CortesĂa: Justin Kerr
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Portal Editorial El sombrero es un símbolo de poder. Es la corona de oro, de latón o de petate. Así, la expresión “de a petate” está relacionada con la preeminencia de lo ético en el comportamiento de una persona. Por otra parte, “quitarse el sombrero” denota vasallaje, respeto o devoción. Históricamente, la corona y el tocado distintivo son expresiones de sociedades altamente jerarquizadas. Puede verse, por ejemplo, que el sombrero, la corbata y el bastón, forman parte de la parafernalia que acompaña las representaciones de Maximón, mientras que el aura dorada sobre la cabeza, en la iconografía católica, viene a ser el sombrero espiritual de los místicos. La historia del sombrero, como se deja entrever en estas páginas, es la historia del poder, pero también de la fiesta. Y la fiesta, claro, es la guerra por otros medios. Así lo muestra la vida cotidiana de la otrora Santiago de los Caballeros, de la que acá nos ocupamos, donde el potencial sedicioso de la diversión era celosamente escrutado por los funcionarios locales de la monarquía. El sombrero que acompaña el sarao y la algazara, también puebla las plazas del mundo y, con la bandera, constituye inequívoca señal de identidad.
DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina
Guatemala, viernes 29 de septiembre de 2017
Santos Alfredo G
Huellas me (Ojlene Mach uando el misterio de la tierra emerge diáfano en la fe de nuestra gente, el corazón de todo lo vivo palpita en la alegría cotidiana de lo más sencillo y verdadero. Es el respeto profundo por los conceptos lo que hace de esta novela una bella narración en la que cada personaje encarna con sutileza el ahínco, la valentía y la entrega plena del tiempo al trabajo y a la bondad. El espíritu de la vida sobre nuestra tierra, inspira, mitifica y devela lecciones en cada sendero. Es el revelador del destino en la delicada imprimatur del alma de un niño que con el frenesí de las circunstancias, se convertirá en una reflexiva voz de cambios, de anhelo por el progreso y la igualdad, en medio de los acontecimientos oscuros de la guerra que asoló los antiguos y sagrados parajes de la paz ancestral, heredad de los guatemaltecos. Que el Corazón del Cielo que ilumina y el Corazón de la Tierra que alimenta, acompañe los sonidos guardados en estas letras; que quien los lea impregne en su frente y en su pecho, el tatuaje de esa antigua enseñanza guardada en el silencio de nuestros bosques. El protagonista de esta obra lleva el nombre del legendario Xhuwan Q’anil, personaje recordado y respetado por la cultura maya popti’ como héroe que descansa en el templo y cerro sagrado que lleva su nombre. Xhuwan significa Juan y Q’anil es el nombre de uno de los cargadores del año, según el calendario maya, que significa semilla, por consiguiente es el nawal o Yijomal kopixan de la fertilidad.
Gal
Polígrafa brasileña La cuentista, dramaturga, periodista, conferencista, abolicionista, feminista, naturalista y ambientalista brasileña Júlia Valentim da Silveira Lopes de Almeida, nació en Río de Janeiro el 24 de septiembre de 1862, y fue una de las primeras mujeres de ese país que obtuvieron fama y aceptación social como escritora.
García Domingo
Cuento 201
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Viernes
Guatemala, viernes 29 de septiembre de 2017
Relato de los tres pequeñuelos
Archivo
Nosotros tres, Nicolás, que no sabe hablar, Alain y Denis, nos echamos a los caminos para ir hacia Jerusalén. Hace mucho que caminamos. Fueron unas voces blancas las que nos llamaron en la noche. Llamaban a todos los niños pequeños. Eran como las voces de los pájaros muertos en invierno. Y al principio vimos muchos pobres pájaros tendidos en la tierra helada, muchos pajarillos de pecho rojo. Luego hemos visto las primeras flores y las primeras hojas y con ellas hemos trenzado cruces. Hemos cantado ante las aldeas, como solíamos hacer en el año nuevo. Y todos los niños venían corriendo hacia nosotros. Y hemos avanzado como una tropa. Había hombres que nos maldecían, porque no conocían al Señor. Había mujeres que nos cogían por los brazos y nos interrogaban, y cubrían nuestras caras de besos. Y también ha habido almas buenas, que nos han traído escudillas de madera, con leche tibia y fruta. Y todo el mundo se compadecía de nosotros. Porque no saben adónde vamos y no han oído las voces. En la tierra hay selvas espesas, y ríos, y montañas, y caminos llenos de zarzas. Y al final de la tierra está el mar que pronto cruzaremos. Y al fin del mar está Jerusalén. No tenemos ni ayos ni guías. Pero todos los caminos nos sirven. Aunque no sepa hablar, Nicolás anda con nosotros, Alain y Denis, y todas las tierras son parejas e igualmente peligrosas para los niños. Por todas partes hay selvas espesas, y ríos, y montañas, y espinos. Pero por todas partes las voces estarán con nosotros. Hay aquí un niño que se llama Eustacio, y que nació con los ojos cerrados. Mantiene los brazos tendidos y sonríe. No vemos nosotros más que él. Es una niñita la que lo guía y lleva su cruz. Se llama Allys. Nunca habla y no llora jamás: tiene los ojos clavados en los pies de Eustacio, para sostenerlo cuando tropieza. Los queremos a los dos. Eustacio no podrá ver las santas lámparas del Sepulcro. Pero Allys le cogerá las manos, para que toque las losas de la tumba. ¡Qué bellas son las cosas de la tierra! No nos acordamos de nada, porque nunca hemos aprendido nada. Sin embargo, hemos visto viejos árboles y rocas rojas. Algunas veces pasamos en medio de largas tinieblas. Algunas veces caminamos hasta la noche por prados claros. Hemos gritado el nombre de Jesús en las orejas de Nicolás, y él lo conoce. Pero no sabe decirlo. Se alegra con nosotros de lo que vemos. Porque sus labios pueden abrirse a la alegría, y nos acaricia los hombros. Y de este modo no son desgraciados; porque Allys vela por Eustacio y nosotros, Alain y Denis, velamos por Nicolás. Nos decían que en los bosques encontraríamos ogros y fantasmas. Son mentiras. Nadie nos ha espantado; nadie nos ha hecho daño. Los solitarios y los enfermos vienen a mirarnos, y las viejas encienden luces para nosotros en las cabañas. Por nosotros hacen sonar las campanas de las iglesias. Los campesinos se alzan de los surcos para espiarnos. También los animales nos miran y no huyen. Y desde que caminamos, el sol se ha vuelto más cálido y no cogemos ya las mismas flores. Pero todos los tallos pueden trenzarse de la misma forma, y nuestras cruces están siempre frescas. Por eso tenemos gran esperanza y pronto veremos el mar azul. Y al final del mar azul está Jerusalén. Y el Señor dejará llegar hasta su tumba a todos los pequeñuelos. Y las voces blancas serán alegres en la noche.
Marcel Schwob/Francia
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Abecedario
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La marabunta:
¿cómo y por qué surgió en Los Ángeles? (2) Fotos: Archivo
Ya totalmente caída la noche, cuando Maynor debe estar durmiendo en el catre donde su tía, el apartamento tipo estudio compartido por la familia de Giovani está repleto de personas. Todos los inquilinos han regresado y ahora están hechos bultos en el piso. Emma Friedland* n poste afuera de la ventana brinda una luz fría e inquietante, solo iluminando un poco los contornos de los cuerpos encobijados. Filas de encobijados, como en una fosa. Es eso lo que está soñando Giovani cuando se despierta abruptamente de la terrible pesadilla, bañado en un sudor frío. Se levanta del pequeño colchón que comparte con sus dos hermanos menores, teniendo cuidado de no despertarlos. Cruza la pieza esquivando las personas dormidas y sus pertenencias. Llegando al baño, se limpia la cara con agua del lavabo y la seca con una toalla. Se dobla, la cara todavía cubierta por la toalla, e intenta respirar hondo. Busca regresar su corazón al pulso normal. Suspira y devuelve la toalla al estante. Entra otra vez a la recámara llena de gente. Pisa con cuidado, y mientras está navegando su camino de regreso a la cama, escucha un lloriqueo. Baja la mirada. Una muchacha, Gladys Martínez, de 15, solloza lo más silenciosamente posible debajo del desaliño de su cabello negro, con unos mechones pegados a sus mejillas por las lágrimas. Giovani se queda parado arriba de donde está acostada la chica, paralizado, sin saber qué hacer, aunque ella se niega a abrir los ojos. Sintiendo que él está allí, Gladys se obliga a tranquilizarse. Giovani, inquieto, regresa sigilosamente a la cama.
