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Revista viernes del Diario de Centro América del 14 de noviembre de 2018

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Guatemala, 14 de noviembre de 2018 AĂąo 6 No. 262

Danzas tradicionales de MesoamĂŠrica


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Guatemala, viernes 14 de diciiembre de 2018

Miguel Ánge

Editorial En uno de los libros del antropólogo Carlos García Escobar (1948-2018) publicados por la Tipografía Nacional, este hace una exposición apoyada en años de práctica e investigación del arte danzario, como él lo llama, y lo define, además, como una conjunción de arte plástico, dramático, literario y musical. Cada una de estas vertientes expresivas aporta componentes de tradiciones ancestrales, por un lado, y fusiones derivadas del dramático encontronazo con Europa. En suma, para este estudioso, la danza tradicional es un gran mural, un documento vivo en el que la historia se manifiesta a impulsos del color, la pasión, la imaginación y la música. García Escobar aborda la literatura con la ligereza de un danzante. Se mueve aquí y allá entre los textos, no para ofrecernos una revelación, sino para concitar oficiantes alrededor de una fogata colectiva. Siempre quiso que bailáramos con él. Y lo hicimos, aunque fuera para celebrar nuestro propio ritual. Lo suyo fue la fogata de sombras y palabras alrededor de la cual danzamos gracias a su convocatoria. Las palabras como movimiento. El cuerpo como escritura. Todo fluyendo alrededor del fuego. Todo como una oración que las llamas elevan al infinito, y que los cuerpos, con su memoria y sudor, dibujan con precisión en el subsuelo.

El Papa

ublicada el año en el que el presidente Jacobo Árbenz fue derrocado por un golpe de Estado dirigido por el Gobierno de Estados Unidos —con el patrocinio de la United Fruit Company—, El Papa verde (1954) es la segunda novela de la llamada “Trilogía bananera”, integrada también por Viento fuerte (1950) y Los ojos de los enterrados (1960). Con Leyendas de Guatemala (1930), El señor presidente (1943) y Hombres de maíz (1949), Asturias ya había hecho entrega de una personal lectura de la realidad guatemalteca, sostenida en una inusitada exploración de los límites del lenguaje poético, unida a un particular examen de la historia, las tradiciones y la realidad de su país. A partir de obras como estas, no cabe ninguna duda de que los registros de la narrativa hispanoamericana cambiaron para siempre. El Papa verde, sin embargo, va más allá. Originada en la lectura de un informe periodístico sobre las plantaciones bananeras en América Central, comisionado por el Departamento de Estado y publicado con el título de El imperio del banano, Asturias enfoca su “Trilogía bananera” en la explotación de los trabajadores en las fincas de la Costa Atlántica del país. Si en obras anteriores se había referido a realidades sociales y políticas injustas derivadas del autoritarismo y la exclusión de la población, en novelas como esta, la denuncia es clara y definitiva. Anabella Acevedo

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DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano

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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina

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el Asturias

Semblanza

verde

Emily Dickinson Nació el 10 de diciembre de 1830, en Amherst, Massachusetts (Estados Unidos), en el seno de una familia puritana y severamente religiosa. Su abuelo, Samuel Fowler Dickinson, fue fundador de la Universidad de Amherst. Hija de Edward Dickinson, abogado y político, y de Emily Norcross, una reconocida dama de la cual heredó su primer nombre. Amplió estudios en la academia de Amherst y en el seminario femenino de Mount Holyoke, South Hadley, en Massachusetts. Cuando cumplió 30 años se convirtió en una ermitaña. Se piensa que la razón de esta decisión fueron sus arrebatos románticos. Sensible y tímida, dejó transcurrir su existencia en su pueblo, recluida en casa y casi sin salir de su habitación. Leía especialmente la Biblia, a William Shakespeare, al poeta John Keats y a las hermanas Brönte. Desde ese momento se dedicó a escribir poesía original. Escribió alrededor de 2 mil poemas y unas mil cartas, sin salir apenas de su casa de Amherst. La primera figura literaria de la época en darse cuenta de su valía como poeta fue el clérigo y escritor Thomas Higginson, que le aconsejó no publicar su obra ya que iba en contra de las convenciones literarias de la época. Pero su otra influencia literaria, la novelista Helen Jackson, intentó convencerla para que publicara un libro de poemas. En vida tan solo publicó 7 poemas, pero tras su muerte se encontraron entre sus papeles 2 mil poemas, algunos de los cuales solo eran fragmentos. A partir de este material, Higginson y Mabel Loomis Todd, una amiga de Amherst, editaron la primera selección de su obra, Poemas (1890), que tuvo un gran éxito popular. Varió los efectos de la rima empleando también rimas asonantes — por ejemplo, tune (melodía) con pain (dolor)—, un recurso muy utilizado por los poetas del siglo siguiente. Aunque utiliza un lenguaje muy sencillo, su sintaxis compleja dibuja una rica variedad de connotaciones a partir de palabras corrientes. Emily Dickinson falleció en Amherst el 15 de mayo de 1886. En 1958 apareció publicada una edición en tres volúmenes de su correspondencia.

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Muralista

El pintor Diego Rivera (bautizado como Diego Martín de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez), nació en Guanajuato, México, el 8 de diciembre de 1886. Se destacó por plasmar obras de alto contenido social en edificios públicos de su país y del extranjero. Casado con la pintora Frida Kahlo en 1929, participó en el movimiento muralista mexicano junto a José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo, así como con el artista francés Jean Charlot.

Poesía Es la Esperanza el ser con plumas que se posa en el alma, y sin palabras su canción entona y ya nunca se calla, y es más dulce su voz en el gran viento. Habrá de ser muy dura la borrasca para abatir al pájaro pequeño que a tantos dio su llama. Oí su voz en las más frías tierras y en la mar más extraña; pero nunca en los días de miseria me pidió una migaja.


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Obstáculos educat

La educación depende siempre y en última instancia del entorno cultural en el que se da. De ello dependerá el éxito o fracaso de cada uno de los sistemas dirigidos a mejorarla. José Antonio Marina*

uchos padres y docentes se sorprenden de que sus buenas prácticas educativas no tengan el éxito que merecen. Es como si sobre sus hijos y alumnos estuviera actuando un factor desconocido y perturbador. Hace unos años tuvo gran repercusión un libro de Judith Rich Harris, que fue subtitulado en castellano Por qué los padres no pueden educar. Su tesis era que quienes determinan la evolución de un niño son sus genes y sus amigos. Ni los padres ni la escuela podían hacer gran cosa. Era una exageración, es decir, una verdad sacada de quicio. Creo que ahora entiendo mejor lo que sucede. La clave me la ha proporcionado la “teoría de la construcción del nicho”, que propone un enfoque más completo de la evolución humana, y que hemos utilizado al escribir Biografía de la humanidad. La teoría clásica de la evolución reconoce un factor interno —la mutación genética— y uno externo, la selección natural, el poder del entorno que es, en última instancia, el juez supremo.

