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Guatemala, viernes 16 de noviembre de 2018
Editorial El viaje como motivo y motivación literaria, es uno de los elementos que liga los macizos montañosos, los valles, barrancos, caseríos, cantinas, recovecos y parajes que transitan los personajes de la novela Hombres de maíz, de Miguel Ángel Asturias. Y ese elemento (el viaje), consustancial por excelencia al quehacer filosófico, literario y artístico universal, alimenta la fragua verbal asturiana, cuya intensidad figurativa desborda y excede las lecturas e interpretaciones simplistas con las que a veces quiere reducirse esta obra emblemática, según se desprende del análisis que en estas páginas realiza el crítico literario Jorge Mario Martínez. Y es que en el cosmos de Hombres de maíz, los elementos (aire, agua, tierra, fuego) proveen el soporte material para los caminos de hormiga que redibujan el mundo.”Viejos, niños, hombres y mujeres, se volvían hormigas después de la cosecha, para acarrear el maíz; hormigas, hormigas, hormigas, hormigas...” remata el epílogo de esta novela sinfónica. De ahí que el fuego, la tierra, el agua y el aire sean caminos del viajero; del que se marcha mientras se queda, del que echa raíces cuando se va. El camino, visto así, es un río que deja atrás su propia sombra, que dice adiós y que retorna al mismo tiempo, que arriba para levar anclas y suelta amarras para volver.
Director General: Pavel Arellano Arellano
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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina
Marlon M
Coreografía d
ste libro, cuyo autor, de origen franco-guatemalteco, es además músico y fotógrafo, fue galardonado este año por el desaparecido Certamen BAM Letras. Está integrado por 20 cuentos que tienen por escenario París, Barcelona y Guatemala. Se trata de historias de hallazgos repentinos, de objetos inanimados convertidos en fetiches sentimentales en un mundo en el que las redes sociales toman el control de la existencia, sin dejar ningún poder de decisión a los seres. Son cuentos de misterio con finales inesperados, rodeados de jazz , ironía y humor negro, en escenarios de hospitales tenebrosos y buhardillas parisinas a punto de explotar, de aves enamoradas y de otras cuya enfermedad son los humanos. Narra historias con móviles de muerte, fronteras de la nostalgia y el destierro. Son, en fin, relatos de seres navegando entre el erotismo y el desencanto, como globos perdidos sobre el mar.
Décima musa
DIRECTORIO D
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Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, más conocida como sor Juana Inés de la Cruz, nació en San Miguel Nepantla, México, el 12 de noviembre de 1651, y falleció en Ciudad de México el 17 de abril de 1695. Fue una religiosa de la Orden de San Jerónimo y escritora novohispana, exponente del Siglo de Oro de la literatura en español. Fue considerada por muchos como la décima musa. Cultivó la lírica, el auto sacramental y el teatro, así como la prosa.
Semblanza
Meza Teni
del desencanto
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Alfred Nobel
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Este químico e inventor nació el 21 de octubre de 1833 en Estocolmo, Suecia. Fue el tercero de los 8 hijos de Emmanuel Nobel y Caroline Andrietta Ahlsell. Se crió en una familia empobrecida, y solo 4 hermanos sobrevivieron a la infancia. Aprendió de su padre los fundamentos de la Ingeniería y continuó sus estudios en San Petersburgo, Rusia, ciudad a la que su familia se había trasladado en 1842. En 1850 viajó a París, Francia, y más tarde a Estados Unidos, países en los que perfeccionó sus conocimientos tecnológicos. A su regreso a San Petersburgo trabajó en la fábrica de su padre hasta que se produjo el quiebre de esta, en 1859. Volvió a Suecia, donde organizó varias plantas de explosivos, basadas principalmente en la manufactura de la nitroglicerina líquida, sustancia detonante descubierta por el italiano Ascanio Sobrero en 1846. Con sus hermanos Ludwig (1831-1888) y Robert (1829-1896), perfeccionó la destilación del petróleo y explotó los yacimientos rusos de Bakú. En 1867 redujo la volatilidad de la nitroglicerina mezclándola con un material poroso absorbente (la tierra de diatomeas) consiguiendo un polvo que podía ser percutido e incluso quemado al aire libre sin que explotara. La mezcla resultante solo explotaba cuando se utilizaban detonadores eléctricos o químicos. Había nacido la dinamita. Más adelante creó la balistita, una de las primeras pólvoras sin humo. A la fecha de su fallecimiento dirigía fábricas para la elaboración de explosivos en diversas partes del mundo. Leía, hablaba y escribía en cinco idiomas con fluidez: sueco, ruso, inglés, francés y alemán. Alfred Nobel murió a causa de un ataque cardíaco en San Remo, Italia, el 10 de diciembre de 1896. En su testamento, firmado el 27 de noviembre de 1895, en el Club Sueco-Noruego de París, instauró con su fortuna un fondo para premiar a los mejores exponentes en la Literatura, Fisiología y Medicina, Física, Química y la Paz. Se calcula que su fortuna era de 33 millones de coronas, de las que legó a su familia 100 mil; el resto se destinó a los premios Nobel. Testamento “La totalidad de lo que queda de mi fortuna quedará dispuesta del modo siguiente: el capital, invertido en valores seguros por mis testamentarios, constituirá un fondo cuyos intereses serán distribuidos cada año en forma de premios entre aquellos que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad. Dichos intereses se dividirán en cinco partes iguales, que serán repartidas de la siguiente manera: Una parte a la persona que haya hecho el descubrimiento o el invento más importante dentro del campo de la Física. Una parte a la persona que haya realizado el descubrimiento o mejora más importante dentro de la Química. Una parte a la persona que haya hecho el descubrimiento más importante dentro del campo de la Fisiología y la Medicina. Una parte a la persona que haya producido la obra más sobresaliente de tendencia idealista dentro del campo de la Literatura. Una parte a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz. Los premios para la Física y la Química serán otorgados por la Academia Sueca de las Ciencias; el de Fisiología y Medicina será concedido por el Instituto Karolinska de Estocolmo, el de Literatura, por la Academia de Estocolmo, y el de los defensores de la paz, por un comité formado por cinco personas elegidas por el Storting (Parlamento) noruego. Es mi expreso deseo que, al otorgar estos premios, no se tenga en consideración la nacionalidad de los candidatos, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio, sean escandinavos, o no”.
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El motivo del viaje en Ho Si hubiera necesidad de demostrar hasta qué punto Hombres de maíz, de Miguel Ángel Asturias, representó una ruptura radical con los moldes tradicionales de la novela, bastaría con señalar el hecho de que la mayor parte de los críticos ni siquiera la reconocieron como tal. Jorge Mario Martínez* ue Seymour Menton no haya visto en ella sino “una antología de cuentos mayas”, echada a perder por lo demás, no es tan difícil de entender, dadas las limitaciones intelectuales y los prejuicios que pesan sobre las opiniones de este devoto anticomunista. Resulta más difícil en cambio explicar esa misma incomprensión en autores de los que cabría ciertamente esperar una mayor perspicacia en estos menesteres; Augusto Monterroso, por ejemplo, no veía en Hombres de maíz una novela sino un “libro de cuentos”. Apreciaciones como estas surgen sin duda de una lectura apresurada y superficial de la obra, pues lo que describen no es sino la estructura externa de esta, es decir, esa división del conjunto del texto en unidades de menor extensión, que el mismo autor indica y que cualquier lector podría reconocer sin más esfuerzo que consultar el Índice que figura al final.