Jugando a firmar
Los grupos crean sus propios códigos y lenguajes de reconocimiento y de identidad.
Después de varios meses, unos chavos están reunidos en un lote baldío del barrio. El vagabundo que ha construido su campamento detrás de la cerca les permite pasar los días lentos como hoy allí platicando, siempre y cuando no toquen sus pertenencias amontonadas a un lado: un carrito de supermercado, cojines sucios, muebles rotos y otro tanto de cosas anodinas. Fue en otra ocasión que unos chicos del grupo
Guatemala, viernes 29 de septiembre de 2017
Vehículos y paredes pueden constituir un soporte material mediante el cual “la banda” exterioriza una estética que, pese a su marginalidad y a la turbulencia de su entorno, no está exenta de color y agudeza expresiva.
jugaron a firmar en la pared blanca del lote. En negro rayaron todos sus nombres o apodos, así como también las palabras “Mara Salvatrucha Stoners”. El nombre de su pequeña pandilla. Hoy Maynor y Giovani se encuentran tirados apoyándose contra aquella pared, sus cuerpos flojos en la postura de aburrición total. Pasan el tiempo con una navaja pequeña, grabando sus nombres y otros dibujos en las ramas de un enorme aloe. En la tierra sumamente seca del lote, los cactus abundan. También las latas de cerveza, los fragmentos de vidrio, bolsas de plástico. Es un vertedero, pero es más o menos su vertedero y quizás la única cosa sobre la que pueden reclamar el derecho. Unos chicos mayores llegan al lote. Son aliados del grupo y vienen para platicar algo con algunos de los miembros principales. Al pasar por donde Giovani y Maynor están sentados, uno de ellos ubica a Maynor y le saluda: “¿Qué decís, mi Casper? ¿Más tranquilo ahora?”. Maynor se ríe y le regresa el saludo con algo de torpeza. Los chicos mayores silban de saludo a Giovani, quien ha quedado sorprendido de que conozcan a Maynor. “Mirá vos”, le dice burlonamente Giovani a Maynor, “¿y eso?”. Maynor solo se ríe y encoge los hombros. Hasta le da flojera dar una explicación. Empieza a arrastrar un palo por el suelo, dibujando ahora en la tierra. Giovani también ya se ha distraído: está viendo para la calle, donde viene pasando Gladys al otro lado de la cerca. Giovani se pone de pie para que ella lo pueda ver y le habla a través del alambrado. Así, con la barricada en medio, le pregunta cómo sigue el apartamento que habían compartido, ya que Giovani y su familia cambiaron a otro edificio. Gladys dice sentirse sofocada por el apartamento, por la vida en la ciudad. Extraña el campo. Giovani le cuenta de un gran parque donde uno siente que ha dejado la ciudad muy atrás, aunque en realidad está bastante cerca. Promete llevarla allí. “Eh, Casper, ¿querés un jalón a tu casa?”. Mientras Giovani termina de hablar con Gladys, los pandilleros llegan con Maynor una
vez arreglado el asunto que vinieron a platicar con los otros. “¿Vivís por la Benton, verdad?”. “Simón”, dice Maynor, poniéndose de pie. “Gracias”. Se despide de Giovani y sigue a los otros chicos a la salida, a la calle. Se suben a un carro nuevo. “Está chivo tu carro,” dice Maynor, obviamente bastante impresionado. Parece que muy pocas veces en su vida ha estado en un carro, y probablemente nunca en uno nuevo. Ponen la radio. Le pasan a Maynor una cerveza. Van rápido por las calles del barrio, calles estrechas, calles viejas. Maynor está contentísimo. Hasta que mira una muchacha esperando en la esquina para cruzar. Es Brenda, la chica de la escuela que lo insultó por ser salvadoreño. Pide al tipo que está manejando disminuir la velocidad. “Conozco a esta cipota”, explica. El carro pasa lentamente por donde ella está parada. Todos los chicos voltean a verla. Maynor saca la cabeza por la ventanilla, como si la fuera a saludar. Sorprende a todos cuando, en cambio, le tira toda la cerveza encima. La blusa blanca que lleva la muchacha se transparenta con el líquido y ella grita por el shock. El carro se llena de carcajadas. “¡Puya que sos un amante rencoroso, vos!”, dice el tipo que maneja. Maynor no da explicaciones, solo mira para adelante con una expresión de piedra y un vago centelleo de satisfacción en sus ojos.
Parque Griffith
En otra tarde, Gladys y Giovani caminan por una calle que deja la ciudad atrás y da paso al respiro que es el enorme parque Griffith: un paréntesis silvestre entre toda la urbanización. Siguen las curvas que esculpen un camino por el cañón, un camino pavimentado entre los peñascos y veredas, entre arbustos secos y tierra rojiza. Un refugio desértico poblado solo por víboras de cascabel y coyotes, si acaso uno que otro búho. Llegan a una apertura donde hay un corral, una pista y ponis galopando a lo largo del cercado. Encima de los ponis, en pequeñas sillas de
Viernes montar, hay niños, también pequeños. Algunos chillan con terror, sus mechones rubios brincando con el muy movido galopar; otros están felices, sus mejillas blancas enrojecidas por la emoción. Giovani y Gladys se paran a un lado para observar. De su lado de la cerca hay varios adultos, mujeres negras y latinas en su mayoría. “Mirá todas las nanas”, dice Giovani. “¿Será este el futuro que me espera acá?”. “Peor futuro te quedaba en El Salvador, ¿o no?”. Gladys se queda callada. Pero como si deliberadamente intentara mantener la conversación light, dice en un tono burlón: “O sea, ¿quién me dejaría a mí a cargo de sus hijos? ¡Si no sé querer ni a un tiernito, ni a un cachorro!”. “¡Púchica que en tu vida nadie te ha dado ni una pizca de cariño!”, dice Giovani mientras le hace cosquillas por la cintura y luego le abraza de atrás, por los hombros. De pronto han cruzado una barrera de la intimidad. Gladys retrocede con el contacto físico. Siguen caminando por una senda que se entromete hacia los huecos en la ladera. Tallado en la cara de la montaña está el antiguo Zoológico de Los Ángeles, ahora solo cuevas abandonadas, escondidas en la falda de la ladera. Las jaulas de los animales han quedado intactas, así como los pasadizos siniestramente esculpidos en las rocas como cavernas de una civilización pasada. Parece más una cárcel abandonada que un lugar donde hace décadas las familias traían a sus niños en excursiones. Gladys se alarma al ver las barras de metal, los recintos rústicos, las sombras y los recovecos oscuros. Giovani, observándola algo preocupado, prende un porro. El olor le llega a Gladys con la brisa y le hace regresar a la realidad por un momento. Le da la espalda a las jaulas espeluznantes y voltea hacia Giovani, quien le pasa el porro. Dejan el viejo zoológico atrás mientras caminan para otro lado, abrazados. Llegan a una pradera. Se acuestan entre el pasto y la mala hierba para disfrutar los últimos rayos de sol. Gladys está tirada con la cabeza apoyada en el pecho de Giovani. Mira a los