopolita”.
Vena revolucionaria
Debido a sus experiencias, Rosa se politizó desde sus primeros años. No había podido ir al mejor colegio, pues estaba reservado para los rusos y ella era polaca. El antisemitismo era endémico en la vida cotidiana, y lo sintió a diario como niña de colegio en la actitud de sus compañeros de clase. Y en 1881 ese sentimiento antijudío desencadenó una ola de pogromos (linchamientos) terroríficos. Para cuando la familia se mudó a Varsovia, Rosa tenía 15 años y ya estaba involucrada en actividades clandestinas. Su vena revolucionaria la llevó a unirse al Partido del Proletariado, el primer partido socialista polaco. Cuando los activistas intentaron organizar una huelga general, algunos de los líderes fueron capturados y ejecutados. Con solo 18 años, Rosa tuvo que huir a Suiza, donde conoció a su compañero revolucionario socialista, Leo Jogiches, también conocido
Rosa Luxemburgo, una de las revolucionarias más destacadas del siglo XX.
por su nombre de guerra Tyscha o Tyscho, quien se convirtió en uno de los grandes amores e influencias de su vida.
Millar de cartas
En esta carta, está esperando encontrarse con él, a orillas del lago Ginebra: “Dyodyo, mi adorado, acabo de recibir tu carta y la tarjeta. ¡Dos días más de espera! Hoy ha estado gris desde por la mañana, por primera vez, pero ni una gota de lluvia. El lago brilla con una superficie lisa del color del acero. Me gusta tanto el clima tranquilo y melancólico como éste; lo único malo es que me invita a soñar, no a trabajar. ¡Oh, Dyodyo, apúrate!”.
Rosa Luxemburgo le escribió casi un millar de cartas a Jogiches entre 1893 y 1914. En ellas, “a menudo él es descrito como una figura que le ayudó a formar su ideología política e intelectual”, señala Jacqueline Rose, en su libro Women in Dark Times. “Eventualmente ella lo superó y se convirtió en una oradora y pensadora por derecho propio”. A medida que la fama de Luxemburgo como teórica marxista crecía, Jogiches se iba amargando cada vez más. En 1907 se separaron.
El lugar equivocado
En 1898, Rosa Luxemburgo se mudó a Berlín, que sería su hogar por el resto de su vida.
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Ella misma se sorprendió de cuán buena oradora era.
Se casó con el hijo de una amiga, con el que nunca vivió, para obtener la ciudadanía pues, como muchos de sus contemporáneos, estaba convencida de que en Alemania comenzaría la revolución. Ese primer año le escribió a Jogiches, quien todavía estaba en Suiza: “No tienes idea del efecto que han tenido mis intentos de hablar en reuniones públicas. ¡Yo no creía que podía hacerlo! Pero aproveché una oportunidad y ahora estoy segura que en cuestión de 6 meses seré una de las mejores oradoras del Partido”. “La voz, el lenguaje... todo brota con precisión. Y más importante, me paré en la tribuna con tanta calma que parecía que lo hubiera estado haciendo durante 20 años”, añade. Tenía razón. Era “brillante hablando en público. Además, como escritora, era emotiva, aguda, a menudo sarcástica —monstruosamente carente de tacto”, fue como la describió un biógrafo—. “Realmente irresistible... muy poderosa”, resalta Rose. Rosa se abrió camino rápidamente en las filas del Partido Socialdemócrata alemán. Y en 1905, la revolución se extendió, pero no en Alemania, sino en el Imperio ruso.
Con sus propios ojos
“Por su respeto a lo que estaba pasando en Rusia y su crítica a lo que ocurría con la socialdemocracia alemana, el partido la empezó a detestar. Entre más la odiaban sus copartidarios, más popular se volvía en las calles, más famosa, más bienvenida era en mítines del proletariado. Ella representaba la capacidad del espíritu revolucionario de exceder los sistemas
organizacionales fijos que querían mantenerlo en un solo lugar”. En 1905 viajó a Varsovia y vio las teorías revolucionarias puestas en práctica. En 1906, le escribió entusiasmada desde Varsovia al teórico marxista Karl Kautsky y a su esposa Lulu, sobre el efecto que habían tenido los levantamientos rusos. “El sentimiento de solidaridad, hasta hermandad, de los trabajadores rusos está tan desarrollado que uno se queda asombrado. En todas las fábricas, por su iniciativa, los trabajadores han establecido comités que toman todas las decisiones sobre las condiciones de trabajo, sobre a quién contratar y a quién despedir, de manera que el empleador literalmente ha dejado de ser el dueño de su propia casa”.
Dudas y dolor
En su obra La huelga de masas, el partido político y los sindicatos —que terminó después de regresar de Varsovia— Rosa Luxemburgo argumentó que una huelga general podría usarse para provocar una revolución social. Pero estaba empezando a dudar de que los socialdemócratas alemanes estarían a la cabeza de tal revolución. “Le tomó mucho tiempo reconocer las verdaderas aspiraciones del partido en el que militaba. Celebró que en agosto de 1914 los socialdemócratas alemanes ganaran más escaños en el Parlamento que nunca, a pesar de que siempre le inquietó ese deseo que tenían de ser parte del sistema político”, señala Jacqueline Rose en su libro. “Pero cuando el Partido votó a favor del presupuesto para municiones de guerra ese mismo mes, quedó absolutamente devastada.
Su amiga cercana, la política comunista Clara Zedkin, dice en una de sus cartas que ambas contemplaron la posibilidad de suicidarse”.