La estructura
El texto de Hombres de maíz está compuesto de 19 capítulos de diversa extensión, indicados con números romanos, además de un “Epílogo”. Los capítulos, a su vez, están agrupados en unidades mayores (que designaré como “secciones”), cada una de las cuales lleva como título el nombre de un personaje (no necesariamente el más importante). Está claro que estas secciones no son sino un modo de organizar el material narrativo, cortes que el autor consideró pertinente introducir en el continuum de la narración; sin embargo, muchos críticos cayeron en la confusión de creer que se trataba de relatos independientes, de “cuentos” o “leyendas”. Aclarada esta tan innecesaria como frecuente confusión, procederé a examinar brevemente algunos aspectos de la estructura interna de la novela. Algunos autores han señalado que Hombres de maíz está compuesta de dos partes o, como dice Leo Pollman, “dos círculos temáticos” (La“nueva novela” en Francia y en Ibe-
roamérica , 1971, p. 118). La observación es correcta a mi manera de ver, pues resulta fácil constatar que los primeros 9 capítulos (agrupados en las secciones “Gaspar Ilom” caps., I y II, “Machojón” caps. III, IV y V, “Venado de las siete rozas” caps., VI y VII, y “Coronel Chalo Godoy”, caps, VIII y IX) giran alrededor del tema de la guerra y la venganza, un ciclo que se abre con el sueño de Gaspar Ilóm, y que culmina con la muerte del coronel Godoy y la mayor parte de sus hombres.
Novela de viajes
En la segunda parte, que es la que ahora me interesa, el eje principal del relato es el motivo del camino. A partir del capítulo X, en efecto, la obra se convierte en una novela de viajes y no por casualidad sus personajes más importantes son hombres que viven, literalmente, en el camino: el ciego Goyo Yic, protagonista principal de la sección “María Tecún”, se convierte en vendedor ambulante (luego de recuperar la vista gracias al herbolario Chigüichón Culebro) y pasa su vida recorriendo “caminos, ciudades y ferias”, con la esperanza de encontrar a la mujer que lo abandonó; Nicho Aquino, uno de los protagonistas de la sección “Correo-coyote” (caps. XIII al XIX), cuyo oficio de correo lo obliga, obviamente, a recorrer grandes distancias y, finalmente, el arriero Hilario Sacayón (otro protagonista de esta sección) cuya vida, por razones igualmente obvias, transcurre en buena medida en el camino. Los tres personajes más importantes de esta segunda parte (dejan-
do de lado al herbolario, que exige un examen particular) son, pues, tres incansables viajeros. La movilidad característica de estos personajes no es sin embargo un atributo dado de antemano; ella es producto de un largo y sutil proceso de preparación que comienza con Goyo Yic. En efecto, este es al principio un ser prácticamente inmóvil; de él se dice que pasaba “los días y los días con la mano alargada al pie de un amatón, en el recodo del camino...” (p. 92). En ciertos días este último adquiere una animación particular: “Para la Romería del Segundo Viernes era poco el camino. Como se crecen los ríos se crecía de gente y como los ríos que se salen de cauce se salían los peregrinos para llegar a Pisigüilito por los huatales, los cercos de piedra sobre piedra en llanadas de chilcates y guayabos.” (p. 95). Sin embargo, Goyo Yic no participa de esta actividad vital del camino; él permanece no solo inmóvil sino al margen de aquel camino y de aquella actividad y se limita a observar (o más bien a escuchar) lo que allí sucede. De hecho, los capítulos X y XI no tratan de los viajes de Goyo Yic sino más bien de la lucha de este por incorporarse al camino; y esta incorporación solo tendrá lugar después del capítulo XI, y solo temporalmente. Los viajes llevan a sus protagonistas —y al lector con ellos— a lugares muy diferentes; Goyo Yic nos lleva al mundo alegre y multicolor de las fiestas populares (pero también a los tenebrosos tribunales de “justicia” y de allí a la prisión); Hilario Sacayón a la Cumbre de María Tecún,
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Hombres de maíz Fotos: Archivo
mente articulados planos narrativos de la novela, una abstracta “búsqueda de lo femenino”. Según dice uno de estos psicólogos de medio tiempo, Asturias habría adoptado, a causa de ciertas crisis personales, una perspectiva junguiana que lo llevó a buscar “el ánima materna enterrada en lo profundo de su inconsciente, y lo femenino universal” (Martin, Edición crítica, 1981, p. cccxxvii).
El dogma de Callan
En Hombres de Maíz, los personajes viajan más allá del mero cumplimiento de una misión. El camino en sí, parece bastarles como universo para desenvolverse.
lugar de niebla y espantos, y luego a la gran ciudad, con todo lo que esta ofrece a los ojos, los oídos y la reflexión de quien no está habituado a ella. Finalmente, con Nicho Aquino nos trasladamos al Otro Mundo. Con cada nuevo ámbito que los personajes “descubren” y nos muestran (y esto incluye por supuesto mesones, iglesias y cantinas, etcétera), tiene lugar una ampliación del espacio interno de la novela y, junto con ello, un incremento de las posibilidades de lectura y, junto con ello un desarrollo, un enriquecimiento de la conciencia del lector.
La búsqueda
Desgraciadamente, este enriquecimiento, esta ampliación de las posibilidades de lectura que la novela nos ofrece con los viajes de los protagonistas, resulta sacrificado en aras de una lectura psicologista que pretende sustituir el texto con esquemas estériles y simulacros seudocientíficos, que parecen tener como único objetivo el empobrecimiento del horizonte artístico de la obra de Asturias. Los delirios psicologistas encuentran un pretexto en el hecho de que los viajes de Goyo Yic, tanto como los de Nicho Aquino, están motivados por la búsqueda de la mujer ausente. Algunos críticos aseguran que aquí reside el “significado oculto” de la novela, la clave de todos sus misterios, por lo que se dieron a la tarea de reducir esta a una fórmula psicológica, no solo harto trillada sino caricaturescamente simplista que coloca, en lugar de los compleja-
En realidad, Martin no hace aquí sino seguir a Richard Callan, otro entusiasta aficionado a la psicología del inconsciente, que tuvo a bien “explicar” esta novela de Asturias reduciéndola a mera ilustración de la doctrina de Jung. La tesis de Callan, formulada en los años 70 del siglo pasado, se convirtió rápidamente en dogma de la muy desorientada academia norteamericana, que canonizó la tesis de marras incluyéndola en la Guía Harvard para la literatura latinoamericana. Pero no conforme, al parecer, con la inclusión del dogma de Callan en el canon de las sagradas escrituras, Martin decretó que para entender Hombres de maíz hace falta aprenderse previamente el catecismo junguiano, proclamando que “nadie (¡¡!!) puede acercarse ahora a la novela sin familiarizarse con las teorías de Jung.” (E.c., p. xlv). Y tal vez porque Martin presentía que el sermón no era muy convincente, alquiló la pluma de un Vargas Llosa que, como por milagro, olvidó la condena que contra obras como esta había promulgado en su pretencioso y dogmático ensayo Novela primitiva y novela de creación (19) , para anunciar ahora que Hombres de maíz era una gran novela, aunque eso sí, para apreciarla en lo que vale es necesario aprender primero el catecismo de Martin (E.c., p. xx). Sin embargo, si de lo que se trata es de comprender Hombres de maíz , habría que comenzar por poner a un lado todos los lugares comunes y todos los desatinos que ciertos críticos se empeñan en perpetuar, por ejemplo, la creencia de que el tema de la búsqueda como motivación para la acción es un rasgo particular de esta novela: la búsqueda es un elemento esencial del género novela como tal. Por eso, críticos más responsables y más respetuosos del texto, como el ya citado Leo Pollman, habían señalado que en esta segunda parte de Hombres de maíz “aparece la técnica novelesca de la búsqueda, conocida por una larga tradición” (Op. Cit., p. 120). Y más de medio siglo antes, Lukacs había subrayado la importancia de este elemento en el desarrollo del género novela (por oposición a la epopeya): “La epopeya configura una totalidad vital por sí misma conclusa; la novela intenta descubrir y construir, configurándola, la oculta totalidad de la vida (…). La búsqueda no es más que la expresión, dicho desde el sujeto, de que tanto el objetivo todo de la vida cuanto sus relaciones con los sujetos carecen totalmente de armonía evidente. Todas las fracturas y todos los abismos que lleva en sí la situación histórica pueden introducirse en la configuración (...). De este modo se objetiva como psicología del
héroe de la novela el temple básico que determina la forma en este género: los personajes novelescos son seres que buscan.” ( Teoría de la novela, México, 1985, pp. 327 y 328) Pero la importancia de la búsqueda no se limita al género novela, de hecho, como motivación para el viaje del héroe, es un elemento prácticamente universal. El célebre folklorista soviético Vladimir Propp decía, a propósito de los cuentos que constituían el eje de su investigación (“cuentos de magia” o “maravillosos”), que la composición de estos se basaba en “el desplazamiento del héroe en el espacio”. Según el mismo Propp, esto vale también para “la epopeya y las novelas: así está construido Don Quijote, por ejemplo”. No escapaba al ilustre estudioso, desde luego, que existen diferencias en el modo específico en que se desarrolla esta estructura básica: “las aventuras de don Quijote (al igual que las de las novelas de caballería de épocas anteriores) son muy diversas y numerosas pero el cuento maravilloso no conoce esta multiformidad” (Las raíces históricas del cuento, pp. 75-76). Ahora bien, si el desplazamiento del héroe es un elemento esencial, la motivación, en cambio, puede revestir formas muy diversas: la búsqueda de la esposa es una de ellas, pero el viaje también puede ser motivado por la búsqueda del pájaro de fuego y otros objetos mágicos, o como un viaje de negocios, etcétera. (Propp, op. Cit., 320).