Selección cultural

El gran descubrimiento es que los seres humanos construyen su entorno —su nicho ecológico—, que es el que, en gran parte, ejerce la selección natural, que se convierte en “selección cultural”, ya que ese entorno variado, interpretado, transformado por el hombre, es lo que denominamos cultura; es decir, la forma de vivir, las costumbres, creencias, instituciones, valores aceptados por una comunidad. La inteligencia crea cultura y esa cultura nos recrea. Esto explica que la acción educativa dirigida directamente a nuestros hijos y alumnos tenga una eficacia limitada, si la acción de la cultura ambiente va en otra dirección. Eso sin contar con que nosotros —padres y docentes— también vivimos en ese “nicho ecológico” y que, por lo tanto, estamos influidos por él. Yo no pensaría como pienso, si hubiera nacido en un país musulmán. Esto no significa anular la iniciativa o la libertad individual, sino la constatación de que la libertad no está al comienzo, sino al final de un costoso proceso de liberación, en el que con frecuencia necesitamos apelar a “astucias de la razón”, a caminos indirectos. Un ejemplo: me será más fácil seguir mi decisión libre de respetar un régimen si tengo el refrigerador vacío, que si lo tengo lleno. Me será más fácil actuar ágilmente si he construi-

Actualmente, el celular en las escuelas es un elemento de distracción para los alumnos.

do los hábitos necesarios. Me será más fácil ser libre, si las instituciones sociales favorecen la libertad. Durante mi época de estudiante, las anfetaminas se podían comprar sin receta en farmacias, eran muy baratas y, sin embargo, solo se usaban en época de exámenes. ¿Por qué se convirtieron en un peligro social que hay que controlar?

Una pedagogía social

Estos hechos nos proporcionan algunas claves educativas. La acción pedagógica dirigida a hijos y alumnos es, sin duda, imprescindible, pero todos los preocupados por la educación deberían ser conscientes de que para tener éxito parte de sus esfuerzos pedagógicos tienen que ir dirigidos a cambiar el entorno cultural, que influye tan poderosamente en su tarea. Junto a una pedagogía individual, hay que elaborar una pedagogía social. Pondré un ejemplo: hace unos días, vi en TV un reportaje sobre educación sexual. Los adolescentes no han cambiado mucho y no buscan esa formación ni

Los “nativos digitales” son quienes nacieron con est Pareciera que su uso no sería del todo útil en el aula


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ativos

Me cansé… me rindo Fotos: Archivo

ta tecnología y para los que es un instrumento más. a.

Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez. No dictaré clases allí el semestre que viene y no sé si volveré algún día a dictar clases en una Licenciatura en Comunicación. Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies.Claro, es cierto, no todos son así. Pero cada vez son más. Hasta hace tres o cuatro años, la exhortación a dejar el teléfono de lado durante 90 minutos —aunque más no fuera para no ser maleducados— todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. Pero hay algo cierto: muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente que es lo que hacen. Además, cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado. Esta semana, en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante en 20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no tenía ni la más mínima idea. Les pregunté si sabían qué uruguayo estaba en medio de esa tormenta. Obviamente, ninguno sabía. Les pregunté si conocían quién es Almagro. Silencio. A las cansadas, desde el fondo del salón, una única chica balbuceó: ¿no era el canciller? Así con todo. ¿Qué es lo que pasa en Siria? Silencio. ¿Qué partido es más liberal, o está más a la “izquierda” en Estados Unidos, los demócratas o los republicanos? Silencio. ¿Saben quién es Vargas Llosa? ¡Sí! ¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno. Conectar a gente tan desinformada con el periodismo es complicado. Es como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no existen los vegetales. En un ejercicio en el que debían salir a buscar una noticia a la calle, una estudiante regresó con esta noticia: todavía existen kioscos que venden diarios y revistas. En la Naranja Mecánica, al protagonista le mantenían los ojos abiertos con unas pinzas, para que viera una sucesión interminable de imágenes, veloces, rápidas, violentas. Con la nueva generación no se necesitan las pinzas. Una sucesión interminable de imágenes de amigos sonrientes les bombardea el cerebro. El tiempo se les va en eso. Una clase se dispersaba por un video que uno le iba mostrando a otro. Pregunté de qué se trataba, con la esperanza de que sirviera como aporte o disparador de algo. Era un video en Facebook de un cachorrito de león que jugaba. El resultado de producir así,

al menos en los trabajos que yo recibo, es muy pobre. La atención tiene que estar muy dispersa para que escriban mal hasta su propio nombre, como pasa. Llega un momento en que ser periodista te juega en contra. Porque uno está entrenado en ponerse en los zapatos del otro, cultiva la empatía como herramienta básica de trabajo. Y entonces ve que a estos muchachos —que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre— los estafaron, que la culpa no es solo de ellos. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos. Que les fueron matando la curiosidad y que, con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más o menos lo mismo. Entonces, cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia. Y lo malo termina siendo aprobado como mediocre, lo mediocre pasa por bueno, y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante. No quiero ser parte de ese círculo perverso. Nunca fui así y no lo seré. Lo que hago, siempre me gustó hacerlo bien. Lo mejor posible. Justamente, porque creo en la excelencia, todos los años llevo a clase grandes ejemplos del periodismo, esos que le encienden el alma incluso a un témpano. Este año, proyectando la película El Informante, sobre dos héroes del periodismo y de la vida, vi a gente dormirse en el salón y a otros chateando en WhatsApp o Facebook. ¡Yo la vi más de 200 veces y todavía hay escenas donde tengo que aguantarme las lágrimas! También les llevé la entrevista de Oriana Fallaci a Galtieri. Toda la vida resultó. Ahora se te va una clase entera en preparar el ambiente: primero tenés que contarles quién era Galtieri, qué fue la Guerra de las Malvinas, en qué momento histórico la corajuda periodista italiana se sentó frente al dictador. Les expliqué todo. Les pasé el video de la Plaza de Mayo repleta de una multitud enloquecida vivando a Galtieri, cuando dijo: “¡Si quieren venir, que vengan! ¡Les presentaremos batalla!”. Normalmente, a esta altura, todos los años ya había conseguido que la mayor parte de la clase siguiera el asunto con fascinación. Este año no. Caras absortas. Desinterés. Un pibe despatarrado mirando su Facebook. Todo el año estuvo igual. Llegamos a la entrevista. Leímos los fragmentos más duros e inolvidables. Silencio. Silencio. Silencio. Ellos querían que terminara la clase. Yo también. *Leonardo Haberkorn Manevich


