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Guatemala, viernes 15 de diciembre de 2017
Julia Gamb
Editorial A propósito de los científicos que con vocación casi apostólica pilotaron aeronaves británicas para determinar, entre otras variables, los efectos de la presión atmosférica y la velocidad en el fuselaje de los aparatos, cabe reflexionar que toda investigación nace de una pregunta, o varias, o demasiadas: ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Este caso que nos ocupa se dio no solo en el espacio aéreo sino en los sótanos académicos en cuyas probetas y alambiques, por decirlo así, se incubaban nuevas preguntas: ¿Cómo volar más seguramente y con mayor rapidez? ¿Cómo opera la presión atmosférica más la velocidad sobre la estructura de una nave? Muchos de estos pioneros de la aviación en un contexto de guerra, se hicieron al aire sin saber mucho de pilotar una nave. Uno era fisiólogo, otro matemático, había algún físico y hasta un biólogo marino. Bucear en el viento. Eso hicieron estos aeronautas de tierra firme que buscaban descifrar las claves de lo que no se ve. Pero la de ellos, pese a la tragedia, es una historia de valentía, compromiso y persistencia, pues “soportaron congelarse en las cabinas de pilotaje y participaron en versiones aéreas de la ruleta rusa para ampliar significativamente nuestra comprensión de la aeronáutica”. Aunque muchos, en efecto, pagaron el más alto precio, dejaron con ello una elevada lección de razón y valentía.
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a dedicado la mayor parte de su vida a la enseñanza en la Academia Comercial “Pedro de Betancourt”, por ella fundada; sin embargo, ha extendido su magisterio al servicio de la juventud guatemalteca, dirigiendo grupos para cultivar en ella el sentimiento de solidaridad y la voluntad de cooperación, a la vez que impulsar sus acciones en beneficio de la comunidad y prestar utilidad a su tiempo libre, sin perjuicio de agregarle el aprendizaje conjunto y un sano divertimiento. A propósito de su anterior poemario Escribo para todos, la crítica ha reconocido su espontaneidad de cantora, con variantes de su claro pensamiento y su intensa sensibilidad, expresando su ser en un lenguaje sencillo y puro: “Al leer sus estrofas —escribió Alfonso Enrique Barrientos—, la volvemos a encontrar revestida de ese tenue velo del arte de decir las cosas con ritmo, con acento, al compás de las palabras mismas”. Tanto en su poesía como en sus cuentos y en sus artículos de orientación, hay una entrega cordial, un afán generoso de guiar y un hondo sentido de humanidad.
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DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano
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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina
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Polo a la vista
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lería El Polo Sur fue alcanzado el 14 de diciembre de 1911, 35 días antes que la expedición de Scott. El noruego Roald Engelbregt Gravning Amundsen (1872-1928) levantó en pleno polo su campamento, llamado Polheim. Decidió dejar una tienda con una carta en su interior, que daría testimonio de su logro en el caso de que el equipo no pudiese regresar a Framheim.
Cuento 211
El rey y el campesino El sol se ponía y el viejo campesino llamado Mateo terminaba sus diarias labores agrícolas. A la distancia oyó un canto que el eco repetía entre las sierras. Volviéndose en dirección al sonido, vio una gran comitiva de hombres a caballo que salía del bosque y marchaba por la carretera hacia la aldea. Eran el Rey y sus caballeros que retornaban de la caza. El rey cabalgaba al frente seguido de los grandes del reino y de sus ministros, luciendo todos sus brillantes armaduras, mientras la banda soplaba las cornetas y cantaba canciones. Era un espectáculo magnífico. Cuando Mateo vio a los caballeros con sus lucientes escudos y armas, no pudo despegar los ojos de ellos. Grande fue su asombro al ver que el Rey hacía detener la caravana con una señal de su mano y se dirigía con tres de sus consejeros directamente a campo traviesa hasta donde él estaba. El viejo campesino se apretó el cinturón, sacudió el polvo de la chaqueta y, con la gorra en la mano, esperó reverentemente la llegada del Rey. El Rey se acercó al campesino y después de saludarlo le dijo: –Buen hombre, no te has levantado lo bastante temprano para hacer todo tu trabajo. Mateo le replicó: –Sí, me levanté temprano, bondadoso y amado Rey, pero Dios Nuestro Señor no me lo permitió. El Rey le preguntó entonces: –¿Abuelo, cuánto tiempo ha estado en flor ese huerto nevado sobre la cima cubierta de salvia de la montaña? –Hace ya cuarenta años, gracioso señor –contestó el campesino. El Rey haciendo con su cabeza un signo de comprensión le preguntó entonces: –¿Cuánto tiempo han estado fluyendo los manantiales de debajo de la montaña? –Más de quince años, señor, han estado fluyendo y fluyendo. –Hasta ahora bien –dijo el Rey–. Ahora dime: Cuando tres gansos tontos lleguen del Este, ¿serás capaz de esquilarlos? –¡Oh, muy bien, mi amado Señor! –le contestó inmediatamente el viejo. Al oír estas palabras, el Rey le regaló a Mateo un cinturón dorado y se despidió de él, dándole la bendición. Pronto se unió al resto de la caravana junto con sus tres consejeros y se perdió en seguida entre las nubes de polvo que levantaban los caballos al galopar hacia la capital. Cuando llegaron a su destino, el Rey, los consejeros y los caballeros celebraron un gran banquete. Cuando terminaron, el Rey pidió a sus consejeros que lo habían acompañado a ver al campesino que le explicaran el significado de las preguntas que le había hecho al campesino y de las respuestas que éste había dado. Los consejeros pensaron y pensaron durante mucho rato, tratando de adivinar los acertijos, pero ninguna de sus explicaciones satisfizo al Rey. Por último el Rey les dio treinta días para que encontraran las respuestas correspondientes, advirtiéndoles de que si fracasaban, elegiría otros consejeros en su reemplazo. Noche tras noche los consejeros cavilaron y deliberaron sin poder descifrar las palabras. A la postre decidieron ir a ver al campesino Mateo. El viejo Mateo los recibió en el umbral de su cabaña con una humilde reverencia, pero se negó a aclararle sus palabras. Por más que los consejeros le rogaron y amenazaron, no consiguieron nada. Solo cuando hubieron puesto sobre la mesa cien ducados de oro cada uno de ellos se dignó Mateo, después de haber guardado el dinero en su bolsillo, revelar el significado de los acertijos. –Mi primera contestación al Rey significó que me casé joven y tuve hijos, pero el Señor se los llevó. La segunda quiso decir que hace 40 años que encanecí. Luego el Rey preguntó cuánto tiempo habían surtido los manantiales, refiriéndose a mis lágrimas de dolor. Por último, con los tres tontos gansos del Este quiso aludir a vosotros, que habrías de venir a pagarme para que os explicara la conversación entre el Rey y yo. Y como prometí al Rey, los gansos han sido esquilados. Anónimo/Polonia
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Matemáticos voladores Keith Lucas murió instantáneamente cuando su biplano BE2 chocó con el de un colega sobre la llanura de Salisbury (Inglaterra) el 5 de octubre de 1916. Como capitán en el Real Cuerpo Aéreo británico, Lucas sabía que su muerte era un riesgo laboral apoyando a las fuerzas británicas en la Primera Guerra Mundial. Pero Lucas no era un piloto de carrera, era un fisiólogo, y era bastante bueno en su trabajo, por lo que había sido elegido miembro de la prestigiosa organización científica Royal Society en 1913. ¿Qué lo llevó de la relativa seguridad de su laboratorio en Cambridge (Inglaterra) a surcar el aire y, finalmente, a su trágico final?
La ciencia y la guerra los convirtieron en unos verdaderos pilotos de prueba.