peñascos que rodean la pradera, al matorral que destella en la luz de la hora mágica. Con tranquilidad. Hasta que encuentra dos cuerpos femeninos, desnudos, colgando de unas ramas. Con nudos corredizos en los cuellos y cortes de cuchillo visibles en la piel arriba de sus senos. Gladys ni siquiera se encoge, ni jadea. Solo tiene la mirada perdida, entumecida. Las ha visto antes, pero esta vez no hay porque tenerles miedo. Las ha visto antes, pero esta vez no son de verdad. Cierra los ojos y respira profundo. Giovani, sin tener idea de lo que pasa por la cabeza de Gladys, acaricia sus rizos, sus mejillas, sus labios. Ya caída la noche y de regreso en el barrio de Pico-Union, Giovani acompaña a Gladys hasta la escalera de entrada del edificio donde ella, antes de meterse, voltea hacia él. Se para en un escalón. Ahora le saca un pedazo a Giovani, normalmente más alto que ella. Le da un beso, sensual y prolongado, y sin más, da la vuelta para desaparecer dentro del inmueble. En la casa de Giovani, otro departamento tipo estudio, ahora compartido solo por los miembros de su propia familia, todo está oscuro excepto por una luz bajita que proviene de la cocina y el resplandor intermitente del televisor. Los hermanos de Giovani están dormidos en la cama que comparten y su papá ronca sobre
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Viernes un sillón con las sombras de la televisión parpadeando por su cara y una botella de tequila medio vacía en la mesa. En la pantalla, una plaga de hormigas amenaza una plantación sudamericana y una bella pelirroja pelea al lado del terco Charlton Heston para intentar acabar con la marabunta. Giovani se dirige a la cocina. Su mamá está terminando de lavar los trastes. Giovani le da un beso en la mejilla y se sirve un plato de las sobras del día. La mamá aprovecha el momento a solas con su hijo mayor para intervenir, para expresar su desacuerdo con la ropa que trae, con sus melenas, con su decisión de andar siempre en la calle con los chicos “peludos”. “Actuás así porque te creés muy vergón”, dice la mamá y Giovani se ríe, “pero quedás mal. Quién sabe qué hacés todo el día en la calle. Solo Dios puede cuidar tus pasos”. “¿Dios o el diablo, ma?”, se burla Giovani haciendo con los dedos la seña de los metaleros para representar los cuernos del diablo, aunque su sonrisa desaparece cuando mira la cara grave de su madre. “El cachudo es de verdad; hay que creer. Con eso sí no juego”, regaña la mamá con toda seriedad. Empieza a contar la historia familiar que ella había escuchado de su suegra, la abuela paterna de Giovani, “que Dios en gloria la tenga”. La leyenda familiar, tan salvadoreña, que dice que un día la abuela entró a su casa para encontrar a su esposo con un libro negro de magia invocando al diablo y ofreciéndole su hijo pequeño (el papá de Giovani). “El cachudo es en serio. Si vos invocás, se te aparece”, advierte la madre mientras lava el último plato, el que Giovani acaba de ensuciar. Apagan la luz, y madre e hijo salen de la cocina. Ambos miran el señor Quijano durmiendo en su silla y se voltean a ver: el hombre que por poco fue sacrificado al diablo. Giovani va a la cama de sus hermanos y se acuesta en el apretado espacio que le han dejado. La mamá apaga el televisor y el apartamento se sume en la oscuridad.
Tarde californiana
Meses después, Giovani y Maynor pedalean en dos bicicletas viejas. Van a una tienda para hojear las revistas y así ocupar el tiempo. Pedalean más allá de la casa de Maynor y llegan a un cruce elevado que pasa por encima de la autopista. Como es la hora pico, todos los carros están prácticamente estacionados en los carriles, con filas de focos rojos y blancos en lados opuestos hasta donde llega la vista. En cambio, ellos van libres. Vuelan por la calle residencial. Sienten el viento acariciándoles la piel y batiendo su cabello, la icónica tarde californiana a la llamada hora mágica del atardecer. En un alto, dan vuelta a la izquierda y empiezan a bajar por una colina. Ahora sí que vuelan. Hasta que una patrulla aparece en la cima de la colina de enfrente y baja justo hasta donde ellos están. Les corta el camino. Giovani y Maynor no tienen otra opción que tirarse al piso con todo y bicicletas.
Guatemala, viernes 29 de septiembre de 2017 Los dos policías saltan del carro y cada uno agarra un muchacho por los brazos, lo levanta del piso y lo empuja contra la pared de cemento de la tienda. Un anciano mexicano con sombrero de vaquero se asoma por la entrada; un corrido suena bizarra y ominosamente desde dentro. Tan cerca estaban Maynor y Giovani de llegar a su destino, pero han sido emboscados. “¡Manos en la pared!”, grita el policía que iba al volante. Ponen los puños en las nucas de los muchachos, los codos forzados en sus espaldas. Los registran y les revisan los bolsillos. Simulan inspeccionar las tarjetas de identificación de la escuela. El policía gritón se queda con un dinerito que traía Maynor. Maynor se opone y el policía lo tira al piso. Y así, tan repentinamente como llegaron, los policías se van. Los chicos se quedan en shock, viendo la patrulla desaparecer por la colina donde ellos habían bajado. Sus caras revelan una moral destruida, bochorno total, ira. Mientras levantan sus bicicletas y con paso vacilante las empiezan a montar, Maynor vocifera: “¿Qué nos ganamos al ser buenos si nos toman por malos de todos modos?”.
del carro. Con el mango del machete golpea el vidrio, haciéndolo reventar en pedazos. De allí, se apura a meterse en el vehículo y Giovani hace lo mismo para poder ayudarlo. Con una pequeña navaja logran desconectar el estéreo del carro, y tan rápido como llegaron están de nuevo en sus bicicletas, huyendo. Maynor carga el machete, así que Giovani lleva el estéreo. Dan una vuelta y llegan al taller mecánico donde trabajan los chicos que conocen a Maynor como “Casper”. Al verlo con el machete colgando de una mano, el chico que lo bautizó así exclama: “¡Puya, parecés psicópata vos con este machete!”, Maynor solo se ríe ligeramente. Viene a negociar, no a platicar. Le indica a Giovani que le vaya enseñando al tipo el estéreo robado. Negocian un precio, hay un intercambio y Maynor guarda el dinero. Pero antes de que se vaya, el tipo quiere decirle algo a Maynor en privado. Van a la oficina del taller y allí le pregunta si la casa de su tía está lo suficientemente sola como para poder esconder algo importante. Maynor dice que sí y entonces el tipo le pasa una pistola envuelta en un trapo, así como otro fajo de billetes, su recompensa. “Ni lo vayás a pensar usar, ¿okey, cherito? Está calien-
Pese a la naturaleza abiertamente patriarcal de la pandilla moderna, las mujeres juegan un papel decisivo en la conformación de los liderazgos y en las luchas internas de poder.