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en la familia ni en la escuela. Nunca lo hemos hecho. Lo que han cambiado son las fuentes de información. En el reportaje, unas chicas adolescentes decían que veían porno para conocer el sexo. Otro informe nos dice que los chicos comienzan a verlo a edades cada vez más tempranas. Lo que me preocupa no es la visión apocalíptica de una orgía continua, porque las cosas no funcionan así. Lo que me preocupa es que tener el porno como fuente de información es aceptar una imagen ferozmente machista y violenta del sexo. Podría multiplicar los ejemplos. Si fomentamos una sociedad competitiva, donde solo los tiburones tienen éxito, hagamos lo que hagamos en la escuela saldrán muchos tiburones. Si los corruptos triunfan, saldrán muchos corruptos, aunque prediquemos la honradez. Si premiamos con la fama a personajillos deleznables, nos van a brotar muchos personajillos deleznables.

Nicho vital

La “teoría de la construcción del nicho” permite explicar una paradoja educativa que me ha preocupado durante mucho tiempo. Según las normas de la pedagogía actual, los niños de mi generación fuimos muy mal educados. Padecimos una educación autoritaria, castradora, represiva, memorística. Sin embargo, el resultado no fue tan malo. Pienso que lo que influyó en nosotros fue el nicho cultural en que crecimos, lo que en otros artículos he llamado “sistema ideológico oculto”, parecido al “currículo oculto” de la escuela: un conjunto de creencias, sentimientos y normas conectados entre sí, aunque no lo pareciera. Estos son algunos de los rasgos del que educó a nuestra generación. Se tenía confianza en la verdad. Había proposiciones verdaderas y falsas. Las verdades había que aprenderlas y, por lo tanto, había que respetar a quienes las conocían. La creatividad había que dejarla para después. Había también buenas y malas acciones. Las buenas había que imitarlas y las malas, rechazarlas. Durante mi infancia, nadie nos decía que teníamos que ser felices. Lo que se nos decía era que teníamos que ser buenos. De la moral católica se recuerda solo su moral sexual, su dogmatismo, su devaluación de la mujer o su apelación al miedo, pero se olvida su insistencia en que no había que mentir, que debíamos ocuparnos de los demás, que éramos responsables de nuestros actos y de nuestra sociedad. Estas ideas formaban parte de nuestro “nicho vital”, y eran comunes a la gente de cualquier tendencia política. Hace años, Helena Béjar, en su libro El buen samaritano, estudió las motivaciones que llevaban a las personas a colaborar en ONG. Distinguía entre motivaciones débiles, más “modernas” (“me gusta hacerlo”, “así me realizo”, “por el placer de ayudar”), y motivaciones fuertes, que empezaban a verse como un poco anticuadas: “no me da la gana hacerlo” o “lo hago porque es mi deber”. Las personas que aducían motivaciones fuertes procedían de dos sectores separados, pero con una profunda afinidad: los movimientos cristianos y los movimientos progresistas, ambos socialmente comprometidos. Su “nicho vital” era muy semejante. Las columnas del sistema en que nos educamos eran el sentido del deber y la obediencia a las normas. En cambio, se olvidaban —y ese era su gran defecto— otras dos columnas fundamen-

Desde 2008 existe una norma incumplida que regula el encendido de los teléfonos y otros dispositivos móviles, que rige para establecimientos públicos y privados.

Algunas escuelas permiten a los estudiantes usar sus teléfonos a ciertas horas, por ejemplo: entre clases, en el patio, y algunas veces durante clase. Abusar de este privilegio puede poner en riesgo la libertad de tus compañeros en el salón.

tales: el sentido de los derechos y la valoración de la libertad. El “sistema ideológico oculto” siguiente, más laxo, reivindicó con toda razón ambas cosas, los derechos y la libertad. Lo malo es que se olvidó de los otros —los deberes y la obediencia a las normas—, con lo que el sistema volvió a estar cojo. La “teoría de la construcción del nicho” nos enseña que los esfuerzos educativos dirigidos a los individuos solo tendrán éxito

si van acompañados de la creación de un ámbito cultural que favorezca la buena educación. Por eso, siempre me pareció una equivocación separar el Ministerio de Educación del Ministerio de Cultura. La cultura forma parte esencial de la educación. Es su vía indirecta. Tienen más información sobre la ‹teoría de la construcción del nicho› en mi blog. *El confidencial


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Alexander von Humboldt DCA, 21 de agosto de 1935.- Se cumplieron 76 años de la muerte de Alexander von Humboldt y 166 de su nacimiento. El 8 de abril, Alemania celebró el primer centenario de la muerte de su hermano Guillermo, cuya estatua se alza, junto a la de Alexander, el gran sabio y explorador de América, frente a la Universidad de Berlín. No es que el eminente barón fuera solo un enamorado de América, ni que sus viajes y obras representaran el más grande y completo aporte al estudio del Nuevo Continente. Es que Humboldt tuvo una visión de filósofo y de sociólogo que, tenemos que admitirlo, ha faltado en este hemisferio. No era mera curiosidad científica la que lo arrastró por más de 4 años por ríos, selvas y montañas inhóspitas de Suramérica. Humboldt creía que había una relación recóndita entre las fuerzas de la naturaleza, la formación espiritual y el bienestar material de los pueblos. Creyó que América ofrecía el mejor campo de estudio y aplicación de su idea intuitiva y se dedicó a explorarla con pasión de sabio, de humanista, de filósofo y de político. Prácticamente creó la literatura científica tal como la conocemos. Humboldt fue al pueblo; en una época en la que los sabios parecían concentrarse en sí mismos y en sus instituciones, quiso que lo que él había aprendido fuera conocido por todos. Una característica más: Humboldt usó el prestigio de su nombre y el favor que gozaba ante los gobiernos para levantar una generación de jóvenes investigadores. Contribuyó asimismo a romper lo que era una especie de consigna de la época: que el Estado no debía intervenir en el fomento de las ciencias.