El desplazamiento del héroe
En resumidas cuentas pues, la “búsqueda de lo femenino” no es sino una de las muchas formas posibles de motivar el desplazamiento del héroe en el espacio. No hay por consiguiente, como se comprenderá, ninguna razón para sacrificar la riqueza artística de la novela de Asturias en aras de una fórmula psicológica abstracta y ahistórica. Pero esto no es todo pues, pese a los delirios psicologistas de Martin y sus socios, “lo femenino” como objeto de la búsqueda es, en lo que a Hombres de maíz respecta, prácticamente irrelevante; lo que importa a fin de cuentas para el desarrollo de la narración (y que cualquier lector puede constatar leyendo la novela) no es lo que los héroes buscan —y que nunca encuentran,
En la novela, los caminos son el destino, pues no necesariamente conducen a alguna parte.
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Moverse incansablemente es algo que no solo los seres vivos hacen en el imaginario asturiano.
dicho sea de paso— sino el viaje en sí mismo; lo que a través de los ojos, los oídos, el tacto y las palabras de los personajes nos muestra el autor, o sea, “el mundo variado y diverso”, a medida que aquellos recorren el camino. En un cierto punto, Goyo Yic, hablando de la María Tecún, dice: “ha pasado tanto tiempo, que ahora ya no siento nada. Antes la buscaba para encontrarla; ahora para no encontrarla”; y su compadre, Domingo Revolorio, le aconseja que si no la encuentra la olvide y la cambie “por otra mejor” (p. 121). Pero esto no influye en las acciones del personaje, pues estas en realidad no están encaminadas a encontrar a la mujer, de modo que si la encuentra o no, si todavía la busca o ya no, el interés del lector sigue enfocado en el relato. Por lo que respecta a Nicho Aquino, el viaje que lo lleva a vivir las extraordinarias aventuras que vive no es inicialmente motivado por la búsqueda de la mujer sino por su obligación de llevar la correspondencia a la capital. Y cuando en un cierto punto se aparta del camino principal, porque alguien le indica una dirección en la cual encontrará “lo que busca”, esto es, a su mujer (aunque como dijimos, el viaje no está motivado inicialmente por la búsqueda), es claro que el resultado de este desvío es enormemente más importante, en términos de lo que el personaje descubre, observa, comenta, etcétera, y en términos de lo que le sucede a partir del momento que abandona el camino principal, que la cacareada “búsqueda de lo femenino”. Otro tanto puede decirse del viaje de Hilario Sacayón (cuya importancia, tanto para la construcción de la sección Correo-coyote como para la de la novela en su conjunto, no puede ser subestimada de ningún modo); este está motivado por una búsqueda, pero no de “lo femenino”, sino del correo: “alcanzar al Nicho Aquino, acompañarlo en el mal paso y volverse a San Miguel era la orden” (p. 185). Pero como los guardianes de la bodega de los arquetipos no conocen la fórmula “búsqueda de lo masculino”, ni entienden al parecer las implicaciones del viaje de Hilario Sacayón a la ciudad simplemente lo ignoran o, peor aún,
lo descalifican como un “error” de Asturias. Es importante subrayar, por otra parte, que la extensión del viaje no coincide con la extensión de la búsqueda; el viaje es más largo, más amplio, que la búsqueda: Hilario Sacayón continúa su viaje aun cuando la búsqueda ha terminado; lo mismo vale para Goyo Yic que, sin encontrar lo que buscaba y sin saber siquiera si lo buscaba o no, continúa su viaje; y Nicho Aquino sigue viajando también, aun cuando en cierto punto su búsqueda ha quedado, literalmente, sin objeto.
Más allá de la búsqueda
En cambio, cada uno de estos personajes encuentra (y nos muestra él o el autor a través de él) una gran cantidad de cosas, de lugares y personas. Las impresiones acústicas y visuales, sus encuentros con otros personajes, las historias que relatan o escuchan, los lugares y paisajes que el autor a través de ellos describe, llevan al lector hacia un mundo asombroso, al mismo tiempo conocido y “desconocido” pero cuya riqueza, desde el punto de vista de la gran cantidad de elementos artísticos que incorpora al proceso de lectura, es innegable. Toda novela, dice W. Kayser, puede inscribirse en alguno de estos tres géneros principales: “novela de acontecimiento, novela de personaje y novela de espacio.” El paradigma de esta última es la picaresca; la esencia de este género es “la exposición del mundo múltiple y abierto. El carácter de mosaico, la adición, es el necesario principio constructivo, y la abundancia de escenarios y personajes nuevos constituye una característica intrínseca.” (Interpretación y análisis de la obra literaria, p. 482) Siendo así, bien podría decirse que Hombres de maíz tiene algo de novela picaresca; de hecho, más de un autor ha hecho alusión a ello. Aunque sin comprometerse a fondo con el argumento, Pollman dice que no debe sorprendernos encontrar en el “segundo círculo” (o segunda parte) “estructuras novelescas concretas que nos son familiares, sentir por ejemplo a tramos el recuerdo de la picaresca española” (Op cit. p. 120) Sin embargo estas “características intrínsecas de la picaresca” pueden encontrarse también
en obras que no pertenecen al género picaresco, por más que su parentesco con este sea innegable. Don Quijote es un ejemplo más que obvio pero me gustaría llamar la atención hacia una obra prácticamente desconocida entre nosotros pero que pienso que contribuiría —por diversas razones— a iluminar ciertos aspectos característicos de Hombres de maíz. Boris Eijembaum, un conocido investigador soviético, decía que en Almas muertas (de Gogol), “el argumento es prácticamente inexistente y la composición no es nada más que la yuxtaposición de escenas diferentes ligadas por los viajes de Chichikov” (el protagonista principal de esta novela). (Eijembaum, Cómo está hecho El capote, de Gogol, en T. Todorov, Ed., Teoría..., Bs. As. 1970, p. 160) Y el ensayista italiano Piero Gobetti escribía, hace ya casi un siglo: “Las almas muertas son el poema del quijotismo ruso. Gogol ha escrito (…) con nostalgia, este viaje a través de Rusia que es un descubrimiento de caracteres y paisajes, no una novela” (Gobetti, Paradosso..., p. 42). Juicios estos que bien podrían referirse a Hombres de maíz, obra a la cual la crítica reprochó desde el principio una supuesta “falta de unidad” sin comprender, y sin siquiera sospechar, según parece, que la obra de Asturias se inscribía en la tradición de ese tipo de novelas en las cuales es más importante “el descubrimiento de caracteres y paisajes”, la “exposición del mundo múltiple y abierto”, que la coherencia lógica del argumento. Al menos, tal y como lo entienden aquellos “ingenieros críticos” que, como Martin, pretenden construir puentes entre las islas, “transformar el archipiélago (…) en un macizo territorio de regiones sólidamente trabadas y sin cesuras entre sí” (E.c., xviii), es decir, completar lo que Asturias —según ellos— habría dejado “incompleto”.