Tony Royle*
ace poco más de 100 años, un grupo de matemáticos y científicos coincidieron en la Royal Aircraft Factory en Farnborough, Hampshire (Inglaterra). Allí, ejercían su oficio en el corazón de los intentos británicos de impulsar la aeronáutica de ala fija, como la de los modernos aviones, durante sus inicios. Pero pronto se dieron cuenta de que si iban a completar su misión, no valdría con sus conocimientos científicos: tendrían que aprender a volar. La suya es una historia de logros técnicos, flexibilidad e ingenio en el contexto de un nuevo campo de la ingeniería, impulsado por las necesidades e incentivos del conflicto. Pero es también una historia de valentía, compromiso, persistencia y tragedia. En 2017, el uso de las matemáticas para predecir el éxito o el fracaso de una estructura de aeronave implica principalmente tocar teclas en una computadora mientras se está sentado en una cómoda oficina. Pero hace 100 años, las cosas eran muy diferentes. Lucas y sus colegas soportaron congelarse en las cabinas de pilotaje y participaron en versiones aéreas de la ruleta rusa para ampliar significativamente nuestra comprensión de la aeronáutica. Muchos de ellos pagaron el más alto precio. Después de 6 meses siguiendo el rastro de estos aventureros innovadores, encontré que la información sobre Lucas era particularmente elusiva. Sabía que había sido reclutado para trabajar en el diseño de la brújula en Farnborough,
pero los detalles de su participación exacta en la guerra eran incompletos. Después de haber agotado todas las líneas de investigación convencionales, estaba viendo un pronóstico del tiempo de la BBC cuando me di cuenta de que una idea potencial estaba, literalmente, mirándome a la cara. La presentadora era Sarah Keith-Lucas. Ya sabía por mi investigación que la familia Lucas había cambiado su apellido a Keith-Lucas, añadiendo el nombre de pila de su antepasado, como una señal de respeto tras el trágico accidente. Entonces, ¿había una conexión? Me emocioné cuando Sarah respondió a mi correo electrónico y reveló que era uno de las bisnietas de Lucas. También resultó que su tía, Mary Benjamin, era la archivista de la familia y mantenía un alijo de material potencialmente interesante que estaba dispuesta a compartir conmigo. Además, el padre de Sarah, Chris, estaba en posesión de una o dos brújulas originales de Lucas. De repente, volví a encontrar la senda. Llegué a la hermosa casa de Mary para encontrar una horda de tesoros relacionados con Lucas, presentados para mi lectura, de libros y artículos a fotografías y cartas personales. Incluso Chris tenía las brújulas de Lucas allí para que yo me deleitara. Después de unas cuantas horas de lectura, toma de notas y una conversación encantadora, había aprendido una gran cantidad de cosas sobre el piloto. Sin embargo, gran parte de su trabajo en Farnborough seguía siendo un misterio y solo quedaba sin abrir una caja de archivos. Fotos: Archivo
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Restos de la aeronave que marcó el final prematuro de Keith Lucas.
Keith Lucas.
Mary pensó que esta contenía únicamente material relacionado con la fisiología así que probablemente sería de poco interés para mí, pero decidimos echar un vistazo rápido de todos modos. Efectivamente, estaba lleno de reflexiones académicas detalladas acerca de los músculos y los nervios.
Resmas inesperadas
En el fondo, sin embargo, había un grueso sobre marrón oscuro. Rápidamente lo abrí esperando más de lo mismo pero, para mi deleite, era la veta madre de la aeronáutica: resmas (medida antigua que equivale a 500 pliegos de papel) de planos y exposiciones experimentales que documentaban todo el trabajo de Lucas en Farnborough. La experiencia fue una ilustración única de cómo un recurso de archivo inesperado puede aparecer repentinamente y ayudar a avanzar la investigación. Antes de mi adiós, pasé un momento contemplando un artículo en particular, el diario de vuelo de Lucas, cuidadosamente guardado por Mary, que detallaba las fugaces aventuras de su abuelo sobre la llanura de Salisbury. Yo mismo tengo un número de cuadernos similares, cada entrada representa un cuento corto en mi propia vida como piloto. Me hizo apreciar lo afortunado que había sido. La historia de Lucas fue breve, muy breve en comparación con la mía. Todavía estoy absorbiendo este maravilloso archivo de material, pero ya está claro que Lucas fue importate en el diseño y pruebas de una brújula confiable para la aviación. También fue clave en la evolución de equipos más precisos para lanzar bombas. La primera generación de bombarderos era poco fiable si el avión cabeceaba arriba y abajo debido a alguna perturbación en el aire. Para ayudar a desarrollar un dispositivo de orientación más preciso era necesario encontrar una forma de registrar la naturaleza y la duración de tales oscilaciones de tono. Sin embargo, Lucas seguía la estela de otro hombre, uno que quizás merece más el título de héroe no reconocido entre los mate-
máticos de la Royal Aircraft Factory, Edward Teshmaker Busk. A diferencia de los pioneros industriales de la aviación de esa época que se convirtieron en nombres familiares, como Geoffrey de Havilland y Frederick Handley Page, pocas personas han oído hablar de Busk. Pero si no fuera por él, los pilotos británicos podrían haber sido obligados a entrar en la guerra con máquinas desprovistas de estabilidad.
Héroe anónimo
Después de graduarse de King’s College, Cambridge, Busk fue escogido para unirse a la Royal Aircraft Factory en 1912. Los diseñadores no podían averiguar por qué los aviones volvían solo a veces a su trayectoria de vuelo original después de haber sido golpeados por una perturbación. La pregunta fundamental era qué determinaba la naturaleza de las oscilaciones que experimentaba una aeronave después, por ejemplo, de ser golpeada por una fuerte ráfaga de viento. ¿Cómo se podría diseñar un avión de modo que estas oscilaciones no necesiten los ajustes del piloto para estabilizarse? Como los aviones de ala fija en ese momento se consideraban principalmente herramientas de reconocimiento, la provisión de una plataforma estable para observaciones se consideraba esencial. La forma en que los objetos sólidos giran en el espacio y se mueven a través de un fluido como el agua o el aire eran principios que se entendían relativamente bien en esa época. Lo que faltaba en relación con los aviones era una comprensión completa de cómo el ascensor creado por sus alas en forma de aerodinámica modificaba el movimiento. En particular, los diseñadores necesitaban conocer cómo afectaba a la estabilidad tras una perturbación la interrelación entre el rodillo de la aeronave (rotación alrededor del eje longitudinal) y la rotación alrededor del eje vertical. La teoría había sido establecida en 1911 por George Bryan, profesor de Matemáticas en la Universidad de Bangor, en el norte de Gales
(Reino Unido). El matemático fue capaz de resumir en un par de ecuaciones las características de diseño y las condiciones necesarias para mantener un avión estable. El problema era que estas operaciones no podían ser resueltas sin conocer ciertos parámetros que dependían de cómo las fuerzas iniciales que actuaban sobre las superficies de la aeronave alteraban su movimiento alrededor de sus tres ejes. Desafortunadamente, tales datos solo estaban disponibles a través de experimentos rudimentarios de túnel de viento con modelos o realizando pruebas de vuelo más peligrosas pero mucho más confiables y representativas en aviones a gran escala. Aquí es donde la combinación única de talentos de Busk se hizo inestimable. No solo era un piloto experimentado, sino que también podía comprender plenamente las implicaciones y el argumento de las matemáticas más exigentes de Bryan. Busk diseñó una serie de instrumentos a medida y llevó a cabo numerosos ensayos de vuelo para obtener los valores necesarios que definían las incógnitas en las ecuaciones de Bryan. Estos llamados derivados de la resistencia que cuantificaban la forma en que los aviones se comportaban en respuesta a las perturbaciones en el aire eran las piezas necesarias para completar el rompecabezas matemático. Como resultado, Busk fue capaz de desentrañar los misterios de la estabilidad, un esfuerzo que llevó en 1913 a la producción del primer avión inherentemente estable, el RE1. Tristemente, Busk no vería en marcha su contribución al esfuerzo de la guerra. Durante un vuelo de prueba el 5 de noviembre de 1914, una chispa del motor encendió un charco de combustible que se había filtrado en su cabina. Esto causó una explosión y una bola de fuego que engulló y destruyó completamente el avión. Las noticias de su muerte reverberaron en todo el mundo de la aviación. Pero también amenazaron con detener el trabajo de los matemáticos de la Royal Aircraft Factory antes de que realmente hubiera comenzado. No dispuestos a arriesgar la vida
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Royal Aircraft Factory en Farnborough.