Grandiosidad y tragedia
En vez de quitarse la vida, las dos amigas se dedicaron a hacer campaña contra lo que denunciaron como una guerra imperialista. En 1916, ellas junto con el marxista y antimilitarista Karl Liebknech, fundaron el movimiento Liga de los Espartaquistas (1918), que más tarde se transformó en el Partido Comunista Alemán (KPD). Y durante esos años Rosa Luxemburgo, ya conocida como Rosa roja, fue encarcelada una y otra vez por encabezar protestas contra la Primera Guerra Mundial. Fue en la cárcel, donde escuchó noticias de las revoluciones rusas de 1917, y le escribió a su amiga Clara. “Estoy convencida de que en los próximos años será inevitable un gran conmoción en toda Europa, especialmente si la guerra dura mucho más”. “Los eventos en Rusia son de una grandiosidad y tragedia asombrosa. Lenin y su gente por supuesto no podrán controlar el caos, pero su intento por sí solo es un hecho de importancia histórica global y un hito genuino”. Poco después, tendría con ese mismo Lenin una de sus más notables disputas.
La verdadera libertad
Después de la Revolución Rusa de octubre de 1917, Luxemburgo reprendió a los bolcheviques por su disolución de la Asamblea Constituyente electa y su supresión de los partidos rivales.
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La división implicada en el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en el Hotel Edén ese mismo día.
“La libertad solo para los partidarios del Gobierno, solo para los miembros de un partido, por muy numerosos que sean, no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para aquel que piensa de manera diferente”. El líder de Rusia Soviética y luego de la Unión Soviética no fue el único al que le dejó saber cuánto había defraudado a quienes compartieron ideales. Por ello, hasta el final de su vida, Rosa Luxemburgo fue amada y odiada, en igual medida. Del 5 al 12 de enero de 1919, Berlín fue el escenario de una huelga general, con la que los manifestantes soñaban repetir la experiencia rusa tomando el Gobierno de las manos de los pocos para dársela a los muchos. Se le conoce como el Levantamiento Espartaquista, aunque en realidad la Liga Espartaquista no la convocó ni la dirigió, aunque cooperó. De hecho, Rosa Luxemburgo señaló que la situación alemana de 1919 no era igual a la de Rusia en 1917, y que no contaban con lo necesario para derrocar al Gobierno. Sin embargo, aunque anticipó que se venía una catástrofe, se sintió obligada a participar. El presidente socialdemócrata Friedrich Ebert respondió ordenándole a los freikorps —para entonces una banda de protonazis— que aplastaran la rebelión. Y así lo hicieron.
Karl Liebknecht, marxista y antimilitarista, arrestado y asesinado al mismo tiempo que Rosa Luxemburgo.
“¡Yo fui, yo soy y yo seré!”
Una vez cumplida esa misión, el 15 de enero de 1919, detuvieron a Rosa Luxemburgo y a Karl Liebknecht. Los golpearon, torturaron y humillaron. A ella, uno de los paramilitares le rompió el cráneo con la culata de su rifle. Con la sangre brotando de su herida, la metieron a un auto, donde fue abatida a tiros y arrojada al canal Landwehr de Berlín. Semanas más tarde, mientras investigaba la muerte de la mujer a la que había amado, Leo Jogiches también fue asesinado en Berlín. Cuatro meses y medio después, su cuerpo fue
encontrado y reconocido gracias a sus guantes y lo que quedaba de su vestido, aunque desde entonces todavía no es seguro que fueran sus restos. Las últimas palabras conocidas que escribió fueron: “Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para
terror de ustedes: ¡Yo fui, yo soy y yo seré!”. “Con su asesinato —observó Isaac Deutscher, biógrafo de Trotsky— la Alemania de (la casa dinástica de los) Hohenzollern celebró su último triunfo y la Alemania nazi, el primero”. *BBC
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Gavetas
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Hemeroteca del Diario de Centro América
Jorge Cuvier
DCA, 22 de octubre de 1935.- Tres son principalmente las ciencias que deben a este sabio francés un impulso extraordinario: la Paleontología, la Zoología y la Anatomía comparada. La primera es una ciencia cuyos alcances y finalidad no pueden abarcarse todavía en toda su extensión. Ha venido desde luego a llenar el mundo sabio de agradables sorpresas, entre las cuales merece mención el hecho de que la vida ha tenido un comienzo definido sobre la tierra. Nuestro naturalista recoge datos, clasifica, restaura, relaciona con los seres vivientes el mundo petrificado y levanta sobre esas bases los fundamentos de la nueva ciencia. En un trabajo titulado Lecciones de anatomía comparada (1805), publica Cuvier los resultados de sus profundos trabajos sobre Zoología, pero ajustándose todavía a la clasificación corriente. Hasta 1812, en una memoria que cobró gran notoriedad, no publicó su célebre clasificación de los animales que puede considerarse como el mayor de los progresos que había alcanzado dicha ciencia. Su nueva clasificación vino acompañada de una apasionada polémica sostenida con el también naturalista Étienne Geoffroy Saint-Hilaire, por sostener este, en oposición a las ideas de Cuvier, lo que se llamó “unidad de composición”, suponiendo que todas las especies animales estaban organizadas según un plan anatómico único, por un solo tipo general o común. La polémica, que tuvo como escenario no solo los foros académicos sino los medios de debate públicos, concluyó abruptamente con la inesperada muerte de Cuvier, en 1832.