Gavetas

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Hemeroteca del Diario de Centro América


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Reporte en V

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Cien años de gripe

Fotos: Archivo

La pandemia de 1918 fue extremadamente virulenta, y tuvo una estrecha vinculación con la Primera Guerra Mundial.

En 2018 se conmemora el centenario de la pandemia más mortal de la historia, la mal llamada gripe española, que causó la muerte de más de 50 millones de personas en el mundo. Expertos en inmunología nos dan una visión sobre el pasado, presente y futuro de esta enfermedad que aún no cuenta con una vacuna universal.

Verónica Fuentes* lo largo de su vida, es muy probable que en algún momento sufra escalofríos, tos, fiebre y dolores musculares y de cabeza y garganta. Se trata de una gripe, una enfermedad respiratoria contagiosa causada por virus que infectan la nariz, la garganta y los pulmones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las epidemias anuales de gripe causan entre 3 y 5 millones de casos graves cada año. De hecho, en 2017 se produjeron de 300 mil a 650 mil muertes en el mundo. Este año se conmemora el centenario de la pandemia más mortal de la historia, la mal llamada gripe española, causante de más de 50 millones de fallecimientos en el mundo, especialmente entre los grupos de edad joven.

La diferencia

Es conocida así porque en la época se creía que la infección había comenzado en la península ibérica, debido al gran número de casos. Sin embargo, la mayoría de estudios posteriores señalan los primeros casos en otras localizaciones, como China o Estados Unidos. ¿Y qué diferencia a la epidemia de 1918 con respecto a otras? Como explica Anton Erkoreka, profesor de la Universidad del País Vasco, la pandemia de hace 100 años fue extremadamente virulenta, tuvo una estrecha vinculación con la Primera Guerra Mundial, y su aparición fue simultánea en todo el mundo —con su episodio

más grave en otoño—. La población del mundo ese año era de mil 825 millones de personas, de las cuales enfermaron de gripe entre 800 y mil millones y murieron entre 40 y 50 millones. “En unos pocos meses provocó el fallecimiento del 2.5 por ciento de la población mundial”, apunta Erkoreka. El también director del Museo Vasco de Historia de la Medicina contó, durante el simposio del centenario de la pandemia de gripe española de la Fundación Ramón Areces celebrado en Madrid el pasado septiembre, que la cifra de muertes fue muy variable dependiendo del país y continente. “Mientras que en Europa murió alrededor del 1 por ciento de su población, en algunos países de Asia sobrepasó el 4 por ciento de sus habitantes. En el caso de España, que entonces tenía unos 20 millones de habitantes, fallecieron unas 250 mil personas, es decir el 1.1 por ciento de su población”, añade.

Cómo predecir una nueva epidemia

Sobre si un virus H1N1 similar al de 1918 podría reaparecer y causar otra vez una pandemia, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) considera que es imposible predecir con certeza, pero la probabilidad de que resurja de una fuente natural es remota. “Solo si se produjera una situación extrema, como la Primera Guerra Mundial, estaríamos en las mismas condiciones y podría aparecer


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una pandemia gripal de aquella envergadura”, indica Erkoreka. Silvia Rojo Rello, especialista del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, considera que a pesar del conocimiento que hoy tenemos de los distintos tipos y subtipos del virus, es difícil prever cuándo se producirá una nueva pandemia. “Lo que sí es cierto es que estaríamos mejor preparados”, sostiene Rojo Rello. “Todos los avances en el descubrimiento del virus —que hace 100 años no conocíamos—, en el diagnóstico y en la experiencia de tratamiento hacen posible un mejor abordaje de la enfermedad gripal y un intento claro del descenso de la morbilidad y mortalidad”. No obstante, para el experto vasco, “nuestro talón de Aquiles sería el colapso que se produciría en nuestros servicios de salud ante una emergencia de este tipo. Es decir, si el 50 por ciento de la población enfermara de gripe en un período de tres semanas, como ocurrió en 1918”.

Mejorar la eficacia de la vacuna

Para prevenir y controlar adecuadamente la enfermedad, la principal medida es la vacuna antigripal. Según Amparo Larrauri, del Centro Nacional de Epidemiología, “es segura y efectiva, y reduce el riesgo de complicaciones graves e incluso la muerte, especialmente en grupos de alto riesgo”. La importancia de conocer los tipos y subtipos circulantes ayuda a estudiar la efectividad vacunal y a estimar cómo será la epidemia anual. Según Larrauri, la efectividad de la vacuna frente a los virus A(H1N1)pdm09 y B —dos de los virus que hoy circulan habitualmente en el mundo— es moderada, entre un 50 y 60 por ciento en estudios que miden la protección de la vacuna en condiciones reales entre la población. Y frente al virus A(H3N2) es subóptima en algunas temporadas, dependiendo de factores como su capacidad para sufrir cambios genéticos y antigénicos (que dificultan al sistema inmunitario la defensa). La actividad gripal en cada temporada gripal se valora mediante indicadores relativos que caracterizan el nivel de intensidad de las ondas epidémicas, en relación con lo sucedido en cada territorio en temporadas previas. “Cuando se utilizan los mismos criterios e indicadores, la intensidad de ondas epidémicas de gripe en España es comparable entre países de nuestro entorno”, sentencia la investigadora del Instituto de Salud Carlos III.

Una solución universal

Peter Palese, director del departamento de Microbiología de la Facultad de Medicina Icahn en Mount Sinai (EE. UU.), considera que los dos aspectos más importantes para lograr una vacuna universal contra el virus de la gripe son si el sistema inmunitario humano induciría una respuesta protectora similar a la que se observa en los animales, y si esta sería duradera durante décadas en los humanos. “Se está trabajando mucho para mejorar el rendimiento de la vacuna antigripal frente a todos los subtipos virales”, afirma Larrauri. “Pero incluso cuando la efectividad no es óptima, la vacuna previene una proporción muy importante de hospitalizaciones, complicaciones graves y mortalidad relacionada, espe-

La vacuna antigripal como medida principal de prevención, reduce el riesgo de complicaciones graves e incluso la muerte.

cialmente en las personas mayores y grupos vulnerables”. Por su parte, Rojo Rello subraya que la efectividad vacunal no solo depende del tipo de vacuna que se administre, también depende de la inmunidad del individuo y de otros factores. “Lo que está científicamente probado es que desciende los casos de gripe grave y que una mayor cobertura aumentaría de forma notable su efectividad. Debemos promover la vacunación, porque es la mejor forma de control de la enfermedad”, concluye. Un equipo de investigadores del Hospital Clínic de Barcelona y de la Universitat de Barcelona, dirigido por el epidemiólogo Dr. Antoni Trilla, director de la Unidad de Evaluación, Apoyo y Prevención del Clínic (UASP), publicó recientemente en la revista Clinical Infectious Diseases (47:668-73) un análisis histórico de las consecuencias que la epidemia de gripe tuvo para España. Las estimaciones oficiales situaron la mortalidad debida a la gripe en unas 169 mil personas. Sin embargo, los autores de este estudio indican que la mortalidad pudo alcanzar la cifra de 260 mil personas, lo que supone prácticamente el 1.5 por ciento de la población total de España en 1918-1919. *Sinc

La pandemia ha sido objeto de estudio por parte de historiadores y cronistas de muchos países.