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William Farren y David Pinsent. (Archivo de la familia Pinsent).
de sus talentosos y muy necesarios investigadores, los oficiales superiores suspendieron cualquier permiso para volar y realizar sus propios experimentos aéreos.
lante hacia abajo en lugar de tirar hacia arriba. El punto clave era que cualquier sección de ala detenida tenía que ser devuelta a un vuelo normal. Durante esos vuelos de prueba iniciales, Lindemann debía pisar una línea muy fina entre el valor extremo y la completa locura. Claramente, su larga carrera después de Farnborough muestra que la pisó muy bien.
De vuelta al aire
Podría haber sido el final de esta historia si no hubiera sido por la continuación de la guerra. A medida que el conflicto avanzaba, la demanda de aviones más fuertes, más rápidos, más maniobrables y versátiles creció rápidamente. La moratoria diseñada para proteger a los académicos de Farnborough significó que las tareas experimentales fueron delegadas a los pilotos de prueba del Ejército, y empezaron a tener serios problemas operacionales. La información crucial fue perdida o pasada por alto, resultando en frustrantes retrasos en el avance. En la primavera de 1915, con el fin de eludir el dictamen, el investigador Geoffrey Ingram Taylor organizó astutamente el modo de ser despedido de su puesto académico, lo que le permitió unirse a la Royal Flying Corps. Rápidamente aprendió a volar, solo para luego volver a postularse de inmediato y ser reelegido a su antigua posición en Farnborough. Este antiguo meteorólogo podría mejor describirse como el cerebro de la investigación aerodinámica temprana. Estudió cómo cambia la presión a medida que el aire fluye a través de las superficies superior e inferior de un ala en vuelo, pero también formalizó las matemáticas describiendo la acción de un paracaídas (habiendo aprendido a usar uno él mismo). Acabó forjando una carrera muy influyente en ciencias aplicadas y matemáticas, para con el tiempo convertirse en uno de los británicos enviados a los EE. UU. para participar en el Proyecto Manhattan, con el fin de desarrollar la primera bomba atómica. Después de la estratagema de Taylor, la rebelión académica contra la normativa ganó impulso. El líder no oficial del movimiento fue el físico Frederick Lindemann, quien finalmente negoció un acuerdo para permitirle a él y a otros tres (Keith Lucas, George Thomson y William Farren) asistir a una escuela de vuelo. Posteriormente, pasaría a actuar como el principal asesor científico de Churchill durante la Segunda Guerra Mundial.
Nuevos avances y tragedia
Edward Busk.
Pero la preocupación inmediata de Lindemann, después de su entrenamiento de vuelo, fue abordar la incertidumbre que rodea a un problema responsable de decenas de muertes: las aeronaves se desestabilizaban y giraban generalmente debido al mal manejo a baja velocidad, y las acciones necesarias para una recuperación segura no estaban claras. Nadie había determinado aún la descripción matemática de la espiral asociada con la trayectoria de un avión a través del aire durante un giro, o el estado exacto de sus superficies de vuelo y control. Lindemann tuvo el coraje de llevar a cabo las pruebas de vuelo necesarias, junto con la comprensión más profunda del matemático británico Hermann Glauert, para producir el análisis teórico completo necesario. Las acciones prácticas de recuperación de giros que proporcionó este trabajo, salvaron las vidas de innumerables pilotos que tuvieron la desgracia de quedarse atrapados en un giro. Lo que destacaba de la voluntad de Lindemann de exponerse a una maniobra tan peligrosa era su completa falta de experiencia en el manejo. Sus cálculos matemáticos indicaron que la forma de detener el giro era detener inicialmente la rotación con el timón y luego, contraintuitivamente empujar la parte de ade-
No todo el conjunto de Farnborough fue tan afortunado como Lindemann. David Hume Pinsent es quizás más famoso por su relación con el filósofo Ludwig Wittgenstein que por sus proezas académicas. Pero fue uno de los mejores matemáticos de Cambridge de la promoción de 1913 y su trabajo en aeronáutica no debe ser ignorado. Su aspiración de convertirse en piloto nunca se realizó, pero pasó muchas horas en el aire como observador realizando experimentos. Era una opción a tener en cuenta para este papel debido a su pequeña figura, lo que permitía que una gran cantidad de equipo técnico fuera escondido en la cabina junto a él. Escribió un diario durante su vida que ofrece su visión sobre la escuela, la universidad y sus relaciones personales y profesionales. También he celebrado y leído las cartas desgarradoras en las que tranquiliza a su madre preocupada por la seguridad de sus hazañas aéreas. Pinsent murió el 8 de mayo de 1918, cuando su avión DH4 sufrió un fallo estructural durante una prueba de aire de rutina. En agosto del mismo año, el nombre de Hugh Archibald Renwick se agregó a la creciente lista de víctimas académicas. Renwick había sobrevivido a una bala que pasó limpia a través de su pecho mientras que estaba en el frente durante la fase temprana de la guerra. Su vida terminó de manera similar a la de Pinsent, cuando un ala de su RE8 falló a algo más de 600 metros de altura durante una prueba de aire similar. A pesar de que en su mayoría eran civiles, el lema del Real Cuerpo Aéreo británico se aplica tanto a ellos como a sus homólogos luchadores: Por ardua ad astra. A través de la adversidad, a las estrellas. * N+1
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Hemeroteca del Diario de Centro América
Lázaro Cárdenas
DCA.- 1 de diciembre de 1934.- La Secretaría de Relaciones Exteriores recibió un mensaje de México, en el que dan cuenta de la toma de posesión del nuevo presidente del país hermano, general Lázaro Cárdenas. En el mismo mensaje se informa que el nuevo gabinete quedó integrado de la siguiente forma: Gobernación, ingeniero Juan de Dios Bojórquez; Hacienda, licenciado Narciso Bassols; Agricultura, Tomás Garrido; Economía, general Francisco Mojica; Educación, licenciado Ignacio García Téllez; Guerra, general Pablo Quiroga; Comunicaciones, Rodolfo Elías Calles; Relaciones Exteriores, licenciado Emilio Portes Gil; Salubridad, doctor Abraham Ayala González; Departamento del Distrito Federal, licenciado Aarón Sáenz; Departamento del Trabajo, licenciado Silvano Barba González; Departamento Agrario, licenciado Gabino Vásquez; Procuraduría General, licenciado Silvestre Guerrero; Procuraduría del Distrito y Territorio, licenciado Raúl Castellanos; secretario particular de la Presidencia, licenciado Luis Rodríguez. La capital está llena de visitantes procedentes de todas partes del país, que han arribado con el objeto de presenciar la investidura del general Cárdenas en el Estadio Nacional.
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Reporte en V
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Hoy los padres acuden a la consulta con mucho más conocimiento que antes.
Pediatría para superprogenitores Muchos de los nuevos padres y madres acuden a la consulta de sus hijos con más respuestas que preguntas. Los progenitores conocen sus derechos y solo quieren actuar de la mejor forma posible, pero en caso de problemas graves la última palabra la debe tener siempre el médico.