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Reporte en V
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Trastorno de despersona El siguiente relato es un testimonio en primera persona sobre cómo es vivir con el trastorno de desrealizacióndespersonalización, una condición que hace que algunas personas puedan sentir que se observan a ellos mismos como si estuvieran fuera de su cuerpo, de forma persistente o repetitiva. También suelen percibir que la realidad o aquello que los rodea no es real. Poorna Bell* sta es la historia de Shaun O’Connor, director y editor de cine que sufrió su primer episodio de desrealización hace una década y que ha relatado su experiencia. Tenía 25 años cuando tuve mi primer episodio de trastorno de despersonalización. Estaba solo en casa de mis padres, viendo la televisión y comenzó de la nada. De repente, tuve un intenso ataque de pánico. Sentí como si las paredes se estuvieran cerrando. Me miré las manos, pero era como si no me pertenecieran. Incluso después de haber logrado calmarme, seguí sintiéndome muy agitado y confuso. Era como si me encontrara fuera de mi cuerpo, sintiendo como si la realidad se estuviera descomponiendo. Hasta ese momento, nunca había tenido problemas serios con mi salud mental. Claro que me preocupaba por las cosas normales, como mi carrera como músico profesional y las relaciones personales, pero siempre había conseguido apartar cualquier pensamiento excesivamente negativo. La única sensación parecida al ataque de pánico que había experimentado fue una vez que fui a Ámsterdam y fumé un cigarro de cannabis que resultó ser más fuerte de lo que esperaba. Costó que se me pasaran los efectos. Así que cuando tuve ese episodio en casa de mis padres, me fui a la cama convencido de que esa extraña sensación se iría en algún momento. Pero no fue así.
Ver un cuerpo que no es el tuyo
Al día siguiente por la mañana seguía ahí, como si me estuviera mirando a través del cristal. Tomé un baño, pensando que ayudaría, pero nada. Todo seguía igual. Bajé a desayunar, saludé a mis padres y traté de actuar con normalidad. Me oí hablar a mí mismo, pero sonaba a la voz de otra persona. Era como si me hubiera desconectado de todo y de todos. Al día siguiente, tuve que hacer un viaje de 90 minutos en autobús de regreso a Cork, en el suroeste de Irlanda, donde vivía.
Cuando uno sufre ese trastorno, suele sentir que observa un cuerpo que no es el suyo. A veces, es u
Recuerdo estar en el autobús y sentirme aterrorizado. Estaba sentado en el asiento de una ventana y me sentí abrumado por la inmensidad del paisaje en el exterior. Y, sin embargo, al mismo tiempo, nada de eso parecía real. Era como estar atrapado en una pesadilla. No lo sabía en ese momento, pero lo que estaba experimentando coincidía con los síntomas del trastorno de despersonalización.
Desencadenantes
Desde el punto de vista científico, es un trastorno dentro del espectro de ansiedad. Generalmente comienza con un ataque de pánico y puede ser un síntoma de otras condiciones mentales más graves. Se convierte en un trastorno cuando el mundo que te rodea parece irreal y distante, de forma constante, y cuando eres incapaz de sentir emociones.
El trastorno de despersonalización es distinto de la psicosis o la esquizofrenia. Los pacientes no experimentan delirios, como pensar que están en una realidad alternativa, ni alucinaciones, como ver cómo las personas u objetos cambian de forma. Es una de las afecciones psiquiátricas más comunes, pero también poco diagnosticadas. Y para los jóvenes, fumar cannabis puede ser un claro desencadenante. Al principio, me esforcé mucho por superarlo, pero eso me frustraba y eso conllevaba todavía más ataques de pánico. Me costaba comer y perdí 6 kilos en el primer mes. Lo peor, para mí, siempre era la mañana, así que me pasaba la mitad del día en la cama con las cortinas echadas. Pasé de ser alguien a quien le encantaba hacer deporte, socializar y leer, a alguien incapaz de concentrarse en nada. Fue horrible. Miraba a mi perro y ese animal
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Me aconsejó que hiciera ejercicio y me recetó benzodiacepinas. Pero nada parecía funcionar, y no saber lo que me estaba pasando me hizo todavía tener más ansiedad. A esas alturas, mi vida ya se estaba rompiendo. Había cancelado todos mis conciertos, terminado con mi pareja y había vuelto a vivir en casa de mis padres. Toqué fondo unos meses después de haberme mudado al hogar familiar. Un pariente se casaba en Escocia y la idea de subir a un avión me aterrorizó pero, de alguna manera, lo logré. Pero sentirme obligado a socializar durante todo un fin de semana completo fue demasiado. Llegó un momento en el que tuve que irme a una habitación oscura para acostarme. En el avión de vuelta tuve un ataque de pánico muy fuerte. Honestamente, creí que la realidad tal y como la conocía se había hecho pedazos.
una sensación pasajera y otras, constante.
me resultaba tan extraño que la sensación me abrumaba por completo. A veces también miraba por la ventana, observaba el cielo, las nubes, y me encontraba perdido pensando en la inmensidad del universo. Ese tipo de pensamientos me aturdían cientos de veces al día. Una sensación de desapego constante Desde fuera, se me veía normal. Podía hacer mi vida, ducharme y mirar la tele, pero esta sensación de desapego me invadía constantemente. Sentí que había perdido la capacidad de disfrutar de cualquier cosa. Después de un mes, fui al médico. Traté de explicarle que sentía que mi memoria y mi percepción del tiempo se estaban fragmentando. Pero hacerlo no fue fácil, y me preocupaba que lo que decía no tuviera ningún sentido. El doctor escuchó y concluyó que lo que me ocurría es que estaba deprimido y con ansiedad.
En la búsqueda de respuestas
Fue entonces cuando empecé a buscar en internet y encontré un artículo sobre el trastorno que, sin saberlo, sufría. De repente, todo tenía sentido. Eso me llevó a foros donde contacté a personas que estaban pasando por lo mismo. Fue un alivio darme cuenta de que esto era un problema real y que no estaba solo. Al principio, probé cosas como la meditación, los masajes y empecé a hacer mucho ejercicio para mejorar mis síntomas. Todo esto conseguía aliviarme brevemente, pero después los pensamientos negativos volvían más fuertes que nunca. Finalmente, concerté una cita con un psicólogo, quien confirmó que mis síntomas eran consistentes con el trastorno de despersonalización. Me dijo que la afección normalmente ocurría como una respuesta temporal a un trauma o ansiedad, y que en su forma crónica era muy rara. Me escuchó y mantuve algunas sesiones con él durante varios meses. Fue útil, pero me
dejó claro lo difícil que es encontrar a un profesional de la salud que esté familiarizado con esto como una condición crónica, incluso cuando parece que en internet hay una gran comunidad de pacientes.