Como están demasiado alterados para ir a la tienda como planeaban, se regresan por donde vinieron, por el cruce elevado, por las palmeras, los aloes, las buganvilias. Las imágenes bellas de Los Ángeles ahora teñidas de amargura, ahora podridas. Ahora saben que la despreocupación y autonomía que sentían antes es sólo una libertad condicional. Llegan a la casa de Maynor, pero en vez de que este se despide de Giovani, le pide que lo espere afuera un momento. Camina por el jardín de la tía y regresa con su machete. Al ver el cuchillo grande, Giovani se opone, espantado. Maynor no le contesta, sólo monta de nuevo su bici. Como Maynor no le hace caso, Giovani decide seguirlo. Pedalean unas cuadras por una calle sin gente y se detienen cuando Maynor mira un coche nuevo estacionado a un lado. Deja su bici tirada en la acera y camina directo a la ventanilla
te”, dice el tipo. Maynor asiente con la cabeza, mientras guarda la pistola en el pantalón. Regresa con Giovani y se marchan. A la vuelta, se paran en un callejón y dividen el dinero del estéreo. De lo demás, Maynor no le dice nada. Tampoco Giovani lo presiona. Se despiden y cada quien se aleja en su propio camino. A contemplar la tumultuosa tarde desde la soledad. Al siguiente día, cuando escucha el cerrar de la puerta principal y los pasos de la tía alejándose, Maynor va a su catre y saca la pistola de debajo del colchón. En la penumbra del cuarto deja el trapo a un lado y siente la pistola, fría y pesada, en la palma de la mano. Luego la sujeta con los dedos y finge apuntar hacia un espejo que cuelga en la pared. Apunta a su propio reflejo. * Argumento finalista del Premio Bengala-UANL, 2013
Gavetas
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Hemeroteca del Diario de Centro América
Juntas de Belén DCA, 14 de septiembre de 1934.- El señor ministro de Educación Pública, ingeniero Luis Schlesinger Carrera, presidiendo los actos verificados esta mañana en el Instituto Nacional Central de Señoritas, a cargo de la profesora Ana R. Espinosa. En los mismos, la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala se encargó de develar la placa conmemorativa de las llamadas Juntas de Belén, precursoras de la Independencia. Se hicieron presentes en la Secretaría de Educación Pública, el señor Sinforoso Aguilar, jefe de la Oficina Internacional de la Prensa; el licenciado Ricardo Quiñónez, secretario de la Universidad Central; el licenciado J. Antonio Villacorta C., destacado miembro de la Sociedad de Geografía e Historia y el señor Joaquín Pardo, con objeto de conducir al señor ministro hasta el edificio que ocupa actualmente el Instituto Central de Señoritas, antiguamente, Colegio de Belén, donde en 1813 se celebraron las primeras juntas secretas. La placa dice literalmente: “La Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, a los patriotas de las Juntas de Belén, precursoras de la Independencia. Diciembre de 1813 Septiembre de 1934”.
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Reporte en V
Gozar y vivir en Santiago (3)
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Fotos : Archivo
Las llamadas castas eran objeto de las más duras sanciones y regulaciones coloniales.
Vigilar la pureza de las costumbres era una misión resultante de la unión de Cruz y Espada, batalla estrepitosamente perdida según lo asientan las denuncias y juicio de personas que han pecado contra la moral y las buenas costumbres. Una de las preguntas que se hacía a los testigos en los juicios de residencia de los alcaldes mayores era “Si hubo amancebamiento, dio mal ejemplo u omitió algunos de los castigos de los pecados”. Beatriz Palomo* El amancebamiento era tanto pecado como delito. Los curas insistían en que las relaciones se santificaran, mientras que las autoridades civiles perseguían a los infractores cuando había denuncias formales, por ejemplo, en 1696, el alcalde acudió a la morada de una mujer, cuyo nombre queda reservado, y aprendió a Gregorio Romero por estar en amistad con dicha mujer. El capitán don Lorenzo Montúfar advierte que si no la deja lo mandará al Castillo de San Felipe. También se sigue causa criminal contra Francisco Duque por adulterio y concubinato, por más de veinte años, con María Dionicia de
Herrera. Abundan los casos registrados en los tribunales, debido a que el divorcio como lo entendemos hoy, no existía en aquella época. Las personas separadas que fundaban otra familia estaban amancebadas o sostenían una “mala amistad”. Ahora trataremos un tema espinoso, la prostitución. En contraste con la isla Española y la Nueva España, la prostitución en Guatemala no estaba regulada por el Estado, sino por la “iniciativa privada” en la época que nos ocupa. Como su ejercicio no vertía renta alguna para el Estado, son pocos los casos que he encontrado en los que una mujer es enjuiciada por dicha actividad. Uno de los raros casos es el de Gregoria Vázquez, quien se encuentra prisionera en
la casa de recogidas y ofrece fianza para que la liberen. Las autoridades la califican de meretriz y mujer pública, quien a pesar de las amonestaciones persiste en el vicio y escandalosa vida. No la dejan salir aunque está enferma, porque ella es un peligro para muchos hombres, a pesar de que ofrece pagar una caución. Ella dice ignorar la causa de su prisión, pues nunca se le acusó formalmente de nada y, por lo tanto, su prisión es ilegal. Finalmente algún personaje persuadido por la ilegalidad de la situación o la “caución” que ella ofreció, la pone en libertad. Sin embargo, hay que recordar que eran siempre las más pobres las que recurrían a esta línea de trabajo para mejorar sus ingresos. Esta práctica social aumentaba en los períodos de crisis. Un funcionario muestra su preocupación porque la escasez de maíz, fomentará la prostitución. Como ya manifestamos, las acusaciones de prostitución, son raras e indirectas, Juana Colindres, por ejemplo, “tiene la costumbre de emborracharse y a deshoras de la noche solicita amistad ilícita a los hombres, por lo que ha estado presa varias veces” la acusación es por escándalo público. En 1792 se acusó a Petrona Jiote por tener una “casa de citas“ y una mujer que se encuentra en la cárcel, no puede salir libre hasta que pruebe que no es de mala vida. Como Estado patriarcal, el Gobierno se ocupaba de las necesidades “primarias” de sus milicianos, como lo demuestra un expediente que registra la nómina de milicianos con sus respectivas especialidades profesionales. Ahí aparece el oficio de “seductora” entre los miembros la tropa. Las mujeres bajo sospecha de prostituirse eran vistas como delincuentes, de manera que cuando se alza la voz en contra del trabajo forzado de las indígenas, el padre Pineda aconseja que “las mulatas que necesiten mejorar su conducta fueran enviadas como cocineras para la tropa en lugar de las indígenas”. Así mismo se sospechaba que las mujeres de castas libres combinaban la venta de vino o chicha con la prostitución, por esta razón, se les negaba licencia para abrir taberna. A Catalina Aldana se le dio licencia porque era anciana.
Fiestas populares
Es importante subrayar que los juegos organizados y las “diversiones ciudadanas” pertenecen al ambiente urbano de ciudades como Santiago de los Caballeros, donde residían ministros de justicia y otros funcionarios reales. Como manifestaba Jovellanos “…las clases pudientes, que viven de lo suyo, que huelgan todos los días, o que al menos destinan alguna parte de ellos a la recreación y al ocio, difícilmente podrán pasar sin espectáculos, singularmente en grandes poblaciones”. Sin embargo, los grupos decididos a divertirse son difíciles de controlar. Aquí no hablaremos de la diversión y fiestas celebradas tras el encierro del claustro ni en las casas privadas, sino en el ambiente público ocupado por aquellos carentes de espacio para convertir sus celebraciones en privadas. En el siglo XVIII, con el advenimiento de la Ilustración que considera fundamental la libertad y la diversión para el progreso de los pueblos, Jovellanos se queja que la gente de los pueblos de España no se divierte por la obsesión de ciertas autoridades de controlar a la población. “En consecuencia, cualquiera bulla, cualquiera
Viernes
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gresca o algazara recibe el nombre de asonada y alboroto; cualquiera disensión, cualquiera pendencia es objeto de un procedimiento criminal, y trae en pos de sí pesquisas y procesos, prisiones y multas, y todo el séquito de molestias y vejaciones forenses”, lo que claramente se ejercía en el Reino de Guatemala.