Verónica Fuentes *
os padres y madres del siglo XXI se involucran en el bienestar de sus criaturas tanto como los de la generación anterior, pero su relación con los pediatras ha cambiado mucho. No es de extrañar, teniendo en cuenta que solo con un clic acceden a ingentes cantidades de información sobre salud infantil. “Hoy acuden a la consulta con mucho más conocimiento que antes, lo que es positivo”, explica Roi Piñeiro, jefe asociado del Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba. “La dificultad radica en filtrar, en seleccionar qué es correcto y qué no. Es algo que se aprende con el tiempo”. La confianza en el pediatra resulta hoy fundamental, opina Piñeiro. Una nueva labor del especialista es corroborar o corregir lo que los padres han leído en Internet; incluso repasar la información que, aun siendo correcta, puede haberse malinterpretado. Pero ¿qué hacer
cuando unos padres cuestionan el diagnóstico o la medicación? En su opinión y la de otros compañeros de profesión, hay que argumentar con evidencias científicas para que no interfieran en las indicaciones terapéuticas a sus hijos. “A los padres hay que escucharles siempre, porque en muchas ocasiones tienen la llave del diagnóstico del niño. El problema son los que están equivocados”, afirma Consuelo Pedrón, veterana pediatra en la sección de Gastroenterología y Nutrición del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. “Primero hay que preguntarles dónde se han informado y después explicarles cuáles son los riesgos de seguir pautas incorrectas”. Quitando los casos provenientes de trastornos clínicos, las situaciones más graves a las que se ha enfrentado la especialista tienen que ver con niños ingresados por altos déficits de vitamina B12, generados por una lactancia materna exclusiva demasiado prolongada o vegetarianismo impuesto por los padres sin los suplementos adecuados.
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la infección. El pequeño Francesco tuvo que ser atendido en estado crítico en un centro hospitalario, pero lamentablemente no funcionó.
¿Por qué no vacunarlos?
Debido a un fenómeno que tiene que ver con el rechazo a la “verdad oficial”, muchos padres se resisten a vacunar a sus hijos, llegando a arriesgar su vida.
La especialista en nutrición infantil sostiene que, salvo casos extremos, los familiares siempre piensan que están haciendo lo mejor para sus hijos. “No se les puede acusar de negligencia o de malos cuidados, hay que procurar quitarles la sensación de culpa y mejorar la situación”, apunta. Existen pocos datos sobre el efecto beneficioso o distorsionador de las búsquedas en Internet relacionadas con la salud infantil, aunque lo cierto es que hay miles de blogs, webs y foros dedicados al cuidado de los hijos, y no todos son fiables. “Nos puede generar inseguridad haber perdido la exclusividad como fuente de información sobre salud y que se pueda cuestionar nuestro criterio con argumentos más o menos acertados”, cuenta el pediatra Aser García Rada. “Deberíamos aceptar estas circunstancias –continúa– y ganar en humildad y empatía para resolver sin recelo ni condescendencia las dudas de padres que generalmente van a tener más información que antes para contrastar”.
Conflictos con los padres 2.0
Los profesionales deben adaptarse a las nuevas tecnologías, si bien no han recibido formación sobre cómo afrontar ese exceso de información. “Tampoco sobre cómo comunicarnos efectivamente con los pacientes, es una asignatura pendiente que poco a poco vamos afrontando”, subraya Cristina Calvo, jefa del Servicio de Pediatría, Enfermedades Infecciosas y Tropicales del Hospital Universitario La Paz. Además, en las últimas décadas la práctica de la medicina ha cambiado. Hoy la ciudadanía conoce cada vez mejor sus derechos, lo que supone la posibilidad de aceptar una prescripción clínica o no hacerlo. En la actualidad se trabaja para alcanzar decisiones consensuadas con los propios pacientes. “Los tiempos de la medicina paternalista, en la que solo hablaba y decidía el médico, deben terminar”, subraya Piñeiro. Opina igual Aser García Rada. “En general se subestima a la población pensando que la mayoría no va a tener criterio para valorar la fiabilidad de una fuente. En mi caso, y salvo casos concretos, la experiencia me ha demostrado lo
contrario”. Es innegable que existe una nueva generación de padres y madres sobradamente informados sobre la salud de sus hijos. “Sí, pero algunos no saben sacar mucho partido de esos detalles”, subraya Pedrón. “El aumento de la educación no se traduce en menos consultas médicas. Todo lo contrario, porque acuden 3 y 4 veces por la misma causa”.
Acabar con la homeopatía
Los pediatras de primaria ven muchísimos pacientes todos los días, por lo que tienen en sus manos una difícil labor educativa y de promoción de la salud. Pero, ¿y si los padres se deciden por opciones no validadas científicamente? “No hay que tratarles con arrogancia o displicencia. Es poco profesional y contraproducente porque ponemos a la defensiva a aquellos cuyas prácticas pretendemos cambiar”, indica García Rada. Sobre el uso de la homeopatía en niños hay pocas cifras, pues la venta es libre y es difícil comprobar qué cantidad se vende realmente, y si se administra a los niños o no. Un estudio publicado en 2013 sobre el uso de medicina complementaria y alternativa en niños de 20 países europeos extrapoló que el 56 por ciento de la población en general la había utilizado al menos una vez en el último año, un porcentaje que apenas bajaba al 52 por ciento en el caso exclusivo de los niños en Europa. Vivimos una época de cuestionamiento generalizado de las instituciones, la autoridad, lo establecido. “No es que la gente sea incompetente, es que nuestro contexto favorece creer en realidades alternativas cuando lo convencional nos ha defraudado”, puntualiza el especialista. No obstante, la advertencia es clara en el caso de la homeopatía: “Los pediatras recomendamos no administrar productos homeopáticos a los niños”, subraya Roi Piñeiro. Lo más grave ocurre cuando los padres sustituyen el tratamiento prescrito por el pediatra por uno homeopático. Así murió recientemente, en mayo de 2017, un niño italiano de 7 años. Sus padres decidieron tratar su otitis solo con homeopatía, haciendo caso omiso al antibiótico prescrito por el pediatra y que habría curado sin complicaciones
En julio pasado, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad publicó los datos de las coberturas vacunales correspondientes a 2016. La media en España es alta y ronda el 95 por ciento, incluso en los 2 primeros años de vida es aún mayor: más del 97 por ciento el primero (3 dosis de DTPa, Hib, polio y hepatitis B, y primovacunación frente a meningococo C) y más del 95 por ciento en las dosis de refuerzo el segundo (DTPa, Hib, polio y meningococo C). En la historia clínica del niño se recoge la documentación que los padres deben firmar responsabilizándose de las complicaciones que puedan acontecer a su hijo por no haberse vacunado. Con los que son contrarios a la vacunación de sus hijos, el problema es complejo. Se pone en riesgo directamente a los pacientes, de ahí que algunos pediatras consideren que no poner las vacunas se debería considerar un tipo de maltrato. Las vacunas son responsables primordiales de que la mortalidad infantil haya descendido enormemente en los países industrializados. Las incluidas en el calendario vacunal infantil (como la de la hepatitis B, la triple vírica, la meningitis C, la polio, etc.) han pasado estudios exhaustivos que justifican su beneficio. “Cuando encuentro a una familia que no quiere administrárselas a sus hijos, trato de explicarles que superan ampliamente los riesgos documentados. Respeto en cualquier caso su decisión, siempre que no constate que la falta de vacunación se deba a un descuido generalizado o a problemas de índole social”, añade García Rada.