Aceptación
Un año después, me di cuenta de que había comenzado a vivir mi vida en torno a la enfermedad. Aceptar eso realmente me ayudó a comenzar a construir una nueva realidad. En lugar de tratar de averiguar constantemente por qué estaba mal, simplemente acepté que a veces mis pensamientos no tenían mucho sentido. Lentamente, las cosas empezaron a mejorar. Comencé a trabajar y a tocar música en vivo otra vez. Volví a comer adecuadamente y a ganar peso. Y, lo que es más importante, me di cuenta de que pasar tiempo en foros hablando sobre mi condición me hacía sentir peor, así que me tomé un descanso de las redes sociales. De mi propia investigación descubrí que se piensa que el trastorno de despersonalización es en realidad un mecanismo de defensa del cerebro, diseñado para protegerte en situaciones traumáticas. Es parte de la respuesta de lucha o huida de tu cerebro. Muchas personas lo experimentarán en algún momento u otro en su vida, aunque por lo general solo dura unos segundos o minutos. Pero se convierte en un problema si solo puedes pensar en eso e inicia un círculo vicioso de ansiedad. Entendiendo esto, que mi trastorno realmente está ahí para proteger a mi cerebro, me ha ayudado con mi recuperación. Si los sentimientos negativos regresan, en momentos de estrés extremo o de ansiedad, ahora trato de reconocerlos por lo que son. Hoy, más de una década después, he conseguido recuperar mi vida. Me he mudado de vuelta a Cork. Socializo, viajo y tengo una exitosa carrera como director de cinematografía. *BBC
O’Connor padeció trastorno de desrealización hace más de una década, y el proceso para aprender a vivir con él no le resultó fácil.
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Contando el tiempo En el siglo XX, la brillantez y la insensatez de nuestra civilización chocaron para producir unos de los mayores dilemas morales que la humanidad ha enfrentado.
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Una amistad Fotos: Archivo
Dalia Ventura* urante tres años, Robert Oppenheimer lideró una misión de alto secreto para poner fin a la guerra más mortal en la historia mundial. Pero para lograrlo, su equipo creó un arma que amenazaba con acabar con la vida humana en la tierra. Por otro lado, la democracia enfrentó a dos grandes enemigos: el comunismo y el fascismo. Sus líderes creyeron que si se deshacían de los indeseables, conseguirían vivir en un paraíso. Pero terminaron creando infiernos. No obstante, también se ganaron nuevas libertades Mientras en Europa estaba surgiendo el nazismo, una ideología que marcaría el siglo, en Estados Unidos las mujeres luchaban en una batalla muy diferente. Habían ganado el derecho al voto en 1920, y ahora había llegado la hora para una nueva forma de política: la política sexual.
Lo que Margaret Sanger y Katharine McCormick hicieron a principios del siglo XX influyó en nuestra vida en mayor medida que el legado que nos dejaron muchos políticos.
Una de dos
Margaret Sanger era una mujer menuda pelirroja y radical que trabajaba en los barrios humildes de Nueva York. Su nombre quizás no es tan conocido como merecería serlo, pues hizo más para moldear el mundo de hoy en día que muchos políticos. A principios del siglo XX, Manhattan era una isla dividida. Lo que se conoce como la zona del Uptown era libertino, descarado y en auge: el lugar más de moda del planeta. El centro era muy diferente: un lugar tradicionalmente pobre, con edificios abarrotados de nuevos inmigrantes. En esa parte de la ciudad, las mujeres estaban desesperadas por evitar embarazos no deseados. Pero solo tenían dos opciones: un aborto peligroso autoinducido o el abortista callejero, que podría ser igual de peligroso.
Vicio, pecado y literatura obscena
Siendo enfermera, Sanger fue testigo de las peores situaciones y concluyó que todas las mujeres deberían tener derecho a una anticoncepción segura. “Resolví hacer algo para cambiar el destino de esas madres, cuyas miserias eran tan vastas como el cielo”, dijo. A través de publicaciones, Sanger fue la primera en popularizar el término “control de la natalidad”. Sus escritos fueron la semilla del movimiento a favor de la planificación familiar y la conectó con otros activistas. En esa época los anticonceptivos eran un tabú. Quienes los vendían eran condenados como proveedores de vicio y pecado. A pesar de ello, Sanger abrió, en 1916, la primera clínica de control de natalidad en Estados Unidos en un distrito pobre de Brooklyn.
La Clínica Sanger en Amber Street en Brooklyn, Nueva York, acabaría siendo la sede de la American Birth Control League, que Sanger fundó, y que se convirtió en la Federación de Planificación Familiar de Estados Unidos.
Margaret Sanger y Ethel Byrne (su hermana) en la corte.
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d inesperada El día de la inauguración, más de 100 mujeres hicieron cola para pedir ayuda y consejo. Pero los folletos que Sanger distribuía fueron clasificados como literatura obscena, así que 9 días más tarde fue arrestada bajo las férreas leyes contra la obscenidad, de EE. UU. Tras pagar la fianza, retornó a la clínica y continuó atendiendo mujeres hasta que la Policía la volvió a detener. Sanger fue declarada culpable por un juez que sostuvo que las mujeres no tenían “el derecho de copular con un sentimiento de seguridad de que no habría una concepción resultante”. Acto seguido, le ofreció a la condenada una sentencia más indulgente si prometía no volver a infringir la ley, pero ella respondió: “No puedo respetar la ley tal como existe hoy”.