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El gran poder tras Enri Fotos: Archivo

Enrique VIII y Ana Bolena, observados por la reina Catalina de Aragón, que está en la puerta, y un grupo de cortesanos. Pintura de Marcus Stone, 1870.

Ser parte de la corte del rey era la oportunidad perfecta para ascender.

Quienquiera que albergara serias ambiciones políticas en la Inglaterra del siglo XVI, durante el reinado de Enrique VIII, debía aspirar a una de las posiciones cortesanas más preciadas y, superficialmente, más degradante. Edward Dutton* n la autocracia del período Tudor de Inglaterra, la arena política no era el Parlamento, era la corte real. Convertirse en cortesano, no en diputado, era el comienzo del ascenso a la influencia real. Mediante las conexiones correctas, que a veces se cultivan siendo primero un “caballero de la comarca”, el señor chambelán —el “administrador de la oficina” de la corte— te juramentaba como cortesano. Luego hacías un trabajo de baja categoría para el rey, pero al hacerlo podías impresionarlo a él y a uno de los líderes de las diversas “facciones” que competían por su favor. Esas facciones tendían a ser ampliamente protestantes (radicales) o católicas (conservadoras), y se basaban en líderes particulares como Thomas Cromwell o Thomas Howard, duque de Norfolk. Se consideraba que si eras un cortesano representabas la majestuosidad del rey. Ese cargo podía ser el trampolín desde el cual alcanzarías las alturas, como dominar tu condado de origen o incluso la nación entera. Y

cuanto más íntimo fueras con el rey, más estrecha la relación que tendría contigo, de manera que te convertirías en alguien muy importante para las facciones que querían tener influencia sobre él. Todo eso haría probable tu ascenso.

En la guarida del león

Cualquiera que fuera el palacio en el que se alojara Enrique VIII, el centro de la corte era su “cámara privada”: la suite de habitaciones de Henry con su dormitorio como el santuario interior. A los “caballeros de la cámara” les pagaban para que fueran toderos y amigos del rey. Un poco más íntimos eran los mozos de cámara. No solo eran los “amigos” de Enrique, sino que le ayudaban a vestirse. La intimidad en la corte de Enrique VIII podía, sin embargo, ganarse de otras maneras. Un grupo de 6 “lores del cuerpo” trabajaban en la habitación del rey, por turnos. Lo despertaban a las 8 de la mañana, lo acostaban y controlaban el acceso a él por la noche. También le ayudaban a cambiarse el chaleco y los pantalones, así como a comer.


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ique VIII

Pero la posición más íntima de todas era la del groom of the stool o, literalmente “mozo del taburete”, refiriéndose al mueble en el que se hacían las necesidades, aunque en un siglo después parece que empezó a perder ese significado y a adoptar el otro que tiene esa palabra en inglés: “mozo de las heces”. En cualquier caso, ambos eran apropiados, pues básicamente se trataba del hombre que le ayudaba al rey cuando hacía sus necesidades. Enrique VIII confiaba tanto en esta figura que los llamaban “los principales caballeros de la cámara”. Desde la época de su antecesor Enrique VII en adelante, ese mismo hombre también estaba a cargo del “bolso privado”: era el tesorero personal del rey. De hecho, prácticamente dirigía la política fiscal de Inglaterra. Hacia el final del reinado de Enrique VII, se decidió que la corte real necesitaba más dinero y, por lo tanto, se instituyeron diversos planes para expropiar dinero de la nobleza (la rica “nobleza inferior” compuesta de caballeros, descendientes no caballeros de caballeros y granjeros caballeros). En particular, los antiguos derechos feudales del rey, muchos de ellos olvidados hace mucho tiempo, comenzaron a aplicarse rigurosamente. Se decidió que la aristocracia sería fuertemente multada por delitos menores y los menores que heredaran propiedades feudales se convertirían en pupilos de la corona. Eso quería decir que la corona podía administrar sus propiedades para su propio beneficio, hasta que los menores alcanzaran la edad adulta, y entre tanto utilizar a los chicos como sirvientes de la corte. Este “terrorismo fiscal” hizo que la corona, y por lo tanto el Gobierno, se hiciera inmensamente rico, y quien dirigía esa riqueza era el mozo de las heces. Como se ve, cambiarle la ropa interior del rey fue claramente una de las mejores maneras de asegurarse de que algún día pudieras cambiar el país, aunque a veces te podía costar la cabeza.

El primer mozo del taburete

El primer mozo de heces de Enrique VIII fue sir William Compton (1482-1528), quien desempeñó el cargo desde 1509 hasta 1526. Su padre murió cuando tenía alrededor de 11 años. Como heredero, Compton se convirtió en un pupilo de Enrique VII, quien lo hizo paje del príncipe que llegaría a ser Enrique VIII. Los dos jóvenes se hicieron muy cercanos y cuando Enrique llegó al trono, nombró a su amigo de toda la vida como su principal limpiador de trasero. Gracias a su intimidad con Enrique VIII (y la consiguiente capacidad de influir en el patrocinio real), Compton se hizo excepcionalmente rico. Para 1521, Compton administraba más propiedades reales que todos los demás cortesanos juntos. Enrique VIII lo colmó además con cargos lucrativos, entre ellos canciller de Irlanda, sheriff de Worcestershire y de Somerset y Dorset. Compton murió de sudor inglés —también llamado sudor anglicus o pestis

El rey tenía caballeros y mozos de cámara, así como lores del cuerpo.

sudorosa—, una enfermedad muy contagiosa y generalmente mortal que afectó a Inglaterra en varias oleadas durante los siglos XV y XVI, para luego desaparecer.

¿Quién limpiaría al rey?