La información incorrecta
En general, el padre y la madre 2.0 tienen estudios universitarios, una edad comprendida entre los 25 y los 40 años y suficientes posibilidades económicas como para poder disponer de teléfonos o tabletas inteligentes y una buena conexión a Internet. “Están intoxicados por información inadecuada, pero eso no quiere decir que no tengan capacidad crítica”, mantiene Roi Piñeiro. “La actitud del pediatra debe pasar siempre por el diálogo, basado en el respeto y la confianza, sin prejuzgar la actitud de unos padres que, aun estando equivocados, solo buscan lo mejor para sus hijos”. Los expertos se ponen de acuerdo en que la mejor recomendación es confiar en su médico. “Si nuestra actitud es el enfado, no cambiarán nunca de opinión, y no debemos olvidar que es la salud de sus hijos la que nos interesa”, concluye Piñeiro. Si los pediatras dedican tiempo, empatía y orientación adecuada a los padres, sus ‘poderes’ estarán siempre asegurados. El pediatra es siempre el que mejor cuida al niño. Pero si lo padres desean recabar más información en Internet, los expertos pueden recomendar páginas fiables. Lo primero que se debe hacer al visitar una página es buscar signos y síntomas de que se trata de una web de confianza. Numerosas sociedades científicas tienen páginas con información para padres, elaboradas por profesionales con reconocida experiencia en el campo. *Sinc
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Contando el tiempo
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¿Adolescencia como nueva infancia? Fotos: Archivo
unos vagos, ni que sean más responsables. En su opinión, hay un factor que unifica todo ello, como expone en The Conversation: “Todas ellas son actividades que realizan los adultos”, recuerda. “Lo que está haciendo por lo tanto esta generación de adolescentes es retrasar las responsabilidades y placeres de la vida adulta”. Una tesis que nos ayuda a entender un poco mejor cómo funciona la sociedad.
Una existencia que se expande
Una nueva investigación muestra que ciertos rituales de entrada la vida adulta se están retrasando. ¿Por qué y qué nos desvela este hallazgo sobre la sociedad en que vivimos? Héctor G. Barnés* urante los últimos años, diversos informes han puesto de manifiesto un cierto cambio de costumbre entre los jóvenes. La Fundación Alcohol y Sociedad (FAS) indicaba recientemente que los adolescentes beben un 30 por ciento menos que hace 20 años. Además, como señaló la Estrategia Nacional sobre Drogas 2009-2016, la edad de inicio en el consumo de alcohol y de tabaco ha aumentado ligeramente en los últimos años. No se trata tan solo de estupefacientes. Mientras que en 2002 los jóvenes de entre 18 y 34 años representaban el 40 por ciento de los conductores de automóviles, este porcentaje descendió hasta el 27.5 por ciento en 2015.
Estos datos se repiten en muchos países occidentales, como revela una investigación publicada en Child Development, que refleja “el declive en las actividades de adultos entre adolescentes estadounidenses”. No se trata tan solo del consumo de alcohol, tabaco o drogas ilegales, sino también de la edad a la que se empieza a conducir, la primera vez que se hace el amor o a qué dedican su tiempo libre. Aunque no se debe generalizar, los datos muestran en una interesante dirección: los adolescentes cada vez tardan más en hacer esas cosas tradicionalmente consideradas “de mayores”. Lo más llamativo del caso es que estos datos se repiten en todas las edades, razas y regiones, urbanas o rurales. Es decir, se trata de un movimiento generalizado. Según la investigación realizada por la profesora de Psicología de la Universidad de San Diego, Jean Twenge, los adolescentes beben y se drogan menos, tardan más en sacarse el carnet de conducir (el mínimo legal en EE. UU. es de 16 años), no suelen buscar trabajos de verano y tardan más en hacer el amor por primera vez. Una tendencia opuesta que contradice la supuesta precocidad de los adolescentes del siglo XXI. En opinión de la autora, la mayoría de argumentos que se utilizan para explicar esta situación son muy parciales. No es ni la crisis, ni que la generación Z sea aburrida, ni que sean
La explicación de la autora se encuentra en sintonía con otras lecturas sociológicas realizadas durante las últimas décadas y que, coloquialmente, podrían resumirse en la fórmula “los 40 son los nuevos 30” (o “los 50 son los nuevos 40”, o “los 60 son los nuevos 50”…). Ya que la esperanza de vida es mucho mayor, cada una de las etapas vitales puede dilatarse. Algo que ha sido evidente con el alargamiento de la juventud hasta casi los 40 años, pero que no era tan patente en los años de infancia, quizá porque por lo general los niños y adolescentes siempre han tenido prisa por hacerse mayores. Twenge propone utilizar la teoría de las historias de vida y del continuo rápido-lento para entender los cambios que se han producido, especialmente la forma en la que el desarrollo vital depende del contexto cultural. Según esta, los ciclos vitales son más rápidos cuando la calidad de vida es peor y los niveles de natalidad, mayores, y viceversa. Durante siglos, la vida del ser humano fue así: la cantidad de hijos por pareja era mucho mayor, las posibilidades de una muerte prematura también, así que la existencia estaba orientada a la supervivencia: “Los padres necesitaban centrarse en el día a día, no en que sus hijos tuviesen clase de violín a los 5 años”. La situación es muy diferente hoy, incluso más que hace 40 años. Vivimos en la sociedad ideal para una estrategia de vida lenta, en la que cada pareja tiene menos hijos y, por lo tanto, puede dedicar un esfuerzo y tiempo mayores a cada uno de ellos. La investigadora recuerda que es algo que se repite en todas las clases sociales. Muy probablemente la crisis haya agudizado aún más ese efecto, paradójicamente: debido a que la entrada en el mercado laboral es (obligadamente) posterior, el período de formación para la vida adulta se prolonga. Si no hay trabajo, resulta aceptable permanecer unos años más en el limbo de la infancia. Es lo que defiende el psiquiatra de adolescentes Daniel Siegel, autor de El cerebro del niño (Alba) en The Washington Post: “En una cultura que te dice vas a ir al instituto, a la universidad, a hacer un máster y a ser becario, así que no vas a ser realmente responsable de ti mismo hasta los 20, tu cerebro responde en consonancia”. En realidad, se trata de una forma de protección: antes pasaba muy poco tiempo entre estos hitos de la madurez y la independencia del
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La evaluación psicopedagógica
Es perceptible el estiramiento de los ciclos de crecimiento y madurez.
individuo; hoy pueden pasar décadas entre, por ejemplo, que alguien se fume su primer cigarrillo y que disfrute de independencia económica. No es un cambio de paradigma bueno o malo per se, recuerda la autora, sino que presenta sus ventajas y sus problemas. Las primeras son obvias: los signos de madurez perniciosos, como el consumo de alcohol o tabaco, se están dejando de lado. Entre los puntos negativos se encuentran las dificultades de una adaptación tardía a ciertas exigencias vitales, especialmente en lo que se refiere a las responsabilidades ligadas con el trabajo o, como muestran los datos, a la hora de aprender a consumir alcohol, ya que son más los jóvenes que se meten atracones.