Danza
En las culturas antiguas de este continente, la danza era ceremonial, pero la dominación española les dio una connotación negativa, por lo que si algo perturbaba a las autoridades españolas era la afición de los indígenas por la danza y la música. Sistemáticamente destruyeron los instrumentos musicales nativos, aunque algunos sobrevivieron. La frecuencia con que se efectuaban bailes indujo a un funcionario español a determinar que “uno de los principales motivos de la pobreza de los indios del Valle, es la cantidad de dinero que expenden en las danzas y bailes de plumas y vestidos que usan en sus fiestas y las zarabandas que continuamente tienen, por cuya razón quedan debiendo y implicados en algunas cantidades en los alquileres en dichas plumas y vestuarios. Se causa perjuicio a su majestad en la recepción de sus tributos que deberían dichos indios hacer por los tiempos de San Juan y Navidad. Los rezagos se hacen por las deudas que tienen. Por tanto, solo los pueblos que no deban tributos pueden tener sus danzas. Tampoco pueden llegar a la ciudad en feria alguna so pena de 200 azotes la 1a., y la 2a. destierro de sus pueblos y cárcel”. En realidad no era solo la población indígena la que apreciaba la música. El obispo, según cuenta el fraile y cronista Antonio de Remesal, “de Cuba se trajo para Guatemala una orquesta de negros para su servicio”. Pero también había música en la comedia ejecutada por el maestro de música Miguel Torres, quien en 1769 demandó a Francisca Javiera de la Torre por el valor de ciertos servicios musicales y acompañamientos de comedia, en diciembre de dicho año. En 1783, el capitán general, don Josef de Echeverría, publica un bando para combatir el uso excesivo de disfraces y máscaras: “La plebe usa arbitrariamente con motivo de las procesiones y convites y otros diferentes fines menos honestos, hasta 15 días continuos”. Manifiesta que no está bien, por diferentes razones. Primero gastan mucho en el alquiler de estos trajes y después no quieren retornar a sus oficios. Segundo; por la noche hacen concursos de bailes en los barrios y cometen “excesos y muy frecuentes quimeras (riñas), y heridas, para los cuales van preparados con armas”. Después no se identifica a los agresores porque llevan máscaras. Por tanto, manda prohibir el uso de disfraces y máscaras sin el debido permiso, bajo pena de 30 azotes y 2 meses de presidio. Dice que “se aplicará irremisiblemente a los contraventores de cualquier clase y condición que sean”, pero en realidad son los de la ínfima plebe los que reciben los azotes y se les cobra 50 pesos, que no tienen, por lo que se les aplica a obras públicas, de lo contrario pasarán 2 meses de cárcel. Otra manera de divertirse era alborotar el hormiguero con la publicación de pasquines que se pegaban en los muros bajo el manto de la noche. A principios de siglo se publica una orden de excomunión a los que pongan pasquines con versos satíricos: “Ahora se ha desparramado un
cuaderno que contiene más de 130 coplones antecediendo a ello muchos numerosos de sátira en prosa, cuyo autor “haciendo alarde de las sutilezas de su ingenio en macular, desacreditar y deshonrar a muchísimas personas, seculares y eclesiásticas”. Ya dese 1525, la real orden del 10 de enero reza que “ninguna persona de cualquier estado, oficio y condición jugase dados, naipes y otros juegos prohibidos”, bajo penas ya establecidas en caso de infracción.
Peleas de gallos
Como todos los “pecados” están eslabonados, el juego de naipes servía para cerrar una jornada comenzada con las peleas en una gallera y en el que la pasión y el vicio llevaban, cuando se cerraba aquella, a seguir las apuestas hasta muy entrada la noche. Las peleas de gallos que, según estudios antropológicos, tienen una fuerte carga de identidad masculina, se legalizaron para la Nueva España en 1527. En las casas de pelea de gallos se hacían apuestas que excedían las moderadas cantidades. Por lo tanto las autoridades pensaban que “siendo esta actividad una honesta diversión no debe admitirse gente sospechosa, esclavos ni hijos de familia”, que asumo significa menores de edad.
La real lotería y la comedia
Convencidos de que el afán de apostar era invencible, la Corona aprovechó este rasgo y creó la real lotería, ideada por don Francisco Xavier de Sarría; se puso en funciones en 1770, año en que se crea una nueva renta para la Corona. En la primera lotería 50 personas ponían 20 mil pesos cada una para crear un fondo de un millón de pesos. Se descontaban 14 mil pesos, 5 mil para el monarca y los restantes 860 mil pesos se dividían en 5 mil porciones o premios de distintos valores que se jugaban 3 veces al año. A veces se dio el 2 por ciento de la ganancia para el Hospicio.
Agustín de Rojas dice que los reyes católicos, conquistada Granada, fundaron la comedia y la Inquisición. En 1534 se publicó la pragmática de trajes, contenida en la ley 1. ª, Tít.XII, Lib. VII de la Nueva Recopilación, comprendiendo expresamente a los comediantes de ambos sexos, músicos y demás personas que asistían en el teatro a cantar y tañer.Por lo tanto, era una actividad reglamentada. Jovellanos insiste en la relación entre la libertad y la prosperidad de los pueblos: “Un pueblo libre y alegre será precisamente activo y laborioso”. Aconseja la creación de espacios, como cafés, “que arreglados con buena policía son un refugio para aquella porción de gente ociosa que, como suele decirse, busca a todas horas dónde matar el tiempo”. En la práctica las clases populares usaban todos los espacios a su alcance para disfrutar, tanto en las casas privadas, vigiladas intensamente por las autoridades tratando de pillar a las castas en actos ilícitos, como en las calles.
Reflexiones finales
Esta es finalmente una reflexión acerca de las maneras en que la gente de los grupos subalternos buscaba abstraerse de la dura realidad y construyen, en sus desgracias, espacios de diversión. Tanto las apuestas como el consumo de bebidas embriagantes permiten pasar la vida sin pensar en el futuro, que de todos modos estaba sellado. La participación en las fiestas reales, religiosas y populares les proveía de una identidad común que permitía la convivencia, pero también la explosión de frustraciones y agresiones que se traducían en riñas cotidianas y acciones que solían pasar impunes por la mera cantidad en que se producían, dejando al Estado, que era abusivo y entremetido, incapacitado para ejercer la primera función de todo Estado patriarcal, el control de la población. * Asociación para el fomento de los estudios históricos de Centroamérica -Afehc
Aunque diversiones como las corridas de toros eran atribuidas a “gente vil”, también pagaban tributo.
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Contando el tiempo
BBC*
Guatemala, viernes 29 de septiembre de 2017
Centroamérica: zo
o más notable, sin embargo, tal vez sea que esta compilación de crónicas de “Sala Negra” no es el primer libro fundamental escrito por Martínez a sus 34 años. Ganador del prestigioso Maria Moors Cabot y del Premio Internacional a la Libertad de Prensa del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Martínez también es el autor de Los migrantes que no importan, una obra clave para entender la realidad de los centroamericanos que atraviesan México en ruta hacia Estados Unidos.
¿La violencia es lo que mejor define a Centroamérica?
Yo creo que sin la violencia no podés explicar Centroamérica, porque los procesos violentos —y eso lo digo sin ninguna duda— son los que han construido a Centroamérica. Las guerras de Guatemala y El Salvador, por ejemplo, son procesos que empezaron mucho antes de los 80: antes de 1980 ya había guerrillas, y represión. Honduras también estuvo involucrada porque quedó en medio. Y ya después, tanto en Guatemala como en El Salvador, empezaron los procesos de crimen organizado, las pandillas; lo que algunos académicos llamarían las nuevas guerras. En los últimos años, a países como Estados Unidos, Costa Rica, Belice, México, se les están multiplicando las peticiones de refugio a niveles que empiezan a recordar a la guerra. Incluso, las agencias de Naciones Unidas han puesto el ojo sobre eso, porque ya ven que se necesita toda una infraestructura. Y los albergues del sur de México ya empiezan a definirse como centros de refugiados. Así lo hace “La 72”, en Tenosique, el albergue de fray Tomás González.
¿Por qué?
Esto tiene que ver con tres cosas: uno, que cada vez es más difícil y más caro entrar a Estados Unidos; dos, que la posibilidad laboral en EE. UU. cada vez es menor, y tres, que la violencia sostenida ha hecho que mucha gente pierda cualquier esperanza de que la situación cambie. Atrapados en medio de eso, la palabra refugiado ha resurgido en el camino del inmigrante, de nuevo los albergues empiezan a decirle a la gente que es refugiada, y entonces mucha gente ha empezado a tomar esa opción. Hay un resurgimiento del refugio fuertísimo.