El camino en sí
Lo que importa es pues, insistiré, el camino en sí, los elementos variados que lo conforman, lo que el protagonista observa, descubre, aprende o experimenta mientras se mueve a lo largo de aquel. No el motivo “psicológico” sino el contenido concreto de la búsqueda, lo que se relata en la novela, lo que los personajes hacen o dicen y lo que, con los ojos y los oídos de estos nos muestra el autor. Y ese mundo infinitamente variado que nos muestran los personajes a medida que se desplazan por el camino no es solamente lo que mantiene nuestro interés como lectores sino que es lo que confiere su identidad genérica a la obra, su significado profundo y su valor artístico. El motivo de la búsqueda, separado del contexto de la obra, abstraído y reducido a fórmula psicológica “inconsciente” no es sino un cascarón vacío, un esquema estéril, que nada aporta ni nada explica en realidad. Los enfoques psicologistas de Hombres de maíz empobrecen la lectura pues reducen la obra a fórmulas trilladas y banales, al tiempo que la aíslan de la tradición a la cual pertenece, cortando los vínculos que la unen a la literatura universal, achatando la exuberante riqueza de la obra en el afán de reducirla a lo que Lezama Lima llamaría “pasto para engordar vacas académicas”. *Crítico literario
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Gavetas
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Hemeroteca del Diario de Centro América
El caso de Chopin DCA, 3 de agosto de 1935.- El otro día, en casa de un amigo, una señorita tocó repetidamente algunas composiciones de Chopin, para entusiasmo de los presentes. Yo, disidente interior, me callé. El caso de Chopin me choca. ¿Por qué ese músico de escasa inspiración en comparación con otros de su tiempo y de otros anteriores y posteriores a él tiene tanto éxito? Yo no lo veo claro, no lo comprendo. No tengo un panorama musical extenso en la cabeza, ni mucho menos; no conozco tampoco la historia de la música. Todos los músicos que me atraen me dan una impresión clara, honda, limpia y concreta de lo que son. Entre ellos, Chopin se me presenta como una cosa vacilante, incongruente e imprecisa. Su música me parece solo de superficie. En muchas de las obras del pianista polaco hay una vaga tristeza difusa, poco profunda y que no acaba de encontrar su expresión. Está bien lo vago, pero lo vago en el arte debe estar bien precisado. En Chopin, quitando algunos nocturnos y valses en los que se nota la inspiración clara, en lo demás todo es vacilaciones y tanteos que dan impresión de frivolidad e impotencia. Chopin es al mismo tiempo efectista, monótono e incongruente. Cuando encuentra el motivo, es un motivo pobre que se le agota enseguida, se le muere en la mano. Comienza bien pero enseguida decae, y adorna sus frases con unas escalas de pianista tan banales, tan ramplonas, que producen asombro. Supongo que Chopin sirve para que pianistas virtuosos y señoritas del Conservatorio se luzcan fácilmente con esos juegos de artificio. Pío Baroja
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Reporte en V
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Comportamiento huma Fotos: EFE
Hay más vínculos con otras especies, de lo que creemos.
Las 800 páginas del nuevo libro del prestigioso neuroendocrinólogo Robert Sapolsky se alzan como una ardua, exigente y, a ratos, hasta divertida obra maestra de la alta divulgación científica. Ramón González Férriz* Por qué los humanos en ocasiones dañamos a los demás y a veces les cuidamos? ¿Por qué podemos ser tan bondadosos y tan malvados en circunstancias distintas? Y ¿qué relación mantienen ambos comportamientos? ¿Por qué decidimos optar por uno o por otro? Son preguntas que, a lo largo de la historia, se han hecho incesantemente los pensadores de la religión, los filósofos, los novelistas, los politólogos, los psicólogos y, de una manera más o menos sofisticada, es probable que todos nosotros. Compórtate. La biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos, del científico estadounidense Robert Sapolsky, recién publicado por Capitán Swing, es una respuesta larguísima y fascinante a esas preguntas que se basa, principalmente, aunque no solo, en
la biología. Su objetivo explícito es intentar comprender el fenómeno más extraordinario de la naturaleza, el comportamiento humano. Y lo hace a partir de la conformación biológica de nuestro cuerpo: ¿por qué hacemos lo que hacemos? ¿hasta qué punto nos parecemos a las demás especies? “Utilizamos los mismos músculos que utiliza un chimpancé cuando ataca a un competidor sexual, pero los usamos para dañar a alguien solo por la ideología que tiene”, dice Sapolsky. ¿En qué medida nuestras decisiones son fruto del libre albedrío o de una suerte de determinismo? o ¿hasta dónde somos capaces de mejorar nuestro comportamiento moral?
Mapa biológico
Para lograr su propósito, Sapolsky recurre a un inteligente recurso: traza una especie de biografía biológica retrospectiva de las decisiones que tomamos.
Tras hacer una extensa y profunda —al menos para quien no es un experto en el tema— descripción de la forma del cerebro y las funciones de sus partes, Sapolsky reconstruye qué pasa en ese cerebro en los segundos inminentemente previos a la realización de un acto cualquiera. Desde mover un brazo para dar una palmada de apoyo o para dar un golpe violento, cómo se relacionan las distintas capas, qué hacen el sistema límbico, el hipotálamo, el sistema nervioso autónomo, la conexión del sistema límbico con la corteza… Puede parecer arduo, y lo es, pero también es asombroso, como levantarle el capó a la cabeza de un ser humano para ver lo que está pasando allí debajo.
Nada surge de la nada
Después Sapolsky va más allá. Da un paso atrás y se pregunta qué pasó biológicamente unos minutos antes de que hiciéramos ese gesto anodino, porque también eso influyó en nuestro comportamiento. “Nada surge de la nada”, dice. Y luego retrocede aún más: ¿cómo afectó a ese acto lo sucedido horas o días antes? ¿Y meses o años antes de producirse? ¿Cómo influyó la adolescencia en la composición biológica de tu cuerpo para que acabaras realizando ese acto, bondadoso o malvado? ¿Y tu infancia?
Viernes
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ano, ¿naturaleza o cultura? Es más, ¿qué importancia tiene lo ocurrido antes de que nacieras, hace milenios? ¿Qué aspecto de la evolución ha contribuido al hecho de que, en una circunstancia determinada, decidieras ser cruel, sentir miedo, mostrarte generoso, defender a tu tribu aunque estuviera equivocada o alejarte de ella?