Al igual que Compton, su sucesor sir Henry Norris (1490-1536) de Berkshire era de una familia noble y empezó como paje. En 1526, se convirtió en el mozo de la heces y le ayudó a Ana Bolena a establecerse en la corte y convertirse en la líder de su facción protestante. En 1536, esa facción abogó por usar el dinero de los monasterios disueltos para ayudar a los pobres y acogió con satisfacción el logro de una alianza con Francia. Pero Thomas Cromwell, uno de los más poderosos y fervientes defensores de la Reforma inglesa, quien había sido aliado de Ana Bolena, quería usar ese dinero para el rey y para sí mismo, así como para aliarse con el Sacro Imperio romano. Por eso, Ana Bolena y sus partidarios se convirtieron en una amenaza para él, así que orquestó su eliminación. La reina era muy coqueta, por lo que levantaba sospechas de adulterio; Cromwell buscó pruebas. Una de ellas fue una conversación olvidada entre Norris y la reina, en la que Ana Bolena le había hecho una broma. Luego, Cromwell interrogó al músico de la corte, Mark Smeaton y, quizás bajo tortura, confesó haber cometido adulterio con la reina y nombró a Norris y otros también culpables. El 1 de mayo de 1536, Enrique VIII y sus cortesanos más cercanos estaban celebrando con una justa en Greenwich cuando el rey recibió una nota.

De repente se levantó, abandonó a su esposa y le exigió que Norris lo acompañara a Westminster. Al final del mes, la reina y los cortesanos Henry Norris, Jorge Bolena —el hermano de Ana y caballero de cámara—, Mark Smeaton, Francis Weston y William Brereton habían sido decapitados por traición.

El último

El último en ocuparse de las intimidades de Enrique VIII fue Sir Anthony Denny (150149). Era un protestante extremo que se alió con Cromwell y se convirtió en un cortesano en la década de 1520. En el momento de la muerte de Enrique VIII, en 1547, Denny era el mozo de las heces y controlaba quién podía ver al monarca postrado en cama. Fue entonces que enfrentó su momento más difícil y decisivo: Enrique VIII tenía que terminar de hacer su testamento, pero era traición decirle al rey que se estaba muriendo. Así que Denny, su compañero más íntimo, se arriesgó y se aseguró de que Edward Seymour fuera nombrado Lord Protector, garantizando así el poder para la facción protestante tras la muerte del rey. La sucesora de Enrique VIII, Isabel I, no tuvo tal servicio por ser mujer, pero el cargo retornó con Jacobo I, con el nombre de Lord of the Bedchamber —el señor de la alcoba privada—, y se usó hasta el ascenso al trono de la reina Victoria, aunque su esposo e hijo gozaban de un servicio similar. Fue totalmente descontinuado en 1901. *BBC

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Acerca de la estética en la danza tradicional Fotos: Archivo

Detrás de la máscara. Estudio etnocoreológico. La danza de Toritos cakchiquel en Guatemala. El caso de Mixco. Universidad de San Carlos, 1989.

En 2011, la Tipografía Nacional, en colaboración con Adesca (Aporte para la Descentralización Cultural) publicó las 679 páginas de Parlamentos y recitados de las danzas tradicionales de Guatemala, del antropólogo Carlos García Escobar luego de que, en 2009, imprimiera la segunda edición del Atlas danzario de Guatemala, del mismo autor. In memoriam, reproducimos un fragmento de Parlamentos. Carlos René García Escobar* a danza, expresión artística, quizá la más antigua en el mundo, es el desarrollo de la concepción del movimiento en el espacio y con su determinado tiempo. Concepción que proviene de imitar a la naturaleza en todas sus manifestaciones. Así, es una observación imitativa de los animales, plantas y minerales, de los ambientes climáticos y de la intuitiva sensación del paso cíclico del tiempo. Por eso, la observación de las plantas y los animales ha constituido fundamento para reflexionar sobre la vida y el paso del tiempo. Se

fueron descubriendo así las leyes dialécticas del universo. Así surgieron las expresiones artísticas como abstracción de la objetividad material del mundo. Y así también nacieron las religiones y las concepciones científicas de la existencia. La danza, como dice Susanne K. Langer (Sánchez Vásquez: 1972, 19-21) es una apariencia, “un despliegue de fuerzas en interacción (…) de fuerzas misteriosas” que permiten que el movimiento estructurado se constituya en una dinámica expresiva de ideas y sentimientos. Es decir, como toda expresión de arte, se trata de una abstracción que se expresa virtualmente, como un arcoíris que no está donde se le ve o como un espejo.

La danza expresa la relación existente entre signante, signo y significado. Los medios de expresión del significado son, pues, fuerzas interactivas en donde se conjugan los elementos del movimiento universal imitado en un espacio y tiempo determinados . Por eso es que los movimientos coreográficos de las danzas tradicionales son matemáticos, exactos, invariables, calculados, obedientes a impulsos naturales de la medición del tiempo y del espacio. Por eso es que cada ejecutante se entrelaza con los demás, de acuerdo con una dirección predeterminada por una tradición heredada de tiempos remotos.


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Cortesía: de sus familiares

Muchos de los elementos utilizados en las danzas tradicionales, son resultado de la fusión cultural con Europa.

Arte danzario

Valoro las danzas tradicionales como arte en sus más antiguas acepciones; es decir, como arte danzario, arte plástico, arte dramático, arte literario y arte musical. Aquí nos ocuparemos de las primeras dos acepciones. En Antropología de la Danza se distinguen dos disciplinas complementarias: la Coreología, desarrollada como el estudio etnológico para el conocimiento de la danza en toda su plenitud y la Coreografía, que comprende exclusivamente el estudio del movimiento, de las expresiones físicas y visibles que la constituyen; es decir los movimientos y las expresiones etnográficas de todo tipo que la componen. La Coreología tiene que ver con el análisis estético y la Coreografía con su práctica eventual. En la Coreografía los movimientos danzarios son los pareamientos o filas de dos, las culebrinas o filas indias, las circulaciones o caracoles, las rondas, las contradanzas, las cuadrillas, las parejas, los pasos lentos o rápidos, los saltos y las caminatas danzarías procesionales. En Guatemala, las vueltas se hacen siempre hacia el lado izquierdo, o sea, contra las manecillas del reloj. Las cuadraturas de las posiciones de los bailadores (contradanzas y cuadrillas), son herencia europea, mientras que las circulaciones (como las del Rabinal Achí y la de Las Guacamayas), son herencia mesoamericana y se dice que tienen que ver con los movimientos solares y con los tiempos de siembra y cosecha Esta afirmación es coreológica. Además, como ya se apuntó, los movimientos están calculados matemáticamente y, si se quisiera, podrían prolongarse indefinidamente como en los llamados “encadenados” que corresponden a las danzas de Toritos y de Venados. Otra característica son los “desafíos” muy propios de las danzas de guerra como las de Moros y Cristianos, tan difundidas en el país. Hay también posiciones hieráticas y sin movimiento como la que adquiere Kikab en la danza de La Conquista, permaneciendo de pie junto a sus hijos príncipes y malinches a lo largo de la casi totalidad de la danza.