Te he oído decir que los centroamericanos ya no migran…
Yo creo que cada vez más huyen. Esa es mi impresión. Y es que hay una diferencia entre migrar y huir: uno migra con la esperanza de lo que hay adelante y huye cuando quiere dejar algo atrás. Y la esperanza económica que representaba EE. UU. es cada vez menor. Como país seductor es cada vez menos seductor, mientras que la cantidad de gente que se va porque tiene
Pocas personas conocen tan bien los rincones más oscuros de la realidad centroamericana como Óscar Martínez, el coordinador del proyecto “Sala Negra”, del periódico digital salvadoreño El Faro. Y su extraordinaria capacidad para contar y explicar la violencia que ha convertido a esta pequeña región en la más homicida del mundo se hace notar con especial claridad en su más reciente libro, Una historia de violencia: vivir y morir en Centroamérica. miedo es cada vez mayor. La crisis de los niños migrantes de 2014, cuando cerca de 64 mil llegaron al norte, tuvo que ver con la imposibilidad de Obama de viabilizar la reforma migratoria, pues muchos centroamericanos residentes allá perdieron la esperanza de llevar por la buena a sus hijos. Y como sus países de origen seguían siendo violentos, yo creo que ese montón de niños yéndose fue la respuesta de una gente que perdió la esperanza de que vivieran en un lugar más o menos tranquilo y los mandó a traer.
¿Qué efectos anticipás con las políticas antiinmigrantes?
El único efecto práctico es que los coyotes cobren más, principalmente los de la frontera norte. Recordemos que desde hace al menos 7 años la figura del coyote viajero despareció: ya no existen esos tipos con los que salías de tu casa y te llevaban hasta Houston. Cada vez más los grupos del crimen organizado mexicanos establecieron cadenas de coyotes, para tener control sobre el paso de la gente, lo que significa que hoy se involucran hasta cuatro coyotes en un traslado. Y los del norte han subido de US $3 mil 500 a US $5 mil su cuota por pasarte, porque han entendido que pueden aprovechar toda la propaganda que se ha desplegado en torno a reforzar la patrulla fronteriza, etcétera. Ese es el primer efecto práctico. Ahora, seguramente va a haber muchas deportaciones, lo que va a provocar la llegada de una nueva generación de pandilleros a El Salvador, y creo que eso va a repercutir en más violencia. Porque quiero ver cómo las pandillas
Pese a los peligros, también hay solidaridad en el camino.
Muchos niños abandonaron El Salvador como consecuencia de la violencia.
de El Salvador van a asimilar la llegada de estos. Y creo que también esa ida y vuelta de migrantes va a terminar por consolidar algo que la Mara Salvatrucha tiene años queriendo consolidar que es el viejo Programa 503, al que ahora le llaman Programa Costa Este. La pandilla se organiza por clicas y los programas son un conglomerado de clicas. Y la pandilla tiene mucho rato queriendo tomar control de las clicas de la costa este de EE. UU. Y creo que esta ola de deportaciones y viajes va a terminar por lograr que lo consoliden, que haya un programa fuerte, con un liderazgo claro, y que empiecen a consolidarse delitos como la extorsión binacional. Hay registros, pero todavía no es un delito particularmente común. Pero va a consolidarse.
¿Extorsión binacional? ¿Cómo funciona eso?
Vos sos padre de familia, tus hijos viven en El Salvador, tenés un negocio en EE. UU.
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ona de expulsión
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Fotos: Archivo
Yo soy un pandillero (en EE. UU.) y te digo: “Pagame, o mato a tus hijos en El Salvador”. La amenaza está en El Salvador y el dinero se paga en EE. UU.
importante para el crimen organizado vinculado al narco y el contrabando como el Petén, es que vos no tenés ahí clicas de las pandillas. Solo hay en un municipio donde duermen los que prestan servicios en las zonas hoteleras. En Guatemala controlan barrios urbanos empobrecidos. Pero en El Salvador la expansión fue total, porque nada la detuvo, porque no es un país interesante para el crimen organizado. Tenemos al cartel de Texis, que no se puede comparar con ninguno de los extraditados guatemaltecos. Y es que El Salvador tiene una costa pequeña, imposibilidad de construir pistas (de aterrizaje), un acceso muy limitado a Guatemala. Mientras que ahí tenés Honduras, que tiene una costa Caribe, que tiene un acceso a Guatemala mucho más grande, que tiene una infraestructura y una geografía mucho más propicia para los delitos vinculados a las drogas. En El Salvador, la pandilla monopolizó el crimen, esa expresión de la violencia tuvo su explosión principalmente en El Salvador.
¿La violencia de las pandillas define a El Salvador?
Luego están las “excepciones”: ¿Por cuánto tiempo?
Ahorita hay una que le compite: la vinculada a la Policía. Lo que pasa es que esa es más aplaudida. Pero es evidente: te vas a cualquier zona o comunidad marginal y la gente está desesperada, porque la Policía se ha convertido en un órgano represor como no habíamos visto desde que se firmó el fin de la guerra. La Policía salvadoreña no tenía una tan mala fama. La hondureña sí, pero la salvadoreña, no era eso. Y ahora se ha convertido en eso y en muy poco tiempo, desde que los políticos empezaron a soltar el discurso de que esto era una guerra. La diferencia con zonas como los alrededores del río La Pasión, en un departamento tan
Yo creo que por mucho más. La verdad es que de Costa Rica yo no tengo ni idea, pero a Nicaragua me he acercado y tengo una teoría —que es simplemente eso, una teoría—. Yo creo que en Nicaragua hay dos cosas que influyeron en que no tengan pandillas. Una, que la migración nicaragüense hacia EE. UU. durante los 1980 no se comparaba con la migración desde El Salvador y Honduras. Es decir, hubo menos deportados, hubo menos jóvenes conviviendo con el ecosistema pandillero del sur de California. Y dos, que aunque ahora los gobernantes se hayan corrompido, alguien ganó la guerra y construyó base social, formas de interacción
social. Entonces en Nicaragua es muy difícil que te pase algo como en El Salvador: que un grupo de 20 muchachos que no pasan de los 25 años controlen a más de 2 mil personas en una colonia sin que esta gente se hable, se organice, diga algo. Yo sé que hay otras diferencias internas, pero creo que el triunfo de un lado hizo una gran diferencia, mientras que en El Salvador el conflicto nunca se dirimió. El Salvador es un país sumamente polarizado y la guerra nunca terminó en términos ideológicos, nunca hubo puntos de acuerdo, una propuesta intermedia. Están los polos opuestos: el voto duro de ARENA y el voto duro del FMLN, que ronda los 800 mil desde siempre, para cada partido. Entonces nunca se generó ese punto de encuentro, y si bien la guerra terminó en cuanto a los balazos, psicológicamente continuó. Aunque creo que la gran contención, como hecho histórico, fue que nunca hubo tantas deportaciones.
En medio de todo esto, ¿hay algo que te dé esperanzas?
Te lo digo de esta forma: me encantaría ser periodista en una sociedad como la guatemalteca, me encantaría encontrar de que cuando vos denunciás a una autoridad corrupta hay algún apoyo y no solo amenazas, como nos ocurre en El Faro, que parece que el que estemos denunciando ejecuciones extrajudiciales nos convierte en unos parias, casi mareros, casi pandilleros. El Salvador y Honduras van a terminar este año por encima de los 50 homicidios por cada 100 mil habitantes y Guatemala anda en 32. Y eso es más bajo que el mejor promedio salvadoreño de todo el siglo. Porque no es solo en la calle y a balazos que se soluciona la violencia. A mí me da esperanzas Guatemala. *British Broadcasting Company
Los centroamericanos ya no migran sino huyen de la violencia.
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Tragaluz
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El artilugio del tiempo:
Fernando VII en Guatemala (3) En la composición del tablado que el alférez Antonio Juarros dedica al monarca prisionero, se puede apreciar que a la vez que se propone completar sus anales, la musa alada Clío extiende el brazo izquierdo para señalar la escena de batalla del fondo.