El escollo
Uno de los saltos más difíciles se produce a la hora de entrar en la universidad. Como recordaba un reciente artículo firmado por la psicóloga F. Diane Barth, son cada vez más los jóvenes que encuentran dificultades durante su primer año de universidad para adaptarse a su nuevo estilo de vida, lejos de casa. Aunque el consejo recurrente sea el de que los padres dejen que sus hijos se apañen solos, Barth animaba a que quizá sea preferible retirar poco a poco el apoyo paterno. Como recordaba un informe de UCLA, los estudiantes de primer año muestran los niveles más altos de ansiedad y depresión desde 1966. “Los administradores de las universidades describen a estudiantes que no pueden hacer nada sin llamar a sus padres”, recuerda Twenge. “Las empresas están preocupadas porque más empleados jóvenes carecen de la habilidad para trabajar de manera independiente”. Aunque esto último no es exactamente así –la psicóloga defiende que, según sus estudios, la generación Z tiene una mejor ética laboral que los millenials–, la clave se encuentra en facilitar una transición que ahora resulta complicada: puede que los profesores de instituto se hayan adaptado a esta reinfantilización de sus alumnos al tener un contacto más estrecho con ellos, pero no los universitarios, cuyo objetivo y métodos lectivos son muy diferentes. *El Confidencial
Mercedes Inda Caro El ser humano, por naturaleza, emplea mecanismos de defensa con el objeto de sobrevivir dentro de la sociedad que le rodea. Las personas se encuentran habitualmente dentro de una dinámica de responsabilidades familiares, sociales y laborales que implican cumplir unos mínimos y alcanzar una serie de metas. A lo largo de este camino difícil y con obstáculos, se debe hacer frente a conflictos tanto personales como sociales, que exigen ser solucionados para sobrevivir. Durante la etapa adolescente esta lucha se mantiene, e incluso puede llegar a ser más dura e intensa. En efecto, el menor puede desarrollar muchos mecanismos de defensa o estrategias para permanecer integrado en la sociedad, sin que ello suponga renunciar a su individualidad. Si se realizara un recorrido por las conductas de supervivencia, se podría encontrar comportamientos de mimetismo, empatía, sinceridad, simulación o engaño, entre otros. El fingimiento de una alteración de la conducta es definida por la Asociación Americana de Psiquiatría (1994) como “la producción intencionada de síntomas físicos o psicológicos desproporcionados o falsos, motivados por incentivos externos, como no realizar el servicio militar, evitar un trabajo, obtener una compensación económica, escapar de una condena criminal u obtener drogas. Bajo algunas circunstancias, la simulación puede representar un comportamiento adaptativo: por ejemplo, fingir una
enfermedad mientras se está cautivo del enemigo en tiempo de guerra”. Los y las adolescentes que pretenden exagerar sus problemas psicológicos o incluso simularlos, suelen hacer referencia a síntomas de trastornos cuya frecuencia de ocurrencia es muy poco realista, es decir, manifiestan su presencia con una periodicidad o forma extraña; aducen síntomas muy comunes de un trastorno mental a los cuales el simulador da mucha importancia (aunque se trate en realidad en ocasiones de una parte más del trastorno, que no contribuye de manera relevante a aumentar su gravedad) y por último, suelen hacer referencia a síntomas que son genuinos, pero poco comunes entre los verdaderos pacientes. En el campo de la evaluación de estas conductas, algunos profesionales niegan la existencia de esta situación de exageración o fingimiento, al considerar que nadie es capaz de mantener de manera voluntariosa su comportamiento y sus pensamientos. Desde esta perspectiva, puesto que los simuladores no son conscientes durante su actuación de todos sus comportamientos (esta falta de conciencia impediría que fueran comportamientos deliberados), son definidos como neuróticos. Respecto a la etapa de la adolescencia, sería aún más importante dicha evaluación, en cuanto que, en su caso, las decisiones que se van a tomar afectan a individuos en proceso de desarrollo físico, psicológico y social, influyendo en su vida como adultos.
¿Es posible detectar a los adolescentes que utilizan la exageración y simulación de problemas psicológicos como instrumento para conseguir beneficios personales? La respuesta afirmativa es el caballo de batalla de psicólogos, pedagogos, médicos y educadores.
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Tragaluz
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Asturias:
invadido por la vida (2) Ilustraciones: Diego Rivera
Última parte de una entrevista al Premio Nobel de Literatura 1967 y Premio Lenin de la Paz, que guarda frescura e importancia, 50 años después. Acisclo Valladares Molina*
Evoca Miguel Ángel Asturias el recuerdo? ¿Se refugia en él algunas veces?
Creo que sí. Que hay que ser un poco manriqueños. Pero conceptúo que en estos momentos estamos viviendo una de las épocas más apasionantes: el hombre a la conquista del espacio, ya próximo a la luna. Corazones artificiales que palpitan y dan vida, casi humanos… Es fascinante ver cómo la técnica transforma todos los dones del hombre. El enorme poder de la inteligencia humana, de su creación, nos enfrenta a un mundo nuevo que para que no se escape de las manos ha de estar presente en nosotros, nuestro pensamiento y curiosidad… Pero no. No añoro los años pasados sino los futuros en que ya no viviré y el hombre habrá de conseguir los más sorprendentes avances de todos los tiempos.
Ha pasado largos años en el exilio. ¿Recuerda esos momentos de dolor?
A decir verdad, yo fui exiliado en países de América Latina y por ello mi exilio ha sido muy relativo. Era un exilio a medias, no como el destierro de Ovidio en las orillas del Mar Negro. Era el exilio de un señor que deja una habitación de su casa para trasladarse a otra, pero dentro de la misma casa. Un escritor se nutre muchas veces de sus propios proyectos, con su programa de trabajo. Así se diluyó mi exilio. Por eso no recuerdo épocas dolorosas. Lo más es el recuerdo de incomodidades y anécdotas en pequeños hoteles y habitaciones en las que los huéspedes mantienen una guerra fría contra caseros y hoteleros. Guerra fría que puede calentarse y que, de hecho, se calienta muchas veces. Hay fechas, ciertas fechas, que se clavan en el alma del exiliado con dolor inenarrable…
¿Presentó su candidatura al premio Nobel?
Según parece, no hay candidaturas para el premio Nobel. En lo que toca a mi persona, jamás quise que grupo alguno solicitara el premio para mí. En 1966 los periodistas y universitarios guatemaltecos se ofrecieron a presentar una solicitud ante la Academia sueca. Yo les
pedí que no lo hicieran, ya que siempre he considerado que los premios literarios deben llegar por el valor de la obra y no por cuñas oficiales u oficiosas que desvirtúan necesariamente la recompensa obtenida. El calor que puso en sus palabras Miguel Ángel Asturias al respondernos hizo recordarlo, imaginario, como el joven escritor que una tarde, los ojos húmedos y febril la frente, derramó en tinta gota a gota la inspiración primera de poeta…
Largo camino
La despedida siempre es difícil. Miguel Ángel Asturias habla de México, país muy unido al escritor guatemalteco en general y en particular a Asturias. “Ha sido la nación azteca refugio de los escritores perseguidos, refugio y consuelo. Le enviare en cuanto esté terminado, el guion de la película Una vida por México, biografía de Benito Juárez. Estoy entregado de lleno a este proyecto, ya que como escritor guatemalteco deseo ofrecer al pueblo mexicano un testimonio
de agradecimiento por su maravillosa hospitalidad a los escritores exiliados.” La siguiente etapa de mi viaje iniciado en los primeros días de diciembre era México. Asturias, antes de despedirme, respondió a una pregunta que le formulara cuando en Estocolmo elogió con verdadera pasión al escritor Juan Rulfo. Pasión que llegó a extremos tales como las siguientes afirmaciones del premio Nobel 1967: “El libro no escrito por mí y que hubiera querido haber firmado Pedro Páramo de Juan Rulfo. Si tuviera que proponer ahora mismo un candidato al premio Nobel de literatura 1968, propondría al mexicano Juan Rulfo…”
¿Qué admira, Miguel Ángel, en Juan Rulfo?
Su desnudez vestida. Para decirlo como él lo diría: la frase al parecer sencilla, pero adornada por realidades que se deshacen como sueños. Sus libros El llano en llamas y Pedro Páramo deben ser leídos y releídos. Allí estamos tocando una de las posibilidades de nuestra literatura: la de penetrar por adivinación al misterio indígena que nos rodea. No descifrarlo o dilucidarlo.
Viernes
Guatemala, viernes 15 de diciembre de 2017 Pero sí sentir en las yemas de los dedos la sensación de estar palpando nuestro mundo con un poco más adentro que en la misma realidad. Y no a través del sueño, sino por el contrario: a través de una claridad lúcida en la que la cosa está y no está. El ser es y no es y el mundo se nos disuelve sin dejar de existir, transportando en el tiempo y el espacio a otros lugares… Hasta acá, la entrevista y —50 años después— he vuelto a leer el trabajo. Poco después me escribiría Miguel Ángel (siempre nos tratamos de tú, no llegamos al vos, pero en la entrevista respeté el usted, por respeto a los lectores): “Acisclo Valladares Molina —decía en su carta— creador y recreador de poesía…”
¿Mis comentarios como entrevistador? ¿Lo que más me impresionó? ¿La esencia?