Satánico
La clínica fue clausurada, pero, a pesar de su corta existencia, permitió que el movimiento ganara apoyo y atención nacional, dándole a Sanger una plataforma para organizar la primera conferencia de control de la natalidad en EE. UU. Tuvo lugar en noviembre de 1921, e incluyó discusiones y discursos sobre la moralidad del control de la natalidad, la probabilidad de anticonceptivos confiables, y movimientos de control de la natalidad fuera de EE. UU. Desafortunadamente, el último día, la conferencia fue suspendida por la Policía, y Sanger fue encarcelada, a pedido del prominente líder de la arquidiócesis católica en Nueva York, el arzobispo Hayes. Aunque Sanger a menudo convencía a quienes se oponían a los anticonceptivos de su conveniencia, con la Iglesia católica no lo logró. El arzobispo Hayes argumentó: “Tomar la vida después de su inicio es un crimen horrible;
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pero prevenir la vida humana que el Creador está a punto de hacer realidad es satánico”. “En la primera instancia, se mata el cuerpo, Archivo mientras el alma vive;Fotos: en este último, no solo a un cuerpo, sino a un alma inmortal se le niega la existencia en el tiempo y en la eternidad”. La oposición de la Iglesia católica llevó a muchos a creer que el control de la natalidad era inmoral, lo que dificultó aún más la aprobación de leyes que favorecieran la difusión de información y anticonceptivos.
No todo estaba perdido
No obstante, con la ayuda de personas con fortunas privadas que tuvieran suficientes agallas y estuvieran dispuestos a invertir su dinero, podrían contraatacar. Y Sanger tenía una amiga que cumplía con esos requisitos: una rica heredera estadounidense llamada Katharine McCormick. Era una dama glamorosa de la alta sociedad a quien le gustaba vestirse a la última moda, pero, a diferencia de muchas mujeres de su clase, su padre la había alentado a estudiar. En 1904 obtuvo una licenciatura en Biología del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Además, había hecho campaña para conseguir el derecho al voto de las mujeres. Una vez que las estadounidenses lograron el derecho al voto, al igual que las escandinavas y británicas, buscaron una nueva causa por la cual luchar. McCormick optó por el control de la natalidad, pues creía firmemente que el derecho de una mujer a controlar su cuerpo era tan importante como el de participar en elecciones. Fue por eso que se formó esa amistad poco probable entre la rica heredera y la activista. Los anticonceptivos no podían importarse a Estados Unidos, pero en Europa eran fáciles de conseguir.
En sus viajes al Viejo Continente, McCormick compraba elegantes vestidos y pedía que les cosieran cientos de diafragmas en los dobladillos. Así los contrabandeaba y en Nueva York se los entregaba a Sanger, quien había abierto una nueva clínica. Fue una gran victoria, y la activista y la rica rebelde se mantuvieron en contacto. Años más tarde, McCormick tuvo la posibilidad de hacer mucho más que contrabandear.
Una gran fortuna
Cuando el esposo de McCormick murió, en 1947, ella heredó su fortuna: unos US $15 millones. Tenía 75 años y muchas ganas acumuladas de contribuir a la realización del sueño del control de la natalidad. Sanger le había hablado de su deseo de encontrar un anticonceptivo fácil de usar y a prueba de fallas. Tras décadas, había llegado el momento en el que los científicos creían que podría ser posible. No obstante, en la década de 1950, ni el Gobierno de EE. UU. ni las instituciones médicas o la industria farmacéutica querían tener nada que ver con la investigación anticonceptiva. Fue así como el financiamiento para el desarrollo de la píldora provino de una única benefactora: Katharine McCormick. Casi cada dólar necesario para desarrollar el anticonceptivo oral fue donado por ella.
El derecho de decidir
Margaret Sanger, enfermera y educadora sexual estadounidense, creía que las mujeres debían decidir.
El camino había sido largo, pero en 1960 la píldora salió al mercado y revolucionó el control de natalidad. Medio siglo después, la píldora se había convertido en el anticonceptivo de elección para más de 100 millones de mujeres en todo el mundo. Su impacto social fue enorme. La píldora y otros métodos de control de natalidad contribuyeron a reducir la mortalidad infantil y permitieron planear el tamaño de las familias para asegurar la provisión de sustento. A las parejas, les dio la posibilidad de retrasar el momento de tener hijos o decidir no tenerlos, y a las mujeres, la de tomar decisiones sobre la educación y sus carreras... sus vidas. Junto con el derecho al voto, fue uno de los mayores cambios sociales del siglo XX. De hecho, hay quienes aseguran que fue el mayor cambio de todos. *BBC
No había mucho interés en desarrollar un anticonceptivo fácil de usar y seguro.
Guatemala, viernes 8 de marzo de 2019
El dolor de
Fotos: Archivo
Johnny Cash Recordamos al guitarrista y cantautor estadounidense Johnny Cash, a 87 años de su nacimiento. Andrés Olascoaga* l ambiente festivo que se vivía en una de las habitaciones del Carter Ranch era opacado por dos hombres calvos que escoltaban a una persona en silla de ruedas. Era el 7 de julio de 2003 y una de las más grandes leyendas de la música americana estaba por dar su última actuación. El escenario era distinto a los grandes foros que acostumbraba. Apenas un par de micrófonos y un grupo de sillas ocupadas por personas de edad avanzada. Cuando el par de hombres calvos levantaron a la persona en silla de ruedas y la llevaron al micrófono principal, el lugar se volvió loco. Le acercaron una guitarra y encendieron el micrófono. “Hola, yo soy Johnny Cash”, dijo arrancando como acostumbraba presentarse en público. Esa fue la última vez que el “hombre de negro”, como le decían al guitarrista, actor, compositor y cantante estadounidense gracias a su vestimenta monocromática, interpretó en público temas como Folsom Prison Blues y I Walk the Line, canciones que lo acompañaron en sus más de 40 años de carrera.