Fotos: Archivo
Ninel Valderrama Negrón* or ello, dando la espalda a los frutos de la historia, la figura de la envidia, encorvada y ensombrecida, solo se regocija con los males que ha provocado; con una mano devora su propio corazón y con la otra pretende coger la marcha militar para adjudicársela. Con banderas en la mano, los soldados cruzan el puente y dejan atrás las torres presas del fuego, mientras una estela de humo se dispersa por el cielo. De alguna manera es posible relacionar la personificación de la envidia o la discordia con la situación creada por Napoleón en España. El carácter didáctico-alegórico del tablado permitía hacer esta conexión casi inmediatamente. Sin embargo, hay referencias de otras imágenes asociadas con Napoleón, a quien en el tablado se le vincula con la figura del dragón. Dentro de los esquemas iconológicos, las partes contendientes fueron representadas en función de luchas antagónicas entre el bien y el mal, de ahí que la monstruosidad física del animal fuera ligada a la traición; con ello, la imagen real fue interpretada como una lucha del príncipe virtuoso contra el mal. A su vez, la acción de la envidia de “devorar su corazón” se contrapone con el acto de “ofrecer el propio corazón”, plasmado en el frontispicio del tablado, lo que alude a la propuesta dicotómica Napoleón/Fernando VII. Ante tal escenario, la envidia no está satisfecha todavía; su cabeza cubierta de serpientes mira al demonio alado de cuatro cabezas zoomorfas postrado delante de ella. La hidra con sus múltiples testas siempre está en vela y no se cansa de esparcir su veneno por doquier. No es casualidad que la hidra encarne las testas marchitas de la envidia. Es importante también apuntar que la figura mítica fue relacionada con Napoleón, como
El ejército que claudica, en el segundo plano de esta lámina, es una manera de recordar los acontecimientos de la Península Ibérica.
expone la imagen de Alegoría de la alianza anglo-española en 1814. Más aún, con la intención de borrar el pasado de este reino, una de las cabezas de la hidra ha deshojado un libro; se trata de uno de los tomos de la Historia natural de Blas Polanco y Pineda, como lo indica el lomo del volumen que está más alejado de las fauces de la fiera. La elección de esta obra ilustrada se debió, como expone Domingo Juarros en su Compendio de Guatemala, a que no se sabía de su paradero. Por medio de fuentes indirectas se supo que la obra constaba de 27 tomos escritos en forma de diccionario que estaban profusamente ilustrados con dibujos de animales y otras especies. Por ello, ante la preocupación por el olvido del propio pasado, resulta lógico que se tenga en cuenta la Historia de Guatemala de Fuentes, a fin de que no sufra el mismo destino que la obra de Blas Polanco.
Con el propósito de aumentar la grandeza de Clío, la imagen presenta la unión del pasado contenido en la Historia de Guatemala con las crónicas evangelizadoras; con esta acción se quería conformar un único relato. A pesar de la discordia y las guerras, la historia con su largo legado siempre sale triunfante y muestra la fidelidad y ternura de los súbditos hacia su amado soberano. En este aspecto reside la funcionalidad del tablado, el conjunto arquitectónico como un todo vigoriza la idea de la hermandad entre ambos reinos, Guatemala y España. Las diferentes escenas que lo componen establecen la alianza entre los dos territorios. Otra función del tablado puede ser el fortalecimiento de la identidad del reino al resaltar la recuperación de su pasado remoto, como sucede en la lámina 18. Por último, dejando de lado la indudable importancia de la tradición de dichas ceremonias, lo que representa
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el folleto de Guatemala por Fernando Séptimo como objeto artístico, igualmente podría estar reflejado en el trabajo de los discípulos de Garci-Aguirre: subrayaban la calidad artística y la imperiosa necesidad de crear instituciones locales; entre ellas, una academia de arte. No obstante, el tablado guatemalteco presenta una particularidad, ausente en la mayoría de los modelos tradicionales de esta arquitectura provisional: el elemento del centro en sustitución del retrato del monarca; se trata de un ataúd cubierto con un paño negro y encima una corona; es decir, una tumba regia o falso sarcófago que pertenece más a la tradición de los catafalcos o piras funerarias.
Ambiente confuso
Como expone Hayden White, el historiador tiene que hacer la operación de prefigurar el campo histórico; es decir, constituirlo como un objeto de percepción mental, de acuerdo con estrategias tropológicas con las cuales muchas veces confeccionamos el propio pasado. El historiador también ordena el pasado a partir de creencias ideológicas y discursivas del presente de las cuales no siempre es consciente. Teniendo esto en mente, podemos afirmar que el único estudio de que se tenga noticia enfocado al folleto de Guatemala por Fernando Séptimo es el escrito por Jordana Dym. Aunque cuenta con muchos datos e información importante que fue incluida en el presente trabajo, muestra, con ciertos matices, una preocupación sobre el discurso político que resulta más bien contemporánea. De tal manera, cuestiones como “la igualdad, la representatividad política y la soberanía” de todas las clases sociales de Guatemala, como busca expresar persuasivamente el alférez, son tomadas como punto de partida para analizar el tablado. Así, la autora ignora u omite que en el antiguo régimen, dentro de una sociedad estamental, cuestiones como las que discute tienen poca cabida. Más bien, la meta ulterior del tablado es simplemente jurar fidelidad a Fernando VII en un ambiente polarizado y confuso, y tal es el meollo del discurso del Ayuntamiento. Por ello, lo que pretende Antonio Juarros con el folleto es, como de modo tradicional se había hecho, registrar los actos de celebración de las juras reales dentro de los cuales todas las corporaciones tienen alguna labor. En conclusión, el tablado no puede separarse de la tradición y el ceremonial en que está inmerso, por más que la información interna del cabildo expresara otra cosa, pues el mensaje contundente de las imágenes del tablado resulta claro. En particular, la lámina 18 es una composición alegórica de patrocinio estatal en donde se plantea la necesidad de recuperar la historia antigua del Reino de Guatemala para dar cuerpo a las preocupaciones políticas del momento. Las demás láminas, en especial, la 19, que presenta una apoteosis de Fernando VII y las personificaciones territoriales que encarnan la vastedad del imperio, exaltan en conjunto al monarca, a la par que benefician al patrocinador; es decir, al cabildo guatemalteco. De esta manera, el tablado fue parte esencial de los instrumentos y escenografía del ceremonial de fidelidad al rey. Su función era fortalecer los lazos de vasallaje con el monarca, si bien su patrocinador enfrentó el reto de organizar una celebración dirigida a un soberano no
En esta imagen, España y Guatemala se dan la mano.
solo ausente sino cautivo. A diferencia de otros tablados preparados para la jura de Fernando VII, la peculiaridad del que estudiamos radica en su pertenencia tipológica. La separación forzada de Fernando VII del trono español, y la necesaria toma de postura ante este acontecimiento, convirtieron en un desafío la elaboración de la obra.
Muerte simbólica
Así, Antonio Juarros y los maestros artesanos imaginaron la pieza pensando en una especie de apoteosis o muerte temporal y simbólica del soberano, aunado a la esperanza de su pronto retorno. Por estas razones, el tablado pertenece al tipo de exequias funerarias o túmulo. Al respecto, Giorgio Agamben explica que el término justinum, definido como un estado de excepción por la muerte de un rey para hacer frente a las probables rebeliones, poco a poco se fue transformando con el fin de hacer referencia a rituales consagrados al luto que suspendían las relaciones sociales cotidianas, y así crear un estado de excepción controlado. Juarros pudo haber pensado en la aplicación de este mecanismo de control ritualizado para exponer, por un lado, la fidelidad al soberano, y, por otro, tratar de controlar las posibles insurrecciones. Por otra parte, el instante-eterno en el que se le rinde homenaje a Fernando VII en el tablado-pira guatemalteco permite reflexionar sobre la tipología de los tablados. Los catafalcos pertenecen a una arquitectura efímera que tiene como objetivo representar a la muerte. Por esta condicionante, guardan una vinculación directa con la noción de “lo eterno”, la posteridad o con una concepción de lo intemporal; no obstante, su materialidad tiene que ver con lo fugaz, provisional y efímero. ¿Cómo se representa una muerte simbólica? ¿Qué implica esta imagen? Para el imperio hispánico, la cruda realidad de perder a su líder moral y político implicó la inclusión de vocablos como orfandad, desamparo, infortunio, desahucio, etcétera, en los discursos de la época. En Guatemala fue adoptado un concepto de muerte temporal con el anhelo de que
Fernando VII, como los semidioses o héroes, retornara. La certeza del cautiverio fue convertida no en ausencia o pérdida, sino en la imagen del soberano como héroe mítico. Este proceso que implica la apoteosis del rey-héroe queda impregnado de un instante-eterno porque fue representado como una especie de “tiempo suspendido” ante la ausencia de la cabeza del imperio español. Con el empleo de sofisticadas estrategias alegóricas fue posible la representación de un “tiempo suspendido” en la imagen apoteóstica de un tablado dedicado a una jura. Si bien con la elección de un catafalco se expresaba la idea de muerte, también la noción del instante-eterno congeniaba con la tipología arquitectónica implementada, pues el tiempo tendría que estar suspendido al no saber con certeza cuándo ni cómo regresaría el rey al trono. De tal manera, el esquema iconográfico determina una ubicación y disposición de símbolos; es decir, propone un sistema de ordenación que responde a un modelo alegórico que busca proyectar la visión apoteótica de Fernando VII inmerso en una cualidad intemporal de promesa futura.