Biología y voluntad
Porque, aunque muchas veces creamos que, simplemente, actuamos por decisión propia y elegimos la manera de hacerlo, es decir, según nuestro libre albedrío, eso no es exactamente, o no es en absoluto, así. “La gente —dice Sapolsky— cree intuitivamente en el libre albedrío, no porque tengamos esa terrible necesidad humana de gozar de voluntad, sino también porque mucha gente no sabe nada sobre estas fuerzas internas”, las de la biología, que se remontan a millones de años atrás. Sapolsky es ambiguo sobre la existencia real del libre albedrío, y comenta en detalle las propuestas de quienes creen en una especie de “libre albedrío mitigado”, una mezcla de voluntad y biología que haría que fuéramos en parte libres para decidir y en parte esclavos de nuestro propio cuerpo (incluido lo que antes llamábamos alma). Pero, en realidad, no parece creer en nada parecido o piensa que, si existe, como él mismo dice, es para poco más que decidir si queremos ponernos un tipo de ropa u otro. Sin embargo, afirma al mismo tiempo, en una de las muchas paradojas interesantes del libro, que “no puedo ni imaginar cómo viviríamos nuestra vida si no hubiera libre albedrío”. Tal vez sea una ficción que valga la pena conservar aunque, en esencia, nuestro comportamiento, el bueno y el malo, solo sea la suma de nuestra biología y la cultura en la que hemos crecido, además de nuestras experiencias en la vida, todo lo cual se combina de una manera difícil de desentrañar.
Humildad
Pero si esto es así, ¿deberíamos seguir pensando igual sobre los castigos penales a asesinos o maltratadores, cuando están determinados por su biología para hacer el mal? ¿Deberíamos entender que nuestras posiciones políticas no son fruto de nuestro raciocinio, sino casi un acto reflejo más? Uno de los rasgos más admirables del libro de Sapolsky, aparte del humor y una cierta ligereza para explicar asuntos enormemente complejos (lo que no significa que siempre sean fáciles de comprender) es su humildad personal, además de la creencia de que la ciencia debe conducirse con esa misma humildad, porque todo es tan complejo que casi nunca podemos estar seguros de algo. Aunque dedique 800 páginas a intentar explicarnos desde la biología los motivos de nuestras actuaciones, advierte que pensar que podemos comprender el comportamiento humano recurriendo solo a esta disciplina es tan estúpido como que los científicos sociales
Robert Sapolsky, es profesor de Ciencias Biológicas y Neurología en la Universidad de Stanford, EE. UU.
crean que “la agresividad, la competencia, la cooperación y la empatía” pueden entenderse sin la biología. “Cuando haya acabado de leer este libro —dice en las primeras páginas, y al llegar a las últimas el lector se da cuenta de que tiene razón—, verá que, al hablar de los distintos aspectos de un comportamiento, no tiene sentido distinguir entre los que son biológicos y aquellos que podrían ser descritos por ejemplo como psicológicos o culturales. Están totalmente entrelazados.” Compórtate no es un libro fácil, a pesar de los esfuerzos de Sapolsky, que hace lo posible por buscar la simplicidad y rehuir los tecnicismos. Hay párrafos, páginas y secciones del libro cuyo contenido es difícil de entender, o por lo menos de recordar, si no se tienen conocimientos de biología o neurología. Además, en un plano distinto, la portada de la edición española es de las más feas que mi cerebro, moldeado por milenios de evolución, recuerda haber visto. Pero eso no debería disuadirles de leer este libro: es una ardua, exigente y, a ratos, hasta divertida obra maestra de la alta divulgación científica. *El Confidencial
Pese a que la portada puede resultar disuasiva, Compórtate es una obra altamente recomendable.
Guatemala, viernes 16 de noviembre de 2018
Marie Curie, el arduo
camino al Nobel
El 10 de diciembre de 1911, Marie Curie recibía el premio Nobel de Química por “los servicios para el desarrollo de la Química mediante el descubrimiento de los elementos radio y polonio”. Fue la primera mujer en recibir un premio Nobel y la primera persona en recibir dos (ella, Pierre Curie y Henri Becquerel habían compartido el premio de Física de 1903 por su trabajo sobre la radiación). César Tomé López*
arja Salomea Sklodowska nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia (Polonia). Sus padres eran ambos maestros (su madre murió cuando ella tenía 10 años) que supieron educar y motivar excepcionalmente a su hija. En aquella época, Polonia era un estado súbdito de Rusia y las mujeres, por regla general, no tenían acceso a la educación superior, por lo que en 1891, Marja decidió unirse a su hermana Bronia en París, matriculándose en la Universidad de la Sorbona. Marie, ya con su nombre afrancesado, recibió sus títulos en Física en 1893 y Matemáticas en 1894 con calificaciones extraordinarias. La historia de cómo Marie llegó a titularse con 27 años en un país que no era el suyo, en un idioma que no era el suyo y teniendo que trabajar para sobrevivir nos habla ya de la extraordinaria mujer que era. Conoció a Pierre Curie en la primavera de 1894, y se casaron en 1895 en una ceremonia civil en Sceaux (cerca de París). Ambos eran muy tímidos y nada mundanos, no preocupándoles gran cosa las ambiciones económicas y
Para Marie, el Nobel significó también la pérdida de su amada privacidad.
Fotos: Archivo
Guatemala, viernes 16 de noviembre de 2018
sociales. Su principal afición era el ciclismo, pero ambos compartían también un profundo amor por la ciencia y una dedicación obsesiva a ella. Su primera hija, Irène, nacería en 1897. Los resultados que obtuvo Pierre sobre la piezoelectricidad, la simetría de cristales y el magnetismo, mientras era profesor en la Escuela Superior de Física y Química Industriales (ESPCI, por sus siglas en francés) de la ciudad de París, siguen teniendo una importancia fundamental, especialmente los conceptos de temperatura de Curie (por encima de la cual los imanes pierden su magnetismo) y la ley de Curie que relaciona magnetismo y temperatura. Marie publicó su primer artículo en 1897 sobre la magnetización de los aceros pero buscaba un tema de investigación propio, que encontraría en la radioactividad.
Una habitación húmeda
Un año después de la observación por parte de Wilhelm Röntgen de los rayos X en 1895, Henri Becquerel descubrió la radioactividad del uranio al comprobar cómo unas placas fotográficas envueltas en papel negro y guardadas cerca de unas sales de uranio se habían velado sin que les llegase luz. A Marie se le concedió una habitación húmeda de la ESPCI para su investigación de doctorado. Allí pudo analizar toda una variedad de materiales inorgánicos, de entre los que el uranio y el torio eran los únicos elementos conocidos entonces que presentaban radioactividad. Sus muestras las colocó en una placa de condensador cargada hasta 100 V y unida a uno de los electrómetros de Pierre, pudiendo de esta forma medir cuantitativamente su radioactividad. Encontró que los minerales pechblenda (UO2) y torbernita (Cu(UO2)2(PO4)2*12H2O) eran más radioactivos que el uranio puro, de lo que dedujo que debían contener otros constituyentes aún más radioactivos. El 12 de abril de 1898 Marie presentó sus primeros resultados: “estos minerales podrían contener un elemento que sea mucho más activo que el uranio”. Con Pierre decidieron que ella se concentraría en los aspectos químicos del aislamiento del elemento, mientras que él estudiaría sus “propiedades radiactivas”. En abril de 1898 Marie disolvió pechblenda en ácido clorhídrico (HCl) y trató la disolución con ácido sulfhídrico (H2S): el uranio y el torio se mantenían en disolución, pero los sulfuros del precipitado seguían siendo muy radioactivos. Después de varias manipulaciones más encontró que este material radioactivo coprecipitaba con bismuto (Bi). En julio ella y Pierre publicaron un artículo (creando el nombre “radio-activo” en su título) presentado por Becquerel a la Academia de Ciencias. En él sugerían por primera vez que la radiactividad estaba asociada con el átomo y proponían que el nuevo elemento, una vez confirmada su existencia, debería llamarse polonio. El análisis de las distintas fracciones del tratamiento de la pechblenda hizo que la pareja se diese cuenta de que debería haber otro elemento radioactivo, que no lo precipitaba ni el (H2S), ni el sulfuro de amonio ((NH4)2S), ni el amoniaco (NH3) y que formaba un carbonato insoluble en agua parecido al de bario (BaCO3) y un cloruro algo menos soluble que el de bario que actuaba de portador. A este elemento lo llamaron radio, publicando sus resultados el 26 de diciembre de 1898.