Música en la vida
Para alguien como Johnny Cash, nacido como J. R. Cash el 26 de febrero de 1932 en Kingsland, Arkansas, no era una opción dedicarse a algo como la música. Su familia trabajaba en un campo de algodón, beneficiado por el New Deal, y vivió una serie de tragedias que inspiraron a Cash posteriormente, desde la inundación de la granja familiar, retratada en Five Feet High and Rising, o la muerte de su hermano mayor, Jack. Sin embargo, la música siempre estuvo presente en su vida. Mientras trabajaba en el campo, Cash interpretaba canciones gospel que había escuchado en la radio o temas tradicionales irlandeses que había heredado de su familia paterna. Durante los primeros años de adolescencia, aprendió a tocar la guitarra gracias a su madre. A los 12 años, J. R. Cash ya había compuesto sus primeras canciones y, en la secundaria, ya se había presentado formalmente en la radio
Una década después de su muerte, sale a la venta un álbum con canciones inéditas, que su casa discográfica no quiso publicar en los años en que vivía su popularidad.
pública local. En 1950, justo después de cumplir 18 años, Cash se enlistó en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, lugar donde inició su primera banda y adquirió un nombre completo. El servicio no aceptaba a personas cuyo nombre fueran solamente iniciales, por lo que Cash tuvo que darle sentido al J. R. con el que había sido bautizado. El joven se convirtió en John R. Cash. Después de servir en Alemania por 4 años, Cash regresó a los Estados Unidos. Se casó con su novia de la adolescencia, la texana Vivian Liberto, con quien se trasladó a Memphis, cuna
del rock y el R&B. Ese mismo año, 1954, Cash audicionó con un par de temas gospel frente al productor Sam Phillips, para unirse a su sello discográfico. Aunque a Phillips le gustó lo presentado, había dejado de producir álbumes en ese género. “Ve a casa, peca y regresa con una canción que pueda vender”, le dijo a Cash. Un año más tarde, volvió para convencer a Phillips, quien lo firmó por un par de canciones. Hey Porter y Cry! Cry! Cry!, fueron los primeros temas presentados públicamente por
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Los textos hallados son el reflejo de su personalidad, de un hombre que sufría problemas de adicción pero sabía mantener el espíritu de lucha, y también el del buen humor.
Cash Show que corrió en ABC, de 1969 a 1971, manifestándose a favor de los nativos estadounidenses y por una reforma penal. Durante los 70 y 80 fue un aventurero musical, incursionando en otros estilos, manteniéndose fiel al gospel e incluso participando en colectivos musicales como Highwayman, compuesto por Waylon Jenning, Willie Nelson y Kris Kristofferson; y Class of ’55, de Roy Orbison, Jerry Lee Lewis y Carl Perkins.
Cumplir la misión
El Hombre de Negro, como se le conocía por la ropa funeraria que llevaba en sus shows, fue un self-made man musical. La dureza de su vida se refleja en las letras de sus canciones, una insistente narrativa permeada por la vida de los Estados Unidos.
el cantautor. Ambos se convirtieron en un éxito de las listas de popularidad del country. En diciembre de 1956, Cash grabó por coincidencia junto a Elvis Presley, Carl Perkins y Jerry Lee Lewis un grupo de canciones de prueba que poco después fueron compiladas por su productora con un nombre prometedor: El cuarteto del millón de dólares.
Tributo aclamado
Desde entonces todo fue afortunado para la carrera de Cash. Grabó su primer álbum With his Hot and Blue Guitar, con piezas fundamentales de su repertorio como So Doggone Lonesome, I Walk the Line, Folsom Prison Blues y The Rock Island Line. En 1958 firmó un lucrativo contrato con Columbia, que le permitió grabar 11 álbumes de estudio entre 1958 y 1962, incluyendo un aclamado tributo a las canciones originalmente interpretadas por el músico de country Hank Williams.
En 1962, Cash conoció a June Carter, integrante del grupo The Carter Family. Mientras grababan un álbum y ofrecían conciertos a lo largo de la Unión Americana, el cantante cayó enamorado. Su atracción no se consolidaría sino hasta 1968 cuando se reencontraron en Londres. Se casaron en marzo de ese año y tuvieron un hijo. Se mantuvieron juntos hasta la muerte de Cash, en 2003. Aunque claro, su vida no fue siempre luminosa. Tras firmar por primera vez con un estudio, donde fue rebautizado por última vez, ahora como Johnny Cash, el intérprete se vio involucrado en problemas con la justicia y las drogas. Su esposa intentó en repetidas ocasiones alejarlo de las metanfetaminas, sin éxito. Con un estilo melancólico y nómada, una especie de figura musical por excelencia, Cash recorrió todos los Estados Unidos en carretera, llevando su música a los lugares donde lo aceptaran. Además, se convirtió en una importante figura televisiva y mediática, con el The Johnny
Su impresionante carrera discográfica, compuesta por más de cien álbumes, se vio interrumpida en 1997, cuando Cash fue diagnosticado con el síndrome de Shy-Drager, una especie de atrofia en múltiples sistemas. Le dieron 18 meses de vida. Poco después, su diagnóstico fue modificado a neuropatía asociada con diabetes. Durante sus últimos años de vida, Cash comenzó a hablarle a una nueva generación, a mantenerse presente para que su legado permaneciera. En 2002, el músico sorprendió a propios y extraños con el cuarto volumen de su saga American, en la que interpretaba a su estilo canciones de otros artistas. En dicho compilado, Cash presentó la que sería su última gran canción: Hurt, versión del clásico de Nine Inch Nails. “En qué me he convertido / Mi dulce amigo / Todos los que conozco se van / al final / y tu podrías tenerlo todo / mi imperio de polvo / yo te tiraré / yo te haré sufrir”, canta un melancólico Cash en la pieza, reconocida con el Grammy y un MTV Video Music Award. Cash había terminado su legado de una forma inigualable, no había nada que pudiera destruirlo. El 15 de mayo de 2003, June Carter Cash murió a los 71 años. Su último deseo fue que su esposo siguiera trabajando, componiendo, haciendo música. Johnny Cash cumplió. Entre el 15 de mayo y el 12 de septiembre, fecha en la que falleció por complicaciones de diabetes, Cash preparó más de 60 canciones y luego se convirtió en polvo, dejando atrás un imperio que solo una persona que surgió del dolor y del amor podía legar. *Gatopardo
Juntar las 100 canciones de su saga American, resultó un proceso agonizante. Para conseguir esa visión panorámica, Johnny debió superar muchos obstáculos.