Tiempo de esperanza
Las ofrendas a Fernando VII plasmadas en el tablado le permitieron al autor aludir a un tiempo con carácter de esperanza; en última instancia, su obra señala hacia un tiempo, como dice Maurice Blanchot, fuera del tiempo, el “vendrá” que comprende el anhelado retorno del soberano. La elección de representación alegórica de Fernando VII presente en el tablado/pira amplió las posibilidades de significado e interpretación de conceptos tan dispares como instante-eterno y dominio territorial ultramarino. Dadas estas razones, puedo afirmar que el tablado en su conjunto, como representación del todo, es decir, como configuración del mundo, buscaba englobar esta vastedad espacial y temporal. En este sentido, reafirma un mecanismo de reflejo entre las imágenes y la representación material del poder. * Imágenes/Instituto de Investigaciones Estéticas/UNAM
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Ventanas
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Saludando con s
Efraín Figueroa Lemus* n más de una ocasión he leído accidentalmente sobre el origen del sombrero en las Américas, particularmente en el ambiente mesoamericano, describiéndolo como una prenda aportada por los españoles y adoptada por las poblaciones nativas. Incluso, en un periódico principal guatemalteco se cita una investigación del Centro de Estudios Folklóricos, aseverando que se trata de una prenda “herencia de los españoles, pues hasta su llegada se usaban los tocados”. Tal afirmación es desacertada, pues la evidencia pictórica y escultural del uso del sombrero abunda en la arqueología precolombina, incluyendo la maya. El sombrero de palma ha sido, desde hace más de un milenio, parte natural del atuendo de nuestros ancestros.
Como ha sucedido en épocas más recientes, ya en el período maya Clásico el sombrero pasó de ser una prenda utilitaria para protegerse del sol, a una que proveía distinción, elegancia, e identificación del rango social de quien lo portara. Las manifestaciones más claras de la prenda se encuentran en las numerosas vasijas policromas del período Clásico maya, provenientes tanto de Guatemala como de las zonas mayas adyacentes. El uso del sobrero simple, sin adornos, era parte esencial de la vestimenta de viaje, tanto de los nobles como de su séquito, al emprender largos viajes en litera o a pie, como se muestra en la ilustración de abajo. A menudo, como se acostumbra todavía en el altiplano guatemalteco, el sombrero se vestía por encima del tzute (especie de turbante o lienzo amarrado a la cabeza), ya sea para atrapar el sudor, o protegerse del viento y el frío. Fotos: cortesía Justin Kerr
Noble viajero en litera, acompañado de su séquito, todos portando sombreros de ala ancha. Según los mayanistas, esta es una alegoría del último viaje que se emprende al morir (Nebaj, Alta Verapaz, período Clásico).
También las mujeres hacían uso de esta indumentaria, como lo muestra el detalle de otra vasija maya (fotografía de Justin Kerr). En la ilustración, un grupo de damas arriban ante un señor, cargada cada una por un siervo. Las damas parecen saludar, levantándose levemente el sombrero con una mano. Similarmente, una efigie de terracota proveniente de Motul de San José, al norte del lago Petén Itzá, muestra una mujer con sombrero del mismo tipo, colocado sobre un tocado formado con el pelo recogido en alto.
Cortesía: Christina T. Halperin
Atuendo de las damas.
Cerbatanero con sombrero de copa alta y ala a
En otra vasija llamada de tipo códice por su delicada caligrafía, puede apreciarse, además de las plumas que adornan la copa, detalles del tejido de la palma en el sombrero. Sabemos que en toda la región maya esta trama de palma tenía una aplicación especial, pues con ella se elaboraban esteras o petates, símbolos del trono
El sombrero de palma era también atuendo necesario durante las expediciones de cacería. Por ejemplo, una vasija del Clásico maya muestra a un cerbatanero cazando aves, probablemente una representación de Hunahpú, uno de los gemelos héroes que protagonizan el Popol Vuh. Su sombrero, además de estar colocado sobre el tzute, está ricamente decorado con una cinta trenzada (quizá multicolor, como se usa en la actualidad en Guatemala), y sobre su copa, tocados de plumas. Nótese la similitud con el sombrero portado por un hombre del altiplano guatemalteco de mediados del siglo XX.
Sombrero altamente decorado de un cerbatanero cazando pájaros (detalle de vasija del perido Clásico maya). Comparación con sombrero actual.
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sombrero propio
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Muy extraño resulta el uso de grandes y vistosos sombreros, adornados exageradamente con plumas de diferentes tipos, como parte de la indumentaria desplegada por los jugadores de pelota. La ilustración de abajo, de otra vasija del Clásico maya, muestra a individuos listos para iniciar el encuentro, con rodillera y protector alrededor de la cintura. El jugador de la derecha exhibe un sombrero similar al actual sombrero tipo “charro” mexicano, retocado con abanico de plumas en su copa. Podemos imaginarnos que, antes de comenzar el juego, los jugadores dejarían a un lado sus vistosos sombreros, tocados, joyas y otras prendas de valor, objetos que formarían la recompensa que el equipo ganador se llevaría entre el bullicio y gritos de admiradores y detractores.
ancha, de palma. Nótese el tejido.
donde se sentaban los dignatarios, y, por ende, alegoría de la cohesión de una comunidad. La palabra Ahpop, literalmente “el del petate”, se refiere aún ahora al gobernante o señor principal de una comunidad maya, y su palacio es “Popol Ha”, o casa de la estera (Popol Na, en maya Clásico).
Jugadores de pelota con vistosos tocados y sombreros adornado con plumas.
Una de las numerosas escenas de vida cotidiana representadas en los murales de Calakmul, ciudad maya en el estado mexicano de Campeche, a 22 millas de la frontera con Guatemala, muestra una escena de mercado, con una mujer que ofrece viandas a los paseantes. Viste muy elegantemente un sombrero de ala ancha y copa alta, típicos de ese tiempo, sobre un turbante, mostrando que, aun en la rutina del quehacer diario, el sombrero destacaba como accesorio personal. En conclusión, el sombrero de palma, todavía fabricado en diferentes lugares de Mesoamérica, y muy valorado como artículo de exportación, es herencia de nuestros antepasados precolombinos y no un artículo introducido por los españoles. Siempre ha sido una prenda esencial para el trabajador, el viajero y el excursionista, y cuando se ornamenta para ocasiones especiales, es símbolo de celebración, estatus y elegancia, más allá de lo meramente utilitario. Esto no quita que el sombrero haya sido creado por otras culturas
También era usado el sombrero por los músicos, como accesorio para darle vistosidad a su interpretación. La ilustración muestra a un zoomorfo (armadillo) tocando el tambor.
(véase como ejemplo el petaso de los antiguos griegos, o los sombreros de los etruscos), o que su diseño haya sido influenciado por el encuentro con otras gentes. Aun así, el sombrero es tan mesoamericano como el maíz y el chocolate. De manera que cuando nos encontremos con un amigo o amiga la próxima vez y nos descubramos la cabeza en señal de deferencia, sepamos que saludamos con sombrero propio. *Doctor en Física