La mayor de sus nostalgias, la mayor nostalgia de Miguel Ángel Asturias —nostalgia asturiana— la de los años que en ya no habría de vivir… Jamás podré olvidarle, como jamás aquel viaje del que, de alguna forma, al igual que su Ulises, no volví. El 19 de octubre, en mi Colegio Mayor de Salamanca, su llamada: “¡El Nobel, Acisclo, el Nobel!” y poco después el “tienes que venir…” 6 o 7 de diciembre, el autobús del aeropuerto de Orly a Rue de Courcelles, hablando de literatura con mi compañero de asiento sin saber con quién hablaba, pontificando, acaso ¡hablé tanto de Asturias y de Borges en aquel trayecto! El “desconocido”, al despedirse y con una sonrisa benevolente, fraternal y cómplice se presentó: Adolfo Bioy Casares…
¿Podría haber regresado de aquel viaje?
Rue de Courcelles. Miguel Ángel ya se había ido. En la residencia se encontraban Miguelito, su hijo, y Mónica, su esposa, y esa misma tarde, con ellos, en avión a Estocolmo. La llegada de Miguel Ángel a Estocolmo fue en tren, en la estación, ya estábamos los tres esperando en el andén. Qué indescriptible emoción! A su lado Blanquita, Manuel José Arce (la Mona se quedó en París) y Pascalito Márquez. ¡La inolvidable foto de la rosa! En el Grand Hotel, nos lo topamos en el elevador y, sin habernos conocido antes, de ese encuentro casual, larga plática, Rex Harrison… Un viaje, decía, del que —por mucho tiempo— no pude volver. La nevada y el descubrimiento de la nieve. ¡Manuel José Arce, mi primo, que no la había visto nunca! Unas cuantas bolas de nieve y ¡claro está! nuestra efímera escultura del tradicional muñeco. Aquiles Pinto Flores y Julio César Anzueto, los corresponsales guatemaltecos —ambos excelentes periodistas— que llegaron a cubrir la ceremonia. El embajador, gran embajador, Antonio Gándara. Los cuantos tragos de más y La Chalana en Upsala, a pleno pulmón y a varios grados bajo cero. ¡Inolvidable! más patojo que yo ¡Mario Antonio Sandoval! La ceremonia, el 10 de diciembre. La entrega del premio por el rey y el discurso de Miguel Ángel: “Mi voz en el umbral. Mi voz llegada de muy lejos, de mi Guatemala natal…” Después, el baile. La salutación de Miguel Ángel a Lucía, en una de las noches ya casi más largas del invierno sueco. “¡Aquí vengo a alumbrarte, Lucía, con la luz de mis palabras”…
El sustrato mágico de la obra asturiana está en la sacralidad maya.
Blanquita bailó con Miguel Ángel y —testigo presencial que fui—, ¡jamás con Legión o cosa parecida! Gunther Lorenz y Mónica, las miradas furtivas. Rodrigo ¡claro está! el gran ausente y —sin embargo— tan presente, a la vez. ¡El más presente! Y tan presente como él, tanto para Miguel Ángel, para Blanquita, para Manuel José, y para mí, otro gran ausente, Luis Domingo (gracias a él, a su generosidad y a la de mis padres, pude hacer aquel viaje). Luis Domingo, tan cercano a todos ellos y a la obra asturiana a través de sus lecturas y del cobijo generoso que dio siempre a todos los artistas —incluso sin recursos para hacerlo— en la inexplicable época de oro —solo explicable por su humanidad, su magia y su tesón— de la Dirección General de Bellas Artes, entrañable, la que más, aquella puesta en escena de La audiencia de los confines. Elisabeth Ernst, Kerstin Asp y Lucía, la Reina de la luz… Alguien más, pero, entonces, tan solo como un presentimento. Y me veo ahora, desde lejos, aquel estudiante salmantino, a sus 21 años —me veo hoy en el espejo y no me veo— así hubo de recordarlo Manuel José Arce, ser humano excepcional, además de escritor, dramaturgo y poeta: “recostado en el Ande soberbio…” El viaje de regreso de Estocolmo a París lo hicimos en avión, Blanquita, Miguel Ángel y yo. Rue de Courcelles y el final de la entrevista. El contarle todo —todo a la vez— a Jaime Díaz Rosotto y con este, fraternal abrazo. El respeto de la izquierda guatemalteca por mi padre, Luis Valladares y Aycinena —víctima que fue suya (en todos los grupos políticos existen asesinos y esbirros) fue siempre inmenso— la ley y la equidad, en él, siempre encontradas.
No volví a ver a Miguel Ángel
Miguel Ángel y Blanquita estuvieron con mis padres en Roma, y allá almorzaron con ellos
un bacalao a la vizcaína, a decir suyo, “hecho por Mariita, para chuparse los 5 dedos de la mano”.También estuvo con mis padres, en ocasión distinta, almorzando en su casa, Juan Sisay, orgullosos mis padres, como él, de su traje nacional ¡inolvidable, acompañado por ellos, como la del Nobel y Blanquita! La nostalgia aquella de Miguel Ángel; la Navidad chapina, sus sonidos y colores, olores y sabores... ¡Nuestra Navidad chapina, ahora ya perdida, como lo habría dicho Clemente Marroquín Rojas, a golpes de extranjerización! Nostalgia por aquella Navidad pero, mayor aún, la nostalgia por los años en que ya no habría de vivir y el ser humano se encontraba llamado a alcanzar tan inimaginables cosas… Tal vez, esa nostalgia, tan particular, decía, lo que más me impactó de la entrevista. Una nostalgia aquella que no comprendía a cabalidad entonces y que, ahora, he empezado a comprender. El más joven de todos los chapines que participamos de aquel viaje sin retorno —el patojo— Mario Antonio Sandoval, ”la precoz esponja de Upsala” hoy, nada más y nada menos, que presidente del capítulo chapín de la Real Academia Española de la Lengua. Cincuenta años más nos contemplan ahora, a los años —no muchos— que entonces ya teníamos ¡tantos de nuestros personajes ya sólo en el recuerdo! ¡jóvenes y viejos, Mario Antonio y demás sobrevivientes! ¡sin nostalgias! Como en la Upsala de entonces, por el futuro ¡Salucita! Aquel viaje sin retorno, en mi caso, al final de cuentas, si lo tuvo —fue años después—. Volví y regresé y, así, en ella vine a encontrar absolutamente todo, un Aleph muy particular, pero absoluto: Raquel. ¡Siempre Raquel, mi esposa, ausente en Estocolmo —no la conocí sino hasta varios años después— y, sin embargo, ¿por qué no decirlo? presente, desde entonces… * Londres, diciembre de 2017
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Ventanas
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El puntero Juan de Dios del Cid fue un escritor y religioso nacido en San Salvador en fecha ignorada. Durante mucho tiempo se creyó que pudo haber sido a finales del siglo XVI o comienzos del XVII, pero, en realidad, El puntero... fue impreso en 1741, lo que adelanta en un siglo su fecha de nacimiento. Mcnbiografías.com
Raíces del azul maya La antigua civilización maya utilizaba una arcilla poco frecuente llamada palygorskita para combinar con un pigmento vegetal, y así obtener el azul maya. Un equipo español de investigación ha trazado el itinerario que siguieron los mayas para conseguir uno de los dos ingredientes básicos del pigmento azul maya, la arcilla palygorskita. “Nuestro primer interés radicaba en saber si los mayas extrajeron estas arcillas de un lugar determinado”, comenta Manuel Sánchez del Río, coautor del estudio y físico del European Synchrotron Radiation Facility de Grenoble (Francia). El grupo de investigadores ha analizado diferentes muestras de arcillas palygorskitas en la península del Yucatán para compararlas con otras muestras de otros orígenes. Las palygorskitas han sido utilizadas en Mesoamérica desde la antigüedad. Existen múltiples datos que sugieren que los mayas conocían sus propiedades. Sánchez del Río explica: “Las actuales comunidades indígenas de la península del Yucatán conocen y utilizan la palygorskita con fines tan variados como fabricar velas el Día de los Muertos, producir piezas de cerámica caseras y artísticas, o como tratamiento médico”. Como agente curativo era utilizada contra las paperas, el