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Ventanas
Guatemala, viernes 8 de marzo de 2019
La editorial El Paseo recupera la trilogía de hadas de la autora y publica su primer y popular cuento, Cinco chicos y eso. Paula Cantó* La autora con la que más me identifico es Edith Nesbit”. Lo dijo J. K. Rowling, autora de la heptalogía millonaria Harry Potter que vistió con capa y varita a toda una generación. E. Nesbit, como ella firmaba, fue una de las pioneras más importantes del género fantástico infantil y juvenil. Su nombre brilla por sus casi 60 libros para —o sobre— niños y jóvenes, pero su activismo político la llevó a publicar también propaganda socialista entre sus obras de teatro, reseñas, poesía o novelas de terror o romance. Los chicos del ferrocarril, Historia de un amuleto, La ciudad mágica, Los buscadores de tesoros... títulos que se han convertido en joyas imprescindibles y que han influido a multitud de escritores. El niño que vivió no habría nacido sin su abuela Nesbit. La autora pasó a la historia por sus libros pero también aupada por las palabras de sus discípulos literarios. “Si los británicos somos al género fantástico lo que Brasil al fútbol, E. Nesbit es nuestra Pelé”, comparó el novelista y guionista Frank Cottrell-Boyce. CS Lewis, Pamela Lyndon Travers, creadora de Mary Poppins o Jacqueline Wilson se rindieron también a Nesbit: “Cinco chicos y eso es mi clásico favorito de todos los tiempos”. Quizá sea esta saga de hadas la que más ha impregnado la literatura juvenil. Un día caluroso de verano, 5 niños cavan un hoyo y descubren una extraña criatura a la que llaman “eso”. Dice ser un hada y les concederá
Fotos: Archivo
Edith Nesbit, l inspiró Harry
Se reedita el clásico de literatura infantil Cinco chicos y eso, de E. Nesbit.
deseos que, como todo libro juvenil que se precie, traerá unas consecuencias. “Amo los libros investigadores estudian deAlgunos Nesbit, especialmente la saga de Cinco chicos la posibilidad de ofrecer ”, aseguró también Neillos Gaiman, creador y eso en formas envasadas. The Sandman . Ahora, la editorial El Paseo dequelites publica los volúmenes de la saga más popular de
Crónicas de Nellie Bly
La vuelta al mundo en 72 días y otros escritos es una reedición de los textos de mayor impacto de la periodista estadounidense Nellie Bly (1864-1922), convenientemente contextualizados por Jean Marie Lutes, profesora en la Universidad Villanova (Pensilvania, EE. UU.) y experta en periodismo y estudios de género. El libro consigue que se admire el empuje y seguridad en sí misma de una joven que luchó contra los estereotipos, asombrarse por lo mucho y lo poco que ha cambiado el mundo, y pensar en el feminismo y su evolución. En un registro menos serio, recuerda a los libros de Tintín, y no solo porque el mundo que se dibuja en ese cómic coincide más o menos con el que describe Bly en su viaje. Ya se sabe que si se revisita de adulto el personaje creado por Hergé
en 1930, enseguida se encuentran viñetas racistas, machistas o de maltrato animal, que no vimos de niños. Del mismo modo, leer a Bly vuelve conspicuos los rasgos machistas de la sociedad actual, que tampoco veíamos de niños y seguimos sin ver ahora, de tan profundamente inscritos como están en nuestras mentes del siglo XXI. Bly fue feminista, sí. Luchó por conseguir, y consiguió, gran prestigio como periodista que narró las desigualdades en el trato a las mujeres: se hizo pasar por loca para denunciar los horrores de un psiquiátrico femenino, describió la vida de las obreras estadounidenses, entrevistó y mostró su apoyo a las defensoras del voto femenino, recabó opiniones sobre si debería permitirse a las mujeres pedir la mano. Pero también decía cosas que provocarían instantáneamente la náusea a cualquier
Nesbit, más de 100 años después. Nesbit no era nada convencional y destacaba en la época en la que le había tocado vivir. Nació el 15 de agosto de 1858, en Kennington (Inglaterra), en el seno de una familia de vida bohemia. Tras la muerte de su padre y su hermana, se asentó junto a su
feminista contemporánea. “Es una mujer femenina, qué mejor halago se le puede hacer. Es firme e inteligente, sin resultar masculina, y delicada y femenina sin resultar frívola. Es el ideal de belleza de una mujer con cerebro”, escribe para describir a Belva Lockwood, candidata a la presidencia de EE. UU. en una época en que las mujeres no podían votar. Sus expresiones recuerdan su contexto, su mundo de corsés, guantes y damas respetables. La autora del prólogo, la crítica literaria estadounidense Maureen Corrigan, expresa que después de leerla queda el aprecio por “cómo una adolescente pobre y con escasa formación (...) encontró la valentía necesaria para convertirse en una periodista que ayudó a cambiar el mundo escribiendo sobre él”. (Monica G. Salomone/Sinc)
Viernes
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la que Potter madre y sus hermanos en Halstead, en Kent. Sus idílicos paisajes de la Inglaterra campestre parecen ser los que inspiraron a Nesbit: los ecos verdes del pueblo resuenan en muchas de sus obras. Las costumbres de Nesbit poco tenían que Los pueden comerse crudos. ver conquiletes los tiempos de entonces. Fumaba en público, lo que era visto como una provocación cuando lo hacía una mujer, llevaba el pelo corto, iba en bicicleta y se vestía sin corsé. Y, claro, escribía, una labor que se reservaba principalmente a los hombres.