De igual manera Hob Toj, Ixoc Mun y U’Chuch’Gug en el Rabinal Achí, permanecen sentados la mayor parte de la danza. Los movimientos danzarios son, entonces, significación de hechos y comportamientos históricos de personajes del pasado que se componen de formas de ordenamiento estético sumamente calculadas que cumplen la función del despliegue energético físico en un espacio abierto y durante el tiempo que dura la historia de la danza en volver a ser contada.

Arte plástico

Las danzas tradicionales guatemaltecas se convirtieron en fuente de creatividad plástica, ya que históricamente han carecido de la utilería necesaria para significar las ideas políticas, los hechos sociales y los cultos rituales. La invasión y colonización europea se convirtió en otra fuente de contenidos que casi hizo desaparecer el legado ancestral. Así tenemos que las únicas muestras que podemos observar actualmente para especular, cómo pudieron haber sido las danzas prehispánicas, son las crónicas de observadores coloniales, algunas vasijas ceremoniales halladas en tumbas y sitios arqueológicos, así como los umbrales y dinteles que aún perviven en algunos templos y ambientes rescatados por la investigación. En este caso, la tradición oral se ha perdido, pero permanece implícita, porque podemos deducir de las danzas de origen prehispánico actuales, las formas y los colores, las artesanías y oficios relacionados con los cultos danzarios e historias que se cuentan. Entre la utilería de origen prehispánico se cuentan las máscaras de materiales minerales y de origen animal, como en el arte plumario y de pieles. También hay chinchines, pitos, hachas, bastones, arcos y flechas, resonadores (platos, conchas de río o de mar, caparazones de tortugas…). A esto debe añadirse el mástil como en el Palo de los Voladores de Cubulco en Baja Verapaz, así como el de Joyabaj y Chichicastenango

en Quiché.Entre la vestimenta y utilería colonial debe incluirse la confección de trajes que incluyen coronas, cascos medievales, sombreros dieciochescos y napoleónicos, sombreros mexicanos, pelucas, guerreras, casacas, capas de distinto tamaño, pantalones largos y abombados y máscaras de contenido mítico europeo. También se incluyen las morerías, espadas, pañuelos, cinturones, banderas, sonajas, campanillas y cascabeles, así como lazos, asiales y látigos, escopetas, jaulas (cárceles), alcancías para los monos o micos, anteojos oscuros y paraguas. Debe notarse que la vestimenta y utilería aquí presentada se usa indistintamente de su origen, debido a que las danzas se fusionaron durante el siglo XVI y elementos como telas, espadas, sombreros, casacas y pantalones, empezaron a ser de uso común por las generaciones sucesivas, así como la plumaria y los chinchines que, junto con los pañuelos, le dieron elegancia a los ropajes, tanto de uso cotidiano, como en las mismas danzas. En cuanto a los colores, los más usados han sido el rojo, el amarillo, el verde y el azul oscuro. Únicamente del rojo sabemos que es protector contra las malas influencias espirituales. Se usa especialmente en Joyabaj, aunque es una creencia de raíz mesoamericana. Y las máscaras y su vestimenta correspondieron precisamente a su índole guerrera o de autoridad: guerreros ceñudos, patrones o amos encomenderos, vasallos, animales, diablos, etcétera. A lo anterior deben agregarse artesanías como incensarios, instrumentos musicales, trajes ceremoniales, arte culinario, imaginería religiosa y todo un arsenal de objetos de cofradía hechos de metales o maderas preciosas y cofres. Nada de esto funciona sin los altares de cofradía en donde se colocan las imágenes de las ceremonias rituales, cuadros e imágenes de bulto y que son los “lares” y “penates” cosmogónicos que en toda cofradía y hogar existen como fundamentos de fe religiosa y en donde se colocan, además, las fotografías de antiguos bailadores ya fallecidos. *Antropólogo danzante


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Ventanas

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Einstein, y el racismo

Fotos: Archivo

Cuando Albert Einstein llegó a Estados Unidos en 1946 para dar una conferencia en la Universidad de Lincoln, no solo habló de Física, sino también sobre lo que consideró uno de los males más urgentes de esa sociedad: el racismo. BBC* l físico alemán y premio Nobel en 1921 lo calificó como “una enfermedad de blancos”. La frase se volvió desde entonces un emblema de lo que muchos consideraron una muestra de tolerancia, aceptación de la diferencia y del otro por parte del padre de la teoría de la relatividad. ¿Pero siempre pensó así? La reciente publicación en inglés de un libro con sus anotaciones personales cuando era más joven lo ha puesto en el centro de la controversia. Y es que en los Diarios de Viaje de Albert Einstein (Princeton University Press), que relatan sus incursiones por el “Lejano Oriente”, Palestina y España entre octubre de 1922 y marzo de 1923, el físico hace algunos comentarios polémicos sobre los países en los que estuvo. “En ese viaje, visitó China, y es ahí donde aparecen algunos de los comentarios más fuertes y perturbadores del libro, que no tienen nada que ver con la imagen que tradicionalmente tenemos de Einstein”, asegura Ze’ev Rosenkranz, el editor de la obra y director asistente del Einstein Project Paper, un proyecto del Instituto de Tecnología de California para difundir la obra del también autor de la teoría fotoeléctrica. En el

Einstein viajó por Asia con su esposa Elsa.