dolor abdominal, dolores del embarazo y como medicamento para la disentería. Hoy la farmacología moderna utiliza arcillas como la palygorskita para elaborar antidiarreicos, algo que los mayas hicieron desde hace más de un milenio. Pero su uso más importante es para fabricar el pigmento azul maya, que se elabora mezclando índigo, un colorante orgánico que obtenían de la planta añil, con una matriz arcillosa de palygorskita, y que da lugar a un componente extraordinariamente resistente a las agresiones químicas o ambientales. En 1931, el redescubrimiento del pigmento azul maya desconcertó a la comunidad científica por la estabilidad y persistencia de este color encontrado en objetos datados en tiempos precolombinos. Este pigmento milenario, que se ha revelado inmune al paso del tiempo, de la erosión, de la biodegradación y de los disolventes modernos, se considera el precursor de los modernos materiales híbridos, compuestos de diseño orgánico-inorgánico con propiedades de interés en alta tecnología. Sinc
u peripecia, en cualquier caso, presenta un enorme interés para la historia de la imprenta en Centroamérica, pues se admite como cierto que él mismo fabricó una rudimentaria prensa de madera para reproducir el tratado que había escrito, al que colocó el ingenioso título de El puntero apuntado con apuntes breves. Se trata de un manual de instrucciones dirigidas al “puntero”, nombre con el que, en las fábricas de tinta, se designaba al operario encargado de dar el punto exacto de calidad a la tinta obtenida de la hierba denominada añil o jiquilite. Merced a este bello y potente colorante natural, muchas regiones deprimidas de Centroamérica pudieron engancharse, a finales del siglo XVIII, a la locomotora de la revolución industrial, surtiendo de abundante tinta azul a las empresas textiles de Inglaterra y Alemania. En la obra del franciscano se mencionan varias fábricas de tinta existentes en El Salvador, y se deja entrever que esta explotación del añil o jiquilite suponía una de las pocas vías de acceso de que disponía el campesinado empobrecido para incorporarse al precario sector industrial de la región. El propio Juan de Dios del Cid, buen conocedor de la materia, dejó bien clara, en el subtítulo que puso a su tratado, la intención que le había movido a escribirlo: “Para que nadie quede corto en la fábrica de la Tinta Añil, o Tinta Anual, danse instrucciones y advertencias muy útiles, y necesarias para que el Puntero con algún acierto ejercite su oficio”. Al parecer, El puntero apuntado... contenía informaciones tan valiosas que se obligaba a escuchar varias lecturas de su texto no solo a los trabajadores encargados de dar el punto a la tinta, sino también a los recolectores que salían al campo a cortar la hierba, pues Juan de
La exhuberancia verde y rosa del jiquilite está en la base del azul profun
Viernes
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apuntado Dios explicaba minuciosamente todo el proceso de fabricación, desde el modo adecuado de cortar el jiquilite en su hábitat natural hasta la forma más adecuada de elaborar los “pasteles” (o bloques pastosos en los que se amalgamaba la tinta para facilitar su traslado óptimo, en grandes buques, a Europa). Dentro de este proceso, Juan de Dios del Cid se detuvo especialmente en la labor del puntero, lo que le dio pie para crear el juego de palabras del título. Por lo demás, toda la obra muestra, al margen de su contenido eminentemente técnico, la innegable vocación literaria de su autor, quien, además del retruécano del epígrafe, incluyó en el prólogo un poema en décimas. El único ejemplar que se conserva de El puntero... (hallado en Guatemala, a comienzos del siglo XX, por el estudioso y polígrafo José Toribio Medina, quien lo trasladó a Santiago de Chile, donde se guarda en la actualidad) indica, en su portada, que fue impreso en 1641. La fecha, que en un principio se dio por buena, invitaba a pensar que el animoso franciscano se había adelantado de forma sorprendente, con su rudimentaria prensa de madera, a la llegada de la imprenta a Centroamérica, pues no hay constancia de que hacia 1640 existiese en la región alguna maquinaria de imprimir con caracteres móviles (a Guatemala, la primera ciudad centroamericana que la tuvo, llegó 20 años más tarde). Es más, la precocidad de Juan de Dios del Cid era tanto mas asombrosa en la medida en que se tenía en cuenta que, en las dos capitales virreinales (México y Lima), la imprenta se acababa de establecer (en 1622 y 1633, respectivamente). Investigaciones posteriores de Italo López Vallecillos e Isabel Casin han demostrado que, en realidad, la fecha de impresión de El puntero apuntado con apuntes breves data de 1741. Según parece, alguien manipuló el original para transformar el “7” en un “6”, y anticipar así en 100 años —no se sabe muy bien con qué interés— la introducción de la imprenta en Centroamérica. Tal manipulación se hace patente al comprobar que la obra Clave médica, escrita por Francisco Suárez de Ribera y citada por Juan de Dios del Cid en su tratado, fue impresa por vez primera en Madrid en 1730, lo que demuestra que El puntero... tuvo que ser redactado, como muy pronto, a comienzos del segundo tercio del siglo XVIII. Sea como fuere, lo cierto es que la historia del artesanal y eficaz artilugio de madera construido por el inquieto franciscano tuvo un final tan novelesco como la andadura que el paso de los siglos deparaba a su obra. Al parecer, las autoridades eclesiásticas vieron con malos ojos que Juan de Dios del Cid no hubiera pedido permiso para establecer su imprenta doméstica; y, considerando que un artefacto de semejante utilidad podría ser muy peligroso en manos díscolas o independientes, dictaminaron su inmediata destrucción.
ndo del añil.
Fotos: Archivo
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Tintas con bacterias
Ingenieros de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich han fabricado una tinta con hidrogel que incorpora bacterias vivas. Con ella se pueden imprimir estructuras en 3D que aprovechan la capacidad de los microorganismos para degradar contaminantes, como el fenol, o para producir celulosa de interés médico. Los avances en impresión 3D y el metabolismo tan variado que ofrecen las bacterias, capaces de degradar muchos compuestos y sintetizar otros, han permitido crear una nueva tinta con microorganismos. El estudio lo presenta en la revista Science Advances, un equipo de científicos de la Escuela Politécnica Federal (ETH) de Zúrich, en Suiza. El hidrogel de la tinta incluye bacterias útiles para degradar contaminantes y generar piel de celulosa. “Hemos incorporado bacterias en una tinta de impresión tridimensional, funcional y biocompatible e imprimido dos tipos de ‘materiales vivos’ que pueden degradar contaminantes y producir celulosa bacteriana relevante desde el punto de vista médico”, destacan los autores. Una de las especies seleccionadas ha sido Pseudomonas putida, un microorganismo que degrada el fenol. Esta sustancia tóxica la utilizaron los nazis en los campos de concentración, y hoy en día se vierte al medio ambiente por los residuos industriales. Por su parte, Acetobacter xylinum se ha empleado para formar celulosa bacteriana, un compuesto prometedor para usarlo como sustituto de la piel, tras una herida o
una quemadura, o como recubrimiento de tejidos durante los trasplantes de órganos. La tinta en la que se incorporan estas bacterias está fabricada con un hidrogel que les proporciona un medio adecuado para sobrevivir y estar funcionales. El conjunto se libera en forma de filamentos para ir construyendo los objetos en 3D. De momento se han presentado láminas en forma de máscara o de camiseta y estructuras enrejadas con diversas formas para demostrar la versatilidad de la técnica. Según sus creadores, la tinta Flink –así la han llamado– también se podría aplicar para generar otros biomateriales funcionales, como células de combustible microbianas y biosensores. Los métodos usados hasta ahora para crear materiales similares se basaban en la inyección de las bacterias en el objeto, pero después de que ya estaba impreso. “Cargar las bacterias directamente en la tinta permite un mejor control de las formas, composiciones y propiedades del objeto, y también garantiza una incorporación uniforme de los microorganismos”, destacan los autores. Sinc