Mujer que fuma
David Stuart Davies recuerda cómo describió a Nesbit la periodista y escritora Ada Elizabeth Jones: “Era una mujer muy alta, corpulenta, y, en ocasiones, lucía en las fiestas un vestido de cola de satén color azul, como las plumas de un pavo real, con pulseras de abalorios y brazaletes de la India, desde el codo hasta la muñeca. Madame, que era cómo se referían a ella siempre, fumaba incesantemente, y su alargada boquilla era un elemento indisoluble de la imagen que evocaba una peculiar pintura de Rossetti, con un largo cuello y un exuberante cabello oscuro. Era una mujer maravillosa, de gran corazón, increíblemente poco convencional pero con peculiares reversiones a los estándares ultra respetables. Podía ser capaz de escribir sin ninguna preocupación, en mitad de una algarabía de personas, fumando como una chimenea todo el rato”. Se casó a los 22 años con Hubert Bland, cuando ya estaba embarazada de
7 meses, y juntos fundaron la Sociedad Fabiana, germen del Partido Laborista británico que atrajo a personalidades como George Bernard Shaw o Eleanor Marx. Cuando Bland cayó enfermo, la autora lo mantenía a él y a sus 5 hijos gracias a la escritura por encargo: publicó fructíferamente bajo el pseudónimo E.Nesbit, que ocultaba su identidad femenina, y cuando escaseaba el trabajo pintaba tarjetas de Navidad o recitaba. Le fascinaba lo sobrenatural —en estas historias plasmó las tensiones que vivía en su hogar— y quería dedicarse a la poesía, pero lo que vendía entonces era la literatura infantil y juvenil. A pesar de su estilo de vida que podría catalogarse de bohemio, en ciertos aspectos se guiaba con una rectitud victoriana. Nesbit nunca apoyó el sufragio femenino y se escandalizó cuando su amiga Eleanor Marx anunció su intención de vivir con otro hombre. La relación con sus hijos, al contrario de lo que pueda pensar quien lea sus obras, familiares y dulces, dejaba mucho que desear. Nesbit era distante y fría, sobre todo con su hijo Fabian, que murió en una operación de amígdalas, y con Paul, quien se marchó de la ciudad en cuanto pudo. En el prólogo de Los chicos del ferrocarril, Cristina Sánchez-Andrade recuerda las palabras de Nesbit: “Cuando era una niña pequeña solía rezar fervientemente, hasta las lágrimas, porque, cuando fuera mayor, nunca olvidara lo que pensaba, sentía y sufría entonces”. Quizá solo lo consiguió en su ficción. Nesbit fue la primera escritora moderna de literatura infantil con mundos mágicos fabricados desde cero. Si algo destaca en sus historias, además de sus peculiares universos, son sus personajes: los niños muestran unas debilidades que podrían tener en la vida real, algunos aderezados con elementos fantásticos. Nesbit también solía incluir a personajes femeninos fuertes y grupos de niños de diferentes edades y distintas procedencias. Algunos de sus libros parecen el grito silencioso con el que Nesbit querría recuperar a su padre fallecido: las familias a las que crea y da nombre suelen tener que lidiar con una muerte inesperada, como la propia autora. Fue en mayo
de 1924 cuando Nesbit murió por un cáncer de pulmón, dejando tras de sí páginas llenas de humor y magia. Cinco chicos y eso, con traducción de Nuria Reina Bachot, es la nueva apuesta de El Paseo por la escritora, después de haber publicado el año pasado su también clásico El castillo encantado. Ahora presentan una preciosa edición del primer volumen de la trilogía y que fue adaptado a la gran pantalla en 2004. “Una vez encontré un libro de E. Nesbit en una biblioteca”, dijo Diana Wyme Jones, autora de El castillo ambulante. “Y ya no dejé de buscarlos por todas partes”.
La vida de la autora estuvo marcada por su trastorno bipolar. También sufrió varias depresiones a lo largo de su vida hasta que, finalmente, el 28 de marzo de 1941 se suicidó. Se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río Ouse (Sussex), donde se ahogó. Su cuerpo no fue encontrado hasta el 18 de abril de ese año. En su última carta a su marido, Leonard Sidney Woolf, escribió: “Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que
Cinco chicos y eso se convirtió en una película en 2004, con Freddie Highmore.
*El Confidencial
Virginia Woolf, pionera
La historia de la literatura británica no se entiende sin ella. Virginia Woolf, considerada como una de las escritoras más importantes del siglo XX, nació en Londres el 25 de enero de 1882. Aunque nunca fue a la escuela, logró desarrollar su carrera como escritora durante el periodo de entreguerras. Años después de su muerte, en la década de los 70, sus obras la convirtieron en una de las pioneras del movimiento feminista. Entre sus novelas destacan La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Orlando: una biografía (1928), Las olas (1931), y su breve ensayo Una habitación propia (1929). En este último, escribió su popular frase: “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia, si va a escribir ficción”.
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cualquiera podría ser. Creo que dos personas no pueden ser más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo —todo el mundo lo sabe. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo. V.” (SINC)