El espectroscopista Eugène-Anatole Demarçay encontró una nueva línea espectral atómica del nuevo elemento, lo que ayudó a confirmar su existencia. Dado que el nuevo elemento era mucho más radioactivo que el polonio, los Curie concentraron sus esfuerzos en él. Estaba claro que haría falta mucha más pechblenda para obtener cantidades significativas de radio, así que terminarían procesando 8 mil kilogramos de pechblenda austriaca.
Los mejores años
Durante los 4 años siguientes trabajaron en unas condiciones y con unos medios que solo pueden ser calificados como heroicos: en un cobertizo sin ventilación y sin calefacción, con un frío terrible en invierno y un calor abrasador en verano. Marie escribió: “Tuve que pasar todo el día mezclando una masa hirviente con una pesada barra de hierro casi tan grande como yo. Estaba rota de fatiga al acabar el día”. Sin embargo ella describió la vida en “este cobertizo miserable” como “los mejores y más felices años de nuestra vida”, y se sentía muy honrada cuando famosos científicos, entre ellos Lord Kelvin, de paso por París, se acercaban a saludarles allí. Trabajaron con lotes de 20 kg de pechblenda, moliendo, disolviendo y refinándola hasta conseguir pequeñas disoluciones. En 1902 consiguieron aislar 0.1 gramos de RaCl2 después de miles de recristalizaciones a partir del más soluble BaCl 2 en HCl, determinando que el peso atómico del radio era 225. Marie completó su tesis doctoral, una de las más impresionantes que se recuerdan, en junio de 1903. En noviembre de 1903 los Curie y Becquerel recibían la noticia de que les había sido concedido el premio Nobel de física por su
trabajo sobre la radioactividad. Becquerel acudió a Estocolmo, pero no así los Curie: Pierre estaba enfermo y desbordado con sus obligaciones y Marie se estaba recuperando de un aborto. El premio tuvo aspectos positivos y negativos: por una parte fue una ayuda financiera pero, por otro, les expuso a la alabanza y al escrutinio públicos. Marie escribiría más tarde “la pérdida de nuestro aislamiento voluntario fue causa de verdadero sufrimiento para nosotros”. Se creó una cátedra para Pierre en la Sorbona con un puesto para Marie en 1904; en junio Pierre daba la conferencia Nobel en Estocolmo y al año siguiente fue elegido miembro de la Academia de Ciencias. En diciembre de 1905 nacía la segunda hija del matrimonio, Eve Denise. El lluvioso 16 de abril de 1906 Pierre resbalaba en el empedrado de la Rue Dauphine y moría en el acto al ser atropellado por un carro. Marie pasó a ocupar la cátedra de la Sorbona de Pierre, convirtiéndose así en la primera catedrática de Francia. Ese mismo año, Lord Kelvin escribió en el periódico The Times un artículo en el que especulaba con la posibilidad de que el radio podía ser un compuesto de plomo que contuviese 5 átomos de helio. Marie decidió probar más allá de toda duda razonable que el radio era un elemento. En 1907 consiguió 0.4 g de RaCl2 y volvió a determinar el peso atómico, obteniendo 226.45. No satisfecha, en 1910 aisló el radio elemental por electrolisis de RaCl2 en mercurio y destilándolo de la amalgama. Ya no había duda posible. El 8 de noviembre de 1911, la Academia Sueca anunciaba que se había concedido el premio Nobel de Química a Marie Curie por el descubrimiento del polonio y el radio. *Experientia docet
Marie Curie en su laboratorio. En términos generales, buena parte de su trabajo se desarrolló en condiciones adversas.
Guatemala, viernes 16 de noviembre de 2018
Las matemáticas, ¿regalo de los dioses? Las matemáticas apuntalan tanto de nuestro mundo moderno que es difícil imaginar la vida sin ellas, pero ¿de dónde vienen exactamente? Los antiguos griegos no tenían dudas al respecto.
BBC* l filósofo Pitágoras y a sus seguidores los cautivaban tanto los patrones matemáticos que creían que los números eran un regalo divino, y parte de su fascinación era resultado de sus experimentos con la música. Con ellos, descubrieron patrones que vinculaban los sonidos y sus relaciones con las proporciones numéricas de las que dedujeron la hermosura y lo placentero de la música. Para ellos, eso no podía ser coincidencia: era una ventana a los mundos de los dioses. “Cualquier sonido que escuches es producido por algo que se está moviendo. Si haces que Fotos: Archivo
Atenea, la diosa de la guerra, la civilización, sabiduría, de las ciencias, de la justicia y de la habilidad... ¿sería ella la que abrió esa ventana al mundo de los dioses? (Palas Atenea, 1898, de Gustav Klimt 1862-1918)
la cuerda se vibre, produce un sonido”, explica el matemático y músico Ben Sparks. “Lo que notaron los griegos es que puedes hacer que la cuerda vibre dos veces más rápido, reduciendo su longitud a la mitad”. Entonces, si tocas la cuerda tensa, produces una nota. Si la vuelves a tocar pero pinzando la cuerda en el medio, inmovilizas parte de ella y solo vibra la otra mitad, que producirá otra nota parecida pero definitivamente diferente. “Eso es lo que llamamos una octava”, señala Sparks. “En la octava, la relación de frecuencias es de 2:1”. ¿Habrá otras fracciones que suenen bien?, se preguntaron los griegos. Y efectivamente encontraron que otras divisiones de la cuerda en proporciones progresivas producían sonidos considerados hermosos y bien proporcionados. Sonidos como la quinta justa, en la que la proporción es de 3:2, es decir que la nota alta es dos tercios la longitud de la nota baja.Pero, ¿qué sucede cuando tocas algo que no es una de esas fracciones ordenadas? “Cuando las notas no están en estas proporciones simples, tendemos a notarlo aunque no estemos al tanto de las matemáticas”, asegura Sparks. Los griegos encontraron que al pulsar otros fragmentos de la cuerda —demasiado próximas o mucho más lejanas y en una proporción difícil a la nota fundamental— producían sonidos desagradables a sus oídos.¿Por qué otra razón existirían esos patrones si no para revelarnos el reino de los dioses?, pensaban los pitagóricos.
La música del Cosmos
“Para Pitágoras y sus seguidores, era importante descubrir el principio que ordenaba todo, y lo encontraron en los números”, dice el comentarista musical Ricardo Rozental. “Explicaron las proporciones en las que se podían producir sonidos agradables y con los que era posible hacer una música que gustara al oído y, en consecuencia, favoreciera al espíritu y la inteligencia”. La paciente observación del cielo arrojó conclusiones similares respecto del movimiento de los planetas y las estrellas, que no discurrían al azar sino en ciertos patrones que pudieron explicarse con proporciones numéricas. “La conclusión apoyó la idea de que los movimientos de los cuerpos celestes y los sonidos placenteros se relacionaban de la misma manera; es decir, por las mismas proporciones matemáticas”, agrega el experto. “De ahí la noción del Cosmos como el todo ordenado según un mismo patrón explicable numéricamente”. Una bella melodía que empleara las notas correctas, para los antiguos griegos, era así porque en ella se habían empleado adecuadamente las proporciones numéri-
Guatemala, viernes 16 de noviembre de 2018
Diabolus in musica
Pitágoras (c 560 - c 480 a.C.) demostrando la relación matemática reconocida entre la longitud de la cuerda vibrante, la columna de aire o el tamaño del instrumento de percusión y las notas de escala musical. Tallado de Theo Gafurius Theoricum opus musicae disciplinae, 1480.