Cuando piensas en Einstein, ¿qué te viene a la cabeza? Pelo gris, E=mc2... Pero el científico no solo se preocupaba por la Física, la religión y Dios formaban parte importante de su vida, y este debate ocupó una gran parte de su tiempo. “La palabra Dios no es para mí más que la expresión y el producto de las debilidades humanas; la Biblia es una colección de leyendas venerables pero aún más primitivas. Ninguna interpretación, no importa cuán sutil, puede (para mí) cambiar nada sobre esto”. Estas líneas forman parte de una carta escrita por el científico Albert Einstein en 1954, en la que reniega de la existencia de Dios y que

Einstein, y Dios

será subastada por la casa Christe’s, en Nueva York, en diciembre. La puja comienza en el millón de dólares. Con la carta, de página y media, el científico respondía al libro del filósofo judío alemán Eric Gutkind, titulado Escoger la vida: la llamada bíblica a la rebelión. La misiva ya fue ofrecida en una subasta en 2008, y comparada por un coleccionista privado por 404 mil dólares. Hijo de judíos ashkenazi, Einstein huyó de Alemania a los Estados Unidos a los 54 años, a la llegada de Adolf Hitler al poder. En su carta asegura que el judaísmo no es superior a otras religiones y que los judíos no son el pueblo elegido. En una

ocasión el científico dijo: “Dios no juega a los dados”, y muchos asumieron que era religioso; sin embargo, la misiva dice todo lo contrario. El científico fue un ferviente creyente durante muchos años, hasta que, solo con un año de edad, su hija Leserl murió. Ahí sufrió la crisis de fe. De ella poco se sabe. El científico alemán mantuvo una relación secreta con Mileva Maric, una mujer de los Balcanes que más tarde se convertiría en su esposa. Como su relación, también silenciaron el nacimiento de su hija, de la que no se supo nada hasta que en 1987 hallaron unas cartas en las que hablaban de esta hija ilegítima. (EC)


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cuenta que fueron escritos sin la intención de ser publicados y que solo intentaban ser un recordatorio de los lugares que visitó y de la gente que vio para luego compartirlo con su hijastra, que se había quedado en Berlín. Sin embargo, en opinión del experto, muestran también una contradicción entre el Einstein íntimo y su figura pública. “Creo que también debemos mirar el contexto en el que se escribió. Era de cierta forma, opiniones prevalecientes en esa época. Pero no eran universales y no cabe duda de que el lenguaje utilizado es en extremo racista, muy chocante, y que muestra una faceta muy diferente de lo que conocemos hasta ahora sobre Einstein”, sostiene.

El libro

Einstein ganó el Premio Nobel de Física por su teoría del efecto fotoeléctrico.

texto, algunos de cuyos fragmentos aparecieron en el diario británico The Guardian, Einstein se refiere a los chinos como “gente trabajadora, asquerosa y obtusa”, sostiene que sus niños “no tienen espíritu y parecen tontos” y critica que la población comía “en cuclillas, como hacen los europeos cuando hacen sus necesidades en los frondosos bosques”. “Sería una pena que estos chinos suplanten a todas las demás razas. Para gente como nosotros, el mero pensamiento es indescriptiblemente lúgubre”, opina más adelante. Escribe, además, que no hay mucha diferencia física entre los habitantes de ese país, independientemente del sexo, y que no entiende “qué clase de atracción fatal poseen las mujeres chinas que embelesa a los hombres”.

Pero los controvertidos comentarios del físico alemán no quedaron en su visita a Pekín. Si para el Einstein de 1921 China era “una nación peculiar parecida a una manada”, de Ceilán escribió que sus pobladores vivían “en una gran inmundicia”. En su opinión, “hacían poco y necesitaban poco”, lo que resumía como “el simple ciclo económico de la vida”. Con Japón es un poco más benevolente y lo destaca como un país “decente”, “muy atractivo”, y formado por “almas puras, como en ningún otro lugar”. Sin embargo, tampoco falta el cometario incisivo: dice que “las necesidades intelectuales de esta nación parecen ser más débiles que las de índole artística, ¿disposición natural?”. De acuerdo con Rosenkranz, para entender estos comentarios hay que tener en

Tampoco hay que olvidar que se han escrito estudios para dar cuenta de los valores antirracistas de Einstein, cuya imagen llegó incluso a utilizarse para una campaña de la ACNUR en favor de los refugiados. Y que también son conocidas sus campañas en defensa de los judíos y otros pueblos que fueron víctimas del nazismo tras la llegada de Hitler al poder. Sus diarios de viaje, es la primera vez que son publicados de forma independiente en formato de libro, según explica el también director asistente del Einstein Project Paper. Antes habían aparecido únicamente en alemán, como parte de la obra completa de Einstein en 15 tomos, que tuvieron algunas traducciones suplementarias al inglés. “Las anteriores ediciones estaban dirigidas a un público académico. Ahora cualquiera que no sea erudito en Einstein también podrá conocer estas otras facetas de su vida como viajero y también otras aristas de su pensamiento que no son tan populares, como esta”, señala Rosenkranz. El editor adelanta que un nuevo cuaderno de viaje relatará las incursiones de Einstein por Brasil, Uruguay y Argentina, lugares sobre los que también tuvo, según el experto, algunas opiniones controvertidas. *British Broadcasting Company

Stephen Hawking, y Dios

¿Existe Dios? ¿Hay vida inteligente en el universo? ¿Es posible viajar en el tiempo? Antes de su muerte, Stephen Hawking trabajaba en un proyecto final que compilaba sus respuestas a las “grandes” preguntas que a menudo se le planteaban y que iban más allá del campo académico. Pueden leerse desde finales de octubre, cuando la editorial Crítica publicó en España la obra póstuma Breves respuestas a las grandes preguntas. Dentro de estas páginas, Hawking ofrece su punto de vista personal sobre los mayores desafíos a los que se enfrenta la raza humana, y juega a predecir el futuro del planeta. Cada sección está presentada por un destacado científico o pensador que ofrece su propia

visión de la contribución del profesor al progreso humano. De hecho, la introducción corre a cargo del físico teórico Kip S. Thorne, premiado en 2017 con el Nobel de Física y con el Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica. El prólogo corre a cargo del actor Eddie Redmayne, ganador de un premio Óscar por interpretar a Hawking en la película La teoría del todo, mientras que el epílogo está firmado por Lucy Hawking, que completa la elegía de su padre con fotografías personales y material de archivo adicional. Considerada una de las 10 personas más inteligentes del planeta —con un cociente intelectual de 160— el autor de Breve historia del tiempo es conocido tanto por sus contribucio-

nes a la Astrofísica como por su capacidad para hacer accesibles conceptos complejos, gracias a su sentido del humor. Además, fue una figura ampliamente inspiradora para muchos después de desafiar su diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), a la edad de 21 años. Hawking centró su interés en el estudio de los agujeros negros, y su mayor avance se remonta a la década de los setenta, cuando descubrió que “los agujeros negros se evaporan emitiendo partículas elementales”. No obstante, siguió publicando artículos hasta el mismo mes de su muerte, el 14 de marzo. En el repositorio ‘online’ arXiv puede encontrarse el último de sus estudios sobre la teoría de la inflación cósmica. (EC)


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Revista viernes del Diario de Centro América del 14 de noviembre de 2018 by Diario de Centro América Guatemala - Issuu