Mucho siglos después, cuando el cristianismo había adoptado numerosos principios originados en la cultura griega y en la medida en que la práctica de la liturgia incorporó una diversidad de música, ciertos aspectos desagradables para el hábito auditivo — como el empleo de notas a distancia de segunda— se consideraron malévolos y, por tanto, se excluyeron de los cánones musicales de la Iglesia. “Su empleo habría sido la intervención de lo diabólico. Resultaba necesario excluirlas, para evitar la presencia del diablo en la iglesia y en la mente y el espíritu de sus seguidores”, cuenta el experto. Todavía para el siglo XIX, algunas de estas ideas provenientes del siglo VI a. C. seguían en práctica. “El violinista Nicoló Paganini es bien conocido por emplear lo que en latín se denominó como el diabolus in musica, unos acordes llamados también tritonos, que pertenecían a la práctica excluida por las reglas de lo bien ordenado”, señala Rozental. “No obstante, Paganini fue un favorito del público y contribuyó a debilitar ciertos temores asociados con lo que se consideraba bello y consonante, feo y disonante, cósmico y caótico, divino y demoniaco”. Nuestro oído y gusto musical admiten hoy una mayor diversidad numérica que la antiguamente propuesta por los griegos y apreciamos la amplitud del sonido como parte de un cosmos en expansión.
El origen de las matemáticas
Poesía y música: las nueve musas inspiran a Arión, Orfeo y Pitágoras, con la ayuda de la fuente de toda armonía. Una miniatura de Liber Pontificalis, manuscrito del siglo XIII.
cas que se encontraban en consonancia con los astros.
Las bajas pasiones
Las relaciones entre lo más grande y lo más pequeño actuaban en conjunto y hacían posible comprender el principio que lo juntaba todo de la forma ordenada y armoniosa en que operaba. Entonces, ¿cómo se explicaban los sonidos desagradables? “Como también era posible producirlos, los pitagóricos entendieron
que deberían evitarse, puesto que eran capaces de producir consecuencias tremendas en quienes los escucharan, ya que alterarían el buen equilibrio del cuerpo y la mente y estarían por fuera de las leyes del ordenamiento cósmico”, dice Rozental. “Así que dedujeron que las bajas pasiones, la ira y la violencia podían excitarse por este medio, así como el sosiego y la tranquilidad podían inducirse mediante una música armoniosa y dulce”.
Los gustos cambiaron, pero los patrones que encontraron los griegos, no. Los pitagóricos no fueron los primeros en usar algún tipo de matemática. Hay algunas pruebas de que las marcas encontradas en huesos de la era del Paleolítico Superior hace 37 mil años fueron talladas y usadas para contar. Sin embargo, fueron los primeros en buscar patrones. Y lo que encontraron parece indicar que las matemáticas están a nuestro alrededor y son algo que descubrimos, una parte fundamental del mundo en el que vivimos. Para ellos, las matemáticas eran tan reales como la música y eran más geniales y elegantes que cualquier cosa que la mente humana pudiera llegar a concebir. Pero, fue lo que dijo Pitágoras, una de las figuras más importantes de la Antigua Grecia, sobre el origen de las matemáticas, lo que aún hoy es la base de lo que creen muchos matemáticos. *British Broadcasting Company
A los pitagóricos debemos la antigua teoría de la Musica Universalis o la armonía de las esferas, que sostiene que los planetas se mueven de acuerdo con las ecuaciones matemáticas y, por lo tanto, resuenan para producir una sinfonía inaudible.
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Ventanas
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Los personajes de Stan Lee Stan Lee falleció a los 95 años de edad. Fue guionista y creador de personajes tan famosos como Spiderman, los 4 Fantásticos y Hulk.
Es un personaje creado por Stan Lee y por el dibujante Steve Ditko para la historieta #15 de Amazing Fantasy (10 de agosto de 1962). Peter Parker se convirtió en superheroe tras la picadura de una araña. Stan Lee situó al ficticio Peter Parker, alter ego del superhéroe, como vecino de Forest Hills, un barrio en el centro de Queens, Nueva York, ubicando algunas de sus aventuras en Rego Park. En sus historietas Spiderman aparece encaramado a piezas arquitectónicas que pueden verse en la zona. El área urbana al oeste de Alderton Street tiene un trazado radial en forma de tela de araña. Dada la naturaleza serial de la publicación de comics y su longeva existencia, Spiderman ha evolucionado como personaje a medida que se han sumado nuevas aventuras. Los detalles de su origen, relaciones y habilidades han cam-
Javi Sánchez * tanley Martin Lieber, Stan Lee para millones de personas, es el padre del universo Marvel. Un padre que, a sus 96 años, vio cómo todo tardaba en llegar: sus creaciones más famosas para el cómic las parió rozando los 40 años. Y todavía tuvo que esperar otras cuatro décadas para ver cómo sus criaturas se convertían en estrellas de la taquilla. Los lectores de Marvel; Disney, Fox y Sony; los espectadores de Netflix; medio planeta tiene
Spiderman
biado significativamente durante el curso de la publicación del personaje, convirtiéndose en el ícono emblemático de la misma. Se han publicado varias series del personaje a lo largo de los años, siendo The Amazing Spider-Man la más veterana de todas. En su larga trayectoria, se puede destacar la etapa de Stan Lee y Steve Ditko (1962-1966), la del propio Stan Lee y John Romita Sr. (1966-1973), la de Roger Stern y John Romita Jr. (19821984), la de Joseph Michael Straczynski y John Romita Jr. (2001-2004) y, más recientemente, la de Dan Slott y Humberto Ramos y Marcos Martin (con participación de otros artistas) (2010-actualidad). Marvel ha publicado además multitud de especiales, novelas gráficas y miniseries de Spiderman, quien es un invitado habitual en otros
una deuda cultural con el creador más prolífico del cómic, que tiene más de 300 personajes a su nombre solo en Marvel. Intentemos repasar hasta dónde llegó su creatividad. Su primer trabajo publicado fue un texto de relleno en Captain America Cómics 3. El personaje no era suyo, sino creación de Joe Simon y Jack Kirby, su futuro socio en Marvel (y guionista de ese mismo número). Lee, que entonces tenía 18 años, firmaba con seudónimo porque aspiraba a tener una carrera más “literaria” en la que usar su nombre completo. Décadas más tarde se cambiaría legalmente el
cómics de la editorial. Las aventuras de Spiderman han sido adaptadas, además, a tiras de prensa que se publican en periódicos de todo el mundo, a varias series de dibujos animados y, en 2002, gozó de su primera superproducción cinematográfica, dirigida por Sam Raimi, que fue un monumental éxito de taquilla, lo mismo que sus secuelas. Todo ello ha convertido a Spiderman en el símbolo de la compañía Marvel Comics y en uno de los personajes de ficción más conocidos del mundo. Steve Ditko daría con la imagen definitiva de Spiderman, desechando por completo el trabajo previo de Kirby, En su lugar, Ditko diseñó un traje reconocible desde cualquier punto de vista, muy original, de máscara cerrada y grandes ojos blancos, lo cual hacía de Spiderman un héroe un tanto siniestro. (Turinga)
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Guatemala, viernes 16 de noviembre de 2018
nombre a Stan Lee. El 8 de noviembre de 1961 vería la luz Fantastic Four 1, la primer historieta “Marvel”. Una revolución (¡superhéroes sin máscara! ¡Pasan más tiempo peleados entre ellos que contra los malos!) en la que Lee se desmelenó creando personajes a todas horas y escribiendo casi toda la producción de Marvel durante sus primeros años. Los Vengadores, los X-Men originales, los Cuatro Fantásticos y Spider-Man son solo algunas de las creaciones de Lee a principios de los 60. Salvo el Capitán América y Los Guardianes de la Galaxia (aunque Groot es suyo) los personajes principales del universo cinematográfico Disney son suyos, desde el humilde Hombre Hormiga hasta Iron Man. Incluso Thor, aunque fuese un dios nórdico. En el caso de los X-Men, la serie original nunca funcionó bien, y fueron otras manos las que llevaron el concepto a la fama con otros personajes. El Profesor Xavier, La Bestia, el Hombre de Hielo, Cíclope, Jean Grey y El Ángel son los únicos que debemos a Stan Lee. Logan, Tormenta y el resto de mutantes vendrían mucho después. Es el único apartado Marvel en el que el éxito en cines no bebe directamente de sus personajes ni de sus historias, pese a mantener a sus Magneto y Xavier como referentes. Pero, ¿Daredevil, Agente Carter, Nick Furia, los Inhumanos o el propio concepto de SHIELD? Son suyos. También creó al primer superhéroe de color, Pantera Negra (otro que ya tiene película propia) y al compañero del Capitán América, el Halcón. Pero los héroes son casi lo de menos en sus creaciones. Lee dio rienda suelta a su vena shakespeariana con oponentes tremendos, casi siempre tan complejos y en ocasiones con orígenes más interesantes que los protagonistas. Porque, qué atrae más: ¿un piloto de pruebas que se convierte en una cosa llorona hecha de piedras, o un monarca absoluto con máscara de hierro que pelea cada año con el demonio para salvar el alma de su madre gitana? El Doctor Muerte, o ese Magneto que ya sabe lo que es vivir un genocidio son sus grandes creaciones. Y con líos familiares: Mercurio y la Bruja Escarla-
ta empiezan como villanos, ignorantes de que Magneto es su padre. Ojo de Halcón y la Viuda Negra mantienen un falso romance porque ella, claro, es una espía soviética que quiere acabar con Iron Man. Años y años previos a Marvel de escribir historietas de romance y western, de monstruos y aventuras adolescentes, dotan a Stan Lee de una tecla muy especial para el melodrama y personajes que cambian de bando. Claro que, al mismo tiempo, también era un excelente creador de malotes irrisorios y supergrupos malvados a juego: un matón, un karateka trajeado y un vaquero con lazo se enfrentan a Spider-Man; varios personajes temáticos (el Hombre-Mono, el Hombre-Gato, el HombrePájaro...) forman Los Anihombres. Un circo entero, con acróbatas y payasos, decide secuestrar a Hulk. Un francés mercenario con mostachito que solo da patadas intenta vencer al Capitán América (y ese Batroc sale en el prólogo de El soldado de invierno). La línea entre lo ridículo y lo sublime no existió para Stan Lee.
Secundarios potentísimos
Silver Surfer, los más humanos secundarios de Spider-Man o el mayordomo impecable de Los Vengadores (el Jarvis que en las películas es la IA personal de Tony Stark) son ejemplos perfectos de la galería de Futuros Protagonistas parida por Lee. Decenas de personajes destinados a crear un mundo que fuese más allá de gente que es incapaz de notar que Clark Kent es Superman con gafas. En Spider-Man, sobre todo, crea un universo a pie de calle repleto de tensiones sociales. Donde da la casualidad de que su protagonista también trepa por las paredes, pero es lo de menos. En los 100 primeros números de Los Cuatro Fantásticos, lo más brillante del dúo LeeKirby, la pareja genera situaciones imposibles cada 20 páginas: ciudades futuristas ancestrales africanas, razas perdidas de superhombres en el Himalaya (Los Inhumanos, el arma secreta de Disney para no necesitar los derechos de los mutantes que tiene Fox), dimensiones negativas pobladas por insectos genocidas, universos
Robert Bruce Banner (Hulk) nació en los primeros tiempos de la histeria mutante en Dayton, Ohio, hijo del Dr. Brian Banner y de Rebecca Banner. Rebecca amaba con ternura a su único hijo, pero el alcohólico Brian sufría celos obsesivos con ello. Brian, exfísico nuclear de Los Angeles, llegó a la conclusión de que la fenomenal inteligencia de Bruce se debía a una mutación genética, provocada a su vez por una exposición de Brian a radiaciones. Los recuerdos de la primera niñez de Bruce están preñados de dolor. Brian Banner acabó por asesinar a su mujer cuando esta trataba de irse con Bruce. Este pasó el resto de su infancia con la hermana de Rebecca, y más adelante hizo el Bachillerato de Ciencias. Sublimó el dolor y la rabia que le habían acompañado en su niñez desviando
Hulk
Pese al desigual éxito de sus primeras historietas, al parecer, desde sus 40 años, Stan Lee no hacía más que mejorar.
microscópicos con supervillanos psiquiatras... Para que quede más claro: hace más de cuarenta años que Stan Lee escribió sus cómics legendarios y tanto películas como series siguen bebiendo de ahí. Porque, cuando tus protagonistas alternan con reyes mudos (porque solo una sílaba de Rayo Negro tiene el poder de una bomba atómica), gente con dedos explosivos (Blastaar) o científicos convertidos en dioses de la evolución (El Alto Evolucionador), tienes un filón entre manos. Uno que también te permite crear criaturas inadaptables al cine como Modok, un cíborg criado en una cubeta por Ideas Mecánicas Avanzadas, la startup de los científicos locos de segunda de Marvel. ¿Que qué significa MODOK? Organismo Mecanizado Diseñado Solo para Matar. Uatu, El Vigilante, es calvo, mide 10 metros, vive en la Luna y puede verte siempre. Y lo graba todo. El día que los voyeurs quieran montar una religión acudirán a Uatu, un gigante cósmico que come mundos con su inicial en la pechera; y un planeta con bigotón que está vivo y enojado.
sus impulsos hacia la seguridad relativa de la ciencia.Estudió en la Desert State University de Navajo, New Mexico, junto con figuras como Walter Langkowski (ahora, el monstruo superhéroe canadiense Sasquatch), Peter Corbeau (ganador del Premio Nobel por haber creado Corazón Estelar 1, el primer reactor solar orbital) y Raoul Stoddard (que creó el Gammatrón y aisló la radiación gamma). Aún entre sus compañeros de la Universidad, Bruce actuaba como un intelectual muy retraído, incapaz de manejar sus propias emociones. Puede decirse que era un obsesivo compulsivo, sin el más mínimo sentido del vestir. Siguiendo a Einstein, compró seis trajes exactamente iguales, todos con la camisa de color rojo, para no tener que perder tiempo pensando qué ponerse.
*Magnet
Tras doctorarse en física nuclear por el California Institute of Technology, Banner empezó a trabajar en un laboratorio de estudios nucleares en la Base del Desierto, New Mexico. Los hechos que siguieron a la detonación experimental de la bomba gamma de Banner, y a su subsecuente exposición a la radiación, ya están bien documentados. Baste decir que los rayos gamma estimularon su ira reprimida, y liberaron a una poderosa criatura nacida de la rabia, el dolor y el miedo. De hecho, este “Hulk” solo era una manifestación de entre, al menos, tres identidades distintas que he diagnosticado en la mente de Bruce Banner. Puedo expresar estos tres caracteres con los términos freudianos superyó, yo y ello.